La Intervención Norteamericana en Panamá

Desde que el 25 de septiembre de 1513, Núñez de Balboa encaramado en una cima, desde el istmo de lo que con los años será Panamá, avistase por primera vez el océano Pacífico, al que denominó “Mar del Sur” (años más tarde, Fernando de Magallanes le dio el nombre de Pacífico) muchas naciones intentaron encontrar una ruta que uniera el Océano Atlántico y el Pacífico sin tener que dar la vuelta por todo el continente y pasar  por el Estrecho de Magallanes.

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Se evaluaron numerosas ideas: un canal en Nicaragua, uno en Tehuantepec (México), otro en el Darién y un paso por el istmo de Panamá, que por ese entonces era territorio colombiano. Pero ninguna de esas ideas se concretarían hasta el siglo XIX.

En este punto conviene hacer un inciso con una mínima explicación sobre la situación geopolítica de la zona en el Siglo XIX.

La independencia del Virreinato de Nueva Granada de España (1821) supuso un giro importante para todos los territorios que conformaban aquella división administrativa española (abarcaba los territorios actuales de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá). Se forma así la Gran Colombia. Su superficie sumaba a los territorios ya nombrados la Guayana Esequiba (parte de Guayana) y otros territorios en disputa como el este de Costa Rica, parte de Nicaragua y Honduras, los territorios al nordeste de Brasil y la zona norte del Perú.  En 1831, con la disolución de la Gran Colombia, se crea la República de Nueva Granada y posteriormente Confederación Granadina formada por lo que serán Colombia y Panamá, que pasó por diversas vicisitudes y formas políticas y diversos nombres a lo largo del S. XIX. Durante la segunda mitad del S. XIX, la integridad territorial de aquella Republica fue puesta en peligro en diversas ocasiones, casi todas ellas por la injerencia norteamericana para controlar el istmo de Panamá.  En 1846 Colombia firmó un tratado por el que permitía a EE UU construir un ferrocarril que cruzara el istmo; le garantizaba además la libertad de tránsito y el derecho a proteger el ferrocarril con militares. Las élites de Colombia y de la región del Istmo se enriquecieron con el ferrocarril.

A la luz de estos negocios se vislumbró la idea de realizar en esa misma zona un canal. El primer intento importante ocurrió en 1880, cuando Bogotá otorgó la concesión para la construcción del canal a Fernando de Lesseps, un ingeniero francés que había construido el Canal de Suez. Las obras se inician en 1881, pero se detuvieron en 1889 por falta de confianza de los inversores debido a problemas de ingeniería y a la elevada tasa de mortalidad de los trabajadores (la humedad y la falta de medidas sociosanitarias adecuadas creaban muchas enfermedades).

En esa época, Estados Unidos era una potencia emergente que estaba a punto de quedarse con el control de Puerto Rico y Cuba.

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Colombia tenía multitud de problemas internos, lo que aprovechó USA para pretender no sólo construir el Canal sino quedarse con él y comprar todo el territorio de alrededor por 40 millones de dólares. Colombia no lo aceptó, pero sí firmó el tratado Herrán-Hay (el secretario de Estado estadounidense, John Hay, y el ministro colombiano Tomás Herrán) entre Colombia y Estados Unidos, por el que se concede a USA la licitación y construcción del Canal. En la propuesta se establecían dos elementos claves, la construcción de otro canal en Nicaragua, para no depender en todo del de Panamá y el abono de una indemnización a Colombia y a Francia, por la inversión ya realizada. Sin embargo, ni el canal en Nicaragua se construyó, ni el Parlamento Colombiano aceptó los términos del tratado en la sesión celebrada el 5 de agosto de 1903 y que fue el detonante para la independencia de Panamá de Colombia. El 3 de noviembre de 1903, una junta revolucionaria panameña declaró la independencia de Panamá, apresurándose el Gobierno norteamericano a reconocer de inmediato la soberanía del país. Aunque Colombia intentó sofocar la independencia con su ejército, las tropas norteamericanas se lo impidieron. Colombia no reconoció la independencia de Panamá hasta 1921 cuando USA pagó a Colombia 25 millones de dólares como compensación.

Tras la independencia, se firmó un acuerdo Panamá- EE.UU (Administración Roosevelt) , el Tratado Hay-Bunau Varilla, firmado el 18 de noviembre de 1903. Garantizaba que USA mantendría la independencia de Panamá mientras ese país le otorgara la concesión a perpetuidad del canal, además del domino de la que se denominó la Zona del Canal, que comprendía 8 kilómetros hacia cada lado de la estratégica vía. Panamá recibiría 10 millones de dólares.

Estados Unidos inició el proyecto constructivo en 1904 e inauguró el Canal en 1914. USA siguió controlando el Canal y la zona circundante hasta los acuerdos Torrijos- Carter de 1977.

TORRIJOS Y NORIEGA

Omar Torrijos Herrera fue un militar panameño que estudió en las academias militares de Venezuela, El Salvador y USA. En 1966 era teniente coronel de la Guardia Nacional panameña.

En 1968 un golpe militar derribó el orden constitucional en Panamá y derrocó al presidente Arnulfo Arias. Se formó una Junta Militar que fue presidida por Torrijos. Torrijos desplegó una política nacionalista y antiimperialista. Reconoció a la Cuba revolucionaria, nacionalizó parte de la producción industrial y decidido la recuperación del Canal, bajo la ayuda de la ONU. Así logró que la débil Administración Carter firmara el acuerdo señalado en 1977, que reconocía la soberanía panameña sobre la zona del Canal y se comprometía a ceder el control total del Canal a Panamá en 1999, como así ocurrió.

