BELTRÁN DU GUESCLIN

“Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”

Seguramente todos los lectores han oído o pronunciado alguna vez esta frase o, al menos, el inicio de la misma. Muchos sabrán su origen, pero otros no. Supuestamente fue pronunciada por un personaje bastante oscuro ante otros que no lo eran menos. En todo caso, se le atribuye a un extranjero que cambió la Historia de España en un acto que unos calificarán de traición, otros de ayuda a quien le pagaba, pues su señor era, sobre todo, el dinero.

Me estoy refiriendo a Beltrán du Guesclin o Beltrán Duguesclín como es más conocido en España. Nació en La Motte-Brons, Francia, 1320. Era miembro de la nobleza de la Bretaña francesa y, aunque poseía varios señoríos, sus rentas eran más bien escasas. Fue armado caballero en 1357 lo que le permitió pasar al servicio de la Corona francesa, en aquel momento el monarca francés era Carlos V, que se encontraba envuelto en la Guerra de Cien Años (Guerra que realmente duró 116 años entre Francia e Inglaterra, desde mayo de 1337 a octubre de 1453).  El conflicto provenía del enfrentamiento por el dominio de los territorios que en Francia poseían los monarcas ingleses tras el ascenso al trono inglés de Enrique II Plantagenet, conde de Anjou y duque de Aquitania, entre otros títulos. Casado con Leonor de Aquitania, fue el padre de 8 hijos, entre ellos Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra. La guerra terminó con la derrota inglesa y la retirada de las tropas anglosajonas de territorio francés a excepción de la ciudad de Calais, la cual se incorporó a Francia de manera definitiva en 1598.

Duguesclín es descrito de manera bastante siniestra por todas las crónicas del momento. Su fealdad era legendaria: «aquel hombre de cabeza enorme, cuerpo grande, piernas cortas, ojos pequeños, aunque de mirar vivo y penetrante”. Aquella fealdad unida a una proverbial fuerza, singular destreza en el uso de las armas y fiereza en su aplicación lo hacían ser temido por sus enemigos de manera extraordinaria.

Se convirtió en mercenario desde el principio de su vida militar durante la guerra de sucesión bretona (1341-1364). No era el único, fue típico de la Francia del S. XIV la existencia de soldados de fortuna sumamente violentos que vivía de la rapiña y de la guerra. Ejercían una especie de guerra de guerrillas con sorpresas y emboscadas, sobre todo, hacia los destacamentos aislados. Esta forma de pelea les permitía debilitar, con pocos hombres, a ejércitos mucho más numerosos, como era el inglés asentado en el noroeste de Francia. Du Guesclin combatió por lo general de forma victoriosa, en Bretaña, en Normandía y en Maine. Muy significativa fue la victoria lograda contra los navarros en la batalla de Cocherel (1364)- el rey de Navarra pretendía el trono francés y se alió con los ingleses-.

Poco después Beltrán du Guesclin fue derrotado y hecho prisionero en la batalla de Aury. Se pidió un alto rescate por su persona, aunque se cuenta que fue él mismo el que decidió subir su cotización pues el rescate solicitado por los ingleses le pareció muy bajo para “su valía”.

Una vez devuelto a Francia, el rey le puso al frente de las compañías de mercenarios, “Compañías blancas”, si bien su presencia en Francia se le hacía al monarca un tanto incómoda, motivo por el cual, lo envió a combatir a España al lado de Enrique de Trastámara en la dilucidación de la guerra civil que se vivía en el reino castellano (1351-1369).

La guerra civil, la primera guerra civil castellana, se produjo por la sucesión del trono de Castilla entre los hijos de Alfonso XI; unos, descendientes legítimos de la reina María de Portugal- Pedro I- y, los otros, ilegítimos, descendientes de la amante del Rey, Leonor de Guzmán- los Trastámara representados por Enrique-.

Realmente fue algo más que una guerra de sucesión. Por un lado, Pedro I se vio enfrentado a la alta nobleza castellana que se unió a los Trastámara para recortar las atribuciones del rey. De otro, la pequeña nobleza percibía a Pedro no como cruel sino como justiciero al ser el promulgador de una serie de leyes que fomentaron el comercio, la artesanía y la seguridad de las personas. Pedro I emprendió una política de apertura económica al tiempo que reforzaba el poder real y se enfrentaba al reino de Aragón por apoyar a los príncipes bastardos.

La conspiración contra Pedro la inicia el Señor de Alburquerque. Ex Valido de Pedro I que cayó en desgracia cuando fracasó el matrimonio del rey con Blanca de Borbón, princesa francesa, a la que maltrató y despreció en favor de su amante María de Padilla. No era la única crueldad cometida por Pedro, que ya había mandado asesinar a la amante de su padre, Leonor de Guzmán, y a seis de sus hermanastros, quedando sólo vivo, Enrique de Trastámara. El odio de los Trastámara a Pedro I era inconmensurable.

Por si el conflicto era poco, a él se unen las fuerzas inglesas y francesas posicionadas en favor de uno y otro contendiente. Mientras Francia se ponía del lado del Enrique de Trastámara y en defensa de su princesa, mancillada por Pedro; los ingleses, con el príncipe negro a la cabeza, se situaron en apoyo de Pedro I (el Príncipe negro, conocido así por portar una armadura de tal color, era realmente el Príncipe de Gales y de Aquitania- Eduardo de Woodstock-, aunque murió antes de llegar al trono, siendo así el primer príncipe de gales que no llegó a ser rey).

El Príncipe negro estaba vinculado a Pedro I el cruel, que solicitó su ayuda con la promesa de darle el señorío de Vizcaya si derrotaban a los Trastámara. Esa derrota aconteció en la batalla de Nájera (1367), donde los franco-trastámaras sufrieron un duro revés. Pero Pedro incumplió su promesa, con lo que el Príncipe negro decidió abandonar Castilla, dejando sólo a Pedro I en su lucha. En aquella batalla de Nájera, Beltrán Duguesclín fue hecho prisionero. Rescatado volvió a Francia, donde fue nombrado condestable para, a principios de 1369, presentarse por segunda vez en Castilla al frente de su compañía de mercenarios bretones y unirse a don Enrique en el campo de Orgaz.

En su primera etapa en España, Duguesclín fue uno de los inspiradores de la autoproclamación de Enrique II como rey de Castilla, según el cronista, Pedro López de Ayala.

En aquella primera etapa, Enrique II otorgó a Bertrand du Guesclin, como premio por su valiosa ayuda militar, el título de conde de Trastámara, así como el señorío de Molina, localidad fronteriza con el reino de Aragón.

En la segunda etapa de su estancia en Castilla, ahora en tierras manchegas, du Guesclin desempeñó un papel clave en los sucesos que tuvieron lugar en la localidad de Montiel a finales de marzo de 1369.

Las versiones sobre los hechos de marzo son diversas. En todas ellas aparece Pedro I intentando sobornar a Dugesclín para que traicionara a Enrique y fracasando en el intento, posiblemente porque Enrique pagó más o prometió más.

Fuera como fuese, se produjo un encuentro entre los dos hermanos, unos dicen que entre insultos llegaron a las manos y otros cuentan que, directamente, se enzarzaron en una pelea. En todo caso, con Pedro mucho más fuerte que Enrique, éste cayó al suelo y…, de nuevo varias versiones, unos señalan que Duguesclín mató a Pedro, y otros, en versión más comúnmente aceptada, opinan que estando Enrique de Trastámara en el suelo a punto de ser aniquilado por Pedro, Duguesclín les dio la vuelta, de manera que el sorprendido Pedro quedaba abajo y Enrique, ya encima de su hermano, le clavó una daga y lo amató. En esas circunstancias, du Guesclin pronuncia la famosa frase: “ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”. La verdad es que muchos historiadores, Julio Valdeón entre ellos, dudan de la exactitud de los hechos y de la frase.

Lo que sí está demostrado es que, en la noche del 22 al 23 de marzo, el monarca Pedro I pereció a manos de Enrique de Trastámara. Este último, se convirtió así en Enrique II de Castilla.

Bertrand du Guesclin recibió, en mayo de 1369, las villas de Soria, Atienza y Almazán, aunque perdió Molina de Aragón, y en 1370, después de haber recibido de Enrique II de Castilla la importante cantidad de 120.000 doblas de oro, retornó a Francia. En el país vecino, Carlos V de Francia le premió con el condado de Longueville.

Siguió participando en la guerra de Francia contra los ingleses, luchando en acontecimientos tan destacados como la batalla de Guyena o el asedio a Cherburgo.

Du Guesclin murió en 1380 en la toma de Châteauneuf-de-Randon. Su tumba se encuentra en Saint-Denis, próxima a la de su rey Carlos V.

BIBLIOGRAFIA

BONILLA GARCÍA, Luis: “Beltrán du Guesclin. El aventurero que cambió de rumbo la Historia”. Ed.  Sala, 1974;

 VALDEÓN BARUQUE, Julio: “Pedro I, el Cruel y Enrique de Trastámara: ¿la primera guerra civil?” Ed. Aguilar. 2002

Gonzalo Fernández de Córdoba: el Gran Capitán

Hoy traemos un  gran héroe de nuestra Historia de España

Dice Pedro Insua en su obra”1492. España ante sus fantasmas” que en aquel año se iniciaron los caminos para convertir a España en una gran nación, y para ser objeto de la envidia, lo que en el fondo demuestra admiración, del resto de los pueblos de occidente. En aquel año se produce la toma de Granada y por tanto el inicio de España como Estado-Nación con intención de unidad y de universalidad que se completa con la expulsión de los judíos; y el descubrimiento de América que marca el inicio de la universalidad, afianzado por la internacionalidad que nace de la presencia de tropas españolas en Italia (donde Fernando rey de Aragón, reclamaba sus derechos dinásticos).

Pero nunca los gobernantes ni siquiera los más brillantes, como los Reyes Católicos, han conseguido nada solos. Fueron enormes los esfuerzos colectivos, los de grandes personajes y los de pequeños héroes anónimos para alcanzar todas aquellas gestas. En el caso que nos ocupa queremos destacar la figura de un héroe alabado como tal ya en su tiempo, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, sin el cual la conquista de Italia hubiera sido imposible.

Gonzalo Fernández de Córdoba nació en Montilla (Córdoba), el 1 de septiembre de 1453, en el seno de una familia de la pequeña nobleza de aquella ciudad. Gonzalo era el segundo de sus hermanos. Como era tradición, el primogénito heredaba el patrimonio familiar y al segundo le estaba destinado un futuro como militar. Su padre murió cuando Gonzalo aún era muy joven y fue enviado a la ciudad de Córdoba para que se educara bajo el cuidado de Diego de Cárcamo, pariente lejano de la familia, aunque sus estudios los pagó su hermano. Educado en las armas quiso probar fortuna en la corte de Castilla en el bando de los partidarios de la princesa Isabel. No hay que olvidar que en aquel momento aquella corte vivía en plena inestabilidad por las luchas intestinas dinásticas debido a las pretensiones de Juana, la Beltraneja. Superados estos asuntos, Isabel, apoyada por su marido, Fernando de Aragón, centró sus atenciones militares en Andalucía a fin de reducir al invasor musulmán.

Gonzalo formaba parte de las topas castellanas en la conquista de Granada. Destacó por su valentía e inteligencia militar en el cerco a la ciudad y ese valor ganó la admiración del rey que le encargó la negociación con el rey nazarí Boabdil para establecer los términos del tratado de rendición. Por todo ello, le distinguió con la orden de Santiago.

Tras el final de la Reconquista y cuando parecía que muchos soldados iban a quedarse sin empleo, las guerras en la península itálica ampliaron la actividad de todos ellos. Ya no se trataba sólo de tropas aragonesas, también había castellanos en esta empresa, así como gallegos, catalanes o vizcaínos… Se empezaba a asomar la grandeza de España, la unidad y el orgullo nacional de sus ciudadanos. La corona de Aragón siempre había tenido intereses en el mediterráneo, Fernando, con el tiempo, llegó a ser además de rey de Aragón, rey de Sicilia, de Nápoles y de Cerdeña. De hecho, los acontecimientos que contamos en esta entrada le conceden la corona de Nápoles, como veremos.

Ahora el enemigo no era principalmente musulmán sino francés. Carlos VIII de Francia decidió invadir Italia, lo que amenazaba el reino de Nápoles y las demás posesiones de interés aragonés en la zona. En 1494, Fernando se convertía en el defensor de los territorios italianos frente a los franceses. Para ello formó una Liga organizada en Venecia en la que estaban el papado, Venecia, el milanesado y España. Las tropas formadas por unos dos mil hombres se pusieron bajo el mando de Gonzalo Fernández de Córdoba. Las fuerzas aliadas no empezaron la conquista con buen pie, fueron derrotadas en Seminara. Fernández de Córdoba, sin embargo, logró rehacerse, salir dignamente de aquella derrota para acto seguido apoderarse de las dos Calabrias. Fueron las batallas de Atella, primero, y de Ostia, después, las determinantes de esta primera guerra de Italia y la expulsión de los franceses salvo de Gaeta y Tarento. Estamos en 1496, y el asedio de Atella se tornó como un gran desastre para los franceses. El éxito de la liga se debió a una acción conjunta de las tropas terrestres de Fernández de Córdoba y las navales bajo el mando de Galcerán de Requeséns, comandante de las galeras sicilianas. Ya en las guerras de Granada, Gonzalo había expresado su genio militar, ahora en Italia se desvela como un miliar brillantísimo que manejó conjuntamente la infantería, la caballería y la artillería, aprovechando el apoyo naval. Esta combinación se realizó por primera vez y fue el genio militar de Fernández de Córdoba en que la ideó y gestionó con éxito.

En relación con la segunda de las batallas mencionadas, Ostia, fue el Papa Alejandro VI quien solicita ayuda del cordobés. El corsario vasco Manaldo Guerri se había hecho fuerte en el puerto dirigiendo tropas francesas e impedía el abastecimiento de Roma. Fernández de Córdoba tomó el puerto e hizo prisionero al pirata. Con ello liberó los Estados Pontificios.

Pero siguiendo con la toma de Nápoles y situados en el siglo XVI, Fernández de Córdoba se dispone a expulsar a los franceses definitivamente de Nápoles, en lo que se ha llamado la segunda guerra de Nápoles entre Francia y España. Ahora el Rey francés es Luis XII, pero sus aspiraciones son las mismas que las de su predecesor Carlos VIII. Los comienzos no fueron muy alentadores para las tropas españolas. En 1502, el general francés D’Aubigny derrotó a los castellanos en Terranova de Calabria. Fue una derrota significativa para el Gran Capitán, que prefería los asedios defensivos a las batallas a campo abierto. Pero comprendió que el arte de la guerra requiere de todos los recursos, por ello, aprendió a luchar en campo abierto y en 1503 se produce la victoria española en Cerignola (o Ceriñola), pequeña villa sobre un cerro y protegida por un foso y un terraplén levantado por las tropas españolas allí acantonadas. Esta batalla fue importante por la estrategia empleada por Gonzalo Fernández de Córdoba fundamentada en un terraplén que dificultaba el ascenso al monte en el que se enclavaba la ciudad, finalizado en una trinchera desde la que los españoles hacían llover fuego de arcabuz. Se dice que esta fue la primera vez que las armas de fuego fueron determinantes en una batalla en Europa occidental. Cabe señalar que la introducción de artillería de asedio en las guerras fue obra de los ingenieros italianos, pero González de Córdoba, que ya las había utilizado con éxito en Granada, fue el que les dio un uso decisivo como táctica en algunos combates.

Cerignola marca el inicio de la hegemonía que España en los Campos de batalla europeos, que se mantendrá durante siglo y medio.

El 14 de mayo de 1503, las tropas de el Gran Capitán entraban victoriosas en Nápoles entre las aclamaciones del pueblo, mientras Federico I, rey de Nápoles, otorgaba a Fernández de Córdoba los ducados de Terranova y Sant’Angelo, junto con todas sus tierras, ciudades, villas y fortalezas.

Pero los franceses no se arredraban y enviaron una fuerza desde Milán. La batalla definitiva fue la ocurrida a orillas del rio Garigliano cerca de la villa de Gaeta.

En un noviembre atroz de frío y lluvia, Fernández de córdoba consiguió impedir que los franceses se movieran por la ribera del río como pretendía y acabaron atrincherados en Gaeta. En aquel asedio, tuvieron que rendirse y retirarse. El día de Año Nuevo de 1504, las tropas españolas y napolitanas entraron en la ciudad, último baluarte importante de los franceses en tierras napolitanas. En marzo de 1504, los franceses reconocieron la soberanía del Fernando el Católico sobre el territorio napolitano.

Cabe señalar que Nápoles se convirtió en una posesión dinástica de Fernando no de España. Lo sucedido en Italia, con todo, contribuyó a la reputación militar de España, como lo reconoció y alabó Maquiavelo en su obra “El arte de la Guerra”. Nápoles fue el inicio de la presencia de más de 200 años de los españoles en la península itálica. Pero España no estuvo allí como dominadora sino como salvadora de la invasión francesa.

Giovio, historiador italiano de aquella época, promovió con gran interés la figura de Fernández de Córdoba ensalzando su buen hacer como militar, su nobleza como persona y su heroísmo. Para él y otros historiadores del S.XVI, italianos y españoles (estos ensalzaban, además, su piedad, cortesía y generosidad), Fernández de Córdoba contribuyó a la defensa de Italia no a su sometimiento ante el extranjero como hubiera ocurrido de ganar los franceses. Fueron estas crónicas, más los hechos irrefutables de su buen hacer militar, las que lograron que al cordobés se le conociera como El Gran Capitán.

