La independencia de Argelia

A inicios del Siglo XIX, el territorio de Argel formaba parte del Imperio Otomano que tenía un gobernador-Dey- que dirigía aquel territorio en nombre del sultán turco. En 1818 fue nombrado Gobernador, Hussein Day, y en 1830, cuando se desencadenan los acontecimientos que vamos a narrar, seguía en el cargo.

Aunque el Imperio Otomano era el que mantenía la soberanía, quien realizaba importantes actividades comerciales en aquella zona era Francia. Las tensiones entre ambos territorios no eran nuevas, pero destaca el incidente diplomático acontecido en 1827 -incidente del abanico- en el que el Dey abofeteó, con un abanico, al embajador francés al reclamar el pago de una deuda que Francia no abonaba. Aquella fue la excusa perfecta para que el rey francés Carlos X que sufría una enorme impopularidad debido a sus políticas absolutistas, intentara distraer la atención y aglutinar a la opinión pública francesa entorno a un enemigo exterior.  Argel ocupaba una posición estratégica en el mar Mediterráneo que a Francia le favorecía para asegurar el control de las rutas comerciales, librarse de intermediarios, acceder a los recursos agrícolas del norte de África, especialmente el trigo y otros suministros esenciales…Si bien, en este enfrentamiento, estableció, como motivación más noble y también cierta para intervenir en Argel, acabar con la piratería otomana -argelina y de todo tipo- y la esclavitud de comerciantes europeos que osaban adentrarse por las costas berberiscas.

La conquista francesa comenzó en 1830. Argelia fue gobernada, primero, como colonia francesa entre 1830 y 1848, y luego formando parte, mediante múltiples departamentos, de Francia.

Como jurisdicción reconocida de Francia, Argelia se convirtió en destino de cientos de miles de colonos europeos, a cuyos descendientes nacidos en Argelia se les conoció como pieds-noirs. Napoleón III concede la nacionalidad francesa a los indígenas nativos el 14 de julio de 1865 y a los judíos argelinos en 1870. En 1881, Francia declaró a Argelia como parte de su metrópoli.

La conquista de Argelia no fue fácil. Cuando Francia logró su dominio en el territorio de Argel le faltaban por incorporar – lo harán los propios franceses posteriormente- la Kabilia y los territorios del sur.   La conquista se produjo en periodo revolucionario (revoluciones de 1830 y 1848) y ese espíritu afectó también a los impulsores de su posterior independencia.

Al contrario que los británicos, los franceses intentaron en el norte de África una política de asentamiento y dominio de los territorios como algo propio, como territorio francés, dominado por franceses, aunque el dominio de las instituciones no se hiciera por igual entre los ciudadanos de origen francés y los nacionalizados franceses de origen bereber.

Cuando a partir de 1830 los colonos franceses se asentaron en Argel y, posteriormente, se adentraron en los territorios poco explorados del sur hasta incorporarlos como departamentos franceses, se hicieron con las mejores tierras, pero también llevaron infraestructuras, un sistema educativo y asimilaron a los nativos a la cultura francesa, lo que dio lugar al fin de una identidad diferente de los nativos con remembranzas del pasado poder turco. Aquel proceso de integración se hizo verdaderamente en serio, con convencimiento. Por eso el proceso de independencia se convertirá en una guerra civil con varios bandos enfrentados. No se podía hablar de “identidad argelina” porque no existía en aquel momento.

El movimiento nacionalista surge como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, tras la que las potencias europeas quedaron exhaustas, originando a un proceso descolonizador mundial, que afectó en particular a Gran Bretaña y a Francia.

Cuando estalló la insurrección argelina (1854), Vietnam acababa de lograr su independencia: las fuerzas francesas habían sido derrotadas en Dien Bien Phu, una victoria que sirvió de estímulo para todos los pueblos colonizados. Mientras tanto, la independencia de los dos protectorados del Magreb, Marruecos y Túnez, aunque aún se encontraba en negociación, en poco tiempo se reconocería su existencia como estados independientes, algo que nunca antes habían sido (ambos reconocimientos se produjeron en 1956).

De entre todos los territorios que buscaban la independencia, la situación de Argelia era especialmente dolorosa para Francia. Su territorio no era un protectorado, era un departamento francés, era Francia. Además, poseía gran importancia económica en materia agrícola y por haber encontrado petróleo y gas en los años 40.

El movimiento independentista iba unido un movimiento revolucionario de corte socio-comunista e islamistas que se manifestó con un enfrentamiento entre las fuerzas nacionalistas, principalmente el Frente de Liberación Nacional (FLN), y su grupo terrorista, el llamado Ejército de Liberación Nacional, conocido por las siglas en francés ALN, frente a las tropas leales a Francia. Curiosamente, en aquel momento, los créditos para luchar contra el levantamiento fueron aprobados por todo el espectro parlamentario francés, incluidos comunistas y, por supuesto, socialistas.

En el interior de Argelia, ya empezaron a surgir algunos de los problemas que asaltarían a la sociedad argelina tras su independencia y que tenían su origen en hechos anteriores a la presencia francesa: desde siempre se había producido en aquel territorio un enfrentamiento con las tribus árabes y los bereberes. Estos últimos fueron empujados por los árabes en todo el Magreb hacia las montañas y al Sahara. Ese enfrentamiento se ha seguido dando hasta la actualidad e incluso ha supuesto enfrentamientos entre los bereberes y el gobierno argelino en los procesos de arabización de la población que han surgido tras la independencia.

La conciencia nacionalista surge, en parte, por el desigual trato recibido entre los colonos franceses y los nativos a la hora de votar. En 1943, Ferhat Abbas, que luchaba todavía por la asimilación, publicó el “manifiesto del pueblo argelino “(que ya tuvo un precedente en 1937 con ocasión del “Congreso Musulmán argelino” y dónde los fundamentos de la Argelia musulmana se encontraban en la superioridad numérica y el crecimiento demográfico. Hasta después de la II Guerra Mundial aquella semilla quedó dormida e inoperante); en 1943, Abbas exigía la igualdad ante la ley y la autonomía regional, este fue el germen que permitió en 1954 crear el Frente de Liberación Nacional.

El 1 de noviembre de 1954, se crea en la clandestinidad el Comité Revolucionario de Unión y Acción y estalla la rebelión en la Gran Kabilia y los Montes Aurès (el “Día Rojo de Todos los Santos”): el territorio argelino se vio sacudido por una treintena de ataques simultáneos contra objetivos militares y policiales, que causaron siete muertos. François Mitterrand, Ministro del Interior, decidió enviar tres compañías de la policía antidisturbios, CRS, y disolver el MTLD (Movimiento por el Triunfo de las Libertades Democráticas, de corte nacionalista). Estos acontecimientos no se percibieron como el inicio de la guerra, pero era una guerra, civil y cruenta, en la que Francia contaba con su ejército, enfrentado a los grupos terroristas del llamado Frente de Liberación que actuaban tanto en los departamentos argelinos, como en la metrópoli. De esa guerra, sólo destacaremos algunos hechos importantes.

Será en 1955 cuando se marque un punto de inflexión: Mitterrand abogó por el uso de la fuerza y ​​presentó un programa de reformas para Argelia. Las primeras operaciones del ejército francés tuvieron lugar en los Montes Aurès. Jacques Soustelle, nombrado Gobernador General de Argelia, defendió la integración, y el gobierno francés declaró el estado de emergencia (1 de abril). Las operaciones llevadas a cabo por los argelinos fueron de estilo guerrillero: atentados con bombas, ataques a destacamentos y sabotaje, inicialmente en Kabilia y la región de Constantina.

En 1956 se generalizan los enfrentamientos. Una guerra civil en todos los niveles de la población. A partir de 1957, la Francia metropolitana recuperó el control en las principales ciudades (Batalla de Argel). En 1958, tuvieron lugar los motines de Argel con la creación de un comité de salud pública y, posteriormente, enfrentamientos, por etapas: en el campo, hasta Kabilia (1959-1960), utilizando la táctica de “campos de reagrupamiento”.