Torrijos, a su vez, se comprometía a ceder el poder civil a los panameños, convocando unas aparentes elecciones libres en 1981, aunque se reservaba el mando de la Guardia Nacional. Murió en lo que muchos consideran un sospechoso accidente de avioneta en 1981.

La democracia no llegó a Panamá. Dos años después, el coronel Manuel Antonio Noriega tomó el poder de la Guardia Nacional, se ascendió a sí mismo a general y se nombró líder de Panamá.

Noriega, desde entonces, “condicionó” la vida política de Panamá.

Antiguo agente de la CIA y graduado en la Escuela de las Américas, empezó a consolidar su poder con rapidez siempre con el supuesto apoyo de USA. En las elecciones de 1984, Noriega proclamó la victoria de N. Ardito Barletta frente al autentico ganador Arnulfo Arias. Además, se le consideró inductor del asesinato de algunos miembros de la oposición democrática.

Las cosas fueron de mal en peor a principios de 1987, cuando Noriega se convirtió en el centro de un escándalo internacional. Muchos panameños exigieron la renuncia de Noriega, hubo protestas, huelgas generales y manifestaciones que derivaron en choques violentos con las fuerzas de defensa de Panamá. En febrero de 1988, el presidente panameño Eric Arturo Delvalle trató de expulsar a Noriega, pero el general conservó las riendas del poder, derrocó a Delvalle y lo obligó a exiliarse. Noriega nombró a continuación un presidente más afín a su causa. Todo esto puso a EE.UU en contra de Noriega.

En febrero de 1988, el general Noriega fue acusado por un tribunal de Miami de narcotráfico, crimen organizado y lavado de dinero. El entonces presidente estadounidense Ronald Reagan le ofreció un trato: renunciar al poder y abandonar Panamá, y los cargos por drogas serían retirados. Noriega no tenía intención de irse, pero los panameños contrarios a Noriega apoyados por los norteamericanos ansiaban su destitución. Así pues, en 1989, el entonces presidente estadounidense George Bush padre, elegido apenas unos meses antes, envió más tropas a las bases estadounidenses en Panamá.

La reacción de Noriega fue anular las elecciones de 1989. El 15 de diciembre de 1989, la asamblea legislativa nombró presidente a Noriega y su primera acción oficial fue declarar la guerra a EE UU. Al día siguiente, soldados panameños mataron a un marine estadounidense desarmado y vestido de civil cuando salía de un restaurante en Ciudad de Panamá. A primera hora del 20 de diciembre de 1989, Ciudad de Panamá fue atacada por aviones, tanques y 26.000 soldados estadounidenses en la operación Causa Justa. Aunque la finalidad era apresar a Noriega, la operación se vio oscurecida por la falta de información, lo que dio lugar a que 2.000 civiles murieran y decenas de miles perdieran sus viviendas al quedar destruidas zonas enteras de la ciudad.

En un discurso a la nación tras la invasión, Bush dijo que quería decirles a los estadounidenses «lo que hice y por qué lo hice»: «Las imprudentes amenazas y ataques del general Noriega contra los estadounidenses en Panamá crearon un peligro inminente para los 35.000 ciudadanos estadounidenses en Panamá. … Como presidente, mi mayor obligación es salvaguardar la vida de los ciudadanos estadounidenses… Se han alcanzado objetivos militares clave…La mayor parte de la resistencia organizada ha sido eliminada, pero la operación aún no ha terminado. El general Noriega se esconde.»

El día de Navidad, el quinto de la invasión, Noriega pidió asilo en la embajada vaticana. Fuerzas estadounidenses rodearon la embajada y presionaron al Vaticano para que lo entregase, ya que entrar en la embajada habría supuesto un acto de guerra contra Estado papal. No obstante, EE.UU utilizó una táctica psicológica: atronar los oídos de todos los residentes en la embajada con música heavy metal y hard rock (Van Halen, Metallica, Guns N’ Roses, Iron Maiden …). La embajada también quedó rodeada por masas de panameños furiosos que exigían la expulsión de Noriega. 10 días después Noriega se entregó a las tropas de EE.UU. Era el 3 de enero 1990 ( justo 36 años antes de que “extrajeran” a Maduro de Venezuela).

En Miami, Noriega fue juzgado y condenado a 40 años de prisión por tráfico de drogas. Durante ese juicio, Estados Unidos admitió haber pagado a Noriega 322.000 dólares estadounidenses en efectivo y regalos durante su relación con la CIA.

En 2007, fue liberado de prisión por buena conducta y extraditado a Francia, donde cumplió pena de prisión por lavado de dinero. En 2011 regresó a Panamá y fue encarcelado de nuevo por asesinato, corrupción y malversación de fondos. Falleció en 2017.

Panamá, tras la caída de Noriega, con altas y bajas (problemas de desigualdad social, corrupción…), afianza su sistema democrático y su prosperidad económica.

¿Terminó la influencia USA con la llegada de la democracia y la devolución de la soberanía del canal en 1999?

 La respuesta es no. Aunque los soldados se fueron relativamente rápido, Washington siguió desempeñando un papel en la conformación del futuro de Panamá.

Su influencia persistió a través de canales políticos, económicos e institucionales. No sólo en la configuración del sistema de seguridad impulsando la abolición del ejército y la creación de un modelo de seguridad basado en la policía. También influyó en la política económica mediante la ayuda, las instituciones financieras y la integración comercial.

