LA ROMANIZACIÓN DE GALICIA

Como todos los 11 de noviembre o viernes más cercano a esa fecha, un recuerdo a Galicia.

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Se conoce como romanización a todo proceso de asimilación de las formas, costumbres  y lengua romanas en los territorios conquistados. Sin embargo, la forma de llevarse a cabo la misma en la zona septentrional de la Península Ibérica fue diferente a acontecida en las zonas del sur. El norte peninsular tuvo una asimilación más lenta y siguió conservando costumbres y estructuras propias. Galicia no fue una excepción, el inicio de su romanización suele situarse en el año 137 a de C.  debido a la acción de Décimo Junio Bruto Galaico, General Romano que llegó a Cónsul y previamente fue, en 113 a de C, nombrado procónsul de Lusitania, a la que sometió llegando hasta el río Lethe (actual Limia, en la frontera entre Portugal y Galicia); este río también era conocido por los romanos como río del Olvido. Pensaban que cuando lo cruzabas te olvidabas de tu familia, su identidad, su patria.  La leyenda dice que Décimo lo cruzó y fue llamando uno a uno a sus hombres para que viesen que no se había olvidado de nada.  Desde allí llegaron al Minio (Río Miño) y alcanzaron la costa, por la que se desplazaron de sur a norte; al comprobar la desaparición del rojizo sol por el horizonte en una de esas impresionantes puestas de sol galaicas, denominaron al lugar, Finis Terrea, donde acaba la tierra y comienza el mar. Así que, los romanos iniciaron su incursión en Galicia concibiéndola como aquella región que te atrapa hasta olvidar todo lo demás y en la que la tierra tiene su final.

Como dijimos la romanización del norte y NO de la península se dio bajo la pervivencia de las organizaciones indígenas, lo que llevó en muchas regiones a una doble realidad: la existencia oficial de centros urbanos asimilados a la forma de administración romana y la persistencia de las organizaciones indígenas; en este sentido, en la Geografía de Ptolomeo (s. II d. C.), vemos que se hace referencia a este fenómeno propio de los centros urbanos del N y N.O. Sabemos que la organización romana de Galicia se basó en el respeto a los sistemas subsistentes de pueblos o de castros. Ya vimos en la entrada del año pasado por estas fechas (“¿Llegaron los celtas a Galicia?”) que los romanos aprovecharon los castros para acomodar a sus tropas y servir de base a las construcciones romanas de todo tipo. Cerca de los castros solía haber torreones (castells, en gallego)  y se solían situar en lo alto de los cerros, con un uso defensivo de los promontorios. Todo esto y posiblemente algunas costumbres más permitieron a los romanos concebir a Galicia como una zona consolidada en su unidad, como una región homogénea en su identidad distinta a otras adyacentes. Esta concepción no se da desde el principio, así el territorio perteneció primero a la provincia de Lusitania, luego pasó a depender de la Tarraconense y finalmente se constituyó como la Gallaecia. Con lo que una parte del legado romano, y no menor, es el propio topónimo de Galicia. De hecho, uno de los elementos que permite reconocer el proceso de romanización se da en las inscripciones y la toponimia como manifestación de la presencia de la lengua latina, aunque  el uso del latín por sí sólo no es síntoma de romanización profunda, pues eran los propios romanos los que las realizaban.

La región se dividió en tres conventos o provincias: Bracarense, Lucense y Asturicense; todo esto ya en el siglo III d. de C.  Siglo en el que debió de imponerse definitivamente el latín. Ya en ese siglo la villa romana tenía gran presencia en la región, lo que suponía dejar los altos castros y ocupar las tierras llanas más fértiles, (podemos contemplar restos de importancia en la villa romana de Cambre, en La Coruña. Fue una villa rural que puede datarse entre los siglos II y IV). Gracias a este paso hacia las tierras bajas, el desarrollo de la agricultura fue un hecho y aunque en todo el noreste la agricultura no tuvo un uso intensivo, la vida económica se de sus habitantes se dividía esencialmente entre la agricultura y la minería (minas de oro, plata y estaño).  La minería fue la que permitió la llegada de colonos de otros territorios y, por ende, una de las fuentes importantes de romanización. Este paso de los castros a las villas romanas coincide con la adaptación de Galicia a la administración romana, pues, aunque, principalmente,  seguían viviendo según su antigua organización, en las zonas llanas se creó  un lugar donde llevaban a cabo sus transacciones comerciales, el mercado. Este lugar era considerado por las autoridades romanas como el núcleo urbano principal por cuya presencia se podía llegar a una cierta regularización administrativa  (municipalismo), a pesar de que los indígenas siguieran conservando sus propias formas de vida. Su estabilidad y su permanencia, al parecer, estaba ligada a la presencia de una autoridad, de un magistrado romano, que gozaba de cierta autonomía de mando y que era el enlace entre la administración romana y la entidad constitutiva del pueblo, populi, en una muestra más de la practicidad romana que hicieron de las viejas instituciones nativas, instrumentos de su propia administración.