Fue aclamado como amigo y se le dieron, como vimos ricas tierras y fue nombrado Virrey de Nápoles, lo que motivó posiblemente la envidia del rey Fernando que le pidió las famosas cuentas, contestadas supuestamente con la famosa: “entre picos, palas y azadones, 100 millones” continuada por: “y con 100 más, di un reino a su majestad”. Lo que sí es cierto es que Fernando nombró a Fernández de Córdoba duque de Sessa pero a condición de que dejara de ser virrey.

El Gran Capitán fue obligado a regresar a España, estableciéndose en Loja, lejos de la corte. Murió el 2 de diciembre de 1515.

El Gran Capitán fue un genio militar, no sólo por lo ya señalado a lo largo de este texto sino porque se le considera el creador del ejército profesional español e impulsor de la infantería como base del mismo. Revolucionó esta arma mediante el uso de coronelías, precedente directo de los Tercios. Se trataba de un tipo de formación gobernada por un coronel que permitía una mejor movilidad y flexibilidad operativa. Potenció a los arcabuceros, dotó de armas cortas a los soldados para que se movieran por debajo de los piqueteros. Cambió el papel de la caballería dedicándola a la persecución del enemigo previamente dañado por la infantería. Puso en marcha una estructura de la batalla en tres líneas sucesivas de ataque, para tener una de reserva y una posibilidad suplementaria de maniobra. Fraccionó los batallones en compañías lo que agilizaba la formación de combarte encontrando desprevenido al enemigo.

Además, implantó una disciplina férrea en sus soldados y una moral excepcional basada en el orgullo de cuerpo militar, en el sentido del honor nacional y en un profundo espíritu religioso.

Los franceses decían de aquel ejército español que “no habían luchado contra hombres sino contra diablos”.

Querido por sus soldados, admirado por todos los que le conocieron, el Gran Capitán tuvo en su popularidad la causa de la envidia de quien podía ser su peor enemigo, el rey.

BIBLIOGRAFIA

MARTÍNEZ LAÍNEZ, Fernando.” Grandes estrategas de la Historia”. Ed Mundo Revistas. 1974.

MARTÍNEZ LAÍNEZ, Fernando y SÁNCHEZ DE TOCA, José maría. “El Gran Capitán”. Ed. EDAF. 2021

KAMEN, Henry. “Poder y Gloria: los héroes de la España Imperial”. Austral. 2012

INSUA, Pedro. “1492. España ante sus fantasmas”. Ariel. 2018.

 

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El Camino de Santiago

Como todos los años, en torno al 11 de noviembre, un hilo sobre Galicia. Siempre dedicado a los que cumplían y cumplen años ese día. Este año, desgraciadamente, el número de los que cumplían ha aumentado. A ellos con todo mi cariño y recuerdo. In Memoriam.

Hoy traigo un tema que enorgullece a Galicia y engrandece a España y a Europa: el Camino de Santiago.

Hay cien mil formas de estudiar el Camino de Santiago, de hecho, como señalaba hace pocas fechas la Comisaria del jacobeo 2021, hay varios tipos de caminos, todos marcan una o varias rutas y en ese simple sentido son ya importantes; algunos se especializan en su temática comercial, por ejemplo, la ruta de la seda; otros  destacan por su espiritualidad como los de Roma, Jerusalén o los japoneses del camino Kumano o el camino Shikoku ( de los 88 templos); otros tienen un carácter ecológico- natural como puede ser el del cañón del Colorado. “Pero el Camino de Santiago contiene todas estas vertientes: la cultural, la natural y la espiritual”. 

Dentro de la vertiente cultural, debemos entender el arte, la literatura, el pasaje natural… pero el aspecto que quiero destacar hoy es la importancia histórica del Camino de Santiago para la Historia de España y de Europa.

En su origen encontramos escritos narrando las más variadas leyendas. En todo caso, el camino se estructura en torno a la figura del Apóstol Santiago, conocido como Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y hermano de Juan Evangelista. Dice la Leyenda que vino a evangelizar España en la zona del noroeste y retornó a Jerusalén. Es un hecho comprobado que allí fue decapitado por Herodes Agripa en el año 44, lo que no está tan claro es cómo volvió su cuerpo a Galicia. Las explicaciones sobre este acontecimiento las encontramos en primer lugar en el “Códice Calixtino” (manuscrito iluminado del S. XII que reúne el más antiguo texto del Liber Sancti Iacobi, en varios libros. En los primeros reúne sermones, himnos, milagros y relatos de la traslación del Apóstol Santiago de Jerusalén a Hispania) y también tenemos referencias sobre la traslación del Santo en la “Legenda Aurea”. En ambos casos, se testimonia que el traslado a Galicia se debió al empeño de dos de los discípulos de Santiago el Mayor, que, siguiendo la leyenda, lo sacaron a escondidas de Jerusalén y lo embarcaron en una nao conducida por ángeles.

Suele datarse el origen del culto español al Apóstol Santiago en torno al año 814 d. de C., cuando, supuestamente, el eremita Pelayo contó al obispo de Iria Flavia que había avistado luces celestiales en una zona que pasó a llamarse “campus stellae”, o campo de las estrellas. Allí apareció un sepulcro con un cuerpo que se atribuyó al Apóstol Santiago. El hallazgo de la tumba del Apóstol constituía el final lógico de una tradición oral y escrita que, además de en los libros señalados anteriormente se narra en el Breviarum Apostolorum en el siglo VI-VII, los textos firmados por el anglosajón Beda Venerabilis y en los del Beato de Liébana en el siglo octavo.

El rey Alfonso II de Asturias (Galicia formaba parte del reino astur por entonces), es informado del descubrimiento del sepulcro del Apóstol y, con el fin de proteger estos restos, decidió construir junto a ellos un monasterio. La noticia coincidía con un importante momento político para la consolidación del reino astur-galaico.

Si los relatos históricos de los reyes astures señalan su lucha contra los musulmanes como una especie de cruzada cristiana frente al invasor musulmán, el hallazgo de la tumba del Apóstol permitía a los monarcas reafirmar tal situación. La posición religioso-reconquistadora de los reyes astures da un paso más durante el reinado de Alfonso III, el Magno, cuando en el 899 manda construir una basílica en honor del Apóstol Santiago el Mayor, que, andando el tiempo, se convertiría en la catedral de Santiago. La imagen de Santiago utilizada como un revulsivo, como señal divina que venía a reforzar su papel de elegidos para luchar por la cristiandad, se engrosó con un eslabón más en el campo militar dando lugar al nacimiento de la leyenda de Santiago Matamoros. El Apóstol montado en un corcel blanco irrumpía en las batallas para dar la victoria a la cristiandad. Por eso tras cada batalla se producía un voto real a Santiago en el cual se exhortaba a todos los cristianos a peregrinar a Compostela para dar gracias al Santo por su ayuda. Esta fama de salvador de la cristiandad se extendió por toda Europa e impulsó las peregrinaciones.

No menos importante para la historia de España y de la cristiandad fue que todo aquel capítulo religioso trufado de impulsos políticos acontecido en la Península ibérica coincidió en el tiempo con el imperio franco de Carlomagno. Recordando la importancia de los francos en Europa debemos señalar que su reinado supuso un intento de recuperar la cultura clásica en los ámbitos políticos, culturales y religiosos de la época medieval. Curiosamente, bajo un dominio germánico, bárbaro, se restituía de facto lo que había sido el imperio romano de occidente y, al tiempo, se promocionaban en Europa los valores del cristianismo frente a los paganos de las diversas tribus que fueron sometidas por Carlomagno, especialmente significativa en este sentido fue la victoria sobre los sajones. Además, en aquel momento el papado no contaba con fuerza militar suficiente para defenderse, lo que obligó a la jerarquía de la Iglesia a buscaba protección en el poderoso rey franco, convirtiendo así a Carlomagno en el líder de la cristiandad. Cabe recordar que, en el 800, el papa León III coronó a Carlomagno “emperador que gobierna el imperio romano”. La expansión del imperio carolingio tuvo como consecuencia coadyuvar a la expansión de los principios básicos que harán grande a Europa: la tradición clásica (greco – latina) y los principios judeo- cristianos.

En este contexto, los reyes astures utilizaron la Reconquista y el descubrimiento de la tumba de Santiago para establecer un corredor cristiano y europeo en el norte de la Península frente a los territorios que más al sur permanecerán en manos musulmanas durante algunos siglos más, constituyéndose de este modo en continuadores en la Península ibérica de la tradición carolingia.

Aquel territorio español, libre de invasores, requería ser repoblado y afianzar en él las posiciones cristianas que lo diferenciaban del enemigo. Santiago se convirtió en un nuevo centro religioso (equiparable a Jerusalén o Roma) que dará importancia a la zona y marcará al tiempo la continuidad y la diferencia con el imperio carolingio; diferencia por la propia singularidad de la tumba del Apóstol a la que se le atribuían poderes milagrosos. De este modo, se daba sentido trascendental a la Reconquista y un vuelco a la historia espiritual de Europa, que se lanzó a cimentar un camino para peregrinar hasta la preciada reliquia.

Realmente no existió un camino sino varios que se unificaban en Santiago.

El primer peregrino fue el rey Alfonso II que, cuando el obispo de Iría Flavia le habla del campo de estrellas, decide ir en persona a comprobar la existencia de la tumba. Su recorrido entre Oviedo y la tumba del Apóstol, fue la primera Ruta Jacobea, la que hoy conocemos como Camino Primitivo. Se conjuró en que allí fueran el resto de reyes de la cristiandad. Los monarcas cristianos iniciaron así su peregrinación a Santiago. Primero a través del hoy denominado Camino del Norte, una Ruta que recorría todo el norte peninsular y evitaba los territorios conquistados por musulmanes. A medida que la Reconquista fue avanzando, el recorrido más popular comenzó a ser el que comenzaba sus pasos en Roncesvalles o Jaca. Hablamos del Camino de Santiago francés (que se refleja en el quinto libro del famoso Códice Calixtino. En este libro se elabora una especie de guía para peregrinos). Con el paso del tiempo surgieron otras rutas por toda Europa y España. Desde la ruta de la Plata, al camino inglés, el portugués y otras muchas bifurcaciones europeas que normalmente convergen en el camino francés para adentrarse en la Península. A las peregrinaciones contribuyó también sobre manera la declaración de Año Santo Jubilar por parte del pontífice Calixto II en 1122 para aquellos años en los que el día de Santiago, el 25 de julio, coincidiera en domingo. Entonces se podrían alcanzar las mismas gracias que otorgaba Roma en sus años jubilares. Fue el papa Alejandro III el que declaró el carácter perpetuo de este privilegio concedido a Santiago.

Pero el camino de Santiago, desde el primer momento, fue algo más que un lugar de peregrinación. La expansión del islam por el mediterráneo había creado una inseguridad en la navegación por el mare nostrum que ocasionó un encerramiento de los pueblos en lo más cercano y conocido, un apogeo de la economía local, de la labranza y el pastoreo como dedicación fundamental, de un auge de lo rural frente a lo urbano. En el ámbito del comercio e intercambio, más bien escaso, se buscaron nuevas rutas, casi todas terrestres pues eran más eficaces que las marítimas. Las vías y calzadas romanas sirvieron como base para estos periplos terrestres y la existencia de caminos trazados, como el camino de Santiago, facilitaba el recorrido desde Europa del este a la Europa del oeste. Por aquellas viejas calzadas romanas, mal mantenidas, era más fácil el traslado de personas que el de grandes bienes. Transitadas por todo tipo de individuos, desde los mercaderes a los que peregrinaban buscando una sanación milagrosa; los que lo hacían en reconocimiento y agradecimiento de los bienes recibidos a los viajes de religiosos, especialmente monjes, de un convento a otro para mantener las conexiones entre monasterios filiales de las mismas órdenes… los caminos estaban mucho más poblados de lo que imaginamos hoy en día, sobre todo, en las rutas principales, como llegó a ser el camino francés.

Ese fluir de personas tuvo como consecuencia el intercambio de costumbres, de cultura, de alimentos, de ritos religiosos, de tolerancia frente al diferente, la construcción de hospederías, de templos… Por ese camino llegaron a España el románico ( cuya mejor expresión se dará en la propia Catedral de Santiago), las reformas de Cluny y más tarde el cisterciense; la aplicación del rito romano frente al hispano; la sustitución del canto hispánico por el gregoriano; la aceptación mayoritaria de la escritura francesa frente a la visigótica; la distribución por Europa de legados pontificios y los intercambios entre la Iglesia romana y la española, y, con ella, las influencias recíprocas entre ambas penínsulas; los intercambios de estudiantes (los hispanos frecuentaban escuelas centro europeas del saber, adquiriendo nuevos conocimientos culturales y trasladando nuevos principios filosófico; los europeos recibían el saber de las escuelas españolas con múltiples tradiciones del árabe); los documentos musulmanes se traducían al latín y traspasaban las fronteras pirenaicas hacia el resto de Europa; los cantares de gesta franceses llegaron a España, la poesía amatoria provenzal influyó en la lírica gallega; los extranjerismos lingüísticos aparecen por la frontera pirenaica, así, en el “Fuero de Avilés” se mezclan formas dialectales leonesas y toledanas con vocablos provenzales. En las poblaciones pirenaicas se escribían documentos en provenzal. Durante el siglo XII, tuvo lugar la expansión escrita de la fonética propia de Castilla. Ocurrió lo mismo con el catalán y con el gallego-portugués; muchos europeos, de todas partes, provenzales, normandos, borgoñones, flamencos, lombardos… llegaron en peregrinación a la Península y se quedaron en ella, repoblando o creando asentamientos nuevos. Todos ellos eran conocidos genéricamente en Hispania como francos – la famosa calle de franco (rúa do franco) de Santiago de Compostela debe su nombre a estos peregrinos o el relativamente común apellido Franco que se da en diversas zonas de España tienen el mismo origen. Significativas son las poblaciones de francos que se fundaron cerca de los pirineos, muy destacada en Navarra, en poblaciones como Estella, San­güesa, Pamplona, Puente la Reina, Monreal, Villalba, Tiebas, Torralba tuvieron poblaciones francas muy importantes, pero también en otros lugares, como veremos de la corona de Aragón o incluso más hacia el occidente peninsular como Sahagún, Astorga o en Oviedo- famosa rúa gascona que aún existe-. Esta presencia en zonas más cercanas a Santiago se explica por la necesidad de asentamiento de muchos extranjeros en la ciudad compostelana para dar servicio a los viajeros, llegando incluso a ocupar puestos de relevancia en la Iglesia o en el consistorio compostelano. Estos francos solían establecerse en las afueras de las poblaciones con la intención de comerciar, formando ferias mercantiles y artesanas, y las necesarias posadas, hospederías y tabernas para completar su estancia. Estas poblaciones no se distribuyeron con regularidad por todo el camino, siendo mucho más frecuentes en las zonas fronterizas pirenaicas. Los que si se asentaron por igual desde los pirineos a Finisterre y extendieron sus reformas, hospitales y hospederías por todo el Camino para atender a los peregrinos fueron los monjes negros de Cluny, lo que permitió, como ya señalamos, la aceptación del arte románico, la novación cluniacense y, posteriormente, la cisterciense en la Península.

Pero en el Camino de Santiago también influía lo que acontecía en el sur, en la zona musulmana de Hispania. Hasta el inicio del siglo XI, la preeminencia del Estado Omeya en el sur, sobre todo, la existencia del Califato de Córdoba como elemento aglutinador del poder del momento, permitía una comunicación e intercambio entre las zonas peninsulares del sur y otras zonas de dominio musulmán, incluso de las de extremo oriente. La caída y fragmentación del Estado Omeya trajo consigo la creación de los reinos de taifas y la perdida de esa unidad de acción. La debilidad del sur contrastaba con el paulatino fortalecimiento del norte cristiano.

En Europa se vivía un florecer urbano gracias a cierto intercambio de mercancías, cada vez más exitoso, que procedía de la mejora de las cosechas, de la implantación de pequeñas industrias manufactureras y en conjunto de una mejora de los alimentos, la higiene, la salud y el aumento de población. En Europa durante la alta Edad Media, la ausencia de reservas de oro y plata con que acuñar monedas había obligado a una vuelta al trueque y a la autarquía; ahora, el aumento de los intercambios de excedentes permitía superar esa situación, pero la carencia de monedas seguía siendo un problema y una dificultad para el desarrollo. Esa carencia no se daba en el mundo árabe. El declive musulmán en la Península permitió a la población allí asentada considerar interesante el intercambio comercial con las zonas del norte. De este modo, el Camino de Santiago se convierte en una ruta comercial a la que acuden tanto musulmanes como europeos. Estos últimos atraídos, además, por las apreciadas monedas de oro de procedencia musulmana, que contribuyeron a atenuar la penuria de los pagos en la zona cristiana del continente, mejorando el comercio y los intercambios mercantiles cuyo florecer se vislumbrará en el S.XII.  Aunque ya desde la segunda mitad del S.XI llegaban a España gracias al Camino de Santiago: paños de Brujas; armas y telas francesas… y se cambiaban por objetos de cobre, pieles, perfumes, sedas que procedían de oriente medio. Este comercio favoreció el desarrollo urbano y econó­mico de Pamplona, Jaca, Estella, Sahagún, León y, sobre todo, de Burgos.

