¿POR QUÉ DEBEMOS ESTUDIAR HISTORIA?

Mucho se ha hablado en estos días de la modificación del currículo escolar español que afecta a diversas asignaturas, entre otras de manera muy importante a la Filosofía y a la Historia.

De nuevo traigo a colación a mi querido profesor Ferrero y su “dádmelo morto”, para diferenciar la historia del periodismo. Efectivamente, este es un blog de Historia y de análisis histórico y por eso trataremos el tema desde la Historia. Ya hemos tenido entradas sobre el valor de la historia explicando el método científico de análisis histórico y la Ley de memoria histórica, que a partir de ahora se llamará democrática (se ve que hacernos olvidar- una parte de nuestro pasado- es más democrático que recordar; y establecer un sistema de fuentes científico es peor que la subjetividad de los recuerdos de cada cual).

A la hora de abordar el tema de hoy no quiero incidir en la causa final, citando a Aristóteles, es decir, en el objetivo último de este cambio. Simplemente me centraré en las consecuencias que para el conocimiento tendrá el mismo.

Desde un punto de vista formal y material, que no teleológico, dos son los cambios más destacados en el currículo escolar en lo referente a la asignatura de historia: 1) no se debe estudiar de manera cronológica y 2) sólo se estudiará la Historia de España de 1812 en adelante.

La barbaridad es enorme. Para explicar mi posición voy a tomar diversos ejemplos, se podrían poner otros miles, pero, para comprender qué pasa cuando sólo se estudia, y no completa, la edad contemporánea, más la española que la universal, voy a poner ejemplos de absoluta actualidad.

Todos leemos estos días noticias sobre la invasión de Ucrania y nos planteamos conocer algunos antecedentes, bien sean de la Segunda Guerra Mundial, bien posteriores, como la invasión de Hungría el 1956, o la primera guerra de Crimea en 1853, que trajimos aquí a colación. Pero el conocedor de Historia sabe que, en el ámbito de las relaciones internacionales, los países tienen unas constantes en su actuación que no se difuminan con el tiempo. Así, el expansionismo territorial o la búsqueda de salidas a mares de aguas cálidas son algunas de las constantes rusas más destacadas y que ya se daban, por ejemplo, en Pedro I el Grande, Catalina II la Grande, Nicolás I, en Alejandro III o Stalin, estos hechos tienen una correlación histórica, si no se conoce las obras de cada uno de ellos, no se entiende la de sus sucesores. Una cosa es que puedan tener otros modos de enlace o estudio, pero los hechos influyen unos en otros y no se entienden los segundos sin acceder previamente a los primeros. Si Putin busca recuperar el imperio ruso de la URSS o el de los zares, hay que analizar qué pasó antes de ahora y por qué.

La primera guerra de Crimea trajo a España una subida de precios y de impuestos que generaron gran malestar. Hay acontecimientos que se parecen como dos gotas de agua y la situación de subida de precios actual no originada sólo en la guerra de Ucrania, pero sí influida de manera importante por ella, puede entenderse mejor si vemos los levantamientos contra los impuestos en el bienio liberal español por culpa de aquella guerra en Crimea de 1853-56 y, si bien, siguiendo los razonamientos de Heráclito, «ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos»,  no podemos negar similitudes fundamentales que conviene tener presentes para, como bien señalaba Napoleón en sus acotaciones al “Príncipe” de Maquiavelo, “hay que conocer la Historia para no volver a cometer los mismos errores”.

¿Cómo entender la historia de las relaciones internacionales sin asentarse en los principios básicos del derecho internacional reflejado en los tratados internacionales o en las instituciones internacionales? Y ¿cómo acercarse a ellos sin asimilar los orígenes del Derecho de Gentes,  “jus Inter Omnes gentes”,  en la Escuela de Salamanca Española, en los postulados del Padre Vitoria  y con ella en la presencia española en América y el humanitario trato dispensado a los indios, o en la teoría de los justos títulos, todo desarrollado bajo el mandato directo de la Monarquía española, tanto por de los Reyes Católicos como por Carlos I? En un simple párrafo hemos demostrado el enlace entre acontecimientos presentes que tienen su raigambre en nuestra Historia más gloriosa: la de la llegada a América, su evangelización, culturización y la presencia mayúscula de los Reyes Católicos y nuestro emperador, nuestra influencia en el devenir jurídico del mundo… y que en nuestro programa escolar dejarán de estudiarse. Nuestros futuros bachilleres, si no hacen un esfuerzo por sí mismos, no sólo no sabrán Historia, es que no entenderán el periódico, las noticias diarias.

Si no se conoce la Historia de la antigüedad se desconocerá la versión de Trucídides sobre la guerra del Peloponeso (431-404 a de c.) se ignorarán las consecuencias de la tensión creada entre una potencia emergente (Atenas) frente a una potencia en declive (Esparta) y como el temor a ser relevado del mando puede desembocar en una guerra. Con este antecedente se entiende mejor las tensiones actuales entre China y USA tanto por Taiwán y el dominio del Pacífico como sus posiciones frente a Rusia en la invasión de Ucrania.

Tampoco podríamos explicar los imperios orientales de China o de Japón sin la llegada a aquellos mares de los portugueses y españoles en el siglo XVI. Tampoco, sin entender la habilidad de Felipe II para no enfrentarse a Portugal innecesariamente y así acabar dominando enclaves esenciales en el Pacífico. No estudiar al gran Felipe II es no poder realizar interacciones entre la Historia de España, y la de América, África y el Pacífico. Y no comprenderíamos el alcance de esas interacciones si desconocemos la importancia de la “Unión Ibérica” lograda por Felipe II en 1581 que trae causa de los acuerdos, en este caso matrimoniales, firmados en el Tratado de las Alcazobas por los Reyes Católicos y el Rey de Portugal el 6 de marzo de 1480.

Cómo explicar nuestros problemas actuales con Marruecos sin contar que el norte de África fue territorio romano después de cartaginés, olvidando la importancia del Califato Omeya con su gran capital, Córdoba, en el siglo VIII. Cómo explicar la caída de ese Califato y la sumisión de aquel territorio norteafricano en un lugar sin dueño a manos de tribus bereberes y beduinas nómadas que estaban de paso, sin estudiar la Reconquista. Cómo explicar la españolidad de las Canarias, Ceuta y Melilla sin saber que fue aquel Tratado de Alcazobas y su especificación posterior en el de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, con el reparto de los mares y las tierras en virtud de los paralelos terrestres,  el que determinó la distribución de la costa africana entre España y Portugal; el que permitió el asentamiento español en Melilla en el siglo XV (1497),  en el Peñón de Belez, en Orán y en otros muchos territorios y, además,  preservó nuestra presencia en Ceuta que ya era española en 1415.

Y, en directa conexión con lo anterior, si sólo se estudia la Historia de España desde 1812 y no se atiende con cierto detenimiento a la historia Universal cómo describir los resultados de la Conferencia de Berlín en 1885, los procesos de colonización y descolonización, los enfrentamientos internos en Alemania entre los posicionamientos de Bismark y las del Káiser Guillermo II con respecto a la colonización de África, los acuerdos franco-alemanes por aquellos territorios, las consecuencias que aquello tuvo para nuestra ubicación en Marruecos,  la correlación de fuerzas entre la presencia francesa y la española en el norte de África,  nuestro protectorado en Marruecos y en el Sahara, la perdida de aquellos lugares… y sin referenciar las consecuencias de la I Guerra Mundial, por ejemplo, con la disposición de las colonias africanas en fideicomiso, no se profundizará en la presencia española en sus territorios norteafricanos ni en Guinea a pesar de la neutralidad de nuestro país en las guerras mundiales ni por supuesto otros muchos acontecimientos que quizá no tienen tanta relación con España pero sí con la organización geoestratégica posterior, como el desarrollo militar de la II Guerra Mundial, en especial, con la Guerra del desierto.

España no ha estado aislada del mundo, al contrario, ha sido una pieza esencial en la configuración geopolítica actual del Orbe, no pueden nuestros bachilleres limitarse al estudio de la edad contemporánea sin percatarse de la importancia de nuestro pasado porque sin él no se entiende España como Nación ni política ni histórica ni cultural. No se puede concebir la defensa de la nación en el levantamiento de 1808, ni la constitucionalización de la soberanía popular en 1812 sin saber de dónde venimos. Los madrileños dieron el primer aldabonazo contra el invasor conscientes de lo que era España, la Junta de Asturias se reunión en defensa de la Nación española y las Cortes de Cádiz definieron nuestro futuro liberal por la conciencia común de lo que habíamos construido todos juntos desde muchos siglos antes.

Pero sin esos precedentes, tampoco se alcanza a ver el porqué de esos acontecimientos que para algunos parecen prevalecer sobre los demás. Hablo de la caótica primera República, de la crisis del 98, de las guerras en Marruecos en los años 20 y con ello de la dictadura de Primo de Rivera y la catastrófica Segunda República que nos lleva a la peor de las crisis nacionales: la Guerra Civil.

Sin el conocimiento de todo eso, no se entiende España. Pero, sin España, no se entiende Europa. Esta Unión europea, hoy más unida que nunca en la adversidad, tiene su esencia en los principios greco-romanos y la tradición judeo-cristiana. Al implantarse el cristianismo en el Imperio romano, apareció una Europa cristiana en su pensamiento, instituciones y cultura, cuyas fuentes se concretaron en la concepción filosófica y jurídica greco-romana y la tradición religiosa judía y el legado cristiano centrado en el Nuevo Testamento y en la figura de Jesús de Nazaret. Atenas da origen al logos griego que determina la racionalidad universal. Crea las ciencias especulativas y positivas y promueve la filosofía, el humanismo, el arte y la arquitectura. Roma simboliza el Derecho, la épica conquistadora y la organización política. El sacro imperio une las ideas de poder y orden jurídico clásico con el religioso, teniendo al Papado como baluarte defensivo de esos valores tradicionales. Las cabezas defensoras de esa idea de cristiandad con todos los valores inherentes a la tradición serán, esencialmente, los Reyes españoles, desde el inicio de la Reconquista, la batalla de las Navas de Tolosa (1212) o la creación del Camino de Santiago, pero, sobre todo, serán Carlos V y Felipe II- fundamental en la victoria de Lepanto (7 de octubre de 1571)- los que permitan que Europa siga siendo cristiana y que los valores humanitarios y de derecho natural que fundamentan nuestra vida y Derecho puedan perdurar. A ellos y por desarrollo de esos principios, se une en el S XVIII la Ilustración y su difusión mediante la Revolución Francesa y las invasiones napoleónicas.  Todos ellos y sus valores trajeron las democracias que hoy tanto cuesta mantener. Por eso, a Zelenski, nuestro admirado presidente ucraniano que tanto hace por la defensa de esos valores que son nuestra vida cabe decirle que él y sus conciudadanos son todo un ejemplo, pero, también, que frente a lo que dijo ante el Parlamento de los Países Bajos, Felipe II no fue un tirano.

El desconocimiento de la Historia no sólo limita el saber de esa materia. Sin ese conocimiento histórico nadie entenderá la literatura ni el arte ni otras ciencias. Así, por ejemplo, sin el Imperio español, no se entenderá del siglo de Oro literario y artístico; sin la perdida de América y la crisis del 98 no se profundizará en la generación del 27…, porque todos los conocimientos están interrelacionados. Si se cercena uno, se cercenan los demás.

Por todo lo que he señalado y por otras muchas cosas que se podían decir, una reforma que se limita a lo contemporáneo, sin antecedentes, sin cronología, generará, más allá de otro tipo de maliciosas o torpes intenciones, más división entre las personas. Porque cualquier alumno español que proceda de una familia con cierta formación o para aquellos que tengan mayor capacidad para pensar y estudiar alcanzarán los conceptos anteriores mediante su propio esfuerzo, que en algunos casos será titánico, y siempre extraescolar, mientras que los más torpes o los que vivan en un ambiente menos propicio a las humanidades se quedarán anclados en un sinsentido, se quedarán sin una explicación convincente envuelta en un presentismo anacrónico y absurdo. Quizá los primeros puedan volver los ojos a Ortega y Gasset y decir de nuevo “no es esto, no es esto”, pero el resto caerá en las fauces de la dominación del poder que Foucault desentrañaba en su “microfísica del poder” cuando afirmaba que cada ser humano no es el representante del Estado, pero, para que manifieste el poder el Estado, es necesario que haya un adulto que muestre su dominación a un niño. Ejercida esas acciones de poder sobre los niños, estos, de adultos, las ejercerán sobre sus hijos y así hasta configurar una sociedad sometida. Antes de llegar a ese punto, señalaba el filósofo francés, tendrán un papel esencial los intelectuales para, en el terreno del saber y de la verdad, ejercer una tarea didáctica que revierta ese poder estatal que manipula y extorsiona. Pero para eso tiene que haber intelectuales y la Ley de educación española quiere acabar con todos ellos.

REVOLUCIONES CONTRA LOS IMPUESTOS EN ESPAÑA: LEVANTAMIENTOS EN EL BIENIO PROGRESISTA (1854-56)

En nuestra historia hemos tenido muchas revueltas sociales por la carestía de la vida, muchas de ellas causadas por la subida de impuestos, así, a modo de ejemplo, podemos nombrar el Motín de Esquilache, del que ya hablamos aquí, https://algodehistoria.home.blog/2020/01/24/el-motin-de-esquilache/ cuyo inicio fue la subida del precio del pan y de la cera de las velas por razones, entre otras, impositivas. O, en otro curiosísimo ejemplo, el levantamiento encabezado de María Castaña o Castiñeira en la provincia de Lugo en el S XIV (1386), contra los impuestos que quería cobrar el obispo de Lugo. Esta María Castaña es la que ha dado lugar a la expresión popular de “en tiempos de Maricastaña”.

Pero una de las revueltas fiscales más importantes de nuestra historia, aunque un tanto incomprensible en cuanto a sus orígenes se produjo en España a lo largo del Bienio Progresista (1854-56). https://algodehistoria.home.blog/2022/01/28/la-guerra-de-crimea/

Coincidiendo con la guerra de Crimea, se produjo un doble movimiento, por un lado, el aumento de la venta de grano y trigo castellano, al dejar de producir Rusia, y de otro una escasez de trigo en España por las exportaciones, a lo que se unió una subida de precios por culpa de la imposición, el avance del cólera importado desde el norte de Europa y la pérdida de gran parte de la cosecha a causa del pedrisco. La región que más sufrió la prosperidad primera y la crisis posterior fue Castilla. Pero, al tiempo, acontecía un hecho trascendente, el conflicto obrero que se dio en la pequeña industria, de manera significativa, aunque no única, en Cataluña, sobre todo, en las fábricas de Barcelona donde proliferaron las primeras asociaciones obreras y donde se produjo el levantamiento por la aparición de máquinas que realizaban el hilado frente al hilado a mano (conflicto de las selfactinas. Nombre que proviene del término inglés “self-acting”). Fue una manifestación contra el mecanicismo y la primera huelga general que se produjo en España- 1855-.

Salvo contadas excepciones, no se trataba de conflictos de subsistencia al antiguo modo sino una conflictividad social exacerbada en un momento, en el que, por otra parte, existió cierta prosperidad, por lo menos en amplios sectores. Fue un enfrentamiento entre antiguos y nuevos usos de producción, por una mala planificación económica del gobierno que dejó escasez en los mercados nacionales y una muestra de disconformidad social por un sistema impositivo desmesurado, sobre todo, más que por el incremento de los tributos directos, por la recaudación indirecta del odiado impuesto de Consumos y los Derechos de Puertas. Todo esto provocó una oleada de conflictividad social con más de 200 motines, sin que el Gobierno de Espartero pudiera atajarlo y donde los modos de levantamientos urbanos se trasladaron a las protestas campesinas: algaradas callejeras y asonadas en los que perdieron la vida varias decenas de personas con una violencia desmedida en los revolucionarios y en los “apaciguadores”.

Veamos los sucesos con mayor detenimiento.

El nuevo sistema fiscal provenía de la reforma de la Hacienda Pública llevada a cabo por Mon y Santillán de 1845. Esta reforma contempló una nueva tipología de impuestos, algunos directos y dos indirectos sobre el comercio interior, el de Consumos y los Derechos de Puertas. Ambos eran herederos de viejas figuras tributarias, las alcabalas que fue el impuesto más importante del Antiguo Régimen español, que grababa el comercio, y “millones y cientos que era un impuesto sobre el vino, vinagre, aceite, carne, jabón y velas de sebo que instituyó Felipe II en 1590.

