EL ORIGEN DE ESPAÑA COMO ORGANIZACIÓN ESTATAL Y NACIONAL.

Cuando hablamos de España hacemos referencia a muchas cosas al mismo tiempo: nación, país, estado…Términos que en ocasiones se confunden entre sí. Normalmente, tales conceptos están íntimamente unidos, pero no significan los mismo. El país hace referencia a un término geográfico, unas fronteras, incluso un gobierno. El estado se origina por las instituciones político-jurídicas que determinan la organización interna y el orden normativo de la sociedad que, por compartir determinados rasgos culturales e históricos, conforma una nación, soberanamente separada de otras comunidades que representan o se organizan de manera diferente.

A esta definición se puede oponer muchos matices de todo orden, jurídicos, políticos o filosóficos, pero no nos corresponde esa discusión político-jurídico-filosófica, sino que lo que pretendemos en hacer notar aquellos hitos que marcan el “nacimiento” de España como Ser histórico y jurídico-soberano. Estos elementos no tienen por qué darse de manera sucesiva, al contrario, a veces se entremezclan e incluso, en muchos casos no es la nación la que crea el Estado, sino que de una cierta unidad estatal nace la conciencia de nación. España es un ejemplo de ello.

En esa visión histórica nos encontramos con varios momentos esenciales que la historiografía identifica con ese nacimiento de España, dentro de cierta disparidad de criterios:

  • Los que parten de la Hispania romana, pero sobre todo del Estado visigodo, cuya reconquista permite concretar el nacimiento de España. Claudio Sánchez Albornoz estaría en este grupo.
  • Aquellos que identifican el nacimiento de España con Alfonso X el Sabio, al asentar y unificar el Rey sabio la organización jurídica de España. Por ello, sitúan, en el Siglo XIII ese nacimiento. Pedro de Insua , entre otros. Para estos autores la formación estatal de los Reyes Católicos sería una continuación de la expresada por el rey Sabio.
  • Los que fechan el nacimiento de España, precisamente en la unidad creada por los Reyes Católicos, en el Siglo XV, poco antes que el resto de los Estado-Nación europeos.
  • Por último, existe un grupo que no conceden ese nacimiento hasta la manifestación de la soberanía popular en el alzamiento contra el francés en 1808, remarcado por la Constitución de Cádiz de 1812.

Veamos las razones expuestas por cada uno:

  • Desde los visigodos.

Aunque los romanos fueron los primeros que utilizaron el término fenicio “i-spn-ya” traducido como Hispania para referirse a todo el territorio de la península ibérica, para los romanos aquella referencia geográfica, ni tenía una unidad étnica, ni religiosa, ni una organización significativa más allá de la marcada por ser una provincia romana.

La generalización del término Hispania o España referida exclusivamente a la Península Ibérica se lo debemos a los visigodos. Y con ellos, el nombre pasó de ser una mera expresión lingüística,  a convertirse en una formulación política consecuencia de la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana, a la que los godos, inicialmente, quedaron incorporados, y cuya confluencia con una creencia religiosa cristiana como elemento de unidad y distinción, dispuso el nacimiento estatal de España.  El Rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del S. VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. San Isidoro narra la búsqueda de la unidad peninsular, finalmente culminada en el reinado de Suintila en la primera mitad del S. VII y se habla de la madre España. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de “Totius Spaniae”. El texto de San Isidoro de Sevilla se convirtió en lectura obligatoria para todos los príncipes cristianos que habitaron la Península y esa idea de una única entidad “hispana” pervivió en el imaginario de los escasos núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Después de la batalla de Guadalete, en el 711, el Reino Visigodo desaparece, pero sus leyes y elementos básicos perviven en pequeños reductos liderados por nobles norteños. Aquellos núcleos cristianos mantenían su organización en torno a la figura del rey y de la fe de sus mayores. Es verdad que, ese sistema estructural e identitario se conserva de una manera muy deslavazada al principio con Pelayo, siendo elevada a categoría por los sucesivos reyes astures. Especialmente por Alfonso I al que las crónicas posteriores denominan el católico y Alfonso II, el casto, que aparece como primer Rey de España. Aquellos reyes fueron expandiendo su territorio por toda la cornisa Cantábrica, desde Galicia hasta los Pirineos (con Ramiro I y Ordoño I). Alfonso III, el magno, uno de los más brillantes reyes de la Historia de España, extiende su reino hasta Zamora. En esa expansión implantó también la Ley común a todo el reino que no era otra que la legislación romana-visigoda, la Lex Visogothorum, futuro, Fuero Juzgo, que Alfonso II había hecho aplicar, reconociendo así su relación inmediata con aquel Estado visigodo.

No fue el único rasgo de enlace con los visigodos, la idea imperial no se olvida. Aquella posición del imperio romano asumida como herencia por los visigodos, se manifiesta ya en Alfonso III (último rey asturiano con capital en Oviedo) al que debemos una más recia idea de España, la idea imperial y la mejor crónica histórica de aquella época que permitió forjar, entender y desarrollar España.

Cuando cae el estado visigodo, otros en Europa intentan levantar la idea imperial, especialmente Carlomagno y tras él diversas familias dirigentes alemanas. En el fondo toda la Europa cristiana está intentando rememorar el imperio romano, aunque nadie duda que la primera asunción de tal condición fue la del reino visigodo de Toledo.

Con Alfonso III reivindicando el antiguo imperio visigodo, la ley visigoda aplicada por Alfonso II, la cristiandad como medio de unificación y orden, la Corona como instrumento de homogeneidad y argamasa de un Estado y una nación que tendía a la universalidad ejemplarizada por el camino de Santiago y el recuerdo romano, no podemos negar que ya existía Estado y Nación por incipiente que fuera. De hecho, cuando la historiografía siglos después define aquella gesta como Reconquista, no usa el término de manera baladí, si se “re-conquista” algo es que ese algo existía, aunque se hubiera perdido. De hecho, la Crónica de Alfonso III, el magno, realiza una exaltación de la intervención goda en el origen del reino de Asturias. Es decir, herederos del primer Estado español y primera concepción nacional de España

Todo esto ya lo explicamos aquí, con detalle, y a ello me remito y recomiendo como lectura antes de continuar con esta entrada:

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/

No debemos olvidar por otro lado, que la idea de unidad de toda España no sólo se dio entre los Reyes astur-leoneses, sino también en los aragoneses o en los navarros; por ejemplo, en el Siglo XI la concibió Alfonso I de Aragón por su matrimonio con Urraca de León o Sancho III el Mayor, Rey de Navarra, ya en el siglo XI reunió bajo su trono una parte sustancial de la España cristiana. Sin embargo, al igual que otros reyes medievales hispanos y por causa de una tradicional visión patrimonialista de la Monarquía, dispuso que se dividieran sus dominios tras su fallecimiento. El Rey de León Alfonso IX se adelantó a su tiempo convocando en 1188 las primeras Cortes de la historia europea con participación ciudadana, noble y eclesiástica. Fernando III el Santo unificó definitivamente los Reinos de Castilla y de León dando un impulso irreversible a la Reconquista.

  • Los que consideran que España nace en el Siglo XIII.

La concepción de estos autores parte de considerar que la caída del reino visigodo en el 711 es total. El Estado visigodo desaparece, sus instituciones decaen y lo que surge después es completamente diferente. Además, consideran que aquel era el estado de la Nación goda, no de la española. Sin embargo, San Isidoro de Sevilla había hablado de España y España en sus comienzos, como todas las naciones del mundo, es un conglomerado de orígenes: romanos, griegos, fenicios, godos, vascones, celtas, vándalos, suevos, íberos…

Ya hemos visto como, sin mantener todas las instituciones visigodas, su ley, su concepto de cristiandad y de unidad bajo la monarquía- una monarquía no electiva, sin officium Palatinum, pero monarquía la fin-, permanece en la organización de los núcleos cristianos por pequeños que fueran.

Estos autores señalaban que fue Alfonso X el sabio el que culmina esa idea de organización, y lo fundamentan en los siguientes hechos:

  1. El Rey sabio fomenta y él mismo escribe y habla en un castellano que nos es perfectamente entendible. El castellano se consagra como lengua oficial frente al reino astur-leonés en el que los extremos del mismo ( Galicia y las zonas montañosas de los Pirineos occidentales hablan otras lenguas: en Galicia, el gallego; en las zonas pirenaicas, hablan diferentes dialectos según los valles) y la lengua oficial seguía siendo el latín. Alfonso X escribe crónicas en gallego como algo propio de su reino, aunque, ciertamente, la utilice, como lengua poética no oficial.
  2. Hasta Alfonso X la conquista territorial y la repoblación de los territorios conquistados a los musulmanes se hacía normalmente por la propia población de la zona que, a base de privilegios concedidos por los reyes, iba asentándose en las diversas “extremaduras”, zonas fronterizas que se componían a cada avance. Con Alfonso X, tras la toma de Sevilla ( 23 de noviembre de 1248), la repoblación no se hace sólo con castellanos, sino que en ella participan aragoneses y navarros, entre otras razones por la relación de parentesco -Alfonso estaba casado con la hija del Rey de Aragón- y confianza- aunque con tiranteces- que tenía Alfonso con Jaime I de Aragón ( Jaime, el Conquistador). No es menos cierto que esa relación de cooperación no sólo de conquista tiene un hito previo muy destacable en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 cuando los reyes cristianos se unen contra los musulmanes bajo la petición de Alfonso VIII de Castilla. También es verdad que esa forma de repoblación mucho más integrada por personas procedentes de todos los reinos de España se da también en la conquista de Murcia. Tanto es así, que la tesis sostenida por estos autores es que la toma de Granada no supone algo nuevo en este sentido sino una reproducción de lo realizado en Sevilla y Murcia.
  3. Lo que es innegable es que Alfonso X organizó el Estado de manera muy moderna, adelantada a su tiempo. Así en política económica refuerza la Hacienda Real, establece ferias y mercados, adopta medidas contra la inflación monetaria, impulsa la unidad de aduanas, pesos y medidas y crea el “Honrado Concejo de la Mesta” (1273). En el aspecto organizativo interno moderniza las instituciones y la Administración del Reino, convoca Cortes de manera regular y aplica el derecho, las partidas, con una concepción nueva (como veremos en un momento, al estar íntimamente relacionado con su idea imperial). En las cuestiones defensivas, también innova y así refuerza la defensa de su Estado;  para ello cuida de la milicia, con un criterio que anticipa a los Maquiavelo, con un ejército profesional para que su quehacer fuera exclusivamente militar. En su idea de defensa de la cristiandad, pero con una concepción de defensa de lo conquistado, de defensa nacional, de defensa de las zonas cristianas de la antigua Mauritania romana, invadida por los musulmanes, en el “fecho de África”. Contuvo la revuelta de los mudéjares, aunque los benimerines hicieron mucho daño en tierras ya conquistadas y el reino nazarí se consolidó para mucho tiempo. Pero está concepción de defensa de fronteras es algo muy moderno para la época.
  4. Quizá el acontecimiento político más destacable de Alfonso fue su idea imperial. Alfonso X era hijo de Fernando III el santo, y de la princesa alemana Beatriz de Suabia, nieta del emperador Federico I Barbarroja. Alfonso X fue, en el transcurso de su reinado, uno de los candidatos al Imperio Germánico. El “fecho del Imperio” ocupó y preocupó al Rey Sabio durante casi veinte años, sin obtener el éxito. Pretendía Alfonso, cómo no, ganar la gloria inherente al más alto título imperial, pero también reforzar su primacía sobre la España de los “cinco reinos” que decía Menéndez Pidal y acaso reforzar sus proyectos sobre la Reconquista. Tampoco la pretensión de ser un genuino Imperator Hispaniae era tarea sencilla, incluso renunciando al título de origen leonés (la idea imperial astur, se agota con Alfonso VII, pero el ideal de universalidad permanece): conflictos con Portugal, a propósito del Algarve; otros tantos con Navarra, aunque Teobaldo II fue muy favorable a su causa; más recelos que confianza con Aragón, que también tenía una idea imperial pero ceñida al Mediterráneo; nobleza levantisca, siempre dispuesta a buscar pretextos para la rebelión… Pero lo principal para Alfonso, lo que le diferencia de otros, era la idea de Roma concebida como caput mundi. El sumun al que se podía aspirar. Alfonso contempla la idea de Imperio desde una perspectiva universal, lo que sitúa al Rey Alfonso como adelantado a su tiempo en casi un siglo.

