LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA POLITICA FORESTAL EN ESPAÑA

Mi admirado profesor Ferreiro, tantas veces nombrado en este blog, con su español escacharrado, pero certero, decía que para hablar de historia había que “dárselo morto”. Lo que recuerda que la Historia es el análisis del pasado y periodismo la del presente. Como este es un blog de Historia no pretendo adentrarme en las procelosas aguas de la política forestal actual.

Los Ingenieros de Montes definen la política forestal como:

La política forestal la componen el conjunto de objetivos, acciones y medios que, en un plazo determinado, trata de fomentar la conservación del monte como medio natural, el aprovechamiento, comercialización y transformación industrial de sus productos, la investigación y desarrollo de técnicas de gestión, el uso público de los servicios ambientales del monte, la formación de profesionales y la cultura forestal que debe poseerla sociedad”.[1]

En 1700 murió Carlos II sin sucesor. Desaparecía la dinastía de los Austrias, tras la guerra civil de sucesión que trajo a España a Felipe de Anjou, Felipe V, nieto del monarca francés Luis XIV. Consolidada la nueva dinastía, Felipe V comenzó a introducir profundas reformas en la organización y administración del Estado, que incluían los organismos centrales de la monarquía, el gobierno interior, en especial en lo que atañía a la Corona de Aragón, y a la política fiscal. También procedió a una reorganización del Ejército; la Marina fue objeto de un proceso racionalizador y centralizador, en lo que desempeñó un papel fundamental la Intendencia General de la Marina, de la que en 1717 se hizo cargo José Patiño. El intendente tenía bajo su mando todo aquello que no concernía directamente a las operaciones militares. Entre estas funciones se encontraba la obtención de la materia prima para la construcción de los barcos, es decir, los montes y plantíos necesarios y el personal a ello vinculado. Fernando VI dispuso que la Marina se hiciese cargo de algunos montes próximos al mar y a los ríos navegables. Esta medida tuvo efectos globalmente beneficiosos, pues la Marina se hizo responsable de realizar una gestión racional. Se comprometía a plantar tres árboles por cada uno cortado y a marcar los árboles cuya tala estaba prohibida. Esto contribuyó a salvar bosques irreemplazables.

Fue todo un programa ilustrado que caracterizará el siglo XVIII, lo que incluía no sólo las reformas administrativas y militares, sino también la política de fomento de la producción, la construcción de nuevas infraestructuras, el desarrollo cultural y la creación de instituciones científicas, culturales y económicas.

Este programa continuó durante el reinado de Fernando VI y el ministerio de Ensenada, y verá su mayor desarrollo en la segunda mitad del siglo, sobre todo, con Carlos III. Es importante poner de relieve la continuidad entre estas etapas del siglo XVIII, que puede fácilmente rastrearse en la labor política de personajes como José Patiño, José del Campillo y Zenón de Somodevilla, no sólo por haber ocupado en diferentes momentos el poderoso Ministerio de Hacienda, Guerra, Marina e Indias, sino por el programa que habían esbozado y en uno u otro grado impulsado.  Esta continuidad, pacífica, inteligente y bien planificada llevó a que el siglo XVIII español haya sido uno de los más próspero de nuestra Historia, quizá pocas veces bien ponderado, hasta que Carlos IV y sobre todo Fernando VII malograron toda la obra anterior.

En materia forestal, durante las primeras décadas del XVIII se adoptaron medidas destinadas a la conservación de los recursos de los montes, por ejemplo, ante las demandas de las Cortes de Castilla, Felipe V ordenó una reforestación rápida y tomó algunas medidas proteccionistas, como la Ordenanza de 1719 para la defensa del pinsapar de la Sierra de Grazalema, que salvó esta importante reliquia forestal. Estas medidas no contradecían, sino que reforzaban lo legislado por los Austrias. Son numerosas las ordenanzas municipales que se establecieron en los siglos XVI y XVII destinadas a regular la convivencia entre los vecinos de los pueblos. Estas ordenanzas solían contener algún articulado que contemplaba los usos vecinales de los montes, que en algún caso estuvo vigente hasta bien entrado el siglo XIX. Esto es comprensible si tenemos en cuenta que, para muchos municipios, el monte era un recurso de primer orden y, además, con frecuencia fuente de conflictos. De todas formas, la importancia que se le concede en las diversas ordenanzas varía mucho, en función, sin duda, de su peso en la vida colectiva. En lo que a los aprovechamientos forestales se refiere, estas normas se presentaban en numerosos casos bajo la forma de prohibiciones, indicándose la multa o castigo consiguiente.

En 1748, se publicaron unas nuevas ordenanzas de montes dentro del programa de reformas impulsado por Ensenada. Existe la opinión generalizada de que estas ordenanzas estuvieron inspiradas en la Ordonnance de Louis XIV, que en 1669 hizo aprobar Jean Baptiste Colbert, lo que da pie a plantear la existencia de un cambio cualitativamente muy importante en la legislación forestal a partir de este momento. Se promulgaron diversas ordenanzas para “el aumento y conservación de los bosques”, se instituyó la figura del guardabosques y se reforzaron las penas a los pastores responsables de quemar el monte. El resultado permitió mejorar sensiblemente la situación. Hacia el final de siglo, se estima que existía una extensión algo superior a los diez millones de hectáreas. Importante fue también la renovación de la silvicultura de la mano de diversos autores franceses, como Henri Louis Duhamel du Monceau (1700- 1782) que en 1731 comenzó a realizar trabajos de investigación en materia de silvicultura para la Marina.

La influencia francesa tuvo dos hitos destacados: 1) el nacimiento de una ciencia de los montes que irá desarrollando en torno a diversas personalidades vinculadas al Jardín Botánico de Madrid, y 2) Las figuras de los jardineros que acabaran siendo profesores y de ahí a la creación de las cátedras de agricultura. El primero de estos jardineros fue, en 1799, Claudio Boutelou, quien en 1807 fue nombrado profesor de Agricultura y, en 1809, el gobierno de José Bonaparte lo nombró director del Jardín Botánico, ocupando el puesto que se había visto obligado a abandonar Lagasca. La política liberal e ilustrada española tendrá sus referencias en Jovellanos y su Informe sobre la ley agraria; el padre Manuel Gil, miembro de la Sociedad Económica de Sevilla; Bernardo Ward y su Proyecto Económico entre otros.

Todas las mejoras del Siglo XVIII se perdieron en un desastroso XIX.

En el siglo XIX, se introdujeron medidas por medio de las cuales se querían impulsar los plantíos, pero fueron poco adecuadas, imponiéndose además onerosísimos gravámenes a los pueblos, con el resultado de que éstos hacieron todo lo posible para que los plantíos fracasaran. En cuanto a los aprovechamientos, contaban con el grave inconveniente de dejar su ejecución en manos de las justicias de los pueblos y los subdelegados, lo que dio lugar a frecuentes abusos, además de representar un menoscabo de la autonomía municipal. Entre los propietarios de bosques privados fueron extremadamente impopulares.

A eso hay que unir las diversas desamortizaciones (tanto la de Mendizábal como la de Madoz), pero, sobre todo, esta última. Se cebó en los bosques comunales de los pueblos, con terribles consecuencias medioambientales y sociales.

En muy pocos casos los nuevos propietarios hicieron una gestión acorde con criterios técnicos. Se produjeron muchas roturaciones a la búsqueda de un beneficio inmediato. El pastoreo no tuvo límites y también se multiplicaron los incendios provocados como protesta social. Toda esta política llevó a una desforestación destacada. Los bosques españoles quedaron reducidos a menos de seis millones de hectáreas, la menor dimensión de nuestra historia. La desaparición de la cubierta forestal protectora dio lugar a una serie de inundaciones y fenómenos torrenciales que causaron grandes desastres humanos en los núcleos de población situados próximos a los cauces de los ríos y cuantiosas pérdidas económicas al arrasar numerosos cultivos agrícolas ribereños.

Paralelamente a este proceso destructivo, la sociedad fue tomando conciencia del peligro que suponía el gigantesco proceso de degradación que se había producido y se seguía produciendo. Para frenar las actividades destructivas de la cubierta vegetal y desarrollar un programa racional de reconstrucción de la vegetación forestal y velar por su conservación y aprovechamiento, se creó, a mediados del siglo XIX, la Administración Forestal Española. Si bien, de toda aquella actividad administrativa poco fructífera sólo trascendió en el tiempo la Escuela de Ingenieros de Montes, creada en 1848. Fueron ellos, prácticamente los únicos, quienes, al promulgarse la desamortización, denunciaron que los montes públicos estratégicos pudiesen pasar al dominio de particulares sin ningún control, por los riesgos que supondría para las escorrentías, los suelos y la agricultura del país. Para dar respuesta a los daños causados por las inundaciones y los desastres torrenciales, se crearon, en 1888, las llamadas Comisiones de Repoblación encargadas de repoblar las cuencas hidrográficas más deforestadas y en las cuales los riesgos de inundaciones eran más probables. Son el antecedente de las Confederaciones hidrográficas.

Las medidas de mejora de la foresta fueron recogidas por los regeneracionistas, que incluyeron en su programa la defensa y recuperación de los montes. Aprobaron la primera ley contemporánea de montes (Ley de 24 de junio de 1918), cuyo objetivo era frenar la especulación desencadenada por los altos precios de la madera derivados del cierre de los mercados exteriores durante la Primera Guerra Mundial. El primer Plan Nacional de Repoblación Forestal se aprobó por Real Decreto de 26 de julio de 1926. En su preámbulo se dice que uno de los problemas que más directamente afectan a la riqueza nacional, y que ha llegado a interesar vivamente a la opinión pública es el de la repoblación forestal. Su política de ordenación de montes, bien intencionada, obtuvo escasos resultados.

Durante la República se aprobó la Ley de 9 de octubre de 1935, por la que se crea un organismo forestal específico para la repoblación, denominado Patrimonio Forestal del Estado (PFE), cuyo principal objetivo era restaurar, conservar e incrementar la superficie forestal del país. La guerra civil española (1936-39), no permitió la puesta en marcha de esta Ley.

El gran cambio se produce en la política forestar del nuevo régimen. En 1941, se recrea el organismo Patrimonio Forestal del Estado. Nace para desarrollar el Plan Nacional de Repoblación Forestal (PNRF). Cuyos objetivos principales eran los siguientes:

  • Conseguir mediante la repoblación de pequeños rasos y claros de los montes, el máximo de producción de madera compatible con la especie repoblada y con las características ecológicas de la estación.
  • Incrementar la superficie forestal arbolada en seis millones de hectáreas en un periodo de cien años.
  • Conseguir el interés de los propietarios privados para que colaborasen en la consecución del objetivo anterior, poniendo sus tierras a disposición del PFE para que fuesen repobladas. Esta colaboración se materializaba mediante la firma de un consorcio.

El plan se desarrollaba en diversas etapas:

La primera etapa, se extendió desde 1940 a 1959. En ella el objetivo prioritario era paliar el alto paro rural.

La segunda etapa comprende de 1960 a 1971. Inició la mecanización de los trabajos de reforestación debido a la escasez de mano de obra y al aumento, relativo, de los salarios, que encarecían excesivamente el proceso.

La Tercera etapa comprende de 1972 a 1982. Esta etapa se extiende desde la desaparición del organismo Patrimonio Forestal del Estado y la creación del Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA); organismo autónomo perteneciente al Ministerio de Agricultura (1972), hasta que se produce el traspaso de las competencias forestales a la Comunidades Autónomas, que habían surgido como consecuencia de la implantación del nuevo régimen democrático.

La cuarta etapa comprende desde 1982 a 1995. Con el traspaso de las competencias forestales a las Comunidades Autónomas en 1982 que no se encuentran vinculadas al PNRF se produce, de hecho, la desaparición del PNRF.

La presión de los movimientos ecologistas, y la vinculación del PNRF al régimen de Franco influyo negativamente en la política de reforestación. Los nuevos políticos, no eran partidarios de continuar políticas muy vinculadas a épocas anteriores, y aunque los propietarios privados, los servicios forestales, la economía y la restauración de extensas áreas degradadas en la vertiente mediterránea aconsejaban continuar repoblando, el proceso repoblador sufrió una reducción considerable.

Como consecuencias de la política desarrollada en esas cuatro etapas, surgieron algunos hitos importantes en la conservación de los montes. Así:

En 1955, se creó el primer servicio específico de lucha contra los incendios forestales, el Servicio Especial de Defensa de los Montes contra los Incendios, el cual contará con brigadas profesionales e incluso medios aéreos.

En 1969, se alquiló el primer avión anfibio en Canadá y después de unas prácticas fue destinado a Galicia, principal foco de los incendios en aquellos tiempos.

En 1971 se compraron dos aparatos y se firmó un convenio con el Ejército del Aire para su gestión, mantenimiento de los aparatos y suministro de tripulaciones. Tres años antes se había fundado la base de datos sobre incendios, que permitió mediante estudios basados en las estadísticas e incendios previos realizar una política de prevención efectiva contra el fuego.

Se realizaron campañas de concienciación hacia una población mayoritariamente urbana que había olvidado a conciencia su origen rural, en las que se recordaba lo nefasto de las colillas mal apagadas o fuegos abandonados y mal apagados. En ese sentido, fueron famosas las campañas publicitarias destinadas a la prevención. La campaña con mayor éxito fue con el lema “Cuando un monte se quema, algo tuyo se quema”. Esa campaña se vio apoyada, por ejemplo, en 1962, con la creación de un personaje animado, el conejo Fidel, que ejercía de guarda forestal en las campañas de televisión alertando sobre el riesgo de no vigilar las conductas humanas que ponían en peligro el bosque.

Asimismo, se realizaron varios programas en la televisión pública – la que había- de defensa de la fauna ibérica, con Félix Rodríguez de la Fuente, como protagonista en su condición de naturalista y divulgador ambientalista. Su programa “El hombre y la tierra” obtuvo tal éxito que aún se recuerda. También se hizo famoso por las campañas de salvamento de distintas especies animales en peligro de extinción, como el lobo, el oso y el águila imperial.

Pero el instrumento más eficaz para cuidar la naturaleza y protegerla de los incendios fue el ICONA. El Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza además de buscar la concienciación ciudadana en materia de protección de los bosques, realizó el primer Inventario Forestal Nacional en 1965, dando como resultado que la superficie de los bosques españoles se había elevado desde 1941 hasta los 11,8 millones de hectáreas.

El esfuerzo español de repoblación tuvo reconocimiento internacional a través de la FAO.

El Programa de Plantaciones Productivas de Alto Rendimiento realizado por la iniciativa privada con subvenciones del Estado se separó del ICONA y pasó a depender de la Dirección General de la Producción Agraria (DGPA) del Ministerio de Agricultura, dando prioridad a las repoblaciones de alto interés protector, ecológico o social.

El Programa de Plantaciones Productivas de Alto Rendimiento se subvencionó a través de la Ley Para el Fomento de la Producción Forestal aprobada en 1977, que gestionaba la DGPA y que comprendía además de las ayudas a la reforestación un programa de ayudas y subvenciones a fondo perdido para la realización de trabajos culturales en masas naturales y repobladas de propiedad privada. Las críticas surgidas entre ciertos sectores ecologistas dieron como resultado una ralentización de la actividad de reforestación pública, no así la privada, que siguió su curso.

La desaparición del ICONA y la transmisión apresurada de sus competencias a las comunidades autónomas tuvieron penosas consecuencias. Entre 1981 y 1994 ardieron nada menos que dos millones de hectáreas, más del triple de las que se quemaban anualmente en el periodo anterior.

Actualmente, todas las comunidades autónomas han elaborado sus propios planes de reforestación, y pese a los problemas presupuestarios, están incrementando su actividad repobladora, si bien, éstas no se consideran suficientes y requieren de unas actividades de conservación, limpieza y mantenimiento que no siempre se realizan, en ocasiones por el abandono de la población de las zonas rurales, en otras por las dificultades que la Ley estatal 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes impone para realizar esas tareas. Además, esa reforestación debería ir acompañada de algunas obras hidráulicas que no parece que vayan a acometerse.

 

BIBLIOGRAFÍA

PEMÁN GARCÍA, Jesús; IRIARTE GOÑI, Iñaki; LARIO LEZA, Francisco José.- “La restauración forestal de España: 75 años de una ilusión”. Ed Ministerio de Agricultura. 2017

SILVA SUÁREZ, Manuel.- “ TÉCNICA E INGENIERÍA EN ESPAÑA III EL SIGLO DE LAS LUCES De la industria al ámbito agroforestal”. Ed Universidad de Zaragoza. 2005.

Página Web del Colegio de Ingenieros de Montes.

[1] Web del Colegio de Ingenieros de Montes

DOCTRINA BALFOUR

Hablaremos en esta entrada de la Doctrina Balfour, el precedente que determinó la creación del Estado de Israel.

Haremos un brevísimo análisis para situar la declaración británica en su contexto con una doble visión: 1) Los antecedentes sobre el origen del Reino de Israel y su evolución y 2) los acontecimientos que rodeaban al mundo en 1917 cuando se produjo la declaración.

