Este hilo se lo dedico a la listísima hija de mi listísima amiga Cristina, una admiradora incondicional de Felipe II.
El otro día en un programa de televisión y hablando de la actualidad, el corresponsal de un periódico británico en España puso de ejemplo, aunque no venía mucho a cuento, el fanatismo religioso de Felipe II. No hay nada como ser importante para que alrededor surjan las envidias y las malas lenguas. Así se podría describir en términos muy coloquiales lo que fue el origen de la leyenda negra que alcanzó a España y también a nuestro rey Felipe II. Porque lo de su fanatismo religioso forma parte de la leyenda negra.
Cuando Carlos V abdicó del trono en 1556, dos años antes de su muerte, dividió su imperio en dos Partes: a su hijo Felipe le entregó España, América, Italia y Flandes y a su hermano, Fernando, le otorgó el sacro imperio.
Felipe, rey trabajador e inteligente, se ocupó personalmente de los asuntos de Estado, reformó las instituciones heredadas de los Reyes Católicos dotándolas de mayor solidez, lo que le permitió, además, con gran sabiduría, hacer frente a no pocas conspiraciones internas y a engrandecer más aún el Imperio Español; siendo destacado el desarrollo de la presencia española en el continente americano y en el Pacífico, muy especialmente, en Filipinas, no en vano el archipiélago lleva ese nombre en honor de nuestro gran rey Felipe II. Fueron sus enemigos externos ayudados por algunos internos como, por ejemplo, Antonio Pérez, o la difusión anglo-holandesa de las barbaridades dichas por Fray Bartolomé de las Casas, los que hicieron recaer una injusta leyenda negra que aún se arrastra. De ambos traidores hemos hablado aquí:
https://algodehistoria.home.blog/2020/10/30/un-traidor-antonio-perez/
https://algodehistoria.home.blog/2020/04/24/traidor-fray-bartolome-de-las-casas/
Imprenta y propaganda fueron los medios de una leyenda nacida de los deseos de independencia, de hacerse con las rutas comerciales españolas o engrandecer sus posiciones en Europa de, respectivamente, Holanda, Inglaterra y Francia. Entre las críticas recaídas sobre nuestro rey y convertida en leyenda está la acusación de fanatismo religioso, conservadurismo extremo, arrogancia y crueldad. Todo ello muy ajeno a la realidad.
Cuando murió Felipe II el Imperio Español era el más extenso del mundo, con territorios europeos, posesiones americanes, africanas y asiáticas, los ingleses empezaban a prosperar, pero aún debían esperar muchos años para poder alcanzar un dominio del mundo que pudiera conllevar la denominación de imperio. Se habla mucho de la derrota de la Armada Invencible, pero poco de la derrota de la Contra armada británica a manos de los españoles poco después. https://algodehistoria.home.blog/2020/10/23/la-contra-armada-inglesa/
El único imperio que hacía sombra a la visión imperial española durante algunos años era el de Portugal, y en 1580 Felipe II se anexiona Portugal, en la Unión Ibérica, lo que hace confluir los dos grandes imperios ultramarinos de la Península en uno sólo, bajo el mando de Felipe II. Como para no cogerle tirria si eras inglés o francés
Durante el reinado de Felipe II, los conflictos con Francia continuaron hasta que se produjo la victoria de los tercios españoles en San Quintín (1557), y la firma de la Paz de Cateau-Cambresis (1559) iniciándose un periodo de tranquilidad militar.
Pero el desgarro interno europeo provenía del protestantismo. La reforma protestante contra la que tanto batalló su padre, seguía dando que hacer.
Que mejor cosa en ese ambiente que calificar a Felipe II de fanático religioso.
Lutero fijó sus 95 tesis, enfrentándose al papado, negando los dogmas católicos y los sacramentos, el culto a la Virgen María y a los santos. Sus escritos se difundieron rápidamente, gracias a la imprenta de Gutenberg y a que los príncipes alemanes vieron una oportunidad política en esta ruptura con Roma para conseguir más poder oponiéndose al Papa y a Carlos V, emperador de Alemania, Rey de España y Nápoles. Lo que continúa con su hijo Felipe. A esa oportunidad se unen los holandeses buscando también su independencia.
No fue el único movimiento anti papado. En Francia, Calvino, más intransigente y radical que Lutero, si cabe, encabezó otro movimiento reformista y rupturista, extendiéndose rápidamente a otros países. Pero el protestantismo en Francia acarreó años de enfrentamientos civiles en las guerras de religión. Felipe II apoyó a los católicos frente a los hugonotes (protestantes seguidores de Calvino), especialmente ante las pretensiones al trono de Enrique de Borbón, que era hugonote. En 1593, Enrique se convirtió al catolicismo, subió al trono como Enrique IV- “París bien vale una misa”- y España y Francia firmaron la Paz de Vervins en 1598.