En el Siglo XIX, se generalizó la contribución sobre consumos, (Contribución General de Consumos) que gravaba una veintena de productos básicos, de “comer, beber y arder”. A cada Ayuntamiento se le asignaba una cantidad anual que debía remitir a la Hacienda pública. De esta manera, esta contribución se convirtió en la principal fuente de ingresos, tanto de la Hacienda nacional, como de las locales. Los consumos generaron muchos problemas, la polémica principal tenía que ver con el hecho de que gravaba productos de primera necesidad, afectando a las clases populares. Los consumos encarecían el precio final de los productos, pero, además, su recaudación generaba una clara desigualdad, ya que los grandes propietarios y comerciantes podían zafarse del pago de los consumos gracias al fraude. Por si fuera poco, el sistema recaudatorio no lo ejercían directamente los municipios, sino que empleaban como intermediarios a las llamadas “empresas de puertas”, que llevaban a cabo la recaudación en nombre de las haciendas locales, con un trato humillante al ciudadano y originando, además, un proceso inflacionista.

Por si fuera poco, el Ministerio de Hacienda, en su intento de mejorar la situación de las Haciendas locales en estado agónico desde hacía décadas, autorizaron a los Ayuntamientos a fijar nuevos derechos sobre la entrada y consumo de mercancías en sus localidades hasta igualar lo recaudado por la Hacienda y a financiar el déficit hacendístico mediante arbitrios sobre artículos cuyo consumo no gravaba la Administración central con la única condición de que no fuesen de consumo imprescindible, retórico requisito que rara vez fue respetado[1].

Sin embargo, los problemas surgieron por las desigualdades en que incurrió la Hacienda en el reparto territorial de la carga tributaria provocando encendidas protestas locales sobre todo en Castilla, a las que el Gobierno no hizo caso en un primer momento. Fueron los jornaleros castellanos y leoneses los que, debido a los cálculos realizados por la Hacienda a tenor de las ventas de cereal de años anteriores, pagaron en 1855 y 1856 en torno a un 20% más que el resto de España, lo que en el caso de Palencia se elevó por encima del 70%, cuando, ya en 1856, los ingresos habían disminuido en más de un 17%.[2]

Además, el descontento por la subida de impuestos y su consiguiente subida de precios venía de antiguo. Las obras públicas que emprendió Bravo Murillo desde 1851 y que a la larga supusieron una gran mejora en las comunicaciones y servicios de transporte de mercancías y ciudadanos y, con ello, un gran avance integrador de España, tuvieron un elevado coste que obligó a un incremento de la presión fiscal, lo que originó un enorme malestar social, que Bravo Murillo intentó paliar con concesiones fiscales a los menesterosos y con un endurecimiento de la política de orden público. Los mayores incidentes de aquellos primeros años cincuenta se dieron en Andalucía y Valencia.

Los sucesivos gobiernos y ministros de Hacienda y de Gobernación de la época no acertaron en su intención de enderezar la situación del Erario. Unos prometían acabar con los impuestos indirectos, otros como Sartorius, Conde de San Luis, a fomentarlos y a incrementar el gasto en obras públicas que no se ejecutaron, pero sí proyectaron y “curiosamente” tuvieron gastos que sólo beneficiaron a determinados miembros del Gobierno.

Es más, el afán recaudador de la Hacienda del Estado llevó a crear el cuerpo de Agentes de la Administración provincial de Hacienda en 1853 cuya finalidad era acabar con el fraude fiscal en el sector industrial, y aunque su tarea no iba dirigida a las harineras ni al campo si afectó a la vida rural y a los pequeños propietarios. La población rural tenía que hacer frente al pago de unos tributos abusivos y a la consiguiente subida de los precios, lo que creó problemas de subsistencia en el noreste español. En castilla, se complicó la situación por el enfado de los pequeños industriales, ganaderos y pequeños jornaleros.

Pero ni toda la presión fiscal era suficiente para atender las necesidades de un gobierno manirroto y corrupto. Las arcas del estado estaban vacías. No se podía ni pagar el sueldo de los funcionarios. El Banco de España se negó a seguir monetarizando la deuda. La situación era desesperada, cuando las tropas inglesas y francesas entraron en guerra en Crimea, en septiembre de 1854, el incremento de las exportaciones alivió las arcas de la Hacienda y logró calmar los ánimos en Castilla, no sin ciertos levantamientos en Burgos, Segovia y en otras poblaciones, especialmente en la frontera portuguesa,  por la política de exportación de grano castellano que  dio lugar a que se arrancaran viñedos para plantar trigo, que era el producto que generaba más ingresos, originando un aumento del paro en los jornaleros vitivinícola. Pero no sólo en Castilla hubo altercados, en otras zonas de España también existieron sublevaciones, conocidas fueron las de Zaragoza.

La tensión se contuvo durante unos pocos meses, pero, al poco tiempo, se recrudeció a lo largo y ancho de toda España. Tras varios ministros e intentos de arreglar la situación con muy poco éxito, los levantamientos se sucedieron durante 1855, con huelga general convocada en Barcelona, levantamientos en Zaragoza, Calatayud, Santiago de Compostela… sólo Castilla estaba aparentemente tranquila, pero más por la epidemia de cólera que se extendía por la región que por falta de descontento. Los artesanos urbanos protestaban también por su mísera condición. De ahí que fuera Burgos la primera ciudad castellana en sublevarse, dando lugar a decretar el Estado de Sitio en la Capitanía General de Burgos y someter al resto de las provincias castellanas a similares cautelas, pero los Universitarios vallisoletanos desafiaron a la epidemia y a la Guardia Civil, al igual que los ciudadanos de Palencia y Zamora.

Los progresistas, que habían llegado al poder aupados por la ciudadanía, se veían ahora abocados a perder el poder en manos de los propios ciudadanos hartos de su manirroto proceder.

Con estos altercados se llega a 1856 y al fin de la guerra de Crimea, lo que hace disminuir el precio del pan en España. Por poco tiempo, puesto que la propia dinámica de la postguerra impide que las cosechas rusas tengan la producción deseada, con lo que se vuelve a las exportaciones castellanas, a la escasez de pan y a la subida de precios. La primera ciudad en la que carestía hizo saltar las revueltas fue Valencia. A ella se unieron otras, con gran crudeza las castellanas. Los ciudadanos para demostrar su hartazgo por los impuestos y la escasez, quemaron talleres y campos. Las revueltas fueron sofocadas con gran dureza; en Castilla el Capitán General y sus tropas detuvieron durante las jornadas de los días 23 y 24 de junio de 1856 en Valladolid, Medina de Rioseco y Palencia a algo más de medio millar de personas, acusadas de sedición, que fueron juzgadas a las pocas horas de su arresto por tribunales militares, con arreglo a la Ley de abril de 1821 y sin ninguna garantía procesal. El día 25 de junio comenzaron las ejecuciones.

La revuelta se extendió con extraordinaria rapidez al resto del país a finales de junio. El Gobierno recibió partes de levantamientos en Torrelavega, Comillas, Albacete, Gijón, Palma de Mallorca, Granada, Pontevedra, Toledo, Badajoz, Alcoy, Riotinto, Cuenca, Tortosa, Vigo, Murcia, Manises, Bilbao, Sigüenza, Guadalajara, Barcelona y hasta un centenar de localidades más, en la mayor parte de los casos, coincidiendo con la celebración de la festividad de San Pedro (29 de junio). Fábricas de harinas y de hilados, plazas de toros y fielatos en los cuatro puntos cardinales ardieron en protesta por la carestía y en homenaje a los héroes de Castilla, como rezaban los pasquines repartidos por todo el país.

Para O’Donnell aquella situación era insostenible y consideró llegada la hora de deshacerse de Espartero y cortar aquella marejada activada desde enero de 1856 por la llegada de Escosura al ministerio de Gobernación. Se produce un choque frontal en el Consejo de Ministros entre O’Donnell y Espartero, ambos presentan la dimisión, pero la Reina no acepta la de O’Donnell. Era el mes de julio de 1856. Pero el bienio progresista también era obra de O’Donnell y su presencia al frente del gobierno creaba poca confianza en las Cortes y en la población, así, en octubre de 1856, cayó también su gobierno. El bienio progresista había acabado.

La paz fue llegando poco a poco, en unos movimientos sociales más de protesta por la actuación del Gobierno y el caos de precios que por crisis de subsistencia. En términos generales fue una época de prosperidad, aunque con sectores muy maltratados. Fue una prosperidad mal repartida; se podría haber llegado a una mayor comodidad social si la eficacia del gobierno hubiera sido mayor y, sobre todo, la corrupción, menor. De este modo, se perdió una oportunidad de modernización y mejora de España, que podría haber tenido unos cauces más adecuados. Siendo una época de prosperidad, un mal gobierno determinó carencias y enfrentamientos que generaron en un auténtico caos.

BIBLIOGRAFÍA

COMÍN COMÍN, Francisco. “Historia de la Hacienda Pública II. España (1808-1995)”. Ed. Critica. 1997.

PAN-MONTOJO, J. «Lógica legal y lógica social de la Contribución de Consumos y los Derechos de Puertas». Servicio de publicaciones del Ministerio de Hacienda. 1994.

PALACIO ATARD, Vicente. “Historia del Siglo XIX. 1808-1898”. Ed.  Espasa-Calpe. 1981.

[1] COMÍN COMÍN, Francisco. “Historia de la Hacienda Pública. España (1808-1995). Pag 193-213

[2] PAN-MONTOJO, J. «Lógica legal y lógica social de la Contribución de Consumos y los Derechos de Puertas»

ANDRÉS DE URDANETA Y EL TORNAVIAJE.

La grandeza de la Historia de España no se entendería sin personajes excepcionales. Hoy traigo a colación a una de esas personas que siendo de una brillantez y capacidad enormes, es muy poco conocido por el público en general. Otra muestra más de lo mal que se estudia la Historia de España y de lo mal que recordamos a nuestros héroes.

Héroes los hay de muchas formas, no sólo el que batalla con valentía, también lo es o el que tiene la inteligencia, capacidad de estudio y arrojo de encontrar soluciones científicas a su quehacer. Entre estos destaca Andrés de Urdaneta.

Andrés de Urdaneta nació en Ordizia (Guipúzcoa) a finales de 1507 o principios de 1508. Sus padres, Juan Ochoa de Urdaneta y Gracia de Cerain, pertenecían a la burguesía goierritarra, lo que les permitió dar una buena educación a su hijo. Que ya desde pequeño destacó por su talento, agudeza y capacidad para el estudio y la observación

Andrés, se embarcó por primera vez, con 17 años, en la expedición que García Jofre de Loaysa dirigió con la intención de colonizar las islas Molucas, ricas en especias, cuya propiedad se disputaban España y Portugal. Las especias era una de las fuentes de riquezas de la época y todos querían apropiarse de ellas. La expedición salió de La Coruña el 24 de junio de 1525 y entre sus integrantes figuraba Juan Sebastián Elcano además de nuestro protagonista. Elcano mandaba la nave Sancti Spiritus, en la que embarcó Urdaneta, en un cargo sin especificar, pues, aunque por edad, podría pensarse que entró de grumete, la verdad es que su formación le llevó a empresas más elevadas como lo demuestran hechos como los siguientes: firmó como testigo documentos trascendentales como el testamento de Elcano (todos los marinos hacían testamento antes de embargarse y, en este caso, con gran sentido porque Elcano murió en esta travesía), asumió pronto diversas responsabilidades y escribió un diario en el que se mostraba conocedor de la situación náutica y crítico con la navegación de Elcano, con aseveraciones que se mostraron acertadas.

Aquella travesía se tradujo en una sucesión de desastres, especialmente en el momento de dar la vuelta hacia el Pacífico en el estrecho de Magallanes. De las siete naves que componían la expedición, tres no llegaron a cruzar el estrecho y otras tres desaparecieron por diversas vicisitudes. Además, casi todos los tripulantes murieron por enfermedad, especialmente por el escorbuto al no haber planificado adecuadamente la provisión de fruta y agua. Sólo la nao Santa María de la Victoria alcanzó Mindanao y posteriormente las Molucas.

Urdaneta permaneció 9 años en estas islas, demostrando sus dotes de diplomático, estratega y observador. Allí adquirió, por el análisis de los intentos fracasados de diversas expediciones españolas de retornar a América por el Pacífico y del trato con navegantes asiáticos, conocimientos sobre el clima y la navegación local que resultarán cruciales para su gran aportación a la náutica, lo que le hizo grande a él y a España: el tornaviaje de 1565.

El 22 de abril de 1528, Carlos V vendió a Portugal sus pretendidos derechos sobre las Molucas (Tratado de Zaragoza, 1529). Urdaneta regresa a España vía Cochín (India), cabo de Buena Esperanza y Lisboa concluyendo una vuelta al Mundo, la segunda. Llegó a Lisboa el 26 de junio de 1536. A su llegada, los portugueses le requisaron toda la documentación de que era portador, que incluía los derroteros de los viajes de Loaysa, mapas y todas sus memorias.

Una vez más, demuestra su capacidad reconstruyendo de memoria aquellos datos que había recopilado. Tras huir de Portugal, entregó aquel relato en la Corte y en el Consejo de Indias donde apreciaron su gran conocimiento y precisión detallista.

Poco después se enrola en la expedición que Pedro de Alvarado estaba preparando hacia Nueva España con la intención de continuar, desde América por el Pacífico, hasta las islas especieras. Zarparon de Sevilla el 16 de octubre de 1538, pero a su llegada a México la segunda parte de la expedición quedó en suspenso por las malas relaciones de Alvarado y el virrey. Éste le ordenó al extremeño que antes de zarpar para las Molucas debía sofocar la rebelión de los indios en Nueva Galicia (actuales estados mejicanos de Jalisco, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas, Sonora y otros, y los territorios estadounidenses de Tejas, Nuevo México y California). Alvarado muere en estos enfrentamientos.

Urdaneta permaneció en México ocupándose de diversas cuestiones. Entre otras, escribe un relato sobre variados temas en relación con la navegación por el Caribe, la formación de los ciclones tropicales, la reproducción de las tortugas marinas o la curación de las fiebres tropicales.

En 1553, todavía en México, ingresó en la orden de los agustinos, muy implicados en la educación de las élites indígenas. No hay muchos datos acerca su actividad religiosa pero sí sabemos que perseveró en sus actividades náuticas, ya que participó en alguna expedición y que mantuvo relaciones con diversos conquistadores.

El 24 de septiembre de 1559, Felipe II ordenó al virrey el envío de una expedición a las Filipinas, sin tocar en el área de las Molucas, en cumplimiento del Tratado de Zaragoza, con el objetivo de descubrir la ruta de tornaviaje- es decir la vuelta desde las islas especieras a Nueva España por el Pacífico. Ruta que hoy nos parece de lo más normal pero que supuso un considerable hallazgo. El virrey pidió a Felipe II que ordenara participar a Andrés de Urdaneta en la expedición como cosmógrafo. Así lo hizo, acompañado de otros 4 frailes agustinos, pues el objetivo de rey Felipe era doble: fomentar el comercio y la evangelización de la zona.

Urdaneta, inicialmente, redactó las instrucciones para el viaje, buscando el derrotero que a él le parecía más seguro para desde allí emprender la vuelta y éste, para él, era Nueva Guinea lo que le hubiera conducido a Australia, más que a Filipinas. Sin embargo, tras diversas vicisitudes, las órdenes oficiales no conocidas hasta estar en altamar orientaron la expedición definitivamente hacia Filipinas.

Felipe II sabía que las Filipinas caían en la demarcación portuguesa según el Tratado de Tordesillas (https://algodehistoria.home.blog/2022/02/04/el-tratado-de-alcazobas/ ), pero también era sabedor de que en Filipinas no había portugueses. La importancia económica de las Filipinas no era muy grande, de ahí que nadie, sobre todo los portugueses, se preocuparan por la llegada de los españoles, para establecerse en ellas. Sin embargo, los portugueses no supieron ver que la importancia de estas islas estribaba en la proximidad y facilidad para acceder a las costas chinas y a sus productos y comercio.

Para consolidar el dominio de Filipinas y establecer un puente comercial con China era imprescindible, sin embargo, hallar una ruta de retorno a través de Pacífico hasta Nueva España. Cinco intentos anteriores de tornaviaje habían fracasado.

La expedición zarpa, al mando de Miguel López de Legazpi el 21 de noviembre de 1564 del puerto de La Navidad, en Nueva España. Urdaneta dio pruebas sobradas de la precisión de sus cálculos y su conocimiento del inmenso Pacífico. El 21 de enero de 1565, avisaba de la proximidad de la isla de Guam, avistada al día siguiente; los pilotos de la expedición creían estar ya en Filipinas, pero no era así, como bien vaticinó Urdaneta. No sin varias vueltas por diversas islas y poblaciones para aprovisionarse, cosa que consiguieron, no sin dificultad, gracias al conocimiento del idioma malayo que hablaba Urdaneta, se instalaron en Cebú en abril.

