Cuando hablamos de España hacemos referencia a muchas cosas al mismo tiempo: nación, país, estado…Términos que en ocasiones se confunden entre sí. Normalmente, tales conceptos están íntimamente unidos, pero no significan los mismo. El país hace referencia a un término geográfico, unas fronteras, incluso un gobierno. El estado se origina por las instituciones político-jurídicas que determinan la organización interna y el orden normativo de la sociedad que, por compartir determinados rasgos culturales e históricos, conforma una nación, soberanamente separada de otras comunidades que representan o se organizan de manera diferente.
A esta definición se puede oponer muchos matices de todo orden, jurídicos, políticos o filosóficos, pero no nos corresponde esa discusión político-jurídico-filosófica, sino que lo que pretendemos en hacer notar aquellos hitos que marcan el “nacimiento” de España como Ser histórico y jurídico-soberano. Estos elementos no tienen por qué darse de manera sucesiva, al contrario, a veces se entremezclan e incluso, en muchos casos no es la nación la que crea el Estado, sino que de una cierta unidad estatal nace la conciencia de nación. España es un ejemplo de ello.
En esa visión histórica nos encontramos con varios momentos esenciales que la historiografía identifica con ese nacimiento de España, dentro de cierta disparidad de criterios:
- Los que parten de la Hispania romana, pero sobre todo del Estado visigodo, cuya reconquista permite concretar el nacimiento de España. Claudio Sánchez Albornoz estaría en este grupo.
- Aquellos que identifican el nacimiento de España con Alfonso X el Sabio, al asentar y unificar el Rey sabio la organización jurídica de España. Por ello, sitúan, en el Siglo XIII ese nacimiento. Pedro de Insua , entre otros. Para estos autores la formación estatal de los Reyes Católicos sería una continuación de la expresada por el rey Sabio.
- Los que fechan el nacimiento de España, precisamente en la unidad creada por los Reyes Católicos, en el Siglo XV, poco antes que el resto de los Estado-Nación europeos.
- Por último, existe un grupo que no conceden ese nacimiento hasta la manifestación de la soberanía popular en el alzamiento contra el francés en 1808, remarcado por la Constitución de Cádiz de 1812.
Veamos las razones expuestas por cada uno:
- Desde los visigodos.
Aunque los romanos fueron los primeros que utilizaron el término fenicio “i-spn-ya” traducido como Hispania para referirse a todo el territorio de la península ibérica, para los romanos aquella referencia geográfica, ni tenía una unidad étnica, ni religiosa, ni una organización significativa más allá de la marcada por ser una provincia romana.
La generalización del término Hispania o España referida exclusivamente a la Península Ibérica se lo debemos a los visigodos. Y con ellos, el nombre pasó de ser una mera expresión lingüística, a convertirse en una formulación política consecuencia de la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana, a la que los godos, inicialmente, quedaron incorporados, y cuya confluencia con una creencia religiosa cristiana como elemento de unidad y distinción, dispuso el nacimiento estatal de España. El Rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del S. VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. San Isidoro narra la búsqueda de la unidad peninsular, finalmente culminada en el reinado de Suintila en la primera mitad del S. VII y se habla de la madre España. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de “Totius Spaniae”. El texto de San Isidoro de Sevilla se convirtió en lectura obligatoria para todos los príncipes cristianos que habitaron la Península y esa idea de una única entidad “hispana” pervivió en el imaginario de los escasos núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Después de la batalla de Guadalete, en el 711, el Reino Visigodo desaparece, pero sus leyes y elementos básicos perviven en pequeños reductos liderados por nobles norteños. Aquellos núcleos cristianos mantenían su organización en torno a la figura del rey y de la fe de sus mayores. Es verdad que, ese sistema estructural e identitario se conserva de una manera muy deslavazada al principio con Pelayo, siendo elevada a categoría por los sucesivos reyes astures. Especialmente por Alfonso I al que las crónicas posteriores denominan el católico y Alfonso II, el casto, que aparece como primer Rey de España. Aquellos reyes fueron expandiendo su territorio por toda la cornisa Cantábrica, desde Galicia hasta los Pirineos (con Ramiro I y Ordoño I). Alfonso III, el magno, uno de los más brillantes reyes de la Historia de España, extiende su reino hasta Zamora. En esa expansión implantó también la Ley común a todo el reino que no era otra que la legislación romana-visigoda, la Lex Visogothorum, futuro, Fuero Juzgo, que Alfonso II había hecho aplicar, reconociendo así su relación inmediata con aquel Estado visigodo.