Las ciudades y villas [cristianas de Hispania] se organizarán políticamente según las fórmulas del viejo municipio, con la consiguiente consolidación de las libertades inherentes a ellas, heredadas de las polis griega y de la civis romana.[1] La llegada de peregrinos, obligaba a disponer de lugares,  víveres, ropas y distintos bienes que pudieran necesitar. Además (ya dijimos que estos visitantes eran promovidos por los monarcas a fin de repoblar las zonas recién conquistadas), para que la permanencia se hiciera más atractiva los reyes otorgaban privilegios a las zonas de asentamiento, así, por ejemplo, libertad para comprar y vender inmuebles, libertad personal, inviolabilidad de domicilio, vigencia del fuero real sobre cualesquiera otras normas extrañas; supremacía de la justicia real sobre las autoridades locales.

Por otro lado, por la ruta jacobea llegaron guerreros de todas partes del continente, algunos por rutas marítimas, como los procedentes de las islas británicas (camino inglés) y otros que desde la Gascuña o desde las costas del mar del norte a los puertos cantábricos, para participar en las luchas contra los infieles. Estos guerreros repoblaron, en muchos casos, los espacios situados en las fronteras del Tajo, de Sierra Morena o del valle del Ebro. En este último caso, contribuyeron a las victorias militares de Alfonso I, el cual los premió con derechos destacados para que ejercieran como colonos en el reino de Aragón, estableciéndose así una importante colonia franca en las tres actuales provincias aragonesas.

La ruta jacobea unió el Occidente cristiano con las zonas más pujantes de Europa, en los siglos XI, XII y XIII. Incluso en éste último, la importante presencia francesa, sobre todo París como centro neurálgico de la economía europea, favoreció aún más la importancia de la ruta jacobea.

Estos derechos, libertades, la solidaridad, la tolerancia, la unión entre los pueblos, el esfuerzo, la acogida…, los principios judeo-cristianos y greco-romanos son valores que estaban en el sustrato histórico medieval europeo, que el Camino de Santiago proyecta y extiende y que forman parte de los referentes con los que se concibió siglos después la Unión Europea.

A finales del siglo XIII –1295– los genoveses logran cruzar el estrecho de Gibraltar e inauguran con ello un comercio marítimo que enlazará el mediterráneo con el mar del Norte de manera más rápida y cómoda que las vías terrestres. Esta situación pondrá el foco del comercio europeo en Brujas y en ciudades italianas como Roma o Florencia. Con ello, atrás quedará París, atrás quedará Santiago.

Tal es la decadencia que, en siglo XVI, se tiene por mendigos a los romeros que van a Santiago. Se controla su presencia y en Europa se vigila a los que vienen de Santiago. La miseria imperaba en la ruta y las enfermedades florecían. Los peregrinos que iban a implorar salud al Santo eran recibidos con recelo y en la ciudad compostelana se decretó que el que fuese en peregrinación no estuviese en la ciudad más de tres días, contando en ellos el de llegada y el de salida. Los reyes españoles permitían el peregrinaje y pedir limosna por el camino a los extranjeros, pero sólo si iban directos a Santiago no se paraban por el camino en otras ciudades y este periplo requería de una licencia previa. Felipe II, por Pragmática de junio de 1590, prohibió usar el hábito de peregrino a toda persona “de estos nuestros reinos”[2], de cualquier calidad que fuese. En tiempos de Carlos III, en 1776, en Europa se recomienda no dejar ir a Santiago y en España se establecen concretos caminos de ida y vuelta, en ellos los peregrinos deben ir provistos de la señalada licencia que pasó a conocerse como la Compostela, o pasaporte que se les daba para que las autoridades locales les concediesen licencia de pedir limosna durante tres días y, en 1778, se encargó a la justicia la comprobación de la documentación de los peregrinos y la imposición de determinadas penas a los contraventores para evitar así los problemas generados por mendigos y vagabundos.

Los peregrinos siguieron yendo, en menor medida, a Santiago, pero el Camino sufrió otro grave revés durante el S. XIX. La Revolución Francesa en Europa y la desamortización de Mendizábal (1835 y 1837) en España contribuyeron poderosamente al olvido de la ruta jacobea. La Revolución por incorporar una serie de posiciones ateas o al menos descreídas que abogaban por los principios de la razón humana como superadora de la idea de trascendencia y de Dios, que hicieron tambalear la fe de Europa. Ya no existía aquella devoción popular de peregrinación a Santiago en busca de un milagro, como en la Edad Media. La desamortización, que también comulgaba con el descreimiento, porque expropió las tierras y bienes en manos de la Iglesia Católica. Muchas de las órdenes religiosas que gestionaban los monasterios, hospederías y hospitales dedicados a la atención del peregrino vieron como les arrebataban sus posesiones para pasar a manos de la burguesía que las uso a su antojo.

Las rutas del camino de Santiago cayeron en el olvido. Su recuperación se realiza, en gran medida en los años 60 del siglo XX.  En 1965 se restablece parte del trazado original del Caminos francés, tomando como guía la ruta señalada en el libro quinto del Códice Calixtino. Pero no es hasta 1980 cuando los caminos de acondicionan con señalizaciones, hospedajes, monasterios y servicios para los peregrinos. Ahora la gestión se realiza desde las Administraciones Públicas, en colaboración con instituciones privadas y también con el apoyo de la Iglesia.

En esta recuperación han jugado un papel importante los reconocimientos oficiales. En 1962, en España se declaró al Camino como conjunto de valor histórico-artístico y el Consejo de Europa lo distinguió, en 1987, como primer Itinerario Cultural Europeo. La UNESCO lo incluyó en la lista del Patrimonio de la Humanidad en 1993. En ese mismo año el camino de Santiago fue declarado Patrimonio Cultural Europeo por los ministros de Cultura de la Comunidad Europea reunidos en Bruselas. En 2004 recibió el premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Además, para los católicos el camino jacobeo sigue siendo una importantísima ruta de peregrinación que permite ganar indulgencia en los años santos. 2021 es año Santo, que se extenderá de forma excepcional hasta el 31 de diciembre de 2022 por la pandemia Covid-19.

BIBLIOGRAFÍA

ANES, Gonzalo. “El camino de Santiago en la formación de Europa”. Número 35 de la revista “Política exterior”.1993.

ASOCIACIONES DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO DE NAVARRA, LEÓN Y GALICIA “El camino de Santiago, su configuración histórica”. 1987.

Barros Guimerans, Carlos. “Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, una aproximación global” Anales de historia antigua, medieval y moderna (Universidad de Buenos Aires). 2006

Lalanda, Fernando. “El boom del Camino en sus años oscuros (1961-1969) Visión Libros. 2011

[1] Gonzalo Anes. “El camino de Santiago en la formación de Europa”.

[2] Gonzalo Anes. Op. Cit.

Tiananmen

En la década de los ochenta del siglo XX, China vivía tiempos de cambio. Deng Xiaoping, el líder renovador que había sucedido a la “Banda de los Cuatro”, dirigía el País hacia cierta liberación económica y un mayor acercamiento a occidente. Pero políticamente China era y sigue siendo una férrea dictadura comunista.

China lleva siendo una dictadura desde que cayó el imperio, el cual no era, evidentemente, dada la época en la que gobernó China, una democracia. Pero superar las imposiciones propias de la antigüedad por medio del comunismo, nunca ha sido una gran idea.

Ya vimos al hablar de la Revolución Cultural ( https://algodehistoria.home.blog/2020/02/21/la-revolucion-cultural-china/ ) que la situación de aquel país era insostenible. Por otro lado, la década de los ochenta fue un momento de convulsiones en el mundo comunista. Fue la década de la caída del Muro de Berlín, Polonia se levantaba gracias al Sindicato Solidaridad, y por la acción de Juan Pablo II, de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan el comunismo perdía su referencia del bloque del Este. De hecho, en 1985 se había iniciado un proceso reformista en la URSS. Son los años de Gorvachov y la Perestroika (ya tratamos la caída del muro sus antecedentes en : https://algodehistoria.home.blog/2019/10/31/y-cayo-el-telon/ )

Así que no es de extrañar que, en este contexto, en el otro gran gigante comunista, China, se produjeran levantamientos revolucionarios. Los acontecimientos que vamos a describir hoy, se desarrollaron durante la primavera de 1989, en la plaza de Tiananmen, en Pekín, la plaza más grande del mundo, situada enfrente de la Ciudad Prohibida y cuyo nombre significa «puerta de la paz celestial». Mucha paz no hubo en los hechos que contamos hoy.

Las causas de la protesta se deben buscar en varias razones. Aquel proceso liberador en lo económico promovido por Deng Xiaoping, creó algunos desequilibrios en sus comienzos, provocando una fuerte inflación del 1988 . Esta subida de precios y la muerte de Hu Yaobang, líder reformista, símbolo de la apertura democrática, que había sido purgado dos años antes, fueron las causas inmediatas que desencadenaron el movimiento estudiantil, pero no fueron las únicas, entre otras muy importantes razones, se situaba la protesta por la corrupción del régimen, muy especialmente por el nepotismo que lastraba el futuro de los jóvenes.

El 18 de abril de 1989, miles de estudiantes, vestidos de luto, atravesaron al Plaza de Tiananmen en recuerdo de Hu y solicitando un gobierno democrático. Se calcula que se manifestaron casi un millón de personas. Se asentaron en la plaza y a ellos se fueron uniendo poco a poco otros ciudadanos. Esta revolución pacífica, un poco romántica y un tanto naif en sus formas, donde los manifestantes levantaron una escultura a la diosa de la libertad, supuso la mayor revuelta contra el sistema comunista chino que se haya dado nunca.

El 13 de mayo, al menos 100 estudiantes de los congregados en la Plaza comenzaron una huelga de hambre. El número aumentó a varios miles en los días siguientes.

El 19 de mayo, se calcula que estaban reunidas en la plaza más de un millón de personas y a ellas se dirigió el secretario general del Partido Comunista de China, Zhao Ziyang, pidiendo el fin de las manifestaciones. Ese mismo día, el primer ministro Li Peng impone la ley marcial. El 1 de junio, se prohíbe a los periodistas de todo el mundo informar en vivo desde la plaza, hacer fotografías o grabar videos.

La plaza se convirtió en un hervidero de gente pacífica y divertida que se reclama libertad. Especial importancia tuvo el concierto del cantante Hou Dejian, en apoyo de los manifestantes. En vista de que los manifestantes perduraban en la plaza de Tiananmen y que el movimiento se extendía por otros lugares de China, el régimen envió al ejército chino a desalojar la plaza; era el 4 de junio de 1989. La imagen más impactante y que mejor se recuerda es la de una hilera de tanques que se encaminaban al lugar y que se vieron frenados en su avance por un muchacho que se colocó delante de ellos. Nada frenó al ejercito chino. Su orden era disparar contra los manifestantes y así lo hicieron.

Nadie sabe el número de muertos, pero se calcula que hubo más de 10.000 muertos y miles de personas fueron enviados a los campos de concentración.

El gobierno chino impuso el silencio, de manera que la población china actual desconoce el hecho. En las zonas rurales no tiene ni rumores de aquellos acontecimientos, y sólo los privilegiados que han estudiado fuera de China pueden saber lo que ocurrió. De hecho, es en las zonas semilibres, como Hong Kong, donde se recuerda este acontecimiento. Allí se formó una vigilia conmemorativa a los 10 años de los hechos y una gran manifestación a los 20 años del suceso. 30 años más tarde sólo los noticieros internacionales recordaban los sucesos. En China siguen sin hablar de aquellos hechos. Salvo por los que los sufrieron, por ejemplo, el periodista Yu Dongyue que cumplió 17 años de pena, fue liberado en febrero de 2006. En 2015, EE.UU aún solicitaba la liberación de los que todavía cumplían «sentencias relacionadas con Tiananmen». El 2016, China debía liberar al último preso de estos acontecimientos. No hay datos que confirmen o desmientan si tal liberación se ha producido.

Aquel romanticismo de la juventud por la revolución ha desparecido. Las reformas económicas permiten a los habitantes de china vivir mucho mejor que hace 30 años y saben que seguirán mejorando sus condiciones económicas; en materia policía se han hecho más prácticos y no sueñan con revoluciones.

La llegada del hombre a la Luna y sus consecuencias

Muchas veces en este blog hemos hablado de hazañas de la humanidad, hoy traigo otra, quizá la más impactante del siglo XX. Me refiero a la llegada del hombre a la Luna.

Tal acontecimiento ocurrió el 20 de julio de 1969. En España lo recordamos de manera más especial por dos razones, una, por la labor que realizaron las estaciones de seguimiento de Robledo de Chavela y Fresnedillas (provincia de Madrid) y Maspalomas en Canarias. Varios ingenieros y expertos españoles, entrenados por la NASA, fueron los encargados de controlar tanto la trayectoria como las constantes vitales de los astronautas durante el viaje del Apolo XI que depositó a Aldrin y Armstrong en la corteza lunar y, segunda, por el incomparable hacer de Jesús Hermida contándolo en televisión española, si bien la transmisión en USA no desmereció un ápice a la mejor puesta en escena hollywoodense. La retransmisión se hizo a partir de la señal proveniente de Honeysuckle Creek, cerca de Camberra en Australia puesto que la esperada difusión desde Goldstone en California presentó en el momento culmen de la operación muy mala recepción. Este conjunto de centros mundiales colaborando con el acontecimiento fue una de las razones de su éxito, era occidente el que se movía tras el liderazgo norteamericano. Pero fue la Nasa la que realizó el proyecto, lo analizó, pagó y experimentó, y, como se aprecia en lo señalado para la retransmisión televisiva, siempre hubo un plan B pensado para cada posible eventualidad. Rara vez el éxito se logra con la improvisación y la casualidad, aunque en ocasiones así haya ocurrido; normalmente, el éxito llega de la mano del ensayo, el trabajo, la coordinación y la previsión, como fue en esta llegada a la Luna

El éxito del Apolo 11 se debe a un programa espacial “Programa Apolo” que se desarrolló en Estados Unidos como continuación del programa Mercury y que fue la contrarréplica al programa Sputnik soviético. El programa Apolo, cuyo nacimiento data de julio de 1960, tenía como objetivo, primero, circunvalar la Luna a fin de establecer un lugar adecuado para que se produjera el objetivo último, el alunizaje de una nave espacial tripulada. Se pretendía lograr el viejo sueño de viajar de la Tierra a la Luna como ya fabuló Julio Verne o como el 12 de septiembre de 1962, adelantó el presidente Kennedy en un conocidísimo discurso en la Universidad de Rice (Tejas), también lo había señalado previamente ante el Congreso.

Si esta historia resumida de nuestro progreso nos enseña algo es que el hombre, en su búsqueda del conocimiento y el progreso, está decidido y no se deja disuadir. La exploración del espacio va a continuar, participemos en ella o no, y es una de las grandes aventuras de todos los tiempos. Ninguna nación que espera ser líder de otras naciones puede plantearse quedarse atrás en la carrera espacial. (…)

Elegimos ir a la Luna. Elegimos ir a la Luna en esta década, y también afrontar los otros desafíos, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque esta meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y aptitudes, porque es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, que no estamos dispuestos a posponer, y que tenemos toda la intención de ganar, también a los demás.”

Esta determinación y anuncio de llegada a la Luna condicionó el proyecto Apolo hasta su culminación. Con enormes barreras que superar, como también señaló Kennedy en el mismo discurso:

“A pesar del hecho asombroso de que la mayoría de los científicos que el mundo ha conocido jamás están vivos y trabajan en nuestros días, a pesar de que el número de científicos de esta Nación se duplica cada 12 años siguiendo una tasa de crecimiento que triplica con creces la de nuestra población en su conjunto, a pesar de ello, las vastas extensiones de lo desconocido, las preguntas sin responder y las tareas que aún están sin terminar siguen superando con creces nuestra comprensión colectiva.”

Tal fue así que la carrera espacial hizo que tanto la URSS como Estados Unidos tuvieran que fundamentar su labor en el trabajo de científicos que habían tenido serios problemas en sus países.

Los americanos no habrían llegado a la Luna sin el trabajo del alemán Wernher von Braun, diseñador de las bombas germanas que caían como racimos sangrientos en el Londres de la Segunda Guerra Mundial ( IIGM) y, por su parte,  los soviéticos deben todos los logros del programa Sputnik, tanto el diseño del cohete como de la puesta en órbita de los primeros tripulantes en el espacio, a Sergei Pavlovich Korolev, ucraniano que fue torturado por «subversión en el campo de la tecnología» durante la gran purga en 1939 y preso en el Gulag hasta 1945. Posteriormente fue condecorado por la propia Unión Soviética.

