¿Cuándo y por qué España se convirtió al cristianismo?

En más de una entrada de este blog hemos señalado que el primer estado español que se establece es el de los visigodos, y como, a partir de él y a pesar de su caída en el 711, pervivieron algunos elementos esenciales: la monarquía, el catolicismo y la propia idea de España como Ente diferenciado y diferenciador. Los visigodos no consiguieron esa unidad estatal ni institucional plena hasta que no abandonaron el arrianismo para convertirse al catolicismo.

Leovigildo había formado una idea estatal asumiendo el derecho romano y sintiéndose continuador de la idea imperial romana. Los visigodos no pretendían ser godos sino romanos, y lograron su propósito a través de la tarea legislativa, institucional, territorial, jurídica… de Leovigildo. Leovigildo reinó entre el año 568 ó 569 y el 586, y en todos esos años sólo tuvo uno de paz.

Aquel enfrentamiento permanente tuvo muchas causas, pero una y no menor, nace del empreño del rey en extender su religión, la herejía cristiana del arrianismo por todo el territorio español. Pero los hispanos eran en un número mayoritario y abundante cristianos tradicionales (a los que llamaremos católicos para facilitar la comprensión) y no estaban dispuestos a someterse al arrianismo.

Esa fuerte tradición católica se había formado poco a poco y desde hacía tiempo. Los españoles habían dado muestras de no ser fácilmente doblegables desde el inicio de la conquista romana.

Roma tenía su propia religión y sus propios dioses, pero no hacían oposición a las religiones de los pueblos que iban conquistando, así el cristianismo imperante en sectores de judea se extendió por todo el Imperio romano. Sin embargo, a medida que se incrementaba el número de creyentes, las persecuciones se dieron con más frecuencia. Uno de los momentos más duros contra los cristianos se produjo durante el gobierno de Diocleciano (emperador de Roma en solitario entre noviembre de 284 y abril de 286, y entre el abril de 286 a mayo de 305 como emperador de Oriente y Maximiano como emperador de Occidente). Esas persecuciones continuaron durante el gobierno de su sucesor, Galerio.  Diocleciano acabó con cierta tolerancia en todos los órdenes. Es verdad que el Imperio había atravesado una época de anarquía y caos y, dispuesto como estaba a que Roma recuperase el orden y esplendor perdido, Diocleciano inició una serie de reformas. Las reformas afectaron a los campos administrativo, económico, social o militar, todas ellas complementadas entre sí. Su fin era sanear los ingresos estatales, el mantenimiento de la integridad territorial del Imperio y la continuidad de la propia civilización romana, incluidos extremos religiosos, lo que dio lugar a persecuciones contra los cristianos. La idea de un Dios todopoderoso que se oponía al poder temporal del emperador hizo nacer resquemores en Roma (no era la primera vez, acordémonos de Nerón, entre otros), pero en este momento Diocleciano se encontró con una fuerte resistencia en una Hispania ya en buena parte cristianizada.

Aunque, historiográficamente, el inicio del cristianismo en nuestro territorio presenta numerosas lagunas, se suele datar en torno a finales del siglo II e inicios del siglo III. A la historiografía se unen numerosas leyendas sobre la evangelización en España; la mayoría sobre la visita de los apóstoles Pedro y Pablo y posteriormente la llegada desde Jerusalén de Santiago el Mayor hasta Santiago de Compostela.

Aquella comunidad incipientemente cristianizada se fortaleció por un cambio esencial en la sociedad española provocado por las dificultades de comunicación que se dieron durante la anarquía previa a Diocleciano: el crecimiento de las relaciones internas con mínimas influencias del exterior desarrolló una élite cultural propia, con características locales, y eso en Hispania en aquel momento ya significaba raíces cristianas. Con el transcurrir del tiempo, la importancia de los clanes hispanos en el imperio se había manifestado de manera poderosa, a veces por la influencia de intelectuales como el poeta Marcial o el filósofo Séneca, a veces desde posiciones políticas que les permitieron ser determinantes en el nombramiento y desarrollo de los gobiernos de los hispanos Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Teodosio. Los tres primeros emperadores señalados protagonizaron el Siglo de Oro del Imperio. La dinastía de Teodosio el Grande fue la última en gobernar unido todo el Imperio romano. Pero mientras Marcial, Seneca o Lucano eran escritores romanos nacidos en Hispania, a partir de finales del siglo II tendremos a hispanos defendiendo su idiosincrasia y a sus naturales, incluso, para ocupar puestos en Roma ( en terminología moderna diríamos que hacían Lobby).

A diferencia de otras religiones, el cristianismo no era una fe exclusivamente propia de las élites, o de determinados grupos. La nueva fe no hacía excepciones, era la fe de todos y para todos. Pregonaba la venida histórica de Dios en la figura de Jesús. Señalaba la universalidad de su mensaje de amor e igualdad. Practicaba el socorro a los pobres y desvalidos. Incluso se empezaron a fundar hospitales e instituciones de caridad. Se pregonaba en público, pero también en las casas particulares en las que se daba hospedaje a los viajeros. Posiblemente, la extensión del cristianismo en la península proviniera del ejemplo de la Legión VII Gemina, destacada en el norte de África, donde el cristianismo había prendido con fuerza. Tuvieron sus propios mártires como San Marcelo, centurión de la mencionada legión y originario de Tánger. La influencia de la región africana, tan romanizada como España, es innegable por los fuertes lazos comerciales y de intercambio cultural entre las dos orillas del Mediterráneo. El cristianismo se extendió desde la región romana de la Mauritania Tingitana por el Sur y el Levante peninsular, y desde allí hasta el Norte, al igual que ocurrió con la romanización.

También se considera que otro de los notables difusores del cristianismo en la Península fuera la predicación de San Cipriano. Cipriano fue obispo de Cartago y mártir de la iglesia, nacido en el año 200 d.C. Su obra más conocida son sus “Cartas”. San Cipriano vivió en un momento convulso y prueba de ellos es que habla de la situación de las comunidades de León-Astorga y Mérida que acudieron a la iglesia africana (Cartago) por los problemas internos de la Iglesia en aquellas regiones.

Este origen sureño permite no extrañarse de que frente al paganismo romano los cristianos hispanos opusieron su visión de la Fe en el Concilio de Elvira (cerca de Granada), primer concilio celebrado en Hispania por la iglesia para restaurar el orden interno, siendo el preludio del Edicto de Milán en la Península y ejemplo de una comunidad religiosamente muy activa.

El concilio de Elvira tiene una datación incierta, unos lo sitúan entre el 300 y el 324, es decir, anterior a la persecución de Diocleciano, en el caso de la primera fecha, y, en el caso de la segunda, posterior al Edicto de Milán de Constantino (por la que se decreta la libertad religiosa en el Imperio Romano). Sin embargo, mayoritariamente, y no sólo por la historiografía española sino también por la francesa, se suele situar el Concilio entre en 300 y el 303, antes de la persecución de Diocleciano y antes, también, del concilio de Arlés (314- primer concilio de la Iglesia Francesa-) y antes del concilio de Nicea ( primer concilio de la Iglesia Universal en el 325).

Entre los cristianos de Hispania destacaban: Gregorio, Obispo de Elvira, autor de diversos libros, especialmente importantes los dedicados a la exégesis y la predicación; Egeria, rica gallega, cercana al emperador Teodosio, que viajó a Tierra Santa y redactó una especie de guía o de diario, denominado “Itinerarios”, en el que cuenta de manera sencilla los lugares por los que pasó y lo que visitó en cada uno de ellos; Juvenco, un poeta que resaltó en tono épico la vida de Jesús a partir de los Evangelios; Prudencio, nacido en Calahorra, autor de unos himnos a los mártires cristianos perseguidos por Diocleciano y por el gobernador de la Lusitania, Daciano: como Lorenzo (San Lorenzo) en Huesca, o Engracia (Santa Engracia) y sus dieciocho compañeros muertos en Zaragoza. También el arresto y martirio de San Vicente, datos historiográficos certifican la pasión sobre su muerte.

El personaje de Daciano quedó como prototipo de cruel perseguidor y así aparece relacionado con las muertes de famosos mártires cristianos como: San Cucufate, Eulalia y Severo en Barcelona; o los niños Justo y Pastor en Alcalá de Henares; Santa Leocadia en Toledo; Santas Sabina y Cristeta en Ávila; o Santa Eulalia de Mérida. San Bonoso y San Maximiano en Arjona, además de los zaragozanos nombrados en el párrafo anterior.

En aquellos tiempos, pregonar el Evangelio era jugarse la vida y la fe debía de ser muy fuerte para arriesgarse a tanto. Esa fuerte fe no se pierde fácilmente. También hubo casos de apostasía, pero fueron los menos.

Además, la alternancia de emperadores hizo que las persecuciones fueran mayores o menores, según los momentos.

Posteriormente,  el Emperador Teodosio (nacido en Hispania) restableció la fe cristiana en Roma, por el Edicto de Tesalónica. Estableció el credo niceno ( el propio concilio de Nicea fue presidido por Osio, un sacerdote español) como la ortodoxia del cristianismo. Entre el 389 y el 391 quedaron prohibidas las prácticas paganas. Pero, Hispana se había adelantado y podemos datar en el 383 la cristianización casi total de nuestro territorio. No sin problemas, ni interpretaciones diferentes o posiciones más o menos ascéticas, más espirituales o menos prácticas, como la presidida por Prisciliano y otros. Pero esto no fue obstáculo para que los españoles que habían abrazado el cristianismo unieran de manera esencial a su religión con una nueva entidad política y cultural.

Cuando los visigodos llegan a España en el 415, la antigua unidad cultural y administrativa romana se había visto destruida por las oleadas bárbaras de principios de aquel siglo: suevos, alanos… y por el enfrentamiento entre los diferentes pueblos bárbaros entre sí, que sólo habían traído hambrunas, enfermedades, anarquía…

Los visigodos , desde su jefe Ulfilas ( 310-388), que también era obispo y había mandado traducir la biblia, eran cristianos, pero en su versión herética arriana.

Su llegada a España primero con las incursiones de Alarico, pero, sobre todo, con Ataúlfo que instala la capital en Barcelona, permite que se asiente un ideal de unidad especial, geográfica, institucional, heredera de Roma, concibiendo con primera visión de unidad estatal- de ahí que a Ataúlfo se le haya considerado durante mucho tiempo el primer Rey de España-. Pero esa idea de unidad tropezaba con los bizantinos instalados en la costa levantina, los suevos en Galicia o los alanos en la antigua provincia romana de la Lusitania. A ello se unían las sublevaciones católicas de Sevilla y Córdoba por no querer someterse al arrianismo.

El primer rey que logra una unificación estatal homologable fue Leovigildo, sometió al resto de pueblos bárbaros, pero se le resistía la unidad religiosa. En aquellos tiempos no se entendía la unidad institucional sin unidad en la fe.

Leovigildo fue un gran rey, pero fracasó como padre. Leovigildo tenía dos hijos, Hermenegildo y Recaredo. En el año 581 se enfrentó a una revuelta familiar en lo que San Isidoro de Sevilla calificó como una guerra “más que civil”. Leovigildo asoció al trono a sus dos vástagos, rompiendo así con la costumbre visigoda de una monarquía electiva y no hereditaria. Hermenegildo fue enviado por su padre al Sur y allí su mujer y Leandro, obispo de Sevilla, le convencieron para que se convirtiera al catolicismo. Por si fuera poco, se asoció con las fuerzas de la sociedad andaluza y la jerarquía de la iglesia para hacer frente a su padre. Leovigildo envió a su segundo hijo, Recaredo, a sofocar la revuelta provocada por su hermano. En córdoba Hermenegildo se rindió. Acudió a Toledo y logró el perdón de su padre. Leovigildo, incluso habiéndole perdonado, lo desterró a Tarragona, donde poco después fue muerto por un sicario.

En los relatos visigodos, censurados por Recaredo la figura de Hermenegildo está desdibujada. Fue Felipe II quién mando abrir su causa a fin de lograr su canonización. San Hermenegildo es considerado un mártir que antepuso la Fe y la defensa de los intereses de España al trono. Junto con San Fernando son los santos patrones de la Monarquía española.

Tras la muerte de Hermenegildo el problema religioso persistía. Se calcula que a finales del reinado de Leovigildo había en torno a tres millones de españoles católicos frente a doscientos mil arrianos. El problema no era sólo despejar la herejía arriana, cosa de la que ya se había ocupado el Concilio de Nicea. Ahora el problema espiritual lo era también material, temporal e institucional. A la caída del Imperio romano, sólo la Iglesia se mantuvo fuerte, su poder en la sociedad del siglo V era tal que no podía pensarse en constituir una legalidad política sin tener el respaldo eclesiástico. La Iglesia necesitaba a los visogodos para restablecer el orden civil, pero los visigodos necesitaban tanto o más a la Iglesia para ser respetados.

Los obispos habían tenido en la figura de Hermenegildo al que consideraban la solución de estos problemas. Pero fue Recaredo el que lo cambió todo. Inició una política religiosa diferente a la de su padre, con la misma finalidad de lograr el refuerzo y respaldo social a su entramado institucional, legislativo y territorial. Para ello convocó un concilio- III Concilio de Toledo (589)- en el que invitó a los obispos arrianos y solicitó su conversión al catolicismo igual que él se había convertido, además les pidió que lograran la conversión de la población arriana. El conductor del concilio fue el obispo Leandro- el que había logrado la conversión de Hermenegildo-. En el Concilio, no sólo se trató de la conversión a la Fe sino de la escenificación del pacto entre la Monarquía y la Iglesia y la filiación divina de la Corona, anunciando Recaredo que, a partir de ahí, su reino sería, como él, católico.

Algunos arrianos se sublevaron, pero de poco les valió.

Tras la vinculación con la Iglesia, el resto de las unificaciones previstas por Leovigildo y seguidas por Recaredo, se sucedieron de manera fácil.

Sin embargo, aquel proceso de unidad total, provoco que otras comunidades religiosas, sobre todo la judía, que hasta entonces no habían tenido ningún problema, empezaran a tener una vida un poco más complicada. Mucho más por los poderes reales que por los eclesiásticos; los obispos católicos fueron más comprensivos con ellos que el rey.  Lo mismo ocurrió con los paganos del Norte de España a los que se comenzó a cristianizar.

En el ámbito de la Iglesia los grandes artífices de la conversión de arrianos y paganos y de la extensión de la evangelización por toda la Península fueron el obispo Leandro (San Leandro ) y su hermano Isidoro ( San Isidoro de Sevilla). Ambos eruditos, ambos Padres de la Iglesia. Leandro tenía mayor visión política y su empeño fue salvar la tradición católica de España y la formación del clero. Isidoro siguió la obra de su hermano, pero alejado de la política, más volcado a la transmisión intelectual de sus conocimientos y la protección del legado clásico, pero sin abandonar la actividad práctica. A ellos se unirá otro intelectual, el obispo de Zaragoza, Braulio, San Braulio. Encargado de poner orden y salvaguarda en la gran obra de Isidoro. Sin olvidar la tarea evangelizadora de San Millán o la de los arzobispos de Toledo Ildefonso y Julián ( San Ildefonso y San Julián).

Por tanto, San Isidoro no fue una figura intelectual aislada, sino que hubo un ambiente propenso a la cultura, el estudio y la transmisión del conocimiento; con ellos se supo dar forma a un sentimiento de pertenencia a España. Una síntesis exitosa entre la política que nace de los godos y el territorio peninsular, más la cultura, la historia y la religión católica. Aquella España que, recogiendo el legado clásico romano, ya no está subordinada a otros, sino que se eleva como una entidad propia.

Isidoro ideó también la unción de los reyes godos. Una consagración mística de la Corona a cargo del poder eclesiástico, lo que además hacía vincular, el ilustre Santo, con el respeto a la Ley. Este tipo de unciones tuvieron más éxito fuera de España, especialmente entre los francos, que en España donde decayeron pronto, quizá por el propio declinar de la monarquía visigoda que, tras el hijo de Recaredo, volvió a sus antiguos enfrentamientos. Pero el caos godo que, en última instancia, fue lo que permitió la llegada de los musulmanes en el 711, no pudo borrar la Fe que la población tenía arraigada y una idea de unidad bajo la misma monarquía que a la postre fueron el basamento político-espiritual que inundó la Reconquista, y, por ende, toda la Historia de España.

