¡QUÉ DÉCADA LA DE AQUEL RÉGIMEN!

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El 2 de julio se cumplirán cincuenta y cinco años del primer concierto de los Beatles en España. El 2 de julio de 1965, en las Ventas, primero, y al día siguiente, en la Monumental de Barcelona, se celebraron los dos únicos conciertos de la banda británica en España. Aquellos conciertos no contaban con el visto bueno del Régimen que no facilitó su celebración, pero no los impidió. En las ventas, había más policías que asistentes, ayudados también por el elevado precio de las entradas. En Barcelona, el ambiente más cosmopolita de la ciudad, la menor presencia policial y el antecedente calmado de la noche anterior en la capital,  permitieron el casi lleno de la plaza de toros. Hay que ver lo que va de ayer a hoy. Si analizamos el cambio que han dado ambas ciudades, y el ambiente taurino de la Barcelona actual. Allí llegaron los de Liverpool ataviados con monteras de torero y tricornios de la Guardia Civil.

¿Pero como era aquella España que visitaron los Beatles? Nos centraremos en la España de los 60. Sólo de los 60.

Aquella fue una década de un gran cambio para España, la causa del llamado “milagro español”, la gran transformación, fue primero de índole económico y la palanca que lo activó: el Plan de Estabilización de 1959. Aunque el Plan de Estabilización suponía un cambio económico, en su interior, recogía un cambio político: se pasaba de la influencia de los falangistas a la de los tecnócratas, muchos de ellos del Opus Dei y, socialmente, dio lugar a una de las mayores transformaciones de un país en la era contemporánea.

España ya no suspiraba por el ayer. En el ayer no parecía que nuestros problemas estuvieran resueltos, sino, al contrario, era el presente y el futuro que el prometía esperanza.

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Hasta aquel año España sumaba casi tres décadas de estancamiento.  Desde la gran depresión, pasando por la República y el primer franquismo que favoreció un modelo intervencionista con resabios autárquicos en el que el Estado era el eje de la actividad económica. Los controles de precios, la creación de empresas públicas, el cierre al comercio internacional, las cartillas de racionamiento, los planes sectoriales… eran el resultado de estos planteamientos y consiguieron unos resultados nefastos. Con el “Stop and Go” de los tecnócratas la situación empezó a cambiar.

Así, se flexibilizó y se estableció una política comercial abierta a las importaciones y las exportaciones. La política monetaria también dio un vuelco, caminando hacia la convertibilidad de la peseta y hacia el final de los controles de precios. El marco regulatorio también fue alterado, con ánimo de brindar más garantías a la inversión. El gasto público fue congelado y el gigantesco aparato empresarial del Estado empezó a pasar a manos privadas. Fue el preludio de los planes de desarrollo, de la industrialización, del desarrollo urbano, del incremento de la población debido a las mejoras económicas y del aumento del nivel de vida, lo que permitió a los españoles empezar a disfrutar de ciertas comodidades, dejando atrás la miseria de la posguerra y las estrecheces de la década de los 50. El mayor poder adquisitivo dio acceso a los electrodomésticos, el coche, el tocadiscos y la televisión…en definitiva a la aparición de la sociedad de bienestar. Figuras como Alberto Ullastres, Mariano Navarro Rubio o Laureano López Rodó fueron claves para el giro aperturista.

Dos fueron los factores esenciales de aquel cambio económico:

1.-La emigración. Aunque resulte paradójico fue el impulso económico español el que dio lugar a la mayor salida de españoles desde mediados de los años 50. El Régimen intenta regular la salida buscando al tiempo una cierta protección del emigrante. Así en 1956, España se adhiere a acuerdos internacionales sobre inmigración y se crea el Instituto Español de Emigración. La Ley de Ordenación de la Emigración de 1960 asiste a la amplia emigración de los 60, dirigida sobre todo a la Europa occidental. En 1971, se amplía la acción protectora del Estado.

El movimiento migratorio vino determinado por la necesidad de acoplar los excesos de población española, con una mano de obra poco cualificada, hacia el exterior, dándose la circunstancia de que, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo económico, centro Europa demandaba mano de obra poco cualificada. Los españoles no viajaron a Rusia como los Beatles, pero sí a la Republica Federal Alemana, Suiza y Francia, destinos que vinieron facilitados por la colaboración oficial tanto en España como en los países de destino.

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Se calcula que salieron a esos países dos millones de españoles, que fueron esenciales para el despegue económico, y no sólo porque aligeraron los excesos del mercado laboral, sino que mejoraron las arcas del Estado por el envío de sus remesas monetarias, el aporte de divisas.

Los españoles trabajaban muy duro, de sol a sol, pero obtenían unos salarios considerablemente más altos que los que obtenían, cuando los tenían, en España. Muchos de ellos volvieron tiempo después en unas condiciones mucho mejores de las que disponían al irse.

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Las agregadurías y embajadas españolas contribuyeron a crear, a semejanza de los “Hogares” para emigrantes en Iberoamérica”,  las “Casas de España” en cada país, convirtiéndose en centros de referencia jurídica, cultural y lúdica. Además, durante el franquismo, aquellas casas permitían controlar a los emigrantes para que no formaran grupos de resistencia contra el Régimen. Hoy en día, esas Casas de España con la finalidad primera, siguen existiendo en muchos sitios.

Los movimientos de población no se produjeron sólo hacia fuera de nuestras fronteras, sino que se dio una redistribución interna desde las zonas más pobres a las que iniciaban su desarrollo ( Cataluña, País Vasco, Madrid). El campo se vació y las ciudades crecieron a la luz de una incipiente industrialización que creó una serie de elementos socialmente destacables como veremos y un desequilibrio regional que aún padecemos.

2.- El turismo.  La llegada de turistas ante un “Spain is different”  que caló como eslogan y a la construcción de grandes infraestructuras como los paradores de turismo, permitieron que todas las costas, especialmente las mediterráneas experimentaron un auge asombroso, proliferaron los hoteles, crecieron las casas de apartamentos; los pequeños pueblos pesqueros se convirtieron en zonas urbanas, que sentaron las bases de las grandes obras hoteleras que disfrutamos hoy en día, encuadradas entre las mejores del mundo. A eso se unía que nuestros servicios eran más baratos que en otros entornos y el clima y amabilidad de trato, excepcional.

https://www.youtube.com/watch?v=KQetemT1sWc

Ya venía el sol para devolver las sonrisas a los blanquecinos rostros de nuestros vecinos del norte europeo y también de los españoles, que, por primera vez, instalados en la clase media podían veranear.

Es verdad que aquel desarrollo económico no se vio recompensado con la entrada en el Mercado Común, a pesar de los esfuerzos del ministro Alberto Ullastres, que, sin embargo, logró un acuerdo preferencial en 1969, que también ayudó en mejorar algo más nuestras finanzas.

Políticamente, los tecnócratas buscaban la apertura del Régimen a través de la modernización de las estructuras y del desarrollo.

En 1963,  se aprobó la Ley de Bases de la Seguridad Social que unificó los diversos sistemas de previsión y protección pública y amplió los mecanismos de cobertura social con cargo al Estado. En 1970, la cobertura de la seguridad social alcanzó al 80 % de la población.

EL segundo objetivo del programa político de los Tecnócratas fue completar la institucionalización del Régimen. En 1966 se aprobaba la Ley Orgánica del Estado, que sería la última y más importante de las leyes fundamentales que haría las veces de constitución del Régimen y permitió modificar las anteriores, no tanto en su esencia, como en la búsqueda de unas formas más suaves. Esta ley definía mejor las competencias del Jefe del Estado y del Gobierno y reforzó el papel de las Cortes al ser designadas como el “órgano superior de participación del pueblo español en las tareas del Estado”. Su estructura se modificó ligeramente para incorporar a los procuradores en Cortes por el tercio de familia que se elegirían por elección “democrático-orgánica”. Para dotarla de una legitimidad “popular” la Ley Orgánica del Estado fue sometida a referéndum.

La llegada de los tecnócratas provocó cambios en otros sectores, así los falangistas buscaron en la nueva clase obrera, que nació a raíz de la industrialización, una cantera de apoyos por medio de un movimiento sindical que culminó en las elecciones de enlaces sindicales de1966. Pero estas elecciones no lograron lo que el ministro Solís Ruiz quería: el reforzamiento de falange, puesto que, preveía la creación de cierto asociacionismo que se tropezó con el sector más intransigente e inmovilista del Régimen que veía con preocupación cualquier movimiento asociativo por miedo a crear partidos políticos. Además, en aquellas elecciones no todos los electos eran falangistas, sino que muchos de ellos eran miembros clandestinos de Comisiones Obreras que se infiltraron en el asociacionismo obrero de aquella forma.

Los mayores éxitos logrados por los aperturistas se basaron en dos leyes: La Ley de Prensa e Imprenta de 1966 promovida por Manuel Fraga quien, además de haber ideado los Paradores Nacionales y ser el más importante impulsor del turismo, consiguió con esta ley que los periódicos eligieran a su director y que tres revistas nacidas en 1963 lograron abrir un camino a cierta libertad de pensamiento y crítica: Atlántida, Revista de Occidente y Cuadernos para el diálogo. Sin embargo, la apertura no se dio en las radios ni en la televisión.

Los inmovilistas lograron aprobar en abril de 1968 la Ley de Secretos oficiales que prohibía a la prensa hablar de aquellos temas que se declaraban materia reservada. Con todo, la Ley de prensa logró acabar con el estado de excepción en el que vivía el periodismo español y logró mayor nivel de debate, “ intercambio de pareceres” que lo denominó el franquismo, lo que dio entrada a ciertas opiniones de la oposición al Régimen. Es decir, dentro de las noticias que dejaba tratar el Régimen, la Ley de prensa consiguió mejorarlas:

https://www.youtube.com/watch?v=A_MjCqQoLLA

La otra reforma exitosa fue la representada por la Ley de libertad religiosa de junio de 1967 promovida por Fernando María Castiella, ministro de Exteriores. La ley, coherente con las nuevas orientaciones del Concilio Vaticano II,  abría la posibilidad del culto a los protestantes, judíos y musulmanes, que, en pequeño número, residían en España.

Al tiempo, unido al cambio legislativo, se produce un cambio generacional en la jerarquía religiosa que se manifiesta también en la concepción de los seminarios, en la puesta en marcha de las conferencias episcopales y en la adopción de las reformas en las formas litúrgicas.

En el fondo, la reforma económica y la apertura creciente al exterior, implican una debilitación de la antigua disciplina socio-política. Y empezaron a aparecer movimientos de oposición al Régimen. Chicos malos para aquellos tiempos.

https://www.youtube.com/watch?v=u8hOfWs2Xmw

Algunos ya los hemos ido nombrando, desde la izquierda, el único grupo que internamente existió como auténtica oposición al franquismo fue Comisiones Obreras y el primer desafío al Régimen la huelga minera convocada en Asturias en 1962. Evidentemente, actuaban en la clandestinidad, lo que no impidió que se infiltraran en las estructuras oficiales tras 1966, como vimos.

Un segundo frente del que tuvo que ocuparse el Régimen fueron las protestas estudiantiles en la Universidad que se extendieron a lo largo de la década. Es curioso que uno de los primeros elementos institucionales desmontados en aquella época fuera el S.E.U. Las mayores alteraciones se dieron en la época del ministro Lora Tamayo y convergieron en la reforma de la Ley de educación de Villar Palasi. En la misma se buscaba conciliar la apertura de los nuevos tiempos con el reconocimiento de nuestras glorias pasadas, nunca se menospreció nuestro pasado ni lo que fuimos, siempre dentro de la órbita del Régimen, pero incluso así, se respetaba y afianzaban nuestras grandes obras, literatos, arte, descubrimientos…

https://www.youtube.com/watch?v=m2uTFF_3MaA

Pero fue el movimiento católico el que más desconcierto causó en el Régimen, quizá por considerarlos sectores afines. El primer conflicto surgió entre los sacerdotes vascos en 1961, de carácter nacionalista y bajo cuyas faldas nació el grupo terrorista ETA. Condenable entonces y ahora. El movimiento nacionalista también tuvo sus manifestaciones en Cataluña en torno al Palau de la Música. Pero la oposición católica no se identificó, en su inmensa mayoría, con aquel grupúsculo terrorista ni nacionalista, sino que buscaba dotar a España de auténticos valores cristianos, esencialmente, la libertad, y sobre todo una clara separación entre la Iglesia y el Estado, de acuerdo con las nuevas directrices del Concilio. A lo largo de la década unos cien sacerdotes y religiosos fueron encarcelados. En este entorno se encuadran movimientos propios de la democracia-cristiana heredera de la CEDA o de Joaquín Ruiz Giménez, ex ministro de educación y que en 1964 fundó Cuadernos para el diálogo.

El acto de mayor repercusión de cuantos se celebraron por los grupos de oposición tuvo lugar en junio de 1962 con motivo de la celebración en Múnich del IV Congreso del Movimiento Europeo, al que asistieron opositores al franquismo tanto del interior como del exilio, y que pretendían la instauración de una democracia liberal. Internamente, el franquismo lo bautizó como el “Contubernio de Múnich”. El resultado fue el exilio y el confinamiento o destierro de sus asistentes y un palo más en la rueda de las negociaciones de entrada en la Comunidad Económica Europea.

Quizá el aspecto más importante de los movimientos de oposición fue la de hacer ver al Régimen que hacía falta un sucesor.

La «candidatura» que defendían Carrero y los tecnócratas, desde finales de los años 50, era la del hijo de don Juan de Borbón, el príncipe Juan Carlos, que desde 1948 estaba bajo la “tutela” de Franco. A la “Operación Príncipe” se oponía un sector del falangismo contrario a la dinastía de los Borbones que prefería que Franco nombrara como sucesor a un regente. Solís encabezaba este grupo. Finalmente, fue en 1969 cuando Franco anunció a Don Juan Carlos su intención nombrarle sucesor a “título de rey” y le pidió que aceptara o rechazara el ofrecimiento «allí, en seguida» y sin consultar a su padre (jefe de la casa de Borbón), el príncipe decidió anteponer la recuperación de la institución monárquica al principio de legitimidad dinástica y aceptó. El 22 de julio de 1969, Franco propuso a las Cortes el nombramiento de don Juan Carlos como “príncipe de España” y no de Asturias como era la tradición borbónica. Se votó en Cortes. La votación, nominal y pública por petición expresa del Franco, arrojó 491 votos afirmativos, 19 negativos y 9 abstenciones.

Como puede apreciarse todos los aspectos de la década están íntimamente relacionados y su repercusión en el ámbito social y cultural fue evidente.

La llegada de turistas, hizo más por poner a España en el mapa del mundo que otras medidas, con ellos llegaron ideas novedosas que cambiaron la forma de vida y de pensamiento. El turismo extranjero, por su parte, mostraba también otro estilo de vida más libre y atractivo. Asimismo, a través de las series americanas y la publicidad, la televisión irrumpió en la vida cotidiana, desempeñando un papel importante en la configuración de un nuevo modelo de vida que llevará al abandono progresivo entre las jóvenes generaciones del estilo de vida tradicional.

La música Pop, también contribuyó a cambiar las costumbres.

La propia presencia de los Beatles constituyó un símbolo de libertad que, por medio de una música nueva y rupturista, el rock expresaba, la rebeldía juvenil que se daba en toda Europa ( recordemos mayo del 68 en Francia). Aquella rebeldía,  en España se mostraba más sibilina, menos revolucionaria en apariencia, sin embargo, en la práctica, aquel grito novedoso que supusieron los británicos fue el símbolo de todo un cambio generacional, que sin parecerlo adquiría caracteres de autentico cambio político, mucho más que el francés.

España se movía.

https://www.youtube.com/watch?v=Qr7JFmKoSCA

Las estancias en campamentos de verano, cursos internacionales, estancias lingüísticas y trabajos como “au pair” para las chicas y camareros o trabajos ocasionales para los chicos fueron múltiples ocasiones que se presentaron para salir al extranjero. Esta apertura alimente el ya visto inconformismo estudiantil manifestado sobre todo en las universidades.

Consecuencia de aquellos cambios sociales y educativos, se produjo el inicio de la emancipación de las mujeres. La transformación no vino sólo como miembros de una sociedad en transformación, sino por el hecho de poder acceder a estudios superiores con normalidad, en igualdad de condiciones que el hombre, cosa que en España hasta los años 60 no era posible Con las limitaciones económicas de todo español del momento, pero no otras (en el curso 1966-67, las mujeres tenían un grado de alfabetización del 91,2%. Constituían el 40% de los alumnos de bachillerato y el 30% de los estudiantes universitarios, siendo el 51% de la población total). Fundamentalmente, se debió al cambio legislativo de 1961, la ley estableció los derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer. Esta ley suponía un gran avance respecto a la legislación anterior ya que reconocía a las mujeres el derecho de realizar funciones administrativas y políticas, de participar en oposiciones, de acceder a todos los niveles de enseñanza. La ley abría también la puerta a todas las profesiones que hasta entonces estaban prohibidas, menos la militar y la magistratura, a excepción de los tribunales de menores y aquellas profesiones demasiado duras para la condición física femenina (minería, construcción…). También desaparecía de la reglamentación laboral el despido forzoso por contraer matrimonio. Paralelamente, la eclosión de la música pop y la introducción de las modas extranjeras entre los jóvenes contribuirán a la modernización de la juventud y a difundir una imagen nueva de la “chica moderna”. Si el papel tradicional de la mujer en España era el de esposa-madre-ama de casa mientras que el marido era el cabeza de familia, a lo largo de la década se van multiplicando las manifestaciones que cuestionan la subordinación de la mujer al varón.  Por otro lado, esta concepción del rol de la mujer como madre y esposa no sólo se daba en España, sino que era habitual, con las características culturales diferenciadoras propias, en otros países europeos como Reino Unido o Francia. La incorporación progresiva de la mujer al mundo laboral , la posibilidad de obtener una remuneración propia daba autonomía a la mujer

Aunque con la ley de 1961 se daba un gran paso adelante en la equiparación jurídica del hombre y de la mujer (soltera o viuda), se mantenía la subordinación de la mujer casada a su marido a través de una serie de importantes limitaciones legales, como la necesidad de tener el permiso del marido para hacerse el pasaporte, firmar un contrato o abrir una cuenta corriente.

En España la moda ye-ye se impuso a través de revistas, películas y moda. La manera de vestirse y el peinado se convirtieron en señas de identidad de la juventud. A través de la moda se expresaba también el deseo de emancipación femenina. Junto con la minifalda, el bikini,  ampliamente extendido en Europa e introducido en las playas españolas por las turistas extranjeras, fue el generador de auténticas guerras caseras en la España de aquellos años. La batalla de los pantalones fue otro paso más en el deseo de emancipación de la mujer y de la reivindicación de igualdad con el hombre en la sociedad. A finales de los 60 se impuso el vaquero, convirtiéndose en la prenda universal de los jóvenes, tanto ellos como ellas. El peinado fue otra forma de reivindicación: el pelo corto para las chicas y las melenas para los chicos

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Los cambios legales no son suficientes, en ninguna sociedad, para dar un vuelco a la misma, se requieren otros ingredientes, que la España de los 60 aportó por las mejoras económicas, la elevación del nivel de vida, la llegada de turistas, la música pop, las cantantes ye-ye, el mundo de las fans, las revistas de música, el cine… contribuyeron a preparar el terreno de los cambios más radicales que vendrían después.