La bajísima romanización de los castros se muestra en la casi total ausencia de monedas hasta el Bajo imperio, tal y como indica  Estrabón. Comerciaban a base de trueques con el  intercambio de especies o pequeñas láminas recortadas de plata. Los romanos para fomentar la actividad comercial, la unión con el resto del imperio y la auténtica romanización mejoraron las comunicaciones a través de las calzadas romanas.

En Galicia construyeron cuatro principales vías, si bien, propiamente en Galicia encontramos tres. La construcción de las calzadas romanas requería ejecutar varias fases, desde la deforestación hasta la capa de rodadura. Las calzadas estaban marcadas por los miliarios que eran puestos, con carácter general, cada 1.480 metros y su anchura permitía el paso de dos vehículos a la vez. Las antiguas vías romanas son la base de los actuales caminos de Santiago y de alguna de nuestras modernas carreteras-. Entre Austurica, Brácara y Lucus,  estas vías cruzaban el territorio de la Gallaecia con más sentido comercial que militar, ya que se trataba de una zona pacificada.

Siguiendo su ruta vislumbraremos lo que los romanos dejaron en su proceso de romanización de Galicia:

 La Vía XVIII o Vía Nova:

La Nova era la más transitada. Partía de lo que hoy es Astorga y llegaba hasta Braga. La vía Nova puede recorrerse actualmente. Esta es la calzada con el mayor número de miliarios de Europa, 281 en total. Alguno de los cuales siguen en pie y puede contemplarse hoy en día, por ejemplo los de Portela D Home o en la comarca de Limia. La calzada conserva muchos de sus tramos enlosados. Tiene una anchura mínima de cinco metros y en algunos puntos alcanza los once.

En la Vía Nova se construyeron cinco de los treinta puentes que los romanos construyeron en Hispania (quizá el más conocido de Galicia sea el Puente Romano de Orense, con origen en los tiempos de Trajano, porque del primer puente  romano de la época de Augusto sólo quedan algunas piedras en las bases. Se conservan 7 arcos de los 11 primitivos. Está considerado como el mayor de todo el Imperio Romano.

En un ramal de la misma vía, se conserva otro maravilloso puente, el Ponte do Freixo (Puente del fresno, en castellano) en Celanova (Orense) sobre el río Arnoya (en los alrededores de esta zona se han encontrado petroglifos pertenecientes a la Edad de Bronce, de los que hablamos el año pasado) y se sitúa  en la comarca del Ribeiro (otra herencia romana, el cultivo de la vid y la producción de vino). El puente consta de cuatro arcos simétricos. Destacan los almohadillados de los sillares, típico de las construcciones romanas. Se trata de una construcción del siglo II o III. Es posiblemente, junto con el de Orense, el mejor conservado de los puentes romanos en Galicia, el resto se mantienen en pie pero son restauraciones medievales en las que con suerte se conserva alguna piedra original romana.

En el camino de la Vía Nova se erigieron once mansiones, lugares de descanso para los viajeros y  también oficinas del fisco, que protegía un destacamento militar. Dos ejemplos que aún podemos admirar son la Aquis Querquennis, en Bande (en Orense), conjunto, que se sitúa cronológicamente entre los siglos I y II d.C. Está formado por tres elementos diferenciados: el campamento o recinto fortificado, la villa, con dedicación fundamentalmente agrícola y de la que se conservan restos que datan de los siglos I y IV, y la mansión, lugar de descanso y hospedaje para viajeros y animales de tiro y carga; y la Aquis Originis en Lobios, en la que ya se gozaba de sus famosas aguas termales; ahí podemos ver restos de los baños de Riocaldo ( o sea, río caliente), no olvidemos que los romanos fueron los primeros en favorecer el termalismo y los baños públicos en aguas sanadoras.

