La Semana Trágica de Barcelona

El 24 de enero de 1907, recibía Don Antonio Maura el encargo de formar gobierno como jefe del partido Conservador. El rey volvía a confiar la gobernabilidad de España a uno de los grandes partidos tradicionales. Si inicia así el llamado “gobierno largo” de Maura, duró 3 años, por diferenciarlo de su gobierno corto de diciembre de 1903 a diciembre de 1904. Lo cual también da idea de la fragilidad de los gobiernos de la época.

El programa político de Maura se fundamentaba en lo que él llamó “Revolución desde arriba”; que no era otra cosa que la reforma, desde las instituciones, del régimen político nacido en la Restauración. Su finalidad era el acercamiento del sentir popular a la Monarquía y el fin del caciquismo. No lo pudo completar por el estallido de la “Semana Trágica”.

La crisis de 1909 es conocida historiográficamente como la” Semana Trágica de Barcelona”. Esa semana fue la que transcurrió entre el 26 y el 30 de julio, si bien algunos autores suelen fechar los coletazos de la misma hasta el 2 de agosto. Afectó esencialmente a la ciudad de Barcelona y tuvo alcance en otras ciudades catalanas.

Fue aquel conflicto urbano el que abrió un profundo cambio para Maura, para su partido, para la distribución de fuerzas parlamentarias y para la Historia de España.

La “Semana Trágica” fue un movimiento insurreccional que nació como una protesta contra la guerra de Marruecos y se convirtió, repentinamente, en un motín popular, una huelga revolucionaria, dirigida por los sindicatos anarquistas y el radicalismo, en la que la violencia contra la Iglesia y el ejército fueron dominantes. En unas pocas horas, se extendió a toda Cataluña y si no logró su alcance al resto de España, fue por la habilidad de Juan de la Cierva, Ministro de Gobernación, de presentar la revolución ante la opinión pública como una revuelta nacionalista.

Anarquismo con antimilitarismo y anticlericalismo fueron las auténticas causas de una sublevación que, si bien se sofocó, volvió de modo recurrente, a España, tanto en la crisis de 1917 como posteriormente en la II República y quizá quepa preguntarse si alguno de sus elementos no sigue presente de manera endémica en nuestros días.

La protesta contra el llamamiento a filas de reservistas para la guerra marroquí no se dio sólo en Barcelona, también se produjo en Madrid, Zaragoza y otras ciudades. Sólo algunas capitales del Sur (Cádiz y Málaga) acogieron con cierta complacencia la situación. Se llamó a filas a reservistas que ya estaban casados, con hijos y con su vida hecha en el ámbito civil, sin haber movilizado antes a otras unidades del ejército regular. Se suma a esto que el ejército no gozaba de gran prestigio social debido a sus deficiencias estructurales y la ineficiencia que presentaban las fuerzas armadas,puesta de manifiesto en los procesos descolonizadores de América y Filipinas, a pesar de no pocos acontecimientos heroicos provocados por soldados o unidades militares españolas. Pero la propaganda mancilladera del movimiento colonial, seguidora de la leyenda negra, sobre todo, por parte de la izquierda, pudo más que los actos heroicos o el sufrimiento de nuestros soldados. Con esos antecedentes, la presencia en Marruecos y la guerra allí desatada fueron especialmente criticadas. A ello se unía que la leva podía evitarse abonando 6.000 reales al Erario. Es decir, los ricos podían evadir la guerra y, en cambio, eran las clases más populares las que acudían siempre en socorro de la patria. En estas condiciones que hubiera un levantamiento contra el ejército, no era de extrañar. Pero, además, en Cataluña concurrían otra serie de circunstancias que no estaban presentes en el resto de España: un sindicalismo especialmente activo, nacido en las fábricas catalanas, con tintes radicales y anarquistas. Estos convocaron una huelga general, que no era tanto laboral como política, alentada por un sector de la prensa. Especialmente destacada fue la proclama publicada el viernes 23 de julio en el periódico “La Internacional”, dirigido por destacados socialistas, en la que se pedía un acto de unidad sindical para convocar una huelga en toda España. El comité de huelga de Madrid la fechó para el 2 de agosto, pero, el de Barcelona, integrado por representantes anarquistas, de UGT y sindicalistas de Solidaridad Obrera, predecesora de la CNT, precipitó la protesta a la mañana del lunes 26 de julio, recabando la colaboración de militantes del catalanismo de izquierdas y del republicanismo radical.