La Francia metropolitana ganó la guerra militar, pero perdió la guerra ante la opinión pública, tanto en el plano internacional como nacional. La “guerra psicológica” fracasó entre la población musulmana: los reagrupamientos forzosos, de un lado, y el terror mantenido por el FLN hicieron imposible cualquier coexistencia.

A pesar de los intentos del gobierno francés por presentar la guerra en Argelia como un asunto de seguridad interna, la dimensión internacional del conflicto creció progresivamente, en beneficio del FLN. La ayuda árabe fue decisiva. La delegación exterior del FLN se reagrupó en torno a Ferhat Abbas en El Cairo, sede de la Liga Árabe.

Los dos países vecinos, Marruecos y Túnez, sirvieron como arsenales, bases de retaguardia y campos de entrenamiento para los combatientes. Cada intento del ejército francés por romper la solidaridad de estos Estados soberanos provocó protestas internacionales. Así, las dos superpotencias (USA y URSS) condenaron la política francesa en nombre del derecho de los pueblos a la autodeterminación, pero por razones opuestas: la URSS veía su apoyo moderado al FLN como un medio para afianzar su influencia en el Magreb; Estados Unidos consideraba que la intransigencia francesa era la mejor vía para que la URSS lograra este objetivo.

Al permitir que la delegación argelina participara como miembro de pleno derecho en la Conferencia de Bandung, el Movimiento de Países No Alineados otorgó al FLN una dimensión exterior que no hubiera adquirido de otro modo. A partir de septiembre de 1955, las reiteradas ofensivas diplomáticas de los países afroasiáticos obligaron a Francia a justificar su política ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, primero en 1956 y luego al año siguiente. En 1958, el F.L.N. formó el primer Gobierno provisional de la República Argelina en el exilio tunecino, presidido por Ferhat Abbas.

La incapacidad de la IV República para restablecer la paz fue aprovechada por la coalición provisional de fuerzas políticas hostiles, lo que condujo al colapso del régimen.

El 13 de mayo de 1958, partidarios de la “Argelia francesa” se rebelaron en Argel. Todos estos acontecimientos provocaron una crisis que colapsó la IV república. Ante la crisis, el 15 de mayo, el general De Gaulle se declaró “dispuesto a asumir los poderes de la República”, dando comienzo a la V República.

El 3 de junio, De Gaulle obtuvo poderes especiales durante seis meses para resolver la crisis argelina. Propuso tres caminos entre los que los argelinos debían elegir: la secesión, la integración en la sociedad francesa, o la asociación. Esta fue la primera vez que la independencia fue, de hecho, considerada. Sin embargo, persistía el problema de la pacificación de Argelia, sin la cual la autodeterminación era improbable.

La opinión pública francesa, inicialmente favorable a la guerra, viró hacia la búsqueda de la paz, incluso a costa de la independencia. En enero de 1961, el referéndum sobre la autodeterminación obtuvo un 72,25 % de votos a favor en la Francia metropolitana y un 69,09 % en Argelia. En este giro los partidos de izquierdas tuvieron una influencia esencial. El partido comunista se mostró en el adalid de la “defensa de la paz”; que realmente no era la paz, era la rendición, la entrega, es decir, su paz equivalía a la independencia de Argelia.

Como en toda Guerra civil, las familias francesas sufrieron considerablemente por este conflicto, no sólo por los soldados que fueron reclutados para el ejército, también por los ataques terroristas indiscriminados del FLN y la represión consiguiente del Estado (por ejemplo, la “semana de las barricadas” del 24 de enero al 1 de febrero de 1960 o la manifestación de argelinos en París en 1961 que acabó con 200 muertos). Además, el coste económico y moral de la guerra impactó en amplios sectores de la economía y la sociedad francesa.

La izquierda se movilizó unas veces en defensa de las libertades argelinas, en otras claramente por la independencia de Argelia (Manifiesto de los 121 a favor de la insubordinación, septiembre de 1960). En Argel, algunos individuos aislados abogaron por la reconciliación entre comunidades, como André Mandouze y Albert Camus. Otros pocos apoyaron clandestinamente al FLN, como los «portadores de maletas» de la red Jeanson (quinta columna a favor del FLN contra los franceses. Se dedicaba principalmente a conseguir y transportar fondos y documentación falsa: de ahí el nombre de “portadores de maletas” que se les atribuía a sus miembros).

Algunos periódicos —France-Observateur, Témoignage chrétien, Le Monde— denunciaron las supuestas torturas. El movimiento estudiantil (Unión Nacional de Estudiantes de Francia) pasó de rechazar la guerra a apoyar la independencia. Parte de los sindicatos y activistas políticos de izquierda —el Partido Comunista desde 1956, el Partido Socialista Autónomo, los partidarios de Mendès-France y, posteriormente, el Partido Socialista Unificado— se manifestaron contra la continuación de los combates y, más tarde, en apoyo de las negociaciones.

Los enfrentamientos también daban dentro de las filas francesas. Así ocurre con el intento de golpe de estado de Argel (del 21 al 26 de abril de 1961). Un grupo de militares de carrera del ejército francés situado en Argelia, liderados por cuatro generales: Maurice Challe, Edmond Jouhaud, Raoul Salan y André Zeller, iniciaron una acción como oposición a la política del General De Gaulle y del gobierno, al considerar que mantenían una política de abandono de la Argelia francesa (inicialmente, De Gaulle defendió la integración de Argelia en Francia, pero posteriormente cambió de posición. En 1959 reconoció el principio de autodeterminación). El golpe fracasó, ya que no logró movilizar a las tropas ni a la opinión pública en Francia. Los oficiales rebeldes se unieron entonces a la OAS (la OAS fue una organización paramilitar y terrorista francesa, formada por militares contrarios a la independencia de Argelia y su objetivo era impedir la independencia de Argelia. Desaparecen con los acuerdos de Évian).

En esta situación de violencia entre ambas comunidades se inician las conversaciones de Èvian en mayo de 1961, entre el Gobierno Francés y los nacionalistas argelinos representados por Ben Khedda.

Los Acuerdos de Évian, firmados el 18 de marzo de 1962, otorgaron la soberanía al Estado argelino, incluyendo el Sáhara. Finalmente, Argelia proclamó su independencia el 3 de julio de 1962.

Entre sus múltiples consecuencias se encuentra la cuestión de los 900.000 ciudadanos franceses de Argelia (pieds-noirs) que   decidieron abandonar el país y ser repatriados a Francia y el trauma de los harkis, argelinos que habían combatido junto al ejército francés. Al obtener Argelia su independencia, los harkis fueron considerados traidores y colaboradores por el nuevo régimen, y el Frente de Liberación Nacional (FLN) los torturó y ejecutó en brutales masacres, llevando a la muerte en torno a 700.000 harkis. Algunos (en torno a 43.000) lograron huir a Francia tras la independencia, pero no lograron una auténtica integración hasta años después.

Internamente, Argelia no logró la estabilidad deseada con la independencia. La dirección política del FNL se enfrentó con el ALN (ejército de liberación argelino). El primer gobierno presidido por Ben Bella y una asamblea nacional constituyente. En 1965 una facción del ALN, dirigida por Bumedian, dio un golpe de estado. Bumedian gobernó Argelia hasta su muerte en 1978. Creó una unidad entre partido y tropas, que dominaron todo el poder. En su ideario, lleno de contradicciones, buscaban una modernización industrial y avances económicos mediante planes cuatrienales, con un estado centralizado comunista, sin margen para la autoorganización, de carácter islamista. Lo que influye en contra del desarrollo económico y de la posición de la mujer que ha pasado de tener un importante papel durante la independencia a estar cada vez más sometida y apartada de la vida pública.

Las relaciones entre Francia y Argelia continúan siendo importantes, pero la guerra dejó una huella muy dolorosa en la memoria histórica.

 

BIBLIOGRAFÍA

BENZ, W. Y GRAML, H.- “El Siglo XX: Problemas mundiales entre los dos bloques de poder”. Ed Siglo XXI. 1981.

GOUBERT, Pierre. – “Historia de Francia”. Ed. Crítica. 1987.

MARTÍNEZ CARRERAS, José Urbano. – “Introducción a la Historia contemporánea. (tomo 2) El Siglo XX, desde 1917”. Ed Istmo. 1985.