1) Los antecedentes sobre el origen del Reino de Israel y su evolución:

  • 1250 a. C.: Los israelitas se establecieron en la región de Palestina.
  • 900 a. C.: Construcción del Primer Templo (significaba ejercer su fe y construir en torno al templo su reino). Capital en Jerusalén.
  • 733 a. C.: destrucción del Primer Templo, reconstruido en el siglo siguiente. Es lo que se llama la primera diáspora ( dispersión de los judíos fuera del Reino de Israel (Samaria) por los asirios).
  • 597 a.C. Exilio de los habitantes del reino de Judá. Exilio Babilónico. Termina 70 años después con la declaración de Ciro en virtud de la cual se permitía a los judíos volver a Jerusalén.
  • Tras el asedio de Jerusalén en el año 63 a. C., el territorio judío se convirtió en un protectorado de Roma, y en el 6 d. C. se organizó como la provincia romana de Judea.
  • Los judíos se rebelaron contra el Imperio Romano en el año 66 d. C. que culminó con la destrucción de Jerusalén en el año 70. Durante el asedio, los romanos destruyeron el Segundo Templo y la mayor parte de la ciudad. Iniciándose así la DIÁSPORA ROMANA ​ o exilio romano. Los Jerarcas judíos fueron exiliados, asesinados o vendidos como esclavos. Posteriormente, en el 132 d. C. Adriano eliminó por completo cualquier atisbo de independencia judía. La región anteriormente ocupa por los judíos pasó a llamarse Siria Palestina. Los judíos no volvieron a tener un estado propio hasta 1948.
  • En el antiguo territorio judío, de manera muy dispersa y como tribus nómadas se asentaron los antiguos filisteos (un pueblo procedente del Egeo). Con el tiempo, la región fue habitada por diversas poblaciones. El concepto de un pueblo palestino no se consolidó hasta el siglo XX, durante el Mandato Británico de Palestina (1920-1948).
  • Los judíos se dispersaron por el mundo tras la diáspora romana que realmente marca su existencia. Se asientan fundamentalmente en Babilonia (actual IRAK), España y norte y centro de Europa.
  • La presencia judía en la Europa medieval y primeros años del renacimiento, con los estados-nación en proceso de creación siempre supuso un conflicto latente. Los judíos mantenían su confesionalidad y costumbres, pero en grupos que se adherían a la sociedad dominante -cristiana- de manera subordinada.
  • En el caso de España, fueron, en principio, parte de la sociedad con connotaciones culturales propias; admitidos, en ocasiones marginados, pero no expulsados; al contrario que los árabes. Su espíritu comercial, su pericia financiera, su capacidad para el préstamo -y consiguiente acusación de usura- les hace al tiempo imprescindibles y molestos. Esta posición era privilegiada frente a otros lugares europeos; de hecho, aunque se crea lo contrario, España, en 1492, fue de las últimas sociedades que expulsó a los judíos -dando previamente todo tipo de facilidades para la conversión-.
  • Será la posición del papado en última instancia y la presión de algunas naciones que consideraban que la creación de un estado nación exigía una unidad religiosa, la que acabe expulsando a los judíos de Europa. En la Europa medieval entre los años 1000 a 1770, los judíos, especialmente en Centroeuropa, llevaban una existencia precaria, tolerados pero confinados a ocupaciones especializadas y sujetos a impuestos y restricciones especiales. Sufrieron repuntes periódicos de violencia antijudía, especialmente en la época de las primeras Cruzadas (alrededor de 1100) y de la Peste Negra (1347-1348). Las ciudades alemanas de Maguncia, Worms y Espira son recordadas como “ciudades de martirio” tras las masacres de 1095-1096; los judíos fueron expulsados ​​de Inglaterra en 1290 y de Francia en 1306. Los ataques contra los judíos se centran principalmente en su frágil estatus social, su posición como «forasteros» y el “papel útil” que estos podían desempeñar para los líderes políticos y otros grupos como chivos expiatorios en tiempos de crisis.
  • A medida que los judíos eran expulsados ​​de Europa occidental, muchos encontraron refugio en Rusia y, sobre todo, en Polonia, donde los reyes locales fomentaron el asentamiento por razones económicas. A pesar de la ola de masacres de las décadas de 1640 y 1650, Polonia se convirtió en el mayor centro judío. El movimiento de resurgimiento judío comienza en el sur de Polonia, alrededor de 1740.
  • Entre 1770 y 1870 se considera la “Era de la Emancipación judía“ pues pequeñas comunidades judías en Europa Occidental y Norteamérica obtienen derechos legales y civiles.
  • Entre 1870 y 1933, aumentan las persecuciones de los judíos en el Imperio ruso, lo que conduce a la migración masiva de judíos de Europa del Este a Estados Unidos y Europa Occidental.
  • Entre 1880 y 1914, la comunidad judía estadounidense se convierte en la más grande del mundo. El creciente antisemitismo en Europa impulsa la formación del movimiento sionista (1896) con el objetivo de crear una patria judía en Palestina. Se crean pequeños asentamientos judíos en Palestina a partir de la década de 1880. Los judíos en países occidentales (EE. UU., Inglaterra, Francia, Alemania) pueden acceder a más ocupaciones y puestos públicos, pero su exitosa asimilación produce un antisemitismo más manifiesto.
  • 1933: Hitler llega al poder en Alemania e impone severas restricciones a los judíos. Se les priva de la ciudadanía y se les prohíbe casarse con no judíos (1935); se destruyen sinagogas y se confiscan negocios judíos (1938).
  • 1939: Comienza la Segunda Guerra Mundial. La ocupación alemana de Polonia pone bajo su control a la mayor comunidad judía europea.
  • 1941: Alemania invade la Unión Soviética. Comienzan las masacres de judíos a gran escala.
  • 1942: Se abren campos de exterminio en Europa del Este; comienza el asesinato de judíos en países fuera de la zona de guerra.
  • 1945: Las fuerzas del eje (Alemania, Italia, Japón) son derrotadas por los aliados. Las bajas judías durante el Holocausto se estiman entre 5 y 6 millones; unos 100.000 supervivientes fueron encontrados en campos alemanes.
  • 1947: Las Naciones Unidas votan a favor de la partición de Palestina, creando dos estados, uno judío y otro árabe.
  • 1948: Se proclama la independencia de Israel (14 de mayo de 1948). Se inician las tensiones con los países árabes de alrededor.

2) Contexto histórico de la declaración de Balfour. 2 de noviembre de 1917.

En 1917, Rusia estaba en plena Revolución soviética. La Primera guerra mundial aún estaba a un año de finalizar y si hasta entonces había estado estancada, la presencia de USA en ella (acababa de entrar en la guerra tras aprobar el congreso la propuesta del presidente Wilson en abril de 1917) permitió dar un giro favorable al lado aliado.

Se habían iniciado algunos movimientos de pacificación: los de Austria-Hungría (affaire Sixto – Por Sixto de Borbón-Parma, cuñado del Emperador y autor de un texto de paz lleno de promesas para las minorías) Y, sobre todo, el proceso nacido de la intervención de Benedicto XV.

Desde el principio de la guerra, las posiciones de cada nación responden a intereses territoriales y de poder, aunque algunos analistas hablen de problemas religiosos, éstos fueron una excusa para la búsqueda del dominio en la zona. Mientras los alemanes presionaban al sultán otomano para que declarase una guerra santa en el norte de África y Oriente Medio, con la finalidad de expulsar a los aliados, sobre todo, a los ingleses. Gran Bretaña necesitaba proteger el Canal de Suez, esencial para las comunicaciones de su imperio, especialmente en el camino hacia la India, y lograr cierta estabilidad en la zona para mantener sus intereses comerciales. Aquel territorio estaba en aquel momento en manos del Imperio Otomano (en el cual Egipto actuaba con plena autonomía y sobre cuyos sultanes Gran Bretaña ejercía mucha influencia). Con la intención de defender su Imperio, Reino Unido había encontrado en la población judía de Oriente Próximo una esfera de influencia interesante a sus fines. Francia tejía lazos con las comunidades católicas y Rusia con las ortodoxas.

Desde esta base se creó una teleología coincidente que afirmaba que la historia nacional británica y la judía confluirían en el futuro. Esta confluencia fue divulgada por los propagandistas del gobierno británico deseosos de atraerse al sionismo. Circunstancia que también se extendió a los Estados Unidos.

Esta política de acercamiento a los judíos había nacido mucho tiempo antes y desde principios del Siglo XX el gobierno inglés negoció con líderes del sionismo para establecer un estado judío. La Organización Sionista Mundial quería que ese estado se ubicara en Palestina- su tierra antes de la diáspora romana-. Las conversaciones se estancaron en 1906 con la derrota electoral del conservador Arthur Balfour, pero la rivalidad con los otomanos durante la IGM abrió otra oportunidad. El cambio de gobierno en 1916, con Balfour como ministro de Exteriores, dio un nuevo impulso a la idea de un estado israelí.

En 1916, el gobierno británico logró convencer al Jerife de La Meca para que iniciase una revuelta contra la dominación otomana a cambio de reconocer la independencia. Pero, ese mismo año, los gobiernos de Francia, Gran Bretaña y Rusia habían firmado en secreto el Acuerdo Sykes-Picot, que dividía el Oriente Próximo en esferas de influencia para estas potencias en caso de la derrota del imperio Otomano: una árabe con capital en Damasco, otra judía en la Palestina histórica, primero internacionalizada, y otra cristiana en Líbano. No obstante, algunas fuentes afirman también que, entre las promesas que hizo Gran Bretaña a los árabes, estaba la cesión del gobierno de Palestina al acabar la guerra.

Es bien sabido que británicos y franceses no cumplieron lo pactado en el Acuerdo Sykes-Picot y que, tras la guerra, dividieron sus respectivas zonas de influencia como consideraron oportuno.

Mapa de la zona en 1916:

https://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/images/sykes.gif

 

3) Declaración Balfour ( 2 de noviembre de 2017)

La declaración se expresó en una breve carta. En ellas los británicos prometían apoyar la creación de un «un hogar nacional para el pueblo judío» en Palestina.  Decía así:

 “El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, en el entendido de que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país”.

El texto a pesar de su ambigüedad (hablaba de hogar y no de Estado Judío), valió para que los israelíes consideran el documento como la piedra fundacional del Israel moderno, mientras muchos árabes lo consideraron como un acto de traición, ya que habían colaborado con los británicos en su lucha contra el Imperio Otomano.

En 1920, durante la Conferencia de San Remo en Italia, la Sociedad de Naciones asignó el mandato sobre palestina al Reino Unido. El Imperio Otomano había sido derrotado y disuelto, y sus territorios repartidos entre algunas potencias vencedoras del conflicto, en especial Francia y el propio Reino Unido. La partición se estableció a través del Tratado de Sevres en 1920, pero entró en vigor en 1922,  aunque el Reino Unido administraba estos territorios de facto desde 1917. El Mandato entró en vigor en junio de 1922 y expiró 1948.

Con el mandato comenzó la gran emigración de judíos hacia la tierra prometida y se puso en marcha el gran plan del sionismo, que llevaba desde finales del siglo pasado esperando este momento.  En 1930 surgieron los primeros problemas de la comunidad árabe, con algunas revueltas importantes como las de 1936. El ejército británico reprimió con dureza las primeras protestas.

Sin embargo, los británicos pretendieron olvidar la Declaración de Balfour en torno a 1939, cuando sus intereses cambiaron. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial querían a los árabes de su lado contra Hitler, con promesas sobre el territorio palestino que no se cumplieron; estando éstas en la base de los conflictos posteriores entre árabes e israelíes.  Sin embargo, el Holocausto revitalizó el apoyo internacional a un estado judío. Esta vez, no sólo por los británicos, sino y muy especialmente, del presidente de Estados Unidos, Harry Truman. El 14 de mayo de 1948, el control británico sobre Palestina finalizó, y se proclamó el Estado de Israel.

Hoy en día no hay historiador que no valore que la Declaración Balfour fue algo más que un acto simbólico pues claramente allanó el camino a la creación del Estado de Israel.

4) Conflictos posteriores a la declaración del Estado de Israel.

En un análisis esquemático de estos enfrentamientos:

 

Listado de Guerras árabes israelíes desde la Creación del Estado de Israel
Año Nombre del conflicto Principales fuerzas árabes involucradas Principales acontecimientos
1948–49 Guerra de la Independencia Egipto, Jordania, Iraq, Siria y Líbano La guerra comenzó formalmente el 15 de mayo de 1948 y terminó el 20 de julio de 1949. Para Israel, la guerra es recordada como la Guerra de la Independencia porque aseguró la existencia del país. Para los árabes, la guerra es recordada como «la Nakba” (“la catástrofe») debido al desplazamiento masivo de palestinos que resultó de la guerra.

Se establecen las fronteras de Israel, Cisjordania y la franja de Gaza; comienza la crisis de refugiados palestinos; Jordania ocupa Cisjordania; Egipto ocupa la Franja de Gaza.

1956 Crisis de Suez Egipto Egipto nacionaliza el canal de Suez; se sientan los precedentes para futuras guerras árabe- israelíes
1967 Guerra de los seis días Egipto, Jordania y Siria Israel ocupa la Franja de Gaza, Cisjordania (incluida Jerusalén oriental), los Altos del Golán y la península del Sinaí. Fue seguida por años de combates esporádicos. Anwar el-Sadat, presidente de Egipto, hizo propuestas para llegar a un acuerdo pacífico si, de acuerdo con la Resolución 242 de las Naciones Unidas, Israel devolvía los territorios que había capturado. Israel rechazó esos términos y la lucha se convirtió en una guerra a gran escala en 1973.
1973 Guerra del Yom Kippur Egipto y Siria De manera indirecta la situación llevó a la intervención de USA y URSS. Con la creciente presión internacional, la guerra cesó el 26 de octubre de 1973, y la posterior firma entre los contendientes. La guerra no alteró inmediatamente la dinámica del conflicto árabe-israelí, pero sí tuvo impacto en la relación entre Egipto e Israel que culminó con la devolución de la península del Sinaí a Egipto a cambio de una paz duradera.

Realmente el acuerdo final de paz se firmó el 17 de septiembre de 1978 -Acuerdos de Camp David-, que condujeron al año siguiente a un tratado de paz entre Egipto e Israel. El primero de ese tipo entre Israel y sus vecinos árabes. Fueron negociados por el presidente norteamericano, Carter y el primer ministro israelí, Begin, y el egipcio, Anwar el-Sadat.

1982 Guerra Civil en el Líbano Líbano Palestina y Siria Guerra civil en el Líbano. Entre sus consecuencias estuvo la ocupación del Líbano por Siria hasta 2005; la ocupación de Israel del sur del Líbano hasta el año 2000, la creación de Herbolá -grupo terrorista chií formado expresamente para enfrentarse a Israel, luego pasó a ser un partido político-; se expulsa a la OLP ( organización para la Liberación de Palestina) del Líbano. Se intenta la reconstrucción del Líbano por parte de un grupo de empresarios entre los que estaba el por dos veces (1992-98 y 200-04) primer ministro Rafic al Hariri, de la facción Suní. En 2005 fue asesinado por Hezbolá.
2006 Segunda guerra del Líbano Hezbolá Comenzó con el asesinato y captura de soldados israelíes por parte de Hezbolá; Israel atacó, aunque en esta ocasión Hezbolá consiguió rehacerse. Terminó el conflicto con las fuerzas de intermediación de la ONU en el Líbano, y un acuerdo de intercambio de prisioneros.
2023–hasta la actualidad Guerra entre Israel y el grupo terrorista palestino Hamás (apoyado fundamentalmente por Irán) Hamás con el apoyo de otros países, destacando entre ellos, Irán La Guerra comienza realmente por un enfrentamiento entre las dos facciones musulmanas Chiitas – dominados por Irán- y Sunitas -dominados por Arabia Saudí-. El conflicto tiene lugar pocos días antes de que Israel firme los acuerdos de Abraham con Emiratos árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos. Además de un acuerdo histórico con Arabía Saudí producido en septiembre de 2023. Este reforzamiento a la facción sunita no puede ser admitido por Irán que aspira dominar el mundo árabe.

El conflicto lo inicia Hamás, el 7 de octubre de 2023, atacando a Israel por tierra, mar y aire. Violó, mató y secuestró a miles de jóvenes israelíes que estaban asistiendo a un concierto. Se convirtió en el ataque más feroz contra Israel desde el Holocausto.

Al día siguiente, Israel declaró la guerra a Hamás. La guerra se desarrolló en un primer momento en forma de bombardeos en varios frentes, pues también se bombardeó a Irán, posteriormente fue el bloqueo y la entrada de forma terrestre de los soldados israelíes en la franja de Gaza.  El daño causado en la zona aumenta la creciente presión internacional contra Israel. El presidente norteamericano Trump presenta una propuesta de paz en septiembre de 2025, contando con amplio apoyo internacional. En octubre de 2025 tanto Hamás como Israel aceptaron la propuesta americana. El 10 de octubre entró en vigor el alto el fuego y el 13 de octubre Hamás liberó a los últimos rehenes vivos.

A la fecha de esta entrada, hay un peligro cierto de enfrentamiento civil entre palestinos, Hamás contra quienes no les apoyan.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

BENZ, W Y GRAML, H. “El siglo XX.  III. Problemas mundiales entre los dos bloques de poder”. Ed Siglo XXI. 1981.

CULLA , Joan B. y FORTET, A. “Israel. La tierra más disputada: Del sionismo al conflicto de Palestina”. Ed península. 2024.

MARTÍNEZ CARRERAS. José Urbano. “Introducción a la Historia Contemporánea”. Ed. Istmo. 1985.

PROCACCI, Giuliano. “Historia general del Siglo XX”. Ed Crítica. 2001.

Diversos periódicos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VANDALISMO ARTÍSTICO

Como todos los años, alrededor del 24 de septiembre, una entrada sobre arte, en recuerdo de mi madre.

En 2014, se publicó en España un ensayo de Dario Gambini, Catedrático de la Universidad de Ginebra, titulado “La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa”. El libro realiza un examen integral de los motivos y circunstancias que hay detrás de los ataques deliberados contra edificios públicos, iglesias, esculturas, pinturas y otras obras de arte en los dos últimos siglos.

En su estudio, sobre el fanatismo contra el arte, describe las razones ideológicas o de simple locura que han determinado que en todas las épocas de la historia de la humanidad hayan existido vándalos empeñados en destruir las manifestaciones artísticas que consideraban contrarias a sus valores. Me permito decir que, esos valores deben ser de lo más despreciables cuando, en vez de apreciar la calidad artística, se dedican a destruir lo que la habilidad y el ingenio humano creó. Da igual que el vandalismo venga del fanatismo político, el fanatismo religioso, o la ignorancia de unos delincuentes, la destrucción del arte no por accidente sino por la intención de los salvajes es condenable siempre y en todo caso.

Excluimos de esta exposición el arte extinto por los bombardeos en una guerra, porque esas desapariciones son unas víctimas más de la principal desgracia que es la guerra en sí, en la que las mayores pérdidas son de los seres humanos heridos y fallecidos.

Tampoco nos vamos a extender en la iconoclasia del Siglo VIII. Las imágenes de Cristo, la Virgen, los santos o las escenas bíblicas se conocen en el cristianismo desde el siglo II. Entonces, las imágenes sagradas eran simbólicas, aunque ya en el siglo IV era frecuente ver las paredes de las iglesias cristianas decoradas con pinturas y frescos. Lo que dio lugar a dos formas divergentes de piedad cristiana: la cristiandad occidental centrada en el edificio eclesiástico y que privilegiaba la ubicación de lo sagrado en el rito eucarístico, y la oriental cuyo centro era la adoración de las imágenes, con la consecuente multiplicación de los espacios sagrados. Sin embargo, los enfrentamientos no se dieron entre el occidente y el oriente cristiano sino en el mundo bizantino frente al islam.

La “ruptura de imágenes” que eso significa iconoclasia o iconoclastia manifiesta un apogeo especialmente significativo, durante los siglos VIII y IX , en el Bizancio de Justiniano. No sólo era un problema religioso, sino de la confrontación cultural y de la amenaza militar que el islam representaba. El gran cambio y enfrentamiento se produjo con Justiniano II cuando puso el rostro de cristo en el reverso de sus monedas de oro. Esta situación resultó ofensivas a los árabes que decidieron romper la unidad monetaria, y con ella la paz social y la convivencia, destruyendo las monedas de Justiniano y volviendo a acuñarlas sin imágenes y sólo con palabras.  Como hicieron después con las imágenes de Santa Sofía, cuando la convirtieron en mezquita.

En aquel momento, la iconoclastia también se dio entre los propios cristianos residentes en zonas musulmanas que consideraban la proliferación de iconos como idolatría. Aquellas protestas fueron encauzadas por algunos sectores hacia movimientos religiosos heréticos.

La importancia de la ideología iconoclasta está lejos de limitarse al llamado período iconoclasta. De diferentes maneras la iconoclasia ha existido permanentemente en la historia (albigenses – una rama de los cátaros-, en Francia; judaizantes, en Rusia; protestantes, en Europa; etc )… Por ello, la respuesta de la Iglesia en los siglos VIII-IX, hecha con la solemnidad de un Concilio Ecuménico, conserva su valor hasta el presente.

Pero lo que nos trae hoy a este tema no es la iconoclastia religiosa de la antigüedad sino el vandalismo contra el arte en periodos más recientes, y, supuestamente, más civilizados.  Los agruparemos según sus motivos explicativos.

Vandalismo por robo. Si bien las “razones” del robo parecen muy diferentes.

  • Podemos calificar el primero de los robos como fanatismo histórico.

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Retable_de_l’Agneau_mystique_(1).jpg

Los Jueces Justos. Jan van Eyck. Del retablo de Gante- Robado en 1934

El retablo de Gante se considera una de las obras de arte más emblemáticas del arte occidental. Su vida ha sido un trasiego de apropiaciones indebidas, desde Napoleón que lo expuso en el Louvre, hasta la Alemania de la Primera guerra mundial, pasando porque sus desmembrados paneles fueron a parar a museos británicos, alemanes y a colecciones privadas, incluida la del rey Federico Guillermo III de Prusia. Las reparaciones de guerra de Alemania le obligaron a devolver todos los paneles. El retablo fue completamente reensamblado en 1920 y permaneció así durante catorce años hasta que, el 11 de abril de 1934, el sacristán de la catedral de San Bavón descubrió que alguien había entrado y robado dos paneles: Los Jueces Justos y San Juan Bautista.