Para completar el mapa religioso europeo del S XVI, hay que mencionar que en Inglaterra aparece el anglicanismo al negar el Papa el divorcio del rey Enrique VIII de su legítima esposa Catalina de Aragón y, con ello, legitimar el matrimonio con Ana Bolena. El monarca rompe con Roma y se autoafirma cabeza de la iglesia.
Que la corrupción se extendía por la Iglesia romana, era evidente desde hacía tiempo. Por ello, en España, el Cardenal Cisneros con el apoyo explícito de la Reina Católica realizó una profunda reforma de la vida eclesiástica, buscando un modelo moral más acorde con el mensaje evangélico. De hecho, si Lutero no hubiera sido un intransigente y sin el apoyo político alemán nunca se hubiera desarrollado su herejía, pues los problemas se podrían haber arreglado internamente. Intentos hubo, el más importante el Concilio de Trento, iniciado bajo el gobierno en España de Carlos V y terminado bajo el de Felipe II. El concilio no logró reunir a sus hijos cristianos, pero sí fortaleció a la contrarreforma, al papado y puso los basamentos para ejecutar una genuina reforma interna de la Iglesia.
En España, los acuerdos de Trento se declaran de obligado cumplimiento en una pragmática de 1564. Asimismo, se promulgaron leyes para vetar la importación de libros y se limitó el derecho cursar estudios en el extranjero. Para asegurar su cumplimiento, la Inquisición publicaba un índice de libros prohibidos y registraba bibliotecas. Además, numerosas órdenes religiosas contribuyen a la educación y la enseñanza. La Compañía de Jesús, entre otras, ayudó a difundir la doctrina católica por Europa y América mediante una amplia labor educativa, fundando escuelas y universidades. Precisamente la labor evangelizadora española está presente desde los tiempos de la llegada de Colón a La Española y en todas las expediciones promovidas por la monarquía hispana hay un grupo de frailes cuya misión es evangelizar, como ya vimos en Filipinas y China. https://algodehistoria.home.blog/2022/03/25/andres-de-urdaneta-y-el-tornaviaje/
España se pone al frente de la cristiandad en apoyo del papado, pero no es menos cierto que en el Siglo XVI nadie concebía una unidad nacional, estatal, sin la misma unidad religiosa. Felipe II no era más fanático que los demás monarcas coetáneos. En ningún momento o lugar en aquella época era concebible la libertad de pensamiento o de culto.
Es más, gracias a la actuación de Felipe, que no quería para España unos enfrentamientos como los de otros lugares, la vida religiosa en nuestro país fue mucho más tranquila que en otros lugares. Como señala Kamen[1] la herejía protestante había causado poco impacto en España y así siguió y no porque la Inquisición española fuera más cruel que otras – ya vimos un interesantísimo reportaje de la BBC ( https://algodehistoria.home.blog/2020/07/10/el-mito-de-la-inquisicion-en-espana/ ), difundiendo lo que es una verdad histórica comprobada, que nuestra Inquisición fue mucho más justa y liviana que la holandesa o la de otros países-, es más, fue el Rey quien se ocupó de que el Santo Oficio se condujera por caminos de mayor justicia. Felipe había visto los efectos de las guerras de religión en Europa y no quería nada igual para España. Se sabe, por ejemplo, que en 1559 los ingleses, bajo el mandato de la Reina María, habían ejecutado a casi tres veces más herejes que en España. En Francia, bajo Enrique II, se habían ejecutado al doble de personas que en nuestro país y en los Países Bajos eran diez veces más los sacrificados en nombre de la fe.
Fue la presencia de los turcos de Solimán el Magnífico y su amenaza al papado y a todos los católicos lo que hizo que Felipe II avanzara aún más en su condición de Príncipe de la cristiandad. No era un problema de fanatismo religioso, como ya vimos en la entrada sobre Lepanto: https://algodehistoria.home.blog/2021/06/18/lepanto/
Se trataba simplemente de que eran ellos o nosotros. El mundo occidental tal y como lo conocemos se lo debemos a aquella victoria de la Santa Liga. Victoria que debemos al Papa, a los estados italianos, especialmente a Venecia, y, sobre todo, a Felipe II, porque ni alemanes, ni franceses ni ingleses colaboraron en sofocar aquel peligro. Al contrario, consideraban más importante la merma de poder de España que la defensa de su propia integridad y de los valores greco-romanos y judeo-cristianos que habían conformado nuestra civilización europea. Habría que meditar dónde residía el fanatismo.