BIBLIOGRAFÍA

FERNÁNDEZ UBIÑA, José: “Los orígenes del cristianismo hispano. Algunas claves sociológicas”, Hispania Sacra. 2007

LORENTE MUÑOZ, Mario.- “El cristianismo en la Hispania romana: origen, sociedad e institucionalización”. Ed Fundación ARTHIS. 2019

MARCO, José María.- “ Una Historia Patriótica de España”. Ed Planeta. 2011.

SOTOMAYOR, Manuel: “Cristianismo primitivo y paganismo romano en Hispania”. Memorias de Historia Antigua. Ed Univ de Granada, 1981.

LA MASACRE DE APALACHE

Para todos aquellos que hablan del genocidio español en América, desconociendo las leyes de Indias, la doctrina de los Justos Títulos, la evangelización y toda la historia de nuestra presencia en América, traemos hoy a colación un episodio acontecido en uno de los momentos más deprimentes de nuestra Historia, durante la Guerra de Sucesión, en concreto en 1704.

Mientras nosotros decidíamos quién sería nuestro rey – con el apoyo francés a los borbones, como señalaba el testamento de Carlos II, frente a los países que apoyaban al archiduque Carlos-, en América del Norte, estallaba lo que los ingleses conocen como la “Guerra de la reina Ana” que fue la segunda de una serie de guerras entre los franceses, los indios nativos y los ingleses.

La denominación británica a cada una de este conjunto de guerras por el control del continente americano fue:

1.- Guerra del rey Guillermo 1688-1697.

2.- La Guerra de la reina Ana 1702-1713.

3.- La Guerra del rey Jorge.  1744-1748 ( También conocida como la Guerra de la oreja de Jenkins). https://algodehistoria.home.blog/2020/11/27/cartagena-de-indias-1741/

4.- Cuarta Guerra intercolonial o Sexta Guerra India o Guerra de Conquista (en Quebec) 1754-1763. Realmente, fue un pasaje dentro de la Guerra de los 7 años.

La Guerra de la reina Ana se libró entre los ejércitos leales a los Borbones de España y Francia contra Inglaterra (más las fuerzas coloniales inglesas). En la guerra también participaron numerosas tribus indias americanas.

La guerra estalló en el sur de los actuales Estados Unidos entre las colonias francesas y británicas en 1701, tras la muerte del rey Carlos II de España. Al principio la guerra se limitó a unas escaramuzas entre colonias, pero su rigor se amplió en mayo de 1702 cuando Inglaterra declaró abiertamente la guerra a España y Francia. Las hostilidades en América se vieron alentadas aún más por las fricciones existentes a lo largo de las zonas fronterizas que separaban los territorios dominados por esas potencias. Esta falta de armonía tuvo más intensidad a lo largo de las fronteras norte y suroeste de las 13 colonias inglesas.

Los centros de población de estas colonias se concentraban a lo largo de la costa, con pequeños asentamientos tierra adentro, que a veces llegaban hasta los Montes Apalaches. La mayoría de los colonos europeos no se adentraban hacía el interior: al oeste de los Apalaches y al sur de los Grandes Lagos. Esta zona estaba dominada por tribus indias, aunque un pequeño número de comerciantes franceses e ingleses habían penetrado en la zona.

La propuesta de asentamientos españoles era diferente a la británica, pues se basaba en misiones a lo largo de la frontera sur de lo que hoy es EEUU, incluyendo Florida,  estableciendo una red que no sólo buscaban la evangelización de la población sino la enseñanza y la mejora de las condiciones de vida de los nativos.

https://algodehistoria.home.blog/2020/07/03/la-presencia-espanola-en-ee-uu/

La población española en la zona de la Florida era relativamente pequeña (alrededor de 1.500 personas), y se estima que la población india que dependía de los españoles ascendía a 20.000. Esta población india se encontraba especialmente a gusto en las misiones españolas después de que la Ley de Títulos asegurara tierras, libertad – no eran esclavos- y becas coloniales a cualquier nativo evangelizado.

En la zona del Misisipi, también existía cierta presencia colonial francesa en Fort Maurepas (cerca de la actual Maurepas, Illinois). Desde allí comenzaron a establecer rutas comerciales hacia el interior, manteniendo relaciones amistosas con los Choctaw, una gran tribu entre cuyos enemigos se encontraban los Chickasaw, aliados de los británicos. Durante la guerra, aquellas colonias francesas recibieron el apoyo militar español que llegó principalmente en forma de apoyo naval desde los puertos españoles en el Caribe y América Central, y penetrando en lo que hoy son los EE.UU, a través de las posiciones francesas entremezcladas a lo largo de la costa británica.

Las fuerzas franco-españolas, así como los británicos, sabían que el Misisipi era esencial para sus actividades comerciales y, por lo tanto, ambos bandos emplearon muchos recursos para hacerse con el control del río.

Los esfuerzos de España por generar un ejército local a partir de la población nativa residente en sus territorios contribuyeron significativamente a crear un sentimiento pro español y deparó importantes éxitos durante aquella contienda. Más comprensible ese sentimiento si, a las ventajas que ofrecía España, se suman las tropelías británicas contra los indios.

La situación en Carolina era la de un establecimiento comercial británico en expansión, aprovechando el Misisipi. La intención de los “carolinos” era bajar hacia La Florida- que no se corresponde con el territorio actual de ese Estado americano. Más bien se sitúa en la actual Georgia- para hacerse dominantes en esta zona, sin tener el más mínimo respeto a la presencia española. Tanto el gobernador de Carolina, Joseph Blake, como su sucesor, James Moore, planificaron su expansión hacia el Sur y el Oeste a expensas de los intereses franceses y españoles.

En 1702, el coronel James Moore lanzó un ataque por tierra y mar contra la misión de San Agustín con el propósito de extirpar el centro del poder español en el sureste americano. Su fuerza estaba formada por 600 voluntarios ingleses y 600 aliados nativos. A medida que la fuerza terrestre avanzó hacia el Sur, destruyó las misiones franciscanas costeras en Timucua.

En San Agustín, incapaz de reducir la fortaleza de los españoles (el Castillo de San Marcos), Moore descargó su frustración incendiando toda la ciudad, excepto el hospital. El castillo español de San Marcos resistió el asedio, y este hecho ha sido considerado por todos como el inicio de la derrota de los ingleses.

Cuando los invasores ingleses y sus aliados nativos se retiraron, un corresponsal de guerra neoyorquino lamentó la barbaridad que se había cometido al quemar la biblioteca del monasterio con importantes textos religiosos y la destrucción de los registros de la misión de Florida: mapas, dibujos, estudios, correspondencia, todo irremediablemente desaparecido.

Moore regresó a Carolina deshonrado. No había logrado la rendición de San Agustín; había contraído una deuda para Gran Bretaña considerable; y había hundido su flota marítima. Decidió hacer algo para restaurar su reputación. Planificó el asalto a las misiones franciscanas en Apalache, la provincia nativa que se encontraba entre los ríos Ocklockonee y Aucilla, con su sede central, San Luis, en la actual Tallahassee. Esperaba recuperar los gastos consiguiendo un gran botín material y muchos esclavos.

Esta vez, con 300 anglosajones y 1.500 indios de la tribu Creek, Moore cayó sobre las 12 misiones franciscanas activas, comenzando con Concepción de Ayubale, el 25 de enero de 1704. Para su sorpresa, los españoles en Ayubale opusieron una firme defensa bajo el liderazgo de uno de sus frailes, Ángel de Miranda. En dos ocasiones, los españoles a base de disparos de mosquetes y flechas rechazaron los ataques de Moore contra el recinto de la misión. Sin embargo, después de nueve horas, una vez agotadas las municiones, los españoles y los apalaches se rindieron.

Moore dejó vivir a fray Ángel, pero no tuvo piedad de los nativos. La mayoría fueron asesinados a cuchilladas; otros murieron quemados; otros fueron empalados en estacas… Así fue por toda la provincia. Mientras que, durante casi medio siglo, los frailes y los nativos habían vivido pacíficamente cultivando las tierras, educándolos y evangelizándolos en la misión, los británicos masacraron y exterminaron a los indios apalaches de la misión de Ayubale. Destrozaron las iglesias y complejos.

En total, las tropas de Moore mataron a mil apalaches (y dos frailes),  2.000 nativos tuvieron que ir al exilio y otros mil más fueron vendidos como esclavos en Carolina. Se considera que esta fue la esclavización más importante realizada de una sola vez en el Sur de los EE.UU.

Entre los que se exiliaron, se encontraban los indios convertidos al catolicismo de la misión San Luis, quienes, adelantándose a los ingleses, quemaron sus edificios y se refugiaron entre los católicos franceses en Mobile. Otros terminaron cerca de San Agustín o Pensacola. Descendientes de una de esas familias de exiliados fueron encontrados en 1996, en Luisiana y aún eran católicos practicantes.

No fueron los únicos, muchos otros nativos, debido a las leyes protectoras y a la política de entrega de tierras realizada por España se asentaron en territorios dominados por las misiones españolas y se negaron a colaborar de forma armada con los ingleses; se unieron a la defensa de la frontera de Luisiana con los aliados españoles de los choctaw, timucua y apalache.

Los españoles respondieron a los ataques fomentando las incursiones corsarias contra las plantaciones situadas en los litorales de Carolina. En los años siguientes, los colonos ingleses siguieron atacando los intereses españoles y franceses en la Florida y en las costas del golfo de México, pero nunca fueron capaces de capturar San Agustín, Pensacola o Mobile, los principales asentamientos españoles y franceses. Pensacola fue sitiada dos veces por las fuerzas Creek en 1707, al parecer con el apoyo de los colonos ingleses.  Precisamente, nuestro héroe Gálvez tuvo una presencia decisiva en la defensa de la Luisiana , del Misisipi y Pensacola, durante la guerra de los 7 años. Como ya vimos en:

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/27/un-heroe-y-un-villano/

En 1712, se declaró un armisticio. Por el Tratado de Utrecht, los británicos obtuvieron Terranova, la región de la Bahía de Hudson, y la isla Caribeña de San Cristóbal. La paz duró hasta la siguiente guerra, la Guerra del rey Jorge de 1744.

Al final de la Guerra de Sucesión española en Europa, las armadas española y francesa se hicieron más fuertes en el Nuevo Mundo, lo que dio lugar a un antagonismo mayor contra los británicos y lograron limitar el expansionismo anglosajón al oeste del río Ohio.

Los españoles mantuvieron San Agustín y Pensacola hasta principios del siglo XIX, pero su sistema de misiones al norte de Florida (actual Georgia) fue destruido por las incursiones inglesas.

 

BIBLIOGRAFIA

HERNÁNDEZ SÁNCHEZ- BARBA, Mario y HERNÁNDEZ RUIGÓMEZ, Manuel. – “Historia de Inglaterra: una aproximación española”. Ed Francisco de Vitoria. 2023.

ESPARZA, José Javier.- “ Te voy a contar tu historia. La gran Epopeya de España”. Ed. La esfera de los libros. 2023.

Enciclopedia británica.

CONSTITUCIÓN Y DEMOCRACIA

La historia de la humanidad es la de la lucha por la libertad, la del ciudadano frente al tirano. La forma despótica de ejercer el poder ha pasado de la física (esclavismo) a otras más sibilinas de manipulación y control, que invade los entresijos del sujeto. No ya sólo por la vía de la conformación ideológica, sino por medio de controles difusos, desde los medios de comunicación o el control ecológico de los elementos físico-químicos y ambientales que condicionan materialmente el ejercicio de la libertad o desde el control telemático en su armonización del ordenador, el teléfono y la TV, o desde el control de la ingeniería genética y la consiguiente industria genética, o desde el poder de la psicotecnología del cerebro y la psicofarmacología, o el control que pueda ejercer la inteligencia artificial etc. Es decir, desde elementos que controlan el ejercicio de la libertad, con un poder incisivo, sistemático, y en el que muchas veces las ideologías utilizan por falta de criterio, o cuando entienden que las ideologías clásicas o parte de ellas se han visto desbordadas e inservibles, cuando se ha comprobado que su aplicación sólo puede realizarse con el sometimiento absoluto de la población, cuando la falta de libertad es necesaria para el ejercicio de ese poder.

Las relaciones de poder, es decir relaciones de mando y obediencia, no se limitan al campo político, en el trabajo hay relaciones de poder, en un club de fútbol hay relaciones de poder, en la Iglesia hay relaciones de poder… En todo grupo social organizado hay relaciones de poder. El problema del poder no es su existencia, sino su limitación. El poder tiende a ser expansivo hasta que se le ponen límites. Por eso el hombre ideó controles a ese poder.

Normalmente, cuando hablamos de relaciones de poder, siempre pensamos en la relación de poder dentro del Estado. El tema del poder tradicionalmente ha sido estudiado desde la antigüedad a nuestros días, con aportaciones originales de autores como Maquiavelo, Hobbes, Rousseau, Proudhon, Marx, Bakunin, Nietsche, Weber, Kelsen…  Sin embargo, en el plano jurídico-político, en el plano social y práctico, la solución no llega hasta el siglo XX. La clave está en el Derecho y más concretamente por limitarnos a un ámbito destacado, que permite la regulación de los excesos de todo orden, en el ámbito constitucional. El Derecho Constitucional supone el encuadramiento de los fenómenos de poder en un sistema jurídico; es decir, la configuración del poder como relación jurídica; lo que significa que los sujetos de relación jurídica poseen medios eficaces de acción jurídica para hacer valer sus respectivos derechos; supone la existencia de un verdadero control del poder.

El Derecho Constitucional cobra sentido en esa pretensión, si bien su plena existencia como Derecho depende de que lo logre de modo eficaz en un ámbito histórico concreto. La mera existencia de una constitución no garantiza la presencia de un estado democrático, lo que determina la realidad democrática es un sistema eficaz de controles.

Son los miembros de la ilustración y el constitucionalismo anglosajón los que dan origen a un sistema constitucional realmente democrático, y esa plenitud no llega a la Europa continental y, en parte, sólo en una pequeña parte, a centro y Sudamérica, hasta el siglo XX.

La propia evolución de la sociedad determinó un desarrollo de limitaciones al poder real. Esa evolución liberadora se había venido dando desde la Edad Media, sobre todo con la existencia de las ciudades- de ahí la palabra ciudadano-, de los burgos, del comercio, de la actividad de defensa ejercida por la población y, por las Cortes, como potenciadoras del control, aunque en ocasiones sólo fuera presupuestario, de la Corona. La situación del Reino de Aragón en España es muy clarificadora por la potencia que tenían las cortes de los diversos condados frente al monarca; mucho más que las Cortes castellanas, sobre todo, tras la guerra civil que gana Isabel frente a la Beltraneja- sin olvidar que fueron las Corte de León las primeras del mundo en reunirse-. Así que, desde las primeras Cortes, ya nos encontramos con un intento de control del poder, también por las leyes de Dios, por las normas naturales (la Escuela de Salamanca es un ejemplo preclaro por el respeto a la persona- Leyes de indias- o al resto de los Estados- Derecho de gentes-…). Es decir, la norma, la ley, el derecho es la primera de las limitaciones al poder. Ahora bien, esas leyes deben ser respetadas, y tener elementos que permitan maniatar al que pretenda violarlas.

Ese respeto a la ley, ese evitar la arbitrariedad del poder es un primer paso que no permite aun hablar de Constitución. Tampoco hay que confundir Constitución con autolimitación del poder por parte de quien lo ejerce (teoría de Rousseau), ni creer que hay constitucionalismo por la existencia de un aparente control, sino que lo destacado para conocer si estamos ante una auténtica Constitución o no es analizando el modo en el que se produce ese control.

En los ejemplos históricos, resalta la limitación del poder que supone la Carta Magna británica y el parlamentarismo inglés,  que muy pocas veces desde 1215 ( Carta magna otorgada por Juan I- Juan sin tierra- a los ingleses el 15 de junio de 1215) retrocedió en esos derechos- podemos recordar a Cromwell y algún otro suceso,  poco más-. Pero, sobre todo, lo que permite cualificar al constitucionalismo británico no es sólo la limitación del poder, sino el modo en que se articulará esa limitación,  a través esencialmente de dos vertientes interconectadas: la concepción de la ley como regla general, que obliga a todos y que no puede ser vulnerada en los actos de su aplicación, y la concepción plural del poder.

En todo el mundo, hasta el siglo XVII, la distinción entre el ámbito de poder no sometido a limitación y el ámbito del poder sometido a la ley estaba plenamente admitida, aunque se quebrantase en multitud de ocasiones. La diferencia que marcaba el ideario constitucionalista británico frente al francés (Fortescue así lo explica ya en el Siglo XV), estribaba en que, en el francés, el rey puede gobernar con plenitud de poderes, y, en el inglés, el rey no puede gobernar a su pueblo más que por las leyes a las que éste ha asentido.

