John F. Kennedy fue el 35º presidente de los Estados Unidos (20 de enero de 1961-al 22 de noviembre de 1963), el hombre más joven elegido para el cargo ( 43 años). El 22 de noviembre de 1963, cuando apenas habían pasado sus primeros mil días en el cargo, JFK fue asesinado en Dallas, Texas, convirtiéndose también en el presidente más joven en morir. El miércoles pasado se cumplieron 60 años de su asesinato.
A pesar de su corta presidencia, en encuestas recientes, los norteamericanos le consideran uno de los mejores presidentes de la Historia de Estados Unidos. Así una encuesta de Gallup lo califican mejor que a cualquiera de los otros presidentes desde Eisenhower. Y en 2011, la misma empresa demoscópica encontró que Kennedy ocupaba el cuarto lugar en el imaginario de los norteamericanos cuando se les pidió que nombraran al mejor presidente de todos los tiempos, detrás de Ronald Reagan, Abraham Lincoln y Bill Clinton, pero por delante de George Washington, Franklin Roosevelt y Thomas Jefferson.
Sin embargo, un análisis pormenorizado de su presidencia no hace evaluar al primer presidente católico de los Estados Unidos con tanta benevolencia. Al contrario, entre la corta duración de su mandato y numerosos errores cometidos, no se puede decir que fuera una presidencia extraordinaria, y, sin embargo, ese buen recuerdo en las memorias de sus coetáneos no puede ser casualidad.
De modo muy resumido, vamos a reseñar lo que la mayoría de los historiadores consideran errores y algunos de sus triunfos, para preguntarnos después, por qué Kennedy mantiene ese excelente recuerdo en el imaginario de sus compatriotas.
Antes de ganar la presidencia, Kennedy había vivido rodeado de privilegios y comodidades, y su relativamente corta carrera en el Congreso no había tenido nada especial. Muchos votantes anhelaban el dinamismo que implicaban la juventud y la política de Kennedy, pero a otros les preocupaba que su inexperiencia lo convirtiera en una mala elección para liderar la nación durante una época tan difícil.
Los primeros errores de juicio, especialmente en el fiasco de Bahía de Cochinos, aparentemente confirmaron estos temores. En el verano de 1962, un clima de Guerra Fría particularmente difícil en el extranjero, un Congreso antagónico en casa, grupos de activistas cada vez más arriscados que se agitaban por cambios radicales en la política americana y una perspectiva económica desalentadora contribuyeron a una visión cada vez más negativa de la Casa Blanca de Kennedy.
Esa impresión comenzó a cambiar en el otoño de 1962. Una gran destreza en el arte de gobernar –y algo de suerte– condujeron a un éxito notable en el enfrentamiento sobre Cuba. La crisis de los misiles, que sí fue resuelta con gran habilidad y, aunque no se suela explicar, con la marcha atrás de ambas partes, dio lugar al nacimiento, haciendo de la necesidad de apaciguar a los rusos virtud, de una política de limitación del uso de armas nucleares, tras un tratado de prohibición parcial de los ensayos nucleares.
Iniciaba así Kennedy una política exterior diferente a la existente antes de su mandato. Buscando impulsar las políticas demócratas en todo el mundo ( lo que le llevó a incrementar el número de «asesores» estadounidenses en Vietnam- posiblemente una de sus peores decisiones, incrementara por sus sucesores-). Sabía que debía buscar el equilibró entre mantener fuerte a Estados Unidos y al mismo tiempo evitar acciones que pudieran llevar al mundo a la guerra. Creó el “Cuerpo de Paz” definido por él en su campaña electoral como “esfuerzo genuino del pueblo de Estados Unidos, particularmente de los jóvenes, para desempeñar su papel en el trabajo por la paz y mejorar las vidas de toda la humanidad”, y con la misma intención y mejorar la defensa USA creó los “Navy Seals”, es decir, los equipos de Tierra, Mar y Aire de la Armada de los Estados Unidos, que son la fuerza de elite de toda la estructura militar de USA. Esto transformó la idea previa a su mandato que tenían muchos estadounidenses de que su nación estaba perdiendo la carrera armamentista nuclear, y temían que el comunismo se extendiera por el mundo y en su territorio. Logró convencer al partido Demócrata de que la política exterior debía de ser dura en la defensa de los intereses norteamericanos.
«Nuestros problemas son creados por el hombre; por lo tanto, el hombre puede resolverlos». –Discurso de graduación en la American University, 10 de junio de 1963-.
En 1961, los soviéticos construyeron el Muro de Berlín que dividía físicamente a Alemania Occidental y Oriental. El muro sirvió como recordatorio simbólico de la creciente división entre la democracia en Occidente y el comunismo en el Este. Como bien lo manifestó Kennedy en su discurso ante el muro “yo soy berlinés”… “ el que quiera saber la diferencia entre el mundo libre y el comunismo, que venga a Berlín”. https://www.youtube.com/watch?v=zVg_bGfk_O4
Logró que la situación económica mejorara. Y el trabajo de los activistas de derechos civiles y la intervención del gobierno federal en favor de los afroamericanos, fueron desgastando lenta pero constantemente el poder de los segregacionistas del Sur. Ningún presidente desde Lincoln había dado el paso audaz de colocar toda la autoridad legal y moral de la presidencia detrás de la causa de los derechos civiles. Ahora Kennedy lo había hecho, y el país y el mundo nunca volverían a ser los mismos. Aunque la injusticia racial siguió siendo rampante, puso los cimientos para que Jonhson pudiera realizar las leyes más decisivas. Sin aquellos principios kennedianos, las cosas no hubieran ido igual.
