EXPEDICIÓN BALMIS

Algunos lectores me habían pedido que hablara de la expedición Balmis para llevar la vacuna de la viruela a América y Asia, a la que se considera la primera expedición humanitaria del mundo y una auténtica heroicidad de esas que casi sólo somos capaces los españoles. Me había resistido porque últimamente se ha hablado y escrito mucho sobre este asunto, no sólo ahora por la pandemia , sino por dos novelas y una película que hicieron llegar al gran público esta aventura extraordinaria. Almudena de Arteaga no fue la primera en recrear desde la ficción esta expedición, pero sí la primera española y lo hizo en 2010 con su novela “Ángeles custodios”. Su extensión al cine llegó, en 2016, por la película “22 ángeles”.  Quizá la más leída ha sido la esplendida novela de Javier Moro, publicada en 2015 y premio planeta, “A flor de piel”. Novelistas, periodistas y otros escritores han escrito sobre esta materia con profusión.

Nada original puedo aportar a la historia de la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”, pero puedo ayudar a difundir tan heroico acontecimiento.

En el siglo XVIII, la viruela se había convertido en la pandemia más mortífera que azotaba a la humanidad; solo en Europa, durante esa centuria, acabó con la vida de 60 millones de personas y, en el mundo, se llevó la vida de 300 millones de seres humanos, siendo especialmente conocida su virulencia en América. Los contagiados que lograban sobrevivir a la enfermedad quedaban marcados por el resto de su vida con cicatrices sobre todo en brazos y cara. Pero, eso sí, no volvían a enfermar en las sucesivas oleadas.  Un médico inglés, Edward Jenner, había comprobado que los vaqueros habían desarrollado inmunidad al contagiarse de viruela bovina, mucho más benigna y que no dejaba marcas, lo que dio a Jenner la idea de inocular a los humanos la enfermedad bovina(variolización) con el resultado inmunitario que todos conocemos. De hecho, la palabra vacuna proviene del término latino variolae vaccinae que designa la viruela bovina. Sin embargo, el colegio de médicos británico se negó a aceptar este remedio con el curioso argumento de que a la larga todos nos volveríamos ganado.

Fue primero Napoleón y algunas damas de la aristocracia británica los que dieron el impulso definitivo a esta solución médica en Europa. Pero, el trabajo heroico de extender la vacuna por el mundo, se la debemos a un médico español, al alicantino Francisco Javier Balmis Berenguer que creyó entusiásticamente en el remedio inglés y decidió trasladarlo a América y a Asia, realidad que se llevó a cabo entre 1803 y 1806.

Francisco Javier de Balmis Berenguer inició sus estudios de Medicina en el Real Hospital Militar de Alicante en 1770, con el fin de convertirse en cirujano militar. Como médico militar participó en la Expedición de Argel contra los bereberes y en 1779 pasó a formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Español, sirviendo en el Regimiento de Zamora, heredero de uno de los Tercios más célebres de España al haber participado en el milagro de Empel , como ya vimos en su momento en este blog (  https://algodehistoria.home.blog/2019/12/06/la-batalla-de-empel-o-el-milagro-de-la-virgen-inmaculada/ ).También luchó en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Por los méritos que mostró, en 1781, fue ascendido al rango de Cirujano del Ejército, siendo destinado a América y sirviendo en Cuba y México. En 1795, fue nombrado cirujano de cámara honorario del rey Carlos IV de España. Ya destinado en la corte, tuvo conocimiento de la vacuna de Jenner y se convirtió en un gran defensor de la misma. De hecho, la vacuna había llegado a España en 1800 y al año siguiente se llevaron a cabo las primeras vacunaciones exitosas en Madrid. Balmis tuvo en el Rey al mejor defensor de la vacuna en España y de cara a su extensión por América y Asia; este apoyo real provenía de que una de las hijas del monarca había fallecido de viruela.

Así se gestó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Cuya meta era extender la vacuna por los territorios de la Corona española, pero inoculándola fundamentalmente a los niños.

En la organización del viaje, que debía durar meses, pero que abarcó tres años, el mayor problema era cómo trasladar el suero de la vacuna que había de ser inoculado en América, primera parte del viaje.

En aquel momento, la mejor manera de conservar y utilizar el suero del fluido vacuno era a través de la pústula de un recién vacunado que se podía inyectar en otra persona, que quedaba vacunada con ello y servía a su vez de portador vivo de la muestra. Por ello, Balmis decidió elegir a 22 niños huérfanos del hospicio de La Coruña a los que iría inoculando el virus paulatinamente.  De tal modo que en la práctica fue inocular la vacuna a dos niños cada semana (por si había complicaciones fatales en alguno) con las pústulas de los vacunados la semana anterior.

La Gaceta de Madrid explicaba cómo se llevaría a cabo el proceso: «siendo sucesivamente inoculados brazo a brazo en el curso de la navegación, conservarán el fluido vacuno fresco y sin alteración» hasta América.

Para poder atender a los 22 niños, Balmis logró que le acompañara a América la rectora del hospicio de La Coruña, Isabel Zendal Gómez, y una decena de médicos y enfermeros. Todos ellos, partieron el 30 de noviembre de 1803 del puerto de La Coruña con rumbo al Nuevo Mundo a bordo de la corbeta María Pita.  El plan era temerario y éticamente más que dudoso. Se eligió a niños porque, a falta de unos análisis que entonces no existían, podía establecerse con seguridad que no habían padecido la viruela. En cuanto a Isabel Zendal, había empezado a trabajar como enfermera en el hospital de la Caridad de La Coruña, fundado por Teresa Herrera. Su vida no había sido fácil, había perdido a su madre cuando ella contaba 13 años, precisamente a causa de la Viruela. Posteriormente, tuvo un hijo de soltera con lo que eso suponía en aquellos tiempos. La expedición para ella y para su hijo era una oportunidad de una vida mejor, de hecho, Balmis valoraba tanto su aportación que le pagaba un sueldo igual que el de los hombres. Al final del viaje, se instaló y se quedó a vivir en el Virreinato de Nueva España dónde siguió ejerciendo de enfermera con gran reconocimiento personal por su valía . El propio Balmis se encargó de destacar el papel fundamental de los niños y de su tutora. En una carta al ministro Caballero, el médico explicó como Zendal «con excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible madre» asistiendo a los niños «enteramente en sus continuadas enfermedades”. La OMS la ha considerado la primera enfermera de la historia que participó en una misión internacional. Siempre estuvo atenta al devenir de aquellos niños que trasladó al nuevo mundo, los cuales,  fueron educados de manera esmerada, quedándose allí con un próspero porvenir.

Pero no adelantemos el final.

La expedición que salió de Galicia hizo su primera escala en Tenerife, donde comenzó su campaña de vacunación. Allí se inoculó la vacuna a los hijos de 10 distinguidas familias y desde ellos, las autoridades sanitarias canarias, extendieron la vacuna a todas las islas.

En febrero de 1804, la expedición llegó a Puerto Rico y, al mes siguiente, al territorio de la actual Venezuela, donde halló muy buena disposición de las autoridades locales, lo que permitió difundir la vacuna por toda la región. En mayo, el convoy se dividió en dos grupos: uno que se dirigió al norte mandado por Balmis y otro con destino al sur del continente, mandado por el cirujano militar catalán José Salvany Lleopart. Ésta segunda rama llegó a la Patagonia tras superar numerosas penalidades.

El  grupo comandado por el propio Balmis, llevaba como objetivo extender la vacuna por el Caribe, Centroamérica y el norte del continente, en muchos casos sin la colaboración de las autoridades locales. Para superar las reticencias y facilitar la consecución del objetivo, Balmis creó lasJuntas de Vacuna” en cada territorio al que llegaba. Estas juntas tenían la obligación de encontrar niños a los que vacunar y de mantener vivo el suero. Las juntas funcionaban de manera autónoma, siguiendo las directrices del médico español. Así se logró la vacunación del virreinato de Nueva España y la extensión de la vacunación por Texas, Arizona, Nuevo México o California. La expedición vacunó directamente a unas 250 000 personas.

Organizada la vacunación en América, Balmis decidió embarcarse hacia Filipinas y realizar similar acción allí. Esta vez no contó con la colaboración de Isabel Zendal. La misión llegó al archipiélago en abril de 1805. De nuevo los más altos cargos políticos y eclesiásticos no colaboraron, pero gracias a su perseverancia y a las autoridades de menor rango, a principios de agosto, ya se habían vacunado nueve mil personas. Balmis comisionó a varios de sus subordinados para extender la vacuna al resto de islas. Desde Filipinas se trasladó a Macao, logrando la difusión de la vacuna por todo el territorio chino.

Este fue el último viaje de Balmis antes de regresar a España, para lo que tuvo que pedir un préstamo con el que sufragar un pasaje hasta Lisboa, pues había empleado todo el dinero en la extensión de la vacuna. Llegó a la capital lusa en febrero de 1806, no sin antes haber dejado alguna vacuna en una escala en la isla de Santa Helena (territorio británico de ultramar). Pisó el suelo de Madrid el 7 de septiembre de 1806. Carlos IV le colmó de honores y felicitaciones. Había terminado el que el naturalista Alexander von Humboldt calificó como el viaje «más memorable en los anales de la historia».

Quizá por ello, en 2020, las Fuerzas Armadas han denominado “Operación Balmis” a su despliegue en varios puntos de España para reforzar las tareas de confinamiento en estado de alarma por el coronavirus y la Comunidad de Madrid llamará Isabel Zendal al nuevo hospital de emergencias de Valdebebas

¿Traidor? Fray Bartolomé de las Casas

A Fray Bartolomé de las Casas se le ha considerado uno de los causantes de la leyenda Negra. Así se manifiesta Julián Marías en “España inteligible” (1985) al considerar a Fray Bartolomé de las Casas y a Antonio Pérez los mayores causantes de esta plaga propagandística en contra de España. Por tal motivo, algunos autores, como Jesús Rojo Pinilla, lo incluyen en la lista de los mayores traidores a España.

Vamos a dar un repaso a su vida, de manera sucinta, siguiendo, sobre todo, los postulados de Menéndez Pidal en su obra “El Padre Las Casas. Su doble personalidad”, a fin de hacernos una idea del personaje del que estamos hablando.

Las Casas nació en Sevilla en 1484, tras estudiar en Salamanca, llegó a las indias en 1502 para hacerse cargo de los negocios de su padre en isla La Española. Guerreó al lado de Diego Velázquez de Cuéllar en la conquista de Cuba, fue encomendero y trabajó su encomienda con indios esclavizados. Repentinamente, sufrió una transformación, se convierte en religioso para más tarde ingresar en la Orden de los Dominicos.

La figura de Fray Bartolomé está llena de contradicciones, quizá porque sólo hay un elemento constante en su vida que dé unidad a toda su actuación: el amor a sí mismo, su afán de protagonismo, su vanagloria personal.

Fray Bartolomé que tuvo una larga vida, más en la época que vivió- murió con 92 años-, tras su ingreso en la vida religiosa, se dedicó a atacar toda encomienda y defender, a su manera, a los indios. Realmente, esa defensa fue más literaria que práctica; es más, cuando puso en práctica sus ideas fracasó estrepitosamente.

En el inicio de su vida religiosa,  empieza a escribir en contra de las encomiendas y contra la conquista, pero su formación no era, por entonces, muy sólida. Para incrementar su instrucción ingresa en los Dominicos (quizá la Orden religiosa que más se aproximaba a sus ideas y la que presentó más quejas ante el Rey por el trato dispensado a los indios, como vimos en la entrada sobre los Justos Títulos). Pasa siete años “desaparecido”, durante los cuales logra hacerse con una gran erudición. Esa vasta cultura adquirida se refleja de manera prolija en sus obras junto con otras de sus características personales: su enorme capacidad de persuasión. El número de sus escritos y libros es abundante, pues siempre demostró una inmensa actividad, llena de energía y tesón hacia la defensa de sus ideas, lo que le granjeó un gran respeto social. Su reaparición tras esos siete años se hizo bien visible con la publicación de su “Historia de los Indios”.

¿Fue Fray Bartolomé un historiador?

No, realmente sus libros son propagandísticos. Hacían publicidad ,sobre todo, de sí mismo, tergiversando toda la realidad a mayor gloria suya y de sus fines.

En sus escritos se muestra rigorista, con gran agresividad en la defensa de sus convicciones, utilizando la hipérbole de manera tan exagerada que alcanza el disparate, incluso Menéndez Pidal lo asemeja, por sus excesos, a los escritos burlescos de Quevedo, y, en ellos, sobrepasa con creces los límites de la difamación. Sus tesis tienen siempre los mismos elementos básicos: la condena de las encomiendas; la condena de la conquista; la condena de los españoles, siempre malvados; la defensa de una supuesta bondad universal de los indios, y dos elementos esenciales: la búsqueda de su influencia en la voluntad y conciencia del Rey de España y la publicitación de su propia bondad, rigor y virtud.

Todas sus letras llevan implícita una vanagloria desorbitada, haciéndose autor de circunstancias, normas y virtudes en las que apenas participó o no participó en absoluto. Escribía con tanta insistencia, rigorismo e inflexibilidad enfermiza, mezclada con dotes persuasivas que lograba ser advertido por ojos poco estudiosos como una persona íntegra, de gran moralidad.  La falsedad del concepto personal que proyectaba el dominico se hace patente en circunstancias como las siguientes: se hizo pasar por entregado misionero cuando jamás supo estar cerca de los indios, como evidenció el Inca Garcilaso de la Vega; jamás aprendió las lenguas vernáculas ni estableció catequesis a los naturales; fomentó el esclavismo negro; sus obras, teóricamente de carácter misional, se dirigían más contra los españoles, que en favor de los indios. Uno de los episodios más cuestionables de su vida es aquel en el que condena a todos los que viven de las riquezas llegadas de las indias, es decir, para él todos los españoles, pero sin reparar que entre los beneficiarios se encuentra él, no sólo por español sino por vivir de la generosa pensión que le pagaba el Rey y que procedía del presupuesto del Consejo de Indias y de las indias. Nunca renunció a una vida cómoda. En este sentido, el gran evangelizador, Motolinía, escandalizado por las cosas que decía y hacia el dominico, cuenta como en todos sus viajes se hacía acompañar de un buen número de indios que transportaban sus enseres, especialmente sus libros y papeles y a los que no pagaba nada. No hacían lo mismo otros españoles que, en condiciones semejantes, pagaban a sus porteadores.

Para completar el análisis brevísimo de su personalidad, debemos recordar que debido a que las cuestiones no se resolvían como él pretendía, lleno de furia, empezó a pregonar supuestas profecías contra España. Parecía emular al profeta Isaías, pero con más vehemencia, desprendía fuego en sus palabras y vaticinios. Y así, ejerciendo de profeta, pronosticó la destrucción de España en 1600. Sus visiones estaban imbuidas de una soberbia enfermiza y plenas de amenazas. Es evidente que no acertó en nada.

Con todo este panorama ,sin embargo, logra aparecer en la conciencia colectiva de algunos de sus coetáneos en América como noble misionero, incluso por encima de misioneros de verdad y de gran talla como Zumárraga o Motolinía.  Hasta que, a un lado y otro del Atlántico, se percataron de su falsedad.