En el estudio de esa situación, la ilustración traza un sistema de equilibrio de poderes, que se controlan mutuamente. No era algo imaginado por Montesquieu, sino plasmado por este con más exactitud. La teoría del equilibrio implicaba que la fiscalización y el control son parte de la división de poderes y no excepción a la misma. El control aparece, pues, como el instrumento indispensable para que el equilibrio (y con él la libertad) pueda ser realidad. En el ámbito inglés esa separación- que tampoco en Francia es radical, sino que existe interconexión de poderes para controlarse entre sí- es concebida de manera mucho más rica, de modo que cuando cada órgano del Estado entra en funcionamiento, afecte a la totalidad, y su procedimiento sea examinado y fiscalizado por los otros órganos. En este sentido el sistema británico era más complejo que el continental.

La teoría de la supremacía del common law, del juez Coke, a principios del siglo XVII , evidencian una tradición teórica del imperium de la ley y de la concepción plural del poder mismo. Teoría que, además, no estaba desligada de la práctica. Ahora bien, mientras que el rule of law ( Estado de derecho), cada vez más fortalecido, llega casi invariable hasta nuestros días,  la concepción plural del poder en Gran Bretaña, sí ha sufrido notables modificaciones: del poder ejercido de forma mixta- Rey y Parlamento- al modo medieval al poder de una nación de ciudadanos, a una democracia moderna basada en un sistema de Constitución bien equilibrada, del “balance of Powers”.  Destacados teóricos de ello serán, entre otros, Locke y Bolingbroke.

A la confluencia de ambos conceptos ( británico y francés) se une la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, permite hablar de un concepto de Constitución, como una ordenación del Estado que debe necesariamente basarse en la división de poderes y en la garantía de los derechos fundamentales, unido a un concepto de ley entendida como expresión de la voluntad general. De estos postulados se derivarían notables consecuencias, el Estado constitucional aparecerá, así, como una forma específica de Estado que responde a los principios de legitimación democrática del poder (soberanía nacional), de legitimación democrática de las decisiones generales del poder (ley como expresión de la voluntad general) y de limitación material (derechos fundamentales), funcional (división de poderes) y temporal (elecciones periódicas).

Todos esos principios se aplicaban de manera temprana en Gran Bretaña, en Francia tendrán un componente más teórico que real. Es la influencia británica la que determinó que la universalización del estado constitucional se manifieste mediante el constitucionalismo norteamericano que incluye el sistema de cheks and balances británico, pero reforzándolo. A los norteamericanos les debemos que por primera vez se plasmara en un texto constitucional la separación de poderes. Fue en la Constitución de Massachusetts, de 1780 al decir en su artículo 30: “En el gobierno de esta comunidad el sector legislativo nunca ejercerá los poderes ejecutivo y judicial, o cualquiera de ellos; el ejecutivo nunca ejercerá los poderes legislativo y judicial, o cualquiera de ellos; el judicial nunca ejercerá los poderes legislativo y ejecutivo, o cualquiera de ellos: con el fin de que pueda ser un gobierno de leyes y no de hombres”.

La Constitución federal será fiel a la idea de frenos y contrapesos, al gobierno de equilibrios, poniendo en marcha una serie efectiva de controles, reforzados, desde la famosa sentencia de Marshall de 1803, con el propio control judicial de la constitucionalidad de las leyes (Marbury versus Madison. Caso resuelto por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en 1803, con ponencia del juez Marshall, del que arranca la doctrina sobre la posibilidad de invalidar las leyes que sean contrarias a la Constitución).

Los teóricos norteamericanos proclamarán que la división de poderes no es más que la garantía de la libertad; la base sustentadora del Estado es el “equilibrio constitucional del sistema de gobierno” y la seguridad de que existan controles de los distintos poderes entre sí. “El régimen norteamericano no sirve sólo para salvaguardar a la sociedad de la eventual tiranía de su gobierno, sino también para garantizar a una parte de la misma contra los eventuales abusos de la otra parte”[1].

Este modelo de constitucionalismo no se establece en Europa durante el Siglo XIX. No existirá un sistema efectivo de control del poder. De hecho, si analizamos las constituciones europeas del Siglo XIX, veremos la debilidad de sus instrumentos de control.  Jellinek confesará, que, si bien la teoría constitucional había penetrado en la organización del Estado algunos de los contrapesos que determinan la limitación del poder, se instaurarán de manera muy parcial. España es un buen ejemplo, pues durante todo el siglo XIX y parte del XX, el constitucionalismo se establecerá de nombre no de facto. La turnicidad de constituciones desde la Carta otorgada de 1808 a la única constitución que mereció tal nombre, la de 1812, y el posterior bandazo ( línea quebrada que decía Aja) de constituciones progresistas y moderadas, ninguna digna de ser incluida en un constitucionalismo democrático, han marcado nuestra historia. Lo mismo se puede decir de Alemania o Francia, ambas se articulan de modo diferente, son producto de construcciones doctrinales distintas, pero llegan a resultados sustancialmente próximos: un amplio margen de inmunidad en la actuación del Estado. En ellas el poder tiene su expresión más vigorosa en el Estado. En ellas se reconoce teóricamente una cierta capacidad de acción política a los ciudadanos, pero no suficiente. Evidentemente, se han superado las formas tradicionales de la antigüedad en la que los gobernantes sólo son los únicos con capacidad política, pero con la idea “lampedusiana” de que todo cambie para que todo siga igual. Mera apariencia de control del poder.

Pero también es cierto que, de una u otra forma, las semillas de la renovación constitucional europea en orden a potenciar la limitación y el control como elementos primordiales del Estado constitucional ya circulaban en el ambiente, aunque no hubieran germinado. A esas semillas había que unir la defensa del pluralismo y de la soberanía nacional, no la soberanía estatal o su versión rousseauniana y más tarde comunista o totalitaria de todo orden, de soberanía popular.

Aunque el cambio doctrinal se detecta ya perfectamente en el primer tercio del siglo XX, especialmente, con el establecimiento de los tribunales constitucionales austríaco y checo en 1920 y español en la II República, será a partir de 1945, tras la victoria aliada en la II Guerra Mundial, cuando se producirá en Europa la recuperación plena de la idea de Constitución equilibrada, es decir, de la Constitución como una norma suprema. Norma que establece restricciones reguladas y efectivas al poder.

El profesor germano-estadounidense Friedrich dijo que “el constitucionalismo es probablemente el mayor resultado conseguido por la civilización moderna y poco o nada del resto de esa civilización es concebible sin aquél. Bajo él, por primera vez en la historia humana, se ha conseguido para el hombre corriente un cierto grado de libertad y bienestar”.[2]

Estos principios los recogió la Constitución federal alemana y todas las occidentales, incluía la española de 1978, y, por supuesto la jurisprudencia y la doctrina.

Ese sistema constitucional con restricciones efectivas al poder que se potencia a partir de 1945 se organizará bajo la denominación de Estado de Derecho democrático y social.

La creación de Tribunales constitucionales, independientes, no elegidos por el poder político, la aplicación de la Constitución por los jueces y el control de constitucionalidad de las leyes, de los reglamentos y de otros actos del poder público e incluso del poder social o de los particulares o  la resolución jurisdiccional de los conflictos de atribuciones o de competencias, la ampliación y eficacia de los controles se manifiesta en la completa sumisión de la Administración a la ley, con la desaparición de ámbitos exentos, en el establecimiento de nuevas instituciones de fiscalización (Defensor del Pueblo), la extensión del control parlamentario a actividades o entidades de carácter administrativo, en la multiplicación, por vías formales, de otros medios de control del poder a cargo de asociaciones, sindicatos o grupos de interés e incluso en la creación (para determinados ámbitos: Consejo de Europa, Comunidades Europeas) de instrumentos supranacionales, políticos y jurídicos, de control son entramados existentes en todo el mundo democrático a fin de garantizar el ejercicio del poder sin abuso de poder. A ellos habría que unir el llamado cuarto poder, la prensa y su conformación de la opinión pública ( siempre que sean independientes).[3]

Llegados a este punto debemos aclarar que el concepto de Constitución no debe confundirse con el de interpretación constitucional, pues, aunque muy relacionadas, sus términos no coinciden con exactitud. De ahí que el Tribunal Constitucional deba ser un órgano neutral y no político. No sometido a la decisión de la Presidencia de la república como en Argentina o Venezuela. Esa interpretación constitucional debe basarse en los principios y valores que marca la Carta Magna. No olvidemos que los calificativos democrático y social están tan manidos que los vemos unidos a (ambos términos o cada uno por separado) regímenes tan dispares como los de la Francia revolucionaria de 1848, con Napoleón III; en 1850 referido a la Monarquía social alemana; en la constitución propugnada por Bismarck en 1881; en las constituciones comunistas de 1917 o en la alemana del nacionalsocialismo o  italiana de Benito Mussolini y ese mismo espíritu social, de modo radicalmente diferente acabó manifestándose en la Inglaterra de 1936 o en el Estado de Bienestar norteamericano.  Desde esa variedad de uso y abuso de los términos democrático y social, la verdadera interpretación constitucional debe basarse en los principios y valores que marcan la norma suprema. En el caso español recogidos en el artículo 1.

“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.”

No hay constitución democrática sin que en ella se exprese y garantice ese sistema de valores sustanciales, materiales y formales. Y esos valores que informan todo el ordenamiento jurídico, son garantes de esa libertad individual en todos los ámbitos, también frente a las manipulaciones genéticas o telemáticas que veíamos al principio. Si esos valores no se coordinan y defienden y permiten la interpretación adecuada de las normas que se vayan dando, no habrá libertad, Y ello, como señala Manuel Aragón, porque la afirmación de la libertad como valor exclusivamente “material” puede conducir a una libertad sin democracia, de la misma manera que la afirmación de la libertad como valor exclusivamente “formal” o “procesal” puede conducir a una democracia sin libertad, y lo mismo cabe pregonar de la igualdad, la justicia o el pluralismo político.

Sin esa separación de poderes que se relacionan en un equilibrio de controles mutuos, puede existir algo llamado constitución, pero que no será una constitución propia de un régimen democrático. Y, sólo el régimen democrático —a pesar de todas sus desviaciones y limitaciones— está en condiciones de servir a la vez a los valores políticos, económicos y funcionales de una sociedad desarrollada y sólo sobre el régimen democrático puede construirse un verdadero y eficaz Estado social. Lo demás no pasa de ser un regreso al despotismo más o menos ilustrado acomodado a las exigencias del tiempo presente.

Por tanto y como ya sabían los teóricos desde el siglo XVII, no hay circunstancias históricas, ni políticas que justifiquen un desequilibrio entre los poderes invadiendo unos a otros. Aunque el Derecho constitucional nazca en una determinada época histórica, su vigencia es actual y universal pues se concreta en la pretensión histórica de integrar la realidad política en un sistema de relaciones jurídicas. Si estas no se respetan no habrá constitución, ni libertad, ni igualdad, ni democracia.

BIBLIOGRAFÍA

ARAGÓN, Manuel. “Constitución, Estado Constitucional, Partidos y Elecciones y Fuentes del Derecho: Temas Básicos de Derecho Constitucional”. Ed Cívitas. 2011.

ARAGÓN, Manuel. “El control como elemento inseparable del concepto de constitución”. Revista de española de derecho Constitucional ( enero abril) 1987.

FERNANDEZ-MIRANDA, Torcuato. “ Estado y Constitución”. Ed Espasa- Calpe.1975.

FRIEDRICH, Carl Joachim. – “Constitutional Government and Democracy”. 1941. Google Books.

GARRORENA MORALES, Ángel. – “El Estado Español como Estado Social y Democrático de Derecho”. Ed Tecnos. 1987.

KURLAND. – “Magna Carta and Constitutionalism in the United States.” 1965. Consultado on-line en la biblioteca de la Universidad de Chicago.

[1] KURLAND “Magna Carta and Constitutionalism in the United States”. 1965.

[2] Carl Joachim Friedrich.- Constitutional Government and Democracy. 1941

[3] Manuel Aragón. CONSTITUCION, ESTADO CONSTITUCIONAL, PARTIDOS Y ELECCIONES Y FUENTES DEL DERECHO: TEMAS BASICOS DE DERECHO CONSTITUCIONAL. Ed Civitas. 2011

EL LEGADO DE JOHN F. KENNEDY A LOS 60 AÑOS DE SU ASESINATO.

John F. Kennedy fue el 35º presidente de los Estados Unidos (20 de enero de 1961-al 22 de noviembre de 1963), el hombre más joven elegido para el cargo ( 43 años). El 22 de noviembre de 1963, cuando apenas habían pasado sus primeros mil días en el cargo, JFK fue asesinado en Dallas, Texas, convirtiéndose también en el presidente más joven en morir. El miércoles pasado se cumplieron 60 años de su asesinato.

A pesar de su corta presidencia, en encuestas recientes, los norteamericanos le consideran uno de los mejores presidentes de la Historia de Estados Unidos. Así una encuesta de Gallup lo califican mejor que a cualquiera de los otros presidentes desde Eisenhower. Y en 2011, la misma empresa demoscópica encontró que Kennedy ocupaba el cuarto lugar en el imaginario de los norteamericanos cuando se les pidió que nombraran al mejor presidente de todos los tiempos, detrás de Ronald Reagan, Abraham Lincoln y Bill Clinton, pero por delante de George Washington, Franklin Roosevelt y Thomas Jefferson.

Sin embargo, un análisis pormenorizado de su presidencia no hace evaluar al primer presidente católico de los Estados Unidos con tanta benevolencia. Al contrario, entre la corta duración de su mandato y numerosos errores cometidos, no se puede decir que fuera una presidencia extraordinaria, y, sin embargo, ese buen recuerdo en las memorias de sus coetáneos no puede ser casualidad.

De modo muy resumido, vamos a reseñar lo que la mayoría de los historiadores consideran errores y algunos de sus triunfos, para preguntarnos después, por qué Kennedy mantiene ese excelente recuerdo en el imaginario de sus compatriotas.

Antes de ganar la presidencia, Kennedy había vivido rodeado de privilegios y comodidades, y su relativamente corta carrera en el Congreso no había tenido nada especial. Muchos votantes anhelaban el dinamismo que implicaban la juventud y la política de Kennedy, pero a otros les preocupaba que su inexperiencia lo convirtiera en una mala elección para liderar la nación durante una época tan difícil.

Los primeros errores de juicio, especialmente en el fiasco de Bahía de Cochinos, aparentemente confirmaron estos temores. En el verano de 1962, un clima de Guerra Fría particularmente difícil en el extranjero, un Congreso antagónico en casa, grupos de activistas cada vez más arriscados que se agitaban por cambios radicales en la política americana y una perspectiva económica desalentadora contribuyeron a una visión cada vez más negativa de la Casa Blanca de Kennedy.

Esa impresión comenzó a cambiar en el otoño de 1962. Una gran destreza en el arte de gobernar –y algo de suerte– condujeron a un éxito notable en el enfrentamiento sobre Cuba. La crisis de los misiles, que sí fue resuelta con gran habilidad y, aunque no se suela explicar, con la marcha atrás de ambas partes, dio lugar al nacimiento, haciendo de la necesidad de apaciguar a los rusos virtud, de una política de limitación del uso de armas nucleares, tras un tratado de prohibición parcial de los ensayos nucleares.

Iniciaba así Kennedy una política exterior diferente a la existente antes de su mandato. Buscando impulsar las políticas demócratas en todo el mundo ( lo que le llevó a incrementar el número de «asesores» estadounidenses en Vietnam- posiblemente una de sus peores decisiones, incrementara por sus sucesores-). Sabía que debía buscar el equilibró entre mantener fuerte a Estados Unidos y al mismo tiempo evitar acciones que pudieran llevar al mundo a la guerra. Creó el “Cuerpo de Paz” definido por él en su campaña electoral como “esfuerzo genuino del pueblo de Estados Unidos, particularmente de los jóvenes, para desempeñar su papel en el trabajo por la paz y mejorar las vidas de toda la humanidad”, y con la misma intención y mejorar la defensa USA creó los “Navy Seals”, es decir, los equipos de Tierra, Mar y Aire de la Armada de los Estados Unidos, que son la fuerza de elite de toda la estructura militar de USA. Esto transformó la idea previa a su mandato que tenían muchos estadounidenses de que su nación estaba perdiendo la carrera armamentista nuclear, y temían que el comunismo se extendiera por el mundo y en su territorio. Logró convencer al partido Demócrata de que la política exterior debía de ser dura en la defensa de los intereses norteamericanos.