 

ENTRE MOSAICOS

Como todos los años, en torno al 24 de septiembre, una entrada sobre arte.

Una de las formas más antiguas de manifestación artística es el mosaico.

La palabra mosaico proviene etimológicamente de la palabra griega “musa”.  Según la RAE el mosaico es: (dicho de una obra, en especial artística) “taraceada de piedras o vidrios, generalmente de varios colores”.

En la antigüedad, el término que se utilizaba para identificarlo provenía de opus musivum. 

Cronológicamente, el arte del mosaico se conoce desde hace miles de años, pero no de manera lineal en el tiempo: fue muy utilizado durante algunos periodos históricos y en otros apenas aflora. Los primeros mosaicos conocidos fueron hallados en un templo mesopotámico – en el templo de Uruk (la actual ciudad iraquí de Warka), construido entre el 3800-3400 a.C.)- https://www.facebook.com/lasayamusivo/posts/3404848149549146/ -.Compuestos por marfil, conchas y piedras, estas piezas decorativas y abstractas sentaron las bases de los mosaicos realizados miles de años después en la antigua Grecia y el Imperio romano.

Sin embargo, entre Mesopotamia y Roma las diferencias técnicas son notables. Los mesopotámicos realizaban la composición temática a base de dibujos geométricos, y para darle forma utilizaban una especie de conos de cerámica de base cuadrada que se teñían, con carácter general, de los colores rojo, negro y el propio color de la arcilla. Los conos, de unos 12 centímetros de longitud, eran incrustados en las capas de mortero que revestían muros y suelos, para mostrar, exclusivamente, los cuadrados de la parte final de tales cilindros cerámicos.

Además, los mesopotámicos utilizaron también ladrillos esmaltados y vidriados como ocurre en la famosa Puerta de Ishtar. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/puerta-ishtar-secretos-monumental-entrada-a-babilonia_18645

En aquella zona, también los sumerios adornaban paredes y columnas con trocitos de arcilla de colores.

Pero el impulso al arte del mosaico lo dieron los griegos. En la Grecia Clásica, los mosaicos se emplearon en los pavimentos. Utilizaban piedras de río de diferentes tamaños y colores, con los que producir motivos geométricos. Ejemplos de ellos existen en Macedonia en la ciudad de Pella. Normalmente, el fondo que utilizaban era de color oscuro y se realzaba el dibujo en tonos claros. En ocasiones, los dibujos se bordeaban de plomo o cerámica para hacerlos destacar (https://www.shutterstock.com/es/image-photo/buildings-mosaics-pella-native-town-alexander-1403730806 )

El gran cambio y desarrollo aconteció durante el periodo helenístico. Los griegos, al igual que ocurrió posteriormente con los romanos, optaron por realizar unos dibujos en tela o papiro que servían de patrón para colocar las piezas de colores, de manera que el mosaico era el lítico y colorido de aquel patrón que emergía, cubito a cubito, cuadradito a cuadradito, a modo de puzle.

Cuando los romanos conquistaron Grecia y Asia en el siglo II a de C, los mosaicos eran algo común en todo el mundo de habla griega, desde allí paso a Roma llegando por el sur de la península. Los romanos lo utilizaron con profusión, siendo especialmente destacados los de Pompeya, que son los más antiguos de Italia. Se inician como forma de adorno de las casas y también de los templos que no tenían una gran riqueza constructiva y se adornan con pinturas murales y mosaicos. En ambos, casa y templos, la temática de la vida cotidiana, temas mitológicos o de animales era habitual. Se caracterizan por una gran variedad cromática, precisión, detallismo, expresividad de las figuras y un dibujo muy realista con escorzos y perspectivas más complicadas que las del mundo antiguo. Además de las paredes y suelos de las casas se produce también el adorno de las calles.

Aquellas pequeñas piezas cúbicas que usaban los griegos, de arcilla, de piedra o de cristal, los romanos las llamaron teselas. La palabra tesela viene del latín tessellae, que a su vez viene del griego y significa, cuatro. Las teselas eran de diferentes tamaños y colores (en ocasiones coloreadas para modificar el color original y adaptarlas al dibujo) y el artista las encajaba, de acuerdo con el dibujo previo, y las aglomeraba con algún tipo de masa pegajosa. El pulimento final se hacía con una mezcla de piedra pómez, polvo de esmeril, arena y agua. Con lo que se eliminaba el exceso de argamasa y las teselas adquirían brillo. Esta técnica fue la conocida como opus tessellatum y en ella lo habitual era la mezcla de piedra, vidrio y cerámica.

En cuanto a la temática, además de la ya expuesta con anterioridad, destaca la temática egipcia, en la que se incluía flora y fauna propia del rio Nilo.

Sobresale el magnífico ejemplar “Paisaje del Nilo” de Palestrina. Representa al río Nilo en su curso desde Etiopía hasta el Mediterráneo. Mide 5,85 m de ancho y 4,31 m de alto y permite asomarse a la fascinación que sentían los romanos por el exotismo de Egipto en el siglo I a. de C. http://www.elsindromedestendhal.com/mosaico-del-nilo-de-palestrina/

Pompeya quedó sepultada por la erupción del Vesubio en agosto del año 79 d. C. En 1550 se encontró la ciudad sepultada y hasta 150 años después no se iniciaron las excavaciones. Ahí se han desenterrado casas, templos, calles intactas, con sus pinturas, murales y mosaicos conservados bajo la lava. En 1997, fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

Entre los muchos mosaicos que se conservan de la aquella época, especialmente conocidos son los mosaicos de la fauna marina: https://www.pinterest.es/pin/6685099432333647/

O el mosaico de la batalla de Issos, representando a Alejandro en plena batalla contra los persas de Darío III, quizá el mosaico más conocido de Pompeya: https://lacamaradelarte.com/obra/mosaico-de-la-batalla-de-issos/

Las conquistas romanas llevan su arte allí donde se trasladaban sus soldados y guarniciones. Poco a poco se incrementó la demanda de mosaicos y de los artesanos que los realizaban. El intercambio cultural permitió la utilización de nuevas técnicas, que enriquecieron este tipo de arte.

Las basílicas cristianas de finales del siglo IV se adornan en paredes y techos de mosaicos. De las basílicas orientales quedan restos de los mosaicos de las Iglesias de Santa Constanza y Santa Pudenciana. También se conservan restos de los mosaicos de la Iglesia de la Natividad en la ciudad de Belén.

Desde el siglo IV y hasta el Renacimiento, destacan los mosaicos de las basílicas cristianas de toda Italia (Sicilia, Venecia y, sobre todo, Roma), por ejemplo, en Roma, los de Santa María Maggiore o en el ábside de la basílica de Santa Sabina. Como es evidente, la figuración de estos mosaicos representa a santos y escenas bíblicas. https://www.vatican.va/various/basiliche/sm_maggiore/sp/storia/interno.htm

Será en el Imperio Bizantino (siglo V y VI), donde el mosaico se convirtió en una manifestación artística muy especializada.  En Santa Sofía en Constantinopla; en la Iglesia de la Madre de Dios en Jerusalén… Aunque, posiblemente, el mosaico más destacado de este imperio fuera el Mapa de Madaba, realizado como piso de la Iglesia de San Jorge en Madaba- Jordania (es un mapa cartográfico de la zona de Líbano hasta el Delta del río Nilo y desde el mediterráneo en el oeste hasta el Desierto en el este. En el centro del mapa, la descripción topográfica de Jerusalén).

Las Iglesias recubren sus paredes con magníficos ejemplares. Importantes son los mosaicos de San Vital (Ravena) del siglo VI, que constituye la Edad de Oro del Imperio Bizantino. En ellos, sobre fondos planos, se nos presentan figuras bidimensionales marcadas por el hieratismo, la frontalidad y la isocefalia. Con pequeñas plantas marcando el fondo y con profusión de dorados. https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/san-vital-de-ravena/

Por pura curiosidad, podemos invitar a los lectores a visitar en Madrid, en la calle Alcalá, la Iglesia de San Manuel y San Benito, cuya construcción, como monumento de inspiración bizantina y profusamente adornado de mosaicos imitando a los de San vital. https://guias-viajar.com/madrid/capital/iglesia-san-manuel-san-benito/

A lo largo de la Historia, el arte del mosaico sería practicado por culturas diversas por ejemplo la islámica, especialmente en los siglos VII y VIII, a menudo representan formas geométricas, de vivos colores y carácter meramente ornamental tanto en el interior como en las fachadas de los edificios.