En mayo, Urdaneta comunicó a Legazpi su disposición a realizar el viaje de vuelta, el tornaviaje. Para ello contaba con la nao San pedro, a la que consideraba la más apropiada para aquella aventura y al frente de la misma, como capitán, al sobrino de Legazpi, Felipe Salcedo, que, si bien era joven, era un buen navegante. Al amanecer del 1 de junio de 1565, salió de su fondeadero de la isla de Cebú camino de Nueva España la nave española por la ruta estudiada por Urdaneta. Bordeó Filipinas hacia el norte, camino de japón. El día 9 de junio, la nao navegaba ya en mar abierto. Había llegado el momento de poner rumbo nordeste donde esperaba encontrar vientos favorables. Los pilotos iban anotando rumbo y distancias y el día 17 creían hallarse en 18.º N y poco después (21 de junio, día del Corpus) avistaron una isla en el punto que hoy se denomina Parece Vela o Okino-Tori (20.º 32’ N, 136.º 13’ E). El primero de julio la nave está a la altura del paralelo 24º de latitud norte, más o menos frente a Taiwan. El 3 de agosto alcanzó los 39°, hasta llegar al paralelo 42°, es decir, la latitud del norte del Japón. Esta ruta, mucho más al norte de las seguidas por los que fracasaron con anterioridad, era más larga, pero evitaba la influencia negativa de los vientos alisios, que en los intentos anteriores había dificultado e impedido la navegación. A partir de aquí el barco gira al este, siguiendo la corriente marítima del Kuro Shivo, en dirección a lo que es hoy Estados Unidos. Los vientos les permitieron avanzar a mayor velocidad que los días precedentes. Pero el problema surgió de las provisiones, a pesar de que Urdaneta había mejorado con mucho el aprovisionamiento de futas y verduras de expediciones anteriores. La carne y el pecado, así como la verdura fresca se habían acabado hacía ya días, y el menú consistía en arroz o maíz, pan seco y garbanzos rociados con un poco de vino de palmera. A mediados de agosto con mar gruesa y aguaceros de mediana virulencia, determinaron poner rumbo al SO.

El escorbuto había hecho su aparición y el número de enfermos iba en aumento.

El 1 de septiembre, justo tres meses después de la salida, murió el primer marinero enfermo, al que siguieron otros. El 18 de septiembre de 1565, avistaron una isla a la que Salcedo bautizó como la Deseada. No estaban aún en el continente, pero sí cerca. Avistaron tierra el 26 de septiembre de 1565, era la costa de California, superado el cabo Mendocino (al norte de la actual San Francisco) y, de aquí bajando por la costa de México, el 1 de octubre, entró la San Pedro en el puerto de la Navidad, con la tripulación muy mermada. Urdaneta, recordando lo mal sano del puerto de la Navidad con las pocas condiciones que reunía para la asistencia hospitalaria (hay que recordar que de doscientos tripulantes sólo quedaron dieciocho activos al terminar el viaje. El resto o había muerto o estaban enfermos), decidió sugerir a Salcedo que se dirigiera a Acapulco, donde llegaron el 8 de octubre de 1565.

El viaje de vuelta había durado cuatro meses y ocho días.

Todo quedó anotado minuciosamente por la propia tripulación, empezando por Esteban Rodríguez, piloto mayor del barco, y excelente cronista de la expedición hasta su muerte, – su crónica la completo su sustituto, Rodrigo de Espinosa–.

Urdaneta no cuenta gran cosa, pero sí se sabe que fue el primer europeo que constata la circulación de los vientos en el anticiclón del Pacifico, dando así con una de las claves para el éxito del viaje.

Urdaneta es recibido por la Audiencia de México, tras su hazaña, volvió a España para informar al rey de los primeros pasos de la conquista de Filipinas y, sobre todo, del éxito del tornaviaje. En abril de 1566, lo recibió Felipe II a quien mostró y entregó los mapas, relaciones, libros de navegación y otros documentos. Casi inmediatamente, en 1567, estaba de vuelta en México y se reincorporaba a su convento de los agustinos, donde muere al año siguiente (1568)

Había establecido, lo que se llamó el “paso de Urdaneta” es decir, la ruta del tornaviaje. De Filipinas a Acapulco. Nunca fue de fácil recorrido, pero permitió la conquista de Filipinas y el comercio de la zona con el conocido como “galeón de Manila” que utilizó esta ruta durante dos siglos y medio, hasta su supresión en 1815, coincidiendo con las presiones coloniales británicas sobre China.

El galeón salía de México con plata y productos que no se daban en Filipinas (desde armas hasta objetos de culto, y muy especialmente animales y plantas: vacas, caballos, maíz, cacao, tabaco, caña de azúcar, cacahuete, tomate, calabaza, papaya, pimiento…) y frailes. A los chinos no les interesan los productos europeos, pero sí la plata con la que pagaban los productos los europeos. Los frailes buscaban la evangelización. De vuelta, el galeón llegaba a Acapulco, cargado de especias, seda en hilo, en tejidos y bordados, marfil, lacas y madera lacada, biombos y madreperlas y porcelanas chinas de la dinastía Ming, etc. Se establecía así, una de las rutas marítimas comerciales más duraderas de la historia mundial. La que permitió durante aquel tiempo generar tal riqueza en Nueva España, es decir, en México, que la capital mexicana durante mucho tiempo tuvo mucha más importancia comercial e influencia en nuestro imperio que Madrid.

Este intercambio incorporó a la cultura española algunos productos muy populares, tanto que acabaron fabricándose también en España, como los mantones de Manila, tejidos y bordados en China, o medias, para mujeres y para hombres.  La popularidad del galeón era tal que la literatura se hace eco de él, como ocurre en “Fortunata y Jacinta” de Pérez Galdós, en el S. XIX.

Pero no sólo fue famosa la ruta de Urdaneta por el comercio, la expedición para extender la vacuna de la viruela de Balmis llegó a Filipinas, a Macao y Cantón siguiendo la ruta del agustino vasco.

BIBLIOGRAFÍA

RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Agustín. “Urdaneta y el tornaviaje”. Ed La Esfera de los Libros. 2021

CABRERO, Leoncio: «España en el Pacífico», Cuadernos Historia 16, núm. 122.

MADUEÑO GALÁ, José María. “ANDRÉS DE URDANETA, UN AVENTURERO.”

MIRA TOSCANO, Antonio.  “Andrés de Urdaneta y el tornaviaje de Filipinas a Nueva España”. Universidad de Huelva (España). file:///C:/Users/Administrador/Downloads/Dialnet-AndresDeUrdanetaYElTornaviajeDeFilipinasANuevaEspa-5613036%20(1).pdf

Documental: España, la primera globalización.

EL INCUMPLIMIENTO DE RUSIA DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES

El otro día, alguien me pidió que escribiera sobre los incumplimientos o violaciones de los tratados internacionales que Putin y Rusia, han llevado a cabo en esta guerra, porque, según parecía, mi interlocutora no se atrevía a abordarlo directamente o, quizá, se encontraba un poco confusa en esta materia.

Este es un blog de historia no de derecho, pero podremos conjugar ambos aspectos en este reto. Reto, esencialmente, por destacar los incumplimientos más importantes, porque la verdad es que Rusia, en esta guerra, no sé si ha dejado algún acuerdo sin pisotear. No es la primera vez que así ocurre por parte de Rusia, bien por la vía de los hechos propios o bien por los vetos ejercidos en la ONU, como podemos recordar en el caso de Siria donde el reiterado veto de Rusia impidió aprobar las propuestas que pretendían poner fin a la guerra civil. Que nadie me diga que otros países también los han incumplido. Hablamos del aquí y el ahora de Ucrania. El Mundo ha estado lleno de delincuentes desde que es Mundo y no por eso se deja de condenar a los criminales, por más que otros los precedieran en el delito.

Hace tiempo, hablando de la escuela de Salamanca hicimos referencia al origen del derecho Internacional, al “jus inter omnes gentes” de Francisco de Vitoria, en el siglo XVI, auténtico creador de esta rama del derecho al repensar las posiciones de la doctrina jurídica medieval a través de una reflexión fundamentada en los dictados de la fe, junto con dos basamentos comunes a toda la humanidad: la razón y el orden natural. Todo ello en virtud del llamamiento de los Reyes Católicos ante la llegada de España a América y los derechos de los indios.

Gracias a sus reflexiones, el Mundo tuvo un nuevo marco jurídico, que todavía se utiliza hoy en día. Ya tuvimos varias entradas sobre esto:

https://algodehistoria.home.blog/2019/11/15/escuela-de-salamanca-1/

https://algodehistoria.home.blog/2019/11/22/la-escuela-de-salamanca-2/

https://algodehistoria.home.blog/2020/01/31/los-justos-titulos-y-la-controversia-de-valladolid/

Posteriormente, la visión y el análisis del padre Vitoria se vio completado y, sobre todo, coadyuvó a la difusión de sus tesis con el “De iure belli ac pacis” de Hugo Gracio y con el “derecho interestatal” de Kant. Hasta llegar al término “Derecho Internacional” que fue utilizado por primera vez, y desde entonces prevalece, por Jeremías Bentham en 1780.

Los fundamentos del padre vitoria siempre tuvieron presente la dignidad, igualdad y libertad del ser humano, a partir de ahí se constituyó esta rama del Derecho que representa, en esencia, un asidero común bajo cuyo paraguas se definen y regulan las relaciones entre estados, entre los entes públicos internacionales, entre los ciudadanos de todas las naciones y la gestión de los bienes mundiales comunes: espacio, aguas, subsuelo, medioambiente… No vamos a extendernos sobre el contenido del Derecho Internacional, pero sí añadiremos que los acuerdos y tratados que se firman entre estados tienen repercusiones internas porque el derecho nacional debe adaptarse a lo aprobado internacionalmente y, también, porque el derecho nacional orienta la política internacional de los Estados y, por ende, los acuerdos que firman y los que no. Sin olvidar que muchos tratados internacionales crean organizaciones internacionales que también tienen capacidad jurídica en ese ámbito.

La Rusia de Putin ha incumplido y violado tanto tratados firmados entre naciones como acuerdos fundadores de instituciones internacionales

  • Empecemos por la carta de San Francisco, o lo que es lo mismo, la carta fundacional de la ONU. La Carta se firmó el 26 de junio de 1945 en San Francisco, y entró en vigor el 24 de octubre del mismo año. Ha tenido tres adaptaciones: 1963,1965 y 1973.

Las Naciones Unidas se convirtieron un instrumento de derecho internacional, vinculante para los Estados Miembros de la ONU, con tres compromisos claves: en el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales. La división de trabajo con respecto de la cooperación internacional en materias económicas y sociales. El respeto a los territorios coloniales con la difícil conjunción de equilibrar las aspiraciones de independencia de unos y los intereses estratégicos, políticos y económicos de las potencias coloniales, lo que, en última instancia, acabó propiciando la descolonización.

Ya el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas recoge en su búsqueda de la paz y el respeto soberano entre estados lo siguiente: “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad, y con tales finalidades a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos, a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará; la fuerza armada sino en servicio del interés común, y a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todas los pueblos…”

Rusia es miembro fundador de la ONU y, por supuesto, forma parte del Consejo de Seguridad en el que tiene derecho de veto. Situación ésta muy criticada y que en estos días se ha vuelto a poner en entredicho pues impide tomar las medidas sancionadoras oportunas cuando el implicado es uno de los cinco países con derecho de veto: China, EE. UU, Francia, Rusia Y Reino Unido. Pero entrar en este debate nos alejaría del propósito de esta entrada.

Hablamos de incumplimientos y la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el pasado 2 de marzo una resolución en la que exige a la Federación de Rusia que “retire de inmediato, por completo y sin condiciones todas sus fuerzas militares del territorio de Ucrania dentro de sus fronteras reconocidas internacionalmente”.  El documento se aprobó por 141 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones.

Esta condena se hizo entre otros incumplimientos por la flagrante violación del artículo 2. 4 (Capítulo I) de la Carta de las Naciones Unidas que fundamenta los principios de inviolabilidad de los derechos territoriales de los Estados, su integridad y la prohibición del uso de la fuerza. Dice así:

“Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”.

Son muchos los actos, declaraciones y acuerdos que, como se señala en el preámbulo de la Carta de San Francisco, afirman imperativamente la necesaria búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos, la no injerencia en asuntos de otras naciones y la prohibición de amenazas.

  • En este sentido, se puede señalar, entre los atentados al derecho internacional que ha realizado Rusia, la resolución 2625 “Declaración sobre los Principios del Derecho Internacional en Materia de Relaciones y Cooperación entre Estados de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas” adoptada el 24 de octubre de 1970 por la Asamblea General. Esta resolución ya preveía la condena de la llamada guerra híbrida. Guerra que Putin lleva utilizando desde hace años.
  • El 14 de diciembre de 1974, una resolución de la ONU, la número 3314, definió el concepto de agresión y condenó las acciones que lo constituyen: ocupación militar, invasión, bombardeos, envío de bandas armadas, bloqueo de los puertos, uso de mercenarios. No sé si a algún lector le quedan dudas sobre cómo definir la actitud rusa.
  • En 1975, el 1 de agosto, se celebró la Conferencia de Helsinki, cuyo Acta final establece el respeto a la soberanía de los Estados, la abstención de recurrir al uso de la fuerza, la inviolabilidad de las fronteras, el derecho a la integridad territorial de los Estados y el arreglo de las controversias por medios pacíficos, el respeto a las minorías, a la libertad de los pueblos, a la libre determinación, a la pertenencia o no a organismos internacionales y una serie de políticas de cooperación pacífica…. Esta conferencia dio lugar a la OSCE (Organización para la seguridad y la cooperación en Europa), de la que Rusia es miembro. A pesar de su nombre, cuenta con 57 estados miembros en América del Norte, Europa y Asia, es la organización de seguridad regional más grande del mundo. La OSCE trabaja para alcanzar y mantener estabilidad, paz y democracia de más de mil millones de personas, a través del diálogo político y proyectos sobre el terreno. Entre sus miembros está Ucrania, también Georgia y Bielorrusia. Uno de los apartados del acta dice textualmente: “Ninguna contraprestación podrá invocarse a fin de que sirva para justificar el recurso a la amenaza o al uso de la fuerza en contravención de este principio”. Y también: “En consecuencia, también se abstendrán de cualquier demanda por, o acto de, incautación y usurpación de parte o la totalidad del territorio de cualquier Estado participante”
  • El 28 de febrero de 1996, Rusia se unió al Consejo de Europa (no confundir con el Consejo Europeo) cuyos estatutos están definidos por el Tratado de Londres. Recientemente y en dos ocasiones en el año 2015, el Consejo sancionó a Rusia por sus ataques a Crimea y el Donbás, impidiendo el acceso de la delegación rusa por incumplir los artículos 8.1 y 8.2 del Reglamento de la Asamblea reglamentaria y violación del Estatuto del Consejo de Europa. No son las únicas sanciones, sino las más recientes. El Consejo de Europa, que desde su creación ha encarnado la Europa del Derecho y los Derechos Humanos, ha criticado desde siempre la forma en que se ha desarrollado el estado de derecho en Rusia, sus reiteradas infracciones de los derechos de las minorías, la falta de respeto a los derechos humanos y los métodos que ha utilizado tanto en Georgia en 2008, como en Crimea y Ucrania en 2014. La Asamblea ha emitió no menos de 17 condenas a la Federación rusa por su acción en Ucrania, instándola a cumplir los compromisos que voluntariamente suscribió cuando se unió.
  • Putin ha incumplido y violado todos los acuerdos firmados en el ámbito internacional general y también aquellos específicamente contraídos por Moscú con Ucrania respecto a la salvaguarda de su integridad territorial: Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, un tratado de 1948 firmado por ambos países y de cuya violación acusó Rusia a Ucrania como justificación del inicio de la guerra actual, siendo la realidad una violación de Rusia sobre Ucrania. El Tratado de Minsk que formaliza la disolución de la URSS firmado el 8 de diciembre de 1991. Este acuerdo fue promovido por la propia Rusia. En su Acta constitutiva se garantizaba a los Estado nacidos de la ex URSS el respeto a sus fronteras y renunciando Rusia a cualquier desafío sobre las mismas. A esto hay que unir que para entonces Ucrania ya contaba con un estatus especial, de autonomía y con asiento propio en la ONU. El Memorándum de Budapest de 1994 por el que Ucrania entregó sus armas nucleares a Rusia a cambio, otra vez, de una garantía de seguridad. El Tratado de Amistad entre Rusia y Ucrania de 1997, donde ambas partes reiteraron dicho compromiso. A ellos se une el Acuerdo militar que, en 1997, firmaron Rusia y Ucrania y renovado en 2010, regulatorio de la presencia de la flota rusa en el Mar Negro a cambio de una indemnización de 526 millones de $. Se reafirmaba que el territorio en el que se asentaban bases rusas (Crimea) era ucraniano y que las bases se alquilaban a rusia por 97 millones de dólares anuales. Se establecía también el número de soldados o blindados que podían establecerse en aquellas bases. Además, tanto la Constitución de Ucrania como la de la República Autónoma de Crimea prevén la hipótesis de una modificación de sus fronteras, para ello anuncian que ese cambio solo puede ser decidido por todos los ucranianos.

Todos estos acuerdos demuestran dos cosas: 1. Los ucranianos nunca se han fiado de los rusos, 2. Cualquier analista histórico sabe que cuando el contenido de una norma se reitera infinidad de veces es porque no se cumple o se teme que no se vaya a cumplir. ¿En cuántos acuerdos se ha reiterado el respeto a las fronteras de los países nacidos de la ex URSS?

