ENTRE MOSAICOS

Como todos los años, en torno al 24 de septiembre, una entrada sobre arte.

Una de las formas más antiguas de manifestación artística es el mosaico.

La palabra mosaico proviene etimológicamente de la palabra griega “musa”.  Según la RAE el mosaico es: (dicho de una obra, en especial artística) “taraceada de piedras o vidrios, generalmente de varios colores”.

En la antigüedad, el término que se utilizaba para identificarlo provenía de opus musivum

Cronológicamente, el arte del mosaico se conoce desde hace miles de años, pero no de manera lineal en el tiempo: fue muy utilizado durante algunos periodos históricos y en otros apenas aflora. Los primeros mosaicos conocidos fueron hallados en un templo mesopotámico – en el templo de Uruk (la actual ciudad iraquí de Warka), construido entre el 3800-3400 a.C.)- https://www.facebook.com/lasayamusivo/posts/3404848149549146/ -.Compuestos por marfil, conchas y piedras, estas piezas decorativas y abstractas sentaron las bases de los mosaicos realizados miles de años después en la antigua Grecia y el Imperio romano.

Sin embargo, entre Mesopotamia y Roma las diferencias técnicas son notables. Los mesopotámicos realizaban la composición temática a base de dibujos geométricos, y para darle forma utilizaban una especie de conos de cerámica de base cuadrada que se teñían, con carácter general, de los colores rojo, negro y el propio color de la arcilla. Los conos, de unos 12 centímetros de longitud, eran incrustados en las capas de mortero que revestían muros y suelos, para mostrar, exclusivamente, los cuadrados de la parte final de tales cilindros cerámicos.

Además, los mesopotámicos utilizaron también ladrillos esmaltados y vidriados como ocurre en la famosa Puerta de Ishtar. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/puerta-ishtar-secretos-monumental-entrada-a-babilonia_18645

En aquella zona, también los sumerios adornaban paredes y columnas con trocitos de arcilla de colores.

Pero el impulso al arte del mosaico lo dieron los griegos. En la Grecia Clásica, los mosaicos se emplearon en los pavimentos. Utilizaban piedras de río de diferentes tamaños y colores, con los que producir motivos geométricos. Ejemplos de ellos existen en Macedonia en la ciudad de Pella. Normalmente, el fondo que utilizaban era de color oscuro y se realzaba el dibujo en tonos claros. En ocasiones, los dibujos se bordeaban de plomo o cerámica para hacerlos destacar (https://www.shutterstock.com/es/image-photo/buildings-mosaics-pella-native-town-alexander-1403730806 )

El gran cambio y desarrollo aconteció durante el periodo helenístico. Los griegos, al igual que ocurrió posteriormente con los romanos, optaron por realizar unos dibujos en tela o papiro que servían de patrón para colocar las piezas de colores, de manera que el mosaico era el lítico y colorido de aquel patrón que emergía, cubito a cubito, cuadradito a cuadradito, a modo de puzle.

Cuando los romanos conquistaron Grecia y Asia en el siglo II a de C, los mosaicos eran algo común en todo el mundo de habla griega, desde allí paso a Roma llegando por el sur de la península. Los romanos lo utilizaron con profusión, siendo especialmente destacados los de Pompeya, que son los más antiguos de Italia. Se inician como forma de adorno de las casas y también de los templos que no tenían una gran riqueza constructiva y se adornan con pinturas murales y mosaicos. En ambos, casa y templos, la temática de la vida cotidiana, temas mitológicos o de animales era habitual. Se caracterizan por una gran variedad cromática, precisión, detallismo, expresividad de las figuras y un dibujo muy realista con escorzos y perspectivas más complicadas que las del mundo antiguo. Además de las paredes y suelos de las casas se produce también el adorno de las calles.

Aquellas pequeñas piezas cúbicas que usaban los griegos, de arcilla, de piedra o de cristal, los romanos las llamaron teselas. La palabra tesela viene del latín tessellae, que a su vez viene del griego y significa, cuatro. Las teselas eran de diferentes tamaños y colores (en ocasiones coloreadas para modificar el color original y adaptarlas al dibujo) y el artista las encajaba, de acuerdo con el dibujo previo, y las aglomeraba con algún tipo de masa pegajosa. El pulimento final se hacía con una mezcla de piedra pómez, polvo de esmeril, arena y agua. Con lo que se eliminaba el exceso de argamasa y las teselas adquirían brillo. Esta técnica fue la conocida como opus tessellatum y en ella lo habitual era la mezcla de piedra, vidrio y cerámica.

En cuanto a la temática, además de la ya expuesta con anterioridad, destaca la temática egipcia, en la que se incluía flora y fauna propia del rio Nilo.

Sobresale el magnífico ejemplar “Paisaje del Nilo” de Palestrina. Representa al río Nilo en su curso desde Etiopía hasta el Mediterráneo. Mide 5,85 m de ancho y 4,31 m de alto y permite asomarse a la fascinación que sentían los romanos por el exotismo de Egipto en el siglo I a. de C. http://www.elsindromedestendhal.com/mosaico-del-nilo-de-palestrina/

Pompeya quedó sepultada por la erupción del Vesubio en agosto del año 79 d. C. En 1550 se encontró la ciudad sepultada y hasta 150 años después no se iniciaron las excavaciones. Ahí se han desenterrado casas, templos, calles intactas, con sus pinturas, murales y mosaicos conservados bajo la lava. En 1997, fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

Entre los muchos mosaicos que se conservan de la aquella época, especialmente conocidos son los mosaicos de la fauna marina: https://www.pinterest.es/pin/6685099432333647/

O el mosaico de la batalla de Issos, representando a Alejandro en plena batalla contra los persas de Darío III, quizá el mosaico más conocido de Pompeya: https://lacamaradelarte.com/obra/mosaico-de-la-batalla-de-issos/

Las conquistas romanas llevan su arte allí donde se trasladaban sus soldados y guarniciones. Poco a poco se incrementó la demanda de mosaicos y de los artesanos que los realizaban. El intercambio cultural permitió la utilización de nuevas técnicas, que enriquecieron este tipo de arte.

Las basílicas cristianas de finales del siglo IV se adornan en paredes y techos de mosaicos. De las basílicas orientales quedan restos de los mosaicos de las Iglesias de Santa Constanza y Santa Pudenciana. También se conservan restos de los mosaicos de la Iglesia de la Natividad en la ciudad de Belén.

Desde el siglo IV y hasta el Renacimiento, destacan los mosaicos de las basílicas cristianas de toda Italia (Sicilia, Venecia y, sobre todo, Roma), por ejemplo, en Roma, los de Santa María Maggiore o en el ábside de la basílica de Santa Sabina. Como es evidente, la figuración de estos mosaicos representa a santos y escenas bíblicas. https://www.vatican.va/various/basiliche/sm_maggiore/sp/storia/interno.htm

Será en el Imperio Bizantino (siglo V y VI), donde el mosaico se convirtió en una manifestación artística muy especializada.  En Santa Sofía en Constantinopla; en la Iglesia de la Madre de Dios en Jerusalén… Aunque, posiblemente, el mosaico más destacado de este imperio fuera el Mapa de Madaba, realizado como piso de la Iglesia de San Jorge en Madaba- Jordania (es un mapa cartográfico de la zona de Líbano hasta el Delta del río Nilo y desde el mediterráneo en el oeste hasta el Desierto en el este. En el centro del mapa, la descripción topográfica de Jerusalén).