«Nuestros problemas son creados por el hombre; por lo tanto, el hombre puede resolverlos». –Discurso de graduación en la American University, 10 de junio de 1963-.

En 1961, los soviéticos construyeron el Muro de Berlín que dividía físicamente a Alemania Occidental y Oriental. El muro sirvió como recordatorio simbólico de la creciente división entre la democracia en Occidente y el comunismo en el Este. Como bien lo manifestó Kennedy en su discurso ante el muro “yo soy berlinés”… “ el que quiera saber la diferencia entre el mundo libre y el comunismo, que venga a Berlín”. https://www.youtube.com/watch?v=zVg_bGfk_O4

Logró que la situación económica mejorara. Y el trabajo de los activistas de derechos civiles y la intervención del gobierno federal en favor de los afroamericanos, fueron desgastando lenta pero constantemente el poder de los segregacionistas del Sur. Ningún presidente desde Lincoln había dado el paso audaz de colocar toda la autoridad legal y moral de la presidencia detrás de la causa de los derechos civiles. Ahora Kennedy lo había hecho, y el país y el mundo nunca volverían a ser los mismos. Aunque la injusticia racial siguió siendo rampante, puso los cimientos para que Jonhson pudiera realizar las leyes más decisivas. Sin aquellos principios kennedianos, las cosas no hubieran ido igual.

Otras políticas sociales destacadas de su mandato se hicieron en favor de los derechos de la mujer. Encargó un estudio sobre la situación femenina que concluyó con recomendaciones para mejorar las políticas de empleo, las leyes fiscales y laborales, e incluso proporcionó los servicios familiares necesarios. El presidente Kennedy también firmó la Ley de Igualdad Salarial en 1963. Fue la primera legislación promulgada que intentó crear igualdad entre trabajo, remuneración y género.

Asimismo, tuvo políticas favorables para los discapacitados.

En otro orden de cosas, una de sus políticas más exitosas fue la de la carrera espacial.

En abril de 1961, la Unión Soviética fue la primera en lanzar un hombre al espacio. Este suceso alarmó a los estadounidenses y el presidente Kennedy instó al Congreso a aumentar la financiación para la exploración espacial. Entre una variedad de proyectos que imaginó, afirmó que “esta nación debería comprometerse a lograr el objetivo, antes de que termine la década, de llevar un hombre a la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra”.

La petición de Kennedy fue a la vez visionaria y osada. La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) primero tuvo que descubrir si era posible realizar vuelos espaciales a largo plazo. Después de varios años de desarrollo experimental, de estudios y ensayos de astrofísica y miles de millones de dólares, el sueño de Kennedy se hizo realidad en 1969 y Estados Unidos llevó a los primeros humanos a la Luna.

Todos estos acontecimientos en apenas 1.000 días de mandato, pueden hacer pensar a algunos que esa es la razón de su representación en la mente de los americanos como un gran presidente; otros afirmarán que se debe al dolor colectivo por el asesinato público de Kennedy: el trauma nacional americano por excelencia. Ha sido consagrado como un mártir, particularmente en los hogares demócratas. Pero, esas no pueden ser las únicas razones, William McKinley fue otro presidente popular y enérgico asesinado a balazos, y desapareció de la mente popular de una manera que JFK no lo hizo.

Muchos lo recuerdan por haber contribuido de manera decisiva en la creciente importancia de la imagen en la política estadounidense y mundial. Kennedy tuvo éxito en gran parte por su aspecto y su voz. Desde los famosos debates televisados entre Nixon y Kennedy en 1960, la política estadounidense se ha preocupado cada vez más por la apariencia y el estilo. Kennedy ciertamente será recordado como uno de los presidentes que elevó la importancia de este aspecto, se recordará aquel debate televisivo frente a Nixon. Su capacidad para la propaganda y un excelente equipo crearon un sistema sofisticadísimo de comunicación que, por ejemplo, fomentó una apariencia juvenil y saludable, cuando en realidad tenía achaques crónicos de muy variado signo. En este sentido, la trayectoria de JFK representa una combinación de talento junto a una cuidadosa premeditación, como un montaje mediático permanente. Con todo, no partían de la nada. Su imagen era natural, aunque cultivada; original, de nacimiento; no era un simple impostor del retoque estético y publicidad de espejo, para resultar luego un patán. No, su prestancia era de cuna e incrementada con un buen hacer comunicativo.

Con todo, estos fueron aspectos tangenciales, Kennedy tenía algo más.

Era un líder convincente, culto, simpático, carismático con buena planta en un periodo que se puede calificar de inmenso desafío. Sabía transmitir ilusión, la Nueva Frontera, y muy especialmente: implicar a toda la nación del partido que fuera a hacer frente a ese desafío. No levantaba muros, los derribaba y todos se sentían poderosos bajo su liderazgo. Los ciudadanos sabían que se esperaba algo positivo de ellos, que todos juntos podrían logarlo.

«Hoy nuestra preocupación debe ser ese futuro. Porque el mundo está cambiando. La vieja Era está terminando. Las viejas costumbres no sirven«. (Discurso en Los Ángeles en la aceptación de la nominación a la Presidencia de los EE.UU por parte del Partido Demócrata- 15 de junio de 1960).

“No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino más bien lo que tú puedes hacer por tu país”. Discurso de su juramento al cargo de 35º presidente de los EE.UU.

«Elegimos ir a la luna en esta década y hacer las otras cosas, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque ese objetivo servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque ese desafío es uno que estamos dispuestos a aceptar, uno que no estamos dispuestos a posponer y uno que pretendemos ganar, y los demás también«. Discurso en la Universidad Rice sobre el esfuerzo espacial de la nación, 12 de septiembre de 1962

John F. Kennedy representa una era en la historia estadounidense en la que los políticos todavía confiaban en su gobierno y en su nación, y por eso su nación confiaba en él:

Todo esto no se terminará en los primeros cien días. Tampoco estará terminado en los primeros mil días, ni en la vida de esta Administración, ni siquiera quizás durante nuestra vida en este planeta. Pero comencemos”.—Discurso inaugural de su presidencia, 20 de enero de 1961.

Sabía que nada podría hacer con la mitad de la nación en contra, e implicó a todos:

No busquemos la respuesta republicana o la respuesta demócrata, sino la respuesta correcta. No tratemos de arreglar la culpa del pasado. Aceptemos nuestra propia responsabilidad para el futuro”.(Como Senador, en el “Loyola College”, el 18 de febrero de 1958)

Kennedy era un patriota- héroe de guerra, herido en combate- que transmitía patriotismo e ilusión a sus conciudadanos. Y lo hacía porque confiaba en el Ser humano. No se creía en posesión de la verdad o que sólo él era capaz de alcanzar la verdad, de ahí que contara con todos sus ciudadanos para triunfar.

Nuestro progreso como nación no puede ser más rápido que nuestro progreso en educación. La mente humana es nuestro recurso fundamental”. Discurso en el Congreso de los Estados Unidos el 20 de febrero de 1961.

“El hombre sigue siendo el ordenador más extraordinario del mundo”.

Esa mente poderosa debía ser encauzada para el bien. El mal uso, lleva a cosas terribles:

El mundo es muy diferente ahora. Porque el hombre tiene en sus manos mortales el poder de abolir todas las formas de pobreza humana y todas las formas de vida humana”.

Para muchos estadounidenses y buena parte de la prensa, John Kennedy y su equipo se identificaban y así lo escribían con aquel Camelot del Rey Arturo de caballeros valientes, poderosos e invencibles, en marcado contraste con el recuerdo de la corrupción y el escándalo que ha rodeado a tantos presidentes desde 1963. Sus problemas de faldas no tuvieron repercusión en su liderazgo. En el periodo posterior al Watergate, ningún político ha podido recuperar el tipo de confianza y entusiasmo que tantos ciudadanos sentían hacia Kennedy. No en vano, la corrupción tiene muchas maneras de manifestarse y Kennedy las explicitó de diferentes modos:

“El gran enemigo de la verdad a menudo no es la mentira, deliberada, artificial y deshonesta, sino el mito, persistente, persuasivo y poco realista”. Universidad de Yale , 11 de junio de 1962.

Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”. Universidad de Washington, 10 de junio de 1963.

“La tolerancia no implica falta de compromiso con las propias creencias. Más bien condena la opresión o la persecución de los demás”.

“La ignorancia de un votante en una democracia perjudica la seguridad de todos”.  90º aniversario de la Universidad de Vanderbilt, 18 de mayo de 1963.

“Al expresar nuestra gratitud, nunca debemos olvidar que el mayor aprecio no es pronunciar palabras, sino vivir de acuerdo con ellas” (proclamación del Día de Acción de Gracias en 1963- 21 de noviembre de aquel año-. Un día antes de su asesinato.)

Sabía transmitir confianza, con un discurso inteligente, culto. Propio del alumno brillante de Harvard que fue. No era monótono, ni pesado, sino fulgurante, resplandeciente y por muy buenos asesores que tuviera, era capaz por sí mismo de moldear el discurso a su manera y con su propio genio. No copiaba.

“Si hubiera más políticos que supieran poesía y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él”. Discurso en la Universidad de Harvard el 14 de junio de 1956.

“La historia es un maestro implacable” (Discurso pronunciado en Carolina del Norte el 17 de septiembre de 1960). Sabía de la importancia de conocerla y de que de nada vale falsearla.

Kennedy realizó toda su política en un periodo de fuerte liberalismo en Estados Unidos, y aunque no legisló mucho internamente, puso las bases para la visión liberal de la sociedad en el interior y en el exterior.

Por todo lo que antecede, en la memoria popular, Kennedy todavía genera fascinación como un líder convincente y carismático durante un período de inmenso desafío al que supo hacer frente uniendo a toda la nación. Inspiró a una generación a aceptar la responsabilidad de gobierno luchando para garantizar la igualdad de derechos y oportunidades para todos los estadounidenses. Animó a los estadounidenses a ayudar a los menos afortunados que ellos, tanto en casa como en el extranjero. Retó a la nación a alcanzar lo imposible y llevar un hombre a la luna antes de que finalizara la década. Estableció nuevas direcciones para la diplomacia internacional, buscando mejores relaciones con América Latina y las naciones recién independizadas. Redujo la amenaza de una guerra nuclear abriendo las líneas de comunicación con Moscú y ofreciendo ayudar a “hacer que el mundo sea seguro para la diversidad”.

El legado de John F. Kennedy es una visión de acción política y servicio público basada en la unidad nacional, la valentía, el servicio a la nación, la inclusión y la innovación.

BIBLIOGRAFÍA

Burner, David. “John F. Kennedy and a New Generation”. Ed. Pearson 2004.

O’Brien, Michael. “John F. Kennedy: A Biography.” Ed. Goldbooks 2005.

Kennedy, John Fitzgerald. El deber y la gloria: Testamento político de John F. Kennedy. Bruguera.1970

Rorabauch, W.J. “Kennedy y el sueño de los sesenta”. Ediciones Paidos Ibérica S.A.(2005)

Mentiras arriesgadas.

Mis lectores habituales saben ya que este año había distanciado las entradas por periodos de 15 días, pero la ocasión merece hacer una excepción.

 

Hoy traigo un artículo prestado: el manifiesto hecho público por los historiadores catalanes contra las mentiras vertidas en el acuerdo para la investidura entre JUNS y el PSOE. Qué dice así:

Comunicado de prensa Desde la asociación Historiadors de Catalunya queremos denunciar el uso presentista, manipulado y falso de la historia, en el acuerdo firmado por Junts per Catalunya y el PSOE que busca en la historia en general y en 1714 en particular el origen de un supuesto conflicto entre España y Cataluña y la pérdida de unas ficticias libertades por la fuerza de las armas. Ante tales afirmaciones que sostiene el acuerdo firmado apuntamos:

– Que la guerra de Sucesión española fue un conflicto civil y dinástico.

– Que el rey Felipe V juró y respetó las instituciones y leyes catalanas en 1702.

– Que el pacto firmado por el rey Felipe V y las Cortes Catalanas fue roto unilateralmente por los últimos y con las armas en 1706.

 – Que tras ser derrotada la rebelión en 1714 y según la ley, el monarca tenía el derecho a gobernar la provincia rebelde como dispusiese.

– Que los Decretos de la Nueva Planta no abolieron el catalán.

– Que las leyes sustituidas por el Decreto de la Nueva Planta de 1716 eran feudales, oligárquicas e incluso racistas como se recoge en el Capítulo XVI de las Constituciones de 1706 donde se ordena la expulsión de los gitanos de Cataluña con penas de diez años de galeras para los varones adultos y de cien latigazos para mujeres y niños.

– Que la administración borbónica y su nueva legislación establecieron las bases para el crecimiento económico y demográfico en Cataluña tras dos siglos de decadencia.

– La nueva dinastía borbónica mejoró la economía en general y el comercio con América en particular, beneficiando las manufacturas textiles y el puerto de Barcelona

 – Que en los acuerdos firmados con ERC y PNV también se hace uso de una historia tergiversada para justificar el pacto de investidura.

 – Que la manipulación, tergiversación, falseamiento y ocultación de la historia son los cimientos donde se ha construido y se construye el relato independentista catalán. Por tanto, el documento firmado por PSOE y Junts por Catalunya busca justificar en el pasado un supuesto conflicto de España contra Cataluña perpetuado en el tiempo.

Barcelona, 11/11/2023

Associació d’historiadors de Catalunya Antoni de Capmany.

 

En este enlace se puede ver el texto original:

https://theobjective.com/espana/politica/2023-11-11/historiadores-catalanes-relato-independentista-psoe-junts/

 

MANUEL CURROS ENRÍQUEZ.

Hoy, como cada 11 de noviembre, un recuerdo a Galicia y a mi familia; a los que están y, sobre todo, a los que ya no están. En este caso, con un significado personal más especial, aún si cabe, puesto que yo estudié en Orense en un colegio nacional que se llamaba, y espero que se siga llamando, como el gran poeta de Celanova: Curros Enríquez. Vivía Franco, y en la clase de lengua, nos explicaban también literatura gallega y en gallego. Lo que me permitió apreciar y querer esa lengua sin necesidad de que me la impusieran. Siempre se llega mejor a las cosas desde la libertad.

Manuel Curros Enríquez, poeta y periodista, nació como he dicho en Celanova, Orense. Nunca tuvo una buena relación con su padre, lo que le llevó a marcharse de la casa familiar con tan solo 15 años e instalarse en Madrid junto a su hermano. En la capital estudió el bachillerato e inició estudios de Derecho que nunca culminó. Sí puso mayor interés en la vida política ingresando en ambientes liberales, participando en la Revolución de 1868, la gloriosa.

https://algodehistoria.home.blog/2023/06/02/la-gloriosa/

Trabajó durante toda su vida como periodista (aunque también ejerció otras profesiones). Como periodista obtuvo un gran prestigio merced a la búsqueda siempre de una sólida argumentación (se coincidiera con su punto de vista, o no) y al dominio de la lengua, aunque deberíamos decir de las lenguas, pues en prensa escribió mayoritariamente en castellano y, en algún momento, en gallego. Pero, sobre todo,  destaca como poeta especialmente en gallego.

Entre sus primeros años como periodista colaboró en El Imparcial de Madrid y otros diarios republicanos. En 1870, publicó un artículo crítico con el duque de Montpensier, lo que le valió pasar varios meses exiliado en Londres.

Regresa a España a finales de 1870, y en 1873, su vida cambia radicalmente. Primero, porque se casa con Modesta Vázquez, con quien tuvo cinco hijos. Las relaciones familiares no fueron muy armoniosas, lo que influyó, según alguno de sus biógrafos, en su decisión de irse a Cuba en 1894. Desde luego muy bien no debió llevarse con su mujer e hijos,  cuando al volver a España en 1904, no aprovechó el paso por Madrid para visitar a su familia. En segundo lugar, se muestra entusiasmado con la proclamación de la Primera República (11 de febrero de 1873), y, en tercer término, en marzo de 1873, ingresa como redactor en La Gaceta de Madrid, en donde trabajará hasta que el General Pavía acaba con la Primera República el 3 de enero de 1874.

Debido a sus crónicas de la Guerra Civil- referidas a la Tercera Guerra Carlista (1872-1876)-, publicadas en El Imparcial, consigue destacar en el mundo periodístico y que El Imparcial le incluya en plantilla.