  • Pero, por encima de todos estos incumplimientos, Rusia, en sus bombardeos a la población civil, a los hospitales, a los corredores humanitarios de rescate ha incumplido todos los acuerdos internacionales de respeto a los derechos humanos y a la infancia. Nombraremos algunos de ellos. No podemos detenernos pormenorizadamente en cada uno, pero destacaremos algún aspecto violado por Rusia en atención al articulado de esos Tratados:

La Declaración Universal de Derechos Humanos; en su artículo 3 dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.”

En este sentido también cabe recordar el llamado derecho Internacional Humanitario que impone una serie de límites en caso de conflicto armado. Según indica el Comité Internacional de la Cruz Roja (Circ), se busca preservar “un poco de humanidad durante los conflictos armados y limitar los efectos negativos de estas acciones de guerra”.

Según el Convenio de Ginebra de 1949, además de la población civil, se debe proteger al personal médico y religioso. A su vez, tiene en cuenta a todo aquel que ya no participa en un combate, como un soldado enfermo o herido, los prisioneros de guerra y los náufragos. Existen convenios y protocolos posteriores que indicen en esta línea, y en otras, como es el principio de proporcionalidad. Cuyo fundamento es el no abuso de quien cuenta con un arsenal mayor sobre el más débil. Así, por ejemplo, pese a que Rusia tiene un arsenal más amplio que Ucrania, no podría utilizarlo en su totalidad basándose en esta limitación. Rusia firmó en su día este acuerdo, como todos los demás señalados.

Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Artículo 1. “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultura”. Artículo 24 1. “Todo niño tiene derecho, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, origen nacional o social, posición económica o nacimiento, a las medidas de protección que su condición de menor requiere, tanto por parte de su familia como de la sociedad y del Estado”

Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (porque cabe señalar que lo acontecido en Ucrania se acerca mucho al genocidio contra los ucranianos, no olvidemos que Putin tiene un proyecto, entre otras cosas, etnicista).

La Convención sobre los Derechos del Niño. Artículo 2 1.Los Estados Partes respetarán los derechos enunciados en la presente Convención y asegurarán su aplicación a cada niño sujeto a su jurisdicción, sin distinción alguna, independientemente de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra condición del niño, de sus padres o de sus representantes legales”. Artículo 6. 1. “Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida. 2. Los Estados Partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño”. Y, sobre todo, el artículo 38. Del que destacaremos los apartados 1 y 4: Artículo 38 1. “Los Estados Partes se comprometen a respetar y velar por que se respeten las normas del derecho internacional humanitario que les sean aplicables en los conflictos armados y que sean pertinentes para el niño. 4. De conformidad con las obligaciones dimanadas del derecho internacional humanitario de proteger a la población civil durante los conflictos armados, los Estados Partes adoptarán todas las medidas posibles para asegurar la protección y el cuidado de los niños afectados por un conflicto armado”.

El Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, cuyo artículo 3 reitera lo establecido en el 38 de la convención de los derechos del niño.

Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Artículo 2. “En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura. “

A ello hay que unir las amenazas sobre el incumplimiento de otros acuerdos:

  • El 29 de abril de 1997, entró en vigor la Convención sobre las Armas Químicas (CAQ), el primer acuerdo multilateral de desarme del mundo. Armas que ahora Rusia amenaza con utilizar.
  • El Tratado sobre el espacio ultraterrestreTratado del espacio, cuyo nombre completo es Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, que se firmó el 27 de enero de 1967 y entró en vigor el 10 de octubre de 1967, Y secundado por 132 países. Este acuerdo estableció las bases que rigen las actividades de los estados en la exploración y uso del espacio exterior, incluidos la Luna y otros cuerpos celestes, el espacio exterior solo puede utilizarse con fines pacíficos. De hecho, el acuerdo evitó que la guerra fría llegara a la Luna. En consonancia con este acuerdo se firmaron posteriormente, tras la caída de la URSS, una serie de acuerdos bilaterales de cooperación entre USA y Rusia que llevó a la cooperación entre ambos países y al establecimiento de la Estación Espacial Internacional, que los rusos, durante esta guerra, han amenazado con hacer caer sobre la Tierra.
  • En 2017, se firmó en el seno de la ONU un tratado de prohibición del uso de armas nucleares. Putin ha amenazado en esta guerra con utilizar la bomba atómica. Este miedo ha retraído la defensa que desde el mundo se haya podido hace sobre Ucrania. ¿Acaso el mero hecho de la amenaza no es ya un incumplimiento? No olvidemos que, como recordaba el otro día “la Voz de Galicia” hay un refrán ruso que dice: “Golpea a los tuyos para que otros se asusten”. Así actúa Putin. Y lo que es peor, consigue que tengamos miedo, porque, ¿quién puede asegurar que quién ha incumplido todo lo anterior no incumplirá también, del todo, este tratado?

Además, estos incumplimos auguran otros en el futuro:

  • Cómo plantear a países como Irán, Corea del Norte u otros que no pueden usar bombas atómicas si uno de los cinco grandes de la ONU amenaza con hacerlo. Cómo convencer a distintos estados a que renuncien voluntariamente a este tipo de armas, como hicieron Sudáfrica, Brasil y Libia diciéndoles que sus fronteras están a salvo. Cómo justificar ante Ucrania que renunció a las mismas, la actitud rusa. ¿Qué ocurrirá con el Tratado de no proliferación de armas nucleares en el futuro?
  • Este estallido nacionalista, que ha sido el gran mal de Europa durante el SXX, renace, si es que desapareció alguna vez, para socavar los cimientos de los estados democráticos y liberales, sembrando el caos interno en cada nación afectada por esta sarna, de la que en España sabemos mucho para nuestra desgracia.

 

BIBLIOGRAFÍA

Textos de los acuerdos:

https://www.ohchr.org/sites/default/files/Documents/Publications/CoreTreatiessp.pdf

ARÉVALO RAMÍREZ, Walter. “Manual de Derecho Internacional Público. Fundamentos, Tribunales internacionales y Casos de estudio”. Ed. Tirant lo Blanch. 2020

REMIRO BROTÓNS, Antonio. “Manual de Derecho Internacional Público”. Ed. Tecnos. 1983.

REMIRO BROTÓNS, Antonio. “Manual de Derecho Internacional. Curso general”. Ed. Tirant lo Blanch. 2010.

Fernando Mires. @Fernando Mires: “La Ruleta Rusa”.  Resistenciavenezuela.wordpress.com. https://resistenciavenezuelasite.wordpress.com/2022/03/14/la-ruleta-rusa-por-fernando-mires-fernando_mires/

 OLEKSANDR PRONKEVYCH. “Golpea a los tuyos para que otros se asusten”. La voz de Galicia.

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2022/03/15/golpea-tuyos-asusten/00031647343355175359447.htm.

Álvaro Navarro. https://www.economistjurist.es/actualidad-juridica/invasion-a-ucrania-esta-rusia-violando-el-derecho-internacional/

 

 

 

 

 

LA REVOLUCIÓN HÚNGARA DE 1956.

Desde que se inició la invasión de Ucrania por parte de Rusia son muchos los análisis formulados con la intención de encontrar similitudes históricas.

La mayoría hablan de la invasión alemana de los Sudetes. Indudablemente aquel movimiento tiene muchos puntos en común. No conviene olvidar que los nazis, en aquel momento, tenían un pacto con los soviéticos que permitió esta acción hostil- Pacto Ribbentrop- Mólotov-. https://algodehistoria.home.blog/2020/11/06/pacto-ribbentrop-molotov/

Pero ya que hablamos de un ruso, Putin, comunista en lo espiritual, dictador en todos los aspectos, y devoto de la URSS, convenga referirnos a acciones parecidas de la antigua Unión Soviética.

Podríamos recordar muchos acontecimientos en los que el puño de hierro de los soviets aplastó a ciudadanos inocentes: las hambrunas de Georgia, las de Ucrania, la Primavera de Praga, el aplastamiento de Polonia o la masacre ante la revolución húngara de 1956… A ésta última nos vamos a referir.

 La revolución húngara de 1956 constituyó la amenaza más grave a la hegemonía soviética durante los años de la Guerra Fría, y aunque finalmente no tuvo éxito sirvió de recuerdo indeleble para los levantamientos de 1989.

Tras la II GM, la división de Europa en dos bloques y el inicio de la Guerra Fría, la URSS controló con mano férrea todos los países que cayeron en su ámbito de influencia. El mejor método era la represión de la población a través de gobiernos títeres que dependían de Moscú, entre ellos, en Hungría; desde 1952, Rákosi, presidía el gobierno.

Ese dominio ruso fue inamovible hasta la muerte de Stalin en 1953. A partir de ahí, la represión siguió existiendo, aunque la dirección desde Moscú tuvo periodos de vacilación que no de debilidad.

En julio de 1953, en Hungría, Rákosi fue depuesto del cargo de primer ministro y en su lugar se nombró a Imre Nagy, tan títere moscovita como el anterior, pero con la peculiaridad de que se sentía profundamente húngaro y entendía las reivindicaciones del pueblo húngaro. Reivindicaciones soterradas desde la guerra, pero vivas en el espíritu de los magiares. Además, los ciudadanos tenían más confianza en él que en los gestores anteriores. Llegó al poder prometiendo un nuevo rumbo: el fin del desarrollo forzoso de la industria pesada, aumento de bienes de consumo, fin de las colectivizaciones agrarias ( Koljós) no más campesinos forzados a trabajar en explotaciones colectivas, la liberación de los presos políticos y el cierre de los campos de internamiento. Introdujo algunas de estas reformas, lo que determinó que Moscú dejara de apoyarlo. En la primavera de 1955, Nagy fue destituido de su cargo y expulsado del partido.

Volvió Rákosi y se acabó la apertura, pero fue destituido nuevamente en julio de 1956, esta vez de todos sus cargos y en desgracia. El nuevo líder soviético, Nikita S. Khruschev (el nombre tiene diversas grafías, según las fuentes), había sacrificado a Rákosi como un gesto hacia al líder yugoslavo Tito, a quien Rákosi había ofendido personalmente y a quien la dirección soviética deseaba aplacar. El nuevo líder, Erno Gero, era casi tan detestado en Hungría como el propio Rákosi.

Pero una mecha de libertad se había encendido en el este de Europa, quizá por el discurso que el propio Khruschev había pronunciado en el vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en febrero de 1956 criticando a Stalin; por la posición de Tito; por el desafío polaco a la Unión Soviética en la primavera y el verano de 1956; por el hartazgo a la servidumbre; por la inmensa pobreza en la que el sistema soviético había sumido a Hungría…, se alumbró el ánimo y ganas de libertad de los húngaros.

El 22 de octubre de 1956, un gran grupo de estudiantes se reunió en un salón universitario de Budapest y, después de mucho debate, redactó un manifiesto de 16 puntos. Entre otras demandas, pidieron libertad de opinión y libertad de expresión; libertad de prensa y de radio; pidieron elecciones libres con voto universal y secreto; libertad de asociación y de creación de partidos políticos; la retirada de las tropas soviéticas de suelo húngaro y que se pusiera fin a la “Policía de Seguridad del Estado Húngaro”- conocida como AVH- y que era el brazo ejecutor desde su creación de la represión en Hungría-; un nuevo gobierno bajo la dirección de Imre Nagy y la destitución de todos los líderes criminales de la era Stalin-Rákosi;  la no injerencia en los asuntos internos de un Estado por parte de otro; un salario mínimo vital para los trabajadores; la liberación y rehabilitación de presos políticos; retirar la estatua de Stalin en Budapest; la eliminación de los emblemas soviéticos  y nuevos uniformes para el ejército que se ajustaron a las tradiciones nacionales húngaras. Fue, en el contexto de la época, una empresa increíblemente valiente y audaz.

Al día siguiente, colocaron copias de su manifiesto en árboles y postes de luz por toda la ciudad antes de iniciar una marcha. Miles de personas se unieron a la manifestación, reuniéndose frente al edificio del Parlamento, en el camino, arrancaron banderas soviéticas y estrellas rojas de los edificios públicos. Al grito de «¡rusos, váyanse a casa!», ondearon la bandera húngara con el emblema soviético central arrancado, así como gritando sus demandas. Sin haberlo planeado realmente, los estudiantes de Budapest habían desatado un levantamiento que rápidamente se extendió por la capital y por todo el país. Sus demandas eran, en sí mismas, revolucionarias y entre sus objetivos estaba también apoyar el levantamiento polaco. La marcha terminó con un mitin en el que solicitaban reparación por los agravios a su nación. Cantaron una canción prohibida por el régimen cuya letra decía que “juramos que no permaneceremos más tiempo como esclavos”. Fue el himno de aquel acontecimiento.

La reacción oficial se compuso de un discurso de Nagy que se alejaba de lo esperado por los manifestantes y otro del presidente, Gero, absolutamente radical hablando de reaccionarios burgueses y en defensa del sistema soviético. Sus palabras fueron como echar gasolina al fuego. Los manifestantes atacaron la enorme estatua de Stalin, la estatua que los estudiantes habían mencionado en su manifiesto, consiguieron derribarla y decapitarla en un símbolo contra la opresión.

El gobierno dio órdenes a la policía para que disparase contra la población. Los disparos convirtieron una manifestación pacífica en revolucionaria.

Mientras tanto, todavía en la noche del día 23, una delegación de manifestantes intentó transmitir sus demandas en la radio nacional, argumentando que la radio debía ser del pueblo.

A las 2 de la madrugada, Gero pidió a los rusos que dos unidades de tanques, que estaban en la zona norte de la ciudad, penetraran en la misma.

En la madrugada del miércoles 24 de octubre, el Kremlin volvió a poner en el cargo a Imre Nagy, creyendo que eran necesarias algunas concesiones para satisfacer al pueblo húngaro. Nagy prometió reformas a cambio del fin de la violencia. La verdad es que los tanques rusos no podían maniobrar por las calles de Budapest sin el apoyo de la infantería, que el ejército húngaro se unió a los manifestantes y armaron a la población. Además, los ciudadanos atacaron a los blindados con cócteles molotov. Los insurgentes untaron las carreteras con aceite y grasa para que los tanques patinaran. Colgaban cacerolas en los cables del telégrafo que, desde el interior de un tanque, parecían dispositivos antitanques.

La revolución se extendió por toda Hungría, renacieron los consejos locales eliminados por los soviéticos, los campesinos ocuparon sus campos, confiscados y colectivizados por el sistema comunista. Se abrieron las prisiones y sacaron a los presos, muchos de ellos presos políticos.

Una de las figuras más relevantes era la del cardenal Mindszenty. Fuertemente represaliado y perseguido por el comunismo húngaro por denunciar los atropellos cometidos contra civiles y religiosos. Fue una figura emblemática en la lucha contra el comunismo que, en 1955, había sido condenado y encarcelado a cadena perpetua. Una multitud lo escoltó de regreso al palacio del primado.

Lo que los tanques no pudieron hacer lo pretendió ejecutar la AVH; así, cuando parecía que la revolución en Budapest la estaba ganando el levantamiento, la policía secreta empezó a actuar. La reacción de la ciudadanía no se hizo esperar; se persiguió a los miembros de la AVH, que cuando no pudieron huir fueron ejecutados por la turba.

Los insurgentes irrumpieron también en las casas de los dirigentes y se escandalizaron al encontrar tanto lujo y opulencia frente a las carencias que tenían los ciudadanos. Rápidamente se erigieron barricadas para evitar la entrada de refuerzos soviéticos.

Budapest estaba en ruinas (edificios gravemente dañados por los tanques soviéticos, líneas de tranvía torcidas, cables de telégrafo caídos, árboles arrancados de raíz, adoquines arrancados, automóviles y camiones quemados) y tanques soviéticos destrozados. La gente de cualquier edad o condición se convirtió en milicia, incluso los niños pequeños llevaban cinturones de balas y rifles. Cuerpos de hombres y mujeres de la AVH colgados de los árboles; civiles y soldados rusos yacían en el suelo, sus cadáveres cubiertos con abrigos y mantas y rociados con cal para ocultar el olor. La revolución era total en las ciudades y en el campo, cada uno aportaba lo que podía a la resistencia, así los granjeros llegaban a la capital cargados de alimentos como obsequios para sus conciudadanos.

Los soldados soviéticos no se atrevieron a dejar sus tanques durante días. Los suministros del frente ruso cayeron y su moral se desplomó. Los claustrofóbicos interiores de los tanques pronto apestaron a gasolina, sudor y excrementos.

Las masacres se extendieron por toda Hungría. Una de las más notables se dio en la ciudad   Mosonmagyaróvár, cerca de la frontera con Austria, donde más de 50 insurgentes fueron asesinados a tiros por la AVH y muchos más resultaron heridos.

