Hoy nos vamos a sumergir en un acontecimiento que permanece en la penumbra de la historia, por culpa de la llamada “Leyenda Negra” y por el poco interés español en resaltar nuestras grandes empresas. La Historia contada por ingleses, holandeses y otros países ha ampliado la importancia de la derrota de la Armada Invencible española en 1588 y ha minimizado la derrota de la armada británica, ideada para conquistar España al año siguiente. Hoy hablamos de la conocida como la “contra-armada” inglesa o también como la Invencible Inglesa o la Contra Armada de Drake-Norreys
Después del fracaso de la Gran Armada española en su intento de invadir Inglaterra en 1588, Isabel I de Inglaterra preparó una enorme flota de represalia . La misma contó con 180 barcos y 27.667 hombres. Es fácil comprender el nombre dado a aquella empresa, se trataba de idear una flota que fuera la réplica de la Invencible española. Se encargó su mando al corsario Francis Drake, y como general de las tropas de desembarco, se nombró a John Norreys.
Entre las muchas diferencias entre la expedición española y la inglesa, la esencial era el sentido nacional de la empresa española, con Felipe II como gran ideólogo frente al sentido comercial de la inglesa, que en parte definía lo que posteriormente sería su forma imperial, mayoritariamente con colonias comerciales de transito y no de asentamiento. La contra armada inglesa fue financiada por una compañía comercial a base de emisión de acciones con un capital limitado a 80.000 libras. Un cuarto de esa cifra lo abonó la Reina, un octavo el gobierno holandés, siempre tan poco amigo de su antigua metrópoli. El resto del capital lo aportaron nobles, mercaderes, navieros de toda condición, avariciosos de quedarse con las rutas españolas hacia América y gremios de todo tipo. No era la primera vez que en Inglaterra se actuaba así. De esta manera se habían financiado varias expediciones piratas, basadas en la sorpresa y el avituallamiento in situ, una vez tomada la plaza. Pero en esta ocasión, el sistema se demostraría calamitoso. Todos los inversores esperaban obtener grandes beneficios, empero, acabó con la quiebra de muchos de ellos y en especial de la corona inglesa de Isabel I.
Una segunda diferencia entre ambas empresas invasoras, se fundamentó en que la española estaba dirigida por profesionales de la navegación, por más que los elementos y sobre todo la dificultad de la invasión en una zona costera mal elegida y con las carencias propias de aquella época en los conocimientos de carácter técnico-científicos como para lograr el éxito. Esas mismas dificultades técnicas tenía la aventura británica, pero con el agravante anglosajón de encargar la dirección de la empresa a un pirata. Drake no era un Almirante para tal fin, si bien había tenido un éxito reconocido en el ataque a Cádiz en 1587.Pero su falta de experiencia en batallas militares le llevó a cometer diversos errores que a la larga precipitaron el fracaso de aquella expedición. Para empezar, desconocía los elementos básicos de la logística naval en este tipo de enfrentamientos lo que creó un problema de avituallamiento considerable y aunque no tuvo que luchar contra los elementos, los elementos tampoco le fueron del todo propicios en el inicio de su andadura, así, el mal tiempo afectó a la salida de la flota, una vez se completó ésta, porque el primer retraso se produjo debido a que los holandeses no proporcionaron todos los barcos de guerra que habían prometido, todo ello pospuso la hora de la partida y, con ello, se consumió un tercio de las provisiones embarcadas para toda la travesía antes de salir del puerto (alguien debería estudiar el excelente sistema de aprovisionamiento de la Invencible española para que en tan larga travesía nunca faltara alimento a sus integrantes). Drake no fue capaz de preverlo, pensaba, como buen pirata, que llegando a España se aprovisionarían con lo que robaran durante el asalto a las ciudades costeras. Pero no sólo se olvidó de embarcar los alimentos necesarios, sino que también se olvidó de portar las armas de asedio, indispensables para tomar fortalezas, y la caballería, imprescindible para lanzar cargas en las operaciones en tierra. Con estos pertrechos, aquella flota partió del Puerto de Plymouth el 13 de abril de 1589.
Tres eran las misiones esenciales de armada de Drake, que se enlazaban unas con otras a modo de gran fábula:
La primera y fundamental era destruir, en Santander, a la Gran Armada española varada en los astilleros norteños para ser reparados tras la derrota en las costas inglesas. Pensaban que conseguido esto, España se quedaría huérfana de flota en el Atlántico europeo.
La destrucción de la armada española dejaría el mar expedito para cumplir su segunda misión: conquistar Lisboa. Esto convertiría a Portugal en país satélite de Inglaterra, la cual penetraría en el imperio luso. Para ello, se apoyaban en el Prior Antonio de Crato, primo de Felipe II y pretendiente al trono luso frente al Rey español que acababa de heredar la corona vecina de su madre, Isabel de Portugal. Crato había firmado previamente unas rigurosas cláusulas que, de cumplirse, transformaban a Portugal en un protectorado de Inglaterra.
