MANUEL CURROS ENRÍQUEZ.

Hoy, como cada 11 de noviembre, un recuerdo a Galicia y a mi familia; a los que están y, sobre todo, a los que ya no están. En este caso, con un significado personal más especial, aún si cabe, puesto que yo estudié en Orense en un colegio nacional que se llamaba, y espero que se siga llamando, como el gran poeta de Celanova: Curros Enríquez. Vivía Franco, y en la clase de lengua, nos explicaban también literatura gallega y en gallego. Lo que me permitió apreciar y querer esa lengua sin necesidad de que me la impusieran. Siempre se llega mejor a las cosas desde la libertad.

Manuel Curros Enríquez, poeta y periodista, nació como he dicho en Celanova, Orense. Nunca tuvo una buena relación con su padre, lo que le llevó a marcharse de la casa familiar con tan solo 15 años e instalarse en Madrid junto a su hermano. En la capital estudió el bachillerato e inició estudios de Derecho que nunca culminó. Sí puso mayor interés en la vida política ingresando en ambientes liberales, participando en la Revolución de 1868, la gloriosa.

https://algodehistoria.home.blog/2023/06/02/la-gloriosa/

Trabajó durante toda su vida como periodista (aunque también ejerció otras profesiones). Como periodista obtuvo un gran prestigio merced a la búsqueda siempre de una sólida argumentación (se coincidiera con su punto de vista, o no) y al dominio de la lengua, aunque deberíamos decir de las lenguas, pues en prensa escribió mayoritariamente en castellano y, en algún momento, en gallego. Pero, sobre todo,  destaca como poeta especialmente en gallego.

Entre sus primeros años como periodista colaboró en El Imparcial de Madrid y otros diarios republicanos. En 1870, publicó un artículo crítico con el duque de Montpensier, lo que le valió pasar varios meses exiliado en Londres.

Regresa a España a finales de 1870, y en 1873, su vida cambia radicalmente. Primero, porque se casa con Modesta Vázquez, con quien tuvo cinco hijos. Las relaciones familiares no fueron muy armoniosas, lo que influyó, según alguno de sus biógrafos, en su decisión de irse a Cuba en 1894. Desde luego muy bien no debió llevarse con su mujer e hijos,  cuando al volver a España en 1904, no aprovechó el paso por Madrid para visitar a su familia. En segundo lugar, se muestra entusiasmado con la proclamación de la Primera República (11 de febrero de 1873), y, en tercer término, en marzo de 1873, ingresa como redactor en La Gaceta de Madrid, en donde trabajará hasta que el General Pavía acaba con la Primera República el 3 de enero de 1874.

Debido a sus crónicas de la Guerra Civil- referidas a la Tercera Guerra Carlista (1872-1876)-, publicadas en El Imparcial, consigue destacar en el mundo periodístico y que El Imparcial le incluya en plantilla.

En 1875, con otros intelectuales gallegos, funda en Madrid la sociedad Galicia Literaria, de corta duración, pues se disuelve en 1876.

Uno de los cambios que se producen en su vida se da, en ese mismo año de 1876, cuando el Heraldo Gallego publica una carta del orensano Modesto Fernández González, que ofrece un premio de 2.000 reales al poeta que, en gallego, retrate con mayor exactitud y colorido las costumbres, tradiciones y tipos de Galicia. Lo gana Curros, con los poemas “A Virxe do Cristal”, “O gueiteiro” y “Unha voda en Einibó”.[1]

De “O gueiteiro”:

Despois do tempo pasado,

pasado pra non volver,

como on profeta ispirado,

inda mo parece ver

na festa do San Trocado.

Calza curto, alta monteira,

verde faixa, albo chaleque

i o pano na faltriqueira,

sempre na gaita parleira

levaba dourado fleque.

 

Después del tiempo pasado,

pasado para no volver,

como un profeta inspirado,

Todavía me parece ver

en la fiesta de San Trocado.

Pantalones cortos, montera alta,

faja verde, chaleco blanco

y el paño en la faltriquera,

siempre en la gaita

llevaba flecos dorados.

 

En 1877, regresa a Galicia, a Orense, donde Modesto Fernández González le había conseguido un puesto en las oficinas provinciales del Ministerio de Hacienda.

Su obra inmediata será su única novela: Paniagua y compañía (1878), sobre un corresponsal de guerra, en la que se aprecia su desprecio por el carlismo y el mundo clerical. En 1888, publica una obra de teatro, El Padre Feijoo, que, junto con Cartas del Norte e Hijos ilustres de Galicia, constituirán su obra más destacada en castellano, amén de sus artículos periodísticos, y otras obras de menor renombre. Al mismo tiempo,  siguió componiendo poesía.

Su estilo poético se refina aún más; lleno de musicalidad, colorido, dulzura y sabor local que lo sitúan para muchos,  junto a Rosalía de Castro, como uno de los mejores poetas en lengua gallega.

Su primer poemario, Aires da miña terra (1880), se hizo muy popular a raíz de ser acusado de blasfemo por el Obispo de Orense;  fue condenado a más de dos años de prisión. Pero tras muchas vueltas, pago de alguna multa y un recurso equivalente al de revisión penal, logró ser absuelto. Todo este lío le valió una publicidad preciosa y su obra se vendió con fruición. Más allá del escándalo, se reveló su sensibilidad lírica y su capacidad para crear imágenes de notable delicadeza a partir de la musicalidad de sus versos.

Fala de miña nai,fala armoñosa,

En que o rogo dos tristes rube ó Ceo

I en que dende a prácida esperanza

Os afogados e doridos peitos;

Fala de meus obós, fala en que os parias,

De treboa e polvo e de sudor cubertos,

Pidan á terra o gran da cor da sangre

Que ha cebar á bestas do laudemio…

 

Habla de mi madre, habla armoniosa,

en la que el ruego de los tristes sube al Cielo

 y en la que desciende la plácida esperanza

 a los ahogados y doloridos pechos;

habla de mis abuelos, habla en la que los parias,

de tinieblas y polvo y sudor cubiertos,

piden a la tierra el grano del color de la sangre

que ha de cebar a la bestia del laudemio…

En 1888, dio a conocer “O divino sainete. Poema en ocho cantos”, poema en tercetos en el que, parodiando la Divina Comedia de Dante, satiriza la peregrinación española a Roma con ocasión del jubileo de León XIII y ataca lo que él, un profundo anticlerical, entendía como corrupción religiosa. Esta era la obra poética de la que Curros se mostraba más orgulloso. La consideraba su mejor obra.

É un viaxe de recreo.

¿Quén folga de vir conmigo

de León XIII ó xubiieo?

Es un viaje de placer.

¿Quién quiere venir conmigo

de León XIII al jubileo?

Sin embargo, su vida Orense se le hace difícil por el ambiente hostil a su anticlericalismo, por eso, con la ayuda de Fernández González, regresa a Madrid y logra un puesto en el Ayuntamiento. Retoma el periodismo en la Capital colaborando sucesivamente en El Porvenir, El Progreso y El País, todos ellos de tendencia republicana.

En la noche del 27 de marzo de 1893, con motivo de la inauguración del Centro Gallego de Madrid, el ex ministro Manuel Becerra le impone una corona de laurel de plata, lo que viene a demostrar el reconocimiento que, en estos años, Curros adquiere en determinados círculos gallegos.

Aunque se desconoce la causa, en 1894 parte para Cuba y allí funda la revista La Tierra Gallega. También colabora en otros diarios en los que publica sobre todo poemas. La revista apenas dura dos años, hasta noviembre de 1896, cuando es clausurada a raíz del artículo “Responsabilidad ministerial”, en el que censura al ministro de Marina por elegir para determinados contratos de la flota militar a los astilleros de Cádiz frente a los de Ferrol. Este cierre, más su postura intransigente con la libertad de expresión siempre desde una óptica localista, le lleva a pasar algunas dificultades económicas que se solventan al ingresar como corrector de pruebas en el principal diario cubano, El Diario de la Marina, del que consigue poco después ser redactor.

Con todo, su posición patriótica, española, nunca se puso en duda, así al coincidir su estancia en Cuba con la segunda insurrección para lograr la independencia de Cuba, Curros siempre se mostró contrario al levantamiento y, es más, acabó rompiendo con el Centro gallego en La Habana por ofrecer éstos una cena a favor de alguno de los militares insurrectos.

En 1904, reingresa en el Centro Gallego tras exigir que el presidente fuera gallego, los cuadros y los libros fueran de gallegos, en lengua gallega o, marginalmente, castellana.

Ese mismo año viaja a España, siendo acogido con honores en Galicia.

Vuelve definitivamente a Cuba y en 1907 lee su poema “A Alborada de Veiga”, en un acto celebrado en el Teatro Nacional de La Habana, en el que se homenajeaba al músico Pascual Veiga. En ese acto se cantó por primera vez el himno gallego, cuya música estaba compuesta por Veiga.

O celta, que didiante dos astros se axoella,

deixounos nese canto de multiforme son

o matinal sol o luz do sol vermella,

feito de estrondo de himno e rogos de oración.

El celta, que se arrodilla ante las estrellas,

nos dejó en esa canción de sonido multiforme

el sol de la mañana, la luz roja del sol,

hecho del rugido de himnos y ruegos como oración.

Poco después, el estado de salud de Manuel Curros Enríquez se quebranta. Ingresa en el centro de salud del Centro Asturiano de La Habana, donde fallece el 7 de marzo de 1908. Su cuerpo será velado en los salones de El Diario de la Marina y, posteriormente, en los del Centro Gallego.

Reclamado por la Academia Gallega, su cuerpo embarca el 20 de marzo rumbo a La Coruña, adonde llega el 31. Su cadáver fue expuesto durante tres días en el Ayuntamiento. Casi cuarenta mil personas asistieron a su sepelio, celebrado el 2 de abril.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

“Aires d’a miña terra: coleucion de poesías gallegas” ed. crít. de C. Casares, Galaxia, 1975.

“Obras escogidas. Poesía. Teatro. Prosa”, recop. por A. Curros Vázquez, Ed. Aguilar, 1956.

GONZÁLEZ-BESADA, A. y MELEDO ABAD, F.- “Manuel Curros Enríquez: Biografía”. Artes Gráficas Minerva, 1952.

MARTÍNEZ- RISCO DAVIÑA, Luis.- “Manuel Curros Enríquez. O home o seu contexto”. Ed Duen de Bux. 2001.

[1] Las traducciones son mías. Espero no haberme desviado mucho de la intención del autor.

BERENGUELA I DE CASTILLA 

 

La reina Berenguela I de Castilla (1180-1246) es una gran desconocida en la Historia de España y, sin embargo, fue la primera mujer que reinó en Castilla y una de las reinas más influyentes en el devenir de nuestra Historia.

Berenguela era la hija de Alfonso VIII, y de Leonor de Inglaterra (Leonor Plantagenet), descendiente a su vez del rey Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania.

Berenguela fue heredera de la corona de Castilla mientras sus padres no tuvieron un heredero varón, motivo por el cual fue prometida en matrimonio a Conrado, tercer hijo de Federico I Barbarroja. Sin embargo, el nacimiento de su hermano Fernando eliminó esa posibilidad primera de reinar y Conrado, visto que sus aspiraciones a ser rey se desvanecían, rompió el compromiso.

Sus padres concertaron, entonces, su matrimonio con Alfonso IX de León, lo que le otorgó el título de reina consorte del Reino de León. Con este matrimonio se pretendía poner fin a la guerra que venía enfrentando a ambos reinos cristianos: Castilla y León. El enlace fue favorecido por la reina Leonor, tropezando con las reticencias de Alfonso VIII, que preveía ya las dificultades venideras por razón del parentesco entre ambos contrayentes: Alfonso VIII y Alfonso IX eran primos carnales, nietos los dos de Alfonso VII de León, Emperador de España y Rey de Castilla y León. La boda de Berenguela y Alfonso se celebró en Valladolid en 1197. El matrimonio no tuvo muy buenas perspectivas desde el principio, puesto que Papa Celestino III, aunque no autorizó el enlace, no se opuso al mismo (hay que recordar que ya había anulado el primer matrimonio de Alfonso con Teresa de Portugal por consanguinidad. De aquel matrimonio habían nacido dos hijas). Sin embargo, fallecido Celestino en 1198,  su sucesor, Inocencio III , muy opuesto a los matrimonios entre consanguíneos, no paró hasta lograr la separación del matrimonio.  No contaba Inocencio conque los reyes de León se enamoraran; el amor y la dote de Berenguela que dejaba a Alfonso IX en una situación muy desfavorable en caso de disolución del matrimonio, hicieron que se opusieran con todas sus fuerzas a su separación. Aquella oposición duró siete años y cinco hijos. Sólo el ataque directo del Papa a Alfonso VIII y la alteración que estas amenazas podía producir en Castilla, lograron que Alfonso VIII llegara a un acuerdo con el Papa para que el matrimonio no se disolviera de iure pero se separaba de facto.

De este modo, Berenguela dejó León y se instaló con sus hijos en Castilla en 1204. Sus hijos fueron: Leonor que murió de niña en 1201; Constanza que profesaría como religiosa cisterciense en el monasterio de las Huelgas Reales de Burgos, donde murió en 1242; Fernando, futuro Fernando III el santo; Alfonso, futuro Alfonso de Molina  (concordia de Zafra); la quinta, llamada como su madre, Berenguela, será la futura Reina de Jerusalén, por su matrimonio, celebrado en Toledo en 1224, con Juan de Brienne, Rey de Jerusalén.

Cuando llegó Berenguela a Castilla en aquel 1204, acababa de nacer su segundo hermano varón, Enrique, lo que la relegaba a la tercera posición en la sucesión al trono castellano.

En 1211 moría su hermano mayor Fernando y en 1214 sus padres. En esta situación, Enrique es proclamado Rey de Castilla a la edad de once años, nombrando a Berenguela como tutora y regente. Su actuación como regente fue siempre prudente y adecuada, hasta que las intrigas palaciegas, sobre todo de los hijos del conde Nuño Pérez de Lara, obligan a Berenguela a nombrar ayo, para el cuidado y educación de su hermano, a Álvaro Pérez de Lara. Aquellas intrigas también lograron que Álvaro se hiciese con la regencia, aunque con algunas limitaciones. El enfrentamiento entre Álvaro y los nobles y también entre Álvaro y Berenguela obligó a ésta a refugiarse en el castillo de Autillo ( Palencia) y a que enviara a su hijo Fernando al recaudo de su padre, el Rey de León.

Evidentemente aquella división en dos bandos llevaba sin remedio a un enfrentamiento armado que se produjo en abril de 1217. Mientras Álvaro rodeaba el castillo de Autillo en el que estaban refugiados Berenguela y sus partidarios, dejó al niño rey en el palacio arzobispal, con tan mala fortuna que, jugando en el patio del palacio, le cayó una teja encima y le mató.

Berenguela mandó comunicación a su hijo Fernando para que se reuniera con ella. Berenguela había logrado escapar y llegar hasta Valladolid desde dónde dirigió las negociaciones para que la nobleza y los concejos castellanos la nombraran a ella, como legítima heredera, Reina de Castilla, con la intención, señalada en aquellos acuerdos, de entregar su reino a su hijo Fernando. Esta proclamación de Berenguela y de su hijo Fernando como Reina y Rey de Castilla tuvo lugar en la plaza del mercado de Valladolid el 2 o el 3 de julio de 1217. La relación de madre e hijo fue siempre armoniosa y cordial.

“Casi treinta años duró esta entente admirable entre madre e hijo; Fernando I será el rey propietario del reino castellano y como tal gobernará con plenos poderes, pero el consejo prudente y desinteresado de su madre estará presente en todas las decisiones de Fernando III; los diplomas se expiden siempre a nombre de Fernando, pero éste consignará en todos ellos que lo hace “con el asenso y beneplácito de la reina doña Berenguela”. Nunca, que se sepa, hubo una disensión entre madre e hijo, por eso resulta prácticamente imposible distinguir qué decisiones corresponden al hijo y cuáles a la madre. Cuando Fernando inicia el año 1224, sus expediciones de conquista por Andalucía, prácticamente anuales, es su madre la que queda en Castilla, casi siempre en Burgos, gobernando el reino con su sagacidad y prudencia y apoyando con toda clase de pertrechos las campañas del hijo”.[1]

La prudencia y el tino de Berenguela fueron determinantes para guiar los pasos de Fernando III y que éste lograra la sucesión pacífica de su padre en el reino de León. En este camino es muy destacable la llamada Concordia de Benavente de 1230, que fue el acuerdo alcanzado por Berenguela con Teresa de Portugal tras la muerte de Alfonso IX de León mediante el cual, su primera mujer, Teresa de Portugal, renunciaba a los derechos que sus hijas, Sancha y Dulce de León, tenían al trono de León en favor de su hermanastro el Rey de Castilla, e hijo del segundo matrimonio de Alfonso IX con Berenguela, Fernando.

Aquella resultó ser la unión definitiva de los reinos de Castilla y León, que recordamos incluían Galicia, toda la cornisa cantábrica, parte de La Rioja actual y se encaminaban a la conquista de Andalucía de la que ya en parte era castellana.

“Especialmente emotivo resulta el último encuentro entre madre e hijo, que tuvo lugar en Pozuelo de don Gil, la actual Ciudad Real, en la primavera de 1245; fue la reina la que se trasladó de Burgos a Toledo, desde donde envió aviso a su hijo, que se encontraba en Córdoba, manifestando sus deseos de encontrarse con él, para tratar asuntos del heredero, Alfonso. Fue la última vez que se vieron madre e hijo, pues Berenguela murió el 8 de noviembre de 1246, dejando tras de sí una bien merecida fama de mujer y de gobernante siempre prudente y discreta; sus restos mortales fueron depositados en las Huelgas de Burgos junto a sus padres”.[2]

BIBLIOGRAFÍA

Cruz, Fray Valentín de la. Berenguela la grande: Enrique I el Chico (1179-1246). Ediciones Trea, S.L. 2006.

 

Martínez Díez., Gonzalo SJ. “Fernando III. 1217-1252”. Ed La Olmeda.1993.

[1] Gonzalo Martínez Díez. SJ. “Fernando III. 1217-1252”. Ed La Olmeda.199

[2] Op. Cit.

 

EL ORIGEN DE ESPAÑA COMO ORGANIZACIÓN ESTATAL Y NACIONAL.

Cuando hablamos de España hacemos referencia a muchas cosas al mismo tiempo: nación, país, estado…Términos que en ocasiones se confunden entre sí. Normalmente, tales conceptos están íntimamente unidos, pero no significan los mismo. El país hace referencia a un término geográfico, unas fronteras, incluso un gobierno. El estado se origina por las instituciones político-jurídicas que determinan la organización interna y el orden normativo de la sociedad que, por compartir determinados rasgos culturales e históricos, conforma una nación, soberanamente separada de otras comunidades que representan o se organizan de manera diferente.

A esta definición se puede oponer muchos matices de todo orden, jurídicos, políticos o filosóficos, pero no nos corresponde esa discusión político-jurídico-filosófica, sino que lo que pretendemos en hacer notar aquellos hitos que marcan el “nacimiento” de España como Ser histórico y jurídico-soberano. Estos elementos no tienen por qué darse de manera sucesiva, al contrario, a veces se entremezclan e incluso, en muchos casos no es la nación la que crea el Estado, sino que de una cierta unidad estatal nace la conciencia de nación. España es un ejemplo de ello.

