Muchas veces en este blog hemos hablado de hazañas de la humanidad, hoy traigo otra, quizá la más impactante del siglo XX. Me refiero a la llegada del hombre a la Luna.
Tal acontecimiento ocurrió el 20 de julio de 1969. En España lo recordamos de manera más especial por dos razones, una, por la labor que realizaron las estaciones de seguimiento de Robledo de Chavela y Fresnedillas (provincia de Madrid) y Maspalomas en Canarias. Varios ingenieros y expertos españoles, entrenados por la NASA, fueron los encargados de controlar tanto la trayectoria como las constantes vitales de los astronautas durante el viaje del Apolo XI que depositó a Aldrin y Armstrong en la corteza lunar y, segunda, por el incomparable hacer de Jesús Hermida contándolo en televisión española, si bien la transmisión en USA no desmereció un ápice a la mejor puesta en escena hollywoodense. La retransmisión se hizo a partir de la señal proveniente de Honeysuckle Creek, cerca de Camberra en Australia puesto que la esperada difusión desde Goldstone en California presentó en el momento culmen de la operación muy mala recepción. Este conjunto de centros mundiales colaborando con el acontecimiento fue una de las razones de su éxito, era occidente el que se movía tras el liderazgo norteamericano. Pero fue la Nasa la que realizó el proyecto, lo analizó, pagó y experimentó, y, como se aprecia en lo señalado para la retransmisión televisiva, siempre hubo un plan B pensado para cada posible eventualidad. Rara vez el éxito se logra con la improvisación y la casualidad, aunque en ocasiones así haya ocurrido; normalmente, el éxito llega de la mano del ensayo, el trabajo, la coordinación y la previsión, como fue en esta llegada a la Luna
El éxito del Apolo 11 se debe a un programa espacial “Programa Apolo” que se desarrolló en Estados Unidos como continuación del programa Mercury y que fue la contrarréplica al programa Sputnik soviético. El programa Apolo, cuyo nacimiento data de julio de 1960, tenía como objetivo, primero, circunvalar la Luna a fin de establecer un lugar adecuado para que se produjera el objetivo último, el alunizaje de una nave espacial tripulada. Se pretendía lograr el viejo sueño de viajar de la Tierra a la Luna como ya fabuló Julio Verne o como el 12 de septiembre de 1962, adelantó el presidente Kennedy en un conocidísimo discurso en la Universidad de Rice (Tejas), también lo había señalado previamente ante el Congreso.
“Si esta historia resumida de nuestro progreso nos enseña algo es que el hombre, en su búsqueda del conocimiento y el progreso, está decidido y no se deja disuadir. La exploración del espacio va a continuar, participemos en ella o no, y es una de las grandes aventuras de todos los tiempos. Ninguna nación que espera ser líder de otras naciones puede plantearse quedarse atrás en la carrera espacial. (…)
Elegimos ir a la Luna. Elegimos ir a la Luna en esta década, y también afrontar los otros desafíos, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque esta meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y aptitudes, porque es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, que no estamos dispuestos a posponer, y que tenemos toda la intención de ganar, también a los demás.”
Esta determinación y anuncio de llegada a la Luna condicionó el proyecto Apolo hasta su culminación. Con enormes barreras que superar, como también señaló Kennedy en el mismo discurso:
“A pesar del hecho asombroso de que la mayoría de los científicos que el mundo ha conocido jamás están vivos y trabajan en nuestros días, a pesar de que el número de científicos de esta Nación se duplica cada 12 años siguiendo una tasa de crecimiento que triplica con creces la de nuestra población en su conjunto, a pesar de ello, las vastas extensiones de lo desconocido, las preguntas sin responder y las tareas que aún están sin terminar siguen superando con creces nuestra comprensión colectiva.”
Tal fue así que la carrera espacial hizo que tanto la URSS como Estados Unidos tuvieran que fundamentar su labor en el trabajo de científicos que habían tenido serios problemas en sus países.
Los americanos no habrían llegado a la Luna sin el trabajo del alemán Wernher von Braun, diseñador de las bombas germanas que caían como racimos sangrientos en el Londres de la Segunda Guerra Mundial ( IIGM) y, por su parte, los soviéticos deben todos los logros del programa Sputnik, tanto el diseño del cohete como de la puesta en órbita de los primeros tripulantes en el espacio, a Sergei Pavlovich Korolev, ucraniano que fue torturado por «subversión en el campo de la tecnología» durante la gran purga en 1939 y preso en el Gulag hasta 1945. Posteriormente fue condecorado por la propia Unión Soviética.