En 1875, con otros intelectuales gallegos, funda en Madrid la sociedad Galicia Literaria, de corta duración, pues se disuelve en 1876.

Uno de los cambios que se producen en su vida se da, en ese mismo año de 1876, cuando el Heraldo Gallego publica una carta del orensano Modesto Fernández González, que ofrece un premio de 2.000 reales al poeta que, en gallego, retrate con mayor exactitud y colorido las costumbres, tradiciones y tipos de Galicia. Lo gana Curros, con los poemas “A Virxe do Cristal”, “O gueiteiro” y “Unha voda en Einibó”.[1]

De “O gueiteiro”:

Despois do tempo pasado,

pasado pra non volver,

como on profeta ispirado,

inda mo parece ver

na festa do San Trocado.

Calza curto, alta monteira,

verde faixa, albo chaleque

i o pano na faltriqueira,

sempre na gaita parleira

levaba dourado fleque.

 

Después del tiempo pasado,

pasado para no volver,

como un profeta inspirado,

Todavía me parece ver

en la fiesta de San Trocado.

Pantalones cortos, montera alta,

faja verde, chaleco blanco

y el paño en la faltriquera,

siempre en la gaita

llevaba flecos dorados.

 

En 1877, regresa a Galicia, a Orense, donde Modesto Fernández González le había conseguido un puesto en las oficinas provinciales del Ministerio de Hacienda.

Su obra inmediata será su única novela: Paniagua y compañía (1878), sobre un corresponsal de guerra, en la que se aprecia su desprecio por el carlismo y el mundo clerical. En 1888, publica una obra de teatro, El Padre Feijoo, que, junto con Cartas del Norte e Hijos ilustres de Galicia, constituirán su obra más destacada en castellano, amén de sus artículos periodísticos, y otras obras de menor renombre. Al mismo tiempo,  siguió componiendo poesía.

Su estilo poético se refina aún más; lleno de musicalidad, colorido, dulzura y sabor local que lo sitúan para muchos,  junto a Rosalía de Castro, como uno de los mejores poetas en lengua gallega.

Su primer poemario, Aires da miña terra (1880), se hizo muy popular a raíz de ser acusado de blasfemo por el Obispo de Orense;  fue condenado a más de dos años de prisión. Pero tras muchas vueltas, pago de alguna multa y un recurso equivalente al de revisión penal, logró ser absuelto. Todo este lío le valió una publicidad preciosa y su obra se vendió con fruición. Más allá del escándalo, se reveló su sensibilidad lírica y su capacidad para crear imágenes de notable delicadeza a partir de la musicalidad de sus versos.

Fala de miña nai,fala armoñosa,

En que o rogo dos tristes rube ó Ceo

I en que dende a prácida esperanza

Os afogados e doridos peitos;

Fala de meus obós, fala en que os parias,

De treboa e polvo e de sudor cubertos,

Pidan á terra o gran da cor da sangre

Que ha cebar á bestas do laudemio…

 

Habla de mi madre, habla armoniosa,

en la que el ruego de los tristes sube al Cielo

 y en la que desciende la plácida esperanza

 a los ahogados y doloridos pechos;

habla de mis abuelos, habla en la que los parias,

de tinieblas y polvo y sudor cubiertos,

piden a la tierra el grano del color de la sangre

que ha de cebar a la bestia del laudemio…

En 1888, dio a conocer “O divino sainete. Poema en ocho cantos”, poema en tercetos en el que, parodiando la Divina Comedia de Dante, satiriza la peregrinación española a Roma con ocasión del jubileo de León XIII y ataca lo que él, un profundo anticlerical, entendía como corrupción religiosa. Esta era la obra poética de la que Curros se mostraba más orgulloso. La consideraba su mejor obra.

É un viaxe de recreo.

¿Quén folga de vir conmigo

de León XIII ó xubiieo?

Es un viaje de placer.

¿Quién quiere venir conmigo

de León XIII al jubileo?

Sin embargo, su vida Orense se le hace difícil por el ambiente hostil a su anticlericalismo, por eso, con la ayuda de Fernández González, regresa a Madrid y logra un puesto en el Ayuntamiento. Retoma el periodismo en la Capital colaborando sucesivamente en El Porvenir, El Progreso y El País, todos ellos de tendencia republicana.

En la noche del 27 de marzo de 1893, con motivo de la inauguración del Centro Gallego de Madrid, el ex ministro Manuel Becerra le impone una corona de laurel de plata, lo que viene a demostrar el reconocimiento que, en estos años, Curros adquiere en determinados círculos gallegos.

Aunque se desconoce la causa, en 1894 parte para Cuba y allí funda la revista La Tierra Gallega. También colabora en otros diarios en los que publica sobre todo poemas. La revista apenas dura dos años, hasta noviembre de 1896, cuando es clausurada a raíz del artículo “Responsabilidad ministerial”, en el que censura al ministro de Marina por elegir para determinados contratos de la flota militar a los astilleros de Cádiz frente a los de Ferrol. Este cierre, más su postura intransigente con la libertad de expresión siempre desde una óptica localista, le lleva a pasar algunas dificultades económicas que se solventan al ingresar como corrector de pruebas en el principal diario cubano, El Diario de la Marina, del que consigue poco después ser redactor.

Con todo, su posición patriótica, española, nunca se puso en duda, así al coincidir su estancia en Cuba con la segunda insurrección para lograr la independencia de Cuba, Curros siempre se mostró contrario al levantamiento y, es más, acabó rompiendo con el Centro gallego en La Habana por ofrecer éstos una cena a favor de alguno de los militares insurrectos.

En 1904, reingresa en el Centro Gallego tras exigir que el presidente fuera gallego, los cuadros y los libros fueran de gallegos, en lengua gallega o, marginalmente, castellana.

Ese mismo año viaja a España, siendo acogido con honores en Galicia.

Vuelve definitivamente a Cuba y en 1907 lee su poema “A Alborada de Veiga”, en un acto celebrado en el Teatro Nacional de La Habana, en el que se homenajeaba al músico Pascual Veiga. En ese acto se cantó por primera vez el himno gallego, cuya música estaba compuesta por Veiga.

O celta, que didiante dos astros se axoella,

deixounos nese canto de multiforme son

o matinal sol o luz do sol vermella,

feito de estrondo de himno e rogos de oración.

El celta, que se arrodilla ante las estrellas,

nos dejó en esa canción de sonido multiforme

el sol de la mañana, la luz roja del sol,

hecho del rugido de himnos y ruegos como oración.

Poco después, el estado de salud de Manuel Curros Enríquez se quebranta. Ingresa en el centro de salud del Centro Asturiano de La Habana, donde fallece el 7 de marzo de 1908. Su cuerpo será velado en los salones de El Diario de la Marina y, posteriormente, en los del Centro Gallego.

Reclamado por la Academia Gallega, su cuerpo embarca el 20 de marzo rumbo a La Coruña, adonde llega el 31. Su cadáver fue expuesto durante tres días en el Ayuntamiento. Casi cuarenta mil personas asistieron a su sepelio, celebrado el 2 de abril.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

“Aires d’a miña terra: coleucion de poesías gallegas” ed. crít. de C. Casares, Galaxia, 1975.

“Obras escogidas. Poesía. Teatro. Prosa”, recop. por A. Curros Vázquez, Ed. Aguilar, 1956.

GONZÁLEZ-BESADA, A. y MELEDO ABAD, F.- “Manuel Curros Enríquez: Biografía”. Artes Gráficas Minerva, 1952.

MARTÍNEZ- RISCO DAVIÑA, Luis.- “Manuel Curros Enríquez. O home o seu contexto”. Ed Duen de Bux. 2001.

[1] Las traducciones son mías. Espero no haberme desviado mucho de la intención del autor.

BERENGUELA I DE CASTILLA 

 

La reina Berenguela I de Castilla (1180-1246) es una gran desconocida en la Historia de España y, sin embargo, fue la primera mujer que reinó en Castilla y una de las reinas más influyentes en el devenir de nuestra Historia.

Berenguela era la hija de Alfonso VIII, y de Leonor de Inglaterra (Leonor Plantagenet), descendiente a su vez del rey Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania.

Berenguela fue heredera de la corona de Castilla mientras sus padres no tuvieron un heredero varón, motivo por el cual fue prometida en matrimonio a Conrado, tercer hijo de Federico I Barbarroja. Sin embargo, el nacimiento de su hermano Fernando eliminó esa posibilidad primera de reinar y Conrado, visto que sus aspiraciones a ser rey se desvanecían, rompió el compromiso.

Sus padres concertaron, entonces, su matrimonio con Alfonso IX de León, lo que le otorgó el título de reina consorte del Reino de León. Con este matrimonio se pretendía poner fin a la guerra que venía enfrentando a ambos reinos cristianos: Castilla y León. El enlace fue favorecido por la reina Leonor, tropezando con las reticencias de Alfonso VIII, que preveía ya las dificultades venideras por razón del parentesco entre ambos contrayentes: Alfonso VIII y Alfonso IX eran primos carnales, nietos los dos de Alfonso VII de León, Emperador de España y Rey de Castilla y León. La boda de Berenguela y Alfonso se celebró en Valladolid en 1197. El matrimonio no tuvo muy buenas perspectivas desde el principio, puesto que Papa Celestino III, aunque no autorizó el enlace, no se opuso al mismo (hay que recordar que ya había anulado el primer matrimonio de Alfonso con Teresa de Portugal por consanguinidad. De aquel matrimonio habían nacido dos hijas). Sin embargo, fallecido Celestino en 1198,  su sucesor, Inocencio III , muy opuesto a los matrimonios entre consanguíneos, no paró hasta lograr la separación del matrimonio.  No contaba Inocencio conque los reyes de León se enamoraran; el amor y la dote de Berenguela que dejaba a Alfonso IX en una situación muy desfavorable en caso de disolución del matrimonio, hicieron que se opusieran con todas sus fuerzas a su separación. Aquella oposición duró siete años y cinco hijos. Sólo el ataque directo del Papa a Alfonso VIII y la alteración que estas amenazas podía producir en Castilla, lograron que Alfonso VIII llegara a un acuerdo con el Papa para que el matrimonio no se disolviera de iure pero se separaba de facto.

De este modo, Berenguela dejó León y se instaló con sus hijos en Castilla en 1204. Sus hijos fueron: Leonor que murió de niña en 1201; Constanza que profesaría como religiosa cisterciense en el monasterio de las Huelgas Reales de Burgos, donde murió en 1242; Fernando, futuro Fernando III el santo; Alfonso, futuro Alfonso de Molina  (concordia de Zafra); la quinta, llamada como su madre, Berenguela, será la futura Reina de Jerusalén, por su matrimonio, celebrado en Toledo en 1224, con Juan de Brienne, Rey de Jerusalén.

Cuando llegó Berenguela a Castilla en aquel 1204, acababa de nacer su segundo hermano varón, Enrique, lo que la relegaba a la tercera posición en la sucesión al trono castellano.

En 1211 moría su hermano mayor Fernando y en 1214 sus padres. En esta situación, Enrique es proclamado Rey de Castilla a la edad de once años, nombrando a Berenguela como tutora y regente. Su actuación como regente fue siempre prudente y adecuada, hasta que las intrigas palaciegas, sobre todo de los hijos del conde Nuño Pérez de Lara, obligan a Berenguela a nombrar ayo, para el cuidado y educación de su hermano, a Álvaro Pérez de Lara. Aquellas intrigas también lograron que Álvaro se hiciese con la regencia, aunque con algunas limitaciones. El enfrentamiento entre Álvaro y los nobles y también entre Álvaro y Berenguela obligó a ésta a refugiarse en el castillo de Autillo ( Palencia) y a que enviara a su hijo Fernando al recaudo de su padre, el Rey de León.

Evidentemente aquella división en dos bandos llevaba sin remedio a un enfrentamiento armado que se produjo en abril de 1217. Mientras Álvaro rodeaba el castillo de Autillo en el que estaban refugiados Berenguela y sus partidarios, dejó al niño rey en el palacio arzobispal, con tan mala fortuna que, jugando en el patio del palacio, le cayó una teja encima y le mató.

Berenguela mandó comunicación a su hijo Fernando para que se reuniera con ella. Berenguela había logrado escapar y llegar hasta Valladolid desde dónde dirigió las negociaciones para que la nobleza y los concejos castellanos la nombraran a ella, como legítima heredera, Reina de Castilla, con la intención, señalada en aquellos acuerdos, de entregar su reino a su hijo Fernando. Esta proclamación de Berenguela y de su hijo Fernando como Reina y Rey de Castilla tuvo lugar en la plaza del mercado de Valladolid el 2 o el 3 de julio de 1217. La relación de madre e hijo fue siempre armoniosa y cordial.

“Casi treinta años duró esta entente admirable entre madre e hijo; Fernando I será el rey propietario del reino castellano y como tal gobernará con plenos poderes, pero el consejo prudente y desinteresado de su madre estará presente en todas las decisiones de Fernando III; los diplomas se expiden siempre a nombre de Fernando, pero éste consignará en todos ellos que lo hace “con el asenso y beneplácito de la reina doña Berenguela”. Nunca, que se sepa, hubo una disensión entre madre e hijo, por eso resulta prácticamente imposible distinguir qué decisiones corresponden al hijo y cuáles a la madre. Cuando Fernando inicia el año 1224, sus expediciones de conquista por Andalucía, prácticamente anuales, es su madre la que queda en Castilla, casi siempre en Burgos, gobernando el reino con su sagacidad y prudencia y apoyando con toda clase de pertrechos las campañas del hijo”.[1]

La prudencia y el tino de Berenguela fueron determinantes para guiar los pasos de Fernando III y que éste lograra la sucesión pacífica de su padre en el reino de León. En este camino es muy destacable la llamada Concordia de Benavente de 1230, que fue el acuerdo alcanzado por Berenguela con Teresa de Portugal tras la muerte de Alfonso IX de León mediante el cual, su primera mujer, Teresa de Portugal, renunciaba a los derechos que sus hijas, Sancha y Dulce de León, tenían al trono de León en favor de su hermanastro el Rey de Castilla, e hijo del segundo matrimonio de Alfonso IX con Berenguela, Fernando.

Aquella resultó ser la unión definitiva de los reinos de Castilla y León, que recordamos incluían Galicia, toda la cornisa cantábrica, parte de La Rioja actual y se encaminaban a la conquista de Andalucía de la que ya en parte era castellana.

“Especialmente emotivo resulta el último encuentro entre madre e hijo, que tuvo lugar en Pozuelo de don Gil, la actual Ciudad Real, en la primavera de 1245; fue la reina la que se trasladó de Burgos a Toledo, desde donde envió aviso a su hijo, que se encontraba en Córdoba, manifestando sus deseos de encontrarse con él, para tratar asuntos del heredero, Alfonso. Fue la última vez que se vieron madre e hijo, pues Berenguela murió el 8 de noviembre de 1246, dejando tras de sí una bien merecida fama de mujer y de gobernante siempre prudente y discreta; sus restos mortales fueron depositados en las Huelgas de Burgos junto a sus padres”.[2]

BIBLIOGRAFÍA

Cruz, Fray Valentín de la. Berenguela la grande: Enrique I el Chico (1179-1246). Ediciones Trea, S.L. 2006.

 

Martínez Díez., Gonzalo SJ. “Fernando III. 1217-1252”. Ed La Olmeda.1993.

[1] Gonzalo Martínez Díez. SJ. “Fernando III. 1217-1252”. Ed La Olmeda.199

[2] Op. Cit.

 

EL ORIGEN DE ESPAÑA COMO ORGANIZACIÓN ESTATAL Y NACIONAL.

Cuando hablamos de España hacemos referencia a muchas cosas al mismo tiempo: nación, país, estado…Términos que en ocasiones se confunden entre sí. Normalmente, tales conceptos están íntimamente unidos, pero no significan los mismo. El país hace referencia a un término geográfico, unas fronteras, incluso un gobierno. El estado se origina por las instituciones político-jurídicas que determinan la organización interna y el orden normativo de la sociedad que, por compartir determinados rasgos culturales e históricos, conforma una nación, soberanamente separada de otras comunidades que representan o se organizan de manera diferente.

