El Eurocomunismo

Sabemos que el comunismo desde Marx ha sufrido diversas transformaciones, casi siempre unidas a ciertos fracasos. Una de esas transformaciones fue el llamado eurocomunismo.

Se conoce como “ eurocomunismo” a la ideología que se inserta en los partidos comunistas de Europa occidental, sobre todo, a partir de la invasión de Checoslovaquia por parte de las fuerzas del Pacto de Varsovia en 1968, poniendo fin a lo que se llamó “comunismo de rostro humano” o “ Primavera de Praga”, originada por la teoría de Brézhnev de la “soberanía limitada” ( aunque la teoría es realmente originaria de Suslov). La doctrina Brézhnev o “doctrina de la soberanía limitada” marcó la política exterior de la Unión Soviética en un intento de evitar la democratización o independencia en países socialistas, mediante la intervención militar.  Tal doctrina consideraba el bloque del Este como un todo en el que los países de la Europa oriental no eran independientes. «La URSS no puede ser, ni será jamás, indiferente al destino de la edificación del socialismo en otros países hermanos; tampoco lo será con relación a la causa del socialismo mundial». Trataba así de justificar una intervención del Pacto de Varsovia en cualquier país del bloque oriental que se alejara de los dictados de ”Moscú» y se acercara al capitalismo de Estados Unidos (Seguro que más de un lector se ha acordado de Putin y la intervención en Ucrania).

Esa acción de invasión de Checoslovaquia fue condenada en el oeste europeo, lo que fuerza, de algún modo, a los partidos comunistas del mundo occidental a pronunciarse ante sus respectivas sociedades, sobre la condena o no del sometimiento de los derechos ciudadanos checoslovacos, pisoteados por los tanques soviéticos. Esa situación obliga a los partidos comunistas más importantes de occidente, italiano y francés, a condenar la invasión; explícitamente, los primeros y, con ciertos matices, los segundos.

Son, por lo tanto, los secretarios generales de los partidos comunistas de Francia e Italia, Marchais y Berlinguer, quienes dan consistencia política al eurocomunismo; añadiéndoseles inmediatamente, Santiago Carrillo. Hay que estimar, por lo dicho, que el Eurocomunismo estará siempre unido a esas tres figuras:  Marchais, Berlinguer y Carrillo. Más en los dos segundos que en el primero, que siempre fue más renuente a condenar el comunismo ortodoxo soviético.

Es obvio, sin embargo, que, si bien el concepto eurocomunismo irá ligado a las personas citadas, incluso una de ellas, Santiago Carrillo, escribió un libro bajo ese título- Eurocomunismo-. Éste no es nada más que un proceso ideológico evolutivo, que, partiendo del marxismo, pretende llegar al poder, prescindiendo del Leninismo. Fue una búsqueda de encontrar un camino que compaginara la vía marxista con las democracias occidentales durante el último cuarto del S. XX.  Un camino que diese luz a la crisis de los principios que habían sido básicos en los marxistas clásicos, fundamentado en que la transformación de la sociedad capitalista, debía revisar los tres pilares clásicos: revolución a escala mundial, vanguardia de los países desarrollados y extensión rápida del proceso revolucionario una vez iniciado.

Esta línea de pensamiento no nace de las cabezas de aquellos hombres que tenían responsabilidades representativas en los partidos comunistas occidentales, sino en las cabezas de los intelectuales marxistas/comunistas que, viviendo en el mundo occidental, se dan cuenta de que hay que casar la libertad del mundo en el que viven con la dictadura del proletariado, y que esa libertad en el mundo occidental comporta dos elementos esenciales: “pluralismo” y “elecciones”. Son los grandes teóricos del marxismo occidental: Gramsci,  Althusser, Aragón…, quienes poniendo al día sus ideas marxistas, determinaron, en primer lugar, la separación del leninismo al comprobar que su expansión por occidente no se producía, como habrían creído con anterioridad, y que la resistencia en los países del Éste, era evidente. Con lo que, en segundo término, sentenciaron que la sociedad no se volvería comunista por la vía revolucionaria sino por un medio estrictamente electoral, respetando, en principio, el pluralismo de sus respectivas sociedades. Lo que veían aquellos teóricos era que para Marx la sociedad comunista alcanzaría sus últimos estadios en la conjunción de los logros de sus etapas previas: idea materialista de la Historia, lucha de clases, dictadura del proletariado, sociedad comunista en la que el Estado desaparece. Lenin, por su parte, admite las tres primeras etapas, pero no se pronuncia respecto de la cuarta, pues la considera tan lejana, y a la sociedad tan falta de condiciones para vivir sin Estado, que la ignora. La tercera, la dictadura del proletariado, la entiende como una acción revolucionaria, en la que el proletariado ejerce su acción no como una clase, sino a través de una vanguardia, la formada por el “partido comunista” stricto sensu, que implantado en el Estado (en Rusia), será el faro universal para el desarrollo de la revolución mundial. Es esa vanguardia quien garantiza que no habrá traición a la revolución, es la que asegura la prepotencia del Estado sobre sus enemigos posteriores. Es quien preservará la ortodoxia del propio marxismo, frente a quien pretende alterarlo.

Esas ideas leninistas, aumentadas y elevadas por Stalin, condujeron a una de las mayores dictaduras del Mundo, al imperialismo soviético, y a la añoranza del mismo que ahora sufrimos.

Las posiciones eurocomunistas, primero ideológicas, para pasar a fundamentos de realidad política, consideraron que el momento propicio para lograr su triunfo sería en los años 70 del siglo XX. El eurocomunismo no se presenta como una táctica tras la cual esconder una sustancia inmutable y una inalterada relación con la Unión Soviética; tampoco fue simplemente un proceso de social-democratización de los partidos comunistas de Francia, España e Italia. El eurocomunismo surgió en medio de una crisis general, primero, como hemos señalado por la resistencia de los ciudadanos del Éste a las políticas soviéticas y, después, en occidente con la crisis económica de los años 70, el relentizamiento económico, la crisis energética y la creciente inflación que rompió el equilibrio económico y político creado por Bretton Woods. Los eurocomunistas creían llegado el momento de alcanzar un régimen marxista a través de una revolución democrática, proponiendo una trasformación de la sociedad basada en la “modificación cualitativa de las relaciones entre el consentimiento y la coacción”, como señaló Gramsci. Se trataba de dar una alternativa a las exigencias de las clases trabajadoras sin tener que agotar la vía parlamentaria democrática, utilizando el descontento por la crisis general de las sociedades para lograr un Estado equitativo en el que cada uno tuviera “según sus capacidades y reciba según sus necesidades”

Que esas aspiraciones estuvieran animadas por los partidos comunistas italiano, español y, en menor medida, francés, es lógico si se piensa en las circunstancias históricas de sus respectivos países. Así, en Italia, el llamado “compromiso histórico”, es decir, la convergencia del Partido Comunista italiano y la Democracia Cristiana para una acción de gobierno común estuvo a punto de producirse en plenitud. Se intentaba conseguir el máximo consenso posible en torno a las instituciones democráticas y a través de una política reformista, evitando tentaciones de autoritarismo.

Este compromiso histórico se realizó parcialmente mediante el apoyo externo del PCI al gobierno democristiano de Giulio Andreotti en 1978 y acabó (1980) con el asesinato de Aldo Moro, uno de sus mayores defensores.

Realmente, durante los años 70, el avance electoral del Partido Comunista había sido espectacular, tanto que logró acercarse, por primera vez en su historia, a la mayoría relativa de los votos, pudiendo, por fin, aspirar a gobernar el país en torno a los comicios de 1975 y 1976.

El PCI apostaba por una política de trasformación de la sociedad, por una renegociación de las bases sociales y una nueva orientación socialmente equitativa. El PCI se ponía en la primera línea como alternativa política, lo que casi los lleva al poder si no llega a ser por la formación del “Pentapartito”, compuesto por los democristianos de Giulio Andreotti y el Partido Socialista Italiano (PSI), el Partido Socialista Democrático, el Partido Liberal y el Partido Republicano. En el fondo la sombra del viejo comunismo era alargada.

Contemporáneamente en Francia, la situación era parecida: el movimiento de mayo de 1968 contribuyó a la decadencia del golismo, que aceleró irrevocablemente la muerte del propio General De Gaulle. La elección de Valery Giscard d’Estaing como presidente y el nombramiento de Jacques Chirac como jefe del Gobierno no fueron suficientes para detener la crisis: el nuevo ejecutivo, caracterizado por el nacionalismo populista-golista, se enfrentaba a una grave crisis y a un avance significativo de los partidos de izquierda. Las huelgas generales y la organización de varias movilizaciones demostraban la existencia de un malestar generalizado y un fuerte deseo ciudadano de cambio. Mientras tanto, el Partido Socialista elegía a su nuevo líder, François Mitterrand, buscando una posible alianza entre las fuerzas de izquierda; la idea parecía ser secundada por el secretario del PCF, Georges Marcháis. El consentimiento alrededor de este acercamiento lo certificó el buen resultado electoral que las izquierdas alcanzaron en 1974, tanto que Mitterrand estuvo a punto de vencer en las elecciones presidenciales: la convergencia entre socialistas y comunistas se presentaba como una posibilidad concreta que contaba con el apoyo de ambas militancias. Si bien, la embajada soviética en París, se mostró encantada de la derrota final de Mitterrand por cuanto el francés criticaba abiertamente al comunismo y resultaba un enemigo muy hábil en su estrategia de reequilibrio de la izquierda.

En esta actitud de colaboración con los socialistas, el PCF abandonó el concepto de dictadura del proletariado y una parte del partido se acerco a los postulados del partido Comunista italiano. Pero esto era más aparente que real, pues el PCF internacionalmente se mantuvo fiel a Moscú y, en 1979, Georges Marchais apoyó la invasión de Afganistán.

En las elecciones de 1981, Marchais criticó el «giro a la derecha» del PS. Pero Mitterrand obtuvo 25% de los votos y sólo el 15% fue para Marchais. Para la segunda vuelta, el PCF exhortó a sus partidarios a votar por Mitterrand, que fue elegido presidente. En aquel primer gobierno de Mitterrand los comunistas tuvieron asiento en el Consejo de ministros.

En España, la situación se presentaba más complicada, la muerte de Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, hizo precipitar el proceso de liquidación del franquismo y la creación de nuevas condiciones políticas, económicas y sociales. Las fuerzas de izquierda, independientemente de su capacidad política, querían asumir un nuevo papel en un estado renovado, favoreciendo la alternativa democrática, potenciada hacia el socialismo. La despenalización del PCE hizo volver a Carrillo y concederle un papel esencial en la vida pública.

Este breve análisis de las condiciones socio-políticas de estos tres países de la Europa meridional, muestra cómo estaban en marcha procesos de crisis y deseos de cambio que, pese a su natural diferencia, revelaban algunos elementos en común: en primer lugar, en los tres países no se aspiraba a un simple cambio de gobierno o a una política reformada: al contrario, se trataba de un deseo concreto de cambio, de una exigencia de ampliación y profundización de la democracia, tanto en las esferas políticas como de la producción. En segundo lugar, las fuerzas políticas, sindicales y culturales que luchaban por la realización del socialismo contaban con el apoyo no sólo de la mayoría de los trabajadores, sino también de otros núcleos sociales. Esta realidad, que parecía más evidente en Italia y Francia, iba preparándose también en España. La presencia de un amplio sector de izquierda deseoso de cambios en general, hacía posible que en estos tres países se plantease concretamente la alternativa democrática-socialista. En tercer lugar, el eje político comunista-socialista constituía en los tres países la columna vertebral del bloque político y social de la izquierda. Sin embargo, el equilibro interno entre comunistas y socialistas era diferente en cada país: en Italia, el eje se inclinaba netamente del lado comunista en todos los aspectos, tanto que el PCI eclipsaba al partido socialista. En Francia la situación se mostraba más complicada en cuanto que, si era efectiva la preeminencia del lado socialista en el plano electoral, el partido comunista se distinguía desde el punto de vista de la organización e implementación en la clase obrera. En España, la situación aún no se presentaba clara, aunque parecía poder asemejarse más bien al caso francés. La coincidencia temporal, la simultaneidad en la exigencia de cambio y la contigüidad geográfica hicieron que las influencias entre ellos fueran apreciables y el deseo de operar conjuntamente también.

Sin embargo, este producto comunista se puede considerar fracasado porque electoralmente nunca alcanzó las cuotas deseadas. La creciente dificultad para compaginar la filosofía de la historia que constituye el hilo conductor del marxismo clásico con los acontecimientos de la lucha de clases del S.XX, hacía caer en tremendas contradicciones a los eurocomunistas; la evidencia que el llamado socialismo real no era más que otra forma de totalitarismo, restaba apoyos. Así, en el caso de España, el PCE fue barrido por el PSOE en todas las elecciones a las que se presentó. En las elecciones del 15 de junio de 1977, el PCE descubrió tener una notable extensión, pero un corto porcentaje de votos. Llenaba plazas de toros, estadios, polideportivos abarrotados por multitudes, pero no llenaba las urnas. Para el Partico Comunista, los resultados de 1977, que dieron la victoria a UCD (con 34,7% de los votos) fueron muy decepcionantes, ya que el partido obtuvo un 9,24%, muy por debajo de sus expectativas y del PSOE (29,2% de los votos).

A esas causas internas se unieron otras externas, sobre todo, de la propia URSS, la invasión de Afganistán, las guerras en Indochina- tras la derrota del imperialismo norteamericano- que llevó a regímenes tan horrorosos como los de Camboya, Vietnam del Norte, Corea del Norte; las crisis de los países del Éste; el mantenimiento de las posiciones leninistas en el movimiento obrero manifestadas en la OIT, y la situación francesa e italiana que tampoco alcanzaron el éxito, colocó a estos partidos en una posición de fragilidad y debilidad, contribuyendo a su declive.

De aquella época y aquellos miedos, procede la retirada del término “marxista” de los partidos socialistas” y del término “ leninista” de los partidos comunistas.

La caída del muro de Berlín y la descomposición de la URSS dejó ver las costuras del comunismo que, carente de ideología práctica ha buscado otras formas de acercarse a la sociedad- muchas de ellas pagadas por Rusia y China (poderosas dictaduras comunistas)- basadas en el ecologismo, el populismo, el wokismo,  nacionalismo y todo tipo de conceptos que en muchos casos son completamente disparatados, con la única finalidad de arrancar las raíces de Occidente y provocar una crisis, no ya económica sino de identidad de la sociedad, que permita, en ese mundo inestable, alcanzar el poder a los nuevos comunistas disfrazados de seda, y, por supuesto, no perderlo nunca más.

BIBLIOGRAFÍA

CARRILLO. S. –“Eurocomunismo, socialismo en libertad escritos sobre eurocomunismo” Ed. Forma. 1977.

DONOFRIO, A.- “ El final del Eurocomunismo y el Partido comunista de España (PCE)”. Universidad de Salamanca. 2013.

DONOFRIO, A .- “El Eurocomunismo, ¿Producto de la crisis económica y política de los setenta?” Revista de Estudios Políticos. 2014.

