Hoy vamos a hablar de uno de nuestros más grandes marinos, y digo nuestro, aunque nació en Italia (en Scalea ( Calabria) en 1245), porque defendió la posición de la Corona de Aragón con sobresaliente factura.
Era hijo de Riccardo di Lauria y de una dama de la Corte de Constanza de Sicilia llamada Bella d’Amici. Cuando Constanza se casó con Pedro de Aragón, infante y heredero de la Corona de Aragón, en 1262, Roger se traslada junto a su familia en el séquito que acompañó a la futura reina a Aragón (en una pequeña digresión diré, como curiosidad, que Constanza de Sicilia o Constanza de Suabia, fue reina de Aragón de 1276 a 1302, fecha de su fallecimiento en Barcelona, y fue reina de Sicilia de 1282 a 1302. Es venerada como beata por la Iglesia Católica, y su fiesta se celebra el 17 de julio).
Roger de Llúria se educó en la Corte aragonesa, donde fue armado caballero en 1273. Acompañó al todavía infante Pedro en sus viajes de armas a Toledo o contra la sublevación de los moros en Valencia entre 1275 y 1277. Allí, durante un breve periodo, fue procurador del reino de Valencia. También acompañó a Pedro en sus expediciones a Túnez, para someter al sublevado rey Abu-Ishaq, y a Sicilia en 1282. En esta travesía demostró su destreza en la navegación por lo que a su vuelta a Aragón fue nombrado almirante de la flota. Destinado a la defensa del reino de Sicilia, que, en 1282, tras el episodio conocido como Vísperas Sicilianas, había sido incorporado a la Corona aragonesa en virtud de los derechos de la reina Constanza y en contra de las pretensiones del angevino Carlos I, rey de Nápoles. En el mismo año de su nombramiento, Roger de Llúria derrotó en el puerto de Malta a una escuadra angevina formada por galeras provenzales, lo que supuso el dominio sobre las islas mediterráneas de Gozzo y Malta, permitió penetrar en el puerto de Nápoles y la conquista de las islas de Capri e Ischia; y algunas zonas de Calabria, tras la victoria en 1284, sobre la flota del futuro rey de Nápoles Carlos II, a quién hizo prisionero. Aprovechando la victoria, provocó sublevaciones populares a favor de Pedro III en la región napolitana de Basilicata y dirigió sus naves hacia las costas tunecinas, donde a mediados de septiembre de aquel 1284 conquistó la isla de Gelves. También se apoderó de la isla de Jerba y al año siguiente de las Kerkenah, dependientes entonces de Túnez y de las que volveremos a hablar.
Mientras tanto el Papa Martín IV (1281-1285), perjudicado por la expansión aragonesa en el ámbito mediterráneo, había excomulgado a Pedro III de Aragón y predicado la cruzada contra él (1283).Tal era el enfado papal que puso bajo concesión y protección del Delfín de Francia los reinos pontificios. Por esa alianza franco-vaticana, un ejército, muy superior en número al que podía reunir el rey de Aragón, consiguió franquear los collados pirenaicos y llegar hasta Gerona, que fue asediada, mientras que una poderosa flota ocupaba el litoral hasta Blanes y aseguraba el abastecimiento del ejército francés desde las costas catalanas. La flota española se encontraba en Sicilia y Pedro el Grande sólo disponía de diez galeras, con todo, logró una importante victoria en las islas Formigues ( en la costa gerundense enfrente de Rosas), que permitió elevar los ánimos hispanos hasta que en agosto llegó desde Sicilia a las costas catalanas Roger de Llúria con el grueso de su flota. Al Papa le apoyaba también Jaime II de Mallorca, hermano de Pedro III que en 1279 había sido desposeído por éste del gobierno de la isla balear. Franceses y mallorquines habían concebido un ataque total por tierra y por mar. En septiembre de 1285, Roger de Llúria derrotó a la armada francesa en la costa gerundense y, un mes después, al ejército de tierra conjunto en la batalla del Coll de Panissars (entre La Junquera, Gerona, y Le Perthus, Francia), lo que supuso la derrota definitiva del rey Felipe el Atrevido, de Francia. Por su actuación, Roger de Llúria recibió el señorío de Gelves.