En esa visión histórica nos encontramos con varios momentos esenciales que la historiografía identifica con ese nacimiento de España, dentro de cierta disparidad de criterios:

  • Los que parten de la Hispania romana, pero sobre todo del Estado visigodo, cuya reconquista permite concretar el nacimiento de España. Claudio Sánchez Albornoz estaría en este grupo.
  • Aquellos que identifican el nacimiento de España con Alfonso X el Sabio, al asentar y unificar el Rey sabio la organización jurídica de España. Por ello, sitúan, en el Siglo XIII ese nacimiento. Pedro de Insua , entre otros. Para estos autores la formación estatal de los Reyes Católicos sería una continuación de la expresada por el rey Sabio.
  • Los que fechan el nacimiento de España, precisamente en la unidad creada por los Reyes Católicos, en el Siglo XV, poco antes que el resto de los Estado-Nación europeos.
  • Por último, existe un grupo que no conceden ese nacimiento hasta la manifestación de la soberanía popular en el alzamiento contra el francés en 1808, remarcado por la Constitución de Cádiz de 1812.

Veamos las razones expuestas por cada uno:

  • Desde los visigodos.

Aunque los romanos fueron los primeros que utilizaron el término fenicio “i-spn-ya” traducido como Hispania para referirse a todo el territorio de la península ibérica, para los romanos aquella referencia geográfica, ni tenía una unidad étnica, ni religiosa, ni una organización significativa más allá de la marcada por ser una provincia romana.

La generalización del término Hispania o España referida exclusivamente a la Península Ibérica se lo debemos a los visigodos. Y con ellos, el nombre pasó de ser una mera expresión lingüística,  a convertirse en una formulación política consecuencia de la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana, a la que los godos, inicialmente, quedaron incorporados, y cuya confluencia con una creencia religiosa cristiana como elemento de unidad y distinción, dispuso el nacimiento estatal de España.  El Rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del S. VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. San Isidoro narra la búsqueda de la unidad peninsular, finalmente culminada en el reinado de Suintila en la primera mitad del S. VII y se habla de la madre España. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de “Totius Spaniae”. El texto de San Isidoro de Sevilla se convirtió en lectura obligatoria para todos los príncipes cristianos que habitaron la Península y esa idea de una única entidad “hispana” pervivió en el imaginario de los escasos núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Después de la batalla de Guadalete, en el 711, el Reino Visigodo desaparece, pero sus leyes y elementos básicos perviven en pequeños reductos liderados por nobles norteños. Aquellos núcleos cristianos mantenían su organización en torno a la figura del rey y de la fe de sus mayores. Es verdad que, ese sistema estructural e identitario se conserva de una manera muy deslavazada al principio con Pelayo, siendo elevada a categoría por los sucesivos reyes astures. Especialmente por Alfonso I al que las crónicas posteriores denominan el católico y Alfonso II, el casto, que aparece como primer Rey de España. Aquellos reyes fueron expandiendo su territorio por toda la cornisa Cantábrica, desde Galicia hasta los Pirineos (con Ramiro I y Ordoño I). Alfonso III, el magno, uno de los más brillantes reyes de la Historia de España, extiende su reino hasta Zamora. En esa expansión implantó también la Ley común a todo el reino que no era otra que la legislación romana-visigoda, la Lex Visogothorum, futuro, Fuero Juzgo, que Alfonso II había hecho aplicar, reconociendo así su relación inmediata con aquel Estado visigodo.

No fue el único rasgo de enlace con los visigodos, la idea imperial no se olvida. Aquella posición del imperio romano asumida como herencia por los visigodos, se manifiesta ya en Alfonso III (último rey asturiano con capital en Oviedo) al que debemos una más recia idea de España, la idea imperial y la mejor crónica histórica de aquella época que permitió forjar, entender y desarrollar España.

Cuando cae el estado visigodo, otros en Europa intentan levantar la idea imperial, especialmente Carlomagno y tras él diversas familias dirigentes alemanas. En el fondo toda la Europa cristiana está intentando rememorar el imperio romano, aunque nadie duda que la primera asunción de tal condición fue la del reino visigodo de Toledo.

Con Alfonso III reivindicando el antiguo imperio visigodo, la ley visigoda aplicada por Alfonso II, la cristiandad como medio de unificación y orden, la Corona como instrumento de homogeneidad y argamasa de un Estado y una nación que tendía a la universalidad ejemplarizada por el camino de Santiago y el recuerdo romano, no podemos negar que ya existía Estado y Nación por incipiente que fuera. De hecho, cuando la historiografía siglos después define aquella gesta como Reconquista, no usa el término de manera baladí, si se “re-conquista” algo es que ese algo existía, aunque se hubiera perdido. De hecho, la Crónica de Alfonso III, el magno, realiza una exaltación de la intervención goda en el origen del reino de Asturias. Es decir, herederos del primer Estado español y primera concepción nacional de España

Todo esto ya lo explicamos aquí, con detalle, y a ello me remito y recomiendo como lectura antes de continuar con esta entrada:

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/

No debemos olvidar por otro lado, que la idea de unidad de toda España no sólo se dio entre los Reyes astur-leoneses, sino también en los aragoneses o en los navarros; por ejemplo, en el Siglo XI la concibió Alfonso I de Aragón por su matrimonio con Urraca de León o Sancho III el Mayor, Rey de Navarra, ya en el siglo XI reunió bajo su trono una parte sustancial de la España cristiana. Sin embargo, al igual que otros reyes medievales hispanos y por causa de una tradicional visión patrimonialista de la Monarquía, dispuso que se dividieran sus dominios tras su fallecimiento. El Rey de León Alfonso IX se adelantó a su tiempo convocando en 1188 las primeras Cortes de la historia europea con participación ciudadana, noble y eclesiástica. Fernando III el Santo unificó definitivamente los Reinos de Castilla y de León dando un impulso irreversible a la Reconquista.

  • Los que consideran que España nace en el Siglo XIII.

La concepción de estos autores parte de considerar que la caída del reino visigodo en el 711 es total. El Estado visigodo desaparece, sus instituciones decaen y lo que surge después es completamente diferente. Además, consideran que aquel era el estado de la Nación goda, no de la española. Sin embargo, San Isidoro de Sevilla había hablado de España y España en sus comienzos, como todas las naciones del mundo, es un conglomerado de orígenes: romanos, griegos, fenicios, godos, vascones, celtas, vándalos, suevos, íberos…

Ya hemos visto como, sin mantener todas las instituciones visigodas, su ley, su concepto de cristiandad y de unidad bajo la monarquía- una monarquía no electiva, sin officium Palatinum, pero monarquía la fin-, permanece en la organización de los núcleos cristianos por pequeños que fueran.

Estos autores señalaban que fue Alfonso X el sabio el que culmina esa idea de organización, y lo fundamentan en los siguientes hechos:

  1. El Rey sabio fomenta y él mismo escribe y habla en un castellano que nos es perfectamente entendible. El castellano se consagra como lengua oficial frente al reino astur-leonés en el que los extremos del mismo ( Galicia y las zonas montañosas de los Pirineos occidentales hablan otras lenguas: en Galicia, el gallego; en las zonas pirenaicas, hablan diferentes dialectos según los valles) y la lengua oficial seguía siendo el latín. Alfonso X escribe crónicas en gallego como algo propio de su reino, aunque, ciertamente, la utilice, como lengua poética no oficial.
  2. Hasta Alfonso X la conquista territorial y la repoblación de los territorios conquistados a los musulmanes se hacía normalmente por la propia población de la zona que, a base de privilegios concedidos por los reyes, iba asentándose en las diversas “extremaduras”, zonas fronterizas que se componían a cada avance. Con Alfonso X, tras la toma de Sevilla ( 23 de noviembre de 1248), la repoblación no se hace sólo con castellanos, sino que en ella participan aragoneses y navarros, entre otras razones por la relación de parentesco -Alfonso estaba casado con la hija del Rey de Aragón- y confianza- aunque con tiranteces- que tenía Alfonso con Jaime I de Aragón ( Jaime, el Conquistador). No es menos cierto que esa relación de cooperación no sólo de conquista tiene un hito previo muy destacable en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 cuando los reyes cristianos se unen contra los musulmanes bajo la petición de Alfonso VIII de Castilla. También es verdad que esa forma de repoblación mucho más integrada por personas procedentes de todos los reinos de España se da también en la conquista de Murcia. Tanto es así, que la tesis sostenida por estos autores es que la toma de Granada no supone algo nuevo en este sentido sino una reproducción de lo realizado en Sevilla y Murcia.
  3. Lo que es innegable es que Alfonso X organizó el Estado de manera muy moderna, adelantada a su tiempo. Así en política económica refuerza la Hacienda Real, establece ferias y mercados, adopta medidas contra la inflación monetaria, impulsa la unidad de aduanas, pesos y medidas y crea el “Honrado Concejo de la Mesta” (1273). En el aspecto organizativo interno moderniza las instituciones y la Administración del Reino, convoca Cortes de manera regular y aplica el derecho, las partidas, con una concepción nueva (como veremos en un momento, al estar íntimamente relacionado con su idea imperial). En las cuestiones defensivas, también innova y así refuerza la defensa de su Estado;  para ello cuida de la milicia, con un criterio que anticipa a los Maquiavelo, con un ejército profesional para que su quehacer fuera exclusivamente militar. En su idea de defensa de la cristiandad, pero con una concepción de defensa de lo conquistado, de defensa nacional, de defensa de las zonas cristianas de la antigua Mauritania romana, invadida por los musulmanes, en el “fecho de África”. Contuvo la revuelta de los mudéjares, aunque los benimerines hicieron mucho daño en tierras ya conquistadas y el reino nazarí se consolidó para mucho tiempo. Pero está concepción de defensa de fronteras es algo muy moderno para la época.
  4. Quizá el acontecimiento político más destacable de Alfonso fue su idea imperial. Alfonso X era hijo de Fernando III el santo, y de la princesa alemana Beatriz de Suabia, nieta del emperador Federico I Barbarroja. Alfonso X fue, en el transcurso de su reinado, uno de los candidatos al Imperio Germánico. El “fecho del Imperio” ocupó y preocupó al Rey Sabio durante casi veinte años, sin obtener el éxito. Pretendía Alfonso, cómo no, ganar la gloria inherente al más alto título imperial, pero también reforzar su primacía sobre la España de los “cinco reinos” que decía Menéndez Pidal y acaso reforzar sus proyectos sobre la Reconquista. Tampoco la pretensión de ser un genuino Imperator Hispaniae era tarea sencilla, incluso renunciando al título de origen leonés (la idea imperial astur, se agota con Alfonso VII, pero el ideal de universalidad permanece): conflictos con Portugal, a propósito del Algarve; otros tantos con Navarra, aunque Teobaldo II fue muy favorable a su causa; más recelos que confianza con Aragón, que también tenía una idea imperial pero ceñida al Mediterráneo; nobleza levantisca, siempre dispuesta a buscar pretextos para la rebelión… Pero lo principal para Alfonso, lo que le diferencia de otros, era la idea de Roma concebida como caput mundi. El sumun al que se podía aspirar. Alfonso contempla la idea de Imperio desde una perspectiva universal, lo que sitúa al Rey Alfonso como adelantado a su tiempo en casi un siglo.

La Monarquía nacionalizada (apelación a los visigodos, idea de Reconquista) se sustenta sobre planteamientos muy diferentes, a decir de estos autores. Y siendo cierto, no es menos cierto que Alfonso X no hubiera llegado a donde llegó sin los reyes asures de los que es sucesor y continuador hasta que impone un sistema organizativo más moderno. Con el Rey Sabio llega el Derecho romano como fundamento de la unidad jurídica del poder y la ley escrita como fiel reflejo del espíritu bajomedieval, orientado ya hacia la moderna teoría del Estado: el Rey no se limita a preservar el Derecho viejo, sino que aspira a crearlo porque “las leyes hechas de nuevo valen tanto como las primeras o más” ( Partidas I, 1, 19). Apunta así hacia la soberanía en su concepción más moderna, casi anticipándose a Bodino (ideólogo del concepto de Estado moderno). Sin embargo, como señala José Antonio Maravall, la idea imperial del Rey Alfonso se sitúa de manera más cercana —a su juicio— a la tradición española que al modelo centroeuropeo y ello porque configura el Poder en el Territorio y lo ejerce directamente sobre el Pueblo, los tres elementos clásicos del Estado como forma política. El Emperador romano-germánico no gobierna directamente sobre los súbditos, sino sobre monarcas y ciudades a él sometidos por vínculos (casi) feudales. Alfonso asume el poder sobre su territorio y población con la natural condición de imperator in regno suo al modo del auténtico Emperador de Roma y aplicando una ley políticamente absolutista, al ser el rey vicario de Dios en la Tierra. Por eso, le importa esencialmente ganar ámbitos de poder respecto de los nobles, dejar de ser un Primus inter pares para ser soberano, por eso procuró extender el Fuero Real como una suerte de ley común de régimen local en contra del “fuero bueno”, excelente pretexto para guardar privilegios, buscando aliados entre las oligarquías urbanas, no siempre leales ni agradecidas. Con buen sentido histórico, Alfonso percibió muy pronto que el verdadero enemigo del Rey/Estado no eran los declinantes poderes universales sino los pujantes poderes territoriales. De ahí que a su sucesión se revolvieran contra su criterio clérigos, burgueses y nobles que apoyaron a su hijo Sancho frente a los herederos de Fernando de la Cerda, que eran los favoritos reales. [1]

Alfonso sentó los “cimientos del Estado moderno”.  O como señala Maravall supuso el paso de la concepción feudal a la concepción corporativa de la organización del reino (…) y que supuso una verdadera transformación de conceptos básicos del pensamiento histórico y de la cultura. Entre ellos, los de territorio, pueblo, poder político, “naturaleza” (hoy diríamos nacionalidad) y derecho. En definitiva, de todos aquéllos susceptibles de ser articulados en una doctrina sistemática del orden político.

  • Los que sitúan en nacimiento de España con los Reyes Católicos.

Con los Reyes Católicos se produce un cambio sustancial de la visión de España, con ellos España volvió a formar una unidad política, y las estructuras estatales cambian radicalmente.

El matrimonio de Isabel y Fernando marca el inicio de un poder único sobre dos coronas distintas. Parten de dos situaciones calamitosas, Castilla desgastada por la guerra de sucesión a la corona que gana Isabel y Aragón arruinada económicamente. Ambos monarcas buscan reforzar el poder real a fin de superar la ruina existente, para eso buscan no era mera unidad dinástica sino un proyecto de unificación y centralización.

Como testigo de ello crean un sello, un lema y un escudo común con el Águila de San Juan como centro. Para lograrlo dotan al Estado de una serie de instituciones nuevas para mejorar la administración del reino de la manera más eficaz, no como mero pacto entre el rey y los nobles, clero o burgueses. La labor legislativa pasa a los monarcas y las Cortes, aunque se siguen reuniendo, dejan de ser un órgano de presión de la nobleza sobre la corona.

El brazo ejecutivo del reino se basa en instituciones diversas, pero bien coordinadas entre las que destaca el Consejo de Castilla dotándolo de eficacia política en detrimento del poder de los estamentos. Un consejero se ocupará de la gestión ordinaria del reino, una especie de primer ministro, otro se ocupa de la Administración de Justicia ( se crea un órgano judicial, la Audiencia), otro de Hacienda ( logra una simplificación de los impuestos). Para garantizar la seguridad de los campos se crea la Santa Hermandad, naciendo así una fuerza policial propia de la Corona, y esencial para acabar con el bandolerismo y fomentar el comercio.

Cierto es que los asuntos territoriales se dejan en manos de consejos de Castilla, Aragón, después Navarra… y más tarde Indias). Se suprimieron instituciones de carácter feudal como las “remensas” catalanas. El control local se logra con el corregidor, figura castellana que se extiende a Aragón. A su vez, con la conquista de Europa y América se extiende la figura del Virrey que era una institución aragonesa que se traslada a las provincias exteriores de la corona para ejercer la administración y gobierno en nombre del Rey.

Se logra la Unidad territorial con la toma de Granada, a la que se unirán Navarra y posteriormente, Melilla, Ceuta y las Canarias. Ceuta y Melilla en la concepción cristiana que ya tubo Alfonso X en el “fecho de África”.

Además, en una clara concepción de poder moderno, firmaron una serie de alianzas internacionales con Inglaterra y con el Imperio germánico a través de los matrimonios de sus hijos con la finalidad de defender nuestras fronteras frente a los vecinos ( sobre todo Francia). Fronteras españolas que también incluían los territorios italianos de la antigua corona de Aragón.

Todo esto bajo la dirección brillante de los reyes, sobre todo de un astuto Fernando, alabado por Maquiavelo en El Príncipe. Sin olvidar otros aspectos avanzados a su tiempo, como la defensa de los derechos humanos desde la posición más profundamente cristiana, en España y en América. En este último caso, abogando por los nativos frente a los abusos: leyes de Burgos.

Política que será insignia de los monarcas españoles posteriores.

Además de lo expuesto, cabe recordar que la Gramática de Nebrija se presentó con aprobación real en agosto de 1492. Siendo la primera gramática de la lengua castellana. Lo que contribuyó y no poco a la Unidad de España, peninsular y de ultramar.

También en 1492, además de la brillante toma de Granada, se produjeron dos acontecimientos que marcarán nuestros fantasmas futuros: la expulsión de los judíos y la creación de la Inquisición.

Nadie duda de que con los Reyes Católicos se establece España como Estado definitivo, moderno, al modo que lo harán poco después Francia, Inglaterra y otros, y convirtieron a España en un auténtico imperio y en un coloso mundial.

  • Los que sitúan el nacimiento de España en 1808.

Los que así conciben la Nación, no dejan de reconocer que el Estado es anterior, sin embargo, marcan la diferencia en el levantamiento de 1808 frente al francés y, sobre todo, mascado por la manifestación escrita en la constitución de 1812 de la Soberanía nacional.

En el fondo muchos intelectuales de los reunidos en Cádiz en 1812 creían identificar a la nación española no sólo en sus lecturas foráneas nacidas de la ilustración sino en la actitud de los españoles que se levantaron en 1808 frente a los invasores.

Los que hoy en día marcan ese acontecimiento como el nacimiento de la Nación, supeditan el concepto a la identificación de Estado y Nación con una visión actual, ahistórica o con un sentido histórico muy limitado y un cierto patriotismo constitucional.

Si dijéramos a los franceses que, con el Rey Sol, Luis XIV, por ejemplo, no había Estado, no había Nación, que la nación francesa no existió hasta la toma de la Bastilla en 1789 o en la primera constitución de 1791, que ya consagra los derechos del hombre y del ciudadano, se reirían en nuestra cara.

Sinceramente, creo que esta posición no se sostiene ni histórica ni políticamente, salvo que queramos explicar cuando nace nuestro Estado constitucional, de aplicación contemporánea. Pero ceñir la Historia del Mundo a la edad contemporánea es restringirla demasiado.