GRAMSCI. A .-Gramsci y el P.C.I.: entrevista con Norberto Bobbio, en el libro AA. VV.: Gramsci y el Eurocomunismo. Editorial Materiales. 1978.

PARAMIO, L.- “El Eurocomunismo en la Historia del Movimiento Obrero”.- En el libro “Ideologías y movimientos políticos contemporáneos”. Ed ministerio de Educación y Ciencia. Secretaría de Estado de Universidades e Investigación. 1981.

P.S. Felices vacaciones. Hasta septembre.

¿Y SI RUSIA GOBERNARA EN USA?

El título que a algunos puede parecerles ciencia ficción, no lo es. Es más, a punto estuvo de suceder.

Ya vimos hace algún tiempo, como los comunistas se infiltraron en las élites universitarias británicas, dando lugar a la mejor red de espías en favor de la URSS que se haya conocido.

https://algodehistoria.home.blog/2022/01/14/los-5-de-cambridge-o-el-origen-de-james-bond/

Sin embargo, Stalin no se paró en barras y decidió que el comunismo debía reinar también en USA. En USA, antes del “Macartismo” ( 1947 a 1957. Los diez años de McCarthy como senador. Época de persecución contra los comunistas absolutamente desproporcionada, especialmente de famosos artistas o escritores de Hollywood), los comunistas se habían posicionado en las altas esferas del gobierno demócrata de Roosevelt. La figura más peligrosa, pese a no ser un claro militante comunista, era Henry Wallace; desde 1940 vicepresidente de los Estados Unidos.

Wallace estudió biología y se convirtió en especialista en genética de las plantas. En 1932 fue nombrado secretario de Agricultura (equivalente a nuestros ministros). Su labor como ministro fue desastrosa para la economía americana. Era un experto en agricultura, pero no en política agraria. Con él los precios se dispararon en una época en la que aún estaba reciente la crisis del 29 y donde el hambre se cebaba con la población. A pesar de ello, se convirtió en el líder del sector más radical del Partido Demócrata y, con esos antecedentes, en 1940, fue nombrado vicepresidente.

Wallace presentó su apoyo incondicional a la Internacional comunista. El contraespionaje americano no logró identificarlo como militante comunista, pero sí creían que recibía órdenes de Stalin. Sus maniobras en favor de los comunistas chinos coadyuvaron a la llegada al poder de Mao Tse Tung en 1949. Conocía perfectamente a otros infiltrados y los dejo hacer, sin informar al presidente Roosevelt, evidentemente.

En aquellos años, se inició el proyecto Verona, que fue un programa de contrainteligencia americano que funcionó desde el 1 de febrero de 1943 hasta el 1 de octubre de 1980. Fue un proyecto exitoso cuyo objetivo era descifrar los mensajes transmitidos por las agencias de inteligencia de la Unión Soviética.

Durante los treinta y siete años que duró el proyecto Verona, el Servicio de Inteligencia de Señales descifró y tradujo aproximadamente 3.000 mensajes. Como resultado del proyecto se descubrió la red de espionaje de los cinco de Cambridge, como ya vimos,  y el espionaje soviético del Proyecto Manhattan en Estados Unidos, (el Proyecto Manhattan permitió la creación de las armas nucleares. Aquel proyecto, en el que trabajaban USA, Canadá y Gran Bretaña, reunió a un grupo de científicos liderados por el físico nuclear Robert Oppenheimer). El proyecto Verona permaneció en secreto durante más de 15 años después de su conclusión. Algunos de los mensajes soviéticos descifrados no fueron desclasificados y publicados por Estados Unidos hasta 1995.

Cuando se desvelaron aquellos mensajes, se pudo comprobar la gran penetración de la URSS en el Gobierno americano.

En torno a 1941, tras el enfrentamiento soviético contra los nazis, ser comunista no estaba restringido en USA, ni demasiado mal visto. Podían actuar con cierta libertad. Los principales espías se colocaron en los Departamentos de Defensa y de Estado. Así, el comunista Bill Donovan se convirtió en asistente principal del director de la CIA. Alger Hiss, probablemente el más famoso de los comunistas, fue uno de los más altos funcionarios durante la guerra, estuvo como consejero de Roosvelt en Yalta. Cuando terminó la guerra trabajó para la ONU en San Francisco. Sufrió un juicio por perjuro que tuvo enorme seguimiento. Fue una especie de rememoración de lo ocurrido con Al Capone, puesto que no pudieron enjuiciarlo por traición porque el delito había prescrito.

Otro destacado comunista fue Harry Dexter White que llegó a ser subsecretario del tesoro- pasó las planchas auténticas del dólar durante la guerra a la URSS-. Sus ideas de ruralizar Alemania y dividirla en trozos hubiese sido desastroso, pero no se llegó a aplicar su plan al ser desenmascarada su condición de espía. No llegó a juicio porque se suicidó.

Por último, cabe hablar de tres personajes: L. Duggan; L. Currie y Harry Hopkins. Duggan fue junto con Hiss y White, miembro de la NKVD (precursor del KGB) soviético. Fue el jefe de la oficina para Sudamérica del Departamento de Guerra. Currie fue el principal asistente administrativo de Roosevelt. Informaba regularmente de absolutamente todo lo que veía o leía al NKVD. Acusado de espionaje después de la Guerra, huyó a Colombia donde vivió el resto de su vida en paz. Hopkins está considerado el espía más importante que tuvo Stalin en USA. Su actitud fue siempre pro comunista, vendió gran cantidad de uranio a Rusia, lo que estaba prohibido, señaló al ministro de exteriores soviético Molotov – que entonces tenía muy mala prensa en la casa Blanca- qué debía decir a Roosevelt para conseguir el apoyo norteamericano al plan soviético de invasión aliada de Europa.

Pero casi peor que los espías fueron los miembros de la administración americana que, o no se enteraron de nada, o no fueron capaces de transmitir los peligros de aquella penetración soviética en su administración. Un hombre tan brillante y buen gestor como Adolf Berle, que desde 1938 y hasta 1944 fue secretario de Estado Adjunto para América latina, conocedor y poseedor de pruebas irrefutables de que Hiss era espía fue incapaz de presentar el caso a Roosevelt de manera convincente para que el presidente le creyera. Roosevelt también ignoró la evidencia presentada por algunos otros colaboradores sobre las maniobras de otros espías.

Así las cosas, no es extraño que Stalin pensara que Roosevelt era fácilmente manipulable.

Tampoco el presidente americano ni Churchill llegaron a ver el alcance, en los momentos de las conferencias de paz, de los planes de invasión de Europa del Este, o de las infiltraciones comunistas en sus respectivos países, ideadas por Stalin. De hecho, mientras se desarrolló la Conferencia de Teherán, Roosevelt se alojó en la embajada soviética en la capital iraní, por no ofender a Stalin, aún a sabiendas de que sus habitaciones estaban llenas de micrófonos.

La conferencia de Teherán reunió a Roosevelt, Churchill y Stalin entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1944. Fue allí donde se tomaron las decisiones más importantes sobre Europa del Este y no en la posterior conferencia de Yalta. A aquella reunión llegó Roosevelt con una salud delicada que empeoró a raíz de la presión de aquellas conversaciones. Sólo sus asesores y médicos sabían lo mal que estaba el presidente norteamericano; aunque debido a su vanidad, presunción y a su capacidad para disimular, logró engañar a los presentes en aquellas negociaciones sobre su auténtico estado de salud.

Roosevelt regresó a USA, en un incómodo avión militar, nada equiparable a los viajes presidenciales actuales, con lo que se dijo, era un catarro por el frío pasado en Irán y se le recomendó reposo. Pasó unos días en Georgia, pero la bronquitis no remitía. Su afán por aparentar salud se debía entre otras razones a su intención de presentarse a un nuevo mandato- el cuarto-. Ya en 1939 el doctor que lo atendía le advirtió que no debería presentarse a una tercera reelección porque no aguantaría los 4 años de legislatura y que, de hacerlo, debía escoger a un buen vicepresidente, es decir, a su posible sustituto. Pero en vez de eso eligió a Wallace pese al carácter radical y a sus evidentes conexiones comunistas.

De cara a las elecciones de 1944, de nuevo debía elegir ticket electoral. Wallace tenía una considerable oposición entre los pesos pesados del Partido Demócrata, pero era entre la población un hombre muy popular. Sobre todo, tenía gran influencia en el movimiento sindical a través de su amistad con el sindicalista Hillman, que era socio del jefe del Partido Comunista Americano.

Stalin estaba encantado con Wallace, se dice incluso que parte de la mala salud del presidente Roosevelt en Irán se debió a que fue envenenado por los rusos con la finalidad de que Wallace fuera nombrado presidente y así convertir a USA en un estado comunista -lo del envenenamiento no está demostrado-.

Si Wallace hubiera sido presidente hubiera elegido vicepresidente a Duggan y como secretario del tesoro a Harry Dexter White. Su jefe de gabinete hubiera sido, el que fue durante su vicepresidencia- Hopkins-. Todos ellos eran colaboradores de la casa Blanca por nombramiento, o influencia en el nombramiento, del propio Wallace. Todos estaban controlados por Stalin, al que, desde el inicio de sus días en la Casa Blanca, ya pasaban información, como quedó confirmado por los informes de Verona. Así sin guerra, sin muertos, Stalin hubiera gobernado el mundo.

Pero los planes rusos se torcieron de la noche a la mañana por el capricho o por la vanidad- característica que sobresalía en su personalidad, lo mismo que cierta doblez- de Roosevelt.

En la convención demócrata, Roosevelt dejó entrever a Wallace que sería elegido de nuevo en el ticket electoral, sin embargo, en una conversación con el presidente del Partido Demócrata Robert Hannegan, Roosevelt eligió a Truman.

¿Por qué? Wallace era más popular, pero evidentemente no el mejor, ni mucho menos. Si Roosevelt hubiera querido elegir al mejor, el candidato hubiera sido James Byrnes por entonces jefe de la Oficina de Movilización de la Guerra. Hombre brillante que fue congresista, senador por Carolina del Sur, juez de la Corte Suprema, director de varios departamentos ejecutivos,  secretario de estado con Truman y Gobernador de Carolina del Sur. Truman por el contrario era más gris, menos conocido, mucho menos brillante. Su nombre empezó a tener cierta relevancia porque, como Senador por Misuri, dirigió una investigación sobre el fraude y el despilfarro en el ejército estadounidense, conocida como el Comité Truman. Sus conclusiones ahorraron entre 10.000 y 15.000 millones de dólares en gastos militares.

Roosevelt no quería elegir un vicepresidente que le sustituyera sino uno que no le hiciera sombra durante su mandato. No pensaba que se fuera a morir. Pensaba en gobernar otros cuatro años. Sin embargo, reelegido en las elecciones de noviembre de 1944, falleció en abril de 1945, y Truman fue su sucesor.

Harry S. Truman resultó ser mejor presidente de lo que era esperable. No ha pasado a la Historia como uno de los mejores, pero se le recuerda por algunos hechos notables.

Truman promulgó las leyes que iniciaron la defensa de los derechos civiles, a la vez que protegió muchos de los logros del New Deal. Pero, sobre todo, se enfrentó a los soviéticos desde el principio. Se conoce como doctrina Truman a la política exterior estadounidense que buscaba contener la expansión del comunismo a nivel mundial al comienzo de la Guerra Fría. Se basaba en ofrecer asistencia económica y militar a países para evitar que cayeran en la órbita soviética.

La Doctrina Truman impulsó el Plan Marshall, la creación de la OTAN y le dio forma a la política exterior de EE. UU. durante más de 40 años desde la Segunda guerra mundial.

Truman, ya presidente,  representó a los EEUU en la Conferencia de Potsdam. Sus relaciones con la URSS comunista se hicieron cada vez más tensas. Stalin quería expandir la influencia soviética en Europa Oriental. Stalin estaba muy mal enseñado, en las conferencias anteriores, la posición de Roosevelt, asesorado por algunos de los comunistas de su gobierno, habían permitido a Stalin conseguir la mayor parte de sus reivindicaciones. Pero quería más. Churchill, durante el tiempo que permaneció en la conferencia- se tuvo que ir al perder las elecciones-, temía que el traslado de las tropas estadounidenses al Pacífico facilitara la expansión soviética en Europa, y por ello se había mostrado cada vez más duro con Stalin. Por su parte, Truman, era un anticomunista de línea dura y no quería que Europa Oriental se convirtiera en una esfera de influencia soviética. Ambos mostraron su preocupación por los gobiernos procomunistas, gobiernos títeres, de Bulgaria, Rumanía y Polonia. Asimismo, ambos, Churchill y, sobre todo, Truman, ante la pregunta de Stalin ¿qué hacemos con España? Temerosos de que se instalara un gobierno comunista en nuestro país, optaron por eliminar a nuestro País de más acuerdos e invasiones.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el temor al comunismo en Estados Unidos aumentó y siguió intensificándose durante el mandato de Truman. No fue sin razón, los informes de Verona, delataban la presencia de espías en el gobierno y Truman sí hizo caso a esos informes.  Solicitó comprobar los antecedentes de quienes trabajaban en el gobierno ( Programa de Lealtad de los Empleados Federales, introducido en marzo de 1947). Esto provocó miles de dimisiones y despidos. De esta época fueron las investigaciones y juicios de los funcionarios comunistas de la casa Blanca, cuya suerte comentamos al principio.

De aquella limpieza de espías se pasó a la exageración del Macartismo en los años 50.  Pero esa ya es otra historia.

Porque lo destacado de esta entrada es que gracias a aquella decisión de Roosevelt en 1944 de establecer su ticket electoral con Truman se evitó un gobierno comunista en USA… y en España.

BIBLIOGRAFÍA

ALISOP, JOSEPH. “Franklin Delano Roosevelt”. T&B, Editores. 2015

BEEVOR, A. “ La segunda guerra Mundial”. Ed pasado/presente. S.L. 2014

FERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, Mario: “Historia de los Estados Unidos: de la República burguesa al Poder presidencial”. Ed Marcial Pons. 1997.

TRINIDAD, Diego. “ El día que Stalin perdió la casa Blanca”.  Rev. La ilustración Liberal. 2010

HOLODOMOR

La muerte de Lenin cuando aún no se había cerrado por completo la institucionalización de la nueva rusia (URSS) provocó una serie de tensiones de cara a su sucesión. Será Stalin el que se consolide en el poder abriendo uno de los momentos de mayor terror en la dictadura soviética. El gobierno de Stalin abarcó desde 1922 hasta 1953, año de su muerte.

Fue una etapa de contrastes, entre la industrialización y el crecimiento económico- tampoco era difícil dado el nivel previo de postración económica- y el terror, que se manifestó en diversas purgas contra todos aquellos que se opusieran a su voluntad: opositores o población general.

Si ya Lenin había acabado con todo aquel que se opuso a su Revolución del 17, Stalin dio la puntilla a cualquier atisbo de contestación. No hubo sector de la sociedad que no sufriera persecución. Primero fue contra los campesinos y, posteriormente, contra los políticos que no gozaban de su confianza o le hacían sombra.

Hoy vamos a hablar de los primeros- los campesinos- pero dejaré un breve esbozo de la persecución política, para comprender la opresión a la que fueron sometidos los rusos durante aquella era del terror.