Poco después, Roger de Lauria participó junto al infante Alfonso en la expedición contra Mallorca, destinada a castigar la traición del rey de Mallorca en el momento del ataque francés.
A la muerte de Pedro III (1285), los territorios de la Corona de Aragón se repartieron entre sus hijos, Alfonso y Jaime; sobre el primero (Alfonso III de Aragón, 1285-1291, también conocido como Alfonso el liberal) recayeron los reinos peninsulares, mientras que al segundo (Jaime I de Sicilia, 1286-1296, y futuro Jaime II de Aragón el Justo, 1291-1327) le correspondió el de Sicilia. El nuevo Papa Honorio IV (1285-1287) y Carlos II el Cojo, de Nápoles, lanzaron una ofensiva conjunta sobre los dominios de Jaime I y de la reina Constanza, pero Alfonso III reaccionó enviando a Roger de Llúria para repeler el ataque: el ejército angevino-pontificio fue derrotado por el almirante aragonés frente a Nápoles (1287). A partir de ahí, Roger de Lauria se dedicó, con su sobrino Juan, a efectuar razias contra la costa de Berbería y de Túnez, en las que conseguía gran número de cautivos que vendía después en Sicilia, e intervino en las luchas internas de Túnez apoyando a uno de los pretendientes al trono.
Mientras tanto, se desarrollaban las negociaciones para llegar a la paz entre la Corona aragonesa y Sicilia, por una parte, y los Anjou, Francia y la Santa Sede, por la otra, bajo la mediación del rey de Inglaterra. Como parte de las condiciones para conseguir la paz, el rey Alfonso liberó en 1288 al príncipe de Salerno, Carlos de Anjou, quien inmediatamente se coronó rey de Sicilia. Con ese pretexto, algunas localidades de Calabria se rebelaron y el rey Jaime de Sicilia, junto con Roger, intentaron recuperarlas. En 1289, mientras Roger asediaba Gaeta, se firmó una tregua entre Carlos II de Nápoles y Jaime de Sicilia, que había de durar dos años. Por ello, Roger de Lauria volvió a Aragón con parte de la flota y parece que se instaló en sus tierras del reino de Valencia. En agradecimiento a sus buenos servicios, en 1289, el rey Alfonso III concedió a Roger el señorío de las ya mencionadas islas de Jerba y Kerkenah que se constituyeron en una especie de principado independiente. Estas islas, desde 1295, se convirtieron en feudo de la Santa Sede, a la que Roger de Lauria había de pagar una renta anual de 50 onzas de oro. Esa solución impedía que el rey de Sicilia pudiese exigir la entrega de esas islas, que Lauria había conquistado personalmente y que eran una excelente base naval desde donde se podía controlar el reino de Túnez y también el comercio con el oriente mediterráneo.
