Instituto Nacional de la Vivienda

Aprovechando este año franquista que ha decretado el Gobierno, en el que, tras cincuenta años de la muerte del dictador, vamos a recordar algunas de sus políticas y, dado que, es de plena actualidad el problema de la vivienda y que se acaba de institucionalizar un organismo público, tan semejante, tanto, al Instituto Nacional de la Vivienda, merece la pena que recordemos la actuación de aquella entidad franquista desarbolada por el gobierno socialista de Felipe González y añorada por el actual.

Tan pronto como acabó la guerra, el gobierno de la dictadura se propuso abordar el grave problema de la vivienda. No sólo por la escasez de casas, tras la ruina y destrucción provocada por la guerra, sino también por el importante el éxodo rural que impedía a las personas que llegaban a Barcelona, a Madrid, a Bilbao… tener un lugar digno en el que vivir. Apareció el chabolismo. Sólo en Madrid había 20.000 chabolas y 120.000 personas vivían en ellas.

Ya en el final de la guerra, el bando nacional había creado la Dirección General de Regiones Devastadas y la Fiscalía Nacional de la Vivienda, con el objetivo de velar por la higiene y salubridad de los hogares familiares. Poco después se procedió a la creación, encuadrado, en un primer momento, en el Ministerio de Trabajo, del Instituto Nacional de la Vivienda ( creado en 1939 en el seno del Ministerio de Acción y Organización Sindical, y bajo la dirección de Federico Mayo) que posteriormente se convirtió en Ministerio, integrándose en él la citada Dirección General de Regiones Devastadas y la Fiscalía General de la Vivienda, la Dirección General de Arquitectura y otros Organismos similares. Destaca entre ellos la creación del Instituto Nacional de Urbanización (INUR) dedicado a la formación de polígonos tanto de viviendas como industriales y a la urbanización de terrenos y solares, un instrumento imprescindible para la disposición de suelo a precios que resultaran asequibles, evitando la especulación.

La primera ley de viviendas protegidas del régimen, auspiciada por el Instituto Nacional de la Vivienda y la Obra Sindical del Hogar, llegó en 1939, posteriormente se dictaron otras como la Ley de Viviendas de Renta Limitada de 1954, que puso límites a los precios de las casas e impulsó la creación de viviendas de protección oficial. Permitió la construcción de bloques en altura, que la Obra Sindical del Hogar había tachado años antes de «calabozos» y «colmenas» que alienaban a los obreros, y siempre agrupadas en conjuntos de al menos 25 casas que no tuvieran un formato rígidos en su manera de adaptarse al lugar. La norma preveía calcular 12 metros cuadrados por habitante.

Había tres categorías de viviendas: mínimas, reducidas y de tipo social. Se diferenciaban, sobre todo, por su coste de construcción: 800 pesetas por metro cuadrado, 1.000 pesetas por metros cuadrado y 25.000 pesetas totales como máximo (unos 10.000 euros, considerando la inflación desde 1954). Había tipos previstos de hasta 100 metros cuadrados, pero casi toda la producción estuvo entre los 58 y los 35 metros cuadrados.

Los comienzos fueron duros, en ocasiones por la carencia de materiales al finalizar la guerra, otras por los enfrentamientos soterrados entre las distintas instituciones dedicadas a la política de vivienda, la mayoría, sobre todo en la década de los 40, porque nuestra economía era paupérrima incapaz de crecer a más del 1,2% anual de su PIB pese a que todo estaba por reconstruir. El catedrático de arquitectura Carlos Sambricio ha documentado que España sólo construyó 1.200 viviendas al año en la década de 1940. No había materiales, ni financiación, ni empresas.

El modelo definitivo, el que nace a partir de 1954, permite la construcción de casas de 49 metros cuadrados, muy sencillas, hechas con dos crujías y muros de carga. La prioridad era no gastar un centímetro de espacio en pasillos. La cocina estaba semiintegrada en el salón. Como todo estaba tan medido, el arquitecto De la Hoz diseñó hasta los muebles para que cupiesen.

Aquel esfuerzo tuvo bastante de heroico hasta 1957. España no producía hormigón, ni hierro, ni cemento suficientes y la financiación escaseaba. Lo que sí que había era mano de obra. Después, la economía despegó relativamente deprisa, y la situación mejoró.

A partir de aquel año, las actuaciones llevadas a cabo se caracterizaron por constituir un conjunto de normas de financiación cualificada a los promotores, en forma de préstamos de las entidades de crédito públicas y privadas, a interés más reducido que el del mercado y préstamos del Estado sin interés, así como subvenciones o primas estatales. Asimismo, se otorgaron importantes exenciones y bonificaciones tributarias y algunas expropiaciones forzosas para la adquisición de suelo.

Esta política conjugó la cooperación de sector público y el privado, así como la cooperación de todas las instituciones, muy especialmente, los ayuntamientos. Las Corporaciones Locales, en muchos casos sin intervención del sector privado, promovieron gran número de viviendas, en régimen excepcional, para grupos de población de recursos escasos, con carácter subsidiario de la actuación de promotores privados. Fue a partir de 1957 con la liberalización del suelo, cuando el boom de la vivienda apareció en España. Importancia especial tuvo la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1964, cuyo preámbulo decía:

El movimiento liberalizador de la propiedad urbana ha de atemperarse, no sólo al ritmo determinado por las circunstancias económicas del país, sino también a las exigencias ineludibles de la justicia social, que constituyen la médula y razón de ser de nuestro régimen político. A estos principios capitales responde la presente reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos, reforma que, naturalmente, no puede consistir en la simple e inmediata vuelta al sistema jurídico propio del Derecho común, mientras éste no sea modificado para adaptarlo a los imperativos de nuestra época, puesto que aún no hemos alcanzado la madurez económica indispensable ni se ha logrado satisfacer la necesidad de vivienda por importantes sectores de la sociedad española, pese al considerable esfuerzo realizado y al manifiesto incremento obtenido durante esta última década”.

Este conjunto de leyes tuvieron como consecuencia la bajada de los precios, que disparó la compra de pisos. Además, aquella ley de arrendamientos no era nada atractiva para el dueño del piso a arrendar, pues impuso la congelación de las llamadas rentas antiguas que congelaba los alquileres y obligaba a la prórroga indefinida de los contratos. Medida que se terminó con el llamado decreto Boyer  (2/1985 de 30 de abril, durante el Gobierno Socialista de Felipe González) sobre medidas de política económica que supuso la liberalización del mercado de alquileres poniendo fin a la dictadura franquista en materia de rentas de viviendas.

Pero aquella ley de arrendamientos de 1964, tan sumamente tuitiva para el arrendatario, obligó a muchos propietarios a poner sus pisos a la venta, lo que abarató aun más los precios. Además, las políticas de protección se ampliaron a otros sectores: funcionarios, militares, colegios profesionales para sus colegiados…

Según las estadísticas publicadas por del Instituto Nacional de Estadística (INE) entre los años 1961 y 1973, se construyeron en España 3.347.768 viviendas, que se ampliaron con 358.460 en 1974 y con 374.391 en 1975; en total, en estos catorce años, se levantaron 4.080.619 viviendas, lo que quiere decir que, al menos en los últimos, se superó la cifra de mil viviendas terminadas y entregadas por día.

De aquellas viviendas, las acogidas a protección oficial suponen un porcentaje del 52,48% y las libres (aunque con exenciones tributarias, algunas con expropiación y otros beneficios) ascienden al 47,52%.

En el año 1970, es decir, 30 años más tarde, el número de viviendas ascendía a 10.658.882 lo que significa un incremento de 4.855.521 = 83,6 %, correspondiendo a cada vivienda 2,99 habitantes. En tanto, el censo de población había aumentado, de 1940 a 1970, en 8.162.000 = 31,5 %, el incremento de las viviendas fue del 83,6 % , con la particularidad de que una gran proporción de las casas construidas en este periodo y a partir del año 1970 se habían acogido a distintos regímenes de protección del que se beneficiaron, desde el año 1943 a 1974, 3.190.960 viviendas, cuya proporción, en las poblaciones y áreas de inmigración, respecto al total de viviendas que había en el año 1970, fue muy considerable: Alava 50,3 %; Madrid 46 %; Vizcaya 64,4 %; Barcelona 34,3 %; Guipúzcoa 43,3; Valladolid 50,7, etc, etc. La proporción global de viviendas protegidas construidas de 1943 a 1974 respecto a las edificadas en el período 1940-1970, fue del 65,70 %.[1]

La política franquista de vivienda bajó tanto los precios que el ahorro en España se invirtió en ladrillo. Así en 1970, el 77,8 % de los españoles eran propietarios de su casa.

Hoy en día existe una Red de Oficinas de Apoyo a la Rehabilitación de los Colegios de Arquitectos de España que ofrece ideas y vías de financiación para salvar esas comunidades de viviendas. Desde el Colegio de Barcelona opinan que: “España no ha sido un país que tuviese cultura del mantenimiento. Las averías se han solucionado cuando han llegado, como se ha podido y eso, en conjunto, ha sido un derroche de energía y de dinero. Ahora, entre los fondos Next Generation y el Pacto Verde Europeo tenemos la oportunidad de corregir errores”.

“Cualquier edificio, a partir de los 40 años, tiene materiales que se desgastan y acaban su vida. Pero eso tiene solución y, de hecho, mucha de la arquitectura de los años 50 está en buenas condiciones estructurales, sólo necesita actualizaciones. El problema verdadero es saber si se pueden adaptar a lo que la gente busca de una vivienda en 2024. Un piso de 45 metros cuadrados y tres habitaciones no entra bien en el mercado. Hay que ser imaginativos, promover rehabilitaciones integrales, unir pisos, crearles galerías exteriores”.

Si en los próximos 10 años esos edificios desaparecen del mapa, sólo quedará la literatura para recordar su historia.

Igual aquellas casas del franquismo son una solución a algunos problemas de vivienda actuales.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

BETRÁN ABADÍA, Ramón.- “ De aquellos barros, estos lodos. La política de vivienda de la España franquista y postfranquista”. Dianlet

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SAMBRICIO, Carlos. “Un siglo de vivienda social. 1903-2003”. Ed Ayuntamiento de Madrid.2003.

 

 

[1] SAMBRICIO, Carlos. “Un siglo de vivienda social. 1903-2003”. Ed Ayuntamiento de Madrid.2003

 

EL ORIGEN DEL LIBERALISMO EN ESPAÑA

Cuando hablo de liberalismo, me refiero a aquella corriente económica y política cuya máxima es que la existencia del Estado se justifica para garantizar la igualdad ante la ley de todos sus ciudadanos y el respeto y garantía del ejercicio justo de las libertades individuales. El Estado debe contar con límites claros a su poder para que no constituya un impedimento al ejercicio de la vida libre y autónoma.

Se trata del liberalismo como opuesto al antiguo régimen, como hijo de la ilustración que tiene unas manifestaciones quizá más concretas a partir del Siglo XIX, pero que en muchos aspectos ya había dado muestras de su nacimiento con anterioridad.

No estoy hablando de partidos políticos sino de pensamiento. No hablo de moderados o de radicales, de progresistas o conservadores. Hablo de todos ellos, porque todos contribuyeron, en un momento de nuestra Historia a implantar un sistema de libertades.

Ese modelo de libertades, como proclamaron los doceañistas y que luego desarrollaremos, se manifiesta desde los orígenes de España:  desde Argantonio, Rey de toda la Península Ibérica según el relato de Heródoto, que llegó al poder por edad -era muy viejo y sabio-. No creó un reino por su fortaleza física, ni por su arrojo, valor o astucia frente al enemigo sino por organizar la vida de los distintos pueblos en torno a una misma ley que permite la convivencia de todos juntos, la prosperidad común.

Lo mismo cabe decir del orden y ley romana con un poder soberano y una ciudadanía romana. De Leovigildo, cuando comprendió que el poder sólo se sostiene bajo la unidad política y territorial, desde la monarquía como referente de respeto a la Ley visigoda, es decir, estableciendo unos límites morales al poder del Estado. (https://algodehistoria.home.blog/2022/10/14/el-estado-visigodo/ ). De los reyes asures herederos del primer Estado español (el visigodo) y de la primera concepción nacional de España. https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/ . Herencia asumida por los reyes hispanos en la Reconquista que no negaban la capacidad de los señoríos y del pueblo reunido en Cortes, y no sólo en el reino de Aragón, donde las Cortes constituían un poder mucho más importante que en Castilla, sino también recordando que el primer parlamento del Mundo con tal concepción nace en el Reino de León con el Rey Alfonso IX, adelantado a su tiempo, convocando en 1188 las primeras Cortes de la historia europea con participación ciudadana, noble y eclesiástica. De la posición de Alfonso X, el Sabio, (https://algodehistoria.home.blog/2021/06/11/octavo-centenario-de-alfonso-x-el-sabio/) al asentar y unificar la organización jurídica de España a través de las Partidas. Con el Rey Sabio llega el Derecho romano como fundamento de la unidad jurídica del poder y la ley escrita como fiel reflejo del espíritu bajomedieval, orientado ya hacia la moderna teoría del Estado: el Rey no se limita a preservar el Derecho viejo, sino que aspira a crearlo porque “las leyes hechas de nuevo valen tanto como las primeras o más” (Partidas I, 1, 19). Apunta así hacia la soberanía en su concepción más actual, casi anticipándose a Bodino (ideólogo del concepto de Estado moderno). Organiza el Estado de manera muy moderna no sólo internamente sino concibiendo la necesidad de la defensa de sus fronteras y creando un cuerpo de milicia con esa única finalidad; con la concepción de Imperio que recoge de la tradición histórica de España, de romanos, visigodos y astures y que proyecta más allá de nuestras fronteras con el “ fecho del imperio”; como señala José Antonio Maravall, la idea imperial del Rey Alfonso se sitúa de manera más cercana —a su juicio— a la tradición española que al modelo centroeuropeo y ello porque configura el Poder en el Territorio y lo ejerce directamente sobre el Pueblo, los tres elementos clásicos del Estado como forma política. De los Reyes Católicos con la unidad peninsular y nacional en torno a la Corona, creadores de un brazo ejecutivo formado por instituciones diversas con estructura aragonesa en algunos casos- virreinatos- y asesoramiento por Consejos propio de Castilla (Consejo de Castilla, de Indias…), la labor legislativa pasa a los monarcas y a las Cortes conjuntamente, lo que supone una fusión bajo la Corona de la forma de gobierno de ambos reinos. Se produce la normalización de derechos como se refleja, por ejemplo, en las Leyes de Indias, dictadas a modo de escudo protector de los nativos de los territorios descubiertos por Colón, lo que supone establecer las bases de la tutela de los Derechos Humanos. Seguidos por Carlos I, en defensa de la Fe (el Cristianismo como base moral de la acción política que recoge la tradición hispana desde los Visigodos, marca la Reconquista y la política de sus abuelos, los reyes Católicos) y la legalidad (Controversia de Valladolid https://algodehistoria.home.blog/2020/01/31/los-justos-titulos-y-la-controversia-de-valladolid/ ) o el pensamiento político, económico y científico de la escuela de Salamanca, con grandes intelectuales entre los que recordaremos al padre Vitoria o al padre Mariana por sus ideas y contribuciones al derecho Internacional, la economía moral, el respeto a los Derechos Humanos siempre fundamentados en el pensamiento humanista y el realismo aristotélico-tomista. A la expansión de aquel gran Rey y estadista que fue Felipe II y su/nuestra primera gran globalización.

https://algodehistoria.home.blog/2019/11/15/escuela-de-salamanca-1/

https://algodehistoria.home.blog/2019/11/22/la-escuela-de-salamanca-2/

Todo eso estaba en España, porque ya era España; todo eso había conformado España cuando gobiernan los Austria o al llegar los Borbones. Eso era España cuando Carlos III se propone durante el Siglo XVIII la modernización de un País que se había reformulado entorno a un imperio. Consigue traer a España los preceptos ilustrados en el ámbito del pensamiento y la ciencia por medio de unas élites ilustradas. Aquella ilustración que en España se manifestó por ejemplo en el Diccionario de autoridades publicado en la Real Academia Española entre 1726 y 1739 se definía a la “luz de la razón” a la” luz de la crítica” o a la luz de “la verdad, el tiempo y la Historia” en la alegoría de Goya.

