El Origen de la OTAN

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba devastada. Mantenía un miedo enorme a que Alemania volviera a levantarse contra sus vecinos como ya había hecho en dos ocasiones anteriores siendo, su aptitud, el germen de las dos guerras mundiales. A lo que había que unir que la vieja Europa se encontró, casi de la noche a la mañana, con un territorio dividido en dos que por mor de los acuerdos internacionales de paz.

Estados Unidos, la Unión Soviética y Gran Bretaña acordaron en Yalta (febrero de 1945), poner fin a la guerra, fijaron las condiciones de paz a Alemania, su partición y reparto. Establecieron las nuevas fronteras europeas y el nuevo mapa internacional que quedará claramente delimitado en dos áreas de influencia política, una bajo la tutela de la URSS y la otra bajo el amparo de los EEUU. Más tarde, en Potsdam (julio-agosto de 1945), se ultimaron las condiciones ya prefijadas en Yalta y se rubricaron las bases del futuro geoestratégico del mundo.

En este contexto, USA estaba interesadísima en reconstruir Europa ( Plan Marshall-1948- https://algodehistoria.home.blog/2021/02/05/la-reconstruccion-de-europa-el-plan-marshall/ ) pues necesitaba del mercado europeo para poner sus productos en venta, lo que incluía la ayuda a Alemania. Para EE. UU sólo con una Alemania liberal (y para eso su reconstrucción económica era esencial), se podría tener paz y tranquilidad. Pero esto no gustaba a Francia, que era muy suspicaz con Alemania, y no sin motivos. Además, las aspiraciones de EE. UU a gran potencia requerían de un sistema de seguridad que le permitiera el control de sus intereses en el mundo y para ello, nada mejor que el establecimiento y guarda de gobiernos liberales y democráticos. Frente a esto, la URSS, aspirante desde los zares a dominar territorialmente Europa, buscaba la expansión de su poder y área de influencia por el control de gobiernos y personas bajo el régimen comunista.

Ambas situaciones, el miedo a un nuevo enfrentamiento con Alemania y la posición totalitaria de la URSS, hicieron que Francia y Gran Bretaña trataran de crear un sistema de seguridad y apoyo mutuo que produjese la debida protección.

Con esa finalidad, acordaron, en 1947, mediante el Tratado de Dunkerque, formar una alianza militar.  Las disputas por su dirección y control hicieron imposible el avance por este camino, aunque la semilla de una unidad defensiva había sido puesta en tierra. En 1948, Bélgica, Francia, Holanda, Luxemburgo y Reino Unido suscribieron el Tratado de Bruselas, también denominado de la Unión Occidental, cuyos fines eran la colaboración económica, social, cultural y militar. Se configuró como un sistema de seguridad colectiva de forma que, en caso de agresión a uno de sus miembros, los otros le proporcionarían ayuda y asistencia con todos los me­dios a su alcance, militares y no militares, con­forme a lo dispuesto en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

Complementariamente, el presidente norteamericano Truman en dos discursos ante el congreso, en el mismo año 1947, primero, aludiendo a los conflictos existentes en Turquía (problemas fronterizos con la URSS) y Grecia (guerra civil entre las guerrillas comunistas y la monarquía), y, posteriormente, con referencia al auge de los partidos comunistas de Italia y Francia, perfiló lo que se denominó la “Doctrina Truman”, consistente en el apoyo a “los pueblos libres que resistan las tentativas de subyugación por parte de minorías armadas o presiones externas” ya que esos regímenes representan una amenaza para el capitalismo y  “  socavan los fundamentos de la paz internacional y la seguridad de Estados Unidos”.

Se trató de una doctrina de clara tendencia anticomunista y, por ende, de acusación directa a la URSS y su expansionismo ideológico y militar (no olvidemos que el 17 de febrero de 1948 Rusia propició y, por supuesto, apoyó el Golpe de Estado comunista en Checoslovaquia).

Esta política se extendió por el mundo y no sólo en Europa. Así se formalizan: el Pacto de Río o Pacto Interamericano de Asistencia recíproca (TIAR) firmado el 2 de septiembre de 1947 por casi todos los estados iberoamericanos- a excepción de México, Ecuador, Bolivia, las Guayanas, Cuba y algún estado isleño. Maduro no reconoce la presencia de Venezuela en el mismo, aunque en 2019 Venezuela renovara su adhesión-. El Pacto de Bagdad para Oriente Próximo- firmado en 1955 y vigente hasta 1979. Suscrito por Irán, Irak, Pakistán, Turquía, Reino Unido y EE.UU. En 1959 se retiró Irak y el pacto cambió de nombre al de CENTO-. La SEATO en el Sudeste asiático (vigente desde 1955 a 1977) constituida por Australia, Francia, Nueva Zelanda, Pakistán, Filipinas, Tailandia, Gran Bretaña y EE.UU.