Las Iglesias recubren sus paredes con magníficos ejemplares. Importantes son los mosaicos de San Vital (Ravena) del siglo VI, que constituye la Edad de Oro del Imperio Bizantino. En ellos, sobre fondos planos, se nos presentan figuras bidimensionales marcadas por el hieratismo, la frontalidad y la isocefalia. Con pequeñas plantas marcando el fondo y con profusión de dorados. https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/san-vital-de-ravena/

Por pura curiosidad, podemos invitar a los lectores a visitar en Madrid, en la calle Alcalá, la Iglesia de San Manuel y San Benito, cuya construcción, como monumento de inspiración bizantina y profusamente adornado de mosaicos imitando a los de San vital. https://guias-viajar.com/madrid/capital/iglesia-san-manuel-san-benito/

A lo largo de la Historia, el arte del mosaico sería practicado por culturas diversas por ejemplo la islámica, especialmente en los siglos VII y VIII, a menudo representan formas geométricas, de vivos colores y carácter meramente ornamental tanto en el interior como en las fachadas de los edificios.

Durante la Edad Media, los mosaicos también se hicieron populares en el imperio zarista, en la catedral de Kiev, a imitación de Santa Sofía de Constantinopla se adornaron con mosaicos importantes zonas del interior de la iglesia, sobre todo en la cúpula y el ábside.

https://www.alamy.es/11th-century-mosaicos-bizantinos-en-la-catedral-de-santa-sofia-en-kiev-ucrania-image210702093.html

Asimismo, encontramos mosaicos destacados en Israel, Persia y sur de Arabia, entre otros.

Cuando los españoles llegan a América descubren que también los aztecas realizan mosaicos, empleando piedras preciosas para crear dibujos cubriendo objetos ceremoniales

En Europa, en el Renacimiento y el Barroco, se recuperaría también el mosaico como forma gráfica de arte, unido al impulso de la pintura, pero en menor medida que esta. Cabe destacar el arte transalpino sobre todo en el Imperio carolingio. La capilla palatina de Aquisgrán es un ejemplo de lo que decimos. También cabe destacar el ábside del oratorio de Germigny-des-Prés.

Destaca, asimismo, la Creación del mundo de la Cúpula de la capilla Chigi (o Santa María de Loreto) en Santa María del Popolo de Roma, trabajo de Rafael.  https://es.123rf.com/photo_78120934_mosaico-de-dios-el-padre-en-la-parte-superior-de-la-c%C3%BApula-en-la-capilla-de-chigi-por-luigi-de-pace.html

A finales del Siglo XIX en Venecia resurgió de nuevo este arte para adornar los palacios venecianos y a principios del siglo XX los mosaicos recuperaron su popularidad, fruto de un creciente interés por las artes decorativas.

El Art Nouveau o Art déco utilizó los mosaicos como forma elevada de decoración y, tanto artistas como arquitectos los integraron en sus obras. En Venecia, Viena, París o Barcelona hay algunos ejemplos destacados. En España se popularizó en el modernismo catalán y más en concreto gracias a Antonio Gaudí quien cubrió edificios de mosaico, abriendo camino a muchos otros musivarios. La técnica favorita en esta época de la historia es el trencadís (término catalán que podría traducirse como troceado o “picadillo”) un tipo de aplicación ornamental del mosaico a partir de fragmentos cerámicos y vidrio unidos con argamasa.

Ejemplos de los que decimos son:

El Palacio de Barbarigo (Venecia): la fachada del palacio fue adornada con cerámica y, sobre todo, cristal de Murano.  Representa a Carlos V y a Enrique III.

https://www.venecisima.com/post/el-palacio-de-los-mosaicos-palazzo-barbarigo-en-el-gran-canal

La Basílica del Sacré Coeur (París). Donde destaca el ábside. Representa a Cristo en Majestad y El Sagrado Corazón adorado por la Virgen María, Juana de Arco y San Miguel Arcángel. https://www.alamy.es/mosaicos-en-la-basilica-del-sacre-coeur-en-paris-con-los-nombres-de-los-ciudadanos-franceses-que-financiaron-la-construccion-del-sacre-coeur-bajo-columnas-image350712876.html

Parque Güell de Barcelona de Gaudí.

https://www.barcelona-tourist-guide.com/es/gaudi/park-guell.html

Para finalizar señalaremos que son muchos los mosaicos contemporáneos que llaman la atención: la cúpula del valle de los Caídos en Madrid obra de Santiago Padrós, uno de nuestros más importantes artistas del mosaico y autor de numerosas obras de este estilos;  Mater Eccesiae de la plaza de San Pedro del Vaticano, inaugurado bajo el pontificado de Juan Pablo II en 1981;  las cuatro estaciones de Chicago realizado por Marc Chagall  e inaugurado en 1974; la cara diseñada de Roy Lichtenstein y que se encuentra en el barrio de la Barceloneta en Barcelona (encargada para los Juegos Olímpicos celebrados en la ciudad española en 1992), o el Puente del dragón en Alcalá de Guadaira (Sevilla), inaugurado en 2007, realizado bajo la dirección de los ingenieros José Luis Manzanares e Íñigo Barahona. Se utilizó la técnica del trencandís para su decoración y es uno de los pocos puentes figurativos de Europa. Resulta realmente original. https://www.turismoalcaladeguadaira.es/es/guia-turistica/lugares-de-interes/puente-del-dragon

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BAGNALL, R. -The Encyclopedia of Ancient History.  ED.Wiley-Blackwell, 2012.

AZNAR ALMAZÁN y López Díaz, J.- Introducción a la historia del Arte. Ed Ramón Areces Universidad. 2014

EQUIPO CRÓNICA

Cada año, el 24 de septiembre o el viernes más cercano a esa fecha, publicaré una entrada sobre arte, in memoriam.

Dentro de los movimientos de vanguardia de finales de los años 50 y primeros 60 surge en España el grupo llamado “Equipo Crónica”. Este movimiento responde en gran parte a la época en la que surgió, con gran tendencia intelectual y artística, pero sin olvidar el entorno político en el que vivía España. Su determinación de denuncia política aparece en todas las manifestaciones o escritos teóricos realizados en torno a Equipo Crónica, pero no es menos cierto que, para un espectador ajeno a las interpretaciones de los propios artistas, la búsqueda de la intencionalidad política deberá realizarla con gran esmero e interés porque la realidad es que en gran parte el objetivo de las obras de Equipo Crónica queda subsumido en su intensidad plástica más que en la intención política.

El origen de Equipo crónica proviene de una exposición realizada en Italia titulada” España libre” y para acudir a ella el crítico Aguilera Cerni elige a dos autores: Rafael Solbes (1940‐1981) y Manolo Valdés (1942). A ellos se unió Joan Antoni Toledo (1940‐1995), pero abandonó enseguida el grupo para proseguir su camino en solitario. Con ellos formaría equipo Tomás Llorens, historiador del arte e ideólogo, quien aportaba muchas de las propuestas del grupo. A lo largo de los años en los que estuvo activo, Equipo Crónica tuvo una amplia proyección pública en el arte español y una presencia significativa en los ambientes artísticos de Francia, Italia y Alemania.

Solbes y Valdés provienen de la misma ciudad, del mismo circulo artístico y con tendencias políticas semejantes. Ambos, unidos a otros autores, se incluyen en movimientos de vanguardia cuya intencionalidad se manifiesta en una exposición en el Ateneo. No fueron el único grupo de vanguardia levantino, también surgieron en torno al Mediterráneo, entre otros, el Paso o Dau al Set. Este último nacido en Barcelona en torno a una revista del mismo nombre y, como todos ellos, en una mezcla de escritores, filósofos, pintores… En Dau al Set estaban artistas tales como el poeta Juan Brossa, el filósofo Arnau Puig, los pintores Juan Ponç, Antonio Tápies, Modesto Cuixart, o Tharrats, su tendencia era más bien surrealista.

Si ampliamos la vista y buscamos entre las vanguardias internacionales del momento, destacarán las anglo-norteamericanas en torno al Arte Pop (Pop Art) desarrollado entre 1956 y 1970. Siendo precursor de este movimiento Eduardo Paozzoli al que siguieron otros como Warhol o Lichtenstein y en Gran Bretaña el “Grupo Independiente”.