Durante la Edad Media, los mosaicos también se hicieron populares en el imperio zarista, en la catedral de Kiev, a imitación de Santa Sofía de Constantinopla se adornaron con mosaicos importantes zonas del interior de la iglesia, sobre todo en la cúpula y el ábside.

https://www.alamy.es/11th-century-mosaicos-bizantinos-en-la-catedral-de-santa-sofia-en-kiev-ucrania-image210702093.html

Asimismo, encontramos mosaicos destacados en Israel, Persia y sur de Arabia, entre otros.

Cuando los españoles llegan a América descubren que también los aztecas realizan mosaicos, empleando piedras preciosas para crear dibujos cubriendo objetos ceremoniales

En Europa, en el Renacimiento y el Barroco, se recuperaría también el mosaico como forma gráfica de arte, unido al impulso de la pintura, pero en menor medida que esta. Cabe destacar el arte transalpino sobre todo en el Imperio carolingio. La capilla palatina de Aquisgrán es un ejemplo de lo que decimos. También cabe destacar el ábside del oratorio de Germigny-des-Prés.

Destaca, asimismo, la Creación del mundo de la Cúpula de la capilla Chigi (o Santa María de Loreto) en Santa María del Popolo de Roma, trabajo de Rafael.  https://es.123rf.com/photo_78120934_mosaico-de-dios-el-padre-en-la-parte-superior-de-la-c%C3%BApula-en-la-capilla-de-chigi-por-luigi-de-pace.html

A finales del Siglo XIX en Venecia resurgió de nuevo este arte para adornar los palacios venecianos y a principios del siglo XX los mosaicos recuperaron su popularidad, fruto de un creciente interés por las artes decorativas.

El Art Nouveau o Art déco utilizó los mosaicos como forma elevada de decoración y, tanto artistas como arquitectos los integraron en sus obras. En Venecia, Viena, París o Barcelona hay algunos ejemplos destacados. En España se popularizó en el modernismo catalán y más en concreto gracias a Antonio Gaudí quien cubrió edificios de mosaico, abriendo camino a muchos otros musivarios. La técnica favorita en esta época de la historia es el trencadís (término catalán que podría traducirse como troceado o “picadillo”) un tipo de aplicación ornamental del mosaico a partir de fragmentos cerámicos y vidrio unidos con argamasa.

Ejemplos de los que decimos son:

El Palacio de Barbarigo (Venecia): la fachada del palacio fue adornada con cerámica y, sobre todo, cristal de Murano.  Representa a Carlos V y a Enrique III.

https://www.venecisima.com/post/el-palacio-de-los-mosaicos-palazzo-barbarigo-en-el-gran-canal

La Basílica del Sacré Coeur (París). Donde destaca el ábside. Representa a Cristo en Majestad y El Sagrado Corazón adorado por la Virgen María, Juana de Arco y San Miguel Arcángel. https://www.alamy.es/mosaicos-en-la-basilica-del-sacre-coeur-en-paris-con-los-nombres-de-los-ciudadanos-franceses-que-financiaron-la-construccion-del-sacre-coeur-bajo-columnas-image350712876.html

Parque Güell de Barcelona de Gaudí.

https://www.barcelona-tourist-guide.com/es/gaudi/park-guell.html

Para finalizar señalaremos que son muchos los mosaicos contemporáneos que llaman la atención: la cúpula del valle de los Caídos en Madrid obra de Santiago Padrós, uno de nuestros más importantes artistas del mosaico y autor de numerosas obras de este estilos;  Mater Eccesiae de la plaza de San Pedro del Vaticano, inaugurado bajo el pontificado de Juan Pablo II en 1981;  las cuatro estaciones de Chicago realizado por Marc Chagall  e inaugurado en 1974; la cara diseñada de Roy Lichtenstein y que se encuentra en el barrio de la Barceloneta en Barcelona (encargada para los Juegos Olímpicos celebrados en la ciudad española en 1992), o el Puente del dragón en Alcalá de Guadaira (Sevilla), inaugurado en 2007, realizado bajo la dirección de los ingenieros José Luis Manzanares e Íñigo Barahona. Se utilizó la técnica del trencandís para su decoración y es uno de los pocos puentes figurativos de Europa. Resulta realmente original. https://www.turismoalcaladeguadaira.es/es/guia-turistica/lugares-de-interes/puente-del-dragon

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BAGNALL, R. -The Encyclopedia of Ancient History.  ED.Wiley-Blackwell, 2012.

AZNAR ALMAZÁN y López Díaz, J.- Introducción a la historia del Arte. Ed Ramón Areces Universidad. 2014

EQUIPO CRÓNICA

Cada año, el 24 de septiembre o el viernes más cercano a esa fecha, publicaré una entrada sobre arte, in memoriam.

Dentro de los movimientos de vanguardia de finales de los años 50 y primeros 60 surge en España el grupo llamado “Equipo Crónica”. Este movimiento responde en gran parte a la época en la que surgió, con gran tendencia intelectual y artística, pero sin olvidar el entorno político en el que vivía España. Su determinación de denuncia política aparece en todas las manifestaciones o escritos teóricos realizados en torno a Equipo Crónica, pero no es menos cierto que, para un espectador ajeno a las interpretaciones de los propios artistas, la búsqueda de la intencionalidad política deberá realizarla con gran esmero e interés porque la realidad es que en gran parte el objetivo de las obras de Equipo Crónica queda subsumido en su intensidad plástica más que en la intención política.

El origen de Equipo crónica proviene de una exposición realizada en Italia titulada” España libre” y para acudir a ella el crítico Aguilera Cerni elige a dos autores: Rafael Solbes (1940‐1981) y Manolo Valdés (1942). A ellos se unió Joan Antoni Toledo (1940‐1995), pero abandonó enseguida el grupo para proseguir su camino en solitario. Con ellos formaría equipo Tomás Llorens, historiador del arte e ideólogo, quien aportaba muchas de las propuestas del grupo. A lo largo de los años en los que estuvo activo, Equipo Crónica tuvo una amplia proyección pública en el arte español y una presencia significativa en los ambientes artísticos de Francia, Italia y Alemania.

Solbes y Valdés provienen de la misma ciudad, del mismo circulo artístico y con tendencias políticas semejantes. Ambos, unidos a otros autores, se incluyen en movimientos de vanguardia cuya intencionalidad se manifiesta en una exposición en el Ateneo. No fueron el único grupo de vanguardia levantino, también surgieron en torno al Mediterráneo, entre otros, el Paso o Dau al Set. Este último nacido en Barcelona en torno a una revista del mismo nombre y, como todos ellos, en una mezcla de escritores, filósofos, pintores… En Dau al Set estaban artistas tales como el poeta Juan Brossa, el filósofo Arnau Puig, los pintores Juan Ponç, Antonio Tápies, Modesto Cuixart, o Tharrats, su tendencia era más bien surrealista.

Si ampliamos la vista y buscamos entre las vanguardias internacionales del momento, destacarán las anglo-norteamericanas en torno al Arte Pop (Pop Art) desarrollado entre 1956 y 1970. Siendo precursor de este movimiento Eduardo Paozzoli al que siguieron otros como Warhol o Lichtenstein y en Gran Bretaña el “Grupo Independiente”.

Todos ellos, españoles y anglosajones, buscan evocar visualmente una época. En el caso del Pop Art, la plasmación artística de lo cotidiano, los objetos de consumo de masas (la coca-cola, la sopa Campbell, el Jabón de determinadas marcas…). No en vano Warhol procede del mundo de la publicidad.

Su intención es retratar lo que consideran cómplices del tiempo en el que vivían. Sin una posición clara, planificada, dependían de la evolución de la sociedad.