Nació así un tipo de «gobernanza indirecta», demostrando cómo después de una intervención militar puede seguirse ejerciendo una influencia sin recurrir a una ocupación.

Para USA el canal es una infraestructura estratégica y vulnerable- Trump habla de espionaje chino-, pero la verdad es que tiene un valor militar y defensivo tan grande como comercial.

La justificación del interés actual del presidente Trump es, de nuevo, el narcotráfico. Es cierto que los cárteles colombianos camuflan sus envíos ilegales entre los contenedores legales. Panamá ha ofrecido a Trump un mayor control sobre ese trapicheo. Intentan así conservar la soberanía sobre el canal.

BIBLIOGRAFÍA

.- BENZ. W Y GRAML. H. “El siglo XX. Problemas mundiales de los dos bloques de poder”. Ed Siglo XXI. 1981

.- MUNIESA, B y OLIVER, J.- “Diccionario de Historia Actual (1945-2000)”. Ed Salvat. 2000

.- Procacci, G.- “Historia General del Siglo XX”. Ed. Crítica.2001

.- artículos de prensa

HÉROES. NUESTROS NAVEGANTES AL NUEVO MUNDO: CRISTOBAL COLÓN

Hoy vamos a hablar de héroes, porque el descubrimiento de América por la flota española a cuyo mando iba Colón, es una historia de héroes. Es verdad que también de aventureros, de busca fortunas, pero ¿algún lector se ha puesto a pensar en la España de 1492, en la que si bien ya se tenía conciencia de que el mundo era una esfera, se desconocía casi todo más allá de Finisterre, en el que se creía que en aquel mar moraban monstruos extraordinarios que podían devorar a personas y embarcaciones? Para salir a recorrer aquel mar, para llegar a las indias, hay que ser muy osado y tener espíritu heroico.  Cuando aquellos hombres, ya desesperados ante un viaje que parecía no terminar nunca, oyen a Rodrigo de Triana gritar “tierra a la vista” a las 2 de la mañana del 12 de octubre de 1492, y se encuentran con tierras desconocidas, con hombres de costumbres ajenas y se lanzan a su conquista, hay que tener madera de héroe. Aquellos españoles fueron unos auténticos héroes que descubrieron, evangelizaron y civilizaron una nueva tierra, que hizo aún más grande a España y a la Historia de la Humanidad. En honor y representación de todos ellos, vamos a hablar de Cristóbal Colón.

Cristóbal Colón se cree que nació en Génova o en los alrededores de Génova, pero no está claro su origen, del mismo modo que muchos pasajes de su vida siguen siendo un misterio.

De su mayor gesta queda su propio testimonio, en sus escritos.  De su vida, permanece la obra de su hijo, Hernando (algunos autores lo identifican como Fernando). Aunque el vástago no fue muy clarificador en torno a los orígenes del descubridor. De sus abuelos sólo hecha cortinas de humo para situarlos en torno a Génova. Hernando busca en su obra ennoblecer la figura de su familia. Incluso concede unos estudios a Colón que nadie más supo nunca que tuviera. Intenta velar el hecho, infamante en aquellos tiempos, de que sus familiares tuvieran que trabajar con las manos para ganarse el sustento.

Lo que se sabe con exactitud es que Colón, en 1477, estaba en Portugal, lugar al que retornó a finales de 1479. Viaja a Madeira donde conoce y se casa con Felipa Moniz de Perestrello de origen noble. Allí nace su primogénito Diego, que heredará los títulos familiares.

También se conoce que en 1484 la vida de Colón discurre en el Atlántico sur, en la costa africana, hasta Guinea y posiblemente en algún otro territorio más meridional. También de ese año es la ideación de un gran viaje a través del Atlántico que comunicase Europa con Asia desde poniente.

Los estudios que había en aquel entonces se remontaban a Eratóstenes. Cierto es que algunos sabios italianos concebían la idea de un solo mar que ocupara el espacio entre Finisterre y Japón. De esa idea era el florentino Paolo del Pozzo Toscanelli.

Pero todos los que consideraban esa opción señalaban que tal travesía requería de alguna isla intermedia que hiciese de puente entre las dos orillas principales y así tener opción se reponer las vituallas para el trayecto. Ninguno de los estudios científicos de la época permitía hacer las afirmaciones que, sobre la longitud de la distancia a recorrer, reseñaba Cristóbal Colón cuando pretendía convencer a los diversos monarcas de la bondad de su aventura. De hecho, los únicos datos que aportaba se encontraban en las apostillas escritas por él a dos obras que constituyeron la base de sus conocimientos, la Historia rerum del papa Pío II y los Tratados o Imago Mundi del cardenal Ailly.

A partir de aquí el resto son leyendas, aportaciones mágicas o providencialistas, algunas de las cuales fueron difundidas por Fray Bartolomé de las Casas.

Al primer rey al que Colón ofreció sus servicios fue a Juan II de Portugal. El monarca luso no rechazó a Colón de entrada, sino que lo entretuvo con la finalidad de sacarle más información y conocer la latitud en la que el genovés haría su singladura. Se dice que una de las razones por las cuales no se decidió a ofrecerle ayuda era por la afirmación tajante del navegante de querer hacer una escala en las islas Canarias y seguir su paralelo. Portugal, si hubiera aceptado tal cosa, hubiera roto el tratado de Alcazobas (https://algodehistoria.home.blog/2022/02/04/el-tratado-de-alcazobas/ ) y hubiera ofendido a los Reyes Católicos. El rey portugués tenía gran interés por los descubrimientos, pero las pretensiones de Colón le debieron parecer poco adecuadas para sus intereses en tierras conocidas, más importantes que la exploración de las desconocidas.