Pero ilustrados en España hubo pocos y reducidos a una élite, que saludaron con autentico ardor a Carlos III- con motivos, y no les defraudó-. En las Universidades españolas se difundían pensamientos de los autores del iusnaturalismo racionalista germánico como Puffendorf, Grocio, Almicus… De ahí proceden los proyectos de Mayans, las reformas de Olavide, las cátedras de derecho natural o del derecho de gentes… También llegaban las propuestas francesas y británicas de Locke, de la “Enciclopedia”, de Rousseau, del “Espíritu de las leyes” de Montesquieu o del consuetuditarismo constitucional británico que fueron estudiadas y puestos en práctica por Jovellanos, Campomanes, Cabarrús, Alcalá Galiano, Cadalso, Foronda, Martínez Merino…

Los ilustrados españoles, como manifestará Jovellanos, tenían una concepción del liberalismo reformista que no revolucionaria; no aspiraban a modificar sustancialmente el orden social y político vigente. Pretendían introducir reformas que fomentasen lo que denominaron pública felicidad o bien común, y para ello deseaban involucrar a las élites en su materialización.

La España de Carlos III fue un ejemplo de reforma y progreso en todos los órdenes. Esa era España cuando la invasión napoleónica y cuando la inutilidad y traición de Carlos IV y Fernando VII hacían presagiar que todo lo avanzado durante siglos iba a irse por el sumidero de la Historia.

Pero aquel espíritu estaba en nuestra sangre como pueblo, no sólo el pueblo levantado en armas sino en las expresiones políticas de realistas, liberales, americanos e incluso afrancesados – las cuatro facciones en las que se agrupó la España política a raíz de la invasión napoleónica, las tres primeras con asiento en las Cortes de Cádiz.

El liberalismo nacía de unas bases históricas- esbozadas en los párrafos anteriores- y así lo expresaron los liberales en Cádiz imbuidos de historicismo, pero no es menos cierto que nunca se había expresado en España de manera tan clara y contundente cómo ocurrió en Cádiz. Sobre todo, en la constitución de 1812. En ella se cimentaba una sociedad en la igualdad jurídica, una economía de mercado y un Estado de Derecho.

Los liberales constituyeron una minoría muy activa en aquellas Cortes y tuvieron una gran influencia por su cohesión política, personal, doctrinal y el empuje de la exultante juventud de sus representantes. Entre los liberales destacaban los clérigos, algunos nobles y otros miembros de la burguesía. Como curiosidad, en su origen geográfico, abundaban los extremeños y los asturianos.

Una de las características del corpus doctrinal defendido por los liberales y que se alejaba de otras manifestaciones foráneas de liberalismo, era que, pretendiendo ser revolucionarios, consiguieron acomodarse con los realistas para ofrecer un modelo reformista, basado en el nacionalismo patriótico, el historicismo y en el catolicismo.

Eran nacionalistas pues representaban a todo el pueblo español en armas. Esta posición creó la conciencia nacional, sumamente patriótica. Las libertades modernas se defendieron en España de la mano del patriotismo. Las manifestaciones antipatrióticas vinieron posteriormente de las posiciones absolutistas de la Santa Alianza, y de Fernando VII. Los liberales defendían la guerra frente al invasor, al contrario que los afrancesados; defendían, por ello, la tradición histórica frente a la imposición extranjera y al tiempo, sin caer en contradicción, las ideas francesas e inglesas como avanzadas frente a atraso de muchos sectores españoles.

Muchos liberales proyectaban ideas iusnaturalistas racionalistas procedentes de Francia e Inglaterra o Alemania y esas ideas, y todas las que había ido llegando a lo largo del siglo XVIII, se plasman de una u otra forma, con más o menos intensidad, en los artículos de la Constitución gaditana. Pero, sobre todo, esa influencia de puso de relieve en las más importantes premisas de la Constitución doceañista, como son la teoría de la soberanía, los conceptos modernos de Nación, Representación, Constitución y Monarquía. Esas premisas, plasmadas en la Constitución sí fueron un auténtico hecho revolucionario. El artículo más subversivo era aquel que señalaba que ”La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho a establecer sus leyes fundamentales” (art.3). Unido a aquel que señalaba que ”La potestad de hacer leyes reside en las Cortes con el Rey”(art.15).  O aquel “La potestad de aplicar las leyes en las causas civiles y criminales reside en los Tribunales establecidos por la Ley” (art. 17). En resumen, soberanía nacional y división de poderes.

La soberanía nacional se basó no en las ideas de los ilustrados franceses sino desde la originalidad española de defender su carácter tradicional y fundacional en la Historia de España y su función legitimadora de la insurrección patriótica contra el francés. Sus consecuencias sí se parecían a las extraídas por los franceses; sobre todo, la facultad nacional de dar o reformar una norma suprema, la Constitución, y la facultad de determinados órganos en actuar en nombre de esa Nación: las Cortes. El Rey pasaba a ser un órgano constituido, con notables facultades, pero muy disminuidas en relación a las que tenía en el Antiguo Régimen.

En Cádiz, conscientemente, para no ser acusados de afrancesamiento no se dio un listado de derechos y libertades, pero a lo largo del texto constitucional, de manera poco sistemática, sí se reflejaban algunos de esos derechos.

En el fondo, el resultado era muy francés y muy europeo, pero adornado con otros ropajes, entre los que destacaba que no se expresara la libertad religiosa.

El catolicismo fue interpretado como una marca de identidad nacional, conformando un ingrediente básico de la ciudadanía española. Mostrando cómo la asociación entre religión y nación se aceptaba de una forma tan natural como la existencia de la monarquía.

Todas las familias del liberalismo, más allá de su carácter conservador o progresista, establecieron el catolicismo como el elemento básico de su identidad religiosa. Una realidad que se fortaleció andando el tiempo cuando en 1851 se firmó el Concordato con el Vaticano.

Sin embargo, el liberalismo sufrió una modificación importante en sus planteamientos tras los dos embates absolutistas generados durante el reinado de Fernando VII: 1814 y 1823. Ambos acontecimientos provocaron el exilio en masa de los liberales y también de los afrancesados. Ya lo vimos al tratar la vida del Conde de Toreno, uno de los liberales más activos durante la Constitución de 1812 (https://algodehistoria.home.blog/2024/12/20/vii-conde-de-toreno/). Los refugios elegidos en ambos momentos históricos serán Gran Bretaña y Francia.

Los componentes que matizan o modifican las posiciones de nuestros liberales no se limitan al conocimiento que da el exilio sobre las teorías que mueven Europa, sino a otra serie de factores:

  • El carácter revolucionario que tenía el liberalismo se vio truncado al conocerse en la práctica el caos que esas posiciones políticas llevadas al extremo habían generado en la sociedad: los excesos de la revolución de 1789, el terror, el exceso de teorización, y el cataclismo que será en el futuro la revolución de 1848.
  • El radicalismo y la inoperancia del trienio liberal español (1820-1823).

En esa reacción contra esos excesos coinciden las teorías utilitaristas de Benthan, el positivismo de Comte, el constitucionalismo de Constant, la economía política de Say… En resumen, triunfa el liberalismo británico, con una atrayente síntesis entre empirismo e historicismo. Libertad y orden. Esas eran las premisas que no sólo influyeron en toda Europa, sino que las mismas transformaron a los liberales españoles, ni Argüelles, ni Toreno, ni Javier de Burgos o Martínez de la Rosa mantendrán ya las posiciones revolucionarias (cambio especialmente significativo en los dos primeros) que habían sostenido en la redacción de la constitución de Cádiz. De ahí que la Constitución pase a llamarse Carta otorgada, que eso fue el Estatuto Real de 1834, en el que el poder del Rey volvía a incrementarse, la separación de poderes cede paso a una colaboración entre Rey y Parlamento, las libertades ciudadanas se restringían a la luz del alboroto creado en el Trienio Liberal o el que se producirá con la Rebelión de los Sargentos en la Granja en 1836 que vuelve a mandar al exilio a nuestros ilustrados.

El Estatuto Real no duró mucho tiempo en vigor. No sobrevivió a las burlas de los liberales exaltados, a pesar de que España contaba con un régimen de libertades de los más avanzados de Europa. La Reina Gobernadora recurrió de nuevo a los más templados liberales, en este caso al Conde de Toreno para que impulsaran un nuevo texto constitucional. Así surge la constitución de 1837, en un modelo constitucionalista menos conservador que el Estatuto Real, pero que guardaba y equilibraba las esencias de “libertad y orden”. El texto fue fruto del consenso de todos. Fue una constitución aceptada por exaltados y moderados. Fue una constitución que duró menos de 10 años, pero con la trascendencia de haber significado la institucionalización definitiva de un régimen constitucional en España. Estaba inspirada en la francesa de Luis Felipe de Orleans y en el liberalismo de Bentham. Determinó además el nacimiento de los partidos políticos: moderados, por un lado, progresistas por otro. Se implantó un nuevo sistema electoral. Las siguientes elecciones, las más limpias de todo el Siglo XIX español, las ganaron los moderados.

Los liberales adscritos a la filosofía krausista construyeron desde finales de la década de los cincuenta una doctrina política que buscaba la armonía entre el individuo y el Estado, el capital y el trabajo, la naturaleza y el espíritu, los hechos y las ideas, la religión y la ciencia, la reacción y la revolución y la libertad y la igualdad. Ese racionalismo armónico, asentado sobre el Ideal de la Humanidad de Krause, conformó una doctrina política liberal, de tintes progresistas, pero irreductible al imaginario político del Partido Progresista. En ese ideario se mueven Sanz del Río, Francisco de Paula Canalejas, Azcárate o Giner de los Ríos que construyen una alternativa política propia en el marco del liberalismo isabelino.

Sin embargo, el caos nacional, con una Reina que no tenía ni la formación, ni la capacidad adecuada, la guerra civil, los políticos del momento…, no lograron dar los pasos necesarios para que el régimen liberal marchara sin quebranto. La clase dirigente, moderada y progresista, optó por acercarse a “espadas” prestigiosas, excelentes militares, cuya actuación política se basaba en la imposición y no en el liberalismo. Narváez como ejemplo de ellos. Sin embargo, la idea liberal seguía en la mentalidad nacional. Así nació la Unión Liberal de O’Donnell apoyada por los moderados para encontrar un gobierno con ciertas garantías constitucionales (sobre todo desarrolladas durante el gobierno largo de O’Donnell).

Pero el modelo liberal estaba en quiebra, y ni los gobiernos de la Gloriosa, la Primera República, la crisis del 98, con todos sus intelectuales, el movimiento nacionalista… no lo iban a arreglar. Con todo, las instituciones lograron salvaguardar la integridad del régimen en España. La monarquía constitucional no se hundió, como se hundió en Francia. La Restauración era un momento de esperanza y a esa tarea se enfrentaron desde el interior del régimen varios de sus políticos entre los que destacaremos a José Canalejas, cuya idea de fortalecer la Monarquía, el Parlamento y la Nación representaron el intento más firme por hacer compatible el régimen monárquico y la constitución de 1876 con las exigencias del nuevo liberalismo. Consideraba Canalejas que no resultaba necesario el cambio de régimen, ni siquiera una reforma constitucional, para cumplir los ideales de la democracia moderna. Democracia no era para el político liberal el desarrollo de los principios políticos del siglo XIX sino la efectiva realización de los ideales sociales del XX.

La esperanza se deposita en la llegada, en 1902, de un Rey joven, Alfonso XIII. Más progresista que conservador aparece como un monarca regeneracionista. Parecía representar el dinamismo que necesitaba España. A la muerte de Canalejas, sin embargo, los retos eran gobernar en la nueva sociedad de masas y cuáles serían las respuestas del liberalismo ante los desafíos que ofrecía, de un lado, la revolución soviética, y de otro, la eclosión del fascismo. Los intelectuales, en esta coyuntura, se presentaron como los nuevos “gurús” de la opinión pública, en la que la amenaza del hombre-masa, como apuntaba la obra de Ortega y Gasset, conformaba un nuevo orden social que fue abordado con temor unas veces, no exento de esperanzas, en otras. En ese nuevo marco el liberalismo democrático constituyó una alternativa real que la monarquía alfonsina no quiso, o no pudo, finalmente, acoger. Habrá de pasar más de medio siglo, hasta la Transición y la Constitución de 1978, con otro Rey joven, Juan Carlos I, para conseguirlo.

BIBLIOGRAFÍA

JOVER ZAMORA, José María (DIR.). “Historia de España: la España de Fernando VII”. Ed. Espasa- Calpe. 1978.

MARCO, José María. “Una Historia patriótica de España”. Ed. Planeta. 2011

PALACIO ATARD, Vicente. “La España del Siglo XIX”. Ed. Espasa- Calpe. 1981

SOLÉ TURA, Jordi y AJA, Eliseo. “Constituciones y periodos constituyentes en España (1808-1936)”. Siglo XXI editores. 1977

VII Conde de Toreno

Esta entrada se la dedico a mis amigos M.ª Ángeles Z., Luis A., y sus hijos.

José María Queipo de Llano y Ruiz de Saravia. VII Conde de Toreno, vizconde de Matarrosa. Nacido en Oviedo, el 26 de noviembre de 1786, y fallecido en París, el 16 de septiembre de 1843, fue un político- yo diría que la expresión más adecuada para definirle es, hombre de Estado-, liberal y excelente historiador.