En aquel contexto, Nagy, la única persona que aún era escuchada por los revolucionarios, retomó el poder el 25 de octubre. El domingo 28 de octubre, Nagy, pidió un alto el fuego, prometió amnistía para quienes participaron en el levantamiento y prometió negociar con los líderes del levantamiento. Nuevamente, reconoció la ira de la gente y, lo que es más importante, admitió que los disturbios no fueron un acto contrarrevolucionario, como lo llamaron los soviéticos, sino un levantamiento legítimo y democrático. Reconoció la inocencia del cardenal Mindszenty al que el régimen exoneraba de todo cargo… siguió prometiendo y prometiendo…

El 3 de noviembre, Nagy se encontraba presidiendo un nuevo gobierno de coalición que representaba al Partido Socialista de los Trabajadores de Hungría reconstituido y al Partido de los Pequeños Propietarios, el Partido Socialdemócrata y el Partido Petofi [antiguo Partido Nacional Campesino] redivivos.

Las tropas soviéticas se habían retirado y Nagy estaba negociando su evacuación completa de las tropas rusas de Hungría. Anunció la retirada de Hungría del Pacto de Varsovia (al que se había adherido en 1955) y pidió a las Naciones Unidas que reconociera a su país como un estado neutral, bajo la protección conjunta de las grandes potencias.

Los soviéticos no estaban seguros de sí debían actuar o dejar que las cosas siguieran su curso, por temor a la intervención occidental.  Pero aquella salida de Hungría del bloque soviético, creó presiones sobre Rusia de China (el presidente de China, Mao había presionado a Khruschev, acusándole de debilidad y conminándolo a actuar con dureza) y también recibió presiones de Rumania, Checoslovaquia e incluso de Yugoslavia.  El 31 de octubre, Khruschev anunció la intención del gobierno soviético de mantener conversaciones con el gobierno húngaro sobre el tema de las tropas soviéticas en territorio húngaro. Invitó a Nagy a enviar una delegación a Moscú para iniciar esas negociaciones. Fue una trampa. Al día siguiente, 1 de noviembre, sin informar a los húngaros, decidió atacar. Los tanques soviéticos regresaron a suelo húngaro. Nagy se enfrentó al embajador de la Unión Soviética en Hungría, Yuri Andropov. Andropov, que se convertiría en primer ministro de la URSS el 12 de noviembre de 1982 y duraría en el cargo hasta su muerte, el 9 de febrero de 1984, aseguró a Nagy que los informes eran falsos: no había tanques soviéticos en suelo húngaro. Una nueva mentira. De hecho, los miembros de la delegación negociadora húngara, encabezada por el general Pal Maleter, ministro de defensa del gobierno de Nagy, cuando llegaron a la reunión fueron arrestados y posteriormente ejecutados.

Los insurgentes húngaros se reunieron y el ejército húngaro los apoyó, pero ya era demasiado tarde. Esta vez los soviéticos estaban preparados: infantería, artillería, tanques e incluso ataques aéreos diezmaron la ciudad. Los tanques redujeron a escombros todos los edificios desde los que se disparó un solo tiro.

Mientras la ciudad caía sobre él, Nagy apareció en Radio Budapest a las 5:20 de la mañana del 4 de noviembre haciendo un llamamiento al mundo para que socorriera a Hungría. A las 8:10, Radio Budapest emitió su último llamamiento de socorro.

Nagy se refugió en la embajada yugoslava y el cardenal Mindszenty en la legación estadounidense.

En la madrugada del mismo día, János Kádár, que había desertado del gobierno de Nagy y abandonado Budapest el 1 de noviembre, emitió un discurso por radio en el que declaró la ilegitimidad del gobierno de Nagy y proclamó la formación de uno nuevo “apoyado por los soviéticos”, en lo que sería, en sus palabras, un “gobierno revolucionario de trabajadores y campesinos húngaros”. Estaba formado enteramente por comunistas, que ahora se congregaban bajo la bandera del Partido Socialista de los Trabajadores de Hungría que había reemplazado al desacreditado Partido de los Trabajadores de Hungría. El nuevo gobierno estuvo encabezado por Kádár como primer ministro. Kádár prometió que una vez sofocada la “contrarrevolución” y restablecido el orden, negociaría la retirada de la guarnición soviética, aunque con vuelta al Pacto de Varsovia.

La historia oficial señaló que aquella guerra de liberación no fue más que un levantamiento contrarrevolucionario inspirado por un puñado de fascistas.

Los focos de resistencia continuaron durante unos días más. Los rebeldes de la ciudad de Stalintown (ahora llamada Dunaújváros) en el centro de Hungría aguantaron hasta una semana después 11 de noviembre.

Más de 200.000 húngaros huyeron a través de la frontera hacia Austria y Occidente hasta que se cerró esa ruta de escape. La Revolución húngara había sido sofocada a sangre y fuego.

BIBLIOGRAFÍA

SOLÉ, J.M.” Hungría agoniza. 1956. El gran miedo”. Aventura de la Historia, num. 97.

FERRERO BLANCO, D.  “La Revolución Húngara de 1956: el carácter político y la organización social”. (Universidad de Huelva) Historia Actual Online, 2006.

MARTÍN, R. PEREZ SANCHEZ, G. SZILAGY,I-“ Luchadores por la libertad: la revolución húngara de 1956”. ED Actas. 2016

Álvaro de Luna

Los validos aparecieron en las monarquías occidentales como puestos de mayor confianza del monarca en cuestiones temporales. Importante matiz porque las materias espirituales eran competencia del confesor real. Ambos solían ejercer una influencia enorme en las cortes europeas.

Se suele señalar a los validos como algo propio de la monarquía española, pero no es cierto, validos existieron en otras como Richelieu o Mazarino en Francia o Buckingham en Inglaterra. Pero sí se puede decir que fue en España donde se dio esta figura por antonomasia. Nunca tuvo un carácter institucional puesto que sólo servía al rey mientras éste tenía confianza en la persona elegida. Si hasta Felipe II, salvo alguna extraña excepción, era el propio monarca con el apoyo de secretarios y Consejos el que dirigía el reino, desde Felipe III, todos los Austrias gobernaron o dejaron en manos de personajes de su confianza la dirección del imperio.  Especialmente conocidos fueron Baltasar de Zúñiga; el Duque de Lerma; el Conde-Duque de Olivares; el Duque de Medinaceli; el Conde de Oropesa… Casi todo ellos muy mal tratados por la opinión de sus contemporáneos (especialmente de la nobleza que no había sido elegida para tal confianza y se llenó de resentimiento contra estas figuras) y por los historiadores. Las acusaciones de vagos, manipuladores, avariciosos, corruptos, rastreros e inútiles… eran comunes. Según soplaran los vientos, el valido era odiado, adulado, respetado, obedecido o vilipendiado. Aunque en el S XVII no eran una institución, sí se legitimaba su función por medio de una serie de documentos firmados por los reyes que avalaban la tarea del valido.  

Con anterioridad al siglo XVII, las actuaciones de los validos se debían mucho más aún a la propia confianza del rey. En nuestra historia se considera que el primer valido fue Álvaro de Luna en los inicios del siglo XV en la Corte de Juan II de Castilla.

Conquense de nacimiento, Álvaro de Luna era hijo natural de Álvaro Martínez de Luna, un noble aragonés, y de una mujer, cuya identidad no está del todo clara, pero que fue madre natural de otros hijos de diferentes padres. Quizá por esta razón, el padre de Álvaro siempre mostró serias dudas sobre su paternidad; aun así, dio sus apellidos a aquel niño. Cuando el padre falleció, el niño Álvaro, tenía sólo siete años y quedó al cuidado de sus tíos paternos: Juan Martínez de Luna y su tío abuelo el papa de Aviñón Benedicto XIII (el Papa Luna). Otro de los hermanos de su padre, Pedro de Luna, arzobispo de Toledo, logró que entrara en la Corte al servicio del rey niño, Juan II, como paje de éste en 1408 o 1410.

Para entender la situación haré algunas digresiones a lo largo de la exposición, la primera debe partir de conocer quién era Juan II. Fue hijo de Enrique III, rey de Castilla, y de Catalina, hija del duque de Lancaster, Juan de Gante, y de su segunda esposa, Constanza, hija del monarca castellano Pedro I; el matrimonio, había supuesto la renuncia a los eventuales derechos de Constanza al Trono castellano y la consolidación en éste de los Trastámara.

La temprana muerte de Enrique III, en Toledo, el 25 de diciembre de 1406, abría el reinado del nuevo monarca, un niño que todavía no había cumplido dos años. Se abrió, por tanto, un largo periodo de regencias, que terminaron cuando Juan cumplió los 14 años y le proclamaron mayor de edad.

Durante la regencia del tío del rey, Fernando, que terminó en 1412, Álvaro de Luna no pudo ascender más allá del puesto de sirviente. Cuando, Fernando fue elegido rey de Aragón (Fernando I) tras el Compromiso de Caspe (24 de junio de 1412), en el que contó con la inestimable ayuda para su proclamación del tío de Álvaro de Luna, Benedicto XIII (el papa Luna), la regencia quedó en manos de la madre del rey, y en esa Corte, Álvaro tuvo más oportunidades de prosperar.

Segunda digresión. Fernando era hermano del rey Enrique III y conocido en su regencia como Fernando de Antequera o Fernando Trastámara, se casó con Leonor de Alburquerque y fue nombrado rey de Aragón como Fernando I (como quedó dicho). Fernando era hijo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón. Por línea materna le venía también relación con el linaje siciliano. Por eso, Fernando fue, además de rey de Aragón, rey de Valencia, de Mallorca, de Sicilia, de Cerdeña y de Córcega, a los que une el gobierno en forma de condado de otros muchos lugares. Así se entiende la vinculación de la corona de Aragón con Italia y el Mediterráneo que hemos explicado en otras entradas.

Fernando muere en 1416 y hereda el trono Aragonés y todos los demás reinos su hijo Alfonso, con el nombre de Alfonso V, el Magnánimo.

Catalina de Lancaster, la reina madre de Castilla, fallece en 1418 y es uno de los primos aragoneses de Juan II de Castilla, también llamado Juan, el que se sitúa en castilla como protector del rey.

Por tanto, Juan II de Castilla estaba directamente emparentado con los reyes de Aragón además de con los de Castilla, y sus primos aragoneses, los descendientes de Fernando I, tenían derechos dinásticos tanto en Aragón como en Castilla.

Volviendo a Álvaro de Luna, su andadura política se inició con la recuperación del señorío paterno, su matrimonio con Elvira Portocarrero, en marzo de 1420, del que no hubo descendencia, y su decisiva participación en los acontecimientos del mes de julio de ese año, el llamado “golpe de estado de Tordesillas” o “asalto de Tordesillas”.

Nos detendremos un momento en aquel acontecimiento. Los hechos se resumen en un ataque perpetrado, el 14 de julio de 1420, por el Infante de Aragón, Enrique, que consistió en el secuestro del Rey de Castilla, quien a sus catorce años acababa de ser proclamado mayor de edad. La captura del rey tuvo lugar en la localidad de Tordesillas donde residía la corte castellana. El hecho se produjo durante la ausencia del infante de Aragón, Juan, que estaba aquellos días en Navarra para desposarse con Blanca de Navarra y convertirse así en heredero al trono de aquel reino. El golpe acabó fracasando pues, don Juan, movilizó a sus partidarios para intentar rescatar al rey y porque Álvaro de Luna ideó y ayudó al niño rey a huir.  Enrique fue detenido.

Sobre las causas profundas de los acontecimientos de Tordesillas, dos son las más destacadas, de un lado, se trata de uno de los últimos intentos de una ya moribunda nobleza por recuperar el control de sus territorios y doblegar al rey castellano. Es decir, se trató de un movimiento feudal. Por otro, aparece la ambición del infante Enrique por aunar poder y ejercerlo en la corte castellana sobre un rey que necesitaba tutor.

La detención de Enrique provocó la intervención del rey de Aragón, Alfonso V el Magnánimo, como hermano mayor de los infantes de Aragón. Éste buscó aliados para la causa del infante entre la alta nobleza castellana y reclutó un ejército en Aragón que desplegó en la frontera con Castilla. También se puso en contacto con el infante don Juan, para juntos negociar un acuerdo con el rey castellano. Las conversaciones culminaron con la firma del Tratado de Torre de Arciel, el 3 de septiembre de 1425, que satisfizo todas las reclamaciones del rey Alfonso el Magnánimo, ya que no solo se acordó la puesta en libertad del infante don Enrique, sino que éste recobró su cargo como maestre de la Orden de Santiago, además de los bienes patrimoniales y rentas que le fueron confiscados tras su detención.

En otra nota más para entender la interconexión entre los reinos, debemos señalar que Fernando I había dispuesto la boda entre Alfonso el Magnánimo con la hermana de Juan II de Castilla, María. A la que proclamó heredera de Castilla en caso de fallecimiento de Juan II. A su vez, decidió la boda de Juan II con su hija y, por tanto, la hermana de los infantes de Aragón, también llamada María. De ese matrimonio, nacería el futuro Enrique IV de Castilla, hermanastro de Isabel la Católica.

En el plano político, todas estas peripecias y ambiciones consiguieron la fragmentación del “bando” aragonés lo que permitió a Álvaro de Luna, que desde hacía más de diez años gozaba de la amistad y confianza del Rey, y también de la cordialidad de los infantes de Aragón, ascender en su poder en la corte. Tanta influencia tenía que, durante aquellos años en los que aparentemente el infante aragonés Juan ejercía la dirección del reino, era Álvaro el que, desde su posición en el Consejo de regencia, como Condestable de Castilla, controlaba la política del reino.

Juan II de Castilla, se reveló como un rey de poco carácter, sufrido donde los haya, traicionado en múltiples ocasiones incluso por su propio hijo, y que dejó en manos de Álvaro de Luna el ejercicio del gobierno del reino. Por otro lado, dadas las ambiciones de los primos aragoneses y de la nobleza castellana y la falta de escrúpulos de todos ellos, no es descabellado comprender que el rey depositara su confianza en un favorito que tenía todas las razones del mundo para permanecer fiel al monarca. Siempre le fue leal, bien fuese por interés, bien por nobleza o bien por alguna otra razón achacable a la amistad entre rey y favorito- razones que siempre surgen en España cuando se quiere mancillar el buen nombre de alguien, aunque, en este caso, Gregorio Marañón haya estudiado ambas figuras y sostenga la homosexualidad de rey y favorito.

Álvaro, además de buen gobernante, tenía otras cualidades personales que le hacían persona de agradable y entretenido trato: era un aceptable caballero, un habilidoso lancero, buen poeta y elegante prosista. Todas ellas cualidades muy apreciables en personas que, como Juan II, odiaban las armas, las guerras, las grandes cabalgadas…

La época de Juan II fue un periodo de conflicto constante provocado por tornadizas coaliciones de nobles que, bajo el pretexto de liberar al rey de la perniciosa influencia de su favorito, realmente trataban de convertirle en una marioneta que sirviera a sus propios intereses.

Frente a los infantes de Aragón y la gran nobleza terrateniente, Álvaro de Luna forjó una alianza con la pequeña nobleza, las ciudades, el bajo clero y los judíos, que se oponían a la oligarquía nobiliaria castellana y a los infantes de Aragón, que defendían los tradicionales intereses políticos y económicos de su familia en Castilla.

La historia de Álvaro de Luna estuvo llena de constantes expulsiones de la corte por parte de facciones victoriosas, y de retornos cuando la facción vencedora se disgregaba.

En 1427, la victoria de la nobleza contraria a D. Álvaro y favorable a los aragoneses que, por supuesto, contaba con el apoyo de éstos, logró la salida de Álvaro de la Corte durante poco más de un año como medida imprescindible de paz y de buen gobierno, objetivo que dicho bando se arrogaba.

Lo que en realidad se había producido era una sustitución del gobierno personal de don Álvaro por el de los infantes, hecho que infundía temor a otra parte de la nobleza castellana. Estos últimos convencieron al rey en tiempo record de la vuelta del Condestable a la Corte. Lo que se produjo el 6 de febrero de 1428.

La consecuencia fue que los Infantes de Aragón invadieron Castilla, con poco éxito, ya que fueron expulsados de manera casi definitiva. Aquella guerra terminó con las treguas de Majano (16 de julio de 1430). Los bienes de los aragoneses y partidarios fueron confiscados por el rey castellano y Alfonso V viró su política definitivamente hacia el Mediterráneo, es decir, hacia la península itálica.

Se iniciaba una etapa de gobierno de la oligarquía nobiliaria presidida por don Álvaro, en la que se lograron los éxitos más notables del reinado de Juan II: paz con Portugal, guerra contra Granada y victoria en La Higueruela (1 de julio de 1431), que permitió instalar a un nuevo sultán bajo el protectorado castellano. Éxitos en el golfo de Vizcaya, que logró el comercio castellano en Borgoña e Inglaterra y reconoció la exclusividad castellana en aquellas aguas. Protagonismo castellano en el Concilio de Basilea. En este Concilio, Castilla se erigió en la defensora de una verdadera reforma, que venía preparándose desde hacía varias décadas. También se debatieron cuestiones sobre el dominio de las Canarias o la unión con la Iglesia griega.