EL DOS DE MAYO DE 1808

Tras la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando, como consecuencia del Motín de Aranjuez ( ver entrada anterior del blog), Fernando VII consideró conveniente enviar comunicado a Napoleón de la nueva situación, quizá buscando el acuerdo y la protección del Emperador. El entusiasmo del pueblo y el cambio de monarca sorprendieron a Napoleón y a Murat, Gran Duque de Berg y de Clèves, y, sobre todo, cuñado de Napoleón y, en aquellos días, jefe de los ejércitos franceses en España.  Napoleón aplazó su entrada en Madrid y decidió preparar una encerrona a los borbones. El embajador francés en la corte española que había tomado parte en el Proceso de El Escorial y en la preparación del Motín de Aranjuez declinó toda participación en actos de la nueva corte. Es más, se entrevistó con el rey padre asegurándole que no reconocería a Fernando VII.

Napoleón inicia su marcha hacia Madrid con varios Cuerpos del Ejército entrando unos por Somosierra y otros por Guadarrama. Estando en el Molar, el duque de Berg , el 21 de marzo, recibe carta de la Reina de Etruria, hermana de Fernando VII, que ofrecía a los franceses la posibilidad de entrar en los litigios sucesorios y lo hacía en favor de su padre y en contra de su hermano. Se produjo aquel encuentro en Aranjuez que posibilitó los actos franceses posteriores que incidieron en la sucesión a la Corona española. El 23 de marzo, las tropas francesas entraban en Madrid por la puerta de Alcalá, con gran expectación y alborozo del pueblo y de la nobleza.

Desde el encuentro de Aranjuez con la Reina de Etruria, Murat y sus mandos extreman la amabilidad con el rey padre para intentar debilitar aún más las relaciones con su hijo. Una de las primeras preocupaciones del duque de Berg es el destino de Godoy, al que consideraba en peligro de muerte y al que veía como peón necesario para mover la voluntad de Carlos IV. El segundo acto fue convencer a Carlos IV de que anulara su abdicación, cosa que el Rey hizo de manera gustosa, en un acto que, muchos consideran de alta traición a la monarquía y, sobre todo, una solemne torpeza en contra de España y en favor de sus enemigos.

Napoleón envía a España al general René Savary con la doble finalidad de llevar, de cualquier modo, a Fernando VII a Bayona y ,por otro lado, mostrar a Murat sus planes para sustituir a los Borbones por los Bonaparte y, para ello, el propio duque de Berg ( que aspiraba al trono español, cosa que Napoleón nunca contempló, pero de lo que no le dio cuentas) debería enviar a Francia a toda la familia real junto con Godoy. El 16 de abril, Napoleón se instala en Bayona

El 10 de abril inicia Fernando VII su viaje hacia Burgos con el objeto de entrevistarse con Napoleón. El monarca pensaba que la entrevista tendría lugar en España, pero no debía de tener todas consigo el Rey Fernando cuando nombra al frente del País a una Junta de Gobierno. Ni en Burgos ni en Vitoria tienen noticias del Emperador si bien Napoleón le envía una carta dándole cita en Bayona para “conferenciar” sobre su nombramiento como Rey de España. Al tiempo, manda orden al general Bessières, que capitaneaba las tropas asentadas entre Burgos y Vitoria de que, si Fernando retrocedía, le prendiera y llevara a Bayona. Allí llega el Rey de España el día 20 de abril.

En este punto conviene recordar la conversación de Napoleón con Escoíquiz, antiguo preceptor y, en aquel momento, consejero del rey Fernando[1]:

Escoíquiz: “Si insiste V.M. en la mudanza de dinastía…proporcionará nuevas y poderosas armas a Inglaterra para eternizar sus coaliciones y guerras” y los “españoles os jurarán un aborrecimiento inextinguible…sólo un exterminio total de los españoles… podrá colocarle en el trono”

Napoleón: “ crea vuestra merced que los países donde hay muchos frailes son fáciles de sujetar. Tengo experiencia de ello. Esto mismo ha de suceder, pues, con los españoles, aunque necesite sacrificar 200.000 hombres, de todos modos, ha de ser lo mismo, y yo estoy bien lejos de creer que se necesitase tanta pérdida de gente para subyugar a España”.

De los diferentes intentos de calcular las bajas de los franceses durante toda la ocupación de España, los generales Marbot, Lumière y Bigorré cifran las bajas en unos 100 muertos diarios, lo que daría un total de 180.000 hombres muertos o heridos. Aunque existen otros cálculos del general Lumière de Corvey que estima las bajas de los soldados franceses en España entre 6.000 y 8.000 muertos al mes, lo que daría una cifra cercana a las 500.000 bajas.[2] Quizá todo sea un poco exagerado, pero marca las pautas del enorme desgaste francés en España, en sí mismo considerado y, mayor, por inesperado.

 En Bayona, Napoleón propuso a Fernando renunciar al trono de España y ser nombrado Rey de Etruria, pero Fernando se negó. Desde ese momento, Napoleón desiste de tratar con Fernando y se dirige a Carlos IV y a Godoy; el 5 de mayo consigue la renuncia al trono del rey padre que queda confinado en Compiègne, de donde pasará a Marsella y de allí, en 1812, a Roma. Fernando el día 5 manda un correo a España con la orden de convocar Cortes y el día 6 acaba renunciando también a la corona y pasa a residir en Valençay, bajo la custodia de Talleyrand.

Mientras suceden esos acontecimientos en Bayona, en Madrid, Murat cumple las ordenes recibidas de secuestrar a toda la familia real. Desde la marcha de Fernando, los españoles andaban preocupados por la presencia francesa , la Junta de Gobierno y el resto de la nobleza veían que aquel viaje de Fernando no había sido una buena idea.

El 2 de mayo cuando los franceses intentaron llevarse al menor de los hijos de Carlos IV, el infante Francisco de Paula, el pueblo de Madrid intentó impedirlo.  Entre ese día y el siguiente, el movimiento se extendió por toda la ciudad. En Madrid había 3.500 soldados españoles, rodeados de dos Cuerpos de Ejército franceses acantonados en la capital y alrededores. Una parte de esos soldados tenían preparada la resistencia, sobre todo,  por algunos oficiales de artillería ( del parque de artillería de Monteleón) y protagonizando ellos, especialmente, el teniente Ruiz y los capitanes Luis Daoiz y Pedro Velarde una auténtica y heroica lucha que fue secundada por la ciudadanía. (Situación reflejada maravillosamente por Joaquín Sorolla):

 https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/dos-de-mayo/e042130f-29cf-4bb1-a64e-1e0d2fc38d23

El pueblo de Madrid se alzará contra el invasor. Acudieron los hombres, las mujeres y los niños, luchando todos con valentía. Entre aquellas mujeres destacaremos a dos: Clara del Rey y Manuela Malasaña. Clara del Rey murió en el parque de Monteleón, donde acudió a defender a España con su marido y sus tres hijos; en cambio, no se pone de acuerdo la historiografía sobre el papel que jugó Manuela Malasaña en la revuelta, pero sí que fue ejecutada son saña por el ejercito francés ( ver el cuadro de Eugenio Álvarez Dumont):

https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/malasaa-y-su-hija-se-baten-contra-los-franceses/5abf3304-7a86-43d7-bf46-85e10357c385

 Aquel levantamiento era el inicio de la guerra contra el invasor, pero la declaración de guerra no provino de las autoridades ni del ejército sometido al napoleónico sino del Alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón. No se conserva integro el manifiesto del Alcalde; el historiador, Conde de Toreno, considera que el original es la proclamación que se conserva en el Archivo Parroquial de la villa de Cumbres de San Bartolomé (Huelva), dado a conocer por Rumeu de Armas, el cual decía lo siguiente: «Señores de justicia y de los pueblos a quienes se presentase este oficio de mí, el alcalde de la villa de Móstoles. Es notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid, y dentro de la corte, han tomado la defensa sobre este pueblo capital y las tropas españolas; por manera que en Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre; como españoles, es necesario que muramos por el rey y por la Patria, armándonos contra los pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del rey; procedamos, pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos, y alentándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente como los españoles lo son. Dios guarde a usted muchos años. Móstoles, dos de mayo de mil ochocientos ocho. Andrés Torrejón y Simón Hernández.”[3] Lo firman los dos alcaldes de la villa. Fuera como fuese, el texto reconocido por todos es aquel más breve que decía :“¡Españoles, la Patria esta en peligro, acudid a defenderla!”

La desproporción de fuerzas no puede ser compensado por el heroísmo del ejército español y de pueblo de Madrid. Murat tuvo ocasión de cumplir lo anunciado, dar una lección de sangre y fuego al castigar el alzamiento madrileño. La “ carga de los mamelucos” en la Puerta del Sol  (los mamelucos eran soldados esclavos de origen egipcio, pero también de razas caucásicas, eslavo y mongoloide y muchos turcos). https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/el-2-de-mayo-de-1808-en-madrid-o-la-lucha-con-los/57dacf2e-5d10-4ded-85aa-9ff6f741f6b1

y los “fusilamientos del 3 de Mayo” en la Montaña del Príncipe Pío, ambos reflejados en todo su dramatismo por Goya

https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/el-3-de-mayo-en-madrid-o-los-fusilamientos/5e177409-2993-4240-97fb-847a02c6496c

Son el reflejo de la represión ejercida por Murat , que se acompañó de un bando en el que se decretaba que: “ serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas”…”todo corrillo que pase de ocho personas se reputará reunión de sediciosos y se disparará a fusilazos.”…”toda villa o aldea donde sea asesinado un francés será incendiada”. No está clara la cifra de ejecutados a causa del levantamiento del dos de mayo, pero el Conde de Toreno las estima en 1.200 personas. Tanto Murat como, sobre todo, el general Barón de Marbot, acabaron reconociendo su mala conciencia por lo acontecido. Este último escribió: “Como militar yo había debido combatir a hombres que atacaban al ejército francés. Sin embargo, en mi fuero interno, no podía evitar reconocer que nuestra causa era mala, y que a los españoles les asistía la razón al intentar rechazar a unos extranjeros que, después de haberse presentado en su casa como amigos, querían destrozar a sus soberanos y apoderarse del Reino por la fuerza. Esta guerra me parecía, pues, impía; pero yo era un soldado y no podía negarme a marchar sin ser tachado de cobarde. La mayor parte del ejército pensaba como yo y, a pesar de todo, obedecía de igual modo[4]

El dos de mayo fue sofocado y Murat escribió a Napoleón: “ La victoria que acabo de obtener sobre los insurrectos de la capital nos abre la posesión pacífica de España”.

Ocurrió al revés. La represión del dos de mayo fue la señal para la insurrección general, empezando por los lugares a los que no habían llegado las tropas francesas. La insurrección comenzó en Asturias el día 9 de mayo y estallando definitivamente el 24, formándose para dirigirla una “Junta”.  Los franceses enviaron a tropas españolas a su mando para sofocar la insurrección juntera, sin embargo, los militares españoles se unen a la insurrección asturiana. Así se inicia, la organización institucional que resiste a los franceses y organiza a los españoles durante la guerra de Independencia.

La guerra de Independencia española tendrá gran repercusión en Europa pues a imitación de España otros pueblos europeos se alzan contra Napoleón. Nuestra guerra supuso el principio del fin del gran corso. Internamente, las Juntas se convertirán en el instrumento de la revolución liberal- burguesa en España y fundamento del nacimiento de la Soberanía popular en nuestro País. A aquel levantamiento le debemos la democracia, aunque tardara en llegar. No malgastemos la valiente sangre española derramada en 1808.

BIBLIOGRAFIA:

JUAN DE ESCOÍQUIZ. “Memorias (1807-1808). Ed Renacimiento.

DAVID ODALRIC DE CAIXA I MATA. Historia Militar de la Guerra de la Independencia 1808-1814 (de las Guerras Revolucionarias a la Guerra de la Independencia). Bitácora .

CONDE DE TORENO: “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España”. 2014. Ed AKRON

VICENTE PALACIO ATARD. “La España del S. XIX”. Espasa Calpe. 1981.

UBIETO, REGLÁ, JOVER Y SECO. Introducción a la Historia de España. Ed. Teide. 198

[1] Juan de Escoíquiz. “Memorias (1807-1808). Ed Renacimiento.

[2] David Odalric de Caixa i Mata. Historia Militar de la Guerra de la Independencia 1808-1814 (de las Guerras Revolucionarias a la Guerra de la Independencia). Bitácora

[3] Conde de Toreno: “Historia del levantamiento, guerra y revolución de España”. 2014. Ed AKRON

[4] Citados por Palacio Atard en su obra “la España del siglo XIX”.

EL REINO DE ASTURIAS O LA VICTORIA DE ESPAÑA

Todos los asturianos sabemos que Asturias es España y el resto tierra conquistada, pero este aserto jocoso tiene mucho de verdad histórica, veamos el porqué.

El término “Hispania” fue utilizado por los romanos para denominar aquella península que los griegos llamaron iberia. Estrabón en su libro III de Geografía señala que aquel territorio- en la parte conquistada hasta ese momento- se dividía en dos provincias. Hispania citerior e Hispania ulterior. La primera comprendía lo que hoy es Cataluña, Valencia y parte de Murcia y la ulterior, el valle del Guadalquivir. Posteriormente los visigodos fundaron su Reino en Toledo con una extensión semejante a lo que hoy es la Península ibérica, de hecho, se suele presumir que el Reino Visigodo constituyó el primer Estado español.

Ahora bien, el nombre de España, históricamente hablando, es el desarrollo cultural de una nación que desde el principio fue concebida como imperio cuyo núcleo surge a partir de la resistencia de las sociedades asentadas, en principio, en la cordillera cantábrica, en tono a los picos de Europa.

La invasión musulmana iniciada en el 711 supone, pues, la ruina del Reino Visigodo de Toledo y la victoria de España, concebida no como simple organización político-jurídica estatal o sociedad nacional sino como elevación de la misma por la formación de un imperio. Ambos aspectos culminan en 1492, la transformación de la realidad histórica que era España en realidad política con la toma de Granada y el culmen imperial con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Como decíamos esa idea imperial nace en las montañas de Covadonga. Se trata de una realidad política distinta de la del Reino de Toledo, por más que esa idea goda esté en el sustrato del movimiento astur. De hecho, a Oviedo se la denomina en un primer momento “nueva Toledo”, sin embargo y significativamente, tal nombre no trascendió.

¿Qué diferencia a un Estado de un Imperio?

Quizá podríamos concluir que un Estado se forma entre gentes que tienen una larga convivencia por proximidad geográfica, por costumbres afines, por una larga historia de intercambios y relaciones humanas de todo tipo, incluso por guerras. El imperio, lo forman gentes diversas que tuvieron poco o nada que ver entre sí. Es más, normalmente un Estado aspira a posiciones más ambiciosas transformándose, así, en un imperio.[1]También podemos señalar que el imperio es una forma de superar fronteras, de crear un desplazamiento de sus propias fronteras mirando hacia un objetivo superior.

Con esa diferencia en mente, veremos que el origen de España, como realidad histórica, no es sólo la recuperación del Estado visigodo sino el impulso de una idea que, potenciada esencialmente por el proselitismo cristiano, busca abarcar todo el territorio ocupado por el islam hasta terminar desbordando la península por el inesperado descubrimiento de América y los hechos que trascendieron al descubrimiento: la vuelta al mundo y posesiones en todos los mares “hasta no ponerse el sol”

El reino astur, formado entre las montañas de los Picos de Europa, con Pelayo al frente como primer Rey de una dinastía, que continúa su hijo Favila y extiende su yerno Alfonso I tras la boda con Ermesinda, hija de Pelayo, y expansionada por Alfonso II, que se denomina primer Rey de España, y Alfonso III, causante de la idea imperial, marca y dirige el futuro de la gran nación que es hoy España (da igual si H.  Kamen tiene o no razón al considerar a Pelayo una leyenda, porque Pelayo, existiera como tal o no, existió en cuanto representa a aquellas tribus cantábricas, que sin duda vivieron, y cuya fortaleza, lucha y esfuerzo contra el invasor, trajeron lo que hoy somos).

A Alfonso I las crónicas posteriores atribuyen el sobrenombre de «el católico», circunstancia no menor en la pretensión imperial de aquellos reyes forjados en la dureza y belleza de las montañas asturianas. Aquel Reino alcanzó su máxima extensión territorial gracias a las conquistas de casi todos sus monarcas, entre los que destacaremos a modo de compendio: Alfonso I, que incorpora Galicia y parte de Portugal; su hijo Fruela I que refuerza sus posiciones; Alfonso II, el casto,que además de ampliar en gran manera el territorio, impuso oficialmente en todo el Reino la legislación romana-visigoda, la Lex Visogothorum, futuro “ Fuero Juzgo” y sus sucesores, Ramiro I y Ordoño I que extienden el reino hacia el este, hasta la frontera pirenaica, y Alfonso III, el magno, uno de los más brillantes monarcas de la Historia de España, que lo lleva hasta Zamora.

Alfonso III es el último rey asturiano con capital en Oviedo (Reino de Oviedo), tras él el Reino traslada su capital a León. A Alfonso III le debemos la autentica idea de España, la idea imperial y la mejor crónica histórica de aquella época que permitió forjar, entender y desarrollar España.

Como decimos, es la crónica de Alfonso III, el magno, la que vincula oficialmente, con intención narrativa, la dinastía astur con el reino Visigodo de Toledo (Alfonso II fue precursor en ello, pero sin la trascendencia histórico-documental de Alfonso III). Así, el tercer Alfonso considera que Pelayo es un noble visigodo y Alfonso I descendiente de Leovigildo y Recaredo. Realmente Alfonso III busca reforzar el prestigio de la dinastía y su propio prestigio personal vinculando su origen con el del Reino de Toledo y los últimos reyes godos.

Alfonso, además, introduce en la crónica y en la intencionalidad del Reino otro elemento esencial: la fe cristiana.  A primera vista aparece como un milagro histórico que los musulmanes después de haber derrotado al potente y bien organizado Reino visigodo fueran a tropezar con un reino pequeñín situado tras la cordillera cantábrica. Pero así fue.  Cuando casi dos siglos después del inicio de la invasión, Alfonso III recapitulaba la historia de sus orígenes, veía en Covadonga la salvación de España y la reparación de la caída del reino godo (la batalla de Covadonga no está confirmada por la historiografía, la cual,  basándose en los restos arqueológicos, entiende, como mejor explicación que, Covadonga no sea más que una metáfora histórica para aglutinar en un pasaje la multitud de pequeñas, grandes o medianas escaramuzas que mantuvieron los asturianos  y los musulmanes en los Picos de Europa y que lograron la derrota de estos últimos). Pero la imagen de la gran batalla con la Santina al fondo permitía al cronista y al Rey transmitir a sus seguidores un sentimiento de misión providencial, a la vez religiosa y política: salvar a la iglesia cristiana y a la Monarquía hispana (astur-goda).