Además, como consecuencia de la doctrina Truman, los EE. UU instalaron bases militares en Turquía y Grecia. Esta presencia fue ampliada tiempo después a otras zonas.

En lo que podríamos considerar una prolongación de la doctrina Truman, el Senado Americano en una resolución de 19 de mayo de 1948, conocida con el nombre de “Resolución Vandenberg”, señalaba que no era posible llevar adelante una política de paz en el seno de las Naciones Unidas por el derecho a veto que ejercía la URSS en el Consejo de Seguridad. (Evidentemente, EE. UU también vetaba las propuestas soviéticas, pero de eso no se hablaba).

La conjunción del acuerdo de Bruselas, limitado por la falta de medios de los países europeos, y la doctrina Truman permitieron el inicio de conversaciones entre los firmantes del Acuerdo de Bruselas y los EE. UU, a las que se incorporaron Canadá, Dinamarca, Islandia, Noruega y Portugal. Como consecuencia de ellas, el 4 de abril de 1949, se firmó en Washington el Tratado de la Alianza Atlántica, como coalición militar trasatlántica en tiempo de paz. Fue suscrito por doce naciones: Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal y Reino Unido.

El acuerdo no fue fácil. El primer obstáculo lo constituía la entrada de Portugal, gobernado por un régimen dictatorial, pero nada comunista, y con una posición geoestratégica privilegiada en las Islas de las Azores. Tampoco admitir a Italia fue sencillo.  Los países ribereños del Atlántico no deseaban el ingreso de países que no fueran atlánticos. Finalmente EE.UU. -para frenar el auge del partido comunista italiano- y Francia -para que se aceptará el territorio de Argelia en el Tratado-lograron imponer su punto de vista e Italia firma el acuerdo de la OTAN. Irlanda también fue invitada a formar parte del Pacto Atlántico desde el primer momento, pero declinó la oferta por los problemas que mantenía con Gran Bretaña por el Ulster.

Sin embargo, el acuerdo no solventaba el problema alemán. Si Alemania no formaba parte de la Alianza, las posiciones defensivas de Europa frente a la URSS seguirían siendo muy débiles. Por eso, se idea la creación de la Comisión Europea de Defensa (CED), en la que se invita a participar a la Alemania Federal. Pero el sistema fracasó por la oposición de Francia. Continuaron las negociaciones y en el 23 de octubre de 1954, se crea en París la Unión Europea Occidental (UEO), que no fue más que una modificación del tratado de Bruselas en la que se invita a entrar a la República Federal Alemana. El acuerdo se logra bajo la seguridad de que los países occidentales conseguirían un estricto control sobre el rearme de Alemania y la creación de una zona defensiva en suelo alemán.

El Tratado Atlántico nacía como una institución defensiva, no agresiva. Su misión era la consolidación de la paz y el deseo de vivir en paz con todos los pueblos y gobiernos del mundo, reafirmando su fe en los principios de Naciones Unidas.

Este acuerdo hará reaccionar inmediatamente a la Unión Soviética, que creará el bloque militar comunista: el Pacto de Varsovia, que se firma en esa ciudad el 14 de mayo de 1955.

Hasta la caída del Muro de Berlín en 1989, la OTAN tuvo tres ampliaciones y con ellas, cuatro miembros más: Grecia y Turquía en 1952, la señalada de Alemania en 1955 y España en 1982 (con una negociación peculiar, por los enfrentamientos internos, con el partido socialista oponiéndose a la entrada “OTAN, de entrada, no” para, posteriormente, una vez alcanzado el Gobierno, promover un referéndum que se celebró el 12 de marzo de 1986, en el que el PSOE cambió su posición hacia el sí a la OTAN. Pero dejando fuera de la cobertura defensiva a Canarias, Ceuta y Melilla).

La caída del muro y del orden soviético propició que en marzo de 1999 se incorporaran Hungría, Polonia y República Checa; en marzo de 2004, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania y, en abril de 2009, en la sexta ampliación y de momento última, Albania y Croacia. La OTAN está constituida hoy por veintiocho naciones.