En el ámbito político, en 1934 empieza la represión conocida como “gran purga”. Este sanguinario periodo se inicia con el asesinato de Kirov, amigo de Stalin y miembro del politburó. Con amigos como Stalin, no hacía falta enemigos.

Durante este periodo, cientos de miles de miembros del partido Comunista soviético, socialistas, anarquistas y opositores a Stalin- reales o imaginarios- fueron perseguidos. Se realizaron juicios públicos (en 1936, “el proceso de los 16” y el año siguiente, conocido como año negro, “el proceso de los 17”, dirigido a perseguir fundamentalmente a Trotski y sus seguidores. En 1938, se produce el “proceso de los 21”, contra los que consideraban derechistas, entre los que seguían incluyendo a Trotski y también a traidores de todo orden: purgas entre los políticos, el ejército, el politburó, el Komitern e incluso entre los refugiados (antes de la firma del pacto Ribbentrop- Mólotov, la URSS ya colaboraba con la Gestapo para entregarles a comunistas alemanes, austriacos, o judíos de esas nacionalidades, refugiados en la URSS​). Se envió a cientos de miles de personas a campos de concentración (Gulag) y muchos fueron ejecutados.

Aclaremos que los gulags eran campos de concentración con trabajos forzados que contribuyeron a mejorar la economía del estado soviético a costa de los derechos humanos de los presos.

https://algodehistoria.home.blog/2020/11/06/pacto-ribbentrop-molotov/

La gran mayoría de estas detenciones fueron llevadas a cabo por el Comisariado del Pueblo para asuntos internos, también conocido como NKVD, dirigido sucesivamente por Iagoda, Ejov, y Beria. Más de 6 millones de personas sufrieron las persecuciones.

Pero antes que las purgas políticas, se produjeron los acontecimientos que dan título a esta entrada, la represión hacia los campesinos, o quizá fuera mejor hablar del genocidio cometido contra los campesinos de Ucrania, Kazajistán, el norte del Cáucaso, la región del Volga y Siberia occidental. De entre ellos, los ucranianos fueron perseguidos con gran saña, y todo por negarse al proceso de colectivización y a perder sus propiedades.

Realmente, las hambrunas campesinas se habían iniciado con Lenin en el poder. La sequía, las requisas y las subidas de impuestos habían creado una situación insostenible de hambre y miseria en el campo soviético que se extendió a las ciudades. Consecuencia de ello fue el aumento indiscriminado de suicidios entre los campesinos sobre todo ucranianos como solución a su penuria. Cuanta más hambre pasaban, menos se quejaban por falta de fuerzas, lo que fue constatado por Lenin que decidió no tomar ninguna solución. Al contrario, consideraba que el hambre era la forma más eficaz de acabar con la idea de Dios- el opio del pueblo- y que la Iglesia se derrumbaría igualmente. Sin embargo, Gorki y algunos otros, como Tijón y Trotski, lograron crear “ el comité social de lucha contra el hambre” en el que con ayuda precisamente de la Iglesia, de la Cruz Roja y de otras instituciones extranjeras intentaron paliar los efectos de las hambrunas. Se cree que salvaron a 25 millones de personas, pero la venganza de Lenin no se hizo esperar, disolvió el Comité y desterró a sus organizadores. Asimismo, saqueó todos los bienes de la Iglesia.

Los problemas productivos en la URSS no terminaron con la llegada de Stalin- aunque fue capaz, con el tiempo, de mejorar mucho la situación productiva y la industria-, pero la gran tragedia iba incorporada a su método de progreso.

Tras el primer plan quinquenal, Stalin y su gobierno habían proyectado los procesos de colectivización de la producción agrícola. Las zonas en las que la agricultura era esencial, con pequeños o medianos propietarios, entre otros, Georgia, Kazajistan o Ucrania. Resultando estas dos últimas especialmente afectadas.

Ha sido Ucrania, hoy sometida a una terrible guerra por la ambición de Putin, la que más ha demandado aquellos hechos como gran tragedia nacional. Como un auténtico genocidio. De ahí que se suela conocer aquellos hechos como “holodomor” (literalmente, en ucraniano, “muerte por hambruna”) que tuvo lugar entre 1932 y 1933 y que causó millones de muertos.

Aunque la historiografía ha dado cifras diversas sobre el número de fallecidos, actualmente tras el estudio llevado a cabo por Anne Applebaum y publicado en 2021 en su libro “Hambruna roja: la Guerra de Stalin contra Ucrania” , es mayoritariamente aceptado el dato de que fallecieron de hambre algo más de 4 millones de personas en Ucrania a lo que hay que unir dos millones más de muertos en Kazajistán, el norte del Cáucaso, la región del Volga y Siberia occidental. En Kazajistán se sometió a los pastores nómadas, para que abandonaran la ganadería extensiva tradicional y se sedentarizaran, creando granjas ganaderas intensivas. Le costó la vida a un millón de personas (proporcionalmente muchas más víctimas que en Ucrania u otros lugares, dada la escasa población de Kazajstán).

Como la misma Applebaum señala en la introducción de su libro: “La desastrosa decisión de la Unión Soviética de forzar a los campesinos a renunciar a sus tierras y a unirse a las granjas colectivas; el desahucio de los ‘kulaks’, los campesinos ricos, de sus hogares; el caos que siguió; todas estas políticas, en última instancia responsabilidad de Josef Stalin, secretario general del Partido Comunista Soviético, habían conducido al país al límite del hambre”.

Evidentemente, no es el primer estudio historiográfico que se ocupa del tema, pero mientras sobrevivió la URSS, los historiadores que investigaron en Occidente sobre las hambrunas fueron desacreditados. Durante muchos años la izquierda europea quería apoyar el proyecto soviético, lo necesitaba e incluso la URSS les pagaba o engañaba para que contaran la versión soviética. A modo de ejemplo, el antiguo primer ministro de Francia y líder del Partido Radical, Édouard Herriot, viajó a Ucrania en 1933 para conocer de primera mano la situación, pero lógicamente las autoridades soviéticas le hicieron visitar granjas donde había comida en abundancia. Sorprendido por el resultado de la visita, sus palabras fueron: «¡Pues bien, afirmo que he visto al país como un jardín a pleno rendimiento!». Gran Bretaña, Estados Unidos y la Sociedad de Naciones adoptaron la misma postura que Francia. Necesitaban a la URSS en el bando aliado. Tan sólo unos periodistas italianos y curiosamente alguno soviético hicieron lo posible por denunciar los hechos. Los italianos tuvieron que esperar a la muerte de Mussolini, pues el pacto entre Hitler y Rusia, también le hacía sentir al dictador italiano favorable a Stalin. El soviético, Vasili Grossman, tenía ascendencia judía y fue corresponsal de guerra del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial. Pero incapaz de justificar las barbaridades las denunció en cuanto le fue posible hacerlo. En su libro “Todo fluye”, Grossman se pregunta: “¿Quién firmó aquel asesinato en masa? Una orden así no la había firmado nunca el zar, ni los tártaros, ni los ocupantes alemanes. Una orden que decía: matar de hambre a los campesinos de Ucrania, del Don, de Kuban, matarlos a ellos y a sus hijos”.

Como hemos dicho, todo empezó tras el primer plan quinquenal, el cual tenía como objetivo levantar la industria pesada soviética a costa de la venta de la cosecha de trigo y de una importante reforma agraria. Para esto se forzó a las zonas agrícolas a realizar los cambios establecidos desde Moscú, especialmente la colectivización de las propiedades de las granjas, que pasaban de los campesinos al Estado.

Este proceso generó un fuerte conflicto entre los kulaks y el sistema soviético. “Kulak” es una palabra rusa cuya primera acepción es “puño”, pero que se usaba para designar a los campesinos acomodados. No a los terratenientes aristócratas, propietarios absentistas, sino al campesino arraigado en una aldea al que su capacidad y afán de trabajo le habían permitido tener algo más de tierras que la media, contratar algún bracero, poseer mejores aperos, etc. Los comunistas nunca los habían visto con simpatía y desde 1929 se lanzaron a una feroz campaña para liquidarlos. Pero no fueron los únicos con problemas, otros granjeros de menor entidad también considerados como “enemigos de clase”. Ilia Ehrenburg, historiador pro soviético, ha escrito que “ninguno de ellos era culpable de nada, pero pertenecía a una clase que era culpable de todo». Una siniestra lógica de la lucha de clases se usó para justificar que dos millones de “kulaks” fueran deportados a Siberia y Asia Central a partir de 1930.

Curiosamente, 1931 fue un año de una excelente cosecha, pero la requisa que se hizo del grano empezó a provocar hambre en las zonas agrícolas, afianzada en los años siguientes. El control estatal de las cosechas lo único que consiguió fue la disminución de la producción al acabar con los campesinos más emprendedores.

En apenas unos meses, a comienzos de la primavera de 1932, los campesinos comenzaron a morir de hambre. Algunos documentos encontrados por Applebaum (hay que recordar que Ucrania, antes de la actual guerra, ya había abierto sus archivos oficiales para que se pudieran estudiar estos acontecimientos) pone ejemplos espeluznantes, sobre familias comiendo hierba, cortezas de árboles, casos de canibalismo (ahora que las películas sobre accidentes aéreos nos traen ejemplos de lo mismo, deberían los cineastas acordarse de los campesinos en la URSS), migraciones masivas para encontrar algo que echarse a la boca y de cadáveres a la intemperie en las calles de Odessa porque nadie tenía fuerzas para enterrarlos.

Los propios campesinos ucranianos en la primavera de 1932 se dirigieron por carta al “ padrecito Stalin” en estos términos:

«Honorable camarada Stalin, ¿hay alguna ley del Gobierno soviético que establezca que los aldeanos deban pasar hambre? ¿Porque nosotros, los trabajadores de las granjas colectivas, no hemos tenido una rebanada de pan en nuestra granja desde el 1 de enero? ¿Cómo vamos a construir la economía del pueblo socialista si estamos condenados a morir de hambre? ¿Para qué caímos en el frente de batalla? ¿Para pasar hambre? ¿Para ver a nuestros hijos sufrir y morir de inanición?».

Lejos de socorrer a los hambrientos campesinos, Stalin aprobó, el 7 de agosto de 1932, la conocida como “Ley de las tres espigas”, que imponía penas durísimas en el gulag para aquellos que robasen cualquier propiedad estatal, lo que en la práctica incluía a aquellos que reservaban un poco de comida para el consumo personal. Tomó la decisión de endurecer las condiciones en Ucrania, bloqueando las fronteras de la región, para que la gente no pudiera salir y creando unas brigadas, formadas por el ejército y miembros del NKVD, que iban de casa en casa confiscando la comida de los campesinos.

A pesar de aquellas medidas, los robos fruto de la desesperación fueron tan elevados que las autoridades crearon tribunales para dictar penas de muerte a los saqueadores. Se ejecutó a 5.400, campesinos y fueron trasladados, después de someterlos a horribles torturas – como si el hambre no fuera bastante-, a los gulags de Siberia unos 125.000.

Esta obsesión de Stalin con los campesinos ucranianos se debía al miedo que tenía a la contrarrevolución. No se le había olvidado el papel esencial que los campesinos ucranianos habían tenido en la guerra civil de 1918-1921. Temía al nacionalismo ucraniano y que eso desestabilizara a la frágil unidad de las repúblicas soviéticas. De ahí que su programa colectivizador tuviera una doble finalidad: por una parte, pretendía eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a las colectivizaciones forzosas de sus tierras, y, por otra, reprimir cualquier síntoma de rebrote del nacionalismo ucraniano que se definía como proeuropeo y anti moscovita (es decir, anti soviético).

Se conserva una carta de Stalin en la que decía “hoy en día, la principal cuestión es Ucrania, ya que el Partido, el Estado y los órganos de la policía política de la república están infestados de agentes nacionalistas y espías polacos, por lo que corremos el riesgo de perder Ucrania, una Ucrania que es necesario transformar en una fortaleza bolchevique”. Así pues, las decisiones estalinistas estaban encaminadas a eliminar a esos enemigos “nacionalistas y burgueses” que acechaban en cada rincón.

La situación se hizo tan clamorosamente injusta, que, aunque se intentó ocultar, el conocimiento del genocidio se extendía por la URSS. La segunda mujer de Stalin, pidió conocer la situación de primera mano. Los ucranianos le contaron como el hambre les ardía en las entrañas, como el hambre, en un primer momento, les hacía salir a buscar comida, pero la ausencia de alimento, les obligaba a regresar a casa. Sin fuerzas y sin esperanza, se tumbaban en la cama, y ya no se podían mover hasta que morían. También le contaron las detenciones, las torturas y los fusilamientos arbitrarios ordenados por el ejército. Tras ver la espeluznante situación pidió a su marido que reconsiderase su política en Ucrania.

Aquella visión, unida a los rumores continuos de infidelidad de Stalin, la llevaron al suicidio.

A inicios de 1934, el “holodomor” finalizó en toda Ucrania, Kazajastán y el norte del Cáucaso. El resultado fue que alrededor 7 millones de personas murieron de inanición en las zonas perseguidas, y hasta un total de 40 millones de seres humanos en toda la Unión Soviética se vieron afectadas por la hambruna. Para muchos historiadores, el “holodomor” que tuvo lugar entre 1932 y 1934, fue el mayor crimen cometido en época de Stalin y de toda la historia de la Unión Soviética, constituyendo una de las mayores tragedias humanitarias del siglo XX.

Es innegable que los fantasmas soviéticos siguen presentes en la rusia actual, sea contra Ucrania, sea contra los opositores políticos.

 

BIBLIOGRAFÍA

APPLEBAUM, Anne, “Hambruna Roja: La Guerra de Stalin Contra Ucrania”. Ed Debate. 2021.

GROSSMAN, Vasili.- “Todo fluye”. Galaxia Gutenberg. (reeditado en 2023).

 

 

 

 

 

¿POR QUÉ DEBEMOS ESTUDIAR HISTORIA?

Mucho se ha hablado en estos días de la modificación del currículo escolar español que afecta a diversas asignaturas, entre otras de manera muy importante a la Filosofía y a la Historia.

De nuevo traigo a colación a mi querido profesor Ferrero y su “dádmelo morto”, para diferenciar la historia del periodismo. Efectivamente, este es un blog de Historia y de análisis histórico y por eso trataremos el tema desde la Historia. Ya hemos tenido entradas sobre el valor de la historia explicando el método científico de análisis histórico y la Ley de memoria histórica, que a partir de ahora se llamará democrática (se ve que hacernos olvidar- una parte de nuestro pasado- es más democrático que recordar; y establecer un sistema de fuentes científico es peor que la subjetividad de los recuerdos de cada cual).

A la hora de abordar el tema de hoy no quiero incidir en la causa final, citando a Aristóteles, es decir, en el objetivo último de este cambio. Simplemente me centraré en las consecuencias que para el conocimiento tendrá el mismo.

Desde un punto de vista formal y material, que no teleológico, dos son los cambios más destacados en el currículo escolar en lo referente a la asignatura de historia: 1) no se debe estudiar de manera cronológica y 2) sólo se estudiará la Historia de España de 1812 en adelante.