Evidentemente, Alfonso III no parte de la nada, no se inventa un relato vacío de razón, sino que los sustratos hispano- godos estaban en la realidad social desde los romanos y los visigodos y los elementos cristianos se mostraban en el sustrato del propio Reino astur-godo. Así, recordemos que hasta Alfonso I no había en el reino ninguna ciudad episcopal, pero la figura episcopal, mucho más desarrollada por Alfonso II (se le atribuye la creación del Obispado de Oviedo), no deja de surgir por el desarrollo de dos elementos que son la base del avance astur, ideados y puestos en marcha por Alfonso I: la repoblación y el monacato. Los dos se inician y desarrollan al tiempo, siendo el segundo casi la base esencial para lograr el primero. Estos monasterios parecen muchas veces fórmulas económicas, tanto o más que pactos religiosos. Los hombres se asocian bajo la autoridad de un abad, para alabar a Dios y ganar el sustento. Por todo ello y con mucha intención, las crónicas alfonsinas bautizaron a Alfonso I como el católico. Estableciendo así un eslabón narrativo, de guerra santa, de lucha contra el infiel, a la idea de Reconquista, enlazando de ese modo la realidad social y el ideario político.

Insistimos en que, Alfonso III no parte de la nada, transcribe los hechos de fe de sus antecesores y les da una intencionalidad. Pero esos hechos existieron, por ejemplo, tras fomentar los monacatos institucionalizados por sus antecesores, Alfonso II formó una pequeña ciudad, en la que instala su palacio adosado a una capilla (la cámara Santa, con las reliquias traídas de Toledo). Nacía así Oviedo. Más tarde Ramiro I mandaba edificar un Aula regia (Santa María del Naranco) a la que se agregó, posiblemente como iglesia palatina, San Miguel de Lillo. Reforzando la idea de capitalidad de Oviedo y de monarquía católica. A esto Alfonso III añade como símbolo del Reino la Cruz de la Victoria.

Además, a estas actuaciones reales, se unen con el tiempo una serie de anacoretas entre los que destaca Santo Toribio de Liébana, seguramente la mayor figura intelectual de la época.

Con Alfonso III, el Reino asturiano es, dentro de la Península, una potencia que mantiene contactos con los núcleos pirenaicos de resistencia católica; alimenta pretensiones evidentes de hegemonía en la Reconquista y manifiesta ambición de realizarla enfrentándose al poder de Córdoba. Siempre teniendo presente en su ideario una colaboración discursiva y narrativa entre los núcleos astur- romano e hispano godo. Es decir, del Imperio romano y del Estado visigodo.

Por todo ello y con gran intención, Alfonso III, es el primer rey español que se hace llamar emperador.  Su idea de imperio es la de avanzar fronteras para imponerse a aquellos invasores de lengua, religión y costumbres extrañas a los que querían expulsar. En sus crónicas, identifica desde el primer momento las guerras contra el islam en los Picos de Europa como acción superior de defensa de la Fe, pero hoy sabemos que ese concepto no fue esencial en la sublevación de Pelayo, no inundaba las almas de las primigenias tribus locales.  Para ellos lo fundamental era expulsar de sus tierras al ocupante ilícito. Es la voluntad y visión de Alfonso III la que determina el carácter imperial, al querer expandirse más allá de sus fronteras buscando un dominio universal cuya base se encontró en la lucha contra el islam. El título de Emperador otorgado a Alfonso III se transmitió después de su muerte a sus sucesores. Se conoce un documento del año 916 que dice “Ego Hordonius Rex Imperator-filius Adefonsus magni Imperatoris”. Pero no todos lo utilizan, tras Alfonso III, Alfonso VI, Alfonso VII se intitulan emperadores, de hecho, Alfonso VII es ungido emperador dos veces, la primera frente a Alfonso I de Aragón, el batallador, como una muestra de recuperar lo que era suyo y en segundo lugar tras hacerse con parte del Reino de Aragón y haber avanzado considerablemente en la Reconquista, es decir, de nuevo al superar sus fronteras frente al islam. El “fecho del imperio” de Alfonso X, el sabio, o el imperio de Carlos I continúan esa línea de tener un alcance global que llega a su máxima extensión con Felipe II. Es ese concepto y realidad de imperio lo que eleva a España, históricamente, al nivel de la Grecia clásica, Roma, Gran Bretaña, Francia o Rusia y EE.UU , por encima de Portugal, Japón y Alemania. “Tú me diste la vuelta”, la divisa que regala Carlos I a Elcano o la enseña con el “Plus Ultra” demuestran esa idea imperial, y es ese imperio el que pone a España en la Historia Universal.

La realidad histórica y política nacional, la Nación histórica, nacida del estado visigodo y recuperada por el reino Astur alcanza su realidad política plena, como dijimos, con la toma de Granada y con toda nitidez a partir del siglo XVI se consolida como unidad política con identidad imperial, la cual se resquebraja tras la batalla de Trafalgar (1805), donde cede el dominio de los mares a Gran Bretaña y, sobre todo, tras la invasión napoleónica en 1808. Pero entonces, aquella sociedad con conciencia soberana, que defendía su soberanía territorial, política y social frente al invasor musulmán en Covadonga, se transforma en soberanía popular histórica con el levantamiento del 2 mayo de 1808 y en soberanía popular reconocida política y jurídicamente con la constitución de 1812.

España es lo que es hoy día gracias a Pelayo, Covadonga y sobre todo a la idea estatal y nacional de recuperación del Reino de Toledo elevada a imperio por Alfonso III. La continuidad de esa idea fraguó una gran nación con espíritu imperial.

Ya lo advertía Unamuno:

“¿Es España una nación? Me preguntaba un lego en historia. Y le dije: España es internacional, que es modo universal de ser más que nación, sobrenación. Un conglomerado de republiquetas no es nada universal si no se eleva a imperio.”[2]

Espero que nuestros gobernantes nacionales y locales recuerden que ni España es un conjunto de republiquetas ni Asturias, una de ellas. Espero que la Historia de grandeza de Asturias se recuerde y fortalezca en lo que es: nacional e imperial y no se pretenda su reversión histórica imponiendo una serie de elementos culturales, muy dignos de preservación, pero no de imposición. Espero que se recuerde la grandeza histórica de Asturias y su contribución elevada a la Historia de España en vez de querer identificarla con elementos pueblerinos locales.

BIBLIOGRAFÍA

  • ELVIRA ROCA. Imperiofobia y Leyenda Negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Ed. Siruela. 2019
  • AGUADO BLEYE. “Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963
  • PEDRO INSUA. 1492. España ante sus fantasmas. Ariel. 2018.
  • MIGUEL DE UNAMUNO. “República española y España republicana”. Artículo publicado en el diario El Sol, 16 de julio de 1931.
  • HÉLÈNE SIRANTOINE. “Exclusión e integración: la conquista y el imperio en los reinados de Alfonso VI y Alfonso VII”. Historia digital. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Históricas / Silex Ediciones. 2015. Edición digital de 2017.
  • JOSÉ MANUEL PÉREZ PRENDES. “Historia del Derecho español”. Ed UCM.1986.
  • JOSÉ JAVIER ESPARZA. “La gran aventura del Reino de Asturias. Así empezó la Reconquista”. Ed. La esfera de los libros. 2009.

[1]Elvira Roca. Imperiofobia y Leyenda Negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Ed. Siruela. 2019

[2]Miguel de Unamuno. “República española y España republicana”. Artículo publicado en el diario El Sol, 16 de julio de 1931.

LA SARGENTADA

Se conoce con el nombre popular de “la sargentada” a un levantamiento militar republicano que pretendía la deposición de Alfonso XII en 1883.

Tras la caótica 1ª República, el 29 de diciembre de 1874, acontece el pronunciamiento en Sagunto dirigido por Arsenio Martínez Campos cuya finalidad era lograr la vuelta de la Monarquía como forma de Estado en España. Se inicia así el periodo llamado Restauración borbónica. La Restauración trajo orden a la vida española, pero, en sus primeros años, estuvo amenazada por una importante movilización clandestina protagonizada por asociaciones secretas en las que la ideología republicana tuvo un indiscutible peso. La Asociación Republicana Militar fue la más activa de ellas.

La Asociación Republicana Militar fue creada a finales de 1881 por un pequeño grupo de oficiales en la reserva y pronto logró agrupar a numerosos militares republicanos que habían participado durante los años anteriores en las conspiraciones contra la Monarquía de Alfonso XII. En 1882, el movimiento republicano con intenciones golpistas se organiza en torno a la figura del líder republicano progresista en el exilio Manuel Ruiz Zorrilla. Unos años después, se fusionaron con una asociación de tendencia republicana federal dando lugar a la Asociación Revolucionaria Militar que llegó a contar con más de 7.000 afiliados. En su aparente éxito se generó su fracaso: las nuevas incorporaciones estaban trufadas por topos del gobierno que lograron impedir que las acciones previstas por la Asociación alcanzaran buen puerto, hasta que en 1890 prácticamente habían desaparecido.

Los acontecimientos que vamos a narrar ocurren siendo aún la Asociación Republicana Militar (ARM) la actuante.

Hasta aquel momento, uno de los inconvenientes para lograr el éxito en sus acciones era la separación tajante entre los movimientos militares y los civiles, de manera que su deseo de implantar un sistema republicano tenía una vinculación siempre militar que evitaba el apoyo de la sociedad civil. Sin embargo, en 1882, los proyectos fiscales del ministro de Hacienda, Camacho, provocaron una oleada de protestas, especialmente graves en Cataluña, que, por primera vez, permitieron vincular las reivindicaciones y acciones civiles con las militares. Los oficiales, sin embargo, rechazaron realizar una acción conjunta con paisanos, de modo que los planes de asonada se suspendieron durante unos meses.

Ese enfrentamiento con la sociedad civil no fue el único problema. Otra de las dificultades se basaba en la falta de fondos. Lograr el dinero para las acciones, vincular a los militares con la sociedad civil, nunca fue tarea fácil y, en última instancia, causó el fracaso de sus planes.

Tras la primera suspensión, las fuerzas levantiscas, tanto civiles como militares, acuerdan una nueva fecha para la revuelta: el 29 de junio. Uno de los puntos  esenciales de aquella negociación, y sobre lo que más incidieron los seguidores de Zorrilla, fue que Barcelona estuviera entre las ciudades levantiscas. A finales de junio, se descubrió que el propósito de entrar en Barcelona era apoderarse de unos 20 o 30 millones de pesetas y con esa cantidad hacer la revolución sin contar demasiado con el ejército. Esto indignó a los militares que abortaron el levantamiento. Tras nuevas negociaciones, la fecha del movimiento insurreccional quedó fijada para el cinco de agosto 1883.

Se esperaba un alzamiento en toda España y, sobre todo, en grandes plazas: Barcelona, Valencia, Zaragoza, Badajoz, Alicante y Logroño. El resto de las guarniciones, como por ejemplo Bilbao, Cartagena, Cádiz, Burgos, Sevilla, Granada y Málaga, se irían sumando, al fin y al cabo, por aquellas fechas el número de afiliados a la ARM ya era muy numeroso y, por tanto, la rebelión más factible.

Cuando todo estaba preparado, los elementos civiles propusieron retrasar los acontecimientos al día 10 de agosto, pero las órdenes habían sido ya enviadas a Badajoz, donde los asociados de la ARM cumplieron con precisión las mismas. Realmente el levantamiento se siguió en tres ciudades: Badajoz, Santo Domingo de la Calzada y la Seo de Urgel (también hubo algunos conatos en otras zonas de Cataluña y de Andalucía).

La situación fue grave en Santo Domingo y chusca o muy chusca en los otros dos lugares, como veremos.

En Badajoz. Los telegramas que anulaban las órdenes y que retrasaban todo habían llegaron a tiempo, pero el jefe militar, Serafín Asensio Vega, lo interpretó de manera contraria, con lo que el levantamiento se realizó. Las órdenes iniciales señalaban la una de la madrugada del día 5 de agosto como el momento del alzamiento. Así se hizo en la ciudad extremeña, donde se consiguió dominar a las autoridades militares y civiles, pero, al no haberse sublevado ningún otro acuartelamiento en el país, el movimiento, fracasó y, el día 6, los sublevados de Badajoz huyeron a Portugal.

Seo de Urgel.  Este es el episodio más pintoresco y menos serio de los tres. Los instigadores habían encargado la dirección de la sublevación al coronel don Francisco Fontcuberta. Este señor era espiritista y cuando recibió el aviso del fracaso de la sublevación iniciada en Badajoz, intentó desistir, pero, antes de hacerlo, invocó al espíritu de Prim y, según manifestación del propio sublevado, éste le aconsejó seguir adelante pues la vitoria era segura. Siguió adelante, pero se ve que el espíritu del vencedor de los Castillejos sufrió una lastimosa equivocación a la que arrastró a Fontcuberta. Eso sí, estuvo suficientemente alerta, no sabemos si por intercesión de Prim o no, para huir a Francia y así ponerse a salvo.

En Santo Domingo de la Calzada. La sublevación de la ciudad riojana se llevó a cabo a pesar de haberse realizado tras la frustración de Badajoz. En la Rioja existía un buen número de militares republicanos, así como un significativo grupo de civiles “zorrillistas” dispuestos al levantamiento, como ya se había puesto de manifiesto en 1868 durante la “Gloriosa”. Además, tuvo especial trascendencia por ser la única en la que se consiguió apresar y ajusticiar a los sublevados.

Dos fueron los destacados calceatenses que participaron en la sublevación Juan Manuel Zapatero Castillo y Juan José Cebrián. Habían participado en la organización de la sublevación en las reuniones mantenidas en Barcelona. Sus órdenes eran actuar una vez se amotinara Logroño, pero a Zapatero y Cebrián les pudo la impaciencia y decidieron sublevarse la madrugada del 8 de agosto. Aunque eran varios los acuartelamientos llamados a la desobediencia en la Rioja, realmente, el único movimiento destacado fue en del Regimiento de Caballería de Numancia acantonado en el ex convento de San Francisco de Santo Domingo de la Calzada.

Zapatero, acompañado de otros sublevados, pretendía dirigirse a Haro para alentar otros movimientos insurreccionales, pero fue interceptado e impedida su acción. Logró huir a Francia. Mientras, Cebrián seguía con sus acciones y movilizó a tres sargentos primeros y nueve sargentos segundos del campamento Numancia que levantaron a 224 hombres, entre cabos y soldados. Cebrián se había presentado en el acuartelamiento haciéndose pasar por coronel. No hubo resistencia. A los soldados se les ordenó montar sin explicarles el porqué y a dónde se dirigían (se dirigieron a Torrecilla, pues quería unirse allí a las tropas que supuestamente Zapatero había logrado reunir en Logroño y Zaragoza. Cebrián desconocía el fracaso y huida de Zapatero)

El oficial al mando del regimiento era el coronel Ramón Rubalcaba Juárez de Negrón que se encontraba fuera del cuartel en el momento de la entrada de Cebrián. Es posible que Rubalcaba fuera conocedor y participe en la organización, sin embargo, en aquel momento, traicionó sus antiguas posiciones y optó por unirse a los que perseguían a los insurrectos

Una vez en Torrecilla, Cebrían espero inútilmente la llegada de las tropas de Logroño y Zaragoza. Los que se acercaron fueron sus perseguidores, obligando a los sublevados a salir en dirección a Soria. En mitad del camino, uno de los soldados del regimiento Numancia, sin que se sepa si fue por error o por discrepancia, disparó su carabina contra Cebrián, le dio en la espalda y lo mató. Aquello se consideró una hazaña y sería convenientemente retribuido y condecorado. El resto de los soldados apresaron a los sargentos.

Aquel día, 8 de agosto, las provincias de Logroño y Soria eran declaradas en estado de guerra que se extendió el día 10 a las provincias de Sevilla, Córdoba, Huelva y Cádiz. Previamente, el día 9, la Gaceta de Madrid publicaba la suspensión de las garantías constitucionales en España, decretada por el Presidente del Consejo de Ministros interino, Arsenio Martínez Campos, a reserva de su aprobación por las Cortes. El gobernador de Madrid, conde de Xiquena, informaba el 9 de agosto a los directores de los periódicos la posibilidad de cierre de aquellos medios que alentasen la comisión de delitos contra el orden público. El día 12, tras juicio verbal y sumarísimo, fueron ejecutados los sargentos insurrectos.

Posteriormente, Zorrilla y otros miembros de la ARM recibieron notificación de sus delitos y juzgados en rebeldía. Sus penas fueron conmutadas tiempo después.

Una vez más, y no será la última en la Historia de España, los auténticamente convencidos de sus principios y que actúan con honestidad en función de ellos, sean acertados o no- no nos incumbe ahora juzgarlos- acaban soportando toda la fuerza de la ley, mientras que, los que cobardean y huyen viven plácidamente.

Los Justos Títulos y la Controversia de Valladolid.

Cuando hablamos de los ”Justos Títulos” nos referimos a las razones jurídicas que, partiendo de un análisis  teológico-jurídico, permitían a España y, más concretamente, a la monarquía española (no hay que obviar como era la configuración del Estado en aquel momento) el dominio sobre América. Estamos hablando del principio de legalidad unido al de legitimidad dentro de los sustratos jurídicos de los siglos XV y XVI. La teoría de los justos títulos no se fraguó en un momento único, sino que evoluciona desde la llegada de Colon a América hasta el reinado de Felipe II. Tal evolución surge por la confrontación ideológica, controversias, en la que destaca la de Valladolid de 1550.  Esta búsqueda de la legalidad y la legitimidad marcan la diferencia de la conquista española en relación con otros imperios, esencialmente, por la defensa española de los derechos de los nativos de los territorios conquistados frente a las posiciones esclavistas de otros países.

Estamos ante una de los grandes momentos de nuestra Historia, esa que se solaza actuando bajo la legalidad, frente a esos otros instantes históricos en los que la búsqueda de atajos nos hace alterar el buen juicio jurídico y moral y nos convierte en el hazmerreír del mundo.

En un hilo anterior mostramos la técnica de estudio de la escuela de Salamanca. Con los justos títulos, nos situamos ante otro de esos grandes análisis que marcan el devenir jurídico del derecho mundial. Los primeros en plantearlo fueron los dominicos, pero las soluciones más brillantes vuelven a salir de Salamanca.

El problema de los justos títulos aparece por primera vez con Fernando el Católico y trae origen de la denuncia formulada por los Dominicos sobre los abusos que sufrían, en su opinión, los indios en América a manos españolas. Para comprender el problema debemos tener presentes tres dimensiones:

  • La moral que, en aquel momento, era esencial para conocer la legal.
  • La evolución de las propias posiciones filosófico- teológicas desde el “agustinismo” imperante en la época de los Reyes Católicos al “tomismo” racionalista de la escuela de Salamanca.
  • Las posiciones político-estatales de España ante la conquista.

La necesidad de actuar de manera legal bajo el amparo de una norma no era nueva en el mundo, como antecedente directo, nuestros vecinos portugueses desde tiempo anterior tenían una serie de documentos pontificios que salvaguardaban sus derechos en los territorios que iban conquistando.