España es desde su primera concepción hasta la actualidad. Cada paso concreta la España que fuimos, somos y seremos. Cercenar algún episodio, es cercenar el todo.

BIBLIOGRAFÍA

  • DE INSUA, Pedro. “1492. España ante sus fantasmas”. Ed Ariel.2018.
  • DE INSUA, Pedro .- Conferencia en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Oviedo, fundación Gustavo Bueno. “ Alfonso X y el origen de la nación española.

https://www.youtube.com/watch?v=0fXWWVbeT1U

  • ESPARZA, José Javier.- “ Te voy a contar tu historia. La gran epopeya de España”. Ed la esfera de los libros. 2023
  • GARCÍA MORENO Luis A.” Historia de España Visigoda”. Ed.Cátedra, 1989.
  • MARAVALL, José Antonio.- “Del régimen feudal al régimen corporativo en el pensamiento de Alfonso X”. en la recopilación de Estudios de la Historia del pensamiento español.1973
  • PENDÁS GARCÍA, Benigno.- EL FECHO DEL IMPERIO (REFLEXIONES SOBRE EL CENTENARIO DE ALFONSO EL SABIO) 2020 :

https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594

  • SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio. “Estudios visigodos”. Ed. Istituto Storico Italiano per il Medio Evo, 1971.

[1]Benigno Pendás García https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594

BARCELONA, 1714.

El triste reinado de Carlos II tuvo un final aún más desgraciado por la búsqueda de un sucesor a la corona. La falta de descendencia directa de Carlos II, a pesar de sus dos matrimonios (María Luisa de Orleáns y Mariana de Neoburgo), planteó una lucha internacional por la Corona española. Tres eran los posibles sucesores. El archiduque Carlos de Austria, segundo hijo del emperador Leopoldo I y de su segunda esposa, Leonor de Neoburgo, representaba la continuidad de la dinastía de los Habsburgo y de la alianza con la corte de Viena. Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, basaba sus derechos en el matrimonio de su abuelo con la infanta María Teresa, hermana de Carlos II.  El príncipe José Fernando de Baviera, hijo del elector Maximiliano Manuel de Baviera y de María Antonia de Austria, hija a su vez del emperador Leopoldo I y de su primera esposa, la infanta española Margarita de Austria, hermana de Carlos II, era el que aseguraba el mejor equilibrio europeo.

En un primer momento el rey de Francia, Luis XIV y el de Inglaterra, Guillermo III, que a su vez era el Estatúder de Holanda, querían repartirse los diferentes territorios de la corona española. Sobre todo, a los ingleses les interesaba las provincias americanas y las rutas comerciales de ultramar.  Se firmaron dos tratados secretos entre ambos monarcas en 1698 y 1699. La esencia de ambos era el reconocimiento de uno de los candidatos como rey de España y de las Indias y la indemnización a los demás con el reparto de los dominios españoles en Europa.

Estos acuerdos se vieron truncados por dos motivos: 1) el fallecimiento del príncipe de Baviera,  y 2) Carlos II deseaba mantener la integridad de la monarquía hispana.

Así, aunque el archiduque Carlos era el preferido por muchas de las cortes europeas y también el que aparecía en primer lugar en el testamento de Carlos II, debido a la búsqueda de la integridad territorial, llevó al monarca español a modificar su testamento el 2 de octubre de 1700. Prohibió cualquier reparto de la herencia española y designó como sucesor a Felipe de Anjou, segundo hijo del Delfín Luis, a condición de que renunciase a todos sus derechos sobre el trono de Francia. Carlos II muere el 1 de noviembre de 1700.

La designación de Felipe V como monarca español provoca una guerra internacional por el deseo de Inglaterra y Holanda de impedir la unificación de las coronas de Franca y España bajo la misma persona, pues la llegada de los Borbones al trono español alteraba el equilibrio europeo establecido en la Paz de Ryswick (1697). Frente a las dos monarquías borbónicas, surgió la Gran Alianza de La Haya (1701), que coaligaba a los defensores de la candidatura del archiduque Carlos: Austria, Holanda e Inglaterra, a los que luego se unieron el rey de Portugal y el duque de Saboya. Sin embargo, la situación se modifica cuando, en 1711, Carlos de Habsburgo heredó el imperio alemán. Esta herencia, suponía la posible unión entre España, Austria y el imperio germánico, regidos todos por la catolicísima Austria que rememoraba en Europa lo que fue el gran imperio de Carlos V. Esta asociación parecía aún más peligrosa para los intereses británicos que la presencia francesa en el trono español. Por este motivo, en 1712, el gobierno inglés inició las conversaciones en la ciudad de Utrecht para firmar una paz que fue bastante favorable para sus intereses. Aún hoy sufrimos las consecuencias.

En estas circunstancias, los ingleses se desentendieron completamente de la guerra. En un primer momento Austria y Holanda intentaron continuar en solitario, pero sin la ayuda militar inglesa, sus ejércitos fueron completamente derrotados el 24 de julio de 1712 en la batalla de Denain. A eso se unió el desinterés del archiduque Carlos por el trono español, lo que dejó a sus partidarios en España huérfanos de apoyo alguno.

La guerra concluyó con la firma del Tratado de Utrecht en 1713. La paz de Rastatt supuso el fin de la guerra entre Francia y Austria, se firmó en 1714. Portugal firmó la paz con Felipe V en 1715. Carlos VI de Austria no reconoció a Felipe V hasta la Paz de Viena, en 1725. Fecha en la que renunció definitivamente al tono de España.

Lo estipulado en esos tratados se resume en lo siguiente:

  • Felipe V era reconocido por las potencias europeas como Rey de España, pero renunciaba a cualquier posible derecho a la corona francesa.
  • Los Países Bajos españoles y los territorios italianos( Nápoles y Cerdeña) pasaban a Austria.
  • El reino de Saboya se anexionó la isla de Sicilia
  • Inglaterra obtuvo Gibraltar, Menorca y el navío de permiso(derecho limitado a comerciar con las Indias españolas) y el asiento de negros (permiso para comerciar con esclavos en las Indias).

El Tratado de Utrecht marcó el inicio de la hegemonía británica en el mundo.

Internamente, la diferencia esencial entre los dos candidatos a la sucesión de la corona estribaba en el centralismo administrativo francés propugnado por Felipe V y el respeto a los fueros propios de la antigua corona de Aragón del archiduque Carlos. Esto le granjeó el apoyo de las provincias que constituían el antiguo reino de Aragón ( que viraron su apoyo, pues en un primer momento eran partidarias de los borbones).

Cuando se firman los tratados de paz, la población catalana pretendió exigir a los ingleses lo acordado en el “Pacto de Génova” – firmado en 1705 entre Inglaterra y un grupo de propietarios y nobles catalanes en el que se comprometían a apoyar al pretendiente austríaco a cambio de mantener los fueros catalanes-.

Por aquel acuerdo, en las negociaciones de paz con los ingleses, Felipe V, presionado por la reina Ana de Inglaterra, concedió un indulto general a los catalanes, pero en el mismo no se comprometió a mantener sus leyes e instituciones, ni concedió la amnistía, tal como le solicitaban los británicos. Finalmente, los ingleses aceptaron, en este punto, las posiciones de Felipe V y abandonaron Cataluña tras la firma del Tratado de Hospitalet.

Ya antes de firmar aquellos tratados de paz, Felipe V por el decreto del 29 de junio de 1707 declaraba abolidos los fueros y el sistema político de los reinos de Aragón y Valencia. Lo que supuso que, una vez pacificada la zona, los decretos de Nueva Planta modificaran las antiguas instituciones del reino de Aragón buscando la centralidad en el gobierno. Desaparecieron las Cortes de cada reino, y otras organizaciones regionales. Un reducido número de ciudades fue admitido en las Cortes de Castilla, cuya función se limitaba ya a la administración de algunos impuestos, cierto carácter presupuestario y la jura del príncipe de Asturias. Durante la ratificación de los tratados de Utrecht y Rastatt, las Cortes de Castilla, aceptaron el 10 de mayo de 1713 la Ley Sálica, origen remoto de las próximas guerras civiles: las guerras carlistas. Por otro lado, la Nueva Planta también afectó al régimen municipal. Se suspendieron las asambleas municipales, y sus autoridades desde entonces fueron designadas por el rey, extendiendo a la Corona de Aragón el sistema castellano de corregidores y de regidores vitalicios, sin embargo, para los vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses ( no existía entonces un territorio regional vasco) y Navarra, por haber apoyado a los borbones se respetaron parte de sus fueros. No olvidemos que, como parte de esos fueros, si un vizcaíno debía ser enjuiciado, su caso se juzgaría en la Chancillería Real de Valladolid.

Tradicionalmente las instituciones fundamentales de Cataluña eran conocidas como: Los “Tres Comunes de Cataluña” y que eran, la “Diputación General de Cataluña”- Generalidad-, el “Consejo de Ciento” de Barcelona y el “Brazo Militar” de Cataluña.

La Diputación General, dependiente de las Cortes, llevaba en su historia una larga sucesión de conflictos con los reyes aragoneses. No olvidemos que esta institución nació de la mano de Pedro IV de Aragón en 1362 (el Condado de Barcelona- que ocupaba la mayor parte de la actual Cataluña- se integró en la Corona de Aragón en 1162). La Diputación tenía como finalidad la creación y gestión de un impuesto que se llamaba generalidades. Especialmente bruscas fueron las relaciones con la dinastía Trastámara, en busca siempre de una autonomía de actuación que no se sometía fácilmente al mandato Real. Entre esos conflictos destaca la guerra civil catalana (1462-1472). El periodo de mayor apaciguamiento lo tuvieron bajo Fernando el católico.

El Consejo de Ciento era la institución de autogobierno municipal.

El brazo militar era la reunión de los nobles militares catalanes. Su poder se escapó siempre al de los monarcas aragoneses y españoles. José Patiño, el que fuera Secretario de Estado de Felipe V describió esta institución del siguiente modo:

“Un congreso de todos los caballeros de Cataluña que se juntaban a su arbitrio, fuera de Cortes, y en cualquier tiempo”(…) “de algunos años a esta parte, por descuido o tolerancia de los ministros, [su poder] se había hecho formidable, y se entrometía en todas las materias de estado, publicándose celadores de la observancia de sus fueros”[1]. Su influencia se imponía incluso al de la Diputación general

En 1713, ante la evacuación de las tropas aliadas los diputados de la Diputación general se resignaron a aceptar la realidad de los hechos, sin embargo, un grupo de la aristocracia catalana forzó a los diputados a convocar urgentemente, el 30 de junio de 1713, la Junta General de Brazos, la idea era continuar la guerra en nombre del archiduque Carlos y en defensa de los fueros e instituciones catalanas.

Por lo tanto, nunca se trató de una guerra de independencia como algunos quieren contar, sino de continuar la guerra de sucesión, pensando que tanto Inglaterra como Austria podrían seguir prestándoles su apoyo contra los franceses, contra Felipe V, y lograr que el archiduque Carlos se convirtiera en rey de España.

La realidad militar se iba imponiendo y las tropas borbónicas conquistaban, casi sin oposición, pueblo a pueblo, toda Cataluña. El obstáculo lo encostraron en Barcelona. Allí Manuel de Ferrer y Sitges movilizó con su discurso a los miembros de la Generalidad. Su discurso se basaba en la defensa de los privilegios catalanes de una manera tan radical que, unido a las posiciones recias de los partidarios de Felipe V, lograron que en aquellos días salieran de la ciudad de Barcelona muchos miembros de la nobleza, de la burguesía y del clero, a la vez que entraban en la ciudad los elementos antifilipistas más intransigentes, que radicalizarían aún más la resistencia.

La resistencia militar catalana se sometió al mando del general “austracista” Antonio Villarroel, un militar experimentado, que tuvo que conducir las operaciones con la constante intromisión de la Diputación y del Consejo de Ciento, que hacían y deshacían a sus anchas.

La lucha fue muy dura entre el ejército de Felipe V, de un lado, y las tropas pro-austriacos unidas a las partidas armadas catalanistas, de otro. No se respetaba a nadie, ni ancianos, ni mujeres, ni niños.

La Diputación y el Consejo de Cientos intentaron movilizar a los pueblos en contra de Felipe V y aligerar así el cerco sobre Barcelona. Pero nada consiguieron. Sólo a principios de 1714, la imposición de un subsidio para el mantenimiento de las tropas borbónicas produjo un alzamiento general en diversas comarcas catalanas, movimiento que no tuvo ninguna conexión con Barcelona y que fue rápidamente sofocado. Durante los primeros meses de 1714, las fuerzas borbónicas disminuyeron en número alrededor de Barcelona lo que permitió introducir en la ciudad víveres y refuerzos enviados desde Mallorca e Ibiza, que permanecían leales al archiduque.

En julio de 1714, las tropas felipistas se encontraban bajo el mando del duque de Berwick.  Todos los hombres barceloneses mayores de 14 años fueron llamados a la defensa, en la que participaron incluso sacerdotes y mujeres.

El 12 y 13 de agosto, Berwick, tras intentar varios asaltos infructuosos a la ciudad, se olvidó de medidas “débiles” y optó por bombardear la ciudad. Tras la paz de Rastatt , 7 de septiembre de 1714, los borbónicos trataron de llegar a un acuerdo para la rendición de la ciudad, que fue rechazado por la Junta de Gobierno, formada por representantes de los tres comunes, esperanzados por culpa del lenguaje ambiguo de los ingleses y del emperador Carlos que parecían indicar que auxiliarían a los cercados. Tales ayudas nunca se materializaron, al contrario, la posición de ambos países más bien buscaba la desestabilización hispano-francesa, que una ayuda real a los catalanes. A esta resistencia se opusieron Rafael Casanova, conseller en cap de la ciudad- nada que ver con lo que se intenta representar hoy con esa denominación. El conseller en cap era el principal representante del Consejo de Cientos-, y del general Villarroel. Este último dimitió al considerar inútil la defensa. Esta renuncia hizo que se nombrara a la Virgen de la Merced como generalísimo de las fuerzas resistentes.

En la madrugada del 11 de septiembre se produjo el asalto final de los felipistas. Villarroel reasumió el mando de las tropas y pidió a Casanova que condujera la Coronela ( así se llamaba la milicia local de Barcelona) hasta el baluarte de Sant Pere, al objeto de rechazar al enemigo. Fue allí, enarbolando el estandarte de santa Eulalia, la patrona de la ciudad, donde Casanova recibió un disparo en el muslo y tuvo que ser evacuado. Villarroel, por su parte, dirigió la defensa en torno a la plaza del Born, donde resultó herido. El combate continuó todavía en el interior de la ciudad, antes de que Villarroel pidiera el alto el fuego hacia las 2 de la tarde.

El Consejo de Ciento con Casanova al frente publicó todavía un bando para pedir un último esfuerzo a los defensores, “a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”.

No hace falta realizar un análisis de texto muy concienzudo para darse cuenta de que su rey era el archiduque Carlos- es decir, no pedían una república catalana, como algunos nos quieren hacer creer-, y su lucha era por la “libertad de toda España”, vamos que aquellos catalanes se sentían muy españoles.

Pero cualquier resistencia era ya inútil porque las tropas borbónicas estaban dentro de la ciudad y no cabía más opción que capitular. Berwick prometió a los defensores que se respetarían sus vidas y no habría pillaje. Al día siguiente, las tropas de Felipe V entraban en una ciudad medio destruida.

Casanova obtuvo el perdón real, al igual que la mayoría de dirigentes políticos catalanes, y volvió a ejercer la abogacía hasta poco antes de su muerte.

Su figura se ha convertido en un icono del catalanismo, en una de tantas tergiversaciones de la historiografía nacionalista de finales del siglo XIX, y no digamos la actual. La verdad es que Casanova siempre se comportó como un austracista. El historiador Joaquín Coll, asegura que esa parte de la historiografía nacionalista dibujan “un relato falso de una guerra de Cataluña contra España, de ocupación, de represión”.

Tras la caída de Barcelona, las tropas reales ocupan Mallorca en 1715, con todo, la caída de la Ciudad Condal marca clamorosamente el fin de los deseos austracistas y como señaló Voltaire fue “la última llama del incendio que devastó durante tanto tiempo la parte más bella de Europa, por el testamento de Carlos II, rey de España”.

BIBLIOGRAFÍA

KAMEN, Henry. “ La guerra de sucesión en España 1700-1715”. Ed Grijalbo.1974

MARTÍ FRAGA, EDUARD: “La Conferencia de los Tres Comunes (1697-1714). Una institución decisiva en la política catalana”. Ed. Milenio. 2008.

SAEZ ABAD, Rubén. “Asedio de Barcelona 1714,El. Guerra de Sucesión Española en Cataluña (GUERREROS Y BATALLAS)”. Ed. Almena.2014.

Joaquim Coll: «El mito del 11 de septiembre de 1714 y de la Guerra de Sucesión». El Debate.

[1] MARTÍ FRAGA, EDUARD: La Conferencia de los Tres Comunes (1697-1714). Una institución decisiva en la política catalana. Ed. Milenio. 2008

ENTRE MOSAICOS

Como todos los años, en torno al 24 de septiembre, una entrada sobre arte.

Una de las formas más antiguas de manifestación artística es el mosaico.

La palabra mosaico proviene etimológicamente de la palabra griega “musa”.  Según la RAE el mosaico es: (dicho de una obra, en especial artística) “taraceada de piedras o vidrios, generalmente de varios colores”.

En la antigüedad, el término que se utilizaba para identificarlo provenía de opus musivum. 

Cronológicamente, el arte del mosaico se conoce desde hace miles de años, pero no de manera lineal en el tiempo: fue muy utilizado durante algunos periodos históricos y en otros apenas aflora. Los primeros mosaicos conocidos fueron hallados en un templo mesopotámico – en el templo de Uruk (la actual ciudad iraquí de Warka), construido entre el 3800-3400 a.C.)- https://www.facebook.com/lasayamusivo/posts/3404848149549146/ -.Compuestos por marfil, conchas y piedras, estas piezas decorativas y abstractas sentaron las bases de los mosaicos realizados miles de años después en la antigua Grecia y el Imperio romano.

Sin embargo, entre Mesopotamia y Roma las diferencias técnicas son notables. Los mesopotámicos realizaban la composición temática a base de dibujos geométricos, y para darle forma utilizaban una especie de conos de cerámica de base cuadrada que se teñían, con carácter general, de los colores rojo, negro y el propio color de la arcilla. Los conos, de unos 12 centímetros de longitud, eran incrustados en las capas de mortero que revestían muros y suelos, para mostrar, exclusivamente, los cuadrados de la parte final de tales cilindros cerámicos.

Además, los mesopotámicos utilizaron también ladrillos esmaltados y vidriados como ocurre en la famosa Puerta de Ishtar. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/puerta-ishtar-secretos-monumental-entrada-a-babilonia_18645

En aquella zona, también los sumerios adornaban paredes y columnas con trocitos de arcilla de colores.