No fue el único rasgo de enlace con los visigodos, la idea imperial no se olvida. Aquella posición del imperio romano asumida como herencia por los visigodos, se manifiesta ya en Alfonso III (último rey asturiano con capital en Oviedo) al que debemos una más recia idea de España, la idea imperial y la mejor crónica histórica de aquella época que permitió forjar, entender y desarrollar España.
Cuando cae el estado visigodo, otros en Europa intentan levantar la idea imperial, especialmente Carlomagno y tras él diversas familias dirigentes alemanas. En el fondo toda la Europa cristiana está intentando rememorar el imperio romano, aunque nadie duda que la primera asunción de tal condición fue la del reino visigodo de Toledo.
Con Alfonso III reivindicando el antiguo imperio visigodo, la ley visigoda aplicada por Alfonso II, la cristiandad como medio de unificación y orden, la Corona como instrumento de homogeneidad y argamasa de un Estado y una nación que tendía a la universalidad ejemplarizada por el camino de Santiago y el recuerdo romano, no podemos negar que ya existía Estado y Nación por incipiente que fuera. De hecho, cuando la historiografía siglos después define aquella gesta como Reconquista, no usa el término de manera baladí, si se “re-conquista” algo es que ese algo existía, aunque se hubiera perdido. De hecho, la Crónica de Alfonso III, el magno, realiza una exaltación de la intervención goda en el origen del reino de Asturias. Es decir, herederos del primer Estado español y primera concepción nacional de España
Todo esto ya lo explicamos aquí, con detalle, y a ello me remito y recomiendo como lectura antes de continuar con esta entrada:
https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/
No debemos olvidar por otro lado, que la idea de unidad de toda España no sólo se dio entre los Reyes astur-leoneses, sino también en los aragoneses o en los navarros; por ejemplo, en el Siglo XI la concibió Alfonso I de Aragón por su matrimonio con Urraca de León o Sancho III el Mayor, Rey de Navarra, ya en el siglo XI reunió bajo su trono una parte sustancial de la España cristiana. Sin embargo, al igual que otros reyes medievales hispanos y por causa de una tradicional visión patrimonialista de la Monarquía, dispuso que se dividieran sus dominios tras su fallecimiento. El Rey de León Alfonso IX se adelantó a su tiempo convocando en 1188 las primeras Cortes de la historia europea con participación ciudadana, noble y eclesiástica. Fernando III el Santo unificó definitivamente los Reinos de Castilla y de León dando un impulso irreversible a la Reconquista.
- Los que consideran que España nace en el Siglo XIII.
La concepción de estos autores parte de considerar que la caída del reino visigodo en el 711 es total. El Estado visigodo desaparece, sus instituciones decaen y lo que surge después es completamente diferente. Además, consideran que aquel era el estado de la Nación goda, no de la española. Sin embargo, San Isidoro de Sevilla había hablado de España y España en sus comienzos, como todas las naciones del mundo, es un conglomerado de orígenes: romanos, griegos, fenicios, godos, vascones, celtas, vándalos, suevos, íberos…
Ya hemos visto como, sin mantener todas las instituciones visigodas, su ley, su concepto de cristiandad y de unidad bajo la monarquía- una monarquía no electiva, sin officium Palatinum, pero monarquía la fin-, permanece en la organización de los núcleos cristianos por pequeños que fueran.
Estos autores señalaban que fue Alfonso X el sabio el que culmina esa idea de organización, y lo fundamentan en los siguientes hechos:
- El Rey sabio fomenta y él mismo escribe y habla en un castellano que nos es perfectamente entendible. El castellano se consagra como lengua oficial frente al reino astur-leonés en el que los extremos del mismo ( Galicia y las zonas montañosas de los Pirineos occidentales hablan otras lenguas: en Galicia, el gallego; en las zonas pirenaicas, hablan diferentes dialectos según los valles) y la lengua oficial seguía siendo el latín. Alfonso X escribe crónicas en gallego como algo propio de su reino, aunque, ciertamente, la utilice, como lengua poética no oficial.