Nació como primogénito de la casa de Toreno, una de las más ricas, antiguas e ilustres del Principado de Asturias. Único hijo varón de una familia con 5 hijos, fue educado de manera excelsa y exquisita. Cuando contaba con 4 años de edad, su familia se traslada a Madrid,  donde tiene como preceptor a su paisano Juan Valdés. Valdés, culto y liberal, instruye al niño en latín, literatura, humanidades, matemáticas y física. Hizo cursos avanzados en química, mineralogía y botánica. De gran facilidad para los idiomas, hablará griego clásico, francés, inglés e italiano, así como algo de alemán; pero dónde destacó fue en su facilidad para el conocimiento y uso del castellano. Las enseñanzas de su maestro Valdés no se limitaron a los aspectos culturales, sino que influyó de manera muy destacada en su pensamiento político, de tendencia liberal, al iniciarle en la lectura de libros como El Emilio El Contrato Social, de Rousseau.

Partamos de una aclaración previa, que veremos en profundidad en futuras entradas del blog. El liberalismo en el siglo XIX, el que profesaba nuestro invitado de hoy, se entendía como el movimiento contrario al antiguo régimen, como la defensa de la existencia del Estado para garantizar la igualdad ante la ley de todos sus ciudadanos y el respeto y garantía del ejercicio justo de las libertades individuales. Para ellos, el Estado debe contar con límites claros a su poder para que no constituya un impedimento al ejercicio de la vida libre y autónoma. No se trata de moderados o radicales, de progresistas o conservadores, sino de la esencia común a todos ellos.

Toreno fue en excelente estudiante, un hombre ilustrado y un escritor destacado que expresó en sus libros sus conocimientos de todo tipo, aunque destacó en sus textos sobre Historia y Política.

En 1803, sus padres regresaron a Asturias, y él continuó sus estudios y entabló contacto con grandes políticos liberales, muchos asturianos y otros de Madrid: Agustín Argüelles (apodado “el divino” por su oratoria durante las Cortes de Cádiz. Abogado, político y diplomático, fue presidente de las Cortes en 1841 y tutor de la reina Isabel II), José Fernández Queipo (pariente del nuestro personaje y brillante político asturiano) y Ramón Gil de la Cuadra (formó parte de la Junta de Instrucción Pública. Firmó el informe sobre la reforma general de la educación nacional que redactó la Comisión en las Cortes de Cádiz). Se cree que, por entonces, con sólo 17 años, hizo una traducción de Eutropio, escritor romano del siglo IV, autor de un Compendio de Historia Romana, en diez libros que no editó, pero que anunciaban su afición a los estudios históricos.

La guerra contra los franceses, el 2 de mayo de 1808, le sorprendió en Madrid. Tras abandonar Madrid e instalarse de nuevo en Oviedo y estando congregada la Junta General del Principado de la que era miembros natos los condes de Toreno, por privilegio de familia, fue incluido él –además de su padre- como miembro de la misma, con tan sólo 22 años. Fue elegido para viajar a Inglaterra a solicitar la ayuda militar inglesa frente al invasor francés. Representó en Londres a la Junta Suprema de Asturias y su papel resultó crucial. Logró que el ministro de Relaciones Extranjeras les recibiera y viera con buenos ojos prestar ayuda a España.  Allí entabló amistad con otros políticos y militares como Castlereahg, Wellington, lord Holland (político, hispanista, amigo de Jovellanos y elemento fundamental en la forja de nuestro Estado liberal en sus primeros momentos). También logró contactos para sus intereses intelectuales como el del escritor Scheridan.

En diciembre de 1808, regresó a Oviedo donde, a la muerte de su padre, cambió su título de vizconde de Matarrosa, por el de conde de Toreno. Permaneció en Oviedo hasta mayo de 1809, ocupado por asuntos familiares y en la asistencia a las sesiones de la Junta, hasta que llegó a Oviedo el marqués de La Romana – encargado del ejército español en la defensa del norte (ver https://algodehistoria.home.blog/2024/11/08/cuando-galicia-mostro-el-camino-de-la-libertad-al-resto-de-espana-puente-sampayo/ )

La Romana disolvió la Junta asturiana y creó otra a punta de bayoneta, y nombró a Toreno miembro de ella. Sin embargo, el conde, no estando de acuerdo con las formas del marqués, no aceptó el cargo y se enfrentó a La Romana. Esto le podría haber creado más de un disgusto, de los que se libró por ser invadida Asturias por el ejercito francés al mando de Ney. La Romana se refugió en las montañas de Covadonga – con menos éxito y valor que Pelayo- y cuando los franceses se marcharon hacia Galicia – sin abandonar Asturias-, se desplazó a Andalucía. Dejando a nuestro protagonista tranquilo. En 1810, Toreno viaja a Cádiz en representación de Asturias en la Junta Central que se reúne en la isla de León. La finalidad de la Junta de Asturias era transmitir a la Central que debía representar a la Regencia y convocar Cortes. Se le encargó la redacción de la exposición que permitiría la defensa de esas posiciones. Tuvo éxito de nuevo y logró la convocatoria, no sin tener algunos desencuentros entre sectores más conservadores.

Las Cortes se proclaman el día de la Merced (24 de septiembre) de 1810. La invasión de Asturias, retrasó las elecciones en el Principado. A ellas se presenta Toreno sin tener los 25 años necesarios para ser elegido Diputado, pero una dispensa del Congreso le permitió concurrir y ser representante de Asturias en las Cortes de Cádiz.

Todos sus discursos estuvieron llenos de brillantez y espíritu liberal. Defendió la propiedad, pero no los señoríos – en contra de sus propios intereses económicos y tradicionales, dando muestras de gran patriotismo-, la soberanía nacional, que la potestad legislativa fuera compartida por las Cortes y el Rey ( hasta entonces sólo la ejercía el monarca). Aceptó la existencia de una sola Cámara. Partidario de configurar una normativa uniforme sobre la Administración territorial y local, anticipa lo que serán sus posiciones durante la regencia de M.ª Cristina . Defendió la creación de la figura del Alcalde como jefe político – en representación de la Soberanía Nacional- con representación popular y mando en plaza.

Siguió siendo Diputado cuando las Cortes se trasladan a Madrid. Si bien, con la intención de residir en Asturias. Tenía prevista su salida de Madrid para Asturias el 5 de mayo de 1814, como así aconteció, pero con más precipitación de la deseada.  El día 4 de mayo, Fernando VII firmó el Decreto de Valencia por el que declaraba nulo y sin valor todo lo acontecido en las Cortes extraordinarias y ordinarias, volviendo a implantar el sistema del antiguo régimen. No sólo anuló la obra de Cádiz, sino que en vez de premiar a los patriotas que habían luchado por España y preservado su Trono, el Rey felón declaró rebeldes a los liberales y constitucionalistas de Cádiz . En Asturias, Toreno recibió la noticia de la disolución de las Cortes, de la prisión de los Regentes, de los ministros y de varios de los diputados amigos suyos, así como que él se hallaba en situación de busca y captura. Salió hacia Ribadeo con intención de llegar a Portugal y, una vez en Lisboa, decidió trasladarse a Londres. Quiso instalarse posteriormente en París, pero la Presencia de Napoleón le hizo volver a Londres.

Después de la batalla de Waterloo, y restablecido en el trono Luis XVIII, volvió a Francia, a principios de agosto de 1815, pensando que sería un lugar seguro; sin embargo, su cuñado el general Juan Diez Porlier, preso en La Coruña por sus ideas liberales, se levantó contra el régimen absolutista. El pronunciamiento se inicia en la noche del 18 al 19 de septiembre de 1815.

Fue un pronunciamiento de corte liberal, pero moderado, que pretendía la vuelta a la Constitución de Cádiz y la convocatoria de Cortes. Este levantamiento tuvo repercusiones en Francia, pues temeroso de que el ejemplo se trasladara al país vecino, le gobierno francés persiguió a los liberales españoles asentados en Francia. Como consecuencia de ello, el Conde de Toreno fue hecho prisionero durante dos meses, al cabo de los cuales fue liberado sin cargos. Sin cargos, sin propiedades – Fernando VII se las había incautado- vivió en París pobre, pero muy reconocido por su talento y sus escritos. De esta época es su obra, traducida a varios idiomas: “Noticia de los principales sucesos ocurridos en el gobierno de España desde 1808 hasta la disolución de las Cortes en 1814”.

En 1820, a raíz del levantamiento de Riego. Fernando VII, como tantos traidores que cambian de opinión cuando les viene bien, afirmó: “marcharemos francamente, y yo el primero por la senda constitucional”.  Al conde de Toreno se le restituyeron todos sus bienes. Fue nombrado ministro plenipotenciario en Berlín. Pero se negó a aceptar el puesto, esperando ser elegido Diputado por Asturias, como ocurrió.  A punto estuvo de ser nombrado presidente de las Cortes, pero aún sin la presidencia fue un parlamentario brillante, especialmente en materia económica. En esta etapa, colaboró y entabló amistad con Martínez de la Rosa y otros diputados. Su prestigio volvió a engrandecerse, y gracias a él se logró que los disturbios provocados por Riego y otros exaltados no fueran a mayores. Sus años de exilio y penurias le habían hecho más tolerante y negociador. De ahí que a Toreno y a Martínez de la Rosa les llamaran pasteleros. Fueron los exaltados los que apodaron de aquella manera a dos brillantes personajes de la vida española. Lo que puso en peligro sus vidas: a la salida del Congreso, intentaron asesinarle en 1822. Llevado a su casa, en la que vivía con su hermana, la viuda de Diez Portier, allanaron el edificio e hirieron a varios criados. Al día siguiente, magullados, pero dignos e íntegros, Toreno y Martínez de La Rosa, volvieron al Congreso.

El Rey le pidió formar gobierno, pero se negó. En cambio, aceptó dar los nombres para el nuevo gabinete y así dio el de Francisco Martínez de la Rosa. Toreno, que ya no era Diputado, se marchó a París previendo lo que se avecinaba con los acuerdos del Congreso de Verona y la llegada de los 100.000 mil hijos de San Luis.  Viajó con toda Europa y fue bien reconocido, pero su experiencia no dejaba de ser amarga, la amargura del exiliado. 10 años duró esta etapa, aunque larga, no participó en ninguna conspiración. En otros aspectos, estos años fueron muy destacados: tuvo contactos con ilustres personajes, Châteaubriand, Say, Madame Staël, M. de Villèle, , el general Fay, Benjamín Constant, N. de Lafayette, M. Guizot, M. Thiers, el duque de Broglie y otros insignes liberales que prepararon la nueva senda liberal en que entró Francia en 1830.

A fines de 1827 empezó a poner en práctica su proyecto de escribir una Historia de España. En 1830,  concluyó el libro décimo de esa obra. En 1831 presentó los libros undécimo y duodécimo. Durante el año siguiente volvió a viajar por toda la Europa central e Inglaterra; y, a pesar de tanto viaje, escribió otros seis tomos.

El 15 de octubre de 1832, la Reina Gobernadora publicó el decreto de la primera amnistía, con ciertas restricciones que desaparecerían en breve. Toreno volvió a España en julio de 1833 y se instaló en Asturias donde permaneció hasta la muerte del Rey.

La Diputación General de Asturias lo nombró su representante ante la Reina Gobernadora en las proclamaciones del nacimiento y minoría de edad de la princesa Isabel.

Tras los Gobiernos de Cea Bermúdez y el ministerio de Javier de Burgos que lidiaron por modernizar España, para lo que, entre otras medidas, reorganizaron territorialmente el País y su Administración con tal éxito que la división territorial dura hasta la actualidad.

La Reina Regente se vio obligada a elegir a ministros entre los sectores liberales, fundamentalmente porque los más conservadores- con los que quizá comulgaba más con sus ideas-, se habían aliado con los carlistas, que le habían declarado la guerra. A ello hay que unir su matrimonio (secreto. Aunque un secreto a voces) con un plebeyo Fernando Muñoz, lo que le impedía proclamar la boda frente a los carlistas que se consideraban legítimos herederos.

Entre los sectores liberales eligió a los más templados por entonces,  y así nuestro protagonista fue nombrado ministro de Hacienda en 1834, en el gobierno de Martínez de la Rosa, gobierno que aprueba la carta otorgada que es el Estatuto Real. Bajo los dictados del Estatuto Real se desarrollaron los gobiernos de Martínez de la Rosa, Toreno, Mendizábal e Isturiz.

La situación económica de España, con una deuda exterior desbocada y los mercados ingleses cerrados para nuestro país, era desalentadora. Sin embargo, las medidas de Toreno surtieron efecto y logró con gran éxito encauzar las cuentas públicas. Fue ministro durante la presidencia de Martínez de la Rosa. Cuando éste cesó, fue elegido presidente del Consejo de ministros, es decir, presidente del Gobierno reteniendo el Ministerio de Hacienda y desempeñando de forma interina el de Estado.

Su conocimiento de Francia y Gran Bretaña le llevó a querer la modernización de España al modo británico. Sin embargo, no pudo desarrollar estas cuestiones pues duró en el puesto tres meses; la sublevación militar de los sargentos de La Granja, en agosto de 1836, hizo que se marchara de nuevo a París y a Londres, huyendo ahora de los liberales, como antes había huido de los absolutistas. De vuelta a España, logra, de nuevo, ser Diputado por Asturias.

Tras el Estatuto Real de Martínez de la Rosa denostado por los liberales más exaltados que querían recuperar la constitución de 1812, Toreno y otros sectores moderados impulsaron la constitución de 1837. Menos moderada que el Estatuto Real, pero sacada adelante con el consenso de todas las fuerzas liberales. Fue una constitución aceptada por exaltados y moderados. Fue una constitución que duró menos de 10 años, pero con la trascendencia de haber significado la institucionalización definitiva de un régimen constitucional en España. Estaba inspirada en la francesa de Luis Felipe de Orleans y en el liberalismo radical de Bentham, que además de la constitución francesa, había inspirado las de Brasil, USA y el sistema británico. España gozaba en aquellos momentos de un de los sistemas libertades y derechos más avanzados del mundo. Determinó además el nacimiento de los partidos políticos, moderados, por un lado, progresistas por otro. Se implantó un nuevo sistema electoral. Las siguientes elecciones, las más limpias de todo el Siglo XIX español,  las ganaron los moderados y en ellas Toreno volvió a conseguir el acta de diputado por su provincia natal. El conde acudió a Madrid para desempeñar su cargo de diputado y recibir el título de Grande de España que le había concedido la Reina.

Para entonces ya llevaba escritos 18 volúmenes de su Historia de España.

La regente María Cristina de Borbón, tras la revolución de 1840 que causa su dimisión, abandona el país. Se inicia así la regencia de Espartero (1840-1843).

Toreno, al igual que la Reina Regente y otros liberales, se instala en Francia con toda su familia. Se inicia en la recopilación de material para escribir una Historia de la Casa de Austria. Recorrió Alemania, Suiza, Italia, Bélgica y Países Bajos, todo lugar que le permitiera documentarse sobre este trabajo histórico.