La tarde del 26 de julio se decreta la ley marcial; lejos de mejorar la situación, el 27, se levantan barricadas, hay asaltos a armerías, proliferan los francotiradores contra las fuerzas del orden, se cortan todas las comunicaciones: telégrafo, teléfono; se vuelan puentes; se bloquean vías y carreteras y se provocan cortes de luz. Además de estos movimientos insurreccionales, las casetas donde se cobraban los impuestos de consumos fueron asaltadas y destruidas.

Pero la peor parte se la llevaron todos los símbolos religiosos. Así, de un lado, los colegios religiosos, atacados incluso por sus propios pupilos. Los revolucionarios acusaban a la educación religiosa de elitista. Favoreciendo así el incremento de una carencia de instrucción que sólo solventaban las escuelas de la Iglesia desde el siglo XIX y cuya catástrofe se materializó con la expulsión de los jesuitas durante la II República. De otro, las iglesias, conventos y cementerios, profanados y quemados total o parcialmente.  El punto culminante de la violencia anticlerical se produjo durante la “noche trágica”, del martes 27 al miércoles 28, en la que ardieron veintitrés edificios en el centro de la ciudad, ocho conventos en la periferia, y muchos religiosos sufrieron insultos y escarnios. No sólo los vivos, también se profanaron las tumbas de las monjas jerónimas y de las dominicas.

Surgió una furia sacrofóbica desconocida en España desde mediados del S.XIX y que no volvió con tanta virulencia hasta la II República. Se acusó de instigador al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, profundo anticlerical. Pero nada se pudo demostrar contra él por estar en esos momentos exiliado.

Aquella revuelta demostró la ignorancia, sordidez y la negación de la razón que tuvo aquel levantamiento. Pabón lo ha definido como “Explosión perfectamente carpetovetónica”.

Los levantiscos no tenían banderas, ni lemas, ni más principio político ni social salvo sus gritos de “Viva la República”. De hecho, se proclamó la república en una decena escasa de poblaciones catalanas.

En medio de este barullo, parecía que una fuerte represión era el único medio para sofocar el conflicto y a ello se entregó con denuedo el Ministro de Gobernación. Dio orden a la policía de detener a cualquier sospechoso; se practicaron cientos de detenciones, clausuraron casas del pueblo, las escuelas laicas y se controlaron los sindicatos. Comenzaron rápidamente los juicios sumarísimos, los tribunales militares acordaron sus sentencias y condenas, algunas de ellas a la pena capital.

El balance de la semana en cifras fue de 78 muertos, 153 heridos graves y más de un centenar de edificios incendiados, 63 de los cuales eran religiosos. En cuanto a la cuantificación de los detenidos y procesados: se detuvieron a más de un millar de personas, de ellas, 700 fueron juzgadas; 59, condenados a cadena perpetua y 17, a muerte.

Especialmente significativa fue la condena a muerte de Ferrer Guardia, anarquista y antiguo terrorista que fue considerado, con indicios más que pruebas, responsable de la sublevación. Quizá fuera responsable moral, pero no está clara su implicación material. Solicitado su indulto, el Gobierno no se lo concedió. Fue ejecutado el 13 de octubre.

Se inició una campaña internacional terrible, llena de imprecaciones a España y a la tradición histórica española, que acabó siendo secundada, en parte, por la prensa nacional. En el caso doméstico, inicialmente, por la prensa de izquierdas contra la Ley de Represión del Terrorismo y, gradualmente, por los periódicos liberales: El Liberal, El Imparcial, El Heraldo de Madrid a los que se acabaron uniendo algunos de talante conservador como ABC y El Mundo.

Se desencadenó, así, un frente antimaurista al grito de ¡Maura, no!, entre cuyas consecuencias directas destacan:

  1. La alianza de los partidos republicanos al formar en otoño la conjunción Republicano-socialista.
  2. La pérdida de confianza del Rey, que, en vez de defender a su Gobierno, temió la pérdida de la Corona y entregó, en octubre de 1909, el poder a los liberales.

A partir de lo anterior:

  • La idea de Maura de iniciar un acercamiento al catalanismo conservador de Cambó y la Lliga, como medio de calmar los ánimos e incluir el catalanismo en la senda constitucionalista, tuvo su primer fracaso.
  • Se produjo un enfrentamiento del conservadurismo español, en su ala más radical, con la monarquía, especialmente cuando entendieron que el Rey entregaba el poder a grupos anticonstitucionales (izquierda más liberales).