Científicamente, la quinta expedición del Apolo compuesta por los astronautas, Neil A. Armstrong, comandante de la misión, Edwin E. Aldrin y Michael Collins, tenía como misión llegar a la Luna, dejar una serie de huellas de la presencia humana en el satélite y recoger piedras lunares para su análisis posterior. Además, la expedición en sí misma tenía un carácter científico en muchos órdenes, desde el uso de una mezcla de combustibles que detonaban al entrar en contacto sin necesidad de una chispa o una fuente calórica que no hubieran funcionado sin oxígeno, y en la Luna no lo había (no hay que olvidar que el Apolo 1 se quemó y sus tripulantes murieron en uno de los ensayos de su lanzamiento por un mal cálculo en el uso del combustible); al cálculo de las trayectorias no sólo para llegar a la Luna y alunizar en el llamado Mar de la Tranquilidad, lugar elegido para alunizar, gracias a las expediciones de “apolos” anteriores, sino para desacoplar y acoplar la nave nodriza con el módulo lunar en su aterrizaje y despegue en la Luna; por los estudios de seguridad de los astronautas, en el vuelo, en la Luna y a su regreso; en materia informática en el uso de computadores en tierra, en vuelo y sus conexiones y comunicaciones; por los avances y estudios médicos sobre el comportamiento de los seres humanos en esas situaciones físicas extremas y de ingravidez; por los análisis psicológicos- pensemos en la incertidumbre de los astronautas y su fortaleza física y mental para afrontar un viaje lleno de incógnitas en el que por supuesto no conocían su resultado final pero sí podían tener presentes algunos fallos que ocurrieron con anterioridad, como el mencionado del Apolo 1. Pensemos en la tensión psicológica de los ingenieros de tierra sobre cuyos aciertos gravitaba el éxito de la operación, los cálculos y, por ende, de muchas de las maniobras de la tripulación. Pensemos en la fortaleza psíquica de todos para afrontar un reto, muy bien planificado, pero en el que, de los 11 ensayos completos programados se realizaron sólo tres por falta de recursos económicos para afrontar el resto-. Además, estas misiones proporcionaron conocimiento del universo, por las fotos enviadas, por las piedras recogidas, de cara a futuras expediciones, por ejemplo, a Marte.… y otros muchos aspectos científicos que se podrían resaltar. De hecho, aquellos viajes lograron perfeccionar las telecomunicaciones, realizar comprobaciones científicas y mejorar las predicciones meteorológicas.
Pero si científicamente fue un éxito, históricamente tuvo enorme trascendencia.
Es un hecho que durante el siglo pasado la guerra fría trajo innumerables situaciones de conflicto unas con enfrentamientos directos (crisis de los misiles en Cuba, por ejemplo), y otras de manera larvada.
La carrera espacial era un modo de combate entre los dos bloques de la guerra fría, sin la violencia y el ataque directo de la IIGM, pero con la fuerza de la propaganda y de la capacidad técnica y económica en orden a demostrar qué modelo social y político, capitalismo- comunismo, era superior.
Durante los años 50, los Estados Unidos parecían ir contra remolque, apenas habían enviado algún satélite al espacio, en cambio los soviéticos de Nikita Kruschev (presidente del Consejo de ministros de la URSS de 1958 a 1964) estaban lanzados a una exitosa carrera espacial. Los norteamericanos temían acabar siendo engullidos por los rusos. Pero esa tendencia cambió con Kennedy y sus sucesores. Si los rusos mandaron al primer ser vivo al espacio (perrita Laika), pusieron en órbita al primer hombre (Yuri Gagarin), a la primera mujer (Valentina Tershkova) y realizaron el primer paseo espacial, el18 de marzo de 1965; los norteamericanos lograron ser los primeros en pisar la Luna.
El cambio dado a la política norteamericana en este punto por Kennedy no provenía sólo de una situación de inferioridad en materia espacial, sino de que su política en Cuba tampoco había dado buenos resultados como certificaba el fracaso de la invasión de la bahía de Cochinos. Su política espacial nace como cortina de humo para distraer a la opinión pública de aquellos desastres y revertir la situación mundial de los EE. UU buscando otro aspecto en el que moverse y triunfar. Evidentemente, se trataba de una carrera imperial, pero su expresión ante la opinión pública se llenaba de finalidades científicas, de paz y de desarrollo, como no podía ser de otro modo.
En palabras, de nuevo, de Kennedy, en la Universidad de Rice el proyecto Apolo tenía como objetivo:
“…Esta generación no tiene intención de zozobrar en la estela de la era espacial que se avecina. Nuestra intención es ser parte de ella. Nuestra intención es encabezarla. Porque la mirada del mundo está puesta ahora en el espacio, en la Luna y los planetas que están más allá, y hemos jurado que no lo gobernará una bandera de conquista hostil, sino un estandarte de libertad y paz. Hemos jurado que el espacio no se llenará de armas de destrucción masiva, sino de instrumentos de conocimiento y entendimiento”.