En 1843, cuando, depuesto Espartero, se disponía a volver a España, falleció de manera inesperada y en pocos días.

Dejó viuda y tres hijos. Sus restos se depositaron en el cementerio de San Isidro de Madrid, para ser luego trasladados al panteón familiar de Cangas de Tineo.

La Real Academia de la Historia le había nombrado académico. Cuando murió, España se encontraba en una de tantas situaciones críticas que necesitan de las cabezas más brillantes para superar el futuro, pero Toreno ya no estaba.

A personas como Toreno se los echa de menos, entonces y ahora.

BIBLIOGRAFÍA

GONZÁLEZ MUÑIZ, Miguel Ángel.- “Los Asturianos y la Política”. Ed.  Ayalga, 1976 .

JOVER ZAMORA, José María  ( DIR.) “Historia de España: La España de Fernando VII”. Espasa-Calpe. 1978.

MARCO, José María. “Una Historia patriótica de España”. Planeta.2011

VARELA SUANZES-CARPEGNA. Joaquín- “ El Conde de Toreno (1786- 1843). Biografía de un liberal”. Ed Marcial Pons, 2005.

PALACIO ATARD, Vicente. “La España del Siglo XIX” Ed. Espasa-Calpe. 1981.

 

KAMIKAZE

En 1944, la situación japonesa en el Pacífico era crítica. El Ejército Imperial se hallaba en serias dificultades tras la desastrosa campaña de las islas Marianas, que conllevó el hundimiento de gran parte de su flota en el transcurso de la batalla del mar de Filipinas. Especialmente desastrosa fue la situación de Japón desde octubre con la derrota en batalla del Golfo de Leyte también conocida como segunda batalla del mar de Filipinas. Desde aquella batalla (del 23 al 26 de octubre de 1944) hasta el final de la guerra, Japón tomó una drástica decisión con la finalidad de atajar la ventaja norteamericana en el mar de reclutar pilotos suicidas, los famosos kamikaze. Fueron los comandantes aéreos los que propusieron la desesperada acción de estrellar con sus aviones los barcos enemigos. Se considera que la táctica propuesta por los japoneses procedía de una idea italiana, de Mussolini. Durante la invasión de Etiopía, el duce se propuso crear un escuadrón suicida que estrellase sus aviones contra los buques de la Marina Real Británica, pero los italianos nunca llevaron a cabo ese siniestro proyecto.

Los Kamikaze eran lo más escogido de la aviación japonesa. Su presencia en el ejército japones adquiriría un ideal casi místico. No olvidemos el sentido religioso de todo Oriente, del que dará cuenta la presencia de pequeños templos en todos los buques de la armada japonesa.

El nombre, Kamikaze, significa viento celestial o divino. El nombre fue rescatado de la historia japonesa a partir de un relato sobre un emperador mongol cuya flota fue hundida o desviada por un tifón, que los japoneses atribuyeron a “los dioses que enviaron un viento celestial”. El tifón dispersó la flota mongola que amenazaba con invadir Japón. Databa la leyenda de 1281.

Además de la táctica suicida, no existía ninguna estrategia especial en los aviones Kamikaze. Fiados en la velocidad que desarrollaban los cazas Zero, a veces también usaban bombarderos más ligeros, se enfilaban sobre su objetivo, utilizando su propio avión como proyectil. Su forma de ataque consistía en lanzarse en picado desde gran altura sobre la presa, calculando el ángulo muerto de los cañones antiaéreos y procurando esquivar su fuego.

Los aviones a veces se cargaban con bombas y tanques de gasolina adicionales antes de volar hacia sus objetivos. Los pilotos eran hombres jóvenes que se ofrecían como voluntarios para la misión. Los pilotos eran bendecidos por sacerdotes sintoístas, realizaban una ceremonia especial en la que bebían sake y comían arroz antes de volar. También se les entregaban medallas y una espada katana durante estas ceremonias. Los pilotos llevaban preciadas posesiones para atesorarlas después de la muerte.  Antes de entrar en combate, se vestían con un traje de ceremonia con botones negros y la insignia de la flor del cerezo salvaje y se cubrían la frente con pañuelos de seda con el sol naciente y en los que estaban grabados versos patrióticos. Tenían un elemento común en todos ellos, su inquebrantable lealtad al Emperador

Parece que la aviación imperial contaba con unos 4.000 de esos hombres . Extrañamente alguno, muy pocos, sobrevivieron. La mayoría perdió la vida, y en numerosas ocasiones, para no lograr sus objetivos. Fueron derribados por las defensas antiaéreas de los buques antes de estrellarse. Se cree que solo el 10% de las misiones tuvieron éxito; hundieron unas 50 naves de los aliados.

Muchos de estos hombres eran seguidores del código samurái del Bushido. El bushido se basa en siete virtudes principales que los samuráis debían cultivar: rectitud, coraje, benevolencia, respeto, honestidad, honor y lealtad. Cada una de estas virtudes se consideraba esencial para forjar el carácter del samurái y vivir una vida honorable y digna. Pero, sobre todo, el código mantenía un concepto de la virtud y del honor, desprendido de la vida, sobre la que no tenían gran apego.

A partir de 1945, la recluta de estos pilotos dejó de ser voluntaria para obligar a los universitarios a alistarse. Éstos, en gran número, se hicieron el hará-kiri; en una especie de acto de rebeldía en el que demostraban tener valor, pero negándose a que el sacrificio de su vida viniera de una imposición.

Se cree que el último piloto suicida fue M. Ugaki, cuando Japón se había rendido, decidió que mientras el Emperador no le comunicara el final de la guerra personalmente, él seguiría fiel a la defensa de su País. Así, optó por volar él sólo en una última misión suicida. Antes de subirse al aparato realizó todo el ritual habitual y partió en busca de los buques norteamericanos, pero no logró su objetivo. Su aeronave se estrelló en una playa de la isla de Ishikawa. Fue encontrado tiempo después por los norteamericanos.

Me he decidido a contar la historia de los kamikazes después de leer algunas noticias de la política española. Más parece que, en ocasiones, los partidos políticos sólo quisieran en sus filas a kamikazes fieles al líder hasta el final. Hasta el suicidio político o , incluso, judicial… Fidelidad al líder, que no a España.

BIBLIOGRAFÍA

AGUIRRE, J.F. .- “ La segunda guerra mundial”. Ed Argos. 1964

PROCACCI, G. .- “ Historia General del Siglo XX”. Ed crítica 2001

MURRAY, W. Y MILLETT, A.-“ La guerra que había que ganar”. Ed Crítica. 2002.

JAIME I EL CONQUISTADOR (y el reino de Valencia).

Esta entrada se la dedico a mis amigos Julio FG y Julián GC, ambos con gran querencia por la Comunidad Valenciana.

 

Jaime​ I de Aragón, el Conquistador, nació en Montpellier el 2 de febrero de 1208 y falleció en Alcira, el 27 de julio de 1276. Fue Rey de Aragón (1213-1276), de Valencia (1238-1276) y de Mallorca (1229-1276), Conde de Barcelona (1213-1276), Conde de Urgel, señor de Montpellier (1219-1276) y de otros feudos en Occitania.

Era hijo de Pedro II de Aragón y de María de Montpellier, y fue engendrado de forma casual, según la leyenda, debido a las malas relaciones habidas entre sus padres. Como Pedro II no quiso hacerse cargo de su hijo, nació y pasó la primera infancia en casa de su madre en Montpellier .

Por tradición debería haberse llamado Alfonso, pero la madre alejada las tradiciones aragonesas y de su marido, ordenó encender doce cirios con los nombres de los apóstoles, manifestando que el que durara más daría el nombre de su hijo, lo que sucedió con Santiago Apóstol, san Jaime.

Jaime se casó dos veces, la primera a los 13 años. De ese matrimonio nació Alfonso , que falleció en vida de su padre. De su segundo matrimonio nacieron 4 hijos y cinco hijas. Una de ellas, Violante, se casó con Alfonso X, el sabio. El mayor de los hijos de este segundo matrimonio, Pedro, sucedió a su padre en el trono del reino de Aragón como Pedro III.

Jaime, en sus aspectos personales fue conocido por su elevada estatura- casi 2 metros- rubio y con gran afición a las mujeres. Tuvo multitud de amantes y unos cuantos hijos más que constituyeron el origen de algunas de las más importantes casas nobiliarias de Aragón y Valencia. Entre sus cualidades morales, destacan su valentía, orgullo, fidelidad a la palabra dada y su gran fe. Huérfano desde muy temprana edad y bajo la protección del Papa Inocencio III, se crio entre los templarios, lo que conformó su espíritu cristiano al servicio armado de la cristiandad. Fue un gran creyente y gran pecador, todo muy al gusto medieval.

Durante su infancia los diferentes regentes manipularon el reino como tuvieron a bien, con todo, Jaime no sólo era grande en estatura, también lo era en inteligencia y supo, gracias a la Reconquista, hacerse con el poder suficiente como para ir conformando un gobierno personal y sólido alejado de los intereses de las diferentes camarillas.

Su actuación conquistadora se integra en un movimiento general en toda la Península contra el invasor musulmán. Sobre todo, a partir de 1212 y a raíz de la batalla de las Navas de Tolosa tras la que se produjo el hundimiento y la fragmentación del poder almohade, que facilitó en las décadas siguientes el avance de las fronteras de los reinos cristianos hacia el sur. https://algodehistoria.home.blog/2020/09/11/las-navas-de-tolosa-y-sus-consecuencias/

Aunque cronológicamente corren paralelas, hablaremos primero de la conquista de Mallorca porque propicia la de Valencia.

Jaime I fue el primer gran protagonista de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón. Ante las agresiones de los piratas mallorquines musulmanes a los mercaderes de Barcelona, Tarragona y Tortosa, éstos pidieron ayuda al monarca, al que se unieron con todas sus naves (esperaban por otro lado que esta ayuda les proporcionase un suculento botín). Mallorca se tomó en 1235. La conquista supuso acabar con la piratería islámica en las Baleares. Las islas se , constituyeron en puente para el comercio entre Cataluña y el norte de África.

La conquista de Valencia, auténtica obsesión para Jaime I durante casi 20 años, se preparó minuciosamente dada su trascendencia, una vez ocupada Mallorca y alejado el peligro musulmán del Mediterráneo, centró todas sus fuerzas en el sur, que se culmina con la conquista del castillo y villa de Biar (1245), dando por finalizada la conquista de las tierras valencianas.

La conquista de Valencia se inicia bastante antes. En las Cortes de Tortosa de 1225 se proclamó la necesidad de emprender la reconquista contra el islam. Los enfrentamientos entre los diversos clanes y caballeros del reino de Aragón impidieron un avance más rápido y exitoso. Realmente se trataba de un enfrentamiento civil interno que se solventó con la fidelidad y ayuda del noble Blasco de Alagón. Aquella fidelidad fue compensada por Jaime I en 1226 con la concesión de todos los lugares y castillos que pudiera conquistar en territorio musulmán valenciano. Tras ello, en 1227, la intervención papal a través del arzobispo de Tortosa permitió firmar la concordia de Alcalá, que procuraba una paz entre el Rey y sus aliados, por un lado, y las facciones de los barones, por otro, lo que dejó la puerta abierta a las grandes empresas conquistadoras de Jaime I. En 1233, tomó Morella, Burriana y Peñíscola. En 1237 la victoria en la batalla de El Puig, le permite entrar en la ciudad de Valencia de manera definitiva en 1238.

Poco a poco y durante algunos años más fue logrando en diversas etapas la toma de todo el antiguo reino musulmán: primero, marcando la frontera en el Júcar, y luego en Játiva.  Los límites del Reino de Valencia quedaron fijados a través del Tratado de Almizrra, firmado en 1244 por Jaime I y Fernando III de Castilla. Así, se estableció una frontera entre la población de Biar, en el interior de Alicante, y Busot, en la costa.

Aunque los mudéjares protagonizaron algunas revueltas, las sofocó todas, repoblando la zona con cristianos y expulsando a los musulmanes.

Posteriormente, en 1296 Jaime II de Aragón tomó lo que hoy son los territorios más al sur hasta Murcia a los castellanos, a través de la Sentencia Arbitral de Torrellas de 1304.

Con pocas variaciones, esas fronteras se han mantenido a lo largo de los siglos, y son casi las mismas que las de la actual Comunidad Valenciana, aunque ahora es algo más extensa, ya que se unieron posteriormente los pueblos y tierras al norte del Río Segura, y algún otro territorio de lo que fue el reino de Murcia.

Pero lo trascendente de la conquista valenciana se debe a Jaime I pues transformó de manera definitiva lo que era una taifa musulmana en un reino cristiano. En una muestra más del espíritu de cruzada que impregnó el carácter de Jaime.

Además, Jaime I, en esta conquista, obtuvo un gran triunfo sobre la nobleza, que consideraba las tierras conquistadas en Valencia como una prolongación de sus señoríos, al convertirlo en un reino privativo de la Corona (1239), unida dinásticamente a la Corona de Aragón. En su pugna con la nobleza, Jaime I encontró el soporte de la doctrina de la escuela de Bolonia, que afirmaba la supremacía del príncipe. A su vez, en un acto más destinado a imponerse a la insumisa nobleza, el Rey favoreció a los municipios y a la burguesía. También se modificaron las relaciones con los reinos hispánicos.

Aquel espíritu fortalecedor de la corona tuvo un revés en la herencia de sus reinos al repartir sus tierras entre sus hijos,  sin pensar en la unidad de la Corona. Si bien en el reparto último, realizado en 1262, tras la muerte del infante Alfonso, a su hijo Pedro le legó Aragón, Cataluña y Valencia, y a su hijo menor Jaime las Islas Baleares. Pero quizá el hecho más trascendente para la debilidad de la corona fue que durante su reinado tuvo lugar la consolidación de las Cortes privativas de cada reino, que actuaron como elemento esencial en la creación de una conciencia diferenciadora de cada territorio.

Las críticas entre los historiadores españoles contra estas actuaciones del monarca aragonés son duras y solventes. Sin embargo, para los historiadores nacionalistas la visión del monarca es la de gran rey,  un mito, el punto de partida de los futuros reinos de Mallorca, Cataluña y de Valencia, el creador de sus señas de identidad hasta nuestros días: territorio, fueros, moneda, instituciones, etc.

Con relación al resto de España, además del tratado de Almizra, que delimitó las zonas de expansión de ambos reinos, Jaime ayudó a su yerno Alfonso X el Sabio a la conquista y pacificación de Murcia en 1266. También ayudó al rey de Castilla en su enfrentamiento contra Marruecos y el reino de Granada.

Otro aspecto destacado de su política fue la renuncia a la política tradicional sobre el Francia, desviando su atención hacia el Mediterráneo.