Todos ellos, españoles y anglosajones, buscan evocar visualmente una época. En el caso del Pop Art, la plasmación artística de lo cotidiano, los objetos de consumo de masas (la coca-cola, la sopa Campbell, el Jabón de determinadas marcas…). No en vano Warhol procede del mundo de la publicidad.

Su intención es retratar lo que consideran cómplices del tiempo en el que vivían. Sin una posición clara, planificada, dependían de la evolución de la sociedad.

En España, Equipo Crónica pretende ir más allá- repárese en el nombre evocador de redacción periodística, de reportaje de actualidad – y busca criticar el entorno social, político y cultural en el que se mueven.

En sus comienzos, y siguiendo al filósofo italiano Galvano della Volpe, exploran la creación de una determinada forma que exprese el contenido filosófico de lo que denuncian, la forma como lenguaje completo.

Es en este momento cuando Equipo Crónica sufre el impacto del Pop Art, articulan sus trabajos en series con peculiaridades nacionales. Por un lado, tomaban su inspiración de las obras clásicas de la pintura española del siglo de Oro, sobre todo de Velázquez o, en muchos casos, de los cuadros de Picasso, con especial intensidad en el Guernica.

https://nl.pinterest.com/pin/714594665854048575/

Era una mezcolanza de crítica, Pop Art, citas pictóricas, ironía, anacronismos. Pero siempre reproduciendo las técnicas de artistas Pop como Andy Warhol o Lichtenstein.

https://www.pinterest.es/pin/184647653442991828/

Y especialmente centrados e inspirados en el mundo del Comic que se muestra en la iconografía, imágenes extraídas del mundo de la comunicación, tintas planas, remarcadas, viñetas, dependencia del objeto común…

https://www.todocoleccion.net/arte-serigrafias/cartel-poster-intruso-equipo-cronica-1969-serie-guernica-valencia-tamano-100x70cm~x78309693#sobre_el_lote

En su posicionamiento en el mundo del arte de vanguardia del momento, Equipo Crónica, cuenta como mentor al pintor Eduardo Arroyo, que los orienta y pone en contacto con el realismo francés y por otros grupos pictóricos españoles afincados en Francia como Equipo 57. En Francia, equipo Crónica organiza algunas exposiciones. La influencia del realismo francés se refleja de unas imágenes despersonalizadas, (https://invertirenarte.es/producto/equipo-cronica-el-serie-billar-1978/)

https://www.ivam.es/es/exposiciones/el-equipo-cronica-en-la-coleccion-del-ivam-4/

cuadros de grandes dimensiones y agrupados en series. Por ejemplo, la serie negra, llena de componentes satíricos:

https://tiempos-modernos.com/comprar-art-deco-antiguedades/equipo-cronica-carpeta-serie-negra-4/#jp-carousel-7012

https://tiempos-modernos.com/comprar-art-deco-antiguedades/equipo-cronica-carpeta-serie-negra-5/

https://www.pinterest.es/pin/360006563943317437/

Sus obras pretenden, como hemos señalado, ser auténticos reportajes o crónicas de denuncia sobre la situación política de España y la historia del arte del momento, aunque su mezcla de ironía y ambigüedad determinan, sin pretenderlo, unos posicionamientos que se reflejan como poco claros y contradictorios, más aún cuando, en su evolución artística, se llenan de superposición de imágenes, de filigranas de oro en un afán desmitificador del recuerdo clásico de la pintura española.

http://www.equipocronica.com/

https://versionesdelarte.blogspot.com/2012/12/el-entierro-del-conde-de-orgaz.html

Sobre las promesas de libertad también compusieron algunos cuadros en los que denunciaban el militarismo como medio de imposición de esa libertad.

https://www.mssa.cl/obras/el-arrastre-serie-policia-y-cultura/

https://tienda.ivam.es/producto/equipo-cronica-2/

https://algodehistoria.home.blog/wp-content/uploads/2021/09/fbc0f-1.jpg

Muy conocidas son sus críticas al desarrollismo de los 60 en España. En su serie “La Recuperación” utiliza los motivos y protagonistas de la pintura española del Siglo de Oro para, en un anacronismo histórico, hacerlos partícipes de las primeras formas de consumo y modernización en nuestro país.

https://www.christies.com/lot/lot-equipo-cronica-valencia-1964-1981-4350897/

https://www.pinterest.es/pin/134474738847099388/visual-search/?x=16&y=16&w=530&h=527

La Transición también fue objeto de su análisis.

https://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/interior-traje-nuevo-i

Pero no todo, en Equipo Crónica, fue política o crítica social. En sus series sobre viajes, se olvidan del trasfondo para recrearse en la propia faceta del pintor, como forma de aprendizaje de otros lugares, costumbres o autores.

https://www.pinterest.es/pin/360006563943317580/

Su producción comprendió diversas técnicas, desde la pintura a la escultura, pasando por el grabado. Su obra fue magnífica, de una calidad plástica enorme, de hecho, muchas de sus obras se conservan en grandes museos: el IVAM de valencia, el Museo de bellas artes de Asturias (Oviedo) o el Reina Sofía de Madrid, entre otros. La unión de Solbes y Valdés fue tan estrecha, que el fallecimiento de Solbes en 1981 hizo que el grupo desapareciera definitivamente.

BIBLIOGRAFÍA

Catálogos de diversos museos y exposiciones.

LLORENS, Tomás. Equipo Crónica. Ed Museo de bellas artes de Asturias. 1989.

GOMPERTZ, Will. “¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno”. Ed. Penguin Random House. 2013.

LOS ESTADOS PONTIFICIOS

Hace pocas fechas, en un documental televisivo se hablaba del poder del Papa, sin diferenciar el poder espiritual, que determina su influencia en el mundo, y se confundía, de manera no muy sutil, con el poder temporal, siempre marcado por el dominio territorial y la Soberanía. Por eso voy a intentar desentrañar cuál ha sido y es la influencia temporal, territorial y soberana del papado y su evolución para tener una perspectiva de lo que hoy comprende objetivamente el Estado Vaticano.

  1. EDAD MEDIA.

Reciben la denominación de Estados Pontificios los territorios sometidos a la soberanía temporal del Papa, mayoritariamente situados en el centro de Italia, con capital en Roma, y que desde el 752 conformaron un estado independiente bajo la autoridad papal o, quizá pudiera señalarse con más acierto, en algunos momentos ha sido independiente bajo la autoridad papal y, que, contribuyen, a garantizar la independencia y autonomía espirituales de la Iglesia.

A la caída del Imperio romano de Occidente, la comunidad cristiana de Roma y su cabeza, el Papa, poseían amplios territorios extendidos por diversas regiones (Italia, Dalmacia, Galia meridional, África del norte) constituyendo el llamado Patrimonium Petri. El Papa no era el soberano de esos territorios, aunque tuviera la potestad de gobernar los mismos. El primero en reconocer las prerrogativas papales fue el emperador Justiniano I mediante la “Pragmática sanción” de 554. Aunque la cabeza de esos territorios se situaba en Roma, su defensa correspondía al imperio Bizantino. Pero Constantinopla distaba enormemente de la ciudad eterna cuando los germanos y, sobre todo los lombardos atacaban Roma, de ahí que sus habitantes y gobiernos clamaran al Papa para que los defendiera.  Cuando los Lombardos, que ocupaban el norte de Italia, intentaron ocupar Roma, la inoperancia bizantina en la defensa de la antigua capital del mundo; la respuesta dada por los griegos al Papa de que negociara una paz con los lombardos; la orden lejana y desatendida de los bizantinos a los lombardos de que devolvieran los territorios ocupados, hicieron que el Papa pidiera socorro a los francos. El interés despertado en Pipino, el breve, para que el Papa rezara por su salvación y por su reino (la intercesión divina que era muy apreciada en el medievo), determinaron que, en el 756, apoyara al Papa Esteban II frente a los lombardos, restituyendo a Roma sus territorios y señalando que en los mismos el Papa sería la máxima autoridad. Se concedía así a los Papas poder civil y político además del religioso. Pipino extendió las posesiones del papado por medio de donaciones, propias y de otros nobles. Nacían así los Estados Pontificios.