- Hasta Alfonso X la conquista territorial y la repoblación de los territorios conquistados a los musulmanes se hacía normalmente por la propia población de la zona que, a base de privilegios concedidos por los reyes, iba asentándose en las diversas “extremaduras”, zonas fronterizas que se componían a cada avance. Con Alfonso X, tras la toma de Sevilla ( 23 de noviembre de 1248), la repoblación no se hace sólo con castellanos, sino que en ella participan aragoneses y navarros, entre otras razones por la relación de parentesco -Alfonso estaba casado con la hija del Rey de Aragón- y confianza- aunque con tiranteces- que tenía Alfonso con Jaime I de Aragón ( Jaime, el Conquistador). No es menos cierto que esa relación de cooperación no sólo de conquista tiene un hito previo muy destacable en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 cuando los reyes cristianos se unen contra los musulmanes bajo la petición de Alfonso VIII de Castilla. También es verdad que esa forma de repoblación mucho más integrada por personas procedentes de todos los reinos de España se da también en la conquista de Murcia. Tanto es así, que la tesis sostenida por estos autores es que la toma de Granada no supone algo nuevo en este sentido sino una reproducción de lo realizado en Sevilla y Murcia.
- Lo que es innegable es que Alfonso X organizó el Estado de manera muy moderna, adelantada a su tiempo. Así en política económica refuerza la Hacienda Real, establece ferias y mercados, adopta medidas contra la inflación monetaria, impulsa la unidad de aduanas, pesos y medidas y crea el “Honrado Concejo de la Mesta” (1273). En el aspecto organizativo interno moderniza las instituciones y la Administración del Reino, convoca Cortes de manera regular y aplica el derecho, las partidas, con una concepción nueva (como veremos en un momento, al estar íntimamente relacionado con su idea imperial). En las cuestiones defensivas, también innova y así refuerza la defensa de su Estado; para ello cuida de la milicia, con un criterio que anticipa a los Maquiavelo, con un ejército profesional para que su quehacer fuera exclusivamente militar. En su idea de defensa de la cristiandad, pero con una concepción de defensa de lo conquistado, de defensa nacional, de defensa de las zonas cristianas de la antigua Mauritania romana, invadida por los musulmanes, en el “fecho de África”. Contuvo la revuelta de los mudéjares, aunque los benimerines hicieron mucho daño en tierras ya conquistadas y el reino nazarí se consolidó para mucho tiempo. Pero está concepción de defensa de fronteras es algo muy moderno para la época.
- Quizá el acontecimiento político más destacable de Alfonso fue su idea imperial. Alfonso X era hijo de Fernando III el santo, y de la princesa alemana Beatriz de Suabia, nieta del emperador Federico I Barbarroja. Alfonso X fue, en el transcurso de su reinado, uno de los candidatos al Imperio Germánico. El “fecho del Imperio” ocupó y preocupó al Rey Sabio durante casi veinte años, sin obtener el éxito. Pretendía Alfonso, cómo no, ganar la gloria inherente al más alto título imperial, pero también reforzar su primacía sobre la España de los “cinco reinos” que decía Menéndez Pidal y acaso reforzar sus proyectos sobre la Reconquista. Tampoco la pretensión de ser un genuino Imperator Hispaniae era tarea sencilla, incluso renunciando al título de origen leonés (la idea imperial astur, se agota con Alfonso VII, pero el ideal de universalidad permanece): conflictos con Portugal, a propósito del Algarve; otros tantos con Navarra, aunque Teobaldo II fue muy favorable a su causa; más recelos que confianza con Aragón, que también tenía una idea imperial pero ceñida al Mediterráneo; nobleza levantisca, siempre dispuesta a buscar pretextos para la rebelión… Pero lo principal para Alfonso, lo que le diferencia de otros, era la idea de Roma concebida como caput mundi. El sumun al que se podía aspirar. Alfonso contempla la idea de Imperio desde una perspectiva universal, lo que sitúa al Rey Alfonso como adelantado a su tiempo en casi un siglo.