Para resolver sus diferencias con Francia, en 1258, Jaime I firmó con Luis IX (san Luis), el tratado de Corbeil, en virtud del cual Luis IX renunció a los derechos “teóricos”, que desde tiempos de Carlomagno pretendía tener sobre el Rosellón, Conflent y Cerdaña, y a los condados catalanes (Barcelona, Urgel, Besalú, Ampurias, Gerona y Vic), y Jaime I a los derechos —más evidentes— que le asistían sobre diversos lugares del mediodía francés, por herencia de su madre.

Para afianzar este pacto, Jaime casó a su hija menor, Isabel, con Felipe, Delfín de Francia. También Jaime I cedió a la reina de Francia, Margarita, sus derechos a los condados de Provenza y Folcalquier, lo que tenía en el marquesado de Provenza y el señorío de las ciudades de Arles, Marsella y Aviñón, que fueron del conde Ramón Berenguer. Esto molestó sobre todo a la nobleza catalana.[1]

En el norte de África, sometió a los sultanatos de la zona y los convirtió poco menos que en colonias mercantiles para los comerciantes del Reino de Aragón, sobre todo catalanes y mallorquines.

El espíritu de cruzada de Jaime I le llevó a emprender una expedición a Tierra Santa, como resultado de la embajada tártara que recibió mientras estaba en Toledo en la Navidad de 1268, para asistir a la primera misa de su hijo el infante Sancho, arzobispo de la ciudad.[2]

Fue un monarca longevo, falleció a los setenta y un años, tras sesenta y tres de reinado, que coincidió con la época del apogeo medieval. Hasta el momento, en toda la historia de la humanidad, ocupa el puesto duodécimo en cuanto a la duración de su mandato.

BIBLIOGRAFÍA

AGUADO BLEYE, Pedro. “ Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1956.

 HINOJOSA MONTALVO, José.- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003. https://www.cervantesvirtual.com/obra/jaime-i-el-conquistador-1208-1276/

VILLACAÑAS BERLANGA, José Luis.-“Jaume I el Conquistador” Ed.  Espasa Calpe, 2003

[1] Hinojosa Montalvo. Jaime I el conquistador

[2] Hinojosa Montalvo. Op. Cit.

Cuando Galicia mostró el camino de la libertad al resto de España. Puente Sampayo.

Como todo 11 de noviembre (o viernes más próximo), un recuerdo a la Galicia de mi padre, de mis tíos y de toda mi familia gallega.

El levantamiento contra la ocupación francesa comienza en Madrid en mayo de 1808. Ante la resistencia y éxitos cosechados por los españoles, apoyados por Inglaterra (ayuda de la que habrá que escribir algún día, porque ayudar, algo ayudaron, pero se cobraron la ayuda con creces), Napoleón decide venir en persona para contener la sublevación.

Si heroico fue el pueblo de Madrid, el de Zaragoza o el de Gerona. Heroicas fueron las Juntas Nacionales, el Ejército español en Bailén o heroica la ciudad de Cádiz y los liberales allí reunidos para institucionalizar el País y suplir la tarea de Gobierno -con mucha más brillantez que la de nuestros anteriores y posteriores dirigentes-; no menos heroica fue la resistencia en Galicia, la primera región en liberarse de la presencia francesa (Vigo fue, el 28 de marzo de 1809, la primera ciudad de Europa en expulsar a las tropas francesas que previamente habían conquistado la ciudad), como ejemplo de todas aquellas valerosas gentes de Galicia, hoy hablaremos de la batalla del Puente Sampayo ( o en gallego, Ponte Sampaio).

El apoyo inglés a España ante la invasión francesa, logró que las tropas británicas llegaran hasta Lisboa y amenazaban con seguir avanzando por España impidiendo los planes napoleónicos para conquistar la Península. Ante esto, Napoleón decidió entrar en España y poner orden. Dado que las tropas británicas bajo el mando de Moore se encontraban en Galicia, Napoleón lanzó tras los ingleses al segundo cuerpo de ejército del mariscal Soult y tras él al sexto del mariscal Ney para que lo relevara en Galicia.

En un primer momento, la ocupación de Galicia no entraba en los planes de Napoleón. Pensó que aquel territorio considerado pobre y sometido al clero, no merecía malgastar al Ejército en una campaña sobre una región que se rendiría fácilmente. Bastaría con atraerse al alto clero para garantizar su dominación (y ésta fue la estrategia de los mariscales franceses tan ignorantes como el emperador de la realidad del pueblo gallego y, por ende, del español). Fue, pues, la persecución del Ejército inglés lo que determinó el movimiento de las tropas francesas hacia Galicia y la ocupación de la región.

La victoria del mariscal Soult en la batalla de Elviña, en las cercanías de La Coruña, el 16 de enero de 1809, sobre las tropas británicas, obligó a estos a salir a toda prisa hacia los puertos de Vigo y La Coruña con la finalidad de embarcar rumbo a la isla de la Gran Bretaña, que en aquellos años resultaba más segura. Dejaban así el campo libre a los franceses que (unido al hecho de que el Ejército español que iba a defender Galicia, bajo el mando del general Pedro Caro y Sureda, se encontraba aislado y sin poder avanzar en Astorga), ocuparon, además de La Coruña, Santiago, Ferrol, Mondoñedo… Ante tales noticias, Vigo presenta batalla con todo vigués dispuesto a empuñar cualquier objeto punzante para defender su ciudad. La defensa de Vigo fue con uñas y dientes, valerosa y digna de encomio, pero acabó capitulando. En apenas dos semanas, toda Galicia había sido conquistada, pero no sometida.

El mariscal Ney, recibe órdenes de controlar el Norte de Galicia y Asturias, para lo cual sitúa su campamento en Lugo. A la par Soult pasa a Portugal, donde toma Oporto el 29 de marzo.

A falta de un ejército español que pudiera defenderlos, los paisanos gallegos se organizaron en partidas vecinales, con usos propios de la guerrilla –que ya era un método habitual en otras zonas de España- y, armados con lo que encontraban a mano, se aprestan a atacar a los franceses. Aquellas partidas de guerrilleros consiguen establecer alarmas populares que alertan de unos pueblos a otros sobre los lugares por los que pasaban los franceses. Su eficacia fue tal que, en marzo de 1809, impiden que Ney tome la costa occidental gallega y, unidos a las propias guerrillas vecinales urbanas, liberan las plazas de Vigo, Pontevedra y Tui. La recuperación de estas ciudades establece una especie de isla que dificulta considerablemente la comunicación entre el ejército de Ney y el de Soult.

El ejercito español, bajo el mando del marqués de la Romana se había apostado en Asturias, pero para cuando Ney obtuvo noticias de ello y decidió ir en busca de nuestro ejército -en mayo-, Romana se había trasladado a Galicia.

Dada la situación, Ney pidió ayuda a Soult que abandonó Portugal para desplazarse por el interior -vía Orense- hasta encontrarse con el mariscal Ney, tarea que no le resultó sencilla. Al fin, los dos generales franceses se reunieron en Lugo el 29 de mayo. A la vera de las murallas de Lugo decidieron que Soult se ocupara de conquistar el interior de Galicia, mientras Ney se dirigía a Pontevedra y Vigo. De esa forma pretendían lograr el sometimiento completo de Galicia.

Una pequeña parte del ejército español unido a los vecinos esperaba a las tropas de Ney para hacerles frente. Conscientes los españoles de no poder luchar, con los pobres medios que tenían, en campo abierto y cara a cara contra un contingente de más de 8.000 soldados y 1.200 jinetes, eligieron cuidadosamente el lugar en el que enfrentarse a los franceses.

La primera intención de Ney fue incendiar la ciudad de Pontevedra, pero cuando vio el lugar, le gustó tanto, que decidió no destruirla. Todos los que conocemos Pontevedra sabemos que es una ciudad bien bonita, pero la expresión del General, no sé si por su condición de francés o porque era un poco cursi, fue: “¡Ah, Pontevedra, tu belleza me desarma!”. Tanto debió gustarle que decidió acampar allí, para seguir al día siguiente camino de Vigo, siempre por la costa, bordeando la Ría de Vigo.

Los españoles habían decidido esperar a los de Ney acampados en Puente Sampayo. La elección de Puente Sampayo se hizo porque parecía el lugar más inexpugnable del camino. Cuatro de los arcos del puente fueron cortados. Y el vadeo del río Verdugo solo era posible con marea baja y en condiciones penosas. Río arriba apenas había opciones para cruzar, salvo en Puentecaldelas, donde se destacó un grupo de fusileros, apoyados por artillería.

El capitán escocés McKinley –los británicos habían vuelto (llamados por la Junta de Asturias, muchos desembarcaron de vuelta por Gijón)- envía a la zona varios buques de los que estaban fondeados frente a Vigo. También acuden otras lanchas cañoneras españolas, bajo mando del capitán Juan de Carranza. Estas unidades, haciendo uso de sus cañones, serán cruciales en el desarrollo de la batalla.

La batalla se inicia el 7 de junio de 1809. Ante el fuego de artillería español, los exploradores franceses buscan sin éxito pasos por los que atravesar a la otra orilla. Ney comienza también a bombardear las zonas en las que el río Verdugo se estrecha, sin lograr tampoco ninguna ventaja.

En realidad, la posición estaba tan bien organizada que resultaba casi inexpugnable. Sólo cabía un ataque por la espalda siguiendo la dirección Orense-Vigo, que era por donde Ney esperaba inútilmente que apareciera en su ayuda Soult. Pero el mariscal Soult descansaba en Lugo, incumpliendo su pacto con Ney de formar una tenaza que se cerrase en esta zona.

La jornada del día 7 termina con numerosas bajas en ambos bandos, pero sin que las posiciones se muevan un ápice. Cuando amanece el 8 de junio, Ney tenía preparado su nuevo plan. En este caso trataría de atravesar el río por Puentecaldelas. Ney desplazó 1.500 hombres hacia Puentecaldelas para envolver las posiciones españolas del puente Sampayo y envió, asimismo, tropas y artillería a un pinar contiguo, llamado de Acuña, a fin de neutralizar las cañoneras que batían el puente.

Los oficiales españoles, viendo los movimientos del mariscal francés, procedieron de manera rápida. Acudieron junto a una unidad de fusileros al puente Caldelas, únicamente defendido por 200 habitantes de los pueblos cercanos. La multitud de trampas que habían puestos los gallegos en los alrededores masacraron a los caballos, y los jinetes franceses murieron por fuego de artillería.

Las lanchas cañoneras se encargaron de las tropas francesas que intentaban atravesar el Verdugo usando los estrechos pasos ubicados a ambos lados de los puentes. Los franceses, por su parte, se vieron obligados a girar sobre sí mismos y volver por donde habían venido.

Con el paso de las horas, el mariscal francés ordenó lanzar un último y desesperado ataque. En este caso, los encargados de intentar causar daños a los españoles fueron sus cañones. Pero tampoco resultó y Ney se vio obligado a retirarse. Dirigió los restos de su ejército hacia Castilla.

El historiador Adolphe Thiers, en su Historia del Consulado y del Imperio, se sorprendía de la victoria gallega ante todo un mariscal de Francia y su poderoso ejército: “Parece mentira que un cuerpo de ejército tan numeroso y aguerrido como el que mandaba Ney, a pesar de la habilidad y energía de tan famoso General, no pudiera hacer frente a los indisciplinados gallegos”.

Indisciplinados… pero no tanto, valerosos y, sobre todo, con la fuerza y el ánimo que da defender la casa de uno.

Galicia fue así la primera región española libre de la ocupación francesa.

BIBLIOGRAFÍA

AGUADO BLEYE, Pedro. “ Historia de España”. Ed Espasa-Calpe. 1956.

QUEIPO DE LLANO Y RUIZ DE SARAVIA, J.M. -Conde de Toreno- . “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1807-1817)”. Ed Akrón 2009.

THIERS, Adolphe.  “Historia del Consulado y del Imperio”. Ed. Nabu Press. 2012.

SOULT, Nicolas Jean de Dieu .- “Memorias” . Ed. Polifemo. 2010.

USA y la derrota de México.

El 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo comenzó la guerra de Independencia de México al dar su grito en Dolores (Guanajuato). El Trienio Liberal, con sus reformas antiabsolutistas, propició que una parte de la élite administrativa y eclesiástica de Nueva España se pasara al bando independentista. El Plan de Iguala, proclamado en 1821 por el general Agustín de Iturbide, dio lugar a la independencia de México el día 27 de septiembre de 1821. En ese momento dejó de llamarse Nueva España, pero mantuvo la idea monárquica, católica y constitucional. Fue en gran medida, como ha señalado José María Marco, una revolución contrarrevolucionaria, con carácter preventivo: contra las medidas liberales que pudieran venir de España y contra la amenaza igualitaria que se había expresado con tanto dramatismo en el “grito de Dolores”. Iturbide se proclamó emperador con el nombre de Agustín I de México.

Este movimiento crea en última instancia un nuevo país cuyo territorio antes de la declaración de independencia se dividía en 24 intendencias que iban desde lo que hoy es el sur de EE.UU a Centroamérica. La organización territorial del nuevo País era la propia de un estado federal. Aquel Estado nada estable en sus gobiernos y organización fue aprobando constituciones y promulgando leyes según el saber y entender del gobierno de turno. En 1835 fueron promulgadas las “siete leyes”, especie de constitución, cuya característica fundamental era que terminaba con el sistema federal para constituir un estado centralista, lo que generó gran malestar entre los diferentes estados federados, y provocó la declaración de independencia de Zacatecas y Texas. Este último territorio se separó de México en 1836. Cinco años más tarde la República de Yucatán declaró su independencia – no se reincorporaría a México hasta 1848-. También en 1841, el Estado de Tabasco decretó su separación de México en protesta por el centralismo imperante en el país. Este Estado se reincorporó oficialmente a México en 1842.

Todos estos procesos de descomposición territorial de lo que fue la provincia española constituida en el Virreinato de la Nueva España, acabó en lo que hoy se denomina República de los Estados Unidos de México.

Ese proceso de deterioro de lo que fue el gran virreinato español tiene como manifestación destacada la independencia de Texas y la consiguiente guerra entre México y USA.

Para entender la independencia de Texas hay que tener presentes varios problemas:

  • El ya comentado de la finalización de sistema federal en el nuevo estado mejicano.
  • La expansión de los EE.UU hacia el oeste. Texas que era un territorio amplio y rico, que también pretendía su propia expansión (primeramente, hacia la Luisiana)
  • El problema del esclavismo. Texas era esclavista, mientras México había prohibido la esclavitud.
  • Los EE.UU habían ido asentando población anglosajona en aquel territorio desde antes de la independencia de México.