Pero el impulso al arte del mosaico lo dieron los griegos. En la Grecia Clásica, los mosaicos se emplearon en los pavimentos. Utilizaban piedras de río de diferentes tamaños y colores, con los que producir motivos geométricos. Ejemplos de ellos existen en Macedonia en la ciudad de Pella. Normalmente, el fondo que utilizaban era de color oscuro y se realzaba el dibujo en tonos claros. En ocasiones, los dibujos se bordeaban de plomo o cerámica para hacerlos destacar (https://www.shutterstock.com/es/image-photo/buildings-mosaics-pella-native-town-alexander-1403730806 )

El gran cambio y desarrollo aconteció durante el periodo helenístico. Los griegos, al igual que ocurrió posteriormente con los romanos, optaron por realizar unos dibujos en tela o papiro que servían de patrón para colocar las piezas de colores, de manera que el mosaico era el lítico y colorido de aquel patrón que emergía, cubito a cubito, cuadradito a cuadradito, a modo de puzle.

Cuando los romanos conquistaron Grecia y Asia en el siglo II a de C, los mosaicos eran algo común en todo el mundo de habla griega, desde allí paso a Roma llegando por el sur de la península. Los romanos lo utilizaron con profusión, siendo especialmente destacados los de Pompeya, que son los más antiguos de Italia. Se inician como forma de adorno de las casas y también de los templos que no tenían una gran riqueza constructiva y se adornan con pinturas murales y mosaicos. En ambos, casa y templos, la temática de la vida cotidiana, temas mitológicos o de animales era habitual. Se caracterizan por una gran variedad cromática, precisión, detallismo, expresividad de las figuras y un dibujo muy realista con escorzos y perspectivas más complicadas que las del mundo antiguo. Además de las paredes y suelos de las casas se produce también el adorno de las calles.

Aquellas pequeñas piezas cúbicas que usaban los griegos, de arcilla, de piedra o de cristal, los romanos las llamaron teselas. La palabra tesela viene del latín tessellae, que a su vez viene del griego y significa, cuatro. Las teselas eran de diferentes tamaños y colores (en ocasiones coloreadas para modificar el color original y adaptarlas al dibujo) y el artista las encajaba, de acuerdo con el dibujo previo, y las aglomeraba con algún tipo de masa pegajosa. El pulimento final se hacía con una mezcla de piedra pómez, polvo de esmeril, arena y agua. Con lo que se eliminaba el exceso de argamasa y las teselas adquirían brillo. Esta técnica fue la conocida como opus tessellatum y en ella lo habitual era la mezcla de piedra, vidrio y cerámica.

En cuanto a la temática, además de la ya expuesta con anterioridad, destaca la temática egipcia, en la que se incluía flora y fauna propia del rio Nilo.

Sobresale el magnífico ejemplar “Paisaje del Nilo” de Palestrina. Representa al río Nilo en su curso desde Etiopía hasta el Mediterráneo. Mide 5,85 m de ancho y 4,31 m de alto y permite asomarse a la fascinación que sentían los romanos por el exotismo de Egipto en el siglo I a. de C. http://www.elsindromedestendhal.com/mosaico-del-nilo-de-palestrina/

Pompeya quedó sepultada por la erupción del Vesubio en agosto del año 79 d. C. En 1550 se encontró la ciudad sepultada y hasta 150 años después no se iniciaron las excavaciones. Ahí se han desenterrado casas, templos, calles intactas, con sus pinturas, murales y mosaicos conservados bajo la lava. En 1997, fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

Entre los muchos mosaicos que se conservan de la aquella época, especialmente conocidos son los mosaicos de la fauna marina: https://www.pinterest.es/pin/6685099432333647/

O el mosaico de la batalla de Issos, representando a Alejandro en plena batalla contra los persas de Darío III, quizá el mosaico más conocido de Pompeya: https://lacamaradelarte.com/obra/mosaico-de-la-batalla-de-issos/

Las conquistas romanas llevan su arte allí donde se trasladaban sus soldados y guarniciones. Poco a poco se incrementó la demanda de mosaicos y de los artesanos que los realizaban. El intercambio cultural permitió la utilización de nuevas técnicas, que enriquecieron este tipo de arte.

Las basílicas cristianas de finales del siglo IV se adornan en paredes y techos de mosaicos. De las basílicas orientales quedan restos de los mosaicos de las Iglesias de Santa Constanza y Santa Pudenciana. También se conservan restos de los mosaicos de la Iglesia de la Natividad en la ciudad de Belén.

Desde el siglo IV y hasta el Renacimiento, destacan los mosaicos de las basílicas cristianas de toda Italia (Sicilia, Venecia y, sobre todo, Roma), por ejemplo, en Roma, los de Santa María Maggiore o en el ábside de la basílica de Santa Sabina. Como es evidente, la figuración de estos mosaicos representa a santos y escenas bíblicas. https://www.vatican.va/various/basiliche/sm_maggiore/sp/storia/interno.htm

Será en el Imperio Bizantino (siglo V y VI), donde el mosaico se convirtió en una manifestación artística muy especializada.  En Santa Sofía en Constantinopla; en la Iglesia de la Madre de Dios en Jerusalén… Aunque, posiblemente, el mosaico más destacado de este imperio fuera el Mapa de Madaba, realizado como piso de la Iglesia de San Jorge en Madaba- Jordania (es un mapa cartográfico de la zona de Líbano hasta el Delta del río Nilo y desde el mediterráneo en el oeste hasta el Desierto en el este. En el centro del mapa, la descripción topográfica de Jerusalén).

Las Iglesias recubren sus paredes con magníficos ejemplares. Importantes son los mosaicos de San Vital (Ravena) del siglo VI, que constituye la Edad de Oro del Imperio Bizantino. En ellos, sobre fondos planos, se nos presentan figuras bidimensionales marcadas por el hieratismo, la frontalidad y la isocefalia. Con pequeñas plantas marcando el fondo y con profusión de dorados. https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/san-vital-de-ravena/

Por pura curiosidad, podemos invitar a los lectores a visitar en Madrid, en la calle Alcalá, la Iglesia de San Manuel y San Benito, cuya construcción, como monumento de inspiración bizantina y profusamente adornado de mosaicos imitando a los de San vital. https://guias-viajar.com/madrid/capital/iglesia-san-manuel-san-benito/

A lo largo de la Historia, el arte del mosaico sería practicado por culturas diversas por ejemplo la islámica, especialmente en los siglos VII y VIII, a menudo representan formas geométricas, de vivos colores y carácter meramente ornamental tanto en el interior como en las fachadas de los edificios.

Durante la Edad Media, los mosaicos también se hicieron populares en el imperio zarista, en la catedral de Kiev, a imitación de Santa Sofía de Constantinopla se adornaron con mosaicos importantes zonas del interior de la iglesia, sobre todo en la cúpula y el ábside.

https://www.alamy.es/11th-century-mosaicos-bizantinos-en-la-catedral-de-santa-sofia-en-kiev-ucrania-image210702093.html

Asimismo, encontramos mosaicos destacados en Israel, Persia y sur de Arabia, entre otros.

Cuando los españoles llegan a América descubren que también los aztecas realizan mosaicos, empleando piedras preciosas para crear dibujos cubriendo objetos ceremoniales

En Europa, en el Renacimiento y el Barroco, se recuperaría también el mosaico como forma gráfica de arte, unido al impulso de la pintura, pero en menor medida que esta. Cabe destacar el arte transalpino sobre todo en el Imperio carolingio. La capilla palatina de Aquisgrán es un ejemplo de lo que decimos. También cabe destacar el ábside del oratorio de Germigny-des-Prés.

Destaca, asimismo, la Creación del mundo de la Cúpula de la capilla Chigi (o Santa María de Loreto) en Santa María del Popolo de Roma, trabajo de Rafael.  https://es.123rf.com/photo_78120934_mosaico-de-dios-el-padre-en-la-parte-superior-de-la-c%C3%BApula-en-la-capilla-de-chigi-por-luigi-de-pace.html

A finales del Siglo XIX en Venecia resurgió de nuevo este arte para adornar los palacios venecianos y a principios del siglo XX los mosaicos recuperaron su popularidad, fruto de un creciente interés por las artes decorativas.

El Art Nouveau o Art déco utilizó los mosaicos como forma elevada de decoración y, tanto artistas como arquitectos los integraron en sus obras. En Venecia, Viena, París o Barcelona hay algunos ejemplos destacados. En España se popularizó en el modernismo catalán y más en concreto gracias a Antonio Gaudí quien cubrió edificios de mosaico, abriendo camino a muchos otros musivarios. La técnica favorita en esta época de la historia es el trencadís (término catalán que podría traducirse como troceado o “picadillo”) un tipo de aplicación ornamental del mosaico a partir de fragmentos cerámicos y vidrio unidos con argamasa.

Ejemplos de los que decimos son:

El Palacio de Barbarigo (Venecia): la fachada del palacio fue adornada con cerámica y, sobre todo, cristal de Murano.  Representa a Carlos V y a Enrique III.

https://www.venecisima.com/post/el-palacio-de-los-mosaicos-palazzo-barbarigo-en-el-gran-canal

La Basílica del Sacré Coeur (París). Donde destaca el ábside. Representa a Cristo en Majestad y El Sagrado Corazón adorado por la Virgen María, Juana de Arco y San Miguel Arcángel. https://www.alamy.es/mosaicos-en-la-basilica-del-sacre-coeur-en-paris-con-los-nombres-de-los-ciudadanos-franceses-que-financiaron-la-construccion-del-sacre-coeur-bajo-columnas-image350712876.html

Parque Güell de Barcelona de Gaudí.

https://www.barcelona-tourist-guide.com/es/gaudi/park-guell.html

Para finalizar señalaremos que son muchos los mosaicos contemporáneos que llaman la atención: la cúpula del valle de los Caídos en Madrid obra de Santiago Padrós, uno de nuestros más importantes artistas del mosaico y autor de numerosas obras de este estilos;  Mater Eccesiae de la plaza de San Pedro del Vaticano, inaugurado bajo el pontificado de Juan Pablo II en 1981;  las cuatro estaciones de Chicago realizado por Marc Chagall  e inaugurado en 1974; la cara diseñada de Roy Lichtenstein y que se encuentra en el barrio de la Barceloneta en Barcelona (encargada para los Juegos Olímpicos celebrados en la ciudad española en 1992), o el Puente del dragón en Alcalá de Guadaira (Sevilla), inaugurado en 2007, realizado bajo la dirección de los ingenieros José Luis Manzanares e Íñigo Barahona. Se utilizó la técnica del trencandís para su decoración y es uno de los pocos puentes figurativos de Europa. Resulta realmente original. https://www.turismoalcaladeguadaira.es/es/guia-turistica/lugares-de-interes/puente-del-dragon

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BAGNALL, R. -The Encyclopedia of Ancient History.  ED.Wiley-Blackwell, 2012.

AZNAR ALMAZÁN y López Díaz, J.- Introducción a la historia del Arte. Ed Ramón Areces Universidad. 2014

CUANDO GRAN BRETAÑA SALVÓ AL MUNDO

Dedicado a mi amiga Cristina T. Gran lectora de este blog, y tan partidaria de los británicos como yo.

Hoy no vamos a contar toda la participación británica en la Segunda Guerra Mundial ( IIGM) pero sí vamos a contar los inicios de aquella guerra en la que la resistencia de los británicos salvó a Europa, y al mundo, de caer en manos de Hitler. Es verdad que la versión británica de estos hechos es de exaltación nacional algo exagerada; no podemos olvidar, en este sentido, que uno de los alicientes de la propaganda alemana durante aquel periodo de algo más de año y medio desde la caída de Francia a la entrada en la guerra de los norteamericanos, era afirmar que los ingleses eran grandes expertos en evacuaciones, es decir, en retiradas, desde Dunquerque, con la operación Dinamo; a Grecia, Creta, Dakar, o Tobruk… Pero no es menos cierto que con la rápida caída de Francia- el 16 de junio de 1940-, cuando ni siquiera los alemanes esperaban su débil resistencia, y el posicionamiento de la Francia de Vichy (supuestamente neutral y realmente colaboracionista con Alemania), media Europa se convirtió en una posesión alemana a finales de junio de 1940: Dinamarca, Noruega, los Países Bajos, Bélgica y Francia habían sido sometidas, sin olvidar la situación previa en Checoslovaquia y Polonia.

En esta situación nos encontramos con dos perspectivas: Primero, la alemana, que consideraba que la guerra ya estaba ganada y que Gran Bretaña se avendría rápidamente a un acuerdo ante la imposibilidad de aguantar, por su propio aislamiento y debilidad, ante lo que los alemanes consideraban un ejército muy superior, el alemán. Motivo por el cual Hitler decidió en un primer momento no atacar a Inglaterra, esperando la llegada de ese acuerdo. Y, por otro lado, la perspectiva británica y, sobre todo, la de Churchill, que estribaba en no rendirse jamás.

Si los británicos tienen alguna virtud esa es su sentido práctico y el amor patriótico hacia su país. Esa confianza en sí mismos como nación soberana y libre ha forjado lo que son, sin ningún complejo- ya podríamos aprender-, y fraguó aquella defensa. Defensa que no cabe menospreciar porque gracias a su resistencia, las democracias occidentales sobrevivieron.

Es verdad que algunos acontecimientos les ayudaron, por ejemplo: que Franco no permitiera a los alemanes instalarse en Canarias, tras la famosa entrevista de Hendaya ( el 23 de octubre de 1940) impidió, también, que Hitler se hiciera con la costa atlántica del Magreb. Si los alemanes hubieran dominado el mediterráneo occidental las bases británicas en Gibraltar y Malta hubieran estado en serio peligro y su derrota hubiera sido mucho más probable. Es verdad que, en comparación con otros países, Gran Bretaña tenía una poderosa industria, tan fuerte como la alemana, y tenía un imperio detrás que le apoyaba. No es menos cierto que contaban con el espíritu intrépido, valeroso y la visión patriótica e irreductible de su primer ministro,   Winston Churchill, quien, en contraste con la calamidad de Chamberlain,  supo dar brío, valor e insuflar ánimos a su país, y la inteligencia de explotar el ingenio científico y de gestión de algunos de sus mejores profesores y políticos al servicio de la defensa del Reino Unido. Tenía el apoyo indirecto, primero, de los Estados Unidos; tenía la sangre fría y aguante de la población británica, y tenía un sentido de la libertad y de la realidad que permitió la supervivencia británica hasta que los errores alemanes (invasión de Rusia) y la entrada de los americanos en la guerra vinieron a su rescate.

En esta entrada nos centraremos en la defensa de las islas.

Suele ser emblemático, para expresar esa defensa ceñirse a la llamada Batalla de Inglaterra, pero nosotros nos extenderemos un poco más.

Oficialmente, la batalla de Inglaterra transcurrió entre el 10 de julio y el 31 de octubre de 1940, entendiendo ese carácter oficial desde el punto de vista británico, ya que para los alemanes no hubo tal “batalla de Inglaterra”, solo una continuación y una intensificación de la guerra aérea que se libraba contra las islas británicas desde los primeros ataques en octubre de 1939. El término nació durante el verano de 1940, tras la caída de Francia, cuando Winston Churchill afirmó que “la batalla de Francia ha terminado, considero que la batalla de Inglaterra está a punto de comenzar”. En 1941, el Ministerio del Aire publicó un folleto informativo para el público titulado La batalla de Inglaterra, en el que se explicaba que esta había empezado el 8 de agosto y terminado el 31 de octubre de 1940, pero en realidad se trataba de fechas muy arbitrarias.[1]

Churchill, convencido de que la invasión sería una realidad no muy lejana, tenía en mente cuatro aspectos esenciales para evitarla: 1) Potenciar todos los avances técnico-científicos que permitieran a los ingleses tener armas más modernas y eficaces que los alemanes. 2) Incrementar la producción aeronáutica y formar a nuevos pilotos, 3) Establecer nuevas y más poderosas defensas en las islas. 4) El último, pero no el menos importante, implicar a los americanos en la guerra.

La inicial preocupación de Churchill ante la caída de Francia (aunque el primer ministro británico intentó por todos los medios convencer a su colega francés de que aguantase, éste decidió rendirse casi sin oponer resistencia) era qué pasaría con la flota francesa: si engrosaría la armada alemana o no. Churchill sabía que la capacidad de la Royal Navy era superior a la de la armada alemana, pero no podría hacer frente a la defensa de las islas si se unían los barcos alemanes con los franceses.

Su primera acción fue intentar convencer a los franceses para que cedieran su armada a los británicos. Pero como esto no acababa de decidirse, Churchill tomó la determinación de bombardear y hundir la armada francesa situada en el norte de áfrica, en Mazalquivir.

Hitler, por su parte y como ya indicamos, pretendía llegar a un acuerdo con los ingleses. No entendía que se pudieran resistir ante un ofrecimiento que él considerable muy favorable para una nación- la británica- que estaba en clara desventaja frente a los alemanes y que sería fácilmente derrotada. Durante mucho tiempo entendió que la resistencia inglesa era un farol, hasta que llegó a la conclusión de que con Churchill al frente del país, Gran Bretaña no se rendiría.

Churchill ya lo había evidenciado en sus tres discursos más famosos durante la batalla de Francia: 1) El producido el 13 de mayo de 1940, famoso por esta frase: “No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. 2) El conocido como “Lucharemos en las playas” pronunciado en la Cámara de los comunes el 4 de junio de 1940. 3)  En el que manifestó: “Por lo tanto, preparémonos para cumplir con nuestros deberes, y comportémonos de tal manera que, si el Imperio Británico y su Commonwealth duran mil años, los hombres aún dirán: “Esta fue su hora más gloriosa””, del 18 de junio.

Como la rendición británica no llegaba, el 16 de julio de 1940, Hitler ordenó iniciar los preparativos para invadir Inglaterra en lo que se bautizó como Operación León Marino. Hitler estipuló que la expedición estaría lista a mediados de agosto. Sin embargo, el ejército alemán no estaba preparado para tal empresa. El Estado Mayor no lo había contemplado, las tropas no habían recibido entrenamiento para las operaciones de desembarco y no se había hecho nada para construir lanchas de desembarco para ese propósito. Todo lo que se pudo intentar fue un esfuerzo apresurado para recoger barcos, traer barcazas de Alemania y los Países Bajos y dar a las tropas algo de práctica en el embarque y desembarque. Los generales alemanes estaban muy preocupados por los riesgos que correrían sus fuerzas al cruzar el mar, y los almirantes alemanes estaban aún más asustados por lo que sucedería cuando la Royal Navy apareciera en escena. Por lo que sugirieron un plan alternativo en el que la Luftwaffe corriera con un desgaste de las islas y, sobre todo, acabara con la Royal Air Force ( RAF) -Fuerza Aérea británica-.

El mariscal del aire Hermann Göring expresó su absoluta confianza en que sus aviones alemanes podrían controlar la interferencia naval británica y también expulsar a la RAF del cielo. Así pues, se acordó que Göring intentara una ofensiva aérea preliminar, que no comprometía al resto de servicios en nada definitivo. La idea dominante era que la Luftwaffe era muy superior en número y pericia a la RAF.