El hijo de Pipino, Carlomagno, confirmó la donación hecha por su padre a Roma, pero se retractó posteriormente y recortó considerablemente las dimensiones de los territorios dados, al tiempo que aumentó su injerencia en los asuntos romanos. El Papa León III, temeroso del poder de Carlomagno, en la Navidad del 800, coronó a Carlomagno como Emperador de Occidente, lo que suponía reconocer la condición de emperador también sobre Roma. El hijo de Carlomagno, Ludovico Pío, ante las revueltas de los nobles en territorio pontificio, actuó para asentar en el soleo romano a Eugenio II, motivo que determinó, en el 924, la promulgación de la Constitución Romana (Constitutio Lotharii – nombre del hijo de Ludovico Pío-) por cuyas cláusulas se estipulaba que el Emperador ejercería en adelante en Roma, sin menoscabo del poder ejecutivo en posesión del Papa, el derecho de suprema justicia; al tiempo que se obligaba mediante juramento a aplazar la consagración de los Pontífices elegidos en el futuro hasta tanto que éstos no prometiesen fidelidad al Emperador, ante sí o en presencia de sus representantes. Consecuentemente, el poder papal se vio mermado y sometido al del Imperio y al mundo occidental. Esa posición de preeminencia del Imperio se vio mermada a la muerte de Ludovico Pío por las escisiones nacidas en el Imperio romano germánico. Sin embargo, motivado por la presencia de los berberiscos en las costas de los territorios papales y por las luchas intestinas de Roma el Papa volvió a solicitar ayuda a los germanos. Especialmente señaladas fueron las relaciones con Otón I (Rey de Francia oriental en el 936 y coronado por el Papa como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico el 2 de febrero del 962) y Federico I Barbarroja (Federico I de Hohenstaufen. Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico del 1155 al 1190) pues en ambos casos las injerencias políticas y espirituales del Imperio en el papado fueron destacadas, quedando el Papa a merced de las decisiones imperiales a cambio de su protección militar.

El papado no se vio algo más libre hasta Inocencio III, el cual inmiscuyéndose en los conflictos dinásticos del Imperio logra por la Constitución de Spira (1209) el rescate de la casi totalidad de las concesiones hechas en épocas pasadas al Imperio en materia espiritual. También recuperó parte de los territorios y los incrementó extendiéndose por el norte de Italia gracias a la herencia que dejan a la Santa Sede la condesa Matilde de Toscana y Raimundo IV de Tolosa. Además, consigue poner al frente del Imperio a Federico II, nieto de Barbarroja y educado por el Papa. Sin embargo, el Emperador se muestra poco agradecido con su tutor y sus sucesores, Gregorio IX e Inocencio IV, este último buscaría ayuda francesa para frustrar las aspiraciones de Federico II. La desaparición de la dinastía Hohenstaufen traería consigo una concordia casi inalterable entre las dos potencias hasta los conflictos religiosos del Siglo XVI.

Los conflictos en los Estados Pontificios continuaron, no ya contra el Imperio sino por el cisma de Aviñón, lo que aumentó el estado anárquico y la paulatina disgregación de los territorios pontificios. En esta difícil situación, Inocencio VI, en 1353, encargó al cardenal español Gil de Albornoz poner orden en el caos existente. Lo hizo. Recuperó los territorios perdidos y organizó su administración por medio de un código que permaneció en vigor durante más de 400 años. Aunque el orden duró poco y la anarquía volvió a los Estados Pontificios.

  1. EDAD MODERNA.

Con los Habsburgo en el trono, la situación de Italia fue de tranquilidad. Los Estado Pontificios existían, pero la autoridad ejercida por los Papas no era propiamente la de un soberano, en el concepto moderno del término, hasta los pontificados de Alejandro VI y Julio II. Alejandro VI Borgia organizó el papado como una monarquía unipersonal y centralista, propiciando la formación de un reino italiano independiente de la Santa Sede cuyo gobierno estaría en manos de alguno de sus hijos, primero Juan de Gandía y luego César Borgia. Entre 1503 y 1513, Julio II recuperó para la Iglesia algunas de las posesiones de los Borgia. Tarea que continuaron Clemente VII y Pablo III. Los Estados Pontificios llegaron a abarcar prácticamente todo el centro de la península itálica, alcanzando su mayor extensión territorial en el siglo XVI. Pero la situación del momento, el problema protestante y la defensa del catolicismo en la figura del Emperador español Carlos I, propició que la presencia internacional del papado quedara en un segundo plano bajo la sombra de España, y mucho más tras la firma de la Paz de Cateau-Cambrésis. Tratado de gran importancia en la Europa del siglo XVI por la duración de sus acuerdos que estuvieron vigentes durante un siglo. El tratado, firmado por Felipe II de España, Enrique II de Francia e Isabel I de Inglaterra, supuso el reparto y reorganización de diversos territorios europeos, con ellos se refuerza la presencia española en el milanesado, Francia renuncia a sus ambiciones en la península itálica y acuerda, asimismo, trabajar junto a España contra la herejía protestante, lo que provoca no pocos sinsabores internos a los galos, el mayor de todos, las guerras de religión en Francia. La Paz de Cateau-Cambrésis llevó la tranquilidad a la península italiana hasta el siglo XVIII. Aquel periodo de tranquilidad fue aprovechado por los sucesivos Papas para robustecer su poder y la prosperidad de sus territorios, a través principalmente de medidas militares y económicas. De entre los Papas del aquel siglo destaca por la importancia de sus reformas Sixto V (1585 a 1590). Realizó una profunda reforma de la Iglesia; reorganizó su gobierno y aplicó rigurosamente los decretos conciliares del Concilio de Trento, impulsando un clima de moralidad entre los obispos y prelados; reformó el Tribunal de la Rota; emprendió una reforma de las órdenes religiosas, endureciendo su disciplina especialmente en relación con la clausura; publicó la constitución apostólica que imponía a los obispos la obligación de visitar la sede pontificia en Roma al menos cada cuatro años con objeto de informar al Papa del estado de su diócesis; impuso normas morales para ordenar la conducta de los ciudadanos de Roma; reformó el Colegio de Cardenales y estableció para ellos normas disciplinarias mucho más duras que las existentes a través de la publicación en 1586, de la constitución apostólica Postquam verus ille; se ocupó de sus misioneros, sobre todo en Asia, donde eran perseguidos…

En los aspectos del gobierno de sus territorios, creó una estructura administrativa y burocrática que favoreciera la gestión y gobierno de un estado moderno, estableció en su primer consistorio (1585) la prioridad de acabar con el bandidaje, administrar justicia y terminar con el hambre de sus súbditos. También construyó una flota para combatir las razias berberiscas en las costas de sus dominios. Puso orden en las finanzas de los Estados Pontificios creando un fondo de garantía y unos recursos para casos de extrema necesidad. Además, emprendió un amplio programa de obras que embellecieron y saneamiento de Roma.

El Siglo XVII fue el del inicio de la decadencia española, en este contexto el papado, marginado de la vida internacional durante el siglo anterior, aumento su prestigio y presencia internacional y en el ámbito cultural del momento. Un gran pontífice, Benedicto XIV supo calibrar las difíciles consecuencias, para el prestigio y la irradiación espiritual de la Iglesia, el mantenimiento de un poder temporal sin medios capaces de garantizar su eficacia e incesantemente menospreciado por los vaivenes políticos de cada época. Por ello se planteó diversas reformas que desbarataron con poco tino sus sucesores. Así dejamos, en el más absoluto ensombrecimiento, los Estados Pontificios cuando se produce la Revolución Francesa (en adelante, RF).