¿Qué pretendía?

Acabar con las encomiendas y terminar con las conquistas (o lo que es lo mismo, expulsar a los españoles), ponderar desorbitadamente la capacidad de los indios para gobernarse a sí mismos y sobre todo y por encima de todo influir en la Corte; ejercer el poder doblegando la conciencia del Emperador. Cómo era evidente que los indios no estaban evangelizados, consintió, como único título de justa presencia española en el Nuevo Mundo la Bula del Papa Alejandro a los Reyes Católicos. Así pues, la única ley que permitía a los españoles estar en las indias era la cristianización de aquellas gentes y para eso no hacía falta armas ni guerras, decía, solo frailes y algún labriego, gentes de campo que enseñaran a los indios a mantener y sacar provecho de sus haciendas. Incluso así, tergiversó la Bula para hacerla acomodar a sus propios intereses, en última instancia, aparecer ante los demás como el guía único de estricta observancia en la gobernación de las indias.

Tres fueron los episodios en los que puso en marcha sus ideas de un modo práctico: Colonización de Cumaná, su obispado en Chiapas y el proyecto de la Vera Paz. Todas resultaron un fracaso y cada una de ellas aumentó su desprestigio ante las autoridades civiles y religiosas de la Península y de América. En Chiapas aplicó a rajatabla lo señalado en sus “confesiones”, siempre en contra de los españoles, pues negaba la confesión, absolución y comunión a todo aquel encomendero que no se desprendiera de los indios y no regalara a éstos todas sus posesiones hasta vivir en la más radical pobreza. Fomentó la delación de aquellos que no cumplieran rigurosamente sus observancias. Logró tal desafección que provocó alteraciones del orden y una pérdida de fe los españoles sin lograr la evangelización de los indios. La aplicación de su ultra rigorismo religioso, destrozó la vida en su sede en Chiapas hasta que acabó desistiendo de su empresa por imposible. Su sucesor tuvo que dar marcha atrás en todo lo pregonado por Las Casas para reconstruir la convivencia. En las otras dos, la realidad de los indios, mostró que su utopía era descabellada. Los indios no eran esos hombres buenos y pacíficos que él creía, no eran los hombres con un desarrollo intelectual a la altura de los antiguos griegos como él ensoñaba. Los indios vivían en la prehistoria, en una incipiente edad de los metales. Eran caníbales y antropófagos, con una crueldad incontrolada y aunque algunas de las tribus eran más pacíficas, otros eran guerreros y muy agresivos. Mataban frailes, niños, secuestraban mujeres y ofrecían a los dioses sacrificios humanos con torturas inenarrables. En estas condiciones, la guerra contra ellos se hacía justa y era la única forma de mantener el orden, la paz , hacer prosperar aquellas tierras y, sobre todo, evangelizar a los indios, como reconocieron los auténticos y entregados misioneros que hubo en abundancia en el Nuevo Mundo.

Fray Bartolomé jamás apreció nada malo en los indios, en contra de toda realidad, justificó su antropofagia y ritos salvajes. Toda la maldad provenía de los españoles. Jamás encontró una virtud en sus compatriotas, al contrario, muestra hacia ellos un aborrecimiento, un odio colérico absolutamente irracional. Tanto empeño puso en este pensamiento polarizado, en esta dicotomía, que cualquier observador reflexivo notaba su distorsión cognitiva. Si bien su propaganda y ese afán de mostrar integridad le dio fama y respeto personal, pero, no le ocurrió lo mismo con su influencia. Sus primeros escritos, destinados a mediatizar la conciencia de un escrupuloso Carlos I casi logran su empeño. Sin embargo, la aprobación de las Leyes Nuevas y su aplicación rigorista, tan al gusto de Las casas, ocasionó tal desastre que tuvieron que ser modificadas al poco tiempo. Lo mismo que la misión en Chiapas o los escritos de los auténticos Misioneros, especialmente Motolinía,  acabaron con su crédito.

Motolinía escribe en 1555 al Rey Carlos I señalando todas las incoherencias, falsedades y demencias de Las Casas. El buen fraile se mostraba escandalizado y sugería a Carlos I que “le encerrase en un convento antes de que hiciera males mayores”. Además, manifiesta al Rey que la guerra contra los indios es justa, que sin conquistadores aquella empresa evangelizadora no puede llevarse a cabo. Motolinía es consciente de algunos abusos de los españoles, pero sabe que superada la primera etapa de la conquista aquellos abusos disminuyeron considerablemente, en cambio, la ferocidad de los indios no disminuiría sin ser evangelizados y para ello, previamente deberían ser pacificados y no había forma de pacificación que no pasara por el concurso de los conquistadores y las encomiendas. Por eso se empeña en intentar acabar con el cargo de conciencia que Las casas había intentado inocular en el Rey. Además, llama la atención del monarca sobre el mal que los escritos de las Casas pueden hacer en la fama de la Nación española, pues lo enemigos de España tomarán sus palabras por ciertas y atacarán a España por aquellas obras suyas. Las palabras de Motolinía son premonitorias.

Carlos V recibía cada vez más muestras de lo inadecuado de los escritos de Las Casas por su falsedad, su exageración sin límites, dónde los datos y asuntos se repetían sin cesar, cambiando el lugar del suceso y agrandando las cifras que daba en cada momento. Por eso, su voz era cada vez menos escuchada. Pero su persona fue tratada con respeto y se le mantuvo la pensión que se le daba, se le nombro asesor del Consejo de Indias, cargo que ejerció residiendo ya en España, pues tras el fiasco de Chiapas y cuando se vislumbraba el desastre de la Vera Paz, volvió a la península a instalarse en la Corte, dónde más le gustaba estar.

Menéndez Pidal no se explica como “un supuesto hombre piadoso, filántropo, virtuoso, emplea la falsedad y la impostura para difamar a todo un pueblo, y lo difama en una de las empresas más importantes de ese pueblo. ¿Cómo puede ser esto?”

Su despropósito se manifiesta con mayor proporción cuando tiene que hablar de asuntos más cotidianos y no relacionados con los indios, entonces su forma de proceder es sensata, equilibrada y natural. Su afán por imponer su visión sobre lo que había que hacer en América era auténticamente enfermiza y tropezaba siempre con la realidad. Sus libros eran libelos de tal naturaleza que tuvieron que ser mandados retirar por el Consejo de Indias, por Felipe II y por el Virrey de Nueva España. Ante los hombres de letras Las Casas estuvo en descrédito después de las Leyes Nuevas. Pero ya con anterioridad, los reyes no se sentían muy conformes con los consejos extremados de Las Casas; las soluciones a los problemas de América los buscaron en los consejos de los estudiosos de la Escuela de Salamanca, especialmente en Vitoria, en un principio, o en sus discípulos, después. En la controversia de Valladolid, en su enfrentamiento con Sepúlveda, las tesis de Las Casas no triunfaron, ni siquiera los dominicos presentes fueron capaces de dar una opinión favorable a su compañero de hábito (ver los hilos sobre La escuela de Salamanca y sobre los Justos Títulos). Su tremendismo y utopías acabaron con su credibilidad. Cierto es que su celo contribuyó a mantener un cierto rigorismo moral, pero, por otra parte, su influjo fue contraproducente, pues enconó de modo terrible y sangriento la lucha entre los intereses espirituales y los temporales de parte de la conquista; Perú, es un buen ejemplo.

Murió muy obscurecido. Fue muy criticado, pero en modo alguno perjudicado. Quizá en cualquier otro país del mundo se le hubiera condenado. El espíritu de libertad de expresión que florecía en el mundo católico frente al protestante, en la corte de los Habsburgo frente a la Enrique VIII u otros monarcas europeos, quizá por el poder de expresión que tenían los clérigos y, con ellos, amplios sectores de la sociedad como los poetas, promovió el buen trato dispensado a Fray Bartolomé de las Casas.

¿Cuáles fueron las consecuencias de su obra?

No fue ni el primero ni el mejor defensor de los indios, pero su obra perduró en manos de los enemigos de España, como bien predijo Motolinía y aunque España se había preocupado por retirar sus libros, estos se reeditaron por parte de las peores manos e intenciones. Sólo el haber caído en manos de los contra-propagandistas de España ha salvado a Las Casas del olvido.

Existe casi un consenso general en la historiografía de que el libro que más daño ha hecho a España, con­si­de­rado clave en la cons­truc­ción de la Leyenda Negra fue la Bre­ví­sima rela­ción de la des­truc­ción de las Indias. Tras su publi­ca­ción en Sevi­lla en 1552 y cir­cu­lar libre­mente por España, fue traducido primeramente al francés en 1578 ( cuando ya se había mandado retirar por las autoridades españolas). Le siguieron, rápi­da­mente tra­du­cciones al holan­dés (1579), el inglés (1583), al ita­liano, al ale­mán e incluso al latín.

El caso holandés surge después de que en 1577 don Juan de Austria se comprometiera a retirar los tercios y a reconocer los privilegios feudales y cierta autonomía de distintas ciudades de los Países Bajos. Pero los partidarios de los Orange utilizaron el libelo de Las Casas para buscar excusas para su independencia.

La leyenda ya estaba en mar­cha y, “por su pro­pia iner­cia, estaba des­ti­nada a cre­cer y pros­pe­rar”, apunta Marías. En ade­lante, cada agra­viado por los intere­ses espa­ño­les, en casi cual­quier con­texto, tenía “ya pre­fa­bri­cado el vehículo para dar cauce y cum­pli­miento a su hos­ti­li­dad o ren­cor”. La traducción inglesa fue sacada a la luz en apoyo de los neerdanleses y fue aprovechada por Enrique VIII para dinamitar el Imperio español y no tener que vivir en la órbita de éste. Lo peor de la edición inglesa es que aparece ilustrada con los fan­ta­sio­sos gra­ba­dos del tam­bién edi­tor Theo­dor de Bry –impre­sor asi­mismo de la no menos oprobiosa His­to­ria del Nuevo Mundo del comer­ciante mila­nés Giro­lamo Ben­zoni,–. Si una imagen vale más que mil palabras, los grabados de Bry fueron la causa de nuestro mayor infortunio, entre otras cosas, porque la obra de Fray Bartolomé nunca se leyó en profundidad. No era fácil en sí y, además, resultaba demasiado larga y fatigosa. Pero los dibujos llenos de bárbaras acciones, llegaban a todo el mundo. Fueron la base y justificación de la conquista militar británica de la Jamaica española durante al guerra anglo-española de 1655-1660. También Montesquieu en sus “Cartas Persas” se hace eco de los nocivos efectos de la conquista española. También Voltaire recoge esta idea y otros muchos posteriormente.

Simón Bolivar lo usa para fundamentar la independencia de América; una vez lograda, nunca más se acordó de él.

“La independencia estadounidense  se basó en los textos de las casas y lo que es más llamativo en el quinto centenario vieron la ocasión propicia para el recrudecimiento de los temas de las masacres y destrucción de las culturas indígenas, hecho que parece como si sólo hubiera ocurrido en al América del sur y no en la del Norte, a pesar de la evidencia, que salta a la vista que la del sur está llena de indígenas y en la del norte hay que buscar mucho para encontrar uno, salvo que se vaya uno a los territorios hispanos que hoy forman parte de USA, porque allí si prevalecen los descendientes de los indios originarios del lugar”[1]. Fueron los indigenistas, tiempo después, los que utilizaron los libros de Las Casas para fundamentar sus posiciones, rechazando las de numerosos historiadores en España, Iberoamérica y EE.UU que pensaban lo contrario y señalaban las falsedades del fraile dominico. Sus posiciones no se han dado sólo en la América latina sino a lo largo del mundo, forjando el mito del Edén indígena aplastado por el hombre blanco. Podríamos seguir, pero lo más grave no es el uso externo de las ideas de Las casas, lo terriblemente odioso es el uso interno, nacional, para baldonar no sólo nuestra Historia, sino a los propios españoles y eso sin percatarse del papel de jueces de la historia que se arrogan, nuestros enemigos, atribuyéndose implícitamente una excelencia moral nada cierta. Podríamos analizar sus acciones para ver por qué se tienen en tal alta consideración, bien sean los nacionalistas españoles que tergiversan la Historia para sus propios fines personales y sostener posiciones supremacistas o los gobiernos sudamericanos que cometen crímenes atroces en sus propios países y llevan a sus sociedades a un vaivén que conduce a la anarquía y el despotismo.

Esta es la obra de Las Casas y sus consecuencias. Supongo que para juzgarla habrá que tener en cuenta como eximentes que el padre dominico no estaba en sus cabales, que su narcisismo y petulancia, su frialdad hacia los indios que dice defender, en resumen, su tremendismo y mentiras, tienen origen en su enfermedad, en su psicopatía, como señala Menéndez Pidal.
Ahora queda a juicio del lector encuadrarle entre los traidores a España o liberarle de la pena en razón de su locura.

 BIBLIOGRAFÍA

RAMÓN MENENDEZ PIDAL. “El Padre Las Casas. Su doble personalidad. Real Academia de la Historia. Madrid 2012

ELVIRA ROCA. “Imperiofobia y la Leyenda Negra” Ed. Siruela. 2019.

JULIÁN MARÍAS . “España inteligible”. Alianza Editorial. 1985.

 

[1]Elvira Roca. “Imperiofobia y la Leyenda Negra” Ed. Siruela

Los Justos Títulos y la Controversia de Valladolid.

Cuando hablamos de los ”Justos Títulos” nos referimos a las razones jurídicas que, partiendo de un análisis  teológico-jurídico, permitían a España y, más concretamente, a la monarquía española (no hay que obviar como era la configuración del Estado en aquel momento) el dominio sobre América. Estamos hablando del principio de legalidad unido al de legitimidad dentro de los sustratos jurídicos de los siglos XV y XVI. La teoría de los justos títulos no se fraguó en un momento único, sino que evoluciona desde la llegada de Colon a América hasta el reinado de Felipe II. Tal evolución surge por la confrontación ideológica, controversias, en la que destaca la de Valladolid de 1550.  Esta búsqueda de la legalidad y la legitimidad marcan la diferencia de la conquista española en relación con otros imperios, esencialmente, por la defensa española de los derechos de los nativos de los territorios conquistados frente a las posiciones esclavistas de otros países.

Estamos ante una de los grandes momentos de nuestra Historia, esa que se solaza actuando bajo la legalidad, frente a esos otros instantes históricos en los que la búsqueda de atajos nos hace alterar el buen juicio jurídico y moral y nos convierte en el hazmerreír del mundo.

En un hilo anterior mostramos la técnica de estudio de la escuela de Salamanca. Con los justos títulos, nos situamos ante otro de esos grandes análisis que marcan el devenir jurídico del derecho mundial. Los primeros en plantearlo fueron los dominicos, pero las soluciones más brillantes vuelven a salir de Salamanca.