Pero tampoco ocultaba que aquello era una carrera que querían ganar y de hecho ganaron siendo la misma una de las causas de la caía del régimen soviético. Decía Kennedy:
“Sin embargo, solamente podemos cumplir los compromisos de esta Nación si somos los primeros y, por consiguiente, es nuestra intención ser los primeros. En resumen, nuestro liderazgo en ciencia e industria, nuestras esperanzas de paz y seguridad, nuestras obligaciones hacia nosotros mismos y hacia los demás, exigen que todos nosotros hagamos este esfuerzo, resolvamos estos misterios, y los resolvamos para bien de todos los hombres de buena voluntad, y nos convirtamos en la nación mundial líder en la exploración espacial…”
Durante aquellos años Estados Unidos destinó aproximadamente unos 5.000 millones de dólares anuales a su programa espacial. Se dice que los rusos emplearon durante dos décadas 100.000 millones de dólares en una carrera espacial que perdieron. Tras la llegada de los americanos a la Luna, los rusos lo único que lograron es llevar sondas no tripuladas al satélite.
Una vez habían ganado, tampoco los americanos mostraron mucho interés por mantener unos programas que se dedicaban exclusivamente a la ciencia y a aquel precio era una ciencia muy cara.
Con todo, tuvieron algunos proyectos interesantes y muy destacados como el Pioneer 10 que se convirtió en la primera sonda espacial en alcanzar la órbita de Júpiter, o el primer viaje a Mercurio; el 29 de marzo de 1974, la sonda Mariner 10 de la NASA se convierte en la primera en realizar un vuelo sobre el planeta mercurio.
Muchos historiadores consideran que la Guerra fría tuvo su fin el 15 de julio de 1975, cuando en la órbita de la Tierra se produce el acoplamiento de las naves Soyuz y Apolo 18. Se trato de la primera misión conjunta de las agencias espaciales de USA y URSS.
Sin embargo, si se mira con ojos más amplios, la guerra no termina hasta la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. Aunque deberíamos revisar si, en el fondo, parte de aquel enfrentamiento de bloques no sigue vivo. Pero asumiendo como fecha límite la de 1989 debemos señalar que si bien, la carrera espacial, como tal, había terminado en el 75, con la consecuencia, entre otras, del agotamiento económico de la Unión Soviética debido a los millones de rublos que fueron destinados a la carrera espacial. Su caída definitiva como bloque de poder, no se produce hasta la presidencia de Reagan. El presidente norteamericano creía que había que presionar a los comunistas en todos los frentes y la carrera espacial era uno de ellos.
Reagan estaba en contra de la firma del tratado Salt II, que firmó su predecesor Jimmy Carter. En su primer mandato, Reagan lanzó programas diversos desde la doctrina Reagan de acabar con el comunismo. Dentro de ella se incluía una Iniciativa de defensa estratégica, conocida como Guerra de las Galaxias, que pretendía crear un gran escudo antimisiles que abarcara todos los Estados Unidos. Actualmente, se sabe que el proyecto tuvo más de bulo que de realidad, pero logró intimidar y presionar a la URSS en medio de la Perestroika de Gorbachov, carente de medios técnicos y financieros para lanzarse a una competencia de tal magnitud.
A finales de 1991 cuando se desintegra la URSS, el sistema espacial soviético es asumido por Rusia. EE. UU temía que numerosos ingenieros quedaran desempleados y pasaran a trabajar para Irán, China o Corea del Norte. Por eso idearon una actividad de cooperación internacional en materia espacial que dio como colofón, que no único, la creación de la estación Espacial internacional. Pero esta cooperación no ha eliminado por completo la competencia entre naciones. La guerra fría terminó, pero la carrera espacial científica y también económica y política se manifiesta de vez en cuando en el envío de satélites chinos, de robots exploradores como el Perseverance de la NASA que aterrizó en Marte, para coger muestras y el sistema ideado para su envío a la Tierra o en la carrera por los viajes turísticos, que vemos en estos días.
BIBLIOGRAFÍA
- CHAIKIN, ANDREW. A Man on the Moon: The Triumphant Story of the Apollo Space Program. Penguin Books (1994).
- La Carrera especial paso a paso. National Geographic:
- Discurso de JFK en la Universidad de Rice. https://www.abc.es/ciencia/abci-elegimos-luna-porque-dificil-discurso-integro-john-kennedy-201907200635_noticia_amp.html#aoh=16345750358662&csi=1&referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&_tf=De%20%251%24s
- MARTOS RUBIO, Alberto. Breve Historia de la carrera espacial. Nowtilus. 2009