La Monarquía nacionalizada (apelación a los visigodos, idea de Reconquista) se sustenta sobre planteamientos muy diferentes, a decir de estos autores. Y siendo cierto, no es menos cierto que Alfonso X no hubiera llegado a donde llegó sin los reyes asures de los que es sucesor y continuador hasta que impone un sistema organizativo más moderno. Con el Rey Sabio llega el Derecho romano como fundamento de la unidad jurídica del poder y la ley escrita como fiel reflejo del espíritu bajomedieval, orientado ya hacia la moderna teoría del Estado: el Rey no se limita a preservar el Derecho viejo, sino que aspira a crearlo porque “las leyes hechas de nuevo valen tanto como las primeras o más” ( Partidas I, 1, 19). Apunta así hacia la soberanía en su concepción más moderna, casi anticipándose a Bodino (ideólogo del concepto de Estado moderno). Sin embargo, como señala José Antonio Maravall, la idea imperial del Rey Alfonso se sitúa de manera más cercana —a su juicio— a la tradición española que al modelo centroeuropeo y ello porque configura el Poder en el Territorio y lo ejerce directamente sobre el Pueblo, los tres elementos clásicos del Estado como forma política. El Emperador romano-germánico no gobierna directamente sobre los súbditos, sino sobre monarcas y ciudades a él sometidos por vínculos (casi) feudales. Alfonso asume el poder sobre su territorio y población con la natural condición de imperator in regno suo al modo del auténtico Emperador de Roma y aplicando una ley políticamente absolutista, al ser el rey vicario de Dios en la Tierra. Por eso, le importa esencialmente ganar ámbitos de poder respecto de los nobles, dejar de ser un Primus inter pares para ser soberano, por eso procuró extender el Fuero Real como una suerte de ley común de régimen local en contra del “fuero bueno”, excelente pretexto para guardar privilegios, buscando aliados entre las oligarquías urbanas, no siempre leales ni agradecidas. Con buen sentido histórico, Alfonso percibió muy pronto que el verdadero enemigo del Rey/Estado no eran los declinantes poderes universales sino los pujantes poderes territoriales. De ahí que a su sucesión se revolvieran contra su criterio clérigos, burgueses y nobles que apoyaron a su hijo Sancho frente a los herederos de Fernando de la Cerda, que eran los favoritos reales. [1]

Alfonso sentó los “cimientos del Estado moderno”.  O como señala Maravall supuso el paso de la concepción feudal a la concepción corporativa de la organización del reino (…) y que supuso una verdadera transformación de conceptos básicos del pensamiento histórico y de la cultura. Entre ellos, los de territorio, pueblo, poder político, “naturaleza” (hoy diríamos nacionalidad) y derecho. En definitiva, de todos aquéllos susceptibles de ser articulados en una doctrina sistemática del orden político.

  • Los que sitúan en nacimiento de España con los Reyes Católicos.

Con los Reyes Católicos se produce un cambio sustancial de la visión de España, con ellos España volvió a formar una unidad política, y las estructuras estatales cambian radicalmente.

El matrimonio de Isabel y Fernando marca el inicio de un poder único sobre dos coronas distintas. Parten de dos situaciones calamitosas, Castilla desgastada por la guerra de sucesión a la corona que gana Isabel y Aragón arruinada económicamente. Ambos monarcas buscan reforzar el poder real a fin de superar la ruina existente, para eso buscan no era mera unidad dinástica sino un proyecto de unificación y centralización.

Como testigo de ello crean un sello, un lema y un escudo común con el Águila de San Juan como centro. Para lograrlo dotan al Estado de una serie de instituciones nuevas para mejorar la administración del reino de la manera más eficaz, no como mero pacto entre el rey y los nobles, clero o burgueses. La labor legislativa pasa a los monarcas y las Cortes, aunque se siguen reuniendo, dejan de ser un órgano de presión de la nobleza sobre la corona.

El brazo ejecutivo del reino se basa en instituciones diversas, pero bien coordinadas entre las que destaca el Consejo de Castilla dotándolo de eficacia política en detrimento del poder de los estamentos. Un consejero se ocupará de la gestión ordinaria del reino, una especie de primer ministro, otro se ocupa de la Administración de Justicia ( se crea un órgano judicial, la Audiencia), otro de Hacienda ( logra una simplificación de los impuestos). Para garantizar la seguridad de los campos se crea la Santa Hermandad, naciendo así una fuerza policial propia de la Corona, y esencial para acabar con el bandolerismo y fomentar el comercio.

Cierto es que los asuntos territoriales se dejan en manos de consejos de Castilla, Aragón, después Navarra… y más tarde Indias). Se suprimieron instituciones de carácter feudal como las “remensas” catalanas. El control local se logra con el corregidor, figura castellana que se extiende a Aragón. A su vez, con la conquista de Europa y América se extiende la figura del Virrey que era una institución aragonesa que se traslada a las provincias exteriores de la corona para ejercer la administración y gobierno en nombre del Rey.

Se logra la Unidad territorial con la toma de Granada, a la que se unirán Navarra y posteriormente, Melilla, Ceuta y las Canarias. Ceuta y Melilla en la concepción cristiana que ya tubo Alfonso X en el “fecho de África”.

Además, en una clara concepción de poder moderno, firmaron una serie de alianzas internacionales con Inglaterra y con el Imperio germánico a través de los matrimonios de sus hijos con la finalidad de defender nuestras fronteras frente a los vecinos ( sobre todo Francia). Fronteras españolas que también incluían los territorios italianos de la antigua corona de Aragón.

Todo esto bajo la dirección brillante de los reyes, sobre todo de un astuto Fernando, alabado por Maquiavelo en El Príncipe. Sin olvidar otros aspectos avanzados a su tiempo, como la defensa de los derechos humanos desde la posición más profundamente cristiana, en España y en América. En este último caso, abogando por los nativos frente a los abusos: leyes de Burgos.

Política que será insignia de los monarcas españoles posteriores.

Además de lo expuesto, cabe recordar que la Gramática de Nebrija se presentó con aprobación real en agosto de 1492. Siendo la primera gramática de la lengua castellana. Lo que contribuyó y no poco a la Unidad de España, peninsular y de ultramar.

También en 1492, además de la brillante toma de Granada, se produjeron dos acontecimientos que marcarán nuestros fantasmas futuros: la expulsión de los judíos y la creación de la Inquisición.

Nadie duda de que con los Reyes Católicos se establece España como Estado definitivo, moderno, al modo que lo harán poco después Francia, Inglaterra y otros, y convirtieron a España en un auténtico imperio y en un coloso mundial.

  • Los que sitúan el nacimiento de España en 1808.

Los que así conciben la Nación, no dejan de reconocer que el Estado es anterior, sin embargo, marcan la diferencia en el levantamiento de 1808 frente al francés y, sobre todo, mascado por la manifestación escrita en la constitución de 1812 de la Soberanía nacional.

En el fondo muchos intelectuales de los reunidos en Cádiz en 1812 creían identificar a la nación española no sólo en sus lecturas foráneas nacidas de la ilustración sino en la actitud de los españoles que se levantaron en 1808 frente a los invasores.

Los que hoy en día marcan ese acontecimiento como el nacimiento de la Nación, supeditan el concepto a la identificación de Estado y Nación con una visión actual, ahistórica o con un sentido histórico muy limitado y un cierto patriotismo constitucional.

Si dijéramos a los franceses que, con el Rey Sol, Luis XIV, por ejemplo, no había Estado, no había Nación, que la nación francesa no existió hasta la toma de la Bastilla en 1789 o en la primera constitución de 1791, que ya consagra los derechos del hombre y del ciudadano, se reirían en nuestra cara.

Sinceramente, creo que esta posición no se sostiene ni histórica ni políticamente, salvo que queramos explicar cuando nace nuestro Estado constitucional, de aplicación contemporánea. Pero ceñir la Historia del Mundo a la edad contemporánea es restringirla demasiado.

España es desde su primera concepción hasta la actualidad. Cada paso concreta la España que fuimos, somos y seremos. Cercenar algún episodio, es cercenar el todo.

BIBLIOGRAFÍA

  • DE INSUA, Pedro. “1492. España ante sus fantasmas”. Ed Ariel.2018.
  • DE INSUA, Pedro .- Conferencia en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Oviedo, fundación Gustavo Bueno. “ Alfonso X y el origen de la nación española.

https://www.youtube.com/watch?v=0fXWWVbeT1U

  • ESPARZA, José Javier.- “ Te voy a contar tu historia. La gran epopeya de España”. Ed la esfera de los libros. 2023
  • GARCÍA MORENO Luis A.” Historia de España Visigoda”. Ed.Cátedra, 1989.
  • MARAVALL, José Antonio.- “Del régimen feudal al régimen corporativo en el pensamiento de Alfonso X”. en la recopilación de Estudios de la Historia del pensamiento español.1973
  • PENDÁS GARCÍA, Benigno.- EL FECHO DEL IMPERIO (REFLEXIONES SOBRE EL CENTENARIO DE ALFONSO EL SABIO) 2020 :

https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594

  • SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio. “Estudios visigodos”. Ed. Istituto Storico Italiano per il Medio Evo, 1971.

[1]Benigno Pendás García https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594

¿POR QUÉ ESPAÑA ES ESPAÑA?

El otro día, el sobrino de 7 años de una amiga me preguntó: ¿por qué España es España?

El niño se refería al origen del nombre, pero su pregunta formulada de aquella manera da mucho más de sí.

El nombre de España deriva del de Hispania que era como los romanos denominaron a aquellas tierras que se encontraban al sur de los Pirineos, a las que ellos llegaron por mar y se asentaron en Ampurias- como ya vinos en:  https://algodehistoria.home.blog/2021/10/01/ampurias-218-antes-de-cristo/

Por tanto, la primera zona conocida por Hispania fue la costa gerundense y desde allí permitió extender el nombre hacía el interior a medida que se producía la romanización de aquel territorio que los griegos denominaron Iberia.

Pero los romanos no bautizaron Hispania a aquella zona por azar, sino que el nombre estaba asentado desde los fenicios que llamaban al lugar con la denominación de i-spn-ya, cuyo significado era tierra de conejos, pero no referida al animal que conocemos sino a unos pequeños animalejos designados como conejos de costa, que ni siquiera procede de la familia biológica de los conejos. Un término cuyo uso está documentado desde el segundo milenio antes de Cristo, en inscripciones ugaríticas. Aclaremos que el ugarítico fue una lengua semítica que se hablaba en una zona de Siria desde el 2000 a. C. Se conoce gracias a la gran cantidad de restos encontrados en 1928, con tablillas de signos cuneiformes (pictogramas casi siempre utilizados para fines comerciales en su origen). No olvidemos que los fenicios ocupaban un territorio en la costa sur mediterránea a la altura de Chipre y que hoy se corresponde con territorios de Israel, Palestina, Siria y Líbano. Los fenicios constituyeron la primera civilización no íbera que llegó a la península para expandir su comercio y que fundó, entre otras, Gadir, la actual Cádiz, la ciudad habitada más antigua de Europa Occidental.

Fueron los romanos los que interpretaron la expresión fenicia como tierra de conejos, el animal, ya sí, que identificamos todos como tal. Un uso recogido por Cicerón, César, Plinio el Viejo, Catón, Tito Livio y, en particular, Cátulo, que se refiere a Hispania como península cuniculosa (en algunas monedas acuñadas en la época de Adriano figuraban personificaciones de Hispania como una dama sentada con un conejo a sus pies), en referencia al tiempo que vivió en Hispania.

No es la única interpretación lingüística que se hace del término i-spn-ya, pero este no es un blog lingüístico sino histórico, así que fuera tierra de conejos o tierra de metales, o tierra del norte, como señalan otros académicos aduciendo que los fenicios habían descubierto la costa de i-spn-ya bordeando la costa africana, y ésta les quedaba al norte, o tierra de occidente al decir de Nebrija en su interpretación del término Hispalis, no altera el hecho histórico de que desde los romanos el término fenicio se extendió para denominar las zonas romanizadas con la denominación de Hispania, en ocasiones, durante la época romana, más allá de lo que hoy es la península ibérica.

La generalización del término Hispania o España referida exclusivamente a la Península Ibérica se lo debemos a los visigodos. Y con ellos el nombre pasó de ser una mera expresión lingüística, con trasfondo histórico local, para convertirse en una formulación política consecuencia de la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana a la que los godos, inicialmente, quedaron incorporados y cuya confluencia con una creencia religiosa cristiana como elemento de unidad y distinción dispusieron el nacimiento estatal de España.  El rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del s. VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. San Isidoro narra la búsqueda de la unidad peninsular, finalmente culminada en el reinado de Suintila en la primera mitad del s. VII y se habla de la madre España. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de “Totius Spaniae”. El prólogo de la misma obra es el conocido De laude Spaniae (Acerca de la alabanza a España). https://algodehistoria.home.blog/2022/10/14/el-estado-visigodo/

La llegada de la invasión musulmana hace que se vuelva a hablar de reinos: Aragón, Castilla, Navarra… pero subyace en todos ellos la idea de reconquista de un ideal previo, imperial por asimilación visigoda del Imperio romano y católica en la manifestación de unidad moral frente al invasor; ideal llamado España, que crece bajo el pegamento de la Corona. La batalla de las Navas de Tolosa en 1212 es la culminación de aquella idea de unidad, cuya cúspide se alcanza con los Reyes Católicos. Aquella unidad bajo la Corona generada por la magnífica reina que fue Isabel I y convertida en referencia política por el camaleónico, astuto y gran diplomático que fue su marido, Fernando.