El Gobierno pasó a manos liberales, primero a Moret y después a Canalejas, el artífice de una paz poco valorada.

Canalejas logró en tres años estabilizar el País sin necesidad de modificar la constitución, realizando las siguientes reformas:

  • Aprobó unos presupuestos más sociales.
  • Redefinió las relaciones Iglesia-Estado, que le trajo considerables disgustos sobre todo porque la Ley del candado le provocó un fuerte enfrentamiento con los sectores católicos y el Vaticano. Se trató a Canalejas, católico convencido, como a un anticlerical. Especialmente ácidas fueron las discusiones por la ley de asociaciones en la que quería incluir a las congregaciones y órdenes religiosas.
  • Modificó del artículo 11 de la CE para buscar un nuevo sistema de reclutamiento.
  • Suprimió del impuesto de consumos
  • Fortaleció la posición española en Marruecos
  • Provocó una orientación descentralizadora del Estado con la Ley de Mancomunidades
  • Creó un Servicio Militar obligatorio.

Canalejas fue un auténtico hombre de Estado, un gobernante capaz y un gran español. Asesinado, el 12 de noviembre de 1912, por un anarquista, Cambó dijo a su muerte:” España ha perdido al más capaz de sus hombres públicos. Cataluña ha perdido uno de sus grandes amigos”.

Le sucedieron en el Gobierno Romanones y Eduardo Dato. Dato, también asesinado por un grupo de anarquistas, en un momento en el que a Cataluña y, más en concreto, a Barcelona, volvían los desórdenes públicos. Una violencia congénita en la ciudad por causa del anarquismo y el sindicalismo radical.

Esa violencia congénita permitió que la Semana trágica cuajara en Barcelona, porque como señaló el Gobernador Civil de Barcelona en 1909, Ángel Ossorio y Gallardo, en sus memorias: “En Barcelona, la revolución no «se prepara», por la sencilla razón de que está «preparada» siempre… Asoma a la calle todos los días; si no hay ambiente para su desarrollo, retrocede; si hay ambiente, cuaja.”

Y continúa: “Por eso sostengo que en los tristes sucesos de julio hay que distinguir dos cosas: la huelga general, «cosa preparada y cocida», y el movimiento anárquico-revolucionario, de carácter político, «cosa que surgió sin preparación».  Porque vivía allí, añado yo. Me pregunto si sigue viviendo.

BIBLIOGRAFÍA:

Ángel Ossorio y Gallardo. “Barcelona. Julio de 1909: declaraciones de un testigo”. Madrid, Ed. Ricardo Rojas.1910

Roberto Villa García “España en las Urnas. Una historia electoral”. Madrid, 1916. Ed. Libros de la Catarata.

Jesús Pabón. » Historia Contemporánea General». Ed. Labor. Barcelona. 1970

Gabriel Maura Gamazo- “Por qué cayó Alfonso XIII”. Madrid. Ed. Ambos Mundos. 1947

Aguado Bleye. “Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963

VILLANOS: EL CONDE DON JULIÁN

En mi listado de traidores incluyo a aquellos que deliberadamente, con dolo, intentaron dañar a España o a los albores de la misma.  No siempre la historiografía coincide en el nombre de los villanos o en la escenificación de las villanías, pero, en todos los archivos y libros consultados, existe la coincidencia de considerar, en orden cronológico, al conde don Julián como el primero en la lista de traidores a España. Y por él empezaré yo también.

Si este hilo tuviera un subtítulo, sería el conde don Julián o el pagafantas del siglo VIII.

Nos tenemos que situar en el primer Estado español, bajo una monarquía visigoda que no era hereditaria sino electiva, lo que complicaba sobremanera las sucesiones. En el inicio de nuestra traición de hoy nos encontramos en medio de un problema sucesorio. Por si fuera poco, y para que las cosas sean un poco más complejas, en la historia del conde don Julián los hechos históricos se entremezclan con leyendas. Intentaremos separar los unos de las otras.

Estamos en los estertores del siglo VII, con el enfrentamiento sucesorio entre las familias de los reyes visigodos: Wamba y Chindasvinto.