A esta definición se puede oponer muchos matices de todo orden, jurídicos, políticos o filosóficos, pero no nos corresponde esa discusión político-jurídico-filosófica, sino que lo que pretendemos en hacer notar aquellos hitos que marcan el “nacimiento” de España como Ser histórico y jurídico-soberano. Estos elementos no tienen por qué darse de manera sucesiva, al contrario, a veces se entremezclan e incluso, en muchos casos no es la nación la que crea el Estado, sino que de una cierta unidad estatal nace la conciencia de nación. España es un ejemplo de ello.

En esa visión histórica nos encontramos con varios momentos esenciales que la historiografía identifica con ese nacimiento de España, dentro de cierta disparidad de criterios:

  • Los que parten de la Hispania romana, pero sobre todo del Estado visigodo, cuya reconquista permite concretar el nacimiento de España. Claudio Sánchez Albornoz estaría en este grupo.
  • Aquellos que identifican el nacimiento de España con Alfonso X el Sabio, al asentar y unificar el Rey sabio la organización jurídica de España. Por ello, sitúan, en el Siglo XIII ese nacimiento. Pedro de Insua , entre otros. Para estos autores la formación estatal de los Reyes Católicos sería una continuación de la expresada por el rey Sabio.
  • Los que fechan el nacimiento de España, precisamente en la unidad creada por los Reyes Católicos, en el Siglo XV, poco antes que el resto de los Estado-Nación europeos.
  • Por último, existe un grupo que no conceden ese nacimiento hasta la manifestación de la soberanía popular en el alzamiento contra el francés en 1808, remarcado por la Constitución de Cádiz de 1812.

Veamos las razones expuestas por cada uno:

  • Desde los visigodos.

Aunque los romanos fueron los primeros que utilizaron el término fenicio “i-spn-ya” traducido como Hispania para referirse a todo el territorio de la península ibérica, para los romanos aquella referencia geográfica, ni tenía una unidad étnica, ni religiosa, ni una organización significativa más allá de la marcada por ser una provincia romana.

La generalización del término Hispania o España referida exclusivamente a la Península Ibérica se lo debemos a los visigodos. Y con ellos, el nombre pasó de ser una mera expresión lingüística,  a convertirse en una formulación política consecuencia de la mezcla entre el ideario germánico sobre la comunidad política y la estructura imperial romana, a la que los godos, inicialmente, quedaron incorporados, y cuya confluencia con una creencia religiosa cristiana como elemento de unidad y distinción, dispuso el nacimiento estatal de España.  El Rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del S. VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. San Isidoro narra la búsqueda de la unidad peninsular, finalmente culminada en el reinado de Suintila en la primera mitad del S. VII y se habla de la madre España. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de “Totius Spaniae”. El texto de San Isidoro de Sevilla se convirtió en lectura obligatoria para todos los príncipes cristianos que habitaron la Península y esa idea de una única entidad “hispana” pervivió en el imaginario de los escasos núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Después de la batalla de Guadalete, en el 711, el Reino Visigodo desaparece, pero sus leyes y elementos básicos perviven en pequeños reductos liderados por nobles norteños. Aquellos núcleos cristianos mantenían su organización en torno a la figura del rey y de la fe de sus mayores. Es verdad que, ese sistema estructural e identitario se conserva de una manera muy deslavazada al principio con Pelayo, siendo elevada a categoría por los sucesivos reyes astures. Especialmente por Alfonso I al que las crónicas posteriores denominan el católico y Alfonso II, el casto, que aparece como primer Rey de España. Aquellos reyes fueron expandiendo su territorio por toda la cornisa Cantábrica, desde Galicia hasta los Pirineos (con Ramiro I y Ordoño I). Alfonso III, el magno, uno de los más brillantes reyes de la Historia de España, extiende su reino hasta Zamora. En esa expansión implantó también la Ley común a todo el reino que no era otra que la legislación romana-visigoda, la Lex Visogothorum, futuro, Fuero Juzgo, que Alfonso II había hecho aplicar, reconociendo así su relación inmediata con aquel Estado visigodo.

No fue el único rasgo de enlace con los visigodos, la idea imperial no se olvida. Aquella posición del imperio romano asumida como herencia por los visigodos, se manifiesta ya en Alfonso III (último rey asturiano con capital en Oviedo) al que debemos una más recia idea de España, la idea imperial y la mejor crónica histórica de aquella época que permitió forjar, entender y desarrollar España.

Cuando cae el estado visigodo, otros en Europa intentan levantar la idea imperial, especialmente Carlomagno y tras él diversas familias dirigentes alemanas. En el fondo toda la Europa cristiana está intentando rememorar el imperio romano, aunque nadie duda que la primera asunción de tal condición fue la del reino visigodo de Toledo.

Con Alfonso III reivindicando el antiguo imperio visigodo, la ley visigoda aplicada por Alfonso II, la cristiandad como medio de unificación y orden, la Corona como instrumento de homogeneidad y argamasa de un Estado y una nación que tendía a la universalidad ejemplarizada por el camino de Santiago y el recuerdo romano, no podemos negar que ya existía Estado y Nación por incipiente que fuera. De hecho, cuando la historiografía siglos después define aquella gesta como Reconquista, no usa el término de manera baladí, si se “re-conquista” algo es que ese algo existía, aunque se hubiera perdido. De hecho, la Crónica de Alfonso III, el magno, realiza una exaltación de la intervención goda en el origen del reino de Asturias. Es decir, herederos del primer Estado español y primera concepción nacional de España

Todo esto ya lo explicamos aquí, con detalle, y a ello me remito y recomiendo como lectura antes de continuar con esta entrada:

https://algodehistoria.home.blog/2020/03/06/el-reino-de-asturias-o-la-victoria-de-espana/

No debemos olvidar por otro lado, que la idea de unidad de toda España no sólo se dio entre los Reyes astur-leoneses, sino también en los aragoneses o en los navarros; por ejemplo, en el Siglo XI la concibió Alfonso I de Aragón por su matrimonio con Urraca de León o Sancho III el Mayor, Rey de Navarra, ya en el siglo XI reunió bajo su trono una parte sustancial de la España cristiana. Sin embargo, al igual que otros reyes medievales hispanos y por causa de una tradicional visión patrimonialista de la Monarquía, dispuso que se dividieran sus dominios tras su fallecimiento. El Rey de León Alfonso IX se adelantó a su tiempo convocando en 1188 las primeras Cortes de la historia europea con participación ciudadana, noble y eclesiástica. Fernando III el Santo unificó definitivamente los Reinos de Castilla y de León dando un impulso irreversible a la Reconquista.

  • Los que consideran que España nace en el Siglo XIII.

La concepción de estos autores parte de considerar que la caída del reino visigodo en el 711 es total. El Estado visigodo desaparece, sus instituciones decaen y lo que surge después es completamente diferente. Además, consideran que aquel era el estado de la Nación goda, no de la española. Sin embargo, San Isidoro de Sevilla había hablado de España y España en sus comienzos, como todas las naciones del mundo, es un conglomerado de orígenes: romanos, griegos, fenicios, godos, vascones, celtas, vándalos, suevos, íberos…

Ya hemos visto como, sin mantener todas las instituciones visigodas, su ley, su concepto de cristiandad y de unidad bajo la monarquía- una monarquía no electiva, sin officium Palatinum, pero monarquía la fin-, permanece en la organización de los núcleos cristianos por pequeños que fueran.

Estos autores señalaban que fue Alfonso X el sabio el que culmina esa idea de organización, y lo fundamentan en los siguientes hechos:

  1. El Rey sabio fomenta y él mismo escribe y habla en un castellano que nos es perfectamente entendible. El castellano se consagra como lengua oficial frente al reino astur-leonés en el que los extremos del mismo ( Galicia y las zonas montañosas de los Pirineos occidentales hablan otras lenguas: en Galicia, el gallego; en las zonas pirenaicas, hablan diferentes dialectos según los valles) y la lengua oficial seguía siendo el latín. Alfonso X escribe crónicas en gallego como algo propio de su reino, aunque, ciertamente, la utilice, como lengua poética no oficial.
  2. Hasta Alfonso X la conquista territorial y la repoblación de los territorios conquistados a los musulmanes se hacía normalmente por la propia población de la zona que, a base de privilegios concedidos por los reyes, iba asentándose en las diversas “extremaduras”, zonas fronterizas que se componían a cada avance. Con Alfonso X, tras la toma de Sevilla ( 23 de noviembre de 1248), la repoblación no se hace sólo con castellanos, sino que en ella participan aragoneses y navarros, entre otras razones por la relación de parentesco -Alfonso estaba casado con la hija del Rey de Aragón- y confianza- aunque con tiranteces- que tenía Alfonso con Jaime I de Aragón ( Jaime, el Conquistador). No es menos cierto que esa relación de cooperación no sólo de conquista tiene un hito previo muy destacable en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 cuando los reyes cristianos se unen contra los musulmanes bajo la petición de Alfonso VIII de Castilla. También es verdad que esa forma de repoblación mucho más integrada por personas procedentes de todos los reinos de España se da también en la conquista de Murcia. Tanto es así, que la tesis sostenida por estos autores es que la toma de Granada no supone algo nuevo en este sentido sino una reproducción de lo realizado en Sevilla y Murcia.
  3. Lo que es innegable es que Alfonso X organizó el Estado de manera muy moderna, adelantada a su tiempo. Así en política económica refuerza la Hacienda Real, establece ferias y mercados, adopta medidas contra la inflación monetaria, impulsa la unidad de aduanas, pesos y medidas y crea el “Honrado Concejo de la Mesta” (1273). En el aspecto organizativo interno moderniza las instituciones y la Administración del Reino, convoca Cortes de manera regular y aplica el derecho, las partidas, con una concepción nueva (como veremos en un momento, al estar íntimamente relacionado con su idea imperial). En las cuestiones defensivas, también innova y así refuerza la defensa de su Estado;  para ello cuida de la milicia, con un criterio que anticipa a los Maquiavelo, con un ejército profesional para que su quehacer fuera exclusivamente militar. En su idea de defensa de la cristiandad, pero con una concepción de defensa de lo conquistado, de defensa nacional, de defensa de las zonas cristianas de la antigua Mauritania romana, invadida por los musulmanes, en el “fecho de África”. Contuvo la revuelta de los mudéjares, aunque los benimerines hicieron mucho daño en tierras ya conquistadas y el reino nazarí se consolidó para mucho tiempo. Pero está concepción de defensa de fronteras es algo muy moderno para la época.
  4. Quizá el acontecimiento político más destacable de Alfonso fue su idea imperial. Alfonso X era hijo de Fernando III el santo, y de la princesa alemana Beatriz de Suabia, nieta del emperador Federico I Barbarroja. Alfonso X fue, en el transcurso de su reinado, uno de los candidatos al Imperio Germánico. El “fecho del Imperio” ocupó y preocupó al Rey Sabio durante casi veinte años, sin obtener el éxito. Pretendía Alfonso, cómo no, ganar la gloria inherente al más alto título imperial, pero también reforzar su primacía sobre la España de los “cinco reinos” que decía Menéndez Pidal y acaso reforzar sus proyectos sobre la Reconquista. Tampoco la pretensión de ser un genuino Imperator Hispaniae era tarea sencilla, incluso renunciando al título de origen leonés (la idea imperial astur, se agota con Alfonso VII, pero el ideal de universalidad permanece): conflictos con Portugal, a propósito del Algarve; otros tantos con Navarra, aunque Teobaldo II fue muy favorable a su causa; más recelos que confianza con Aragón, que también tenía una idea imperial pero ceñida al Mediterráneo; nobleza levantisca, siempre dispuesta a buscar pretextos para la rebelión… Pero lo principal para Alfonso, lo que le diferencia de otros, era la idea de Roma concebida como caput mundi. El sumun al que se podía aspirar. Alfonso contempla la idea de Imperio desde una perspectiva universal, lo que sitúa al Rey Alfonso como adelantado a su tiempo en casi un siglo.

La Monarquía nacionalizada (apelación a los visigodos, idea de Reconquista) se sustenta sobre planteamientos muy diferentes, a decir de estos autores. Y siendo cierto, no es menos cierto que Alfonso X no hubiera llegado a donde llegó sin los reyes asures de los que es sucesor y continuador hasta que impone un sistema organizativo más moderno. Con el Rey Sabio llega el Derecho romano como fundamento de la unidad jurídica del poder y la ley escrita como fiel reflejo del espíritu bajomedieval, orientado ya hacia la moderna teoría del Estado: el Rey no se limita a preservar el Derecho viejo, sino que aspira a crearlo porque “las leyes hechas de nuevo valen tanto como las primeras o más” ( Partidas I, 1, 19). Apunta así hacia la soberanía en su concepción más moderna, casi anticipándose a Bodino (ideólogo del concepto de Estado moderno). Sin embargo, como señala José Antonio Maravall, la idea imperial del Rey Alfonso se sitúa de manera más cercana —a su juicio— a la tradición española que al modelo centroeuropeo y ello porque configura el Poder en el Territorio y lo ejerce directamente sobre el Pueblo, los tres elementos clásicos del Estado como forma política. El Emperador romano-germánico no gobierna directamente sobre los súbditos, sino sobre monarcas y ciudades a él sometidos por vínculos (casi) feudales. Alfonso asume el poder sobre su territorio y población con la natural condición de imperator in regno suo al modo del auténtico Emperador de Roma y aplicando una ley políticamente absolutista, al ser el rey vicario de Dios en la Tierra. Por eso, le importa esencialmente ganar ámbitos de poder respecto de los nobles, dejar de ser un Primus inter pares para ser soberano, por eso procuró extender el Fuero Real como una suerte de ley común de régimen local en contra del “fuero bueno”, excelente pretexto para guardar privilegios, buscando aliados entre las oligarquías urbanas, no siempre leales ni agradecidas. Con buen sentido histórico, Alfonso percibió muy pronto que el verdadero enemigo del Rey/Estado no eran los declinantes poderes universales sino los pujantes poderes territoriales. De ahí que a su sucesión se revolvieran contra su criterio clérigos, burgueses y nobles que apoyaron a su hijo Sancho frente a los herederos de Fernando de la Cerda, que eran los favoritos reales. [1]

Alfonso sentó los “cimientos del Estado moderno”.  O como señala Maravall supuso el paso de la concepción feudal a la concepción corporativa de la organización del reino (…) y que supuso una verdadera transformación de conceptos básicos del pensamiento histórico y de la cultura. Entre ellos, los de territorio, pueblo, poder político, “naturaleza” (hoy diríamos nacionalidad) y derecho. En definitiva, de todos aquéllos susceptibles de ser articulados en una doctrina sistemática del orden político.

  • Los que sitúan en nacimiento de España con los Reyes Católicos.

Con los Reyes Católicos se produce un cambio sustancial de la visión de España, con ellos España volvió a formar una unidad política, y las estructuras estatales cambian radicalmente.

El matrimonio de Isabel y Fernando marca el inicio de un poder único sobre dos coronas distintas. Parten de dos situaciones calamitosas, Castilla desgastada por la guerra de sucesión a la corona que gana Isabel y Aragón arruinada económicamente. Ambos monarcas buscan reforzar el poder real a fin de superar la ruina existente, para eso buscan no era mera unidad dinástica sino un proyecto de unificación y centralización.

Como testigo de ello crean un sello, un lema y un escudo común con el Águila de San Juan como centro. Para lograrlo dotan al Estado de una serie de instituciones nuevas para mejorar la administración del reino de la manera más eficaz, no como mero pacto entre el rey y los nobles, clero o burgueses. La labor legislativa pasa a los monarcas y las Cortes, aunque se siguen reuniendo, dejan de ser un órgano de presión de la nobleza sobre la corona.

El brazo ejecutivo del reino se basa en instituciones diversas, pero bien coordinadas entre las que destaca el Consejo de Castilla dotándolo de eficacia política en detrimento del poder de los estamentos. Un consejero se ocupará de la gestión ordinaria del reino, una especie de primer ministro, otro se ocupa de la Administración de Justicia ( se crea un órgano judicial, la Audiencia), otro de Hacienda ( logra una simplificación de los impuestos). Para garantizar la seguridad de los campos se crea la Santa Hermandad, naciendo así una fuerza policial propia de la Corona, y esencial para acabar con el bandolerismo y fomentar el comercio.

Cierto es que los asuntos territoriales se dejan en manos de consejos de Castilla, Aragón, después Navarra… y más tarde Indias). Se suprimieron instituciones de carácter feudal como las “remensas” catalanas. El control local se logra con el corregidor, figura castellana que se extiende a Aragón. A su vez, con la conquista de Europa y América se extiende la figura del Virrey que era una institución aragonesa que se traslada a las provincias exteriores de la corona para ejercer la administración y gobierno en nombre del Rey.