Cuando Cristóbal Colón llegó a América – creyendo ir a las indias- fundamentó la conquista en el título XXIX de la Tercera Partida, en virtud de la cual una tierra descubierta, por el propio hecho del descubrimiento, permitía al país descubridor atraer bajo su poder las islas y tierras conquistadas. Sin embargo, los teólogos hispanos determinaron que a aquellas conquistas no se les podía aplicar el título XXIX, puesto que las tierras conquistadas no estaban deshabitadas, es decir, no era un territorio ignoto para la humanidad. Se requería pues, buscar una ley adecuada, la cual se halló en la Ley IX del Título I de la Partida II. En virtud de la cual, el señorío se ganaba por las siguientes razones:

a) Por herencia. b) Por anuencia de todos los implicados. c) Por casamiento. d) Por otorgamiento del Papa o del Emperador.

Es evidente que los títulos de España debían encontrarse en las razones b) o d).

Ante el precedente portugués, se solicita una bula del Papa. La misma se expidió el 3 de mayo de 1493. Bula «ínter coetera», en virtud de la cual se hacía donación de todas las islas y tierras descubiertas o por descubrir de la parte de las indias no pertenecientes a ningún príncipe cristianos y les constituía en señores de ella con plena, libre y omnímoda potestad, autoridad y jurisdicción. A este acto pontificio le faltaba delimitar hasta dónde llegaba el territorio portugués y el castellano. Esto se hizo en una segunda bula, dictada al día siguiente de la primera.

Entroncamos, de este modo, el sustrato legal con el moral y éste último con la doctrina de San Agustín. Y ello porque, en el fondo, esta forma de actuar, buscando el respaldo papal,  se fundamentaba en lo que algunos denominan » agustinismo político»[1]; doctrina según la cual el poder civil y el imperial se subordinan al papado, sobre el que recae la potestad de nombrar reyes e intitular emperadores o de deponerlos. Al Papa, como vicario de Cristo en la tierra le corresponde el poder sobre todo el Orbe y, por tanto, el de darle a determinado rey o emperador la potestad de detentar el dominio y poder de cualquier territorio.

Ya desde el siglo XIII, con el desarrollo del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, la doctrina del “agustinismo político” perdió fuerza. Por eso, cuando en 1510, los religiosos dominicos denuncian la codicia de algunos colonos españoles, se unen en su solución dos asuntos, de un lado, saber si las bulas pontificias son suficiente poder; por otro lado, cómo afectaba esto a la visión política estatal y a la institución de la encomienda (el uso y explotación de la tierra por los españoles en nombre del rey, aunque sin expropiar la titularidad de dominio de los indios). Se plantea la incoherencia entre la encomienda y la libertad de los indios. Buscando una respuesta se alumbraron las leyes de Burgos del 27 de diciembre de 1512. Pero ni las leyes de Burgos ni la reforma realizada poco después en Valladolid resuelven los problemas que planteaban los dominicos: cómo atraer apostólicamente a los indios al cristianismo, según las bulas papales, pero sin violar sus derechos como seres humanos y como propietarios legítimos de sus dominios. Si se violaran los derechos de los indios, el Rey y España se condenarían a ojos de Dios, ante eso era mejor abandonar la empresa. Como solución de trámite, en Burgos, se defendió el “requerimiento” hecho por los españoles ante los indios para solicitar su anuencia al proceso de conversión. Si no lo aceptaban, ya se les podía someter incluso con el empleo de la fuerza. Pero, evidentemente, ese requerimiento, que rara vez era entendido por los indios, servía de excusa permanente a los españoles. Lo que mantuvo las reivindicaciones dominicas.

En las reuniones que llevaron a las leyes de Burgos se empezaron a notar las diferencias entre los agustinistas y los tomistas. El mayor defensor de los primeros fue Fernández de Enciso y su teoría del señorío universal del Sumo Pontífice. Ante ello, los dominicos cedieron, pero no se convencieron. Las expediciones a América se reanudaron, hasta que, en 1525, los dominicos volvieron a sus denuncias. Consecuencia de lo cual, en 1526, en Granada, Carlos V firmaba una extensa carta- instrucción que representaba algunos avances. La novedad es que en cada expedición a América irían dos religiosos encargados de predicar y convertir a los naturales, también se les encomendaba la fiscalización de la navegación, nada podrá hacer el capitán sin autorización de los religiosos.

En la base de estas quejas, se encontraba la afirmación de la condición humana de los indios, que era un elemento comúnmente aceptado tanto por la moralidad católica como por la concepción política del imperio; puesto que el imperio español consideraba a los habitantes de la zona descubierta como españoles a todos los efectos, salvo por el desarrollo inferior de éstos, pero no por ello, gozaban de una condición humana inferior. La tendencia española era reequilibrar esa diferencia hasta que se pudiera considerar a los indios como ciudadanos al mismo nivel que los de la madre patria. Precisamente, la cuestión de esos habitantes y la lucha de España por tratarlos con justicia determina todas las discusiones en las controversias sobre los títulos de dominación, la legislación de indias y todo el desarrollo institucional desarrollado en América, buscando llevar la civilización de aquellos lugares y personas, con sentido evangelizador; pero a sabiendas de que el indio, a diferencia de los Sarracenos, no eran infieles, sino ignorantes de la Fe verdadera. Por tanto, a decir del padre Vitoria, no están en pecado sino en pena. De esta diferencia, parte del razonamiento que determina la solución.

Nombrar al Padre Vitoria es recordar a la Escuela de Salamanca. En ella, ya en el siglo XVI, lo que empieza a cuajar es el racionalismo tomista y con esa filosofía se afrontará el problema de la legitimidad de la presencia, dominio y conquista española del Nuevo Mundo. El paso del agustinismo al tomismo suponía la vuelta al derecho natural frente al poder del Papa, lo que reforzaba el poder del Estado. No hay que olvidar que estamos en los tiempos de la reforma protestante. Para la mitad de la población europea, el poder del papa ya no es importante, por tanto, fundamentar la legitimidad de la Conquista sólo en las bulas papales debilitaba mucho la posición española. Se imponía el racionalismo, por él el imperio se sobreponía a las comunidades indias a fin de evangelizarlas, pero en virtud del derecho de gentes los indios no perdían su condición de dueños de sus tierras.

La elección del tomismo o el agustinismo tenía otras consecuencias: la fundamentación de las razones de legitimidad de la conquista. Las mismas no se basaron en la implantación mimética del derecho castellano en América, sino que el derecho de indias partía de las nomas indígenas preexistentes en cuanto no fueran inmorales, tamizadas con los avances filosófico-teológico-morales que las controversias iban concluyendo. En las controversias se parte de dos visiones, los que consideran al indio como “el buen salvaje” y los que destacan aquellos aspectos de sus costumbres y actos que se hacían odiosos ante la Fe y ante el orden político. Las leyes de indias son un equilibrio entre las diferentes posiciones. Así, se produce un enfrentamiento intelectual del que nacerá la normativa definitiva que sostiene la conquista española.

Tras Burgos, se abre una nueva etapa discursiva que va de 1512 a 1566, caracterizada por su revisionismo en relación al orden jurídico-legislativo implantado en las indias hasta ese momento, a decir del profesor García Gallo. Razón de ello era que el tomismo había triunfado en Salamanca, aunque bajo una interpretación dual: lo que podíamos llamar la interpretación natural y sobrenatural. Derivado de su enfrentamiento se va a lograr la tendencia de la norma imperial durante tres siglos. Esto será así a partir de las conquistas de Nueva España y del Perú. No hay que olvidar que la Junta de Valladolid de 1550, se convoca a instancias del Consejo de Indias por los problemas, guerra civil, de los conquistadores en el Perú, entre cuyas causas ( además de las disputas por el reparto de la conquista, especialmente por el dominio de Cuzco, entre Pizarro y Almagro) estaban la supresión de las encomiendas hereditarias y del trabajo forzado de los indios que fue acordado en las Leyes Nuevas, promulgadas en 1542 por Carlos V a instancias de Fray Bartolomé de las Casas.

En este contexto se produce razonamiento filosófico-teológico y, en última instancia, jurídico, del Padre Vitoria y de la controversia de Valladolid, donde la discusión entre la civilización y la evangelización alcanza su punto álgido y donde, una vez más, se paraliza la acción de la conquista hasta resolver la cuestión.

A la célebre Junta acudieron, como figuras estelares Sepúlveda y Las Casas, pero también, algunos seguidores de Vitoria:  Domingo de soto, Melchor cano, Bartolomé de Carranza, todos dominicos y Bernardino de Arévalo (único franciscano).

Veamos primero las posiciones de Vitoria sobre la presencia española en América.

En Salamanca prevalece la posición de Vitoria en relación con la justificación tomista, racional, natural para defender la presencia española. Vitoria no está ni en la tendencia teocrática agustiniana católica ni en el cesaropapismo- de corte protestante-. Según Vitoria, los indios no pierden la propiedad ni publica sobre sus dominios, ni privada de sus cosas. Entre otras razones, porque los indios ignoran la existencia de la Fe; pero es una ignorancia vencible. La racionalidad del indio servirá además de punto de partida para proceder a su conversión a la Fe cristiana. Esta teoría es la base de las famosas “Relecciones” de Vitoria. Para Vitoria, la Gracia no anula la naturaleza, sino que la perfecciona. Dios había dado la Tierra a los hombres para que la dominasen y la infidelidad no borra esos dominios. A sarracenos y a judíos, aun siendo enemigos de la Fe Cristiana, se les reconoce como legítimos propietarios de sus posesiones, con mayor razón se les reconocerá tal derecho a los indios que no han arrebatado nada a los cristianos y no son enemigos de la Fe, simplemente, la desconocen.

A partir de aquí, los títulos no se basarán en la Fe sino en la razón. Por tanto, hay que ver si en el orden natural hay títulos para la presencia española, aunque sin olvidar que ese poder temporal imperial, está acompañado por el poder sobrenatural representado por el Papa Vicario de Cristo en la Tierra. Porque es en el ámbito sobrenatural en el que están ordenadas todas las criaturas. El poder eclesiástico administra los bienes espirituales que conducen a Dios (las virtudes) previniendo sobre los obstáculos (vicios) que desvían a las criaturas de su camino. Ésta acción es esencial para la salvación y, por tanto, es el fin último, algo que debe imponerse al orden natural y al imperial que no dejan de ser inferiores a ese poder sobrenatural (espiritual). Esos poderes son independientes entre sí. Con esta separación nacen los 7 títulos de Vitoria a los que se une un octavo que no es un título fijo sino probable:

  • Cualquier nación tiene derecho a entrar en comunicación (comercial, doctrinal o de cualquier otro tipo) con cualquier otra nación. Los españoles tienen derecho a recorrer cualquier lugar sin dañar los mismos o a sus habitantes. Si los indios rechazan esa comunicación sea porque los rehúyen, sea porque los agreden, esto es causa justa de guerra. La diversidad de religiones no justifica la guerra contra los indios, pero tampoco de éstos contra los españoles.
  • Los españoles tienen derecho a predicar el evangelio, sin que sea lícito usar la fuerza para evangelizar. Aquí entrarían las bulas papales como justificación de la acción española.
  • Defensa de los convertidos.
  • Para esa defensa en nombre de la Iglesia, el Papa puede nombrar un príncipe cristiano.
  • Defensa de los inocentes cuando son tiranizados por los gobiernos autóctonos degenerados.
  • La libre elección que tiene cualquiera de hacerse súbdito de quien quiera.
  • El derecho a socorrer o auxiliar al amigo o aliado.
  • El derecho de España a tutelar a los indios en razón de la incapacidad de estos para gobernarse de modo recto.

A la larga, el código Vitoria será el que se imponga. El sistema Vitoria no es axiomático y funciona a expensas de las circunstancias concretas que van apareciendo con toda su casuística al paso del desarrollo de la conquista. Así se forman varios bloques en virtud de sus posiciones en la conquista:

  1. Vitoria-Sepúlveda. A favor de la continuidad de la conquista y de la defensa de los derechos temporales de los españoles, lo que no significa ni mucho menos estar en contra de los derechos de los indios.
  2. Bartolomé de las Casas, en contra de los derechos de soberanía, por no ser tales; partidario de la suspensión del dominio temporal español, la restitución a los indios de sus propiedades y justificar la presencia española sólo, por la vía espiritual; concibe al imperio como mera delegación Papal en la línea de los dominicos.

La definición final de la posición del imperio surge en la Controversia de Valladolid, con la confrontación entre Las casas y Sepúlveda.

Aunque hasta hace algunos años en la historiografía se pensaba que la posición aceptada por el imperio era la de Las Casas, sin embargo, la revisión actual de las fuentes llega a la conclusión contraria. Es verdad, que sus posiciones parecen triunfar en “las Leyes Nuevas” pero serán revocadas después. Para De Las Casas la presencia española sólo está justificada por la vía espiritual. No cree adecuado ni el título primero de Vitoria ni el octavo porque para Las Casas no existe atraso alguno de los indios frente a los españoles. Para él, la vida en la América prehispana era una Arcadia feliz, ignorando los conflictos entre los propios indios, lo mismo que la petición de ayuda de éstos a los españoles frente a las tribus dominantes, por lo que también neutraliza el título VIII. Para Las Casas sólo las bulas papales son derechos adecuados para los españoles, pero sin que ello permita el uso de la fuerza, ni siquiera defensiva. Lo único que cabe hacer para cumplir correctamente la bula papal y no condenarse era:

  1. Restituir a los indios a sus dominios por ser los auténticos propietarios de sus reinos.
  2. Anunciar pacíficamente el Evangelio.

Vitoria no dudó jamás de la legitimidad de la Soberanía española en las indias, aunque tenía dudas de la acción española en algunos momentos. Las Casas, por el contrario, no aceptó jamás la Soberanía española. Vitoria señala que si hay algún abuso hay que enmendarlo, pero no abandonar.

Sepúlveda, centra la atención en el título VIII de Vitoria. Para Sepúlveda, dada la situación parapolítica, bárbara de los indios, estos terminarían por exterminarse si no eran tutelados dado que el derecho natural está siendo violado constantemente por ellos. Por tanto, el género humano está allí actuando de manera degenerada y conviene actuar en favor de su regeneración. Cuatro son las razones de Sepúlveda:

  • Siendo por naturaleza siervos, bárbaros, incultos e inhumanos, rechazan el imperio de los más prudentes poderosos y perfectos, el cual deben admitir para gran beneficio de los propios indios (lo que coincide con el título VIII de Vitoria).
  • Desterrar el crimen de devorar carne humana, con el que se ofende especialmente a la naturaleza, sobre todo contra ese rito monstruoso de inmolar víctimas humanas.
  • Salvar de graves peligros a numerosos inocentes a quienes los bárbaros inmolaban todos los años (Coincide con el Título Quinto de Vitoria)
  • Que la religión cristiana se propagase por donde quiera que se presentase la ocasión, en gran extensión y por motivos convenientes (una especie de síntesis de los títulos 2º, 3º y 4º de Vitoria).

Para Vitoria y Sepúlveda, no para Las Casas, los sacrificios humanos, la antropofagia, serán actos contrarios al derecho natural y, su corrección, causa justa para la dominación y la guerra. Con lo cual, los indios no pierden temporalmente sus dominios por infidelidad sino por insociabilidad. Españoles e indígenas no son iguales por ser hijos de Dios. Pero mientras Las Casas afirma un igualitarismo total sin analizar las sociedades indígenas, Sepúlveda resalta la degeneración inhumana de algunas costumbres y por ello debían ser sometidos a los españoles, no para el bien de éstos sino para el bien de los indios y así prepararlos “con las mejores costumbres y con el trato de los hombres piadosos para recibir la religión y el culto al verdadero Dios”. Es el derecho de los indios a vivir dignamente con arreglo a la racionalidad. Dice Sepúlveda: “nada hay más contrario a la justicia distributiva que dar iguales derechos a cosas desiguales”. Sepúlveda señala que no se trata de esclavizar a los indios, al contrario, se trata de destruir sus instituciones prepolíticas para salvar a los indígenas de su mutua destrucción. La conquista es, por tanto, un proceso pacificador. Según Sepúlveda tal acción no es voluntaria sino obligada para introducir más humanidad en el tutorizado, propagando sobre él las virtudes políticas que le salven de la degeneración y la corrupción. En ese ambiente la guerra era el corolario “justo” derivado de tal situación ante cualquier conato de resistencia.

La principal objeción de Las casas a Sepúlveda es que es necesaria la libertad para recibir la Fe. Si se les obliga la Fe se les antojará como algo “odioso”. La principal objeción de Sepúlveda a Las Casas es que para recibir la Fe es necesario escucharla y si no se les domina y civiliza, mal la van a escuchar al ser imposible predicarla. Y es que Las Casas obviaba que varios frailes habían sido asesinados por los indígenas. Lo que buscaba Sepúlveda era que el Imperio garantizase, en la medida de lo posible, que los indios no acabasen con la vida de los evangelizadores.

Las Casas, de manera ilusa, propone predicar la Fe sólo dónde no haya peligro y, dónde lo hubiera, construir una fortificación para desde ella pregonar el evangelio.

La solución de Sepúlveda era tutelar a los indios y para ello la institución de la encomienda permitiría a algunos varones españoles, probos, justos y prudentes que se encargaran de educarlos en la fe cristiana. La posición de Sepúlveda era a la postre la justificación de lo que ya se estaba haciendo: creación de ciudades, encomiendas, cabildos, universidades, es decir, era permitir la creación en América de un marco institucional, como modo más efectivo de evitar la postración étnica de los pueblos indígenas.

A partir de 1550, tras la Controversia de Valladolid, Las Casas deja de influir en la conciencia de Carlos V. En la Junta, Las casas y Sepúlveda participaron como informadores, quedando en manos de los jueces las decisiones que hubiera que tomar al respecto. Aunque no se posicionaran por uno u otro, en la práctica, se acogen a los señalado por Sepúlveda. “En consecuencia, la Corona reconocerá la bondad del sistema apostólico y los inconvenientes de la penetración armadas; pero nunca dejó de reconocer la realidad indiana”.

BIBLIOGRAFÍA

HENRI-XAVIER ARQUILLIÈRE. El agustinismo político. Ensayo sobre la formación de las teorías político en la Edad Media. De Universidad de Granada. 2005.

ALFONSO GARCÍA-GALLO. Manual de Historia del Derecho español. Publicado por el autor. Madrid 1964

PEDRO INSUA. 1492. España ante sus fantasmas. Ariel. 2018

JUAN MANZANO MANZANO “Los justos títulos en la dominación castellana de Indias”. Revista de Estudios Políticos, ed.

 

[1]Henri-Xavier Arquillière. El agustinismo político. Ensayo sobre la formación de las teorías político en la Edad Media. De Universidad de Granada. 2005.

EL MOTÍN DE ESQUILACHE

El gran historiador Domínguez Ortiz, en sus diversos estudios de la historia del Antiguo Régimen, siempre destaca el gran problema que suponía para la estabilidad política de cualquier país las hambrunas que se producían de cuando en cuando. En un momento de bajo desarrollo, con una economía dedicada a la agricultura, si en un año se daban malas cosechas, el hambre y la pobreza se extendían por todas partes.

España no era una excepción, la situación empezó a mejorar con las reformas ilustradas de uno de los mejores reyes de la Historia de España: Carlos III. Pero hasta ponerlas en marcha, los problemas con las cosechas y la manera de atajarlas, también le dieron disgustos.