La Monarquía nacionalizada (apelación a los visigodos, idea de Reconquista) se sustenta sobre planteamientos muy diferentes, a decir de estos autores. Y siendo cierto, no es menos cierto que Alfonso X no hubiera llegado a donde llegó sin los reyes asures de los que es sucesor y continuador hasta que impone un sistema organizativo más moderno. Con el Rey Sabio llega el Derecho romano como fundamento de la unidad jurídica del poder y la ley escrita como fiel reflejo del espíritu bajomedieval, orientado ya hacia la moderna teoría del Estado: el Rey no se limita a preservar el Derecho viejo, sino que aspira a crearlo porque “las leyes hechas de nuevo valen tanto como las primeras o más” ( Partidas I, 1, 19). Apunta así hacia la soberanía en su concepción más moderna, casi anticipándose a Bodino (ideólogo del concepto de Estado moderno). Sin embargo, como señala José Antonio Maravall, la idea imperial del Rey Alfonso se sitúa de manera más cercana —a su juicio— a la tradición española que al modelo centroeuropeo y ello porque configura el Poder en el Territorio y lo ejerce directamente sobre el Pueblo, los tres elementos clásicos del Estado como forma política. El Emperador romano-germánico no gobierna directamente sobre los súbditos, sino sobre monarcas y ciudades a él sometidos por vínculos (casi) feudales. Alfonso asume el poder sobre su territorio y población con la natural condición de imperator in regno suo al modo del auténtico Emperador de Roma y aplicando una ley políticamente absolutista, al ser el rey vicario de Dios en la Tierra. Por eso, le importa esencialmente ganar ámbitos de poder respecto de los nobles, dejar de ser un Primus inter pares para ser soberano, por eso procuró extender el Fuero Real como una suerte de ley común de régimen local en contra del “fuero bueno”, excelente pretexto para guardar privilegios, buscando aliados entre las oligarquías urbanas, no siempre leales ni agradecidas. Con buen sentido histórico, Alfonso percibió muy pronto que el verdadero enemigo del Rey/Estado no eran los declinantes poderes universales sino los pujantes poderes territoriales. De ahí que a su sucesión se revolvieran contra su criterio clérigos, burgueses y nobles que apoyaron a su hijo Sancho frente a los herederos de Fernando de la Cerda, que eran los favoritos reales. [1]
Alfonso sentó los “cimientos del Estado moderno”. O como señala Maravall supuso el paso de la concepción feudal a la concepción corporativa de la organización del reino (…) y que supuso una verdadera transformación de conceptos básicos del pensamiento histórico y de la cultura. Entre ellos, los de territorio, pueblo, poder político, “naturaleza” (hoy diríamos nacionalidad) y derecho. En definitiva, de todos aquéllos susceptibles de ser articulados en una doctrina sistemática del orden político.
- Los que sitúan en nacimiento de España con los Reyes Católicos.
Con los Reyes Católicos se produce un cambio sustancial de la visión de España, con ellos España volvió a formar una unidad política, y las estructuras estatales cambian radicalmente.
El matrimonio de Isabel y Fernando marca el inicio de un poder único sobre dos coronas distintas. Parten de dos situaciones calamitosas, Castilla desgastada por la guerra de sucesión a la corona que gana Isabel y Aragón arruinada económicamente. Ambos monarcas buscan reforzar el poder real a fin de superar la ruina existente, para eso buscan no era mera unidad dinástica sino un proyecto de unificación y centralización.
Como testigo de ello crean un sello, un lema y un escudo común con el Águila de San Juan como centro. Para lograrlo dotan al Estado de una serie de instituciones nuevas para mejorar la administración del reino de la manera más eficaz, no como mero pacto entre el rey y los nobles, clero o burgueses. La labor legislativa pasa a los monarcas y las Cortes, aunque se siguen reuniendo, dejan de ser un órgano de presión de la nobleza sobre la corona.
El brazo ejecutivo del reino se basa en instituciones diversas, pero bien coordinadas entre las que destaca el Consejo de Castilla dotándolo de eficacia política en detrimento del poder de los estamentos. Un consejero se ocupará de la gestión ordinaria del reino, una especie de primer ministro, otro se ocupa de la Administración de Justicia ( se crea un órgano judicial, la Audiencia), otro de Hacienda ( logra una simplificación de los impuestos). Para garantizar la seguridad de los campos se crea la Santa Hermandad, naciendo así una fuerza policial propia de la Corona, y esencial para acabar con el bandolerismo y fomentar el comercio.
Cierto es que los asuntos territoriales se dejan en manos de consejos de Castilla, Aragón, después Navarra… y más tarde Indias). Se suprimieron instituciones de carácter feudal como las “remensas” catalanas. El control local se logra con el corregidor, figura castellana que se extiende a Aragón. A su vez, con la conquista de Europa y América se extiende la figura del Virrey que era una institución aragonesa que se traslada a las provincias exteriores de la corona para ejercer la administración y gobierno en nombre del Rey.