Todos estos problemas aderezados con una muy mala relación con las autoridades mejicanas, llevaron a Texas a la rebelión y a proclamar su independencia en 1836. La mayoría de la población deseaba la anexión a los EE.UU, sobre todo, porque numéricamente los tejanos estaban en inferioridad con relación a los mejicanos y poseían un territorio enorme que defender y temían que les volviesen a anexionar. Pero la incorporación a los Estados Unidos no resultó tan fácil por dos razones esenciales: las autoridades norteamericanas temían la presencia de otro estado esclavista (el presidente Andrew Jackson no estaba por la labor de aceptarlos) y, sobre todo, centrados en su expansión hacia el oeste, lo último que deseaban los norteamericanos en aquel momento era una guerra con México. El resultado fue que Texas siguió siendo una república independiente. Para que los norteamericanos intervinieran, los tejanos conspiraron todo lo que quisieron con los sudistas, utilizando como argumento principal que Gran Bretaña tenía un interés desmedido en la zona –los británicos tenían interés, pero mucho menor de lo que la propaganda tejana hacía ver-.

La actitud americana no cambia hasta que, en 1844, James Knox Polk gana las elecciones presidenciales en USA. Tomó posesión en 1845 y cumplió una de sus principales promesas electorales: la anexión de la República de Texas.

Como habían profetizado los antiesclavistas, el paso dado llevó inexorablemente a la guerra con México.

Haciendo un inciso, cabe recordar que la independencia de Texas se expresó en el tratado de Velasco -nunca ratificado por México-, en el que se señalaba que Texas nunca podría incorporarse a EE.UU.

Ya desde su independencia, Texas reclamaba como territorio propio todas las tierras al norte del río Bravo (Nuevo México, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas). La frontera oriental de Texas con los Estados Unidos fue la definida por Tratado Adams-Onís entre Estados Unidos y España  en 1819 (ratificado en 1821) que se marcó en el río Nueces. En consecuencia, España renunció a sus posesiones en Oregón, las floridas, Luisiana y la navegación del río Misisipi. La Corona Española quedó como única soberana de Texas, incorporada al Virreinato de Nueva España.

https://algodehistoria.home.blog/2020/07/03/la-presencia-espanola-en-ee-uu/

Cuando los norteamericanos anuncian la incorporación de Texas a USA, México provoca el primer choque armado el 24 de abril de 1846 y, en respuesta, el Congreso norteamericano declara la Guerra el 13 de mayo; el gobierno mejicano hace lo propio el 23 de mayo.

La guerra duró dos años, entre 1846-48,  y México fue derrotado. No podía ser de otro modo. México vivía un momento convulso. El presidente Santa Anna se había retirado a Cuba por los escándalos que se dieron en su presidencia –sin olvidar el descrédito y la vergüenza que arrastraba de la derrota en la batalla de San Jacinto. Dónde los tejanos derrotaron a los mejicanos quitándoles las armas mientras se echaban la siesta-.

La guerra entre mejicanos y norteamericanos se desarrolló como una invasión de USA al territorio mejicano, saltándose el límite fronterizo establecido en el río Nueces.

El desarrollo de la guerra era tan calamitoso que el gobierno de Gómez Farias llamará de vuelta al general Santa Anna para que se hiciese cargo de toda la situación, militar y civil. A pesar de que logró amasar un considerable ejército, el evidente atraso tecnológico, así como la falta de una cadena de mando eficiente, fueron detonantes de una rápida derrota contra las fuerzas tecnológicamente superiores y más disciplinadas de Estados Unidos.

Se produjeron una serie de derrotas consecutivas en todas las acciones bélicas de la guerra. Muchas de esas derrotas se debieron a actuaciones incomprensibles del propio Santa Anna (en la batalla de Angostura se retiró cuando todo indicaba que podía ganar, en Veracruz fue derrotado después de que su artillería disparara a los centinelas norteamericanos, revelando su posición…). Los estadounidenses atacaron en diversos frentes llegando primero a Saltillo; por mar a Veracruz, y avanzaron hasta ocupar la capital mejicana en 1847. Cuando Santa Anna se vio derrotado, se marchó de nuevo al exilio, dejando descabezado el gobierno.

Según el historiador Rivera Palacio el ejército de Santa Anna estaba” impulsados por la cobardía, avaricia y la traición”.

En 1848 cuando casi todo el territorio mejicano estaba ocupado por los norteamericanos, los mejicanos firmaron el tratado de paz de Guadalupe Hidalgo.

El Tratado trajo el final oficial a la guerra México-estadounidense (1846-1848), fue firmado el 2 de febrero de 1848 en Guadalupe Hidalgo, una ciudad situados en el Estado de Puebla, allí había escapado el gobierno mejicano ante el avance norteamericano.

Las conversaciones de paz fueron negociadas por Nicholas Trist, el secretario del Departamento de Estado, que había acompañado al General Winfield Scott como diplomático y representante del presidente Polk. Después de dos intentos fallidos de negociar un tratado con Santa Anna, decidieron que la única manera de tratar con México era como un enemigo conquistado. Aunque el presidente Polk quería que las conversaciones se realizaran en Washington,  Trist  desobedeció y negoció con una comisión especial formada por Bernardo Couto, Miguel Atristain, y Luis Gonzaga Cuevas de México.  Bajo los términos negociados por Trist, México cedió a los Estados Unidos la alta California y Nuevo México ( este último incluye lo que hoy en día es Arizona y Nuevo México) al igual que partes de Utah, Nevada, y Colorado. México renunció a todas sus reclamaciones sobre Texas y reconoció el Río Grande como la frontera del sur con los Estados Unidos.

Los Estados Unidos pagaron a México 15 millones de dólares en consideración de la extensión territorial adquirida por Estados Unidos y acordó pagar las deudas que el gobierno mejicano le debía a ciudadanos estadounidenses , así como signó la protección de propiedades y derechos civiles de mejicanos que vivían dentro de los nuevos territorios de los Estados Unidos. En el acuerdo se incluye la promesa de que Estados Unidos vigilará sus fronteras, y establece que la manera de dilucidar futuras disputas entre los dos Estados será el arbitraje obligatorio.

Trist envío una copia al presidente Polk, el cual, ante el gran acuerdo alcanzado para los EE.UU, olvidó la desobediencia del enviado y remitió el acuerdo al Senado. El acuerdo se ratificó en el Senado norteamericano el 10 de marzo de 1848.

Así, por la mala gestión de Santa Anna, por la acción desastrosa del ejército mejicano y la mala organización interna, entre otras razones, México perdió casi la mitad del territorio que España le dejó en herencia cuando decidieron independizarse.

Quizá, los actuales dirigentes mejicanos podrían pedir alguna explicación a sus ancestros.

BIBLIOGRAFÍA

BARROY SÁNCHEZ, H. C “Historia de México”. Ed. McGraw-Hill.2012

BOULLOSA, C. “Texas.” Ed Alfaguara. 2015

GULLO OMODEO, M. “ Lo que América le debe a España”. Ed Espasa. 2023

MARCO, J.M. “ Una historia patriótica de España”. Ed planeta. 2011.

RIVERA PALACIO “ México a través de los siglos”. ED. DIGITAL https://www.cervantesvirtual.com/obra/mexico-a-traves-de-los-siglos-historia-general-y-completa-tomo-3-la-guerra-de-independencia-846426/

Tratado Guadalupe-Hidalgo: https://biblioteca.org.ar/libros/156732.pdf

Bloqueo de Venezuela.

El siglo XIX trajo para América una supuesta independencia que se materializó en pasar de ser provincias españolas a depender de la órbita de EE.UU y, cuando esto no ocurre o USA se descuida, acudir a someterse a regímenes dictatoriales de carácter comunista o narco-comunista, como estamos viendo estos días.

Es significativa de ese cambio de posición la situación creada en Venezuela en 1902-1903 cuando determinadas potencias europeas bloquearon los puertos venezolanos para lograr el cobro de sus deudas, y la posición y el debate jurídico-político que se desató entre la interpretación de la doctrina Monroe: “ América para los americanos” y la Doctrina Drago- político argentino-, cuyo posicionamiento jurídico en relación con la intervención y cobro de deudas ante el derecho internacional no era más  que un intentó aplicar de manera más general aquella doctrina Monroe en una especie de acción conjunta y solidaria de los países americanos. En un aspecto mucho más universal aquellos debates pueden ser catalogados como elemento fundante del principio de prohibición del uso de la fuerza, vigente en el actual Derecho Internacional.

El debate se inicia porque Venezuela, en la última década del siglo XIX,  atravesó un momento de profunda inestabilidad política. Las guerras civiles, que ensangrentaron el país, provocaron daños ingentes a las comunidades extranjera. En ese contexto, las condiciones económicas venezolanas eran desastrosas. El país estaba muy expuesto a la penetración económica extranjera. Numerosas compañías estadounidenses y europeas habían ganado concesiones mineras, contratos para la construcción de ferrocarriles y conexiones telegráficas, para la institución de líneas de navegación y otras muchas infraestructuras y servicios. Entre ellos los más expuestos eran Gran Bretaña, Alemania e Italia. El Gobierno venezolano dirigido por el dictador Cipriano Castro, se negó a indemnizar a los extranjeros perjudicados por las guerras civiles y a abonar las deudas contraídas con esas potencias. Por ello, en 1902,  Reino Unido, Alemania e Italia inician un bloqueo naval de los puertos de Venezuela. De las tres, Italia actuó en un segundo plano, la debilidad de su fuerza naval y su escasa presencia internacional, no le permitían otra opción.

El propio primer ministro británico David Balfour, ante la Cámara de los Comunes, señaló que la acción tenía su origen en la renuencia del gobierno venezolano a reconocer las reclamaciones pendientes por daños y perjuicios causados a las personas y propiedades de súbditos de las potencias atacantes, así como el cobro de la deuda pública externa que el país mantenía en crónico estado de mora con Gran Bretaña y Alemania.

La deuda ascendía en diciembre de 1902 a 186.500.000 Bolívares, si bien, Venezuela sólo reconocía una deuda de 119.300.000 bolívares, saldo al que se habían acumulado 46.000.000 Bs. por intereses, una auténtica fortuna para la época. Como demuestra que los ingresos fiscales anuales de Venezuela no llegaban a 30.000.000 de Bs. Es decir, Venezuela era un país internacionalmente insolvente, sin ninguna capacidad de pago.

El 9 de diciembre de 1902, unidades de la armada inglesa y alemana actuando en operación conjunta atacaron el puerto de La Guaira. Allí tomaron, sin combatir, a 6 naves de guerra venezolana; desembarcaron tropas en los muelles, y en la ciudad. En los días posteriores apresaron a diferentes navíos de guerra venezolanos, ocuparon la isla Trinidad, el castillo Libertador y el fortín Solano de Puerto Cabello. Pocos días después, al grupo anglo-germano se unieron 2 buques de la armada italiana para servir a la expedición en tareas de acompañamiento logístico. El 22 de diciembre de 1902, el vicealmirante inglés Archibald Lucas Douglas, comandante de la armada conjunta, en esta ocasión en nombre del imperio británico, hizo publicar en el diario El Heraldo de La Guaira la siguiente disposición: “Por la presente se notifica que un bloqueo ha sido declarado para los puertos de La Guaira, Carenero, Guanta, Cumaná, Carúpano y las bocas del Orinoco, y se hará efectivo desde y después del 20 de diciembre…”. Sólo se refería a La Guaira y a las costas situadas al este de dicho puerto, porque las occidentales quedaron a cargo de los alemanes. El comandante de estos se dirigió al del castillo San Carlos en los siguientes términos: “Según ordenanzas de Su Majestad el Emperador de Alemania declaro por la presente el bloqueo de los puertos venezolanos de Puerto Cabello y Maracaibo…” Por suerte para Venezuela, el desconocimiento del lago Maracaibo hizo fracasar a la flota europea en su intento de llegar a la ciudad del mismo nombre.

Así las cosas y ante la pasividad norteamericana, se produce la muy destacada intervención diplomática Argentina.

La situación jurídica se desarrolla bajo la doctrina Monroe, la ya vista “ América para los americanos”. Sin embargo, en aquella hora del conflicto que sufría Venezuela los EE.UU replican que, como país, no apoyarían a un estado americano que sufriese ataques bélicos como respuesta a la negativa de pagar sus deudas- al fin y a la postre, USA también era acreedora de Venezuela- y por ello pretendía que la Doctrina Monroe sólo se debía aplicar cuando el país americano del que se tratase sufriese ataques de potencias europeas motivadas por la intención de recuperar territorios americanos y colonizarlos. ​ En ese contexto surge la doctrina Drago, como una protesta por parte de Luis María Drago, ministro de Asuntos Exteriores argentino bajo la presidencia de Julio Roca, quien en respuesta a la posición norteamericana afirma que, ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera. Sin querer llevar la contraria a los norteamericanos, Drago sostiene que el derecho internacional debe ser comprendido como algo más que mero reflejo de la política, como unas reglas, normas y proyectos de gobernanza que también poseen carácter constitutivo en el contexto político. Al fin y al cabo, en muchas ocasiones se había utilizado la fuerza para cobrar las deudas y esto era algo más o menos aceptado por el Derecho Internacional. La propia Argentina había experimentado casos específicos de intervención para proteger los intereses de ciudadanos británicos, por ejemplo. Sin embargo, el razonamiento de Drago procede de ver un aspecto más del problema de la deuda nacional.

La deuda externa ha sido una cuestión fundamental en América Latina desde la independencia de los países de la región. Los estados latinoamericanos financiaron sus guerras, sus déficits y sus esquemas de desarrollo económico a través de la captación de recursos en los mercados financieros internacionales desde el comienzo del siglo XIX hasta el contexto presente. En ese sentido, poner el foco en la deuda externa permite iluminar la historia de la región, la cual ha estado marcada por crisis recurrentes de crédito y endeudamiento, que han generado ciclos de prosperidad y crisis que siempre han tenido profundas causas estructurales. Esto ha provocado la intervención en la región durante los diversos ciclos económicos de otras potencias,  bien capitalistas o bien comunistas, apoyadas en un populismo salvífico, que no ha conducido a ningún buen resultado en la mayor parte de Hispanoamérica.

La tesis jurídica de Drago se centra en esa deuda y su repercusión. Sostiene Drago que, en caso de deuda externa, lo que está en juego es la soberanía de un Estado. Y el Derecho Internacional, basado en el principio de la igualdad soberana, no permite que un ente soberano utilice métodos coercitivos para forzar a otro ente igualmente soberano a cumplir las obligaciones pecuniarias relacionadas con el endeudamiento externo. Además, así le centraba un balón a los norteamericanos que llegaba al área nuclear de la doctrina Monroe.

Con esta posición por bandera y tras no pocas reuniones y conversaciones, consiguió que los EE.UU aceptaran ejercer una mediación en el conflicto venezolano.

El bloqueo a Venezuela terminó siendo resuelto por medio de un arbitraje liderado por los EE.UU.  Se buscaron fórmulas de pago. Venezuela también acordó renegociar su deuda. Los acuerdos se firmaron en Washington. En febrero de 1903 entre Venezuela y Gran Bretaña y en 1904 tanto entre Venezuela e Italia, como entre Venezuela y Alemania. En cuanto al este último, el gobierno venezolano se comprometió a renegociar los términos del préstamo contratado en 1896, el cual estaba enteramente en manos de acreedores alemanes, además de obligarse a renegociar la totalidad de su deuda externa.