Tras ellos, los Austrias lograron que aquellos reinos, extendidos por todo el orbe tuvieran instituciones políticas y jurídicas propias pero gobernadas desde la cúspide Real. España se convirtió así en una realidad internacional, en la manifestación física mundial de un Imperio, en aquel Imperio que ya se manifestaba desde los visigodos, imperio recogido y mostrado por los reyes astures al inicio de la reconquista o por Alfonso X el Sabio y el “fecho del imperio”. Aquel imperio físico mundial se gobernó con la autonomía que daban sus Virreinatos al otro lado del Atlántico y del Mediterráneo, centralizados mediante Consejos y con una decisión única del Monarca. Los territorios insertos en una estructura colosal estaban coordinados y seguían un plan y destino común que convertía a los Austrias en una convergencia con un alto y sofisticado nivel de organización. Ese orden trascendió lo político y llegó a la ciencia con especial relevancia en la escuela de Salamanca o a las artes como demuestra el siglo de Oro. Esta masa de tierra gobernada con tanta elasticidad, tuvo una vida muy longeva.

La centralidad borbónica sin la flexibilidad que daba la estructura de los Austrias, tampoco fue un mal sistema, que nos dio algunos de los mejores reyes y mandatarios de nuestra Historia. Si el culmen de los Austrias fue un Felipe II que logró un imperio en el que no se ponía el Sol, un imperio global bajo su único y gran gobierno, de rey laborioso donde los haya, salvador de la cristiandad en Lepanto; el desarrollo del siglo XVIII, alcanzó su cima bajo el gobierno de dos de los mejores reyes que ha tenido esta castigada tierra española: Fernando VI y Carlos III, a veces tan olvidados. Con ambos se modernizó España hasta lograr ponerla a la altura de Europa sin olvidar la exitosa organización nacida de la influencia francesa de su padre Felipe V. Es más, es el siglo XVIII cuando nuestra economía sufrió menos vaivenes, se estabilizó y con ella el grado de avance técnico y social fue más evidente.

Esa continuidad en el tiempo de la idea de España, de nuestro Estado, de nuestra Monarquía y religión fraguó la idea de Nación que se manifestó en 1808 con el levantamiento popular contra el invasor, las Juntas como órganos de gobierno en representación del rey ausente y la constatación generalizada de la idea nacional en la constitución liberal de Cádiz de 1812.

Sólo las felonías, empezando por las de Fernando VII, los sinsabores de gobernantes mediocres de los que el Siglo XIX tiene muestras sobradas, las grandes traiciones conocidas a un lado y otro del Atlántico, la locura nacionalista, dejaron maltrecho aquel gran país, España, cuyo nombre nació con la llegada de los fenicios en el siglo IX a de C.

El siglo XX y lo que llevamos del XXI sólo han reafirmado, salvo alguna honrosa excepción de la que la Transición, por ejemplo, es un excelente ejemplo, la mediocridad en que se vive en nuestro país, tanto política como social y económicamente desde 1812. No podemos caer en la indiferencia sobre ello.

Ya decía Bismarck que «España es el país más fuerte del mundo; los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido«. Pues a ver si durante una temporada larga revertimos el proceso y volvemos a ser la gran Nación y el gran Estado que nunca debimos dejar de ser.

BIBLIOGRFIA

ALTAMIRA Y CREVEA, Rafael. – Historia de España y de la civilización española. –  Sociedad Geográfica de Lisboa y del Instituto de Coímbra. Tomo I. 1900.

JIMÉNEZ, Julián Rubén. –  Diccionario de los pueblos de Hispania. Ed. Verbum. 2020.

URBIETO ARTETA, Antonio. – Historia ilustrada de España. Volumen II. Editorial Debate. 1994.

La Mesta

La reconquista contribuyó a asegurar en Castilla una economía pastoril. En una tierra árida, siempre cercana a la frontera con los moriscos y llena de algaradas y enfrentamientos por ese motivo, la ganadería era una actividad segura – se podía trasladar el ganado hacia zonas que no eran atacadas y volver cuando crecían los pastos- y bien remunerada.

La prosperidad pastoril y los intereses comunes de los ganaderos dieron lugar a su asociación. No está claro si la iniciativa fue puramente profesional, es decir, entre los propios pastores o tiene origen real. Con carácter mayoritario se entiende que su origen estaría en las pequeñas mestas locales que existían ya en la Alta Edad Media entre los pastores de las majadas leonesas y castellanas, como producto de su asociación ante problemas derivados de su profesión, para reforzar sus fueros y hacerse cargo de las reses desmandadas dándoles dueño (mostrencos). De este modo, la monarquía sólo tuvo que dotarla de legalidad. En un primer momento, la agrupación sólo perseguía ordenar el complicado sistema de trashumancia, de acuerdo con el cual los rebaños eran conducidos a través de España desde los pastos de verano en el norte a los pastos invernales del sur. Posteriormente, pretendió hacerse con el control de todos los rebaños de la cabaña lanar castellana aprovechando para abaratar el mismo y hacerlo más seguro pues se trasladaba acompañado de una guardia armada, llamada esculca o rafala. Aquella cabaña lanar era mucho más próspera a medida que la reconquista avanzaba hacia el sur, pues a la oveja tradicional castellana- Churra- se le unió, probablemente en el último tercio del S XIII, una raza de oveja nueva procedente del norte de África- la oveja Merina-. Esta nueva raza daba una lana de excelente calidad que se convirtió en el primer producto en exportaciones del reino; era una parte sustancial de la economía. La oveja churra, era más importante para consumo humano.

A medida que se prosperaba y se incrementaba el terrero sobre el que extender los rebaños surgieron complicaciones en las tareas de aquellas asociaciones de ganaderos. Estas complicaciones en las tareas a realizar y los derechos a defender dio lugar al nacimiento de una asociación más organizada e institucionalizada: el Concejo de la Mesta.

El origen de la complicación social se debió, como hemos señalado, al avance de la reconquista. Al llegar Fernando III, el santo, a Andalucía el territorio se estabilizó, de modo que lo que habían sido siempre zonas ganaderas- zonas fronterizas cercanas a los territorios musulmanes, fueron acogiendo a más colonos cuya actividad principal era la agricultura. Los agricultores no querían que el ganado trashumante se comiera sus cosechas, surgiendo así enfrentamientos entre ganaderos y agricultores.

La solución la dio el rey Alfonso X, el sabio, hijo de Fernando. Pactó con las asociaciones de ganaderos unos caminos por los que transitar y no molestar a los agricultores. El rey dio así el impulso definitivo al Concejo de la Mesta en 1273, que más tarde se llamó Honrado Concejo de la Mesta, tras la reglamentación que le dio Alfonso IX en 1347.

Para que el ganado no dañara los cultivos, se idearon unos itinerarios especiales que, dependiendo del tamaño de la vía, recibían diferentes nombres. De menor a mayor se denominaron coladas, veredas, cordeles o cuerdas, y cañadas. Las cañadas más importantes eran conocidas como cañadas reales.

Los ganaderos que pertenecían a la Mesta obtuvieron privilegios reales, como la exención del servicio militar y de testificar en los juicios y ventajas como derechos de paso y pastoreo. Con el tiempo obtuvo nuevos privilegios reales y ventajas fiscales.

La Mesta celebraba dos asambleas al año, una en el sur de la península y otra en el norte. Principalmente se debatían los cargos internos (presidente) y cómo se iban a organizar los itinerarios.

La Mesta alcanzó gran poder y contribuyó, junto con la pacificación de las zonas ya reconquistadas, al desarrollo de una destacada actividad textil que se localizaba en ciudades de la cuenca del Duero, como Zamora, Palencia, Soria o Segovia, pero también en ciudades ganadas al islam, tales como Toledo, Cuenca Córdoba o Murcia. La producción textil de Castilla y León era modesta, al menos si la comparamos con la excepcional producción de lana de los reinos. Pero a medida que se desarrollaron centros industriales, sobre todo, en el País vasco, la producción creció.

Por lo que se refiere al comercio en el siglo XIII, es un dato significativo el hecho de que se crearan nuevas ferias, sobre todo en ciudades de la meseta sur y de Andalucía; así, en Brihuega, Alcalá de Henares, Cuenca, Cáceres, Badajoz o Sevilla.

En las cortes de Toledo de 1480 se decreta dejar libre el paso de rebaños entre Aragón y Castilla, siendo el reflejo del destacado concepto en el que los Reyes Católicos tuvieron a la Mesta. Aquella libertad de tránsito pretendía proteger la actividad e ​ incrementar los ingresos de la corona mediante el arrendamiento y la venta de derechos de pastos. A partir de entonces, el presidente de la Mesta sería el miembro más antiguo del Consejo Real.

La Mesta alcanzó su máximo esplendor en 1492, año en que los campesinos consideraron excesivos los privilegios concedidos a la Mesta.

Fue una organización muy poderosa debido a los privilegios que los reyes le concedían, ya que la lana era un importante producto entre los que exportaba Castilla a Europa, por lo que se debía fomentar la producción de lana, a veces en detrimento de la agricultura. En ocasiones se acusa a la Mesta de la desforestación de la península ya que la gran cantidad de ganado necesitaba mucho pasto para alimentarse.

Sin embargo, la Mesta llegó a su decadencia. Principalmente por la perdida del monopolio mundial. Tal ruptura se debió a que varios corderos merinos fueron regalados por Felipe V a su abuelo el rey de Francia, Luis XIV. Los franceses aprovecharon su crianza para extender esta ganadería por todo su país y ejercer de exportadores a centro Europa en detrimento de España. En nada favoreció a nuestro país las guerras napoleónicas que destrozaron infraestructuras y cañadas dificultado la actividad trashumante. A ello se unió, que la industria española no era lo suficientemente competitiva frente a los talleres europeos, lo que incrementaba el precio de la lana española frente a la europea.

Además, los continuos enfrentamientos internos entre campesinos y agricultores y las necesidades económicas de la corona, laminaron muchos privilegios de la Mesta. Las grandes fortunas nobiliarias y también los conventos y eclesiásticos van poco a poco abandonando esta actividad y refugiándose en otras más prosperas.

Todos esos motivos fueron esenciales para la desaparición del Concejo de la Mesta en 1836.

BIBLIOGRAFÍA

ANES, Gonzalo y GARCÍA SANZ, Ángel (coord.) “Mesta, trashumancia y vida pastoril”. Ed. Investigación y Progreso. 1994.

KLEIN, Julius. “La Mesta: estudio de la historia económica española, 1273-1836.” Alianza editorial. 1979.

¿POR QUÉ DEBEMOS ESTUDIAR HISTORIA?

Mucho se ha hablado en estos días de la modificación del currículo escolar español que afecta a diversas asignaturas, entre otras de manera muy importante a la Filosofía y a la Historia.

De nuevo traigo a colación a mi querido profesor Ferrero y su “dádmelo morto”, para diferenciar la historia del periodismo. Efectivamente, este es un blog de Historia y de análisis histórico y por eso trataremos el tema desde la Historia. Ya hemos tenido entradas sobre el valor de la historia explicando el método científico de análisis histórico y la Ley de memoria histórica, que a partir de ahora se llamará democrática (se ve que hacernos olvidar- una parte de nuestro pasado- es más democrático que recordar; y establecer un sistema de fuentes científico es peor que la subjetividad de los recuerdos de cada cual).

A la hora de abordar el tema de hoy no quiero incidir en la causa final, citando a Aristóteles, es decir, en el objetivo último de este cambio. Simplemente me centraré en las consecuencias que para el conocimiento tendrá el mismo.

Desde un punto de vista formal y material, que no teleológico, dos son los cambios más destacados en el currículo escolar en lo referente a la asignatura de historia: 1) no se debe estudiar de manera cronológica y 2) sólo se estudiará la Historia de España de 1812 en adelante.

La barbaridad es enorme. Para explicar mi posición voy a tomar diversos ejemplos, se podrían poner otros miles, pero, para comprender qué pasa cuando sólo se estudia, y no completa, la edad contemporánea, más la española que la universal, voy a poner ejemplos de absoluta actualidad.

Todos leemos estos días noticias sobre la invasión de Ucrania y nos planteamos conocer algunos antecedentes, bien sean de la Segunda Guerra Mundial, bien posteriores, como la invasión de Hungría el 1956, o la primera guerra de Crimea en 1853, que trajimos aquí a colación. Pero el conocedor de Historia sabe que, en el ámbito de las relaciones internacionales, los países tienen unas constantes en su actuación que no se difuminan con el tiempo. Así, el expansionismo territorial o la búsqueda de salidas a mares de aguas cálidas son algunas de las constantes rusas más destacadas y que ya se daban, por ejemplo, en Pedro I el Grande, Catalina II la Grande, Nicolás I, en Alejandro III o Stalin, estos hechos tienen una correlación histórica, si no se conoce las obras de cada uno de ellos, no se entiende la de sus sucesores. Una cosa es que puedan tener otros modos de enlace o estudio, pero los hechos influyen unos en otros y no se entienden los segundos sin acceder previamente a los primeros. Si Putin busca recuperar el imperio ruso de la URSS o el de los zares, hay que analizar qué pasó antes de ahora y por qué.