El 20 de enero de 1486, Colón se entrevistó con los Reyes Católicos en Alcalá de Henares. Desde entonces se convierte en el protegido de los Reyes Católicos. Las negociaciones para organizar el viaje duraron seis años. En los cuales, Colón se ocupó de varias cosas. Primero, ya viudo, se instaló en Castilla con su hijo Diego y visitó varios puertos para decidir desde cual emprender el viaje. En segundo lugar, se echó como amante a Beatriz Enríquez de Arana, madre de su segundo hijo, el geógrafo e historiador Hernando Colón.

La noticia de que Bartolomé Díaz había doblado el Cabo de Buena Esperanza, demostrando definitivamente que existía comunicación marítima entre los océanos Atlántico e Índico y, por tanto, una vía para llegar a Asia por mar, hizo temer a Colón que su proyecto fuese abandonado definitivamente. Por ello, intentó agilizar los trámites en los distintos frentes. Escribió a Juan II de Portugal, que volvió a replantearse la situación, aunque la respuesta final fuese de nuevo negativa. Esta comunicación no fue obstaculizada por los Reyes Católicos, si bien dieron a Colón una subvención en muestra de su buena disposición. La demora de los reyes católicos se debió a que estaban pendientes de la toma de Granada y de la guerra contra Francia. Además, Colón decidió enviar a su hermano a visitar la corte inglesa de Enrique VII para ver qué posibilidades de financiación le ofrecían los anglosajones. Nada se fraguó en aquella visita.

En 1491, totalmente desanimado, Cristóbal Colón decidió abandonar Castilla, pero se dirigió al monasterio de La Rábida. Nadie cree que esta visita fuera casualidad pues en el monasterio se entrevistó con fray Juan Pérez, confesor de la reina, quien, movido por desconocidos resortes, no dudó en movilizar toda su influencia frente a doña Isabel a fin de vencer las reticencias de la Reina, y lo logró.

El camino se allanó para el genovés que viajó a Santa Fe y fue testigo presencial de la caída de Granada el 2 de enero de 1492. El 17 de abril de ese año se firman las Capitulaciones de Santa Fe, que recoge los acuerdos alcanzados entre el navegante y la Corona relativos a su expedición. Además, en el documento, se le otorgan a Cristóbal Colón los títulos de almirante, virrey y gobernador general de todos los territorios que descubriera o ganase durante su vida. Títulos que, con posterioridad, le autorizaron a transmitir a sus herederos. También se le concedió un diezmo de todas las mercancías que hallase, ganase y hubiese en los lugares conquistados. Le fue asignada la facultad de juzgar en toda una serie de litigios que se suscitasen en torno a las citadas mercancías. Se le permitió “contribuir con la octava parte en la armazón de navíos que fueran a tratar y negociar a las tierras descubiertas”. A cambio recibiría otra octava parte de las ganancias.

Con estos acuerdos y los beneficios de la conquista, Colón logró un rápido ascenso social, y pasó a formar parte de la nobleza cortesana.

Los preparativos para el gran viaje se llevaron a cabo en la villa de Palos, condenada por ciertos problemas con la Corona a armar a su costa dos carabelas y navegar durante dos meses a beneficio de la corona.  La flotilla estaba compuesta por tres naves; dos de ellas -la Pinta mandada por Martín Alonso Pinzón y la Niña por Vicente Yáñez Pinzón- eran carabelas andaluzas, mientras que la Santa María, ejercía de nave capitana bajo el mando de Colón y había sido armada en los astilleros del Cantábrico. Todos los hombres iban a sueldo de la corona que había pagado cuatro meses de anticipo. Se hicieron a la mar el 3 de agosto de 1492.

De aquel primer viaje, se conserva un documento excepcional, el Diario que redactó el propio descubridor,  en el resumen que del mismo que realizó fray Bartolomé de las Casas.

Pararon en la isla de la Gomera para reparar el timón de la Pinta y así, con esa primera escala, continuar su trayecto que tenía como meta encontrar una isla intermedia a unas 400 leguas de las Islas Canarias y llegar a las indias a 700, o pocas más, leguas del archipiélago canario.

En septiembre surcaron el Mar de los Sargazos. Durante los primeros días de octubre, cuando se habían superado las 700 leguas de navegación y la tripulación se desesperaba al no hallar tierra, Colón decidió cambiar la ruta, hasta entonces había seguido el paralelo de las Islas Canarias. Decidió guiarse por la dirección que marcaban las aves viajeras. Consiguió apaciguar los ánimos gracias al honor de los Pinzón y de Juan de la Cosa que prometieron calma durante tres días más de navegación. Como ya dijimos, el viernes 12 de octubre, Rodrigo de Triana avistó tierra. Al amanecer llegaron a una isla coralina del archipiélago de las Bahamas, que Colón bautizó con el nombre de San Salvador.

Llegaron al nuevo mundo por casualidad, como dijo Ranke, se estaba ante “el más fecundo error de todos los tiempos”. Dos fueron los errores principales cometidos: la incorrecta estimación de la circunferencia terrestre y la aún más incorrecta estimación del volumen de las tierras emergidas conocidas hasta ese momento.