El problema de los justos títulos aparece por primera vez con Fernando el Católico y trae origen de la denuncia formulada por los Dominicos sobre los abusos que sufrían, en su opinión, los indios en América a manos españolas. Para comprender el problema debemos tener presentes tres dimensiones:

  • La moral que, en aquel momento, era esencial para conocer la legal.
  • La evolución de las propias posiciones filosófico- teológicas desde el “agustinismo” imperante en la época de los Reyes Católicos al “tomismo” racionalista de la escuela de Salamanca.
  • Las posiciones político-estatales de España ante la conquista.

La necesidad de actuar de manera legal bajo el amparo de una norma no era nueva en el mundo, como antecedente directo, nuestros vecinos portugueses desde tiempo anterior tenían una serie de documentos pontificios que salvaguardaban sus derechos en los territorios que iban conquistando.

Cuando Cristóbal Colón llegó a América – creyendo ir a las indias- fundamentó la conquista en el título XXIX de la Tercera Partida, en virtud de la cual una tierra descubierta, por el propio hecho del descubrimiento, permitía al país descubridor atraer bajo su poder las islas y tierras conquistadas. Sin embargo, los teólogos hispanos determinaron que a aquellas conquistas no se les podía aplicar el título XXIX, puesto que las tierras conquistadas no estaban deshabitadas, es decir, no era un territorio ignoto para la humanidad. Se requería pues, buscar una ley adecuada, la cual se halló en la Ley IX del Título I de la Partida II. En virtud de la cual, el señorío se ganaba por las siguientes razones:

a) Por herencia. b) Por anuencia de todos los implicados. c) Por casamiento. d) Por otorgamiento del Papa o del Emperador.

Es evidente que los títulos de España debían encontrarse en las razones b) o d).

Ante el precedente portugués, se solicita una bula del Papa. La misma se expidió el 3 de mayo de 1493. Bula «ínter coetera», en virtud de la cual se hacía donación de todas las islas y tierras descubiertas o por descubrir de la parte de las indias no pertenecientes a ningún príncipe cristianos y les constituía en señores de ella con plena, libre y omnímoda potestad, autoridad y jurisdicción. A este acto pontificio le faltaba delimitar hasta dónde llegaba el territorio portugués y el castellano. Esto se hizo en una segunda bula, dictada al día siguiente de la primera.

Entroncamos, de este modo, el sustrato legal con el moral y éste último con la doctrina de San Agustín. Y ello porque, en el fondo, esta forma de actuar, buscando el respaldo papal,  se fundamentaba en lo que algunos denominan » agustinismo político»[1]; doctrina según la cual el poder civil y el imperial se subordinan al papado, sobre el que recae la potestad de nombrar reyes e intitular emperadores o de deponerlos. Al Papa, como vicario de Cristo en la tierra le corresponde el poder sobre todo el Orbe y, por tanto, el de darle a determinado rey o emperador la potestad de detentar el dominio y poder de cualquier territorio.

Ya desde el siglo XIII, con el desarrollo del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, la doctrina del “agustinismo político” perdió fuerza. Por eso, cuando en 1510, los religiosos dominicos denuncian la codicia de algunos colonos españoles, se unen en su solución dos asuntos, de un lado, saber si las bulas pontificias son suficiente poder; por otro lado, cómo afectaba esto a la visión política estatal y a la institución de la encomienda (el uso y explotación de la tierra por los españoles en nombre del rey, aunque sin expropiar la titularidad de dominio de los indios). Se plantea la incoherencia entre la encomienda y la libertad de los indios. Buscando una respuesta se alumbraron las leyes de Burgos del 27 de diciembre de 1512. Pero ni las leyes de Burgos ni la reforma realizada poco después en Valladolid resuelven los problemas que planteaban los dominicos: cómo atraer apostólicamente a los indios al cristianismo, según las bulas papales, pero sin violar sus derechos como seres humanos y como propietarios legítimos de sus dominios. Si se violaran los derechos de los indios, el Rey y España se condenarían a ojos de Dios, ante eso era mejor abandonar la empresa. Como solución de trámite, en Burgos, se defendió el “requerimiento” hecho por los españoles ante los indios para solicitar su anuencia al proceso de conversión. Si no lo aceptaban, ya se les podía someter incluso con el empleo de la fuerza. Pero, evidentemente, ese requerimiento, que rara vez era entendido por los indios, servía de excusa permanente a los españoles. Lo que mantuvo las reivindicaciones dominicas.

En las reuniones que llevaron a las leyes de Burgos se empezaron a notar las diferencias entre los agustinistas y los tomistas. El mayor defensor de los primeros fue Fernández de Enciso y su teoría del señorío universal del Sumo Pontífice. Ante ello, los dominicos cedieron, pero no se convencieron. Las expediciones a América se reanudaron, hasta que, en 1525, los dominicos volvieron a sus denuncias. Consecuencia de lo cual, en 1526, en Granada, Carlos V firmaba una extensa carta- instrucción que representaba algunos avances. La novedad es que en cada expedición a América irían dos religiosos encargados de predicar y convertir a los naturales, también se les encomendaba la fiscalización de la navegación, nada podrá hacer el capitán sin autorización de los religiosos.

En la base de estas quejas, se encontraba la afirmación de la condición humana de los indios, que era un elemento comúnmente aceptado tanto por la moralidad católica como por la concepción política del imperio; puesto que el imperio español consideraba a los habitantes de la zona descubierta como españoles a todos los efectos, salvo por el desarrollo inferior de éstos, pero no por ello, gozaban de una condición humana inferior. La tendencia española era reequilibrar esa diferencia hasta que se pudiera considerar a los indios como ciudadanos al mismo nivel que los de la madre patria. Precisamente, la cuestión de esos habitantes y la lucha de España por tratarlos con justicia determina todas las discusiones en las controversias sobre los títulos de dominación, la legislación de indias y todo el desarrollo institucional desarrollado en América, buscando llevar la civilización de aquellos lugares y personas, con sentido evangelizador; pero a sabiendas de que el indio, a diferencia de los Sarracenos, no eran infieles, sino ignorantes de la Fe verdadera. Por tanto, a decir del padre Vitoria, no están en pecado sino en pena. De esta diferencia, parte del razonamiento que determina la solución.

Nombrar al Padre Vitoria es recordar a la Escuela de Salamanca. En ella, ya en el siglo XVI, lo que empieza a cuajar es el racionalismo tomista y con esa filosofía se afrontará el problema de la legitimidad de la presencia, dominio y conquista española del Nuevo Mundo. El paso del agustinismo al tomismo suponía la vuelta al derecho natural frente al poder del Papa, lo que reforzaba el poder del Estado. No hay que olvidar que estamos en los tiempos de la reforma protestante. Para la mitad de la población europea, el poder del papa ya no es importante, por tanto, fundamentar la legitimidad de la Conquista sólo en las bulas papales debilitaba mucho la posición española. Se imponía el racionalismo, por él el imperio se sobreponía a las comunidades indias a fin de evangelizarlas, pero en virtud del derecho de gentes los indios no perdían su condición de dueños de sus tierras.

La elección del tomismo o el agustinismo tenía otras consecuencias: la fundamentación de las razones de legitimidad de la conquista. Las mismas no se basaron en la implantación mimética del derecho castellano en América, sino que el derecho de indias partía de las nomas indígenas preexistentes en cuanto no fueran inmorales, tamizadas con los avances filosófico-teológico-morales que las controversias iban concluyendo. En las controversias se parte de dos visiones, los que consideran al indio como “el buen salvaje” y los que destacan aquellos aspectos de sus costumbres y actos que se hacían odiosos ante la Fe y ante el orden político. Las leyes de indias son un equilibrio entre las diferentes posiciones. Así, se produce un enfrentamiento intelectual del que nacerá la normativa definitiva que sostiene la conquista española.

Tras Burgos, se abre una nueva etapa discursiva que va de 1512 a 1566, caracterizada por su revisionismo en relación al orden jurídico-legislativo implantado en las indias hasta ese momento, a decir del profesor García Gallo. Razón de ello era que el tomismo había triunfado en Salamanca, aunque bajo una interpretación dual: lo que podíamos llamar la interpretación natural y sobrenatural. Derivado de su enfrentamiento se va a lograr la tendencia de la norma imperial durante tres siglos. Esto será así a partir de las conquistas de Nueva España y del Perú. No hay que olvidar que la Junta de Valladolid de 1550, se convoca a instancias del Consejo de Indias por los problemas, guerra civil, de los conquistadores en el Perú, entre cuyas causas ( además de las disputas por el reparto de la conquista, especialmente por el dominio de Cuzco, entre Pizarro y Almagro) estaban la supresión de las encomiendas hereditarias y del trabajo forzado de los indios que fue acordado en las Leyes Nuevas, promulgadas en 1542 por Carlos V a instancias de Fray Bartolomé de las Casas.

En este contexto se produce razonamiento filosófico-teológico y, en última instancia, jurídico, del Padre Vitoria y de la controversia de Valladolid, donde la discusión entre la civilización y la evangelización alcanza su punto álgido y donde, una vez más, se paraliza la acción de la conquista hasta resolver la cuestión.

A la célebre Junta acudieron, como figuras estelares Sepúlveda y Las Casas, pero también, algunos seguidores de Vitoria:  Domingo de soto, Melchor cano, Bartolomé de Carranza, todos dominicos y Bernardino de Arévalo (único franciscano).

Veamos primero las posiciones de Vitoria sobre la presencia española en América.

En Salamanca prevalece la posición de Vitoria en relación con la justificación tomista, racional, natural para defender la presencia española. Vitoria no está ni en la tendencia teocrática agustiniana católica ni en el cesaropapismo- de corte protestante-. Según Vitoria, los indios no pierden la propiedad ni publica sobre sus dominios, ni privada de sus cosas. Entre otras razones, porque los indios ignoran la existencia de la Fe; pero es una ignorancia vencible. La racionalidad del indio servirá además de punto de partida para proceder a su conversión a la Fe cristiana. Esta teoría es la base de las famosas “Relecciones” de Vitoria. Para Vitoria, la Gracia no anula la naturaleza, sino que la perfecciona. Dios había dado la Tierra a los hombres para que la dominasen y la infidelidad no borra esos dominios. A sarracenos y a judíos, aun siendo enemigos de la Fe Cristiana, se les reconoce como legítimos propietarios de sus posesiones, con mayor razón se les reconocerá tal derecho a los indios que no han arrebatado nada a los cristianos y no son enemigos de la Fe, simplemente, la desconocen.

A partir de aquí, los títulos no se basarán en la Fe sino en la razón. Por tanto, hay que ver si en el orden natural hay títulos para la presencia española, aunque sin olvidar que ese poder temporal imperial, está acompañado por el poder sobrenatural representado por el Papa Vicario de Cristo en la Tierra. Porque es en el ámbito sobrenatural en el que están ordenadas todas las criaturas. El poder eclesiástico administra los bienes espirituales que conducen a Dios (las virtudes) previniendo sobre los obstáculos (vicios) que desvían a las criaturas de su camino. Ésta acción es esencial para la salvación y, por tanto, es el fin último, algo que debe imponerse al orden natural y al imperial que no dejan de ser inferiores a ese poder sobrenatural (espiritual). Esos poderes son independientes entre sí. Con esta separación nacen los 7 títulos de Vitoria a los que se une un octavo que no es un título fijo sino probable:

  • Cualquier nación tiene derecho a entrar en comunicación (comercial, doctrinal o de cualquier otro tipo) con cualquier otra nación. Los españoles tienen derecho a recorrer cualquier lugar sin dañar los mismos o a sus habitantes. Si los indios rechazan esa comunicación sea porque los rehúyen, sea porque los agreden, esto es causa justa de guerra. La diversidad de religiones no justifica la guerra contra los indios, pero tampoco de éstos contra los españoles.
  • Los españoles tienen derecho a predicar el evangelio, sin que sea lícito usar la fuerza para evangelizar. Aquí entrarían las bulas papales como justificación de la acción española.
  • Defensa de los convertidos.
  • Para esa defensa en nombre de la Iglesia, el Papa puede nombrar un príncipe cristiano.
  • Defensa de los inocentes cuando son tiranizados por los gobiernos autóctonos degenerados.
  • La libre elección que tiene cualquiera de hacerse súbdito de quien quiera.
  • El derecho a socorrer o auxiliar al amigo o aliado.
  • El derecho de España a tutelar a los indios en razón de la incapacidad de estos para gobernarse de modo recto.

A la larga, el código Vitoria será el que se imponga. El sistema Vitoria no es axiomático y funciona a expensas de las circunstancias concretas que van apareciendo con toda su casuística al paso del desarrollo de la conquista. Así se forman varios bloques en virtud de sus posiciones en la conquista:

  1. Vitoria-Sepúlveda. A favor de la continuidad de la conquista y de la defensa de los derechos temporales de los españoles, lo que no significa ni mucho menos estar en contra de los derechos de los indios.
  2. Bartolomé de las Casas, en contra de los derechos de soberanía, por no ser tales; partidario de la suspensión del dominio temporal español, la restitución a los indios de sus propiedades y justificar la presencia española sólo, por la vía espiritual; concibe al imperio como mera delegación Papal en la línea de los dominicos.

La definición final de la posición del imperio surge en la Controversia de Valladolid, con la confrontación entre Las casas y Sepúlveda.

Aunque hasta hace algunos años en la historiografía se pensaba que la posición aceptada por el imperio era la de Las Casas, sin embargo, la revisión actual de las fuentes llega a la conclusión contraria. Es verdad, que sus posiciones parecen triunfar en “las Leyes Nuevas” pero serán revocadas después. Para De Las Casas la presencia española sólo está justificada por la vía espiritual. No cree adecuado ni el título primero de Vitoria ni el octavo porque para Las Casas no existe atraso alguno de los indios frente a los españoles. Para él, la vida en la América prehispana era una Arcadia feliz, ignorando los conflictos entre los propios indios, lo mismo que la petición de ayuda de éstos a los españoles frente a las tribus dominantes, por lo que también neutraliza el título VIII. Para Las Casas sólo las bulas papales son derechos adecuados para los españoles, pero sin que ello permita el uso de la fuerza, ni siquiera defensiva. Lo único que cabe hacer para cumplir correctamente la bula papal y no condenarse era:

  1. Restituir a los indios a sus dominios por ser los auténticos propietarios de sus reinos.
  2. Anunciar pacíficamente el Evangelio.

Vitoria no dudó jamás de la legitimidad de la Soberanía española en las indias, aunque tenía dudas de la acción española en algunos momentos. Las Casas, por el contrario, no aceptó jamás la Soberanía española. Vitoria señala que si hay algún abuso hay que enmendarlo, pero no abandonar.

Sepúlveda, centra la atención en el título VIII de Vitoria. Para Sepúlveda, dada la situación parapolítica, bárbara de los indios, estos terminarían por exterminarse si no eran tutelados dado que el derecho natural está siendo violado constantemente por ellos. Por tanto, el género humano está allí actuando de manera degenerada y conviene actuar en favor de su regeneración. Cuatro son las razones de Sepúlveda:

  • Siendo por naturaleza siervos, bárbaros, incultos e inhumanos, rechazan el imperio de los más prudentes poderosos y perfectos, el cual deben admitir para gran beneficio de los propios indios (lo que coincide con el título VIII de Vitoria).
  • Desterrar el crimen de devorar carne humana, con el que se ofende especialmente a la naturaleza, sobre todo contra ese rito monstruoso de inmolar víctimas humanas.
  • Salvar de graves peligros a numerosos inocentes a quienes los bárbaros inmolaban todos los años (Coincide con el Título Quinto de Vitoria)
  • Que la religión cristiana se propagase por donde quiera que se presentase la ocasión, en gran extensión y por motivos convenientes (una especie de síntesis de los títulos 2º, 3º y 4º de Vitoria).