Inicialmente, los paneles eran dos caras del mismo panel: Juan Bautista era visible cuando el retablo estaba cerrado, mientras que los Jueces Justos se revelaban después de abrir el políptico. Los conservadores de la colección real prusiana habían separado las dos caras del panel para mostrar ambas imágenes una al lado de la otra. El ladrón había dejado una nota que decía: «Tomado de Alemania por el Tratado de Versalles». Varias semanas después, el obispo de Gante recibió una demanda de rescate de un millón de francos. El ladrón, que quería convencer a la diócesis de que devolvería los paneles una vez que recibiera el dinero, pidió a los investigadores que buscaran en el depósito de equipajes de la estación de tren de Bruselas-Noord. Allí encontraron a San Juan Bautista envuelto como un paquete.

Después de casi ocho meses de responder a las cartas de rescate, sucedió algo extraño. A fines de noviembre, un hombre de 57 años llamado Arsène Goedertier, corredor de bolsa local y aspirante a político, sufrió un ataque cardíaco. En su lecho de muerte, confesó a su abogado que había robado el panel de los Jueces Justos y que la policía debería buscar en una carpeta en su oficina. Allí se encontraron copias de todas las notas de rescate enviadas a la diócesis, pero no se encontró el panel del retablo. La investigación duró hasta 1937. Investigaciones posteriores sugieren que Goedertier puede no haber sido el ladrón. El caso es que nadie ha encontrado aún Los jueces justos. La iglesia de San Bavón encargó e instaló una réplica del panel en 1945.

  • Robo por banda armada

Natividad con San Francisco y San Lorenzo de Caravaggio.

https://www.factum-arte.com/pag/1182/la-natividad-con-san-francisco-y-san-lorenzo

Esta obra de Caravaggio fue robada en 1969. La obra se encontraba colgada en el oratorio de San Lorenzo en Palermo (Sicilia). Existen varias teorías sobre lo que le sucedió a esta pintura. El belén de Caravaggio ha sido considerado como una de las pinturas robadas más notorias en la historia del mundo del arte. La obra maestra no se ha visto desde que fue levantada de su capilla en Palermo; todas las evidencias indican que la mafia siciliana pudo haber jugado un papel destacado en su desaparición.

Las esperanzas de resolver uno de los peores crímenes artísticos de la historia se reavivaron en los años 90 del siglo XX después de que los investigadores italianos anunciaron que habían recibido nueva información.

En 1996, un informante de la mafia testificó que él y varios otros hombres habían robado la pintura a un comprador privado; la destruyeron accidentalmente mientras cortaban el lienzo de su marco. Más de una década más tarde, otro ex mafioso afirmó que la pintura había sido escondida en un granero para su custodia, pero que las ratas y los cerdos la dañaron irreparablemente antes de quemarla. El destino de la natividad sigue siendo un misterio.

  • Museo desvalijado con prisas y mucha ignorancia.

También se ha achacado a la mafia el robo perpetrado en el Museo Gadner de Boston (https://www.gardnermuseum.org/ ), el 18 de marzo de 1990. Dos hombres vestidos de policías entraron y salieron del museo como Pedro por su casa, llevándose por el camino unos 500 millones de dólares en tesoros artísticos. 13 obras perdidas en uno se los mayores, si no el mayor, robo de arte de la historia, entre ellas un raro Vermeer y tres valiosos Rembrandts. Sin embargo, lo sorprendente del caso, es que perdieron un hermoso tiempo en hacerse con un anodino jarrón de metal chino, o en otras baratijas, de escaso o nulo valor, olvidándose en cambio de valiosos cuadros de mucho más fácil acceso.

En la fecha de escribir esta entrada no se sabe nada de las obras robadas.

Vandalismo por Fanatismo.

Si hemos empezado por los robos, seguimos por fanáticos de diversa índole.

  • Atentados atribuidos a un perturbado mental.

Por ejemplo, un perturbado mental (Laszlo Todt, de nacionalidad húngara, pero afincado en Australia),  creyéndose Jesucristo, atentó contra la Piedad de Miguel Ángel (https://www.visitarelvaticano.com/que-ver/la-piedad-de-miguel-angel/ ) el 21 de mayo de 1972. Se alzó sobre la escultura martillo en mano y originó una serie de desperfectos, fundamentalmente, en la figura de la Virgen (párpado izquierdo, nariz rota y rotura de varios dedos de su mano izquierda).

La figura fue restaurada y como consecuencia de aquel atentado se blindó su exhibición por medio de una pantalla de cristal que la protege en la actualidad de actos vandálicos.

  • Fanatismo religioso.

De esto hay una amplia experiencia, desde el fraile Savonarola que ordenó a sus seguidores la destrucción de todos los objetos artísticos en la muy culta Florencia del siglo XV, a los que quieren destruir la Cruz del Valle de los caídos. Por todos, hablaremos de los Budas de Bamiyan, destruidos en 2001. https://www.gettyimages.es/fotos/bamiyan-buddha

Los budas, que databan del siglo VI, fueron destruidos por los talibanes afganos. Las tallas de 41 y 53 metros de altura fueron originalmente creadas directamente de un acantilado de piedra arenisca, y sirvieron como el monumento más espectacular de Bamiyan durante un tiempo en que la ciudad floreció como un centro comercial de la Ruta de la Seda.

Se sabe poco sobre quién encargó tallar los budas. Sin embargo, su propia existencia apunta a la importancia de la fe budista y el valle de Bamiyan durante el siglo VI.

La destrucción, en 2001, en Bamiyan ,ha sido el ataque más espectacular contra el patrimonio histórico y cultural de Afganistán. También su destrucción es única por la movilización mundial que despertó, aunque, por desgracia, no es el único daño infligido a los restos arqueológicos de ese país.

Habían resistido, durante más de una docena de siglos, varios ataques de emperadores musulmanes e incluso una invasión de Genghis Kahn, para finalmente caer derrotados por los talibanes y sus aliados de Al Qaeda tras calificarlos de «idólatras». Varios grupos armados dispararon contra las estatuas con armas antiaéreas antes de hacerlas explotar con dinamita.

La destrucción de los Budas se condenó como un crimen contra la cultura. Sin embargo, aunque los Budas se perdieron, alguna persona sensible logró salvar una serie de dibujos y textos escondiéndolos en cuevas, que la casualidad quiso fueran tapadas por los escombros de las piedras de las esculturas destruidas. En 2008 los arqueólogos desenterraron una tercera estatua de Buda, previamente no descubierta, cerca de las ruinas. No sabemos que ha sido de ella tras la marcha de los norteamericanos.

  • Vandalismo reivindicativo.

Son varios los ejemplos. Uno de los más conocidos es el acontecido en 1914, cuando una sufragista atacó con un hacha el cuadro de Velázquez, La Venus del espejo (https://historia-arte.com/obras/venus-del-espejo ), expuesto en la National Gallery de Londres. Su bárbara acción fue una protesta por la detención de la fundadora del movimiento sufragista, que se había declarado en huelga de hambre en la prisión. El móvil, pues, era político, pero la autora del atentado declaró haber comprobado que los hombres miraban la pintura lascivamente. Un disparate.

De igual modo son auténticos disparates los realizados por los llamados activistas climáticos, cuya mayor incidencia se dio en 2022. Así, ecologistas de grupos como Just Stop Oil y Extinction Rebellion han estado utilizando tarta, sopa, pintura y pegamento para captar la atención de los visitantes de los museos, marcando el cristal que protege las obras de arte y adhiriéndose al marco o a la pared que las rodea. Según ellos, su mensaje es bien sencillo: no hay arte en un planeta muerto. Añadiría yo que tampoco el mundo mejora tirando pintura o pegamento. Ambos, por cierto, productos, que no sé si afectan al clima, pero que tienen componentes químicos que afectan a la salud de muchas personas. Ejemplos de este fanatismo han sido:

  • En noviembre de 2022, atentaron contra un coche customizado de Andy Warhol que se expone en Milán.
  • También en noviembre de 2022, dos activistas medioambientales lanzaron sopa de tomate contra Los Girasoles de Van Gogh y se pegaron a la pared en la National Gallery de Londres. Las autoras del crimen artístico señalaron que habían pasado toda la noche en el baño de su casa ensayando el disparo.
  • Igualmente, en noviembre de 2022, dos activistas de la asociación ambiental Futuro Vegetal pegaron sus manos a los marcos de los cuadros de La maja desnuda y de La maja vestida de Francisco de Goya expuestos en el Museo Nacional del Prado. Asimismo, en el muro donde están colgadas dichas pinturas, escribieron el mensaje “+1,5º” para “alertar sobre la subida de temperatura mundial que provocará un clima inestable.

Especial atención, por último, merece la sopa que otros activistas derramaron sobre la obra de La Gioconda en el Museo del Louvre. Y no por la sopa en sí, sino por la cantidad de atentados que ha sufrido esta obra. https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2024-01-28/nuevo-ataque-gioconda-mona-lisa-louvre-sopa_3819449/

“La obra más famosa de Leonardo da Vinci colecciona agresiones: en 1956 un hombre con problemas mentales lanzó una piedra contra el cuadro que rompió el cristal de protección de la obra y provocó el desprendimiento de la capa pictórica a la altura del codo izquierdo de la Monna Lisa. Esos daños, pese a la restauración, aún son visibles.

Se instaló entonces el cristal antibalas que hizo posible que la pintura no sufriera daños en otro ataque, esta vez con pintura, lanzado en 1974 por una mujer cuando el cuadro se encontraba en una exhibición en el Museo Nacional de Tokio (Japón). La agresora protestaba contra la política del museo, que dificultaba el acceso al mismo a las personas discapacitadas.

Se decidió entonces que La Gioconda no saldría del Louvre, pero ello no impidió que en 2009 una mujer de nacionalidad rusa lanzara contra el cuadro la taza que acababa de comprar en la tienda del museo en protesta por que le habían denegado la ciudadanía francesa. El lienzo no sufrió daños.”[1]

  • Vandalismo político.

No voy a hacer referencia a la cantidad de estatuas, sobre todo ecuestres, derribadas en España- de todos conocidas- o atentados diversos a monumentos de los unos contra los otros. Pero sí podemos hacer referencia a los atentados contra esculturas por los movimientos racistas, norteamericanos, como la estatua ecuestre del presidente Andrew Jackson,  presidente de Estados Unidos entre 1829 y 1837. No ha sido el único.

Manifestantes supuestamente antirracistas, derribaron varias estatuas del sacerdote español Junípero Serra, que lo único que hizo fue crear misiones evangelizadoras y educativas; o de Cristóbal Colón, sin el cual ya me dirán como iban a derribar estatua alguna en el nuevo mundo, o ¡de Cervantes! Pero también derribaron estatuas de héroes confederados. Figuras como George Washington, Ulises S. Grant o Winston Churchill sufrieron atentados en los monumentos que los recuerdan.

Ahora las calles o los monumentos o las instituciones se convierten en el escenario de lo que ahora llamaríamos “una guerra por el relato”.

En esa guerra por el relato este verano hemos visto en España otro atentado más. La eliminación de las pinturas del Palacio de la Generalidad de Cataluña.

La situación culminada este verano viene de lejos; en 2019, el entonces presidente de la Generalidad, Joaquín Torra, anunció la retirada de las Pinturas de la Historia de España que decoraban el salón San Jordi de Palacio de la Generalidad. Se trataba de pinturas realizadas entre 1926 y 1927, según el ex presidente Aragonés “Un acto de justicia y de dignidad: gracias por devolver la luz”. No sabemos a qué luz se refiere, yo le veo bastante ciego.

Eran 24 pinturas de gran formato ubicadas en las paredes laterales, y 45 obras de formato inferior ubicadas en los arcos del techo del palacio de la Generalidad que suponían un total de 860 metros cuadrados de pintura. El proyecto se justificó en la recuperación de la arquitectura de Pere Blai y su estado renacentista original, tanto en la forma como en los materiales, por lo que una vez retiradas las pinturas de 1926 y 1927 se han priorizado las labores de limpieza, consolidación y recuperación del estuco original renacentista y la restauración de la policromía renacentista.

La pura verdad, es que la arquitectura renacentista estaba en perfecto estado y las pinturas no maltrataban la arquitectura del edificio y que, como señalaron en su día los nacionalistas, la decisión de retirar los murales emana del acuerdo de una comisión presidida en 2019 por Torra y respondía a cuestiones ideológicas.

Según la Generalidad, se ha previsto la conservación de los murales en unos cilindros especiales hechos a medida y, a medio-largo plazo, estudiarán un plan de restauración de las pinturas para que puedan cederse a los museos e instituciones que estén interesados. A medio-largo plazo, a saber cómo están  las pinturas.

BIBLIOGRAFÍA

GAMBONI, Darío.- “La destrucción del arte: Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa (Arte Grandes temas)”. Ed Cátedra 2014.

MARTÍN GONZÁLEZ, J.J..- “Historia del Arte”. Ed. Gredos. 1990

Diversos artículos de prensa.

[1] La Vanguardia: https://www.lavanguardia.com/internacional/20240128/9507703/activistas-climaticos-arrojan-sopa-sobre-cuadro-mona-lisa-museo-louvre.html

EL ORIGEN DE ESPAÑA COMO ORGANIZACIÓN ESTATAL Y NACIONAL.

Cuando hablamos de España hacemos referencia a muchas cosas al mismo tiempo: nación, país, estado…Términos que en ocasiones se confunden entre sí. Normalmente, tales conceptos están íntimamente unidos, pero no significan los mismo. El país hace referencia a un término geográfico, unas fronteras, incluso un gobierno. El estado se origina por las instituciones político-jurídicas que determinan la organización interna y el orden normativo de la sociedad que, por compartir determinados rasgos culturales e históricos, conforma una nación, soberanamente separada de otras comunidades que representan o se organizan de manera diferente.

A esta definición se puede oponer muchos matices de todo orden, jurídicos, políticos o filosóficos, pero no nos corresponde esa discusión político-jurídico-filosófica, sino que lo que pretendemos en hacer notar aquellos hitos que marcan el “nacimiento” de España como Ser histórico y jurídico-soberano. Estos elementos no tienen por qué darse de manera sucesiva, al contrario, a veces se entremezclan e incluso, en muchos casos no es la nación la que crea el Estado, sino que de una cierta unidad estatal nace la conciencia de nación. España es un ejemplo de ello.

En esa visión histórica nos encontramos con varios momentos esenciales que la historiografía identifica con ese nacimiento de España, dentro de cierta disparidad de criterios:

  • Los que parten de la Hispania romana, pero sobre todo del Estado visigodo, cuya reconquista permite concretar el nacimiento de España. Claudio Sánchez Albornoz estaría en este grupo.
  • Aquellos que identifican el nacimiento de España con Alfonso X el Sabio, al asentar y unificar el Rey sabio la organización jurídica de España. Por ello, sitúan, en el Siglo XIII ese nacimiento. Pedro de Insua , entre otros. Para estos autores la formación estatal de los Reyes Católicos sería una continuación de la expresada por el rey Sabio.
  • Los que fechan el nacimiento de España, precisamente en la unidad creada por los Reyes Católicos, en el Siglo XV, poco antes que el resto de los Estado-Nación europeos.
  • Por último, existe un grupo que no conceden ese nacimiento hasta la manifestación de la soberanía popular en el alzamiento contra el francés en 1808, remarcado por la Constitución de Cádiz de 1812.

Veamos las razones expuestas por cada uno:

  • Desde los visigodos.

Aunque los romanos fueron los primeros que utilizaron el término fenicio “i-spn-ya” traducido como Hispania para referirse a todo el territorio de la península ibérica, para los romanos aquella referencia geográfica, ni tenía una unidad étnica, ni religiosa, ni una organización significativa más allá de la marcada por ser una provincia romana.

La generalización del término Hispania o España referida exclusivamente a la Península Ibérica se lo debemos a los visigodos. Y con ellos, el nombre pasó de ser una mera expresión lingüística,  a convertirse en una formulación política consecuencia de la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana, a la que los godos, inicialmente, quedaron incorporados, y cuya confluencia con una creencia religiosa cristiana como elemento de unidad y distinción, dispuso el nacimiento estatal de España.  El Rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del S. VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. San Isidoro narra la búsqueda de la unidad peninsular, finalmente culminada en el reinado de Suintila en la primera mitad del S. VII y se habla de la madre España. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de “Totius Spaniae”. El texto de San Isidoro de Sevilla se convirtió en lectura obligatoria para todos los príncipes cristianos que habitaron la Península y esa idea de una única entidad “hispana” pervivió en el imaginario de los escasos núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Después de la batalla de Guadalete, en el 711, el Reino Visigodo desaparece, pero sus leyes y elementos básicos perviven en pequeños reductos liderados por nobles norteños. Aquellos núcleos cristianos mantenían su organización en torno a la figura del rey y de la fe de sus mayores. Es verdad que, ese sistema estructural e identitario se conserva de una manera muy deslavazada al principio con Pelayo, siendo elevada a categoría por los sucesivos reyes astures. Especialmente por Alfonso I al que las crónicas posteriores denominan el católico y Alfonso II, el casto, que aparece como primer Rey de España. Aquellos reyes fueron expandiendo su territorio por toda la cornisa Cantábrica, desde Galicia hasta los Pirineos (con Ramiro I y Ordoño I). Alfonso III, el magno, uno de los más brillantes reyes de la Historia de España, extiende su reino hasta Zamora. En esa expansión implantó también la Ley común a todo el reino que no era otra que la legislación romana-visigoda, la Lex Visogothorum, futuro, Fuero Juzgo, que Alfonso II había hecho aplicar, reconociendo así su relación inmediata con aquel Estado visigodo.

No fue el único rasgo de enlace con los visigodos, la idea imperial no se olvida. Aquella posición del imperio romano asumida como herencia por los visigodos, se manifiesta ya en Alfonso III (último rey asturiano con capital en Oviedo) al que debemos una más recia idea de España, la idea imperial y la mejor crónica histórica de aquella época que permitió forjar, entender y desarrollar España.

Cuando cae el estado visigodo, otros en Europa intentan levantar la idea imperial, especialmente Carlomagno y tras él diversas familias dirigentes alemanas. En el fondo toda la Europa cristiana está intentando rememorar el imperio romano, aunque nadie duda que la primera asunción de tal condición fue la del reino visigodo de Toledo.

Con Alfonso III reivindicando el antiguo imperio visigodo, la ley visigoda aplicada por Alfonso II, la cristiandad como medio de unificación y orden, la Corona como instrumento de homogeneidad y argamasa de un Estado y una nación que tendía a la universalidad ejemplarizada por el camino de Santiago y el recuerdo romano, no podemos negar que ya existía Estado y Nación por incipiente que fuera. De hecho, cuando la historiografía siglos después define aquella gesta como Reconquista, no usa el término de manera baladí, si se “re-conquista” algo es que ese algo existía, aunque se hubiera perdido. De hecho, la Crónica de Alfonso III, el magno, realiza una exaltación de la intervención goda en el origen del reino de Asturias. Es decir, herederos del primer Estado español y primera concepción nacional de España

Todo esto ya lo explicamos aquí, con detalle, y a ello me remito y recomiendo como lectura antes de continuar con esta entrada:

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/

No debemos olvidar por otro lado, que la idea de unidad de toda España no sólo se dio entre los Reyes astur-leoneses, sino también en los aragoneses o en los navarros; por ejemplo, en el Siglo XI la concibió Alfonso I de Aragón por su matrimonio con Urraca de León o Sancho III el Mayor, Rey de Navarra, ya en el siglo XI reunió bajo su trono una parte sustancial de la España cristiana. Sin embargo, al igual que otros reyes medievales hispanos y por causa de una tradicional visión patrimonialista de la Monarquía, dispuso que se dividieran sus dominios tras su fallecimiento. El Rey de León Alfonso IX se adelantó a su tiempo convocando en 1188 las primeras Cortes de la historia europea con participación ciudadana, noble y eclesiástica. Fernando III el Santo unificó definitivamente los Reinos de Castilla y de León dando un impulso irreversible a la Reconquista.

  • Los que consideran que España nace en el Siglo XIII.