Los primeros ataques alemanes se lanzaron el 10 de julio contra los convoyes y puertos británicos- a estos ataques se les denominó Blitz ( relámpago en alemán)-.  Aunque la gran ofensiva se produjo el 13 de agosto —llamada Adlerangriff (“Ataque del Águila”)—, contra bases aéreas, pero también contra fábricas de aviones y contra estaciones de radar en el sureste de Inglaterra. Aunque los objetivos y las tácticas se cambiaron en diferentes fases, el objetivo subyacente siempre fue conminar a la rendición de la nación. De hecho, Hitler dio orden de no bombardear Londres en aquel momento, quería la rendición inglesa, pero llegando a un acuerdo entre ambos países. De lo contrario, la reacción británica también desgastaría a Alemania y Hitler, lo que quería y estaba convencido de lograr era rápida victoria.

Los ingleses además de reforzar su defensa nacional con las tradicionales baterías antiaéreas ( Mary, la hija de Churchill dirigió una de ellas, la sita en Hyde Park), y globos aerostáticos que dificultaran la visibilidad a los bombarderos alemanes, creó lo que se llamó en inglés Fighter Command (“Mando de Cazas”). Hasta 1940 existió la predilección cultural de la (RAF) por el ataque antes que por la defensa. Pero, en aquella guerra se demostró que la defensa aérea podía ser un elemento inapelable y esencial. El Fighter Command se dividió en cuatro grupos, que se repartían la defensa del país. Los más presionados durante la Batalla de Inglaterra fueron el Grupo Número 11, que defendía el sureste de Inglaterra y Londres; y el Grupo Número 12, que defiende Midlands y Gales.

El ataque alemán se organizó con una disposición en forma de arco que rodeaba las islas británicas desde Noruega hasta la península de Cherburgo en la costa norte de Francia.

Los ingleses encontraron en dos grupos de personas, de la máxima confianza de Churchill y de gran prestigio, el apoyo fundamental para que su defensa tuviera éxito: de un lado, el sector científico, representado por los profesores Lindemann y Jones- este último especialista en inteligencia de la aviación y que dio un vuelco a la guerra al modernizar las comunicaciones por radio. Descubrió que los alemanes se orientaban por unos haces de radio que les permitían atacar por las noches, y con el tiempo logró inutilizarlos. Lindemmann consiguió crear diversos ingenios que mejoraron los aviones de la RAF, así como las bombas utilizadas por los británicos. Fue el único que consideró que la RAF no estaba en una inferioridad de 4-1 frente a los alemanes sino en una proporción mucho más cercana a la igualdad de fuerzas, y tenía razón. Sin embargo, en aquellos momentos, la propaganda alemana fue más creíble, lo que, a la larga, perjudicó de los propios alemanes. Si la RAF no se hubiera creído en inferioridad es posible que no hubiera luchado con tanta precisión, apremio e instinto de superación.

Para ello también fue muy importante el segundo grupo, realmente unipersonal, el formado por William Maxwell Aitken, primer barón de Beaverbrook , generalmente conocido como Lord Beaverbrook , fue un editor de periódicos, nacido en Canadá. Director del Daily Express y dueño de medios y diversos negocios, se hizo millonario a los 30 años. Cuando sus negocios necesitaban expansión se trasladó a la metrópoli, a Londres. Íntimo amigo de Churchill y dotado de una gran capacidad de organización fue nombrado ministro de Producción Aeronáutica. Desempeñó un papel importante en la movilización de recursos industriales para lograr la mayor producción de aviones del momento. Con un sistema de trabajo cuasi despótico, fue muy criticado, especialmente por el ministro de Defensa con el que tuvo múltiples desacuerdos. Sin embargo, el Mariscal en Jefe del Aire, Sir Hugh Dowding,  Jefe del Comando de Combate durante la Batalla de Inglaterra, escribió que «Teníamos la organización, teníamos los hombres, teníamos el espíritu que podía traernos la victoria en el aire, pero no teníamos el suministro de máquinas necesarias para resistir el drenaje de la batalla continua. Lord Beaverbrook nos dio esas máquinas, y no creo que exagere cuando digo que ningún otro hombre en Inglaterra podría haberlo hecho «. 

Entre todos ellos y sus equipos de trabajo y el sistema de espías británico que alcanzaron a descifrar los códigos alemanes, lograron, de un lado, aumentar y mantener la flota aérea británica, para asombro de los ases de la aviación alemana, como Adolf Galland. De otro lado, modernizar los aviones con nuevos e importantes ingenios.

Güering desesperado comprobaba día a día que su táctica no rendía a los ingleses. Por eso, Hitler decidió que, además de bombardear sitios estratégicos, bombardearan las ciudades, a la población civil.

Los bombardeos empezaron por un ataque, digamos que accidental, a Londres, que encontró la respuesta de la RAF contra Berlín y determinó el primer bombardeo importante sobre objetivos civiles en Londres el 7 de septiembre de 1940.

Entre el 7 de septiembre de 1940 y el 21 de mayo de 1941, dieciséis ciudades británicas fueron agredidas con más de 100 toneladas de explosivos- Londres fue bombardeada en 71 ocasiones- y , entre ellos, destaca el significativamente dañino bombardeo a Coventry, en la noche del 14 al 15 de noviembre de 1940. Allí, aproximadamente quinientos bombarderos alemanes atacaron la ciudad industrial, una de las que más surtía a la RAF. Los bombarderos descargaron ciento cincuenta mil bombas incendiarias y más de quinientas toneladas de explosivos. El ataque aéreo destruyó gran parte del centro de la ciudad, incluyendo doce fábricas de armamentos y la histórica catedral de San Miguel. Murieron más de 550 personas y varios miles resultaron heridos . El bombardeo de Coventry vino a simbolizar, para Gran Bretaña, la crueldad de la guerra aérea moderna. Aunque quizá el bombardeo más cruel lo sufrió Londres la noche del 10 de mayo de 1941. En el conjunto de los bombardeos sobre Londres murieron 29.000 personas y 28.556 resultaron heridas. En todo el Reino Unido,  murieron, por los ataques aéreos alemanes, 44.652 civiles y 52.370 personas resultaron heridas.

El discurrir de esos ataques sigue un patrón relativamente estandarizado.

La RAF consiguió mantener a raya a la Luftwaffe en los ataques durante el día.

El sistema británico de alerta temprana por radar, llamado Chain Home, era el sistema más avanzado y adaptado operativamente del mundo. Incluso mientras sufría los frecuentes ataques de la Luftwaffe, impidió en gran medida que las formaciones de bombarderos alemanes atacaran por sorpresa.

Los británicos se encontraron luchando con la ventaja inesperada de un equipo superior. Los bombarderos alemanes (en su mayoría aviones bimotor con armas ligeras) carecían de la capacidad de carga de bombas para asestar golpes permanentemente devastadores, y también demostraron, a la luz del día, ser fácilmente vulnerables a los combatientes británicos. El bombardero en picado Junkers Ju 87 «Stuka» era aún más vulnerable a ser derribado, y su principal caza, el Messerschmitt Bf 109, solo podía proporcionar una breve cobertura de largo alcance para los bombarderos, ya que estaba operando al límite de su rango de vuelo. Esta limitación en la capacidad de almacenaje y de combustible fue uno de los grandes problemas con que se encontró la Luftwaffe. A fines de agosto, los alemanes habían perdido más de 600 aviones y la RAF solo 260. Sin embargo, algunos sectores del Fighter Command, especialmente el número 11, estaba perdiendo muchos cazas que tanto necesitaban y pilotos experimentados a un ritmo demasiado alto para sostenerse.

Dado que no conseguían grandes éxitos por el día, los alemanes decidieron atacar durante las noches, especialmente las de luna llena, pero no necesariamente. Sus haces de radio los orientaban en la oscuridad ante la desesperación británica. Su forma de ataque consistía en lanzar bombas incendiarias que, por el fuego desatado, iluminaban las ciudades y acto seguido bombardeaban la ciudad. En las noches cerradas, la RAF no tenía la capacidad necesaria para responder y contraatacar.

Con el tiempo, los ingleses lograron desviar esos haces de radio hacia sitios mucho más inofensivos, confundiendo a los alemanes. Además de la tecnología inglesa, lo que permitió a Gran Bretaña tomar cierto alivio fue el hecho de luchar contra un enemigo que no tenía un plan de acción sistemático o consistente.

De hecho, la fecha prevista por los alemanes para la invasión, se modificó varias veces durante el verano; el 12 de octubre, Hitler anunció que la operación se suspendía durante el invierno, y mucho antes de la llegada de la primavera decidió girar hacia el Este contra Rusia. Se descartaron definitivamente los planes de invasión; la campaña contra Gran Bretaña se convirtió en adelante en un simple bloqueo de sus accesos marítimos, realizado principalmente por submarinos y solo complementado por la Luftwaffe.

De hecho, después de estos acontecimientos se redujeron notablemente los ataques aéreos sobre Gran bretaña. Así en mayo de 1941, los ataques alemanes mataron a 5.612 civiles. En junio, fueron 410 muertos, en agosto, 162 y en diciembre, 37.

La presión que los bombardeos alemanes habían ejercido sobre la defensa de la RAF, que era la defensa de Gran Bretaña, llevó a Churchill a declarar  ante el Parlamento el 20 de agosto: “Nunca, en el campo de los conflictos humanos, tantos le debieron tanto a tan pocos”.

El gran error de Hitler fue la invasión de la URSS. Churchill había sido el mayor enemigo de los comunistas, pero en ese momento estableció con ellos una alianza contra natura, aunque probablemente inevitable, arriesgándose a que Europa terminase cayendo en manos soviéticas. Riesgo lejano por el momento,  pues las victorias iniciales de la Wehrmacht ( fuerzas armadas nazis) hicieron creer a Londres que la URSS no duraría mucho más que Francia. Pero los soviéticos resistieron, y allí encontró la Alemania nacionalsocialista su destino final.

Desde el primer día de guerra Churchill comprendió que el futuro de Gran Bretaña estaría ligado a la entrada en la guerra de los norteamericanos. Por eso, todo lo explicado hasta aquí quedaría cojo si no entendiéramos la desenfrenada y desesperada actividad de Churchill para lograr la presencia norteamericana en la guerra. En todo momento buscó acercar a Roosevelt a su terreno: sufrió cuando creía que había alguna posibilidad de que Roosevelt perdiera la reelección frente a un pacifista Willkie; celebró la victoria del norteamericano para un nuevo mandato como si hubiera ganado él; abrazó con entusiasmo el envío que los americanos hicieron de una serie de viejos destructores, que los ingleses utilizaron para apoyo de su flota; logró que los americanos mandaran a representantes directos del presidente, además de sus embajadores, a conocer la situación real de Gran Bretaña, siendo estos: Harry Hopkins y Averell Harriman, con los que Churchill entablo amistad ( el último, incluso, pasados los años, acabó casándose con la exnuera de Churchill- divorciada de Randolph, el calamitoso hijo del Primer Ministro-). Con Los informes de estos enviados se logró el apoyo más sustancial de los norteamericanos: la aprobación de la Ley de Préstamo y Arriendo. Hasta ese momento, la ley vigente en Estados Unidos obligaba a los británicos a pagar en efectivo cualquier compra de efectos bélicos («cash and carry»). Las apremiantes demandas de Churchill llevaron a que el Congreso norteamericano, a instancias del presidente Roosevelt, aprobara la Ley de Préstamo y Arriendo (Lend-Lease Act) en marzo de 1941 – la aprobación tardó por la oposición de algunos congresistas, para suplicio de los ingleses-. Esta ley dio al presidente autoridad para ayudar a cualquier nación cuya defensa considerara vital para Estados Unidos, y aceptar a cambio cualquier tipo de pago que considerara satisfactorio. Esta ley permitió la ayuda en armamentos, munición, camiones, alimentos etc. a Gran Bretaña y los países del imperio británico casi de manera gratuita- posteriormente se extendió a todos los aliados, lo que fundamentó la victoria en la guerra-. Fue una de las grandes alegrías de Churchill durante el conflicto.

Sólo superada por la noticia de la entrada en el Guerra de los norteamericanos. El bombardeo de Pearl Harbor- la mañana del 7 de diciembre de 1941- obligó al Congreso, el 8 de diciembre de 1941, a declarar la guerra a Japón, lo que era igual a la entrada en la IIGM. Más justificada aun cuando el 11 de diciembre Hitler declaró la guerra a los americanos.

Hitler había subestimado la capacidad industrial y militar estadounidense, y pensaba que la guerra con Japón aliviaría su situación frente al Reino Unido y la Unión Soviética. Esto justificó la entrada de los Estados Unidos en el escenario europeo apoyando al Reino Unido. Acciones que retardaron por un tiempo una respuesta completa de los estadounidenses en el Pacífico, pero que supuso, sobre todo a partir de finales 1942, vislumbrar el triunfo aliado.

BIBLIOGRAFÍA

 

BUNGAY, Stephen.- La batalla de Inglaterra. Ed Ariel 2008 .

LARSON, Erik. Esplendor y Vileza. Ed Ariel. 2021.

SAUNDERS, Andy.- La Batalla de Inglaterra. Desperta ferro. Nº 35

 

[1] Andy Saunders. La Batalla de Inglaterra. Desperta ferro. Nº 35

 

El fraude electoral de 1936

Vamos a hacer un sucinto recordatorio de las elecciones celebradas en España el 16 de febrero de 1936. Su convocatoria, organización y supervisión estuvo en manos del gobierno republicano centrista presidido desde mediados de diciembre de 1935 por Manuel Portela Valladares.

Sin entrar en grandes detalles pues nos llevaría una extensión impropia de un blog,  intentaremos repasar cada aspecto destacado de las elecciones, centrándonos en el recuento de las papeletas, el auténtico problema del resultado final.

  • PARTIDOS POLÍTICOS

Por la izquierda: formación del Frente Popular.

En las elecciones de 1933, los republicanos de izquierda sufrieron una fuerte derrota al concurrir por separado, lo que les dejó sumergidos entre la coalición de derechas y los socialistas. Por eso, intentaron formar una coalición republicana de izquierdas pensando en los siguientes comicios. El partido de Azaña se fusiona con el Parido Radical Socialista independiente de Marcelino Domingo y el ORGA de Casares Quiroga. Así nace Izquierda Republicana ( el 2 de abril de 1934). Por otro lado, Martínez barrio, abandona el Partido Radical y se une al Partido Radical-Socialista de Gordón-Ordás para crear Unión Republicana, que junto con el nuevo partido de Azaña firman el pacto del Frente Popular.  A ellos se unirá un grupo de personalidades prestigiosas encabezado por Sánchez Román al frente del Partido Nacionalista Republicano. Estos tres partidos acordaron un programa mínimo de gobierno.

Camino separado llevaba el Partido Socialista. Azaña no quería unirse a los socialistas por considerar que tras ellos se movía una masa social entre la tiranía y la anarquía que no podría controlar salvo que el Partido Socialista estuviera dirigido por su ala más organizada. De ahí que Azaña buscara acercarse a Fernando de los Ríos o a Prieto. Además, el ala más radical socialista, la de Largo Caballero, tampoco quería tratos con los republicanos. A medida que se acercan las elecciones, la coalición con los socialistas se manifiesta como la única adecuada para encauzar a las masas, ganar las elecciones y conseguir una vía pacífica de actuación con el sufragio como procedimiento. Por otro lado, Azaña no quería un pacto con los comunistas, que generaban un alto rechazo social lo que ponía en peligro el supuesto triunfo electoral. Prieto era de la misma opinión, no así Largo Caballero que rechaza la propuesta de Azaña.

A raíz de la Internacional comunista del verano de 1935 y el acercamiento propuesto desde ella entre todas las fuerzas de izquierda, se produce en España un doble acuerdo: de Prieto con Azaña y de Largo Caballero con los comunistas.

Se inician las presiones de todo orden para lograr la unidad de toda la izquierda. A modo de muestra estas palabras del periódico El Socialista el 19 de diciembre de 1935: “Nuestra fuerza se reputa insuficiente y se busca mediante la unión con todas las que tienen un signo favorable a las aspiraciones populares, colocar al proletariado en situación de poder arrostrar la contienda con seguras posibilidades de éxito”.

Se firmó el pacto, si bien dos de las fuerzas firmantes, a pesar de signar el acuerdo, se mostraron durante todo 1935 contrarias al mismo: el POUM ( fusión, en septiembre de 1935, de Izquierda Comunista de Andrés Nin con el Bloque Obrero y Campesino de Maurín) y las Juventudes Socialistas.

En enero de 1936, el bloque de izquierda estaba formado , aunque el partido de Sánchez Román saldrá del acuerdo al entrar los comunistas en él; sin embargo, para no entorpecer el triunfo de la izquierda, el Partido Nacional Republicano no presentó candidatos a las elecciones.

Al Frente Popular se unieron los partidos nacionalistas – menos el PNV y Lliga -. Por su parte los anarquistas, aunque no formaba parte del Frente Popular, no se mostraron beligerantes con él.

Por la derecha: La CEDA y otros.

En la Derecha se establecen dos polos de atracción de los votantes, de un lado, los monárquicos y, de otro, los republicanos de derechas. El partido más representativo era la CEDA que contaba con una base social y una masa popular en número superior incluso a la de los socialistas, pero nada propicia al desorden, estaba formada mayoritariamente por los católicos. Su líder era Gil Robles.

Tras la maniobra de Alcalá-Zamora, después de las elecciones del 33, para evitar que Gil-Robles (cabeza de la CEDA- partido ganador de aquellos comicios-) se hiciera con la presidencia del gobierno, hizo pensar a amplios sectores de la derecha que era necesario formar un amplio frente contrarrevolucionario. Pero las diferencias entre Gil-Robles y Calvo-Sotelo (líder monárquico) impidieron esa unidad, por más que toda la prensa de derechas clamara por ella. Sí se produjeron pactos entre la CEDA y los republicanos de Miguel Maura, así como con los partidos regionales, incluso la Lliga, y los liberales. Los liberales tenían mucha fuerza en Asturias y su aportación al resultado final era importante en número y por lo significativa que era la región tras la revolución de octubre del 34. En el País Vasco, la CEDA no se presentó para dejar el voto de derechas en manos del PNV.

Pero si difíciles fueron las relaciones de Gil- Robles con los monárquicos, peores se manifestaron con los agrarios. Estas relaciones se habían enfriado por el apoyo de los agrarios al gobierno de Portela Valladares.

Los mayores obstáculos a la unidad vinieron del gobierno de Portela, su partido, centrista con visión de bisagra que pretendía gobernar con izquierdas y derechas según los momentos, había sido creado de marera artificial desde la presidencia de la república ( Alcalá – Zamora), tras la crisis del Partido Radical de Alejandro Lerroux para evitar dar el gobierno a Gil- Robles después de las elecciones del 33. Portela no quería la coalición de derechas y se manifestaba como neutral, lo que generó gran malestar entre los votantes de la derecha.

El periódico El Debate el 31 de diciembre de 1935 lo expresaba así: “El problema de España es de revolución o contrarrevolución. O se está con el orden o con la anarquía. En esta disyuntiva no cabe la neutralidad ni es admisible en ninguna lógica política, patriótica y ciudadana. Mucho más cuando algunos de los hombres que se llaman neutros son meros disfraces de signos que se perciben de manera diáfana y su neutralidad es triangular y conocida”.

El 1 de febrero de 1936, afirmaba el mismo diario: “Derechas e izquierdas rechazan con indignación las maniobras de caciquismo encaminadas a sacar triunfante a ese conglomerado de advenedizos que se llama partido centrista”.