  1. DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA A MUSSOLINI.

Al estallar la RF (los Estados Pontificios comprendían la franja central de la península italiana, desde Frosinone hasta Ferrara, además de los enclaves pontificios de Avignon y el condado Venassino, en Francia, y Pontecorvo y Benevento en el reino de Nápoles). La RF supuso el principio del fin de los Estados Pontificios. En septiembre de 1791 la Asamblea legislativa declaró territorio nacional francés Avignon y el condado Venassino.

En marzo de 1796, Napoleón Bonaparte como general en jefe del cuerpo de ejército francés de Italia, se apoderó del Piamonte y Cerdeña y posteriormente de la totalidad de la Lombardía, Bolonia y Ferrara. Tras intentos infructuosos de paz, en febrero de 1798 los franceses ocupan Roma, deponen a Pío VI y proclaman la República romana. Las iglesias, los museos y el Vaticano fueron saqueados por los franceses, y el Papa deportado a Valence, donde falleció el 29 de agosto de 1799, después de una larga y penosa peregrinación de año y medio hasta llegar a su destino. En el conclave que tuvo lugar en Venecia, fue elegido Papa (año 1800) Pío VII, el cual regresa inmediatamente a Roma, recuperada por las tropas napolitanas de Fernando IV. El Papa buscó un acuerdo con Napoleón. El acuerdo que pretendía respetar la inviolabilidad de la Iglesia y la libertad de cultos, entre otras cosas, no fue aceptado por la Asamblea francesa, por lo que Napoleón decretó unilateralmente una serie de artículos que suponían el sometimiento de Roma a Bonaparte. Pío VII buscó un arreglo al modo tradicional, coronando emperador a Napoleón en París, con la pretensión de conseguir modificar algunos de los artículos orgánicos. Tras la coronación, Pío VII fue retenido en París durante cinco meses, pero en abril de 1805 pudo regresar a Roma.  De nada sirvió su predisposición al acuerdo, las guerras europeas de Napoleón le daban escusas para penetrar en los estados pontificios, así lo hizo en 1805 y en 1806. Y, en 1808, las tropas francesas ocupan Roma. Pío VII reaccionó lanzando una bula de excomunión, que le valió el arresto, envío a Savona y posteriormente, en 1812, a Fontainebleau. En 1814, cuando los aliados se aproximaban a París, el Papa fue puesto en libertad y regresó a Roma. En el Congreso de Viena, el cardenal Consalvi consiguió que fuesen restituidos a la Iglesia todos los territorios a excepción de Avignon y el condado Venassino que se integraron en Francia.

Las revoluciones de 1820 y 1830 tuvieron en Italia varios estallidos; la primera se centró en Nápoles y Piamonte y, la segunda, además de afectar a más territorios, inició el movimiento independentista en Italia solicitando la creación de un estado italiano separado del papado. Esto precipitó la presencia austríaca y francesas en defensa papal; el ejército francés se situó en Roma y no abandonó la ciudad hasta que los austríacos no salieron de los Estados Pontificios en 1838.

En junio de 1846, fue elegido Papa Pío IX, hombre de sincero fervor y profundo espíritu de oración. Con su bondad natural conquistó fácilmente la simpatía universal. Cuando llegó al solio pontificio debió enfrentar dos problemas: una reforma administrativa de los Estados Pontificios y definir la posición del papado ante las aspiraciones de unidad e independencia difundidas en Italia. El Papa mantuvo posiciones nada claras hasta 1848. Pero, los acontecimientos se precipitaron cuando la católica Austria declaró la guerra a Cerdeña y el Papa señaló que no podía declarar la guerra a una nación católica. Esto tornó el entusiasmo hacia el Papa en odio. Se produjeron manifestaciones frente al Quirinal que obligaron al Santo Padre a quedar recluido dentro de él. La noche del 24 de noviembre, ayudado por los embajadores de Baviera, España y Francia, el Papa conseguía huir. Cuando el 9 de febrero de 1849 la Asamblea constituyente romana declaró la República y la caída del poder temporal del pontífice, Pío IX solicitó la ayuda militar de Austria, Francia, España y Nápoles. El 3 de julio, las tropas francesas entraban en Roma, mientras las austriacas ocuparon las ciudades del norte. Restablecido el orden y expulsados los elementos más exaltados, el Papa regresó a la capital el 12 de abril de 1850, arropado por las tropas francesas que permanecieron en los Estados Pontificios hasta 1867.

Pero antes de llegar a ese año crucial debemos comprender el enfrentamiento que surgió entre el Papado y el reino de Cerdeña como consecuencia de las leyes Siccardi, que se presentaron a la Cámara en tres momentos: 1850, 1855 y 1866. Por estas leyes se suprimía el fuero y privilegios de los religiosos, el derecho de asilo en iglesias y conventos, las manos muertas, la adquisición de bienes estatales sin la aprobación del Rey y la abolición de las penas de quienes no guardaban las festividades religiosas. Además, acabaron aprobando un matrimonio civil, que tras 1865, se convirtió en obligatorio, privando de toda eficacia y legalidad al matrimonio religioso. Por otro lado, se restringió la capacidad civil y política de los eclesiásticos, alejándolos de los cargos y oficios públicos, a lo que se unió la negativa a dar reconocimiento jurídico a las órdenes religiosas que no estuviesen dedicadas a la predicación, a la educación o al cuidado de los enfermos. Además, disponían la incautación de todos sus bienes destinándolos a las necesidades del clero secular. La Santa Sede reaccionó excomulgando al Rey y al Parlamento, lo que provocó una separación mayor entre católicos y liberales.

A este problema religioso se unió el problema político de la unificación italiana. En una visión rápida y siempre con los ojos puestos en los Estados Pontificios, la acción de Cavour, Mazzini, Garibaldi y Víctor Manuel II encaminada a lograr la ansiada unidad de la península supuso un conflicto internacional en el que estuvieron implicadas todas las potencias europeas, con múltiples alianzas, ora en favor de unos, ora en favor de otros, siempre con Francia y Austria en posiciones enfrentadas. Quizá sea bueno recordar que los estados italianos en aquel momento eran: el reino de Cerdeña (Cerdeña y Piamonte); el reino de las Dos Sicilias (sur de Italia y la isla de Sicilia); los Estados Pontificios (en el centro de la península esencialmente); el reino Lombardo-Veneciano, y los ducados de Parma, Módena y Toscana.

Cavour y Víctor Manuel sabían que la unidad pasaba por enfrentarse a Austria, que se había anexionado el reino lombardo-véneto y que se oponía a la unión, y posiblemente también al Papa. Para ello, los piamonteses se unieron a Napoleón III con la promesa de que Francia obtendría Saboya y Niza. El enfrentamiento franco-austríaco en las batallas de Magenta y Solferino en 1859, supuso la victoria franco-piamontesa. Sin embargo, Napoleón, sin conocimiento de los sardos, firmó un acuerdo con Austria por el cual la Lombardía pasaba a depender del reino piamontés y Venecia seguía en manos austriacas. Cavour emprendió una actividad de propaganda para convencer al resto de los ciudadanos de la Península de que se adhirieran a una Italia unificada. La victoria sobre Austria facilitó esta tarea y un plebiscito de dudosa legalidad convocado en 1860 determinó la incorporación al reino de Cerdeña de los estados de Parma, Módena y Toscana. A ellos se unió la Romagna lo que supuso el enfrentamiento con el Papa que reuniendo un ejército se enfrentó a los piamonteses, siendo derrotado en la batalla de Castelfidardo.

Pocos meses después, en 1861, Giuseppe Garibaldi, con el apoyo secreto de Cavour, desembarcó en Sicilia, al mando de un cuerpo de mil voluntarios que vestían camisas rojas, se apoderó de la isla y ocupó el reino de Nápoles. El ejército sardo, al mando del propio Víctor Manuel II, después de conquistar los Estados de la Iglesia, que quedaron reducidos a Roma y alrededores, se unió a Garibaldi en Nápoles. El 13 de marzo de 1861, el primer parlamento nacional reunido en Turín, proclamó como Rey de Italia a Víctor Manuel II.