Carlos III, accede al trono de España, tras el fallecimiento sin descendencia de su hermano Fernando VI. Carlos provenía de ser Rey de Nápoles y de Sicilia, y del país transalpino procedían algunos de sus consejeros; ellos impulsaron las primeras reformas ilustradas de un Rey que ejerció de ilustrado durante todo su reinado. Estos ministros extranjeros representaban al sector reformista más radical.

El primero de aquellos asesores reales provenientes de Italia fue Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache

Esquilache, de origen humilde, militar retirado, logró escalar en la vida social por su laboriosidad, probidad y talento. Carlos III le nombró Inspector de aduanas y más tarde se ocupó de la Secretaría de Hacienda del Reino de Nápoles.

La entronización de Carlos III como rey de España en 1759,  llevó al Marqués a España. Nombrado, primero, Consejero en la Hacienda Real, pasó a ocupar también la Secretaría de Guerra en 1763. Contaba con la absoluta confianza del Rey para iniciar reformas ilustradas y, junto al Marqués de la Ensenada, llevó a cabo cambios encaminados a la modernización del país.  Algunos de ellos del siguiente tenor: libertad comercial para los cereales, desamortización de los bienes de la Iglesia, utilización de bienes de manos muertas… Estas políticas suscitaban la manifiesta hostilidad de la nobleza, de la Iglesia y también las protestas del pueblo, que percibía las reformas como medidas de inspiración extranjera que alteraban costumbres tradicionales de la sociedad española. Además, aquellos cambios se realizaron con apresuramiento, sin la habilidad de que fueran asimilados por el pueblo o aplicados con la suficiente cautela como para buscar el momento más oportuno para su implantación. De este modo, algunas grandes ideas, como, por ejemplo, la liberalización del comercio de cereales se aplicó en un momento de malas cosechas, en 1765, lo que hizo subir el precio del pan. La carestía generó pobreza y hambrunas. Consiguientemente, una buena medida se aplicó sin oportunidad y creó un conflicto. A estas medidas, se unían otras que incluían la limpieza, pavimentación y alumbrado público de las calles de Madrid, la construcción de fosas sépticas y la creación de paseos y jardines- las condiciones de insalubridad e inseguridad de Madrid eran consideradas por el nuevo rey como indignas de una Corte ilustrada-. Sin embargo, algunas de ellas como la instalación de las nuevas farolas hizo subir el precio de la cera, de manera que muchos hogares vieron imposible pagar por ellas y permanecían a oscuras mientras las calles lucían con alegría.

Por si fuera poco, a Esquilache se le criticaba por su vida ostentosa, más en su mujer que en él, lo que unido a la época de estrecheces que pasaba el pueblo generaron un malestar enorme.

Algunas otras de las medidas tomadas estaban encaminadas al control de la población y, de entre ellas, más concretamente, al control del orden público. Ese fue el motivo de ordenar la modificación del vestuario al uso en España. Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de un pueblo empobrecido y harto de que medidas que consideraban oprobiosas, se las dictaran una serie de consejeros extranjeros.

La indumentaria típica, impuesta como moda pocos años antes por la guardia austriaca de Mariana de Austria, se componía entre los hombres de sombrero de ala ancha (Chambergo) y las capas largas. Aquellas ropas ocultaban el rostro y a las perfiles de las personas lo que impedía la identificación de los criminales, circunstancia que se salvaba mejor con el uso de la capa corta y el sombrero de tres picos.

El empeño de Esquilache en que se aplicara la medida unido a la ira acumulada por el pueblo, provocó el estallido de un motín, muy populoso y espontaneo, el típico motín de supervivencia del Antiguo Régimen, si bien, en este caso, influido por capas de la nobleza enfrentadas contra los italianos en la Corte. En este episodio de nuestra Historia, tuvieron especial importancia los alcaldes y golillas en el levantamiento y la permisividad en la distribución de pasquines con coplillas contra Esquilache y los italianos, siempre dejando en buen lugar al Rey, el cual quizá temió por la integridad de su Palacio en un primer momento, pero salió fortalecido del conflicto. El Motín se inicia el 23 de marzo de 1766. A pesar de ser un incidente, primigeniamente, local, madrileño, pronto se extendió a Cuenca, Zaragoza, Sevilla, Bilbao, Barcelona, La Coruña, Santander o Cádiz.

La mayor parte de los ministros del Rey, incluidos los italianos Grimaldi y Sabatini a los que el pueblo también se oponía, aconsejaron ceder, dado que, lo solicitado por los amotinados era mantener la indumentaria clásica, el control de precios, la desaparición paulatina de la guardia valona y la destitución de Esquilache.

El Rey envió a Esquilache a Italia, aunque seguía contando con su buen hacer, y, por ello, le nombró embajador de España ante la Corte veneciana.

Carlos III ordenó a Grimaldi que se hiciera cargo de restaurar el orden.

Como consecuencia del Motín, Esquilache fue sustituido por Aranda. Poco a poco la Guardia valona perdió presencia y los precios del pan se controlaron. Sin embargo, no se pararon por ello las reformas ilustradas de Carlos III, pero ahora con mayor presencia de ministros españoles. De hecho, la vestimenta se cambió, pero en vez de hacerlo por medio de una orden impuesta, Aranda, de manera más astuta que Esquilache (y quizá conociendo mejor la idiosincrasia española), dispuso que los verdugos llevaran desde entonces la capa larga y el chambergo, con lo que, la gente optó voluntariamente por sustituir la capa larga por la corta y el chambergo por el sombrero de tres picos.

LA REPÚBLICA FEDERAL ESPAÑOLA

Nuestro tema de hoy, de más actualidad de lo que debería, se encuadra históricamente, en un sentido amplio, en el llamado Sexenio Revolucionario. En un brevísimo apunte histórico, debemos señalar los acontecimientos que determinan su contexto:

Antecedentes.

  • La poca popularidad de los gobiernos de los moderados con Narváez como principal figura, unidos a la crisis económica de 1866, determinó un descontento en la población que salpicó a la Reina Isabel II y su corte de los milagros- en expresión de Valle Inclán-.
  • Los progresistas de Prim se habían unido a los demócratas por el pacto de Ostende cuya finalidad era derrocar a Isabel II.
  • La Unión Liberal, tras la muerte de O’Donnell, estaba liderada por el “General Bonito”- Serrano- y decidieron unirse a los progresistas en su intento de derrocamiento de los Borbones.

Sexenio revolucionario.

El sexenio comprendió desde el derrocamiento de Isabel II (con la revolución de 1868) a la restauración a finales de 1874.

Este periodo histórico muestra unos acontecimientos que se nos manifiestan de manera abigarrada, difícil de organizar en unas líneas coherentes, desordenado y caótico. En tan corto espacio de tiempo, pasó nuestra España de una monarquía a otra, por dos formas diferentes de república, dos constituciones, una guerra colonial, dos guerras carlistas, es decir, dos guerras civiles, y varias juntas revolucionarias.

Ideológicamente, España vivía en dos planos, de un lado, caminaba la utopía política y, de otro, se mostraba una realidad socioeconómica casi dramática, compleja y completamente alejada del pensamiento político, en una muestra de la extrema debilidad del país.

La utopía política se sustenta en cuatro basamentos:

  • Presencia activa de las clases populares de las ciudades.
  • El peso político y económico pasa de Castilla y Andalucía a Cataluña.
  • Respaldo intelectual de la llamada “generación del 68” o “demócratas de cátedra” que no eran más que un conjunto de profesores universitarios de filiación Krausista. Por ejemplo: Nicolás Salmerón; Emilio Castelar, Laureano Figuerola; Gumersindo de Azcárate… profesores que luego formarán parte de la Institución Libre de enseñanza.
  • Los partidos políticos divididos en dos grandes sectores: los cimbrios acaudillados por Nicolás Mª Rivero de filiación monárquica y los republicanos de Salmerón, José Mª Orense, Castelar… con un fuerte ideario federal que acaba agrupándolos en el partido Republicano Federal cuya cabeza más destacada, sobre todo, en el plano ideológico, fue Francisco Pi y Margall.

Aquel sexenio pasa por diversas juntas revolucionarias y un gobierno provisional a cuyo frente estaba Serrano. Es época de levantamientos populares y coloniales (alzamiento de Cuba al “grito de Yara” en 1868) y un enfrentamiento con los carlistas que alcanza su máxima extensión territorial.  Para estabilizar la situación se busca como solución una monarquía constitucional, promulgando la Constitución de 1869 y nombrando rey a Amadeo de Saboya.

El atentado que supuso el asesinato de Prim, dio al traste con todo aquello y provocó la renuncia de Amadeo de Saboya. Un amplio frente común se alineó contra él. No sólo los alfonsinos, cosa que entraba en la lógica de las cosas, sino que los progresistas se unieron a los carlistas frente al nuevo monarca y los republicanos radicales se separaron del bloque que apoyaba a Amadeo para enfrentarse también a él.

El republicanismo no tenía una posición común, las disensiones se mostraron desde el principio. En este sentido, fueron los republicanos intransigentes (el ala más radical del republicanismo) los que llevaron mayor inestabilidad al nuevo régimen. Hennesy ha hecho una descripción de estos “intransigentes”: ”Eran los revolucionarios profesionales, periodistas, malhumorados y frustrados buscadores de empleo que vieron en los Clubs radicales y en el desempleo de la capital, el medio de contrapesar la tradicional debilidad del partido en Madrid y, en la explotación del descontento social, la forma de forzar la mano de la cauta jefatura oficial… como optimistas que eran, prometían todo cuanto pudiera servir para  compensar el apoyo de las masas y, menos cohibidos que los benevolentes- los republicanos moderados-, ofrecía reformas sociales en las que no tenían verdadero interés, trabajando en la organización conspiratoria, confiaban conseguir sus fines por medio de la organización secreta, pero incapaces de aprender de sus errores pasados, continuaron asiéndose al mito de la revolución espontánea”[1].

El fracaso del plan insurreccional de los intransigentes entre octubre-diciembre de 1872, refuerza a Pi y Margall, que logra enderezar la situación republicana para dar la dirección al sector benevolente frente a los intransigentes.

Con todo, Amadeo de Saboya harto de tanto caos decide abdicar y volver a Italia. El mismo día de su marcha- el 11 de febrero de 1873-, el Congreso y el Senado reunidos conjuntamente en Asamblea Nacional proclaman la 1ª República.

En esta convocatoria encontramos uno de los primeros tropiezos, uno entre muchos que vendrán, de la 1ª República: aquella convocatoria de Asamblea Nacional era ilegal, porque el art 47 de la Constitución prohibía expresamente la deliberación conjunta del Congreso y del Senado. Asimismo, la abdicación de Amadeo de Saboya debió hacerse mediante Ley, lo que tampoco ocurrió. La República llegó con una revolución y se estrenó con una ilegalidad. Era algo premonitorio de lo que se podía esperar de aquel régimen.

La historiografía suele considerar que la misma no fue una única república, sino dos:

  • Entre el 11 de febrero de 1873 y el 3 de enero de 1874, la propiamente federal. Termina con el golpe de estado de Pavía.
  • El resto de 1874. Bajo la jefatura de Serrano. La República se convirtió en un régimen autoritario. Termina con el levantamiento de Martínez Campos en Sagunto y la proclamación de la Restauración

En este hilo nos vamos a referir esencialmente, a la primera parte. Aquella en la que, a decir de Payne, “el País se enfrenta a un caos absoluto”. En menos de un año hubo 4 presidentes: Figueras, el cual solía decir que “Yo no mando ni en mi casa”. Desconocemos su posición en su hogar, pero en el País, la afirmación era cierta. Cuando muere su mujer, huye a Francia y no quiere saber nada más de la República española.

Le sucede Pi y Margall, al cual Ortega y Gasset describe como: “hombre excelente, pero de dotes escasísimas, se nutría de los ridículos desplantes de ascetismo a que solía entregarse”. Durante la Presidencia de Pi, España llega al borde de la desintegración.[2]

Veamos cómo se desarrolla la República con los dos primeros presidentes antes de conocer las acciones de los dos últimos.

La República en este primer año nace bajo el auspicio intelectual de Pi, defensor a ultranza del federalismo y, por ello, intenta imponer un sistema federal “de arriba abajo”, es decir, una imposición desde las élites hacia el pueblo.

En un primer momento no se proclamó la República federal. El primer gobierno contó con Figueras como Presidente, Pi y Margal en Gobernación, Nicolás Salmerón en Gracia y Justicia y 4 ministros radicales. A los pocos días hubo un reajuste de Gobierno y los radicales salen del mismo, salvo en Guerra y Marina donde conservan la cartera por poco tiempo. Se empiezan a fraguar así una doble oposición, de un lado, los miembros del Partido Radical. Estos estaban dirigidos por Cristino Martos y apoyados por el General Pavía. En segundo término, por los republicanos intransigentes, impacientes por la instauración de la república federal.

La República española sólo fue reconocida en el ámbito internacional por Estados Unidos y Suiza.

En esta primera etapa, con Figueras en la presidencia, se hacen las siguientes concesiones a los intransigentes buscando su integración, cosa que no se consigue:

  • Supresión del impuesto de consumo.
  • Supresión de las quintas
  • Reorganización de las milicias a base de voluntarios. A los que pagaban 2 pesetas diarias.
  • Se intenta suspender el ejército acabando con las ordenanzas militares (lo que se consigue es una relajación absoluta de la disciplina).
  • Eliminación de los títulos nobiliarios.
  • Supresión de la esclavitud en Cuba y Puerto Rico.

La situación financiera era gravísima. En 1873 dejan de pagarse los intereses de la deuda. El dinero huye de la República por su inestabilidad. En Cataluña, se proclama, en tres ocasiones, el estado catalán (el 12 y el 21 de febrero y el 8 de marzo). Intentando contentar a los nacionalistas, se hicieron nuevas concesiones, como, por ejemplo, la disolución del Cuerpo de Regulares del ejército en Cataluña. Con lo que la región quedó a merced del carlismo en armas.

Asimismo, en Cuba, la primera guerra insurreccional se agravó en estos momentos aprovechando el desconcierto en el gobierno nacional.

En resumen, aún no se habían convocado elecciones constituyentes para aprobar una constitución federal y ya la situación era de un caos absoluto. Tanto que los radicales intentaron un golpe de estado que fracasa el 23 de abril. Las elecciones se celebraron entre el 10 y el 13 de mayo. Se constituyeron el 1 de junio de 1873. Hasta esa fecha en las Cortes se trabajaba en Comisión permanente que fue un auténtico despropósito. Tampoco las elecciones resultaron brillantes en su ejecución al haberse abstenido el 61% de la población llamada al voto.

El Partido Republicano Federal se dividió en tres alas:

  1. La de Castelar, Salmerón y los llamados benévolos.
  2. La de Pi y Margall apoyada por los intransigentes y algunos benévolos fluctuantes como J.M Orense.
  3. Los intransigentes extremistas.

En la primera reunión de las Cortes, Figueras presenta su renuncia. Pi y Margall se hace cargo de la Presidencia el 8 de junio. El día 11, tras considerables tumultos, consigue formar gobierno. El cual estaba formado por personajes de segunda fila, nadie importante aceptó los puestos ofrecidos y para poder jurar tuvieron que ir escoltados por un piquete de la guardia civil. El día 13 de junio, Pi realiza el discurso programático en las Cortes cuyo contenido no se llevó a la práctica. Prometía: constitución federal; separación Iglesia-Estado; reformas militares y fiscales; reformas sociales (jurados mixtos, reglamentación del trabajo infantil y femenino; desamortización…).

El día 21 de junio, tuvo la primera crisis de gobierno ocasionado por la sublevación cantonal y su falta de capacidad para hacer frente a tal situación. Los intransigentes forman el Comité Central de Salvación Pública, que plantea el levantamiento cantonal en provincias y ciudades, recogiendo así las posiciones de la izquierda más extrema que en España siempre fue anarquista. Cartagena inició la sublevación el 12 de julio en lo que Ricardo de la Cierva ha calificado como “la tragicomedia huertana”. El 18 de julio el movimiento cantonalista se había extendido a: Valencia, Málaga, Sevilla, Almansa. Y poco después a Granada, Castellón, Ávila, Salamanca, Bailén, Andújar, Algeciras, Toro, Béjar, Écija, Sanlúcar de Barrameda y otros lugares donde el cantón duró breves horas. No en todas partes el cantonalismo responde al mismo principio, así, en Valencia es un movimiento regionalista burgués; otros tienen tintes internacionales: Cartagena donde el 21 de julio el Gobierno central declara piratas a la escuadra cantonal cartagenera, la cual había detenido a unas naves alemanas. En Granada, se trata de la imposición de un caciquillo del lugar. Otros son promovidos por los obreros con poco idealismo intelectual y mucho odio de clase. Su ideología consistió en matar al que no pensaba igual que ellos. En ocasiones se enfrentaron diversas facciones cantonales entre sí.

En semejante barullo, Pi y Margall, poco antes de dimitir como Presidente de la República, circunstancia que acaeció el 18 de julio, envió al General Ripoll a sitiar Córdoba con 2.000 hombres, pero con la orden de que “no fueran en son de guerra. [Debían emplear] ante todo, la persuasión y el consejo”. Es decir, lo que hoy diríamos, que fueran a dialogar con los insurrectos. Maragall intentó desarmar políticamente a los levantiscos y lo hizo después de declarar que no derramaría sangre de los insurrectos y que la solución para el arriscado cantón de Cartagena era: ”No hay más que dos caminos, o la política de resistencia o la de concesiones. Yo declaro desde el banco del gobierno que soy partidario, para mis correligionarios levantados en Cartagena y en cuantos puntos puedan levantarse, de la política de concesiones”[3]

Tras su dimisión, comienza la acción de los dos últimos presidentes.

Sucedió a Pi y Margall, Nicolás Salmerón que llega a la presidencia el 20 de julio. No le quedó más remedio que reorganizar el ejército para restablecer el orden en España. El antimilitarismo de Pi y la relajación de la disciplina habían inutilizado al ejército. Salmerón tuvo que renovar la cúpula militar y encargó los principales mandos a generales monárquicos, como Arsenio Martínez Campos o a generales de tendencia radical, como Pavía.

Con la excusa de no querer firmar unas condenas a muerte, Salmerón dimite el 7 de septiembre de 1873. Tras su dimisión es nombrado Presidente de las Cortes y desde ese puesto se dedicó a torpedear la acción del último presidente.

En el ámbito militar, con pocas tropas, Martínez- Campos, logró sofocar el cantonalismo en menos de un mes, salvo el cantón cartagenero que duró hasta el 11 de enero de 1874. En este último, su líder, Antonio Gálvez Arce (Antonete) había ocupado, con el ejército cantonal, Orihuela el 31 de julio. El 10 de agosto, el General Salcedo lo derrota en chinchilla y Martínez-Campos lo sitia en Cartagena. Del 26 de noviembre al 9 de diciembre se sometió la ciudad a un bombardeo continuo y el 3 de enero a otro. La Junta Soberana de Salvación Pública de Cartagena, bajo la presidencia de Roque Barcia, decide capitular el 11 de enero.

Para comprender hasta dónde se había llegado durante la presidencia de Pi y Margall, el gobierno de Salmerón publicó en la prensa, con especial interés en la catalana, la necesidad de que los ciudadanos devolvieran las armas. Así el diario “independiente” a finales de agosto publicó: “Voluntarios de la república, primer batallón del segundo distrito, se intima a todos los individuos que pertenezcan al batallón y que al desertar lo hicieron con armas, equipo y vestuario pertenecientes al mismo, procedan a su devolución dentro del improrrogable plazo de 2 días”.