En España, Equipo Crónica pretende ir más allá- repárese en el nombre evocador de redacción periodística, de reportaje de actualidad – y busca criticar el entorno social, político y cultural en el que se mueven.

En sus comienzos, y siguiendo al filósofo italiano Galvano della Volpe, exploran la creación de una determinada forma que exprese el contenido filosófico de lo que denuncian, la forma como lenguaje completo.

Es en este momento cuando Equipo Crónica sufre el impacto del Pop Art, articulan sus trabajos en series con peculiaridades nacionales. Por un lado, tomaban su inspiración de las obras clásicas de la pintura española del siglo de Oro, sobre todo de Velázquez o, en muchos casos, de los cuadros de Picasso, con especial intensidad en el Guernica.

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Era una mezcolanza de crítica, Pop Art, citas pictóricas, ironía, anacronismos. Pero siempre reproduciendo las técnicas de artistas Pop como Andy Warhol o Lichtenstein.

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Y especialmente centrados e inspirados en el mundo del Comic que se muestra en la iconografía, imágenes extraídas del mundo de la comunicación, tintas planas, remarcadas, viñetas, dependencia del objeto común…

https://www.todocoleccion.net/arte-serigrafias/cartel-poster-intruso-equipo-cronica-1969-serie-guernica-valencia-tamano-100x70cm~x78309693#sobre_el_lote

En su posicionamiento en el mundo del arte de vanguardia del momento, Equipo Crónica, cuenta como mentor al pintor Eduardo Arroyo, que los orienta y pone en contacto con el realismo francés y por otros grupos pictóricos españoles afincados en Francia como Equipo 57. En Francia, equipo Crónica organiza algunas exposiciones. La influencia del realismo francés se refleja de unas imágenes despersonalizadas, (https://invertirenarte.es/producto/equipo-cronica-el-serie-billar-1978/)

https://www.ivam.es/es/exposiciones/el-equipo-cronica-en-la-coleccion-del-ivam-4/

cuadros de grandes dimensiones y agrupados en series. Por ejemplo, la serie negra, llena de componentes satíricos:

https://tiempos-modernos.com/comprar-art-deco-antiguedades/equipo-cronica-carpeta-serie-negra-4/#jp-carousel-7012

https://tiempos-modernos.com/comprar-art-deco-antiguedades/equipo-cronica-carpeta-serie-negra-5/

https://www.pinterest.es/pin/360006563943317437/

Sus obras pretenden, como hemos señalado, ser auténticos reportajes o crónicas de denuncia sobre la situación política de España y la historia del arte del momento, aunque su mezcla de ironía y ambigüedad determinan, sin pretenderlo, unos posicionamientos que se reflejan como poco claros y contradictorios, más aún cuando, en su evolución artística, se llenan de superposición de imágenes, de filigranas de oro en un afán desmitificador del recuerdo clásico de la pintura española.

http://www.equipocronica.com/

https://versionesdelarte.blogspot.com/2012/12/el-entierro-del-conde-de-orgaz.html

Sobre las promesas de libertad también compusieron algunos cuadros en los que denunciaban el militarismo como medio de imposición de esa libertad.

https://www.mssa.cl/obras/el-arrastre-serie-policia-y-cultura/

https://tienda.ivam.es/producto/equipo-cronica-2/

https://algodehistoria.home.blog/wp-content/uploads/2021/09/fbc0f-1.jpg

Muy conocidas son sus críticas al desarrollismo de los 60 en España. En su serie “La Recuperación” utiliza los motivos y protagonistas de la pintura española del Siglo de Oro para, en un anacronismo histórico, hacerlos partícipes de las primeras formas de consumo y modernización en nuestro país.

https://www.christies.com/lot/lot-equipo-cronica-valencia-1964-1981-4350897/

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La Transición también fue objeto de su análisis.

https://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/interior-traje-nuevo-i

Pero no todo, en Equipo Crónica, fue política o crítica social. En sus series sobre viajes, se olvidan del trasfondo para recrearse en la propia faceta del pintor, como forma de aprendizaje de otros lugares, costumbres o autores.

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Su producción comprendió diversas técnicas, desde la pintura a la escultura, pasando por el grabado. Su obra fue magnífica, de una calidad plástica enorme, de hecho, muchas de sus obras se conservan en grandes museos: el IVAM de valencia, el Museo de bellas artes de Asturias (Oviedo) o el Reina Sofía de Madrid, entre otros. La unión de Solbes y Valdés fue tan estrecha, que el fallecimiento de Solbes en 1981 hizo que el grupo desapareciera definitivamente.

BIBLIOGRAFÍA

Catálogos de diversos museos y exposiciones.

LLORENS, Tomás. Equipo Crónica. Ed Museo de bellas artes de Asturias. 1989.

GOMPERTZ, Will. “¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno”. Ed. Penguin Random House. 2013.

LOS ESTADOS PONTIFICIOS

Hace pocas fechas, en un documental televisivo se hablaba del poder del Papa, sin diferenciar el poder espiritual, que determina su influencia en el mundo, y se confundía, de manera no muy sutil, con el poder temporal, siempre marcado por el dominio territorial y la Soberanía. Por eso voy a intentar desentrañar cuál ha sido y es la influencia temporal, territorial y soberana del papado y su evolución para tener una perspectiva de lo que hoy comprende objetivamente el Estado Vaticano.

  1. EDAD MEDIA.

Reciben la denominación de Estados Pontificios los territorios sometidos a la soberanía temporal del Papa, mayoritariamente situados en el centro de Italia, con capital en Roma, y que desde el 752 conformaron un estado independiente bajo la autoridad papal o, quizá pudiera señalarse con más acierto, en algunos momentos ha sido independiente bajo la autoridad papal y, que, contribuyen, a garantizar la independencia y autonomía espirituales de la Iglesia.

A la caída del Imperio romano de Occidente, la comunidad cristiana de Roma y su cabeza, el Papa, poseían amplios territorios extendidos por diversas regiones (Italia, Dalmacia, Galia meridional, África del norte) constituyendo el llamado Patrimonium Petri. El Papa no era el soberano de esos territorios, aunque tuviera la potestad de gobernar los mismos. El primero en reconocer las prerrogativas papales fue el emperador Justiniano I mediante la “Pragmática sanción” de 554. Aunque la cabeza de esos territorios se situaba en Roma, su defensa correspondía al imperio Bizantino. Pero Constantinopla distaba enormemente de la ciudad eterna cuando los germanos y, sobre todo los lombardos atacaban Roma, de ahí que sus habitantes y gobiernos clamaran al Papa para que los defendiera.  Cuando los Lombardos, que ocupaban el norte de Italia, intentaron ocupar Roma, la inoperancia bizantina en la defensa de la antigua capital del mundo; la respuesta dada por los griegos al Papa de que negociara una paz con los lombardos; la orden lejana y desatendida de los bizantinos a los lombardos de que devolvieran los territorios ocupados, hicieron que el Papa pidiera socorro a los francos. El interés despertado en Pipino, el breve, para que el Papa rezara por su salvación y por su reino (la intercesión divina que era muy apreciada en el medievo), determinaron que, en el 756, apoyara al Papa Esteban II frente a los lombardos, restituyendo a Roma sus territorios y señalando que en los mismos el Papa sería la máxima autoridad. Se concedía así a los Papas poder civil y político además del religioso. Pipino extendió las posesiones del papado por medio de donaciones, propias y de otros nobles. Nacían así los Estados Pontificios.