La primera guerra de Crimea trajo a España una subida de precios y de impuestos que generaron gran malestar. Hay acontecimientos que se parecen como dos gotas de agua y la situación de subida de precios actual no originada sólo en la guerra de Ucrania, pero sí influida de manera importante por ella, puede entenderse mejor si vemos los levantamientos contra los impuestos en el bienio liberal español por culpa de aquella guerra en Crimea de 1853-56 y, si bien, siguiendo los razonamientos de Heráclito, «ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos»,  no podemos negar similitudes fundamentales que conviene tener presentes para, como bien señalaba Napoleón en sus acotaciones al “Príncipe” de Maquiavelo, “hay que conocer la Historia para no volver a cometer los mismos errores”.

¿Cómo entender la historia de las relaciones internacionales sin asentarse en los principios básicos del derecho internacional reflejado en los tratados internacionales o en las instituciones internacionales? Y ¿cómo acercarse a ellos sin asimilar los orígenes del Derecho de Gentes,  “jus Inter Omnes gentes”,  en la Escuela de Salamanca Española, en los postulados del Padre Vitoria  y con ella en la presencia española en América y el humanitario trato dispensado a los indios, o en la teoría de los justos títulos, todo desarrollado bajo el mandato directo de la Monarquía española, tanto por de los Reyes Católicos como por Carlos I? En un simple párrafo hemos demostrado el enlace entre acontecimientos presentes que tienen su raigambre en nuestra Historia más gloriosa: la de la llegada a América, su evangelización, culturización y la presencia mayúscula de los Reyes Católicos y nuestro emperador, nuestra influencia en el devenir jurídico del mundo… y que en nuestro programa escolar dejarán de estudiarse. Nuestros futuros bachilleres, si no hacen un esfuerzo por sí mismos, no sólo no sabrán Historia, es que no entenderán el periódico, las noticias diarias.

Si no se conoce la Historia de la antigüedad se desconocerá la versión de Trucídides sobre la guerra del Peloponeso (431-404 a de c.) se ignorarán las consecuencias de la tensión creada entre una potencia emergente (Atenas) frente a una potencia en declive (Esparta) y como el temor a ser relevado del mando puede desembocar en una guerra. Con este antecedente se entiende mejor las tensiones actuales entre China y USA tanto por Taiwán y el dominio del Pacífico como sus posiciones frente a Rusia en la invasión de Ucrania.

Tampoco podríamos explicar los imperios orientales de China o de Japón sin la llegada a aquellos mares de los portugueses y españoles en el siglo XVI. Tampoco, sin entender la habilidad de Felipe II para no enfrentarse a Portugal innecesariamente y así acabar dominando enclaves esenciales en el Pacífico. No estudiar al gran Felipe II es no poder realizar interacciones entre la Historia de España, y la de América, África y el Pacífico. Y no comprenderíamos el alcance de esas interacciones si desconocemos la importancia de la “Unión Ibérica” lograda por Felipe II en 1581 que trae causa de los acuerdos, en este caso matrimoniales, firmados en el Tratado de las Alcazobas por los Reyes Católicos y el Rey de Portugal el 6 de marzo de 1480.

Cómo explicar nuestros problemas actuales con Marruecos sin contar que el norte de África fue territorio romano después de cartaginés, olvidando la importancia del Califato Omeya con su gran capital, Córdoba, en el siglo VIII. Cómo explicar la caída de ese Califato y la sumisión de aquel territorio norteafricano en un lugar sin dueño a manos de tribus bereberes y beduinas nómadas que estaban de paso, sin estudiar la Reconquista. Cómo explicar la españolidad de las Canarias, Ceuta y Melilla sin saber que fue aquel Tratado de Alcazobas y su especificación posterior en el de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, con el reparto de los mares y las tierras en virtud de los paralelos terrestres,  el que determinó la distribución de la costa africana entre España y Portugal; el que permitió el asentamiento español en Melilla en el siglo XV (1497),  en el Peñón de Belez, en Orán y en otros muchos territorios y, además,  preservó nuestra presencia en Ceuta que ya era española en 1415.

Y, en directa conexión con lo anterior, si sólo se estudia la Historia de España desde 1812 y no se atiende con cierto detenimiento a la historia Universal cómo describir los resultados de la Conferencia de Berlín en 1885, los procesos de colonización y descolonización, los enfrentamientos internos en Alemania entre los posicionamientos de Bismark y las del Káiser Guillermo II con respecto a la colonización de África, los acuerdos franco-alemanes por aquellos territorios, las consecuencias que aquello tuvo para nuestra ubicación en Marruecos,  la correlación de fuerzas entre la presencia francesa y la española en el norte de África,  nuestro protectorado en Marruecos y en el Sahara, la perdida de aquellos lugares… y sin referenciar las consecuencias de la I Guerra Mundial, por ejemplo, con la disposición de las colonias africanas en fideicomiso, no se profundizará en la presencia española en sus territorios norteafricanos ni en Guinea a pesar de la neutralidad de nuestro país en las guerras mundiales ni por supuesto otros muchos acontecimientos que quizá no tienen tanta relación con España pero sí con la organización geoestratégica posterior, como el desarrollo militar de la II Guerra Mundial, en especial, con la Guerra del desierto.

España no ha estado aislada del mundo, al contrario, ha sido una pieza esencial en la configuración geopolítica actual del Orbe, no pueden nuestros bachilleres limitarse al estudio de la edad contemporánea sin percatarse de la importancia de nuestro pasado porque sin él no se entiende España como Nación ni política ni histórica ni cultural. No se puede concebir la defensa de la nación en el levantamiento de 1808, ni la constitucionalización de la soberanía popular en 1812 sin saber de dónde venimos. Los madrileños dieron el primer aldabonazo contra el invasor conscientes de lo que era España, la Junta de Asturias se reunión en defensa de la Nación española y las Cortes de Cádiz definieron nuestro futuro liberal por la conciencia común de lo que habíamos construido todos juntos desde muchos siglos antes.

Pero sin esos precedentes, tampoco se alcanza a ver el porqué de esos acontecimientos que para algunos parecen prevalecer sobre los demás. Hablo de la caótica primera República, de la crisis del 98, de las guerras en Marruecos en los años 20 y con ello de la dictadura de Primo de Rivera y la catastrófica Segunda República que nos lleva a la peor de las crisis nacionales: la Guerra Civil.

Sin el conocimiento de todo eso, no se entiende España. Pero, sin España, no se entiende Europa. Esta Unión europea, hoy más unida que nunca en la adversidad, tiene su esencia en los principios greco-romanos y la tradición judeo-cristiana. Al implantarse el cristianismo en el Imperio romano, apareció una Europa cristiana en su pensamiento, instituciones y cultura, cuyas fuentes se concretaron en la concepción filosófica y jurídica greco-romana y la tradición religiosa judía y el legado cristiano centrado en el Nuevo Testamento y en la figura de Jesús de Nazaret. Atenas da origen al logos griego que determina la racionalidad universal. Crea las ciencias especulativas y positivas y promueve la filosofía, el humanismo, el arte y la arquitectura. Roma simboliza el Derecho, la épica conquistadora y la organización política. El sacro imperio une las ideas de poder y orden jurídico clásico con el religioso, teniendo al Papado como baluarte defensivo de esos valores tradicionales. Las cabezas defensoras de esa idea de cristiandad con todos los valores inherentes a la tradición serán, esencialmente, los Reyes españoles, desde el inicio de la Reconquista, la batalla de las Navas de Tolosa (1212) o la creación del Camino de Santiago, pero, sobre todo, serán Carlos V y Felipe II- fundamental en la victoria de Lepanto (7 de octubre de 1571)- los que permitan que Europa siga siendo cristiana y que los valores humanitarios y de derecho natural que fundamentan nuestra vida y Derecho puedan perdurar. A ellos y por desarrollo de esos principios, se une en el S XVIII la Ilustración y su difusión mediante la Revolución Francesa y las invasiones napoleónicas.  Todos ellos y sus valores trajeron las democracias que hoy tanto cuesta mantener. Por eso, a Zelenski, nuestro admirado presidente ucraniano que tanto hace por la defensa de esos valores que son nuestra vida cabe decirle que él y sus conciudadanos son todo un ejemplo, pero, también, que frente a lo que dijo ante el Parlamento de los Países Bajos, Felipe II no fue un tirano.

El desconocimiento de la Historia no sólo limita el saber de esa materia. Sin ese conocimiento histórico nadie entenderá la literatura ni el arte ni otras ciencias. Así, por ejemplo, sin el Imperio español, no se entenderá del siglo de Oro literario y artístico; sin la perdida de América y la crisis del 98 no se profundizará en la generación del 27…, porque todos los conocimientos están interrelacionados. Si se cercena uno, se cercenan los demás.

Por todo lo que he señalado y por otras muchas cosas que se podían decir, una reforma que se limita a lo contemporáneo, sin antecedentes, sin cronología, generará, más allá de otro tipo de maliciosas o torpes intenciones, más división entre las personas. Porque cualquier alumno español que proceda de una familia con cierta formación o para aquellos que tengan mayor capacidad para pensar y estudiar alcanzarán los conceptos anteriores mediante su propio esfuerzo, que en algunos casos será titánico, y siempre extraescolar, mientras que los más torpes o los que vivan en un ambiente menos propicio a las humanidades se quedarán anclados en un sinsentido, se quedarán sin una explicación convincente envuelta en un presentismo anacrónico y absurdo. Quizá los primeros puedan volver los ojos a Ortega y Gasset y decir de nuevo “no es esto, no es esto”, pero el resto caerá en las fauces de la dominación del poder que Foucault desentrañaba en su “microfísica del poder” cuando afirmaba que cada ser humano no es el representante del Estado, pero, para que manifieste el poder el Estado, es necesario que haya un adulto que muestre su dominación a un niño. Ejercida esas acciones de poder sobre los niños, estos, de adultos, las ejercerán sobre sus hijos y así hasta configurar una sociedad sometida. Antes de llegar a ese punto, señalaba el filósofo francés, tendrán un papel esencial los intelectuales para, en el terreno del saber y de la verdad, ejercer una tarea didáctica que revierta ese poder estatal que manipula y extorsiona. Pero para eso tiene que haber intelectuales y la Ley de educación española quiere acabar con todos ellos.

EL TRATADO DE ALCAZOBAS

Alcazobas, en castellano, a veces escrito como Alcazovas y en portugués como Alcáçovas, es una ciudad portuguesa de la zona del Alentejo. Allí se firmó el 4 de septiembre de 1479, el tratado que pone fin a la llamada guerra de sucesión castellana- nombre que genera no pocos conflictos en relación a otras guerras de sucesión y por ello muchos historiadores se limitan a formular como “Guerra de 1474 a 1479”-.

Aquel enfrentamiento tuvo un doble carácter, por un lado, es una guerra civil y, por otro, una guerra internacional y cuyas repercusiones decidirán el futuro del Mundo.

Los conflictos castellanos se remontaban desde antiguo y enlazaban a diversos reinos y condados de la península ibérica. Ahora nos situamos en la caótica corte de Enrique IV donde los enfrentamientos entre diversos bandos nobiliarios eran constantes. El carácter y las peculiaridades del propio monarca no ayudaban mucho. Casado con Blanca de Navarra, no obtuvo descendencia y buscó la fórmula para anular el matrimonio y casarse con Juana de Portugal. De ese segundo matrimonio nació Juana que sería nombrada heredera. Sin embargo, la nobleza castellana era más partidaria de considerar herederos a los medio hermanos- hermanos de padre- de Enrique: Alfonso e Isabel.

Las presiones de la nobleza obligan al rey a cambiar el testamento y nombrar a su hermano Alfonso como heredero al trono de Castilla. Entre las razones que se aducen para tal cambio está el rumor de que Enrique es impotente y que Juana no es su hija sino hija de su favorito, Beltrán de la Cueva, de ahí que a Juana la motejen como “la Beltraneja”.

La verdad es que sobre las peculiaridades físicas y tendencias sexuales de Enrique se ha escrito mucho, quizá lo más interesante se lo debamos a Gregorio Marañón que realiza su “Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo” (Madrid 1930) y en el que llega a la conclusión de que el rey sufría diversas deformidades físicas y psicológicas, concluyendo, entre otras cosas, que posiblemente era impotente, aunque no afirma tajantemente que fuera homosexual. De ambas cosas se le acusaba en las crónicas de su tiempo.

Fuera como fuese, el descontento reinaba en Castilla y, por ello, en 1465, los nobles, reunidos en Ávila, acuerdan destronar a Enrique y nombran rey a Alfonso (de 12 años entonces) en la denominada “farsa de Ávila”. Estalla así una guerra que no terminará hasta 1468, con la muerte de Alfonso.