El 7 de septiembre, tras la dimisión de Salmerón es elegido Presidente de la República Emilio Castelar. Se inicia así la llamada “República conservadora de Castelar”.

El programa de Castelar podría sintetizarse así:

  • Reconstrucción de la unidad nacional.
  • Dar entrada a la mayoría (que no era republicana)
  • Revocación de la licencia de armas a los paisanos.
  • Suspensión de algunas libertades de manera temporal hasta restablecer el orden.
  • Robustecer el ejercito
  • Captar fondos para las exiguas arcas públicas.
  • Distensión de las tensas relaciones Iglesia-estado.

Pero, en el primer debate en que sometió a votación su programa, Castelar fue derrotado el 3 de enero de 1834 y cuando las Cortes se disponía a elegir de nuevo Presidente, la general Pavía entró en el Congreso a Caballo, dando un golpe de Estado y terminado con la Republica Federal Española, si bien no con al 1ª República, pues republicano fue el régimen totalitario que dirigió Serrano acto seguido, y que duró el resto del año 1874. En lo que sería la segunda parte de la primera República.

El General Serrano formó un gobierno con todas las fuerzas no republicanas federalistas. En esas filas se encontraban también partidarios de la restauración Borbónica.

Entre los objetivos del gobierno estaban el acabar con la revolución cantonal y con la tercera guerra carlista. En este último sentido cabe hacer una pequeña mención a la incapacidad carlista de hacerse con el poder durante aquel año. Se empeñaron en lograr el éxito sólo por medio de la guerra, sin utilizar los factores que la crisis política les daba.

El autoritarismo de Serrano se justificó en la posibilidad de que de seguir los federalistas en el poder la desmembración de España tenía muchas posibilidades de acontecer. Asímismo, señalaron que para evitar los enfrentamientos que habían acabado con Castelar en el gobierno, no se convocarían Cortes. Así, los poderes de Serrano no tenían límite institucional alguno. La instauración de la dictadura no encontró oposición salvo un ligero enfrenamiento en Barcelona, donde se declaró la huelga general. Realmente Serrano dudaba entre ser el que ofreciera el retorno a los borbones o ejercer él todo el poder, pero internamente ya había optado por la segunda situación.

Antonio Cánovas del Castillo identificó el régimen de Serrano con el del general Mac Mahon en Francia, que se hizo con el poder tras la caída de Napoleón III e impidió la restauración monárquica en el país vecino. Tras no pocos encontronazos políticos, alianzas fallidas, traiciones variadas…, el 1 de diciembre Cánovas publica el manifiesto de Sandhurst, escrito por él y firmado por el príncipe Alfonso. Con él buscaba apoyos entre los liberales a la causa borbónica. Se trataba de la culminación del proyecto de Cánovas que no era otro que inclinar la opinión pública hacia la causa Alfonsina, pero con paciencia y perseverancia, sin asonadas militares. Sin embargo, el pronunciamiento de Sagunto el 29 de diciembre de 1874 por parte de Arsenio Martínez Campos, en contra de la opinión de Cánovas, precipitó los acontecimientos

El 31 de diciembre de 1874, se formó el llamado Ministerio-Regencia presidido por Cánovas a la espera de que el príncipe Alfonso regresara a España. Se inicia la Restauración.

BIBLIOGRAFÍA

José Mº Jover Zamora. “Realidad y mito de la Primera República”. Ed Austral. 1991.

C.A.M. Hennessy. “La República Federal en España. Pi y Margall y el movimiento republicano federal 1868-1874”. 1966

Ricardo de la Cierva. “Historia básica de la España actual” (1800-1973) Ed. Planeta. 1974.

Vicente Palacio Atard. “La España del S. XIX” Ed. Espasa Calpe. 1978

Ubieto, Reglá, Jover y Seco. “Introducción a la historia de España”. Ed. Teide. 1986.

[1]C.A:M. Hennessy. “ La República Federal en España. Pi y Margall y el movimiento republicano federal 1868-1874”. Mad. 1966

[2]Citas logradas en la “Historia Básica de la España actual (1800-1973” de Ricardo de la Cierva. Ed. Planeta. 1974

[3]Cita del diario de Sesiones recogida en el Libro de Ricardo de la Cierva anteriormente citado.

LOS FELICES AÑOS 20

Se suelen denominar como “felices años 20” a los años que van desde 1922 hasta 1929 y, más concretamente, a esos años en Estados Unidos; si bien Europa vivió parte de su influjo.

Realmente, la sociedad occidental, recuperada de la I Guerra Mundial (IGM), decide vivir la vida con alegría y cierto desenfreno. Era la manifestación de la necesidad social, psicológica y sociológica de recuperar el optimismo tras la dura contienda. Respondía más a un criterio de esperanza que a una razón bien fundamentada de prosperidad. Veremos algunos aspectos destacados de la época.

El crecimiento económico fue la causa primera de aquel optimismo. Ese auge en EE.UU fue fulgurante gracias a no haber sufrido en su territorio los bombardeos de la IGM; por saber imponer sus productos en el mercado mundial frente a la derruida Europa; por la rápida transformación de su industria de guerra en una industria floreciente al servicio de la sociedad civil… Por otro lado, la prosperidad europea era relativa; su crecimiento era menor porcentualmente que antes de la IGM. Pero esta distribución era diferente según el país analizado: el centro y norte de Europa se desarrolló con más celeridad que el este y el sur. Algunas industrias ( la inglesa, por ejemplo) se beneficiaron de la caída de los precios de los alimentos, si bien dejó el primer puesto productivo mundial a EE.UU. Alemania sufría los estragos de la derrota y las perdidas territoriales de Alsacia y Lorena, así como una inflación galopante. Francia se vio envuelta por un bloqueo económico al haber puesto todas sus esperanzas de bienestar en los resarcimientos de guerra que debía Alemania….

La economía fluctuaba rápidamente. Con carácter general, tras un movimiento alcista entre 1919 y 1920, llegó la crisis del 21 que se recuperó, en las zonas prosperas, en 1922 y alcanzó jovialmente 1929, salvo algún altibajo en 1924 y 1927. En Europa, la recuperación fue más patente tras los tratados de Lorcano. ( ver el inicio de la crisis del 29 publicada en este blog https://algodehistoria.home.blog/2019/10/18/la-crisis-del-29/

En EE.UU, la recuperación económica contribuyó a la mejora de las condiciones laborales de las personas que trabajaban en la industria y los servicios y, en menor medida, en la agricultura. Los mejores sueldos permitían a nuevas capas de la sociedad acudir al crédito y adquirir bienes que antes les estaban vedados. La industria del automóvil fue uno de los mejores ejemplos de esa prosperidad. La innovación llegó a la industria y alcanzó a todos los sectores.  Se emplearon nuevas fuentes de energía (electricidad, petróleo); se desarrollaron nuevos medios de transporte, sobre todo, en el campo de la aeronáutica; aparecieron nuevas formas de organización del trabajo; se concentraron grandes capitales en torno a las grandes corporaciones; esos mismos holdings demandaron sedes más impresionantes, lo que fomentó la construcción de rascacielos que, a su vez, generaron beneficios económicos en USA. En América la tasa de desempleados descendió a niveles nunca antes conocidos.

La América adinerada y suntuosa era un escaparate de posibilidades de enriquecimientos a ojos de todo el mundo. Parecía que allí con el sólo esfuerzo individual unido a las libertades que proporcionaba el país se lograba el éxito. Se convertía de ese modo en la meta ideal para el que quería hacer fortuna; lo que atrajo hacia USA a un enorme número de inmigrantes, sobre todo, europeos movidos por las pocas opciones de trabajo y prosperidad que ofrecía el viejo continente, especialmente para irlandeses, alemanes, polacos e italianos. Las largas colas y las cuarentenas en la isla de Ellis era la imagen de la época. Esos inmigrantes,con lenguas, costumbres y valores diferentes a los americanos y, sobre todo, su hacinamiento en los barrios más pobres de las ciudades generó un rechazo entre los sectores más puritanos de la sociedad americana que se aferraban al modelo blanco, anglosajón y protestante.

El gobierno del Presidente Harding estableció una restrictiva política anti-inmigración, con leyes específicas en 1921, sobre todo, contra la entrada en el país de ciudadanos orientales, especialmente, chinos y también de los europeos del sur (italianos, griegos, serbios) a los que unió a turcos y judíos. Aquellas leyes se vieron completadas por el gobierno siguiente con la Inmigración Act” de 1924.

Desde aquella estricta mentalidad puritana, aquel rechazo a los extranjeros les culpaba de la degeneración de las costumbres y, en concreto, con la ingesta abusiva de alcohol. El gobierno prohibió su consumo, fabricación y venta («Ley Seca»), fomentando con ello el contrabando y el tráfico ilegal por medio de bandas organizadas de gánsteres que ejercieron el control del mercado negro.

También, como consecuencia del desarrollo económico, se produce una evolución del sistema educativo hasta alcanzar a mayores capas de población, siendo especialmente importante la incorporación de la mujer a todos los niveles de enseñanza. Como siempre, la diferencia entre países era abrumadora. Holanda casi consiguió acabar con el analfabetismo mientras en Rumanía, por ejemplo, este se extendía entre amplias capas de la población, destacadamente en los sectores femeninos. Sin embargo, cuando se analizan los niveles universitarios, las diferencias entre países son mucho menores.

En esta década se logran el sufragio universal o cuasi universal masculino en aquellos sitios del mundo occidental en los que aún no existía; y el femenino en algunos países: USA, Gran Bretaña, Alemania y algunas colonias británicas con mayor grado de autonomías, en concreto, las de Oceanía…

Si bien, como hemos dicho, el desarrollo económico que impregnó de optimismo a abundantes capas de la población americana, no se vio acompañada por igual en Europa, sin embargo, el gran centro de la vanguardia cultural fue París. Aquel optimismo se expresaba de manera desbordada, identificándolo con una forma frívola de vivir, llena de hedonismo, huyendo de la realidad, fijándose solo en los detalles y no en la auténtica realidad histórica. Este aspecto se revelaba en todo tipo de artes y manifestaciones culturales. Veamos algunas de ellas:

Moda. La tendencia educativa y la presencia de las mujeres en las fábricas durante la IGM había abierto un número importante de posibilidades para el sector femenino que tendía a su liberación, siendo el mejor escaparate de ello la moda: las faldas se acortan para dejar ver las piernas más arriba del tobillo, incluso al nivel de la rodilla y que se lucen con medias con costura en la parte trasera o con dibujos.Las ropas mañaneras se caracterizan por los complementos: sombreros, guantes, broches, joyas y una tendencia unisex en esa búsqueda de equiparación con el hombre por lo que se masculiniza el estilo con vestidos holgados de talle bajo, sin marcar las formas femeninas, los trajes sastres con chaqueta y chaleco estilo masculino, los abrigos con cuello y puños con piel. Por la noche, las ganas de fiesta se incrementan y la moda se hace más sofisticada y lujosa: collares, plumas,  estolas de marabú, lentejuelas, los lazos, las flores, gasas, sedas, plisados, escotes en V… diademas, ondas en el pelo, el color rubio platino, los cortes tipo Bob…La publicidad no paraba de anunciar productos y la moda se convirtió en un mercado fascinante que movía millones.

En literatura, F. Scott Fitzgerald mostró como nadie lo que fueron aquellos años en su novela “El gran Gatsby” ( 1925). En este contexto, no es extraño que surja el surrealismo, André Bretón, padre de este movimiento marca la tendencia de las vanguardias francesas que fueron de las más importantes en representar una personalidad propia frente al mayor populismo americano, pero también influye al otro lado del charco. En USA lo más destacado, además del gran Fitzgerald, fue la llamada “generación perdida”. Un grupo de excombatientes y autores se resistían a adoptar el optimismo generalizado; destacan figuras como Faulkner, Ernest Hemingway o Pound. Otra excepción es Alemania, donde surge la “nueva objetividad”, basada en enfatizar el realismo hasta destacar lo feo por encima de otra verdad, una forma de distorsionar la realidad para llamar la atención sobre ella. También se da en Alemania una renovación del teatro: Bertolt Brecht, Döblin y Hesse.

Otro elemento característico de la literatura del momento es el despegue de la ciencia ficción que más tarde pasará al cine alcanzando un enorme desarrollo posterior.

En España, destaca la Generación del 27 que combinó el surrealismo con las vanguardias y la tradición lírica. A ellos se unen en Hispanoamérica Borges o Pablo Neruda.

Los medios de comunicación se multiplicaron, fue época de gran esplendor de la prensa, especialmente los grandes diarios y las revistas especializadas. La radio se expandió y sus ondas fueron el mejor instrumento de información y también de publicidad.

El cine pasó del mudo al sonoro. En USA tuvo un éxito arrollador, por su precio y por no dominar los inmigrantes el idioma inglés, muchos medios culturales  (prensa, teatro) estaban vedados a los extranjeros, eso fomentó el desarrollo del cine hablado, en otra muestra de búsqueda de aquella exclusividad anglosajona que señalábamos párrafos anteriores. La primera película que logró sincronizar el sonido con las imágenes se proyectó en Nueva York en 1927, se trataba de “el Cantante de Jazz”.

Entre las zonas más favorables para el rodaje destacó un poblado deshabitado llamado Hollywood. Las posibilidades de negocio hicieron que los productores asentados en Nueva York se trasladaran a California y que los grandes estudios crecieran alrededor de aquella zona. Nació la Meca del Cine y el “star-system” o lo que es lo mismo, un sistema de contratación de actores en exclusiva y a largo plazo con lo que se controlaban sus carreras, se hacía publicidad de las películas y de los actores como si se tratara de cualquier otro producto. A su vera crecen muchas de las manifestaciones culturales como negocio: moda, joyería, música…

En Europa, el cine alcanzó gran popularidad; se crearon obras maestras en torno a los movimientos expresionistas y surrealista. De este último, el máximo exponente fue “un perro andaluz” de Luis Buñuel (1929).

En música, los ritmos sincopados del hot y del Swing causaban furor. El Jazz continúa siendo la música más escuchada del momento. Duke Ellington, Louis Armstrong …Las grandes orquestas sinfónicas todavía tienen mucha popularidad. Las óperas y los compositores más conocidos crean fabulosas composiciones aún en estos años: Debussy, Strauss, Ravel, Mahler, Puccini… En el plano más popular, se fomentan los cabarets y las salas de baile. El charlestón es uno de los bailes más representativos de esta época. Extravagante como pocos, esta variedad del foxtrot representa mejor que ninguna el entusiasmo y alegría de la época.

Incluso en España, la moda y música de los años 20 se dejaron ver con alegría. Famosísimo fue el charlestón titulado “ Madre, cómprame un negro”, compuesto en 1928 por Ángel Ortiz de Villajos y cuya letra sería difícil que se pudiera escribir hoy sin causar un escándalo.

https://www.youtube.com/watch?v=ivo83Y8m6YE

En la pintura, la vanguardia se situaba en París, donde un nutrido grupo de jóvenes prometedores como Picasso, Modigliani, Man Ray, Matisse, Miró, Dali (el máximo representante del surrealismo), apostaban por una técnica y estilo nuevo que rompía la tradición.  Dentro de esas vanguardias destaca la “abstracción geométrica” siendo su precursor Wassily Kandisky, quien abandona conscientemente la figuración, para mostrar su expresividad a través de la armonía de la forma y el color. En esa misma línea, se encuentra Mondrian.

En la misma época, pero con menos ganas de frivolidad y alegría se desarrollo el “Realismo socialista” en Rusia a mayor gloria del nuevo régimen nacido tras la revolución.

Pero, si hay un movimiento artístico que sea el auténtico reflejo y compendio de los felices 20 fue el Art Decó.Desarrollado en París y más tarde cultivado en Hollywood como el estilo de las estrellas, fue durante años el símbolo del glamour. Su origen se encuentra en la Exposición Universal de 1900 en París, sin embargo, su explosión se dio en el período de entreguerras y unió a todas las artes (decorativas, gráficas, arquitectura, joyería, escultura, pintura, cine, cristalería, cerámica, moda…) en una amalgama de difícil definición que engloba desde gigantescos rascacielos a pequeños objetos; desde la ropa a la carpintería; desde la estatuilla del Oscar de Hollywood a un maravillo cuadro de Tamara de Lempicka, pasando por las ilustraciones, en España, del gran Rafael Penagos, protagonizadas por una nueva mujer, que pasaría a definirse como la “mujer Penagos” o la revolución de los patrones de Chanel o la  apuesta en joyería por los diamantes y las perlas…

El estilo Art Decó parte de líneas sobrias, con materiales preferentemente de origen industrial (acero, aluminio). Con la simetría como referente, la geometría como inspiración de cada elemento. El colorido en bloque, alegre y fuerte, directamente aplicado, sin mezclas, superando el dibujo, con apariencia de espontaneidad.  Es la simplicidad aparente, pero plena del adorno lujoso muestra del desarrollo burgués; el brillo exagerado frente a las restricciones de la IGM.

En suma, el art decó se caracteriza por su heterogeneidad y eclecticismo, como señala el diccionario de arte de Cambridge. Esa variedad y aparente falta de unidad de criterio permitió alcanzar dimensiones universales; en casi todos los países hay manifestaciones de art decó que a su vez se vio influido por el arte egipcio, el chino, japonés, por el ballet ruso o las formas hindúes… también adquiere elementos del Art Nouveau, del fauvismo…

El art déco representó el entusiasmo y la alegría de una época y de una sociedad en cambio, con ganas de disfrutar de su opulencia económica. Fue el reflejo de un cambio radical de la sociedad cuyo origen estaba en la revolución industrial, los avances sociales, las mejoras laborales y el cambio cultural anejo. Sin embargo, siendo el reflejo de una época concreta, ha influido, como casi ningún otro estilo, en las manifestaciones artísticas del futuro.

Esto fueron los felices años 20 del siglo XX. También lo fueron en España. Allí vivimos años de prosperidad económica tras nuestra neutralidad en la IGM y a pesar de la guerra de Marruecos. Fue la España de los mejores años de Alfonso XIII y aunque sufrimos la dictadura de Primo de Rivera que anticipaba una segunda República descontrolada, caótica y sangrienta, en aquella década construimos la mejor red de carreteras que nunca tuvimos y que fueron reconocidas como las mejores de Europa; la del desarrollo del ferrocarril; la de la Exposición Universal del 29; la de la expansión de la industria y el comercio; la de la confianza y la alegría; la que empezaba a tener importancia y prestigio fuera de nuestras fronteras. Aquella España que quedó aniquilada por el extremismo, la intolerancia, la persecución, el nacionalismo exacerbado de la II República y el enfrentamiento en la más incivil de las acciones, una guerra civil.

Ahora iniciamos otra década de los 20. A ver si conseguimos ir por la senda alegre y sin los errores de aquella que se inició hace cien años. Feliz año a todos.

 

 

La Escuela de Salamanca- y 2

  • ¿Cuáles fueron los principales problemas consultados a la Universidad de Salamanca?