La barbaridad es enorme. Para explicar mi posición voy a tomar diversos ejemplos, se podrían poner otros miles, pero, para comprender qué pasa cuando sólo se estudia, y no completa, la edad contemporánea, más la española que la universal, voy a poner ejemplos de absoluta actualidad.

Todos leemos estos días noticias sobre la invasión de Ucrania y nos planteamos conocer algunos antecedentes, bien sean de la Segunda Guerra Mundial, bien posteriores, como la invasión de Hungría el 1956, o la primera guerra de Crimea en 1853, que trajimos aquí a colación. Pero el conocedor de Historia sabe que, en el ámbito de las relaciones internacionales, los países tienen unas constantes en su actuación que no se difuminan con el tiempo. Así, el expansionismo territorial o la búsqueda de salidas a mares de aguas cálidas son algunas de las constantes rusas más destacadas y que ya se daban, por ejemplo, en Pedro I el Grande, Catalina II la Grande, Nicolás I, en Alejandro III o Stalin, estos hechos tienen una correlación histórica, si no se conoce las obras de cada uno de ellos, no se entiende la de sus sucesores. Una cosa es que puedan tener otros modos de enlace o estudio, pero los hechos influyen unos en otros y no se entienden los segundos sin acceder previamente a los primeros. Si Putin busca recuperar el imperio ruso de la URSS o el de los zares, hay que analizar qué pasó antes de ahora y por qué.

La primera guerra de Crimea trajo a España una subida de precios y de impuestos que generaron gran malestar. Hay acontecimientos que se parecen como dos gotas de agua y la situación de subida de precios actual no originada sólo en la guerra de Ucrania, pero sí influida de manera importante por ella, puede entenderse mejor si vemos los levantamientos contra los impuestos en el bienio liberal español por culpa de aquella guerra en Crimea de 1853-56 y, si bien, siguiendo los razonamientos de Heráclito, «ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos»,  no podemos negar similitudes fundamentales que conviene tener presentes para, como bien señalaba Napoleón en sus acotaciones al “Príncipe” de Maquiavelo, “hay que conocer la Historia para no volver a cometer los mismos errores”.

¿Cómo entender la historia de las relaciones internacionales sin asentarse en los principios básicos del derecho internacional reflejado en los tratados internacionales o en las instituciones internacionales? Y ¿cómo acercarse a ellos sin asimilar los orígenes del Derecho de Gentes,  “jus Inter Omnes gentes”,  en la Escuela de Salamanca Española, en los postulados del Padre Vitoria  y con ella en la presencia española en América y el humanitario trato dispensado a los indios, o en la teoría de los justos títulos, todo desarrollado bajo el mandato directo de la Monarquía española, tanto por de los Reyes Católicos como por Carlos I? En un simple párrafo hemos demostrado el enlace entre acontecimientos presentes que tienen su raigambre en nuestra Historia más gloriosa: la de la llegada a América, su evangelización, culturización y la presencia mayúscula de los Reyes Católicos y nuestro emperador, nuestra influencia en el devenir jurídico del mundo… y que en nuestro programa escolar dejarán de estudiarse. Nuestros futuros bachilleres, si no hacen un esfuerzo por sí mismos, no sólo no sabrán Historia, es que no entenderán el periódico, las noticias diarias.

Si no se conoce la Historia de la antigüedad se desconocerá la versión de Trucídides sobre la guerra del Peloponeso (431-404 a de c.) se ignorarán las consecuencias de la tensión creada entre una potencia emergente (Atenas) frente a una potencia en declive (Esparta) y como el temor a ser relevado del mando puede desembocar en una guerra. Con este antecedente se entiende mejor las tensiones actuales entre China y USA tanto por Taiwán y el dominio del Pacífico como sus posiciones frente a Rusia en la invasión de Ucrania.

Tampoco podríamos explicar los imperios orientales de China o de Japón sin la llegada a aquellos mares de los portugueses y españoles en el siglo XVI. Tampoco, sin entender la habilidad de Felipe II para no enfrentarse a Portugal innecesariamente y así acabar dominando enclaves esenciales en el Pacífico. No estudiar al gran Felipe II es no poder realizar interacciones entre la Historia de España, y la de América, África y el Pacífico. Y no comprenderíamos el alcance de esas interacciones si desconocemos la importancia de la “Unión Ibérica” lograda por Felipe II en 1581 que trae causa de los acuerdos, en este caso matrimoniales, firmados en el Tratado de las Alcazobas por los Reyes Católicos y el Rey de Portugal el 6 de marzo de 1480.

Cómo explicar nuestros problemas actuales con Marruecos sin contar que el norte de África fue territorio romano después de cartaginés, olvidando la importancia del Califato Omeya con su gran capital, Córdoba, en el siglo VIII. Cómo explicar la caída de ese Califato y la sumisión de aquel territorio norteafricano en un lugar sin dueño a manos de tribus bereberes y beduinas nómadas que estaban de paso, sin estudiar la Reconquista. Cómo explicar la españolidad de las Canarias, Ceuta y Melilla sin saber que fue aquel Tratado de Alcazobas y su especificación posterior en el de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, con el reparto de los mares y las tierras en virtud de los paralelos terrestres,  el que determinó la distribución de la costa africana entre España y Portugal; el que permitió el asentamiento español en Melilla en el siglo XV (1497),  en el Peñón de Belez, en Orán y en otros muchos territorios y, además,  preservó nuestra presencia en Ceuta que ya era española en 1415.

Y, en directa conexión con lo anterior, si sólo se estudia la Historia de España desde 1812 y no se atiende con cierto detenimiento a la historia Universal cómo describir los resultados de la Conferencia de Berlín en 1885, los procesos de colonización y descolonización, los enfrentamientos internos en Alemania entre los posicionamientos de Bismark y las del Káiser Guillermo II con respecto a la colonización de África, los acuerdos franco-alemanes por aquellos territorios, las consecuencias que aquello tuvo para nuestra ubicación en Marruecos,  la correlación de fuerzas entre la presencia francesa y la española en el norte de África,  nuestro protectorado en Marruecos y en el Sahara, la perdida de aquellos lugares… y sin referenciar las consecuencias de la I Guerra Mundial, por ejemplo, con la disposición de las colonias africanas en fideicomiso, no se profundizará en la presencia española en sus territorios norteafricanos ni en Guinea a pesar de la neutralidad de nuestro país en las guerras mundiales ni por supuesto otros muchos acontecimientos que quizá no tienen tanta relación con España pero sí con la organización geoestratégica posterior, como el desarrollo militar de la II Guerra Mundial, en especial, con la Guerra del desierto.

España no ha estado aislada del mundo, al contrario, ha sido una pieza esencial en la configuración geopolítica actual del Orbe, no pueden nuestros bachilleres limitarse al estudio de la edad contemporánea sin percatarse de la importancia de nuestro pasado porque sin él no se entiende España como Nación ni política ni histórica ni cultural. No se puede concebir la defensa de la nación en el levantamiento de 1808, ni la constitucionalización de la soberanía popular en 1812 sin saber de dónde venimos. Los madrileños dieron el primer aldabonazo contra el invasor conscientes de lo que era España, la Junta de Asturias se reunión en defensa de la Nación española y las Cortes de Cádiz definieron nuestro futuro liberal por la conciencia común de lo que habíamos construido todos juntos desde muchos siglos antes.

Pero sin esos precedentes, tampoco se alcanza a ver el porqué de esos acontecimientos que para algunos parecen prevalecer sobre los demás. Hablo de la caótica primera República, de la crisis del 98, de las guerras en Marruecos en los años 20 y con ello de la dictadura de Primo de Rivera y la catastrófica Segunda República que nos lleva a la peor de las crisis nacionales: la Guerra Civil.

Sin el conocimiento de todo eso, no se entiende España. Pero, sin España, no se entiende Europa. Esta Unión europea, hoy más unida que nunca en la adversidad, tiene su esencia en los principios greco-romanos y la tradición judeo-cristiana. Al implantarse el cristianismo en el Imperio romano, apareció una Europa cristiana en su pensamiento, instituciones y cultura, cuyas fuentes se concretaron en la concepción filosófica y jurídica greco-romana y la tradición religiosa judía y el legado cristiano centrado en el Nuevo Testamento y en la figura de Jesús de Nazaret. Atenas da origen al logos griego que determina la racionalidad universal. Crea las ciencias especulativas y positivas y promueve la filosofía, el humanismo, el arte y la arquitectura. Roma simboliza el Derecho, la épica conquistadora y la organización política. El sacro imperio une las ideas de poder y orden jurídico clásico con el religioso, teniendo al Papado como baluarte defensivo de esos valores tradicionales. Las cabezas defensoras de esa idea de cristiandad con todos los valores inherentes a la tradición serán, esencialmente, los Reyes españoles, desde el inicio de la Reconquista, la batalla de las Navas de Tolosa (1212) o la creación del Camino de Santiago, pero, sobre todo, serán Carlos V y Felipe II- fundamental en la victoria de Lepanto (7 de octubre de 1571)- los que permitan que Europa siga siendo cristiana y que los valores humanitarios y de derecho natural que fundamentan nuestra vida y Derecho puedan perdurar. A ellos y por desarrollo de esos principios, se une en el S XVIII la Ilustración y su difusión mediante la Revolución Francesa y las invasiones napoleónicas.  Todos ellos y sus valores trajeron las democracias que hoy tanto cuesta mantener. Por eso, a Zelenski, nuestro admirado presidente ucraniano que tanto hace por la defensa de esos valores que son nuestra vida cabe decirle que él y sus conciudadanos son todo un ejemplo, pero, también, que frente a lo que dijo ante el Parlamento de los Países Bajos, Felipe II no fue un tirano.

El desconocimiento de la Historia no sólo limita el saber de esa materia. Sin ese conocimiento histórico nadie entenderá la literatura ni el arte ni otras ciencias. Así, por ejemplo, sin el Imperio español, no se entenderá del siglo de Oro literario y artístico; sin la perdida de América y la crisis del 98 no se profundizará en la generación del 27…, porque todos los conocimientos están interrelacionados. Si se cercena uno, se cercenan los demás.

Por todo lo que he señalado y por otras muchas cosas que se podían decir, una reforma que se limita a lo contemporáneo, sin antecedentes, sin cronología, generará, más allá de otro tipo de maliciosas o torpes intenciones, más división entre las personas. Porque cualquier alumno español que proceda de una familia con cierta formación o para aquellos que tengan mayor capacidad para pensar y estudiar alcanzarán los conceptos anteriores mediante su propio esfuerzo, que en algunos casos será titánico, y siempre extraescolar, mientras que los más torpes o los que vivan en un ambiente menos propicio a las humanidades se quedarán anclados en un sinsentido, se quedarán sin una explicación convincente envuelta en un presentismo anacrónico y absurdo. Quizá los primeros puedan volver los ojos a Ortega y Gasset y decir de nuevo “no es esto, no es esto”, pero el resto caerá en las fauces de la dominación del poder que Foucault desentrañaba en su “microfísica del poder” cuando afirmaba que cada ser humano no es el representante del Estado, pero, para que manifieste el poder el Estado, es necesario que haya un adulto que muestre su dominación a un niño. Ejercida esas acciones de poder sobre los niños, estos, de adultos, las ejercerán sobre sus hijos y así hasta configurar una sociedad sometida. Antes de llegar a ese punto, señalaba el filósofo francés, tendrán un papel esencial los intelectuales para, en el terreno del saber y de la verdad, ejercer una tarea didáctica que revierta ese poder estatal que manipula y extorsiona. Pero para eso tiene que haber intelectuales y la Ley de educación española quiere acabar con todos ellos.

La División Azul

Dentro del estudio de la II Guerra Mundial, muy poco se ha escrito sobre la División Azul. Lo que contrasta con los miles de líneas redactadas sobre las brigadas internacionales, por señalar un ejemplo con el que tiene muchas similitudes.

Si de las brigadas internacionales se ha escrito muchísimo (aquí tuvimos una entrada al respecto https://algodehistoria.home.blog/2020/12/10/la-brigadas-internacionales-mito-o-verdad/ ), casi siempre hagiografías sobre el valor de sus miembros, algunas bastante exageradas, otras más ponderadas; sobre la División Azul hasta hace relativamente pocos años se había escrito poco. Cuando si de valor hablamos, no fue menor el de los divisionistas y si nos referimos a su eficacia en el combate nos sorprende un dato, según Castells, habrían muerto 10.000 brigadistas, frente a 5.000 divisionarios, proporción increíble, y sorprendente por cuanto la permanencia de los divisionarios en el frente parece haber sido más constante que la de los brigadistas, y el frente ruso, desde luego, mucho más duro.

Sobre la División Azul todo el mundo cree saber y, sin embargo, lo que algunos saben procede de la propaganda de ambos bandos. En los últimos años han aparecido algunos libros interesantes que nombraremos aquí y que permiten una visión más objetiva de aquellos soldados. Recomendamos, con toda modestia, que los lean los que supuestamente les rinden homenaje y, después, los comentaristas contrarios a esos homenajes.

Empecemos por el principio, el contexto en el que se produce su formación.

Con la Guerra Civil recién terminada, el 1 de abril de 1939, tras la victoria Nacional, los alemanes empiezan a presionar a Franco para que se implique en la II Guerra Mundial (en adelante IIGM). No lo hace sólo con España; Italia, que ya le era favorable, entra en guerra al lado de los alemanes el 10 de junio de 1940, aún no se había firmado el pacto tripartito que formaría el eje, pero faltaban pocos meses para ello- 27 de septiembre de 1940-. Ante las presiones, España intenta evadir su presencia en la II GM con una maniobra que podíamos llamar de distracción, pasó de país neutral a país no beligerante el 12 de junio de 1940. No conformes con esto, se produce la reunión de Franco con Hitler en Hendaya el 23 de octubre de 1940. Es conocido que Hitler acabó harto de Franco, al que no sacó nada. Ni una base en Gibraltar ni en Canarias como quería el alemán.

 El 22 de junio de 1941, como ya vimos en la entrada sobre el pacto Ribbentrop- Molotov ( https://algodehistoria.home.blog/2020/11/06/pacto-ribbentrop-molotov/ ) se inicia la operación Barbarroja, por la cual el ejército alemán invade Rusia.

De cara a esa invasión, los alemanes crearon tres cuerpos de ejercito: norte, centro y sur, compuestos por alemanes y por nacionales de países favorables a Alemania o bien por aquellos recién invadidos. Serrano Suñer convence a Franco de mandar un ejército de voluntarios que formara parte del cuerpo sur del ejercito hitleriano, pero el gallego pone la condición de que quedara claro que luchaban contra el comunismo, no contra ningún país. Pretendía con ello salvaguardar la no beligerancia española y saldar la deuda con Hitler por la ayuda prestada durante la Guerra Civil. El consejo de ministros de 26 de junio de 1940, aprueba mandar una división (unos 14.000 soldados) al frente, y así se lo hacen saber al embajador alemán en España. Su estancia en el frente se extiende hasta que Franco da la orden de repatriación 12 de octubre de 1943. En esos años y con los relevos sucesivos lucharon en el bando alemán contra el comunismo 50.000 voluntarios de los cuales 5.000 perdieron la vida.