Tras recorrer las Bahamas, puso rumbo a otra isla (Cuba), isla que en un primer momento identificó con la ansiada Cipango (Japón). Exploró la costa occidental y envió desde allí una delegación que debía entrevistarse con el Gran Khan, pero sólo encontraron a unos indígenas que ni conocían al Khan ni poseían el oro que ansiaban los españoles. Si bien, mostraron algo novedoso para los españoles: el tabaco.

En esos momentos las desavenencias entre Colón y Martín Alonso Pinzón llegaron a su punto culminante; a finales de noviembre, Pinzón decidió separarse de Colón aprovechando las mejores condiciones marineras de la Pinta. Llegó de ese modo a una nueva isla, a la que también acudió Colón pocos días después. La bautizó como La Española ( actuales República Dominicana y Haití). Los problemas mayores llegaron la noche de Navidad, cuando la Santa María encalló y quedó inservible. Les quedaban dos naves y todos los españoles no cabían en ellas. Colón dispuso la construcción de un fuerte, la primera construcción española en el nuevo mundo, a la que se llamó Fuerte Navidad. Allí quedaron 39 hombres al mando de Diego de Arana, mientras la Pinta y la Niña regresaban a España. El 16 de enero de 1493, la expedición emprendió la travesía de vuelta. El regreso fue más difícil que la ida, pero Colón, bien por conocimiento de los vientos del oeste desde su estancia en Portugal, bien de casualidad encontró la mejor ruta de vuelta.

El 12 de febrero las carabelas habían alcanzado las Azores. Tras otras cuantas peripecias provocadas por fuertes tormentas, la Pinta acabó llegando a Bayona en Galicia y la Niña, con Colón al frente, a Lisboa. Desde allí, tras informar al rey de Portugal, decidió marchar rumbo a Sevilla para poder terminar en Palos. Una vez en tierra española, se encaminó a Barcelona para informar a los Reyes Católicos de su descubrimiento.

Isabel y Fernando le confirmaron todos los privilegios admitidos en las Capitulaciones de Santa Fe y la noticia del viaje se extendió por toda Europa gracias a la reimpresión (hasta once veces en pocos meses) de una carta de Colón que lo resumía.

A partir de este momento, el proyecto de los Reyes Católicos en las Indias se organizó en torno a dos exigencias: la evangelización de los nativos y la prosecución del descubrimiento con nuevos y mayores asentamientos. Además, la presencia española en América se vio “impulsada” por el enfrentamiento diplomático con Portugal. Un enfrentamiento que condujo primero a la promulgación de las Bulas de Alejandro VI y luego a la conclusión del tratado de Tordesillas.

Se preparó un segundo viaje, con muchos más barcos, gran número de expedicionarios y todo tipo de animales y flora, de manera que quedaba clara la intención de los españoles de colonizar América.

La segunda expedición salió del puerto de Cádiz el miércoles 25 de septiembre de 1493. Siguió una ruta un tanto diferente, tras salir de la isla canaria de Hierro, continuó por una ruta más septentrional que la del primer viaje. Quizá para aprovechar los vientos alisios. Llegó a las pequeñas Antillas y luego al actual Puerto Rico, realizando un trayecto que se convertiría en la ruta habitual de todos los convoyes posteriores.   El 22 de noviembre, arribó a La Española. Allí, los españoles se llevaron una desagradable sorpresa al comprobar que el Fuerte de Navidad había sido arrasado y que toda su guarnición había perecido. Esto no le impidió fundar otras ciudades como La Isabela o Santo Domingo, que pronto se convirtió en la capital de las Indias.

Sin embargo, en la isla la situación era cada vez más grave, al hambre y las enfermedades se sumarán inmediatamente las primeras deserciones de los españoles. Ante tal situación, Colón mandó a la Península a Antonio de Torres con algo de oro e indios para vender en el mercado de esclavos. Los Reyes Católicos no permitieron esta venta. Además, algunos de los descontentos con Colón informaron a sus majestades y a todo el que quisiera oírlos de la tiránica dirección que Colón aplicaba en las nuevas tierras. Colón regresó a España en junio de 1496. Lo hizo de manera espectacular acompañado de indios vestidos con vistosos atuendos de plumas, con algo de oro y otras riquezas que mostrar a sus majestades. Ante las críticas recibidas tuvo que explicarse. Ya entonces quedó patente que existían dos posturas. La de aquellos que sólo pensaban en la explotación comercial del Nuevo Mundo, con una visión absolutamente mercantilista y la de los que pretendían la exploración de las nuevas tierras, el buen trato a los indígenas y la formación de una comunidad cultural y evangelizadora . En el primer grupo estaba Colón, en el segundo los Reyes Católicos.

Con todo, Colón logró la autorización para un tercer viaje y la confirmación de sus privilegios; le autorizaron a instituir un mayorazgo en la persona de su hijo mayor, Diego, y sufragaron la tercera expedición, pero dando a entender que era una última oportunidad y que aquella empresa debía mantenerse de sus propios beneficios.

El apoyo de los Reyes se vio influido, posiblemente, porque, el 8 de julio de 1497, partió de Lisboa Vasco de Gama con el objetivo de llegar a la India circunnavegando África, continuando de este modo, el viaje emprendido tiempo atrás por Bartolomé Diaz.

Por otro lado, durante la espera hasta que se inició ese tercer viaje, Colón llegó a conocer las obras de algunos eruditos españoles que discutían que las tierras a las que había llegado Colón fueran las Indias, puesto que sus estudios de la esfera terrestre y los conocimientos que tenían permitían pensar que las Indias navegando desde occidente estaban a mucha mayor distancia. Así, el cronista Andrés Bernáldez, o el profesor de Salamanca Francisco Núñez de la Yerba, distaban mucho de dar la razón a Colón y creían que había llegado a algún lugar intermedio entre Europa y Asia.