Realmente, las consultas abarcaban toda la actividad social del momento, sobre todo, aquellos aspectos que incluían algún tipo de novedad: cartógrafos y geógrafos para bordear América; cálculos matemáticos para la realización de los viajes hacia las “Indias”; matemáticos, astrónomos o juristas para fijar la adscripción de las islas Molucas a España o Portugal; juristas para determinar las fronteras o poder internacional y nacional de los reyes; filósofos y teólogos para conocer los derechos de los indios, teólogos que acabaron dando lugar a los primeros economistas para atender al valor de los metales venidos de América, la usura y la legalidad del préstamo, teólogos y moralistas para determinar la legalidad del divorcio de Enrique VIII … hasta la gramática de Nebrija tuvo su lugar.

No podemos hacer un estudio detallado de todas las aportaciones que realizó la Escuela de Salamanca en todos los campos, pero si destacaremos algunas de ellas:

Empezaremos por los debates en torno a la cuestión indígena llamada de los justos títulos o polémica de los naturales. Se trataba de discernir las disputas entre los gobernadores y Bartolomé de las Casas. Fue el padre Vitoria sobre el que recayó el estudio de los derechos de los indios en América, dando lugar a su obra “De indis” en la que expresó su postura sobre diversos excesos cometidos en los primeros años de asentamiento español en América. Afirma que los indios son iguales en derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Gracias a él, las ideas y posiciones de fray Bartolomé de las Casas tomaron un tono más mesurado, fueron escuchadas y con ellas nacieron las Leyes de indias. Los indios fueron considerados seres libres y estaban bajo la protección directa de la Corona. Después de su muerte, varios de los discípulos de Vitoria: Cano, Soto, Carranza, Covarrubiasformaron parte de  una comisión de teólogos que se reunió en Valladolid entre 1550-1551 (Junta de Valladolid), en la que establecieron cuáles eran Justos Títulos[1]para la conquista de América y cuáles injustos, en la llamada polémica de los naturales. Todo esto hace al Padre Vitoria uno de los precursores de los Derechos Humanos.- Sobre este asunto haremos un hilo en fecha próxima-.

Vitoria y Molina, realzan el valor de la persona haciendo hincapié en los derechos que le otorga la naturaleza, que están por encima de cualquier otro derecho. Ese derecho natural obliga a tener un respeto por cada persona, individualmente considerada, dejarla en libertad, no condicionarla, no esclavizarla. Un derecho a ser libres de las influencias de los demás, lo que obliga al respeto al otro y a la libertad del otro. Un respeto de libertad individual en sociedad.

Estas cuestiones permitieron al Padre Vitoria estudiar y establecer los términos de la “guerra justa” y del “Ius Gentium”, es decir el germen del derecho internacional. Sobre ambos temas, íntimamente relacionados en su obra, opina que esta noción casi nunca se aplica a los conflictos armados. Con Suarez coincide en que la guerra justa es un deber. Ningún Estado tiene derecho a suicidarse. El arbitraje es conveniente, pero no obligatorio. Deduce del derecho natural las consecuencias más liberales para las relaciones políticas y económicas entre todos los hombres. Cada persona tiene derecho, en el lugar en el que se establezca, a las mismas prerrogativas que los ciudadanos de ese país. Cabe, incluso, pensar que “el mundo es, en cierto sentido, una sola República”. Pero no existe, como derecho, ninguna limitación a la autonomía del Estado: no existe arbitraje de una autoridad internacional por encima de esas” comunidades perfectas” que son los Estados. Incluso los bárbaros (los indios) tenían antes de la conquista una soberanía. La colonización puede ser legítima, pero a condición de ser” su única preocupación el bien y la prosperidad de los indígenas, y no el provecho de los españoles”.

Rechaza toda separación entre el soberano y su comunidad, subraya la cohesión del Estado y da un sentido más moderno a la aceptación cristiana de poder establecido. Vitoria es el teórico de un mundo dividido, en el que los Estados afirman duramente su independencia.

La doctrina de Vitoria se vio refrendada posteriormente por Suarez. La principal originalidad del jesuita consiste en vincular el derecho de gentes al derecho natural, aunque no cree que haya existido nunca una soberanía internacional. Las obligaciones del derecho natural tienen una valor absoluto e invariable. Mientras que el derecho de gentes se concebía con un carácter flexible, basado en la convención y la costumbre, que obliga en cuanto es objeto de un acuerdo general y que evoluciona como todas las opiniones. Por tanto, ningún acuerdo internacional puede imponerse a las soberanías nacionales. Sin embargo, Suarez, por primera vez sí se postula partidario de la solidaridad internacional por cuanto que la humanidad “aun dividida en pueblos y Estados diversos, conserva, sin embargo, una cierta unidad, no sólo específica, sino también cuasi política y moral” que engloba a todos los hombres sin distinción.

También se discutió ampliamente sobre la monarquía. Para Vitoria, el Estado y la sociedad son de derecho natural. No puede concebirse a la humanidad sin organización social y sin orden político; fuera de toda misión espiritual tienen como misión el bien común. De aquí se deriva que ningún régimen puede pretender ser más que otro de derecho divino. Vitoria es monárquico, pero por razones de experiencia. La monarquía así considerada no se encuentra por encima de las leyes, las cuales para ser justas deben responder al interés general, estando la ley humana subordinada siempre a la ley divina. Vitoria parece fijar así límites al poder real; pero, reprueba a “los hombres corrompidos de orgullo y de ambición que se alzan contra sus príncipes”.

La teoría de la deposición del rey hereje por orden papal fue defendida por Luis Molina. La República Cristina concebida por estos autores como la forma de Estados distintos y soberanos hace que los jesuitas defiendan que la soberaníapertenece al pueblo, aunque casi nunca desarrollen la idea para acabar siempre restableciendo la superioridad del orden monárquico. Juan de Mariana la acaba defendiendo con cierto vigor. Afianza, además, el poder del Papa frente a esos monarcas, incluso el poder de los obispos. La idea del rey como punto de unión de los Estados de cierta extensión, se beneficia del reforzamiento de sentimiento nacional.

Es el mundo de la reforma y la contrarreforma por eso, frente a estas teorías papistas está la de la Iglesia como obediente al rey que se da en Inglaterra, con cierta dureza en sus manifestaciones por herencia conceptual de Enrique VIII.

Se aprecia en ese momento histórico una clara vinculación entre teología y política que fue rechazada por Althusius, Bodín e incluso Maquiavelo. Era la culminación de la Reforma. Mientras Suarezexpresa la continuidad del pensamiento católico.

Para Suarez el Estado separa el campo del derecho público y del derecho privado. El Estado existía con anterioridad al pecado original. Lo que coloca a la comunidad civil en el plano de la naturaleza. Aunque el Estado tiene la unidad de una persona, de un cuerpo, no por ello integra a sus miembros a la manera de un organismo vivo, biológico, ya que engloba a seres conscientes y libres. Es un cuerpo místico hecho de necesidad y de libertad. No tienen más fin que el material del bien común. A la cabeza del Estado se establece una autoridad suprema.

La potestad política de hacer la ley, tiene el carácter absoluto de la Soberanía. En virtud de la libertad de nacimiento de cada persona, corresponde al conjunto de los hombres y no a uno sólo, hacer esa ley, esta es la gran diferencia con Molina, para Luis de Molina la soberanía es la suma de las soberanías individuales, no es un todo único y compacto. Con Suarez quedan establecidas así, la soberanía popular y la libertad de cada comunidad política de elegir su régimen de referencia. El hecho de la soberanía es el derecho natural, pero “su determinación en un cierto modo de autoridad y de gobierno depende de la libertad humana”. Suarezno duda en que la monarquía sea el sistema de gobierno más eficaz, pero llega a esa conclusión tras señalar que la comunidad de ciudadanos es libre para escoger el régimen en el momento de la fundación del Estado, pero una vez elegido no puede modificarlo. Para Suarez la monarquía es una institución humana, pero una vez que reinan legítimamente, son “ministros de Dios”. La soberanía es absoluta, pero con ciertos límites. El fundamental es el hecho de que la soberanía está limitada a la ley justa.

Por otro lado, diferencia entre el poder espiritual y el temporal.El poder eclesiástico tiene sobre el poder civil toda la superioridad del espíritu sobre la materia, del derecho divino positivo y sobrenatural sobre el derecho natural. El Papa es superior “no sólo a la persona del rey, sino incluso a su poder temporal, aunque soberano”. Puede dirigir e incluso deponer a los reyes para lograr los fines espirituales de la Iglesia.

En estos aspectos las obras de los profesores de Salamanca, muy especialmente las de Vitoria y Suarez influyeron decisivamente y se vieron influenciados a su vez por las de Bodín, Althusius. Por su parte Leibniz, Grocio, pufendorf, Schopenhauer y Heidegger citan a Suarez y, en ocasiones a Vitoria y a otros autores de la Escuela como fuente de inspiración.

El derecho matrimonial y el divorcio.  “Un nuevo y grave problema religioso y político se suscitó cuando el rey inglés Enrique VIII quiso divorciarse de la princesa española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, dando principio en este conflicto al nacimiento del anglicanismo. En tales circunstancias, las cuestiones sacramentales se mezclaron con el derecho y derivaron en negociaciones internacionales y dictámenes del más alto nivel. Esta nueva solicitud de informe a la Universidad de Salamanca coincidió con la ebullición del problema protestante en el Imperio: el pedagogo Crammer escribió un libro sobre el divorcio, favorable a los intereses de Enrique VIII, circunstancia que inclinó a los emisarios del rey inglés a buscar apoyo en las universidades para su causa pango, incluso a los religiosos o profesores para logarlo. Se han encontrado documentos detallando el dinero entregado a varios religiosos para conseguir el apoyo a la causa del divorcio inglés. Por menos de cien escudos obtuvo todas las firmas del claustro de Ferrara y lo mismo consiguió en Francia y en Inglaterra. La Sorbona también se declaró partidaria del divorcio tras multitud de intrigas. Puesto que Lutero se había casado, se mandaron emisarios para pedirle su aprobación, pero él se negó a apoyarlo. 

El emperador y rey de España buscó apoyos en sus Universidades. Varias instituciones y personas relacionadas con Salamanca contestaron a esta consulta: la propia Universidad de Salamanca, el Colegio de San Bartolomé, Francisco de Vitoria y el cronista real Juan Ginés de Sepúlveda. La Universidad respondió con un informe matizado, inspirado en la obra de Francisco de Vitoria, titulada De matrimonio, en la que se manifestó en contra del divorcio sosteniendo un criterio laico, cuando dijo: “La potestad real o civil se ha establecido para el bien de la República, sea el que sea, sea el de la paz, sea cualquier otro beneficio humano” y ese acuerdo superior centrado en el bien común impide el divorcio del monarca”.[2]

Por poner el ejemplo de otras cuestiones de distinta naturaleza tratadas con profusión por la Escuela de Salamanca señalaremos que pocas cuestiones científicas fueron más candentes en la época que el problema de la medida del espacio. “Los tratados internacionales sobre derechos de exploración geográfica toparon con la imposibilidad de fijar fehacientemente esta magnitud y todos los reinos implicados en estos viajes promovieron un inusitado interés por la precisión, dificultada por las diferencias en los sistemas de cómputo y por la inexactitud de los aparatos mecánicos. Estas medidas eran necesarias para establecer las fronteras de los descubrimientos y la colonización; por ejemplo, era imposible determinar la longitud en el mar sin un reloj preciso que no existió antes del cronómetro de Harrison, a mediados del siglo XVIII. El catedrático de astrología Diego de Torres fue uno de los más incisivos estudiosos de esta materia y participó en las deliberaciones científicas del Tratado de Tordesillas (1494). A él se unieron otros muchos como el médico Sancho de Salaya y el dominico Tomás Durán,catedráticos ambos y comisionados por Carlos V para debatir con los representantes portugueses -entre quienes figuraba el también antiguo catedrático salmantino Pedro Margallo- la adscripción de las islas Molucas, tras su descubrimiento en el año 1524”[3], y posteriormente en una serie de tareas para la fijación de las fronteras.

“Otro asunto científico de profundo calado para la época era el de la medida del tiempo que preocupaba a los Estados, especialmente al Vaticano. Era preciso reformar el calendario juliano vigente desde el año 46 a. C. con el fin de que pudieran cumplirse los decretos del concilio de Nicea (año 325) relativos a la fecha de celebración de la Pascua, fiesta solemne de la Resurrección de Jesucristo. Con los siglos ésta se había ido retrasando respecto del equinoccio de primavera, resultando infructuosos todos los esfuerzos por elaborar un calendario perfecto; causa que ocupó a multitud de matemáticos y astrónomos de toda la cristiandad por lo menos durante doce siglos. También en este tema la intervención de la Universidad de Salamanca fue muy significativa. Esta Universidad propuso en 1515 un cálculo que sesenta y tres años que después ratificaron los expertos vaticanos y el propio pontífice como base de la reforma del calendario (descubrimiento que hasta el día de hoy se había atribuido al italiano Luigi Lilio) y que finalmente fueron determinantes para que se aprobara la reforma gregoriana del calendario de 1582”[4].

Quizá uno de los estudios más trascendentes se lo debamos a Domingo de Soto fue el primero en establecer que un cuerpo en caída libre sufre una aceleración constante, ​ siendo éste un descubrimiento clave en física, y base esencial para el posterior estudio de la gravedad por Galileo y Newton.

Otro de los grandes temas estudiados en Salamanca fueron los relacionados con la  economía[5]. Son ellos los que sentaron las bases de la ciencia económica moderna. Entre sus principales aportes se encuentran la aceptación de la ley de la oferta y de la demanda como agentes en la determinación de precios de un mercado libre, la exposición de una teoría subjetiva del valor de los bienes, y el establecimiento del valor del dinero en función, no sólo de su abundancia o escasez, sino de su capacidad de compra, la doctrina general del interés y el análisis del sistema tributario.Su gran hallazgo para la macroeconomía moderna fue la formulación de la teoría cuantitativa del dinero.Se trata de ideas que surgieron en la consideración de las grandes cuestiones fundamentales del justo precio, de la usura y de los tributos.

El inicio de todas estas teorías provino de la llegada abundante de metales preciosos de América y su relación con la elevación de precios. Los escolásticos españoles del siglo XVI estudiaron el dinero, al que por primera vez consideraron como una mercancía más, cuyo valor viene dado por su escasez o abundancia relativa. Los máximos exponentes que elaboraron las teorías del valor fueron Martín de Azpilcueta, pionero en estos estudios, y Luis de Molina. A los que hay que unir Francisco de Vitoria, Diego de Covarrubias y Leiva, Tomás de Mercado, Domingo de Soto y Juan de Mariana.

Azpilcueta se convirtió en el precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero, según la cual el incremento de la masa monetaria en circulación ocasiona un incremento proporcional en el nivel de los precios.

Constató el hecho de que en los países en los que los metales preciosos oro y plata eran escasos los precios de los bienes eran inferiores a los países con abundancia de los mismos. El metal precioso, como una mercancía más, tiene menos valor adquisitivo cuanto más abundante sea. Desarrolló así una Teoría del Valor-Escasez precursora de la teoría cuantitativa del dinero, adelantándose en más de una década a Jean Bodin.

Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría subjetiva del valor y del precio que consiste en que, puesto que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre sin engaños ni interferencias de todo orden. Expresándolo en términos actuales, los integrantes de la escuela defendieron el libre mercado, donde el precio justo venía dado por la oferta y la demanda, constituyendo un precedente de la Ley de la Oferta y la Demanda.

Otra cuestión económica a estudiar fue la usura,muy mal vista por la Iglesia. La Escuela de Salamanca encontraba diversas razones que justificaban el cobro de un interés. Así, la persona que recibía el préstamo obtenía un beneficio a costa del dinero obtenido. Por otro lado, el interés se podía considerar como una prima por el riesgo del prestatario a perder su dinero. También estaba la cuestión del lucro cesante, ya que el prestatario perdía la posibilidad de utilizar el dinero en otra cosa. Martín de Azpilcueta consideró también la influencia del tiempo en el cobro de intereses. Consideró que a igualdad de condiciones los bienes presentes valen más que los bienes futuros, y, por lo tanto, es preferible recibir una cantidad ahora a recibirla en el futuro. Para que una renta en la actualidad sea más atractiva que en el futuro es necesario que sea mayor. En este caso el interés supone el pago del tiempo.

Vitoria y otros teólogos se centraron en la acumulación de riqueza y propiedad privada. Los escolásticos españoles llegaron a la conclusión de que el orden natural permite la propiedad privada por tener efectos beneficiosos al estimular la actividad económica y, con ello, el bienestar general de la sociedad. A este respecto, Diego de Covarrubias y Leiva afirmaba que los propietarios tenían no sólo derecho de propiedad sobre el bien, sino que también, tenían derecho exclusivo a los beneficios que pudieran derivarse del bien. De todas maneras, precisó que en momentos de gran necesidad todas las cosas son comunes. Domingo de Soto defendió la propiedad privada como medio para lograr la paz social. Luis de Molina, apoyando la tesis de Domingo de Soto, afirmaba que la propiedad privada era una institución de efectos prácticos positivos ya que, por ejemplo, los bienes serían mejor administrados por un solo dueño que si fuesen de propiedad comunal. Postura esta última que también fue defendida por Juan de Mariana.

La Escuela de Salamanca no llegó a elaborar una doctrina económica completa, pero estableció las primeras teorías económicas modernas para afrontar los nuevos problemas que habían surgido.

En el ámbito de la Teología, aunque todo fuera teología en Salamanca, porque todo partía de una reflexión moral,  no queremos dejar pasar la aportación de los padres salmantinos en el Concilio de Trento. No vamos a hablar del Concilio sino de alguna de las aportaciones más destacadas por algunos padres conciliares miembros de la escuela de Salamanca, así Covarrubias, dejó huella en los asuntos sobre la Eucaristía, el orden sacerdotal o el matrimonio.

 Sobre la Eucaristía señaló que es el sacramento excelente por encima de todos los demás al ser instituido por Cristo y contener el misterio de la transustanciación. En cuanto a la comunión eucarística se indica que no es necesario hacerlo bajo las dos especies para los laicos no era derecho divino ni necesaria para la salvación y que no es necesaria por derecho divino para los niños.

Respecto al orden sacerdotal, Covarrubias manifestó que la jerarquía eclesiástica había sido instituida por Cristo, siendo los primeros, por ley divina, los obispos, como sucesores de los apóstoles, y, tras los obispos, los presbíteros. Por otro lado, manifestó que los prelados que estuvieran ausentes de sus diócesis sin causa justificada durante más de tres meses debían ser multados. Se promovió la necesidad de tener seminarios en las diócesis

En cuanto al matrimonio, se plantea su carácter sacramental, se define su naturaleza, su indisolubilidad y el derecho de la iglesia a establecer impedimentos matrimoniales. Se planteó la cuestión de la nulidad en relación con los matrimonios clandestinos, colocando a la ley eclesiástica por encima de las civiles y pidió que se aumentara el número de testigos en los esponsales. A su vez, se reafirmó la excelencia del celibato.

Otros asuntos teológicos que alcanzaron gran relevancia en los estudios de la Escuela fueron la idea del mal. Se puede hacer el mal, aunque se conozca a Dios, y se puede hacer el bien, aunque se le desconozca. Es decir, la moral no depende de la divinidad. Esto resultaba especialmente importante para el trato con los paganos, ya que el hecho de que no fuesen cristianos no presuponía que no fuesen buenos.