Científicamente, la quinta expedición del Apolo compuesta por los astronautas, Neil A. Armstrong, comandante de la misión, Edwin E. Aldrin y Michael Collins, tenía como misión llegar a la Luna, dejar una serie de huellas de la presencia humana en el satélite y recoger piedras lunares para su análisis posterior. Además, la expedición en sí misma tenía un carácter científico en muchos órdenes, desde el uso de una mezcla de combustibles que detonaban al entrar en contacto sin necesidad de una chispa o una fuente calórica que no hubieran funcionado sin oxígeno, y en la Luna no lo había (no hay que olvidar que el Apolo 1 se quemó y sus tripulantes murieron en uno de los ensayos de su lanzamiento por un mal cálculo en el uso del combustible); al cálculo de las trayectorias no sólo para llegar a la Luna y alunizar en el llamado Mar de la Tranquilidad, lugar elegido para alunizar, gracias a las expediciones de “apolos” anteriores, sino para desacoplar y acoplar la nave nodriza con el módulo lunar en su aterrizaje y despegue en la  Luna; por los estudios de seguridad de los astronautas, en el vuelo, en la Luna y a su regreso; en materia  informática en el uso de computadores en tierra, en vuelo y sus conexiones y comunicaciones; por los avances y estudios médicos sobre el comportamiento de los seres humanos en esas situaciones físicas extremas y de ingravidez; por los análisis psicológicos- pensemos en la incertidumbre de los astronautas y su fortaleza física y mental para afrontar un viaje lleno de incógnitas en el que por supuesto no conocían su resultado final pero sí podían tener presentes algunos fallos que ocurrieron con anterioridad, como el mencionado del Apolo 1. Pensemos en la tensión psicológica de los ingenieros de tierra sobre cuyos aciertos gravitaba el éxito de la operación, los cálculos y, por ende, de muchas de las maniobras de la tripulación. Pensemos en la fortaleza psíquica de todos para afrontar un reto, muy bien planificado, pero en el que, de los 11 ensayos completos programados se realizaron sólo tres por falta de recursos económicos para afrontar el resto-. Además, estas misiones proporcionaron conocimiento del universo, por las fotos enviadas, por las piedras recogidas, de cara a futuras expediciones, por ejemplo, a Marte.… y otros muchos aspectos científicos que se podrían resaltar. De hecho, aquellos viajes lograron perfeccionar las telecomunicaciones, realizar comprobaciones científicas y mejorar las predicciones meteorológicas.

Pero si científicamente fue un éxito, históricamente tuvo enorme trascendencia.

Es un hecho que durante el siglo pasado la guerra fría trajo innumerables situaciones de conflicto unas con enfrentamientos directos (crisis de los misiles en Cuba, por ejemplo), y otras de manera larvada.

La carrera espacial era un modo de combate entre los dos bloques de la guerra fría, sin la violencia y el ataque directo de la IIGM, pero con la fuerza de la propaganda y de la capacidad técnica y económica en orden a demostrar qué modelo social y político, capitalismo- comunismo, era superior.

Durante los años 50, los Estados Unidos parecían ir contra remolque, apenas habían enviado algún satélite al espacio, en cambio los soviéticos de Nikita Kruschev (presidente del Consejo de ministros de la URSS de 1958 a 1964) estaban lanzados a una exitosa carrera espacial. Los norteamericanos temían acabar siendo engullidos por los rusos. Pero esa tendencia cambió con Kennedy y sus sucesores. Si los rusos mandaron al primer ser vivo al espacio (perrita Laika), pusieron en órbita al primer hombre (Yuri Gagarin), a la primera mujer (Valentina Tershkova) y realizaron el primer paseo espacial, el18 de marzo de 1965; los norteamericanos lograron ser los primeros en pisar la Luna.

El cambio dado a la política norteamericana en este punto por Kennedy no provenía sólo de una situación de inferioridad en materia espacial, sino de que su política en Cuba tampoco había dado buenos resultados como certificaba el fracaso de la invasión de la bahía de Cochinos. Su política espacial nace como cortina de humo para distraer a la opinión pública de aquellos desastres y revertir la situación mundial de los EE. UU buscando otro aspecto en el que moverse y triunfar. Evidentemente, se trataba de una carrera imperial, pero su expresión ante la opinión pública se llenaba de finalidades científicas, de paz y de desarrollo, como no podía ser de otro modo.

En palabras, de nuevo, de Kennedy, en la Universidad de Rice el proyecto Apolo tenía como objetivo:

“…Esta generación no tiene intención de zozobrar en la estela de la era espacial que se avecina. Nuestra intención es ser parte de ella. Nuestra intención es encabezarla. Porque la mirada del mundo está puesta ahora en el espacio, en la Luna y los planetas que están más allá, y hemos jurado que no lo gobernará una bandera de conquista hostil, sino un estandarte de libertad y paz. Hemos jurado que el espacio no se llenará de armas de destrucción masiva, sino de instrumentos de conocimiento y entendimiento”.

Pero tampoco ocultaba que aquello era una carrera que querían ganar y de hecho ganaron siendo la misma una de las causas de la caía del régimen soviético. Decía Kennedy:

“Sin embargo, solamente podemos cumplir los compromisos de esta Nación si somos los primeros y, por consiguiente, es nuestra intención ser los primeros. En resumen, nuestro liderazgo en ciencia e industria, nuestras esperanzas de paz y seguridad, nuestras obligaciones hacia nosotros mismos y hacia los demás, exigen que todos nosotros hagamos este esfuerzo, resolvamos estos misterios, y los resolvamos para bien de todos los hombres de buena voluntad, y nos convirtamos en la nación mundial líder en la exploración espacial…”

Durante aquellos años Estados Unidos destinó aproximadamente unos 5.000 millones de dólares anuales a su programa espacial. Se dice que los rusos emplearon durante dos décadas 100.000 millones de dólares en una carrera espacial que perdieron. Tras la llegada de los americanos a la Luna, los rusos lo único que lograron es llevar sondas no tripuladas al satélite.

Una vez habían ganado, tampoco los americanos mostraron mucho interés por mantener unos programas que se dedicaban exclusivamente a la ciencia y a aquel precio era una ciencia muy cara.

Con todo, tuvieron algunos proyectos interesantes y muy destacados como el Pioneer 10 que se convirtió en la primera sonda espacial en alcanzar la órbita de Júpiter, o el primer viaje a Mercurio; el 29 de marzo de 1974, la sonda Mariner 10 de la NASA se convierte en la primera en realizar un vuelo sobre el planeta mercurio.

Muchos historiadores consideran que la Guerra fría tuvo su fin el 15 de julio de 1975, cuando en la órbita de la Tierra se produce el acoplamiento de las naves Soyuz y Apolo 18. Se trato de la primera misión conjunta de las agencias espaciales de USA y URSS.

Sin embargo, si se mira con ojos más amplios, la guerra no termina hasta la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. Aunque deberíamos revisar si, en el fondo, parte de aquel enfrentamiento de bloques no sigue vivo.  Pero asumiendo como fecha límite la de 1989 debemos señalar que si bien, la carrera espacial, como tal, había terminado en el 75, con la consecuencia, entre otras, del agotamiento económico de la Unión Soviética debido a los millones de rublos que fueron destinados a la carrera espacial. Su caída definitiva como bloque de poder, no se produce hasta la presidencia de Reagan. El presidente norteamericano creía que había que presionar a los comunistas en todos los frentes y la carrera espacial era uno de ellos. 

Reagan estaba en contra de la firma del tratado Salt II, que firmó su predecesor Jimmy Carter.  En su primer mandato, Reagan lanzó programas diversos desde la doctrina Reagan de acabar con el comunismo. Dentro de ella se incluía una Iniciativa de defensa estratégica, conocida como Guerra de las Galaxias, que pretendía crear un gran escudo antimisiles que abarcara todos los Estados Unidos. Actualmente, se sabe que el proyecto tuvo más de bulo que de realidad, pero logró intimidar y presionar a la URSS en medio de la Perestroika de Gorbachov, carente de medios técnicos y financieros para lanzarse a una competencia de tal magnitud.

A finales de 1991 cuando se desintegra la URSS, el sistema espacial soviético es asumido por Rusia. EE. UU temía que numerosos ingenieros quedaran desempleados y pasaran a trabajar para Irán, China o Corea del Norte. Por eso idearon una actividad de cooperación internacional en materia espacial que dio como colofón, que no único, la creación de la estación Espacial internacional. Pero esta cooperación no ha eliminado por completo la competencia entre naciones. La guerra fría terminó, pero la carrera espacial científica y también económica y política se manifiesta de vez en cuando en el envío de satélites chinos, de robots exploradores como el Perseverance de la NASA que aterrizó en Marte, para coger muestras y el sistema ideado para su envío a la Tierra o en la carrera por los viajes turísticos, que vemos en estos días.

BIBLIOGRAFÍA

  1. CHAIKIN, ANDREW. A Man on the Moon: The Triumphant Story of the Apollo Space Program. Penguin Books (1994).
  2. La Carrera especial paso a paso. National Geographic:

https://www.nationalgeographic.com.es/llegada-del-hombre-a-la-luna/carrera-espacial-paso-a-paso_14369/1.

  1. Discurso de JFK en la Universidad de Rice. https://www.abc.es/ciencia/abci-elegimos-luna-porque-dificil-discurso-integro-john-kennedy-201907200635_noticia_amp.html#aoh=16345750358662&csi=1&referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&amp_tf=De%20%251%24s
  2. MARTOS RUBIO, Alberto. Breve Historia de la carrera espacial. Nowtilus. 2009

El Afianzamiento de la Nación Española. La Constitución de Cádiz

La guerra de independencia se produce en un entorno histórico en el que se disputa la preeminencia francesa con sus ideas revolucionarias exportadas por medio de los ejércitos napoleónicos frente a la sublevación de los que no se dejan dominar, dando lugar a diferentes guerras nacionales de liberación. Por otro lado y desde el punto de vista meramente político, el ambiente europeo está impregnado de los postulados de la ilustración y del constitucionalismo francés y norteamericano, o siguiendo un patrón más amplio, imbuido de las, llamadas por Palmer, revoluciones atlánticas. En todas ellas el elemento característico nace del equilibrio de poderes, en la eliminación de la ostentación del poder por una persona o grupo de ellas, dueños del poder político, para pasarlo a todos los ciudadanos. Realmente, este proceso de reformas, las emprendidas u otras, hacía tiempo que los ilustrados de toda Europa, españoles incluidos, veían como una necesidad para que el “Antiguo Régimen” pudiera ser útil.

Siguiendo ese patrón, en España los mayores avances los habían hecho los tres primeros Borbones (olvidándonos a Luis I), es decir, Felipe V, Fernando VI y Carlos III. Incluso en el reinado de Carlos IV, Godoy intentó continuar las reformas de los brillantes reyes anteriores. Pero la situación colapsó por la intervención napoleónica, favorecida por las disensiones entre Carlos IV y Fernando VII, que culminan con la Abdicación de ambos en favor de Napoleón y el establecimiento de un Gobierno francés bajo el reinado de José I.

A partir de aquí, es el gobierno del rey intruso el que dirige las instituciones tradicionales de España, inutilizándolas a ojos de los españoles. En la búsqueda hispana de  un gobierno legítimo, se idean varias soluciones:1) la afrancesada, que consistía en plegarse al invasor y a su superioridad, 2) la que toscamente buscaba la vuelta antiguo régimen, inmovilista y radical, y (3), en medio de ambas, la España patriótica ilustrada, la que superaba la distancia entre aquellos dos polos, la España de los que se mantenían fieles a la Independencia de España y firmes ante la necesidad de revisión que el momento exigía, la España de los que reivindicaban las reformas brillantes que imperaron durante todo el SXVIII, las que dieron a España y a sus provincias americanas una enorme estabilidad y prosperidad.

En la búsqueda de un gobierno legítimo, esa España ilustrada y patriótica analiza las bases de nuestra nación, de su Historia y tradiciones y así, por un lado, recupera la teoría de la escolástica española de la “Traslatio Imperii” según la cual la soberanía era otorgada por Dios al pueblo y este se la transmitía al monarca. Por otro lado, los ilustrados, iusnaturalistas, apelaban a la idea de contrato social que había sido recogido como base de la revolución francesa. En ambos casos la idea de soberanía residía en el pueblo de una manera más o menos inmediata. En el caso de los escolásticos, se pensaba que el pueblo transmitía al rey la titularidad de la soberanía y el ejercicio de la misma; los segundos, los liberales, consideraban que sólo se transmitía el ejercicio y no la titularidad. En todo caso, ante la usurpación del poder, como eran las circunstancias de España en 1808, el pueblo recuperaba lo que le era propio y lo administraba hasta encontrar al gobierno legítimo.

La combinación de ambos postulados será una de las características peculiares de la España de entonces. España durante todo el S.XVIII se había imbuido de los preceptos ilustrados, pero manteniendo la esencia de su personalidad como nación, sintiéndose orgullosa de su pasado, de su gran presencia en América, que ya quisieran los imperios británicos o francés poder contar, siendo la precursora de los Derechos Humanos por aplicación de las más profundas convicciones católicas. España había antepuesto los intereses nacionales a otros fines, logrando un siglo de brillante desarrollo y modernización, como posiblemente no encontremos otro en nuestra Historia y, sin embargo, algo se torció a finales de siglo XVIII y durante todo el S.XIX.[1]

La invasión napoleónica vino a trastocar el desarrollo iniciado por un miedo a la aplicación que Francia había hecho de la ilustración, con revolución, fin de la monarquía, terror… y que parecía ahora venía de la mano del invasor.

La España popular, aquella que constituía la base de la nación, aquella que había ido asimilando poco a poco la esencia nacional desde la Hispania romana, la unidad visigoda y la Reconquista, reaccionaba contra el invasor, sin más ideología que la defensa de lo suyo y de su rey.  Son los intelectuales los que se dan cuenta de que hay que dar una estabilidad política a aquella reacción, en cómo hacerla está la diferencia. Unos buscaban una España reformada, pero sin revolución, al modo inglés. Tenían una idea pactista de la Constitución, poniendo límites al ejercicio del poder del Soberano, estableciendo una soberanía compartida entre Rey y Cortes que permitiera una representación tradicional de ciudades con derecho al voto, en una cámara estamental y una segunda, provincial, elegida por sufragio popular. Entre ellos y como cabeza destacada estaba Jovellanos y también Floridablanca. Por otro, un grupo más radical consideraba la soberanía como propiedad exclusiva del pueblo, con división clara de poderes y el reconocimiento de derechos y libertades ciudadanas. Ésta segunda era una posición mucho más revolucionaria que reformista, al gusto francés, pero sin ser afrancesados sus partidarios, por eso seguían apelando a la Constitución histórica española. Formaban lo que pronto pasó a denominarse liberales, voz de origen hispano que así se extendió por el mundo.

La expresión de este grupo de patriotas, más moderados unos, más radicales otros, queda manifiesta en las palabras de Jovellanos al general Sebastiani cuando le propuso formar parte del gobierno de José I: “Señor General. Yo no sigo un partido, sigo la santa y justa causa que sostiene mi patria, que unánimemente adoptamos los que recibimos de su mano el augusto cargo de defenderla y regirla, y que todos hemos jurado seguir y sostener a costa de nuestras vidas. No lidiamos, como pretendéis, por la Inquisición ni por soñadas preocupaciones, ni por el interés de los Grandes de España; lidiamos por los preciosos derechos de nuestro Rey, nuestra Religión, nuestra Constitución y nuestra independencia… [Y por] el deseo y el propósito de regenerar España y levantarla al grado de esplendor que ha tenido algún día y que en adelante tendrá, es mirado por nosotros como una de nuestras principales obligaciones”[2].

Cabe señalar que Napoleón creyó que otorgando una constitución liberal a España apaciguaría el levantamiento nacional contra sus tropas, pero no fue así. Así nació la Constitución de Bayona en 1808. La Constitución de Bayona, realmente una carta otorgada, de carácter liberal en apariencia si bien dominada por el autoritarismo napoleónico, es confesional, al modo tradicional español, y en sus 146 artículos intenta sofocar las instituciones del Antiguo Régimen estableciendo una reforma política, social y económica que potencie a la burguesía y debilite a la nobleza. No establece un listado de derechos, pero recoge varios y asimismo reconoce representación a las provincias de ultramar.  Su presencia, aunque rechazada por los españoles, no dejó de ser importante para crear el ambiente propicio a los cambios que se darán en España. De hecho, en Cádiz, llaman como experto para que ayudar en la redacción de la Constitución gaditana a Ranz Romanillos, que había participado en la redacción de la de Bayona.