No es el único diario que se manifiesta en contra, ABC o Ya se muestran igualmente indignados. Ya dice: “Se anuncia el único procedimiento arbitrario que quedaba por ensayar”, refiriéndose a las propuestas del Portela.

Al final no hubo “frente nacional” ( CEDA, monárquicos, tradicionalistas y agrarios) en toda España, sino que las candidaturas de las derechas se presentaron aquí unidas, allá separadas: en 31 circunscripciones se formó un bloque de unidad de ese frente nacional y el centro- partido de Portela-. En dos, Ávila y Burgos, los monárquicos concurrieron separados de la CEDA y los demás. En el resto de las 27 circunscripciones, el “frente nacional” se presentó separado del partido de Portela. En Valencia a esa separación hay que unir a los autonomistas valencianos que también se presentaron por su cuenta.

Falta hacer una mención a Falange. El partido nace en 1933 en el discurso de José Antonio en el teatro de la Comedia. Allí ya se muestra contrario a los partidos políticos, por eso surge como movimiento. Se presentó a las elecciones del 33 sin éxito. Sin embargo, tanto la presencia en las anteriores elecciones como en las del 36 le crean un problema ideológico puesto que Falange era contraria al sistema electoral y al Parlamento. Con todo, intentan ir en la coalición de las derechas. José Antonio tenía buena amistad con Gil- Robles, pero discrepaban, entre otras cosas, por el número de puestos de salida que le proporcionaba la CEDA (en torno a 6 y Falange quería 20). Se presentaron solos. José Antonio era cabeza de lista en 11 circunscripciones (permitido en aquel sistema electoral ). No logró el acta en ninguna de ellas.

Con la victoria del Frente Popular y la violencia desencadenada en las calles. Falange fue declarada ilegal. Como recuerda periódico El Sol el 15 de marzo de 1936: “[Ayer] Falange Española de las JONS fue declarada fuera de la ley. Todos los miembros de la Junta política que pudieron ser localizados en Madrid fueron detenidos y encarcelados en la cárcel modelo”.

José Antonio muró en la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936.

  • Temas tratados en campaña.

Con la revolución de octubre de 1934 todavía fresca, la campaña se presentaba como un enfrentamiento entre revolucionarios -izquierda- y contrarrevolucionarios -derecha-. La izquierda prometía amnistía a los condenados por la violencia del 34, con lo que buscaban hacerse con los votos de los anarquistas. En la derecha recordaban incansables la violencia del 34 y los sucesos de Casas Viejas y Figols ( sucesos provocados por levantamientos muy violentos de anarquistas y comunistas). La prensa de izquierdas juega con el miedo al fascismo, a pesar de que el único partido fascista, Falange Española, se queda completamente fuera de la coalición de centro-derecha. Además, todos ellos, izquierdas y derechas, – como ya ocurrió en la campaña del 33- hacen constantes llamadas a las mujeres para atraer su voto. Igualmente, la defensa o persecución de la Iglesia recoge otro de los asuntos esenciales durante toda la República.

Pero si hubo una constante en campaña fue la tensión y violencia con que se vivió, la cual se acrecentó a la hora del escrutinio. Los partidos extremistas entre los que cabe incluir la facción socialista de Largo Caballero ya habían anunciado que no acatarán el resultado electoral si no les era favorable. Así en un mitin en Toledo, recogido en el diario El Sol, el 8 de febrero del 36,dice: “No puedo prometer cuál será la conducta del proletariado después del día 16”

 Enrique Castro- del partido comunista-, declara en el periódico El Socialista el 9 de febrero de 1936: “Las masas obreras no pueden limitarse a una acción parlamentaria, sino que deben completarse con la organización revolucionaria… Los intereses de las masas populares no se pueden solucionar en el Parlamento”.

Por último, señalar que el lenguaje utilizado en la campaña fue hartamente violento, el llamamiento a una posible Guerra Civil era constante.

El 29 de enero del 36, en el diario El Debate se recogen las siguientes palabras de Largo Caballero: “Si ganan las derechas al día siguiente tendremos que ir a la guerra civil declarada”.

 El Socialista, el 12 de febrero del 36, dice en su editorial: “Ni siquiera dejarles discutir. Hay que aplastarlos. Digo que eso es una declaración de guerra civil, porque nosotros no cejaremos un momento hasta que salgamos vencedores”.

La violencia de la campaña se cerró con cientos de mítines reventados (sobre todo de la CEDA), con 41 muertos y 80 heridos de gravedad. Dicen, Álvarez y Villa, que los comicios adquirieron un carácter plebiscitario en un ambiente viciado, radicalizado, polarizado y caníbal.

  • El sistema electoral

En esas elecciones legislativas tenían derecho de voto todos los españoles, hombres y mujeres, que hubieran cumplido los veintitrés años antes del mes de enero de 1936 (un total de 13.578.056 personas, según el censo). Se elegía un Congreso unicameral de 473 escaños distribuidos en sesenta circunscripciones (grandes capitales y provincias) mediante un sistema de listas nominales abiertas (el elector podía votar los nombres de los candidatos de su gusto sin atender a su adscripción a una u otra candidatura en la lista única de la circunscripción).

El peculiar sistema electoral vigente desde 1931 imponía el voto restringido (el elector sólo podía votar a un número menor de escaños que elegibles por su circunscripción), era un sistema mayoritario, pero completamente desproporcionado (primaba al vencedor de forma notoria: le otorgaba hasta el 80% de escaños en juego, el llamado “cupo de mayorías”) y favorecía claramente la representación de los ámbitos urbanos y más poblados. De tal forma que un mínimo cambio en el voto popular cambiaba radicalmente la distribución de escaños. El sistema se realizaba a doble vuelta.

La participación en aquellas elecciones alcanzó el 71,3% del censo. Proporción muy notablemente superior al alcanzado en anteriores comicios.

  • El resultado electoral

El estudio del resultado electoral abrió las dudas sobre el oficialmente aceptado hace muchos años y fue el historiador Javier Tusell el que ya puso en tela de juicio el resultado obtenido por unos y otros.

Ha sido el reciente trabajo conjunto, que podemos calificar de arduo, pesado y de filigrana, de Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, (1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente popular. Espasa, 2017), el que ha dado los datos definitivos. En opinión de Stanley G. Payne, el libro supone «el fin del último de los grandes mitos políticos del siglo XX».

Ambos profesores de la Universidad Rey Juan Carlos llegan a sus conclusiones tras el estudio de fuentes documentales primarias: memorias, periódicos de la época y, sobre todo, el fondo electoral custodiado en el archivo del Congreso de los Diputados, documentos digitalizados que en algunos casos no se conocían, y los datos obtenidos del archivo de la Fundación Pablo Iglesias y del Archivo de Salamanca. En este sentido, han utilizado fuentes que Javier Tusell, que hasta ahora estaba considerado como uno de los historiadores que mejor había estudiado estas elecciones, no utilizó. Los autores de esta obra han analizado acta a acta, estudiaron que había debajo de cada tachadura, de cada rectificación a lápiz, de cada dígito cambiado, contaron el número de votos en relación a la población,– en el recuento oficial de Jaén , por ejemplo, hubo más votos que electores-, han destapado las cifras reales de aquellas elecciones. El propio Alcalá- Zamora dejó escrito, tal y como señaló Tusell: “España se ha vuelto Coruña», para referir cómo se generalizó lo ocurrido en La Coruña, ciudad con la que el ex presidente de la República ejemplificaba «esas póstumas y vergonzosas rectificaciones» acontecidas con las actas electorales. Los recuentos oficiales antes del día 19 fueron interrumpidos por la turba, aparecieron papeletas a última hora, y a veces en sobres abiertos…El propio Azaña se refiere a los resultados de La Coruña y Cáceres como la “resurrección de candidatos”- de los de izquierda que habían perdido las elecciones en esos lugares-. De hecho, en 2008, se publica el dietario de Alcalá-Zamora, escondido hasta entonces por su familia y robado en tres ocasiones, y que los profesores Álvarez y Villa han podido consultar, frente a los historiadores anteriores, y dónde ya se encuentran datos y opiniones que hablan abiertamente del fraude.

Para analizar cómo se sucedieron los acontecimientos, debemos señalar que a las 20:00 del día 16 de febrero- día de las elecciones- fue anunciada la victoria de la derecha por parte del ministro de Gobernación, haciendo uso de unos datos muy provisionales porque el recuento, con los medios de la época, duró varios días. No obstante, horas después, el presidente del gobierno, Valladares,  anunció que aún era posible una victoria de la izquierda en Cataluña, uno de los centros más importantes de voto.

Fue con el recuento y ante la incertidumbre del resultado, cuando se desató el caos con grupos anarquistas y comunistas protagonizando actos de violencia por toda España. Ante esta situación de tensión nacional, Valladares dimitió, casi se puede decir que huyó, el día 19 de febrero, junto con todo su gobierno.

En ese momento, tres días después de la celebración de las elecciones, con el recuento sin finalizar, Alcalá- Zamora como presidente de la República, pide a Azaña que forme gobierno. Por tanto, Alcalá-Zamora dio el gobierno al Frente Popular antes de haber concluido el escrutinio oficial y sin que se hubiera producido la segunda vuelta electoral en cinco circunscripciones donde ninguna candidatura había superado el 40% de sufragios totales. Es decir, el Frente Popular asaltó el gobierno antes de tener los resultados. Este asalto significó, además, el cambio a la fuerza, por presión de las masas de izquierdas de muchos alcaldes, concejales y gobernadores, esenciales en el recuento. No estábamos ante unas elecciones locales, pero la usurpación del poder se hizo sin oposición ante el miedo que despertaba la turba. La masa asaltó las sedes electorales y los camiones que trasportaban las urnas. Los dirigentes locales del Frente Popular, asentados en los Gobiernos Civiles y diputaciones, se hicieron con la documentación electoral y “terminaron” el escrutinio a puerta cerrada, sin testigos. Ahí empezó el fraude.

La alteración de las actas ocurre en provincias, las Juntas Provinciales informaban del recuento a la Central, que lo trasladaba al Congreso. El cómputo final debía aparecer en los anuarios estadísticos del año siguiente. No fue así. Esas actas las valida la mayoría del Frente Popular con la anuencia del gobierno. La Comisión de Validez de Actas que debía realizar el recuento, se vio inundada de papeletas ilegales. Tusell recoge la siguiente cita de Madariaga: “Conquistada la mayoría fue fácil hacerla aplastante. El Frente Popular eligió la Comisión de Validez de las Actas parlamentarias, la que procedió de manera arbitraria”. Tan fue así que Gil-Robles en sus memorias recuerda que se dio “la extraña circunstancia” de la proclamación del triunfo de las izquierdas en provincias como Álava, Castellón o Soria donde el voto de las derechas había obtenido una ventaja indiscutible. El propio Gil-Robles en Salamanca o Calvo-Sotelo en Orense sacaron a duras penas su acta de diputado cuando ambos habían obtenido una mayoría perfectamente clara. Hay que recordar en este punto que Alcalá-Zamora le dijo a Azaña y está recogido en las memorias del primero “Si usted no hace nada por impedir que invaliden los escaños de los líderes de la oposición, habrá suprimido usted el régimen parlamentario”. En consecuencia, ambos, don Niceto y Azaña eran conscientes de la manipulación de las actas.

Ante las protestas de los partidos de derechas, hubo modificaciones, sobre el fraude, en al menos 8 circunscripciones.

El nuevo gobierno ilegítimo aumentó de manera fraudulenta su resultado en unos 50 escaños. A mayor burla, el Frente Popular en el Congreso sólo se cuestionan las actas conservadoras en las provincias de Cuenca y Granada, que son las que se anulan.

El fraude no se materializa con un asalto masivo sino diseccionado en aquellas provincias con capacidad evidente de producir un vuelco electoral. El resultado estaba muy apretado y el sistema mayoritario, ya explicado, provocó un cambio radical de resultados en los sitios determinantes (provincias gallegas, las de Castilla la vieja,  Málaga y Santa Cruz de Tenerife, Jaén, Almería, Valencia, Albacete…), además de las mencionadas anulaciones. Esa manipulación hace que el Frente Popular consiga en una primera vuelta una mayoría absoluta que deja por intrascendente el resto de las elecciones (segunda vuelta), y declara la victoria en unas elecciones las hubiera podido ganar la derecha.

Según los datos de Roberto Villa García y Manuel Álvarez Tardío, el Frente Popular en la primera vuelta [obtuvo] 4.432.381 votos populares (el 46,3% de los sufragios). Sus adversarios de las candidaturas derechistas coaligadas recibieron 4.402.811 votos (el 46% de sufragios). El resto de los votos (738.557: un 7,7% de los sufragios) fue para otras candidaturas de centro-derecha (Partido Nacionalista Vasco; candidaturas ministeriales auspiciadas por Portela Valladares) y otros partidos (Falange Española, que reportaron sólo dos escaños).[1]

Esos mismos autores llegaron a la conclusión de que, sin amaños, en las elecciones de 1936 el Frente Popular hubiese obtenido, contabilizando ambas vueltas, entre 226 y 230 escaños, y las derechas entre 223 y 227, de un total de 473 sillones que había en el Congreso de los Diputados. El resto serían de otros grupos. Es decir, por sí mismo el frente Popular no hubiera gobernado.

Los sectores más radicales del Frente Popular lograron alterar los resultados de una forma decisiva en aquellas circunscripciones más disputadas. Tras la “revisión” en el Congreso y todos los amaños habidos,  el gobierno del Frente Popular sitúa su victoria en la obtención de 240 escaños (237 era la mayoría absoluta). Los nuevos estudios indican que, al menos, el 10% del total de los escaños repartidos (lo que supone más de 50) fueron fruto de la manipulación. De hecho, antes del cambio de Gobierno, en los dos primeros días de recuento, los datos de Alcalá-Zamora, Azaña y el embajador británico coincidían: entre 216 y 217 diputados para el Frente Popular.

Las elecciones de 1936 fueron un suceso trágico, violento y nada democrático.

Vistos esos antecedentes, se comprende que el periódico Ahora, el 20 de febrero de 1936, señalase: “De la revolución es posible que salgan gobernantes. Servir desde el gobierno las pasiones que han movido la revolución es un error fatal. El peor mal de todos sería gobernar al dictado de unas masas que en la calle gritan sus odios y que se hace la ilusión de que los hombres que tienen el poder en sus manos son meros instrumentos de una apasionada y despótica voluntad de desquite”.

BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ TARDÍO, Manuel y VILLA GARCÍA, Roberto. “1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente popular” Ed. Espasa. 2017

GIL-ROBLES, J.M. “No fue posible la paz”. Ariel, 1968

MORADIELLOS, Enrique. “Las elecciones generales de febrero de 1936: una reconsideración historiográfica”. 2017.

PAYNE, Stanley G. “Falange. Historia del fascismo español”. Ed Sarpe.1985.

TUÑÓN DE LARA, Manuel. “La II república”. Ed Siglo XXI. 1976

TUSELL, Javier.- “ Las Elecciones del frente Popular” Ed. Cuadernos para el dialogo. 1971.

TRABAJO FIN DE CARRERA de la AUTORA DE ESTE BLOG, para el cual se consultó además de muchos libros, los periódicos de la época, de él salen todas las citas periodísticas de esta entrada y otros datos.

[1] Enrique Moradiellos. Las elecciones generales de febrero de 1936: una reconsideración historiográfica. 2017

Maquiavelo y El Principe.

La historia está repleta de acontecimientos que han cambiado el mundo, pero en ocasiones esos acontecimientos no son un hecho sino una forma de pensar. Una transformación intelectual. La publicación de “El Príncipe” de Maquiavelo supuso un cambio radical en la concepción de la política.

No voy a hacer ni un análisis literario, ni político, ni filosófico del libro, que todo eso cabe, sino una exposición de aquellos aspectos más destacados y la repercusión histórica del libro.

Niccolò Macchiavelli (conocido en español simplemente como Maquiavelo) nació en Florencia el 3 de mayo de 1469, el mismo año en que Lorenzo de Medici se convertía en señor de facto de la ciudad hasta su fallecimiento en 1492. Era el tercer hijo de una familia de cierto renombre, su padre era un destacado jurista, con recursos modestos pero suficientes para proporcionarle una buena educación. Además de sus maestros, tenía a su disposición la biblioteca personal de su padre, llena de los grandes clásicos. Leyendo las obras de Cicerón, Tucídides, Tito Livio, Polibio, Plutarco… aprendió que el ejercicio del poder a menudo se apartaba de razones morales como la lealtad o la ética.

En 1494, es nombrado funcionario de la república de Florencia. Gobernaba Florencia Girolamo Savonarola, con quien Maquiavelo era muy crítico, lo que entorpeció la carrera pública de Maquiavelo. Cuando Savonarola fue declarado hereje y quemado públicamente en 1498, Maquiavelo fue nombrado segundo canciller, encargándose de la política exterior y de los asuntos militares. Viajó muchísimo y entabló conversaciones con mandatarios de toda Europa. En 1501 contrajo matrimonio y en 1502 conoció a uno de los personajes que más le influyó: César Borgia. César Borgia era uno de los hijos del Papa Borgia, Alejandro VI, y en su forma de dirigir demostró tener tan pocos escrúpulos morales como su padre; aplicándose durante su mandato a incrementar su poder territorial a costa de estados del centro de la península itálica. César impresionó a Maquiavelo por la manera relativamente original y, a la vez, profundamente práctica y amoral de solventar los problemas. De esta época es su obra “Descripción de la manera en que César Borgia dio muerte a Vitelli, Oliverotto da Fermo, al señor Paolo y al duque de Gravina Orsini”. Desde 1503 hasta 1512 no deja de realizar nuevas misiones diplomáticas a Francia, ante el Vaticano del nuevo Papa, Julio II, o ante el emperador del Sacro-Imperio Romano Germánico, Maximiliano I. No logró muchos éxitos en este puesto por culpa de la propia naturaleza fragmentaria de la península itálica, llena de reinos, condados y repúblicas enfrentadas a todas horas entre sí.

En 1512, los Medici regresaron al poder, y Maquiavelo fue despedido y torturado. Se refugió su pequeña propiedad en San Casciano in Val di Pesa, a unos quince kilómetros de Florencia. Aquí malvive ejerciendo diversos oficios manuales, si bien, por las noches sigue leyendo a los clásicos y escribiendo. De esta época es su obra “Discursos de la primera década de Tito Livio”, donde muestra su visión política, describiendo, entre otras cosas, como mejor forma de gobierno una república y no una monarquía absoluta. El contenido de esta obra para algunos autores entrará en contradicción con El Príncipe. En cambio, otros consideran que El Príncipe es una parte más de los Discursos, una parte desgajada que se completa con los Discursos donde las diferencias entre las formas de gobierno que describe y admira en cada caso no caen en una contradicción, porque lo que busca es describir el Poder. Poco a poco consiguió, a veces con auténticos golpes de fortuna, recuperar ligeramente su posición. Sobre todo, a raíz de que el Papa Clemente VII, otro Medici, le encargue una obra sobre la historia de Florencia por 120 florines. Por ello, Maquiavelo fue considerado por algunos como partidario de los Medici, cuando realmente la presencia cercana de los Medici sólo le trajo disgustos. Nicolás Maquiavelo murió en su ciudad natal el 21 de junio de 1527, por causa de una peritonitis. El mismo año en el que los Medici perdieron el poder para volver a recuperarlo en 1530.