Para Vitoria y Sepúlveda, no para Las Casas, los sacrificios humanos, la antropofagia, serán actos contrarios al derecho natural y, su corrección, causa justa para la dominación y la guerra. Con lo cual, los indios no pierden temporalmente sus dominios por infidelidad sino por insociabilidad. Españoles e indígenas no son iguales por ser hijos de Dios. Pero mientras Las Casas afirma un igualitarismo total sin analizar las sociedades indígenas, Sepúlveda resalta la degeneración inhumana de algunas costumbres y por ello debían ser sometidos a los españoles, no para el bien de éstos sino para el bien de los indios y así prepararlos “con las mejores costumbres y con el trato de los hombres piadosos para recibir la religión y el culto al verdadero Dios”. Es el derecho de los indios a vivir dignamente con arreglo a la racionalidad. Dice Sepúlveda: “nada hay más contrario a la justicia distributiva que dar iguales derechos a cosas desiguales”. Sepúlveda señala que no se trata de esclavizar a los indios, al contrario, se trata de destruir sus instituciones prepolíticas para salvar a los indígenas de su mutua destrucción. La conquista es, por tanto, un proceso pacificador. Según Sepúlveda tal acción no es voluntaria sino obligada para introducir más humanidad en el tutorizado, propagando sobre él las virtudes políticas que le salven de la degeneración y la corrupción. En ese ambiente la guerra era el corolario “justo” derivado de tal situación ante cualquier conato de resistencia.

La principal objeción de Las casas a Sepúlveda es que es necesaria la libertad para recibir la Fe. Si se les obliga la Fe se les antojará como algo “odioso”. La principal objeción de Sepúlveda a Las Casas es que para recibir la Fe es necesario escucharla y si no se les domina y civiliza, mal la van a escuchar al ser imposible predicarla. Y es que Las Casas obviaba que varios frailes habían sido asesinados por los indígenas. Lo que buscaba Sepúlveda era que el Imperio garantizase, en la medida de lo posible, que los indios no acabasen con la vida de los evangelizadores.

Las Casas, de manera ilusa, propone predicar la Fe sólo dónde no haya peligro y, dónde lo hubiera, construir una fortificación para desde ella pregonar el evangelio.

La solución de Sepúlveda era tutelar a los indios y para ello la institución de la encomienda permitiría a algunos varones españoles, probos, justos y prudentes que se encargaran de educarlos en la fe cristiana. La posición de Sepúlveda era a la postre la justificación de lo que ya se estaba haciendo: creación de ciudades, encomiendas, cabildos, universidades, es decir, era permitir la creación en América de un marco institucional, como modo más efectivo de evitar la postración étnica de los pueblos indígenas.

A partir de 1550, tras la Controversia de Valladolid, Las Casas deja de influir en la conciencia de Carlos V. En la Junta, Las casas y Sepúlveda participaron como informadores, quedando en manos de los jueces las decisiones que hubiera que tomar al respecto. Aunque no se posicionaran por uno u otro, en la práctica, se acogen a los señalado por Sepúlveda. “En consecuencia, la Corona reconocerá la bondad del sistema apostólico y los inconvenientes de la penetración armadas; pero nunca dejó de reconocer la realidad indiana”.

BIBLIOGRAFÍA

HENRI-XAVIER ARQUILLIÈRE. El agustinismo político. Ensayo sobre la formación de las teorías político en la Edad Media. De Universidad de Granada. 2005.

ALFONSO GARCÍA-GALLO. Manual de Historia del Derecho español. Publicado por el autor. Madrid 1964

PEDRO INSUA. 1492. España ante sus fantasmas. Ariel. 2018

JUAN MANZANO MANZANO “Los justos títulos en la dominación castellana de Indias”. Revista de Estudios Políticos, ed.

 

[1]Henri-Xavier Arquillière. El agustinismo político. Ensayo sobre la formación de las teorías político en la Edad Media. De Universidad de Granada. 2005.

LOS FELICES AÑOS 20

Se suelen denominar como “felices años 20” a los años que van desde 1922 hasta 1929 y, más concretamente, a esos años en Estados Unidos; si bien Europa vivió parte de su influjo.

Realmente, la sociedad occidental, recuperada de la I Guerra Mundial (IGM), decide vivir la vida con alegría y cierto desenfreno. Era la manifestación de la necesidad social, psicológica y sociológica de recuperar el optimismo tras la dura contienda. Respondía más a un criterio de esperanza que a una razón bien fundamentada de prosperidad. Veremos algunos aspectos destacados de la época.

El crecimiento económico fue la causa primera de aquel optimismo. Ese auge en EE.UU fue fulgurante gracias a no haber sufrido en su territorio los bombardeos de la IGM; por saber imponer sus productos en el mercado mundial frente a la derruida Europa; por la rápida transformación de su industria de guerra en una industria floreciente al servicio de la sociedad civil… Por otro lado, la prosperidad europea era relativa; su crecimiento era menor porcentualmente que antes de la IGM. Pero esta distribución era diferente según el país analizado: el centro y norte de Europa se desarrolló con más celeridad que el este y el sur. Algunas industrias ( la inglesa, por ejemplo) se beneficiaron de la caída de los precios de los alimentos, si bien dejó el primer puesto productivo mundial a EE.UU. Alemania sufría los estragos de la derrota y las perdidas territoriales de Alsacia y Lorena, así como una inflación galopante. Francia se vio envuelta por un bloqueo económico al haber puesto todas sus esperanzas de bienestar en los resarcimientos de guerra que debía Alemania….

La economía fluctuaba rápidamente. Con carácter general, tras un movimiento alcista entre 1919 y 1920, llegó la crisis del 21 que se recuperó, en las zonas prosperas, en 1922 y alcanzó jovialmente 1929, salvo algún altibajo en 1924 y 1927. En Europa, la recuperación fue más patente tras los tratados de Lorcano. ( ver el inicio de la crisis del 29 publicada en este blog https://algodehistoria.home.blog/2019/10/18/la-crisis-del-29/

En EE.UU, la recuperación económica contribuyó a la mejora de las condiciones laborales de las personas que trabajaban en la industria y los servicios y, en menor medida, en la agricultura. Los mejores sueldos permitían a nuevas capas de la sociedad acudir al crédito y adquirir bienes que antes les estaban vedados. La industria del automóvil fue uno de los mejores ejemplos de esa prosperidad. La innovación llegó a la industria y alcanzó a todos los sectores.  Se emplearon nuevas fuentes de energía (electricidad, petróleo); se desarrollaron nuevos medios de transporte, sobre todo, en el campo de la aeronáutica; aparecieron nuevas formas de organización del trabajo; se concentraron grandes capitales en torno a las grandes corporaciones; esos mismos holdings demandaron sedes más impresionantes, lo que fomentó la construcción de rascacielos que, a su vez, generaron beneficios económicos en USA. En América la tasa de desempleados descendió a niveles nunca antes conocidos.

La América adinerada y suntuosa era un escaparate de posibilidades de enriquecimientos a ojos de todo el mundo. Parecía que allí con el sólo esfuerzo individual unido a las libertades que proporcionaba el país se lograba el éxito. Se convertía de ese modo en la meta ideal para el que quería hacer fortuna; lo que atrajo hacia USA a un enorme número de inmigrantes, sobre todo, europeos movidos por las pocas opciones de trabajo y prosperidad que ofrecía el viejo continente, especialmente para irlandeses, alemanes, polacos e italianos. Las largas colas y las cuarentenas en la isla de Ellis era la imagen de la época. Esos inmigrantes,con lenguas, costumbres y valores diferentes a los americanos y, sobre todo, su hacinamiento en los barrios más pobres de las ciudades generó un rechazo entre los sectores más puritanos de la sociedad americana que se aferraban al modelo blanco, anglosajón y protestante.

El gobierno del Presidente Harding estableció una restrictiva política anti-inmigración, con leyes específicas en 1921, sobre todo, contra la entrada en el país de ciudadanos orientales, especialmente, chinos y también de los europeos del sur (italianos, griegos, serbios) a los que unió a turcos y judíos. Aquellas leyes se vieron completadas por el gobierno siguiente con la Inmigración Act” de 1924.

Desde aquella estricta mentalidad puritana, aquel rechazo a los extranjeros les culpaba de la degeneración de las costumbres y, en concreto, con la ingesta abusiva de alcohol. El gobierno prohibió su consumo, fabricación y venta («Ley Seca»), fomentando con ello el contrabando y el tráfico ilegal por medio de bandas organizadas de gánsteres que ejercieron el control del mercado negro.

También, como consecuencia del desarrollo económico, se produce una evolución del sistema educativo hasta alcanzar a mayores capas de población, siendo especialmente importante la incorporación de la mujer a todos los niveles de enseñanza. Como siempre, la diferencia entre países era abrumadora. Holanda casi consiguió acabar con el analfabetismo mientras en Rumanía, por ejemplo, este se extendía entre amplias capas de la población, destacadamente en los sectores femeninos. Sin embargo, cuando se analizan los niveles universitarios, las diferencias entre países son mucho menores.

En esta década se logran el sufragio universal o cuasi universal masculino en aquellos sitios del mundo occidental en los que aún no existía; y el femenino en algunos países: USA, Gran Bretaña, Alemania y algunas colonias británicas con mayor grado de autonomías, en concreto, las de Oceanía…

Si bien, como hemos dicho, el desarrollo económico que impregnó de optimismo a abundantes capas de la población americana, no se vio acompañada por igual en Europa, sin embargo, el gran centro de la vanguardia cultural fue París. Aquel optimismo se expresaba de manera desbordada, identificándolo con una forma frívola de vivir, llena de hedonismo, huyendo de la realidad, fijándose solo en los detalles y no en la auténtica realidad histórica. Este aspecto se revelaba en todo tipo de artes y manifestaciones culturales. Veamos algunas de ellas:

Moda. La tendencia educativa y la presencia de las mujeres en las fábricas durante la IGM había abierto un número importante de posibilidades para el sector femenino que tendía a su liberación, siendo el mejor escaparate de ello la moda: las faldas se acortan para dejar ver las piernas más arriba del tobillo, incluso al nivel de la rodilla y que se lucen con medias con costura en la parte trasera o con dibujos.Las ropas mañaneras se caracterizan por los complementos: sombreros, guantes, broches, joyas y una tendencia unisex en esa búsqueda de equiparación con el hombre por lo que se masculiniza el estilo con vestidos holgados de talle bajo, sin marcar las formas femeninas, los trajes sastres con chaqueta y chaleco estilo masculino, los abrigos con cuello y puños con piel. Por la noche, las ganas de fiesta se incrementan y la moda se hace más sofisticada y lujosa: collares, plumas,  estolas de marabú, lentejuelas, los lazos, las flores, gasas, sedas, plisados, escotes en V… diademas, ondas en el pelo, el color rubio platino, los cortes tipo Bob…La publicidad no paraba de anunciar productos y la moda se convirtió en un mercado fascinante que movía millones.

En literatura, F. Scott Fitzgerald mostró como nadie lo que fueron aquellos años en su novela “El gran Gatsby” ( 1925). En este contexto, no es extraño que surja el surrealismo, André Bretón, padre de este movimiento marca la tendencia de las vanguardias francesas que fueron de las más importantes en representar una personalidad propia frente al mayor populismo americano, pero también influye al otro lado del charco. En USA lo más destacado, además del gran Fitzgerald, fue la llamada “generación perdida”. Un grupo de excombatientes y autores se resistían a adoptar el optimismo generalizado; destacan figuras como Faulkner, Ernest Hemingway o Pound. Otra excepción es Alemania, donde surge la “nueva objetividad”, basada en enfatizar el realismo hasta destacar lo feo por encima de otra verdad, una forma de distorsionar la realidad para llamar la atención sobre ella. También se da en Alemania una renovación del teatro: Bertolt Brecht, Döblin y Hesse.

Otro elemento característico de la literatura del momento es el despegue de la ciencia ficción que más tarde pasará al cine alcanzando un enorme desarrollo posterior.

En España, destaca la Generación del 27 que combinó el surrealismo con las vanguardias y la tradición lírica. A ellos se unen en Hispanoamérica Borges o Pablo Neruda.

Los medios de comunicación se multiplicaron, fue época de gran esplendor de la prensa, especialmente los grandes diarios y las revistas especializadas. La radio se expandió y sus ondas fueron el mejor instrumento de información y también de publicidad.

El cine pasó del mudo al sonoro. En USA tuvo un éxito arrollador, por su precio y por no dominar los inmigrantes el idioma inglés, muchos medios culturales  (prensa, teatro) estaban vedados a los extranjeros, eso fomentó el desarrollo del cine hablado, en otra muestra de búsqueda de aquella exclusividad anglosajona que señalábamos párrafos anteriores. La primera película que logró sincronizar el sonido con las imágenes se proyectó en Nueva York en 1927, se trataba de “el Cantante de Jazz”.

Entre las zonas más favorables para el rodaje destacó un poblado deshabitado llamado Hollywood. Las posibilidades de negocio hicieron que los productores asentados en Nueva York se trasladaran a California y que los grandes estudios crecieran alrededor de aquella zona. Nació la Meca del Cine y el “star-system” o lo que es lo mismo, un sistema de contratación de actores en exclusiva y a largo plazo con lo que se controlaban sus carreras, se hacía publicidad de las películas y de los actores como si se tratara de cualquier otro producto. A su vera crecen muchas de las manifestaciones culturales como negocio: moda, joyería, música…

En Europa, el cine alcanzó gran popularidad; se crearon obras maestras en torno a los movimientos expresionistas y surrealista. De este último, el máximo exponente fue “un perro andaluz” de Luis Buñuel (1929).

En música, los ritmos sincopados del hot y del Swing causaban furor. El Jazz continúa siendo la música más escuchada del momento. Duke Ellington, Louis Armstrong …Las grandes orquestas sinfónicas todavía tienen mucha popularidad. Las óperas y los compositores más conocidos crean fabulosas composiciones aún en estos años: Debussy, Strauss, Ravel, Mahler, Puccini… En el plano más popular, se fomentan los cabarets y las salas de baile. El charlestón es uno de los bailes más representativos de esta época. Extravagante como pocos, esta variedad del foxtrot representa mejor que ninguna el entusiasmo y alegría de la época.