El hijo de Pipino, Carlomagno, confirmó la donación hecha por su padre a Roma, pero se retractó posteriormente y recortó considerablemente las dimensiones de los territorios dados, al tiempo que aumentó su injerencia en los asuntos romanos. El Papa León III, temeroso del poder de Carlomagno, en la Navidad del 800, coronó a Carlomagno como Emperador de Occidente, lo que suponía reconocer la condición de emperador también sobre Roma. El hijo de Carlomagno, Ludovico Pío, ante las revueltas de los nobles en territorio pontificio, actuó para asentar en el soleo romano a Eugenio II, motivo que determinó, en el 924, la promulgación de la Constitución Romana (Constitutio Lotharii – nombre del hijo de Ludovico Pío-) por cuyas cláusulas se estipulaba que el Emperador ejercería en adelante en Roma, sin menoscabo del poder ejecutivo en posesión del Papa, el derecho de suprema justicia; al tiempo que se obligaba mediante juramento a aplazar la consagración de los Pontífices elegidos en el futuro hasta tanto que éstos no prometiesen fidelidad al Emperador, ante sí o en presencia de sus representantes. Consecuentemente, el poder papal se vio mermado y sometido al del Imperio y al mundo occidental. Esa posición de preeminencia del Imperio se vio mermada a la muerte de Ludovico Pío por las escisiones nacidas en el Imperio romano germánico. Sin embargo, motivado por la presencia de los berberiscos en las costas de los territorios papales y por las luchas intestinas de Roma el Papa volvió a solicitar ayuda a los germanos. Especialmente señaladas fueron las relaciones con Otón I (Rey de Francia oriental en el 936 y coronado por el Papa como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico el 2 de febrero del 962) y Federico I Barbarroja (Federico I de Hohenstaufen. Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico del 1155 al 1190) pues en ambos casos las injerencias políticas y espirituales del Imperio en el papado fueron destacadas, quedando el Papa a merced de las decisiones imperiales a cambio de su protección militar.

El papado no se vio algo más libre hasta Inocencio III, el cual inmiscuyéndose en los conflictos dinásticos del Imperio logra por la Constitución de Spira (1209) el rescate de la casi totalidad de las concesiones hechas en épocas pasadas al Imperio en materia espiritual. También recuperó parte de los territorios y los incrementó extendiéndose por el norte de Italia gracias a la herencia que dejan a la Santa Sede la condesa Matilde de Toscana y Raimundo IV de Tolosa. Además, consigue poner al frente del Imperio a Federico II, nieto de Barbarroja y educado por el Papa. Sin embargo, el Emperador se muestra poco agradecido con su tutor y sus sucesores, Gregorio IX e Inocencio IV, este último buscaría ayuda francesa para frustrar las aspiraciones de Federico II. La desaparición de la dinastía Hohenstaufen traería consigo una concordia casi inalterable entre las dos potencias hasta los conflictos religiosos del Siglo XVI.

Los conflictos en los Estados Pontificios continuaron, no ya contra el Imperio sino por el cisma de Aviñón, lo que aumentó el estado anárquico y la paulatina disgregación de los territorios pontificios. En esta difícil situación, Inocencio VI, en 1353, encargó al cardenal español Gil de Albornoz poner orden en el caos existente. Lo hizo. Recuperó los territorios perdidos y organizó su administración por medio de un código que permaneció en vigor durante más de 400 años. Aunque el orden duró poco y la anarquía volvió a los Estados Pontificios.

  1. EDAD MODERNA.

Con los Habsburgo en el trono, la situación de Italia fue de tranquilidad. Los Estado Pontificios existían, pero la autoridad ejercida por los Papas no era propiamente la de un soberano, en el concepto moderno del término, hasta los pontificados de Alejandro VI y Julio II. Alejandro VI Borgia organizó el papado como una monarquía unipersonal y centralista, propiciando la formación de un reino italiano independiente de la Santa Sede cuyo gobierno estaría en manos de alguno de sus hijos, primero Juan de Gandía y luego César Borgia. Entre 1503 y 1513, Julio II recuperó para la Iglesia algunas de las posesiones de los Borgia. Tarea que continuaron Clemente VII y Pablo III. Los Estados Pontificios llegaron a abarcar prácticamente todo el centro de la península itálica, alcanzando su mayor extensión territorial en el siglo XVI. Pero la situación del momento, el problema protestante y la defensa del catolicismo en la figura del Emperador español Carlos I, propició que la presencia internacional del papado quedara en un segundo plano bajo la sombra de España, y mucho más tras la firma de la Paz de Cateau-Cambrésis. Tratado de gran importancia en la Europa del siglo XVI por la duración de sus acuerdos que estuvieron vigentes durante un siglo. El tratado, firmado por Felipe II de España, Enrique II de Francia e Isabel I de Inglaterra, supuso el reparto y reorganización de diversos territorios europeos, con ellos se refuerza la presencia española en el milanesado, Francia renuncia a sus ambiciones en la península itálica y acuerda, asimismo, trabajar junto a España contra la herejía protestante, lo que provoca no pocos sinsabores internos a los galos, el mayor de todos, las guerras de religión en Francia. La Paz de Cateau-Cambrésis llevó la tranquilidad a la península italiana hasta el siglo XVIII. Aquel periodo de tranquilidad fue aprovechado por los sucesivos Papas para robustecer su poder y la prosperidad de sus territorios, a través principalmente de medidas militares y económicas. De entre los Papas del aquel siglo destaca por la importancia de sus reformas Sixto V (1585 a 1590). Realizó una profunda reforma de la Iglesia; reorganizó su gobierno y aplicó rigurosamente los decretos conciliares del Concilio de Trento, impulsando un clima de moralidad entre los obispos y prelados; reformó el Tribunal de la Rota; emprendió una reforma de las órdenes religiosas, endureciendo su disciplina especialmente en relación con la clausura; publicó la constitución apostólica que imponía a los obispos la obligación de visitar la sede pontificia en Roma al menos cada cuatro años con objeto de informar al Papa del estado de su diócesis; impuso normas morales para ordenar la conducta de los ciudadanos de Roma; reformó el Colegio de Cardenales y estableció para ellos normas disciplinarias mucho más duras que las existentes a través de la publicación en 1586, de la constitución apostólica Postquam verus ille; se ocupó de sus misioneros, sobre todo en Asia, donde eran perseguidos…

En los aspectos del gobierno de sus territorios, creó una estructura administrativa y burocrática que favoreciera la gestión y gobierno de un estado moderno, estableció en su primer consistorio (1585) la prioridad de acabar con el bandidaje, administrar justicia y terminar con el hambre de sus súbditos. También construyó una flota para combatir las razias berberiscas en las costas de sus dominios. Puso orden en las finanzas de los Estados Pontificios creando un fondo de garantía y unos recursos para casos de extrema necesidad. Además, emprendió un amplio programa de obras que embellecieron y saneamiento de Roma.

El Siglo XVII fue el del inicio de la decadencia española, en este contexto el papado, marginado de la vida internacional durante el siglo anterior, aumento su prestigio y presencia internacional y en el ámbito cultural del momento. Un gran pontífice, Benedicto XIV supo calibrar las difíciles consecuencias, para el prestigio y la irradiación espiritual de la Iglesia, el mantenimiento de un poder temporal sin medios capaces de garantizar su eficacia e incesantemente menospreciado por los vaivenes políticos de cada época. Por ello se planteó diversas reformas que desbarataron con poco tino sus sucesores. Así dejamos, en el más absoluto ensombrecimiento, los Estados Pontificios cuando se produce la Revolución Francesa (en adelante, RF).

  1. DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA A MUSSOLINI.

Al estallar la RF (los Estados Pontificios comprendían la franja central de la península italiana, desde Frosinone hasta Ferrara, además de los enclaves pontificios de Avignon y el condado Venassino, en Francia, y Pontecorvo y Benevento en el reino de Nápoles). La RF supuso el principio del fin de los Estados Pontificios. En septiembre de 1791 la Asamblea legislativa declaró territorio nacional francés Avignon y el condado Venassino.