La concepción de estos autores parte de considerar que la caída del reino visigodo en el 711 es total. El Estado visigodo desaparece, sus instituciones decaen y lo que surge después es completamente diferente. Además, consideran que aquel era el estado de la Nación goda, no de la española. Sin embargo, San Isidoro de Sevilla había hablado de España y España en sus comienzos, como todas las naciones del mundo, es un conglomerado de orígenes: romanos, griegos, fenicios, godos, vascones, celtas, vándalos, suevos, íberos…

Ya hemos visto como, sin mantener todas las instituciones visigodas, su ley, su concepto de cristiandad y de unidad bajo la monarquía- una monarquía no electiva, sin officium Palatinum, pero monarquía la fin-, permanece en la organización de los núcleos cristianos por pequeños que fueran.

Estos autores señalaban que fue Alfonso X el sabio el que culmina esa idea de organización, y lo fundamentan en los siguientes hechos:

  1. El Rey sabio fomenta y él mismo escribe y habla en un castellano que nos es perfectamente entendible. El castellano se consagra como lengua oficial frente al reino astur-leonés en el que los extremos del mismo ( Galicia y las zonas montañosas de los Pirineos occidentales hablan otras lenguas: en Galicia, el gallego; en las zonas pirenaicas, hablan diferentes dialectos según los valles) y la lengua oficial seguía siendo el latín. Alfonso X escribe crónicas en gallego como algo propio de su reino, aunque, ciertamente, la utilice, como lengua poética no oficial.
  2. Hasta Alfonso X la conquista territorial y la repoblación de los territorios conquistados a los musulmanes se hacía normalmente por la propia población de la zona que, a base de privilegios concedidos por los reyes, iba asentándose en las diversas “extremaduras”, zonas fronterizas que se componían a cada avance. Con Alfonso X, tras la toma de Sevilla ( 23 de noviembre de 1248), la repoblación no se hace sólo con castellanos, sino que en ella participan aragoneses y navarros, entre otras razones por la relación de parentesco -Alfonso estaba casado con la hija del Rey de Aragón- y confianza- aunque con tiranteces- que tenía Alfonso con Jaime I de Aragón ( Jaime, el Conquistador). No es menos cierto que esa relación de cooperación no sólo de conquista tiene un hito previo muy destacable en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 cuando los reyes cristianos se unen contra los musulmanes bajo la petición de Alfonso VIII de Castilla. También es verdad que esa forma de repoblación mucho más integrada por personas procedentes de todos los reinos de España se da también en la conquista de Murcia. Tanto es así, que la tesis sostenida por estos autores es que la toma de Granada no supone algo nuevo en este sentido sino una reproducción de lo realizado en Sevilla y Murcia.
  3. Lo que es innegable es que Alfonso X organizó el Estado de manera muy moderna, adelantada a su tiempo. Así en política económica refuerza la Hacienda Real, establece ferias y mercados, adopta medidas contra la inflación monetaria, impulsa la unidad de aduanas, pesos y medidas y crea el “Honrado Concejo de la Mesta” (1273). En el aspecto organizativo interno moderniza las instituciones y la Administración del Reino, convoca Cortes de manera regular y aplica el derecho, las partidas, con una concepción nueva (como veremos en un momento, al estar íntimamente relacionado con su idea imperial). En las cuestiones defensivas, también innova y así refuerza la defensa de su Estado;  para ello cuida de la milicia, con un criterio que anticipa a los Maquiavelo, con un ejército profesional para que su quehacer fuera exclusivamente militar. En su idea de defensa de la cristiandad, pero con una concepción de defensa de lo conquistado, de defensa nacional, de defensa de las zonas cristianas de la antigua Mauritania romana, invadida por los musulmanes, en el “fecho de África”. Contuvo la revuelta de los mudéjares, aunque los benimerines hicieron mucho daño en tierras ya conquistadas y el reino nazarí se consolidó para mucho tiempo. Pero está concepción de defensa de fronteras es algo muy moderno para la época.
  4. Quizá el acontecimiento político más destacable de Alfonso fue su idea imperial. Alfonso X era hijo de Fernando III el santo, y de la princesa alemana Beatriz de Suabia, nieta del emperador Federico I Barbarroja. Alfonso X fue, en el transcurso de su reinado, uno de los candidatos al Imperio Germánico. El “fecho del Imperio” ocupó y preocupó al Rey Sabio durante casi veinte años, sin obtener el éxito. Pretendía Alfonso, cómo no, ganar la gloria inherente al más alto título imperial, pero también reforzar su primacía sobre la España de los “cinco reinos” que decía Menéndez Pidal y acaso reforzar sus proyectos sobre la Reconquista. Tampoco la pretensión de ser un genuino Imperator Hispaniae era tarea sencilla, incluso renunciando al título de origen leonés (la idea imperial astur, se agota con Alfonso VII, pero el ideal de universalidad permanece): conflictos con Portugal, a propósito del Algarve; otros tantos con Navarra, aunque Teobaldo II fue muy favorable a su causa; más recelos que confianza con Aragón, que también tenía una idea imperial pero ceñida al Mediterráneo; nobleza levantisca, siempre dispuesta a buscar pretextos para la rebelión… Pero lo principal para Alfonso, lo que le diferencia de otros, era la idea de Roma concebida como caput mundi. El sumun al que se podía aspirar. Alfonso contempla la idea de Imperio desde una perspectiva universal, lo que sitúa al Rey Alfonso como adelantado a su tiempo en casi un siglo.

La Monarquía nacionalizada (apelación a los visigodos, idea de Reconquista) se sustenta sobre planteamientos muy diferentes, a decir de estos autores. Y siendo cierto, no es menos cierto que Alfonso X no hubiera llegado a donde llegó sin los reyes asures de los que es sucesor y continuador hasta que impone un sistema organizativo más moderno. Con el Rey Sabio llega el Derecho romano como fundamento de la unidad jurídica del poder y la ley escrita como fiel reflejo del espíritu bajomedieval, orientado ya hacia la moderna teoría del Estado: el Rey no se limita a preservar el Derecho viejo, sino que aspira a crearlo porque “las leyes hechas de nuevo valen tanto como las primeras o más” ( Partidas I, 1, 19). Apunta así hacia la soberanía en su concepción más moderna, casi anticipándose a Bodino (ideólogo del concepto de Estado moderno). Sin embargo, como señala José Antonio Maravall, la idea imperial del Rey Alfonso se sitúa de manera más cercana —a su juicio— a la tradición española que al modelo centroeuropeo y ello porque configura el Poder en el Territorio y lo ejerce directamente sobre el Pueblo, los tres elementos clásicos del Estado como forma política. El Emperador romano-germánico no gobierna directamente sobre los súbditos, sino sobre monarcas y ciudades a él sometidos por vínculos (casi) feudales. Alfonso asume el poder sobre su territorio y población con la natural condición de imperator in regno suo al modo del auténtico Emperador de Roma y aplicando una ley políticamente absolutista, al ser el rey vicario de Dios en la Tierra. Por eso, le importa esencialmente ganar ámbitos de poder respecto de los nobles, dejar de ser un Primus inter pares para ser soberano, por eso procuró extender el Fuero Real como una suerte de ley común de régimen local en contra del “fuero bueno”, excelente pretexto para guardar privilegios, buscando aliados entre las oligarquías urbanas, no siempre leales ni agradecidas. Con buen sentido histórico, Alfonso percibió muy pronto que el verdadero enemigo del Rey/Estado no eran los declinantes poderes universales sino los pujantes poderes territoriales. De ahí que a su sucesión se revolvieran contra su criterio clérigos, burgueses y nobles que apoyaron a su hijo Sancho frente a los herederos de Fernando de la Cerda, que eran los favoritos reales. [1]

Alfonso sentó los “cimientos del Estado moderno”.  O como señala Maravall supuso el paso de la concepción feudal a la concepción corporativa de la organización del reino (…) y que supuso una verdadera transformación de conceptos básicos del pensamiento histórico y de la cultura. Entre ellos, los de territorio, pueblo, poder político, “naturaleza” (hoy diríamos nacionalidad) y derecho. En definitiva, de todos aquéllos susceptibles de ser articulados en una doctrina sistemática del orden político.

  • Los que sitúan en nacimiento de España con los Reyes Católicos.

Con los Reyes Católicos se produce un cambio sustancial de la visión de España, con ellos España volvió a formar una unidad política, y las estructuras estatales cambian radicalmente.

El matrimonio de Isabel y Fernando marca el inicio de un poder único sobre dos coronas distintas. Parten de dos situaciones calamitosas, Castilla desgastada por la guerra de sucesión a la corona que gana Isabel y Aragón arruinada económicamente. Ambos monarcas buscan reforzar el poder real a fin de superar la ruina existente, para eso buscan no era mera unidad dinástica sino un proyecto de unificación y centralización.

Como testigo de ello crean un sello, un lema y un escudo común con el Águila de San Juan como centro. Para lograrlo dotan al Estado de una serie de instituciones nuevas para mejorar la administración del reino de la manera más eficaz, no como mero pacto entre el rey y los nobles, clero o burgueses. La labor legislativa pasa a los monarcas y las Cortes, aunque se siguen reuniendo, dejan de ser un órgano de presión de la nobleza sobre la corona.

El brazo ejecutivo del reino se basa en instituciones diversas, pero bien coordinadas entre las que destaca el Consejo de Castilla dotándolo de eficacia política en detrimento del poder de los estamentos. Un consejero se ocupará de la gestión ordinaria del reino, una especie de primer ministro, otro se ocupa de la Administración de Justicia ( se crea un órgano judicial, la Audiencia), otro de Hacienda ( logra una simplificación de los impuestos). Para garantizar la seguridad de los campos se crea la Santa Hermandad, naciendo así una fuerza policial propia de la Corona, y esencial para acabar con el bandolerismo y fomentar el comercio.

Cierto es que los asuntos territoriales se dejan en manos de consejos de Castilla, Aragón, después Navarra… y más tarde Indias). Se suprimieron instituciones de carácter feudal como las “remensas” catalanas. El control local se logra con el corregidor, figura castellana que se extiende a Aragón. A su vez, con la conquista de Europa y América se extiende la figura del Virrey que era una institución aragonesa que se traslada a las provincias exteriores de la corona para ejercer la administración y gobierno en nombre del Rey.

Se logra la Unidad territorial con la toma de Granada, a la que se unirán Navarra y posteriormente, Melilla, Ceuta y las Canarias. Ceuta y Melilla en la concepción cristiana que ya tubo Alfonso X en el “fecho de África”.

Además, en una clara concepción de poder moderno, firmaron una serie de alianzas internacionales con Inglaterra y con el Imperio germánico a través de los matrimonios de sus hijos con la finalidad de defender nuestras fronteras frente a los vecinos ( sobre todo Francia). Fronteras españolas que también incluían los territorios italianos de la antigua corona de Aragón.

Todo esto bajo la dirección brillante de los reyes, sobre todo de un astuto Fernando, alabado por Maquiavelo en El Príncipe. Sin olvidar otros aspectos avanzados a su tiempo, como la defensa de los derechos humanos desde la posición más profundamente cristiana, en España y en América. En este último caso, abogando por los nativos frente a los abusos: leyes de Burgos.

Política que será insignia de los monarcas españoles posteriores.

Además de lo expuesto, cabe recordar que la Gramática de Nebrija se presentó con aprobación real en agosto de 1492. Siendo la primera gramática de la lengua castellana. Lo que contribuyó y no poco a la Unidad de España, peninsular y de ultramar.

También en 1492, además de la brillante toma de Granada, se produjeron dos acontecimientos que marcarán nuestros fantasmas futuros: la expulsión de los judíos y la creación de la Inquisición.

Nadie duda de que con los Reyes Católicos se establece España como Estado definitivo, moderno, al modo que lo harán poco después Francia, Inglaterra y otros, y convirtieron a España en un auténtico imperio y en un coloso mundial.

  • Los que sitúan el nacimiento de España en 1808.

Los que así conciben la Nación, no dejan de reconocer que el Estado es anterior, sin embargo, marcan la diferencia en el levantamiento de 1808 frente al francés y, sobre todo, mascado por la manifestación escrita en la constitución de 1812 de la Soberanía nacional.

En el fondo muchos intelectuales de los reunidos en Cádiz en 1812 creían identificar a la nación española no sólo en sus lecturas foráneas nacidas de la ilustración sino en la actitud de los españoles que se levantaron en 1808 frente a los invasores.

Los que hoy en día marcan ese acontecimiento como el nacimiento de la Nación, supeditan el concepto a la identificación de Estado y Nación con una visión actual, ahistórica o con un sentido histórico muy limitado y un cierto patriotismo constitucional.

Si dijéramos a los franceses que, con el Rey Sol, Luis XIV, por ejemplo, no había Estado, no había Nación, que la nación francesa no existió hasta la toma de la Bastilla en 1789 o en la primera constitución de 1791, que ya consagra los derechos del hombre y del ciudadano, se reirían en nuestra cara.

Sinceramente, creo que esta posición no se sostiene ni histórica ni políticamente, salvo que queramos explicar cuando nace nuestro Estado constitucional, de aplicación contemporánea. Pero ceñir la Historia del Mundo a la edad contemporánea es restringirla demasiado.

España es desde su primera concepción hasta la actualidad. Cada paso concreta la España que fuimos, somos y seremos. Cercenar algún episodio, es cercenar el todo.

BIBLIOGRAFÍA

  • DE INSUA, Pedro. “1492. España ante sus fantasmas”. Ed Ariel.2018.
  • DE INSUA, Pedro .- Conferencia en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Oviedo, fundación Gustavo Bueno. “ Alfonso X y el origen de la nación española.

https://www.youtube.com/watch?v=0fXWWVbeT1U

  • ESPARZA, José Javier.- “ Te voy a contar tu historia. La gran epopeya de España”. Ed la esfera de los libros. 2023
  • GARCÍA MORENO Luis A.” Historia de España Visigoda”. Ed.Cátedra, 1989.
  • MARAVALL, José Antonio.- “Del régimen feudal al régimen corporativo en el pensamiento de Alfonso X”. en la recopilación de Estudios de la Historia del pensamiento español.1973
  • PENDÁS GARCÍA, Benigno.- EL FECHO DEL IMPERIO (REFLEXIONES SOBRE EL CENTENARIO DE ALFONSO EL SABIO) 2020 :

https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594

  • SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio. “Estudios visigodos”. Ed. Istituto Storico Italiano per il Medio Evo, 1971.

[1]Benigno Pendás García https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594

CURIOSIDADES DE LA HISTORIA 3: Poder y esoterismo

Hacía mucho que no indagaba por las curiosidades de la Historia, siempre tan divertidas.

Recordamos las dos anteriores:

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/20/curiosidades-de-la-historia/

https://algodehistoria.home.blog/2020/05/08/curiosidades-de-la-historia-2-entre-cuentos-y-leyendas/

La idea para esta entrada de hoy proviene de mi amiga Carmen. Carmen oyó el mensaje de Pedro Sánchez tras la considerable derrota en las elecciones municipales y autonómicas del pasado 28 de mayo, cuando dijo:” [el resultado electoral desvela] un mensaje que va más allá”. Ante ese más allá, me sugirió hablar de los dirigentes que creen en la astronomía, pero he preferido retorcer un poco el argumento y llevar el tema por la brujería, la nigromancia, la magia o el esoterismo. Me acordé de la opinión del gran antropólogo vasco Julio Caro Baroja: «Se pueden encontrar grandes semejanzas entre la bruja antigua y el político moderno, sea cual sea su filiación y el origen de su poder. Al uno como a la otra se le atribuyen facultades muy superiores a las que realmente tienen, son igualmente buscados en momentos de ilusión, defraudan en modo paralelo y en última instancia los males de la sociedad se les atribuye en bloque… Cuando son derrotados sufren procesos sensacionales en que magistrados austeros y testigos inocentes ponen de manifiesto todas sus culpas. Si hoy existiera pena de hoguera, los políticos serían los más sujetos»

Hoy no vamos a quemar a nadie, pero sí reírnos un poco de sus cuitas y la forma de solventarlas.

Estrabón habló de la nigromancia como la forma principal de adivinación entre los pueblos de Persia y se cree que estuvo también muy extendida entre los caldeos, en Etruria y en Babilonia.

Fue en Egipto, con su sistema religioso complejo y bastante místico, donde surgió uno de los primeros libros sobre nigromancia. Se llamaba “El Libro de los Muertos del Antiguo Egipto.

En las artes adivinatorias, famosos eran los arúspices, sacerdotes que en la Roma de los césares abrían las entrañas a los animales para leer en ellas sus presagios. No había batalla en la época clásica que no contara previamente con un vaticinio y si la iniciaba Roma, el vaticinio debía ser favorable. Sin embargo, en el imperio ya empezaba a percibirse a los arúspices como charlatanes y en la época republicana tardía, Catón decía que “dos arúspices no podían mirarse sin reírse”.

En la Edad Media, se produce una simbiosis entre ciencia y magia. En la primera incluiremos a los astrónomos. La astronomía en sus comienzos aspiraba a explicar el proceder del mundo, pero siempre tuvo más de ciencia que de magia. Es famoso el amor al estudio de las estrellas de Alfonso X el sabio, y también que muchos sabios en su afán de saber y conocer trascendían la ciencia para caer en la magia. Numerosas fuentes asignan a la antigua ciudad de Toledo un papel muy importante en el estudio y desarrollo de las artes mágicas. La presencia de “las tres culturas” impregnó a la ciudad de un espíritu científico único, junto con él se desarrollaron otros aspectos mucho más heterodoxos. La magia y la pretensión de contactar con el más allá a través de la magia era muy habitual entre los judíos.

Superada la Edad Media, ese afán de estudio y saber siguió dando lugar a formulaciones mágicas, que fueron la atracción de los poderosos del momento. Famoso, en este sentido, es el inglés John Dee, que fue consejero de las reinas María Tudor e Isabel I y que posteriormente recaló en la corte de Rodolfo II de Habsburgo. Matemático, astrólogo, ocultista… El polifacético John Dee se hizo famoso como sabio en la sociedad inglesa del siglo XVI y, sobre todo, en la corte de la reina Isabel I. Dee era un apasionado de las ciencias ocultas y su enorme afán por adquirir conocimientos lo convirtió en el orgulloso propietario de una de las bibliotecas más extensas y bien surtidas de Inglaterra, que fue visitada por estudiosos de todo el mundo. Cayó en desgracia en la Corte de María Tudor y fue acusado de brujería. Pero resultó absuelto. Volvió al favor real cuando Isabel I alcanzó la Corona inglesa en 1558. Dee se convirtió entonces en asesor astrológico real y la soberana le consultaba previamente a cualquier decisión importante, por ejemplo, le encomendó escoger la fecha más adecuada para llevar a cabo su coronación.  Según se cuenta, debido a sus indudables conocimientos meteorológicos, fue capaz de informar a la armada inglesa de cuál era el mejor momento para atacar a la armada española en 1588, debido a la tormenta que se avecinaba con la que derrotaron a la Armada Invencible. También fue espía. Durante sus misiones de espionaje, Dee creó una firma específica para dirigirse a la monarca:007. Los dos círculos simbolizaban los ojos de la soberana (solo para sus ojos) y el 7 era el número cabalístico de la suerte de John Dee (quinientos años más tarde, la firma secreta de Dee sería adoptada por el escritor británico Ian Fleming para crear el nombre en clave del más famoso agente secreto de todos los tiempos: James Bond). 

Dee escribió Monas Hieroglyphica, una de las obras más importantes de la corriente mágico-hermética europea del siglo XVI. 