Se logra la Unidad territorial con la toma de Granada, a la que se unirán Navarra y posteriormente, Melilla, Ceuta y las Canarias. Ceuta y Melilla en la concepción cristiana que ya tubo Alfonso X en el “fecho de África”.

Además, en una clara concepción de poder moderno, firmaron una serie de alianzas internacionales con Inglaterra y con el Imperio germánico a través de los matrimonios de sus hijos con la finalidad de defender nuestras fronteras frente a los vecinos ( sobre todo Francia). Fronteras españolas que también incluían los territorios italianos de la antigua corona de Aragón.

Todo esto bajo la dirección brillante de los reyes, sobre todo de un astuto Fernando, alabado por Maquiavelo en El Príncipe. Sin olvidar otros aspectos avanzados a su tiempo, como la defensa de los derechos humanos desde la posición más profundamente cristiana, en España y en América. En este último caso, abogando por los nativos frente a los abusos: leyes de Burgos.

Política que será insignia de los monarcas españoles posteriores.

Además de lo expuesto, cabe recordar que la Gramática de Nebrija se presentó con aprobación real en agosto de 1492. Siendo la primera gramática de la lengua castellana. Lo que contribuyó y no poco a la Unidad de España, peninsular y de ultramar.

También en 1492, además de la brillante toma de Granada, se produjeron dos acontecimientos que marcarán nuestros fantasmas futuros: la expulsión de los judíos y la creación de la Inquisición.

Nadie duda de que con los Reyes Católicos se establece España como Estado definitivo, moderno, al modo que lo harán poco después Francia, Inglaterra y otros, y convirtieron a España en un auténtico imperio y en un coloso mundial.

  • Los que sitúan el nacimiento de España en 1808.

Los que así conciben la Nación, no dejan de reconocer que el Estado es anterior, sin embargo, marcan la diferencia en el levantamiento de 1808 frente al francés y, sobre todo, mascado por la manifestación escrita en la constitución de 1812 de la Soberanía nacional.

En el fondo muchos intelectuales de los reunidos en Cádiz en 1812 creían identificar a la nación española no sólo en sus lecturas foráneas nacidas de la ilustración sino en la actitud de los españoles que se levantaron en 1808 frente a los invasores.

Los que hoy en día marcan ese acontecimiento como el nacimiento de la Nación, supeditan el concepto a la identificación de Estado y Nación con una visión actual, ahistórica o con un sentido histórico muy limitado y un cierto patriotismo constitucional.

Si dijéramos a los franceses que, con el Rey Sol, Luis XIV, por ejemplo, no había Estado, no había Nación, que la nación francesa no existió hasta la toma de la Bastilla en 1789 o en la primera constitución de 1791, que ya consagra los derechos del hombre y del ciudadano, se reirían en nuestra cara.

Sinceramente, creo que esta posición no se sostiene ni histórica ni políticamente, salvo que queramos explicar cuando nace nuestro Estado constitucional, de aplicación contemporánea. Pero ceñir la Historia del Mundo a la edad contemporánea es restringirla demasiado.

España es desde su primera concepción hasta la actualidad. Cada paso concreta la España que fuimos, somos y seremos. Cercenar algún episodio, es cercenar el todo.

BIBLIOGRAFÍA

  • DE INSUA, Pedro. “1492. España ante sus fantasmas”. Ed Ariel.2018.
  • DE INSUA, Pedro .- Conferencia en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Oviedo, fundación Gustavo Bueno. “ Alfonso X y el origen de la nación española.

https://www.youtube.com/watch?v=0fXWWVbeT1U

  • ESPARZA, José Javier.- “ Te voy a contar tu historia. La gran epopeya de España”. Ed la esfera de los libros. 2023
  • GARCÍA MORENO Luis A.” Historia de España Visigoda”. Ed.Cátedra, 1989.
  • MARAVALL, José Antonio.- “Del régimen feudal al régimen corporativo en el pensamiento de Alfonso X”. en la recopilación de Estudios de la Historia del pensamiento español.1973
  • PENDÁS GARCÍA, Benigno.- EL FECHO DEL IMPERIO (REFLEXIONES SOBRE EL CENTENARIO DE ALFONSO EL SABIO) 2020 :

https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594

  • SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio. “Estudios visigodos”. Ed. Istituto Storico Italiano per il Medio Evo, 1971.

[1]Benigno Pendás García https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-2020-10057900594

BARCELONA, 1714.

El triste reinado de Carlos II tuvo un final aún más desgraciado por la búsqueda de un sucesor a la corona. La falta de descendencia directa de Carlos II, a pesar de sus dos matrimonios (María Luisa de Orleáns y Mariana de Neoburgo), planteó una lucha internacional por la Corona española. Tres eran los posibles sucesores. El archiduque Carlos de Austria, segundo hijo del emperador Leopoldo I y de su segunda esposa, Leonor de Neoburgo, representaba la continuidad de la dinastía de los Habsburgo y de la alianza con la corte de Viena. Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, basaba sus derechos en el matrimonio de su abuelo con la infanta María Teresa, hermana de Carlos II.  El príncipe José Fernando de Baviera, hijo del elector Maximiliano Manuel de Baviera y de María Antonia de Austria, hija a su vez del emperador Leopoldo I y de su primera esposa, la infanta española Margarita de Austria, hermana de Carlos II, era el que aseguraba el mejor equilibrio europeo.

En un primer momento el rey de Francia, Luis XIV y el de Inglaterra, Guillermo III, que a su vez era el Estatúder de Holanda, querían repartirse los diferentes territorios de la corona española. Sobre todo, a los ingleses les interesaba las provincias americanas y las rutas comerciales de ultramar.  Se firmaron dos tratados secretos entre ambos monarcas en 1698 y 1699. La esencia de ambos era el reconocimiento de uno de los candidatos como rey de España y de las Indias y la indemnización a los demás con el reparto de los dominios españoles en Europa.

Estos acuerdos se vieron truncados por dos motivos: 1) el fallecimiento del príncipe de Baviera,  y 2) Carlos II deseaba mantener la integridad de la monarquía hispana.

Así, aunque el archiduque Carlos era el preferido por muchas de las cortes europeas y también el que aparecía en primer lugar en el testamento de Carlos II, debido a la búsqueda de la integridad territorial, llevó al monarca español a modificar su testamento el 2 de octubre de 1700. Prohibió cualquier reparto de la herencia española y designó como sucesor a Felipe de Anjou, segundo hijo del Delfín Luis, a condición de que renunciase a todos sus derechos sobre el trono de Francia. Carlos II muere el 1 de noviembre de 1700.

La designación de Felipe V como monarca español provoca una guerra internacional por el deseo de Inglaterra y Holanda de impedir la unificación de las coronas de Franca y España bajo la misma persona, pues la llegada de los Borbones al trono español alteraba el equilibrio europeo establecido en la Paz de Ryswick (1697). Frente a las dos monarquías borbónicas, surgió la Gran Alianza de La Haya (1701), que coaligaba a los defensores de la candidatura del archiduque Carlos: Austria, Holanda e Inglaterra, a los que luego se unieron el rey de Portugal y el duque de Saboya. Sin embargo, la situación se modifica cuando, en 1711, Carlos de Habsburgo heredó el imperio alemán. Esta herencia, suponía la posible unión entre España, Austria y el imperio germánico, regidos todos por la catolicísima Austria que rememoraba en Europa lo que fue el gran imperio de Carlos V. Esta asociación parecía aún más peligrosa para los intereses británicos que la presencia francesa en el trono español. Por este motivo, en 1712, el gobierno inglés inició las conversaciones en la ciudad de Utrecht para firmar una paz que fue bastante favorable para sus intereses. Aún hoy sufrimos las consecuencias.

En estas circunstancias, los ingleses se desentendieron completamente de la guerra. En un primer momento Austria y Holanda intentaron continuar en solitario, pero sin la ayuda militar inglesa, sus ejércitos fueron completamente derrotados el 24 de julio de 1712 en la batalla de Denain. A eso se unió el desinterés del archiduque Carlos por el trono español, lo que dejó a sus partidarios en España huérfanos de apoyo alguno.

La guerra concluyó con la firma del Tratado de Utrecht en 1713. La paz de Rastatt supuso el fin de la guerra entre Francia y Austria, se firmó en 1714. Portugal firmó la paz con Felipe V en 1715. Carlos VI de Austria no reconoció a Felipe V hasta la Paz de Viena, en 1725. Fecha en la que renunció definitivamente al tono de España.

Lo estipulado en esos tratados se resume en lo siguiente:

  • Felipe V era reconocido por las potencias europeas como Rey de España, pero renunciaba a cualquier posible derecho a la corona francesa.
  • Los Países Bajos españoles y los territorios italianos( Nápoles y Cerdeña) pasaban a Austria.
  • El reino de Saboya se anexionó la isla de Sicilia
  • Inglaterra obtuvo Gibraltar, Menorca y el navío de permiso(derecho limitado a comerciar con las Indias españolas) y el asiento de negros (permiso para comerciar con esclavos en las Indias).

El Tratado de Utrecht marcó el inicio de la hegemonía británica en el mundo.

Internamente, la diferencia esencial entre los dos candidatos a la sucesión de la corona estribaba en el centralismo administrativo francés propugnado por Felipe V y el respeto a los fueros propios de la antigua corona de Aragón del archiduque Carlos. Esto le granjeó el apoyo de las provincias que constituían el antiguo reino de Aragón ( que viraron su apoyo, pues en un primer momento eran partidarias de los borbones).

Cuando se firman los tratados de paz, la población catalana pretendió exigir a los ingleses lo acordado en el “Pacto de Génova” – firmado en 1705 entre Inglaterra y un grupo de propietarios y nobles catalanes en el que se comprometían a apoyar al pretendiente austríaco a cambio de mantener los fueros catalanes-.

Por aquel acuerdo, en las negociaciones de paz con los ingleses, Felipe V, presionado por la reina Ana de Inglaterra, concedió un indulto general a los catalanes, pero en el mismo no se comprometió a mantener sus leyes e instituciones, ni concedió la amnistía, tal como le solicitaban los británicos. Finalmente, los ingleses aceptaron, en este punto, las posiciones de Felipe V y abandonaron Cataluña tras la firma del Tratado de Hospitalet.

Ya antes de firmar aquellos tratados de paz, Felipe V por el decreto del 29 de junio de 1707 declaraba abolidos los fueros y el sistema político de los reinos de Aragón y Valencia. Lo que supuso que, una vez pacificada la zona, los decretos de Nueva Planta modificaran las antiguas instituciones del reino de Aragón buscando la centralidad en el gobierno. Desaparecieron las Cortes de cada reino, y otras organizaciones regionales. Un reducido número de ciudades fue admitido en las Cortes de Castilla, cuya función se limitaba ya a la administración de algunos impuestos, cierto carácter presupuestario y la jura del príncipe de Asturias. Durante la ratificación de los tratados de Utrecht y Rastatt, las Cortes de Castilla, aceptaron el 10 de mayo de 1713 la Ley Sálica, origen remoto de las próximas guerras civiles: las guerras carlistas. Por otro lado, la Nueva Planta también afectó al régimen municipal. Se suspendieron las asambleas municipales, y sus autoridades desde entonces fueron designadas por el rey, extendiendo a la Corona de Aragón el sistema castellano de corregidores y de regidores vitalicios, sin embargo, para los vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses ( no existía entonces un territorio regional vasco) y Navarra, por haber apoyado a los borbones se respetaron parte de sus fueros. No olvidemos que, como parte de esos fueros, si un vizcaíno debía ser enjuiciado, su caso se juzgaría en la Chancillería Real de Valladolid.

Tradicionalmente las instituciones fundamentales de Cataluña eran conocidas como: Los “Tres Comunes de Cataluña” y que eran, la “Diputación General de Cataluña”- Generalidad-, el “Consejo de Ciento” de Barcelona y el “Brazo Militar” de Cataluña.

La Diputación General, dependiente de las Cortes, llevaba en su historia una larga sucesión de conflictos con los reyes aragoneses. No olvidemos que esta institución nació de la mano de Pedro IV de Aragón en 1362 (el Condado de Barcelona- que ocupaba la mayor parte de la actual Cataluña- se integró en la Corona de Aragón en 1162). La Diputación tenía como finalidad la creación y gestión de un impuesto que se llamaba generalidades. Especialmente bruscas fueron las relaciones con la dinastía Trastámara, en busca siempre de una autonomía de actuación que no se sometía fácilmente al mandato Real. Entre esos conflictos destaca la guerra civil catalana (1462-1472). El periodo de mayor apaciguamiento lo tuvieron bajo Fernando el católico.

El Consejo de Ciento era la institución de autogobierno municipal.

El brazo militar era la reunión de los nobles militares catalanes. Su poder se escapó siempre al de los monarcas aragoneses y españoles. José Patiño, el que fuera Secretario de Estado de Felipe V describió esta institución del siguiente modo:

“Un congreso de todos los caballeros de Cataluña que se juntaban a su arbitrio, fuera de Cortes, y en cualquier tiempo”(…)de algunos años a esta parte, por descuido o tolerancia de los ministros, [su poder] se había hecho formidable, y se entrometía en todas las materias de estado, publicándose celadores de la observancia de sus fueros”[1]. Su influencia se imponía incluso al de la Diputación general

En 1713, ante la evacuación de las tropas aliadas los diputados de la Diputación general se resignaron a aceptar la realidad de los hechos, sin embargo, un grupo de la aristocracia catalana forzó a los diputados a convocar urgentemente, el 30 de junio de 1713, la Junta General de Brazos, la idea era continuar la guerra en nombre del archiduque Carlos y en defensa de los fueros e instituciones catalanas.

Por lo tanto, nunca se trató de una guerra de independencia como algunos quieren contar, sino de continuar la guerra de sucesión, pensando que tanto Inglaterra como Austria podrían seguir prestándoles su apoyo contra los franceses, contra Felipe V, y lograr que el archiduque Carlos se convirtiera en rey de España.

La realidad militar se iba imponiendo y las tropas borbónicas conquistaban, casi sin oposición, pueblo a pueblo, toda Cataluña. El obstáculo lo encostraron en Barcelona. Allí Manuel de Ferrer y Sitges movilizó con su discurso a los miembros de la Generalidad. Su discurso se basaba en la defensa de los privilegios catalanes de una manera tan radical que, unido a las posiciones recias de los partidarios de Felipe V, lograron que en aquellos días salieran de la ciudad de Barcelona muchos miembros de la nobleza, de la burguesía y del clero, a la vez que entraban en la ciudad los elementos antifilipistas más intransigentes, que radicalizarían aún más la resistencia.

La resistencia militar catalana se sometió al mando del general “austracista” Antonio Villarroel, un militar experimentado, que tuvo que conducir las operaciones con la constante intromisión de la Diputación y del Consejo de Ciento, que hacían y deshacían a sus anchas.

La lucha fue muy dura entre el ejército de Felipe V, de un lado, y las tropas pro-austriacos unidas a las partidas armadas catalanistas, de otro. No se respetaba a nadie, ni ancianos, ni mujeres, ni niños.

La Diputación y el Consejo de Cientos intentaron movilizar a los pueblos en contra de Felipe V y aligerar así el cerco sobre Barcelona. Pero nada consiguieron. Sólo a principios de 1714, la imposición de un subsidio para el mantenimiento de las tropas borbónicas produjo un alzamiento general en diversas comarcas catalanas, movimiento que no tuvo ninguna conexión con Barcelona y que fue rápidamente sofocado. Durante los primeros meses de 1714, las fuerzas borbónicas disminuyeron en número alrededor de Barcelona lo que permitió introducir en la ciudad víveres y refuerzos enviados desde Mallorca e Ibiza, que permanecían leales al archiduque.

En julio de 1714, las tropas felipistas se encontraban bajo el mando del duque de Berwick.  Todos los hombres barceloneses mayores de 14 años fueron llamados a la defensa, en la que participaron incluso sacerdotes y mujeres.