Al tiempo, en Aragón, la presencia de Alfonso V en Italia, le obligó a dejar el reino en manos de su hermano Juan, como gobernador, y a buscar una paz duradera con Castilla. Esta se firmó el 22 de septiembre de 1436 en Toledo. Por ella, se acordaron varias alianzas matrimoniales entre los herederos castellanos y los de Navarra y Aragón. Fue la forma de retornar a la política castellana de los aragoneses y el modo de intentar parar a Álvaro de Luna y su extremado poder en el gobierno de la corte castellana.

Para eliminar toda disidencia, Juan de Aragón depuró el Consejo situando en él a partidarios de toda confianza y redujo prácticamente a reclusión a Juan II. Un golpe de estado, dado el 9 de julio de 1443, que proporcionaba a Álvaro de Luna un argumento excelente para el levantamiento: la liberación del Rey. Teóricamente este movimiento liberador lo encabezó el príncipe heredero, que cobraría su apoyo con la concesión del título de príncipe de Asturias.

Ante la presencia en Nápoles de Alfonso, fueron Juan y de nuevo Enrique los que formaron un enorme ejército dirigido por este último contra las tropas de Álvaro de Luna y Juan II.
En mayo de 1445, los aragoneses fueron derrotados en la batalla de Olmedo. Como consecuencia de las heridas recibidas en aquella batalla murió el infante Enrique de Aragón, y el favorito castellano, Álvaro de Luna, le sucedió en su título de Gran Maestre de la Orden de Santiago.

Al igual que en momentos anteriores, Álvaro buscó acuerdos internacionales que reforzaran su poder y el de Castilla. De ahí nació la alianza matrimonial de Juan II, viudo de maría de Aragón, con Isabel de Portugal, que se celebró en Madrigal de las Altas Torres en 1447-. De este matrimonio nació Isabel la Católica-. En ese momento, el poder del valido parecía incontestable. Pero fue precisamente la segunda esposa del rey, conocedora de las intrigas, abusos y ciertos asesinatos dispuestos por Álvaro, la que urgió a su marido a prescindir del favorito.

Juan II cedió y el 4 de abril de 1453, Álvaro de Luna fue detenido y encarcelado

Su esposa, Juana Pimentel, y su hijo, Juan de Luna, se refugiaron en Escalona, desde donde pidieron ayuda al Papa, por ser la Orden de Santiago protegida papal. Aunque se inició una rebelión de los partidarios del condestable, no pudieron parar su ejecución, la cual tuvo lugar el 2 de junio de 1453, tras una parodia de juicio.

Primero fue enterrado en Valladolid, en el convento de San Francisco, para recibir cristiana sepultura de manera definitiva en Toledo en la suntuosa capilla de la catedral, llamada de Santiago, construida a sus expensas, donde yacía enterrado su hermano el arzobispo don Juan de Cerezuela, y reposarían después los restos de su mujer, doña Juana Pimentel, y otros miembros de su familia.

Juana Pimentel, al conocer la ejecución de su marido, abandonó la resistencia y rindió el Castillo de Escalona a las tropas reales. A partir de este momento, y hasta su muerte, Juana firmaría todos sus documentos como “La triste Condesa”, mostrando así el lamento que le producía la ejecución de su marido.

En Castilla, el poder del condestable lo pasó a ejercer el príncipe de Asturias que pasó a ser el rey, Enrique IV, en 1454 a la muerte de Juan II.

BIBLIOGRAFIA

ÁLVAREZ ÁLVAREZ, César. “Los infantes de Aragón”. Ed. Historia de España de la Edad Media. Barcelona: Ariel.

MARAÑÓN, Gregorio.” Ensayo biológico de Enrique IV de Castilla”.  Boletín de la Real Academia de la Historia. 1930

SERRANO BELINCHÓN, José. “El condestable: de la vida, prisión y muerte de don Álvaro de Luna”. AACHE Ediciones. 2000

 

Putin y el Zar Alejandro III

Dicen los chinos que para ganar las guerras hay que conocer bien al enemigo.

Putin acaba de declarar la guerra a Ucrania y posiblemente a todo occidente y en Europa aún no nos lo creemos. La mentalidad de las democracias occidentales se aleja enormemente de la mentalidad rusa, de los parámetros rusos de entendimiento de la vida y de su Historia.

Putin presenta una personalidad compleja en la que se entremezclan esos parámetros internos tradicionales. Tan tradicionales que muchos de ellos se encuentran tanto en los zares como en la URSS. Parámetros de autocracia y patrimonialismo como dominantes de la cultura política de Rusia durante siglos, tan propia del antiguo régimen como de los comunistas, incluso más férreo en estos últimos- hambrunas de Georgia, el muro de Berlín o el aplastamiento de la primavera de Praga, por citar algunos ejemplos-. El imperialismo que tanto representaban los zares “de todas las rusias” como el pacto de Varsovia. El nacionalismo que lo mismo está en Alejandro III que en las propuestas internas soviéticas durante la II Guerra Mundial. Putin es todo eso y más. Es comunista, nostálgico de la URSS, ex miembro del KGB, cosas que imprimen carácter y a él se le nota. Desprecia las democracias occidentales y liberales. Se presenta como un nacionalista en el sentido más clásico…

En esa complejidad podríamos ahondar desde diversos puntos de vista. Pero dado que siempre se ha mostrado gran admirador del Zar Alejandro III, no de los zares, sólo de Alejandro III, hasta el punto de inaugurar monumentos en honor a este zar, como ya comentamos hace pocas fechas en otra entrada dedicada a la guerra de Crimea (https://algodehistoria.home.blog/2022/01/28/la-guerra-de-crimea/ ), nos detendremos en exponer quien fue Alejandro III, Zar de todas las rusias, y quizá así comprendamos mejor a Putin.

Dos características destacaban en Alejandro, primero no era demasiado inteligente y segundo tenía una fuerza descomunal. Era enorme, se le tomaba por gigante, fortísimo, un tanto bruto y un completo autoritario.

Alejandro III nació el diez de marzo de 1845 y era el segundo de los hijos del Zar Alejandro II.

Alejandro III llegó inesperada y prematuramente al poder. Inesperadamente, porque el heredero era su hermano mayor, el príncipe Nicolás. Él era el segundón de la familia y como tal su destino estaba en ocupar un puesto en el ejército. La educación de los zarevich era mucho más exquisita que la del resto de los príncipes. Por eso, cuando en 1865 Nicolás murió de meningitis, la educación de Alejandro cambió.  Sus maestros se eligieron entre los más excelsos profesores de la Universidad de Moscú.

Uno de los maestros del gran príncipe, desde 1866, fue el profesor de Derecho e historiador Konstantín Pobedonóstsev, quien más tarde se convertiría en el “cardenal gris” de la corte imperial de Alejandro III y de su hijo Nicolás II. Pobedonóstsev consideraba que su importante alumno presentaba “pobreza de datos y de ideas”. Así lo describieron también algunos de los ministros cuando accedió al poder considerando que el zar era persona de “inteligencia común, por debajo de la media y en ese nivel inferior se encontraban no sólo sus capacidades sino, también, en sus conocimientos”. Digamos que era un hombre diferente a lo que se esperaba fuera un zar. En su juventud, tenía una fuerza excepcional: doblaba monedas con los dedos y rompía herraduras, con los años se volvió obeso y voluminoso. Pero seguía teniendo una fuerza portentosa. Muestra de ello es la anécdota, acontecida en 1888, cuando contaba 43 años de edad; el tren en el que el zar y su familia viajaban al sur de Rusia descarrilló. La familia se encontraba en el vagón restaurante, donde el techo se derrumbó sobre los comensales. El zar levantó los escombros y los sostuvo hasta que todas las personas abandonaron el vagón.  Sin embargo, a pesar de esa fuerza física, la salud no le acompañó en exceso y desde 1894 sufría problemas renales los que, unidos a un enfriamiento, provocaron su muerte el 1 de noviembre de 1894 en Crimea en el palacio de Livadia. Tenía solo 50 años de edad.

Con anterioridad, en 1866, a los veintiún años, el príncipe Alejandro viajó por Europa y visitó, entre otros lugares, Dinamarca, donde conoció a la princesa Dagmar, la segunda hija del rey Cristián IX, antigua novia de su fallecido hermano Nicolás. Alejandro se enamoró y se casó con María Sofía Federica Dagmar, quien tras ser bautizada según la tradición ortodoxa rusa recibió el nombre de María. En esto tampoco siguió los pasos propios de la dinastía porque Alejandro fue feliz en su matrimonio y fiel a su mujer, cosa poco común en los Romanov.

Tenía otras costumbres muy rusas, pero más de cosacos que de zares: le encantaba el Vodca, lo cual no ayudó mucho a su salud.

A pesar de lo dicho sobre su cultura fue un gran coleccionista de arte, que mejoró mucho las instalaciones y confortabilidad de los palacios imperiales. De gustos sencillos, simplificó el protocolo y los gastos de la corte, salvo en el arte. Sus mayores aficiones eran la caza y la pesca, esta última gustaba ejercitarla, sobre todo, en Finlandia, territorio ruso en aquellos tiempos.

También era buen aficionado a la música y tocaba excelentemente el trombón y una especie de saxofón. Como prueba de su afición ordenó a Rimski- Kórsakov la creación de un concierto para trombón y orquesta. Formó un pequeño grupo musical en el que tocaría una vez por semana durante toda su vida.

Fue el penúltimo Zar de Rusia y, por tanto, padre de Nicolás II.

Decíamos que también llegó prematuramente al trono. Lo hizo en 1881 tras el asesinato de su padre, el zar Alejandro II, a manos de terroristas de la organización clandestina Voluntad Popular.

Alejandro II había sido un zar aperturista, reformador, de carácter liberal que buscaba la manera de convertir a Rusia en una monarquía constitucional.

Su hijo, una vez en el trono, cuando todos los ministros esperaban y así se lo aconsejaron, que prosiguiera la política del liberalismo ilustrado de su padre, cambió radicalmente la tendencia y sus órdenes estuvieron encaminadas a detener las reformas.

El 29 de abril de 1881 Alejandro III aprobó un manifiesto titulado “Sobre la firmeza del poder absoluto”, que proclamaba la inamovilidad del poder del zar de Rusia. En el manifiesto se apostó por “la fuerza y la verdad sagrada del poder monárquico para el bienestar del pueblo”.

Su actuación política se desarrolló en los siguientes sentidos:

  • Persiguió duramente a los terroristas, como era de esperar. Entre los terroristas detenidos y ejecutados se encontraba Alexandr Uliánov, hermano mayor del futuro líder de los revolucionarios bolcheviques, Lenin.
  • Introdujo la represión entre los opositores a su política.
  • Aprobó leyes destinadas a la “Protección del Orden Estatal y la Tranquilidad Social”, que permitía establecer el estado de emergencia en cualquier provincia. Es decir, aplicar el poder absoluto del monarca. Alejandro III suspendió asimismo la reforma administrativa y la autogestión regional.
  • Para completar la situación, dictó estatutos universitarios que abolieron la autonomía de los centros de educación superior, eliminando las elecciones de los rectores y decanos y estableciendo el control policial sobre los estudiantes. Fue prohibida la admisión a los colegios de los hijos de sirvientes, cocineros, cocheros, etc. Y también limitó el acceso de los judíos.

Como un añadido más al control educativo a ningún estudiante se le permitió enseñar Historia a menos que tuviera el permiso del ministro de Educación.

  • No paralizó los pogromos en el sur del imperio (recordamos que los pogromos son levantamientos multitudinarios dirigidos hacia un grupo particular, étnico, religioso u otro, acompañado de la destrucción o el expolio de sus bienes. El término ha sido usado para denotar actos de violencia sobre todo contra los judíos, aunque también se ha aplicado para otros grupos, como polacos, ucranianos, georgianos o alemanes). Se probó que, en las acciones de violencia de aquellos años, especialmente 1881 y 1882, participaron policías vestidos de paisano.

Además de deshacer las reformas liberales y de acabar con los opositores, hubo un tercer elemento esencial en el reinado de Alejandro: restaurar la posición de Rusia en el ámbito internacional y también su identidad nacional, que él creía que se había diluido a lo largo del siglo XIX.

Estos actos fueron denominados «rusificación». El aspecto principal de la rusificación fue librar a Rusia de las ideas occidentales que Alejandro III creía que habían debilitado a la nación y reducido su identidad nacional. El zar quería recuperar la «rusidad» de Rusia. Para lograr esto, tuvo que eliminar a aquellas personas que habían importado a Rusia ideas ajenas que, en su opinión, socavaban de forma encubierta su autoridad y la identidad nacional rusa.

Alejandro no realizaba distinciones entre lo que quería para sí mismo y lo que quería para Rusia. La rusificación no era nueva en Rusia. Lo que la hizo tan diferente en aquel momento fue su intensidad después de 1881 y el intento de darle algún tipo de respaldo intelectual académico.

La rusificación la llevarían a cabo los gobernadores de las regiones, que utilizarían a la policía, a las escuelas y a los agentes del monarca para facilitar esta tarea. Aquellos que se opusieron a esta política fueron detenidos.

El carácter central de la ‘rusificación’ fue el poder del monarca. Se inicia así un periodo de poder autocrático donde desaparecieron los poderes dados por su padre, Alejandro II, a los consejos locales. Esos poderes pasaron a lo que sería el equivalente del Ministerio de Interior. A éste le correspondía el nombramiento de los Campesinos que ocuparían los consejos locales y también era el encargado de autorizar y controlar la recaudación de impuestos en las provincias y municipios.

 De esta manera, el gobierno, es decir el zar, se aseguró el control del poder local y el apoyo local a su gobierno. En 1889, los jueces de paz locales también fueron destituidos y reemplazados por un sistema de capitanes locales que igualmente fueron nombrados directamente por el ministro de Interior, sólo el ministro podía destituirlos y sólo respondían ante el ministro o ante el zar. A cada capitán local se le otorgó poderes enormes: enviar a los infractores al exilio, azotarlos y aplicarles la pena de muerte, entre otras.

La iglesia también se utilizó para extender el poder del zar. De 1881 a 1905, fue nombrado Procurador del Santo Sínodo Pobedonestsev, el antiguo preceptor de Alejandro III (ya el gobierno de Pedro el Grande había colocado a la iglesia bajo el control directo del gobierno. El Santo Sínodo, creado por Pedro, era una mezcla de arzobispos y funcionarios. La figura más importante en el Santo Sínodo era el Procurador).

La función más importante del Santo Sínodo en tiempos de Alejandro, era predicar la obediencia al zar; la espiritualidad quedó en segundo lugar. Esta obediencia estaba destinada a ser transmitida de los obispos al clero de los pueblos. Todos tenían la misma función: predicar la obediencia.

En la Iglesia ortodoxa, al igual que en el catolicismo, lo que se decía en la confesión nunca se divulgaba a un tercero. Pobedonestsev cambió esto y la información que se pasaba a un miembro de la iglesia durante la confesión se pasaba con frecuencia a la policía y se usaba como prueba contra el que se había confesado.

En el ámbito económico, Alejandro III logró la estabilidad económica de Rusia. En 1892 fueron aprobados nuevos estatutos aduaneros y las barreras proteccionistas animaron el mercado interno. En la costa se estableció una distancia de tres millas de profundidad como territorio ruso con efectos aduaneros y se reforzó la guardia costera, logrando que los impuestos aduaneros fueran la segunda fuente de ingresos para del Estado. La tercera fuente de ingresos tributarios provino de los gravámenes aplicados al alcohol. El monopolio estatal sobre el alcohol fue establecido en 1893. El ministro de Finanzas Serguéi Vitte protagonizó la reforma del rublo: a la moneda nacional rusa se le aplicó el patrón oro y pudo cotizar en las bolsas mundiales, lo que aseguró el flujo de inversiones extranjeras en Rusia y el aumento de las exportaciones rusas. Mejoró las infraestructuras, canalizaciones y saneamientos, pero fue especialmente relevante su ampliación de las líneas férreas, ya iniciadas por su padre. Hizo construir el transcaspiano y comenzó la obra del transiberiano.

En el plano internacional, mantuvo una clara política pacifista mediante la forja de tratados con potencias extranjeras; especialmente destinada a convenir con Francia en la búsqueda de lo que hoy denominaríamos “una pinza” que controlara a su eterno enemigo: Alemania. Debido a que durante su mandato no se produjo ni una sola guerra, fue conocido con el sobrenombre de “El pacificador”. Si bien es destacada su colonización de Turkestán y el inicio de la penetración hacia Asia central.

Los logros de aquel imperio, a expensas de las libertades personales, no se mantuvieron tras la muerte de Alejandro. Para lograr su durabilidad se necesitaba un hombre de ideas afines dispuesto a involucrarse en el arduo trabajo del gobierno. Nicolás II no era este tipo de hombre. Mientras que Alejandro III era diligente y estaba dispuesto a trabajar por lo que quería; Nicolás era débil, perezoso y esperaba que otros hicieran el trabajo por él.  Ya llegaron los soviéticos, después, dispuestos a enmendar al pobre Nicolás.