Era rey de los Visigodos Égica (primo de Wamba), el cual asoció al trono a su hijo Vitiza (esta práctica no era extraña ni a godos ni, anteriormente, a los emperadores romanos. Intentaban asociar a los hijos al trono para que tuvieran poder suficiente, a la muerte de su progenitor, para hacer valer sus derechos en la elección del nuevo rey). Sus enemigos eran el hijo y nieto de Chisdasvinto: Teodofredo y Rodrigo. Para evitar que estos pudieran aspirar al trono, Égica mandó sacar los ojos a Teodofredo que, ciego, se dirigió con su hijo Rodrigo a Córdoba y se refugió allí.

El momento histórico era complejo por la confluencia de una grave crisis social y económica debido a una epidemia de peste (año 693) que causó gran mortandad, profunda pobreza, masas de población desplazada… A eso se unió una persecución contra los judíos y la sublevación de alguno de los gobernadores (Dux) de las circunscripciones en las que se dividía el reino. Aunque, realmente, lo que hizo más visible la crisis fue la guerra- una auténtica guerra civil- entre la nobleza visigoda por la obtención de la corona, que, a la larga, dio lugar a la destrucción del Estado visigodo.

Vitiza era consciente de que aquella guerra no les reportaba ningún beneficio y en su acceso al poder (reina del 702 al 710) inicia una política de apaciguamiento que se materializa en un perdón general. Como gesto de buena voluntad, nombra a Rodrigo, nieto de Chindasvinto, Duque de la Bética.

El reino visigodo se extendía hasta el norte de África, donde tenía algunas plazas; entre otras, Ceuta. Ceuta estaba gobernada por un personaje, cuya identidad completa no está clara. Mitad realidad, mitad leyenda. Unos dicen que era un noble visigodo, otros que era un caudillo bereber, de la tribu de Gomere, leal a los visigodos.  Su nombre es otra incógnita, las crónicas le conocen como Olbán, Urbán o Urbano y, en otras ocasiones, como don Julián. Este personaje siempre se había mostrado fiel a la corte toledana de los visigodos, de hecho, la leyenda cuenta que llevó a su hija a Toledo a educarse en la Corte.

La posesión de Ceuta era esencial para apartar a los árabes de la Península. La presión árabe en la frontera de Ceuta no era una novedad. Ya en el 682 las tropas del caudillo Ocba había llegado hasta las fronteras de los Gomere y Julián los había derrotado. Aquella derrota había alejado a los árabes de las fronteras visigodas durante un tiempo. Sin embargo, otro caudillo árabe- Muza- vuelve a la Tingitana[1], toma Tanger en el 708 y sitia Ceuta. Los visigodos refuerzan a Julián y Ceuta aguanta en primer envite de Muza. Pero, de pronto, y sin saber el porqué, Julián se somete a Muza y le facilita la entrada en España. Era el 709. Muza envía a Tariq a realizar una incursión en lo que luego conoceremos como Tarifa, para volver al poco a África. Hasta aquí los hechos, pero en el porqué entra en juego la leyenda. Algunas crónicas dicen que Urbano (Julián) se somete a Muza porque Julián era fiel a Vitiza, (incluso ha de acoger en Ceuta, a modo de refugio, a los hijos de éste) y al llegar Rodrigo al trono no le acepta como rey legítimo. Otras crónicas, especialmente el romancero, vuelcan las causas en la hija de Don Julián; hacían referencia a la gran belleza de la hija del ceutí, Florinda. Don Rodrigo al verla cayó prendado y no paró hasta cortejarla y forzarla, siendo la muchacha la que pidiera a su padre que la llevara de nuevo a Ceuta. Una tercera versión señala que don Rodrigo padecía sarna y era Florinda la elegida para que le limpiara la sarna de manera sumamente delicada utilizando un alfiler de oro. Así se fijó el Rey en ella y, contra la voluntad de la muchacha, la poseyó. Ella envía a su padre un recado que consistió en un huevo podrido. Al verlo, don Julián comprendió lo que había pasado, fue a Toledo y sin levantar sospecha alguna del Rey se llevó su hija a Ceuta. Existen aún más variantes de la forma en la que Florinda y Rodrigo se conocieron y actuaron. Por tanto, don Julián traicionó al Rey, al decir de la leyenda, por defensa del honor de su hija.

En la leyenda y todo lo que la rodea hay dos hechos que llaman la atención: 1) Florinda era conocida como «La Cava”, llamada así por los árabes y que significa “mala mujer”. 2) La entrega de Ceuta a Muza se produce en el 709 y Rodrigo no es rey hasta el 710. Así que, una de dos, o el Rey era Vitiza y no Rodrigo o había más de un Rey en España.