Por su parte, en el gobierno de los españoles, aquellos postulados políticos nacionales y patriotas que se daban en los sectores ilustrados se vieron representados, en las Juntas provinciales y locales, que nacieron como oposición político-organizativa de la nación frente al invasor. En ellas tienen acomodo todos los estamentos sociales, intelectuales, nobles, pueblo llano, clero. Muchas de aquellas Juntas apelaron a las instituciones tradicionales y asumieron el poder en nombre del que creían era su legítimo dueño- el rey Fernando VII-. En las juntas se recogen los postulados del poder legítimo nacional nacido de la Historia, la escolástica, la tradición y la modernidad con todas sus variaciones y divergencias. Pero en su organización, las Juntas se mostraban como una amalgama de poder acéfala; patriota, pero sin un camino unitario, en medio de una guerra emprendida por el pueblo español, sin una coordinación unívoca. Esa tendencia se revierte cuando se opta por la formación, en septiembre de 1808, de una Junta Central y con ella un movimiento centralizador que fue, con el tiempo, limando el poder provincial, pero dejando en sus manos algunas competencias destacadas: alistamiento, recaudación, órganos periféricos del Gobierno central, daría lugar a la estructura provincial bajo el principio de desconcentración y coordinación que será esencial en la futura estructura administrativa de España. Pero, antes de culminar ese proceso, la Junta Central (la Derrota de las tropas españolas en Ocaña en noviembre de 1809 lleva a la Junta a Refugiarse en Cádiz), tenía la obligación para seguir ahondando de un proceso político de representación de la España invadida frente al usurpador y, por ende, de convocar Cortes, como órgano de representación política de la soberanía. La primera Junta que señala la necesidad de convocar Cortes fue la de Asturias, y el primer decreto de convocatoria de Cortes se dictó el 22 de mayo de 2009

La propia convocatoria fue complicada por su ánimo de incluir a todos los sectores nacionales. Para los trabajos preparatorios, se nombró una Comisión de Cortes, que elaboró una “Instrucción que deberá observarse para la elección de los diputados en Cortes”, debida a Jovellanos, es decir, bajo los principios reformistas no revolucionarios, pero buscando un camino intermedio entre ambos. Por eso en los futuros escaños se pretendía una representación popular (un diputado por cada cincuenta mil habitantes), una representación territorial (un diputado por cada Junta superior provincial) y una representación estamental (ciudades, grandeza de España y sector eclesiástico). Como apoyo a aquella Comisión se nombró una Junta de Legislación cuyo trabajo, fijado en otra Instrucción del mismo Jovellanos, tenía como objetivo “meditar las mejoras que pueda recibir nuestra Legislación, así en las Leyes fundamentales como en las positivas del Reino y proponer los medios de asegurar su observancia”. Es decir, se admite la posibilidad de reformar las leyes constitucionales de España, lo que sin duda supuso el punto más conflictivo. Al frente de esta Junta estaba Agustín Argüelles, un liberal que pretendía una revolución más que una reforma. De hecho, en los trabajos de esta comisión se inició la redacción de una nueva constitución, en contra de la posición de Jovellanos y otros ilustrados. El prócer asturiano sostenía que España ya tenía una constitución formada por las leyes que fijan los derechos del soberano y de los súbditos, y contaba con los medios necesarios de preservar unos y otros. Para Jovellanos aquellas leyes no habían sido postergadas o destruidas por ningún dictador, por tanto, si faltase alguna medida para conseguir su observancia debía establecerse, pero no era necesario sustituirlas por otra norma suprema. [3]

Sin embargo, los liberales consideraban que la desidia, la ignorancia y el abandono que se habían hecho de aquellas leyes constitucionales de España habían tenido como consecuencia su inutilidad, habían dejado de tener efecto.[4]

Se inicia así un proceso constituyente en el que la Junta central se disuelve en manos de una regencia, formada por cinco miembros, que se propuso la dirección de la guerra y la reestructuración del Estado y que hace el llamamiento a cortes, constituyentes y extraordinarias, el 1 de enero de 1810.

Llamamiento que abarcaba sólo a los representantes de las provincias y de las ciudades con voto en Cortes. Aunque no hubo un primer llamamiento por estamentos, la reunión final sería La representación en las Cortes generales de la nación elegidos electoralmente y por Estamentos (nobleza, clero y estado llano) como en el Antiguo Régimen. Se procedió a la elección de los representantes de la nación, así como, a los suplentes de América y Asia y de las provincias ocupadas por el enemigo que no pudiesen elegir libremente a sus diputados[5] (No se sabe cómo se realizaron estas elecciones en medio de un país ocupado por los franceses en su mayor parte. Previsiblemente tendrían un carácter clandestino y la participación sería muy baja. De ahí que se recurriera a un sistema de suplentes nombrados entre los oriundos de cada región residentes en Cádiz). Finalmente, las Cortes se reunieron en la Isla de León el día 24 de septiembre de 1810. Se reunieron en cámara única. Su composición fue la siguiente: eclesiásticos, 97; catedráticos, 16; militares, 37; abogados, 59; funcionarios de diferentes Cuerpos, 54; grandes propietarios, 15; médicos, 2; otras profesiones populares, 20. En total, 300 diputados; de ellos 30 representaban a las provincias de ultramar. Todos juran defender a su legítimo Rey Fernando VII. Sin embargo, por los avatares de la guerra no se reunieron nunca los 300.

Como la guerra hacía peligrar la estancia de las Cortes en la isla de León, decidieron trasladar la sede de las reuniones a Cádiz capital. La última sesión en la isla de León fue el 20 de febrero de 1811 y la primera en Cádiz el 24 del mismo mes.  Tras ocho meses de discusiones parlamentarias, la constitución fue promulgada el día 19 de marzo de 1812, aniversario de la subida al trono de Fernando VII y fiesta del patriarca San José, motivo por el cual, el pueblo comenzó a festejar su aprobación con el famoso grito de “viva la Pepa”.

En su estructura es una constitución muy extensa de 384 artículos divididos en 10 títulos, eminentemente rígida al analizar su sistema de reforma, si bien no consideró necesario establecer un control constitucional de las leyes.

En su contenido, la Constitución de 1812, a pesar de todas las tendencias ideológicas vistas, con toda la buena voluntad, logró un texto que unía la soberanía popular, los derechos del Rey, con las exigencias de los liberales, que en última instancia fueron los más influyentes en el texto. Redactada esencialmente por Agustín Argüelles, Diego Muñoz Torrero, Evaristo Pérez de Castro y el ya nombrado Romanillos, enlazaba con las leyes tradicionales de la Monarquía española, pero, al mismo tiempo, incorporaba principios del liberalismo democrático tales como la soberanía nacional y la separación de poderes. Es decir, se proclama constitucionalmente la existencia de la soberanía popular, no del rey o compartida entre ambos, el rey no lo era por origen divino sino por la gracia de Dios y la Constitución; el poder recaía, pleno y supremo, en esa Nación como Ente distinto de los individuos que la integran.

Como consecuencia de ello, la Corona veía limitado su poder, conservando una participación en el Poder legislativo, con una tímida iniciativa y un veto suspensivo, así como la titularidad del Poder ejecutivo, aunque sus actos debían ser refrendados por los Secretarios de despacho. Se introduce, por tanto, el principio de separación de poderes, siguiendo los modelos de las constituciones francesa de 1791 y norteamericana.

La constitución presenta algunos otros elementos destacados y dignos de mención:

  • Fue una constitución demasiado extensa y prolija en algunos aspectos. Entró a regular materias que deberían haberse dejado al Legislador o incluso al propio Ejecutivo. Así, por ejemplo, se extiende en detalles relativos a la regulación de los poderes del Estado y del régimen electoral. Lo que no es más que la muestra de aquello que realmente preocupaba en el momento, la auténtica revolución interna que era la limitación del poder monárquico y la ostentación de la representación del poder popular por parte del Parlamento a través de las elecciones.
  • Las Cortes se organizaban en una Cámara única, pues se temía que el clero y la nobleza consiguieran apoderarse de una Asamblea de Próceres, obstaculizando la renovación política, social y económica que se pretendía operar. Quizá para evitarlo redactaron algunos artículos ciertamente curiosos como artículo 6 que señala: “el amor de la patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles, y así mismo ser justos y benéficos”. Asimismo, y posiblemente con la intención de conducir al monarca, sobre el que recaía el poder ejecutivo en el artículo 13 se expresaba en los siguientes términos: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”.
  • Aunque no se estableció un listado de derechos y se negó el derecho de libertad religiosa (España se proclamaba como estado confesional), sí hubo un reconocimiento a determinados derechos como la libertad de pensamiento y expresión de una manera muy amplia, aunque limitado por una censura en aquellos aspectos en los que se mancillara a la religión; se establece la libertad personal; el derecho de propiedad; derecho a la educación elemental con la obligación de un Plan nacional unitario para toda España; libertad de imprenta; derecho al sufragio activo y pasivo, el primero universal masculino y el segundo censitario, con lo que, para ser candidato era necesario poseer una renta anual procedente de bienes propios …
  • A los derechos anteriores hay que unir una serie importantísima de preceptos en materia penal y civil que se mantienen vigentes en la actualidad como, la inviolabilidad de los diputados con tribunales especiales que los juzguen, la inviolabilidad del domicilio, la posibilidad de poner fin al arresto mediante fianza, la imposibilidad de arrestar sin ser informado de los derechos, de la existencia de orden judicial o la limitación de imponer penas físicas…

Tras la derrota de Napoleón, las fuerzas del Antiguo Régimen pretendieron volver al lugar político que ocupaban antes de la Revolución Francesa, pero ya su presencia no se hacía con la armonía de un sistema que había evolucionados desde la Edad Media, como solución y aplicación del Estado-Nación, sino en sus maneras absolutistas más radicales, que en España encontraron en Fernando VII un defensor a ultranza. Derogó la Constitución de Cádiz en 1814, pero tras el pronunciamiento de Riego en 1820, se vio obligado a jurarla de nuevo, iniciándose así el Trienio liberal.

Con ello terminó la vigencia de la Constitución de Cádiz, pero no su influjo, que gravitó sobre la política nacional, directamente hasta 1868, e indirectamente, durante el resto del ciclo liberal hasta nuestros días. Tuvo además una gran influencia fuera de España, en América, en las constituciones de las provincias españolas al independizarse, siendo la pieza clave de la transferencia de los ideales del liberalismo al mundo hispánico, formando parte del trasfondo de su Derecho y de la estructura de los nuevos estados. En Europa, influyó en los preceptos constitucionales de Portugal, en el surgimiento del Estado italiano e incluso en la Rusia zarista.

La Constitución de 1812 se convierte en el antecedente de lo que será el régimen democrático actual en España. La constitución introdujo a España en la modernidad político-jurídica, nos incorporó al constitucionalismo y a la superación del Antiguo Régimen, y consolidó el concepto de Nación y soberanía popular. Es este aspecto lo que hace grande a la Constitución de Cádiz. La Constitución de 1978, la otra gran constitución de nuestra Historia, enlaza directamente con los preceptos liberales de Cádiz, con su espíritu creativo y moderno. En el camino hemos pasado por distintas guerras de independencia en América, diversas guerras civiles en el interior de la Península durante los siglos XIX y XX, ocho textos constitucionales inestables y poco estimados, varios golpes de Estado, dictaduras militares, dos repúblicas profundamente fracasadas y calamitosas para el devenir histórico de España y un proceso nacionalista desastroso para la Nación. Cádiz consagró a la ya existente Nación española y supuso la modernización política de España; el régimen del 78 aspira a mantenerlo y afianzarlo. En ambos casos, los españoles nos hemos dado dos magníficas constituciones fruto de un esfuerzo común de superación, a ver si no lo estropeamos.

BIBLIOGRAFÍA

DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. “España, tres milenios de Historia”. Marcial Pons. 2020.

MARIAS, Julián: “España Inteligible. Razón histórica de las Españas”. Alianza Editorial. 2014.

TOMÁS Y VALIENTE, Francisco, “Génesis de la Constitución de 1812”.

RODRÍGUEZ DE CAMPOMANES, Pedro. “Tratado de la regalía de amortización” Archivo de Internet: https://archive.org/details/tratadodelaregal00campuoft

FERNÁNDEZ MARTÍN, Manuel, “Derecho parlamentario español” Google Books:

https://books.google.es/books?id=FigGAAAAMAAJ&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

[1] Julián Marías “España Inteligible”. Alianza Ed. 2014. Pag.315-320

[2] Carta de Jovellanos de 1809 recogida en “Jovellanos en la Guerra de la Independencia”. Real Academia de la Historia- José Gómez Centurión-

[3] La instrucción y los acuerdos de la Junta de Legislación pueden consultarse en TOMÁS Y VALIENTE, Francisco, “Génesis de la Constitución de 1812”.

[4] RODRÍGUEZ DE CAMPOMANES, Pedro, Tratado de la regalía de amortización”

[5] FERNÁNDEZ MARTÍN, Manuel, Derecho parlamentario español. pp. 600-619.

El Reino Unido y la Unión Europea: historia de una relación interesada.

Dicen los que entienden de esto que los matrimonios provocados por el interés son los que más duran, si dura el interés. Este podría ser el resumen de la incorporación del Reino Unido de Gran Bretaña a la Unión Europea (UE) y de su salida: se acabó el interés, se rompió la unión.

Si el Imperio Británico fue un compendio de dominios, colonias mercantiles, protectorados, mandatos y sólo 4 colonias de asentamiento, es decir, todo un conglomerado comercial, su ingreso en la UE tuvo la misma visión mercantilista.

Se suele señalar a Churchill como uno de los ideólogos de la unión de los países europeos, y así fue. Pero si analizamos atentamente los postulados de estadista británico veremos que su idea de unidad europea se fundamentaba en la unidad de los otros, sin ellos.

Winston Churchill, en un celebrado discurso en la Universidad de Zúrich, el 19 de septiembre de 1946, proponía, para resolver el problema de la atormentada Historia del continente europeo, la creación de unos Estados Unidos de Europa. Sin embargo —en su visión— el Reino Unido no debería participar en este proceso, sino que debería apoyarlo desde fuera, al igual que deberían hacerlo también los Estados Unidos de América y la Unión Soviética. En su visión, este proceso de integración política debería ser liderado por Francia y Alemania, países que precisamente habían estado en el origen de las grandes confrontaciones que habían ensangrentado Europa en los últimos cien años”. [1]

Así decía Churchill: “[…] debemos recrear la familia europea en una estructura regional denominada, puede ser, los Estados Unidos de Europa […] En esta tarea urgente, Francia y Alemania deben tomar juntas la dirección. Gran Bretaña, la Commonwealth británica, la ponderosa América —y, yo creo, la Rusia Soviética […]— deben ser los amigos y los promotores de la nueva Europa y deben defender su derecho a vivir”. [2]

Quizá fue el Presidente francés Charles De Gaulle, el que mejor comprendió la posición británica y, por ello, fue el que más se opuso al ingreso británico en las comunidades.

En algo tenía razón Churchill, la Unión Europea nació con el anhelo de acabar con los frecuentes conflictos entre vecinos que habían culminado en la II Guerra Mundial (en adelante, IIGM). El 23 de julio de 1952, se funda en París la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) es el primer paso para una unión económica y política. Sus seis países fundadores fueron: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países bajos. En 1957, se firma el Tratado de Roma, por el que se constituyen la Comunidad Económica Europea o Mercado Común (CEE). Completaba el tridente institucional originario la Comunidad Europea de la Energía Atómica. Por el tratado de Bruselas firmado el 8 de abril de 1965, se fusionan los Ejecutivos de las tres instituciones, se crea de este modo, una sola Comisión europea y un solo Consejo para las tres comunidades. El tratado de fusión, o tratado de Bruselas, está considerado como el principio de la actual Unión Europea. Entró en vigor el 1 de julio de 1967.

Cabe recordar dos entradas de este blog sobre la creación de una conciencia europea.

https://algodehistoria.home.blog/2019/09/13/creacion-de-una-conciencia-europea-1/

https://algodehistoria.home.blog/2019/09/19/creacion-de-una-conciencia-europea-2/

El Reino Unido no tuvo interés alguno en entrar en ninguno de los tratados fundacionales. Para ellos el ideal seguía siendo el espléndido aislamiento de siempre.

Ese ideal de unión política y económica sufrió una alteración en su orden siendo la unión económica el primer paso a dar para lograr, con el tiempo y de manera paulatina, la integración política. Ese cambio en el orden de integración permitió que algunos países reticentes decidieran ingresar en la Unión. No es casualidad que la primera ampliación se diera en 1972 cuando el estancamiento económico se dejaba sentir.

El Reino Unido, junto con Dinamarca e Irlanda, ingresó en las CEE el 1 de enero de 1973. El Tratado de Adhesión se había firmado en Bruselas un año antes, el 22 de enero de 1972. De aquel acuerdo participaba también Noruega, pero el gobierno noruego decidió someter el acuerdo a referéndum y, el 25 de septiembre de 1972, los ciudadanos noruegos lo rechazaron.

En el caso británico el proceso se había iniciado en 1961, cuando el Primer Ministro conservador Harold Macmillan presentó la primera solicitud de adhesión a las Comunidades europeas.

Era la primera vez que Bran Bretaña se acercaba a la Unión. Había sido invitada a participar en los procesos institucionales previos, pero nunca aceptó, incluso cuando Francia envió un ultimátum en 1951 antes de la creación de la CECA, reusó entrar. Al contrario, lo que promovió fue una asociación económica alternativa a la CEE, la EFTA (-Acuerdo Europeo de Libre Comercio- creado el 4 de enero de 1960 por Austria, Dinamarca, Reino Unido, Noruega, Portugal, Suecia y Suiza. Actualmente sigue existiendo y sus miembros son Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza).

Sin embargo, las condiciones económicas cambiaron, la nacionalización del Canal de Suez y la consiguiente retirada del Reino Unido de la zona, supuso la pérdida de su condición de potencia dominante que, si bien ya se había escenificado en los tratados de paz de la IIGM, ahora se hacía patente a ojos vista de todos, mucho más cuando sus antiguas colonias comenzaron a independizarse. A esa situación se unió el hecho de que la economía de los países de la CEE crecía mientras en la EFTA se estancaba. A Gran Bretaña le hacía falta un mercado donde colocar sus productos, el de la CEE abarcaba 300 millones de personas, el de la EFTA a 90. Sin imperio, sin el dominio de los mares, sin un mercado amplio, la situación económica británica era delicada, requería un revulsivo, y fue a buscarlo a la CEE.

Ya hemos señalado que quien mejor conocía las aspiraciones británicas era De Gaulle y el presidente francés vetó el ingreso inglés. De Gaulle afirmó que la entrada de Gran Bretaña cambiaría por completo las reglas establecidas en las Comunidades: “Eso sería entonces otro mercado común del que deberíamos considerar su construcción. Pero […] no se parecería en nada al que han construido los seis. Por otra parte, esta Comunidad, aumentando de esta manera, vería como se le plantearían todos los problemas de las relaciones económicas con todo tipo de otros Estados y principalmente con los Estados Unidos. […] por ello, en definitiva, parecería una Comunidad Atlántica colosal bajo la dependencia y dirección americana, que habría de absorber pronto a la Comunidad de Europa. […] pero eso no es en absoluto lo que ha querido hacer y que ha hecho Francia, que es una construcción propiamente europea”. [3]. Detrás de estas palabras está el deseo francés de resucitar su antiguo poder en el mundo como gran potencia. Si aquello hubiera sido una ópera, hubiéramos estado ante una guerra de divas.