Aquella división se denominaría en España » división española de voluntarios”; los alemanes la denominaban «250 división de infantería de Wehrmacht». Fue José Luis Arrese (falangista y uno de los grandes teóricos del franquismo en sus primeros tiempos) el que la bautizó como «División Azul», según señala José Luis Rodríguez Jiménez.

Los voluntarios salieron sobre todo de las filas del maltrecho ejército vencedor y de la Falange. En este punto encontramos cierta controversia en la historiografía.  Algunos autores indican que junto con los voluntarios se marcharon republicanos reclutados a la fuerza. Los cuales, a su vez, tenían intención de pasarse al bando soviético en cuanto llegaran a Rusia. Carlos Caballero Jurado, uno de los mejores estudiosos de la División Azul, sostiene que esta presunción es absurda: «Esta afirmación desafía el sentido común. Es bochornoso que se siga planteando. La División Azul no hubiera sido una fuerza combatiente si reclutas a comunistas para llevártelos a Rusia a luchar contra otros comunistas«. En su libro sobre la División Azul, en diversas conferencias y entrevistas sostiene que esta teoría de traslados forzosos “la pusieron en marcha los ingleses y su propaganda, la BBC. Cuando acaba la guerra, Samuel Hoare, el embajador británico en España, publica un libro donde asegura que todas las afirmaciones de que los divisionarios eran carcelarios eran falsas«. La tergiversación británica, también la ha puesto de manifiesto Xavier Moreno Juliá en su libro sobre la División Azul.

También desmiente que muchos de los integrantes de la División Azul se marchasen a la URSS porque la hambruna que padecía España era insostenible: «Estamos hablando del frente del Este, donde hacía un frío enorme y se morían de frío de manera tan numerosa, que causaba escándalo. El cuartel más horroroso de España era mejor que cualquier trinchera en Rusia«.

Los soldados de infantería españoles salieron de España hacia Alemania en tren, bajo las órdenes del General Muñoz Grandes. Aunque en Alemania se separaron por un lado la infantería, por otro la aviación y un tercer grupo formado por un número poco significativo de marinos españoles integrados en las tripulaciones de los U-Boot de la marina alemana.

Sobre el motivo que los llevó a alistarse, Caballero Jurado señala su ferviente anticomunismo. Que se exacerbó tras el mitin de Serrano Suñer en Madrid y su ¡Rusia es culpable! Culpable de la Guerra Civil española, culpable de la persecución a los católicos durante la II República y la Guerra.

Evidentemente, nadie puede negar que compartieron trincheras con los nazis, pero no es menos cierto que “en una guerra como la IIGM se libran muchos conflictos simultáneamente«, afirma Carlos Caballero Jurado. «En las filas del Eje, Finlandia no combatía por lo mismo que Alemania. Los divisionarios van a Rusia por un motivo muy concreto, que es su anticomunismo. Claro que lucharon en un bando en el que se cometieron crímenes espantosos ¿Pero eso les hace responsables?  A cada uno hay que analizarlo en función a sus objetivos«. Y añade Caballero: «No lucharon por Hitler, porque también lo podían haber hecho en la campaña de Francia, en Polonia, en África o en los Balcanes. Solo se ofrecen voluntarios contra Stalin«. No obstante, unos mil españoles quedaron encuadrados en unidades clandestinas del ejército nazi tras la retirada de la División Azul. Algunos de ellos, en torno a dos centenares, sí resistieron por convicciones ideológicas, el resto, por circunstancias bélicas, según Caballero Jurado.

Los españoles se distinguieron por su valentía en la guerra y fueron condecorados muchos de ellos por los alemanes, sin embargo, también tuvieron encontronazos con las fuerzas hitlerianas por un motivo esencialmente: por confraternizar y ayudar a la población rusa lo que incluía a los judíos.

Hay reportajes del momento, en el que se aprecia como los españoles ayudaban a limpiar las iglesias que los rusos estalinistas habían convertido en establos y las devolvías, con alegría de la población, al culto. Sólo esa lucha contra el comunismo y en favor de la fe mancillada en España fue el motivo de aquella empresa. Una “cruzada contra el comunismo”.

De aquella presencia española caben destacar algunos actos de la aviación, de la infantería y la situación de aquellos que fueron hechos prisioneros.

España contaba con importantes figuras de la aviación que demostraron su destreza durante la Guerra Civil en ambos bandos.

Algunos de aquellos combatientes del bando nacional fueron a luchar contra los rusos bajo la bandera del ejercito hitleriano. “Así nacieron las Escuadrillas Azules: un total de cinco grupos que combatieron, de forma escalonada, desde junio de 1941 hasta marzo de 1944 en el frente del Este junto a la Luftwaffe. Lo que se suele obviar es que el contingente reclutado no contó solo con pilotos, sino también con personal de tierra como conductores de vehículos, mecánicos o armeros. Todos ellos, necesarios para que los aparatos pudiesen operar en condiciones óptimas en una Rusia en la que el frío extremo era lo habitual.

El signo de distinción de las Escuadrillas fue lo ideologizados que estaban sus miembros. El Ejército del Aire había estado muy politizado ya antes de la Guerra Civil. Los comunistas tuvieron gran importancia en él. Cuando terminó la contienda, en el Bando Nacional fueron los falangistas los que ocuparon la mayoría de los puestos. Ángel Salas creó todo el “establishment” de las Escuadrillas Azules. Eligió personalmente a los voluntarios y uno de los requisitos principales era ser camisa azul y, a ser posible, camisa vieja”, explica el historiador José Antonio Alcaide[1]

La 1ª Escuadrilla Azul, al mando del mito español de la Aviación Nacional Ángel Salas Larrazábal, llegó al frente del Este en junio de 1941. Fueron asignados a acabar con objetivos terrestres y, en principio, en situación poco destacada, lo que podría determinar que no fueran muy importantes en la lucha. Sin embargo, lograron objetivos importantes y alguno de los nuestros, el propio Salas y otros como Gonzalo Hevia Álvarez-Quiñones llegaron a ser condecorados por su valentía y acierto en el combate, siempre contra objetivos comunistas.

Pero, donde más se ha renombrado la presencia española fue en el avance terrestre en el frente del Este, en medio del frío, del hielo y del barro del deshielo.  Su valiente actuación ha sido puesta de manifiesto por Xavier Moreno. La División Azul constituía, por sus dimensiones, sólo una parte mínima de los ejércitos desplegados en el terrible frente ruso y, a pesar de ello, tuvo un comportamiento militar más que notable, brillante. En reconocimiento a su acción colectiva, su primer general, Muñoz Grandes, recibió la Cruz de Hierro con hojas de roble, condecoración que al parecer sólo fue concedida a otro general no alemán.

Tanto Hitler como Model consideraron a la DA una de las unidades mejores de la Wehrmacht, apreciación significativa no sólo por las pretensiones de superioridad de los «arios», sino porque los especialistas suelen considerar al ejército alemán de la II GM como uno de los mejores de la historia.

Evidentemente, los rusos no piensan igual y declararon a Muñoz Grandes, criminal de Guerra.

De entre las batallas en las que se batieron los españoles destaca la acontecida en la región de Krasny Bor (al sur de San Petersburgo) cuando el ejército soviético inició la Operación Estrella Polar; el avance masivo para romper el asedio al que la Wehrmacht sometía Leningrado. El 10 de febrero de 1943 se inicia el combate. Los rusos apoyados por unos ochenta tanques, unas 150 baterías y un número indeterminado de lanzadoras de proyectiles. Frente a ellos apenas había 5.900 españoles cuya misión era frenar a los carros de combate y evitar que atravesaran la línea que conducía hasta donde estaba el grueso del ejército alemán. Las tripulaciones de los blindados soviéticos se negaron a lanzarse contra las posiciones enemigas sin que la infantería avanzara delante de ellos, lo que permitió a los hispanos formar una línea defensiva que, cuando los rusos entendieron que era imposible de romper, se retiraron a lugar seguro. “En este contexto, los españoles fueron capaces de anular la ventaja que, para sus enemigos, suponían los tanques” a decir de Caballero.

Todos los españoles lucharon con bravura, pero entre ellos Xavier Moreno destaca dos figuras, la del Cabo Ponte que arriesgando su vida logró colocar varias granadas debajo de los carros soviéticos, y la del capitán Manuel Ruiz de Huidobro y Alzurena el cual animó a sus tropas a mantener las posiciones en momentos dificilísimos. Al grito de “¡Que somos españoles!, ¡Que esto no es nada!, ¡Que por aquí no pasan!”, logró una resistencia inenarrable hasta que cayó muerto por una bala enemiga. Sus tropas mantuvieron la disciplina y el aplomo con una resistencia heroica hasta agotar la munición.

Ambos recibieron la laureada de San Fernando a título póstumo.

No menos heroica fue la acción de rescate emprendida por los españoles en el lago Ilmen. Con los alemanes derrotados y el único apoyo de un grupo reducido de letones, los esquiadores de la división azul, atravesaron el lago helado y resistieron ante unos rusos mucho mejor equipados. Apenas quedaron 12 españoles indemnes, los demás sufrieron amputaciones en extremidades o cayeron congelados. El día 25 de enero, la conversación mantenida por radio entre el general Muñoz Grandes y el capitán Ordás pone de manifiesto, nuevamente, la dureza de la batalla:

General: Dime, ¿Cuántos valientes quedan?

Capitán: Señor quedamos 12 combatientes. ¡Viva España!” 

Los actos de valor no miran el color político de sus protagonistas ya sean los de los republicanos que se enfrentaron a los Panzaer de Rommer en el norte de áfrica combatiendo con los aliados, o los aquí presentados.

Después de aquellas épicas acciones  españolas,  los rusos capturaron a una buena parte de los voluntarios españoles que defendían aquellos lugares y los deportaron a sus campos de concentración. Los miembros de la División Azul vivieron una auténtica pesadilla a cargo de sus captores. Trabajos forzados, hambre, frío… Así, hasta que fueron repatriados tras la muerte de Iósif Stalin.

Xavier Moreno Juliá afirma que el paso de los miembros de esta unidad por los campos de concentración soviéticos puede dividirse en tres etapas. La primera, llamada “los años del hambre”, abarca desde 1941 a 1945 y se corresponde con la más dura. En esta fase, la falta de comida y las enfermedades fueron la tónica habitual. En la segunda (1946-1948) las cosas mejoraron, quizá por las negociaciones entre ambos gobiernos para favorecer la liberación de los presos. La última, aquella que se desarrolló entre 1949 y 1956, fue conocida como “los años de resistencia” antes del regreso a la patria.

Gustavo Morales, coautor de “División Azul: las fotografías de la Historia” junto a Luis Eugenio Togores, señala que, en aquellos campos, especialmente en los de Kazajistán también convivieron los divisionarios con algunos ex republicanos que habían ido a luchar en las filas rusas y que, en vez de ser aceptados, acabaron encerrados con sus mujeres e hijos, muertos de hambre. Tal era la situación que muchos divisionarios renunciaron a sus míseras comidas para dárselas a aquellos niños españoles maltratados por los rusos. También recíprocamente los republicanos ampararon humanitariamente a los divisionistas. En ambos bandos hubo excepciones a esta actuación, sin embargo, por lo general, la nacionalidad supero a la ideología.

Muerto Stalin, los divisionistas vuelven a España; el dos de abril de 1954 desembarcaron en Barcelona. El Gobierno de Franco, ya vuelto hacia los aliados, prefirió olvidarse de ellos.

Había terminado un cautiverio de doce años, a treinta bajo cero en invierno, con una comida escasa y un trabajo en régimen de esclavitud y bajo la brutalidad de los guardianes de los campos de concentración comunistas, como señala Morales. Volvían a casa bajo la indiferencia del Gobierno y, en algunos casos, con la incomprensión de los suyos.

Bibliografía:

Rodríguez Jiménez, José Luis. “Ni División Azul, ni División española de voluntarios: el personal forzado en el cuerpo expedicionario enviado por Franco a la URSS”. Nº 31 Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea. (2009).

Caballero Jurado, Carlos. “La División Azul: Historia completa de los voluntarios españoles de Hitler. De 1941 a la actualidad” (Historia del siglo XX). La esfera de los libros. 2019.

Moreno Juliá, Xavier.  “La División Azul. Sangre española en Rusia, 1941-1945.” Ed. Crítica, 2004.

Gustavo Morales y Luis Eugenio Togores. “División Azul: las fotografías de la Historia”. Ed La esfera de los libros. 2008.

https://www.abc.es/historia/abci-division-azul-unidad-voluntarios-franco-mando-guerra-mundial-para-combatir-comunismo-201811041414_video.html

https://www.rtve.es/alacarta/videos/archivo-historico/division-azul-espanola/2917954/

[1] José Antonio Alcaide.” Alas de España, Escuadrillas expedicionarias españolas en Rusia”. Ed. La espada y la Pluma. 2008.  y entrevista al autor en la revista “Tiempos modernos”

12 discursos trascendentes para la Historia Contemporánea

Muchos de los discursos de la Historia de la humanidad fueron esenciales para ganar una guerra o para motivar a un auditorio o para pedir explicaciones morales a un dirigente.

Qué sería de la historia de la oratoria, pero, sobre todo, de la Historia  de la Humanidad sin la oración fúnebre de Pericles recordando al mundo que la felicidad se basa en la libertad, y la libertad en el coraje; o sin Cicerón advirtiendo a Catalina que la paciencia de Roma se agotaba; o sin los grandes discursos de Churchill, sobre todo, los tres realizados en torno a la “batalla de Francia” y que fueron el símbolo de la resistencia heroica británica frente a Alemania al inicio de La II Guerra Mundial; o el más que famoso, reconocido que uno de los mejores discursos de la humanidad, “ I have a dream” de Martin Luther King,  esencial para entender la lucha por los derechos civiles.

Muchas son las líneas expositivas sobre los discursos claves para la Historia, pero me voy a centrar en aquellos discursos esenciales para naciones del orbe occidental realizados por sus Jefes de Estado en la Historia Contemporánea- entendida en el sentido continental, no al modo de las escuelas anglosajonas-. Algunos nos gustarán más; otros, menos; pero no estamos comentando su contenido ni su excelencia oratoria, sino su trascendencia Histórica para bien o para mal. Evidentemente, son todos los que están, pero no están todos los que son.

1.- Thomas Jefferson. 4 de marzo de 1801, primer discurso inaugural.

La trascendencia del mismo se resume en que su contenido expresa la esencia de la democracia liberal. Muestra los ideales de la Ilustración, puestos en práctica tras lo que Palmer llamó las revoluciones atlánticas (EE. UU a un lado del mar; Francia, en la otra orilla)

Ya en 1776, Jefferson había formado parte del comité que elaborarían la declaración de Independencia de EE. UU: John Adams, Benjamín Franklin, Robert R. Livingston y Roger Sherman. La redacción final correspondió a Jefferson.