Este gusto por el ocultismo era, como decimos, una corriente del siglo XVI, aunque, quizá también entre cuñados andaba el juego, y así, nuestro Felipe II al igual que Isabel I de Inglaterra, tenía afición por el oscurantismo. Nuestro gran monarca se formó en filosofía, arquitectura y bellas artes. Pero también sentía una profunda atracción por saberes más herméticos como la mitología, la alquimia y el ocultismo. Entre 1563 y 1584 mandó construir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un palacio cargado de simbología esotérica inspirado en el bíblico Templo de Salomón. La elección del lugar no fue casual, pues se erigió precisamente en este enclave de la Sierra de Guadarrama para sellar una mina que en aquella época se consideraba una “boca del infierno” y evitar así que los demonios salieran. Uno de los mayores atractivos de El Escorial es sin duda su extraordinaria biblioteca, entre cuyos volúmenes podemos encontrar numerosos tratados e incunables sobre magia, astrología, nigromancia y alquimia. Esta última era el arma secreta del, en otras cosas, racional y prudente rey Felipe. En una de las torres del monasterio ocultó un laboratorio y contrató a los mejores alquimistas del Renacimiento para tratar de fabricar la Piedra filosofal, una sustancia fantástica que podría convertir cualquier metal no preciso en oro. Desgraciadamente para España y sus fianzas no lo logró.

Pero el ocultismo tiene otras manifestaciones, así las sociedades secretas han jugado un importante papel en la Historia política del Mundo. Ya a finales del Siglo XVI – ¡qué siglo aquel para el esoterismo!- nace en Escocia la masonería con claros símbolos míticos inspirados en el oscurantismo oriental. En 1717 se fundó la Gran Logia de Inglaterra aduciendo un largo linaje de iniciados en una fraternidad que se expandió por todo el mundo occidental y especialmente en Francia donde se adaptó a las ideas enciclopedistas y de la Ilustración, haciendo conexión con la Revolución Francesa. No todos los líderes de la Revolución Francesa fueron francmasones, de hecho, en las filas jacobinas eran los menos, pero sí lo fueron Marat, La Fayette, Danton, Mirabeau. El espíritu anticatólico, la fuerte jerarquía, las normas propias, unas logias elitistas formadas por influyentes hombres del momento, hicieron de sus normas de funcionamiento un sistema de influencia social y política que se trasladó a América. La influencia masónica en la independencia de los Estados Unidos de América está contrastada.

Dentro de las sociedades secretas debemos recordar que Adolf Hitler y el nazismo son una mezcla extravagante de magia y tecnología. Se cree que en la Alemania de principios de siglo XX un grupo que reivindicó la superioridad de la raza aria, reunido en torno a la Sociedad de Thule, inspiró la ideología del régimen nazi, siendo uno de sus miembros dilectos el propio Hitler. El nombre de esta sociedad tiene su origen en la mítica isla de Thule mencionada en algunos textos antiguos y que los ariosofistas identificaban con Hiperbórea, el lugar primigenio de la raza aria. 

Pero nuestra entrada no tenía intención de adentrarse en el proceloso mundo de las sociedades secretas sino más bien en las actividades privadas e individuales de dirigentes mundiales tendentes a conocer el “más allá” desde formas muy de “acá”

En ese sentido y con cierto sentido cronológico debemos recordar algunos casos curiosos. Por ejemplo, Simon F. Case, coronel y mano derecha del presidente Lincoln, escribió en su libro “Proclama de la Emancipación” que el presidente era habitual de las sesiones espiritistas y, en una de ellas, recibió un mensaje trasmitido por un “ser sobrenatural” que lo convenció de la necesidad de abolir la esclavitud. Este hecho tuvo lugar una tarde de 1861. El médium que dirigía la sesión entró en trance y le transmitió el siguiente mensaje del más allá: “Usted ha sido llamado a la posición que ahora ocupa para una gran tarea. El mundo está bajo una esclavitud universal; y debe dejársele libre físicamente, para que pueda alcanzar espiritualmente su estado”. Después de escuchar este mensaje, Lincoln se empeñó en decretar la proclama que, a partir de 1863, permitiría la emancipación de más de cuatro millones de esclavos afroamericanos.

Conocidísimo es el caso de Rasputín, en los coletazos finales del imperio zarista. Logró aliviar al heredero de los sufrimientos causados por la hemofilia, lo que le dio un poder extraordinario sobre la madre del pequeño, Alejandra, y sobre el zar Nicolás II.

Aquel hecho, puramente casual, unido al misticismo y la magia que manejaba el monje, así con su personalidad, fue lo que le valió para la gran influencia que tenía con la familia Romanov y con la nobleza rusa.

Durante la Primera Guerra Mundial fue acusado de ser un espía alemán y de influir políticamente en la zarina, que era de ascendencia alemana. Esta influencia le valió ganarse el odio de varios nobles, y su asesinato.

Mariano José de Larra, el ilustre político y periodista español, y un supersticioso reconocido, preguntado en una ocasión por qué, una persona tan inteligente y culta como él, era tan supersticioso dijo: “Porque los que no creemos en Dios, en algo debemos de creer”. Con esas actitudes se empieza en la superstición y se acaba en la brujería y el tarot.

Se sabe que Ronald Reagan era muy aficionado a la astrología y que consultaba las cartas astrales con gran frecuencia. Su afición provenía de sus tiempos de actor. Se dice que una astrologa le señaló la fecha más adecuada para su matrimonio, para la toma de posesión a la presidencia o incluso que un médium le vaticinó que sería presidente.

Mucho años después, Hillary Clinton manifestó que durante los años que vivió en la Casa Blanca pudo percibir la presencia de espíritus en diversas estancias del edificio presidencial. Tampoco ha ocultado su cercanía y amistad con la parapsicóloga Jan Houston a la cual consultaba cada paso importante a dar en su actividad profesional. No sabemos si le anunció su derrota contra Trump.

En Hispanoamérica, la santería, el vudú, la astrología y la magia están a la orden del día. Conocidísimo es el caso de Duvalier, Papa Doc entre las masas haitianas, presidente de Haití que enarboló el vudú no sólo como una religión oficial sino como una política de Estado, consiguiendo dominar de manera dictatorial a la población ignorante con el miedo a sus prácticas de vudú. Pero tanto se convenció a sí mismo de su poderío mágico que se jactaba de haber matado a Kennedy con brujería vudú.

En Venezuela, Hugo Chávez tenía una bruja de cabecera que le adelantó su ascenso a presidente de Venezuela, tras pasar por la cárcel , así como su temprana muerte- hay que ver cuantas brujas vaticinan el éxito y casi ninguna el fracaso-.

Las cartas marcaron así su inexorable destino y con ellas llegó una obsesión que le arrastraría a realizar todo tipo de prácticas relacionadas con el ocultismo. Un largo currículo de contactos con el “más allá” que abarca los amuletos, la ‘ouija’, las apariciones de su bisabuelo ‘Maisanta’ (un general que luchó contra la dictadura de Juan Vicente Gómez), las charlas con el espíritu del libertador Simón Bolívar, la masonería (intentó ingresar en una logia), las visiones de las ánimas de la sabana y la santería cubana. Reconozcamos que no le faltaba “de’ná”.

El periodista David Placer recogió todas estas aficiones de Chavez en su libro “ Los brujos de Chávez”

En México, Políticos de todo tipo recurren a la magia, a los brujos o a chamanes, para lograr poder político. El periodista José Gil Olmos ha escrito dos libros sobre “Los brujos del poder». Entre los mencionados en esas obras se encuentran Marta Sahagún, esposa del ex presidente Vicente Fox. Sobre Carlos Salinas de Gortari, que fue presidente de México entre el 1 de diciembre de 1988 y noviembre de 1994, cuenta que mientras gobernaba José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari contrató a unos brujos vudú para que cuando tomara el poder Miguel de la Madrid, él fuera elegido (mediante el conocido Dedazo) como el candidato a la Presidencia de la República por el PRI.

Otro personaje que se mueve entre brujos y magas es Enrique Peña Nieto, presidente de México desde el 1 de diciembre de 2012 hasta el 30 de noviembre de 2018.

Podría nombrar a muchos más, pero por terminar diremos que medios estatales rusos han asegurado que el ejército ucraniano está usando magia negra para ganar la guerra. Quizá para compensar a los hechizos ucranianos, las brujas rusas reunidas en la asociación “Grandes Brujas de Rusia”, organizan, de cuando en cuando, su aquelarre para apoyar a Vladímir Putin. Van cubiertas con capuchas decoradas con aves doradas y forman círculos para entrar en una conexión espiritual con el propio Putin y darle fuerza y posibilidades de victoria.

De Sánchez no conocemos que consulte con brujas, sabemos que se fía de Tezanos, y no podemos afirmar cuál de las dos cosas es peor.

BIBLIOGRAFIA

GIL OLMOS, José.- “Los brujos del poder”. Ed Bolsillo. (en PDF, aquí: https://www.academia.edu/42972179/Vdocuments_mx_jose_gil_olmos_los_brujos_del_poder_el_ocultismo_en_la_politica_mexicanapdf).

LACHMAN, Gary.- “El ocultismo en la política. Historia secreta de la búsqueda del poder”. Ed Luciérnaga. 2017.

PLACER, David. – “Los brujos de Chavez”. ed CreateSpace Independent Publishing Platform. 2016

 

 

 

 

¿POR QUÉ ESPAÑA ES ESPAÑA?

El otro día, el sobrino de 7 años de una amiga me preguntó: ¿por qué España es España?

El niño se refería al origen del nombre, pero su pregunta formulada de aquella manera da mucho más de sí.

El nombre de España deriva del de Hispania que era como los romanos denominaron a aquellas tierras que se encontraban al sur de los Pirineos, a las que ellos llegaron por mar y se asentaron en Ampurias- como ya vinos en:  https://algodehistoria.home.blog/2021/10/01/ampurias-218-antes-de-cristo/

Por tanto, la primera zona conocida por Hispania fue la costa gerundense y desde allí permitió extender el nombre hacía el interior a medida que se producía la romanización de aquel territorio que los griegos denominaron Iberia.

Pero los romanos no bautizaron Hispania a aquella zona por azar, sino que el nombre estaba asentado desde los fenicios que llamaban al lugar con la denominación de i-spn-ya, cuyo significado era tierra de conejos, pero no referida al animal que conocemos sino a unos pequeños animalejos designados como conejos de costa, que ni siquiera procede de la familia biológica de los conejos. Un término cuyo uso está documentado desde el segundo milenio antes de Cristo, en inscripciones ugaríticas. Aclaremos que el ugarítico fue una lengua semítica que se hablaba en una zona de Siria desde el 2000 a. C. Se conoce gracias a la gran cantidad de restos encontrados en 1928, con tablillas de signos cuneiformes (pictogramas casi siempre utilizados para fines comerciales en su origen). No olvidemos que los fenicios ocupaban un territorio en la costa sur mediterránea a la altura de Chipre y que hoy se corresponde con territorios de Israel, Palestina, Siria y Líbano. Los fenicios constituyeron la primera civilización no íbera que llegó a la península para expandir su comercio y que fundó, entre otras, Gadir, la actual Cádiz, la ciudad habitada más antigua de Europa Occidental.

Fueron los romanos los que interpretaron la expresión fenicia como tierra de conejos, el animal, ya sí, que identificamos todos como tal. Un uso recogido por Cicerón, César, Plinio el Viejo, Catón, Tito Livio y, en particular, Cátulo, que se refiere a Hispania como península cuniculosa (en algunas monedas acuñadas en la época de Adriano figuraban personificaciones de Hispania como una dama sentada con un conejo a sus pies), en referencia al tiempo que vivió en Hispania.

No es la única interpretación lingüística que se hace del término i-spn-ya, pero este no es un blog lingüístico sino histórico, así que fuera tierra de conejos o tierra de metales, o tierra del norte, como señalan otros académicos aduciendo que los fenicios habían descubierto la costa de i-spn-ya bordeando la costa africana, y ésta les quedaba al norte, o tierra de occidente al decir de Nebrija en su interpretación del término Hispalis, no altera el hecho histórico de que desde los romanos el término fenicio se extendió para denominar las zonas romanizadas con la denominación de Hispania, en ocasiones, durante la época romana, más allá de lo que hoy es la península ibérica.

La generalización del término Hispania o España referida exclusivamente a la Península Ibérica se lo debemos a los visigodos. Y con ellos el nombre pasó de ser una mera expresión lingüística, con trasfondo histórico local, para convertirse en una formulación política consecuencia de la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana a la que los godos, inicialmente, quedaron incorporados y cuya confluencia con una creencia religiosa cristiana como elemento de unidad y distinción dispusieron el nacimiento estatal de España.  El rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del s. VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. San Isidoro narra la búsqueda de la unidad peninsular, finalmente culminada en el reinado de Suintila en la primera mitad del s. VII y se habla de la madre España. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de “Totius Spaniae”. El prólogo de la misma obra es el conocido De laude Spaniae (Acerca de la alabanza a España). https://algodehistoria.home.blog/2022/10/14/el-estado-visigodo/

La llegada de la invasión musulmana hace que se vuelva a hablar de reinos: Aragón, Castilla, Navarra… pero subyace en todos ellos la idea de reconquista de un ideal previo, imperial por asimilación visigoda del Imperio romano y católica en la manifestación de unidad moral frente al invasor; ideal llamado España, que crece bajo el pegamento de la Corona. La batalla de las Navas de Tolosa en 1212 es la culminación de aquella idea de unidad, cuya cúspide se alcanza con los Reyes Católicos. Aquella unidad bajo la Corona generada por la magnífica reina que fue Isabel I y convertida en referencia política por el camaleónico, astuto y gran diplomático que fue su marido, Fernando.

Tras ellos, los Austrias lograron que aquellos reinos, extendidos por todo el orbe tuvieran instituciones políticas y jurídicas propias pero gobernadas desde la cúspide Real. España se convirtió así en una realidad internacional, en la manifestación física mundial de un Imperio, en aquel Imperio que ya se manifestaba desde los visigodos, imperio recogido y mostrado por los reyes astures al inicio de la reconquista o por Alfonso X el Sabio y el “fecho del imperio”. Aquel imperio físico mundial se gobernó con la autonomía que daban sus Virreinatos al otro lado del Atlántico y del Mediterráneo, centralizados mediante Consejos y con una decisión única del Monarca. Los territorios insertos en una estructura colosal estaban coordinados y seguían un plan y destino común que convertía a los Austrias en una convergencia con un alto y sofisticado nivel de organización. Ese orden trascendió lo político y llegó a la ciencia con especial relevancia en la escuela de Salamanca o a las artes como demuestra el siglo de Oro. Esta masa de tierra gobernada con tanta elasticidad, tuvo una vida muy longeva.

La centralidad borbónica sin la flexibilidad que daba la estructura de los Austrias, tampoco fue un mal sistema, que nos dio algunos de los mejores reyes y mandatarios de nuestra Historia. Si el culmen de los Austrias fue un Felipe II que logró un imperio en el que no se ponía el Sol, un imperio global bajo su único y gran gobierno, de rey laborioso donde los haya, salvador de la cristiandad en Lepanto; el desarrollo del siglo XVIII, alcanzó su cima bajo el gobierno de dos de los mejores reyes que ha tenido esta castigada tierra española: Fernando VI y Carlos III, a veces tan olvidados. Con ambos se modernizó España hasta lograr ponerla a la altura de Europa sin olvidar la exitosa organización nacida de la influencia francesa de su padre Felipe V. Es más, es el siglo XVIII cuando nuestra economía sufrió menos vaivenes, se estabilizó y con ella el grado de avance técnico y social fue más evidente.

Esa continuidad en el tiempo de la idea de España, de nuestro Estado, de nuestra Monarquía y religión fraguó la idea de Nación que se manifestó en 1808 con el levantamiento popular contra el invasor, las Juntas como órganos de gobierno en representación del rey ausente y la constatación generalizada de la idea nacional en la constitución liberal de Cádiz de 1812.

Sólo las felonías, empezando por las de Fernando VII, los sinsabores de gobernantes mediocres de los que el Siglo XIX tiene muestras sobradas, las grandes traiciones conocidas a un lado y otro del Atlántico, la locura nacionalista, dejaron maltrecho aquel gran país, España, cuyo nombre nació con la llegada de los fenicios en el siglo IX a de C.

El siglo XX y lo que llevamos del XXI sólo han reafirmado, salvo alguna honrosa excepción de la que la Transición, por ejemplo, es un excelente ejemplo, la mediocridad en que se vive en nuestro país, tanto política como social y económicamente desde 1812. No podemos caer en la indiferencia sobre ello.

Ya decía Bismarck que «España es el país más fuerte del mundo; los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido«. Pues a ver si durante una temporada larga revertimos el proceso y volvemos a ser la gran Nación y el gran Estado que nunca debimos dejar de ser.

BIBLIOGRFIA

ALTAMIRA Y CREVEA, Rafael. – Historia de España y de la civilización española. –  Sociedad Geográfica de Lisboa y del Instituto de Coímbra. Tomo I. 1900.

JIMÉNEZ, Julián Rubén. –  Diccionario de los pueblos de Hispania. Ed. Verbum. 2020.

URBIETO ARTETA, Antonio. – Historia ilustrada de España. Volumen II. Editorial Debate. 1994.

LA BATALLA DE COVADONGA Y SU TRASCENDENCIA.

Vimos como el Reino Visigodo, sobre todo, entre los reinados de Leovigildo y Recaredo conformó un auténtico estado cuya fundamentación se basaba en la organización nacida en la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana; teniendo como unidad territorial la antigua provincia romana de Hispania y por identidad ciudadana la condición religiosa cristiana. De manera que, la unión en torno a la corona con carácter imperial y a la cristiandad como elemento aglutinador quedará en el sustrato del pueblo hispano. https://algodehistoria.home.blog/2022/10/14/el-estado-visigodo/

Pero el Reino Visigodo agota sus días entre desavenencias internas, traiciones y enfrentamientos entre distintas facciones para lograr la sucesión a la corona.

En aquel momento de decadencia visigoda, el califato Omeya, ya extendido por el norte de África, acogió entre sus fieles a un sector visigodo traidor a su pueblo con tal de recuperar el poder: los hijos de Witiza, huidos a Tánger, que buscaron el apoyo musulmán en su enfrentamiento contra Rodrigo, último rey Visigodo. Las sangrientas y crueles luchas, asesinatos, regicidios entre los godos eran conocidos por los omeyas que, conscientes de la debilidad en que esto ponía al gobierno de las tierras al norte del estrecho, se animaron a conquistar el reino visigodo. El comandante bereber Tarif ben Malik y su superior Musa ibn Nusair, embarcaron a un ejército de 12.000 hombres hacia la Hispania romana; era el año 711. https://algodehistoria.home.blog/2019/10/04/villanos-el-conde-don-julian/

Desde aquel primer instante las tropas musulmanas ascendieron por la península hasta llegar a la cordillera cantábrica en torno a los años 20 del siglo VIII. En aquellas montañas asturianas se inicia la reversión del proceso, se pasó del avance musulmán a su retroceso. Es decir, se inicia la Reconquista.

En la historiografía clásica se identifica el momento crucial de ese giro en el año 718 o, más comúnmente datado, en el año 722. En esa fecha se sitúa la batalla de Covadonga. Dando por buena la segunda fecha señalada, este año se celebrarían los 1.300 años de la batalla.

Pero, precisamente, desde hace unos años y más en concreto en algunos grupúsculos más políticos que históricos se cuestiona la existencia de la batalla de Covadonga, como paso previo a negar la existencia del concepto de Reconquista.

Es cierto que la batalla de Covadonga siempre ha estado señalada, pues las pocas fuentes de que disponemos nos la dibujan entre la realidad y la leyenda. Pero aconteciera como se cuenta en las crónicas o surgiera como la idealización de una escaramuza, sí tuvo gran trascendencia para el devenir de España y ese devenir es el que muchos ahora quieren eliminar para seguir socavando las raíces de España, como una nueva leyenda negra que se cierne sobre nuestra Historia, esta vez no promovida por ingleses u holandeses sino por algunos españoles que no merecen tan honroso título.

En el ámbito de las crónicas, las primeras menciones a Pelayo se dan en las crónicas de Alfonso III y en la albeldense de finales del siglo IX.

