En estos tiempos de guerra y de exhibiciones de poderío militar que en ocasiones resultan más propagandísticas que útiles, vamos a hablar de otro ingenio que permitió la propaganda hasta que se volvió en contra de los propagandistas. Hablamos de los dirigibles, sobre todo, del Zeppelin y más en concreto del LZ 129 Hindenburg, llamado así en honor del presidente Paul von Hindenburg, que presidió Alemania desde 1925 a 1934.
Hindenburg, aunque firme opositor al nazismo consintió, bajo presión, nombrar Canciller a Hitler en 1933. En febrero de ese año aprobó el “Decreto del Presidente del Reich para la protección del pueblo y del Estado”, más conocido como Decreto del Incendio del Reichstag, en virtud del cual se suspendieron las libertades civiles. Aquel decreto unido a la “Ley habilitante”, de pocos meses después, otorgó poderes absolutos al nazismo. Falleció en 1934. Tras su muerte, Hitler declaró vacante la oficina del presidente y se nombró a sí mismo jefe del Estado.
El ingenio de la casa Zeppelin, como todo en aquel momento en Alemania, acabó absorbido por el poder y la propaganda del Estado.
Los dirigibles no habían sido un invento alemán, contaban con precedentes en el siglo XVIII. Concretamente en 1852, por la aparición de una aeronave semejante a un globo guiado invención del francés Henri Giffard, pero fueron los alemanes sus perfeccionadores, sobre todo, a raíz del diseñador excepcional que fue al alemán Ludwing Durr, el cual se unió al conde Ferdinand Zeppelin, en 1900, para construir juntos el LZ-1, el Luftschiff Zeppelin 1.
A pesar de los accidentes iniciales, los revolucionarios zepelines pronto se convirtieron en máquinas fiables. Tanto es así que, en 1909, Zeppelin fundó la primera aerolínea del mundo.
Pero el gran desarrollo de los dirigibles se dio durante la Primera Guerra Mundial (IGM). El Zeppelin fue puesto al servicio del ejercito y la aviación alemana, tanto en tareas de reconocimiento como de bombardeo, siendo el aparato militar alemán más temido, ya que con su gran capacidad de carga podía almacenar un enorme número de bombas que soltaba con profusión sobre las ciudades enemigas (San Petersburgo y Londres fueron sus grandes víctimas). El desarrollo de las balas explosivas, sin embargo, llevó a la destrucción de la mayoría de estos aparatos a los que Winston Churchill llamó «enormes vejigas de combustible y gas explosivo». De los 84 zepelines construidos durante la guerra, sólo 24 sobrevivieron al conflicto. De hecho, dejaron de usarse como bombarderos tras un fracasado ataque a Londres en 1917.
Una de las razones de su peligrosidad estribaba en el gas empleado para su funcionamiento. Mientras el gas ideal era el helio, los zepelines utilizaban hidrógeno debido al embargo estadounidense sobre el helio, especialmente frente a Alemania tanto por su posición en la IGM como tras la llegada de los nazis al poder.
A pesar de la opinión de Churchill sobre los dirigibles, Gran Bretaña, en el periodo de entreguerras, trató de desarrollar sus propios dirigibles.
Con el patrocinio del Ministerio de Aviación, se construyeron dos enormes dirigibles rígidos: el R100 y el R101. El segundo se estrelló en Francia en octubre de 1930, en su vuelo inaugural.
En el accidente murieron 48 de las 50 personas que iban a bordo, incluidos el equipo que lo había diseñado y Lord Thompson, el ministro del Aire responsable del proyecto. El R100 se rompió poco después.
Tras ese accidente británico, Alemania siguió siendo la reina de la industria de los zepelines sin competencia alguna. En 1932, se construye el LZ 129 Hindenburg que pronto contó con un hermano gemelo el LZ 130 Graf Zeppelin II, las dos mayores aeronaves construidas nunca. Ambos contaban con motores Daimler-Benz y se conducían con hidrógeno. Alcanzaban los 135 Km/h lo que les permitía realizar vuelos transatlánticos en tan sólo 3 días lo que era una alternativa muy competitiva a los trasatlánticos que por aquel entonces tardaban 15 días en recorrer la distancia entre Europa y Estados Unidos o también Brasil- los dos destinos más utilizados-. Incluso eran capaces de dar la vuelta al mundo en tan sólo 21 días- todo un avance para la época-, como hizo el Graf Zeppelin.