En 1779 siendo Gobernador de Virginia, centró su acción en abolir los privilegios de la primogenitura, en establecer la libertad religiosa y de culto (no hay que olvidar el origen de las 13 colonias tras la huida de los puritanos de Gran Bretaña por las persecuciones religiosas allí acontecidas) y en lograr la difusión general de la educación. En 1801, fue elegido presidente. En su discurso inaugural señala los grandes principios de su mandato y que marcan el devenir democrático de Estados Unidos:

[El Gobierno adecuado debe] dejar libres a los hombres para que regulen sus propios objetivos industriales y de desarrollo, y no quite a los trabajadores el pan que han ganado…los principios esenciales de nuestro Gobierno…justicia igual y exacta para todos los hombres, de cualquier estado o convicción, religiosa o política; la paz, el comercio y amistad honesta con todas las naciones, sin enredarnos en alianzas con ninguna; el apoyo de los gobiernos de los estados en todos sus derechos…; la preservación del Gobierno General en su vigor constitucional, como la tabla de salvación de nuestra paz en el país y la seguridad en el extranjero; un celoso cuidado del derecho de elección por el pueblo; una corrección suave y segura de los abusos que son podados por la espada de la revolución cuando son desprovistos los recursos pacíficos; aquiescencia absoluta en las decisiones de la mayoría [Previamente había señalado que: aunque la voluntad de la mayoría prevalecerá en todos los casos, para ser legítima esa voluntad debe ser razonable… que la minoría posee igualmente sus derechos, que una equitativa ley debe proteger, y cuya violación será considerada opresión], el principio vital de las repúblicas, de la que no cabe recurso a la fuerza, el principio inmediato, vital y primario del despotismo… la supremacía de la autoridad civil sobre la militar; economía en el gasto público, donde el trabajo no puede ser cargado a la ligera; el pago honesto de nuestras deudas y preservación sagrada de la fe pública; fomento de la agricultura y del comercio como su sierva; la difusión de la información y la comparecencia por todos los abusos al albur de la razón pública; la libertad de religión; la libertad de prensa y la libertad de un individuo bajo la protección del habeas corpus y el juicio por jurados seleccionados con imparcialidad. Estos principios forman la brillante constelación que nos ha precedido y guiado nuestros pasos a través de la era de la revolución y la reforma. La sabiduría de nuestros sabios y la sangre de nuestros héroes ha sido dedicada a su consecución. Deben ser el credo de nuestra fe política, el texto de la instrucción cívica, la piedra de toque por la cual probar los servicios de aquellos en quienes confiamos; y debiendo vigilarles en los momentos de error o de alarma, apresurémosles a volver sobre nuestros pasos y recuperar el camino que solo conduce a la paz, la libertad y la seguridad.”

2.- Lincoln- 14 de noviembre de 1863.

Gettysburg fue una sangrienta batalla que duró tres días, murieron 50.000 hombres y tuvo la trascendencia de ser un punto de inflexión en la guerra civil norteamericana. Materialmente fue una derrota muy dura para el sur, por la pérdida de hombres y de recursos, y por ser una derrota devastadora en el plano moral. Después de Gettysburg las esperanzas de reconocimiento de la Confederación se desvanecieron.

En ese momento, dónde la victoria parecía estar más cerca, el presidente Lincoln realiza en Gettysburg, en el mismo lugar de la batalla, uno de sus más famosos discursos en defensa de los valores históricos, ya proclamados por Jefferson y en contra de la esclavitud. En sólo 300 palabras, Lincoln especificaba todo lo que los padres fundadores habían querido para su nación, para la lucha por la libertad e igualdad de todos. Decía: “Hace 87 años nuestros padres crearon en este continente una Nación. Concebida bajo el signo de la libertad, configurada con la premisa de que todos los hombres nacen iguales… Ahora, estamos librando una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier otra nación dedicada al mismo principio, puede perdurar en el tiempo… El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí se diga, mas no olvidará jamás lo que ellos [los combatientes en Gettysburg] han hecho. Nos corresponde a los que estamos vivos completar su obra inconclusa y que tan noblemente han adelantado aquellos que aquí combatieron. Nos corresponde ocuparnos de la gran tarea que nos espera. Quienes han perecido no lo han hecho en vano…Que esta nación, bajo la guía de Dios, vea renacer la libertad y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la Tierra”.

3.- Lenin 1917

Llega la revolución soviética y Lenin, gran orador, explica desde Moscú, en 1917, y en uno de sus discursos más representativos “¿Qué es el poder soviético?”, aboga por el fin del capitalismo y el alzamiento de la clase obrera que llegará al poder de la mano de los soviets. Dice así:

“Mientras la tierra siga siendo de propiedad privada el Estado gobernará siempre, incluso en la República más democrática y más libre, por medio de una pequeña minoría integrada por capitalistas y ricos a los oprimidos…por primera vez en el mundo el poder del Estado es de los obreros y campesinos trabajadores, excluyendo a los explotadores, construyendo organizaciones de masas, los soviets, a los que transfiere todo el poder. Es por eso que, el poder soviético, cualesquiera que sean las persecuciones a las que sean objeto los partidos comunistas de los distintos países, triunfará en todo el mundo de modo ineludible e inevitable en un futuro próximo. Permite a los oprimidos de ayer, la posibilidad de elevarse y tomar en sus manos toda la gobernación del Estado, toda la administración de la economía, toda la dirección de la producción… por eso es un camino seguro e invencible”. La Revolución de octubre estaba en marcha.

 4.- Hitler. Discurso ante el Parlamento el 13 de julio de 1934.

Debemos reconocer que Hitler tenía una habilidad especial para convencer a las masas con su oratoria lo que unido a la crisis que atravesaba Alemania y una serie de carambolas políticas, le llevaron al poder. Sus discursos importantes son numerosos, pero hemos elegido el pronunciado ante el Parlamento el 13 de julio de 1934. El motivo de esta elección es que marca su ascenso al poder omnímodo en Alemania y, con ello, la cuenta atrás para el inicio de la II Guerra Mundial.

La crisis de 1929 dio lugar a que nazis y comunistas alcanzaran buenos resultados en las elecciones alemanas de 1930. Aunque ambos tenían en su programa acabar con la democracia, los partidos moderados de la República de Weimar fueron incapaces de detener su ascenso, especialmente el nazi, y a pesar de ser conscientes de que nada bueno podían traer, pactaron con ellos en la absurda creencia de que podían controlarlos. En las elecciones de julio de 1932, los nazis se convirtieron en el partido con más escaños en el Reichstag. Su forma de entender el poder era el ejercicio de la violencia, es decir, el terror.

Entre sus muchos actos violentos, hay que destacar “la noche de los cuchillos largos” (la del 30 de junio a 1 de julio de 1934). En ella, Hitler, atentó contra los dirigentes de una organización paramilitar nazi (Sturmabteilung) (SA) pues temía que le arrebataran el poder. La mayor parte de los asesinatos los llevaron a cabo las SS (Schutzstaffel) y la Gestapo.  Acusado de estos crímenes y de tomarse la justicia por su mano en vez de confiar en la justicia ordinaria, Hitler se dirige al Parlamento (Reichstag), demostrando con sus palabras que todo el poder era suyo, aunque, formalmente, no lo adquirió hasta la muerte del presidente de la república en agosto de 1934. En aquel discurso, estableció quienes serían sus enemigos; los cuales, en su dialéctica, eran los enemigos del pueblo y del Estado alemán:

“…La mayoría de los trabajadores alemanes han superado ya esta postura destinada a hacer felices a esos judíos internacionalistas. El Estado nacionalsocialista hará en su interior, si fuera necesario, una guerra de cientos de años para acabar con los últimos restos de este veneno del pueblo … Por ello, cuando por fin, legitimados por la confianza de nuestro pueblo, tomamos la responsabilidad de la lucha de catorce años, no lo hicimos para dejar sueltos nuestros instintos y llevarlos a un caos, sino únicamente para fundar un nuevo y mejor orden…

Si alguien me acusa de no arreglar las cosas a base de un juicio reglamentario, únicamente les puedo decir que en esos momentos era yo el responsable de la nación alemana y por tanto juez en nombre de ella. Las acciones revolucionarias han sido siempre combatidas con decisión. Solamente un Estado no actuó así en la guerra y este Estado por ello mismo se derrumbó: Alemania…La nación ha de saber que la propia existencia – que debe ser garantizada por el orden y la seguridad interior – no puede ser amenazada por nadie sin que por ello reciba el justo castigo. Y todos han de saber para el futuro que el que levante la mano contra el Estado encontrará en la muerte su castigo.

El propio pueblo sería culpable si no acabara con esos sujetos. Si me culpan en el sentido de que únicamente un juicio celebrado normalmente hubiera podido dar el resultado apetecido de culpabilidad y resolver el problema, protesto airadamente. ¡El que se levante contra la Alemania es traidor a su patria! Y el que se levanta contra su propia patria no ha de ser juzgado por la importancia de su delito sino por el hecho en sí…Estas veinticuatro horas … el destino me volvió a demostrar que tengo inconmoviblemente a mi lado lo que es más valioso para mí: el pueblo y el Reich alemán”.

 5.- Charles de Gaulle. 18 de junio de 1940.

En junio de 1940, la línea Maginot, se revela como un juguete en manos de los nazis, que avanzan, en la guerra relámpago sin piedad y casi sin esfuerzo, a la conquista de Francia. Una Francia derrotada, que se muestra abúlica ante un destino que lejos de combatir precipita Pétain al solicitar el armisticio y dar lugar al gobierno colaboracionista de Vichy. La deshorna es total, salvo por una voz que se mantiene firme a través de la BBC, es el general Charles de Gaulle:

“¿Se ha dicho la última palabra? ¿La esperanza debe desaparecer? ¿La derrota es definitiva?” Él mismo responde: ¡“No”!

Creedme a mí que os hablo con conocimiento de causa y os digo que nada está perdido para Francia. Los mismos medios que nos han vencido pueden traer un día la victoria. ¡Porque Francia no está sola! ¡No está sola! ¡No está sola! Tiene un vasto imperio tras ella… Esta guerra no está limitada al desdichado territorio de nuestro país. Esta guerra no ha quedado decidida por la batalla de Francia. Esta guerra es una guerra mundial. Todas las faltas, todos los retrasos, todos los padecimientos no impiden que existan, en el universo, todos los medios para aplastar un día a nuestros enemigos. Fulminados hoy por la fuerza mecánica, podemos vencer en el futuro por una fuerza mecánica superior: va en ello el destino del mundo. Yo, general De Gaulle, actualmente en Londres, invito a los oficiales y soldados franceses que se encuentren o pasen a encontrase en territorio británico, con sus armas o sin ellas, invito a los ingenieros y a los obreros especialistas de las industrias de armamento que se encuentren o pasen a encontrarse en territorio británico, a poner se en contacto conmigo. Ocurra lo que ocurra la llama de la resistencia francesa no debe apagarse y no se apagará”.  Efectivamente, este discurso creó la Francia libre y la Resistencia.

 6.- Stalin. Noviembre de 1941.

Tras el colaboracionismo con los nazis (pacto Ribbentrop-Molotov)

( https://algodehistoria.home.blog/2020/11/06/pacto-ribbentrop-molotov/), vino el intento de Hitler de invadir Rusia. Cuando las tropas nazis estaban “a las puertas de Moscú y Stalingrado” y el Ejército Rojo no era capaz de frenar el ímpetu alemán, Stalin decidió hablar a sus militares. No era un gran orador, pero aquí acude a la épica para motivar a los suyos:

“El diablo no es tan terrible como se hace ver”, dijo. “No es difícil ver que los alemanes están frente a un desastre. El hambre y la pobreza reinan en Alemania. En cuatro meses de guerra han perdido cuatro millones y medio de soldados. Alemania está sangrando, su poder se debilita… No hay duda de que Alemania no puede mantener ese esfuerzo durante mucho tiempo. Dentro de varios meses, quizá en año y medio, el peso de sus crímenes caerá sobre ellos (…). El mundo os ve como una fuerza capaz de destruir a las hordas alemanas. El pueblo europeo, esclavizado por los alemanes, os mira como sus salvadores. Una gran misión ha caído sobre ustedes. Sean dignos de esta misión. La guerra que luchan es de liberación (…) ¡Que el gran legado de Lenin vuele sobre sus cabezas! ¡Destrucción total sobre los invasores alemanes!”. Su paso hacia los aliados se había iniciado; el signo de la guerra se modificaba.

7.- Jorge VI. Discurso de la victoria.

Discursos de la Victoria hubo muchos y todos trascendentes. Hemos elegido el de Jorge VI por dos razones: 1) conocemos el discurso de la declaración de guerra por la famosa película, “El discurso del Rey”, pero sabemos que los discursos trascendentes para Gran Bretaña fueron los de Churchill. Sin embargo, Jorge VI llegó a convertirse en una figura esencial para la motivación de los británicos durante la Segunda Guerra Mundial, y en el gran apoyo de Churchill y éste del rey. Ambos lograron una gran sintonía mutua, lo que ayudó enormemente a la labor británica en la guerra. 2) Jorge VI fue el último emperador de la India. La II Guerra Mundial mostró la labor de todo un imperio al servicio de su majestad con el fin de derrotar a tan fieros enemigos. Pero, la victoria trajo consigo la independencia de las antiguas colonias y el fin del Imperio británico tal y como se conocía hasta entonces. Pero en el momento de la victoria la Unidad parecía indefinida:

“Hoy damos gracias a Dios por un gran acontecimiento…os pido que os unáis a mí en este acto de acción de gracias. Alemania, que arrastró a la guerra a Europa entera, ha sido finalmente vencida. En el Lejano Oriente aún tenemos que combatir contra los japoneses que son decididos y crueles adversarios…

… todo estaba en juego: nuestra libertad, nuestra independencia y nuestra propia vida o existencia como nación; pero también sabíamos que, al defendernos, defendíamos la libertad de todo el mundo, que nuestra causa no sólo era la de la nación ni la de su Imperio y comunidad de naciones, sino la del mundo entero, la de todas aquellas tierras donde se ama la libertad y ésta va acompañada por el respeto a la ley.

La Reina y yo nos damos perfecta cuenta de las penalidades que ha sufrido el pueblo inglés en toda la comunidad británica y en su Imperio. Nos sentimos orgullosos de vosotros…“

 8.- Kennedy, discurso inaugural 1962.

John Fitzgerald Kennedy fue el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, y el primer católico en alcanzar este puesto, lo cual ya era un hito en sí mismo. Pero además fue el presidente que cambió la imagen electoral al dar importancia a la telegenia y al márquetin. Desde su candidatura, las campañas electorales se modificaron en todo el mundo.  Pero Kennedy, había estudiado en Harvard, no todo era impostada telegenia, era un tipo brillante y en su mandato realizó muchos e importantes discursos. Destacamos el realizado el 20 de enero de 1961, día de su investidura. Llevaba meses preparándolo y, sin embargo, su duración sigue siendo la más corta de la Historia de los discursos inaugurales de USA, tan sólo 14 minutos. Nada fue improvisado, en la víspera de la ceremonia se reunió con los directivos de la cadena CBS para preparar hasta el último detalle y, como todo lo bien preparado, dio sensación de naturalidad.