Tras las elecciones británicas de 1966, los laboristas, que llevaban en su programa el ingreso en la CEE, vuelven a reactivar la solicitud (mayo de 1967). De nuevo Francia veta a los británicos y eso a pesar de que, en esta ocasión, los ingleses se habían mostrado partidarios de colaborar en la integración europea, al menos así lo pregonaban.

La situación se desbloqueó con la llegada Georges Pompidou a la presidencia de la República francesa, el 15 de junio de 1969, y el nombramiento como Primer Ministro del Reino Unido del conservador Edward Heath un año más tarde, el 19 de junio de 1970. El acuerdo definitivo no fue fácil, pero se logró en 1972. El Gobierno británico acogiéndose a un principio de soberanía parlamentaria y basado en el respaldo popular obtenido en las elecciones, no sometió el acuerdo a referéndum, se limitó debatirlo y aprobarlo en el Parlamento. El 31 de diciembre de 1972, el Reino Unido abandonó la EFTA y, el 1 de enero de 1973, ingresó en la CEE.

En palabras del Primer Ministro Edward Heath, aquel era un momento histórico en el que la Europa Occidental avanzaría en el camino de la unidad real con Gran Bretaña formando parte de ese camino hacia la unidad. Sin embargo, la esencia de los países, como de las personas, siempre sale a la luz y al poco tiempo volvió a surgir el problema británico que no era sólo de índole económica sino, esencialmente, de cesión de soberanía.

En las elecciones de 1974, los laboristas de la mano de Harold Wilson volvieron al gobierno, con la promesa electoral de renegociar las condiciones de ingreso en la CEE y someter el acuerdo a referéndum.

La renegociación dio lugar al establecimiento de un mecanismo corrector que devolviera a Gran Bretaña parte del dinero aportado al sostenimiento de la CEE. Se trataba del conocido “cheque británico”, el primero, porque Margaret Thatcher lograría el segundo en 1985. La queja nacía por las ayudas sobre la agricultura consideradas injustas por los ingleses al tener ellos una producción agrícola muy pequeña. Una segunda parte del acuerdo consistió en ampliar el plazo para la retirada de los productos frescos y otros alimentos de la Commonwealth como productos preferentes dentro de la Unión. A pesar de que otras medidas propuestas por los británicos no se debatieron, el gobierno laborista vendió el acuerdo como un gran éxito del Reino Unido. En ese ambiente se celebró el referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña el 5 de junio de 1975. El sí triunfó por un 67,2% frente al 32,8% del no.

Aquí no terminaron los problemas, más bien acababan de empezar. Como siempre, la verdadera naturaleza británica fundamentada en su orgullo nacional no podía sobrevivir fácilmente en un proceso de integración. Ingresaron porque tenían un problema económico, nada más. Los 45 años de permanencia en la Unión los pasó Gran Bretaña luchando por no perder su identidad nacional y ni un ápice de su condición de Estado soberano.

El Segundo gran conflicto surgió con la crisis financiera de 1984. Para solventar los problemas económicos se llegó a un acuerdo en junio de 1984 en el Consejo Europeo de Fontainebleau y con él, el acuerdo sobre el segundo “cheque británico”, el de Margaret Thatcher, más una reforma del sistema de recursos propios de las Comunidades adicionado en mayo de 1985. Esta vez la compensación provenía de la contribución del Reino Unido mediante el IVA al presupuesto anual de las comunidades.

Más concesiones a los británicos se dieron en 1992 con el principio de subsidiariedad para que el Reino Unido aceptase firmar el Tratado de Maastricht. El significado de aquel principio, en palabras de Primer Ministro, John Major, ante la Cámara de los Lores consistía en “un instrumento para limitar la intervención de la UE en asuntos nacionales y mantener bajo control la futura transferencia de competencias a la UE”. A partir de este momento, el Reino Unido se mantuvo al margen de los progresos más relevantes del proceso europeo de integración, utilizando el mecanismo llamado “opting-out”. Este sistema tenía la doble peculiaridad de que permitía a los británicos, también a otros países, mantenerse al margen de la integración acordada en cada momento y, en cambio, asumir parte de un acuerdo, si tal sección le interesaba. Esto provocó que el proceso de integración siempre llevara a los británicos como lastre.

El “opt-out” se utilizó por el Gobierno de John Major para oponerse al capítulo social del tratado de Maastricht; lo que luego fue enmendado y firmado por Tony Blair al acogerse al Tratado de Ámsterdam. También usaron el mecanismo para no unirse a la Unión Económica y Monetaria (UEM) y la moneda única. Si bien el Reino Unido no participó de las instituciones y las decisiones en esta materia, sí tenía derecho a recibir ayuda financiera de la UE en caso de caer en dificultades graves en su balanza de pagos que pudieran comprometer el funcionamiento del mercado interior o la realización de la política comercial común. El Banco de Inglaterra sí estaba obligado a contribuir al mantenimiento del Sistema Europeo de Bancos Centrales, en los mismos términos que todos los Estados miembros de la UE.

Se produjo también la aplicación del mecanismo “opt-out” para el acuerdo de Schengen y su acervo jurídico. Sin embargo, el Reino Unido sí aceptó incluirse en algunos aspectos relativos a la cooperación policial y judicial en materia criminal, en la lucha contra las drogas y en el Schengen Information System. La cooperación en justicia y asuntos de interior, es decir, la cooperación policial y judicial en materia civil y penal, fue introducida por el Tratado de Maastricht. Se buscaba garantizar la libre circulación de personas, pero adoptando medidas comunes para el control de las fronteras exteriores, el asilo, la inmigración y la lucha contra la delincuencia, que se institucionalizaron definitivamente en el Tratado de Lisboa con el derecho a veto de Gran Bretaña. Sin embargo, como ocurrió en el caso del acuerdo de Schengen, el Reino Unido decidiría en cualquier momento participar en la adopción de decisiones sobre cualquier aspecto de estas materias y, por consiguiente, considerarse vinculado por las mismas; algo que, en realidad, ocurrió en 67 ocasiones en el período 2011- 2014. No fue el último veto. Un nuevo “opt-out” se aplicó a la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. En este caso Gran Bretaña estuvo acompañada en el veto por Polonia. Ambos querían que las disposiciones de la Carta sólo les fueran aplicables si esos derechos y principios se contenían en su legislación interna.

Además de en los señalados, el Reino Unido se mantuvo al margen de otros acuerdos substantivos referidos al gobierno de la Unión. Quizá el caso más relevante fue la decisión de no entrar en el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria (TECG), de 2012. Nacido de la iniciativa de Alemania y Francia para mejorar el funcionamiento de los Tratados de la Unión en esta materia. Fue precisamente la oposición del Primer Ministro británico David Cameron (y también la del Presidente checo Václav Klaus) lo que forzó, primero, al cambio de planes y, segundo, a limitar el objetivo de la reforma. Los acuerdos alcanzados crearon una estructura institucional de gobierno de la UE referida a la Eurozona paralela a la ordinaria. Con ello, las decisiones se adoptan en el Consejo Europeo o en el Consejo, incrementando así, de un lado, el llamado déficit democrático europeo y, de otro, aumentaron el malestar británico, que siempre se quejó de estas prácticas, no sin cierta razón.

En resumen, el Reino Unido durante su estancia en la UE se benefició de las ventajas económicas que se derivaban de su pertenencia al mercado interior y, desde luego, de su posición en el seno de las instituciones de gobierno de la UE (excepto las de la eurozona), al mismo tiempo que mantuvo a salvo los aspectos clave de su soberanía en el terreno monetario y financiero, y en el control de sus fronteras; además, claro es, de recibir una importante compensación en su contribución a los presupuestos de la UE a través del denominado “cheque británico”.

Su pertenencia al mercado interior, sin embargo, le obligaba a aceptar y respetar las cuatro libertades básicas: libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales, con lo que nunca estuvo a gusto. A ello se unen las tradicionales razones psicológicas, de su aislamiento tradicional y, sobre todo, la crisis económica que desde 2008 se instaló en Europa, con el añadido de un problema migratorio, esencialmente, la masiva inmigración desde los países del Este de Europa. Estos inconvenientes fueron caldo de cultivo suficiente para el renacimiento de nacionalismos populistas y eurófobos en el seno de la Gran Bretaña que empujaron a un atolondrado Cameron a convocar dos referéndums, uno en Escocia, que le salió bien gracias a la labor del líder laborista y otro para salir de la UE.

La visión de Cameron se expresó claramente en un discurso en la sede de Bloomberg[4]: “Tenemos el carácter de una nación insular, independiente, franca y apasionada en defensa de nuestra soberanía. No podemos cambiar esta sensibilidad británica de la misma manera que tampoco podemos drenar el Canal de la Mancha. Y debido a esta sensibilidad, venimos a la Unión Europea con un ánimo más práctico que emocional. Para nosotros, la Unión Europea es un medio para alcanzar un fin; la prosperidad, la estabilidad, asegurar la libertad y la democracia dentro de Europa y más allá de sus fronteras no un fin en sí mismo”. Es decir, como siempre en la mentalidad británica, la UE era exclusivamente un mercado.

El 23 de junio de 2016, los ciudadanos del Reino Unido deciden en referéndum salir de la Unión Europea. La votación tiene lugar a pesar de las intensas negociaciones entre la Unión y Gran Bretaña en la búsqueda de un régimen que reforzaría el estatuto especial del Reino Unido en la UE. Cameron había aceptado aquel acuerdo- una decisión a la que se dio carácter vinculante por ambas partes-, sin embargo, la derrota en un referéndum donde defendió el sí a la permanencia con muy poca convicción, al igual que los laboristas, basándose sólo en aspectos económicos y nunca apelando al sentimiento y esencia nacional británica, dieron al traste con el acuerdo. Realmente todos los partidos estaban divididos ante la permanencia o la retirada. Algo semejante ocurría en los Medios, la prensa seria defendía la permanencia, pero los diarios sensacionalistas eran partidarios de la salida, mientras la BBC daba una de cal y otra de arena.

El resultado fue muy ajustado (51,9% a favor de la salida) siendo preeminentes en esta mayoría las zonas más tradicionales, rurales y menos pujantes y con la población de más edad. Aunque el referéndum no tenía carácter jurídicamente vinculante, el Gobierno británico decidió que lo tuviera y se cumplió su designio.

La dureza de las negociaciones de salida amparadas en la invocación británica del artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, duraron más de cuatro años con estancamientos, problemas con la frontera con Irlanda, tres ampliaciones de plazo etc., que son un problema conocido por todos, juzgado y expuesto ampliamente por la prensa y los Medios. Su acto final se representó con la firma del Acuerdo de Retirada que entró en vigor en el momento en que el Reino Unido salió de la UE, el 31 de enero de 2020 a medianoche, hora central europea. El Reino Unido dejó así, tras 45 años, de ser Estado miembro de la UE, adquiriendo la consideración de tercer país.

Cómo sea la evolución a partir de ahora de la EU y del Reino Unido, ya se verá. Es evidente que el Reino Unido era un obstáculo para la integración y es obvio que el Brexit (palabra nacida de la unión de Britain- Gran Bretaña- y exit –salida-) creará algunos problemas a los británicos, como los de abastecimiento que vemos estos días; es evidente que el acuerdo crea problemas de tensión económica entre la UE y los británicos, de los que seguimos siendo testigos, sin embargo, como vaticinaba De Gaulle, ya se han acomodado a sus tradicionales alianzas con USA y sus ex colonias, encontrando así un amplio mercado a su comercio.

 

BIBLIOGRAFÍA

BAR CENDÓN, Antonio. “EL REINO UNIDO Y LA UNIÓN EUROPEA: INICIO Y FIN DE UNA RELACIÓN ATORMENTADA”. Universidad de Valencia. 2017.

MANGAS MARTÍN, Araceli. “La retirada del reino Unido de la Unión Europea. Foro nueva época. 2017.

https://www.gov.uk/government/speeches/eu-speech-at-bloomberg

Diversos artículos periodísticos.

 

 

[1] EL REINO UNIDO Y LA UNIÓN EUROPEA: INICIO Y FIN DE UNA RELACIÓN ATORMENTADA

ANTONIO BAR CENDÓN. Universidad de Valencia

[2] Op.Cit.

[3] General De Gaulle en rueda de prensa, el 14 de enero de 1963.

[4] https://www.gov.uk/government/speeches/eu-speech-at-bloomberg

 

AGUSTINA DE ARAGÓN

Uno de los hechos más destacados de la resistencia española a la invasión napoleónica se dio en Zaragoza. Los sitios de Zaragoza son ejemplo de heroísmo, patriotismo y lucha sin cuartel contra un enemigo común y, representan, junto con el levantamiento del 2 de mayo en Madrid, la uno de los acontecimientos más destacables del principio del fin de Napoleón. A los acontecimientos de Zaragoza y Madrid  habrá que unir otros muchos hechos heroicos de aquella victoria como, por ejemplo, la resistencia de Gerona, Vitoria y otros lugares; la movilización patriótica del pueblo español, en las ciudades o en la guerrilla, el tambor del Bruch, el valor del ejército, como en Bailén, o el sentido institucional y jurídico de construcción nacional de las Juntas y el liberalismo reunido en Cádiz etc.

Como Señala Domínguez Ortiz, la Guerra de la Independencia fue la ocasión que tuvo España de demostrar que la unidad nacional forjada durante siglos había impregnado la conciencia de todos

En Zaragoza se produjeron dos asedios. La plaza era clave para garantizar las comunicaciones del noreste, el abastecimiento de las tropas francesas en Cataluña y controlar Aragón.

La ciudad se subleva a raíz del levantamiento madrileño del 2 de mayo, los franceses envían a su ejército a restablecer el orden. Las tropas francesas eran superiores en número, sin embargo, la ciudad, bajo el mando del general Palafox, resistió. Esto obligó a los franceses a retirarse en agosto, para volver a finales de año e iniciar el segundo sitio. De aquella resistencia el mariscal Lannes escribió a Napoleón: “Nunca he visto tal encarnizamiento. He visto mujeres que se dejan matar en la brecha”.

La ciudad diezmada por la guerra y las enfermedades capituló el 21 de febrero de 1809. Sin embargo, su brava resistencia fue inmortalizada en muy diversas maneras: música, literatura, pintura, escultura… Unas veces alabando el protagonismo colectivo de la resistencia: Galdós plasmó aquel acontecimiento en uno de sus Episodios Nacionales o en la literatura extranjera como en “Guerra y Paz” dónde León Tolstoi se hace referencia al sitio. Cabe recordar la música popular, las Jotas, que hablan de aquel acontecimiento: La Virgen del Pilar dice/Que no quiere ser francesa/Que quiere ser capitana/De la tropa aragonesa.

O aquella otra que canta: aquel que quiera saber / lo que Zaragoza vale / que pregunte a los franceses / que los franceses lo saben.

En marchas militares, por ejemplo, en el himno de la Academia General Militar de Zaragoza: 

«…Honor y Gloria para España/Zaragoza con sangre ganó/y en el solar Zaragozano/ mi alma el temple recibió…»

El cine también se ocupó de la heroicidad general de la ciudad, como en el film de 1903 de Segundo de Chomón, documentales, museos o nombres de calles en las ciudades recuerdan la gesta zaragozana.

Pero toda gesta se compone de héroes y en el caso que nos ocupa de una heroína destacada: Agustina de Aragón.

Realmente, Agustina de Aragón era catalana. Había nacido en Barcelona (algunas biografías dicen que en Reus) en 1786, de padres leridanos. De hecho, su nombre era Agustina Zaragoza Domenech, si bien en muchas biografías aparece su primer apellido en terminología catalana, es decir, Agustina Saragossa i Domènech.

A los 17 años se casa con el gerundense Joan Roca i Vilaseca, cabo segundo de artillería que había sido destinado temporalmente a Barcelona. Tuvieron un hijo y una vida apacible en la ciudad condal durante cinco años. Pero la invasión napoleónica traslada a Joan Roca a Zaragoza y Agustina sigue a su marido a la ciudad maña (existe cierta controversia sobre si fueron juntos o Roca se quedó luchando en Barcelona y envió a su mujer e hijo a Zaragoza por considerarlo lugar más seguro).

Los franceses bajo el mando del general Lefebvre comenzaron el ataque a la ciudad en junio de 1808.  Allí Francia reune un ejército de 14.000 soldados de infantería, más de mil de caballería, más de 20 cañones, morteros y obuses frente a escasamente 8.000 españoles. Se inicia el sitio el día 15 de junio y, después de sesenta y un días de heroica defensa, el general Verdier, que había sustituido a Lefevbre, lo levanta el 14 de agosto.

Los bombardeos habían comenzado en los primeros días de julio. Toda la ciudad se aprestó a la defensa, siendo los artilleros los que sobrellevaban buena parte del peso de la misma. Las mujeres se dedicaban especialmente a tareas de cuidado de la tropa y al suministro de munición y comida. En uno de los días de la campaña cuando se dirigía hacia el Portillo, según dejo escrito ella misma en unas notas de 1809, Agustina Zaragoza vio como los artilleros de la batería allí instalada habían caído muertos o heridos por una granada enemiga. Sin pensarlo dos veces, y ante la presencia de una columna enemiga que se acercaba para penetrar en la ciudad por aquel lugar, en mitad de una lucha encarnizada, en medio del polvo y el humo, cogió una mecha y, con la mayor intrepidez, empezó a descargar el cañón sin parar durante todo el ataque. Al tiempo que animaba a los españoles con los gritos de ¡Viva España! ¡Viva el Rey Fernando! Los franceses, sorprendidos, retrocedieron para protegerse del fuego propagado por Agustina, a la que en unos minutos vinieron a apoyar los miembros de otra batería, y así, entre todos consiguieron que el enemigo francés se retirara.