Según las mismas, Pelayo sería un noble astur- aunque cuesta creer que fuera visigodo ya que su nombre es de origen latino y no germánico- que viendo al invasor se revolvió contra ellos. Otras versiones nos lo dibujan como un hispano-romano no sometido a los godos y cuyos primeros levantamientos fueron contra éstos. De lo que no cabe duda, es de que el reino visigodo desde la caída de Rodrigo se resquebrajó dando lugar a divisiones más o menos numerosas, en muchos casos propiciadas por las dificultades de comunicación, de manera que no sería extraño que en las montañas cantábricas hubieran surgido comunidades más o menos organizadas y que Pelayo fuera el cabecilla de una de ellas, si su origen era godo o era de una tribu insurrecta no sometida a los germánicos, no elimina la trascendencia de los hechos.

Según esas crónicas, Pelayo luchó bravamente contra los musulmanes y gracias a la ayuda divina los expulsó de las montañas de Covadonga, donde, además, un movimiento de tierras provocado por la Divina Providencia consiguió sepultar a los musulmanes. Los que no murieron, huyeron. Entre ellos Munuza, valí o gobernador musulmán del norte de Hispania que se había asentado previamente en lo que hoy es Gijón, que, supuestamente, (hay varias versiones sobre este personaje) huyó tras la batalla y fue muerto en la batalla de Olalíes (también se presenta en diversas grafías, no siendo fácil descifrar a qué localidad se refiere. Aunque la mayor parte de los autores la sitúan cerca de lo que hoy es Lugones). Lo de menos es la leyenda o el final de Munuza, lo importante de esta parte de la crónica es la representación de una sublevación general de todo el pueblo astur contra el invasor, en el que Olalíes no es más que la continuación de la batalla de Covadonga. Es decir, nos dibuja un movimiento continuado y conjunto que nació en Asturias y se extiende hacia el oriente norteño, con episodios gloriosos en Liébana y, sobre todo, en la victoria de los francos sobre los musulmanes en la Batalla de Poitiers (732) y la creación de la Marca Hispánica (795), en tiempos de Carlomagno y de ahí hacia el sur en acciones que se sucedieron hasta lograr la expulsión de los extraños africanos.

Es digno de resaltar que la Crónica de Alfonso III está repleta de pasajes bíblicos. Esto responde a una misma tendencia de toda la historiografía europea altomedieval. Lo que permite intuir que el autor es un religioso familiarizado con el estudio de las Sagradas escrituras. Además, muestra el enfrentamiento entre las huestes hispanas y los árabes al modo que el pueblo de Israel se enfrentaba a sus vecinos. Incluso los pasajes del Antiguo Testamento han servido de modelo para las cifras dadas en la crónica (cuenta la invasión de un ejército de 187.000 guerreros musulmanes, cifra claramente exagerada, pero que se acerca a las que en las crónicas del Antiguo Testamento se atribuía a los asirios.  185.000 asirios se enfrentaban a los judíos en la conquista de Jerusalén y buscan hacer prisionero al rey Judá, siendo derrotados por la intervención divina).

Estas emblemáticas cifras fueron admitidas, o no se modificaron, por la tradición historiográfica hispano-cristiana hasta el siglo XIII.

Evidentemente, estas crónicas pro parte tienen el valor del testimonio, de saber que hubo una batalla y de conocer cómo se interpretó en un contexto en el que ese aspecto resulta muy esclarecedor.

Las crónicas musulmanas, por el contrario, hablan de escaramuzas dispersas en las montañas cantábricas, sin darles la importancia cristiana y mucho menos hablar de heroicidades o sucesos milagrosos. No perdamos de vista que son las crónicas de los derrotados. La crónica Mozárabe del 754 no recoge esta hazaña de Pelayo.

Desde un punto de vista arqueológico, no hay restos de una gran batalla, pero sí de diversos enfrentamientos de menor nivel en torno a lo que hoy es Covadonga.

Claudio Sánchez Albornoz ya lo señaló:

«No, no cabe dudar de la realidad de la batalla. ¿Batalla? Coque, encuentro, combate, nadie podrá calificar con precisión el hecho de armas. Y si se luchó en Covadonga no pudo pelearse sino como refiere la crónica alfonsina. Vencido hasta entonces y obligado a refugiarse en aquel apartado y abrupto paraje, era lógico que Pelayo se estableciera en la Cueva de Nuestra Señora, abierta en la roca y absolutamente innaccesible».

Así que, con mayor o menor pomposidad en el relato, no cabe duda de que en aquellas montañas se produjo un enfrentamiento entre tribus hispanas y musulmanas. Los hispanos de origen bien romano, por no haberse sometido a los godos, o bien godas, se identificaron o fueron identificados con estos últimos.  Lo que sí es cierto es que después de aquellas escaramuzas nació en aquellas montañas un reino cristiano con capital en Cangas de Onís (que posteriormente se trasladó a Oviedo), origen y enseña de la Reconquista.

Otra cosa es saber si aquella movilización contó desde sus comienzos con una misma idea de unidad popular, de unidad territorial, de cristiandad y de libertad frente al invasor.

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/

A los que ponen en duda la Reconquista como concepto real y continuado en el tiempo, también les contesta don Claudio:

«La historia de los comienzos de la Reconquista se ha hecho por muchos, más que con el propósito de encontrar la verdad, con el de enmarañar los testimonios de las fuentes y de crear dificultades, amaños y leyendas donde no los había».

Esto no significa que la Historia sea lineal y sencilla, como explica Julián Marías, la Reconquista es la lucha por la rectificación de la trayectoria iniciada, porque España fue árabe, en unas zonas más, en otras menos, en otras nada. Y es la facción que permaneció rebelde, la cristiana, la que empieza a luchar por evitar que se consolidara lo que empezaba a ser en la mayor parte del territorio: árabe. Aun así, ni siquiera la España árabe tenía unidad, ni Tarik, ni Muza, ni Boadbil se parecen. Entre ellos hay multitud de personajes que se muestran más o menos contrarios o favorables a la convivencia, al sometimiento o a la imposición. Lo que nos encontramos en las crónicas de la batalla de Covadonga es que la Reconquista se inicia por la lucha de la libertad a la que se le da un fundamento ideológico y unitario con el cristianismo y, por ende, en la idea de universalidad, si toda esa filosofía nace en Alfonso III y no estaba plenamente presente en Pelayo no es óbice para resaltar la lucha por la libertad y la idea de expulsión del invasor que aconteció en Covadonga.

Es cierto que el término Reconquista no empieza a utilizarse historiográficamente hasta el siglo XVIII, por ejemplo, por José Cadalso o Jovellanos, y lo hacen por influencia francesa ya que viene a sustituir a otros que se utilizaban entonces como el de «Restauración». Pero la idea responde a una especie de cordón umbilical que une el concepto moderno de España con su madre- su historia anterior-.

Durante la Reconquista, se produce la unión de los reinos cristianos frente a los musulmanes, que culmina con los Reyes Católicos y ello porque en la población y en sus dirigentes se establece una idea de España muy clara. Si se quiere histórica, si se quiere cultural, pero una idea identificativa que permitirá con el tiempo conformar el Estado español en torno a la corona en el S XV, recuperando, entre otros, aquellos elementos básicos que ya tenía el Estado visigodo. Y, aunque no es admisible hablar del término nación en el sentido moderno en el siglo XV, pues éste se manifiesta con propiedad a partir de 1808 en la sublevación de Madrid contra el invasor francés y se plasma ideológica y jurídicamente en la Constitución de Cádiz, gracias al liberalismo reunido en Cortes en el Oratorio de San Felipe Neri,  no es menos cierto que sin ese sustrato identificador de España nacido en Covadonga y en la Reconquista, los sucesos de 1808 no podían haberse dado como se dieron, ni la conciencia de unidad y defensa de la soberanía representada por el levantamiento del pueblo, ni la idea política de representación a la organización jurídico-nacional de la Junta Suprema Central, ni las Juntas regionales surgidas por doquier en el territorio español, se hubieran producido, ni mucho menos la conjunción de ambas en las Cortes y Constitución de Cádiz.

Dice Juan Pablo Fusí:

«La palabra España yo creo que se debe utilizar desde el siglo XI o XII, otra cosa es que eso que ya se conoce como España en esos siglos esté fraccionada en distintos reinos que además podían haber cristalizado perfectamente como ocurrió en Italia en diferentes estados hasta una etapa muy tardía: es decir que no hay ninguna razón especial en ese sentido. Por tanto, si hay una primera España, esa es elReino de León, el Reino de Castilla, la Corona de Aragón, el Reino de Portugal… «

Pero esos reinos medievales no se reconquistan por la razón elemental de que no existían, sino que se constituyeron como resultado parcial de la Reconquista, como recuerda Marías.

España sale de la Edad Media con una unión dinástica irreversible, y continúa Fusí: «con muchos de los elementos de lo que llamamos posteriormente nación: una continuidad en el poder, una única fuente de soberanía que es la corona, una cierta institucionalización del estado desde arriba, muy pronto una lengua y una literatura que es muy común a todos sus territorios… durante varios siglos es así y se consolida con el proyecto nacional moderno en el XIX».

En definitiva, aunque en Pelayo no existiera un proyecto claro de restauración del reino visigótico, sí se dieron los elementos básicos de la Reconquista: la expulsión del invasor y la recuperación de lo propio, basamento sustancial como para que a partir de entonces se produjera técnicamente lo que conocemos conceptualmente como Reconquista. Desde Covadonga unos reinos cristianos, continuando el camino iniciado por el reino de Cangas de Onís-Oviedo, tratan de recuperar el territorio hispano- visigodo perdido a manos de los árabes y en cuyo proceso se forma ya de manera muy temprana, en la baja Edad Media, la idea de España. A ese esfuerzo contribuyó de manera primera y esencialmente simbólica el hecho de armas de Covadonga.

BIBLIOGRAFÍA

BARRAU-DIHIGO, L. Historia política del Reino Asturiano (718–910). Ed Silverio Cañada. 1985.

MARÍAS, Julián. “La España Inteligible”. Alianza Editorial. 2014

ZABALO ZABALEGUI, Francisco Javier. “El número de musulmanes que atacaron Covadonga. Los precedentes bíblicos de unas cifras simbólicas”. Universidad de Sevilla 2004.

Dialnet-ElNumeroDeMusulmanesQueAtacaronCovadonga-1414696.pdf

Sánchez- Albornoz, Claudio. «Observaciones a unas páginas sobre el inicio de la Reconquista». Ed. Facultad de Filosofía y letras. Buenos Aires. 1968

VÉLEZ, Iván.  “Reconquista”. La Esfera de los libros. 2022

GIBRALTAR, ESPAÑOL.

El pasado 4 de agosto, se cumplían 318 años de la toma de Gibraltar por parte de los ingleses, y ahí siguen. Ni con Brexit ni sin él tienen nuestros males remedio. Analicemos los orígenes del conflicto y su evolución.

Ya vimos como la muerte de Carlos II trajo consigo el inicio de una guerra de Sucesión con dos pretendientes principales, uno francés, Felipe V, y, otro austríaco, el archiduque Carlos. (https://algodehistoria.home.blog/2022/09/30/como-se-fraguo-la-sucesion-de-carlos-ii-el-hechizado-el-cardenal-portocarrero/). A este último le apoyaban los holandeses y los ingleses que, desde que descubrieron las ventajas comerciales del imperio español, no hicieron otra cosa que dar la lata hasta apoderarse de él; cuando no es creando la leyenda negra, es aliándose con nuestros enemigos y, cuando no, nos torean como si Curro Romero hubiera nacido en Londres.

En el inicio de la Guerra de secesión, el 1 de septiembre de 1704, una escuadra anglo-holandesa mandada por el almirante Rooke, asalta, en teoría en nombre del archiduque Carlos, la plaza de Gibraltar. Los asaltantes se presentan con 70 barcos bien armados, los defensores son 80 españoles llenos de coraje y dignidad- nuestra historia está llena de militares y ciudadanos gallardos, y muy pocos gobiernos a la altura de ellos -. El gobernador de Gibraltar, Diego Salinas, tras recibir el bombardeo con miles de balas de cañón, se rinde, pero se niega a reconocer la autoridad del archiduque, motivo por el que conduce a todos los ciudadanos que así lo deseen a la cercana ciudad de San Roque.

En el peñón, Rooke no extendió la bandera del Archiduque sino la inglesa. Las hostilidades siguieron hasta que el bando francés gana el trono español para el nieto de Luis XIV, Felipe V, quien firma el tratado de paz que pone fin a la Guerra de Sucesión española: Tratado de Utrecht.

El Tratado de Utrecht o Paz de Utrecht fue, en realidad, un conjunto de tratados firmados entre los países antagonistas en la Guerra de Sucesión Española (1701-1713), pero tomó el nombre de la ciudad holandesa –Utrecht– en que se rubricó el primero de dichos acuerdos, el 11 de abril de 1713. Él final de la guerra con Austria se consolidó por los tratados de Rastatt y Baden firmados en 1714. A ellos se unen otros 19 acuerdos comerciales y territoriales.

Territorialmente, España cedió a Gran Bretaña Menorca y Gibraltar. Menorca la recuperamos definitivamente por el tratado de Amiens en 1802. Por el contrario, los ingleses han entendido que el Peñón es de ellos para siempre. Lo cual, no me negará el lector, es muy “British”, no hay más que ver el contenido del Museo británico, para comprender qué entiende un inglés sobre lo que es suyo.

Desde 1713, España ha intentado recuperar sin éxito este enclave estratégico, unas veces por la fuerza: por ejemplo, en el siglo XVIII, España sometió a Gibraltar a constantes asedios. En el más importante de ellos, entre 1779 y 1783. En otras ocasiones, por medios diplomáticos, pero siempre sin éxito. Hemos fracasado a pesar que los ingleses han incumplido el tratado de Utrecht en casi todos sus puntos.

La cesión se reconoce en el artículo X del tratado de Utrecht:
“El Rey Católico [Felipe V], por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno”.

Añadía el tratado que la propiedad se cedía “sin jurisdicción territorial y sin comunicación abierta con el país circunvecino por parte de tierra”.

Y añadía un tercer elemento al acuerdo:

“Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender o enajenar, de cualquier modo, la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla”

Por lo que hemos expuesto, la cesión se acordó con tres condiciones clave: (1) la limitación del territorio cedido; (2) la falta de comunicación con zonas vecinas; y (3) el derecho de retrocesión a España en caso de que Gran Bretaña quisiera cambiar el régimen pactado.

Además, el tipo de cesión realizada explica que el Reino Unido no disponga de una soberanía plena sobre el territorio, sino, que dispone solo de una “propiedad” que le da derecho al uso, pero no a la enajenación.

La primera de esas condiciones, es decir, la de la limitación del espacio cedido al castillo y ciudad, impide considerar como legítimo el avance británico por el istmo. En un primer incumplimiento, la presencia británica en esta zona data del Siglo XIX y la construcción de una verja, en 1909, para parar el avance inglés no impide que la ocupación británica de la lengua de tierra sea ilegal. Realmente hoy Gran Bretaña disputa el acuerdo considerando que tiene derecho a la tierra, al espacio aéreo y al mar- 12 millas territoriales de alrededor-.

España se ciñe en su defensa al contenido literal del Artículo X, por lo que mostró su oposición a la presencia británica en la lengua de tierra y también contra la construcción del aeropuerto en 1938, pues se encontraban fuera de la demarcación establecida en Utrecht. Quizá uno de los mayores logros españoles se consiguió en 2013 cuando los representantes del Ministerio de Fomento sacaron adelante, en la negociación del reglamento europeo sobre el cielo único europeo, el compromiso de que el aeropuerto de Gibraltar no tuviera jurisdicción al respecto y todos los aviones que utilizaran la infraestructura gibraltareña, requirieran la autorización previa española.

Esa posición española vino después de miles de actos de buena voluntad en el proceso negociador, como se reconoce en el acuerdo de Londres de 2 de diciembre de 1987 sobre la utilización conjunta del aeropuerto (que nunca llegó a aplicarse). Igualmente, el posterior acuerdo de Córdoba, de 18 de septiembre de 2006, se refiere, esencialmente, a cuestiones ligadas al aeropuerto, dejando claro que esos acuerdos buscan “la solución de problemas concretos, pero no tienen ninguna repercusión en absoluto en lo que atañe a la soberanía y a la jurisdicción”.

Algo parecido pasa con las aguas jurisdiccionales. La gran obsesión del Gobierno británico ha sido consagrar que las aguas que rodean el Peñón son de soberanía inglesa, algo que España no acepta, porque en Utrecht sólo se cedieron las aguas del puerto de Gibraltar. Para hacer ver que son de su Poder, el Gobierno británico no pierde ocasión de denunciar supuestas violaciones españolas de “sus” aguas jurisdiccionales, que realmente son “nuestras” aguas jurisdiccionales y ellos los violadores.

Esta cuestión de las aguas tiene directa relación con la segunda condición: el aislamiento por tierra de Gibraltar.

El artículo X subraya que la ciudad debía abastecerse por mar y solo en caso de que ese tráfico fuera interrumpido se permitiría comprar en España las mercancías necesarias para evitar “grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra. se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvecina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos y de las naves surtas en el puerto” Es decir, quedaba claro que se trataba de un intercambio humanitario en caso de ser necesario, pero no de mantener un negocio permanente.

Hasta 1985, España tuvo aislado a Gibraltar y sólo la inclusión en la Unión Europea (en adelante, UE) permitió avanzar en los intercambios en un proceso de negociación bilateral. Negociación que ha sido otro fracaso porque mientras España no ha logrado gran cosa, los ingleses sí han conseguido que Gibraltar se convierta en un centro de negocios, un centro de servicios internacionales y un lugar más cercano al paraíso fiscal que a otra cosa. Alterando y violando, de nuevo, el tratado de Utrecht, con el agravante de que la población española de alrededor se lucra de esta presencia británica y del comercio de la zona, lo que dificulta volver a aislar el Peñón.

La decisión española de terminar el aislamiento por tierra de Gibraltar pretendía, sobre todo, avanzar en las negociaciones sobre la retrocesión, la tercera condición del acuerdo.

El tercer pacto establecido en Utrecht es el más importante, y también ha sido incumplido, pues el gobierno británico ha intentado la enajenación, a la que no tiene derecho, en dos ocasiones:

El primer intento de cambio de régimen tuvo lugar en la década de 1960, cuando se buscó la descolonización al amparo de Naciones Unidas. Porque fue la propia Gran Bretaña la que incluyó a Gibraltar en el listado de colonias existentes en el mundo en un listado enviado a las Naciones unidas en cumplimiento de la Resolución 1.514 de la Asamblea general del 14 de diciembre de 1960, conocida como Carta Magna de la Descolonización, en la que se reconoce el derecho a autodeterminarse de todas las colonias. Y que sigue en tal situación lo demuestra que en todas las Asambleas Generales desde entonces vuelve a debatirse el tema. Ya en la resolución 2.353 (XXII) del 19 de diciembre de 1967 se indicó cómo tenía que hacerse tal descolonización: “Por negociaciones entre los gobiernos español y británico”, teniendo en cuenta que “toda situación colonial que destruya parcial o totalmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los principios y propósitos de la Carta de Naciones Unidas”. Esta misma resolución señaló que no es posible ni la cesión a terceros ni la independencia. Londres se niega. De hecho, esa Asamblea dicta su resolución tras la consulta que, en aquel en el mismo año de 1967, los británicos plantearon en el Peñón y por la cual los gibraltareños respaldaron en su gran mayoría la independencia. Naciones Unidas entendió que el referéndum contravenía la petición previa de España en la ONU, los derechos de nuestra nación y, por ello, instaba a seguir con las negociaciones.