Incluso en España, la moda y música de los años 20 se dejaron ver con alegría. Famosísimo fue el charlestón titulado “ Madre, cómprame un negro”, compuesto en 1928 por Ángel Ortiz de Villajos y cuya letra sería difícil que se pudiera escribir hoy sin causar un escándalo.

https://www.youtube.com/watch?v=ivo83Y8m6YE

En la pintura, la vanguardia se situaba en París, donde un nutrido grupo de jóvenes prometedores como Picasso, Modigliani, Man Ray, Matisse, Miró, Dali (el máximo representante del surrealismo), apostaban por una técnica y estilo nuevo que rompía la tradición.  Dentro de esas vanguardias destaca la “abstracción geométrica” siendo su precursor Wassily Kandisky, quien abandona conscientemente la figuración, para mostrar su expresividad a través de la armonía de la forma y el color. En esa misma línea, se encuentra Mondrian.

En la misma época, pero con menos ganas de frivolidad y alegría se desarrollo el “Realismo socialista” en Rusia a mayor gloria del nuevo régimen nacido tras la revolución.

Pero, si hay un movimiento artístico que sea el auténtico reflejo y compendio de los felices 20 fue el Art Decó.Desarrollado en París y más tarde cultivado en Hollywood como el estilo de las estrellas, fue durante años el símbolo del glamour. Su origen se encuentra en la Exposición Universal de 1900 en París, sin embargo, su explosión se dio en el período de entreguerras y unió a todas las artes (decorativas, gráficas, arquitectura, joyería, escultura, pintura, cine, cristalería, cerámica, moda…) en una amalgama de difícil definición que engloba desde gigantescos rascacielos a pequeños objetos; desde la ropa a la carpintería; desde la estatuilla del Oscar de Hollywood a un maravillo cuadro de Tamara de Lempicka, pasando por las ilustraciones, en España, del gran Rafael Penagos, protagonizadas por una nueva mujer, que pasaría a definirse como la “mujer Penagos” o la revolución de los patrones de Chanel o la  apuesta en joyería por los diamantes y las perlas…

El estilo Art Decó parte de líneas sobrias, con materiales preferentemente de origen industrial (acero, aluminio). Con la simetría como referente, la geometría como inspiración de cada elemento. El colorido en bloque, alegre y fuerte, directamente aplicado, sin mezclas, superando el dibujo, con apariencia de espontaneidad.  Es la simplicidad aparente, pero plena del adorno lujoso muestra del desarrollo burgués; el brillo exagerado frente a las restricciones de la IGM.

En suma, el art decó se caracteriza por su heterogeneidad y eclecticismo, como señala el diccionario de arte de Cambridge. Esa variedad y aparente falta de unidad de criterio permitió alcanzar dimensiones universales; en casi todos los países hay manifestaciones de art decó que a su vez se vio influido por el arte egipcio, el chino, japonés, por el ballet ruso o las formas hindúes… también adquiere elementos del Art Nouveau, del fauvismo…

El art déco representó el entusiasmo y la alegría de una época y de una sociedad en cambio, con ganas de disfrutar de su opulencia económica. Fue el reflejo de un cambio radical de la sociedad cuyo origen estaba en la revolución industrial, los avances sociales, las mejoras laborales y el cambio cultural anejo. Sin embargo, siendo el reflejo de una época concreta, ha influido, como casi ningún otro estilo, en las manifestaciones artísticas del futuro.

Esto fueron los felices años 20 del siglo XX. También lo fueron en España. Allí vivimos años de prosperidad económica tras nuestra neutralidad en la IGM y a pesar de la guerra de Marruecos. Fue la España de los mejores años de Alfonso XIII y aunque sufrimos la dictadura de Primo de Rivera que anticipaba una segunda República descontrolada, caótica y sangrienta, en aquella década construimos la mejor red de carreteras que nunca tuvimos y que fueron reconocidas como las mejores de Europa; la del desarrollo del ferrocarril; la de la Exposición Universal del 29; la de la expansión de la industria y el comercio; la de la confianza y la alegría; la que empezaba a tener importancia y prestigio fuera de nuestras fronteras. Aquella España que quedó aniquilada por el extremismo, la intolerancia, la persecución, el nacionalismo exacerbado de la II República y el enfrentamiento en la más incivil de las acciones, una guerra civil.

Ahora iniciamos otra década de los 20. A ver si conseguimos ir por la senda alegre y sin los errores de aquella que se inició hace cien años. Feliz año a todos.

 

 

La Escuela de Salamanca- y 2

  • ¿Cuáles fueron los principales problemas consultados a la Universidad de Salamanca?

Realmente, las consultas abarcaban toda la actividad social del momento, sobre todo, aquellos aspectos que incluían algún tipo de novedad: cartógrafos y geógrafos para bordear América; cálculos matemáticos para la realización de los viajes hacia las “Indias”; matemáticos, astrónomos o juristas para fijar la adscripción de las islas Molucas a España o Portugal; juristas para determinar las fronteras o poder internacional y nacional de los reyes; filósofos y teólogos para conocer los derechos de los indios, teólogos que acabaron dando lugar a los primeros economistas para atender al valor de los metales venidos de América, la usura y la legalidad del préstamo, teólogos y moralistas para determinar la legalidad del divorcio de Enrique VIII … hasta la gramática de Nebrija tuvo su lugar.

No podemos hacer un estudio detallado de todas las aportaciones que realizó la Escuela de Salamanca en todos los campos, pero si destacaremos algunas de ellas:

Empezaremos por los debates en torno a la cuestión indígena llamada de los justos títulos o polémica de los naturales. Se trataba de discernir las disputas entre los gobernadores y Bartolomé de las Casas. Fue el padre Vitoria sobre el que recayó el estudio de los derechos de los indios en América, dando lugar a su obra “De indis” en la que expresó su postura sobre diversos excesos cometidos en los primeros años de asentamiento español en América. Afirma que los indios son iguales en derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Gracias a él, las ideas y posiciones de fray Bartolomé de las Casas tomaron un tono más mesurado, fueron escuchadas y con ellas nacieron las Leyes de indias. Los indios fueron considerados seres libres y estaban bajo la protección directa de la Corona. Después de su muerte, varios de los discípulos de Vitoria: Cano, Soto, Carranza, Covarrubiasformaron parte de  una comisión de teólogos que se reunió en Valladolid entre 1550-1551 (Junta de Valladolid), en la que establecieron cuáles eran Justos Títulos[1]para la conquista de América y cuáles injustos, en la llamada polémica de los naturales. Todo esto hace al Padre Vitoria uno de los precursores de los Derechos Humanos.- Sobre este asunto haremos un hilo en fecha próxima-.

Vitoria y Molina, realzan el valor de la persona haciendo hincapié en los derechos que le otorga la naturaleza, que están por encima de cualquier otro derecho. Ese derecho natural obliga a tener un respeto por cada persona, individualmente considerada, dejarla en libertad, no condicionarla, no esclavizarla. Un derecho a ser libres de las influencias de los demás, lo que obliga al respeto al otro y a la libertad del otro. Un respeto de libertad individual en sociedad.

Estas cuestiones permitieron al Padre Vitoria estudiar y establecer los términos de la “guerra justa” y del “Ius Gentium”, es decir el germen del derecho internacional. Sobre ambos temas, íntimamente relacionados en su obra, opina que esta noción casi nunca se aplica a los conflictos armados. Con Suarez coincide en que la guerra justa es un deber. Ningún Estado tiene derecho a suicidarse. El arbitraje es conveniente, pero no obligatorio. Deduce del derecho natural las consecuencias más liberales para las relaciones políticas y económicas entre todos los hombres. Cada persona tiene derecho, en el lugar en el que se establezca, a las mismas prerrogativas que los ciudadanos de ese país. Cabe, incluso, pensar que “el mundo es, en cierto sentido, una sola República”. Pero no existe, como derecho, ninguna limitación a la autonomía del Estado: no existe arbitraje de una autoridad internacional por encima de esas” comunidades perfectas” que son los Estados. Incluso los bárbaros (los indios) tenían antes de la conquista una soberanía. La colonización puede ser legítima, pero a condición de ser” su única preocupación el bien y la prosperidad de los indígenas, y no el provecho de los españoles”.

Rechaza toda separación entre el soberano y su comunidad, subraya la cohesión del Estado y da un sentido más moderno a la aceptación cristiana de poder establecido. Vitoria es el teórico de un mundo dividido, en el que los Estados afirman duramente su independencia.

La doctrina de Vitoria se vio refrendada posteriormente por Suarez. La principal originalidad del jesuita consiste en vincular el derecho de gentes al derecho natural, aunque no cree que haya existido nunca una soberanía internacional. Las obligaciones del derecho natural tienen una valor absoluto e invariable. Mientras que el derecho de gentes se concebía con un carácter flexible, basado en la convención y la costumbre, que obliga en cuanto es objeto de un acuerdo general y que evoluciona como todas las opiniones. Por tanto, ningún acuerdo internacional puede imponerse a las soberanías nacionales. Sin embargo, Suarez, por primera vez sí se postula partidario de la solidaridad internacional por cuanto que la humanidad “aun dividida en pueblos y Estados diversos, conserva, sin embargo, una cierta unidad, no sólo específica, sino también cuasi política y moral” que engloba a todos los hombres sin distinción.

También se discutió ampliamente sobre la monarquía. Para Vitoria, el Estado y la sociedad son de derecho natural. No puede concebirse a la humanidad sin organización social y sin orden político; fuera de toda misión espiritual tienen como misión el bien común. De aquí se deriva que ningún régimen puede pretender ser más que otro de derecho divino. Vitoria es monárquico, pero por razones de experiencia. La monarquía así considerada no se encuentra por encima de las leyes, las cuales para ser justas deben responder al interés general, estando la ley humana subordinada siempre a la ley divina. Vitoria parece fijar así límites al poder real; pero, reprueba a “los hombres corrompidos de orgullo y de ambición que se alzan contra sus príncipes”.

La teoría de la deposición del rey hereje por orden papal fue defendida por Luis Molina. La República Cristina concebida por estos autores como la forma de Estados distintos y soberanos hace que los jesuitas defiendan que la soberaníapertenece al pueblo, aunque casi nunca desarrollen la idea para acabar siempre restableciendo la superioridad del orden monárquico. Juan de Mariana la acaba defendiendo con cierto vigor. Afianza, además, el poder del Papa frente a esos monarcas, incluso el poder de los obispos. La idea del rey como punto de unión de los Estados de cierta extensión, se beneficia del reforzamiento de sentimiento nacional.

Es el mundo de la reforma y la contrarreforma por eso, frente a estas teorías papistas está la de la Iglesia como obediente al rey que se da en Inglaterra, con cierta dureza en sus manifestaciones por herencia conceptual de Enrique VIII.

Se aprecia en ese momento histórico una clara vinculación entre teología y política que fue rechazada por Althusius, Bodín e incluso Maquiavelo. Era la culminación de la Reforma. Mientras Suarezexpresa la continuidad del pensamiento católico.

Para Suarez el Estado separa el campo del derecho público y del derecho privado. El Estado existía con anterioridad al pecado original. Lo que coloca a la comunidad civil en el plano de la naturaleza. Aunque el Estado tiene la unidad de una persona, de un cuerpo, no por ello integra a sus miembros a la manera de un organismo vivo, biológico, ya que engloba a seres conscientes y libres. Es un cuerpo místico hecho de necesidad y de libertad. No tienen más fin que el material del bien común. A la cabeza del Estado se establece una autoridad suprema.

La potestad política de hacer la ley, tiene el carácter absoluto de la Soberanía. En virtud de la libertad de nacimiento de cada persona, corresponde al conjunto de los hombres y no a uno sólo, hacer esa ley, esta es la gran diferencia con Molina, para Luis de Molina la soberanía es la suma de las soberanías individuales, no es un todo único y compacto. Con Suarez quedan establecidas así, la soberanía popular y la libertad de cada comunidad política de elegir su régimen de referencia. El hecho de la soberanía es el derecho natural, pero “su determinación en un cierto modo de autoridad y de gobierno depende de la libertad humana”. Suarezno duda en que la monarquía sea el sistema de gobierno más eficaz, pero llega a esa conclusión tras señalar que la comunidad de ciudadanos es libre para escoger el régimen en el momento de la fundación del Estado, pero una vez elegido no puede modificarlo. Para Suarez la monarquía es una institución humana, pero una vez que reinan legítimamente, son “ministros de Dios”. La soberanía es absoluta, pero con ciertos límites. El fundamental es el hecho de que la soberanía está limitada a la ley justa.

Por otro lado, diferencia entre el poder espiritual y el temporal.El poder eclesiástico tiene sobre el poder civil toda la superioridad del espíritu sobre la materia, del derecho divino positivo y sobrenatural sobre el derecho natural. El Papa es superior “no sólo a la persona del rey, sino incluso a su poder temporal, aunque soberano”. Puede dirigir e incluso deponer a los reyes para lograr los fines espirituales de la Iglesia.

En estos aspectos las obras de los profesores de Salamanca, muy especialmente las de Vitoria y Suarez influyeron decisivamente y se vieron influenciados a su vez por las de Bodín, Althusius. Por su parte Leibniz, Grocio, pufendorf, Schopenhauer y Heidegger citan a Suarez y, en ocasiones a Vitoria y a otros autores de la Escuela como fuente de inspiración.

El derecho matrimonial y el divorcio.  “Un nuevo y grave problema religioso y político se suscitó cuando el rey inglés Enrique VIII quiso divorciarse de la princesa española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, dando principio en este conflicto al nacimiento del anglicanismo. En tales circunstancias, las cuestiones sacramentales se mezclaron con el derecho y derivaron en negociaciones internacionales y dictámenes del más alto nivel. Esta nueva solicitud de informe a la Universidad de Salamanca coincidió con la ebullición del problema protestante en el Imperio: el pedagogo Crammer escribió un libro sobre el divorcio, favorable a los intereses de Enrique VIII, circunstancia que inclinó a los emisarios del rey inglés a buscar apoyo en las universidades para su causa pango, incluso a los religiosos o profesores para logarlo. Se han encontrado documentos detallando el dinero entregado a varios religiosos para conseguir el apoyo a la causa del divorcio inglés. Por menos de cien escudos obtuvo todas las firmas del claustro de Ferrara y lo mismo consiguió en Francia y en Inglaterra. La Sorbona también se declaró partidaria del divorcio tras multitud de intrigas. Puesto que Lutero se había casado, se mandaron emisarios para pedirle su aprobación, pero él se negó a apoyarlo. 