Si todo lo anterior acontecía, su tercera misión era apostarse en las Azores; la fábula británica pretendía llegar igualmente a Sevilla, capturar la flota de Indias y hacerse con las riquezas de ultramar. De este modo, Inglaterra sería la nueva dueña del Atlántico y se aprestaría a usurpar las rutas oceánicas españolas.
Como vemos, toda la fabula inglesa se sustentaba en un asalto imposible y en la creencia de que España estaría baja de moral tras la derrota de la invencible y de que los portugueses se rendirían en sus brazos. Nada de eso ocurrió. El resultado fue un completo fracaso, una derrota sin precedentes de la Inglaterra isabelina, el desastre de su flota y la caída en desgracia del corsario Drake .
Pese a que la intención primera de la Armada inglesa era atacar Santander para acabar con la Armada Española, Drake manda virar y dirigirse a La Coruña. ¿Los motivos? No están del todo claros, pero parece que el hambre se había apoderado ya de los barcos y los motines florecían, además corría el rumor, no sólo entre la marinería sino que el propio Drake creía en él, de que en La Coruña se escondía un tesoro fabuloso. Por tanto, bien por voluntad propia bien impulsado por sus marineros piratas, la Contra Amada olvidó el primero de sus objetivos y puso rumbo a La Coruña.
El 4 de mayo de 1589, la flota inglesa llegaba a la altura de La Coruña, cuyas defensas eran bastante deficientes: unos 1.500 miembros de la guardia más un número considerable de población civil, cuya presencia en la contienda fue decisiva. En cuanto a la flota disponible, tan solo se contaba con el galeón San Juan, la nao San Bartolomé, la urca Sansón y el galeón San Bernardo, así como con dos galeras, la Princesa y la Diana. El 5 de mayo, unos 8.000 soldados ingleses desembarcaron en la playa de Santa María de Oza, llevando a tierra varias piezas de artillería y batiendo desde allí a los barcos españoles que no podían cubrirse ni responder al fuego enemigo. Durante los siguientes días, los ingleses penetraron, sin muchas dificultades a la parte baja de La Coruña, saqueando y matando a numerosos civiles. Cuando los ingleses se lanzaron hacia la parte alta de la ciudad, comenzaron para ellos los problemas. Las murallas coruñesas resguardaban a la guarnición y la población de la ciudad, los cuales se defendieron con gran determinación, ocasionando la muerte de más de 1.000 ingleses asaltantes. Fueron en tales hechos donde sobresalió la heroína popular María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, es decir, María Pita. Cuando los ingleses pretendían avanzar, ya muy mermadas las fuerzas españolas, esta coruñesa arremetió contra un alférez que arengaba a sus tropas, le atravesó con una pica, le arrebató el estandarte, provocando ante tal escena la elevación de la moral hispana. María pita no fue la única mujer destacada en la defensa de La Coruña. La necesidad de personas en la defensa hizo que en la población civil actuaran con gran arrojo mujeres y niños, que se convirtieron en el grueso de la defensa de la ciudad y de España. Entre aquellas heroicas féminas también fue distinguida Inés de Ben. Felipe II las condecoró; a María Pita la nombró “Alférez Perpetuo”.
El 18 de mayo, las tropas inglesas decidieron abandonar la ciudad. En Coruña quedaron 1.300 ingleses muertos, varios buques y barcazas hundidas, además, las epidemias empezando a hacer estragos entre la soldadesca invasora, todo lo cual provocó el desmoronamiento de la moral anglosajona y el alzamiento de la indisciplina. En la huida, diez buques con unos 1.000 hombres decidieron desertar, tomando rumbo hacia Inglaterra. El resto de la flota se dirigió hacia Lisboa.
El 26 de mayo de 1589, la flota inglesa con el Prior Crato, fondeó en la ciudad de Peniche, desembarcando la tropa al mando de Norreys. Mientras tanto, Drake puso rumbo hacia Lisboa, con el plan de penetrar por la boca del Tajo y bombardear la ciudad desde el mar y que, por tierra, Norreys apoyara dicho ataque, suponiendo que se le irían uniendo partidarios del prior Crato. Pero tal deseo no se cumplió. Crato no era un candidato demasiado apreciado; además, puestos a depender de un extranjero, los portugueses preferían al vecino hispano con el que se identificaban mejor que con el inglés; así que, los portugueses lejos de sublevarse a favor de Crato se aplicaron en la defensa contra los anglicanos con bastante empeño. Así las partidas hispanoportuguesas (unos 7.000 hombres entre hispanos y lusos) con constantes ataques, causaron cientos de bajas, al tiempo que vaciaban la ciudad de materiales, pertrechos y todo cuanto podía ser utilizado por los ingleses. La situación inglesa al llegar a las puertas de Lisboa, era dramática, sin caballos, sin pólvora, sin cañones, sin munición, sin alimentos y sin Drake que se mantenía con su flota en las afueras del puerto lisboeta, alegando que la fuerte defensa y el mal estado de la tripulación no le daban posibilidad alguna de entrar en Lisboa. Aunque, conociendo el carácter de Drake quizá estaba a la espera de que la batalla terrestre obtuviese el resultado deseado y, lograda la victoria, hacer acto de presencia y recoger los laureles. Pero lo cierto es que la entrada en la ciudad les resultó imposible. Las desgracias para los ingleses se incrementaron con la llegada a Lisboa de Alonso de Bazán, hermano de Alvaro, atacó a la fuerza terrestre inglesa desde la ribera del tajo. Los ingleses buscaron refugio en el convento de santa Catalina, del cual tuvieron que huir ante la intensidad del fuego artillero español. Para no ser detectados levantaron un campamento en la oscuridad. Los españoles lograron hacerles salir del escondite y arreciando el fuego sobre el campamento enemigo, causaron numerosas bajas entre las tropas de Norreys.