La tercera flota colombina partió de Sanlúcar de Barrameda el 30 de mayo de 1498. La flota se componía de 6 barcos y juntos navegaron hasta la Gomera donde se dividieron en dos: tres barcos se dirigieron directamente a La Española y otros tres siguieron la ruta de un paralelo más al sur, por Sierra Leona. Este segundo grupo al mando de Colón, en su llegada a América, descubrió la isla de Trinidad y, en la ruta hacia La Española, avistó la isla Margarita, famosa por sus perlas, y la desembocadura del Orinoco.

Mientras, en La Española, la ausencia de Colón y contra la autoridad de Colón, se habían sublevado una parte de los españoles, liderados por Francisco Roldán. Las quejas contra la familia Colón, exacerbadas por algunas acciones cuestionables del Almirante como ocultar los yacimientos de perlas en Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y motivaron que los Reyes Católicos enviaran a La Española a Francisco de Bobadilla con el título de juez pesquisidor. Ante la resistencia de los Colón a aceptar su autoridad, detuvo a los tres varones Colón( Cristóbal, Bartolomé y Diego) y los mandó, presos, de vuelta a España. Y aunque los Reyes liberaron al Almirante con muestras de afecto, no lo restituyeron en la gobernación de las Indias. Sin embargo, le permitieron organizar un cuarto viaje.

De esta cuarta empresa contamos con el relato más directo y vibrante, el que narró Colón en su Carta de Jamaica.

Salió del puerto de Cádiz, el 11 de mayo de 1502, con cuatro navíos y la compañía de su hermano Bartolomé y su hijo Hernando. Fue ésta la travesía más rápida de cuantas hizo, pues tras abastecerse en Maspalomas, llegaba a la entrada de las Indias el 15 de junio. Ya en tierras americanas, una serie de circunstancias le aconsejaron, en contra de su primer proyecto, encaminarse a La Española. Una vez allí y ante las evidencias de la proximidad de un huracán, pidió autorización para fondear en puerto, al tiempo que recomendaba retrasar el retorno a España de la flota en la que regresaba Francisco de Bobadilla. Ni le dieron permiso , ni la flota se retrasó. Colón logró refugiarse en la costa y se salvó, no así la flota española que perdió 25 navíos y un cargamento costosísimo.

El 14 de julio se dirigió a Centroamérica y bordeó no sin dificultades por el clima y los enfrentamientos con los nativos, lo que hoy es Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

16 de abril de 1503, decidió volver a España, sin embargo, las dos únicas naos que le quedaban encallaron. No encontró más solución que enviar dos canoas a La Española, que no sin dificultades lograron llegar. Pero encontrar las naves que salvaran a los náufragos de Jamaica llevó un año. Un año lleno de problemas. Al fin, el 12 de septiembre de 1504, salió rumbo a España y llegó a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre, gravísimamente enfermo.

Redactó un nuevo testamento el 19 mayo de 1506 y falleció al día siguiente en Valladolid. Tras unas cuantas vicisitudes, sus restos se encuentran en la catedral de Sevilla. Si bien la Catedral de Santo Domingo, disputa por considerar que una urna encontrada allí, son restos del Navegante.

BIBLIOGRAFÍA

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Fernández Armesto, F “Colón”. Crítica, 1992

Pérez Bustamante, C. (ed.). “Libro de los privilegios del Almirante don Cristóbal Colón (1498)”. Real Academia de la Historia, 1951.

Pérez Embid, E y Verlinden, CH. “ Cristóbal Colón y el descubrimiento de América” Rialp, 1967

Pérez de Tudela y Bueso, Juan “Las armadas de Indias los orígenes de la política de colonización (1492-1505)”. Ed. Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1956.

Núñez de Balboa y el Pacífico

Tras la llegada de Colón a América, como ya vimos en su momento, muchos españoles se instalaron en las primeras provincias transatlánticas del imperio. https://algodehistoria.home.blog/2019/06/28/la-espana-de-carlos-i-de-1519-15225/

La primera isla de asentamiento, de la que partieron las expediciones que conquistaron y evangelizaron el resto de América, fue La Española. Allí la Corona estableció las condiciones para que, con el reparto de tierras y animales de granja, muchos españoles se pudieran establecer como encomenderos y desarrollar una vida próspera de carácter agrícola y ganadero.

Uno de aquellos encomenderos fue Vasco Núñez de Balboa natural de Jerez de los Caballeros, Badajoz. De familia hidalga, acabó arruinado en La Española y perseguido por sus acreedores. Valiente, pero pendenciero; más hábil con la espada que con el azadón, para huir de su ruina, embarca como polizón en un barco que se dirigía de vuelta a España. Conocedor de que Pizarro iba en otro carguero lleno de oro, convence a la tripulación para virar el rumbo y dirigirse hacia Darién, a orillas del mar Caribeen la actual Colombia, con la finalidad de enriquecerse. Una vez allí, deciden levantar un asentamiento y de ese modo fundan una nueva ciudad Santa María de la Antigua.