El emperador y rey de España buscó apoyos en sus Universidades. Varias instituciones y personas relacionadas con Salamanca contestaron a esta consulta: la propia Universidad de Salamanca, el Colegio de San Bartolomé, Francisco de Vitoria y el cronista real Juan Ginés de Sepúlveda. La Universidad respondió con un informe matizado, inspirado en la obra de Francisco de Vitoria, titulada De matrimonio, en la que se manifestó en contra del divorcio sosteniendo un criterio laico, cuando dijo: “La potestad real o civil se ha establecido para el bien de la República, sea el que sea, sea el de la paz, sea cualquier otro beneficio humano” y ese acuerdo superior centrado en el bien común impide el divorcio del monarca”.[2]

Por poner el ejemplo de otras cuestiones de distinta naturaleza tratadas con profusión por la Escuela de Salamanca señalaremos que pocas cuestiones científicas fueron más candentes en la época que el problema de la medida del espacio. “Los tratados internacionales sobre derechos de exploración geográfica toparon con la imposibilidad de fijar fehacientemente esta magnitud y todos los reinos implicados en estos viajes promovieron un inusitado interés por la precisión, dificultada por las diferencias en los sistemas de cómputo y por la inexactitud de los aparatos mecánicos. Estas medidas eran necesarias para establecer las fronteras de los descubrimientos y la colonización; por ejemplo, era imposible determinar la longitud en el mar sin un reloj preciso que no existió antes del cronómetro de Harrison, a mediados del siglo XVIII. El catedrático de astrología Diego de Torres fue uno de los más incisivos estudiosos de esta materia y participó en las deliberaciones científicas del Tratado de Tordesillas (1494). A él se unieron otros muchos como el médico Sancho de Salaya y el dominico Tomás Durán,catedráticos ambos y comisionados por Carlos V para debatir con los representantes portugueses -entre quienes figuraba el también antiguo catedrático salmantino Pedro Margallo- la adscripción de las islas Molucas, tras su descubrimiento en el año 1524”[3], y posteriormente en una serie de tareas para la fijación de las fronteras.

“Otro asunto científico de profundo calado para la época era el de la medida del tiempo que preocupaba a los Estados, especialmente al Vaticano. Era preciso reformar el calendario juliano vigente desde el año 46 a. C. con el fin de que pudieran cumplirse los decretos del concilio de Nicea (año 325) relativos a la fecha de celebración de la Pascua, fiesta solemne de la Resurrección de Jesucristo. Con los siglos ésta se había ido retrasando respecto del equinoccio de primavera, resultando infructuosos todos los esfuerzos por elaborar un calendario perfecto; causa que ocupó a multitud de matemáticos y astrónomos de toda la cristiandad por lo menos durante doce siglos. También en este tema la intervención de la Universidad de Salamanca fue muy significativa. Esta Universidad propuso en 1515 un cálculo que sesenta y tres años que después ratificaron los expertos vaticanos y el propio pontífice como base de la reforma del calendario (descubrimiento que hasta el día de hoy se había atribuido al italiano Luigi Lilio) y que finalmente fueron determinantes para que se aprobara la reforma gregoriana del calendario de 1582”[4].

Quizá uno de los estudios más trascendentes se lo debamos a Domingo de Soto fue el primero en establecer que un cuerpo en caída libre sufre una aceleración constante, ​ siendo éste un descubrimiento clave en física, y base esencial para el posterior estudio de la gravedad por Galileo y Newton.

Otro de los grandes temas estudiados en Salamanca fueron los relacionados con la  economía[5]. Son ellos los que sentaron las bases de la ciencia económica moderna. Entre sus principales aportes se encuentran la aceptación de la ley de la oferta y de la demanda como agentes en la determinación de precios de un mercado libre, la exposición de una teoría subjetiva del valor de los bienes, y el establecimiento del valor del dinero en función, no sólo de su abundancia o escasez, sino de su capacidad de compra, la doctrina general del interés y el análisis del sistema tributario.Su gran hallazgo para la macroeconomía moderna fue la formulación de la teoría cuantitativa del dinero.Se trata de ideas que surgieron en la consideración de las grandes cuestiones fundamentales del justo precio, de la usura y de los tributos.

El inicio de todas estas teorías provino de la llegada abundante de metales preciosos de América y su relación con la elevación de precios. Los escolásticos españoles del siglo XVI estudiaron el dinero, al que por primera vez consideraron como una mercancía más, cuyo valor viene dado por su escasez o abundancia relativa. Los máximos exponentes que elaboraron las teorías del valor fueron Martín de Azpilcueta, pionero en estos estudios, y Luis de Molina. A los que hay que unir Francisco de Vitoria, Diego de Covarrubias y Leiva, Tomás de Mercado, Domingo de Soto y Juan de Mariana.

Azpilcueta se convirtió en el precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero, según la cual el incremento de la masa monetaria en circulación ocasiona un incremento proporcional en el nivel de los precios.

Constató el hecho de que en los países en los que los metales preciosos oro y plata eran escasos los precios de los bienes eran inferiores a los países con abundancia de los mismos. El metal precioso, como una mercancía más, tiene menos valor adquisitivo cuanto más abundante sea. Desarrolló así una Teoría del Valor-Escasez precursora de la teoría cuantitativa del dinero, adelantándose en más de una década a Jean Bodin.

Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría subjetiva del valor y del precio que consiste en que, puesto que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre sin engaños ni interferencias de todo orden. Expresándolo en términos actuales, los integrantes de la escuela defendieron el libre mercado, donde el precio justo venía dado por la oferta y la demanda, constituyendo un precedente de la Ley de la Oferta y la Demanda.

Otra cuestión económica a estudiar fue la usura,muy mal vista por la Iglesia. La Escuela de Salamanca encontraba diversas razones que justificaban el cobro de un interés. Así, la persona que recibía el préstamo obtenía un beneficio a costa del dinero obtenido. Por otro lado, el interés se podía considerar como una prima por el riesgo del prestatario a perder su dinero. También estaba la cuestión del lucro cesante, ya que el prestatario perdía la posibilidad de utilizar el dinero en otra cosa. Martín de Azpilcueta consideró también la influencia del tiempo en el cobro de intereses. Consideró que a igualdad de condiciones los bienes presentes valen más que los bienes futuros, y, por lo tanto, es preferible recibir una cantidad ahora a recibirla en el futuro. Para que una renta en la actualidad sea más atractiva que en el futuro es necesario que sea mayor. En este caso el interés supone el pago del tiempo.

Vitoria y otros teólogos se centraron en la acumulación de riqueza y propiedad privada. Los escolásticos españoles llegaron a la conclusión de que el orden natural permite la propiedad privada por tener efectos beneficiosos al estimular la actividad económica y, con ello, el bienestar general de la sociedad. A este respecto, Diego de Covarrubias y Leiva afirmaba que los propietarios tenían no sólo derecho de propiedad sobre el bien, sino que también, tenían derecho exclusivo a los beneficios que pudieran derivarse del bien. De todas maneras, precisó que en momentos de gran necesidad todas las cosas son comunes. Domingo de Soto defendió la propiedad privada como medio para lograr la paz social. Luis de Molina, apoyando la tesis de Domingo de Soto, afirmaba que la propiedad privada era una institución de efectos prácticos positivos ya que, por ejemplo, los bienes serían mejor administrados por un solo dueño que si fuesen de propiedad comunal. Postura esta última que también fue defendida por Juan de Mariana.

La Escuela de Salamanca no llegó a elaborar una doctrina económica completa, pero estableció las primeras teorías económicas modernas para afrontar los nuevos problemas que habían surgido.

En el ámbito de la Teología, aunque todo fuera teología en Salamanca, porque todo partía de una reflexión moral,  no queremos dejar pasar la aportación de los padres salmantinos en el Concilio de Trento. No vamos a hablar del Concilio sino de alguna de las aportaciones más destacadas por algunos padres conciliares miembros de la escuela de Salamanca, así Covarrubias, dejó huella en los asuntos sobre la Eucaristía, el orden sacerdotal o el matrimonio.

 Sobre la Eucaristía señaló que es el sacramento excelente por encima de todos los demás al ser instituido por Cristo y contener el misterio de la transustanciación. En cuanto a la comunión eucarística se indica que no es necesario hacerlo bajo las dos especies para los laicos no era derecho divino ni necesaria para la salvación y que no es necesaria por derecho divino para los niños.

Respecto al orden sacerdotal, Covarrubias manifestó que la jerarquía eclesiástica había sido instituida por Cristo, siendo los primeros, por ley divina, los obispos, como sucesores de los apóstoles, y, tras los obispos, los presbíteros. Por otro lado, manifestó que los prelados que estuvieran ausentes de sus diócesis sin causa justificada durante más de tres meses debían ser multados. Se promovió la necesidad de tener seminarios en las diócesis

En cuanto al matrimonio, se plantea su carácter sacramental, se define su naturaleza, su indisolubilidad y el derecho de la iglesia a establecer impedimentos matrimoniales. Se planteó la cuestión de la nulidad en relación con los matrimonios clandestinos, colocando a la ley eclesiástica por encima de las civiles y pidió que se aumentara el número de testigos en los esponsales. A su vez, se reafirmó la excelencia del celibato.

Otros asuntos teológicos que alcanzaron gran relevancia en los estudios de la Escuela fueron la idea del mal. Se puede hacer el mal, aunque se conozca a Dios, y se puede hacer el bien, aunque se le desconozca. Es decir, la moral no depende de la divinidad. Esto resultaba especialmente importante para el trato con los paganos, ya que el hecho de que no fuesen cristianos no presuponía que no fuesen buenos.

Vitoria proporcionó una imagen nueva de la divinidad para intentar explicar la presencia del mal en el mundo. La existencia de éste hacía difícil creer que Dios pudiese ser infinitamente bueno e infinitamente poderoso a la vez. Vitoria explicó esta paradoja apelando al libre albedrío humano. Puesto que la libertad es concedida por el mismo Dios a cada hombre, no es necesario que el hombre actúe eligiendo siempre el bien. La consecuencia es que el hombre puede provocar voluntariamente el mal. Ese libre albedrío como señalaba el Padre Mariana, y que entronca con el derecho natural y con los derechos humanos, como vimos con anterioridad, es más un deber que un derecho, por tanto, no se puede renunciar a él. Al derecho se podría renunciar, a un deber no se puede renunciar nunca. No es, además, una “libertad de” es una “libertad para”, para la propia concepción de la dignidad humana.

En relación con este principio del libre albedrío se desató la polémica de Auxiliis entre jesuitas y dominicos sobre la gracia y la predestinación, que no se dilucidó definitivamente hasta que el Papa Pablo V en 1607 reconoció la libertad de jesuitas y dominicos para defender sus ideas, prohibiendo que ninguna de ellas fuese calificada de herejía.

Otros muchos asuntos fueron tratados por la escuela de Salamanca:

Rodrigo Basurto ratificaba la existencia de las antípodas.

Nebrija en la Cosmografía defendía la necesidad inaplazable de fijar un patrón de medida universal en Castilla.

Se habla de una escuela literaria de Salamanca…También de música, de arte…

No podemos adentrarnos en todos estos asuntos, como puede apreciarse, una de las características de la Escuela de Salamanca fue su fecundo pensamiento nacido en parte de un complicado entramado de las relaciones que existieron entre sus miembros; muchas veces se sucedieron en las cátedras de la universidad o polemizaron entre sí; en otras ocasiones se vieron implicados en terribles polémicas e incluso en ataques legales, bien procedentes del brazo secular, bien procedentes de la Inquisición; y en ocasiones se atacaron y se defendieron. El nombre de alguno de estos autores aparece en las aportaciones de los libros de otros estudiosos, o bien en los escritos panegíricos de los alumnos sobre sus maestros o eran referencia en autores extranjeros: Pascal, Descartes o Leibniz, Grocio, Althusius, Bodin, pufendorf, Schopenhauer, Heidegger, Hobbes, Locke… todos ellos bebieron de la Escuela de Salamanca. En ocasiones reconocen la influencia, en otras, no, aunque la hubo. Esto hace que el estudio de la Escuela sea muy complejo.

En conclusión, la escuela de Salamanca no tiene un carácter formal, sin embargo, la crítica ha querido ver en un grupo de pensadores españoles, la práctica totalidad de ellos hombres de Iglesia, determinados factores comunes.

Esa aportación es sin duda determinante para el desarrollo de la humanidad. Por primera vez el mundo se hizo global y la visión completa del globo se manifiesta en la interrelación de elementos que no habían sido tenidos en cuenta, con esa dimensión, nunca antes. De ahí que, el Derecho de gentes, el germen del Derecho internacional, saliera de Salamanca; de ahí que, la concepción del ser humano en toda su extensión configurando como principio general y universal la libertad del individuo, la libertad humana como base de toda consideración, se institucionalizara en Salamanca; de ahí que, los derechos humanos como fuente de Derecho y de vida se fraguaran en Salamanca; de ahí que, la democracia liberal beba en la aguas de la escuela de Salamanca y, con ello, la economía liberal, el libre mercado, el derecho al comercio y al crédito…y en su estampación de saber holístico, la teología, como base de cada uno de los motivos de reflexión porque siempre se partió de una reflexión moral, como raíz del derecho y de la ciencia, la técnica, las artes…

La Escuela de Salamanca es probablemente, con la posible excepción de la Escuela de Traductores de Toledo, la mayor aportación, hasta el momento, de España al pensamiento occidental y mundial.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.
  • Ana María Carabias Torres. “La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.
  • “Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.
  • Brufau Prats. “La Escuela de Salamanca ante el descubrimiento del Nuevo Mundo”. Ed San Esteban. 1989.
  • Belda Plans. “La Escuela de Salamanca”. En Cuadernos Salmantinos de Filosofía (30)
  • M. A. Pena González. “El concepto de la escuela de Salamanca, Siglos XVI-XX”. Universidad Pontificia de Sal.

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[1]Son títulos legítimos de conquista de nuevos territorios:  Los hombres no nacen esclavos sino libres. Por derecho natural nadie es superior a los otros. El niño no existe por razón de otros, sino por razón de sí mismo. Es mejor renunciar al propio derecho que violentar el ajeno. Es lícito al hombre, la propiedad privada, pero nadie es propietario que no deba, a veces, compartir sus cosas… y en extrema necesidad, todas las cosas son comunes. Los dementes perpetuos, que ni tienen, ni hay esperanza de que tengan uso de razón, pueden ser dueños… tienen derechos. Al condenado a muerte le es lícito huir, porque la libertad se equipara a la vida. Si el juez, no guardando el orden del derecho, obtuviese a fuerza de tormentos la confesión del reo, no podría condenarlo, porque obrando así no es juez. No se puede dar muerte a una persona que no ha sido juzgada y condenada, Toda nación tiene derecho a gobernarse a sí misma y puede aceptar el régimen político que quiera, aun cuando no sea el mejor. Todo el poder del rey viene de la nación, porque esta es libre desde el principio. El orbe entero, que en cierta manera constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a toda la humanidad. Ninguna guerra es justa, si consta que se sostiene con mayor mal que bien y utilidad de la nación, por más títulos y razones que haya para una guerra justa. Si al súbdito le consta la injusticia de la guerra, no puede ir a ella, ni aun por mandato del príncipe. No es el hombre lobo para el hombre, sino hombre.

[2]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[3]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[4]Ana María Carabias Torres Op.Cit

[5]“Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.

La crisis del 29

El próximo jueves 24 de octubre, se cumplen 90 años del conocido como “jueves negro” en el que la bolsa de Nueva York dio muestras palpables de algo que ya venía de antes y que supuso la mayor crisis económica conocida hasta esa fecha. La situación se hizo palmaria el martes siguiente, 29 de octubre, “martes negro”.