El 12 y 13 de agosto, Berwick, tras intentar varios asaltos infructuosos a la ciudad, se olvidó de medidas “débiles” y optó por bombardear la ciudad. Tras la paz de Rastatt , 7 de septiembre de 1714, los borbónicos trataron de llegar a un acuerdo para la rendición de la ciudad, que fue rechazado por la Junta de Gobierno, formada por representantes de los tres comunes, esperanzados por culpa del lenguaje ambiguo de los ingleses y del emperador Carlos que parecían indicar que auxiliarían a los cercados. Tales ayudas nunca se materializaron, al contrario, la posición de ambos países más bien buscaba la desestabilización hispano-francesa, que una ayuda real a los catalanes. A esta resistencia se opusieron Rafael Casanova, conseller en cap de la ciudad- nada que ver con lo que se intenta representar hoy con esa denominación. El conseller en cap era el principal representante del Consejo de Cientos-, y del general Villarroel. Este último dimitió al considerar inútil la defensa. Esta renuncia hizo que se nombrara a la Virgen de la Merced como generalísimo de las fuerzas resistentes.

En la madrugada del 11 de septiembre se produjo el asalto final de los felipistas. Villarroel reasumió el mando de las tropas y pidió a Casanova que condujera la Coronela ( así se llamaba la milicia local de Barcelona) hasta el baluarte de Sant Pere, al objeto de rechazar al enemigo. Fue allí, enarbolando el estandarte de santa Eulalia, la patrona de la ciudad, donde Casanova recibió un disparo en el muslo y tuvo que ser evacuado. Villarroel, por su parte, dirigió la defensa en torno a la plaza del Born, donde resultó herido. El combate continuó todavía en el interior de la ciudad, antes de que Villarroel pidiera el alto el fuego hacia las 2 de la tarde.

El Consejo de Ciento con Casanova al frente publicó todavía un bando para pedir un último esfuerzo a los defensores, “a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España.

No hace falta realizar un análisis de texto muy concienzudo para darse cuenta de que su rey era el archiduque Carlos- es decir, no pedían una república catalana, como algunos nos quieren hacer creer-, y su lucha era por la “libertad de toda España”, vamos que aquellos catalanes se sentían muy españoles.

Pero cualquier resistencia era ya inútil porque las tropas borbónicas estaban dentro de la ciudad y no cabía más opción que capitular. Berwick prometió a los defensores que se respetarían sus vidas y no habría pillaje. Al día siguiente, las tropas de Felipe V entraban en una ciudad medio destruida.

Casanova obtuvo el perdón real, al igual que la mayoría de dirigentes políticos catalanes, y volvió a ejercer la abogacía hasta poco antes de su muerte.

Su figura se ha convertido en un icono del catalanismo, en una de tantas tergiversaciones de la historiografía nacionalista de finales del siglo XIX, y no digamos la actual. La verdad es que Casanova siempre se comportó como un austracista. El historiador Joaquín Coll, asegura que esa parte de la historiografía nacionalista dibujan “un relato falso de una guerra de Cataluña contra España, de ocupación, de represión”.

Tras la caída de Barcelona, las tropas reales ocupan Mallorca en 1715, con todo, la caída de la Ciudad Condal marca clamorosamente el fin de los deseos austracistas y como señaló Voltaire fue “la última llama del incendio que devastó durante tanto tiempo la parte más bella de Europa, por el testamento de Carlos II, rey de España”.

BIBLIOGRAFÍA

KAMEN, Henry. “ La guerra de sucesión en España 1700-1715”. Ed Grijalbo.1974

MARTÍ FRAGA, EDUARD: “La Conferencia de los Tres Comunes (1697-1714). Una institución decisiva en la política catalana”. Ed. Milenio. 2008.

SAEZ ABAD, Rubén. “Asedio de Barcelona 1714,El. Guerra de Sucesión Española en Cataluña (GUERREROS Y BATALLAS)”. Ed. Almena.2014.

Joaquim Coll: «El mito del 11 de septiembre de 1714 y de la Guerra de Sucesión». El Debate.

[1] MARTÍ FRAGA, EDUARD: La Conferencia de los Tres Comunes (1697-1714). Una institución decisiva en la política catalana. Ed. Milenio. 2008

ENTRE MOSAICOS

Como todos los años, en torno al 24 de septiembre, una entrada sobre arte.

Una de las formas más antiguas de manifestación artística es el mosaico.

La palabra mosaico proviene etimológicamente de la palabra griega “musa”.  Según la RAE el mosaico es: (dicho de una obra, en especial artística) “taraceada de piedras o vidrios, generalmente de varios colores”.

En la antigüedad, el término que se utilizaba para identificarlo provenía de opus musivum

Cronológicamente, el arte del mosaico se conoce desde hace miles de años, pero no de manera lineal en el tiempo: fue muy utilizado durante algunos periodos históricos y en otros apenas aflora. Los primeros mosaicos conocidos fueron hallados en un templo mesopotámico – en el templo de Uruk (la actual ciudad iraquí de Warka), construido entre el 3800-3400 a.C.)- https://www.facebook.com/lasayamusivo/posts/3404848149549146/ -.Compuestos por marfil, conchas y piedras, estas piezas decorativas y abstractas sentaron las bases de los mosaicos realizados miles de años después en la antigua Grecia y el Imperio romano.

Sin embargo, entre Mesopotamia y Roma las diferencias técnicas son notables. Los mesopotámicos realizaban la composición temática a base de dibujos geométricos, y para darle forma utilizaban una especie de conos de cerámica de base cuadrada que se teñían, con carácter general, de los colores rojo, negro y el propio color de la arcilla. Los conos, de unos 12 centímetros de longitud, eran incrustados en las capas de mortero que revestían muros y suelos, para mostrar, exclusivamente, los cuadrados de la parte final de tales cilindros cerámicos.

Además, los mesopotámicos utilizaron también ladrillos esmaltados y vidriados como ocurre en la famosa Puerta de Ishtar. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/puerta-ishtar-secretos-monumental-entrada-a-babilonia_18645

En aquella zona, también los sumerios adornaban paredes y columnas con trocitos de arcilla de colores.

Pero el impulso al arte del mosaico lo dieron los griegos. En la Grecia Clásica, los mosaicos se emplearon en los pavimentos. Utilizaban piedras de río de diferentes tamaños y colores, con los que producir motivos geométricos. Ejemplos de ellos existen en Macedonia en la ciudad de Pella. Normalmente, el fondo que utilizaban era de color oscuro y se realzaba el dibujo en tonos claros. En ocasiones, los dibujos se bordeaban de plomo o cerámica para hacerlos destacar (https://www.shutterstock.com/es/image-photo/buildings-mosaics-pella-native-town-alexander-1403730806 )

El gran cambio y desarrollo aconteció durante el periodo helenístico. Los griegos, al igual que ocurrió posteriormente con los romanos, optaron por realizar unos dibujos en tela o papiro que servían de patrón para colocar las piezas de colores, de manera que el mosaico era el lítico y colorido de aquel patrón que emergía, cubito a cubito, cuadradito a cuadradito, a modo de puzle.

Cuando los romanos conquistaron Grecia y Asia en el siglo II a de C, los mosaicos eran algo común en todo el mundo de habla griega, desde allí paso a Roma llegando por el sur de la península. Los romanos lo utilizaron con profusión, siendo especialmente destacados los de Pompeya, que son los más antiguos de Italia. Se inician como forma de adorno de las casas y también de los templos que no tenían una gran riqueza constructiva y se adornan con pinturas murales y mosaicos. En ambos, casa y templos, la temática de la vida cotidiana, temas mitológicos o de animales era habitual. Se caracterizan por una gran variedad cromática, precisión, detallismo, expresividad de las figuras y un dibujo muy realista con escorzos y perspectivas más complicadas que las del mundo antiguo. Además de las paredes y suelos de las casas se produce también el adorno de las calles.

Aquellas pequeñas piezas cúbicas que usaban los griegos, de arcilla, de piedra o de cristal, los romanos las llamaron teselas. La palabra tesela viene del latín tessellae, que a su vez viene del griego y significa, cuatro. Las teselas eran de diferentes tamaños y colores (en ocasiones coloreadas para modificar el color original y adaptarlas al dibujo) y el artista las encajaba, de acuerdo con el dibujo previo, y las aglomeraba con algún tipo de masa pegajosa. El pulimento final se hacía con una mezcla de piedra pómez, polvo de esmeril, arena y agua. Con lo que se eliminaba el exceso de argamasa y las teselas adquirían brillo. Esta técnica fue la conocida como opus tessellatum y en ella lo habitual era la mezcla de piedra, vidrio y cerámica.

En cuanto a la temática, además de la ya expuesta con anterioridad, destaca la temática egipcia, en la que se incluía flora y fauna propia del rio Nilo.

Sobresale el magnífico ejemplar “Paisaje del Nilo” de Palestrina. Representa al río Nilo en su curso desde Etiopía hasta el Mediterráneo. Mide 5,85 m de ancho y 4,31 m de alto y permite asomarse a la fascinación que sentían los romanos por el exotismo de Egipto en el siglo I a. de C. http://www.elsindromedestendhal.com/mosaico-del-nilo-de-palestrina/

Pompeya quedó sepultada por la erupción del Vesubio en agosto del año 79 d. C. En 1550 se encontró la ciudad sepultada y hasta 150 años después no se iniciaron las excavaciones. Ahí se han desenterrado casas, templos, calles intactas, con sus pinturas, murales y mosaicos conservados bajo la lava. En 1997, fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

Entre los muchos mosaicos que se conservan de la aquella época, especialmente conocidos son los mosaicos de la fauna marina: https://www.pinterest.es/pin/6685099432333647/

O el mosaico de la batalla de Issos, representando a Alejandro en plena batalla contra los persas de Darío III, quizá el mosaico más conocido de Pompeya: https://lacamaradelarte.com/obra/mosaico-de-la-batalla-de-issos/

Las conquistas romanas llevan su arte allí donde se trasladaban sus soldados y guarniciones. Poco a poco se incrementó la demanda de mosaicos y de los artesanos que los realizaban. El intercambio cultural permitió la utilización de nuevas técnicas, que enriquecieron este tipo de arte.

Las basílicas cristianas de finales del siglo IV se adornan en paredes y techos de mosaicos. De las basílicas orientales quedan restos de los mosaicos de las Iglesias de Santa Constanza y Santa Pudenciana. También se conservan restos de los mosaicos de la Iglesia de la Natividad en la ciudad de Belén.

Desde el siglo IV y hasta el Renacimiento, destacan los mosaicos de las basílicas cristianas de toda Italia (Sicilia, Venecia y, sobre todo, Roma), por ejemplo, en Roma, los de Santa María Maggiore o en el ábside de la basílica de Santa Sabina. Como es evidente, la figuración de estos mosaicos representa a santos y escenas bíblicas. https://www.vatican.va/various/basiliche/sm_maggiore/sp/storia/interno.htm

Será en el Imperio Bizantino (siglo V y VI), donde el mosaico se convirtió en una manifestación artística muy especializada.  En Santa Sofía en Constantinopla; en la Iglesia de la Madre de Dios en Jerusalén… Aunque, posiblemente, el mosaico más destacado de este imperio fuera el Mapa de Madaba, realizado como piso de la Iglesia de San Jorge en Madaba- Jordania (es un mapa cartográfico de la zona de Líbano hasta el Delta del río Nilo y desde el mediterráneo en el oeste hasta el Desierto en el este. En el centro del mapa, la descripción topográfica de Jerusalén).

Las Iglesias recubren sus paredes con magníficos ejemplares. Importantes son los mosaicos de San Vital (Ravena) del siglo VI, que constituye la Edad de Oro del Imperio Bizantino. En ellos, sobre fondos planos, se nos presentan figuras bidimensionales marcadas por el hieratismo, la frontalidad y la isocefalia. Con pequeñas plantas marcando el fondo y con profusión de dorados. https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/san-vital-de-ravena/

Por pura curiosidad, podemos invitar a los lectores a visitar en Madrid, en la calle Alcalá, la Iglesia de San Manuel y San Benito, cuya construcción, como monumento de inspiración bizantina y profusamente adornado de mosaicos imitando a los de San vital. https://guias-viajar.com/madrid/capital/iglesia-san-manuel-san-benito/

A lo largo de la Historia, el arte del mosaico sería practicado por culturas diversas por ejemplo la islámica, especialmente en los siglos VII y VIII, a menudo representan formas geométricas, de vivos colores y carácter meramente ornamental tanto en el interior como en las fachadas de los edificios.

Durante la Edad Media, los mosaicos también se hicieron populares en el imperio zarista, en la catedral de Kiev, a imitación de Santa Sofía de Constantinopla se adornaron con mosaicos importantes zonas del interior de la iglesia, sobre todo en la cúpula y el ábside.

https://www.alamy.es/11th-century-mosaicos-bizantinos-en-la-catedral-de-santa-sofia-en-kiev-ucrania-image210702093.html

Asimismo, encontramos mosaicos destacados en Israel, Persia y sur de Arabia, entre otros.

Cuando los españoles llegan a América descubren que también los aztecas realizan mosaicos, empleando piedras preciosas para crear dibujos cubriendo objetos ceremoniales

En Europa, en el Renacimiento y el Barroco, se recuperaría también el mosaico como forma gráfica de arte, unido al impulso de la pintura, pero en menor medida que esta. Cabe destacar el arte transalpino sobre todo en el Imperio carolingio. La capilla palatina de Aquisgrán es un ejemplo de lo que decimos. También cabe destacar el ábside del oratorio de Germigny-des-Prés.

Destaca, asimismo, la Creación del mundo de la Cúpula de la capilla Chigi (o Santa María de Loreto) en Santa María del Popolo de Roma, trabajo de Rafael.  https://es.123rf.com/photo_78120934_mosaico-de-dios-el-padre-en-la-parte-superior-de-la-c%C3%BApula-en-la-capilla-de-chigi-por-luigi-de-pace.html

A finales del Siglo XIX en Venecia resurgió de nuevo este arte para adornar los palacios venecianos y a principios del siglo XX los mosaicos recuperaron su popularidad, fruto de un creciente interés por las artes decorativas.

El Art Nouveau o Art déco utilizó los mosaicos como forma elevada de decoración y, tanto artistas como arquitectos los integraron en sus obras. En Venecia, Viena, París o Barcelona hay algunos ejemplos destacados. En España se popularizó en el modernismo catalán y más en concreto gracias a Antonio Gaudí quien cubrió edificios de mosaico, abriendo camino a muchos otros musivarios. La técnica favorita en esta época de la historia es el trencadís (término catalán que podría traducirse como troceado o “picadillo”) un tipo de aplicación ornamental del mosaico a partir de fragmentos cerámicos y vidrio unidos con argamasa.

Ejemplos de los que decimos son:

El Palacio de Barbarigo (Venecia): la fachada del palacio fue adornada con cerámica y, sobre todo, cristal de Murano.  Representa a Carlos V y a Enrique III.

https://www.venecisima.com/post/el-palacio-de-los-mosaicos-palazzo-barbarigo-en-el-gran-canal

La Basílica del Sacré Coeur (París). Donde destaca el ábside. Representa a Cristo en Majestad y El Sagrado Corazón adorado por la Virgen María, Juana de Arco y San Miguel Arcángel. https://www.alamy.es/mosaicos-en-la-basilica-del-sacre-coeur-en-paris-con-los-nombres-de-los-ciudadanos-franceses-que-financiaron-la-construccion-del-sacre-coeur-bajo-columnas-image350712876.html

Parque Güell de Barcelona de Gaudí.

https://www.barcelona-tourist-guide.com/es/gaudi/park-guell.html

Para finalizar señalaremos que son muchos los mosaicos contemporáneos que llaman la atención: la cúpula del valle de los Caídos en Madrid obra de Santiago Padrós, uno de nuestros más importantes artistas del mosaico y autor de numerosas obras de este estilos;  Mater Eccesiae de la plaza de San Pedro del Vaticano, inaugurado bajo el pontificado de Juan Pablo II en 1981;  las cuatro estaciones de Chicago realizado por Marc Chagall  e inaugurado en 1974; la cara diseñada de Roy Lichtenstein y que se encuentra en el barrio de la Barceloneta en Barcelona (encargada para los Juegos Olímpicos celebrados en la ciudad española en 1992), o el Puente del dragón en Alcalá de Guadaira (Sevilla), inaugurado en 2007, realizado bajo la dirección de los ingenieros José Luis Manzanares e Íñigo Barahona. Se utilizó la técnica del trencandís para su decoración y es uno de los pocos puentes figurativos de Europa. Resulta realmente original. https://www.turismoalcaladeguadaira.es/es/guia-turistica/lugares-de-interes/puente-del-dragon

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BAGNALL, R. -The Encyclopedia of Ancient History.  ED.Wiley-Blackwell, 2012.

AZNAR ALMAZÁN y López Díaz, J.- Introducción a la historia del Arte. Ed Ramón Areces Universidad. 2014