Pero la trascendencia, estaba en que en esos 14 minutos expresa las líneas esenciales de lo que será su mandato. Lo que reforzará posteriormente en otros grandes discursos: Iba a dirigir un gran país, pero un país que podía ser aún mejor. Para ello, se adelanta a algunos problemas como la defensa de los derechos civiles o un programa de la “Nueva Frontera”,  que marcaba un desarrollo económico de obras civiles y también militares que acabaron confluyendo en la llegada del hombre a la luna, que él vaticinó en otro gran discurso  el 25 de mayo de 1961 en el Senado para solicitar un aumento de fondos para el programa que permitiese llevar al hombre a la luna antes del fin de la década: “Esta nación debe asumir como meta el lograr que un hombre vaya a la Luna y regrese a salvo a la Tierra antes del fin de esta década” .

Pero, el discurso inaugural marcaría esencialmente su política exterior, mucho más certera que la interior; su defensa del Mundo contra el comunismo, si bien expresada con una mano tendida al bloque del este.  Apaciguamiento, pero sin temor, con firmeza. Recordando a los padres fundadores señaló los principios de la democracia y su extensión por el mundo, mostrándose como el que ampararía a los países del sur americano en esa consecución liberal:” A los pueblos de chozas y aldeas en la mitad del mundo que luchan por liberarse de las cadenas de la miseria de masas, les prometemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudarlos a ayudarse a sí mismos, durante el tiempo que sea necesario. No porque quizás lo hagan los comunistas, no porque queremos sus votos, sino porque es lo correcto. Si una sociedad libre no puede ayudar a los muchos que son pobres, no puede salvar a los pocos que son ricos… A nuestras repúblicas hermanas al sur de nuestras fronteras les ofrecemos una promesa especial: convertir nuestras palabras en hechos en una nueva alianza para el progreso, con el fin de ayudar a las personas y gobiernos libres a romper las cadenas de la pobreza. Pero esta pacífica revolución de la esperanza no puede convertirse en presa de potencias hostiles. Todos nuestros vecinos han de saber que nos uniremos a ellos para luchar contra la agresión o subversión en cualquier lugar de las Américas. Y que cualquier otra potencia sepa que este hemisferio pretende seguir siendo el amo en su propio hogar…

Por último, a esas naciones que se transformarán en nuestros adversarios, no les ofrecemos una promesa, sino una solicitud: que ambos bandos comencemos nuevamente la búsqueda de la paz… No osemos tentarlos con la debilidad, porque solo cuando tengamos la seguridad de que nuestras armas son suficientes podremos estar completamente seguros de que nunca serán usadas.”

 Y así actuó en la guerra de los misiles de cuba, uno de los grandes conflictos de su mandato.

Kennedy anunció una nueva era llena de peligros y desafíos, pero también de oportunidades y esperanza si todos se esfuerzan unidos, con un mensaje de exigencia a los ciudadanos cuya expresión se ha convertido en la frase más famosa de aquel discurso: “Así pues, compatriotas: preguntad, no qué puede vuestro país hacer por vosotros; preguntad qué podéis hacer vosotros por vuestro país.”

9.- El último discurso de Salvador Allende.

El presidente chileno derrocado por el golpe de Estado de Pinochet (11 de septiembre de 1973), se dirige a la nación. Es un discurso importante en lo emocional y, sobre todo, denuncia el inicio de las dictaduras militares del cono sur americano que tantos disgustos trajeron a la zona:” Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes”, señalaba el ya expresidente. Anunciaba así su decisión de suicidarse. Fue un acto de acusación hacia el golpista, Pinochet: “el general rastrero”.  Dejó una frase para la posteridad. “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

10.- Juan Carlos I. 23 de febrero de 1981.

El intento de golpe de estado de febrero de 1981 a manos del General Armada, Milans de Bosch, Tejero y otros, supuso un punto de inflexión en la historia de España, el discurso del rey Juan Carlos I la madrugada del 24 de febrero de 1981 permitió tranquilizar a los españoles y supuso el fracaso del golpe. En alocución televisiva, declaró que rechazaba cualquier intento de golde de Estado. Tras varias horas de intensas llamadas, reflexiones y tensión, Milans de Bosch retrocedió en sus planes y fue arrestado, mientras que Tejero resistió hasta el mediodía del 24.

 «Al dirigirme a todos los españoles, con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los Capitanes Generales de las Regiones Militares, Zonas Marítimas y Regiones Aéreas la orden siguiente:

Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las Autoridades Civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente…

La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum».

 11.-Ronald Reagan. Discurso en la Puerta de Brandeburgo. Berlín Occidental, Alemania 12 de junio de 1987.

Muchas personas ven en Ronald Reagan al gran restaurador del sueño americano. Esa tierra de libertad y oportunidades que permite a cualquier ciudadano llegar a lo más alto, por méritos propios. Como en tantas personas de su generación la II Guerra Mundial fue determinante en su vida. No pudo alistarse como quería por su miopía, pero le contrataron como actor para las películas de propaganda americana durante el conflicto. Miembro del sindicato de actores empezó a dar discursos políticos. Desde el principio sus palabras siempre tuvieron un contenido antiestatista y conservador. Consumado antifascista, antirracista y anticomunista.

Cuando llega a la presidencia el 4 de noviembre de 1980, tras el gobierno de Carter, el liderazgo mundial americano estaba en crisis: invasión de Afganistán, crisis de los rehenes en Irán, una inflación desbocada, crisis del petróleo… No se amilanó. Revertió esa situación durante su presidencia y, al tiempo, echó un pulso a los comunistas. En este último asunto de la mano de Margaret Thatcher y del Papa Juan Pablo II. Los tres doblegaron a la tiranía comunista. En representación de aquel hecho histórico que cambió la faz del mundo occidental traemos el discurso de Reagan en la puerta de Brandeburgo, varios presidentes americanos se habían dirigido a los alemanes desde la construcción del Muro, el más conocido fue Kennedy el 26 de junio de 1963, entonces con el Muro recién levantado y, ahora, Regan, con el Muro a punto de ser derribado. Kennedy dijo en medio de una multitud:«Ich bin ein Berliner»[yo también soy Berlinés] lo que ha pasado a la Historia de la esperanza de los alemanes de su reunificación.  El de Reagan, era no ya una hipotética esperanza, sino la constatación del trabajo realizado. Dijo: mientras la puerta esté cerrada, mientras se permita esta herida de muro, no es sólo la cuestión alemana que permanece abierta, sino la cuestión de la libertad de toda la humanidad. Pero no he venido aquí a lamentarme. Puesto que encuentro en Berlín un mensaje de esperanza, incluso a la sombra de este muro, un mensaje de triunfo.” Y el triunfo llegó. Continuó el presidente: “En la década de los 50, Kruschev predijo: “os enterraremos”. Pero en Occidente hoy vemos un mundo libre que ha alcanzado un nivel de prosperidad y bienestar sin precedentes en toda la historia humana. En el mundo comunista vemos fracaso, retraso tecnológico, niveles sanitarios en declive, incluso necesidad del tipo más básico: demasiada poca comida. Incluso hoy, la Unión Soviética no puede alimentarse a sí misma. Después de estas cuatro décadas, entonces, una conclusión inevitable se alza ante el mundo entero: la libertad lleva a la prosperidad. La libertad viene a sustituir los antiguos odios entre las naciones por civismo y paz. La libertad es la vencedora… Y puede que ahora los propios soviéticos, a su manera limitada, se den cuenta de la importancia de la libertad. Oímos mucho de Moscú acerca de una nueva política de reforma y apertura… ¿Son estos los comienzos de cambios profundos en el Estado soviético?”. Y Reagan gritó desde Berlín: “Secretario General Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa Oriental, si usted busca la liberalización: ¡Venga a este muro! ¡Señor Gorbachov, abra esta puerta! ¡Señor Gorbachov, haga caer este muro!”

El muro cayó y éste hecho, junto con la derrota del nacismo, son los dos acontecimientos más destacados e importantes del S XX.

12.- Felipe VI. 3 de octubre de 2017.  

En aquel mes de octubre, el gobierno noqueado por la celebración de un pseudo referéndum- completamente ilegal, pero que nunca debió de ocurrir-, las calles incendiadas y una huelga general amenazando Cataluña. El Rey Felipe VI, en un discurso balsámico, certero y lleno de coraje logró parar la campaña de publicidad exterior que había iniciado la Generalidad y la posibilidad de que algún país reconociera aquel acto ilegal y secesionista.

Si hubo algo esencial en aquel discurso fue la manifestación de que el estado español aún sobrevivía; de que la Corona expresaba la unidad de España y la constitución.

“Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno… Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando ─desgraciadamente─ a dividirla. … todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común….Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía.”

 Después dirigiéndose a todos los españoles, especialmente a los ciudadanos de Cataluña preocupados por la deriva antidemocrática de sus dirigentes, les lanzó un mensaje de esperanza:

“…les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.

Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza. Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos. Y lo son porque están basados en el deseo de millones y millones de españoles de convivir en paz y en libertad” …

Aquella noche, el discurso del Rey provocó un cambio de tendencia y fue el desencadenante de la manifestación del 8 de octubre que convocó a un millón de personas en las calles de Barcelona en contra del golpe de Estado. A partir de ese momento, los separatistas entraron se encontraron desunidos, actuaron con atolondramiento o huyeron como cobardes. Los que se quedaron acabaron en la cárcel condenados por sedición.

La brigadas internacionales, ¿mito o verdad?

Sobre las brigadas internacionales se ha escrito mucho desde el final de la guerra civil española. La historiografía ha pasado de relatos casi hagiográficos de aquellos extranjeros que vinieron a luchar a España hasta estudios revisionistas desmitificadores. Por supuesto hablo de historiadores neutrales, no de los partidarios de uno y otro signo que tiran de la figuras de los brigadistas a su favor o contra, como si estiraran de un chicle, o aquellos propagandistas: corresponsales, novelistas o cineastas en su mayoría, que sin estudiar nada en profundidad nos venden un mito romántico de luchadores por la libertad. No olvidemos que mucho hay de propaganda y más aún de venta en este tema que traemos hoy.

La visión romántica es bien conocida, la segunda, la revisionista, no tanto y, sin embargo, quizá esté más cerca de la realidad… o no. Ambas posiciones son defendidas por historiadores de izquierda y derechas. En eso no hay posicionamientos ideológicos, sino un uso de las fuentes más o menos afortunado. También, algunos destacados militares republicanos han contribuido a la desmitificación.

Es cierto que parte de la posición desmitificadora de las brigadas internacionales nace a raíz de las memorias e informes de los propios brigadistas una vez muerto Stalin y, más aún, cuando tras la caída del muro desapareció el miedo a la represión de los soviéticos. También la Perestroika trajo consigo la apertura de los archivos soviéticos (nuevamente cerrados, en gran parte, por Putin), lo que ha permitido tener una información mucho más completa. A ello hay que unir que aquella visión noble, novelesca y heroica de luchadores por la libertad se debe, en parte, a las maravillosas plumas de escritores como Hemingway o André Malraux. Ambos tuvieron mucho de aventureros y políticos, además de excelentes escritores, en una mezcolanza que como ha señalado Oliver Todd, biógrafo y crítico del francés, fue «el primer escritor de su generación que logró edificar de una manera eficaz su propio mito» y yo añadiría que ambos contribuyeron al mito de las brigadas internacionales. Ya decía John Dos Passos que “el escritor que escribe bien es el arquitecto de la historia”; en este caso, de la Historia. Pero no todos los escritores brigadistas revelaron esa visión, así George Orwell, salió de España completamente contrario a lo que le llevó a la guerra. Entró como comunista y aquí conoció la represión del sistema y cambió radicalmente. Por eso escribió  poco después “Rebelión en la granja” y “1984” en los que la metáfora y la ironía se unen para criticar el sistema comunista. No paró de explicar a todo el mundo que lo que había que combatir era a Stalin y al comunismo. No fue el único que renegó de aquella ideología que le llevó a arriesgar su vida de manera tan fútil, también lo hizo el sobrino de Churchill  y otros muchos.

Así llegamos a lo que empieza a ser evidente para la historiografía, las brigadas internacionales fueron un invento estalinista.  Andreu Castells sitúa el nacimiento de las Brigadas Internacionales en las reuniones de Comitern y la Profinter (sindicatos) en Praga el 21 y 26 de julio de 1936. Pero sólo tuvo consistencia aquel proyecto a mediados de septiembre de 1936 cuando Stalin intervino de lleno aportando armas y voluntarios al Frente Popular. Eso no quiere decir que no viniera a España algún iluso creyendo que de verdad luchaba a favor de la democracia y la libertad. Aquí llegaron idealistas políticos, aventureros, muchos simples trabajadores en paro o, en no pocas ocasiones, simples delincuentes. Siempre hay de todo y aquí no iba a ser menos. Pero una persona formada, con cierta capacidad de análisis puede fácilmente comprender que los que vinieron a luchar a España debían saber o intuir que de aquella triste guerra no podía salir una democracia. Ninguno de los bandos la defendía. Si bien es cierto que en las filas de las brigadas hubo muchos comunistas que tenía una visión idealizada de esta ideología y su estancia en España sirvió para abrirles los ojos y renegar de aquel movimiento. Como decía, está demostrado que la inmensa mayoría de los brigadistas , en torno al 80% fueron comunistas de obediencia soviética, que llegaron a España en virtud del reparto que la URSS hizo entre todos los partidos comunistas del mundo, porque los partidos comunistas tenían que cumplir la cuota impuesta por Moscú. Y cuando las cuotas no se cumplían, es cuando recurrían a voluntarios antifascistas, que nunca fueron anticomunistas. En este sentido cabe incluir a un numeroso grupo de judíos que por razones obvias llegaron a luchar contra el fascismo y, por ende, por su libertad y la de su pueblo. Muchos de ellos, cuando acabó la guerra prefirieron quedarse en prisiones españolas o, cuando pudieron, huir al bando aliado. Aunque también hubo judíos que apoyaron el bando nacional.