Napoleón III se mostró defensor del poder temporal del Papa para no perder el voto de los católicos y propiciando, al mismo tiempo, las aspiraciones de unidad italiana. Pío IX condenó en el Syllabus, sin demasiado énfasis, a quienes quisieran acabar con el poder temporal del Papa En el mes de diciembre de 1866 las últimas tropas francesas abandonaban el territorio de la Iglesia y, unos meses más tarde, en septiembre de 1867, Garibaldi invadía los Estados Pontificios con el apoyo de nuevo del gobierno italiano. Pero fue derrotado el 3 de noviembre por las tropas francesas y pontificias, en la batalla de Mentana.

En julio de 1870, al estallar la guerra franco-prusiana, las tropas francesas tuvieron que abandonar de nuevo Roma. Cuando el ejército francés fue derrotado en la batalla de Sedán, Napoleón III encarcelado y proclamada la República francesa, Víctor Manuel II decidió ocupar Roma, lo que hizo el 10 de septiembre. Organizó un Plebiscito para incorporar los territorios pontificios a la unión que ganó con mayoría abrumadora.

El reino de Italia, para disipar la impresión de haber arrebatado al Papa sus posesiones y de impedirle el ejercicio de su libertad espiritual, aprobó en el mes de mayo de 1871 las Leyes de Garantías, por las que concedía al Pontífice, al que consideraba implícitamente como súbdito italiano, honores de soberano, el derecho de representación activa y pasiva, una dotación anual y el usufructo, que no la propiedad, de los palacios Vaticano, Laterano y de Castelgandolfo. Pío IX rechazó la oferta y se consideró prisionero en el Vaticano. En el mundo entero y mucho más entre los católicos italianos creció la estima por el Papa al considerarle una víctima. Nace así la cuestión romana que se prolongó casi sesenta años (1870-1929).

En ese periodo, las disputas entre el reino de Italia y el Papa son continuas, especialmente por la prohibición expresa del Papa a los católicos de participar activamente en la vida política italiana (Non expedit: no es conveniente). Esta situación creó conflictos sociales y políticos evidentes pues dejaba toda la actividad y la regulación civil italiana a socialistas y liberales. Fue el Papa Pío X (1903-1914) el que poco a poco levantó la prohibición, con resultados positivos en las elecciones administrativas de 1909 y espectaculares en las elecciones generales de 1913. Benedicto XV (1914-22) puso las bases definitivas para solucionar el problema. En su primera encíclica ya planteó el tema de la soberanía pontificia como la necesidad del Papa de ser libre y no como una cuestión territorial. Permitió a los católicos italianos intervenir en política y alentó al sacerdote Sturzo a fundar el Partito Popular Italiano, que tuvo un gran éxito en las elecciones de 1919. Además, otros dos hechos vinieron a contribuir a romper las barreras existentes: la participación de los católicos italianos en la guerra, fieles a su patria, y la autorización dada por el Pontífice para que los Jefes de Estado que fuesen a Roma pudiesen visitar al mismo tiempo al Rey y al Papa. Precisamente, en ese año 19 se iniciaron conversaciones para lograr ese estado pontificio. Pero no es hasta 1926, cuando las negociaciones se afianzan. Los postulados de la Santa Sede se fundamentaban en la constitución de un estado de la Iglesia, indemnización económica y concordato. El 11 de febrero de 1929, se firmaban los Pactos de Letrán (suscritos por el Primer Ministro italiano, Benito Mussolini y el Papa Pío XI). Eran tres pactos o acuerdos diferentes: el tratado con la creación del Estado de la Ciudad del Vaticano, con una extensión de 44 hectáreas, más los edificios que gozan de extraterritorialidad, y con todos los atributos propios de una soberanía: bandera, banca, moneda, policía, organización judicial, comunicaciones, derecho de legación activa y pasiva. El concordato, que además de las cuestiones semejantes a los firmados con otras naciones, recogía algunos aspectos exclusivos de Italia: salvaguardar el carácter sacro de Roma, cesión a la Santa Sede de los santuarios de Padua, Loreto y Asís, y el reconocimiento de personalidad jurídica a las casas generales de las órdenes religiosas ubicadas en Italia.  Convenio económico, que se estableció en 750 millones de liras, lo que suponía menos de la mitad de los que el Gobierno Italiano había ofrecido en la Ley de Garantías y 1.000 millones en títulos del Estado. Los acuerdos alcanzados en los Pactos de Letrán supusieron una ganancia en autoridad moral e independencia política del papado para el libre ejercicio de la actividad pastoral.

BIBLIOGRAFIA

Curso de Historia de la Iglesia. Universidad San Pablo. CEU.

LABOA, Juan María. “La Revolución francesa y la Iglesia” en Historia de la Iglesia Católica. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC). 2002

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EL MITO DE LA INQUISICIÓN EN ESPAÑA

Hoy no voy a escribir mucho, dejo el trabajo a la BBC.

En 1994, la cadena pública británica realizó el que posiblemente sea uno de los documentales más certeros sobre la Inquisición Española. Evidentemente, podemos encontrar algún punto discutible, sobre todo en las explicaciones sobre por qué España no reaccionó contra la propaganda antiespañola que atacaba, tergiversando la verdad de manera tan destacada. Quizá en el documental se olviden que los atacados y los atacantes, especialmente en los Países Bajos, eran todos súbditos españoles lo que generaba no sólo problemas de orden público, también éticos y morales a la monarquía española.

Se dan datos asombrosos de la diferencia de torturados entre la Inquisición española y las persecuciones realizadas por los de otros países, en ese caso datos que siempre favorecen a la institución española. Se sabe que, los presos preferían las cárceles de la Inquisición a las normales pues el traro era mejor. La Inquisición casi no condenó por brujería, la tortura era un método excepcional y fue la primera institución, en el mundo, que abolió este sistema. No era un poder en la sombra, ni tenía capacidad para controlar la sociedad. En general su trabajo no era fácil, muy burocratizado, rutinario…

Lo mejor es ver el documental de la BBC que traigo en dos versiones , la original en inglés, que es un solo video de 50 minutos de duración y otra con traducción al castellano dividido en tres partes.

  • Original en inglés

https://www.youtube.com/watch?v=CY-pS6iLFuc

  • Versión en inglés con subtítulos en castellano realizado por Gonzalo Carlos Novillo Lapeyra.

Video 1

https://www.youtube.com/watch?v=15DJS188JV4

Video 2

https://www.youtube.com/watch?v=39gXWTkBBj0

Video 3

https://www.youtube.com/watch?v=QWxHiv82-Xw

 

DE LOS ANHELOS A LOS ANALES

 

El otro día, oía los comentarios deportivos en la radio. Se transmitía una competición muy importante en la que un español resultó ganador por segundo año consecutivo; lo que le había reportado, a su vez, obtener los puntos suficientes para alcanzar el campeonato del mundo de la especialidad. Entre los comentaristas se encontraba un deportista de la misma materia, ya retirado, que fue el primer español en ganar la carrera en cuestión. Comentando el logro de este año, el antiguo campeón señalaba lo rotundo e importante de la victoria, pero sin olvidar que él fue el primero en conseguirla, lo cual “le haría pasar a los anhelos” (sic). Evidentemente, quería decir que iba a pasar a los anales.

Supongo que no es el primero ni el único que tienen dificultades para saber qué es eso de los anales. La palabra deriva del latín “annālis”, que viene de “annus” la cual quiere decir “año”, más el sufijo “al” que hace referencia a “relativo a”.  Los anales​ son una forma de relato histórico que registra los hechos cronológicamente, año por año.