En relación con las aguas curativas, además del conjunto destacado en esta vía, cabe reseñar como herencia romana la fundación, en el lugar de O Castelo, la ciudad de Lais, que además de una de las más importantes explotaciones auríferas de la Gallaecia, contenía aguas termales. Las de  Laias, en la margen derecha del río Miño, en la actual provincia de Orense, fueron especialmente famosas. Según las inscripciones halladas en el lugar, el Imperio denominó a estas aguas Acquae Leae. A lo largo de la edad media los manantiales se seguían utilizando y eran conocidos en toda España, hasta allí llegó el rey Bermudo II de León, apodado el Gotoso, que fue a calmar sus males en las aguas orensanas. Hoy constituyen uno de los atractivos turísticos más importantes de Galicia.

La Vía XIX:

Comenzaba en Braga (Bracara Augusta) y terminaba en Astorga (Asturica Augusta) tiene un recorrido de unos 500 km. Entraba en Galicia por Tuy, continuaba por Pontevedra, Santiago de Compostela, Lugo y bajaba hasta llegar a Astorga.  Parte de su recorrido coincidiría con el de la Vía XX. De sus construcciones, se conserva con gran esplendor un hito que marca el paso de la vía romana a su salida de Galicia. Importante literatura hay sobre la mansión Pria en Iria.

La Vía XX o Vía per loca Marítima:

Según estudios que se tienen sobre el trazado de la vía XX la mayor parte de su recorrido era mixto, una parte por vía marítima además de la propia vía terrestre. Posiblemente, unos de los primeros puntos de parada se situarían en Aquis Celenis (Caldas de Rey), de hecho algunos autores consideran que este es un punto de encuentro con la vía XIX y que de ahí se separan. Esta vía contaba con numerosas mansiones entre las que podemos destacar la de “Ad duos Pontes” en Santa Cristina de Barro. La mansión de Glandimiro tradicionalmente situada en Brandomil, dónde se explotaban minas de oro, o la de Brigantium  ya en La Coruña, hasta llegar a Lucus Augusti (Lugo). Esta vía llegaba a la costa coruñesa y posteriormente bajaba hacia el interior. En su recorrido costero, se unía, por medio de estriaciones de la propia vía, a numerosas zonas portuarias ( Noya, Cedeira , Muros, Mujía o la propia Coruña) En su recorrido existieron numerosas villas e industrias del salazón- otra herencia romana- que introducía los productos llegados a la costa hacia el interior de hispania. Otros elementos que se conservan de esta vía son, por ejemplo, en  Santa Comba (La Coruña) un hito que refleja el paso de esta vía, un tramo de la misma aunque ya no conserva el pavimento en el municipio de La Laracha (La Coruña) cerca de Vilar de Fraga, y un campamento romano en Ciudadela, en el concejo de Sobrado dos Monxes (Sobrado de los monjes- La Coruña).

En esta vía, en su camino marítimo, las comunicaciones se completaban con los faros para orientar a las naves en su ruta costera al principio y en sus conquistas hacia el norte atlántico europeo, más adelante. El más destacado de ellos, es la famosa Torre de Hércules. Otro de los grandes símbolos de la romanización en Galicia y  hoy Patrimonio de la Humanidad. Su nombre procede de la leyenda que atribuye a Hércules  la fundación de la ciudad y así lo recoge Alfonso X, en su “Crónica General”, sin embargo el faro no adquiere ese nombre hasta el S.XX.

 Aunque no se sabe el origen de la construcción,  sí se conoce que  fue erigida como faro por los romanos, posiblemente hacia finales del siglo I y comienzos del IITiene el privilegio de ser el único faro romano y el más antiguo en funcionamiento del mundo. Los romanos lo denominaron Farum Brigantium. “Después de la conquista por Roma del Occidente europeo (Hispania, Galia y Britania), la bahía coruñesa adquiere una gran importancia en las rutas marítimas romanas que ponen en comunicación el Mediterráneo y las zonas costeras noratlánticas. Situada en una costa peligrosa, se convirtió en una magnífica dársena para los barcos que emprendían la ruta hacia Britania o venían de atravesar los peligros del cabo Finisterre. Los romanos crearon un importante enclave portuario, al que le pusieron el nombre de Brigantium, de ahí el nombre del faro.