En marzo de 1796, Napoleón Bonaparte como general en jefe del cuerpo de ejército francés de Italia, se apoderó del Piamonte y Cerdeña y posteriormente de la totalidad de la Lombardía, Bolonia y Ferrara. Tras intentos infructuosos de paz, en febrero de 1798 los franceses ocupan Roma, deponen a Pío VI y proclaman la República romana. Las iglesias, los museos y el Vaticano fueron saqueados por los franceses, y el Papa deportado a Valence, donde falleció el 29 de agosto de 1799, después de una larga y penosa peregrinación de año y medio hasta llegar a su destino. En el conclave que tuvo lugar en Venecia, fue elegido Papa (año 1800) Pío VII, el cual regresa inmediatamente a Roma, recuperada por las tropas napolitanas de Fernando IV. El Papa buscó un acuerdo con Napoleón. El acuerdo que pretendía respetar la inviolabilidad de la Iglesia y la libertad de cultos, entre otras cosas, no fue aceptado por la Asamblea francesa, por lo que Napoleón decretó unilateralmente una serie de artículos que suponían el sometimiento de Roma a Bonaparte. Pío VII buscó un arreglo al modo tradicional, coronando emperador a Napoleón en París, con la pretensión de conseguir modificar algunos de los artículos orgánicos. Tras la coronación, Pío VII fue retenido en París durante cinco meses, pero en abril de 1805 pudo regresar a Roma.  De nada sirvió su predisposición al acuerdo, las guerras europeas de Napoleón le daban escusas para penetrar en los estados pontificios, así lo hizo en 1805 y en 1806. Y, en 1808, las tropas francesas ocupan Roma. Pío VII reaccionó lanzando una bula de excomunión, que le valió el arresto, envío a Savona y posteriormente, en 1812, a Fontainebleau. En 1814, cuando los aliados se aproximaban a París, el Papa fue puesto en libertad y regresó a Roma. En el Congreso de Viena, el cardenal Consalvi consiguió que fuesen restituidos a la Iglesia todos los territorios a excepción de Avignon y el condado Venassino que se integraron en Francia.

Las revoluciones de 1820 y 1830 tuvieron en Italia varios estallidos; la primera se centró en Nápoles y Piamonte y, la segunda, además de afectar a más territorios, inició el movimiento independentista en Italia solicitando la creación de un estado italiano separado del papado. Esto precipitó la presencia austríaca y francesas en defensa papal; el ejército francés se situó en Roma y no abandonó la ciudad hasta que los austríacos no salieron de los Estados Pontificios en 1838.

En junio de 1846, fue elegido Papa Pío IX, hombre de sincero fervor y profundo espíritu de oración. Con su bondad natural conquistó fácilmente la simpatía universal. Cuando llegó al solio pontificio debió enfrentar dos problemas: una reforma administrativa de los Estados Pontificios y definir la posición del papado ante las aspiraciones de unidad e independencia difundidas en Italia. El Papa mantuvo posiciones nada claras hasta 1848. Pero, los acontecimientos se precipitaron cuando la católica Austria declaró la guerra a Cerdeña y el Papa señaló que no podía declarar la guerra a una nación católica. Esto tornó el entusiasmo hacia el Papa en odio. Se produjeron manifestaciones frente al Quirinal que obligaron al Santo Padre a quedar recluido dentro de él. La noche del 24 de noviembre, ayudado por los embajadores de Baviera, España y Francia, el Papa conseguía huir. Cuando el 9 de febrero de 1849 la Asamblea constituyente romana declaró la República y la caída del poder temporal del pontífice, Pío IX solicitó la ayuda militar de Austria, Francia, España y Nápoles. El 3 de julio, las tropas francesas entraban en Roma, mientras las austriacas ocuparon las ciudades del norte. Restablecido el orden y expulsados los elementos más exaltados, el Papa regresó a la capital el 12 de abril de 1850, arropado por las tropas francesas que permanecieron en los Estados Pontificios hasta 1867.

Pero antes de llegar a ese año crucial debemos comprender el enfrentamiento que surgió entre el Papado y el reino de Cerdeña como consecuencia de las leyes Siccardi, que se presentaron a la Cámara en tres momentos: 1850, 1855 y 1866. Por estas leyes se suprimía el fuero y privilegios de los religiosos, el derecho de asilo en iglesias y conventos, las manos muertas, la adquisición de bienes estatales sin la aprobación del Rey y la abolición de las penas de quienes no guardaban las festividades religiosas. Además, acabaron aprobando un matrimonio civil, que tras 1865, se convirtió en obligatorio, privando de toda eficacia y legalidad al matrimonio religioso. Por otro lado, se restringió la capacidad civil y política de los eclesiásticos, alejándolos de los cargos y oficios públicos, a lo que se unió la negativa a dar reconocimiento jurídico a las órdenes religiosas que no estuviesen dedicadas a la predicación, a la educación o al cuidado de los enfermos. Además, disponían la incautación de todos sus bienes destinándolos a las necesidades del clero secular. La Santa Sede reaccionó excomulgando al Rey y al Parlamento, lo que provocó una separación mayor entre católicos y liberales.

A este problema religioso se unió el problema político de la unificación italiana. En una visión rápida y siempre con los ojos puestos en los Estados Pontificios, la acción de Cavour, Mazzini, Garibaldi y Víctor Manuel II encaminada a lograr la ansiada unidad de la península supuso un conflicto internacional en el que estuvieron implicadas todas las potencias europeas, con múltiples alianzas, ora en favor de unos, ora en favor de otros, siempre con Francia y Austria en posiciones enfrentadas. Quizá sea bueno recordar que los estados italianos en aquel momento eran: el reino de Cerdeña (Cerdeña y Piamonte); el reino de las Dos Sicilias (sur de Italia y la isla de Sicilia); los Estados Pontificios (en el centro de la península esencialmente); el reino Lombardo-Veneciano, y los ducados de Parma, Módena y Toscana.

Cavour y Víctor Manuel sabían que la unidad pasaba por enfrentarse a Austria, que se había anexionado el reino lombardo-véneto y que se oponía a la unión, y posiblemente también al Papa. Para ello, los piamonteses se unieron a Napoleón III con la promesa de que Francia obtendría Saboya y Niza. El enfrentamiento franco-austríaco en las batallas de Magenta y Solferino en 1859, supuso la victoria franco-piamontesa. Sin embargo, Napoleón, sin conocimiento de los sardos, firmó un acuerdo con Austria por el cual la Lombardía pasaba a depender del reino piamontés y Venecia seguía en manos austriacas. Cavour emprendió una actividad de propaganda para convencer al resto de los ciudadanos de la Península de que se adhirieran a una Italia unificada. La victoria sobre Austria facilitó esta tarea y un plebiscito de dudosa legalidad convocado en 1860 determinó la incorporación al reino de Cerdeña de los estados de Parma, Módena y Toscana. A ellos se unió la Romagna lo que supuso el enfrentamiento con el Papa que reuniendo un ejército se enfrentó a los piamonteses, siendo derrotado en la batalla de Castelfidardo.

Pocos meses después, en 1861, Giuseppe Garibaldi, con el apoyo secreto de Cavour, desembarcó en Sicilia, al mando de un cuerpo de mil voluntarios que vestían camisas rojas, se apoderó de la isla y ocupó el reino de Nápoles. El ejército sardo, al mando del propio Víctor Manuel II, después de conquistar los Estados de la Iglesia, que quedaron reducidos a Roma y alrededores, se unió a Garibaldi en Nápoles. El 13 de marzo de 1861, el primer parlamento nacional reunido en Turín, proclamó como Rey de Italia a Víctor Manuel II.

Napoleón III se mostró defensor del poder temporal del Papa para no perder el voto de los católicos y propiciando, al mismo tiempo, las aspiraciones de unidad italiana. Pío IX condenó en el Syllabus, sin demasiado énfasis, a quienes quisieran acabar con el poder temporal del Papa En el mes de diciembre de 1866 las últimas tropas francesas abandonaban el territorio de la Iglesia y, unos meses más tarde, en septiembre de 1867, Garibaldi invadía los Estados Pontificios con el apoyo de nuevo del gobierno italiano. Pero fue derrotado el 3 de noviembre por las tropas francesas y pontificias, en la batalla de Mentana.

En julio de 1870, al estallar la guerra franco-prusiana, las tropas francesas tuvieron que abandonar de nuevo Roma. Cuando el ejército francés fue derrotado en la batalla de Sedán, Napoleón III encarcelado y proclamada la República francesa, Víctor Manuel II decidió ocupar Roma, lo que hizo el 10 de septiembre. Organizó un Plebiscito para incorporar los territorios pontificios a la unión que ganó con mayoría abrumadora.