Esta forma de disposición de los acontecimientos sucesivos encuentra vestigios en varias civilizaciones (en Egipto, con la piedra de Palermo, por ejemplo). Pero desde un punto de vista historiográfico, el relato cronológico encuentra su asiento en la antigüedad romana. Aunque, la titularidad de esta forma de narrar se suele atribuir a Tácito. La obra de Cornelio Tácito se divide en Anales e Historias. Aunque no está clara la división en estas dos categorías existe la convención de que por “Historias” se entiende la narración de los hechos que han llegado al autor por propia observación, mientras que los “Anales” son el registro anual de los acontecimientos de tiempos anteriores. Aunque no está nada claro si esta división es del propio Tácito o de sus seguidores.

Por otro lado, no conviene confundir la disposición de la narrativa histórica de Tácito con una de las escuelas historiográficas más destacadas: la “Escuela de los Annales”. Se llama así a una corriente historiográfica francesa, fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch en 1929, que ha dominado prácticamente toda la historiografía francesa hasta nuestros días y ha tenido una enorme difusión en el mundo occidental. Su forma de trabajar a través de preguntas y respuestas intenta imitar el método científico. Pero, por encima de todo, lo que caracterizó y caracteriza a la escuela historiográfica francesa de la que nos ocupamos es que, a diferencia de la historiografía clásica, no se basan sólo en analizar los acontecimientos políticos, sino que buscan un concepto analítico holístico comprensivo de todo lo que circunscribe la vida del ser humano: la política, la economía, los aspectos sociales, ideológicos…y sus interrelaciones. A ello une la técnica de mirar más allá de la reproducción de los simples hechos para basarse en la interpretan desde los propios conceptos y subjetividad del historiador.

Nuestro ilustre deportista sabía que, desde el anhelo de ganar al triunfo, hay un trecho. Pero, si se gana, se hace historia y queda registrada anualmente en los catálogos de acontecimientos destacados. En los anales.

LA OBTENCIÓN DEL SUFRAGIO UNIVERSAL FEMENINO EN ESPAÑA.

Antes de adentrarnos en los detalles que rodearon la obtención del derecho al sufragio por las mujeres en España en 1931, señalaremos una serie de datos que enmarquen el contexto en el que se adquirió este derecho.

Ámbito internacional

  • El sufragio universal masculino se logró en Europa por primera vez en Grecia en 1822. En Gran Bretaña, se obtuvo, sin límites, en 1918, el mismo año que las mujeres, aunque la igualdad en la edad mínima no llegó hasta 1928.
  • En el derecho comparado, pasa por ser Nueva Zelanda el primer país en reconocerlo, en 1893. Si bien, esto no es del todo cierto, por cuanto, la capacidad para ser elegidas en el país de Oceanía no se obtuvo hasta 1919.
  • En Europa, las mujeres pudieron ejercer su derecho a voto, activo y pasivo, por primera vez en Finlandia (entonces una región del Imperio ruso), en 1907. Fue la primera región, después Estado, en tener diputadas. Le siguieron pocos años después Noruega y Suecia.
  • En 1917, tras la Revolución rusa, se logró el sufragio universal femenino en Rusia. En 1918, lo obtuvieron las británicas. En 1919, las alemanas. Hasta 1944 no lo lograron las francesas.

En España

  • Los hombres votaron bajo sufragio universal de manera definitiva desde 1890.
  • Las mujeres lograron el sufragio femenino pasivo en las Cortes de Cádiz en 1812. La mujer podía ser elegida diputada en Cortes, aunque ella no pudiera votar.
  • La primera vez que las mujeres ejercieron su derecho a voto fue en el Cantón de Cartagena en 1874.
  • Durante la Dictadura de Primo de Rivera, en 1924, se logra el derecho al sufragio universal femenino, pero con las siguientes restricciones:
    • Sólo podrán votar en las elecciones municipales.
    • Sólo podrán votar las mujeres cabezas de familia, es decir, solteras emancipadas o viudas.
  • Como en la dictadura nunca se celebraron elecciones municipales, nunca pudieron ejercer el voto en este periodo. Aunque, cabe señalar como antecedente, siendo generosos, el plebiscito que organizó la Unión Patriótica, el partido único de la Dictadura, entre los días 11 y 13 de septiembre de 1926. Como señala González Calleja, la convocatoria pretendía que la sociedad expresara su opinión sobre la conveniencia de crear una Asamblea que coadyuvara a la gobernación del Estado. Aunque fue publicitado con el nombre de plebiscito, no fue un referéndum sino una recogida de firmas. Participaron hombres y mujeres mayores de 18 años.

En este contexto se ve que España, si bien no fuimos los más rápidos en reconocer este derecho, en algunos aspectos estuvimos entre los primeros. Además, fuimos el primer país de habla hispana en obtener el reconocimiento.

DEBATE DE 1931

La discusión sobre la conveniencia de reconocer el derecho al voto a todas las mujeres se extendió de las Cortes a la sociedad y viceversa. Veremos ambos aspectos.

Los debates sobre esta cuestión tuvieron lugar el 30 de septiembre y el 1 de octubre de 1931 en el contexto deliberativo sobre el contenido de la constitución de 1931. En ellos observaremos que, en el maremágnum de los partidos políticos de la Segunda república, fueron el Partido Republicano Radical y los partidos de la derecha los favorables al voto femenino y, por el contrario, los partidos de izquierdas los que se negaban al reconocimiento, con algunas escisiones internas como fue el caso del PSOE en el que unos votaron a favor y otros en contra.

Más curioso aún es ver las posiciones de las tres únicas diputadas en Cortes: Victoria Kent, del Partido Republicano Radical Socialista, que formaba parte del gobierno en el primer bienio de la II República y en el que detentaba la Dirección General de Prisiones, Margarita Nelken, diputada en los tres bienios de la República por el PSOE, y Clara Campoamor, miembro del Partido Republicano Radical situado en el centro del espectro político del momento. La última fue la que defendió el proyecto, mientras que las otras dos se opusieron.

En la sesión del día 30 de septiembre se oyeron los primeros discursos. Alguno de ellos de contenido delirante.

Así el diputado Hilario Ayuso defendió una enmienda en la que proponía que la edad mínima para ejercer el derecho a voto en los varones fuera a los veintitrés años y en las mujeres, a los cuarenta y cinco.

En representación de la Federación Republicana Gallega, Roberto Novoa Santos, catedrático de patología de la Universidad de Madrid, afirmó que la mujer no se caracteriza por la reflexión y el espíritu crítico sino por la emoción y todo lo que tiene que ver con los sentimientos. Basándose en el psicoanálisis sostenía que el histerismo es consustancial a la psicología femenina. Supongo que el diputado no sabía que Freud fue un gran misógino. Pero también recurrió a uno de los grandes argumentos en contra de la concesión del derecho al voto a la mujer: el miedo a que la misma fuera dominada, por su religiosidad, por el clero y su voto, en consecuencia, se inclinara a la derecha.

Esa era la verdadera y primera razón que subyacía en la negativa de la izquierda a aprobar el ejercicio del derecho al voto femenino.

No sólo el debate parlamentario abusó de este argumento, sino que en la prensa se inició un debate apasionante entre los favorables a estas tesis y los contrarios a las mismas:

Matilde Huici, señalaba en el diario “El Sol” que “(…) entre ellos y las mujeres de sus familias y las de sus electores se interpone otro hombre- el cura- por el cual ellos se confiesan vencidos”

Por el contrario, en el mismo diario, Gregorio Marañón, señalaba que se “exagera mucho la influencia del confesor”.

En este sentido y también en “El Sol”, Miguel de Unamuno se mofa de estas especulaciones. Señala que, los que se oponen a autorizar el voto de las mujeres desconocen lo que son las mujeres y lo que es el clero español. Critica a Freud y a los que tildan de histéricas a las féminas. Asimismo, aprovecha la ocasión para poner de manifiesto el cinismo de los que han realizado determinadas reformas sociales, en las que no temen al clero, pues esperan ser ellos- los autores de las reformas- los que moldeen la voluntad femenina. Pongo a continuación el enlace al texto de Unamuno porque no tiene desperdicio.

http://www.filosofia.org/hem/dep/sol/9311004a.htm

Margarita Nelken proclamó: “Poner el voto en manos de las mujeres es hoy, en España, realizar uno de los mayores anhelos del elemento reaccionario”.