Por tanto, para intentar hallar algo de luz, no queda más remedio que volver a las fuentes. Aunque, más que aclararnos la situación, ésta se complica.

Las crónicas no se ponen de acuerdo en la sucesión de los últimos visigodos. Recordemos que después de Chindasvinto, reina Recesvinto y tras él, Wamba, Ervigio. Égica y Vitiza.

La crónica Mozárabe no señala que tras Vitiza fue nombrado rey Áquila, su hijo, un niño de corta edad. Por el contrario, la Crónica Regum Visigothorum, cuenta la asociación al trono que Vitiza hizo con su hijo Áquila y sí le concede el título de rey. Otras crónicas de los siglos XI y XII señalan como sucesor de Vitiza a Rodrigo, pero difieren en la duración de su reinado, para unos dura siete años, para otros año y medio.

Por otro lado, la crónica de Alfonso III presentaba a los reyes astures como continuadores de la dinastía de Rodrigo, y culpaba de la conquista árabe a los seguidores de Vitiza.

Aguado Bleye entiende que lo ocurrido fue un enfrentamiento entre clanes, otra guerra civil por la sucesión. Los partidarios de Vitiza nombraron a Áquila, mientras que otros clanes nombraron a Rodrigo. Si esta dualidad era anterior a la muerte de Vitiza y por eso algunos hablan de un reinado de Rodrigo de siete años, no está nada claro. En resumen, no se sabe si estas informaciones se deben a errores de transcripción o a una división en el trono.

Aguado Bleye recuerda que Áquila llegó a acuñar moneda y a solicitar ayuda a su tío el arzobispo de Sevilla para eliminar de trono al usurpador Rodrigo.

La inmensa mayoría de las crónicas coinciden en pensar, de una forma u otra, que fueron los seguidores de Áquila, es decir, del clan de Vitiza los que solicitaron ayuda a los árabes para atacar a los seguidores de Rodrigo.

Lo que es seguro es que Tariq reunió un ejército principalmente de berberiscos gomeres y don Julián o Urbano los pasó en barco a la península. Tariq se fortificó en lo que se llamó el monte de Tariq (actual Gibraltar), el 28 de abril del 711.

Cuando ocurre la invasión, Rodrigo estaba combatiendo en Pamplona contra una rebelión de los vascones, posiblemente un capítulo más del enfrentamiento sucesorio. Acudió precipitadamente hacia Córdoba y reunió un ejército godo al que acudieron los parientes de Vitiza. Las crónicas árabes señalan que su presencia era la propia de los infiltrados, es decir, querían la sublevación de las tropas cristianas contra Rodrigo, dividir el ejército visigodo y apoyarse en los moriscos para ascender de nuevo al poder.  La batalla se dio entre los días 19 y 26 de julio del 711. Durante la lucha, los vitizanos abandonaron sus posiciones y, a decir de las crónicas árabes, el rey Rodrigo murió en ella. Menéndez Pidal, por el contrario, sostiene que huyó a Extremadura y fue quien dirigió la defensa de Mérida y, asimismo, dirigió la batalla de Guadalete, en la que sí falleció.

Sea como fuere, lo que parece demostrado es que, si no hubiera sido por los propios visigodos, seguidores de Vitiza, la invasión musulmana, que tardamos ocho siglos en derrotar, no se hubiera producido o no se hubiera dado tal y como fue. Así que don Julián ha cargado con la fama mientras Vitiza y los suyos cardaban la lana. Eso no significa que no fuera culpable de traición, lo fue.  Su figura no merece alabanza alguna. Nadie lo ha hecho, salvo Juan Goytisolo en su obra” Reivindicación del conde don Julián” en la que, de nuevo, la figura del berberisco sirve de excusa para despellejar a España e insultarla de manera inmisericorde a lo largo del texto. Visto lo cual, dejo a juicio del lector que analice cuántos traidores han florecido por culpa de don Julián o poniendo a don Julián como excusa. Aunque sólo sea por eso, ya merece estar en el infierno de los desleales.

BIBLIOGRAFÍA

Aguado Bleye. “ Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963

Pedro Insua. “1492. España contra sus fantasmas”. Ed Ariel. 2018.