Otras políticas sociales destacadas de su mandato se hicieron en favor de los derechos de la mujer. Encargó un estudio sobre la situación femenina que concluyó con recomendaciones para mejorar las políticas de empleo, las leyes fiscales y laborales, e incluso proporcionó los servicios familiares necesarios. El presidente Kennedy también firmó la Ley de Igualdad Salarial en 1963. Fue la primera legislación promulgada que intentó crear igualdad entre trabajo, remuneración y género.
Asimismo, tuvo políticas favorables para los discapacitados.
En otro orden de cosas, una de sus políticas más exitosas fue la de la carrera espacial.
En abril de 1961, la Unión Soviética fue la primera en lanzar un hombre al espacio. Este suceso alarmó a los estadounidenses y el presidente Kennedy instó al Congreso a aumentar la financiación para la exploración espacial. Entre una variedad de proyectos que imaginó, afirmó que “esta nación debería comprometerse a lograr el objetivo, antes de que termine la década, de llevar un hombre a la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra”.
La petición de Kennedy fue a la vez visionaria y osada. La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) primero tuvo que descubrir si era posible realizar vuelos espaciales a largo plazo. Después de varios años de desarrollo experimental, de estudios y ensayos de astrofísica y miles de millones de dólares, el sueño de Kennedy se hizo realidad en 1969 y Estados Unidos llevó a los primeros humanos a la Luna.
Todos estos acontecimientos en apenas 1.000 días de mandato, pueden hacer pensar a algunos que esa es la razón de su representación en la mente de los americanos como un gran presidente; otros afirmarán que se debe al dolor colectivo por el asesinato público de Kennedy: el trauma nacional americano por excelencia. Ha sido consagrado como un mártir, particularmente en los hogares demócratas. Pero, esas no pueden ser las únicas razones, William McKinley fue otro presidente popular y enérgico asesinado a balazos, y desapareció de la mente popular de una manera que JFK no lo hizo.
Muchos lo recuerdan por haber contribuido de manera decisiva en la creciente importancia de la imagen en la política estadounidense y mundial. Kennedy tuvo éxito en gran parte por su aspecto y su voz. Desde los famosos debates televisados entre Nixon y Kennedy en 1960, la política estadounidense se ha preocupado cada vez más por la apariencia y el estilo. Kennedy ciertamente será recordado como uno de los presidentes que elevó la importancia de este aspecto, se recordará aquel debate televisivo frente a Nixon. Su capacidad para la propaganda y un excelente equipo crearon un sistema sofisticadísimo de comunicación que, por ejemplo, fomentó una apariencia juvenil y saludable, cuando en realidad tenía achaques crónicos de muy variado signo. En este sentido, la trayectoria de JFK representa una combinación de talento junto a una cuidadosa premeditación, como un montaje mediático permanente. Con todo, no partían de la nada. Su imagen era natural, aunque cultivada; original, de nacimiento; no era un simple impostor del retoque estético y publicidad de espejo, para resultar luego un patán. No, su prestancia era de cuna e incrementada con un buen hacer comunicativo.
Con todo, estos fueron aspectos tangenciales, Kennedy tenía algo más.
Era un líder convincente, culto, simpático, carismático con buena planta en un periodo que se puede calificar de inmenso desafío. Sabía transmitir ilusión, la Nueva Frontera, y muy especialmente: implicar a toda la nación del partido que fuera a hacer frente a ese desafío. No levantaba muros, los derribaba y todos se sentían poderosos bajo su liderazgo. Los ciudadanos sabían que se esperaba algo positivo de ellos, que todos juntos podrían logarlo.
«Hoy nuestra preocupación debe ser ese futuro. Porque el mundo está cambiando. La vieja Era está terminando. Las viejas costumbres no sirven«. (Discurso en Los Ángeles en la aceptación de la nominación a la Presidencia de los EE.UU por parte del Partido Demócrata- 15 de junio de 1960).
“No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino más bien lo que tú puedes hacer por tu país”. Discurso de su juramento al cargo de 35º presidente de los EE.UU.
«Elegimos ir a la luna en esta década y hacer las otras cosas, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque ese objetivo servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque ese desafío es uno que estamos dispuestos a aceptar, uno que no estamos dispuestos a posponer y uno que pretendemos ganar, y los demás también«. Discurso en la Universidad Rice sobre el esfuerzo espacial de la nación, 12 de septiembre de 1962
John F. Kennedy representa una era en la historia estadounidense en la que los políticos todavía confiaban en su gobierno y en su nación, y por eso su nación confiaba en él:
“Todo esto no se terminará en los primeros cien días. Tampoco estará terminado en los primeros mil días, ni en la vida de esta Administración, ni siquiera quizás durante nuestra vida en este planeta. Pero comencemos”.—Discurso inaugural de su presidencia, 20 de enero de 1961.