ANTECEDENTES

La economía previa a la IGM se rige por un capitalismo liberal, en el que las bases eran el predominio del Reino Unido en el orden mundial, el patrón oro y el buen funcionamiento del mercado internacional. Conceptualmente, se entendía que los estados no debían intervenir en la economía, debían dejar a los mercados funcionar libremente. Sin embargo, la guerra, en Europa, trajo un sentimiento de desconfianza, de inseguridad en todos los países debido a las consecuencias que tuvo: difícil tarea de reconstrucción, devaluación de las monedas e inflación, perturbaciones monetarias debidas al abandono del patrón oro, inconformismo de los países vencidos, inestabilidad en los nuevos estados… Esto hizo que los gobiernos de los países intervinieran más en su economía, en favor de sus propios intereses. El comercio internacional disminuyó, la colaboración internacional entre los países, a pesar de los esfuerzos de los firmantes de los tratados de paz, no funcionó[1].

El potencial económico se trasladó a EE.UU. De manera que, la crisis tuvo dos escenarios, Europa y Estados unidos, diferenciados, en principio, pero tan interrelacionados que uno contagió al otro.

CAUSAS DE LA CRISIS

Europa

Tras la guerra y en contra de lo esperado se inició una época de crecimiento económico hasta 1921. La crisis de 1921, aún revistiendo en muchos aspectos el carácter de crisis de superproducción clásica, fue realmente una crisis de reconversión, pues los países europeos se vieron en la necesidad de plantearse el problema de transformar la economía de guerra en la que seguían viviendo en parte, en una economía de paz.

La solución a la crisis pasaba por una restricción de la circulación fiduciaria, la vuelta a una contabilidad en oro del papel circulante. Pero las soluciones no fueron unánimes y se dividieron en dos sectores en virtud de la dependencia de las devoluciones de los empréstitos de guerra y de las reparaciones que debía pagar Alemania. Así Gran Bretaña, llevó a cabo una política deflacionista, restringiendo los créditos y la circulación de moneda, con el consiguiente descenso de la producción industrial y el incremento del paro. Se complementó esta política con una serie de medidas proteccionistas,tendentes a disminuir la inmigración y las importaciones.

Por el contrario, Alemania, aumentó el volumen de la inflación y acudió al recurso de devaluar la moneda para poder aumentar las exportaciones, dando lugar a una inestabilidad económica con una inflación acusadísima, llegando, en 1923, a una situación insostenible.

En Francia pasaron de una política inflacionista a poner orden en sus cuentas gracias a Poncairé[2]. Lo que generó una cierta prosperidad a partir de 1926.

Pero nada pasa sin una acusada interrelación entre actores y dónde las decisiones políticas interactúan con las económicas. Como hemos visto, unos países establecieron políticas proteccionistas y un tanto tendentes al “esplendido aislamiento” tradicional (Gran Bretaña); otras, como Francia, dependían excesivamente del pago de las reparaciones alemanas para su propia reconstrucción tras la guerra. Por ello, exigían el pago total de las mismas, lo que hacía imposible la recuperación económica de Alemania.

Ante el impago alemán, en 1923, Francia invade el Rhur, la región más industrializada de Alemania. Alemania respondió con el llamamiento a la resistencia pasiva, para que los trabajadores y funcionarios de la zona se negaran a colaborar con los ocupantes.

La crisis del Rhur hizo que los países tomaran conciencia de que la situación europea requería soluciones conjuntas. La solución provino del plan Dawes[3], en 1924, en el que expertos ingleses, americanos y franceses se reunieron para tratar la revisión de las reparaciones alemanas. Se flexibilizó el sistema de pagos de las reparaciones, sanearon las finanzas y economía alemanas, se le concedió un préstamo y se puso fin a la explotación francesa del Rhur. A partir de este punto, las relaciones internacionales entre los países mejoraron. El siguiente paso fue la firma de los acuerdos de Locarno en 1925, en los cuales Alemania reconocía las fronteras con occidente, es decir, con Francia y Bélgica, y respetaba la desmilitarización de la Renania. Por otra parte, Alemania era aceptada en la Sociedad de naciones. Comenzaba así una época de optimismo y de coyuntura económica favorable, los alegres años 20.

Estados Unidos [4]

Estados unidos entra de lleno en una etapa de crecimiento económico (“Prosperity”) tras la IGM que, sin embargo, carecía de las bases sólidas adecuadas para perdurar. Estados Unidos aprovechó la guerra para enriquecerse y ganar cada vez más poder. Esto fue así, en primer lugar, porque los costes que tuvo por el enfrentamiento fueron mucho menores que los de los demás contendientes.

El dólar se convirtió en la moneda fuerte, quitando el protagonismo a la libra inglesa. La bolsa americana predominaba sobre todas las demás, desbancando a Londres, que había sido el principal centro financiero durante mucho tiempo.

Por el contrario, no quiso ejercer el liderazgo político internacional, como había hecho el Reino Unido durante el siglo anterior. Como consecuencia de ello, las iniciativas centradas en los propios intereses, sin tener en cuenta la colaboración internacional, eran el pan de cada día. Esta situación se generó en contra de los deseos del presidente Wilson, quien había negociado, en los tratados de paz, la creación de la Sociedad de Naciones. Sin embargo, el Senado no aprobó los tratados y Estados Unidos se quedó fuera de la Sociedad de Naciones.

La política americana se parecía mucho a la británica. Su aislacionismose tradujo en tarifas proteccionistaspara los productos que llegaban de fuera, se limitó la inmigración,estableciendo topes de población que podía llegar al país. Esto complicaba aún más la situación mundial al limitar las exportaciones europeas hacia Estados Unidos y la emigración, dificultando una de opciones de supervivencia de muchos europeos.

Económicamente, la posición de Estados Unidos era muy prometedora. La industria se desarrolló considerablemente. El sistema productivo se vio beneficiado por las nuevas teorías tayloristas con las que las cadenas de montaje y la estandarización del producto hacían incrementar la productividad en las fábricas y, consiguientemente, la bajada de los precios, poniendo los productos al alcance de más consumidores. Los salarios aumentaron, las condiciones laborales mejoraron y el desempleo disminuyó hasta casi desaparecer. El incremento de sueldos en la industria permitió a los trabajadores entrar en un mercado de consumo como no habían conocido antes. El mejor ejemplo es el de Henry Ford, que hizo del automóvil un producto de consumo de masas. Muestra, a su vez, de un cambio considerable en el sistema industrial al presentar un apogeo de las industrias de bienes de consumo duradero frente a los sectores de bienes de equipo, que hasta el final de la guerra habían dominado la industria americana. La organización industrial se aceleró por el desarrollo de organizaciones monopolísticas y de Trust.

El aumento de los salarios tuvo repercusiones en otros sectores: construcción de infraestructuras, petróleo, eléctricas o la urbanización de zonas vacaciones (Florida, California)…

El cambio fue también psicológico y sociológico. Frente a la tendencia ahorradora tradicional nace un aumento del consumo, propiciado por la publicidad.

El mercado europeo absorbía gran parte de sus abundantes exportaciones. Lo que da idea de una gran producción e incluso de sobreproducción. A esto hay que añadir que EE. UU tenía la condición de país acreedor de Europa.

En la agricultura, varios años de buenas cosechas, incrementaron la producción. Pero no fueron los únicos, otros países como Argentina o Canadá también tuvieron excelentes cosechas. Incluso desde mediados de los años 20, Europa aumentó su capacidad productiva agraria.

Toda esta prosperidad no se presentó por igual en todos los ámbitos. Algunos sectores industriales: ferrocarriles, carbón y textil, no conocieron los mismos avances.  Pero, además, en materia de salarios y precios, la agricultura no gozó de los mismos beneficios. Se dice que en agricultura existe una demanda inelástica que crece cuando crece la población no por el incremento de la renta per cápita. Este desequilibrio generó un endeudamiento en los campesinos, lo que provocó un éxodo del campo a las ciudades y una disminución de la superficie cultivada (especialmente problemáticos fueron los cultivos del trigo y del algodón).  En estas condiciones su consumo era ínfimo.

El sector financiero padecía una legislación insuficiente que afectaban a la política de créditos y abría la puerta a la especulación bursátil. Este último aspecto, es esencial para entender la crisis.

En 1925, uno de los mejores negocios era invertir en bolsa ya que las ganancias estaban garantizadas. Muchas empresas se descapitalizaron y buscaron en el crédito bancario fácil de logar un sistema de financiación. El crédito bancario crece de una manera espectacular y mucha gente utiliza esta vía para invertir en bolsa y obtener unos réditos elevados con los que pagar el crédito, el interés y obtener ganancias para su propio provecho. La especulación bursátil era un medio de vida sin que tuviera reflejo y respaldo en un negocio real. Los ahorros de la gente se dirigieron a la bolsa a través de las llamadas sociedades de cartera (Galbraith los llama trust de inversión).

EL DESARROLLO DE LA CRISIS[5]

Podemos decir que la crisis se inicia en EE. UU y de ahí se extiende al mundo. Los componentes de esa crisis se dan en cuatro ámbitos: a) crisis bursátil; b) crisis económica; c) depresión, y d) internacionalización de la crisis.

a) Crisis bursátil

Ante el auge de la especulación que acabamos de explicar, la intervención de la autoridad para evitarla fue escasa o nula, debido a la buena marcha de la economía, sin pensar en las consecuencias que podía traer. Una tímida medida ante la especulación tuvo lugar el 5 de agosto de 1929. Consistió en incrementar la tasa de descuento bancario, con esto se consiguió la disminución de los créditos destinados a invertir. A pesar de ello, la bolsa siguió subiendo, si bien, con altibajos, y el 19 de septiembre alcanzó el punto más alto de su índice.

Sin embargo, aquellos altibajos en Wall Street provocaban una incertidumbre creciente hasta que la convicción de que era mejor vender se fue ampliando preocupantemente. Psicológicamente, el pequeño y mediano inversor empezaba a desconfiar del sistema mientras los periódicos, las autoridades, banqueros y altos financieros pregonaban la bondad del sistema.

Así se llegó a los días fatídicos en donde el pánico se apoderó de los poseedores de títulos. Se discute cual fue la chispa que desencadenó el desastre. Una buena parte de la historiografía considera que el origen nace del alza de un tipo de descuento del Banco de Inglaterra que motivó la retirada de algunos capitales europeos invertidos en Estados Unidos. Se inicia una apresurada venta de acciones que desencadena el pánico manifestado en el llamado “jueves negro”, 24 de octubre de 1929. Aquel día, hubo una oferta de acciones de 13 millones de títulos que salieron al mercado sin encontrar comprador, este desajuste entre la oferta y la demanda hizo que las cotizaciones cayeran en picado.  Al mediodía, las personalidades financieras más importantes del país (banqueros, gerentes y presidentes de las compañías financieras…) se reunieron para intentar controlar la situación. El objetivo era devolver la confianza, sostener el mercado. Para ello, los reunidos aportaron una gran cantidad de recursos, invirtiéndolos en la bolsa para sostener los precios y que estos subieran. Durante los dos días siguientes los precios de los valores se mantuvieron firmes y la bolsa permaneció estable.

La reapertura de la bolsa el lunes 28, tras el fin de semana, trajo de nuevo otro día terrible, 9 millones de títulos se ofrecieron a la venta. Esta vez los banqueros no hicieron nada, no tomaron medidas, consideraron que el mercado era incontrolable y que ellos no podían hacer más. Tras terminar la jornada, la incertidumbre y el miedo volvieron al público. Al día siguiente, el 29 de octubre, volvió a producirse otra jornada fatídica, el “martes negro”. Este día fueron 16 millones las acciones las que no encontraron comprador. El pánico se extendió a todo el mundo, el valor de las cotizaciones cayó sin que nada pudiera detenerlo. El crac de la bolsa llevó a la ruina a muchos cientos de miles de norteamericanos.

b) Crisis económica

El desplome de la bolsa supuso la contracción de la actividad económica ya que afectó a todos los agentes económicos. Un factor importante fue la reducción de la oferta monetaria.

La crisis de la bolsa pronto se traspasó a los bancos. Las quiebras bancarias se sucedían debido a que el sistema bancario era débil y la autoridad monetaria actuó erróneamente. La Reserva Federal no hizo nada ante esta situación. De esta manera, la quiebra de bancos insolventes arrastraba también a otros sanos ante la apresurada retirada de fondos de los ahorradores. La crisis se trasmitió del sector financiero al industrial y comercial por el retraimiento de la inversión. Las empresas, con una situación financiera frágil, se arruinaron. El cierre incrementó el paro, el cual alcanzó la cifra de 12,6 millones de personas en 1933 (el 25,2% de la población).

Los precios bajaron en todos los sectores, incuso en la industria de bienes de equipo.

Otro sector muy afectado fue el de las materias primas, la agricultura especialmente, ya que la producción agraria no disminuyó con lo que los precios se redujeron aún más.

c) Depresión

Llama la atención la duración de la crisis. Se suele explicar esta situación por la desaparición de gran número de empresas y la caída de las inversiones. A lo que habría que añadir la pasividad de las autoridades que creían que era necesaria una limpieza en el sistema para acabar con la especulación. Apenas pusieron en marcha algunas medidas arancelarias y de protección de la industria nacional, que no consiguieron logros adecuados. Feliu y Sudrià consideran que la crisis exigía una inyección de dinero: aumentar la masa monetaria, mayor cantidad de dinero en circulación en manos del público y en los bancos para aumentar el crédito, es decir, mayor gasto público a costa de aumentar el déficit público[6].

d) Internacionalización de la crisis

El puesto privilegiado de Estados Unidos en la economía mundial facilitó la difusión de la crisis a todos los países del mundo occidental.

Cuando llega la crisis americana, los países más afectados fueron Alemania y Austria. El primer banco importante que quebró fue el Credit Anstal austriaco en mayo de 1931.

Su quiebra afectó a gran número de empresas a las que estaba vinculado; además, gran parte de sus accionistas y su actividad estaban en el extranjero, con lo que los efectos de su quiebra traspasaron las fronteras austriacas. El Estado fue incapaz de detener su quiebra ya que este era un país endeudado que había dejado de percibir los créditos americanos de los que tanto dependía. Los siguientes bancos importantes que entraron en crisis fueron los húngaros y a continuación los bancos alemanes. La llegada de la crisis a los bancos alemanes tuvo graves repercusiones sobre el resto de Europa ya que Alemania tenía una importante dependencia de los créditos exteriores. La insolvencia de Alemania conllevó el colapso financiero de Europa Central.

A través del mecanismo de patrón – oro la presión se trasladó al Banco de Inglaterra, ya que la libra, junto al dólar, era la moneda convertible en oro y el Reino Unido tenía unas reservas modestas de este metal. El Reino Unido se vio obligado a tomar la decisión de abandonar el patrón-oro el 21 de septiembre de 1931. Le siguieron los países de la Commonwealth y otros países europeos dependientes de Gran Bretaña. El abandono del patrón- oro tenía la ventaja de que aliviaba las presiones deflacionistas y mejoraba la competitividad de las exportaciones por la devaluación de la moneda. A partir de entonces, los tipos de cambio de las monedas dejaron de ser fijos para ser fluctuantes, lo que implicaba incertidumbre e inestabilidad en los cambios. Los países más avanzados redujeron la compra de productos primarios y a su vez los países exportadores de estos productos primarios redujeron las importaciones de productos manufacturados. Los países redujeron sus ingresos por exportaciones y siguieron la tendencia al proteccionismo.