Jesús Á. Rojo Pinilla. “Grandes Traidores a España”. Ed El gran capitán. 2016

 

 

[1]La Mauritania- Tingitana era una provincia romana también conocida como Hispania Transfretana (la que está más allá del estrecho). Ocupaba parte de lo que es hoy Marruecos y las plazas españolas de Ceuta y Melilla. Limitaba al este con la Mauritania Cesariense (el norte de la actual Argelia) y al oeste con el Océano Atlántico. Su capital era “Tingis”, la actual Tánger.

HÉROES Y VILLANOS. HÉROES: 44 AÑOS SOLOS EN LA MADRUGADA .

Hoy inicio un hilo que, si se tratara de un contrato laboral, sería un fijo discontinuo. Voy a hablar de gestas y de traiciones en la Historia de España, lo cual supone hablar de colectivos o de individuos, de hazañas y héroes; de grandes subversiones o de mediocres traidores. Será discontinuo porque se hace muy pesado ir leyendo biografía tras biografía de unos pájaros de cuentas que hicieron lo posible por destruir nuestra Nación o porque las grandes hazañas suelen estar incluídasen hechos mayores. En este sentido la Conquista de México o la vuelta al mundo fueron hechos brillantes y heroicos de nuestra historia, como hemos visto en las entradas de la España de Carlos I.

En los traidores, que nadie se lleve a engaño, con carácter general, seguiré la máxima del profesor Ferrero que en su italiano españolizado decía “dádmelo morto”, para diferenciar la historia del periodismo. Señalaba el ilustre profesor italiano que esa fina separación nace cuando la última persona que vivió un acontecimiento ha fallecido. En ese instante, lo que era periodismo, pasa a ser historia. No es una norma comúnmente respetada, sobre todo, por la historiografía anglosajona, pero que, en este caso, puede ser conveniente. No voy juzgar a muchos personajes que todos conocemos, de los que todos tenemos opinión y posiblemente certeza de su bajeza, sin necesidad de consultar más fuentes que las de los diarios, las sesiones parlamentarias o las sentencias judiciales. Pero, además, porque no daría abasto.

Por empezar con lo bueno, voy a hablar de una hazaña, una de las más recientes, que en ocasiones se olvida que tuvo mucho de heroicidad colectiva. Voy a hablar de la Transición española, pero sin detallar los acontecimientos, sino recordando algo más importante: el llamado “espíritu de la transición” y para ello me voy a servir del cine.

El cine como fuente histórica es perfectamente viable. No sólo las películas que narran acontecimientos históricos, sean buenas o malas, sino de aquellas denominadas “de época”, aunque la época sea la nuestra o la de anteayer.

Películas ambientadas en la transición hay muchas desde “Tigres de Papel” de Fernando Colomo (1977);“El disputado voto del señor Cayo” (1986. Giménez Rico); “Númax presenta” (Joaquín Jordá, 1980);Ópera prima” (Fernando Trueba, 1980)“Madrid,1987”( David Trueba. 2012) y, sobre todo las películas de Garci que desde “Asignatura pendiente”-1977. La primera de esta “época”- a la “Asignatura aprobada” para demostrar que era posible e, incluso, necesario, ”Volver a empezar” y así dejar de sentirnos “Solos en la madrugada”. Y de “solos en la madrugada” voy a hablar.

Me gusta el cine de Garci porque desde su detallismo parece contarnos una historia individual, pero lo que aparece ante nuestros ojos es la manifestación de un colectivo; creemos que narra un cuento trivial cualquiera, cuando lo que muestra es el retrato de España.  En “Solos en la madrugada” refleja el estado de opinión de una generación. La que vivió en los últimos años del franquismo y maduró durante la Transición.

Algunos pensarán que la Transición fue el “Harakiri” de las Cortes franquistas con el “de la ley a la ley” de Torcuato Fernández Miranda; la llega de Suarez al Gobierno, la Ley para la Reforma Política (1976); la legalización del Partido Comunista; los pactos de la Moncloa; los encuentros entre Tarradellas y Suarez, las Elecciones legislativas (1977); la aprobación de la Constitución de 1978 tras el referéndum del 6 de diciembre de …. y, sí, todo eso y mucho más es la Transición, pero nada de eso hubiera sido sin algo esencial: el consenso entre los españoles, basado en los que se llamó “el espíritu de la Transición”. Es decir, la creación de un clima de sosiego, entendimiento y colaboración entre todos, renunciando a los maximalismos y condicionantes ideológicos, todos perdieron para ganar todos.