Para los que no aceptaban a Juana como heredera, la sucesión debía pasar entonces a Isabel. El rey Enrique se avino a negociar. En 1468, Enrique e Isabel firmaron un acuerdo, el “Tratado de los Toros de Guisando”, por el que Enrique declaraba heredera a Isabel, reservándose el derecho de acordar su matrimonio, y las distintas facciones de la nobleza renovaban su lealtad al rey. Enrique trató de casar a Isabel con Alfonso V de Portugal. Pero Isabel, en 1469, se casa en secreto en Valladolid con Fernando de Aragón. Enterado el rey Enrique, consideró violado el Tratado de los Toros de Guisando y proclamó a su hija Juana como heredera; además, la casa con Alfonso V de Portugal.

En 1474 muere Enrique IV y cada una de las dos candidatas al trono son proclamadas reina de Castilla por sus respectivos partidarios.

Los nobles y las ciudades castellanas se dividen en sus apoyos. Así Ávila, Valladolid, Tordesillas, Toledo…, reconocen a Isabel como reina; otras, como Burgos, Zamora y las ciudades andaluzas, prefieren esperar a que se aclare la situación. Igual vacilación se nota en el alto clero y la nobleza. El cardenal don Pedro González de Mendoza, el arzobispo de Toledo —don Alfonso Carrillo—, el conde de Benavente, el marqués de Santillana, el duque de Alba, el Almirante, el Condestable, el duque de Alburquerque —don Beltrán de la Cueva— juran a doña Isabel como reina legítima de Castilla. Pero el duque de Arévalo y don Diego López Pacheco, marqués de Villena, se niegan a rendirle homenaje. En resumen, la nobleza andaluza, extremeña y manchega se posicionó al lado de Juana, el resto de la nobleza y las principales ciudades estuvieron con Isabel.

Habíamos señalado que, además de un enfrentamiento civil, aquella guerra tuvo carácter internacional.

La boda entre Isabel, heredera de Castilla, y de Fernando, futuro rey de Aragón, había suscitado inquietudes en Francia y Portugal; aquellas naciones veían con disgusto que se constituyese un bloque que fortaleciera a Castilla que era el reino hegemónico en la economía y la política peninsular. Portugal pretendía que aquella fuerza se inclinase a su lado formando un reino entre Castilla y Portugal, guiado por el rey portugués y que redoblara sus pretensiones en la costa atlántica. Por su parte, Francia no veía con buenos ojos aquella empresa castellano-aragonesa porque eso robustecía a Aragón, vigorizando su presencia en Italia, en la que el rey de Francia Luis IX tenía grandes aspiraciones. Por tanto, Portugal participó del apoyo de Francia en contra de Isabel y a favor de Juana. Castilla y Aragón contaron con el favor de Inglaterra y Borgoña a las que la potencia de Castilla importaba bastante menos que la de Francia.

Las hostilidades empiezan en mayo de 1475, cuando tropas portuguesas pasan la frontera castellana y los nobles castellanos hostiles a Isabel entran en rebeldía.

Las tropas de Isabel ocuparon Toledo y fortificaron Ciudad Real y Badajoz. Por su parte, las fuerzas de Juana se situaron en torno al valle del Duero y tomaron Toro para facilitar la entrada del ejército portugués. Castilla recupera Burgos y emprende la reconquista de Toro. La batalla de Toro está considerada por la historiografía como la más importante del conflicto, aunque estudios recientes consideran que no lo fue tanto y ponen el foco en la toma de Segovia por los Castellanos. La importancia de Toro no estuvo en el resultado de la batalla en sí, que una parte de las fuentes consideran ganada por los portugueses gracias al príncipe Juan (futuro Juan de II de Portugal) y otras dejan un resultado incierto. Pero lo trascendente de la misma estuvo en la forma de afrontar el resultado mientras el Rey de Portugal se dedicaba a reorganizar sus tropas, su hijo se dedicaba a la propaganda, lo mismo que Fernando, el cual envió correos a todas las ciudades de Castilla y a varios reinos extranjeros, dándoles la noticia de una gran victoria, en la que las tropas portuguesas habían sido aplastadas. “Los dos quisieron beneficiarse de la propaganda de la victoria [Sin embargo, mientras que la opinión pública castellana era decisiva para el desenlace de la guerra civil, la portuguesa no lo era][1].

Ante aquellas noticias los nobles castellanos partidarios de Juana empezaron a desertar y su partido en Castilla prácticamente desapareció. Es verdad, como cuenta parte de la historiografía, que, desde la toma de Burgos por parte de Isabel, los partidarios de Juana habían empezado a disminuir, y con la decisiva toma de Segovia y el tesoro castellano, Isabel pudo pagar generosamente a sus partidarios que se incrementaron ampliamente.

Tras la batalla de Toro las tropas portuguesas aún tuvieron fuerzas suficientes para plantar cara a las castellanas durante al menos tres meses en territorio de Castilla. Otro factor acompañó a las tropas castellano- aragonesas y fue la neutralización que la reina de Navarra logró de las tropas francesas y la victoria de Castilla en Fuenterrabía frente a los galos. Estos hechos lograron que se firmara una tregua entre Aragón y Francia que, Alfonso V de Portugal, tras la batalla de Toro, intentó en vano que no se renovase.

La última batalla de la guerra de sucesión fue la batalla de la Albuera, en Mérida, el 24 de febrero de 1479, que se saldó con la victoria de las tropas isabelinas, pero el rey Alfonso logró alcanzar y proteger para sus intereses Mérida y Medellín que siguieron en manos portuguesas hasta el Tratado de Alcazobas, que es el que pone fin a la guerra. El tratado se firmó en primera instancia el 4 de septiembre de 1479 entre los representantes de los Reyes católicos y el príncipe Juan en representación del rey de Portugal. El tratado fue ratificado por Alfonso V de Portugal el 8 de septiembre de 1479 y por los Reyes Católicos en Toledo el 6 de marzo de 1480, por lo que también se le conoce como Tratado de Alcáçovas-Toledo.

Se dice que en este acuerdo Castilla gana en tierra y Portugal en el mar.

Sus acuerdos principales fueron:

  • Además de poner fin a la guerra, Alfonso V renuncia al trono de Castilla y los Reyes Católicos renuncian al trono portugués.
  • Reparte los territorios del Atlántico entre los dos países. Portugal mantiene el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla se le reconoce la soberanía sobre las islas de Canarias.
  • Reconoció que el impuesto denominado el quinto real fuese percibido por Portugal en los puertos castellanos, incluyendo a los barcos que hubiesen zarpado hacia la Mina de Oro antes de la firma del mismo. El quito real era un impuesto percibido por la corona sobre las mercancías traídas por barco a la Península desde los territorios del Atlántico denominados “Guinea” y “Mina de Oro”.
  • Reconoce a Portugal la exclusividad de la conquista del Reino de Fez.
  • Concede el perdón a los castellanos juanistas

En paralelo al tratado de Alcáçovas se negociaron las llamadas “Tercerías de Moura”, que resolvían la cuestión dinástica castellana imponiendo a Juana de Castilla, rival de Isabel, la renuncia a todos sus títulos castellanos y su reclusión en un convento. También acordaban la boda de la infanta Isabel, hija de los Reyes Católicos, con el nieto del rey portugués, único hijo del príncipe Juan, también llamado Alfonso. La enorme dote pagada por los padres de la novia representa la indemnización de guerra obtenida por Portugal.

Como consecuencias del tratado se producen los siguientes hechos:

  • Castilla reconoce y acepta la expansión portuguesa en África.
  • El reparto de la costa atlántica se hizo en virtud de los paralelos de la tierra, aunque la historiografía discute este punto, el hecho cierto es que por este reparto la legitimidad española sobre el descubrimiento de América por Colón fue puesta en entredicho por Portugal que consideraba que el nuevo mundo le correspondía como propiedad a Portugal. Esto llevó a intensas negociaciones y a la búsqueda de los Reyes Católicos del apoyo papal que obtuvieron en 1493 por una serie de bulas papales llamadas “bulas alejandrinas”, que les otorgaban las tierras descubiertas por Colón y venían a establecer un nuevo reparto del Atlántico. Aunque el rey de Portugal protestó, acabó aceptando el nuevo reparto con ligeras modificaciones en relación a las bulas alejandrinas, en el Tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494. Entonces no se conocía aún la dimensión de lo descubierto por Colón y a Portugal lo que le interesaba a mantener abierta la ruta hacia la India, la ruta de las especias, tan lucrativa en aquellos tiempos y limitada en la ruta por el Mediterráneo por el bloqueo turco.
  • En la práctica, este acuerdo garantizaba al reino portugués que los españoles no interfirieran en su ruta del Cabo de Buena Esperanza y que Portugal no interferiría en las nuevas tierras descubiertas por los españoles en América.
  • El acuerdo también tuvo otra serie de clausulas sobre los límites de zonas pesqueras en áfrica y los límites del reino de Fez.
  • El tratado de Alcazobas tuvo también otra importante consecuencia andando el tiempo. La boda entre la hija de los Reyes Católicos, Isabel, y el nieto del rey de Portugal, Alfonso, se celebró en 1490. Al morir Alfonso a los pocos meses, Isabel contrajo matrimonio en 1497 con el nuevo heredero al trono portugués, Manuel I de Portugal- primo de Juan II-. Tuvieron un hijo que murió a los dos años de edad. Poco después moría Isabel. Su hermana, María de Aragón, contraería nupcias con Manuel I. María y Manuel I tuvieron una hija, Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España y madre de Felipe II. Por este ascendiente, Felipe II pudo reclamar la corona de Portugal tras la muerte de Sebastián I. Felipe II fue coronado rey de Portugal el 16 de abril de 1581 en las Cortes de Tomar, logrando así “la unión ibérica”.

BIBLIOGRAFIA

CARRASCO MANCHADO, Ana Isabel. “Isabel I de castilla y la sombra de la ilegitimidad, propaganda y representación en el conflicto sucesorio”. Sílex ediciones. 2006.

AGUADO BLEYE, Pedro. “Manual de Historia de España”. Espasa.1963

UBIETO, REGLA, JOVER Y SECO. “Introducción a la Historia de España”. Ed. Teide. 1983.

[1] Carrasco Manchado. “Isabel I de castilla y la sombra de la ilegitimidad, propaganda y representación en el conflicto sucesorio. Pag. 195

LA EXPULSIÓN DE LOS JUDIOS DE ESPAÑA EN 1492

La expulsión de los judíos de España tras el decreto de 31 de marzo de 1492 firmado en Granada por los Reyes Católicos no fue una excepción en Europa.

Realmente cabe explicar el antijudaísmo que se vivió en Europa en la Edad Media como un fenómeno complejo que arranca de una época muy anterior a los acontecimientos sociales del siglo XV, justificándose como una demanda de conversión de los judíos, es decir, como un fenómeno religioso que se fue complicando con el tiempo y al que se unen factores económicos, sociales y hasta xenófobos. Se trata de un fenómeno europeo, continental, no se puede entender como un ejemplo francés, español o alemán.

Sus primeras manifestaciones se descubren en la segunda mitad del S XII en el momento en el que se estaban constituyendo y ordenando las comunidades judías en occidente. Puede presentarse como antecedente el sanguinario suceso ocurrido en 1096, cuando los caballeros cruzados, poseídos de gran exaltación religiosa asaltaron las juderías de Renania. Se decía que iban a rescatar con la sangre de los judíos el sepulcro de Jesús ya que no podían mirar con pasividad a los que fueron sus verdugos.

De esa visión se deriva el hecho de que los judíos fueran mirados con recelo, como una especie de casta pecadora, cuyo contacto mismo contaminaba. Era una especie de concepto de impureza irreversible que se dejaba notar en leyes de convivencia en todo el continente.

El primer país en expulsar a los judíos fue Inglaterra y su acción constituye un modelo para lo que vendría después en todas partes. La impopularidad de los judíos llevó a tres grandes revueltas contra ellos: Norwich en 1144; Gloucester en 1168 y St. Edmonsbury en 1181. Cuando Ricardo I partió para las cruzadas los impuestos se multiplicaron y los ingleses arreciaron contra los judíos. A éstos, en las Islas, no se les trató de convencer para que se convirtieran, simplemente eran unos buenos financieros, normalmente acaudalados, y se les trató de exprimir a impuestos. Cuando ya no fue posible sacarles rendimiento, Eduardo I decidió su expulsión, primero en Gascuña (1289) y luego en Inglaterra (1290). Los judíos de la Corte de los Plantagenet tuvieron que emigrar.

Tras la acción inglesa vinieron los franceses. Felipe IV los expulsó en 1306 en condiciones más duras que las inglesas y muchísimo más injustas que en España en 1492. En Alemania e Italia no se produjo un decreto de expulsión simplemente por carecer de suficiente poder el Emperador del Sacro Imperio, pero la violencia se desató en el siglo XV contribuyendo a la expulsión de los judíos de Austria y del Ducado de Parma.

La pervivencia de las comunidades judías era un problema en una Europa que estaba formando sus primeros Estados-Nación e imponían la unidad religiosa como forma de crear unidad entorno a esas sociedades políticas nacientes.

En el siglo XIII España era la excepción, un oasis de paz para los judíos. Protegidos por diversas leyes, su situación distaba de ser perfecta,  pero era en los reinos peninsulares junto con Provenza en los únicos lugares en los que los judíos podían vivir en plenitud la fe judía, sus enseñanzas y su pensamiento.