Vitoria proporcionó una imagen nueva de la divinidad para intentar explicar la presencia del mal en el mundo. La existencia de éste hacía difícil creer que Dios pudiese ser infinitamente bueno e infinitamente poderoso a la vez. Vitoria explicó esta paradoja apelando al libre albedrío humano. Puesto que la libertad es concedida por el mismo Dios a cada hombre, no es necesario que el hombre actúe eligiendo siempre el bien. La consecuencia es que el hombre puede provocar voluntariamente el mal. Ese libre albedrío como señalaba el Padre Mariana, y que entronca con el derecho natural y con los derechos humanos, como vimos con anterioridad, es más un deber que un derecho, por tanto, no se puede renunciar a él. Al derecho se podría renunciar, a un deber no se puede renunciar nunca. No es, además, una “libertad de” es una “libertad para”, para la propia concepción de la dignidad humana.

En relación con este principio del libre albedrío se desató la polémica de Auxiliis entre jesuitas y dominicos sobre la gracia y la predestinación, que no se dilucidó definitivamente hasta que el Papa Pablo V en 1607 reconoció la libertad de jesuitas y dominicos para defender sus ideas, prohibiendo que ninguna de ellas fuese calificada de herejía.

Otros muchos asuntos fueron tratados por la escuela de Salamanca:

Rodrigo Basurto ratificaba la existencia de las antípodas.

Nebrija en la Cosmografía defendía la necesidad inaplazable de fijar un patrón de medida universal en Castilla.

Se habla de una escuela literaria de Salamanca…También de música, de arte…

No podemos adentrarnos en todos estos asuntos, como puede apreciarse, una de las características de la Escuela de Salamanca fue su fecundo pensamiento nacido en parte de un complicado entramado de las relaciones que existieron entre sus miembros; muchas veces se sucedieron en las cátedras de la universidad o polemizaron entre sí; en otras ocasiones se vieron implicados en terribles polémicas e incluso en ataques legales, bien procedentes del brazo secular, bien procedentes de la Inquisición; y en ocasiones se atacaron y se defendieron. El nombre de alguno de estos autores aparece en las aportaciones de los libros de otros estudiosos, o bien en los escritos panegíricos de los alumnos sobre sus maestros o eran referencia en autores extranjeros: Pascal, Descartes o Leibniz, Grocio, Althusius, Bodin, pufendorf, Schopenhauer, Heidegger, Hobbes, Locke… todos ellos bebieron de la Escuela de Salamanca. En ocasiones reconocen la influencia, en otras, no, aunque la hubo. Esto hace que el estudio de la Escuela sea muy complejo.

En conclusión, la escuela de Salamanca no tiene un carácter formal, sin embargo, la crítica ha querido ver en un grupo de pensadores españoles, la práctica totalidad de ellos hombres de Iglesia, determinados factores comunes.

Esa aportación es sin duda determinante para el desarrollo de la humanidad. Por primera vez el mundo se hizo global y la visión completa del globo se manifiesta en la interrelación de elementos que no habían sido tenidos en cuenta, con esa dimensión, nunca antes. De ahí que, el Derecho de gentes, el germen del Derecho internacional, saliera de Salamanca; de ahí que, la concepción del ser humano en toda su extensión configurando como principio general y universal la libertad del individuo, la libertad humana como base de toda consideración, se institucionalizara en Salamanca; de ahí que, los derechos humanos como fuente de Derecho y de vida se fraguaran en Salamanca; de ahí que, la democracia liberal beba en la aguas de la escuela de Salamanca y, con ello, la economía liberal, el libre mercado, el derecho al comercio y al crédito…y en su estampación de saber holístico, la teología, como base de cada uno de los motivos de reflexión porque siempre se partió de una reflexión moral, como raíz del derecho y de la ciencia, la técnica, las artes…

La Escuela de Salamanca es probablemente, con la posible excepción de la Escuela de Traductores de Toledo, la mayor aportación, hasta el momento, de España al pensamiento occidental y mundial.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.
  • Ana María Carabias Torres. “La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.
  • “Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.
  • Brufau Prats. “La Escuela de Salamanca ante el descubrimiento del Nuevo Mundo”. Ed San Esteban. 1989.
  • Belda Plans. “La Escuela de Salamanca”. En Cuadernos Salmantinos de Filosofía (30)
  • M. A. Pena González. “El concepto de la escuela de Salamanca, Siglos XVI-XX”. Universidad Pontificia de Sal.

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[1]Son títulos legítimos de conquista de nuevos territorios:  Los hombres no nacen esclavos sino libres. Por derecho natural nadie es superior a los otros. El niño no existe por razón de otros, sino por razón de sí mismo. Es mejor renunciar al propio derecho que violentar el ajeno. Es lícito al hombre, la propiedad privada, pero nadie es propietario que no deba, a veces, compartir sus cosas… y en extrema necesidad, todas las cosas son comunes. Los dementes perpetuos, que ni tienen, ni hay esperanza de que tengan uso de razón, pueden ser dueños… tienen derechos. Al condenado a muerte le es lícito huir, porque la libertad se equipara a la vida. Si el juez, no guardando el orden del derecho, obtuviese a fuerza de tormentos la confesión del reo, no podría condenarlo, porque obrando así no es juez. No se puede dar muerte a una persona que no ha sido juzgada y condenada, Toda nación tiene derecho a gobernarse a sí misma y puede aceptar el régimen político que quiera, aun cuando no sea el mejor. Todo el poder del rey viene de la nación, porque esta es libre desde el principio. El orbe entero, que en cierta manera constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a toda la humanidad. Ninguna guerra es justa, si consta que se sostiene con mayor mal que bien y utilidad de la nación, por más títulos y razones que haya para una guerra justa. Si al súbdito le consta la injusticia de la guerra, no puede ir a ella, ni aun por mandato del príncipe. No es el hombre lobo para el hombre, sino hombre.

[2]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[3]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[4]Ana María Carabias Torres Op.Cit

[5]“Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.

¿LLEGARON LOS CELTAS A GALICIA?

Dedicado a los que cumplían y a los que cumplen años el 11 de noviembre.

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Este es un asunto muy controvertido en Galicia por cuanto el sustrato celta, si es que existió, sirve de excusa a los nacionalistas para identificar Galicia como nación.

Dejaremos las “nacioncinas” patrias a un lado para intentar analizar la situación desde un punto de vista más científico, dentro de lo que en este corto espacio se puede profundizar.

¿Quiénes fueron los celtas?

Debemos remontarnos a la prehistoria para contestar. Encontrar certezas en unos orígenes que se remontan a la Edad del Bronce, es complicado. Pero algunas cosas se saben o se intuyen con cierta seguridad.

En una contextualización rápida debemos señalar que la terminología de Edad del Bronce se empleó por primera vez en 1820 y se debe al arqueólogo danés Chistian Jürgensen Thomsen. Con ella señala una época que se caracteriza en el Próximo Oriente y Europa por la aparición de la metalurgia (hay más indicios de edades metalúrgicas en otras partes de la Tierra, pero no coinciden cronológicamente). Jürgensen clasificó la Edad del Bronce en Bronce antiguo, Bronce medio y Bronce final. Aunque, normalmente, se suele ordenar por las etapas anterior (Edad del Cobre) y la posterior (Edad del Hierro).

La edad del Bronce final nos sitúa en torno a unos mil años antes de Cristo, por entonces, en centro Europa, existían una serie de tribus de perfil muy guerrero con elementos comunes de raíz indoeuropea. Tenían algunas costumbres comunes, no sabían escribir y sus lenguas tenían algunos términos semejantes. Es decir, no se trataba de una única tribu sino de varias y dispersas. El profesor Caro Baroja, en sus estudios etnográficos sobre el origen de la cultura, señala como, desde los primeros asentamientos, el hombre realiza algunas cosas igual que sus semejantes bien porque las condiciones geográficas o etnográficas así lo determinaron o bien, como también sostenía Levy, por el intercambio de habilidades, utensilios o formas de hacer  a través de las comunicaciones que nacían de unos poblados y al modo de los círculos concéntricos, como ondas expansivas, se van transmitiendo a otros pueblos. Estas pueden ser las razones para encontrar estos rasgos comunes entre tribus dispersas. Esos rasgos semejantes permitieron a los griegos unificarlos e identificarlos con un solo nombre: celtas. Entre esas tribus no había ni unidad política ni social y, tampoco está claro, identidad étnica (este punto no es posible asegurarlo ni desmentirlo con los hallazgos arqueológicos que poseemos). Aunque fueron los griegos los primeros que utilizan esa denominación, la mayor parte de las características de estos pueblos nos han llegado gracias a los romanos.

A partir de aquí, saber cómo se expanden los celtas se convierte en una tarea llena de especulaciones. Sabemos por los romanos que, en el S. IV a. C., los celtas atacaron lo que hoy es el norte de Italia y los Balcanes y parece que llegaron a Anatolia. En el Siglo II a. de C. los romanos dan cuenta de su presencia en “Hispania”, a pesar de que algunos autores suelen situarlos en la península desde el S. VIII.

Sobre su llegada a la península se mantienen tres teorías:

1) Plinio el Viejo afirma que los celtas tienen su asiento primero en la Lusitania y desde ahí ocupan el resto de la península.

2) P. Bosch Gimpera, establece la llegada de los celtas en razón a distintas oleadas invasoras desde Centroeuropa.  En la segunda de esas grandes oleadas, una de las tribus celtas (los sefes) en torno al siglo II a. de C., presionados por pueblos germánicos, bajaron hacia el Pirineo occidental. Desde allí se adentraron en la península en tres direcciones: hacia el norte, por la cordillera cantábrica, llegando a Galicia; por el centro hacia el oeste, acabaron en Salamanca y Extremadura y, hacia el sur, asentándose en torno al sistema ibérico, llegaron hasta Teruel, Cuenca y las estribaciones del sistema montañoso entre el maestrazgo y la sierra de Espadán (actual provincia de Castellón).

3) Señala que los celtas nacen en Galicia y desde allí se diseminan por Europa.

Fuera como fuese, estos pueblos celtas no entraron y se asentaron sin tener contacto con la población de la península. Su interacción es evidente. Una de las mejores pruebas estriba en que aquellos pueblos centro europeos que no sabían escribir, empezaron a utilizar la escritura íbera en las zonas que rondaban el sistema montañoso ibérico (celtíberos) y todos, en cualquier lugar de la península, comenzaron a hablar y a escribir en latín en cuanto se tropezaron con los romanos. Utilizaban el latín con las peculiaridades que les daban sus propias lenguas de origen, que no eran una sino varias, quizá todas de origen indoeuropeo, pero sin que los conocimientos actuales nos permitan una mayor diferenciación. De las lenguas celtas, sólo quedan restos vivos actualmente en el bretón, el córnico, el gaélico escocés, el galés, el irlandés y el manés. No en el gallego ni en el portugués.

En España, los trabajos de arqueólogos y lingüistas, no permiten obtener una teoría clara sobre el origen de los celtas en España ni de las lenguas que hablaban al llegar ni de la evolución de las mismas salvo lo ya señalado de su evolución dentro del latín.

Centrándonos en Galicia, ¿llegaron los celtas a Galicia?

Parece que llegar, llegaron. Ahora bien, como fue esa llegada y asentamiento es otra cosa.

En primer lugar, los restos arqueológicos en la Edad de Hierro nos hablan de una zona con pocos restos metalúrgicos y pocas armas. Por tanto, cabe hacer una primera conclusión: aquellos que se asentaron en Galicia no eran los feroces guerreros de Centroeuropa, o, si lo fueron, quedaron muy amansados tras su posicionamiento en España.

No podemos saber si tenían una identidad lingüística, por cuanto lo que nos ha llegado de su idioma es a través de las inscripciones en latín, sin que eso nos marque diferencias significativas frente a otras lenguas locales que se daban en zonas limítrofes y que nos han sido transmitidas de igual forma.

Por el contrario, sí había algo que los distinguía y acercaba a los celtas centroeuropeos: las construcciones megalíticas casi siempre funerarias, tan comunes en otros lugares europeos y los castros. Éstas se extendieron por otras zonas de la península, sobre todo, en la zona cantábrica y más concretamente en Asturias, de modo que no se puede decir que fueran exclusivas de aquellos pueblos asentados en Galicia, aunque sí, preeminentes en la zona.

Los castros son fortificaciones circulares cuyo origen se data en el siglo VI a de C. Con ellas se formaban poblados carentes de calles que se situaban en zonas naturalmente protegidas: promontorios, mesetas elevadas, revueltas de ríos, penínsulas. Se solían situar cerca de aguas dulces y no muy lejos de llanuras de pastoreo. Además de las defensas naturales, se solían proteger por fosos, parapetos y murallas que preservaban la zona habitada. En ocasiones, en sus cercanías o accesos había un torreón (castellas, en gallego).

Su mayor auge se cree que se dio en el S.II a de C. y con la llegada de los romanos se produjo un doble efecto, de un lado, se destruyeron algunos; de otro, los romanos reocuparon y reconstruyeron los castros para uso de sus propias tropas y población frente a los ataques de otras tribus.

De todos modos, la región debía tener algún rasgo propio que permitió a los romanos darle nombre común (Callaecia o Gallaecia, según los autores). Pero esa identidad puede ser por razones geográficas, por ejemplo, por diferencias frente a la cordillera cantábrica de las tierras colindantes, o por razón de las costumbres (entre las que cabe incluir los mámoa o los  Castros) o por otras que se nos escapan en la actualidad o por una mezcla de todas ellas.

Quien más ha estudiado la presencia, o no, de los celtas en Galicia fue el profesor Gerardo Pereira-Menaut (Santiago de Compostela, 1946-2015), entre otras cosas, Catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Santiago de Compostela.

Son varias sus obras publicadas a este respecto. Una de ellas, El celtismo de Galicia. Ciencia y leyenda reconciliadas, me sirve de inspiración en este hilo.[1]

No está tan claro para el profesor Pereira- Menaut que los celtas, con todas las características propias de las tribus centroeuropeas, se asentaran en Galicia. Es comúnmente aceptado por la historiografía que esta idea impregna el imaginario colectivo en el siglo XIX a través de los autores románticos. Los Románticos llevaron el nacionalismo por toda Europa con sus obras, especialmente en Alemania con Goethe. Ese romanticismo literario inspiró la política y, en España, unida a la inestabilidad política y las dificultades acaecidas durante la Restauración, impidieron una explicación coherente del idealismo de estos movimientos que nada tenían que ver con la historia real, generándonos unos problemas que aún padecemos.

El profesor busca fundamentos en tres líneas de investigación: autores clásicos, lingüistas y etnógrafos.

Ya hemos visto como algunas de esos caminos no nos llevan a ninguna conclusión clara.

En materia lingüística, añade, sobre lo ya visto, una crítica a los autores románticos que realizaban asociaciones de nombres, recogidos por los autores clásicos, queriendo darles un origen celta que no es demostrable. Es más, en las inscripciones romanas aparecen algunos nombres no romanos que pueden tener origen celta o de otras tribus asentadas en la zona, y siempre son palabras escasas que aparecen de manera puntual y no reiterada. Llegando a la conclusión primera de este hilo: la población estaba mezclada con otras tribus, de modo y manera que, si hubo celtas en Galicia, estos no estaban solos ni se mantuvieron aislados de esas otras tribus. Su desarrollo, no pudo ser muy diferente al de los celtíberos del nordeste.

Veamos la línea etnográfica. Pereira-Menaut, en la obra mencionada, afirma que “la genética no va nunca a establecer un “carnet de identidad genético celta”, sencillamente porque no existe tal cosa.”

Para estos estudios se fundamenta en lo que el profesor Ángel Carracedo (catedrático y director del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela)ha analizado y concluido desde hace más de dos décadas.

Carracedo asevera que “la genética sólo puede averiguar si un pueblo tiene un origen genético común o relacionado, por sus cromosomas o por el ADN mitocondrial”. Descartando, de esta forma, que la genética pueda confirmar que Galicia es celta.[2]

Lo que sí permite distinguir la genética es la existencia de dos grandes grupos genéticos en Galicia: uno que ocuparía la zona norte y centro, y otro que ocuparía el sur de Galicia y el norte de Portugal. Sin que se puedan sacar conclusiones generales al respecto. “Carracedo, en la conferencia “Los movimientos de población del Noroeste gallego a la luz de la genética” durante el III Congreso Internacional sobre la Cultura Celta (2011),confirmó que Galicia sirvió como refugio glaciary que, después de las glaciaciones, parte de esta población se desplazó a Inglaterra e Irlanda. Pero, a pesar de esta afirmación, quiso dejar claro que él, cuando se refiere a los movimientos de población, no habla de celtismo, ni de culturas o lenguas, sino de genética de los pueblos”.[3]

Hablaremos, por último, de un aspecto cultural, la música y en concreto de la gaita. La gaita es un instrumento muy extendido por toda Europa. Su origen es discutido, algunos señalan que su origen es indio, otros que nace en los pueblos babilónicos. Existen representaciones en Egipto en las que músicos tocaban un instrumento semejante a la gaita actual. Los celtas, los hebreos y los fenicios también lo utilizaron (posiblemente por su origen fenicio se extendió su uso por las Baleares). Es comúnmente aceptado que los romanos la extendieron a toda Europa, tanto en territorios supuestamente celtas como en otros que no lo son. A finales del S. XV este instrumento perdió popularidad, salvo en las regiones españolas de Galicia, Asturias, León, Cantabria, Mallorca y en las europeas de: Escocia, Inglaterra, Francia y la baja Bretaña. También en Suiza existe tradición gaitera.

Tampoco, por aquí vamos a encontrar una identidad propia de los celtas.

La realidad científica, parece que discurre por unos caminos ajenos a los que el relato imaginario (y a veces político), lleno de tergiversaciones históricas, pretende llevarnos. Eso no quita belleza a las leyendas de Breogán, de los druidas, a los monumentos megalíticos (Monte Seixo, entre otros), los petroglifos (el laberinto atlántico de Mogor, por ejemplo) o al sonido de la gaita. Pero, esas leyendas o supuestos misterios mágicos, como los sueños de Segismundo, leyendas son. Por lo menos, la ciencia, en este momento, no cuenta con elementos para darlos validez. Es posible que los nacionalistas tengan que remontarse nada menos que al Neolítico o, como muy cerca, a la Edad del Bronce, cuando casi nada se puede demostrar científicamente, para encontrar un elemento singular de Galicia ajeno a lo que es España; pero si lo analizan racionalmente, si hay que ir al S.VIII a de C. cuando nada era lo que es, es que no hay donde agarrarse para mantener esas teorías. En el S.VIII a de C. todos teníamos elementos diferenciadores y, al tiempo, todos empezábamos a ser iguales. Las tribus asentadas en la Península discurrían en común, se mezclaban y su devenir histórico fue el mismo, el que hace de España una nación única y espléndida.

[1]Gerardo Pereira-Menaut. “Elceltismo de Galicia. Ciencia y leyenda reconciliadas”. Museo de Pontevedra. 2007

[2]Entrevista al profesor Carracedo,  en el diario “ El Mundo” el día 15 de abril de 2011.

[3]Diario “El Mundo”, 15 de abril de 2011