Aquel mismo día, conocidos los hechos e informado el general Palafox, la condecoró con el título de artillera y sueldo de seis reales diarios. Hasta el final del asedio, Agustina continuó sirviendo en la defensa, en aquella y en otras baterías, y por su heroico comportamiento Palafox le concedió los dos escudos de honor con los lemas “Defensora de Zaragoza” y “Recompensa del valor y patriotismo”.

También fue destacada su labor artillera en la defensa de la Puerta del Carmen y en el desalojo de los franceses del convento de la Trinidad desde el de la Misericordia, cuando, con riesgo de su vida, logró recuperar dos fusiles que los franceses habían quitado a los españoles.

Era el segundo sitio, entre el 30 de noviembre de 1808 y el 22 de febrero de 1809, la ciudad de Zaragoza fue escenario de la gran batalla que la hizo famosa. Fue más larga y dolorosa que las más encarnizadas del primer sitio. Llovían bombas, granadas (seis mil cayeron en una semana) y ni así se rindieron los bravos aragoneses. Hasta diez veces tuvieron que atacar la iglesia para que se rindieran sus defensores.

Los franceses habían aprendido algo del Primer Sitio. Precisaban cercar la ciudad desde ambos márgenes del Ebro para poder cortar las vías  de entrada de provisiones y refuerzos a través del Arrabal. En la madrugada del 26 de enero, con el mariscal Lannes al mando, cincuenta cañones pesados abrieron tres brechas entre Santa Engracia y el convento de Santa Mónica. Al día siguiente empezó el asalto a gran escala. Pero no fueron las bombas ni las bayonetas lo que rindió a los aragoneses, sino la peste. La peste que postró en cama a Palafox, que tumbó a Agustina, la cual aún quería seguir luchando a pesar de la carencia de fuerzas y de la fiebre. La peste, junto con el hambre, causaron la capitulación de Zaragoza el 23 de febrero de 1809.

Todavía enferma, y llevando con ella a su hijo, fue conducida con los demás prisioneros camino de Francia, falleciendo el niño al llegar a Ólvega (Soria), debido a la enfermedad, el cansancio del viaje y el hambre. Al llegar a Puente la Reina, Agustina consiguió escapar y llegar hasta Cervera del río Alhama, desde donde, una vez recuperada, pasó a Teruel. Allí la Junta le concedió pasaporte para el ejército, con el que se dirigió a Andalucía. En el Alcázar de Sevilla, el 30 de agosto de 1809, la Junta Suprema Central del Gobierno de España, en ausencia del Rey, prisionero en Francia, le concedió, en atención a sus méritos, el grado y sueldo de subteniente de artillería. La propia Agustina le había escrito al Rey contándole sus actuaciones en la Guerra:

“Agustina Zaragoza, por otro nombre la Artillera de Zaragoza se presenta á V. M. y con su mayor respeto espone: que a primeros de Junio de 1808 salió de Barcelona con dirección a la capital de Aragón, habiéndose encontrado de paso en la primera escaramuza que padecieron los Franceses desde Esparraguera al Bruch, de donde se retiraron a Barcelona, y pudo la Esponente continuar su viaje. Llega á Zaragoza cuando empieza á ser asaltada por los Franceses, y queriendo alternar con sus mayores defensores los Artilleros, los anima y exhorta a la firmeza; y empezó a hacer este oficio sirviendo tacos y otras provisiones[1]

Tras Andalucía, participó en la defensa de Tortosa, donde de nuevo fue hecha prisionera, y trasladada a Zaragoza. En 1813 se encuentra otra vez en combate, en esta ocasión en Vitoria, donde el general Pablo Morillo certificó también su heroísmo. Entre Tortosa y Vitoria se une a la guerrilla. Agustina se incorpora en la Mancha al grupo guerrillero capitaneado por Francisco Abad Moreno, a quien apodan el Chaleco. Colabora con audacia y entusiasmo a las acciones de la guerrilla.

Terminada la guerra, Agustina permaneció en Zaragoza. El 25 de agosto de 1814, el Rey Fernando VII le concedió, en premio, un aumento de cien reales de vellón mensuales, sobre el sueldo que le estaba señalado, y el privilegio de usar la Cruz de Distinción otorgada “a los Generales, jefes, oficiales y demás individuos que se hallaron en el primer sitio de la inmortal plaza de Zaragoza”.

En 1818 nace su segundo hijo, Juan. Su marido fallece en 1823 y, en 1824, Agustina se vuelve a casar. Esta vez el elegido es Juan Cobos Mesperuza, Barón de Cobos de Belchite, y médico almeriense con el que tiene una hija, Carlota que es autora de una biografía de su madre: “Historia de la heroína de Zaragoza”.

No parece que ninguno de sus matrimonios fuera muy feliz ni que la convivencia conyugal se extendiera durante toda la existencia del vínculo legal. Del segundo marido conocemos que era carlista y que esto provocó enormes desavenencias conyugales. De sus hijos sabemos que Juan estudió y ejerció la medicina en Sevilla y Carlota se casó con un militar que fue destinado a Ceuta. Allí se trasladó Agustina en 1853. En la ciudad norteafricana murió el 29 de mayo de 1857. Seguía teniendo la condición de miliar. Se la entierra en el cementerio de Santa Catalina de Ceuta. El 14 de junio del mismo año, el Ayuntamiento de Zaragoza comenzó las gestiones para trasladar sus restos a Zaragoza, cosa que acabó ocurriendo en 1870. Después de un funeral solemne en la catedral de Ceuta, la comitiva salió hacia Zaragoza, haciendo escalas en Cádiz, Sevilla y Madrid, ciudades en las que se le rindieron honores militares y se celebraron solemnes exequias, hasta que el 14 de junio los restos de la heroína llegaron a Zaragoza y quedaron depositados provisionalmente en la Basílica del Pilar.

El 26 de octubre de 1908, se inaugura un monumento a Agustina, obra de Mariano Benlliure  https://www.zaragozaturismo.info/visitar-en-zaragoza/plazas-y-estatuas/monumento-a-agustina-de-aragon/12/87/ , en la Plaza del Portillo y el 15 de junio de 1909, en un acto presidido por el rey Alfonso XIII, se trasladan definitivamente los restos de Agustina de Aragón, a la capilla de la Asunción de la Virgen en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo.

Agustina de Aragón por su heroísmo se convirtió en un mito, retratada por autores diferentes desde Goya (https://www.pinterest.es/pin/314055773985665456/)  a Ferrer Dalmau (http://rafa-pardo-almudi.blogspot.com/2013/08/ferrer-dalmau-spanish-painter-of-battles.html ).

Fue protagonista de películas como la exacerbada historia de Juan de Orduña, donde la representó Aurora Bautista. Se han erigido estatuas con su persona y hasta algún político la ha tenido en sus discursos, como hizo Castelar para ensalzar a la mujer aragonesa.

Curiosamente, la historiografía catalana se ha olvidado de su figura, en un momento en el que una parte de los historiadores y políticos nacionalistas gustan de convertir en catalanes a todas las personas ilustres del mundo, desde Colon a Teresa de Jesús, se olvidan de reivindicar a una de las catalanas más célebres que ha dado la Historia de España; una de las que defendió con mayor bravura a la patria española. Quizá es esa defensa de España lo que ha hecho que en vez de reivindicarla los catalanes lo hayan hecho con gran fervor y agradecimiento los aragoneses y el resto de los españoles.

BIBLIOGRAFÍA

QUERALT, Pilar. “Agustina de Aragón: la mujer y el mito”. La esfera de los libros. 2008.

CASAMAYOR, Faustino, Diario de los Sitios de Zaragoza (1808-1809), Editorial Comuniter. 2000

MONTERO ALONSO, José. “Agustina de Aragón. Una mujer En la Guerra de la Independencia”. Ed Semana. 1965.

DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio. “España, tres milenios de Historia”. Marcial Pons Historia. Vigésima edición, 2020.

[1] Carta escrita el 12 de agosto de 1809 y recogida en la documentación que aporta Montero Alonso en su obra: “la mujer en la guerra de independencia”.

AMPURIAS, 218 ANTES DE CRISTO

Si el mundo occidental es como es, se debe a la tradición judeo-cristiana y a la cultura greco-latina. Pues bien, España forma parte de esa tradición y cultura gracias, en gran parte, a la romanización. Es decir, a la asimilación de las formas culturales romanas y la desaparición, transformación o reorganización de las manifestaciones culturales autóctonas. A lo que hay que unir la base jurídica que la romanización importó, sobre todo, al convertir a España en una provincia romana. Todo ello se inicia por la llegada y asentamiento de los romanos en la Península en el año 218 antes de Cristo en la ciudad de Emporion (Ampurias).

El proceso de romanización duró 200 años. Tito Livio, dijo: “Siendo la primera provincia en que penetraron los romanos —de las que pertenecen al continente, fue la última de todas en ser sometida, y sólo en nuestra época, bajo el mando y los auspicios de Augusto César”.
No podemos contar en una entra de blog los 200 años de romanización, por tanto, sólo haremos referencia al comienzo, y a grandes rasgos los periodos en que se suelen dividir esos 200 años.

Al perder la primera Guerra Púnica (año III a. C.), los cartagineses decidieron conquistar la península sita al norte de sus posesiones en áfrica, es decir, la llamada por los griegos península Ibérica. Desembarcaron en Gadir, actual Cádiz, y su dominio se centró en el sudeste peninsular, sometiendo, como ya habían hecho en otros lugares del Mediterráneo, sobre todo, las ciudades fenicias. Su finalidad era dominar el Mediterráneo y las rutas comerciales. Cartago se convirtió en una auténtica talasocracia, es decir, en una civilización dominadora de los mares, chocando así con Roma que ya se encontraba en proceso de expansión. Roma derrotó a los cartagineses en la primera guerra púnica y logró hacerse con el control de Sicilia.  Además, los púnicos fueron condenados a pagar una elevadísima indemnización en monedas de plata. Pero quizá la consecuencia más significativa de la derrota se produjo internamente en Cartago; algunos oligarcas aspiraban a firmar la paz para seguir comerciando (el enfrentamiento con Roma se lo impedía y la crisis económica se agudizaba con ello), esta era la posición de Hannón el Grande; otros consideraban abusivas las condiciones de paz y buscaban un nuevo enfrentamiento con Roma, Amílcar Barca era de esta segunda opinión.

Los cartagineses necesitaban una solución de urgencia para mejorar su maltrecha economía, Amílcar encontró en la península ibérica la solución a sus problemas, pues aquel territorio les permitía seguir controlando parte de las rutas marítimas y apoderarse de las minas de oro y plata peninsulares, además de otras riquezas muy apreciadas en el momento, como los caballos. Con Asdrúbal, sucesor de Amílcar, se inicia una etapa de alianzas con las tribus locales. Funda Cartago Nova y sitúa la frontera de sus dominios en el río Ebro. Tras su muerte, le sucede Aníbal Barca que cambia la política de alianzas por la del sometimiento al poder cartaginés de aquellas tribus íberas. Una de las ciudades sometidas fue Sagunto, aliada de Roma. Este fue el detonante para el inicio de las hostilidades contra los romanos en la primavera del año 218 a.C. El senado Romano concibió el ataque a los cartagineses mediante dos golpes simultáneos, uno en Hispania y otro en África. Comenzaba así la segunda Guerra Púnica. Aníbal concibió la guerra en territorio romano, en la Península Itálica y en esa proeza empeñó sus días. Los romanos no dudaron en enviar un ejército a manos de Escipión para cortarle la retaguardia.

Precisamente, en ese envío de tropas a la Península nace el primer asentamiento de los romanos en lo que sería Hispania que se produjo en la pequeña ciudad griega de Emporion, que en griego significa mercado o puerto de comercio (en la actual provincia de Gerona).  Este asentamiento fue posible por la existencia en la zona de una cultura helenística destacada, lo que convertía a la ciudad en centro adecuado para un más fácil entendimiento con Roma. Emporion tenía por su situación geográfica y su tradición helenística (sobre todo, por la de sus primeros habitantes griegos, los foceos, especializados en el comercio a larga distancia) una posición abierta al comercio y a otras culturas, entre ellas, la púnica. Estos contactos hacían de la ciudad núcleo receptor de avances, de culturas a las que facilitaba y a su vez facilitaban a los “ampurianenses” su comercio por las costas levantinas de la península Ibérica.

La existencia de diversas colonias helenísticas en el mediterráneo permitió a los romanos la firma de tratados comerciales y defensivos – por ejemplo, el de Sagunto, ya señalado-. La presencia en esas costas de comerciantes y negociadores romanos se debe datar en torno al siglo IV antes de cristo, lo que, a su vez, permite afirmar que los romanos conocían aquellas costas mucho mejor de lo que parece desprenderse de su falta de asentamientos directos. De hecho, la historiografía achaca a los pactos de los romanos con las ciudades costeras mediterráneas, no sólo de iberia, el hecho de que Aníbal intentara trasladar la guerra por tierra a la península Itálica en vez de hacerlo por mar. Al fin y al cabo, los cartagineses eran mejores navegantes que los romanos, poseían una flota más potente y tenían un mayor conocimiento de las aguas mediterráneas y, sin embargo y a pesar de eso, Aníbal considera que derrotar a los romanos requiere superar el Ebro, los Pirineos, el Ródano y los Alpes, ante la opción más que probable de que las flotas de las ciudades asociadas a los romanos les cortaran el paso por el mar.

Aquella expedición impresionante de Aníbal con un poderoso ejército acompañada de elefantes, obligó al Senado romano a enviar al cónsul Publio Cornelio Escipión a cortarle el paso. Escipión llega a Massalia para evitar que el ejército cartaginés cruzara el Ródano, pero llega tarde, Aníbal ya estaba en los Alpes. Publio decide regresar a Roma, pero separa una parte de su escuadra y de su ejército, los pone a las órdenes de su hermano Cneo y los envía a Iberia. Es indudable que el plan era provocar un enfrentamiento con las ciudades cartaginesas de la península que alterara y distrajera el camino de Aníbal.

A partir de este momento, Emporion desempeña un papel esencial en el curso de la guerra. Cneo Cornelio Escipión, con su ejército, embarcado en una escuadra de sesenta naves, zarpó desde las bocas del Ródano y doblando los montes Pirineos logró en Ampurias un lugar de abrigo. Las naves de guerra y las auxiliares que no encontraron lugar en él pudieron refugiarse en otros puntos protegidos de la costa cercana. Hay que tener en cuenta, además, que en aquellos tiempos era costumbre que el ejército fuera seguido por una masa de comerciantes. abastecedores y gente de toda condición; a modo de ejemplo recordaremos que, en los años 215 y 214, se formaron en Roma tres sociedades de proveedores para las tropas de los Escipión en Hispania, por tanto, es lógico pensar que, en el 218, Cneo instaló su campamento no lejos de las naves proveedoras.  Desde aquel abrigo comenzó a hostigar a las ciudades púnicas en la Península.

La presencia de Aníbal en la Península itálica y las derrotas consecutivas que fue infligiendo a los romanos, convencieron a éstos de la necesidad de unirse y diversificar los ataques, trasladar la guerra a África y conquistar Hispania como modo de evitar males mayores. La Cartago del momento era una gran potencia a manos de un gran general, Aníbal, que logró durante 20 años poner en jaque a los romanos. Sin embargo, Roma ya no era un mosaico de pueblos etruscos poco avanzados. La Roma que se encontró Aníbal empezaba a tener las trazas de un imperio, eso unido a que Aníbal era excelente en la guerra, pero no tanto aprovechando los triunfos logrados, determinaron la derrota final de los púnicos en esta segunda contienda contra los romanos.

En Hispania, los hermanos Escipión habían conseguido importantes logros, distrayendo a un gran número de tropas cartaginesas y poniendo en peligro el dominio cartaginés en ese territorio, pero el hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca, finalmente los derrotó y les dio muerte (en el 211 a. de C.). Aun así, las bases de asentamiento ideadas y fortificadas por los Escipión siguieron dando cobijo y sirviendo de amparo a las tropas romanas. No fue hasta la llegada de Publio Cornelio Escipión, el futuro Escipión el Africano, cuando los cartagineses serían definitivamente derrotados en este segundo conflicto (202, batalla de Zama).

En los últimos años del siglo III, el avance romano permitió constituir su primera provincia en la península Ibérica, era la Hispania Citerior que se extendía de los Pirineos hasta Cartagena y tenía su capital en Tarraco (actual Tarragona). De manera que la primera vez que se oyó hablar de Hispania en la Historia se hizo referido a esa costa mediterránea de Tarragona y, posteriormente, se extendió a otros puntos de Cataluña, Comunidad Valenciana y parte de Murcia.