El LZ 129 tenía 245 metros de largo, 41 metros de diámetro, con ese gran espacio hubiera dejado chico a cualquier avión de lujo actual.
Ahora bien, el dirigible tenía una doble misión, por un lado, como avión de transporte de viajeros y, por otro, cualquier otro uso, sobre todo, militar, que permitiera su estructura.
Como avión comercial era conocido por su lujo y comodidad. Su decoración fue concebida por el arquitecto Fritz August Breuhaus de Groot, conocido por haber diseñado el interior de varios trasatlánticos y las casas de las estrellas de cine alemanas. En su propaganda de lanzamiento, los creadores del aparato se jactaron de sus lujosas salas comunes, la comodidad de los camarotes privados y de los paseos interiores de su aerodinámico casco. El Hindenburg tenía, además de 25 cabinas con doble litera, un restaurante, un salón, un bar de cocteles, y una sala de fumadores. Esta última estaba sellada y presurizada por razones de seguridad.
Los muebles y los accesorios eran los más ligeros posibles: sillas de comedor de aluminio tubular, lavabos de plástico blanco, paredes de espuma cubiertas de tela.
Las paredes estaban cubiertas de seda pintada, en la que se reproducían los grandes viajes de la historia… Era tan lujoso que en sí mismo servía como regalo y disfrute de unas vacaciones extraordinarias y diferentes; de hecho, se le conocía como el “hotel del cielo”. El ideal para una “influencer” del momento.
Desde el punto de vista técnico, como señalamos anteriormente, no pudo llenarse el tanque de combustible del Hindenburg con helio. Por razones geopolíticas desde la IGM los estadounidenses, país con grandes reservas de helio y el mayor productor de helio licuado del mundo, se negaron a vender el helio a los alemanes; lo que obligó a éstos a cambiar el diseño del Zeppelin para utilizar como combustible el hidrógeno, gas altamente inflamable y explosivo. La capacidad de los tanques del dirigible alcanzaba los 200.000 metros cúbicos de gas. Sin embargo, el hidrógeno tiene menor densidad que el helio y eso permitió hacer más grande el Zeppelin frente a lo diseñado en un primer momento. Además, el uso de hidrógeno no asustó a los alemanes que tenían experiencia en el manejo de hidrógeno de manera segura.
El dirigible se fabricó en duraluminio –un material consistente en una aleación de aluminio cobre, magnesio, manganeso y silicio–, con alta resistencia al calor. Su estructura se organizaba en anillos y puntales de esa aleación y se recubría de pintura protectora de un color azul brillante. La superficie exterior se envolvió en algodón impregnado de polvo de aluminio, para repeler los rayos ultravioletas y evitar la electricidad estática y las posibles chispas que de ella se derivaran. Este envoltorio es lo que hacía brillar al aparato dándole una tonalidad plateada.
Además, estaba equipado con una versión temprana del piloto automático.
Durante su primer año de vuelo, 1936, en sus vuelos exclusivamente comerciales, recorrió más de 300.000 kilómetros, llegando a transportar 2.798 pasajeros y 160 toneladas entre carga y correo. Cruzó diecisiete veces el Atlántico. En uno de esos viajes alcanzó el récord de sobrevolar el océano Atlántico dos veces en cinco días.
Pero ese mismo año, ante la brillantez del aparato y la imagen poderosa que daba de la industria alemana, los nazis, que se hallaban en el poder desde hacía 3 años, se apropiaron de la imagen del Zeppelin como si de un invento nazi se tratara. Lo convirtieron en un símbolo de la grandeza y orgullo alemán, de la superioridad de la raza aria. Por tal motivo y a modo de propaganda, obligaron a que el dirigible, con la esvástica dibujada en timón de cola, sobrevolara el estadio olímpico de Berlín en la inauguración de los juegos olímpicos, en el mismo momento en el que Hitler entraba en el estadio que, a semejanza de un gran teatro, elevaba la figura del dictador a protagonista de la representación, como símbolo de magnificencia.
Además, ya se ideaban usos militares para la nave, como había acontecido con otros dirigibles Zeppelin durante la IGM.
Sin embargo, lo que sirvió para la propaganda, por la propaganda se volvió en contra de los que se apropiaron de su imagen.
A primeros de mayo de 1937, LZ 129 Hindenburg salió de Frankfurt, en lo que era su primer viaje transatlántico de aquel año. Tuvo una travesía accidentada por los vientos y las tormentas eléctricas que encontró a su paso, sin embargo, los problemas llegaron en su aterrizaje durante el atardecer del 6 de mayo.