LA LUCHA CONTRA LA CRISIS

  1. Soluciones neo-liberales.

El liberalismo político se hizo compatible con el intervencionismo económico. Nace una economía mixta denominada posteriormente “Economía social de mercado”.

El New Deal[7]norteamericano. El Gobierno de Roosevelt, acometió diversas medidas basada en gran parte en las ideas de Keynes.

El New Deal asentaba la economía sobre bases nuevas. La salida de la crisis no se produciría por sí sola, se necesitaba la intervención del Estado. Esto chocaba con el tradicional capitalismo liberal del laissezfaire.

Los pilares de la política del New Deal eran, en primer lugar, sanear la economía para evitar la repetición de la crisis y devolver la confianza. En segundo lugar, reactivar la economía impulsando el consumo mediante la inyección de dinero y, por último, conseguir un reparto menos desigual de la renta mediante medidas sociales y disminuyendo el desempleo. Para ello era necesario un plan conjunto sobre la agricultura, la industria y los transportes. Se actuó en el campo del dinero y el crédito, también hubo políticas agrícolas e industriales para sostener los precios y aumentar la capacidad adquisitiva y el empleo[8]

Especial importancia tuvo la regulación de la banca y la bolsa. En la política monetaria se produjo el abandono del patrón- oro y la devaluación del dólar en enero de 1934. De este modo, logró un alza moderada de los precios y un estímulo de la actividad productiva. En la política sectorial, en la agricultura, se logró la recuperación de los precios y aumentó las inversiones y modernización con créditos a los agricultores. En la industria establece una política de reactivación industrial y pone en marcha una ambiciosa política de grandes proyectos de obras públicas entre los que destaca el ideado en el valle del Tennessee. En el campo social, se crearon seguros sociales, subsidios por jubilación, seguros de desempleo y de accidente laboral o enfermedad profesional. Quedaban fuera de prestación las enfermedades no profesionales, las familias de los trabajadores y los autónomos. Dentro de este último grupo estaban encuadrados los agricultores, que eran muchos, con lo que podemos observar que, aunque se consiguieron importantes mejoras en el ámbito social, estas eran muy desiguales y había una gran parte de la población que seguía desprotegida.

Gran Bretaña. Tras abandonar el Patrón-oro. Inicia una política de relaciones con los países de la Commonwealth (conferencia de Otawa, 1932) que permitió al Reino Unido recuperar parte de su papel en el comercio mundial. Entre esos países se estableció un régimen aduanero preferencial.

Francia. Hasta 1936 se mantuvo fiel al patrón –oro y siguió una política deflacionista, que al mantener los precios altos redujo las exportaciones. Las quiebras y los escándalos financieros fueron la tónica que llevó al poder al Frente Popular. Con la subida al poder de León Blum se inició una política de nacionalizaciones y devaluaciones del franco. Aunque se redujo la producción industrial, en 1939 había logrado llegar casi al pleno empleo.

2. Soluciones totalitarias

Alemania. La equivocada economía deflacionista de la república de Weimar en los años 1931-1932, propició la llegada del nazismo. Aquella política había creado un descenso de las exportaciones superior al 50% del que tenía Alemania en 1929 y el paro superaba los 6 millones de personas.

Los gobiernos de Hitler determinan la construcción de grandes obras públicas que redujeron el paro considerablemente. Para reequilibrar la balanza de pagos, mantiene una política de control de cambios, exigiendo licencias de importación y restringiendo las salidas de capitales. Además de incrementar los acuerdos bilaterales de comercio con otros países, internamente acude a una moderada inflación con la emisión de ayudas a través de bonos emitidos por las empresas y garantizados por el Estado. Desde 1936 la economía alemana entra en un claro proceso de estatalización. Nace el “Plan de cuatro años” que busca la autarquía económica alemana a través de una política de pre-guerra.

COROLARIO FINAL

Todos estos intentos, aunque mejoraron la situación, no la sanaron y la consecuencia fue que en USA en 1937 se produjo una caída de los precios y de la producción de materias primas (acero, textiles, algodón…), como consecuencia de la saturación del mercado y de la competencia de las importaciones extranjeras. En Europa, aconteció algo semejante. En todo el mundo la salida económica fue el inicio de una economía de rearme en un camino sin retorno hacia la IIGM.

Aquella crisis puede que fuera muy diferente de la actual, pero algunas de las medidas que se tomaron nos recuerdan a otras que vemos todos los días: medidas proteccionistas, limitaciones a la inmigración, búsqueda de la autarquía, aumento de las tensiones mundiales, desencuentros con las grandes organizaciones internacionales. Ya vimos en la entrada sobre “la creación de una conciencia europea” como la solución a las crisis suele venir de los acuerdos internacionales no de los choques entre naciones. No sé si hemos aprendido algo en varios siglos de Historia y, en el caso que nos ocupa, no sé si hemos aprendido algo en los últimos 90 años.

[1]Villares y Bahamonde. “ El mundo contemporáneo del Siglo XIX al XXI. Ed Taurus.2001

[2]Raymond Poincaré. Presidente de la república francesa durante la IGM y Primer Ministro de Francia entre1912-1913; entre 1922-1924 y entre 1926-1929

[3]Charles G. Dawes, presidente de la Comisión encargada de reexaminar las reparaciones de guerra. Obtuvo, por ello, el Nobel de la paz en 1925, junto con el británico Austen Chamberlain (al que se le concede esencialmente por su labor para la firma del tratado de Lorcano. No confundir con Neville Chamberlain es que fuera primer Ministro británico al estallido de la IIGM)

[4]Procacci, “Historia General del S.XX”. Ed. Crítica.2ª edición.2007

[5]J.K. Galbraith. El crash del 29.  Ariel economía..

[6]Feliu y Sudria. Introducción a la historia económica mundial. Universidad de Valencia.2013

[7]Término sacado del juego de bridge que significa “nuevo reparto”

[8]Feliu y Sudria.Op Cit

Carlos I de 1517-1522(5)

5. LA CONQUISTA DE AMÉRICA

Según las capitulaciones de Santa Fe, el régimen de explotación de las tierras que se habían de descubrir era un verdadero monopolio, cuyos titulares eran Colón (su posición en América se zanjó en 1536[1]) y la Corona de Castilla, por ser la auténtica financiadora de la empresa colombina. De hecho, este era un acuerdo entre los reinos de Castilla y de Aragón. Al primero le correspondía la expansión oceánica, mientras Aragón se reservaba el área mediterránea. Así, Isabel la Católica en su testamento (1504) declaró que “las islas y tierra firme del mar océano, descubiertas y por descubrir, ganadas o por ganar, quedasen incorporadas a sus reinos de castilla y de León”.  Isabel legaba a Fernando el Católico, con carácter voluntario, la mitad de las rentas que aquellas tierras produjesen. Fernando las dio en testamento a Juana y se incorporaron formalmente a Castilla con Carlos V cuando adquiere el título efectivo de Rey de Castilla, tras el juramento como monarca.

Esta vinculación exclusiva a Castilla impidió que los vasallos de Aragón se beneficiaran de la conquista americana y pocas veces participaran en ella. Este supuesto privilegio castellano tampoco le fue del todo favorable pues tan gigantesca empresa exigió una constante sangría de hombres, sin la correspondiente compensación para el reino castellano. Desde Castilla, le era más fácil al Rey aprovecharse de las riquezas venidas de América que desde cualquier otro reino peninsular, ya que las Cortes castellanas no oponían resistencia a la voluntad del monarca (de lo que tuvo mucha culpa el resultado de las contiendas comuneras) cosa que si hacían las Cortes aragonesas o las de otras regiones.

Consecuencia de la actividad castellana en la conquista de América; tras sufragar Castilla el viaje de Colón, un portugués- Fernando de Magallanes- se naturaliza Castellano para poder acometer algo que había iniciado Colón, que había continuado Américo Vespucio y otros varios como Juan de la cosa, Yañez Pinzón… y todos, sin éxito: la idea de llegar a las islas de las especias (islas Molucas)- de gran valor económico y generadoras de grandes riquezas- a través de occidente.  Todos habían buscado un paso hacía el otro lado del mar, el mar del Sur, conocido como Pacífico tras las expediciones de Nuñez de Balboa (descubridor del Pacífico en 1513).

Magallanes y Elcano lo consiguieron. Aquel previo y aparente fracaso de otros grandes navegantes españoles fue el origen del gran éxito imperial, que vino marcado por la colonización, evangelización y civilización de un continente: América.

El auténtico imperio español en el nuevo continente nace y se compone en torno al Mar Caribe. La base de partida de los españoles se situó en la isla La Española, cuya conquista se completó con la expedición de Nicolás de Ovando (en 1502), con una flota de 30 buques en la que lleva como misión repoblar aquellas tierras recién conquistadas.  Tras él llegaron Nuñez de Balboa que colonizó Panamá en 1508: Ponce de León, Puerto Rico, o Juan Esquivel que llegó a Jamaica en 1509. En 1511, Diego Velázquez de Cuéllar conquistó y, posteriormente, gobernó Cuba y gracias a él el gran Hernan Cortés llegó, conquistó y civilizó Mejico. Su heroica hazaña la veremos en la próxima entrada. Su conquita coincide por completo con el periodo de estudio seleccionado. Desde Méjico la conquita siguió hacia el norte y hacia el sur hasta lo que sería con el tiempo el Virreinato de la Plata.

Volviendo a aquellos orígenes, a su desembarco, Ovando tuvo que enfrentar los problemas creados por los propios españoles llegados con Colón, sumidos en la anarquía. Enderezó la situación político-organizativa, explotó las minas de La Española y repartió las tierras a los encomenderos que lograron prosperidad a costa de la población india, que no tenía costumbre ni de ser esclavos ni de trabajar como imponían los españoles. Pero la conquista dio un cambio radical gracias a la protección de los Reyes Católicos hacia los indios. En este sentido, existe una gran controversia histórica sobre la influencia de dos figuras: Fray Alonso de Montesinos y un encomendero que pronto dejaría la tierra y se ordenaría sacerdote con el nombre de Fray Bartolomé de las Casas[2]. Con la idea de considerar al indio como un igual ante Dios, nacieron, en 1512, las Leyes de Burgos  y en 1513 las Ordenanzas de Valladolid. En ellas, el Rey Fernando disponía, entre otras cosas, que los indios eran libres y que debían ser evangelizados, que podían trabajar siempre que este trabajo no fuera obstáculo ni para su evangelización ni para su salud, que debían gozar de descanso diario; los indios debían tener casas, haciendas propias y oportunidad de cultivarlas. Asimismo, se prohibió a las mujeres trabajar en las minas y, si estaban embarazadas, en ningún trabajo, lo mismo que los menores de 14 años. La conciencia evangelizadora de la conquista dio como fruto la aprobación de diversas leyes que, de manera paulatina, generaron las condiciones más humanitarias de la conquista española; promovieron el mestizaje y lograron, sin duda, una relación de igualdad entre colonizadores y colonizados que no se ha dado en ninguna otra conquista, de ningún país, en ningún tiempo. En este aspecto conviene hacer una referencia al Padre Vitoria, a su obra “De Indis” y a la influencia que su pensamiento humanista tuvo en el tratamiento de la dignidad de los hombres y los derechos de los indígenas en América. Afirmó que los indios no son seres inferiores, sino que tienen los mismos derechos que cualquier ser humano, siendo dueños de sus tierras y bienes. No nos extenderemos más en las aportaciones del padre Vitoria porque sobre el derecho de gentes y la escuela de Salamanca realizaremos otro hilo separado del actual.

Todas estas normas y acciones culminaron en las Leyes Nuevas de 1542-43 en las que además de asuntos de organización institucional, en un numero importante se referían a la condición de los indios. Las leyes de Indias pasarían a la Recopilación del Derecho Indiano en 1680.

Nadie podrá acusar a España, salvo faltando a la verdad, de ausencia de buenas intenciones. Se cometieron errores (¡en qué obra humana no se cometen!), pero no tantos como se quiere hacer ver, escasos en comparación con las conquistas realizadas por otras naciones y muchos menos si en vez de analizar las cosas con ojos actuales, se hace con los de entonces. El anacronismo nunca ha sido una fuente histórica. Si vemos la situación en el momento, en los siglos XV y XVI, la causa española, alcanza aún mayores cotas de grandeza.

Grandeza política y militar, que no económica.

América fue una gran fuente de riqueza y de comercio, pero mal gestionada por utilizarla con mentalidad política y no económica; por el uso inmediato y no pensando en el futuro; por la idea imperial feudal y no hispana y renacentista.

La llegada de riquezas se hizo esencialmente por el puerto fluvial de Sevilla, no en vano el comercio con América quedó monopolizado por la casa de Contratación de Sevilla. Sin embargo, aquella llegada de riquezas no valió para mejorar las estructuras económicas de España, sino para saldar las deudas del emperador con los banqueros alemanes e italianos, como ya hemos visto.

En los años en los que nos centramos (1519-1522), aún no era palpable el problema económico que se venía encima por falta de previsión, de inversión nacional, de mejora de la tecnología, tal fue así que la falta de modernización de las estructuras económicas y manufactureras determinaron que España tuviera que importar productos elaborados desde otras zonas para cubrir su abastecimiento y el de América.

Por si fuera poco, se unió que, si bien la forma de organización del nuevo mundo fue ingeniosa y eficaz en un primer momento, con gobernadores y luego con virreyes (tenían atribuidas las funciones de los gobernadores, capitanías generales y Audiencias) que ejercía el poder en nombre del Rey, con autonomía y lealtad, con funcionarios adecuados y fieles servidores públicos; con el tiempo, la venta de cargos, la falta de control de los productos, el enriquecimiento injusto, la piratería y el contrabando, mermaron el comercio español y el control de sus colonias.

Enderezar aquella situación, desde finales del siglo XVI hubiera requerido un proceso de cambio que no se acometió.

[1]El incumplimiento de los acuerdos con Colón dieron lugar a los “ Pleitos Colombinos”, cuyo estudio más completo lo realizó Gustavo Villapalos en 1976

[2]La figura de Fray Bartolomé de las Casas es muy controvertida. Jesús Á. Rojo Pinilla en su libro “Grandes Traidores a España”. Ed El gran capitán, incluye a Fray Bartolomé entre los grandes traidores a España por haber sentado las bases de la leyenda negra.  Creo que para la traición hace falta intención, dolo, y el padre de las Casas no está claro que lo tuviera. Coincido con Rojo en que era un fanático. Rojo lo define como “Charlatán paranoico”. Sobre su figura volveremos algún día. En todo caso,  es evidente  lo que diferencia al Imperio español de otros muchos: su sentido humanista. La leyenda negra, no lo neguemos, nació tanto más que por las obras de Las Casas, por la tergiversación interesada de las palabras de Las Casas por parte de muchos enemigos de España. Indudablemente, si sus obras se hubieran ceñido a la verdad y no a la fantasía de su espíritu paranoico, no hubiera dado lugar a la tergiversación.