Se logra la Unidad territorial con la toma de Granada, a la que se unirán Navarra y posteriormente, Melilla, Ceuta y las Canarias. Ceuta y Melilla en la concepción cristiana que ya tubo Alfonso X en el “fecho de África”.
Además, en una clara concepción de poder moderno, firmaron una serie de alianzas internacionales con Inglaterra y con el Imperio germánico a través de los matrimonios de sus hijos con la finalidad de defender nuestras fronteras frente a los vecinos ( sobre todo Francia). Fronteras españolas que también incluían los territorios italianos de la antigua corona de Aragón.
Todo esto bajo la dirección brillante de los reyes, sobre todo de un astuto Fernando, alabado por Maquiavelo en El Príncipe. Sin olvidar otros aspectos avanzados a su tiempo, como la defensa de los derechos humanos desde la posición más profundamente cristiana, en España y en América. En este último caso, abogando por los nativos frente a los abusos: leyes de Burgos.
Política que será insignia de los monarcas españoles posteriores.
Además de lo expuesto, cabe recordar que la Gramática de Nebrija se presentó con aprobación real en agosto de 1492. Siendo la primera gramática de la lengua castellana. Lo que contribuyó y no poco a la Unidad de España, peninsular y de ultramar.
También en 1492, además de la brillante toma de Granada, se produjeron dos acontecimientos que marcarán nuestros fantasmas futuros: la expulsión de los judíos y la creación de la Inquisición.
Nadie duda de que con los Reyes Católicos se establece España como Estado definitivo, moderno, al modo que lo harán poco después Francia, Inglaterra y otros, y convirtieron a España en un auténtico imperio y en un coloso mundial.
- Los que sitúan el nacimiento de España en 1808.
Los que así conciben la Nación, no dejan de reconocer que el Estado es anterior, sin embargo, marcan la diferencia en el levantamiento de 1808 frente al francés y, sobre todo, mascado por la manifestación escrita en la constitución de 1812 de la Soberanía nacional.
En el fondo muchos intelectuales de los reunidos en Cádiz en 1812 creían identificar a la nación española no sólo en sus lecturas foráneas nacidas de la ilustración sino en la actitud de los españoles que se levantaron en 1808 frente a los invasores.
Los que hoy en día marcan ese acontecimiento como el nacimiento de la Nación, supeditan el concepto a la identificación de Estado y Nación con una visión actual, ahistórica o con un sentido histórico muy limitado y un cierto patriotismo constitucional.
Si dijéramos a los franceses que, con el Rey Sol, Luis XIV, por ejemplo, no había Estado, no había Nación, que la nación francesa no existió hasta la toma de la Bastilla en 1789 o en la primera constitución de 1791, que ya consagra los derechos del hombre y del ciudadano, se reirían en nuestra cara.
Sinceramente, creo que esta posición no se sostiene ni histórica ni políticamente, salvo que queramos explicar cuando nace nuestro Estado constitucional, de aplicación contemporánea. Pero ceñir la Historia del Mundo a la edad contemporánea es restringirla demasiado.
España es desde su primera concepción hasta la actualidad. Cada paso concreta la España que fuimos, somos y seremos. Cercenar algún episodio, es cercenar el todo.
BIBLIOGRAFÍA
- DE INSUA, Pedro. “1492. España ante sus fantasmas”. Ed Ariel.2018.
- DE INSUA, Pedro .- Conferencia en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Oviedo, fundación Gustavo Bueno. “ Alfonso X y el origen de la nación española.
https://www.youtube.com/watch?v=0fXWWVbeT1U
- ESPARZA, José Javier.- “ Te voy a contar tu historia. La gran epopeya de España”. Ed la esfera de los libros. 2023
- GARCÍA MORENO Luis A.” Historia de España Visigoda”. Ed.Cátedra, 1989.
- MARAVALL, José Antonio.- “Del régimen feudal al régimen corporativo en el pensamiento de Alfonso X”. en la recopilación de Estudios de la Historia del pensamiento español.1973
- PENDÁS GARCÍA, Benigno.- EL FECHO DEL IMPERIO (REFLEXIONES SOBRE EL CENTENARIO DE ALFONSO EL SABIO) 2020 :
https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594
- SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio. “Estudios visigodos”. Ed. Istituto Storico Italiano per il Medio Evo, 1971.
[1]Benigno Pendás García https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594