BIBLIOGRAFÍA

HOSKING, G. Una muy breve historia de la Rusia. Ed. Alianza. 2014.

HANISCH, Erdmann. Historia de Rusia. Ed. Espasa-Calpe, 1944.

DUGUIN, A. G. “La geopolítica de Rusia. De la revolución rusa a Putin”. Ed: Hipérbola Janus. 2015.

SODOR, Pablo. “Los últimos tres zares” http://www.geocities.ws/treszares/3zares.html

EL LEVANTAMIENTO DE LA VENDÉE

De vez en cuando se nos cuentan historias sobre revueltas campesinas y da la sensación de que todas fueran iguales y respondieran a los mismos principios, y no es así. Hoy vamos a ver una muy especial.

Existió una intensa conflictividad social en el mundo rural a fines de la Edad Media, motivada en buena medida por la situación de crisis económica que sufrió Europa en estos años, por la peste y también inmersa en el contexto bélico internacional (Guerra de los 100 años). Esas revueltas campesinas presentan una estrecha conexión con aquellas otras urbanas que se desenvuelven en la sociedad feudal del período abarcado. Algo muy semejante puede decirse de las revueltas del S. XVII, menores en número, o en el XVIII antes, durante y después de la Revolución Francesa, causadas por las crisis económicas o por la revolución industrial que movilizaron a ejércitos de descontentos de manera muy semejante a lo acontecido a finales de la baja Edad Media.

Las revueltas campesinas han sido estudiadas pormenorizadamente por los historiadores, no siempre con absoluta neutralidad, dado que en la historiografía contemporánea se han mezclado determinadas visiones de clase, sobre todo, desde 1848 para acá, por la influencia del marxismo.

La visión” social” de esos estudios lleva a identificarlos como levantamientos de los pobres, de las clases trabajadoras con condiciones más dura de trabajo y más empobrecidas que luchaban por sus derechos frente a los ricos o poderosos. Destaca en este campo y posicionamiento, el estudio que Marx hizo sobre la guerra campesina en Alemania en 1525. Lo consideró “el acontecimiento más radical de la historia alemana” y Engels como “ la tentativa revolucionaria más impresionante jamás perpetrada por el pueblo alemán”. En otras ocasiones, el análisis es completamente diferente y los campesinos son criticados por su ignorancia y gran violencia en la defensa de sus intereses, como hizo Lutero, por ejemplo.

De todo ha habido, desde los esclavos en el Imperio Romano, los libertos del imperio carolingio o los más conocidos y señalados del paso de la baja Edad Media al Renacimiento permiten identificar al campesinado como aquella población que vivía al borde de la subsistencia lo que les hacía especialmente vulnerables en las crisis propias de una sociedad en desarrollo. Pero no siempre era así, recordemos a los campesinos castellanos, a los que los reyes instituían como propietarios en torno a la frontera durante la Reconquista con los distintos fueros dados a las ciudades, lo que convertía a Castilla en tierra de pequeños propietarios y de libertad. En muchos casos en toda Europa hasta época reciente, la población rural estaba sujeta a través de vínculos de dependencia y de imposición tributaria con los propietarios de las tierras, casi siempre nobleza y clero. Sus condiciones de vida, sin embargo, no tenían por qué ser catastróficas y cuando lo fueron no mejoraron con algunas políticas salvíficas que desde los gobiernos vinieron a imponerse, como por ejemplo las famosas desamortizaciones producidas en España.

No siempre los campesinos eran la clase social oprimida por las “manos muertas” ni deprimida económicamente ni eran partidarios de ideas revolucionarias. Hoy nos vamos a referir a uno de esos casos en el que los campesinos preferían su situación tradicional a la que les ofrecía la revolución en ciernes. Sobre todo, cuando la revolución generaba una gran alteración en su vida cotidiana por la llegada de ideas que la gente del campo ni conocía ni entendía y cuando entendía no querían aceptar.

Tal es el caso del levantamiento de la Vendée en Francia durante la Revolución Francesa.

La Vendée es un Departamento en el oeste de Francia, al sur del río Loira y en la costa atlántica. En marzo de 1793, los residentes provinciales de Vendée, la mayoría de los cuales hasta entonces vivían ajenos a la Revolución, se volvieron contra ella y sus ideas por varios motivos: la política agrícola de la Revolución que desplomó los precios y aumentó los impuestos, la ejecución del rey y los ataques a la Iglesia- era una zona profundamente católica, de hecho, la imagen del Sagrado Corazón se convirtió en el símbolo de su levantamiento, como veremos-. A ello se unió el establecimiento del servicio militar obligatorio.

El inicio de la Revolución Francesa se unió con una crisis agrícola, nacida de las malas cosechas y el duro invierno de 1788-89, que fue especialmente importante en el norte de Francia, pero que escasamente afectó a la Vendée. Zona próspera en la que sus campesinos gozaban de buena situación y vivían en perfecta armonía con los dueños tradicionales de las tierras: Iglesia y nobleza, que sabían respetar el trabajo y la producción de sus campesinos.

En la Vendée no se movilizó ningún campesino en favor de la reforma del sistema feudal de 1789 ni hubo disturbios en la quema de castillos u otros asaltos revolucionarios de 1790. El levantamiento se produjo cuando la Revolución trastocó su modo de vida, horadando sus costumbres, tradiciones e instituciones.

Especialmente significativa fue la oposición a los ataques que la Asamblea Nacional Constituyente propinó a la iglesia. Se resistieron a aplicar la Constitución Civil del Clero, la mayoría de los sacerdotes se negaron a prestar juramento y fueron respaldados por sus feligreses. La llegada de funcionarios gubernamentales y sacerdotes constitucionales a Vendée en 1791 y 1792 se encontró a menudo con una resistencia violenta, aunque a pequeña escala.

De marzo a junio de 1793, el movimiento obtuvo grandes éxitos. Al principio, los rebeldes estaban organizados por aldeas con gente modesta a la cabeza. Algunos de sus más destacados cabecillas eran ciudadanos de la zona como Stofflet, un ex soldado, que era guardabosques o, el más conocido, Jacques Cathelineau, que era un carretero. Pero una vez que comenzaron los combates, se buscó a los escuderos de la región para que asumieran el liderazgo, formando así un ejército “católico y real”.  En su apogeo, en abril de 1793, llegó a contar con 80.000 hombres, la mayoría agricultores y trabajadores, pero también niños y mujeres disfrazadas de hombres. Adoptaron como lema “Dios y rey” y como emblemas una escarapela blanca- símbolo de los Borbones- y el Sagrado Corazón.

Aquel ejército carecía de entrenamiento, tácticas, armas o la disciplina de un ejército profesional, pero tenían el arrojo de los valientes, el corazón de los que creen en sus valores y la fuerza de la unión. La velocidad y sorpresa de sus primeros ataques sorprendió a la Convención y permitió a los vendeanos tomar ciudades importantes, como Cholet o Saumur, hasta que midieron mal sus fuerzas y organización en el asalto de Nantes. Fueron derrotados en sólo dos días y Jacques Cathelineau fue apresado y ejecutado sin juicio, casi un asesinato, el 14 de julio de 1793, aniversario de la toma de la bastilla.

En octubre de 1793, una fuerza de vendeanos formada por 40.000 hombres marchó sobre un ejército republicano más pequeño cerca de Cholet, pero fue superado y derrotado.

Cabe señalar que la Revolución había iniciado sus gobiernos con dirigentes muy jóvenes, impulsivos, que se creían con más conocimiento que los más mayores y que iban a arreglar todos los males de la nación con su sola presencia- lo que recuerda mucho a eso que hoy llamamos adanismo-. Aquella Republica se organizaba en diversos comités como el de Seguridad General o el de Salvación Pública a los que poco a poco se fueron uniendo partidarios puros de Robespierre; en ocasiones seres más mediocres que inteligentes, ciudadanos que vieron en el líder del Terror un baluarte al que asirse para prosperar. En esos comités se ejercía una especie de magisterio colectivo en el que cada uno tenía su especialidad. En el ejército, la tan democrática revolución, entendió que lo mejor era la elección de los oficiales y suboficiales, generando un desconcierto en las actuaciones militares que sólo se transformó en cierto orden cuando Carnot se hizo cargo de la organización militar. Organizó la conscripción de todos los hombres de entre 18 y 25 años y los acompañó de antiguos soldados. Logró así la mezcla entre la experiencia de unos y el ardor guerrero de los jóvenes ideologizados- en muchos casos- en favor de la causa de la Revolución. Además, mejoró el armamento e incrementó la disciplina. Por otro lado, dejaron de elegirse por votación a los oficiales y suboficiales. Con este nuevo ejército, numerosísimo, más la existencia de delegados o agentes de los Comités en cada pueblo, se estableció un sistema de vigilancia interna contra los supuestos enemigos de la patria, casi todos católicos, curas, aristócratas o tibios en general. Las actuaciones fueron moderadas en un primer momento, por imposibilidad de hacer otra cosa por falta de organización, pero se tornaron muy violentas en el conocido como “Gran Terror” de 1794 que afectó con especial virulencia, además de a París, a la Vendée y a la Provenza.

Tras la derrota en Nantes, los de la Vendée cambian de táctica y buscan acuerdos con los contrarrevolucionarios en Bretaña y Normandía. Unidos asedian Granville, esperando que los ingleses les presten apoyo. Pero los británicos no aparecieron y los que sí lo hicieron fueron los revolucionarios. Lo único que pudieron hacer los contrarrevolucionarios fue dispersarse e intentar volver a unirse en un asedio a la ciudad de Sanevy. Les sirvió de poco, allí fueron rodeados y derrotados.

Lo que siguió en Vendée fue una campaña de represión que bordeó el genocidio. Las fuerzas republicanas masacraron a los católicos realistas sin tener en cuenta ni profesión, actividad, sexo o edad. Atravesaron el Departamento quemando cosechas, derribaron Iglesias, palacios y granjas. Ejecutaron a todos los que pillaron a su paso (fueron ejecutadas más de 6.000 personas, incluidos 400 niños).  La mayoría guillotinados. Otros murieron por disparos, bayonetas o ahogados. El Terror acabó con la vida de, en una cifra conservadora, 58.000 personas, aunque casi todas las fuentes elevan el dato a cerca de 200.000.

La acción contra los residentes potencialmente rebeldes de Vendée continuaría hasta 1796.

El levantamiento de Vendée se convirtió en el movimiento contrarrevolucionario más grande y conocido de la Revolución Francesa y fue una auténtica guerra civil que duró 3 años.

BIBLIOGRAFIA

DE BERTIER DE SAUVIGNY, Guillaume. “Historia de Francia”. Rialp. 2009.

GOUBERT, Pierre. “Historia de Francia”. Ed crítica.1987.

La Gran Estafa: la venta de La Florida.

Con el título en español de «la Gran estafa» hay varias películas, pero sin duda la mejor, de 1973, tiene por director a Don Siegel. En ella se cuenta la historia de un robo con un comienzo fulgurante, tensión narrativa continuada, acompañada por una gran banda sonora de Lalo Schifrin. El argumento, propio del cine negro, se mueve entre situaciones comprometidas e inesperadas. Siendo una película de cine negro tiene aspectos propios de las películas del oeste con buenos, no tan buenos, malos que no lo son y malísimos con plena perversión; con tiros y la autoridad (policía o Sheriff) en busca de los ladrones. Y, sobre todo, con un protagonista emboscado entre bandos, buscando todo tipo de subterfugios para salir vivo de la situación. Una buena película que no sé por qué me ha venido a la mente cuando me he acordado de un acontecimiento histórico penoso para nuestra nación: la venta de La Florida a los Estados Unidos.

La emancipación americana tuvo dos grandes momentos, el primero, en 1810 coincidiendo con la llegada de las tropas napoleónicas a Andalucía. Las posiciones patrióticas en América se conformaron a partir de las juntas llamadas a la defensa de la nación española por el virrey de Buenos Aires y el de Nueva Granada que, sorprendentemente, se vieron enfrentadas a unas jornadas revolucionarias que se inician en Buenos Aires, Caracas,  Bogotá y que tienen manifestaciones destacadas en el nacimiento de la Junta Soberana de Quito en 1809 o el estallido de sublevaciones en México tras el popular “Grito de Dolores” (1810), es decir, enfrentados a movimientos insurreccionales contra la autoridad española. Este proceso se ve frenado en torno a 1814.

Su segunda parte, acontece a partir de 1817 y, especialmente, a partir de 1820 con la revolución de Riego. La insurrección de Riego, que subleva al ejército español que debía ir a sofocar las revueltas en América, lleno de romanticismo, de ingenuidad y de inoportunidad, incitado y, en parte, subvencionado por las intrigas anglo-rioplatenses para impedir que embarcara hacia América, precipita los acontecimientos independentistas en el Nuevo Mundo.

Todos los acontecimientos de la América central con Bolívar, el levantamiento de México y la sublevación criolla casi por doquier, salvo en Cuba y puerto Rico, fueron suficiente munición para que Estados Unidos buscara apoderarse de los territorios españoles al sudeste del río Misisipi.  Cabe recordar que en el siglo XVI y hasta fines del siglo XVIII recibía el nombre de La Florida un territorio mucho más extenso que el que hoy conocemos por ese nombre. El gobierno de La Florida abarcaba los actuales estados de Florida, Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Tennessee, Alabama y Misisipi. Teniendo el límite en el norte en el paralelo 36ºN. Se dividía en dos regiones Florida oriental y Florida Occidental.

En La Florida occidental los movimientos insurreccionales surgieron en 1814 en zonas del actual estado de Alabama y de la capital Pensacola (debemos recordar la gesta española en la toma de ese territorio en la guerra de independencia norteamericana. https://algodehistoria.home.blog/2020/03/27/un-heroe-y-un-villano/ ).

La situación de La Florida Oriental era aún más precaria y en 1817 por orden de Simón Bolivar las tropas insurrectas tomaron el fuerte San Carlos, situado en la isla de Amelia en la costa nororiental de la Florida cerca de la frontera con Georgia. Poco después intentaron declarar la independencia de la República de Florida, con capital en Fernandina. Aprovechando estos acontecimientos el presidente estadounidense, James Monroe, y su secretario de Estado, John Quincy Adams, que cinco años después sería nombrado presidente de los EE. UU, mandaron un ejército que sofocó la insurrección de Amelia y Fernandina. Aquel ejército estadounidense contó con el apoyo de tropas españolas sitas habitualmente en Cuba. Ahí, España, como el protagonista de la “Gran Estafa”, no sabía que se encontraba ante dos enemigos: los insurrectos y EE.UU. Los primeros a cara descubierta, los segundos de manera más taimada.

En 1818, Andrew Jackson, futuro séptimo presidente de los EE. UU, invadió La Florida e inició lo que en la historia de los EE. UU se conoce como primera Guerra Seminola. La segunda Guerra Seminola se inicia después de la Compra de La Florida. En ellas los norteamericanos luchan contra los nativos de la zona, llevándolos a una reserva primero y, cuando Andrew Jackson alcanza la presidencia en 1829, expulsándolos de su territorio, dando lugar a la práctica desaparición de los indios seminolas en la zona. Esta fue una de las consecuencias de la marcha de España de aquel territorio. Para los amigos de la leyenda negra y de reescribir la Historia (otra gran estafa), cabe recordar que los indios se mantuvieron vivos y dueños de sus territorios hasta que España se fue. Fueron los anglosajones los que exterminaron a los nativos. 

Pero nos habíamos situado en 1818 y la invasión de Florida por los americanos. En ese momento las autoridades norteamericanas proponen a España la compra de aquel territorio. El Gobierno español, con las arcas exhaustas tras la guerra de la independencia, sin fuerzas para soportar más conflictos, envió a Luis de Onís en representación de Fernando VII para negociar las condiciones de venta de La Florida, siendo John Quincy Adams el representante estadounidense. De ahí que aquel tratado se conociera como Tratado de Adams-Onís. El documento del acuerdo se redactó y firmó en Washington el 22 de febrero de 1819, pero no fue ratificado por las Cortes españolas y refrendado por nuestro rey Fernando VII hasta dos años después, de ahí que algún lector haya podido ver a lo largo del año pasado noticias que señalaban que estábamos ante el bicentenario del acuerdo.

El primer nombre que tuvo el tratado fue “Tratado de Amistad, arreglo de diferencias y límites entre su Majestad Católica de España y los Estados unidos de América”. Demasiado largo para ser el texto por el que nos desplumaron en una de las mayores estafas históricas de todos los tiempos.  

“El documento original presenta siete páginas donde ambos representantes de cada nación ponen fin a las diferencias entre los dos países y se establecen una serie de límites fronterizos en lo que respecta a América Septentrional.