 Por la inscripción conservada al pie de la Torre, sabemos que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la ciudad de Aeminium (la actual ciudad de Coimbra en Portugal). Con los datos actuales y sin tener certeza absoluta, se atribuye su construcción a la época del emperador romano Trajano que gobernó entre los años 98 y 117 d.C.

No conocemos con certeza como era su aspecto exterior. Pero tras las excavaciones arqueológicas realizadas en la base de la Torre, sabemos que contaba con un muro perimetral exterior y con una rampa o escalera de piedra que daba acceso a la plataforma superior. Tampoco conocemos con exactitud cómo sería el coronamiento romano de la Torre, pero por los datos conservados tendría una planta circular acabada en forma de cúpula con un hueco en el centro para salida de la luz y del humo que serviría de guía a los barcos.

El núcleo interior, hoy conservado, tiene, en planta, una base cuadrada, con cuatro huecos interiores que se comunicaban dos a dos; en altura, se articulaba en tres pisos sucesivos, y los huecos estaban abiertos con bóvedas de cañón. Posiblemente estos espacios pudiesen servir, entre otras funciones, para guardar el material combustible que ardería en la parte superior y también para resguardo del personal de servicio en la Torre.”[1]

En la Edad Media la Torre de Hércules sirvió como fortaleza y cantera, a partir del siglo XVI, recupera su función de faro.

Otro de los aspectos de la romanización en el mundo era la construcción de ciudades. En el NO de España, hubo algunas buenas ciudades, como Bracara Augusta y Lucus Augusti, al igual que Asturica Augusta, sin embargo, en Galicia y también en Asturias, no fueron polos de gran atracción para los indígenas, ni influyeron poderosamente en el cambio político, religioso, económico y social, ni desarrollaban una actividad municipal grande, como se desprende de la ausencia de inscripciones referentes a la vida municipal. En los “conventos” gallegos las relaciones de todo tipo y los intercambios entre urbes parecen poco desarrollados. En el ”conventus de Lucus Augusti”, ( fundada por magistrado romano Paulo Fabio Máximo en nombre del emperador César Augusto) hay desplazamientos de población, cuantitativamente, poco importantes.  Más destacados son los de Asturica Augusta y parece que fue el “conventus de Bracara” el que atrajo a un mayor número de gentes procedentes del exterior del NO. Sin embargo Lucus Augusti fue una ciudad importante a final de la antigüedad, como se deduce por la construcción de su muralla o de la piscina de la Plaza de Santa María. Precisamente su muralla es uno de los mayores regalos que los romanos han hecho a Galicia y, por ende, a España.

La muralla romana de Lugo es la única del mundo que se conserva entera, habiendo sido designada Patrimonio de la Humanidad, declarada por la UNESCO en el año 2000.

La leyenda dice que los romanos construyeron la muralla para proteger no una ciudad sino un bosque, el «Bosque Sagrado de Augusto», en latín «Lucus Augusti», de ahí el nombre de Lugo. Hoy el bosque es un misterio, pero la muralla sigue en pie. Realmente, más parece que la muralla, claramente una construcción defensiva, vino motivada no sólo de la amenaza bárbara, sino también por la situación e importancia estratégica de la ciudad. La ciudad tiene una ubicación propicia para la defensa por tener elementos naturales que contribuyen a ello al estar resguardada en lo alto de una pequeña colina y rodeada por un lado por el río Miño y por otros arroyos. La muralla reforzó la protección natural de la ciudad.

Se construyó siguiendo las directrices de las obras de Vitruvio, la muralla de Lugo mide más de 2 km y tiene, en la actualidad 10 puertas, aunque no todas son de época romana. En la parte superior, algunos tramos alcanzan los 7 m de ancho. Se conservan 71 de sus 85 torres originales, 60 son de planta circular y 11 cuadrangular. Debieron estar coronados por torres de dos pisos que tenían ventanales, como atestigua la torre llamada de A Mosqueira en la que todavía se conservan. Los materiales  con los que está construida son, principalmente,  granito y pizarra, en el exterior y,  en el interior, mortero compuesto de tierra, piedras y guijarros cementados con agua. Se estima que su construcción fue un único proyecto que terminó de realizarse sobre finales del siglo III o la primera mitad del siglo IV.

La estructura defensiva que conformaba la muralla estaba formada por el foso y el intervallum (espacio entre la muralla y las edificaciones urbanas. Recorría toda la longitud de la misma. Con el paso del tiempo este espacio fue ocupado por edificaciones). La muralla sufrió algunas ligeras modificaciones con el paso de los años.