Durante julio y parte de agosto de 1936, la ayuda soviética a los republicanos fue de aliento y apoyo moral, con muchas conferencias propagandísticas y nada más práctico. A mediados de agosto enviaron armas y material a un Frente Popular que iba en retroceso y, en septiembre, Stalin  aceptó la petición de envío de hombres que el partido comunista francés, el más activo a favor de los frentepopulistas, solicitó ya en agosto. Esta dilación parece relacionada directamente con el hecho de que Stalin llegó a la conclusión de que podría cobrarse la intervención soviética con las reservas de oro del Banco de España, es decir, que la ayuda rusa no tuvo nada de gratuita. Ya tuvimos una entrada sobre este asunto:

 https://algodehistoria.home.blog/2020/07/24/el-expolio-de-la-republica-el-oro/

Por supuesto que Stalin utilizó la guerra civil española como medio de propaganda contra los fascismos. Los comunistas siempre han sido grandes propagandistas, lo mismo que lo fueron los nazis, sólo que la de los comunistas perdura, pues son aún muchos sus seguidores, aunque parezca mentira.  Los comunistas siempre han tenido entre sus fijaciones reescribir la Historia – leyes de memoria histórica-. En este caso, la idea de una contienda romántica de demócratas frente al fascismo, surge del estalinismo. Los comunistas siempre llenan sus escritos y discursos de las palabras democracia y libertad, no olvidemos, por ejemplo, que en la división alemana, la Alemania democrática era la comunista, justo la que no era democrática. Se ve que en su ideario conocen que la libertad y la democracia liberal están en la esencia  de lo que busca toda sociedad y todo ser humano, pero eso no les permitiría a ellos gobernar. Así que, penetran en la sociedad con sus promesas libertarias para salirse con sus deseos de acaparar el poder. Y si esa propaganda nos la intentan vender ahora, en los años 30, los más totalitarios de la historia de Europa, también. Sin embargo, la prueba de que su lucha no era tan evidente contra los fascismos sino un medio de lograr extender su poder por Europa, es que Stalin no puso el mismo ímpetu en la lucha contra nazis o el fascio italiano. Contra ellos no movió un dedo hasta que Hitler no invadió Rusia. Recordemos el pacto, ya visto en este blog, con los nazis (pacto Ribbentrop- Molotov)  https://algodehistoria.home.blog/2020/11/06/pacto-ribbentrop-molotov/

Es difícil saber cuántos brigadistas llegaron a España así, el historiador Manuel Requena Gallego afirma en su libro sobre las brigadas internacionales que  el número oscila entre los 35.000 y los 160.000. “Las más bajas han sido ofrecidas por Kiva Lvóvich Maidanik, Jacques Delperrié de Bayac o Hught Thomas (todos ellos con 35.000)” El general Lister utiliza también esta cifra. “El general Gómez, por su parte, eleva los brigadistas hasta 52.000, mientras que Andreu Castells hace lo propio, pero hasta 59.380.” Los más exagerados, en palabras de Requena, “han sido los historiadores pro-franquistas y la prensa del Régimen, que determinan que arribaron hasta 160.000”. En el libro “Spain Betrayed” –una recopilación realizada por la Universidad de Yale de documentos secretos soviéticos sobre la guerra civil española y posiblemente, hasta el momento, lo mejor publicado en cuanto al conocimiento de los archivos soviéticos y testimonios de brigadistas- deja el número de 52.000. Pío Moa indica que cuando en 1938, la base de operaciones de los brigadistas se trasladó a Barcelona el número era de 31.400; sin embargo otros autores lo limitan a 12.000. Aunque las cifras sean controvertidas, tanto los estudios de la universidad de Yale como los de Castells, por ser el autor que ha realizado los cálculos más pormenorizados y detallistas, parecen los más serios a la hora de obtener un dato cierto. Por otro lado, algunos autores hablan de que los brigadistas provenían de 80 naciones, aunque la mayoría los sitúa en torno a 60. El General Líster dice que provenían de 58 países.

El PC francés fue el que sirvió de organizador de las llegadas a España, no fue el único, pero sí fundamental. La infraestructura fue esencialmente francesa, comunista y con amarre en Moscú. Uno de los testimonios recogidos por el estudio de Yale es el del brigadista norteamericano Sandor Voros, comunista declarado, que afirma que vino a luchar “al lado de los legendarios dirigentes comunistas”. Y no sólo eran comunistas los brigadistas, sino que con ellos llegaron en torno a medio millar de oficiales, asesores, técnicos soviéticos por decisión de Stalin sin contar con la anuencia, ni siquiera con la petición de los españoles. Los republicanos, el primero de ellos Largo Caballero no estaban muy conformes con esta situación, así el dirigente socialista, en una de las numerosas cartas que escribió desde el exilio, dijo que “no vieron con buenos ojos aquella llegada puesto que no se integraban en el ejército republicano sino que actuaban de manera independiente.” Quienes peor aceptaron esta intromisión fueron los anarquistas, poco inclinados a someterse a una disciplina castrense. ¡Y qué disciplina, la soviética! Cuando lo que primaba en el ejercito republicano, sobre todo en los primeros meses, era el caos. Verdaderamente en el bando republicano no había un ejército sino uno por partido político que hacían la guerra como les venía bien. Recordemos a este respecto el bochornoso espectáculo del ejército vasco del PNV en Santoña (https://algodehistoria.home.blog/2019/11/29/traidores-el-pacto-de-santona/ ). La ayuda soviética actuaba al margen de la autoridad española y bajo la hegemonía del partido comunista a las órdenes de Moscú, lo que convirtió al ejército republicano en un protectorado soviético. Lo que deseaban los rusos es lograr un ejército único y no uno por partido.

Una de las primeras acciones de los brigadistas fue en la defensa de Madrid. Aquí, como siempre, los brigadistas actuaron sin respetar las órdenes de  los militares republicanos. Se ha extendido como mito que las Brigadas salvaron a Madrid de Franco, esta es una afirmación manejada desde Moscú o, quizá, también, como afirma el general Lister, promovida por el bando nacional. Todo es posible, pero viniera de donde viniera no deja de ser pura propaganda. Ambos tenían motivos para realizarla, los comunistas para seguir mandando en el ejército republicano y los nacionales para justificar la llegada de la Legión Cóndor. La verdad es que los brigadistas se negaron a intervenir en la defensa de la capital durante varios días y hasta que la jefatura del mando soviético no les dio permiso no actuaron. Su presencia lejos de ser decisiva ni siquiera fue importante. En este sentido. El general comunista Enrique Líster relativizara la importancia en una entrevista concedida a la reportera Sheelagh Ellwood y recogida en el ABC. Lister señala que, “cuando llegaron las Brigadas Internacionales, Madrid ya había sido salvado. Los tres días difíciles de Madrid fueron el 6, 7 y 8 de noviembre, y los primeros dos mil brigadistas llegaron el 9. Entraron en combate y combatieron bien, pero, claro, dos mil brigadistas no podían salvar Madrid. Su papel fue importante, sobre todo en el primer período de la guerra: pero hay un falso enfoque sobre el particular. Por parte de los franquistas, porque así les convenía decir que fueron las Brigadas Internacionales las artífices de toda una serie de batallas. Por parte de gente interesada, de las Brigadas y otros que no eran de las Brigadas, de inflar el papel militar y combativo de estas.”

En cambio, no hubo propaganda posible para contrarrestar su desastrosa presencia en la defensa de Málaga, dónde los italianos que apoyaban a Franco realizaron un papel fundamental.

Realmente, como señala Lister, no era fácil que tuvieran un papel destacado: “El ejército popular llegó a tener 1.200.000 hombres y los brigadistas que llegaron a España fueron 35.000 de 58 países. En ninguna batalla llegaron a actuar los 35.000 juntos. En batallas como el Jarama desempeñaron un papel importante.” Efectivamente, quizá en el Jarama fue dónde más destacada fue su actuación.[1]

Radosh en el prólogo del libro “Spain Betrayed”, insiste en la idea de que Stalin no tenía intención de parar al fascismo sino que consideraba a los brigadistas, bajo el mando de sus asesores soviéticos en España, el brazo ejecutor y guardián de la lenta conversión de la República española en una República Democrática de los Trabajadores, al estilo de las que la Internacional comunista quería implantar. Las brigadas fueron concebidas como columna vertebral de estricta obediencia soviética y cuyas acciones militares obedecieran en cada momento a las necesidades de Stalin en la escena política internacional. Otra prueba más de que no reconocían al ejercito español la podemos encontrar en uno de los militares de Stalin en España el general Korol Sverchefski, el cual  aprecia en las brigadas internacionales «un terco rechazo a admitir que estamos en suelo español, subordinados al ejército español, que el único superior es el pueblo español y, para quienes somos comunistas, el Partido Comunista español…” De hecho, los mandos republicanos crearon brigadas mixtas que no obtuvieron ningún éxito en su funcionamiento y organización, salvo cuando los españoles sólo eran soldados o, como mucho, suboficiales. Los brigadistas nunca aceptaron al mando español. Así sigue contándonos el general Sverchefski “Los internacionalistas vivimos nuestra propia y aislada vida. Salvo infrecuentes visitas oficiales, rara vez admitimos españoles entre nosotros… Asimismo, los internacionalistas tendían a actuar por su cuenta, sin hacer caso al mando español, y era muy difícil conseguir que relevaran a los españoles en las trincheras…” Esas conductas contaminaban todo. La insolidaridad con los «camaradas de armas» indígenas llegaba a extremos como éste: «Hasta hace poco la unidad sanitaria en Albacete atendía muy bien a los heridos internacionalistas, y sugería cínicamente que de los españoles se ocupara la división. Con magníficos hospitales en Albacete, Murcia, Alicante, Benicassim, equipados espléndidamente en personal y material, (el responsable) se negó tercamente y por largo tiempo a atender a soldados españoles que habían luchado codo con codo en las mismas brigadas internacionales. Considero un gran logro que nuestra división haya sido la primera en atender a los heridos españoles en plano de igualdad con los internacionalistas». [2] No son los únicos ejemplos; el mismo general cuenta como no prestaban a los españoles, ni siquiera los camiones estropeados, que se podían arreglar, para facilitar su transporte o como los internacionales tenían comida hecha al gusto de sus países de origen y los españoles, en ocasiones, no tenían ni para comer.

Los alistados en las brigadas tenían su base de operaciones en Albacete, donde recibían instrucción bajo la dirección de  André Marty, comunista francés que había luchado para la revolución soviética y conocido como “el carnicero de Albacete”. Allí también se adiestraba a los españoles. La idea de crear un ejército único prosoviético se basaba en una férrea disciplina entre sus miembros y de eso se encargaba Marty. Todos ellos fueron vigilados, controlados e incluso exterminados. Esta es la parte más llamativa de las brigadas. Fueron purgados como tantos otros por Stalin. Pero no olvidemos que aunque los comunistas eran mayoritarios no todos los brigadistas lo eran e incluso los que se creían comunistas no estaban dispuestos a obedecer a la Komintern. Había simpatizantes trotskistas y otros revolucionarios de aspiración pero no de disciplina. Además, entre ellos tenían problemas de convivencia sobre todo, frente a los franceses y a los judíos; el antisemitismo era importante en las brigadas. Eran una fuerza tan heterogénea como todo el bando republicano.

La dureza de las imposiciones soviéticas transmitidas por Marty, lograron que la indisciplina llegara muy rápido y las deserciones se multiplicaban. El batallón Abraham Lincoln, por ejemplo, llegó a tener 120 desertores al ser transferido de Madrid a Aragón. Cada  caso de indisciplina era tratado por el carnicero de Albacete con “firmeza” que justificaba en informes llenos de mentiras como, por ejemplo, que descubrió a varios delincuentes, ladrones o violadores y por eso hubo de ejecutarlos. Ejercía otro sistema también muy expeditivo, en muchos casos, los brigadistas más indisciplinados eran puestos por el mando en los lugares más peligroso de la avanzadilla en cada batalla, de ahí y no por su heroísmo- como ha querido hacernos ver la versión romántica- el gran número de fallecidos entre sus filas.

Procuraban no dejar descontentos vivos, pues podían volver a Francia o Estados Unidos y contar el régimen de terror que se vivía bajo la disciplina comunista. Eso cuenta Voros, ferviente estalinista: “Los líderes del Kremlin, aunque proporcionaron material, confiaban sobre todo en el terror. Oficiales y soldados son implacablemente ejecutados siguiendo sus órdenes. El número de victimas es particularmente elevado entre  polacos, eslavos, alemanes y húngaros[3]

Las brigadas se fueron de España en 1938. Se dice que por petición de Negrín. Sí, cierto es y, también, por interés soviético ante el pacto con Hitler. Negrín consideraba que así podían obtener el apoyo de Francia e Inglaterra- Rusia buscaba también pactos con los aliados-. Pero, sobre todo, Negrín buscaba que alemanes e italianos no mandaran más tropas de apoyo a Franco. Precisamente, la llegada de las brigadas internacionales fue la excusa perfecta para que la Legión Cóndor se asentara en España apoyando al bando nacional. Alemanes, italianos y árabes apoyaron de manera numerosa a los franquistas. Pero hubo una diferencia esencial entre las ayudas extranjeras de un bando y otro. En el nacional, el mando siguió siendo español, aunque con alguna actuación estelar de italianos y alemanes (los árabes siempre estuvieron integrados en el ejército nacional); si bien esas actuaciones estelares  a los italianos se les acabaron tras el destre de Guadalajara.

Los brigadistas que no permanecieron en España- algún grupo poco numeroso se quedó-fueron despedidos en Barcelona con todo tipo de homenajes. El discurso de despedida de la Pasionaria lleno de fervor y sumisión a los soviéticos o los versos de Alberti quedan para el recuerdo triste y un tanto indigno de aquel festejo.

Los brigadistas tuvieron un futuro desigual, de vuelta a Moscú, muchos militares y agentes soviéticos cayeron en las purgas estalinistas anteriores a la II Guerra Mundial. Los que contaban con el apoyo y aprecio de Stalin, llegaron a ser primeros ministros y altos dirigentes de los países del Este o en propia URSS tras la contienda. Otros muchos volvieron a Francia y formaron parte de la resistencia frente a los nazis. Muchos de los norteamericanos tuvieron que hacer frente al macartismo y otros, que habían renunciado al comunismo, no contaron inmediatamente la realidad de la Guerra Civil española por miedo a los soviéticos. Es el caso de John Dos Passos, amigo de Hemingway, amante de España, comunista hasta que conoció que los servicios secretos soviéticos asesinaron a su amigo y traductor de sus obras José Robles Pazos. Esto le valió alejarse de Hemingway al que acusaba de escasa sensibilidad ante el sufrimiento humano 

 Se podrían contar muchas más cosas y anécdotas, pero quizá lo mejor es leer sobre las Brigadas Internacionales  estudios bien fundamentados, de uno y otro bando, de historiadores serios, no de simples vendedores de libros. De todo tipo, románticos o de los que se dicen desmitificadores, y que en ocasiones lo son y en otras no. Porque sólo con muchas lecturas se puede sacar una conclusión, más o menos clara, y, en mi opinión nada romántica, de lo que realmente pasó, pues como dice Paul Johnson, nuestra guerra civil es el acontecimiento de los años 30 sobre el que más se ha mentido… y yo diría, se sigue mintiendo.

 

BIBLIOGRAFÍA

ANDREU CASTELLS.-«Las brigadas internacionales de la guerra de España». Planeta Agostini. 2005

RONALD RADOSH, MARY R. HABECK, GREGORY SEVOSTIANOV. “Spain Betrayed: The Soviet Union in the Spanish Civil War (Annals of Communism)”. Universidad de Yale. 2001 (utilizada la versión en castellano publicada en 2002).

MANUEL ESPADAS Y MANUEL REQUENA. “La Guerra Civil Española y las Brigadas Internacionales”.  Universidad de Castilla- La mancha. 1998.

JESÚS GONZÁLEZ DE MIGUEL. «La batalla del Jarama: febrero de 1937, testimonios«. La esfera de los Libros. 2009

PÍO MOA. » Los mitos de la Guerra Civil». La esfera de los libros. 2003

ALFONSO BULLÓN DE MENDOZA Y L.E. TOGORES. «La Guerra Civil Española (sesenta años después)» Actas.1999

J.M MARTÍNEZ BANDE. «La marcha sobre Madrid». San Martín. 1982

 

 

 

[1] Ver el libro LA BATALLA DEL JARAMA: FEBRERO DE 1937, TESTIMONIOS. De Jesús González de Miguel. Muy interesantes los testimonios recogidos en el mismo.

[2] Spain Betrayed. Informe del general Korol Sverchefski

[3] Spain betrayed. Informe  Voros