Curiosamente El Príncipe está dedicado a Lorenzo de Médicis, hijo de Lorenzo el Magnífico, en un intento de hacerse perdonar por la familia gobernante, sin embargo, la obra no se publicó hasta la muerte de Maquiavelo.

Maquiavelo es un analista, un observador de la realidad política cuyo impulso no es otro que buscar la unificación de Italia debido a que la fragmentación territorial de la “bota” sólo conducía al caos.  Con esa finalidad de fondo constata que el mundo ha cambiado lo que le lleva a plantear los siguientes elementos novedosos respecto a las edades históricas previas:

  • La realidad social de la Edad Media se fundamentaba siempre el origen divino del Poder, y eso no es algo que se pueda sostener en el siglo XVI. Maquiavelo desvela que el mundo en la tensión entre el ideal y lo práctico ha optado por esto último.

Observó que el gobierno humano se alejaba de la moral cristiana, que frente a las enseñanzas de Jesús que proscriben toda clase de violencia, la violencia se daba e incluso era defendida y practicada por los papas para el mantenimiento de su poder terrenal. No era un asunto de defensa espiritual de lo justo en la Tierra, no era una posición espiritual de defensa de la Fe, como en la guerra santa contra el islam, por ejemplo, en las Cruzadas. No. Se trataba de criticar aquellas guerras y opresiones que los papas realizaban para defender el propio poder político y territorial.

Por eso, plantea la separación entre Iglesia y Estado, dando lugar a la creación del Estado moderno.  Maquiavelo, al fundar la ciencia política moderna, estableció con ello la autonomía de la política. Fue Benedetto Croce quien le atribuyó por primera vez a Maquiavelo paternidad ideológica de la separación de la política de la moral —entendida como emancipación de la política respecto a la moral y la religión—, con lo que situaba la política en un plano diferente al del bien y mal morales . Podían coincidir, pero no tenían por qué hacerlo. Cuando Maquiavelo estudia la creación de los nuevos principados comprendió que el Poder, el verdadero y efectivo Poder político, no tiene nada de divino, como señalaban los medievales.

Para Maquiavelo, no es la Providencia sino los hombres, libres y voluntarios colaboradores de esa Providencia, quienes hacen la historia y  crean su propio destino como hombres (individual) y como sociedad. Es nuestro libre albedrío el que decide. Lo cual no quiere decir que no reconozca muchas veces, como creyente que era, la providencial intervención de Dios en el acontecer humano.

“Nuestra religión —dice Maquiavelo— en vez de héroes canoniza solamente a los mansos y los humildes”, mientras que los paganos “divinizaban tan sólo a los hombres llenos de gloria mundanal, como grandes comandantes e ilustres jefes de comunidades”. Para Maquiavelo, en Roma, la religión pudo llegar a ser la fuente principal de la grandeza del Estado, y no una fuente de debilidad. Los romanos se aprovecharon siempre de la religión para reformar el Estado, para promover sus guerras y para apaciguar tumultos.

Por consiguiente, la religión era y debía ser un simple instrumento en manos de los dirigentes políticos. Desde la óptica del Estado, la religión  era un arma poderosa en toda lucha política. Una religión meramente pasiva, que se aleja del mundo en vez de implicarse en él para organizarlo, ha demostrado, en la visión de Maquiavelo, ser la ruina de muchos reinos y Estados. En el ámbito del Estado y desde la óptica del Estado para Maquiavelo se debe usar una especie de “paganización de la religión” de manera que sólo es buena si conduce al orden y con el buen orden social se logra la buena fortuna y el éxito, en cualquier empresa. El proceso de secularización ha llegado a su término, con Maquiavelo, pues el Estado secular existe ya de jure y no sólo de facto: ha encontrado su definida legitimación teórica.

Esta parte de su obra le valió la condena del papado. El Príncipe Fue incluido en el Índice de libros prohibidos por disposición del Papa Pablo IV, en 1559, lo que constituyó una poderosa traba para la difusión de esa obra en muchos países. La prohibición quedó confirmada por Pío IV en el Índice tridentino, de 1564, y más tarde, en el de 1583 y eso a pesar de que Maquiavelo señaló que los mejores principados eran los eclesiásticos, porque se basaban en leyes canónicas ( Capítulo IX).

Con todo, las obras de Maquiavelo demuestran que el autor de El Príncipe, de los Discursos y de la Historia de Florencia continuaron interesado siempre a los intelectuales, aunque entre ellos fueran más lo que lo condenaban que los que lo aprobaban.

  • Además, en su intento buscar la estabilidad política y la unidad de la que carecía la península itálica analizó los diferentes modelos de adquirir el poder y conservarlo:

“El príncipe natural tiene menos causas y necesidad de ofender por lo que sus súbditos lo estiman más… y es natural que lo amen”.

Situación muy distinta es la de los príncipes nuevos, y especialmente los mixtos- es decir, aquellos que amplían su territorio con el de los países próximos- en esos casos no debe fiarse de sus súbditos, debe acudir a la astucia para actuar conforme se comporta la naturaleza humana: “deberá extinguir la línea de sucesión de la anterior estirpe”. Es importante mantener bases en el nuevo territorio para sofocar cualquier motín. En casos de revuelta, la respuesta debe ser muy dura para evitar que otros se levanten en armas. “Los hombres se vengan de las ofensas leves, pero no de las graves” por eso, ante cualquier ofensa, hay que procurar que los autores se sometan por las buenas o deben ser aniquilados.

Para obtener nuevos partidarios, el príncipe debe buscar la forma de que se sumen a él, pero no todos, sino una mayoría, para eso conviene levantar barreras entre los súbditos, enfrentarlos entre sí; fomentar la envidia entre ellos es una muy buena opción para lograrlo, según Maquiavelo. Es esos casos, el príncipe debe buscar que los súbditos que le sean afines no tengan tampoco demasiada fuerza o unión entre sí. ( Capítulo VII)

Cabe la posibilidad de que un territorio nuevo adquirido tuviera previamente leyes propias, que vivieran sus ciudadanos en libertad. Esos estados también pueden ser sometidos por los siguientes métodos: a) arruinarlos; b) unirse a ellos en su forma de vida; c) dejarlos vivir con sus propias leyes, pero incrementando los tributos y estableciendo un gobierno oligárquico que conserve la amistad hacia el príncipe.

En todas esas opciones , conviene al príncipe no olvidar nunca el uso de la violencia– Maquiavelo rememora aquí a los Sforza y a los Borgia- bien directamente sobre los súbditos o bien de manera indirecta mediante la introducción del desorden en el territorio que se quiere anexionar, y si hace falta cometer un crimen, se comete… Dice así:

“Quién usurpa un Estado debe realizar de una vez todos los actos de crueldad que considere necesarios para lograr sus objetivos. De esa manera no se verá obligado a repetirlos y vivirá seguro atrayendo a sus súbditos con beneficios… Es mejor hacer de una vez el mal que deba hacerse, porque las ofensas hieren menos si se repiten menos, por el contrario, es bueno que los beneficios se concedan poco a poco porque así se saborean mejor ” ( capítulo VIII)

También considera que existe la posibilidad de llegar al poder aupado por el pueblo. En general- dice- los poderosos apoyan a alguien del pueblo cuando temen que se alzará contra ellos y lo que persigue el poderoso es seguir medrando a costa del pueblo. El Príncipe nunca puede estar seguro del pueblo, que es multitud, y sí puede estarlo de los poderosos que son pocos.

Maquiavelo era hijo de su tiempo, de un humanismo que despertaba, de unos pensadores y esplendor literario de la Florencia en la que vivió y aunque no fue acogido bajo el brazo protector de los Medici, sí participó del ambiente y los resultados. Fue el primer pensador que se percató del nacimiento de una nueva estructura política. Conoció sus orígenes y previó sus efectos. Anticipó, en su pensamiento, el curso entero de la futura vida de Europa. Cuando se dio cuenta de ello, perseveró en el estudio de la forma política de los nuevos principados, de la actuación minuciosa de los nuevos dirigentes, del detalle de ese nuevo ejercicio del Poder. Sabía perfectamente que su estudio, al ser comparado con las teorías políticas anteriores, sería considerado como una  anomalía, e intentó hacerse perdonar por la orientación insólita de su pensamiento.

A pesar de que se le ha presentado como un amoral y un fomentador de la crueldad, Maquiavelo no lo interpretaba desde esa posición sino como la descripción del mundo moderno en el que el Estado ha conquistado su plena autonomía. En Maquiavelo el Estado es completamente independiente, pero al mismo tiempo está completamente aislado y, por ello, se defiende.

Con anterioridad en el tiempo,  el Estado estaba atado a la totalidad orgánica de la existencia humana. En el Renacimiento, el mundo político ha perdido su conexión no sólo de la religión o la metafísica, sino también con todas las demás formas de la vida ética y cultural del hombre. Así presentada, Maquiavelo sólo describe el quehacer político, fascinado por él y, al tiempo, lo muestra como procedimiento para encontrar la estabilidad política en una península itálica sumida en el caos de la desintegración tras la caída del imperio Romano.

  • Tras esa exposición describe las virtudes que ha de poseer el príncipe, como brazo gestor de ese estado. Las virtudes del príncipe caracterizado por la utilidad política, que debe traducirse en estabilidad.

Para Maquiavelo los dirigentes- el príncipe-, destaca no por sus virtudes humanas ( los hay avaros, generosos, dadivosos, rapaces, crueles, piadosos, humanos, soberbios…) sino por su capacidad para mantenerse en el poder y evitar la mala fe. Para el príncipe lo importante no es la virtud, sino el éxito. Por eso no discute ni se plantea qué es mejor para el príncipe si ser amado o temido, lo que nunca puede ser es odiado.

Para mantener esa estabilidad puede mentir o utilizar otras habilidades, pero siempre con la finalidad no sólo de conservar lo que tiene o de reprimir cualquier oposición, sino de alcanzar la estima de sus súbditos.

En este sentido siempre se ha dicho que El Príncipe estaba inspirado en la figura de Fernando el Católico:

“Nada hace que se estime tanto al príncipe como sus grandes empresas y sus ejemplos excepcionales. Un ejemplo en nuestros días es Fernando de Aragón, rey de España…, se ha convertido de rey de un estado pequeño en primer soberano de la cristiandad. Si examináis sus acciones, las encontrareis todas inmensas y algunas extraordinarias” ( Capítulo XXI).

Entre esas empresas debe contarse el favorecer a los que tienen méritos, estimular el trabajo y el comercio, saber mantener el equilibrio fiscal y divertir a las masas. Debía encontrarse el equilibrio entre la meritocracia y la práctica de cierto grado de demagogia…Un buen príncipe debe contar con buenos consejeros y evitar a los aduladores.

  • Con eso, entramos de lleno en el mito del Maquiavelo diabólico y mendaz y del maquiavelismo como adjetivo adecuado para las conductas más perversas, mito que resulta bastante chocante aplicado a este florentino de fino humor y costumbres amistosas, probo funcionario, padre de familia ejemplar, que en sus obras se manifiesta como un dechado de buen sentido, bastante pesimista, es cierto, pero siempre animoso.

Esta visión retorcida y malvada, que se desprende del análisis de su obra, no era la pretendida por el autor, ni la que encuentran muchos de los admiradores y estudiosos de la originalidad de su obra. Curiosamente, el tema dominante en El Príncipe es el de la regeneración de un organismo político corrupto o, por adoptar el término que aparece en el capítulo XXVI, de su “redención” mediante la introducción de “órdenes nuevos” por obra de un “príncipe nuevo” ( idea inspirada por Savonarola).

  • La influencia de El Príncipe en la política fue esencial a partir del S XVIII por los estudios de brillantes eruditos: Hegel, Fichte entre otros. Pero, sobre todo, influyó enormemente en diversos dirigentes como Federico II el Grande- de Prusia- o en Napoleón Bonaparte.

Ellos vieron que no todo era negativo o amoral en Maquiavelo. En realidad, Maquiavelo como hemos señalado reiteradamente, buscaba la estabilidad, pues la ausencia de ella es terrible; él mismo sufrió las consecuencias de esa inestabilidad. Por eso busca soluciones prácticas. La ética se había quebrado en los Estados de su tiempo y buscaba encontrar otro elemento de estabilidad que encontró en el ”interés de Estado”. Pero ese interés de Estado exige el uso del Poder del Estado en favor de esa estabilidad y bienestar común. Otra cosa es que algunos políticos identificaron o siguen identificando el Interés de Estado con su propio interés y no el de su Nación.  España ya vivió la gran visión de Estado de Fernando el Católico, o de su nieto y bisnieto, pero también ha visto la decepción contraria que nos llevó a perder nuestro Imperio. Esperemos aprender de ello, porque como decía Napoleón en los comentarios que escribió al Príncipe de Maquiavelo: “ hay que aprender de la Historia para no volver a cometer los mismos errores”.

BIBLIOGRAFÍA

CONDE, Francisco Javier.- “ El saber político de Maquiavelo”. Ed Ministerio de Justicia. 1948. https://core.ac.uk/download/pdf/71821666.pdf

MAQUIAVELO, Nicolas.- “El Príncipe” (comentado por Napoleón Bonaparte). Ed. Espasa-Calpe. 1976

PRIETO, Fernando. “ Historia de las ideas y de las formas políticas”. Unión Editorial. 1985.

RENAUDET, Augustin.- “ Maquiavelo”. Ed Tecnos. 1965.

ZAMITIZ GAMBOA, H.- «Para entender la originalidad de Maquiavelo en el V centenario de El Príncipe». Estudios políticos. México. 2014.

Tenerife y las tres victorias frente a los ingleses

El escudo de la provincia y la ciudad de Santa Cruz de Tenerife incluye tres cabezas de León, una de ellas atravesada por la cruz de Santiago que está en el centro del emblema. La heráldica no puede ser más representativa. Las tres cabezas representan los tres asaltos que sufrió esa ciudad por los almirantes ingleses Blake, Jennings y Nelson.

https://www.google.com/search?q=escudo+de+Santa+cruz+de+tenerife&rlz=1C1GCEA_enES932ES932&oq=escudo+de+Santa+cruz+de+tenerife&aqs=chrome..69i57j0i22i30l2j69i60.9208j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8#imgrc=D5yezz2uvNsRJM

Casi siempre se cuenta la última de estas batallas, determinante para la historia de las Islas y la de España, pero no debemos olvidar las otras dos.

1.- Las décadas de 1640 y 1650 no fueron brillantes ni para España ni para Inglaterra.

En España reinaba Felipe IV y su valido era el Conde – Duque de olivares y posteriormente D. Luis de Haro. Hubo alzamientos en Cataluña, Andalucía, Sicilia, Nápoles, Aragón, la independencia de Portugal y, en la guerra de Flandes, habíamos perdido la provincia de Holanda. En Europa, España se debatía en los estertores de la guerra de los 30 años y la guerra contra Francia. Tuvimos bancarrotas, epidemias y ataques de los corsarios ingleses a nuestra flota en el caribe- lo que a las finanzas españolas y a nuestro imperio le resultaba más dañino que una plaga-.

Los británicos tampoco tenían un buen momento. Habían pasado por la guerra de los tres reinos https://algodehistoria.home.blog/2022/10/07/la-guerra-de-las-tres-coronas-o-de-los-tres-reinos/ La instauración de la república, la invasión y ocupación de Irlanda, la dictadura de Cromwell, la guerra contra Holanda y los sucesivos encontronazos contra Francia y España.

En ese contexto, en el año 1657,  la flota de Indias llegaba a las Islas canarias, tras eludir a los piratas ingleses en aguas del caribe. El asalto de los corsarios ingleses a nuestras embarcaciones era una constante desde que consideraron que el Imperio español era una fuente de riquezas a las que los británicos querían acceder, además de apropiarse de las rutas marítimas y, así,  iniciar su imperio a costa del nuestro. El recorrido de nuestras naves era Caribe- Isla de La Palma- Isla de Tenerife- Cádiz.

Pero cuando navegaban cerca de la isla de Gran Canaria los barcos españoles fueron advertidos de que una flota con 23 barcos de guerra ingleses les acechaba en las costas de Andalucía. Nuestros barcos regresaron a Tenerife y desembarcaron el tesoro traído de América.  Santa Cruz era una pequeña población de 1.125 habitantes, dotada de un castillo y un fuerte.

Una parte de la flota de indias- dos galeones- y multitud de barcos de todo tipo se amarraron en la bocana del puerto de Santa Cruz, a modo de muralla defensiva. Defensa organizada por el general Diego de Egües, y allí llegaron los ingleses bajo el mando de Blake. El 30 de abril empezó un intenso intercambio de artillería. Los barcos españoles anclados en el puerto fueron abordados o quemados por los británicos. Pero los ingleses sufrieron enormemente en sus barcos los cañonazos propinados desde tierra por los españoles, que les impidieron desembarcar. Llegados a ese punto, los ingleses tocaron retirada y salieron del puerto favorecidos por el viento.

Por la parte inglesa hubo 50 muertos y 120 heridos. En el bando español, cerca de 300 muertos y 11 naves destrozadas. Sin embargo, se consiguió mantener a salvo el grueso de la flota de Indias. La carga que transportaba se almacenó en Santa Cruz, como era habitual, sólo una parte de la carga era para la corona, siendo el resto propiedad de particulares, muchas de ellas eran mercancías de contrabando. Estas fueron requisadas obteniendo con ello el Estado una cantidad superior a la perdida en la batalla.

La verdad es que ambos bandos celebraron la batalla como un triunfo. Cromwell homenajeó y condecoró a Blake, lo mismo que Felipe IV a Egües, y   las islas de Gran Canaria y Tenerife fueron agraciados con diversos favores reales, tanto en el comercio con América como en exenciones fiscales.

2.- Durante la Guerra de Sucesión, en noviembre de 1706, los ingleses llegaron hasta Santa Cruz de Tenerife con una flota formada por doce navíos y otras embarcaciones de apoyo, sumando entre todas ellas, 800 cañones,  al mando estaba el contraalmirante John Jennings, con la pretensión de tomar la isla.

En la tarde del 5 de noviembre, vigías situados en las cumbres de la isla divisaron navíos de bandera desconocida llegando a las costas de Santa Cruz. La ciudad presentaba una defensa artillera de gran importancia formada por varias baterías, reductos y baluartes, así como una línea de defensa costera compuesta por los castillos de Paso Alto, San Cristóbal y San Juan, todo ello unido mediante una muralla litoral que enlazaba todas estas fortificaciones.

La magnifica defensa de la isla evitó, durante todo el día 6, el desembarco y toma de la villa por parte de los británicos. A las tres de la tarde, Jennings mandó desembarcar a un mensajero para ofrecer al archipiélago tomar como rey al Archiduque Carlos. José de Ayala y Rojas, cabeza visible de la defensa isleña le contestó que seguirían defendiendo la Corona de Felipe V.

Antes del anochecer Jennings ordenó a sus navíos desplegar velas poniendo rumbo a Europa y dejando atrás las aguas canarias.