Por último cabe señalar en cuanto al proceso de romanización, que no pretende ser exhaustivo pero sí dar una visión general lo más completa posible, el aspecto espiritual, que en el caso de la romanización, tenía una clara vinculación administrativo-política.

Según algunos  autores, los galaicos eran ateos, si bien en sus relaciones con los celtíberos y otros pueblos que lindan con ellos por el Norte, adoraban a cierta divinidad innominada, a la que rinden culto en las noches de luna llena. Las danzas en las noches de plenilunio constituyen parte del folklore y han llegado casi hasta nuestros días. Frente a estos ritos nativos, los romanos ejerzan culto a Júpiter, este culto a Júpiter fue asimilado poco a poco y algunos autores consideran que responde a un fenómeno de sincretismo que oculta  un culto al gran dios supremo de todos los pueblos indoeuropeos (recordamos que los celtas eran indoeuropeos). Así se unió el culto tradicional al ser supremo de los pueblos celtíberos, tan propio de Galicia, con el culto al Júpiter romano que es, ante todo, la encarnación del poder de Roma y del Estado. Con los emperadores de la dinastía Flavia, ese culto a Júpiter se une al municipalismo, a la ciudad administrativamente organizada. Esa municipalización, como vimos con el avance de las Villas romanas y el mercado, representaba un gran avance en la romanización.

Posteriormente, la extensión del cristianismo, que no proliferó grandemente en el NO de la península hasta muy avanzado el Imperio, fue la gran aportación y herencia del Imperio romano a la romanización, pues al propagar el cristianismo, contribuyó a romanizar el NO peninsular.

BIBLIOGRAFÍA

JOSÉ MARÍA BLÁZQUEZ. “La Romanización del Noroeste de la Península Ibérica. El bajo nivel de romanización de todo el NO de la Península Ibérica”. Publicado como parte de las Actas del Coloquio Internacional sobre el Bimilenario de Lugo. Lugo 1976, Lugo 1977 .

ROSA MARÍA FRANCO MASIDE.  “La vía per loca Marítima: un estudio de las vías romanas en la mitad noroccidental de Galicia”. Diputación de La Coruña 1999.

J.M- CAAMAÑO GESTO “Los campamentos romanos de Galicia”. Ed Finisterres.1996.

Página Web de Turismo de Galicia.

[1] Página oficial de Turismo de Galicia.

PACTO RIBBENTROP-MOLOTOV

Entender el devenir de Europa obliga a comprender las relaciones entre Alemania y Rusia , tanto como las de Franco-alemanas. Ambas han pasado por diversas fases, pero son una de las constantes en el acaecer de Europa.

Hoy vamos a hablar de un capítulo que afecta a las primeras, determinante para el desarrollo de la II Guerra Mundial, y que asombró a sus contemporáneos por la unidad de dos regímenes, en principio contrarios en todo, recordando aquel refrán español de que los extremos se tocan.

Hablamos de los acuerdos entre Alemania y al Unión Soviética en 1939. Aquellos acuerdos suponen un espejo en el que reflejar a una buena parte de los partidos comunistas y fascistas o semejantes que en su propaganda emplean el termino fascista y comunista como descalificativo generalizado (no seré yo quién opine mejor de los unos y de los otros). Sin embargo, obviamos en muchas ocasiones que en el imaginario colectivo los fascismos están claramente condenados, en cambio, los comunistas parecen ir ligeros de equipaje sin que su historia permita tal cosa y, sobre todo, olvidando que los comunistas se unieron sin ambages los fascistas cuando les hizo falta.

Toda esta introducción es para situar el marco en el que se movió el acuerdo ruso-alemán de 1939, o más conocido como pacto Ribbentrop-Molotov, en honor a los dos ministros de exteriores, firmantes del acuerdo.