La defensa española se completó con la llegada a Lisboa, el 11 de junio, de nueve galeras al mando de Martín de Padilla. Norreys ordenó la retirada y poner rumbo a Inglaterra, mientras que las tropas españolas salían en su persecución. La derrota del ejército de Norryes fue total. Drake, tomó la valiente decisión de huir, pero Martín de Padilla, gran experto en la lucha en alta mar contra los piratas, lo siguió. Los ingleses sufrieron tal castigo que la flota quedó más que diezmada, se calcula que el 70% de la expedición falleció. Además, los españoles se hicieron con los papeles secretos de Antonio de Crato, que incluían una lista con los nombres de numerosos conjurados contra el Imperio Español. Se apoderaron de doce navíos. Drake logró escapar desesperado por la falta de víveres y el tifus; se dirigió primero a Vigo, pensando en invadir la costa gallega por el sur y ante la imposibilidad de hacerlo, se dirigió a las Azores, sin embargo, otro temporal le impidió llegar a las islas obligándole a retroceder, darse por vencido y ordenar el regreso a Inglaterra.
La indisciplina dominó la flota de Drake hasta el final, así al arribar en Plymouth el 10 de julio con las manos vacías y no pudiendo compensar a la soldadesca con los tesoros prometidos, los motines lograron gran violencia que fue contestada con el ajusticiamiento de varios de los pocos hombres llegados de vuelta.
La expedición de la Contra Armada está considerada como uno de los mayores desastres militares de la historia de la Gran Bretaña, quizá solo superado, siglo y medio después y durante la Guerra del Asiento, por la derrota sufrida en el sitio de Cartagena de Indias de nuevo a manos de tropas españolas.
Sin embargo, los ingleses ganaron en los que ahora se llama el relato. Hay pocos españoles que no sepan del amargo episodio de la Armada Invencible, pero muy pocos conocen que, un año después, Inglaterra reunió una flota aún mayor que la española y que fue derrotada en los puertos españoles y portugueses. Inglaterra consiguió ocultar la vergonzosa retirada durante siglos. Sin embargo, el relato que ha permanecido en la conciencia popular es que tras la Armada Invencible se iniciaba la caída del Imperio Español. Nada más lejos de la realidad. Entre otras razones porque España no pudo invadir Inglaterra, pero no perdió casi barcos; de los galeones enviados, sólo se perdieron 3, la mayor parte de la flota volvió a España, en condiciones penosas, pero no fueron capturados por los ingleses. Felipe II se dio cuenta de la importancia de tener una Armada más poderosa para el tráfico con América y eso supuso un rearme con la construcción de barcos aún mejores. “La Armada Invencible no supuso ninguna quiebra de ningún tipo ni en el comercio con América ni en la defensa de nuestros puertos”, señala el profesor Negueruela[1]. El Imperio todavía viviría sus mejores años. En cuanto al trato recibido por la marinería, Felipe II hizo cuanto estuvo en sus manos para aliviar el sufrimiento de una tropa derrotada. Motivo por el cual, muchos estaban prestos a embarcarse en defensa de la patria en sucesivos viajes. En cambio, Isabel II, con su pregonada tacañería y su visión comercial, no tomó ninguna medida social a favor de los derrotados, de manera que la pobreza y la miseria de apoderaron de ellos. Se morían por las calles sin esperanza alguna de vida, tal como describe Burghley. El cual se avergüenza y clama contra la actitud de la Reina pues consideraba “un horror dejar morir de hambre a aquellos hombres de los que quizá sea difícil volver a conseguir su ayuda, cuando sea necesario”.[2]
Bibliografía.
- La contra Armada: La mayor victoria de España sobre Inglaterra. Luis Gorrochategui .Ed. Planeta de los libros (Tiempo de Historia).
- Imperiofobia y Leyenda negra. Mª Elvira Roca Barea. Titivillus. 2018.
- Resumen de las intervenciones producidas en el I congreso Internacional sobre “ La armada española de 1588 y la Contra Armada inglesa de 1589”. Organizado por el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena.
[1] Ivan Negueruela. Director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática durante la celebración del I Congreso Internaconal dsobre la Armada española de 1588 y la contra Armada inglesa de 1589”
[2] J.F.C “Batallas decisivas del mundo occidental”. Ed. RBA. 2009
( Nota de la autora. Lord Burglehey fue Ministro de Isabel I. Pertenece a la nueva nobleza proveniente del anglicanismo).