En España, la idea de Sefarad como un Estado independiente o un Estado dentro del Estado, no existe, nada puede asemejarse a la situación musulmana. Muchos de los judíos llevaban en la península ibérica desde hacía siglos, otros habían recalado en España tras las expulsiones europeas, vinieron pacíficamente, no con una idea de invasión; otros se encontraban en las taifas musulmanas.

Con el avance de la Reconquista la población judía de los territorios árabes se va incorporando a los distintos reinos, al principio como cautivos de guerra, para pasar posteriormente, al ser una población muy útil, a depender directamente de la protección real, al servicio del rey, como miembros propios de la Cámara y del Tesoro. Es decir, en España, gracias a los reyes, los judíos tuvieron una vida mejor que en el resto de Europa. Si alguien les atacaba, ataca una propiedad real, lo que conllevaba penas enormes. Esta utilidad les depara un ascenso social, además de servir de puente entre las poblaciones cristinas y musulmanas.

Las Aljamas judías se construyen como lugar de vida de los judíos en España. No se integraron en la sociedad hispana por rechazo mutuo. Ni la sociedad cristiana dominante los aceptaba como miembros de la sociedad al mismo nivel que los cristianos ni los judíos querían vivir en una sociedad que no tuviera sus mismas costumbres. Pero no son repelidos, la incompatibilidad teológica se amortigua y se suaviza por los intereses reales que les dan, como dijimos, un privilegio de inmunidad. Tanto era así que, si fallaba el apoyo real, la población judía quedaba desprotegida a expensas de una parte de la población cristiana , a veces apoyada por algún clérigo exaltado, que los atacaba. Así, amparados, se distribuyen entre los distintos reinos, cada uno con sus leyes y sin formar, insistimos, un Estado propio porque Sefarad al contrario que Al-Andalus es un concepto o idea mítica, no contiene una concepción política. Precisamente, los judíos españoles se consideraban Sefarad, ( de ahí el nombre sefardita) herederos de Judá ( según la única mención bíblica al nombre que aparece en el libro de Abdías, venidos a la península ibérica antes de nacimiento de cristo y, por tanto, carentes de responsabilidad en su muerte.  Pero esa carencia de estado o pretensiones de tenerlo y el respaldo real no dejaba de crear algunos problemas legales. Así los judíos eran súbditos directos del rey, pero al no ser cristianos no se les podía aplicar la ley del Papa, lo que en aquellos tiempos significaba que una parte del derecho penal no les era de aplicación. Tan sólo cuando tenían un conflicto con los cristianos los judíos perdían sus privilegios, quedando completamente desprotegidos. Esta situación obligaba a los judíos a estar cada vez más atrincherados, siendo la razón de su autonomía su prosperidad, pero también la causa de su aislamiento. Los judíos en España no se dedicaban sólo a temas financieros como vimos que ocurría en Inglaterra sino a diversas profesiones, médicos, matemáticos, traductores… y, por supuesto, recaudadores de impuestos. Existían en todas las capas sociales, más ricos y más pobres.

El proselitismo cristiano llevó a querer convertir a los judíos; y ciertas situaciones de violencia, llevaron a conseguir un buen número de conversiones al cristianismo.

Muchas de aquellas conversiones empezaron a producirse durante el reinado de Enrique II de Castilla, a mediados del siglo XIV, que es cuando se produjeron los primeros conflictos de gravedad. Especialmente significativos fueron los sucesos de 1391, año en el que se saqueó e incendió la aljama sevillana. Fue el primer caso, pero pronto la violencia se extendió a otras poblaciones. Los asaltos y el asesinato de judíos se dieron en otras juderías andaluzas, castellanas y aragonesas. Esta situación provocó un sentimiento de miedo en el grupo judío. Muchos de ellos optaron por la conversión al cristianismo.

La posición de los reinos hispanos trataba de reabsorber las Aljamas creando “nuevos cristianos”. Una vez convertidos los nuevos cristianos tendrían que ser incorporados al cuerpo social con toda normalidad, como unos súbditos más. Esta apostasía del judaísmo para abrazar el cristianismo generó tal número de problemas que a la larga fue la clave que marcaría el destino en España de los judíos.

Las conversiones generaron el problema de la sinceridad de las mismas; y, por tanto, la sospecha de los cristianos nuevos frente a los cristianos viejos que como título de orgullo tanto se blandía en España.

Se sospechaba de todo converso, considerando que su postura era cierta hacia el exterior, pero que en su intimidad seguía practicando el judaísmo ( marranos). Evidentemente, no todo el mundo sospechaba, algunos como San Vicente Ferrer logró importantes conversiones entre las capas populares del judaísmo, siendo el reino de Valencia uno de los que tenía una legislación más favorable y Navarra, por el contrario, el que menos favoreció a los judíos.

Parte de los problemas sociales que se generaron contra los judíos se debieron a la crisis económica que asoló la Península hacia el año 1380.  Los judíos, recordémoslo, eran los principales recaudadores de impuestos y esto incrementó la animadversión de una población arruinada. Murieron en los enfrentamientos del siglo XIV unos cuatro mil judíos. Un número mucho mayor que en el siglo siguiente.

Con el incremento de las conversiones las comunidades judías en el siglo XV perdieron parte de su esplendor.

Esto incrementó el problema de la división entre judíos públicos y judíos ocultos.

Esa acusación de judaizar en secreto lleva a un estallido de violencia en Toledo en 1449, que seguirá deteriorando la situación en la capital manchega y en otras ciudades. Se buscó como solución establecer estatutos de “limpieza de sangre” cuyo fin era lograr la unidad de los cristianos absorbiendo a los nuevos y sinceros cristianos. Así mismo, algunos obispos como el de Cuenca criticaba la actitud cizañadora de parte de la población en un intento, que no fue el único, de defender a los judíos. En ese ambiente de tensión la nobleza ideó un sistema de detección de los judíos ocultos, que se aplicaría a través de un tribunal eclesiástico. Así nace la Inquisición en 1478.

A inicios del reinado de los Reyes Católicos el número de conversos se había equiparado, prácticamente, con el número de judíos. En total eran aproximadamente 200.000 conversos y 200.000 judíos. Los judíos seguían copando profesiones liberales, estando mejor preparados que islámicos y cristianos en algunos puestos, lo que aumentaba las rencillas y rivalidades.

Según Domínguez Ortiz la expulsión de los judíos fue la creencia de que mientras hubiese sinagogas en España los conversos estarían tentados de judaizar de nuevo. Este historiador opina que los reyes no buscaban lucrarse con los bienes confiscados a los judíos, recompensa muy golosa, sino que procuraban que se convirtieran el mayor número posible de judíos. Nunca pusieron obstáculos para que se devolvieran sus bienes a los que regresaban posteriormente y se convertían al cristianismo.

El 31 de marzo de 1492, se dictó el decreto de expulsión de los judíos. Este decreto es conocido también con el nombre de Decreto de la Alhambra o Edicto de Granada, ya que los Reyes Católicos se encontraban allí desde la conquista de la ciudad a inicios del año 1492.

Este decreto, que fue redactado por el Inquisidor General, Torquemada,   concedía a los judíos un plazo de 4 meses para salir de los territorios de Castilla. De forma simultánea el rey Fernando de Aragón firmó un segundo decreto donde expulsaba a la población judía de la Corona de Aragón. Es decir, se expulsaba a los judíos de todos los territorios pertenecientes a la monarquía hispánica.

La actitud de los Reyes católicos fue ejemplar, pensaban que con el decreto de Expulsión acabarían con el judaísmo, pero creyeron que los judíos permanecerían en España convertidos. La idea de la expulsión, como dijimos, nace de la Inquisición, no de los Reyes. Los cuales, sin embargo, la aceptan por una multitud de causas, pero las principales fueron el miedo a un estallido social y a la idea de que una Nación debía constituirse como unidad en torno a una única fe.

Exactamente las mismas causas que en otros países europeos, sólo que siglos más tarde. Con otra diferencia importante, los Reyes Católicos dieron todo tipo de facilidades para que los conversos se quedaran en España. Es verdad que las cifras de expulsados parecen altas, pero no hay que olvidar que España fue el refugio de los judíos expulsados del resto del continente con anterioridad. Esas cifras de los expulsados varían. De los 200.000 judíos que vivían en España, se convirtieron unos 50.000. Hay quien dice que el resto se marchó. Otros historiadores consideran que las cifras fueron menos elevadas, dado que muchos, cuando se fueron y vieron las condiciones de miseria en las que les estaba obligado vivir fuera, volvieron a España y se convirtieron. Parece que las cifras más relistas hablan de que fueron expulsados entre 50.000 y 20.000 judíos.

Como señala Ángel Alcalá “La expulsión de los judíos no obedeció a parámetros renacentistas, sino medievales, orientados a la sumisión bajo el manto de la conversión, no a un deseo explícito de expulsión ni, mucho menos, de exterminación”.

Las consecuencias de la expulsión se perdió una buena parte de la población urbana cualificada. La economía se vio afectada ya que desapareció mano de obra artesana y de determinadas profesiones liberales que habían sido ocupadas tradicionalmente por los judíos. Con todo ,no se cayó en una depresión económica.

Historiográficamente, Claudio Sánchez Albornoz, o Domínguez Ortiz que han estudiado profundamente el tema de la expulsión de los judíos de España, desmienten muchas de las patrañas que sobre este hecho se han hecho a lo largo del tiempo, señalan las buenas condiciones que expusieron los Reyes católicos comparadas no sólo con los países que los expulsaron antes, sino con el vecino reino de Portugal que los echó después en condiciones de suma dureza

Hugh Thomas señala que había que ser muy fanático para no aceptar las condiciones ofrecidas por España. Quizá Thomas también exagere. Pero asimismo se posiciona en favor de España por el hecho de que la Expulsión de los judíos se convirtió y aún sirve para la causa a la leyenda negra. Ver en la expulsión una mezcla de odio e intolerancia es confundir las circunstancias y los hechos. Esta afirmación en favor de España y en favor también de la integración ejemplar que tuvieron los conversos que se quedaron aparece en las obras del historiador judío Cecil Roth.

Como señala Pedro Insua en su libro “1492. España frente a su laberinto”. En aquel año se unieron la expulsión de los musulmanes, el nacimiento de España como realidad política tras la toma de Granada y la Unión de los reinos en las figuras de los reyes católicos, la conquista de América y el inicio de un imperio, la expulsión de los judíos, que muchos estudian a través de la tergiversación de la Inquisición. Fue el año del inicio de una gran nación y la envidia de sus adversarios que frente a la hegemonía militar que impuso el Imperio español durante los siglos XVI y XVII en toda Europa, sólo pudieron oponer propaganda. Inglaterra, Holanda y Francia, se dedicaron con denuedo a escribir la Historia a su modo, y para eso valía todo, hasta tergiversar las condiciones de la expulsión de los judíos, cuando fueron mucho mejores que las sostenidas en sus propios países.

Bibliografía

DOMÍNGUEZ ORTIZ, “España. Tres milenios de Historia”. ED Espasa- Calpe. 2007

PEDRO DE INSUA. “1492. España ante sus fantasmas”. Ed Ariel. 2018

LUIS SUAREZ. “ La expulsión de los judíos”. Fundación Mapfre.

LA PRESENCIA ESPAÑOLA EN EE.UU

En estos días de iconoclastia ignorante, debemos recordar la contribución española a la configuración de los Estados Unidos de América del Norte.

“Si no hubiera existido España hace cuatrocientos años, no existirían hoy los Estados Unidos… La razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es sencillamente porque hemos sido mal informados. Su historia no tiene paralelo…

Amamos la valentía, y la exploración de las Américas por los españoles fue la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de proezas que registra la Historia…”[1].