El gran enfrentamiento verbal se produjo el 1 de octubre en las Cortes en el que participaron activamente Clara Campoamor y Victoria Kent.

Kent sostenía que la mujer carecía en aquel momento de suficiente preparación social y política y que, debido a la influencia de la iglesia, su voto sería conservador y perjudicaría a la República. Lo que ya en sí mismo muestra dos cosas: una mujer que veía a sus iguales como menores de edad, manipulables por todos y un sentido sectario de la República, en la que la derecha estaba considera una enemiga de la misma. Así acabó la República como acabó.

Entre otras, sus palabras en aquel debate fueron:

«(…) cuando transcurran unos años y vea la mujer los frutos de la República y recoja la mujer en la educación y en la vida de sus hijos los frutos de la República, entonces, Sres. Diputados, la mujer será la más ferviente, la más ardiente defensora de la República (…) Si las mujeres españolas fueran todas obreras, si las mujeres españolas hubiesen atravesado ya un periodo universitario y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino. Pero en estas horas yo me levanto justamente para decir lo contrario y decirlo con toda la valentía de mi espíritu”

Clara Campoamor, en su discurso contestó tanto a los participantes en la sesión del día 30 de septiembre como a Victoria Kent

 A los primeros, les dijo, en clara alusión a la contradicción existente en aquella República que reconocía la igualdad de derecho entre sexos y negaba el derecho al sufragio femenino:

“No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre”

Y añade:

“Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado (…), el de la mujer analfabeta ha disminuido (…). Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. (…).  No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.”

Y para los médicos:

“No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer. A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.”

A Victoria Kent le contesta, entre otras cosas:

“¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis –fijaos bien– afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano”

Finalmente, en su discurso defendió que por encima de los intereses del Estado estaba el principio de igualdad y las mujeres debían conseguir el derecho a voto en ese mismo momento, sin aplazamiento alguno. Señaló que: «su defensa del voto de las mujeres estaba basada en principios y no en consecuencias«.

Puede leerse aquí integro el discurso de Clara Campoamor:

http://pages.uv.es/formargenero/cas/otros_recursos/clara_campoamor.pdf

Otros diputados apoyaron las posiciones de Clara Campoamor en aquel debate. El resultado de la votación fue de 161 votos a favor y 121 en contra.

Al día siguiente, en la prensa, se vivieron posiciones a favor, especialmente destacado fue el periódico El Sol, pero muchas en contra. Así, el diario “Ahora” publicó que [la aprobación del voto femenino] “nos lanza a una aventura, cuyas consecuencias son difíciles de prever. Añadir a las muchas incógnitas que ofrece el porvenir una nueva, no nos parece razonable

El periódico “La voz” veía muchos peligros en los aprobado: “es posible que la trascendental votación de anoche tenga consecuencias graves en otro orden nacional

El “Socialista” promovía, por su parte, una solución “labor de voto” lo llamaba. “No hay que pensar que la mujer… si nosotros sabemos prepararla, no votará influida por los curas y frailes”. Es evidente que todos concebían a la mujer como una marioneta fácil de manejar.

En ABC, Wenceslao Fernández Flórez, en favor del derecho, señaló: “para orgullo de la superioridad masculina, estamos seguros de que ellas nunca podrán superar nuestros absurdos”.

No contenta con el resultado, Victoria Kent, intento que se aplazara el sufragio femenino, presentando dos meses después una disposición transitoria que pedía que las mujeres no depositar su papeleta en unas elecciones generales hasta haberlo hecho dos veces en unas municipales. La propuesta de Kent fue rechazada, por 127 votos a favor y 131 votos en contra. Entre los que apoyaban a Kent en esta propuesta se encontraban muchos de los que se habían manifestado a favor no sólo en las Cortes sino también en la prensa: Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Ramón Pérez de Ayala.

La consecuencia jurídica de aquel debate se vio reflejado en el artículo 36 de la carta magna, aprobado, como toda la Constitución, el 9 de diciembre de 1931.

 “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinan las leyes”.

A Clara Campoamor aquella defensa generosa en favor de la mujer, le trajo no pocos sinsabores. No fue reelegida en las elecciones de 1933 y fue acusada de la derrota de la Izquierda. Tuvo que dimitir como “Directora General de Beneficencia” y tras dejar el partido radical no fue aceptada ni en Izquierda republicana ni en el frente popular en 1936. Dejó la política y vivió exilada desde entonces, primero en Argentina, luego en Suiza donde murió en 1972.

La idea de que las elecciones de 1933 estuvieron influidas por el voto femenino, fue una constante en la época. La idea masculina de que ellos podían mediatizar la voluntad de la mujer, también. Esas constantes llegaron incluso a la prensa ante las elecciones de 1936.

Traigo al caso dos documentos de signo contrario. De un lado el “ABC” de Sevilla del 3 de febrero de 1936 y de otro el “Socialista” de 12 de enero de 1936.

ABC: “La mujer asturiana en la contienda electoral”

(Para entender toda su dimensión hay que recordar la dureza de la revolución del 34 en Asturias)

“El espectáculo no es nuevo, ya nos lo brindó la mujer asturiana en 1933. Pero ahora se renueva con una fuerza avasalladora (…) llena de nobleza y generosidad.

Eso no nos sorprende, la mujer menos culta, la de educación más rudimentaria, posee una sensibilidad muy fina y una delicadeza tan arraigada en las intimidades de su ser, que instintivamente se rebela contra todo aquello que amenaza destruir sus afectos más puros (…) siendo el hogar y el amor de la familia, con el sentimiento religioso, sobre el que ellos se fundan (…) lo que más (…) influye en sus decisiones (…).

¿Cómo esa mujer…iba a cruzarse de brazos en presencia de peligro tan cierto y de unas amenazas tan atroces como las que representan esas gentes sin conciencia y sin ley, para las cuales no hay ni puede haber otra norma en la vida que la que se traduce en un materialismo ciego, intransigente y feroz? (…)

España se librará por ellas de sus enemigos y volverá de nuevo a encontrarse, alcanzando la plenitud de la gloria (…)”

EL SOCIALISTA.

“Harán imposibles por arrancarte el voto, mujer si no te enredan con el rezo o en las fantasmagorías del lujo, intentarán que te separe de nosotros el temor (…)

Obrera o artesana, mujer de funcionario o miembro de la llamada clase media, a tus intereses morales y materiales sólo les cuadra nuestra verdad socialista.

¡Tus hijos! (…) ¿No has pensado mujer que ellos nos pertenecen? Crecerán al amor de las ideas de su tiempo, de las nuestras. Serán socialistas. Y puede suceder, ¡oh, pobre madre! Que por votar tú a Gil Robles o a Calvo Sotelo, o a sus curas, generales y banqueros, contribuyas a la designación de los tribunales que arranquen a tus hijos y los envíen al presidio o ante el piquete nada más que por eso: por ser pobres, jóvenes y socialistas. Esta invocación ha de estremecerte. En nombre de tu amor vigilante, te pedimos el voto”

Que cada lector decida quién quería manipular más, quién amenazaba más, quién atemorizaba más.

Sin embargo, todos aquellos miedos y manipulaciones, como señala Tuñón de Lara, no respondían a la realidad de los hechos. Por más que fuera una idea extendida, la victoria de las derechas en 1933 no obedeció a la concesión del voto a la mujer. La izquierda perdió las elecciones de 1933 por concurrir separada y, parece más que demostrado que el voto femenino se vio más influenciado por las posiciones de sus propias familias, por no romper la paz familiar, que, por la Iglesia, por los periódicos o políticos.

Bibliografía

Tuñón de Lara- 2ª República.

Los periódicos de la época se han extraído de la Hemeroteca Nacional o de Internet.