No tardó, sin embargo, en volver a Sicilia con el fin de acompañar de vuelta a Aragón al rey Jaime de Sicilia, que se había convertido en rey de Aragón, por fallecimiento sin descendencia de su hermano Alfonso, en 1291. Poco después, en 1292, volvía a Sicilia, por mandato de Jaime II, para contribuir a la defensa de la isla, a las órdenes de la reina Constanza y de su hermano pequeño, Federico ( al morir sin descendencia Alfonso III, legó los reinos peninsulares a Jaime con la condición de que renunciara al trono siciliano en favor del tercero de los hermanos, Federico, pero Jaime intentó reunir en su persona la herencia de su padre Pedro III y se limitó a nombrar a Federico lugarteniente general del reino de Sicilia, a cuyo servicio quedó Roger de Llúria). Pero por presiones internacionales y por ser difícil de mantener su posesión, poco después, en 1295, y por la Paz de Anagni, Jaime II cedió Sicilia al papado y a los Anjou napolitanos. Esto creó grave malestar en la isla, en su hermano Federico, en su madre e incluso en Roger de Llúria que se negaron a aceptar el tratado. Esta situación era muy incomoda para Roger, así cuando Jaime ofreció a Federico una entrevista para solventar sus problemas, el segundo se negó, lo que molestó al almirante que se retiró a sus posesiones. En 1297, Jaime solicita a Federico que deje salir haca Roma a su madre, a su hermana Violante, que se iba a casar en Roma y a Roger que acompañó a ámbas. Federico aceptó darles un salvoconducto de ida, lo que significaba la expulsión de todos ellos. En Roma, el Papa les levantó la excomunión. Tras ese episodio Roger y la reina volvieron a Aragón. De nuevo al mando de la flota, pero ahora como aliado del papado y los napolitanos atacó a Federico III de Sicilia por su negativa a acatar lo decidido en la Paz de Anagni. Después de ocupar diversas localidades en la costa de Patti, el ejército aliado fue derrotado y el sobrino de Roger, Juan de Lauria, hecho prisionero, junto con muchos otros. Esos reveses y la llegada del invierno aconsejaron la retirada. Jaime II pidió a su hermano la devolución de los prisioneros aragoneses, prometiendo no atacarle de nuevo, pero Federico no sólo se negó, sino que decapitó a Juan de Lauria. Esa decisión enojó tanto al Rey como al almirante, que atacaron Sicilia con su armada en 1299 y derrotaron completamente la flota siciliana en Capo d’Orlando. Sin embargo, Jaime II no quiso encarnizarse con su hermano y se retiró, alegando que sus aliados podían continuar solos la campaña contra su hermano. Roger de Lauria continuó la campaña junto con los angevinos y consiguió grandes éxitos, como por ejemplo la gran victoria naval en la isla de Ponza en el 1300. Cabe señalar que todas estas victorias navales se produjeron por la maestría del Almirante Llúria y por dotaciones marinas y galeras que eran cualitativamente superiores a la de sus rivales, pero sin olvidar que no menos formidables eran los especialistas embarcados para las misiones de combate: los ballesteros navales catalanes y los almogávares.
La guerra concluyó con la firma de la paz de Caltabellotta (1302), por la que Federico II era reconocido como monarca vitalicio de la isla (adoptando el título de rey de Trinacria), pero con la condición de que a su muerte Sicilia revertiría al reino angevino de Nápoles. Roger de Lauria participó en las negociaciones y consiguió introducir un capítulo que preveía la devolución de los bienes confiscados durante la guerra, lo que le permitió recuperar los suyos en Sicilia. Tras esto, se retiró a sus posesiones valencianas, pensando en que sus días de guerra habían terminado. Pero no fue así, las razias musulmanas en la Península le llevaron de nuevo a la acción, en este caso por la invasión del Reino de Granada a la ciudad de Alcoy; Roger participó en su defensa, y los nazaríes fueron expulsados.
Murió poco después, en 1305, y fue enterrado, como él mismo había dispuesto, en el Monasterio de Santa María de Santes Creus, en el suelo, a los pies de la tumba del rey Pedro III, el Grande.
De su vida privada se sabe que se casó dos veces y tuvo 7 hijos. Fue compensado por los diversos reyes a los que sirvió con distintas posesiones que le reportaron unas rentas importantes. Fue uno de los hombres más influyentes de su momento en la Corona de Aragón . No es para menos si comprendemos que sus batallas y victorias fueron decisivas para la defensa de Sicilia y para evitar la invasión francesa de Cataluña. Además, esas victorias fueron el punto de partida de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón en el siglo XIII.
BIBLIOGRAFÍA
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QUINTANA, Manuel José.- , “Vidas de españoles célebres” Tomo II, Librería de B Cormon y Blanc, París. https://books.google.es/books?id=PoQDAAAAQAAJ&printsec=titlepage&source=gbs_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
Fondos del Museo naval de Madrid.