El segundo instante vino de la mano de la “Orden Constitucional el 23 de mayo de 1969” que mantenía la consideración de Gibraltar como colonia de la Corona, pero con una cierta autonomía en su gestión interna, mientras que cuestiones clave como la defensa y las relaciones exteriores quedaban en manos del Reino Unido. Se trata de una carta otorgada, en cuyo preámbulo se contiene el compromiso unilateral de respetar la voluntad de los gibraltareños y que se expresó de manera más contundente en la reforma constitucional de 2006, que introduce el derecho de autodeterminación de los gibraltareños. Recordemos que el tratado de Utrecht habla del territorio y no de los ciudadanos, de ahí que dispusiera la reversión a España si Gran Bretaña lo abandonaba. Es más, lo que plantea el tratado es la preferencia española sobre el territorio antes de que se enajene, con la simple intención, tendríamos esa opción. Una especie, en el ámbito internacional, del derecho de tanteo de nuestra Ley de Arrendamientos Urbanos (salvando todas las distancias, claro está). Esa idea de abandono británico se ha plasmado en la Constitución de 2006 y, por tanto, legalmente, la cesión de España habría terminado y tendríamos que recuperar los derechos soberanos sobre el territorio cedido.

En términos jurídicos, también la jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia de La Haya favorece el título español frente a la ocupación física del terreno (¿deberíamos decir Okupación, para ser más gráficos?). Pero los ingleses han hecho caso omiso, al igual que al resto de resoluciones de la ONU.

Los dos momentos en los que la negociación sobre el retorno del Peñón, ya estando en democracia, tuvieron más fuerza fueron en los años 80 tanto con los gobiernos de UCD, como con los socialistas de Felipe González y posteriormente durante el mandato de José maría Aznar. En este último caso, debido a su amistad con Tony Blair se logró un acuerdo de cooperación policial y la esperanza de un estatuto pactado de cosoberanía durante una etapa transitoria, proyecto que nunca se vio plasmado en un documento público. El debate sobre esta posibilidad en la Cámara de los Comunes fue muy criticado y posteriormente sometido a referéndum de la población gibraltareña. El referéndum logró un enorme rechazo a la opción de la cosoberanía. Dando lugar a la promesa británica de no hacer nunca nada que no quisieran los ciudadanos del Peñón.

El Brexit creó una nueva oportunidad. Gran Bretaña había logrado meter a Gibraltar en la UE como “territorio cuyos asuntos externos lleva un estado miembro”. Pero al salir el Reino Unido de la UE, debía salir salía su colonia, o quedaría a merced de España. En un alarde de habilidad negociadora, y vendiendo el camelo, como siempre, los ingleses han logrado que se quede en el “espacio Schengen” o territorio fiscal europeo. Pero esta situación no gusta a Bruselas, que no quiere tener a los ingleses en su frontera sur con una base militar abierta, con submarinos nucleares y manejando el tráfico del estrecho. Por eso, la UE exige que en su puerto y aeropuerto haya aduanas para controlar las mercancías y personas que entren en Europa, dando a España esa responsabilidad.

A día de la fecha de esta entrada se sigue negociando el estatus que va a tener el Peñón, pero con la peculiaridad mantenida por el Ministerio de exteriores español de que se busca un acuerdo a tres bandas (UE, España, Reino Unido- en algunos momentos, en la época de Zapatero, Reino Unido tuvo el valor y España lo aceptó de convocar a un representante de Gibraltar en la mesa, al mismo nivel de responsabilidad-) con la creación de una “zona de prosperidad compartida”. Traducido por los británicos como “prosperidad compartida en todo el campo de Gibraltar”. A lo que nadie en el gobierno español ha contestado. Al contrario, nuestro ministro de Exteriores ha señalado: “Vamos hacia un nuevo modelo de prosperidad compartida en todo el Campo de Gibraltar”. Es decir, parece que la posición española, lejos de defender que Gibraltar, por incumplimiento del tratado de Utrecht, ya es español, se viste con la piel de la versión británica. Deberemos andarnos con ojo, porque con estos entendimientos y negociaciones, los ingleses pretenderán quedarse con toda Andalucía. Ya sabemos cómo describen los diplomáticos la forma de negociar de los británicos: “primero se pacta que se quedan con nuestro reloj y, después, ellos, en contraprestación negociadora, nos dan la hora”.

Llevamos más de 300 años recibiendo la hora de los británicos con nuestro reloj. A ver si espabilamos, porque no parece que, ni con el Reino Unido en sus horas más bajas, aprendamos. Si no reaccionamos nosotros confiemos que, esta vez, la UE haga algo más, aunque sólo sea por no tener un mosquito dando con el aguijón en la frontera sur. Bastante tienen con la irlandesa.

BIBLIOGRAFÍA
CALVO POYATO, José. “Los Tratados de Utrecht y Rastatt: Europa hace trecientos años”. Dendra médica. Revista de Humanidades. 2013.

CARRASCAL, José María. “La batalla de Gibraltar”. Ed Actas. 2012.

https://noticiasgibraltar.es/documentacion/1967-resoluci%C3%B3n-2353-de-la-asamblea-de-las-naciones-unidas

https://www.elmundo.es/elmundo/2001/03/15/espana/984660136.html#top

El Camino de Santiago

Como todos los años, en torno al 11 de noviembre, un hilo sobre Galicia. Siempre dedicado a los que cumplían y cumplen años ese día. Este año, desgraciadamente, el número de los que cumplían ha aumentado. A ellos con todo mi cariño y recuerdo. In Memoriam.

Hoy traigo un tema que enorgullece a Galicia y engrandece a España y a Europa: el Camino de Santiago.

Hay cien mil formas de estudiar el Camino de Santiago, de hecho, como señalaba hace pocas fechas la Comisaria del jacobeo 2021, hay varios tipos de caminos, todos marcan una o varias rutas y en ese simple sentido son ya importantes; algunos se especializan en su temática comercial, por ejemplo, la ruta de la seda; otros  destacan por su espiritualidad como los de Roma, Jerusalén o los japoneses del camino Kumano o el camino Shikoku ( de los 88 templos); otros tienen un carácter ecológico- natural como puede ser el del cañón del Colorado. “Pero el Camino de Santiago contiene todas estas vertientes: la cultural, la natural y la espiritual”. 

Dentro de la vertiente cultural, debemos entender el arte, la literatura, el pasaje natural… pero el aspecto que quiero destacar hoy es la importancia histórica del Camino de Santiago para la Historia de España y de Europa.

En su origen encontramos escritos narrando las más variadas leyendas. En todo caso, el camino se estructura en torno a la figura del Apóstol Santiago, conocido como Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y hermano de Juan Evangelista. Dice la Leyenda que vino a evangelizar España en la zona del noroeste y retornó a Jerusalén. Es un hecho comprobado que allí fue decapitado por Herodes Agripa en el año 44, lo que no está tan claro es cómo volvió su cuerpo a Galicia. Las explicaciones sobre este acontecimiento las encontramos en primer lugar en el “Códice Calixtino” (manuscrito iluminado del S. XII que reúne el más antiguo texto del Liber Sancti Iacobi, en varios libros. En los primeros reúne sermones, himnos, milagros y relatos de la traslación del Apóstol Santiago de Jerusalén a Hispania) y también tenemos referencias sobre la traslación del Santo en la “Legenda Aurea”. En ambos casos, se testimonia que el traslado a Galicia se debió al empeño de dos de los discípulos de Santiago el Mayor, que, siguiendo la leyenda, lo sacaron a escondidas de Jerusalén y lo embarcaron en una nao conducida por ángeles.

Suele datarse el origen del culto español al Apóstol Santiago en torno al año 814 d. de C., cuando, supuestamente, el eremita Pelayo contó al obispo de Iria Flavia que había avistado luces celestiales en una zona que pasó a llamarse “campus stellae”, o campo de las estrellas. Allí apareció un sepulcro con un cuerpo que se atribuyó al Apóstol Santiago. El hallazgo de la tumba del Apóstol constituía el final lógico de una tradición oral y escrita que, además de en los libros señalados anteriormente se narra en el Breviarum Apostolorum en el siglo VI-VII, los textos firmados por el anglosajón Beda Venerabilis y en los del Beato de Liébana en el siglo octavo.

El rey Alfonso II de Asturias (Galicia formaba parte del reino astur por entonces), es informado del descubrimiento del sepulcro del Apóstol y, con el fin de proteger estos restos, decidió construir junto a ellos un monasterio. La noticia coincidía con un importante momento político para la consolidación del reino astur-galaico.

Si los relatos históricos de los reyes astures señalan su lucha contra los musulmanes como una especie de cruzada cristiana frente al invasor musulmán, el hallazgo de la tumba del Apóstol permitía a los monarcas reafirmar tal situación. La posición religioso-reconquistadora de los reyes astures da un paso más durante el reinado de Alfonso III, el Magno, cuando en el 899 manda construir una basílica en honor del Apóstol Santiago el Mayor, que, andando el tiempo, se convertiría en la catedral de Santiago. La imagen de Santiago utilizada como un revulsivo, como señal divina que venía a reforzar su papel de elegidos para luchar por la cristiandad, se engrosó con un eslabón más en el campo militar dando lugar al nacimiento de la leyenda de Santiago Matamoros. El Apóstol montado en un corcel blanco irrumpía en las batallas para dar la victoria a la cristiandad. Por eso tras cada batalla se producía un voto real a Santiago en el cual se exhortaba a todos los cristianos a peregrinar a Compostela para dar gracias al Santo por su ayuda. Esta fama de salvador de la cristiandad se extendió por toda Europa e impulsó las peregrinaciones.

No menos importante para la historia de España y de la cristiandad fue que todo aquel capítulo religioso trufado de impulsos políticos acontecido en la Península ibérica coincidió en el tiempo con el imperio franco de Carlomagno. Recordando la importancia de los francos en Europa debemos señalar que su reinado supuso un intento de recuperar la cultura clásica en los ámbitos políticos, culturales y religiosos de la época medieval. Curiosamente, bajo un dominio germánico, bárbaro, se restituía de facto lo que había sido el imperio romano de occidente y, al tiempo, se promocionaban en Europa los valores del cristianismo frente a los paganos de las diversas tribus que fueron sometidas por Carlomagno, especialmente significativa en este sentido fue la victoria sobre los sajones. Además, en aquel momento el papado no contaba con fuerza militar suficiente para defenderse, lo que obligó a la jerarquía de la Iglesia a buscaba protección en el poderoso rey franco, convirtiendo así a Carlomagno en el líder de la cristiandad. Cabe recordar que, en el 800, el papa León III coronó a Carlomagno “emperador que gobierna el imperio romano”. La expansión del imperio carolingio tuvo como consecuencia coadyuvar a la expansión de los principios básicos que harán grande a Europa: la tradición clásica (greco – latina) y los principios judeo- cristianos.

En este contexto, los reyes astures utilizaron la Reconquista y el descubrimiento de la tumba de Santiago para establecer un corredor cristiano y europeo en el norte de la Península frente a los territorios que más al sur permanecerán en manos musulmanas durante algunos siglos más, constituyéndose de este modo en continuadores en la Península ibérica de la tradición carolingia.

Aquel territorio español, libre de invasores, requería ser repoblado y afianzar en él las posiciones cristianas que lo diferenciaban del enemigo. Santiago se convirtió en un nuevo centro religioso (equiparable a Jerusalén o Roma) que dará importancia a la zona y marcará al tiempo la continuidad y la diferencia con el imperio carolingio; diferencia por la propia singularidad de la tumba del Apóstol a la que se le atribuían poderes milagrosos. De este modo, se daba sentido trascendental a la Reconquista y un vuelco a la historia espiritual de Europa, que se lanzó a cimentar un camino para peregrinar hasta la preciada reliquia.

Realmente no existió un camino sino varios que se unificaban en Santiago.

El primer peregrino fue el rey Alfonso II que, cuando el obispo de Iría Flavia le habla del campo de estrellas, decide ir en persona a comprobar la existencia de la tumba. Su recorrido entre Oviedo y la tumba del Apóstol, fue la primera Ruta Jacobea, la que hoy conocemos como Camino Primitivo. Se conjuró en que allí fueran el resto de reyes de la cristiandad. Los monarcas cristianos iniciaron así su peregrinación a Santiago. Primero a través del hoy denominado Camino del Norte, una Ruta que recorría todo el norte peninsular y evitaba los territorios conquistados por musulmanes. A medida que la Reconquista fue avanzando, el recorrido más popular comenzó a ser el que comenzaba sus pasos en Roncesvalles o Jaca. Hablamos del Camino de Santiago francés (que se refleja en el quinto libro del famoso Códice Calixtino. En este libro se elabora una especie de guía para peregrinos). Con el paso del tiempo surgieron otras rutas por toda Europa y España. Desde la ruta de la Plata, al camino inglés, el portugués y otras muchas bifurcaciones europeas que normalmente convergen en el camino francés para adentrarse en la Península. A las peregrinaciones contribuyó también sobre manera la declaración de Año Santo Jubilar por parte del pontífice Calixto II en 1122 para aquellos años en los que el día de Santiago, el 25 de julio, coincidiera en domingo. Entonces se podrían alcanzar las mismas gracias que otorgaba Roma en sus años jubilares. Fue el papa Alejandro III el que declaró el carácter perpetuo de este privilegio concedido a Santiago.

Pero el camino de Santiago, desde el primer momento, fue algo más que un lugar de peregrinación. La expansión del islam por el mediterráneo había creado una inseguridad en la navegación por el mare nostrum que ocasionó un encerramiento de los pueblos en lo más cercano y conocido, un apogeo de la economía local, de la labranza y el pastoreo como dedicación fundamental, de un auge de lo rural frente a lo urbano. En el ámbito del comercio e intercambio, más bien escaso, se buscaron nuevas rutas, casi todas terrestres pues eran más eficaces que las marítimas. Las vías y calzadas romanas sirvieron como base para estos periplos terrestres y la existencia de caminos trazados, como el camino de Santiago, facilitaba el recorrido desde Europa del este a la Europa del oeste. Por aquellas viejas calzadas romanas, mal mantenidas, era más fácil el traslado de personas que el de grandes bienes. Transitadas por todo tipo de individuos, desde los mercaderes a los que peregrinaban buscando una sanación milagrosa; los que lo hacían en reconocimiento y agradecimiento de los bienes recibidos a los viajes de religiosos, especialmente monjes, de un convento a otro para mantener las conexiones entre monasterios filiales de las mismas órdenes… los caminos estaban mucho más poblados de lo que imaginamos hoy en día, sobre todo, en las rutas principales, como llegó a ser el camino francés.

Ese fluir de personas tuvo como consecuencia el intercambio de costumbres, de cultura, de alimentos, de ritos religiosos, de tolerancia frente al diferente, la construcción de hospederías, de templos… Por ese camino llegaron a España el románico ( cuya mejor expresión se dará en la propia Catedral de Santiago), las reformas de Cluny y más tarde el cisterciense; la aplicación del rito romano frente al hispano; la sustitución del canto hispánico por el gregoriano; la aceptación mayoritaria de la escritura francesa frente a la visigótica; la distribución por Europa de legados pontificios y los intercambios entre la Iglesia romana y la española, y, con ella, las influencias recíprocas entre ambas penínsulas; los intercambios de estudiantes (los hispanos frecuentaban escuelas centro europeas del saber, adquiriendo nuevos conocimientos culturales y trasladando nuevos principios filosófico; los europeos recibían el saber de las escuelas españolas con múltiples tradiciones del árabe); los documentos musulmanes se traducían al latín y traspasaban las fronteras pirenaicas hacia el resto de Europa; los cantares de gesta franceses llegaron a España, la poesía amatoria provenzal influyó en la lírica gallega; los extranjerismos lingüísticos aparecen por la frontera pirenaica, así, en el “Fuero de Avilés” se mezclan formas dialectales leonesas y toledanas con vocablos provenzales. En las poblaciones pirenaicas se escribían documentos en provenzal. Durante el siglo XII, tuvo lugar la expansión escrita de la fonética propia de Castilla. Ocurrió lo mismo con el catalán y con el gallego-portugués; muchos europeos, de todas partes, provenzales, normandos, borgoñones, flamencos, lombardos… llegaron en peregrinación a la Península y se quedaron en ella, repoblando o creando asentamientos nuevos. Todos ellos eran conocidos genéricamente en Hispania como francos – la famosa calle de franco (rúa do franco) de Santiago de Compostela debe su nombre a estos peregrinos o el relativamente común apellido Franco que se da en diversas zonas de España tienen el mismo origen. Significativas son las poblaciones de francos que se fundaron cerca de los pirineos, muy destacada en Navarra, en poblaciones como Estella, San­güesa, Pamplona, Puente la Reina, Monreal, Villalba, Tiebas, Torralba tuvieron poblaciones francas muy importantes, pero también en otros lugares, como veremos de la corona de Aragón o incluso más hacia el occidente peninsular como Sahagún, Astorga o en Oviedo- famosa rúa gascona que aún existe-. Esta presencia en zonas más cercanas a Santiago se explica por la necesidad de asentamiento de muchos extranjeros en la ciudad compostelana para dar servicio a los viajeros, llegando incluso a ocupar puestos de relevancia en la Iglesia o en el consistorio compostelano. Estos francos solían establecerse en las afueras de las poblaciones con la intención de comerciar, formando ferias mercantiles y artesanas, y las necesarias posadas, hospederías y tabernas para completar su estancia. Estas poblaciones no se distribuyeron con regularidad por todo el camino, siendo mucho más frecuentes en las zonas fronterizas pirenaicas. Los que si se asentaron por igual desde los pirineos a Finisterre y extendieron sus reformas, hospitales y hospederías por todo el Camino para atender a los peregrinos fueron los monjes negros de Cluny, lo que permitió, como ya señalamos, la aceptación del arte románico, la novación cluniacense y, posteriormente, la cisterciense en la Península.

Pero en el Camino de Santiago también influía lo que acontecía en el sur, en la zona musulmana de Hispania. Hasta el inicio del siglo XI, la preeminencia del Estado Omeya en el sur, sobre todo, la existencia del Califato de Córdoba como elemento aglutinador del poder del momento, permitía una comunicación e intercambio entre las zonas peninsulares del sur y otras zonas de dominio musulmán, incluso de las de extremo oriente. La caída y fragmentación del Estado Omeya trajo consigo la creación de los reinos de taifas y la perdida de esa unidad de acción. La debilidad del sur contrastaba con el paulatino fortalecimiento del norte cristiano.

En Europa se vivía un florecer urbano gracias a cierto intercambio de mercancías, cada vez más exitoso, que procedía de la mejora de las cosechas, de la implantación de pequeñas industrias manufactureras y en conjunto de una mejora de los alimentos, la higiene, la salud y el aumento de población. En Europa durante la alta Edad Media, la ausencia de reservas de oro y plata con que acuñar monedas había obligado a una vuelta al trueque y a la autarquía; ahora, el aumento de los intercambios de excedentes permitía superar esa situación, pero la carencia de monedas seguía siendo un problema y una dificultad para el desarrollo. Esa carencia no se daba en el mundo árabe. El declive musulmán en la Península permitió a la población allí asentada considerar interesante el intercambio comercial con las zonas del norte. De este modo, el Camino de Santiago se convierte en una ruta comercial a la que acuden tanto musulmanes como europeos. Estos últimos atraídos, además, por las apreciadas monedas de oro de procedencia musulmana, que contribuyeron a atenuar la penuria de los pagos en la zona cristiana del continente, mejorando el comercio y los intercambios mercantiles cuyo florecer se vislumbrará en el S.XII.  Aunque ya desde la segunda mitad del S.XI llegaban a España gracias al Camino de Santiago: paños de Brujas; armas y telas francesas… y se cambiaban por objetos de cobre, pieles, perfumes, sedas que procedían de oriente medio. Este comercio favoreció el desarrollo urbano y econó­mico de Pamplona, Jaca, Estella, Sahagún, León y, sobre todo, de Burgos.