No nos vamos a extender sobre el contenido del tratado, sólo diremos que es muy breve, consta de una exposición de motivos y catorce artículos, en los que se manifiesta fundamentalmente que estamos ante una alianza defensiva. Se trata de la institucionalización del derecho a la legítima defensa dentro del marco del artículo 51 de la ONU. Porque el Pacto atlántico se considera subsidiario de la ONU. En ese ambiente defensivo los miembros establecen la obligación de consulta mutua en caso de amenaza. Si bien la asistencia armada no tiene por qué ser inmediata, sino que la decisión de asistencia en caso de conflicto armado es determinada soberanamente por cada Estado miembro y no conlleva obligatoriamente la aportación de medios militares – aunque el principio de solidaridad que impregna el Tratado hace más que probable que esa ayuda armada se establezca por parte de todos, en caso de ataque a uno de sus miembros-.  No es un club cerrado, la Alianza permanece abierta a cualquier incorporación con los siguientes requisitos: primero, el ingreso no puede solicitarse, sino que ha de ser una demanda de uno o de varios de los signatarios. Segundo, ha de tratarse de un Estado europeo. Tercero, se precisa para el ingreso, la aprobación unánime de los miembros del Pacto. Es un tratado defensivo, militar, pero que atribuye ciertas posibilidades políticas y económicas a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, pero en consonancia con su actividad defensiva. Así, por ejemplo, señala entre sus principios el de salvaguardar la libertad de sus pueblos, su herencia común y su civilización, fundadas en los principios de democracia, libertades individuales y el imperio del derecho.

Para asumir sus finalidades la Alianza adoptó una Organización, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), constituida por una estructura civil y otra militar. La estructura civil está formada por el Consejo General, presidido por el Secretario General y conformada por los representantes permanentes de los ministerios de Asuntos Exteriores o, según los casos, por los Jefes de Estado y Gobierno, y por diversos Comités, siendo el principal el Comité de Planes de Defensa (DPC). La estructura militar constituida por el Comité Militar, formado por los Jefes de Estado Mayor, con representantes permanentes, y por varios Mandos.[1]

La intencionalidad de los firmantes del Pacto Atlántico puede considerarse en un doble sentido: el primero, imponer prudencia al potencial agresor, haciéndole ver el peligro en el que puede incurrir en caso de ataque y, segundo, reforzarse militarmente para poder rechazar un ataque armado.

Ese sentido disuasorio se incrementó por el refuerzo de armas atómicas dentro del arsenal de la OTAN, y su función de contener a la URSS fue realmente efectiva durante la guerra fría.

Tras la caía del muro y la desintegración de la URSS, la OTAN siguió en su papel de institución de seguridad europea. Destacan en este ámbito misiones que asumió en el conflicto de los Balcanes. Tanto en apoyo de Bosnia, como contra Serbia a la que se bombardeó en defensa de Kosovo para detener los crímenes contra la humanidad que se cometieron en la región. Fue la primera acción armada de la OTAN que no contó con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU por las reticencias de Rusia y China. Aunque después, en 1999, sí se viera respaldada por la Resolución 1244 de la ONU en la creación de la fuerza de paz KFOR.

La segunda operación militar de gran envergadura tuvo su origen en los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, que llevaron a la organización a invocar por primera vez el artículo 5 del Tratado para responder a la agresión contra un país miembro. La Alianza desde un primer momento apoyó las operaciones contra los talibanes y Al Qaeda en Afganistán.

Otras actuaciones fuera del escenario europeo han sido el despliegue en el Índico contra la piratería somalí en la Operación Escudo Oceánico y, en especial, los bombardeos en Libia en marzo de 2011, Operación Protector Unificado.

Más allá de su actividad militar, desde el final de la guerra fría, la OTAN ha mantenido una intensa actividad diplomática ampliando el número de sus Estados miembros y buscando la colaboración con otros países y organizaciones internacionales.

En 1997, se firmó el Acta Fundacional OTAN-Rusia sobre Relaciones Mutuas. Pretendía diseñar un marco de confianza para que Moscú no recelara de la expansión de la organización hacia el este, y de cooperación (como las misiones en Bosnia y Kosovo donde tropas rusas se coordinaron con los contingentes de la Alianza). Pero desde la llegada de Putin al poder y sus ansias expansionistas, los rusos han visto con muy malos ojos cualquier extensión de la OTAN. Así se comprobó en Georgia en 2008. Asimismo, la posible ampliación de la OTAN a Ucrania ha sido la excusa que ha elegido Putin para iniciar la invasión de ese país, con la correspondiente alerta defensiva de los miembros de la Alianza que, sin intervención directa, apoyan a país invadido.

La invasión de Ucrania ha conseguido poner en alerta a todos los vecinos de Rusia y que países tradicionalmente neutrales como Finlandia o Suecia soliciten el ingreso en la OTAN.

BIBLIOGRAFIA

Barcía Trelles, Camilo. «El Pacto Atlántico«, Instituto de Estudios Políticos, Madrid (1950).

Benz, W. y Graml, H. «El siglo XX. Europa después de la Segunda guerra mundial 1945-1982«, Tomo I, Ed. Siglo XXI, Madrid (1986).

Reuter, Paul. «Organizaciones europeas«. Ed. Bosch. Barcelona (1968).

«La organización del Atlántico Norte«, Instituto de Estudios Políticos, Madrid (1963).

Web de la OTAN. https://WWW.nato.int

[1] Web de la OTAN

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