Suele señalarse que, Felipe II fracasó en extirpar el protestantismo, pero quizá sería más adecuado, como hace Pío Moa[2], decir que los “protestantes fracasaron en su afán de extirpar el catolicismo, pues de ellos había partido la agresión a una religión ya establecida siglos atrás. Felipe, en definitiva, mantuvo católica la mitad sur de Europa, y aunque no derrotó por completo a sus enemigos sí marcó los límites a su expansionismo, del mismo modo que lo hizo con el Imperio otomano. Libró a España de guerras internas como las de Francia, que causaron unos cuatro millones de muertos y devastaron regiones enteras, y que se habrían propagado a nuestro país de haber permitido la victoria de los calvinistas franceses. Teniendo en cuenta el poder y empeño, por así decir fanático, de sus enemigos, no fue un pequeño logro.”
Felipe II fue un gran rey católico, con auténtica fe, aunque algunos historiadores como Joseph Pérez afirmen que Felipe II utilizó la religión para justificar su imperialismo. Muchos otros consideran que el imperialismo le venía de cuna, si bien obvian que la fe ha de mantenerse por uno mismo. Una de las manifestaciones de esa fe católica de Felipe II y muy alejada de la frialdad y fanatismo que nos han querido contar está en el hecho de que fue un gran amante de las artes, un gran mecenas y uno de nuestros reyes más cultos. En su imperio territorial se fraguó un imperio cultural como fue el siglo de oro en el que la religión tuvo una presencia destacada. No sólo en la literatura se manifiesta la fe católica, lo hace en el mecenazgo de pintores que transmitan valores religiosos en sus obras o en la Arquitectura. La España cabeza de la cristiandad está en el ambiente. Recordemos en este sentido y a modo de ejemplo, la obra de Tiziano: “La Religión socorrida por España”. La pintura conmemora la actuación de la monarquía hispana en la batalla de Lepanto. En la obra España acude en ayuda de la Religión, defensora de la Fe Católica contra todos sus enemigos y no sólo contra el turco, pues las serpientes simbolizan la herejía protestante.
En la pintura España aparece armada con coraza, lanza y escudo y toma de la mano a una mujer que porta una espada (la Justicia). Al fondo, en el mar, figura un carro conducido por Poseidón con un amenazador turbante turco.
En otro orden artístico: arquitectura, destaca el Monasterio de El Escorial. En el Monasterio se muestra la fe profunda del rey. Cada cuadro, cada obra, la propia planta del edificio y los jardines responden a los intereses de la contrarreforma católica. Edificio del que Fray José de Sigüenza (asesor de Felipe II, miembro de la Orden jerónima y bibliotecario real en El escorial. Realizó el sermón que inauguró el Monasterio, entre otras muchas cosas), dijo: “Obra tan santa, tan pía, tan llena de cristiandad y de tantos provechos para todo… Donde se conserva tanta hermosura de pinturas e imágenes”. No es casualidad que sus obras empezaran en 1563, año de la clausura del Concilio de Trento. Tampoco fue casualidad que la orden religiosa a la que el rey encomendó la custodia del monasterio fuera la Orden jerónima. Precisamente San Jerónimo representa la verdadera fe, siendo además el traductor de la vulgata, único texto autorizado de la Biblia en el Concilio de Trento.
Llamar fanático a Felipe II es no comprender su posición: fue testigo de los desastres de las devastadoras guerras de religión en Francia, Alemania y Flandes, y de la sangrienta persecución a los católicos en Inglaterra e Irlanda. Amén del peligro del turco y el posible fin de la Cristiandad si no se les paraba.
De hecho, en los últimos años, la historiografía, incluso la anglosajona, (Pierson, Maltby, Parker, Thompson y Kamen) ha revisado sus posiciones y puesto en cuestión los tópicos negativos sobre Felipe II. Se destaca una imagen más exacta y ecuánime en la figura del gran monarca español en todos los órdenes: hombre, rey y mito.
Hay que explicárselo a algunos gacetilleros.
BIBLIOGRAFIA
KAMEN, Henry. “Felipe de España”. Ed. SXXI. 1997.
PÉREZ, Joseph. “La España de Felipe II”. Ed Crítica. 2000.
MOA, Pio “Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI”. La esfera de los libros. 2010
[1] Henry Kamen. “Felipe de España”. Ed. SXXI.
[2] Pio Moa “Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI”.