Drago actuó conforme a su sensibilidad regional. Su apoyo a la doctrina Monroe nació de que, a pesar de ser proclamada como doctrina estadounidense, había sido incorporada por los países de América del Sur como forma de garantizar el bienestar y la tranquilidad interna de cada una de las repúblicas de esa parte del continente americano, como proyecto de cooperación y carácter moral entre todos los países del continente americano.

Sin embargo, su aceptación sirvió en bandeja la reformulación de la doctrina con el corolario Roosevelt. El corolario establecía que los Estados Unidos podían intervenir en los asuntos internos de países hispanoamericanos si cometían faltas flagrantes y crónicas. Y así actuó USA en Santo Domingo en 1905. Momento en que Drago se mostró en contra de tal acto por perjudicar la soberanía dominicana. Pero ya su posición no tuvo predicamento.

Lo que sí logró fue exponer todo su corpus doctrinal en la II Conferencia de Paz de La Haya de 1907,  siendo aceptada por los norteamericanos, cuya representación llevaba el General Porter, de ahí que se conozca como convenio Porter al firmado el 18 de octubre de 1907, relativo a la limitación del empleo de la fuerza para el cobro de las deudas contractuales.

La deuda de las naciones hispanoamericanas, la falta de organización interna de esos Estados, su rechazo a las estructuras españolas heredadas y su enfrentamiento a su antigua nación- España- provocó en los países sudamericanos una debilidad que perjudicó su soberanía. De lo que, en numerosísimos casos, aún no se han recuperado. Como provincias españolas vivían mejor. Pero para desembarazarse de la madre patria falsearon la Historia, su Historia, y como dijo el gran historiador argentino Juan bautista Alberdi: “Entre el pasado y el presente hay una filiación tan estrecha que juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente. Si así no fuera, la historia no tendría interés ni objetivo. Falsificad el sentido de la historia y pervertís por el hecho toda la política. La falsa historia es el origen de la falsa política”.

 

BIBLIOGRAFÍA

FONZO, Erminio.- “Italia y el bloqueo de Venezuela”. Ed. Università degli Studi di Salerno. 2016.

http://www.culturalatinoamericanaplaneta.it/es/component/attachments/download/106

RODRÍGUEZ CAMPOS, Manuel. “Venezuela 1902: la crisis fiscal y el bloqueo : perfil de una soberanía vulnerada”. Ed Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, 1977.

ROUSSEAU, C. “Derecho Internacional Público”. Ed Ariel. 1957

 

VANDALISMO ARTÍSTICO

Como todos los años, alrededor del 24 de septiembre, una entrada sobre arte, en recuerdo de mi madre.

En 2014, se publicó en España un ensayo de Dario Gambini, Catedrático de la Universidad de Ginebra, titulado “La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa”. El libro realiza un examen integral de los motivos y circunstancias que hay detrás de los ataques deliberados contra edificios públicos, iglesias, esculturas, pinturas y otras obras de arte en los dos últimos siglos.

En su estudio, sobre el fanatismo contra el arte, describe las razones ideológicas o de simple locura que han determinado que en todas las épocas de la historia de la humanidad hayan existido vándalos empeñados en destruir las manifestaciones artísticas que consideraban contrarias a sus valores. Me permito decir que, esos valores deben ser de lo más despreciables cuando, en vez de apreciar la calidad artística, se dedican a destruir lo que la habilidad y el ingenio humano creó. Da igual que el vandalismo venga del fanatismo político, el fanatismo religioso, o la ignorancia de unos delincuentes, la destrucción del arte no por accidente sino por la intención de los salvajes es condenable siempre y en todo caso.

Excluimos de esta exposición el arte extinto por los bombardeos en una guerra, porque esas desapariciones son unas víctimas más de la principal desgracia que es la guerra en sí, en la que las mayores pérdidas son de los seres humanos heridos y fallecidos.

Tampoco nos vamos a extender en la iconoclasia del Siglo VIII. Las imágenes de Cristo, la Virgen, los santos o las escenas bíblicas se conocen en el cristianismo desde el siglo II. Entonces, las imágenes sagradas eran simbólicas, aunque ya en el siglo IV era frecuente ver las paredes de las iglesias cristianas decoradas con pinturas y frescos. Lo que dio lugar a dos formas divergentes de piedad cristiana: la cristiandad occidental centrada en el edificio eclesiástico y que privilegiaba la ubicación de lo sagrado en el rito eucarístico, y la oriental cuyo centro era la adoración de las imágenes, con la consecuente multiplicación de los espacios sagrados. Sin embargo, los enfrentamientos no se dieron entre el occidente y el oriente cristiano sino en el mundo bizantino frente al islam.

La “ruptura de imágenes” que eso significa iconoclasia o iconoclastia manifiesta un apogeo especialmente significativo, durante los siglos VIII y IX , en el Bizancio de Justiniano. No sólo era un problema religioso, sino de la confrontación cultural y de la amenaza militar que el islam representaba. El gran cambio y enfrentamiento se produjo con Justiniano II cuando puso el rostro de cristo en el reverso de sus monedas de oro. Esta situación resultó ofensivas a los árabes que decidieron romper la unidad monetaria, y con ella la paz social y la convivencia, destruyendo las monedas de Justiniano y volviendo a acuñarlas sin imágenes y sólo con palabras.  Como hicieron después con las imágenes de Santa Sofía, cuando la convirtieron en mezquita.

En aquel momento, la iconoclastia también se dio entre los propios cristianos residentes en zonas musulmanas que consideraban la proliferación de iconos como idolatría. Aquellas protestas fueron encauzadas por algunos sectores hacia movimientos religiosos heréticos.

La importancia de la ideología iconoclasta está lejos de limitarse al llamado período iconoclasta. De diferentes maneras la iconoclasia ha existido permanentemente en la historia (albigenses – una rama de los cátaros-, en Francia; judaizantes, en Rusia; protestantes, en Europa; etc )… Por ello, la respuesta de la Iglesia en los siglos VIII-IX, hecha con la solemnidad de un Concilio Ecuménico, conserva su valor hasta el presente.

Pero lo que nos trae hoy a este tema no es la iconoclastia religiosa de la antigüedad sino el vandalismo contra el arte en periodos más recientes, y, supuestamente, más civilizados.  Los agruparemos según sus motivos explicativos.

Vandalismo por robo. Si bien las “razones” del robo parecen muy diferentes.

  • Podemos calificar el primero de los robos como fanatismo histórico.

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Retable_de_l’Agneau_mystique_(1).jpg

Los Jueces Justos. Jan van Eyck. Del retablo de Gante- Robado en 1934

El retablo de Gante se considera una de las obras de arte más emblemáticas del arte occidental. Su vida ha sido un trasiego de apropiaciones indebidas, desde Napoleón que lo expuso en el Louvre, hasta la Alemania de la Primera guerra mundial, pasando porque sus desmembrados paneles fueron a parar a museos británicos, alemanes y a colecciones privadas, incluida la del rey Federico Guillermo III de Prusia. Las reparaciones de guerra de Alemania le obligaron a devolver todos los paneles. El retablo fue completamente reensamblado en 1920 y permaneció así durante catorce años hasta que, el 11 de abril de 1934, el sacristán de la catedral de San Bavón descubrió que alguien había entrado y robado dos paneles: Los Jueces Justos y San Juan Bautista.

Inicialmente, los paneles eran dos caras del mismo panel: Juan Bautista era visible cuando el retablo estaba cerrado, mientras que los Jueces Justos se revelaban después de abrir el políptico. Los conservadores de la colección real prusiana habían separado las dos caras del panel para mostrar ambas imágenes una al lado de la otra. El ladrón había dejado una nota que decía: «Tomado de Alemania por el Tratado de Versalles». Varias semanas después, el obispo de Gante recibió una demanda de rescate de un millón de francos. El ladrón, que quería convencer a la diócesis de que devolvería los paneles una vez que recibiera el dinero, pidió a los investigadores que buscaran en el depósito de equipajes de la estación de tren de Bruselas-Noord. Allí encontraron a San Juan Bautista envuelto como un paquete.

Después de casi ocho meses de responder a las cartas de rescate, sucedió algo extraño. A fines de noviembre, un hombre de 57 años llamado Arsène Goedertier, corredor de bolsa local y aspirante a político, sufrió un ataque cardíaco. En su lecho de muerte, confesó a su abogado que había robado el panel de los Jueces Justos y que la policía debería buscar en una carpeta en su oficina. Allí se encontraron copias de todas las notas de rescate enviadas a la diócesis, pero no se encontró el panel del retablo. La investigación duró hasta 1937. Investigaciones posteriores sugieren que Goedertier puede no haber sido el ladrón. El caso es que nadie ha encontrado aún Los jueces justos. La iglesia de San Bavón encargó e instaló una réplica del panel en 1945.

  • Robo por banda armada

Natividad con San Francisco y San Lorenzo de Caravaggio.

https://www.factum-arte.com/pag/1182/la-natividad-con-san-francisco-y-san-lorenzo

Esta obra de Caravaggio fue robada en 1969. La obra se encontraba colgada en el oratorio de San Lorenzo en Palermo (Sicilia). Existen varias teorías sobre lo que le sucedió a esta pintura. El belén de Caravaggio ha sido considerado como una de las pinturas robadas más notorias en la historia del mundo del arte. La obra maestra no se ha visto desde que fue levantada de su capilla en Palermo; todas las evidencias indican que la mafia siciliana pudo haber jugado un papel destacado en su desaparición.

Las esperanzas de resolver uno de los peores crímenes artísticos de la historia se reavivaron en los años 90 del siglo XX después de que los investigadores italianos anunciaron que habían recibido nueva información.

En 1996, un informante de la mafia testificó que él y varios otros hombres habían robado la pintura a un comprador privado; la destruyeron accidentalmente mientras cortaban el lienzo de su marco. Más de una década más tarde, otro ex mafioso afirmó que la pintura había sido escondida en un granero para su custodia, pero que las ratas y los cerdos la dañaron irreparablemente antes de quemarla. El destino de la natividad sigue siendo un misterio.

  • Museo desvalijado con prisas y mucha ignorancia.

También se ha achacado a la mafia el robo perpetrado en el Museo Gadner de Boston (https://www.gardnermuseum.org/ ), el 18 de marzo de 1990. Dos hombres vestidos de policías entraron y salieron del museo como Pedro por su casa, llevándose por el camino unos 500 millones de dólares en tesoros artísticos. 13 obras perdidas en uno se los mayores, si no el mayor, robo de arte de la historia, entre ellas un raro Vermeer y tres valiosos Rembrandts. Sin embargo, lo sorprendente del caso, es que perdieron un hermoso tiempo en hacerse con un anodino jarrón de metal chino, o en otras baratijas, de escaso o nulo valor, olvidándose en cambio de valiosos cuadros de mucho más fácil acceso.

En la fecha de escribir esta entrada no se sabe nada de las obras robadas.

Vandalismo por Fanatismo.

Si hemos empezado por los robos, seguimos por fanáticos de diversa índole.

  • Atentados atribuidos a un perturbado mental.

Por ejemplo, un perturbado mental (Laszlo Todt, de nacionalidad húngara, pero afincado en Australia),  creyéndose Jesucristo, atentó contra la Piedad de Miguel Ángel (https://www.visitarelvaticano.com/que-ver/la-piedad-de-miguel-angel/ ) el 21 de mayo de 1972. Se alzó sobre la escultura martillo en mano y originó una serie de desperfectos, fundamentalmente, en la figura de la Virgen (párpado izquierdo, nariz rota y rotura de varios dedos de su mano izquierda).

La figura fue restaurada y como consecuencia de aquel atentado se blindó su exhibición por medio de una pantalla de cristal que la protege en la actualidad de actos vandálicos.

  • Fanatismo religioso.

De esto hay una amplia experiencia, desde el fraile Savonarola que ordenó a sus seguidores la destrucción de todos los objetos artísticos en la muy culta Florencia del siglo XV, a los que quieren destruir la Cruz del Valle de los caídos. Por todos, hablaremos de los Budas de Bamiyan, destruidos en 2001. https://www.gettyimages.es/fotos/bamiyan-buddha

Los budas, que databan del siglo VI, fueron destruidos por los talibanes afganos. Las tallas de 41 y 53 metros de altura fueron originalmente creadas directamente de un acantilado de piedra arenisca, y sirvieron como el monumento más espectacular de Bamiyan durante un tiempo en que la ciudad floreció como un centro comercial de la Ruta de la Seda.

Se sabe poco sobre quién encargó tallar los budas. Sin embargo, su propia existencia apunta a la importancia de la fe budista y el valle de Bamiyan durante el siglo VI.

La destrucción, en 2001, en Bamiyan ,ha sido el ataque más espectacular contra el patrimonio histórico y cultural de Afganistán. También su destrucción es única por la movilización mundial que despertó, aunque, por desgracia, no es el único daño infligido a los restos arqueológicos de ese país.

Habían resistido, durante más de una docena de siglos, varios ataques de emperadores musulmanes e incluso una invasión de Genghis Kahn, para finalmente caer derrotados por los talibanes y sus aliados de Al Qaeda tras calificarlos de «idólatras». Varios grupos armados dispararon contra las estatuas con armas antiaéreas antes de hacerlas explotar con dinamita.

La destrucción de los Budas se condenó como un crimen contra la cultura. Sin embargo, aunque los Budas se perdieron, alguna persona sensible logró salvar una serie de dibujos y textos escondiéndolos en cuevas, que la casualidad quiso fueran tapadas por los escombros de las piedras de las esculturas destruidas. En 2008 los arqueólogos desenterraron una tercera estatua de Buda, previamente no descubierta, cerca de las ruinas. No sabemos que ha sido de ella tras la marcha de los norteamericanos.

  • Vandalismo reivindicativo.

Son varios los ejemplos. Uno de los más conocidos es el acontecido en 1914, cuando una sufragista atacó con un hacha el cuadro de Velázquez, La Venus del espejo (https://historia-arte.com/obras/venus-del-espejo ), expuesto en la National Gallery de Londres. Su bárbara acción fue una protesta por la detención de la fundadora del movimiento sufragista, que se había declarado en huelga de hambre en la prisión. El móvil, pues, era político, pero la autora del atentado declaró haber comprobado que los hombres miraban la pintura lascivamente. Un disparate.