3.- La tercera ocasión en que los británicos quisieron hacerse con Tenerife, fue la más importante y trascendente de todas.

Mientras la flota española estaba bloqueada en el puerto de Cádiz (después ser vencida el 14 de febrero frente al cabo de San Vicente), en la noche del 21 de julio de 1797, la flota inglesa del contraalmirante Horacio Nelson se acercó sigilosamente a Tenerife; estaba compuesta por cuatro navíos de línea, cuatro fragatas, una nave de apoyo y mil soldados.  Su intención era apoderarse de Tenerife, primero y de todo el archipiélago canario, después.

La defensa canaria contaba con unos 1.600 hombres, al mando se encontraba el comandante general de Canarias, Antonio Gutiérrez. A ellos se unió el pueblo de Tenerife, que luchó con auténtico heroísmo.

La flota inglesa fue avistada el día 22. Los ingleses lograron desembarcar en la playa de Valleseco, pero fracasaron en el asalto al castillo de Paso Alto debiendo de reembarcar en la noche del 23 al 24 de julio. La madrugada del día 25 aconteció el combate más importante. Se produjo en el muelle del puerto de Santa Cruz de Tenerife. El buque La Fox fue hundido por la artillería española. Los ingleses volvieron a los barcos, el propio Nelson tuvo que reembarcar al perder de un cañonazo su brazo derecho. Los ingleses que habían logrado desembarcar se abrieron paso hasta el Convento de Santo Domingo, donde se hicieron fuertes. La lucha se extendió por las calles, los tinerfeños lucharon a brazo partido y con pocas armas contra los invasores, hasta lograr que los intentos de nuevos desembarcos británicos fracasaran. El comandante de la infantería británica solicitó condiciones para su rendición.

Las pérdidas inglesas ascendieron a 233 muertos y 110 heridos. Por parte española, las bajas fueron de 24 muertos y 35 heridos. Los fallecidos estaban equilibrados en su origen, tanto militar como ciudadano,  lo que demuestra a las claras la interacción del pueblo y el ejército en esta acción.

Este acontecimiento es conocido como la Gesta del 25 de julio de 1797, es una de las efemérides más importantes de la historia de Canarias y no es para menos. La defensa, con los pocos medios que se tenían y la propia situación estratégica del Puerto de Santa Cruz, era una muy difícil de llevar a cabo y, sin embargo, fue todo un éxito militar de Antonio Gutiérrez y de sus hombres. Pero, sobre todo, del pueblo tinerfeño que, con pocos medios, alejados de la Península, demostró una vez más su gran amor a España.

Además, aquella derrota, la última derrota que sufrió Nelson, supuso el fin de la doble estrategia que subyacía en aquel ataque. Las Islas eran una parada obligada para los navíos de la época, pues el Canal de Suez no estaba aún abierto y tenían que pasar por ellas todos los barcos procedentes de Europa hacia América, África o Extremo Oriente.

Por lo que la primera finalidad del plan es la de privar a España del inmenso apoyo de las Islas en la ruta hacia el continente americano.

A finales del siglo XVIII, Gran Bretaña se encuentra en un momento de máxima expansión, pero la independencia de los Estados Unidos y la imposibilidad de arrebatar a España sus posesiones americanas les obliga a dirigirse hacia África y Asia, sobre todo, hacia la India . Y para mantener la ruta a la India son necesarias bases en el Atlántico y el Índico.

La segunda finalidad del ataque era obtener un punto de apoyo en la ruta atlántica.

Hasta tal punto esta conquista era importante para los ingleses que William Pitt, primer ministro británico, hablaba sobre la conveniencia de cambiar una de las Islas Canarias por su “amada e importante posesión de Gibraltar”.

Afortunadamente, al verse obligados en virtud de las capitulaciones que les impuso el general Gutiérrez, a no volver a atacar las Islas Canarias, los ingleses no tienen más remedio que olvidar la ruta atlántica y volverse hacia el Mediterráneo y Egipto, donde al año siguiente seguirán combatiendo, pero esa vez contra la flota francesa.

Si hoy las Islas Canarias son españolas, es por la férrea voluntad de sus habitantes en la defensa frente a los ingleses. Si Nelson hubiera ganado, con una España en franca decadencia; con la flota bloqueada en Cádiz y poco después derrotada en Trafalgar; con España a punto de iniciar la guerra de independencia; con Gibraltar en manos inglesas, es muy probable que nunca las hubiéramos recuperado.

Así que, los tinerfeños pueden llevar con gran orgullo los tres leones en su escudo. Ganados con sangre, esfuerzo, sudor, lágrimas y gran lealtad y amor a España.

BIBLIOGRAFÍA

AGUADO BLEYE, P.-“ Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1954.

ALCALÁ-ZAMORA Y QUEIPO DE LLANO: “La historia oceánica de los siglos modernos y el tesoro submarino español” . Google Books. 2008.

Rumeu de Armas: Antonio. “Piratería y ataques navales contra las islas Canarias”. Google Books. 1947.

CURIOSIDADES DE LA HISTORIA 3: Poder y esoterismo

Hacía mucho que no indagaba por las curiosidades de la Historia, siempre tan divertidas.

Recordamos las dos anteriores:

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/20/curiosidades-de-la-historia/

https://algodehistoria.home.blog/2020/05/08/curiosidades-de-la-historia-2-entre-cuentos-y-leyendas/

La idea para esta entrada de hoy proviene de mi amiga Carmen. Carmen oyó el mensaje de Pedro Sánchez tras la considerable derrota en las elecciones municipales y autonómicas del pasado 28 de mayo, cuando dijo:” [el resultado electoral desvela] un mensaje que va más allá”. Ante ese más allá, me sugirió hablar de los dirigentes que creen en la astronomía, pero he preferido retorcer un poco el argumento y llevar el tema por la brujería, la nigromancia, la magia o el esoterismo. Me acordé de la opinión del gran antropólogo vasco Julio Caro Baroja: «Se pueden encontrar grandes semejanzas entre la bruja antigua y el político moderno, sea cual sea su filiación y el origen de su poder. Al uno como a la otra se le atribuyen facultades muy superiores a las que realmente tienen, son igualmente buscados en momentos de ilusión, defraudan en modo paralelo y en última instancia los males de la sociedad se les atribuye en bloque… Cuando son derrotados sufren procesos sensacionales en que magistrados austeros y testigos inocentes ponen de manifiesto todas sus culpas. Si hoy existiera pena de hoguera, los políticos serían los más sujetos»

Hoy no vamos a quemar a nadie, pero sí reírnos un poco de sus cuitas y la forma de solventarlas.

Estrabón habló de la nigromancia como la forma principal de adivinación entre los pueblos de Persia y se cree que estuvo también muy extendida entre los caldeos, en Etruria y en Babilonia.

Fue en Egipto, con su sistema religioso complejo y bastante místico, donde surgió uno de los primeros libros sobre nigromancia. Se llamaba “El Libro de los Muertos del Antiguo Egipto”.

En las artes adivinatorias, famosos eran los arúspices, sacerdotes que en la Roma de los césares abrían las entrañas a los animales para leer en ellas sus presagios. No había batalla en la época clásica que no contara previamente con un vaticinio y si la iniciaba Roma, el vaticinio debía ser favorable. Sin embargo, en el imperio ya empezaba a percibirse a los arúspices como charlatanes y en la época republicana tardía, Catón decía que “dos arúspices no podían mirarse sin reírse”.

En la Edad Media, se produce una simbiosis entre ciencia y magia. En la primera incluiremos a los astrónomos. La astronomía en sus comienzos aspiraba a explicar el proceder del mundo, pero siempre tuvo más de ciencia que de magia. Es famoso el amor al estudio de las estrellas de Alfonso X el sabio, y también que muchos sabios en su afán de saber y conocer trascendían la ciencia para caer en la magia. Numerosas fuentes asignan a la antigua ciudad de Toledo un papel muy importante en el estudio y desarrollo de las artes mágicas. La presencia de “las tres culturas” impregnó a la ciudad de un espíritu científico único, junto con él se desarrollaron otros aspectos mucho más heterodoxos. La magia y la pretensión de contactar con el más allá a través de la magia era muy habitual entre los judíos.

Superada la Edad Media, ese afán de estudio y saber siguió dando lugar a formulaciones mágicas, que fueron la atracción de los poderosos del momento. Famoso, en este sentido, es el inglés John Dee, que fue consejero de las reinas María Tudor e Isabel I y que posteriormente recaló en la corte de Rodolfo II de Habsburgo. Matemático, astrólogo, ocultista… El polifacético John Dee se hizo famoso como sabio en la sociedad inglesa del siglo XVI y, sobre todo, en la corte de la reina Isabel I. Dee era un apasionado de las ciencias ocultas y su enorme afán por adquirir conocimientos lo convirtió en el orgulloso propietario de una de las bibliotecas más extensas y bien surtidas de Inglaterra, que fue visitada por estudiosos de todo el mundo. Cayó en desgracia en la Corte de María Tudor y fue acusado de brujería. Pero resultó absuelto. Volvió al favor real cuando Isabel I alcanzó la Corona inglesa en 1558. Dee se convirtió entonces en asesor astrológico real y la soberana le consultaba previamente a cualquier decisión importante, por ejemplo, le encomendó escoger la fecha más adecuada para llevar a cabo su coronación.  Según se cuenta, debido a sus indudables conocimientos meteorológicos, fue capaz de informar a la armada inglesa de cuál era el mejor momento para atacar a la armada española en 1588, debido a la tormenta que se avecinaba con la que derrotaron a la Armada Invencible. También fue espía. Durante sus misiones de espionaje, Dee creó una firma específica para dirigirse a la monarca:007. Los dos círculos simbolizaban los ojos de la soberana (solo para sus ojos) y el 7 era el número cabalístico de la suerte de John Dee (quinientos años más tarde, la firma secreta de Dee sería adoptada por el escritor británico Ian Fleming para crear el nombre en clave del más famoso agente secreto de todos los tiempos: James Bond). 

Dee escribió Monas Hieroglyphica, una de las obras más importantes de la corriente mágico-hermética europea del siglo XVI. 

Este gusto por el ocultismo era, como decimos, una corriente del siglo XVI, aunque, quizá también entre cuñados andaba el juego, y así, nuestro Felipe II al igual que Isabel I de Inglaterra, tenía afición por el oscurantismo. Nuestro gran monarca se formó en filosofía, arquitectura y bellas artes. Pero también sentía una profunda atracción por saberes más herméticos como la mitología, la alquimia y el ocultismo. Entre 1563 y 1584 mandó construir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un palacio cargado de simbología esotérica inspirado en el bíblico Templo de Salomón. La elección del lugar no fue casual, pues se erigió precisamente en este enclave de la Sierra de Guadarrama para sellar una mina que en aquella época se consideraba una “boca del infierno” y evitar así que los demonios salieran. Uno de los mayores atractivos de El Escorial es sin duda su extraordinaria biblioteca, entre cuyos volúmenes podemos encontrar numerosos tratados e incunables sobre magia, astrología, nigromancia y alquimia. Esta última era el arma secreta del, en otras cosas, racional y prudente rey Felipe. En una de las torres del monasterio ocultó un laboratorio y contrató a los mejores alquimistas del Renacimiento para tratar de fabricar la Piedra filosofal, una sustancia fantástica que podría convertir cualquier metal no preciso en oro. Desgraciadamente para España y sus fianzas no lo logró.

Pero el ocultismo tiene otras manifestaciones, así las sociedades secretas han jugado un importante papel en la Historia política del Mundo. Ya a finales del Siglo XVI – ¡qué siglo aquel para el esoterismo!- nace en Escocia la masonería con claros símbolos míticos inspirados en el oscurantismo oriental. En 1717 se fundó la Gran Logia de Inglaterra aduciendo un largo linaje de iniciados en una fraternidad que se expandió por todo el mundo occidental y especialmente en Francia donde se adaptó a las ideas enciclopedistas y de la Ilustración, haciendo conexión con la Revolución Francesa. No todos los líderes de la Revolución Francesa fueron francmasones, de hecho, en las filas jacobinas eran los menos, pero sí lo fueron Marat, La Fayette, Danton, Mirabeau. El espíritu anticatólico, la fuerte jerarquía, las normas propias, unas logias elitistas formadas por influyentes hombres del momento, hicieron de sus normas de funcionamiento un sistema de influencia social y política que se trasladó a América. La influencia masónica en la independencia de los Estados Unidos de América está contrastada.

Dentro de las sociedades secretas debemos recordar que Adolf Hitler y el nazismo son una mezcla extravagante de magia y tecnología. Se cree que en la Alemania de principios de siglo XX un grupo que reivindicó la superioridad de la raza aria, reunido en torno a la Sociedad de Thule, inspiró la ideología del régimen nazi, siendo uno de sus miembros dilectos el propio Hitler. El nombre de esta sociedad tiene su origen en la mítica isla de Thule mencionada en algunos textos antiguos y que los ariosofistas identificaban con Hiperbórea, el lugar primigenio de la raza aria. 

Pero nuestra entrada no tenía intención de adentrarse en el proceloso mundo de las sociedades secretas sino más bien en las actividades privadas e individuales de dirigentes mundiales tendentes a conocer el “más allá” desde formas muy de “acá”

En ese sentido y con cierto sentido cronológico debemos recordar algunos casos curiosos. Por ejemplo, Simon F. Case, coronel y mano derecha del presidente Lincoln, escribió en su libro “Proclama de la Emancipación” que el presidente era habitual de las sesiones espiritistas y, en una de ellas, recibió un mensaje trasmitido por un “ser sobrenatural” que lo convenció de la necesidad de abolir la esclavitud. Este hecho tuvo lugar una tarde de 1861. El médium que dirigía la sesión entró en trance y le transmitió el siguiente mensaje del más allá: “Usted ha sido llamado a la posición que ahora ocupa para una gran tarea. El mundo está bajo una esclavitud universal; y debe dejársele libre físicamente, para que pueda alcanzar espiritualmente su estado”. Después de escuchar este mensaje, Lincoln se empeñó en decretar la proclama que, a partir de 1863, permitiría la emancipación de más de cuatro millones de esclavos afroamericanos.

Conocidísimo es el caso de Rasputín, en los coletazos finales del imperio zarista. Logró aliviar al heredero de los sufrimientos causados por la hemofilia, lo que le dio un poder extraordinario sobre la madre del pequeño, Alejandra, y sobre el zar Nicolás II.

Aquel hecho, puramente casual, unido al misticismo y la magia que manejaba el monje, así con su personalidad, fue lo que le valió para la gran influencia que tenía con la familia Romanov y con la nobleza rusa.

Durante la Primera Guerra Mundial fue acusado de ser un espía alemán y de influir políticamente en la zarina, que era de ascendencia alemana. Esta influencia le valió ganarse el odio de varios nobles, y su asesinato.

Mariano José de Larra, el ilustre político y periodista español, y un supersticioso reconocido, preguntado en una ocasión por qué, una persona tan inteligente y culta como él, era tan supersticioso dijo: “Porque los que no creemos en Dios, en algo debemos de creer”. Con esas actitudes se empieza en la superstición y se acaba en la brujería y el tarot.

Se sabe que Ronald Reagan era muy aficionado a la astrología y que consultaba las cartas astrales con gran frecuencia. Su afición provenía de sus tiempos de actor. Se dice que una astrologa le señaló la fecha más adecuada para su matrimonio, para la toma de posesión a la presidencia o incluso que un médium le vaticinó que sería presidente.

Mucho años después, Hillary Clinton manifestó que durante los años que vivió en la Casa Blanca pudo percibir la presencia de espíritus en diversas estancias del edificio presidencial. Tampoco ha ocultado su cercanía y amistad con la parapsicóloga Jan Houston a la cual consultaba cada paso importante a dar en su actividad profesional. No sabemos si le anunció su derrota contra Trump.

En Hispanoamérica, la santería, el vudú, la astrología y la magia están a la orden del día. Conocidísimo es el caso de Duvalier, Papa Doc entre las masas haitianas, presidente de Haití que enarboló el vudú no sólo como una religión oficial sino como una política de Estado, consiguiendo dominar de manera dictatorial a la población ignorante con el miedo a sus prácticas de vudú. Pero tanto se convenció a sí mismo de su poderío mágico que se jactaba de haber matado a Kennedy con brujería vudú.

En Venezuela, Hugo Chávez tenía una bruja de cabecera que le adelantó su ascenso a presidente de Venezuela, tras pasar por la cárcel , así como su temprana muerte- hay que ver cuantas brujas vaticinan el éxito y casi ninguna el fracaso-.

Las cartas marcaron así su inexorable destino y con ellas llegó una obsesión que le arrastraría a realizar todo tipo de prácticas relacionadas con el ocultismo. Un largo currículo de contactos con el “más allá” que abarca los amuletos, la ‘ouija’, las apariciones de su bisabuelo ‘Maisanta’ (un general que luchó contra la dictadura de Juan Vicente Gómez), las charlas con el espíritu del libertador Simón Bolívar, la masonería (intentó ingresar en una logia), las visiones de las ánimas de la sabana y la santería cubana. Reconozcamos que no le faltaba “de’ná”.

El periodista David Placer recogió todas estas aficiones de Chavez en su libro “ Los brujos de Chávez”

En México, Políticos de todo tipo recurren a la magia, a los brujos o a chamanes, para lograr poder político. El periodista José Gil Olmos ha escrito dos libros sobre “Los brujos del poder». Entre los mencionados en esas obras se encuentran Marta Sahagún, esposa del ex presidente Vicente Fox. Sobre Carlos Salinas de Gortari, que fue presidente de México entre el 1 de diciembre de 1988 y noviembre de 1994, cuenta que mientras gobernaba José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari contrató a unos brujos vudú para que cuando tomara el poder Miguel de la Madrid, él fuera elegido (mediante el conocido Dedazo) como el candidato a la Presidencia de la República por el PRI.

Otro personaje que se mueve entre brujos y magas es Enrique Peña Nieto, presidente de México desde el 1 de diciembre de 2012 hasta el 30 de noviembre de 2018.

Podría nombrar a muchos más, pero por terminar diremos que medios estatales rusos han asegurado que el ejército ucraniano está usando magia negra para ganar la guerra. Quizá para compensar a los hechizos ucranianos, las brujas rusas reunidas en la asociación “Grandes Brujas de Rusia”, organizan, de cuando en cuando, su aquelarre para apoyar a Vladímir Putin. Van cubiertas con capuchas decoradas con aves doradas y forman círculos para entrar en una conexión espiritual con el propio Putin y darle fuerza y posibilidades de victoria.

De Sánchez no conocemos que consulte con brujas, sabemos que se fía de Tezanos, y no podemos afirmar cuál de las dos cosas es peor.

BIBLIOGRAFIA

GIL OLMOS, José.- “Los brujos del poder”. Ed Bolsillo. (en PDF, aquí: https://www.academia.edu/42972179/Vdocuments_mx_jose_gil_olmos_los_brujos_del_poder_el_ocultismo_en_la_politica_mexicanapdf).

LACHMAN, Gary.- “El ocultismo en la política. Historia secreta de la búsqueda del poder”. Ed Luciérnaga. 2017.

PLACER, David. – “Los brujos de Chavez”. ed CreateSpace Independent Publishing Platform. 2016