El reino de Italia, para disipar la impresión de haber arrebatado al Papa sus posesiones y de impedirle el ejercicio de su libertad espiritual, aprobó en el mes de mayo de 1871 las Leyes de Garantías, por las que concedía al Pontífice, al que consideraba implícitamente como súbdito italiano, honores de soberano, el derecho de representación activa y pasiva, una dotación anual y el usufructo, que no la propiedad, de los palacios Vaticano, Laterano y de Castelgandolfo. Pío IX rechazó la oferta y se consideró prisionero en el Vaticano. En el mundo entero y mucho más entre los católicos italianos creció la estima por el Papa al considerarle una víctima. Nace así la cuestión romana que se prolongó casi sesenta años (1870-1929).

En ese periodo, las disputas entre el reino de Italia y el Papa son continuas, especialmente por la prohibición expresa del Papa a los católicos de participar activamente en la vida política italiana (Non expedit: no es conveniente). Esta situación creó conflictos sociales y políticos evidentes pues dejaba toda la actividad y la regulación civil italiana a socialistas y liberales. Fue el Papa Pío X (1903-1914) el que poco a poco levantó la prohibición, con resultados positivos en las elecciones administrativas de 1909 y espectaculares en las elecciones generales de 1913. Benedicto XV (1914-22) puso las bases definitivas para solucionar el problema. En su primera encíclica ya planteó el tema de la soberanía pontificia como la necesidad del Papa de ser libre y no como una cuestión territorial. Permitió a los católicos italianos intervenir en política y alentó al sacerdote Sturzo a fundar el Partito Popular Italiano, que tuvo un gran éxito en las elecciones de 1919. Además, otros dos hechos vinieron a contribuir a romper las barreras existentes: la participación de los católicos italianos en la guerra, fieles a su patria, y la autorización dada por el Pontífice para que los Jefes de Estado que fuesen a Roma pudiesen visitar al mismo tiempo al Rey y al Papa. Precisamente, en ese año 19 se iniciaron conversaciones para lograr ese estado pontificio. Pero no es hasta 1926, cuando las negociaciones se afianzan. Los postulados de la Santa Sede se fundamentaban en la constitución de un estado de la Iglesia, indemnización económica y concordato. El 11 de febrero de 1929, se firmaban los Pactos de Letrán (suscritos por el Primer Ministro italiano, Benito Mussolini y el Papa Pío XI). Eran tres pactos o acuerdos diferentes: el tratado con la creación del Estado de la Ciudad del Vaticano, con una extensión de 44 hectáreas, más los edificios que gozan de extraterritorialidad, y con todos los atributos propios de una soberanía: bandera, banca, moneda, policía, organización judicial, comunicaciones, derecho de legación activa y pasiva. El concordato, que además de las cuestiones semejantes a los firmados con otras naciones, recogía algunos aspectos exclusivos de Italia: salvaguardar el carácter sacro de Roma, cesión a la Santa Sede de los santuarios de Padua, Loreto y Asís, y el reconocimiento de personalidad jurídica a las casas generales de las órdenes religiosas ubicadas en Italia.  Convenio económico, que se estableció en 750 millones de liras, lo que suponía menos de la mitad de los que el Gobierno Italiano había ofrecido en la Ley de Garantías y 1.000 millones en títulos del Estado. Los acuerdos alcanzados en los Pactos de Letrán supusieron una ganancia en autoridad moral e independencia política del papado para el libre ejercicio de la actividad pastoral.

BIBLIOGRAFIA

Curso de Historia de la Iglesia. Universidad San Pablo. CEU.

LABOA, Juan María. “La Revolución francesa y la Iglesia” en Historia de la Iglesia Católica. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC). 2002

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EL MITO DE LA INQUISICIÓN EN ESPAÑA

Hoy no voy a escribir mucho, dejo el trabajo a la BBC.

En 1994, la cadena pública británica realizó el que posiblemente sea uno de los documentales más certeros sobre la Inquisición Española. Evidentemente, podemos encontrar algún punto discutible, sobre todo en las explicaciones sobre por qué España no reaccionó contra la propaganda antiespañola que atacaba, tergiversando la verdad de manera tan destacada. Quizá en el documental se olviden que los atacados y los atacantes, especialmente en los Países Bajos, eran todos súbditos españoles lo que generaba no sólo problemas de orden público, también éticos y morales a la monarquía española.

Se dan datos asombrosos de la diferencia de torturados entre la Inquisición española y las persecuciones realizadas por los de otros países, en ese caso datos que siempre favorecen a la institución española. Se sabe que, los presos preferían las cárceles de la Inquisición a las normales pues el traro era mejor. La Inquisición casi no condenó por brujería, la tortura era un método excepcional y fue la primera institución, en el mundo, que abolió este sistema. No era un poder en la sombra, ni tenía capacidad para controlar la sociedad. En general su trabajo no era fácil, muy burocratizado, rutinario…

Lo mejor es ver el documental de la BBC que traigo en dos versiones , la original en inglés, que es un solo video de 50 minutos de duración y otra con traducción al castellano dividido en tres partes.

  • Original en inglés

https://www.youtube.com/watch?v=CY-pS6iLFuc

  • Versión en inglés con subtítulos en castellano realizado por Gonzalo Carlos Novillo Lapeyra.

Video 1

https://www.youtube.com/watch?v=15DJS188JV4

Video 2

https://www.youtube.com/watch?v=39gXWTkBBj0

Video 3

https://www.youtube.com/watch?v=QWxHiv82-Xw

 

DE LOS ANHELOS A LOS ANALES

 

El otro día, oía los comentarios deportivos en la radio. Se transmitía una competición muy importante en la que un español resultó ganador por segundo año consecutivo; lo que le había reportado, a su vez, obtener los puntos suficientes para alcanzar el campeonato del mundo de la especialidad. Entre los comentaristas se encontraba un deportista de la misma materia, ya retirado, que fue el primer español en ganar la carrera en cuestión. Comentando el logro de este año, el antiguo campeón señalaba lo rotundo e importante de la victoria, pero sin olvidar que él fue el primero en conseguirla, lo cual “le haría pasar a los anhelos” (sic). Evidentemente, quería decir que iba a pasar a los anales.

Supongo que no es el primero ni el único que tienen dificultades para saber qué es eso de los anales. La palabra deriva del latín “annālis”, que viene de “annus” la cual quiere decir “año”, más el sufijo “al” que hace referencia a “relativo a”.  Los anales​ son una forma de relato histórico que registra los hechos cronológicamente, año por año.

Esta forma de disposición de los acontecimientos sucesivos encuentra vestigios en varias civilizaciones (en Egipto, con la piedra de Palermo, por ejemplo). Pero desde un punto de vista historiográfico, el relato cronológico encuentra su asiento en la antigüedad romana. Aunque, la titularidad de esta forma de narrar se suele atribuir a Tácito. La obra de Cornelio Tácito se divide en Anales e Historias. Aunque no está clara la división en estas dos categorías existe la convención de que por “Historias” se entiende la narración de los hechos que han llegado al autor por propia observación, mientras que los “Anales” son el registro anual de los acontecimientos de tiempos anteriores. Aunque no está nada claro si esta división es del propio Tácito o de sus seguidores.

Por otro lado, no conviene confundir la disposición de la narrativa histórica de Tácito con una de las escuelas historiográficas más destacadas: la “Escuela de los Annales”. Se llama así a una corriente historiográfica francesa, fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch en 1929, que ha dominado prácticamente toda la historiografía francesa hasta nuestros días y ha tenido una enorme difusión en el mundo occidental. Su forma de trabajar a través de preguntas y respuestas intenta imitar el método científico. Pero, por encima de todo, lo que caracterizó y caracteriza a la escuela historiográfica francesa de la que nos ocupamos es que, a diferencia de la historiografía clásica, no se basan sólo en analizar los acontecimientos políticos, sino que buscan un concepto analítico holístico comprensivo de todo lo que circunscribe la vida del ser humano: la política, la economía, los aspectos sociales, ideológicos…y sus interrelaciones. A ello une la técnica de mirar más allá de la reproducción de los simples hechos para basarse en la interpretan desde los propios conceptos y subjetividad del historiador.

Nuestro ilustre deportista sabía que, desde el anhelo de ganar al triunfo, hay un trecho. Pero, si se gana, se hace historia y queda registrada anualmente en los catálogos de acontecimientos destacados. En los anales.