Para su descenso necesitaba ser amarrado en una torre específica para ese fin. El piloto soltaba gas y agua para hacerlo descender al tiempo que se soltaban las maromas de amarre. La operación se iniciaba orientando la proa hacia la torre mientras varios operarios en tierra cogían las cuerdas y las ataban. Esta era una operación siempre peligrosa, en ocasiones el dirigible se elevaba y ascendía a los hombres o los tiraba al suelo, resultando varios de ellos, a lo largo de la historia de los dirigibles, heridos o incluso muertos. Pero, aquella noche del 6 de mayo las cosas fueron mucho peores, el fuerte viento y la tormenta reinante movió el Zeppelin de forma brusca; el giro rompió un cable que rasgó la bolsa de hidrógeno, y el gas se acumuló en la parte superior. Cuando la tripulación soltó las amarras para que los equipos terrestres ataran el globo, las cuerdas se mojaron con la lluvia y tocaron la tierra, que acumulaba electricidad estática. Saltó una chispa y el fuego se propagó tan rápidamente que en cuestión de pocos segundos el Hindenburg cayó a tierra envuelto en llamas.
Mucho se ha hablado de posibles conspiraciones, pero nunca se han demostrado.
De lo que se tiene constancia es del accidente en sí, pues se conserva una filmación del momento; no hay que olvidar que la llegada del Zeppelin siempre era un acontecimiento radiado y transmitido como noticia excepcional. Además, había muchos curiosos viendo la maniobra.
En la filmación, se ve al dirigible durante sus últimos segundos de vuelo antes de encenderse en llamas, chocar contra el suelo y su devastación. Se aprecia el estado en que quedaron los restos mientras los operarios intentaban rescatar a los supervivientes (murieron 36 de las 97 personas que viajaban en él. Viendo el estado en el que quedó el dirigible es casi un milagro que hubiera supervivientes).
También resulta bien conocida la transmisión radiofónica del periodista Herbert Morrison desde el lugar del accidente. El periodista ante la inminente llegada del aparato se estaba refiriendo a los espectadores allí congregados para ver la llegada del dirigible y los definió como “masa de humanidad”; de ahí que, cuando se inició el accidente empleara la expresión “¡Oh, la humanidad!” [” ¡Oh, the humanity!”], preocupado por si el dirigible caía encima de los espectadores. “Oh, la humanidad” ha pervivido como recuerdo de aquel suceso.
La gran cobertura mediática del accidente tuvo una gran repercusión en el futuro de los dirigibles para pasajeros. Las múltiples imágenes del siniestro dieron la vuelta al mundo, acabando con la confianza que se tenía en este transporte. Alemania dejó de usarlo con fines comerciales. En Estados Unidos, sin embargo, se incidió en su uso militar al ser factible hacer dirigibles no rígidos rellenos con helio.
Pero, sobre todo, el accidente dañó la imagen del régimen nazi de tal modo que se mandó desguazar Graf Zeppelin y estos modelos nunca fueron empleados por los alemanes para fines militares tras el accidente. Después del final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, la compañía Zeppelin cerró sus puertas.
Como último apunte recordar que culturalmente este suceso ha sido recogido por el cine. Así, en 1975 se estrena la película “Hindenburg”, basada en los hechos acaecidos el día del desastre, mezclándolos con una trama de ficción que explica la explosión de la aeronave como un atentado y en 2011 se hizo otra película, “Hindenburg, el último vuelo”, narrando la verdadera causa del fuego.
También la televisión ha tenido series recordando los hechos o documentales al respecto.
En el mundo de la música, es bien conocido el primer álbum de la banda británica Led Zeppelin cuya portada recrea el accidente.
Keith Moon, el batería de The Who, en un acto de maldad, dijo que el grupo se hundiría como un «zepelín de plomo» (lead zeppelin, en inglés).
Se equivocó. Led Zeppelin triunfo en el universo del rock y su música sirve de recuerdo al gran ingenio alemán.
BIBLIOGRAFIA
- Video del accedente con la narración de Morrison: https://www.youtube.com/watch?v=evsBcXxoWfw
- The Columbia Electronic Encyclopedia. Columbia University Press. 2012.
- Página del museo Zeppelin: https://www.zeppelin-museum.de/
- Enciclopedia Ilustrada de la Aviación. Edit. Delta, 1982 .
- Recortes de prensa.