El capitán de aquel barco, Enciso, intenta organizar en Santa María una población de hacendados y, como Alcalde Mayor de ella, administrarla en nombre de la Corona a la espera de que desde España envíe un gobernador. Pero el carisma de Núñez de Balboa es muy superior al de Enciso y, de facto, consigue ostentar todo el poder de la ciudad. Tanto es así que cuando la Corona manda un nuevo gobernador – con fama de tirano-, Núñez de Balboa lo expulsa. Por este motivo, Enciso vuelve a España a expresar su queja al Rey. Vasco reconoce que aquella acción le puede llevar a una condena a muerte: había impuesto su voluntad a la del Rey y se había proclamado Gobernador de la región de Veraguas. Además, como hombre de acción que es, la situación de dirigir una comunidad no va con su carácter. Sabe que sólo una gran conquista o algún hecho heroico en favor de España puede salvarle. Para lograrlo necesita que alguien le apoye. Encuentra en el cacique Careta a un aliado poderoso. Se casa con su hija, ayuda a su suegro a someter a todos los indios de la zona, sobre todo, al cacique Comagre. El cual, para librarse de aquella presión, viendo las ganas de encontrar oro de los españoles, les señala el camino hacia un amplio mar, al otro lado de las montañas, en el cual- dice- desembocan ríos cargados de oro.

Mientras, llegan noticias de que en España se ha abierto causa contra Vasco Núñez. El pacense ve llegado el momento de lograr que aquel mar y aquel oro fabulado por Comagre lo rediman ante los ojos de la Corona, y por peligroso que sea el camino, más vale morir luchando que a manos de la Justicia española. Envía mensajeros a España anunciado la existencia de aquella fortuna y, el 1 de septiembre de 1513, Núñez de Balboa inicia la marcha hacia la inmortalidad.

La expedición se comienza con la inteligente decisión de apoyarse en los nativos que conocían bien la selva, sabían dónde aprovisionarse de agua o dónde hacer fuego.  Así logró lo que otros no habían alcanzado. A Núñez le acompañan 190 soldados españoles armados hasta los dientes con la ayuda de los nativos de Careta y Comagre. El 6 de septiembre, se encamina por el Istmo, primero atravesando llanuras, luego zonas pantanosas que enfermaron a los aventureros hasta diezmar a la expedición (recuérdese el número de fallecidos en la, muy posterior en el tiempo, construcción del canal de Panamá en condiciones sanitarias más avanzadas y piénsese en la situación que debió reinar en la expedición de Núñez de Balboa), posteriormente encuentran la selva, dónde, machete en mano, aquellos hombres curtidos en mil batallas pelean contra ramas, lianas, espesura, bichos… Superada la selva, los claros dejan pasar la luz y el calor del Ecuador. Lo que no hicieron los pantanos ni la selva lo culminó el tórrido sol que como rayo de fuego caía sobre los expedicionarios españoles. A aquellos valientes, cansados y enfermos ya sólo les quedan unos cuantos peñascos, unas sierras que deben escalar hasta pasar al otro lado de la cordillera, vislumbrar el nuevo mar y alcanzar el hito que perseguían. Pero faltaba el obstáculo final: los nativos del otro lado de las montañas, indígenas que con mejor conocimiento del terreno salieron a su encuentro. Mientras unos atacaban, otros, en inferioridad numérica, se defendían con mejores armas y perros hambrientos. No era una lucha igual por el fuego de los arcabuces españoles, pero se equilibraba por el agotamiento y la inferioridad de brazos. Los enfrentamientos fueron durísimos; extenuaron a los aventureros y mermaron sus ya escasos efectivos. Pero el fuego de las armas logró la victoria y el sometimiento de la población nativa.

Balboa sabe por los indígenas que está a un paso de lograr su misión. Deja a los enfermos, heridos o desfallecidos al cuidado de la nueva tribu sometida y asciende con 77 hombres (algunas fuentes lo limitan a 67) y un número indeterminado de indios, por las cordilleras de la región del río Chucunaque, desde allí, la última cumbre se rinde a sus pies al tiempo que sus colinas se inclinan sobre un golfo sito entre dos penínsulas de la actual sierra de Peña Hueca. Llegado el momento, decide dar el último paso solo. Es un momento destacado, histórico, y, allí, encaramado al último peñasco, Vasco Núñez de Balboa, con toda la emoción en los ojos, se convierte en el primer occidental en ver el nuevo mar, una inmensa laguna azul y verdosa, como las colinas de alrededor, que no tiene fin y al que llama, aquel 25 de septiembre de 1513, Mar del Sur. Un nuevo territorio se suma a la Corona española. Allí suben los 77 elegidos, allí el sacerdote Andrés de Varas inicia un Te Deum en acción de gracias, allí un grupo de soldados forman una cruz con las ramas de un árbol, colocando los brazos de la misma uno orientado al nuevo mar otro hacia España y allí el escribano, Andrés de Valderrábano, registra el solemne acto en el que Vasco Núñez de Balboa en nombre de “Su majestad” fue “el primero que vio ese mar y se lo mostró a los siguientes”.

Balboa divide a sus hombres en grupos para que bajen a la costa, cada uno por un camino. El grupo capitaneado por Alonso Martín es el primero en alcanzar la playa, en mojarse con aquellas aguas. De lo cual también deja constancia el escribano, recordando que tal ocurrió el día de San Miguel (29 de septiembre)- de ahí que el golfo por el que los españoles vieron el Pacífico por primera vez se llame golfo de San Miguel-. Cuando Núñez de Balboa llega a la orilla, levanta la espada y en una nueva ceremonia llena de solemnidad toma posesión del mar en nombre de la Corona española.