Las ciudades y villas [cristianas de Hispania] se organizarán políticamente según las fórmulas del viejo municipio, con la consiguiente consolidación de las libertades inherentes a ellas, heredadas de las polis griega y de la civis romana.[1] La llegada de peregrinos, obligaba a disponer de lugares,  víveres, ropas y distintos bienes que pudieran necesitar. Además (ya dijimos que estos visitantes eran promovidos por los monarcas a fin de repoblar las zonas recién conquistadas), para que la permanencia se hiciera más atractiva los reyes otorgaban privilegios a las zonas de asentamiento, así, por ejemplo, libertad para comprar y vender inmuebles, libertad personal, inviolabilidad de domicilio, vigencia del fuero real sobre cualesquiera otras normas extrañas; supremacía de la justicia real sobre las autoridades locales.

Por otro lado, por la ruta jacobea llegaron guerreros de todas partes del continente, algunos por rutas marítimas, como los procedentes de las islas británicas (camino inglés) y otros que desde la Gascuña o desde las costas del mar del norte a los puertos cantábricos, para participar en las luchas contra los infieles. Estos guerreros repoblaron, en muchos casos, los espacios situados en las fronteras del Tajo, de Sierra Morena o del valle del Ebro. En este último caso, contribuyeron a las victorias militares de Alfonso I, el cual los premió con derechos destacados para que ejercieran como colonos en el reino de Aragón, estableciéndose así una importante colonia franca en las tres actuales provincias aragonesas.

La ruta jacobea unió el Occidente cristiano con las zonas más pujantes de Europa, en los siglos XI, XII y XIII. Incluso en éste último, la importante presencia francesa, sobre todo París como centro neurálgico de la economía europea, favoreció aún más la importancia de la ruta jacobea.

Estos derechos, libertades, la solidaridad, la tolerancia, la unión entre los pueblos, el esfuerzo, la acogida…, los principios judeo-cristianos y greco-romanos son valores que estaban en el sustrato histórico medieval europeo, que el Camino de Santiago proyecta y extiende y que forman parte de los referentes con los que se concibió siglos después la Unión Europea.

A finales del siglo XIII –1295– los genoveses logran cruzar el estrecho de Gibraltar e inauguran con ello un comercio marítimo que enlazará el mediterráneo con el mar del Norte de manera más rápida y cómoda que las vías terrestres. Esta situación pondrá el foco del comercio europeo en Brujas y en ciudades italianas como Roma o Florencia. Con ello, atrás quedará París, atrás quedará Santiago.

Tal es la decadencia que, en siglo XVI, se tiene por mendigos a los romeros que van a Santiago. Se controla su presencia y en Europa se vigila a los que vienen de Santiago. La miseria imperaba en la ruta y las enfermedades florecían. Los peregrinos que iban a implorar salud al Santo eran recibidos con recelo y en la ciudad compostelana se decretó que el que fuese en peregrinación no estuviese en la ciudad más de tres días, contando en ellos el de llegada y el de salida. Los reyes españoles permitían el peregrinaje y pedir limosna por el camino a los extranjeros, pero sólo si iban directos a Santiago no se paraban por el camino en otras ciudades y este periplo requería de una licencia previa. Felipe II, por Pragmática de junio de 1590, prohibió usar el hábito de peregrino a toda persona “de estos nuestros reinos”[2], de cualquier calidad que fuese. En tiempos de Carlos III, en 1776, en Europa se recomienda no dejar ir a Santiago y en España se establecen concretos caminos de ida y vuelta, en ellos los peregrinos deben ir provistos de la señalada licencia que pasó a conocerse como la Compostela, o pasaporte que se les daba para que las autoridades locales les concediesen licencia de pedir limosna durante tres días y, en 1778, se encargó a la justicia la comprobación de la documentación de los peregrinos y la imposición de determinadas penas a los contraventores para evitar así los problemas generados por mendigos y vagabundos.

Los peregrinos siguieron yendo, en menor medida, a Santiago, pero el Camino sufrió otro grave revés durante el S. XIX. La Revolución Francesa en Europa y la desamortización de Mendizábal (1835 y 1837) en España contribuyeron poderosamente al olvido de la ruta jacobea. La Revolución por incorporar una serie de posiciones ateas o al menos descreídas que abogaban por los principios de la razón humana como superadora de la idea de trascendencia y de Dios, que hicieron tambalear la fe de Europa. Ya no existía aquella devoción popular de peregrinación a Santiago en busca de un milagro, como en la Edad Media. La desamortización, que también comulgaba con el descreimiento, porque expropió las tierras y bienes en manos de la Iglesia Católica. Muchas de las órdenes religiosas que gestionaban los monasterios, hospederías y hospitales dedicados a la atención del peregrino vieron como les arrebataban sus posesiones para pasar a manos de la burguesía que las uso a su antojo.

Las rutas del camino de Santiago cayeron en el olvido. Su recuperación se realiza, en gran medida en los años 60 del siglo XX.  En 1965 se restablece parte del trazado original del Caminos francés, tomando como guía la ruta señalada en el libro quinto del Códice Calixtino. Pero no es hasta 1980 cuando los caminos de acondicionan con señalizaciones, hospedajes, monasterios y servicios para los peregrinos. Ahora la gestión se realiza desde las Administraciones Públicas, en colaboración con instituciones privadas y también con el apoyo de la Iglesia.

En esta recuperación han jugado un papel importante los reconocimientos oficiales. En 1962, en España se declaró al Camino como conjunto de valor histórico-artístico y el Consejo de Europa lo distinguió, en 1987, como primer Itinerario Cultural Europeo. La UNESCO lo incluyó en la lista del Patrimonio de la Humanidad en 1993. En ese mismo año el camino de Santiago fue declarado Patrimonio Cultural Europeo por los ministros de Cultura de la Comunidad Europea reunidos en Bruselas. En 2004 recibió el premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Además, para los católicos el camino jacobeo sigue siendo una importantísima ruta de peregrinación que permite ganar indulgencia en los años santos. 2021 es año Santo, que se extenderá de forma excepcional hasta el 31 de diciembre de 2022 por la pandemia Covid-19.

BIBLIOGRAFÍA

ANES, Gonzalo. “El camino de Santiago en la formación de Europa”. Número 35 de la revista “Política exterior”.1993.

ASOCIACIONES DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO DE NAVARRA, LEÓN Y GALICIA “El camino de Santiago, su configuración histórica”. 1987.

Barros Guimerans, Carlos. “Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, una aproximación global” Anales de historia antigua, medieval y moderna (Universidad de Buenos Aires). 2006

Lalanda, Fernando. “El boom del Camino en sus años oscuros (1961-1969) Visión Libros. 2011

[1] Gonzalo Anes. “El camino de Santiago en la formación de Europa”.

[2] Gonzalo Anes. Op. Cit.

LA INFLUENCIA DEL DINERO EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

La historia de la humanidad no se entiende sin las relaciones sociales y los medios que las facilitan sean de tipo lúdico, cultural, comercial, etc., Hoy nos vamos a referir a los intercambios mercantiles y, especialmente, la importancia del dinero en ellos.

Para situarnos en el tema propuesto debemos partir del primer modo de pago: el trueque. Es decir, el intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar la intervención de dinero (la palabra dinero procede del latín denarium, que era una de las monedas que utilizaron los romanos). Algún economista dirá que el trueque también era una forma de generar dinero, pero en este caso vamos a identificar el dinero con la moneda de curso legal.

Por medio de intercambios, concibió el ser humano la satisfacción de algunas necesidades que no podía obtener por sí mismo.  Sin embargo, el simple intercambio, el trueque, no solventaba todas las carencias y generaba algunos problemas: en ocasiones, se intercambiaban cosas que tenían un valor desigual, sobre todo, las horas de trabajo no eran bien recompensadas; en ocasiones, dos personas sólo tenían para ofrecer las mismas cosas o servicios, lo que impedía el trueque; en ocasiones, las cosas que tenía un poseedor no se podían partir y, aunque su valor fuera suficiente para múltiples cambios, su indivisibilidad no permitía adquirir productos de diferentes dueños; en ocasiones, el valor de los productos no se podía acumular por ser perecederos…. Para poder comerciar con sociedades más alejadas o para atender cambios de mercancías en gran cantidad era necesario buscar un sistema que simbolizara el valor de las cosas, por ejemplo, un caracol o cabezas de ganado (de ahí el termino pecunio, pecuniario), el cacao en los aztecas, la sal (origen del término salario) …. Posteriormente, tal representación se hizo por medio de objetos metálicos, entre otros, mediante barras de hierro. Con ello, aunque de manera rudimentaria, había nacido la moneda.

Las monedas más antiguas que se conocen proceden de china y datan del 1100 a.C.-. estaban hechas en bronce e incluían representaciones de las herramientas que antes se cambiaban por mercancías-.

Las primeras monedas hechas con una aleación de oro y plata aparecieron en Lidia (entonces parte del Imperio Heleno y hoy perteneciente a Turquía), en el siglo VII a. de C. En sus caras se suelen representar animales, por ejemplo, un león, animal relacionado con la realeza y con el poder o una lechuza que era el símbolo de Atenea, la diosa de la sabiduría. Todas ellas tenían un peso y unas dimensiones específicas, unos 4’75g y una aleación cuya proporción era, aproximadamente, de 60/40 de plata sobre el oro; lo que daba a estas monedas un valor estable. Por tanto, la primera moneda dotada de estabilidad y pervivencia fue el dracma. Con el tiempo, cada ciudad griega tuvo su propia moneda, menos Esparta, que siguió utilizando barras de hierro como elemento de cambio.

Las monedas griegas, sobre todo las atenienses, fueron difundidas por comerciantes y soldados griegos por todo el mundo, siendo imitadas en otros lugares. Filipo, rey de Macedonia, unificó tanto Grecia como su moneda, eliminando las de cada ciudad. La peculiaridad de estas nuevas monedas era que tenían acuñada la cara del rey. El ejemplo fue seguido por su hijo, Alejandro Magno, y al ritmo de sus conquistas, impuso la costumbre de identificar las monedas con la cara del mandatario de cada lugar. En Roma, los ciudadanos, sobre todo los de las provincias más alejadas, conocían al emperador casi exclusivamente por la moneda, y los cambios de emperador por el cambio en la acuñación. A veces seguían circulando las monedas del emperador anterior, pero no siempre, sobre todo, si, como en el caso de Calígula, su recuerdo era tan malo que, para hacer olvidar su mandato, se fundían las monedas.

La caída del Imperio romano desmenuzó el mapa de Europa y afecto en dos formas al sistema monetario, por un lado, desaparecieron las reservas de oro y plata en muchos sitios por no tener minas; por otro, el comercio casi desapareció volviéndose al trueque y a una economía autárquica durante la Alta Edad Media.

Hasta que no reinó la paz y la estabilidad en Europa, mejoraron las comunicaciones, se incrementó la producción agrícola, aumentó la población y la seguridad de los caminos no se retomó el comercio, siendo un punto de inflexión positivo el siglo XII. Los intercambios mercantiles florecieron en torno a las ferias, lo que también determinó la reordenación y creación de las ciudades. Tres fueron las actividades o elementos principales sometidas a transacciones comerciales: las relativas a la alimentación, a la vivienda y al vestir. Así nacieron los primeros mercaderes profesionales que iban de feria en feria, primero a las más cercanas; posteriormente con el apoyo en carros y bueyes a otras más alejadas, hasta instalarse en las ciudades para la venta al por mayor. Los intercambios de los excedentes permitieron que el comercio se ampliara y pasara de venderse materias primas o bienes de primera necesidad a comerciarse con artículos de lujo como perfumes, especias…

La ampliación de los mercados logró un comercio internacional favorecido por las rutas marítimas- en aquel momento, gracias al Imperio español- y rutas terrestres en Europa que se centraban también en territorios imperiales: Flandes e Italia del Norte; ambas zonas estaban muy pobladas y se dedicaban generalmente a la manufactura de tejidos, metal y cerámica.

Paralelo a este progreso comercial se estableció un desarrollo monetario universal. Sería en este momento cuando apareciera el real de a ocho, también conocido en el mundo anglosajón como dólar español o Carolus. Era una moneda de plata que, si bien surgió en 1497, fue grande gracias al amplio uso que se hizo en todo el Imperio muy especialmente en la época de Felipe II, llegando durante el S XVIII a convertirse en la primera divisa de uso mundial. Fue la primera moneda de curso legal en EE.UU, donde era conocida como dólar. En este punto vamos a realizar una pequeña digresión para explicar el origen de la palabra dólar. En 1535, tras la creación del Virreinato de Nueva España, Carlos I ordena que en las recién descubiertas minas de plata en aquel territorio se empiece a acuñar una moneda similar a la que se utilizaba en Europa con el nombre de thaler; nombre que es una abreviatura de Joachimsthaler, el valle al norte de Bohemia en el cual se encontraban las minas de plata que proveían del metal para acuñarlas hasta ese momento. En Nueva España se cumplió la orden y acuñaron los thaler, con la misma cantidad de plata que el real de a ocho, se trataba de la misma moneda. Sin embargo, al no estar familiarizados con la fonética de la letra “th” su pronunciación se transformó en una “d”, bautizando de este modo a la moneda con el nombre de ‘daler’, que derivó en dólar.

Además de aquellos avances monetarios, en la época imperial española se constituye de manera estable la institución bancaria. Aunque el origen de los bancos se sitúa en torno a las cruzadas y a la orden de los Templarios, su desarrollo como banca moderna se origina en el S XV. Su función era agilizar las transacciones comerciales y dar seguridad a los comerciantes, reconocer las diferentes monedas, su peso y sus equivalencias. Muchos de estos banqueros se convirtieron con el tiempo en cambistas y su trabajo se basaba en tener diferentes tipos de monedas para que un comerciante pudiera cambiarla por otra y así comprar en otros países;  también ejercían de prestatarios, de los que el Imperio español, tanto Carlos V como Felipe II, conocían bien su función y los débitos que la Corona española adquirió para sus conquistas, estando respaldados por el oro llegado de América o las especias del Pacífico. Aun así, el Estado español cayó en bancarrota en distintas ocasiones.

Quizá si recordamos a Quevedo en su famoso “Poderoso caballero es don dinero” veamos todos esos pasos:

“Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir a España,
y es en Génova enterrado.”

La aparición de los bancos tuvo otra consecuencia destacada: permitió la creación del papel moneda (billetes) y de otros sistemas de pago (se había generalizado la custodia del oro y de las joyas de las familias adineradas por parte de los orfebres, quienes entregaban resguardos con su firma y sello a los depositantes. Al igual que los pagarés, tales resguardos acabarían siendo aceptados como medios de pago en las transacciones). Este sería un sistema que permitiría al portador llevar gran cantidad de dinero sin transportarlo personalmente.

El pionero en utilizar billetes, fue el emperador mongol, KUBALI KHAN en el Siglo XI. Pero es a finales del Siglo XVI cuando el pueblo lo utilizó para saldar deudas y realizar pagos y momento en el que los bancos emitieron certificados por cantidades fijas. Los primeros billetes oficiales se acuñaron en 1694, por el Banco de Inglaterra, así se estableció para siempre el dinero fiduciario, a diferencia de las monedas de la época, el billete solo tenía valor representativo.

Durante el siglo XVIII se irán fundando bancos para satisfacer las necesidades financieras de los estados y los particulares, sustituyéndose gradualmente sus emisiones iniciales de pagarés, vales, bonos, etc., por billetes. En nuestro país, el Banco de San Carlos, antecedente del Banco de España, lanzó lo que se llamó cédula por primera vez en 1783. El 1 de mayo de 1856, se produce la primera emisión de billetes españoles. Con todo, habrá que esperar al siglo XIX y al enorme impulso que recibieron los bancos con la gran demanda financiera que la revolución industrial trajo consigo, para que el papel moneda se instalara definitivamente. Los primeros en utilizar los billetes a gran escala fueron los norteamericanos a finales del Siglo XVIII al aparecer un problema de pagos en tiempos de guerra, naciendo los denominados greenback. Los greenbacks o billetes verdes, fueron dólares emitidos en 1861 por el Gobierno de la Unión, para sufragar los gastos de guerra contra los secesionistas del Sur. En sus inicios eran 100% canjeables por oro. Pero, poco tiempo después, quedó en suspenso esta norma de conversión y las posteriores emisiones de estos billetes verdes dejaron de ser convertibles. Así que los greenbacks cayeron de valor rápidamente, experimentando un descuento enorme, en relación a los metales preciosos. Sin embargo, a pesar de no tener ningún valor aparentemente, seguían siendo utilizados por los ciudadanos. La costumbre de su uso favoreció esa aceptación como forma de pago.

Por entonces, en cada país, eran múltiples los bancos que monedeaban sus propios billetes, garantizando muy difícilmente la convertibilidad de los mismos con sus reservas de metales preciosos. Es la centralización de la emisión de un solo banco controlado por los gobiernos, unida a los avances en las artes gráficas, lo que permite apreciar en el papel moneda su utilización como testimonio de la presencia de cada Estado respaldando su valor, y dando testimonio de una época y lugar en las representaciones en los anversos y reversos de los billetes de unos personajes contemporáneos o históricos, populares o distinguidos, monumentos, paisajes,… propios de una identificación colectiva. En 1874, el Banco de España se establece como único banco emisor nacional.

Sin embargo, la moneda de cada país que es utilizada como medio de cambio no tiene por qué ser utilizada como medida del valor (patrón convertible). Durante el periodo en que América del Norte era una colonia, por ejemplo, la moneda española era un importante medio de cambio mientras que la libra esterlina británica era el patrón de medida del valor.

Durante casi 200 años fue la libra esterlina la moneda patrón para la conversión, al igual que la moneda refugio anterior había sido el Real de a ocho español, tras la Segunda Guerra Mundial el dólar norteamericano fue aceptado como moneda universal debido al reconocimiento de una innegable realidad: la existencia de un país lo suficientemente rico como para que todos creyeran que aquellos papeles de color verde podrían ser cambiados por oro. De ahí nació el patrón oro- dólar. Hasta que, el 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon anunció que su gobierno anulaba el compromiso de pagar con oro el valor del dólar. Generando una serie de problemas económicos que no son objeto de este blog.

Finalmente, destacaremos dos hechos significativos acontecidos en los últimos tiempos, por un lado, la Unión Económica y Monetaria europea que en la práctica supone la coordinación de las políticas económicas y presupuestarias de los países acogidos a la misma, una política monetaria común y una moneda común, el euro. Buscando con ello las ventajas que una única moneda genera en el comercio transfronterizo, el intercambio empresarial y el control de determinados aspectos económicos, como el déficit. El Euro fue introducido oficialmente el 1 de enero de 1999, aunque durante los primeros años no era una moneda en circulación. Tal eventualidad ocurrió el 1 de enero de 2002 y en 12 países (hoy, 19) de la UE se produjo el mayor cambio de moneda de la historia. Dando lugar, con ello, al nacimiento de la denominada zona euro, que no afecta sólo a los países miembros de la unión que han aceptado esta moneda, sino a otros que aceptan el cambio en euros o la circulación de los mismos, como Andorra, San Marino o el Vaticano, entre otros. El Euro, sirve de valor fijo en países cuya población alcanza los 240 de personas alrededor del mundo y se ha convertido en la segunda moneda de reserva después del dólar USA.

En segundo término, se hace patente un intento de cambio del sistema monetario tal y como es conocido hasta ahora, mediante el alejamiento de la emisión oficial de los bancos centrales por la presencia de criptomonedas, cuyo futuro está por despejar.

De todos modos, el desarrollo de medios electrónico está propiciando una nueva serie de medios de pago que pretenden sustituir a la moneda en un tiempo supuestamente breve.

BIBLIOGRAFÍA

RUS ARIAS, Enrique. “Origen del dinero”. Economipedia.com.

https://economipedia.com/historia/origen-del-dinero.html

DAVIES, G y BANK, J. H.. “A history of money: from ancient times to the present day”. University of Wales Press, 2002.

HOWGEGO, C. J. “Ancient History from Coins”. Psychology Press. 1995.  (Google Books).