Los iconoclastas, que derriban estatuas y maltratan los vestigios de nuestra presencia en América por racistas, desconocen por completo las Leyes de Indias, la consideración de los indios como iguales, promovidas por los Reyes Católicos. España no sólo trató a los indios como hombres iguales en derechos que los españoles de la península, al fin y al cabo,  la conquista de América se produjo como evangelización de los nuevos territorios – ver los hilos de este blog sobre la Escuela de Salamanca, Los Justos títulos y la Controversia de Valladolid o la de Fray Bartolomé de las Casas-. En busca de esa justa actuación, se dictaron normas, interpretaciones que están en el origen del Derecho de gentes- Derecho Internacional- con origen en el Padre Vitoria y al Escuela de Salamanca, en busca de esa perfección se paró la conquista en distintas ocasiones ante las denuncias de abusos que los dominicos y otros frailes realizaron sobre la actuación de los conquistadores. Hubo una ejemplaridad general de aquella conquista. Hay un dato incuestionable, en comparación con otros imperios, y siempre dentro de la mentalidad del momento, el anacronismo nunca ha sido fuente de la Historia, en toda Hispanoamérica, incluidos en los territorios situados al Oeste del Misisipi, colonizados por España, los indios fueron respetados, fueron tratados, al igual que el resto de los aborígenes del continente, como vasallos libres; conservando sus tierras; elevando su nivel cultural; instruyéndolos en nuevos cultivos, técnicas y herramientas agrícolas; adiestrándolos en la cría y manejo de vacas, ovejas y caballos; capacitándolos en oficios nuevos: carpintería, albañilería, cueros…; apartándolos de las idolatrías, no pocas veces sanguinarias, y convirtiéndolos a la fe católica. Por ese respeto, se produjo una de las características del Imperio español que no existió en ningún otro: el mestizaje, fomentado y coadyuvado por otras medidas propias de nuestro Imperio, en primer lugar, el estímulo a la educación y no sólo de oficios sino también universitario. Habría que sumar las Universidades creadas en sus colonias por Francia, Inglaterra y Holanda para lograr un número de Universidades semejante al español en América. En segundo término, los hospitales. Los Reyes Católicos fueron los primeros en el mundo en regular las titulaciones en medicina y alejarla de la práctica exclusiva de las órdenes religiosas para tener un control estatal. Se crearon hospitales por todo el Imperio y su asistencia estaba destinada a todos, españoles de la península o españoles nativos de las indias. Su atención sanitaria era destacada por todos los conocedores de esa obra, pero cabe llamar la atención sobre el sistema sanitario en Lima, con una cama por cada 101 habitantes, mejor ratio que la que pueda tener hoy la ciudad de Los Ángeles. En tercer término, jurídicamente, aquellas zonas descubiertas por España fueron asumidas como provincias españolas, no como colonias , al contrario que las británicas o las de otros imperios. Esta consideración de ser iguales a la península se refleja, por ejemplo, en buscar estructuras administrativas semejantes a las peninsulares, pero respetando las costumbres y normas indígenas, en lo positivo, o en disponer de un Consejo de Indias al modo del consejo de Castilla. Son tres ejemplos esenciales pero no únicos, cuyo resultado fue que la vida  de los nativos resultó especialmente buena en las  zonas en las que imperó España y aún hoy en día  en esos lugares se encuentran descendientes de aquellos indios; por el contrario, los que vivían al este del Misisipi, fueron aplastados por los colonos ingleses, que ignoraron por completo a los aborígenes; no se interesaron por su forma de vida, ni por su cultura; sólo les importaron sus tierras, y se hicieron con ellas por todos los procedimientos posibles, nunca pacíficos.

Cualquier comparación entre el trato y formación del imperio español frente a otros siempre sale favorable a España y en contra de aquellos otros que, además, no soportan leyendas negras y mentiras varias. La realidad de la conquista española es fácilmente comprobable debido a la preocupación de los monarcas españoles por revestir las conquistas con el ropaje jurídico adecuado, y, por ello, se dotó a cualquier expedición colonizadora de un escribano que registraba las tomas de posesión. Esto creó una profusión documental que, de un lado, contribuyó a la decadencia de España por la lentitud y burocracia que introdujo en la toma de decisiones, pero, por otro, nos ha dejado una abundancia de fuentes informativas que sorprende observar su escasa utilización en muchos sistemas educativos de EE.UU o  del mundo- incluida España- y que ha sido poco o nada asimilado por algunas autoridades.

Durante más de 300 años España dominó América y buena parte de ese periodo poseyó casi dos tercios del territorio actual de USA. Centrándonos en Norteamérica, en el momento de máxima expansión, entre finales del S.XVIII y comienzos del S.XIX, los dominios españoles alcanzaban los actuales estados norteamericanos de California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, Oregón, Washington, Idaho, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma, Luisiana, Florida, Alabama, Misisipi y Alaska. Lo mismo ocurría con la parte suroeste de Columbia Británica, dentro del actual Canadá. Siendo incluidos como parte del Virreinato de Nueva España. En aquel momento álgido, España se extendía desde Alaska al estrecho de Magallanes.

El presidente estadounidense John F. Kennedy señaló en una ocasión: «Por desgracia, son demasiados los estadounidenses que creen que América fue descubierta en 1620, cuando los primeros colonos llegaron a mi propio estado, y se olvidan de la formidable aventura que tuvo lugar en el siglo XVI y principios del XVII en el Sur y el Suroeste de los Estados Unidos«. En 1620, llega el Mayflower a la costa este de Estados Unidos y la aventura de los siglos XVI y XVII, a la que se refería el Presidente, es aquella que logró que, estuvieran escritos en castellano, los primeros informes que se conocen sobre la geografía, los indios y las lenguas aborígenes de los Estados Unidos. La primera partida de nacimiento registrada en el país fue la de un español. Es la historia de los primeros asentamientos y los primeros conquistadores la cual, sin ánimo de ser exhaustivos, nos enseña que, el primer occidental que pisó territorio USA y permaneció en él fue Ponce de León en 1513 ( descubridor de la Florida) y primer gobernante de Puerto Rico. En 1519, Alonso Álvarez de Pineda navegó la costa occidental de Florida y toda la costa sur del actual Estados Unidos, incluidas la de Tejas, a lo largo del golfo de México. Durante el siglo XVI navegantes españoles subieron por la costa este, atravesando el litoral de Georgia hasta la actual Carolina del Sur. Los jesuitas establecieron cuatro misiones en el interior de Carolina del Norte, no lejos del límite con Virginia, y se debe al jesuita Báez, destinado en las misiones de Georgia, el primer libro redactado en EE.UU, en 1569. En 1527, Alvar Núñez Cabeza de Vaca fue uno de los cuatro supervivientes de la expedición de 600 hombres dirigida por Pánfilo de Narváez hacia el otro lado del río Bravo. En una auténtica odisea, aquellos cuatro supervivientes, con Cabeza de Vaca como impulsor, exploraron el sur de Estados Unidos desde Florida a California, pasando por Alabama, Misisipi, Luisiana, Tejas, Nuevo Méjico, Arizona y acabaron en el golfo de california, territorios que pasaron a anexionarse al Imperio español dentro del virreinato de Nueva España. De aquella aventura, cabeza de Vaca, escribió una narración titulada Naufragios. El Gran Cañón del Colorado fue descubierto en 1540 por García López de Cárdenas y Figueroa. Aquella expedición nacía de otra que dirigió Vázquez Coronado y que se dividió en distintos grupos de exploración. La figura de Coronado aparece en la película de Indiana Jones y la última cruzada, dónde, al principio de la cinta, un joven Indiana quiere arrebatar a unos ladrones la Cruz de Coronado, una joya, que supuestamente le había dado Hernán Cortés. Coronado consiguió, entre otras cosas, llevar 500 cabezas de ganado- vacas y toros- a Tejas en 1540 contribuyendo con ello a dotar a esa zona y otras de una actividad ganadera que las películas del Oeste hicieron famosa como propias. Es más, los caballos fueron transportados desde España a América, primero a La Española, luego a Nueva España y en su extensión a toda América- (ver el hilo de la conquista de México por Hernán Cortés en este mismo blog). También en 1540, por un lado, otra expedición dirigida por Hernán Cortés y mantenida por Francisco de Ulloa llegó a California, se descubrió la desembocadura del rio Colorado , que Ulloa denominó, San Andrés, de ahí se deriva el nombre de la falla tectónica que bordea California. En la expedición de Ulloa se descubrió que California era una península y no una isla como se creía hasta entonces. Hernando de Soto fue el primer europeo en vislumbrar en 1541 el río Misisipi, el cual cruzó continuando su recorrido hacia el oeste donde recorrió asimismo la actual Arkansas, Oklahoma, y Tejas. En 1565 España estableció el primer asentamiento europeo permanente en el territorio de Estados Unidos, al norte de la actual Florida: la ciudad de San Agustín, su fundador fue el asturiano Pedro Menéndez de Avilés. Todo esto es lo que simboliza la bandera española que aún hoy ondea en San Agustín, sobre el Castillo de San Marcos. Sin embargo, la primera y más organizada conquista del Oeste americano corrió a cargo del adelantado Juan de Oñate, español nacido en Nueva España, considerado como el último de los grandes conquistadores y cuya extraordinaria aventura tuvo lugar ya finalizando el siglo XVI. Exploró y conquistó para España los inmensos territorios de Nuevo México, Arizona y Tejas. El primer descubrimiento europeo registrado de la bahía de San Francisco tuvo lugar el 4 de noviembre de 1769 a manos del explorador Gaspar de Portolá.

Pero los exploradores no fueron solos, los religiosos los acompañaron; primero los jesuitas, y tras la expulsión de éstos de los dominios de la corona española (Pragmática sanción de 1767 de Carlos III), los franciscanos.

En la bahía de San Francisco se sitúa la capital de California: Sacramento, cuyas autoridades, hace pocos días, promovieron el ataque a la estatua de Fray Junípero Serra , me pregunto qué sería de Sacramento sin los evangelizadores españoles, quizá su nombre, sin ellos, hubiera sido, misa negra, como señala un amigo. Negar los orígenes conduce a estos dislates, más en un país que pregona su cristianismo por todos lados. En 1776, los franciscanos fundaron la ciudad de San Francisco, en un momento en que las colonias del Este se declaraban independientes sin tener la más mínima idea de lo que pasaba en la costa oeste.

De entre los religiosos, destacaremos dos nombres , el padre Eusebio Francisco Kino y Fray Junípero Serra. El primero, jesuita; el segundo, franciscano. El primero creando misiones a través del desierto de sonora; el segundo, en California. El primero cabalgaba a lo largo de la frontera, el segundo caminaba y caminaba por Californiacreando el sistema franciscano de misiones en su condición de padre superior. A su obra debemos las ciudades de San Diego, Santa Mónica y Los Ángeles, entre otras de las de alrededor de 20 misiones que fundaron los franciscanos y que se transformaron en núcleos activos de población, por ejemplo, San Antonio, El Álamo o coadyuvaron a la creación de otras como Santa Fe, Alburquerque…

A los exploradores, conquistadores y a los religiosos que actuaban como una nación unida bajo el Gobierno de la Corona española se debe la evangelización, las misiones, la extensión de la agricultura siendo los primeros en llevar el trigo y la ganadería, como vimos con Coronado y también con los franciscanos, la creación de sistemas de regadío y transporte de agua, esenciales en aquellas secas tierras, la creación de monumentos, casas y ciudades con mejores sistemas de construcción que los de otras áreas de EE.UU pues utilizaban ladrillos al modo español. Mejoraron las comunicaciones construyendo carreteras, quizá la más famosa la Carretera Real de San Diego a Sonora y españoles fueron los primeros en navegar por el estrecho de la Puerta Dorada (Golden Gate), el 5 de agosto de 1775, el barco San Carlos a cuyo frente estaba Juan de Ayala.

Además, apoyaron a los colonos españoles a establecerse. Significativo en este aspecto es la presencia de numerosas familias canarias por Florida, Luisiana, Tejas y Nuevo Méjico. Asimismo, a partir de 1778 colonizadores canarios se trasladaron a expensas de la Corona a la Luisiana. Al sur de Nueva Orleáns, fundaron una colonia en lo que actualmente es la parroquia o provincia de San Bernardo y todavía hoy existen varias comunidades de isleños en Delacroix, Reggio y otros puntos, en donde los descendientes de los pobladores canarios han conservado algunas de sus costumbres y buena parte del idioma.

En un ámbito más cultural debemos destacar que la primera representación teatral en USA se hizo en español; la toponimia de las zonas conquistadas por los españoles, se conserva en español como testigo fiel y homenaje de la amplia presencia española, tal y como hemos visto por los nombres de estados o ciudades reseñadas anteriormente o por la existencia de nombres de ciudades españolas extendido por EE.UU, por ejemplo, hay varias “Pamplona” y numerosas “Madrid”. En este punto Incluso el efímero paso por Alaska ha dejado allí nombres en castellano; así Salvador de Fidalgo en 1790 bautizó Puerto Valdez y Cordova ( en homenaje a Luis de Cordova, capitán general de la Armada). Puerto Cordova aún sobrevive en los mapas como uno de los topónimos en español más septentrionales del mundo. También sobrevive el topónimo Puerto Valdez, pero un poco más alejado del original tras el incendio de 1964. Asimismo, la frontera entre Estados Unidos y Canadá está marcada por el Archipiélago de San Juan, que recibió ese nombre de manos del explorador gaditano Francisco de Eliza en 1791. Fidalgo se conformó con dar su nombre a un volcán, pero posteriormente George Vancouver rebautizó como Puerto Fidalgo, nombre que aún subsiste, a lo que el marinero leridano había llamado como Puerto Mazarredo.