Eso lo recuerdan muy bien los que lo vivieron.

Como lo vivió Garci. Sus películas intimistas vienen marcadas por unos diálogos inteligentes, como si la charla fuera un hablar habitual en cualquier cafetería de la España de entonces. No se trata de un cine pseudo-intelectual con pretensiones de brillantez. Es un cine popular porque todos se podían ver reflejados en sus personajes, sobre todo los “progres” del momento, aquellos que nunca apoyaron a Franco ni al franquismo. Pero ser inteligible no le quita mérito, sino que se lo da.  En “solos en la madrugada” el protagonista (representado por José Sacristán), un periodista que pasa por un momento personal complicado (por sus líos amorosos, sus dudas…), presenta un programa de éxito en la radio de titulo homónimo al de la película. En sus diálogos y vivencias muestra sus dudas, como las que tenía aquella sociedad.

Los personajes evolucionan al caminar, haciendo camino al andar, al igual que España y los españoles.

La película es una reflexión sobre una sociedad que cambia a pasos agigantados por el fallecimiento de Franco; como si hubiera quedado huérfana de alguien al que llevaban echando la culpa de sus males desde hacía 40 años.

En el monólogo final de la película el protagonista lo señala:

 “Se acabó la temporada que ha durado treinta y ocho hermosos años, estamos en mil novecientos setenta y siete, somos adultos, a lo mejor un poquito contrahechos, pero adultos.

Ya no tenemos papá.”

Aquel paso a la edad adulta los españoles no se dio con pensamiento único, ni descalificando al que pensaba diferente, sino con un sentimiento común de colaboración basado en la libertad. Olvidando el pasado para ganar el futuro. El futuro era una democracia, imperfecta, como todas, pero mucho mejor que otras. Una democracia cuyo logro fue una heroicidad. La valentía y la heroicidad del pueblo español que sirvió de ejemplo al mundo. Así lo recuerda Garci:

Tenemos que convencernos de que somos iguales a los otros seres que andan por ahí, por Francia, por Suecia, por Inglaterra.”

Aquella Transición nació del consenso, del olvido, del perdón mutuo y de las ganas de crecer de los españoles. También lo recuerda nuestro protagonista:

“A partir de ahora y aunque sigamos siendo igual de minusválidos, vamos a intentar luchar por lo que creemos que hay que luchar: por la libertad, por la felicidad.”

La ilusión era una característica común unida a la incertidumbre, pero, sobre todo, nadie quería más enfrentamientos ni dos Españas, se buscaba la paz:

“No soy político, ni sociólogo, pero creo que lo que deberíamos hacer es darnos la libertad los unos a los otros, aunque sea una libertad condicional. Pues vamos, yo creo que sí podemos hacerlo, creo que sí. No debe preocuparnos si cuesta al principio, porque lo importante es que al final habremos recuperado la convivencia, el amor, la ilusión.”

Una vez indultados unos a otros, los españoles decidieron olvidar para ser libres:

Hay que empezar a ser libres. Yo también quiero ser libre. No quiero tener que mentirme tanto. Sé que tengo que hacer algo… a lo mejor escuchar, escuchar más a la gente o hacer un programa de radio para adultos, para hablar de las cosas de hoy, porque… porque no podemos pasar otros cuarenta años hablando de los cuarenta años…”

Nos quedamos huérfanos hace 44 años; hace 44 años que estamos solos en la madrugada. Gracias a aquella Transición modélica pasamos a la Historia Universal y en vez de apreciarlo como la heroicidad que fue, 44 años después, despreciamos el resultado, nos rebelamos para conseguir nada y pretendemos resucitar al difunto, como si fuera Lázaro y nosotros pudiéramos hacer milagros. Pero no, el difunto lleva 44 años muerto, y no hay más milagro que el que nos dimos todos juntos cuando dejamos el pasado a los historiadores y nosotros nos pusimos a hablar del hoy y del mañana.

Dejo el enlace del monólogo final de la película. Todo un hallazgo histórico.

 

https://www.youtube.com/watch?v=JneufsU2m6Y

 

(Solos en la madrugada, 1978, guión  de José María González Sinde( padre de la que fue Ministra de Cultura con Zapatero ). Director y coguionista José Luis Garci. Interpretes: José Sacristán, Fiorella Faltoyano, Emma Cohen, María Casanova)