De igual modo son auténticos disparates los realizados por los llamados activistas climáticos, cuya mayor incidencia se dio en 2022. Así, ecologistas de grupos como Just Stop Oil y Extinction Rebellion han estado utilizando tarta, sopa, pintura y pegamento para captar la atención de los visitantes de los museos, marcando el cristal que protege las obras de arte y adhiriéndose al marco o a la pared que las rodea. Según ellos, su mensaje es bien sencillo: no hay arte en un planeta muerto. Añadiría yo que tampoco el mundo mejora tirando pintura o pegamento. Ambos, por cierto, productos, que no sé si afectan al clima, pero que tienen componentes químicos que afectan a la salud de muchas personas. Ejemplos de este fanatismo han sido:

  • En noviembre de 2022, atentaron contra un coche customizado de Andy Warhol que se expone en Milán.
  • También en noviembre de 2022, dos activistas medioambientales lanzaron sopa de tomate contra Los Girasoles de Van Gogh y se pegaron a la pared en la National Gallery de Londres. Las autoras del crimen artístico señalaron que habían pasado toda la noche en el baño de su casa ensayando el disparo.
  • Igualmente, en noviembre de 2022, dos activistas de la asociación ambiental Futuro Vegetal pegaron sus manos a los marcos de los cuadros de La maja desnuda y de La maja vestida de Francisco de Goya expuestos en el Museo Nacional del Prado. Asimismo, en el muro donde están colgadas dichas pinturas, escribieron el mensaje “+1,5º” para “alertar sobre la subida de temperatura mundial que provocará un clima inestable.

Especial atención, por último, merece la sopa que otros activistas derramaron sobre la obra de La Gioconda en el Museo del Louvre. Y no por la sopa en sí, sino por la cantidad de atentados que ha sufrido esta obra. https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2024-01-28/nuevo-ataque-gioconda-mona-lisa-louvre-sopa_3819449/

“La obra más famosa de Leonardo da Vinci colecciona agresiones: en 1956 un hombre con problemas mentales lanzó una piedra contra el cuadro que rompió el cristal de protección de la obra y provocó el desprendimiento de la capa pictórica a la altura del codo izquierdo de la Monna Lisa. Esos daños, pese a la restauración, aún son visibles.

Se instaló entonces el cristal antibalas que hizo posible que la pintura no sufriera daños en otro ataque, esta vez con pintura, lanzado en 1974 por una mujer cuando el cuadro se encontraba en una exhibición en el Museo Nacional de Tokio (Japón). La agresora protestaba contra la política del museo, que dificultaba el acceso al mismo a las personas discapacitadas.

Se decidió entonces que La Gioconda no saldría del Louvre, pero ello no impidió que en 2009 una mujer de nacionalidad rusa lanzara contra el cuadro la taza que acababa de comprar en la tienda del museo en protesta por que le habían denegado la ciudadanía francesa. El lienzo no sufrió daños.”[1]

  • Vandalismo político.

No voy a hacer referencia a la cantidad de estatuas, sobre todo ecuestres, derribadas en España- de todos conocidas- o atentados diversos a monumentos de los unos contra los otros. Pero sí podemos hacer referencia a los atentados contra esculturas por los movimientos racistas, norteamericanos, como la estatua ecuestre del presidente Andrew Jackson,  presidente de Estados Unidos entre 1829 y 1837. No ha sido el único.

Manifestantes supuestamente antirracistas, derribaron varias estatuas del sacerdote español Junípero Serra, que lo único que hizo fue crear misiones evangelizadoras y educativas; o de Cristóbal Colón, sin el cual ya me dirán como iban a derribar estatua alguna en el nuevo mundo, o ¡de Cervantes! Pero también derribaron estatuas de héroes confederados. Figuras como George Washington, Ulises S. Grant o Winston Churchill sufrieron atentados en los monumentos que los recuerdan.

Ahora las calles o los monumentos o las instituciones se convierten en el escenario de lo que ahora llamaríamos “una guerra por el relato”.

En esa guerra por el relato este verano hemos visto en España otro atentado más. La eliminación de las pinturas del Palacio de la Generalidad de Cataluña.

La situación culminada este verano viene de lejos; en 2019, el entonces presidente de la Generalidad, Joaquín Torra, anunció la retirada de las Pinturas de la Historia de España que decoraban el salón San Jordi de Palacio de la Generalidad. Se trataba de pinturas realizadas entre 1926 y 1927, según el ex presidente Aragonés “Un acto de justicia y de dignidad: gracias por devolver la luz”. No sabemos a qué luz se refiere, yo le veo bastante ciego.

Eran 24 pinturas de gran formato ubicadas en las paredes laterales, y 45 obras de formato inferior ubicadas en los arcos del techo del palacio de la Generalidad que suponían un total de 860 metros cuadrados de pintura. El proyecto se justificó en la recuperación de la arquitectura de Pere Blai y su estado renacentista original, tanto en la forma como en los materiales, por lo que una vez retiradas las pinturas de 1926 y 1927 se han priorizado las labores de limpieza, consolidación y recuperación del estuco original renacentista y la restauración de la policromía renacentista.

La pura verdad, es que la arquitectura renacentista estaba en perfecto estado y las pinturas no maltrataban la arquitectura del edificio y que, como señalaron en su día los nacionalistas, la decisión de retirar los murales emana del acuerdo de una comisión presidida en 2019 por Torra y respondía a cuestiones ideológicas.

Según la Generalidad, se ha previsto la conservación de los murales en unos cilindros especiales hechos a medida y, a medio-largo plazo, estudiarán un plan de restauración de las pinturas para que puedan cederse a los museos e instituciones que estén interesados. A medio-largo plazo, a saber cómo están  las pinturas.

BIBLIOGRAFÍA

GAMBONI, Darío.- “La destrucción del arte: Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa (Arte Grandes temas)”. Ed Cátedra 2014.

MARTÍN GONZÁLEZ, J.J..- “Historia del Arte”. Ed. Gredos. 1990

Diversos artículos de prensa.

[1] La Vanguardia: https://www.lavanguardia.com/internacional/20240128/9507703/activistas-climaticos-arrojan-sopa-sobre-cuadro-mona-lisa-museo-louvre.html

Beatriz de Bobadilla (marquesa de Moya)

Vamos a empezar la temporada introduciéndonos en el hilo dedicado a las grandes mujeres que ha dado al Historia de España. Esta vez con Beatriz de Bobadilla.

Pedro de Bobadilla y María Maldonado pertenecientes a la pequeña nobleza castellana lograron, gracias a su amistad con los reyes, casar a sus hijos de manera brillante para la época. Tales matrimonios permitieron que al final de sus días se hubiera producido un ascenso social de la familia hasta topar con la alta nobleza castellana: su hija Isabel se casa con Álvaro de Luna y Ayala (1440-1519) llamado «el de las grandes fuerzas, Señor de Fuentidueña » ( no confundir con el Valido de Juan II de Castilla, antepasado de éste); Francisco «El Corregidor», primer señor de Pinos y Beas,  militar a la orden de los Reyes Católicos que fue comendador de Granada ( no confundir con su sobrino del mismo nombre y conquistador de América), y Beatriz, la más conocida.

Pedro de Bobadilla era alcaide del castillo de Arévalo lugar de residencia de la Reina vida, Isabel de Portugal y de sus hijos, Isabel y Alfonso. La muerte de Juan II había transmitido el trono a Enrique IV, hijo del primer matrimonio de Juan II, y, por ende, hermanastro de Isabel y Alfonso.

Durante la estancia de la reina y sus hijos en Arévalo, Beatriz se convirtió en la amiga de juegos de la infanta Isabel, hermanastra de Enrique IV, a pesar de que Beatriz era 11 años mayor. Ejerció de amiga, confidente y protectora hasta que, en 1462, Isabel y Alfonso fueron trasladados a la Corte. Con todo, Beatriz siguió siendo amiga de la futura reina Isabel I. Tanto era así que Enrique, viendo la amistad entre ambas, nombró a Beatriz doncella de la Infanta, y, en 1466, le procuró matrimonio con el Mayordomo real, Andrés Cabrera. Como regalos de boda, el Rey les concedió diversas prebendas, entre otras, trescientos mil maravedíes de juros (los juros eran un documento por el que se definía un privilegio a favor de la persona citada en él. El Rey le concedía el privilegio de cobrar una parte de determinados impuestos de la renta feudal,  citados en el documento, hasta una cantidad prefijada).

La vida de Isabel al lado de su hermano Enrique cambió a raíz de que, en 1465, el Príncipe Alfonso fuera proclamado Rey por los nobles de Ávila. La guerra civil que se inicia encuentra a Isabel en el palacio de Enrique. El marqués de Villena propuso a Enrique IV un arreglo: le proporcionaría los medios necesarios para liquidar el movimiento si casaba a Isabel con su hermano, Pedro Girón, maestre de Calatrava. De este modo, Girón se situaba en la línea de sucesión a la Corona. El maestre de Calatrava superaba los 50 e Isabel apenas contaba con 15 años. Desolada, sólo acertaba a rogar a Dios de rodillas que la ayudara en aquel trance. Pero su dama, Beatriz de Bobadilla, pensó aquello de “a Dios rogando y con el mazo dando” y le prometió que ella misma se encargaría de impedir, incluso apuñalando al vejestorio del novio si era preciso, aquella disparatada boda. No hizo falta, curiosamente Girón enfermó y murió durante el viaje a la Corte para celebrar su boda. Posiblemente envenenado.

Isabel nunca olvidó el apoyo de Beatriz, aunque no fuera artífice de la desaparición del maestre.

Beatriz sí colaboró con los seguidores de Alfonso, cuando, meses después, tras la batalla de Olmedo – 1467-, lograron sacar de Palacio a Isabel, Beatriz y a otra dama, Mencía de la Torre, y llevarlas con ellos. En ese momento, Isabel se posicionó al lado de su hermano Alfonso y las huestes de Ávila, pero exigió un juramento: no se casaría contra su propia voluntad.

En 1468, muere asesinado Alfonso. Isabel es reconocida en Guisando como heredera de la corona de Castilla, frente a Juana, la Beltraneja ( supuesta hija de Enrique IV).  Pero el culmen del enfrentamiento con su hermanastro Enrique se produce, cuando, de nuevo, desobedece los planes de boda que éste tenía para Isabel, y se escapa para casarse con Fernando de Aragón.

El matrimonio Bobadilla-Cabrera hizo lo posible para que la infanta no se casara con Fernando, si bien, una vez realizado el matrimonio, se convirtieron en los más firmes defensores de los príncipes, así como intermediarios con el Monarca para que se produjera tanto la reconciliación entre los hermanastros como el reconocimiento de Isabel como heredera. El hecho de que Cabrera fuera el alcaide del alcázar de Segovia ( el tesoro real estaba allí depositado), permite al marido de Beatriz tener la llave del Reino y a Beatriz acomodar a Isabel en Segovia. Fue la habilidad de Beatriz la que logró que los partidarios de Isabel – Alonso de Quintanilla- aceptaran el cambio de posición de Beatriz y su marido en favor del matrimonio de Isabel, pero con la promesa de no combatir contra Enrique. La finalidad era evitar una guerra civil, y al tiempo que Isabel fuera reconocida como futura reina. Estos planes de Beatriz encuentran apoyo en el cardenal Mendoza.

Lograron que Enrique IV se reconciliara con su hermana, aunque no cambió su posición sobre la sucesión del Reino. Un año después de estos hechos el monarca muere, pero los príncipes ya están en Segovia, en donde Isabel se proclama Reina propietaria. Dueños del tesoro del Reino custodiado por el fiel Cabrera, comenzará la guerra civil que finalmente ganaron Isabel con el apoyo de Fernando, su marido.

Isabel recompensó con diversas mercedes el favor de Cabrera y Beatriz. En ocasiones, esos favores fueron depositados sólo en Beatriz; por ejemplo, la mejora del escudo de armas de la familia sólo en los aspectos referentes a Beatriz (hecho nada común que se mejorara el de la esposa y no el del marido). Sin embargo, la más destacable de los regalos reales fue el señorío de Moya con título de marquesado concedido al matrimonio el 4 de julio de 1489. Un señorío riquísimo, fronterizo entre los reinos de Castilla y Aragón, en contacto con el mercado valenciano. También les fueron otorgados los sexmos segovianos de Casarrubios y Valdemoro (los sexmos son una división administrativa que, en un principio, equivalían a la sexta parte de un territorio determinado), después convertido en señorío, y, más tarde, en condado de Chinchón.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, Beatriz no dejó de ejercer su influencia no sólo por amistad, y sentido común, también por cultura —se interesó por el estudio del latín como todo el entorno femenino de Isabel—. Sus enemigos la juzgaban gastadora y apasionada por las joyas. Otros cronistas, más benevolentes,  no dudan en subrayar su discreción y valentía.

Durante la guerra de Granada, concretamente en 1487, fue confundida con la propia soberana. Beatriz fue atacada por un moro que la hirió sin gravedad gracias a la defensa que de ella hacían los adornos de oro de su traje. Su afición a los “arreos” —en palabras sus enemigos— le había salvado la vida. Isabel compensó a su dama entregándole unas casas en Sevilla, así como treinta esclavas de las que se tomaron en la ciudad de Málaga, y poder comerciar con Guinea.

Entre los acontecimientos destacados en los que participó Beatriz, se dice que pudo interceder en favor de Cristóbal Colón, aunque es bien sabido que la que sí tuvo contactos con el descubridor fue su sobrina del mismo nombre.

Siempre fue amiga de la reina y nunca perdió esa amistad, hasta el fallecimiento de Isabel I el 26 de noviembre de 1504 en Medina del Campo y, según la tradición, es la marquesa de Moya la que tuvo el privilegio de cerrarle los ojos.

Aunque la reina Isabel recomendó a su hija Juana que mantuviera la amistad con el matrimonio Cabrera- Bobadilla, la realidad fue que desaparecida la reina Isabel,  tuvieron que luchar por conservar su mayor propiedad: la alcaldía del alcázar de Segovia que Felipe el hermoso les había arrebatado, sin embargo, el buen hacer de Beatriz, logró que Fernando el Católico se la devolviera.

A partir de entonces se dedicaron a preparar su alma para la otra vida haciendo varias obras de misericordia y fundando conventos.

El matrimonio tuvo 9 hijos, algunos se convirtieron en hombres de Iglesia y el resto se posicionaron excelentemente gracias a las rentas de sus padres y los magníficos matrimonios que hicieron.

Beatriz de Bobadilla muere en Madrid el 17 de enero de 1511. Su marido lo hace poco tiempo después. Ambos están enterrados en el convento de Santa Cruz de Carboneras, cerca de Cuenca.

 

Bibliografía:

DE AZCONA, T. “ Isabel la Católica”. Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 1993.

MÁRQUEZ DE LA PLATA Y FERRÁNDIZ, Mª.  “Mujeres renacentistas en la corte de Isabel la Católica: Beatriz de Bobadilla, Beatriz Galindo, Lucía de Medrano, Beatriz de Silva, Catalina de Aragón, María Pacheco” Ed. Castalia, 2005

MORALES MUÑIZ, D.C.  “Alonso de Quintanilla, un asturiano en la Corte de los Reyes Católicos”. Ed.  El Persevante Borgoñón, 1993.

MUÑOZ ROCA-TALLADA, C. “La marquesa de Moya”. Ed. Instituto de Cultura Hispánica, 1966