En otro orden de elementos, quedan vestigios españoles en miles de símbolos, especialmente en las banderas de ciudades y Estados: la Cruz de San Andrés en una multiplicidad de ellas, por ejemplo, en Alabama, o la Carabela de Colón en la ciudad de Columbia en Ohio, ciudad cuyo nombre recuerda al gran descubridor. Por último, en este apartado simbólico debemos reseñar el origen del símbolo del dólar. En el siglo XVII el uso de las monedas españolas estaba muy extendido por el territorio de Nueva España. De ahí que el real de a ocho, conocido como “Spanish dollar”, se convirtió en la primera divisa de curso legal en Estados Unidos en 1775, tal y como aprobó el Congreso Continental a propuesta de Thomas Jefferson. Cuando en 1792 se creó el dólar americano su diseño se basó en la moneda y de la expansión de ultramar española. De esta forma, las barras del dólar simbolizan las dos Torres de Hércules, elemento unido a la corona por Carlos I para simbolizar la búsqueda de expansión imperial de España que se unen entre sí por una cinta con la inscripción “plus ultra”, que fue utilizado por primera vez en 1516 por Carlos I como su lema personal en expresión del dinamismo del nuevo Imperio español y que ,en el dólar, se convierte  en la “S”.

No podemos terminar este hilo, sin hacer referencia al vital apoyo de España a la Independencia de los Estados Unidos.

“El destino de los intereses de las colonias nos importan mucho, y vamos a hacer por ellos todo lo que las circunstancias nos permitan.”

Esta frase del Conde de Floridablanca permite alcanzar la importancia que dio España a la independencia de un territorio en cuya defensa se había visto impelido a participar en apoyo de Francia durante la guerra de los siete años, cuyos resultados en última instancia fueron calamitosos para Francia y humillantes para España, que recibió la Luisana de manos de los franceses para compensar el esfuerzo realizado y cedió a Inglaterra, la Florida, el fuerte de San Agustín, la bahía de Pensacola y los territorios al este y sudeste del río Misisipi, a cambio de la devolución de La Habana y Manila.

España estaba deseando revertir esa situación, pero no quería un nuevo enfrentamiento directo con Gran Bretaña, por eso, en un primer momento Carlos III y su ministro Floridablanca diseñaron un discreto plan de ayuda que afectaba a diversos frentes: libertad para que los navíos americanos que hostigaban a los barcos ingleses recalaran libremente en los puertos del Misisipi controlados por España; envío de fuertes remesas de dinero para la causa independentista de las Trece Colonias, así como, de armas, pertrechos, mantas y vestuario con destino al ejercito  comandado por George Washington, quien consideró indispensable la ayuda de la flota española y de sus posiciones en Norteamérica, que incluían el control de La Florida, La Louisiana y el Misisipi. El futuro Presidente señaló que sin esta ayuda española, nunca hubieran logrado la independencia.

Una figura vital en las relaciones entre España y las Trece Colonias fueJuan de Miralles, que ejerció de diplomático de España ante el Congreso. Las actuaciones de Miralles fueron esenciales para gestionar el apoyo español de los primeros años de guerra y consiguieron forjar una relación amistosa entre el diplomático español y George Washington. También fue decisiva la participación del empresario Diego de Gardoqui, que medió de forma extraoficial entre España y los nuevos Estados Unidos. Fue a través de su empresa “Gardoqui e hijos” como llegaron a las colonias gran cantidad de dinero en efectivo, además de material militar, que ayudarían de manera fundamental a la victoria de los rebeldes en Saratoga en 1777.

Cuando finalmente España declaró la guerra a Inglaterra (21 de junio de 1779), después del Tratado de Aranjuez,  en un nuevo pacto de familia con Francia,  su presencia se vio dividida al atacar Gran Bretaña a España en tres zonas: el entorno de la Península Ibérica, Centroamérica y la propia América del Norte. En la zona norteamericana, España organizó su centro de operaciones desde sus islas cercanas, especialmente, desde Cuba de dónde salía la ayuda española a los colonos. Allí se reparaban y equipaban los barcos de guerra estadounidenses y se reclutaban y adiestraban las milicias para la guerra. Además, otros lugares importantes para el suministros de la ayuda española fueron los puertos franceses, de Nueva Orleans y el río Mississippi y ,desde la península, el puerto de Bilbao.

Entre las figuras señeras de aquella guerra destacó el héroe malagueño Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, quien defendió toda la cuenca del Misisipi, impidiendo que llegasen los refuerzos ingleses necesarios a la Batalla de Yorktown (1781). Además, consiguió la rendición de Mobila (1780) y Pensacola (1781), emplazamientos estratégicos para los ingleses. Las victorias de Bernardo de Gálvez contra los ingleses supusieron la liberación del Misisipi y el Golfo de México para la causa independentista norteamericana.

Su actuación en la guerra de independencia le valieron todo tipo de reconocimientos , incluso una ciudad Galvestón, en Tejas , lleva su nombre. La historia detallada de nuestro héroe ya la pusimos de manifiesto en otro hilo de este blog.

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/27/un-heroe-y-un-villano

Aunque en julio de 1776 se aprobó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos la Guerra continuó entre los colonos y los británicos y  finalizó en 1783 con la firma del Tratado de París y la victoria de las Trece Colonias estadounidenses. España consiguió recuperar Menorca y la Florida Occidental, cambió las Bahamas por la Florida Oriental y las tierras al este del Misisipi fueron para los Estados Unidos.

La presencia española en USA terminó el 10 de julio de 1821, cuando España cedió la Florida a los Estados Unidos.

Como colofón de la obra española en América sólo queda subrayar que sin nosotros hoy los Estados Unidos no serían lo que son, y negar los orígenes, más cuando los orígenes son excelentes, no es muy recomendable.

A los ignorantes que se autodenominan antirracistas, cosa que dudo, sólo recordarles que las leyes españolas consideraban a los indios súbditos, iguales que al resto de los españoles, fueran del Rio de la Plata, de Cuzco,  de Tejas, de California o de Sevilla. Esa situación era el equivalente a la condición de ciudadano actual (algo que no les otorgaron a los nativos ni franceses ni británicos ni los propios norteamericanos- hasta 1924-.) Y si hoy hay problemas racistas en EE.UU no es por su origen español sino por su propia incapacidad de reconocer derechos civiles a toda la población hasta casi antes de ayer… y se ve que aún no están asimilados por todos o quizá es que en el fondo no están atacando el pasado español sino la propia concepción de Estados Unidos como nación, porque la sensación que dan con sus acciones es que no son antirracistas sino anarquistas. Que vuelvan los ojos a Kennedy, Presidente que conocía sobradamente la presencia española , y que tanto hizo por la igualdad de todos los ciudadanos americanos y con él tantos otros grandes americanos, y analicen, acto seguido, si ellos, han sabido seguir su espíritu. Si de verdad están haciendo algo por su país o sólo buscan su destrucción.

[1] Charles Fletcher Lummis. “ The Spanish Pioneers [McClurg Chicago 1893]. Google Books. Ed en Inglés.

 

LA DAMA DE ARINTERO

Nos encontramos en la confluencia de dos de nuestros hilos tradicionales, el de curiosidades de la historia unido al de los héroes, en este caso heroína.

Nos situamos en 1474 y se dilucidaba la corona del Reino de Castilla tras la muerte del Rey Enrique IV. Las aspirantes al trono eran la supuesta hija del Rey, Juana, conocida como la Beltraneja, por considerar sus enemigos que era la hija de Don Beltrán de la Cueva, valido del Rey y del que decían contaba con los favores de la Reina y, por otro lado, su tía, Isabel. A las dudas de la procedencia de Juana se unían la falta de testamento del Rey lo que propició que varias grandes casas de Castilla y León proclamaran legítima heredera a Isabel. A la sazón, Juana estaba casada con su tío y Rey de Portugal, Alfonso V, e Isabel, con Fernando, Rey de Aragón.

Estalló una guerra civil en la que el Reino de Aragón apoyaba a Isabel y Portugal, a Juana, con el claro objetivo de anexionarse el territorio de Castilla.

Los portugueses iniciaron una serie de ofensivas y ocuparon Plasencia, Toro y Zamora. La ciudad leonesa se puso al lado de Juana y varios nobles del bando “juanista” tomaron el castillo de Burgos, al tiempo que el Rey de Francia, se inmiscuía, colateralmente, apoyando a Portugal, es decir, a Juana, la beltraneja.

La futura alianza de los Reyes Católicos y la Unidad de España corrían peligro.

En el sistema de leva habitual del momento, cada familia, sobre todo los hidalgos, debían enviar al menos un hombre a luchar en favor de su señor. De no hacerlo, sería castigado por traición. Sin embargo, en la familia noble de los García de Arintero no había ningún varón en condiciones de batallar. Juan García, señor de Arintero, era demasiado mayor y sus descendientes directos eran siete mujeres. Además, en el concejo vivían apenas un centenar de personas, casi todas mayores o mujeres. Tampoco tenían recursos suficientes para pagar a un caballero que los representase, puesto que aquellas tierras eran duras, apenas producían y los bienes ganados con honor en la defensa de Granada por Juan García habían mermado con los años y las dotes de las seis hijas mayores. Ahora,  el honor de la familia estaba en entredicho. Viendo la angustia con la que su padre vivía la situación, Juana, la hija pequeña, encontró la solución: ella iría a la guerra en representación de la familia. Su padre se negó, pero no encontrando otra opción acabó accediendo y adiestrando a su hija para la guerra.

Entre la declaración de guerra y la llamada a filas tenía un margen de unos dos meses para enseñar a Juana en el manejo de la espada, a montar, a pelear con la lanza, a sostenerse con la coraza…

Juana, se cortó el pelo y se fajó para disimular las formas de mujer . Adoptó el nombre de Diego Oliveros y con ese bagaje marchó a Benavente para alistarse a las órdenes del Rey Fernando.

El plan de los portugueses era avanzar sobre el territorio en línea recta para crear un corredor desde Coímbra hasta Burgos donde esperarían la ayuda de su aliado francés, Luis XI, interesado en las tierras al sur de los pirineos y en eliminar la influencia de Aragón en Nápoles (con quien rivalizaba abiertamente). Nada de aquello ocurriría sin asegurar las plazas del camino, entre ellas Zamora y Toro. Los castellanos, con Fernando a la cabeza y apoyados por los nobles castellanos, especialmente por la casa de Mendoza, los duques de Median Sidonia y Benavente, reconquistaron Zamora, tras una dura lucha en la que, Juana de Arintero, vestida de caballero, aguantó como un “hombre” más. Los portugueses decidieron salir hacia Toro para hacerse fuertes allí. Fernando vio la oportunidad de perseguir al mermado ejercito portugués y ganarles por la retaguardia.

Fue a las puertas de Toro y tras una memorable entrega de valentía, ferocidad y esfuerzo, cuando Juana García, de Arintero, fue herida. Sus compañeros de armas mataron al portugués que la asediaba, pero no se sabe si por la rotura de la armadura o bien, al intentar curarla, se descubrió su sexo.

Sea como fuere, aquel hecho llamó la atención del Rey Fernando que la mandó llamar a su tienda donde la recibió flanqueado por un cura y un caballero de noble aspecto. El sacerdote expuso brevemente que había confirmado, en recatada presencia de dos monjas, la feminidad del llamado caballero Oliveros. El segundo hombre, que no era otro que el Almirante de Castilla, relató al monarca el informe de las hazañas del “Diego de Oliveros”. El Rey invitó a cenar a Juana para que le contara como había llegado a aquella situación. Después decidiría que hacer con ella pues debería tener un castigo por mentir ante Notario real al inscribirse y por violar las leyes, al guerrear siendo mujer.

Sin embargo, el relato de Juana de Arintero le granjeó las simpatías del Rey que lejos de castigarla, dio conformidad a la petición que le hizo ésta: librar a su tierra de los tributos de sangre, haciendo a todos los naturales hijosdalgos.

La concesión del Rey fue darle la libertad, licenciarla del ejercito, un salvoconducto para regresar a su casa y, además del privilegio solicitado, dio al lugar el privilegio de no pagar impuestos, sus habitantes quedaban exentos del pago de tributos reales y del servicio militar; a ello se unieron otra serie de privilegios para los principales del lugar.

Sin embargo, no todo fue alegría, un soldado le hace saber a Juana de Arintero que la perseguían para quitar el documento real que otorgaba aquellos presentes, no se sabe con certeza, si por envidias o porque partidarios de la Reina Isabel no querían que unas zonas tuvieran más privilegios que otras. Lo cierto es que Juana volvió a su tierra dando un rodeo y llegó al pueblo de La Cándana,  a pocas leguas de su casa, donde tenía familia. A estos les encargó llevar el documento real a Arintero por miedo a que la asaltaran, como así ocurrió. Ella murió en La Cándana, pero Arintero mantuvo los privilegios concedidos por el Rey Fernando hasta el siglo XIX.  El documento original desapareció durante la Guerra Civil . En la casa solariega de los Arintero aún se puede ver el blasón de una dama a caballo concedido también por Fernando, y en La Cándana, una talla con idéntico blasón y una inscripción:

“Conoced los de Arintero
vuestra Dama tan hermosa
pues que como caballero
con su Rey fue valerosa.
Si quieres saber quién es
este valiente guerrero
quitad las armas y veréis
ser la Dama de Arintero”.

Como todos sabemos, Isabel logró la victoria, los Reyes Católicos gobernaron Castilla y Aragón y de su unión, tras el fin de la Reconquista, nació España. Para llegar ahí ,la sangre de muchos valientes, como Juana de Arintero, fue necesaria.