Los nativos del lugar conocedores de las poderosas armas de aquellos extraños que han maltrecho a las tribus hermanas, deciden agasajarlos para tenerlos como amigos. Les ofrecen no oro sino perlas procedentes de las islas cercanas, que fueron bautizadas por los españoles como archipiélago de las perlas- se sigue llamando así-, entre las perlas obtenidas estaba la famosa Peregrina que fue descrita por Cervantes, por Lope y formó parte de las joyas de la Corona española hasta 1808, malhadado año en el que José Bonaparte la robó como tantas otras obras de arte… y que acabó subastada, siglos después, y comprada por el actor Richard Burton que se la regaló a Elizabeth Taylor ( la historia de esta perla merece un capítulo entero).  Núñez y sus hombres también encuentran oro y la noticia de que hay un territorio, aguas abajo, lleno de minas de oro y plata, cuyo nombre nativo acaba teniendo su plasmación fonética en castellano como Perú.

Con aquel cargamento, deben volver a Darién. Eligen un camino diferente y tras numerosas fatigas (incluso el propio Balboa tuvo que volver en una hamaca que portaban los indios por padecer de fiebres), el 19 de enero de 1514, alcanzan la ciudad de Santa María de la Antigua. Hace ricos a todos sus hombres y a sus familias. Su fama se extiende y nadie osa disputarle el poder.

Sin embargo, en España, aún no han llegado las noticias de sus hazañas, aunque sí las de su deseo de iniciar una expedición para conocer un nuevo mar.  El Rey envía una flota bajo el mando de Pedro Arias Dávila, más conocido como Pedrarias, para que dirigiera la expedición real camino de lo que debía ser la conquista más importante desde la llegada de Colón a América, y así era, con la peculiaridad de que cuando Pedrarias llega a América, la conquista ya se ha producido y no bajo su mando sino bajo el de Balboa. Además, el precavido rey Fernando, prevenido de que no siempre las historias que llegaban a España eran del todo ciertas, había extendido un documento nombrando Adelantado de Darién a Núñez de Balboa. Por tanto, Pedrarias traía en su mano una orden de conquista que ya estaba cumplida por un militar que ahora era su segundo y que gozaba en la zona de más prestigio y predicamento que él. Nunca un Gobernador llegó a un lugar tan lejano para un asunto que ya estaba resuelto.  Su envidia e inquina contra Núñez de Balboa alcanzó tintes negros, reputando a Pedro Arias de ser uno de los mayores miserables que ha dado nuestra conquista. La relación entre ambos personajes era aparentemente cordial, incluso Arias llegó a casar por poderes a una de sus hijas con Núñez – no dando validez a la boda con la hija del cacique local-, pero, sin reparo en su relación familiar, siguió intrigado contra Vasco Núñez de Balboa.

Balboa, que no se estaba quieto, y ante la tensa situación vivida en la región, decidió iniciar una expedición hasta aquel Perú del que le habían hablado, con la intención de mantener el poder lejos del nuevo gobernador.  Pedrarias no le dio los medios para realizarla, por lo que Balboa marchó acompañado de un grupo de voluntarios, españoles e indios, a los que hizo cargar con madera para construir una flota. Esta construcción fue, en uno y otro intento, un fracaso. En medio de la desesperación de Balboa, Pedrarias le manda volver. Núñez se ilusiona al pensar que el gobernador accede a darle el ejército que previamente le había negado. Pero no fue así. En mitad del camino de vuelta, Vasco Núñez se encontró con un grupo de hombres al mando de Francisco Pizarro que lo detuvieron por orden del gobernador. Balboa fue acusado de traidor por intentar usurpar el poder para usarlo contra Pedrarias y de tratar de crear un gobierno aparte en el Mar del Sur. Así, entre intrigas, injurias, odio, envidia y pruebas de dudosa validez, aquel hombre, que dio una enorme conquista a España, fue llevado al cadalso. Valiente como era, fue dignamente a su sacrificio. Su mezquino suegro (escondido tras unas tablas) disfrutó de ver la muerte de un valiente, mientras él, tan miserable, fue incapaz de un solo acto de heroicidad durante su gobierno. Balboa defendió su inocencia y lealtad al Rey hasta el final. En mangas de camisa no movió un músculo para librarse de la presencia del verdugo, ejecutor de una injusta condena; agachado sobre un madero, aguantó valientemente la visión de la sombra del hacha elevada por el verdugo, el descenso del afilado acero y el roce del mismo sobre su cuello hasta que ya no sintió nada más. Allí murió, no a manos de la justicia sino de la envidia, Vasco Núñez de Balboa, un bravo y uno de nuestros más intrépidos conquistadores.

Francisco Pizarro, tras participar en la captura de Núñez de Balboa, consiguió el apoyo de Pedrarias para organizar la expedición que lo llevaría a la conquista del Perú.

En 1520, Magallanes, después de surcar por las peligrosas aguas de lo que con el tiempo se llamó Tierra del Fuego, desembocó en un mar mucho más tranquilo, por lo que lo bautizó como mar Pacífico. Dando así el nombre definitivo a la más extensa masa de agua salada del mundo, al mayor de los océanos, a aquel mar del Sur que descubrió Vasco Núñez de Balboa.

BIBLIOGRAFÍA

Asenjo García, Frutos. “Vasco Núñez de Balboa: El descubrimiento del Mar del Sur”. Sílex Ediciones, 1991.

Garrison, Omar V. “Balboa el conquistador: La odisea de Vasco Núñez, descubridor del Pacífico”. Editorial Grijalbo, 1977. 

ZWEIG, Stefan. “Momentos estelares de la humanidad”. Ed. Acantilado, 2002.