Emporion siguió siendo un lugar estratégico importante para los romanos. La ciudad y su puerto cumplían la función de lugar de paso esencial entre Hispania e Italia. Allí llegaron por primera vez a la península, Cneo Escipión en el 218, Publio Escipión el 217, Claudio Nerón el 211-210, y la del joven Publio Cornelio Escipión y su colega Marco Junio Silano el 210 a.C. En el listado de aspectos destacados de aquella presencia romana se puede añadir la facultad de armar navíos auxiliares de la flota romana que se concedió a diversas ciudades itálicas y extra itálicas (entre ellas Ampurias). El avance romano frente a los cartagineses, sobre todo a partir de la batalla de Ilipa (la actual Alcalá del Río) —junto con la de Metauro— constituyen el principio del desenlace de la Segunda Guerra Púnica y para Hispania, el inicio de la romanización.

El proceso de romanización fue lento y desigual siendo diferente según se tratara de la costa mediterránea o se situara más alejada a los Pirineos, especialmente las regiones de la cornisa cantábrica.

Para conseguir el proceso de asimilación cultural, la República y luego el Imperio romano llevaron a cabo una organización administrativa a varios niveles. Por un lado, dividió lo que era la diócesis de Hispania, es decir, toda la península Ibérica, en provincias, que le permitieran un mejor control del territorio. Junto a la división provincial se fue promoviendo una política de construcción de ciudades, que eran el esqueleto que mantenía el extenso imperio romano de manera eficaz.

En el proceso de romanización hay que destacar los aspectos que la cultura romana aportó al territorio peninsular, en concreto el legado cultural que se manifiesta en aspectos tan esenciales como las obras públicas, la lengua o el derecho.

Pero este proceso, como señalamos fue paulatino y se extendió en las siguientes fases:

1) 218 a 154 antes de Cristo.

Además de lo visto hasta ahora, en este periodo, destacan como hechos importantes: la conquista Cádiz en el 206. En el año 197 además de la provincia Citerior se crea la Ulterior en la costa sur de España, en la actual Andalucía.

Derrotados los cartagineses había que conquistar a los íberos. La situación venía de antiguo: en el año 212 durante la segunda Guerra Púnica, muchos de los pueblos iberos se asociaron con los romanos ante los abusos de los cartagineses, tal fue el caso de los ilergetes y ausetanos cuyos caudillos eran Mandonio e Indíbil.  Escipión el Africano con gran mano izquierda logró firmar con ellos una alianza, cuyo resultado final fue la victoria romana en Baecula.

Sin embargo, el acuerdo con Escipión se vio alterado en el 206 al infringir Marco Junio Silano agravios y abusos tanto a ilergetes como a celtíberos, sometiéndoles tras una gran matanza. Cuando en el 205 Escipión sale de Hispania camino de África, Indíbil y Mandonio vuelven a sublevarse. Los procónsules encargados de Hispania, L. Léntulo y L. Manlio Acidino, acabaron derrotando y ejecutando a los jefes íberos, pero no lograron pacificar el territorio. De hecho, dos años después, Escipión volvió a encontrarse con los celtíberos sublevados en la Batalla de los Grandes campos, donde los derrotó.

Los enfrentamientos en las fronteras de la Citerior y la Ulterior continuaron y es Catón quien los sofoca en el año 193. La paz definitiva en la zona no se consigue hasta que Sempronio Graco con una hábil política de acercamiento y concesiones a los hispanos logra 25 años de paz.

Al final de esta primera etapa, el ejército romano aseguró el control del valle del Ebro y se asentaron las fronteras de la Citerior y la Ulterior.

2) Enfrentamiento con los pueblos lusitano (154 a.C. – 133 a.C.)

Los romanos, como dueños y señores del territorio que ocupaban, con el auxilio de las legiones dominaban tierras y personas allí donde se asentaban.

En el año 155, los lusitanos se rebelan contra el sometimiento a los romanos. La Lusitania se situaba al oeste de la Península ibérica, en torno al actual distrito portugués de Castelo Branco, de ahí por el norte hacia las riberas del Duero y la frontera con los galaicos; por el oeste y sur, hacia la frontera con lo que hoy es Extremadura y el Alentejo portugués. Los lusitanos formaban parte de la provincia Ulterior y se sublevan contra el mando romano de la misma. En el 154 a.C. los lusitanos derrotaron a los gobernadores de las provincia Citerior y Ulterior. Esta derrota tuvo como consecuencia el afianzamiento de la resistencia celtíbera contra los romanos. Roma se ve obligada a mandar a 30.000 soldados al mando de Q.Fulvio Nobilior, quien consigue firmar una paz endeble. Las acciones del pretor Galba que asesina a traición a 9.000 lusitanos y vende como esclavos a otros 20.000, hacen estallar de nuevo la guerra en el 146 a.C., esta vez dirigida por un luso singular: Viriato.

Hombre sencillo y sobrio, caudillo nato, dirige la guerra durante ocho años a base de una guerra de guerrillas que desconcertaba a los romanos; derrota a los romanos en varias ocasiones y ocupa ciudades como Segóbriga, Martos, Bailén….

En el 146, termina la III guerra púnica, lo que permitió a los romanos tener más tropas disponibles para ocuparlas en el sometimiento de los pueblos de la península. Viriato se les resistía y no consiguieron derrotarlo nunca; tuvieron que asesinarle a traición: el cónsul Cepión sobornó a sus lugartenientes (Audas, Ditalcón y Minuro), que le mataron mientras dormía.

3) Conquista de las zonas indómitas al Norte de los anteriores, exceptuada la franja cantábrica (133 a. C. – 29 a.C.)

En la zona del Ebro, la romanización avanzó gracias a pactos y federaciones que fueron respetados por los naturales de la región, no sin algunos enfrentamientos sobre todo por la rica Calagurris (Calahorra). La ciudad, destruida por los romanos, fue repoblada por vascones. Difíciles de domeñar.

Pero en los enfrentamientos contra los celtíberos, digno de distinción fue el asedio a Numancia (en la actual Soria), desde entonces símbolo de resistencia.

Las guerras celtibéricas tuvieron una larga duración por el apoyo que los vacceos prestaron a los celtíberos en Numancia. No era el primer enfrentamiento con los romanos, de hecho, éstos comenzaron en torno al 153 a. C. y ahí los numantinos se impusieron a los romanos. Durante los dieciocho años siguientes se vivieron periodos de paz y de conflicto. En torno al año 134, el cónsul Escipión Emiliano es enviado a sofocar la resistencia de los celtíberos. Sitió la ciudad en un cerco estricto, construyendo fosos, empalizadas y terraplenes para proteger a los soldados romanos. También construyó un muro de 9 kilómetros con torres que contaban con catapultas, ballestas y otras máquinas. En el muro situó a honderos y arqueros. Tras 15 meses de asedio la ciudad cayó en el verano del 133 a. C. Los numantinos, antes de rendirse, prefirieron el suicidio, por ello prendieron fuego a toda la ciudad, para que no cayera en manos de Roma.

El sitio de Numancia fue el punto culminante de aquellos enfrentamientos con los celtíberos que nacieron en el 143 a. C.  y ocuparon todos los territorios peninsulares hasta la cordillera Cantábrica. Más tarde, los romanos llegaron a las Islas Baleares (123. a.C.), a las que repoblaron con tres mil hispanos que hablaban latín, lo que da idea de la penetración cultural romana en la Península en apenas un siglo.

Hasta el año 83 las luchas contra lusitanos y celtíberos se suceden en mayor o menor medida. No contribuyó mucho a la pacificación los enfrentamientos internos en la República romana; en las Guerras civiles entre Mario y Sila (82-72 a.C.) o entre César y Pompeyo, las poblaciones de la Península Ibérica intervinieron en apoyo de uno u otro bando. En estas últimas, el escenario fue el sur de la Península Ibérica. En el 45 a.C. tuvo lugar la batalla de Munda con la victoria de los ejércitos de Julio César sobre los de Pompeyo al mando de Tito Labieno. Esa fue la última batalla de la Segunda Guerra Civil Romana. Tras esta victoria y la muerte de los líderes pompeyanos, César pudo regresar a Roma y ser investido con la dictadura perpetua. Precisamente esos enfrentamientos internos impiden la evolución de las marchas romanas sobre la Península, aconteciendo en este periodo sólo algunas expediciones a Galicia y norte de Portugal.

4) Conquista de la zona cántabra (29 a.C. – 19 a. C.)

El norte peninsular se había resistido a los romanos con gran fortaleza. Es el emperador Augusto el que organiza la conquista de las tierras cantábricas. Con tres cuerpos de ejército y una flota ataca por separado a cántabros, astures y galaicos. Las operaciones, dirigidas por el emperador en persona y luego por Agripa, lograron someter a los pueblos norteños, último reducto de la resistencia contra los romanos.

La derrota de los pueblos del norte peninsular fue seguida de una fuerte represión y la destrucción de sus fortificaciones. Para evitar nuevas rebeliones, los romanos dejaron legiones permanentes instaladas en campamentos, que luego constituyeron núcleos urbanos, como la Legio VII (actual León) y Astúrica Augusta (actual Astorga). En el año 19 a. C. termina la conquista de Hispania.

Augusto dividió Hispania en tres provincias: Bética, Tarraconense y Lusitania, y posteriormente en el siglo IV Diocleciano dividió la Tarraconense en tres provincias: Gallaecia, Carthaginensis, y Tarraconensis. Así, Hispania se convertirá en una realidad, una unidad cultural, política y administrativa que durará siete siglos.

BIBLIOGRAFIA

GARCÍA Y BELLIDO, Antonio. “España y los españoles hace dos mil años”. Espasa Calpe.1945.

URBIETO, Antonio. “Historia ilustrada de España”. ED. Debate. 1994.

AGUADO BLEYE, Pedro. “Manual de Historia de España”. Espasa.1963

EQUIPO CRÓNICA

Cada año, el 24 de septiembre o el viernes más cercano a esa fecha, publicaré una entrada sobre arte, in memoriam.

Dentro de los movimientos de vanguardia de finales de los años 50 y primeros 60 surge en España el grupo llamado “Equipo Crónica”. Este movimiento responde en gran parte a la época en la que surgió, con gran tendencia intelectual y artística, pero sin olvidar el entorno político en el que vivía España. Su determinación de denuncia política aparece en todas las manifestaciones o escritos teóricos realizados en torno a Equipo Crónica, pero no es menos cierto que, para un espectador ajeno a las interpretaciones de los propios artistas, la búsqueda de la intencionalidad política deberá realizarla con gran esmero e interés porque la realidad es que en gran parte el objetivo de las obras de Equipo Crónica queda subsumido en su intensidad plástica más que en la intención política.

El origen de Equipo crónica proviene de una exposición realizada en Italia titulada” España libre” y para acudir a ella el crítico Aguilera Cerni elige a dos autores: Rafael Solbes (1940‐1981) y Manolo Valdés (1942). A ellos se unió Joan Antoni Toledo (1940‐1995), pero abandonó enseguida el grupo para proseguir su camino en solitario. Con ellos formaría equipo Tomás Llorens, historiador del arte e ideólogo, quien aportaba muchas de las propuestas del grupo. A lo largo de los años en los que estuvo activo, Equipo Crónica tuvo una amplia proyección pública en el arte español y una presencia significativa en los ambientes artísticos de Francia, Italia y Alemania.

Solbes y Valdés provienen de la misma ciudad, del mismo circulo artístico y con tendencias políticas semejantes. Ambos, unidos a otros autores, se incluyen en movimientos de vanguardia cuya intencionalidad se manifiesta en una exposición en el Ateneo. No fueron el único grupo de vanguardia levantino, también surgieron en torno al Mediterráneo, entre otros, el Paso o Dau al Set. Este último nacido en Barcelona en torno a una revista del mismo nombre y, como todos ellos, en una mezcla de escritores, filósofos, pintores… En Dau al Set estaban artistas tales como el poeta Juan Brossa, el filósofo Arnau Puig, los pintores Juan Ponç, Antonio Tápies, Modesto Cuixart, o Tharrats, su tendencia era más bien surrealista.

Si ampliamos la vista y buscamos entre las vanguardias internacionales del momento, destacarán las anglo-norteamericanas en torno al Arte Pop (Pop Art) desarrollado entre 1956 y 1970. Siendo precursor de este movimiento Eduardo Paozzoli al que siguieron otros como Warhol o Lichtenstein y en Gran Bretaña el “Grupo Independiente”.

Todos ellos, españoles y anglosajones, buscan evocar visualmente una época. En el caso del Pop Art, la plasmación artística de lo cotidiano, los objetos de consumo de masas (la coca-cola, la sopa Campbell, el Jabón de determinadas marcas…). No en vano Warhol procede del mundo de la publicidad.

Su intención es retratar lo que consideran cómplices del tiempo en el que vivían. Sin una posición clara, planificada, dependían de la evolución de la sociedad.

En España, Equipo Crónica pretende ir más allá- repárese en el nombre evocador de redacción periodística, de reportaje de actualidad – y busca criticar el entorno social, político y cultural en el que se mueven.

En sus comienzos, y siguiendo al filósofo italiano Galvano della Volpe, exploran la creación de una determinada forma que exprese el contenido filosófico de lo que denuncian, la forma como lenguaje completo.

Es en este momento cuando Equipo Crónica sufre el impacto del Pop Art, articulan sus trabajos en series con peculiaridades nacionales. Por un lado, tomaban su inspiración de las obras clásicas de la pintura española del siglo de Oro, sobre todo de Velázquez o, en muchos casos, de los cuadros de Picasso, con especial intensidad en el Guernica.

https://nl.pinterest.com/pin/714594665854048575/

Era una mezcolanza de crítica, Pop Art, citas pictóricas, ironía, anacronismos. Pero siempre reproduciendo las técnicas de artistas Pop como Andy Warhol o Lichtenstein.

https://www.pinterest.es/pin/184647653442991828/

Y especialmente centrados e inspirados en el mundo del Comic que se muestra en la iconografía, imágenes extraídas del mundo de la comunicación, tintas planas, remarcadas, viñetas, dependencia del objeto común…

https://www.todocoleccion.net/arte-serigrafias/cartel-poster-intruso-equipo-cronica-1969-serie-guernica-valencia-tamano-100x70cm~x78309693#sobre_el_lote

En su posicionamiento en el mundo del arte de vanguardia del momento, Equipo Crónica, cuenta como mentor al pintor Eduardo Arroyo, que los orienta y pone en contacto con el realismo francés y por otros grupos pictóricos españoles afincados en Francia como Equipo 57. En Francia, equipo Crónica organiza algunas exposiciones. La influencia del realismo francés se refleja de unas imágenes despersonalizadas, (https://invertirenarte.es/producto/equipo-cronica-el-serie-billar-1978/)

https://www.ivam.es/es/exposiciones/el-equipo-cronica-en-la-coleccion-del-ivam-4/

cuadros de grandes dimensiones y agrupados en series. Por ejemplo, la serie negra, llena de componentes satíricos:

https://tiempos-modernos.com/comprar-art-deco-antiguedades/equipo-cronica-carpeta-serie-negra-4/#jp-carousel-7012

https://tiempos-modernos.com/comprar-art-deco-antiguedades/equipo-cronica-carpeta-serie-negra-5/

https://www.pinterest.es/pin/360006563943317437/

Sus obras pretenden, como hemos señalado, ser auténticos reportajes o crónicas de denuncia sobre la situación política de España y la historia del arte del momento, aunque su mezcla de ironía y ambigüedad determinan, sin pretenderlo, unos posicionamientos que se reflejan como poco claros y contradictorios, más aún cuando, en su evolución artística, se llenan de superposición de imágenes, de filigranas de oro en un afán desmitificador del recuerdo clásico de la pintura española.

http://www.equipocronica.com/

https://versionesdelarte.blogspot.com/2012/12/el-entierro-del-conde-de-orgaz.html

Sobre las promesas de libertad también compusieron algunos cuadros en los que denunciaban el militarismo como medio de imposición de esa libertad.

https://www.mssa.cl/obras/el-arrastre-serie-policia-y-cultura/

https://tienda.ivam.es/producto/equipo-cronica-2/

https://algodehistoria.home.blog/wp-content/uploads/2021/09/fbc0f-1.jpg

Muy conocidas son sus críticas al desarrollismo de los 60 en España. En su serie “La Recuperación” utiliza los motivos y protagonistas de la pintura española del Siglo de Oro para, en un anacronismo histórico, hacerlos partícipes de las primeras formas de consumo y modernización en nuestro país.

https://www.christies.com/lot/lot-equipo-cronica-valencia-1964-1981-4350897/

https://www.pinterest.es/pin/134474738847099388/visual-search/?x=16&y=16&w=530&h=527

La Transición también fue objeto de su análisis.

https://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/interior-traje-nuevo-i

Pero no todo, en Equipo Crónica, fue política o crítica social. En sus series sobre viajes, se olvidan del trasfondo para recrearse en la propia faceta del pintor, como forma de aprendizaje de otros lugares, costumbres o autores.

https://www.pinterest.es/pin/360006563943317580/

Su producción comprendió diversas técnicas, desde la pintura a la escultura, pasando por el grabado. Su obra fue magnífica, de una calidad plástica enorme, de hecho, muchas de sus obras se conservan en grandes museos: el IVAM de valencia, el Museo de bellas artes de Asturias (Oviedo) o el Reina Sofía de Madrid, entre otros. La unión de Solbes y Valdés fue tan estrecha, que el fallecimiento de Solbes en 1981 hizo que el grupo desapareciera definitivamente.

BIBLIOGRAFÍA

Catálogos de diversos museos y exposiciones.

LLORENS, Tomás. Equipo Crónica. Ed Museo de bellas artes de Asturias. 1989.

GOMPERTZ, Will. “¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno”. Ed. Penguin Random House. 2013.