El tratado original, una vez presentadas ambas partes, se conforma de dieciséis artículos, destacando el primero, muy importante, ya que se dispone que haya “una paz sólida e inviolable, y una amistad sincera entre S. M. C, sus sucesores y súbditos, y los Estados Unidos, y sus ciudadanos, sin excepción de personas ni lugares”.

El segundo artículo también es esencial ya que ocupa la parte más crucial de las negociaciones donde España cede a los Estados Unidos los territorios que se hallaban al Este del Misisipi, que se conocían en ese momento como la Florida Occidental y la Florida Oriental.

El siguiente artículo es el más largo de todo el documento ya que es donde se realiza la división territorial y se citan con exactitud los lugares, ciudades y territorios pertenecientes a cada nación después de la firma del tratado y como se fijan sus fronteras.

En los siguientes puntos se redacta una serie de cuestiones sociales, políticas y económicas. Entre estos se puede destacar el número cinco donde se decreta que se respete la religión de los habitantes de todo el territorio que pasa a los Estados Unidos sin restricciones. También el siete, donde se promete que las tropas del rey de España abandonarán los territorios cedidos a Estados Unidos en un plazo de seis meses tras la firma del documento. El precio por la venta de La Florida, 5 millones de dólares, queda registrado en el número once. También en los últimos puntos se fijan los límites en la navegación de barcos españoles en aguas americanas, dónde Estados Unidos se compromete a comprar productos españoles para ese territorio.

Uno de los detalles más importantes de la negociación es la intención de los dos países de que haya paz y buenas relaciones entre ambos. Una muestra de ello es cuando en los últimos puntos se decreta que no haya indemnizaciones por daños y perjuicios respecto a incidentes y cuestiones que se produjeran antes de la fecha actual de la firma”[1]

Así pues, la venta fue la solución con la que España de deshizo del mismo territorio que había reclamado Ponce de León en 1513 y por el que Bernardo de Gálvez había luchado hasta la heroicidad en el S. XVIII. https://algodehistoria.home.blog/2020/07/03/la-presencia-espanola-en-ee-uu/

De modo inmediato a su ratificación, España se hacía con la plena soberanía de Texas (aunque apenas pudo explotar sus riquezas) a cambio de ceder Florida y Oregón y, por su parte, Estados Unidos lograba llegar hasta la costa oeste con el segundo de los territorios. Washington obtuvo luz verde para expandir su frontera hasta el Pacífico por encima del paralelo 42, lo que le permitía potenciar las relaciones marítimas y comerciales con Europa.

Como consecuencia del tratado, la gran mayoría de la población española en La Florida emigró a Cuba, atrás dejaron su huella en un territorio marcado por el paso español, principalmente en muchos de los nombres que todavía hoy se conservan, pero de una manera más escasa de lo deseable en nombres y algunos edificios: (iglesias, edificios gubernamentales, fortalezas …) y con apenas descendientes de españoles de entonces. La segunda consecuencia ya la relatamos en relación a los indios seminolas.

Pero la gran estafa, en términos económicos, provino de que los cinco millones de dólares, cantidad que en sí misma ya suponía una cifra ridícula, no se cobraron, pues en contra de lo que señalaban los últimos puntos del acuerdo, los americanos los computaron como parte de las compensaciones que, a decir de EE. UU, España les debía. Lo que demuestra que España no acertó a negociar y concretar el modo de pago de aquellos millones, y que nuestra debilidad, después de haber sido el mayor imperio del mundo, era extrema, propia de una nación sombra de lo que fue por culpa de unos gobiernos nefastos de Fernando VII. Nos estafaron, pero lo peor es que no lo supimos ver. O, si se vio, se prefirió olvidar el sacrificio hecho por tantos españoles en el descubrimiento, evangelización, ilustración y mantenimiento de aquel territorio. Es cierto que la necesidad nos acuciaba y que las armas no hubieran podido darnos un mejor resultado, al contrario, pero un mal gobierno siempre lleva una mala negociación y pésimas consecuencias.

El 3 de marzo de 1845, Florida se convirtió en el estado número 27 de los Estados Unidos de América.

 

BIBLIOGRAFIA

Documento del Tratado de Adams-Onís.

PALACIO ATARD, Vicente. “La España del siglo XIX”. Ed. Espasa- Calpe. 1981.

AGUADO BLEYE, Pedro. “Historia de España” Espasa Calpe. 1956.

 

[1] Análisis del documento del acuerdo realizado por la Biblioteca Nacional donde se encuentra depositado

EL TRATADO DE ALCAZOBAS

Alcazobas, en castellano, a veces escrito como Alcazovas y en portugués como Alcáçovas, es una ciudad portuguesa de la zona del Alentejo. Allí se firmó el 4 de septiembre de 1479, el tratado que pone fin a la llamada guerra de sucesión castellana- nombre que genera no pocos conflictos en relación a otras guerras de sucesión y por ello muchos historiadores se limitan a formular como “Guerra de 1474 a 1479”-.

Aquel enfrentamiento tuvo un doble carácter, por un lado, es una guerra civil y, por otro, una guerra internacional y cuyas repercusiones decidirán el futuro del Mundo.

Los conflictos castellanos se remontaban desde antiguo y enlazaban a diversos reinos y condados de la península ibérica. Ahora nos situamos en la caótica corte de Enrique IV donde los enfrentamientos entre diversos bandos nobiliarios eran constantes. El carácter y las peculiaridades del propio monarca no ayudaban mucho. Casado con Blanca de Navarra, no obtuvo descendencia y buscó la fórmula para anular el matrimonio y casarse con Juana de Portugal. De ese segundo matrimonio nació Juana que sería nombrada heredera. Sin embargo, la nobleza castellana era más partidaria de considerar herederos a los medio hermanos- hermanos de padre- de Enrique: Alfonso e Isabel.

Las presiones de la nobleza obligan al rey a cambiar el testamento y nombrar a su hermano Alfonso como heredero al trono de Castilla. Entre las razones que se aducen para tal cambio está el rumor de que Enrique es impotente y que Juana no es su hija sino hija de su favorito, Beltrán de la Cueva, de ahí que a Juana la motejen como “la Beltraneja”.

La verdad es que sobre las peculiaridades físicas y tendencias sexuales de Enrique se ha escrito mucho, quizá lo más interesante se lo debamos a Gregorio Marañón que realiza su “Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo” (Madrid 1930) y en el que llega a la conclusión de que el rey sufría diversas deformidades físicas y psicológicas, concluyendo, entre otras cosas, que posiblemente era impotente, aunque no afirma tajantemente que fuera homosexual. De ambas cosas se le acusaba en las crónicas de su tiempo.

Fuera como fuese, el descontento reinaba en Castilla y, por ello, en 1465, los nobles, reunidos en Ávila, acuerdan destronar a Enrique y nombran rey a Alfonso (de 12 años entonces) en la denominada “farsa de Ávila”. Estalla así una guerra que no terminará hasta 1468, con la muerte de Alfonso.

Para los que no aceptaban a Juana como heredera, la sucesión debía pasar entonces a Isabel. El rey Enrique se avino a negociar. En 1468, Enrique e Isabel firmaron un acuerdo, el “Tratado de los Toros de Guisando”, por el que Enrique declaraba heredera a Isabel, reservándose el derecho de acordar su matrimonio, y las distintas facciones de la nobleza renovaban su lealtad al rey. Enrique trató de casar a Isabel con Alfonso V de Portugal. Pero Isabel, en 1469, se casa en secreto en Valladolid con Fernando de Aragón. Enterado el rey Enrique, consideró violado el Tratado de los Toros de Guisando y proclamó a su hija Juana como heredera; además, la casa con Alfonso V de Portugal.

En 1474 muere Enrique IV y cada una de las dos candidatas al trono son proclamadas reina de Castilla por sus respectivos partidarios.

Los nobles y las ciudades castellanas se dividen en sus apoyos. Así Ávila, Valladolid, Tordesillas, Toledo…, reconocen a Isabel como reina; otras, como Burgos, Zamora y las ciudades andaluzas, prefieren esperar a que se aclare la situación. Igual vacilación se nota en el alto clero y la nobleza. El cardenal don Pedro González de Mendoza, el arzobispo de Toledo —don Alfonso Carrillo—, el conde de Benavente, el marqués de Santillana, el duque de Alba, el Almirante, el Condestable, el duque de Alburquerque —don Beltrán de la Cueva— juran a doña Isabel como reina legítima de Castilla. Pero el duque de Arévalo y don Diego López Pacheco, marqués de Villena, se niegan a rendirle homenaje. En resumen, la nobleza andaluza, extremeña y manchega se posicionó al lado de Juana, el resto de la nobleza y las principales ciudades estuvieron con Isabel.

Habíamos señalado que, además de un enfrentamiento civil, aquella guerra tuvo carácter internacional.

La boda entre Isabel, heredera de Castilla, y de Fernando, futuro rey de Aragón, había suscitado inquietudes en Francia y Portugal; aquellas naciones veían con disgusto que se constituyese un bloque que fortaleciera a Castilla que era el reino hegemónico en la economía y la política peninsular. Portugal pretendía que aquella fuerza se inclinase a su lado formando un reino entre Castilla y Portugal, guiado por el rey portugués y que redoblara sus pretensiones en la costa atlántica. Por su parte, Francia no veía con buenos ojos aquella empresa castellano-aragonesa porque eso robustecía a Aragón, vigorizando su presencia en Italia, en la que el rey de Francia Luis IX tenía grandes aspiraciones. Por tanto, Portugal participó del apoyo de Francia en contra de Isabel y a favor de Juana. Castilla y Aragón contaron con el favor de Inglaterra y Borgoña a las que la potencia de Castilla importaba bastante menos que la de Francia.

Las hostilidades empiezan en mayo de 1475, cuando tropas portuguesas pasan la frontera castellana y los nobles castellanos hostiles a Isabel entran en rebeldía.

Las tropas de Isabel ocuparon Toledo y fortificaron Ciudad Real y Badajoz. Por su parte, las fuerzas de Juana se situaron en torno al valle del Duero y tomaron Toro para facilitar la entrada del ejército portugués. Castilla recupera Burgos y emprende la reconquista de Toro. La batalla de Toro está considerada por la historiografía como la más importante del conflicto, aunque estudios recientes consideran que no lo fue tanto y ponen el foco en la toma de Segovia por los Castellanos. La importancia de Toro no estuvo en el resultado de la batalla en sí, que una parte de las fuentes consideran ganada por los portugueses gracias al príncipe Juan (futuro Juan de II de Portugal) y otras dejan un resultado incierto. Pero lo trascendente de la misma estuvo en la forma de afrontar el resultado mientras el Rey de Portugal se dedicaba a reorganizar sus tropas, su hijo se dedicaba a la propaganda, lo mismo que Fernando, el cual envió correos a todas las ciudades de Castilla y a varios reinos extranjeros, dándoles la noticia de una gran victoria, en la que las tropas portuguesas habían sido aplastadas. “Los dos quisieron beneficiarse de la propaganda de la victoria [Sin embargo, mientras que la opinión pública castellana era decisiva para el desenlace de la guerra civil, la portuguesa no lo era][1].

Ante aquellas noticias los nobles castellanos partidarios de Juana empezaron a desertar y su partido en Castilla prácticamente desapareció. Es verdad, como cuenta parte de la historiografía, que, desde la toma de Burgos por parte de Isabel, los partidarios de Juana habían empezado a disminuir, y con la decisiva toma de Segovia y el tesoro castellano, Isabel pudo pagar generosamente a sus partidarios que se incrementaron ampliamente.

Tras la batalla de Toro las tropas portuguesas aún tuvieron fuerzas suficientes para plantar cara a las castellanas durante al menos tres meses en territorio de Castilla. Otro factor acompañó a las tropas castellano- aragonesas y fue la neutralización que la reina de Navarra logró de las tropas francesas y la victoria de Castilla en Fuenterrabía frente a los galos. Estos hechos lograron que se firmara una tregua entre Aragón y Francia que, Alfonso V de Portugal, tras la batalla de Toro, intentó en vano que no se renovase.

La última batalla de la guerra de sucesión fue la batalla de la Albuera, en Mérida, el 24 de febrero de 1479, que se saldó con la victoria de las tropas isabelinas, pero el rey Alfonso logró alcanzar y proteger para sus intereses Mérida y Medellín que siguieron en manos portuguesas hasta el Tratado de Alcazobas, que es el que pone fin a la guerra. El tratado se firmó en primera instancia el 4 de septiembre de 1479 entre los representantes de los Reyes católicos y el príncipe Juan en representación del rey de Portugal. El tratado fue ratificado por Alfonso V de Portugal el 8 de septiembre de 1479 y por los Reyes Católicos en Toledo el 6 de marzo de 1480, por lo que también se le conoce como Tratado de Alcáçovas-Toledo.

Se dice que en este acuerdo Castilla gana en tierra y Portugal en el mar.

Sus acuerdos principales fueron:

  • Además de poner fin a la guerra, Alfonso V renuncia al trono de Castilla y los Reyes Católicos renuncian al trono portugués.
  • Reparte los territorios del Atlántico entre los dos países. Portugal mantiene el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla se le reconoce la soberanía sobre las islas de Canarias.
  • Reconoció que el impuesto denominado el quinto real fuese percibido por Portugal en los puertos castellanos, incluyendo a los barcos que hubiesen zarpado hacia la Mina de Oro antes de la firma del mismo. El quito real era un impuesto percibido por la corona sobre las mercancías traídas por barco a la Península desde los territorios del Atlántico denominados “Guinea” y “Mina de Oro”.
  • Reconoce a Portugal la exclusividad de la conquista del Reino de Fez.
  • Concede el perdón a los castellanos juanistas

En paralelo al tratado de Alcáçovas se negociaron las llamadas “Tercerías de Moura”, que resolvían la cuestión dinástica castellana imponiendo a Juana de Castilla, rival de Isabel, la renuncia a todos sus títulos castellanos y su reclusión en un convento. También acordaban la boda de la infanta Isabel, hija de los Reyes Católicos, con el nieto del rey portugués, único hijo del príncipe Juan, también llamado Alfonso. La enorme dote pagada por los padres de la novia representa la indemnización de guerra obtenida por Portugal.

Como consecuencias del tratado se producen los siguientes hechos:

  • Castilla reconoce y acepta la expansión portuguesa en África.
  • El reparto de la costa atlántica se hizo en virtud de los paralelos de la tierra, aunque la historiografía discute este punto, el hecho cierto es que por este reparto la legitimidad española sobre el descubrimiento de América por Colón fue puesta en entredicho por Portugal que consideraba que el nuevo mundo le correspondía como propiedad a Portugal. Esto llevó a intensas negociaciones y a la búsqueda de los Reyes Católicos del apoyo papal que obtuvieron en 1493 por una serie de bulas papales llamadas “bulas alejandrinas”, que les otorgaban las tierras descubiertas por Colón y venían a establecer un nuevo reparto del Atlántico. Aunque el rey de Portugal protestó, acabó aceptando el nuevo reparto con ligeras modificaciones en relación a las bulas alejandrinas, en el Tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494. Entonces no se conocía aún la dimensión de lo descubierto por Colón y a Portugal lo que le interesaba a mantener abierta la ruta hacia la India, la ruta de las especias, tan lucrativa en aquellos tiempos y limitada en la ruta por el Mediterráneo por el bloqueo turco.
  • En la práctica, este acuerdo garantizaba al reino portugués que los españoles no interfirieran en su ruta del Cabo de Buena Esperanza y que Portugal no interferiría en las nuevas tierras descubiertas por los españoles en América.
  • El acuerdo también tuvo otra serie de clausulas sobre los límites de zonas pesqueras en áfrica y los límites del reino de Fez.
  • El tratado de Alcazobas tuvo también otra importante consecuencia andando el tiempo. La boda entre la hija de los Reyes Católicos, Isabel, y el nieto del rey de Portugal, Alfonso, se celebró en 1490. Al morir Alfonso a los pocos meses, Isabel contrajo matrimonio en 1497 con el nuevo heredero al trono portugués, Manuel I de Portugal- primo de Juan II-. Tuvieron un hijo que murió a los dos años de edad. Poco después moría Isabel. Su hermana, María de Aragón, contraería nupcias con Manuel I. María y Manuel I tuvieron una hija, Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España y madre de Felipe II. Por este ascendiente, Felipe II pudo reclamar la corona de Portugal tras la muerte de Sebastián I. Felipe II fue coronado rey de Portugal el 16 de abril de 1581 en las Cortes de Tomar, logrando así “la unión ibérica”.

BIBLIOGRAFIA

CARRASCO MANCHADO, Ana Isabel. “Isabel I de castilla y la sombra de la ilegitimidad, propaganda y representación en el conflicto sucesorio”. Sílex ediciones. 2006.

AGUADO BLEYE, Pedro. “Manual de Historia de España”. Espasa.1963

UBIETO, REGLA, JOVER Y SECO. “Introducción a la Historia de España”. Ed. Teide. 1983.

[1] Carrasco Manchado. “Isabel I de castilla y la sombra de la ilegitimidad, propaganda y representación en el conflicto sucesorio. Pag. 195