Sabía que nada podría hacer con la mitad de la nación en contra, e implicó a todos:
“No busquemos la respuesta republicana o la respuesta demócrata, sino la respuesta correcta. No tratemos de arreglar la culpa del pasado. Aceptemos nuestra propia responsabilidad para el futuro”.(Como Senador, en el “Loyola College”, el 18 de febrero de 1958)
Kennedy era un patriota- héroe de guerra, herido en combate- que transmitía patriotismo e ilusión a sus conciudadanos. Y lo hacía porque confiaba en el Ser humano. No se creía en posesión de la verdad o que sólo él era capaz de alcanzar la verdad, de ahí que contara con todos sus ciudadanos para triunfar.
“Nuestro progreso como nación no puede ser más rápido que nuestro progreso en educación. La mente humana es nuestro recurso fundamental”. Discurso en el Congreso de los Estados Unidos el 20 de febrero de 1961.
“El hombre sigue siendo el ordenador más extraordinario del mundo”.
Esa mente poderosa debía ser encauzada para el bien. El mal uso, lleva a cosas terribles:
“El mundo es muy diferente ahora. Porque el hombre tiene en sus manos mortales el poder de abolir todas las formas de pobreza humana y todas las formas de vida humana”.
Para muchos estadounidenses y buena parte de la prensa, John Kennedy y su equipo se identificaban y así lo escribían con aquel Camelot del Rey Arturo de caballeros valientes, poderosos e invencibles, en marcado contraste con el recuerdo de la corrupción y el escándalo que ha rodeado a tantos presidentes desde 1963. Sus problemas de faldas no tuvieron repercusión en su liderazgo. En el periodo posterior al Watergate, ningún político ha podido recuperar el tipo de confianza y entusiasmo que tantos ciudadanos sentían hacia Kennedy. No en vano, la corrupción tiene muchas maneras de manifestarse y Kennedy las explicitó de diferentes modos:
“El gran enemigo de la verdad a menudo no es la mentira, deliberada, artificial y deshonesta, sino el mito, persistente, persuasivo y poco realista”. Universidad de Yale , 11 de junio de 1962.
“Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”. Universidad de Washington, 10 de junio de 1963.
“La tolerancia no implica falta de compromiso con las propias creencias. Más bien condena la opresión o la persecución de los demás”.
“La ignorancia de un votante en una democracia perjudica la seguridad de todos”. 90º aniversario de la Universidad de Vanderbilt, 18 de mayo de 1963.
“Al expresar nuestra gratitud, nunca debemos olvidar que el mayor aprecio no es pronunciar palabras, sino vivir de acuerdo con ellas” (proclamación del Día de Acción de Gracias en 1963- 21 de noviembre de aquel año-. Un día antes de su asesinato.)
Sabía transmitir confianza, con un discurso inteligente, culto. Propio del alumno brillante de Harvard que fue. No era monótono, ni pesado, sino fulgurante, resplandeciente y por muy buenos asesores que tuviera, era capaz por sí mismo de moldear el discurso a su manera y con su propio genio. No copiaba.
“Si hubiera más políticos que supieran poesía y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él”. Discurso en la Universidad de Harvard el 14 de junio de 1956.
“La historia es un maestro implacable” (Discurso pronunciado en Carolina del Norte el 17 de septiembre de 1960). Sabía de la importancia de conocerla y de que de nada vale falsearla.
Kennedy realizó toda su política en un periodo de fuerte liberalismo en Estados Unidos, y aunque no legisló mucho internamente, puso las bases para la visión liberal de la sociedad en el interior y en el exterior.
Por todo lo que antecede, en la memoria popular, Kennedy todavía genera fascinación como un líder convincente y carismático durante un período de inmenso desafío al que supo hacer frente uniendo a toda la nación. Inspiró a una generación a aceptar la responsabilidad de gobierno luchando para garantizar la igualdad de derechos y oportunidades para todos los estadounidenses. Animó a los estadounidenses a ayudar a los menos afortunados que ellos, tanto en casa como en el extranjero. Retó a la nación a alcanzar lo imposible y llevar un hombre a la luna antes de que finalizara la década. Estableció nuevas direcciones para la diplomacia internacional, buscando mejores relaciones con América Latina y las naciones recién independizadas. Redujo la amenaza de una guerra nuclear abriendo las líneas de comunicación con Moscú y ofreciendo ayudar a “hacer que el mundo sea seguro para la diversidad”.
El legado de John F. Kennedy es una visión de acción política y servicio público basada en la unidad nacional, la valentía, el servicio a la nación, la inclusión y la innovación.
BIBLIOGRAFÍA
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O’Brien, Michael. “John F. Kennedy: A Biography.” Ed. Goldbooks 2005.
Kennedy, John Fitzgerald. El deber y la gloria: Testamento político de John F. Kennedy. Bruguera.1970
Rorabauch, W.J. “Kennedy y el sueño de los sesenta”. Ediciones Paidos Ibérica S.A.(2005)