Si analizamos no sólo el pacto concreto de no agresión sino el pacto global germano – soviético nos encontramos con cuatro acuerdos en uno. A saber:

  • Un acuerdo económico, firmado en Berlín el 19 de agosto de 1939, como preámbulo al de no agresión que estipulaba que Alemania entregaría productos manufacturados a cambio de materia prima soviética.
  • El pacto de no agresión durante diez años que es el elemento nuclear de aquellos acuerdos, firmado en Moscú el 23 de agosto, en el que cada uno de los firmantes prometió no atacar al otro.
  • Unas cláusulas secretas, que formaban parte del anterior, en virtud de las cuales ambos países se repartían el territorio europeo. Así, el pacto establecía que Polonia quedaría como zona de influencia que se dividiría entre ambos Estados. Además, la Unión Soviética lograba que se reconocieran como zonas de su interés a Finlandia, Estonia, Letonia, Besarabia y, más tarde, también a Lituania , aunque en este momento del acuerdo, Alemania mantenía posiciones de ventaja en la ciudad de Vilna- la capital de Lituania-.
  • El tratado Germano-soviético de Amistad, Cooperación y Demarcación de 28 de septiembre de 1939, tras el reparto de Polonia. También tenía cláusulas secretas: protocolos de intercambio de ambos lados tras la partición de Polonia y redibujaba las esferas de influencia de Europa central que habían sido dictadas en los pactos secretos del acuerdo Ribbentrop-Mólotov, entre otros, incluyeron un acuerdo para reprimir cualquier «agitación polaca».

El pacto convulsionó las relaciones diplomáticas en Europa, si bien, si se analizan los antecedentes no debería haber sorprendido tanto:

  1. En 1922, por el tratado de Rapallo, la República alemana de Weimar se convierte en el primer país capitalista que reconoció formalmente al régimen soviético. Ambos países, marginados de la Sociedad de Naciones, lo que es tanto como decir de las decisiones y manejos internacionales de la época, comenzaron a entenderse.
  2. Aunque por el Convenio de Locarno, tres años después, Alemania parecía aceptar un frente común contra la Rusia soviética, el Convenio de Berlín de 1926 volvería a acercar a ambos países. A partir de entonces, la colaboración entre ambos Estados se hizo patente, tanto en el campo económico como en el militar.
  3. Posteriormente, posiblemente por cierto sentido revanchista contra los vencedores de la I Guerra Mundial y los acuerdos de Versalles, la sociedad alemana, especialmente el mundo intelectual alemán, abogaba por un entendimiento con los comunistas ; entre esos miembros de la sociedad alemana que marcaba esas posiciones se encontraba Goebbels, ya militante del partido nacionalsocialista alemán. En este ambiente pro soviético se encontraban Kart Radek o Rosa Luxemburgo y otros miembros del partido comunista alemán. Es más, durante la I Guerra Mundial, aunque Alemania y Rusia eran naciones enfrentadas, el Kaiser, en una visión a corto plazo, permitió el paso del tren que llevaba a Lenin a Moscú para liderar la revolución. Alemania estaba empeñada en que Rusia saliera de la guerra, para acabar con el frente oriental y centrarse sólo en el occidentaly Lenin era uno de los portavoces principales de quienes querían cerrar la participación rusa en la guerra. Fue por orden del propio káiser que llegaron los permisos para su salida.
  4. Las dos revoluciones (la nazi y la comunista) con miembros de ambas asentados en territorio alemán permitieron a alguno de sus dirigentes mantener diálogos fructíferos- incluso en la cárcel- que acabaron germinando. Así, en enero de 1933, cuando Hitler es nombrado canciller, ya existe una complicada red de relaciones entre ambos países.
  5. Es verdad, que en aquellos momentos se produjeron movimientos que parecían contradictorios entre sí, pero que no eran más que los ajetreos propios de la búsqueda de las posiciones más adecuadas en un momento convulso. De este modo, mientas cuatro meses después del nombramiento de Hitler se renovaba el caducado Convenio de Berlín; los rusos firmaban numerosos pactos de no agresión y amistad con diversos países y entraban en la Sociedad de Naciones, todo ello en la necesidad de un acercamiento a occidente. Por otro lado, Alemania y Japón firmaron en noviembre de 1936 el pacto Anti-Komintern. Ya en 1938,  se produce la crisis de los Sudetes y la famosa conferencia de Munich, en la que no participaron los soviéticos. Esta temía, y no sin razón, que las democracias fueran demasiado blandas para contener a Hitler, y por otra parte que intentaran desviar los impulsos expansionistas del Reich hacia él Este, es decir, hacia Rusia. De hecho, franceses y británicos pensaban que si Rusia y Alemania se enzarzaran en una contienda, les vendría bien a los occidentales para mermar el poder de ambas potencias. En vez de ocurrir tal cosa, se encontraron con los pactos del 1939.
  6. Aquellos sorprendieron asimismo a los partidos fascistas y comunistas de occidente. Resultaba conturbador el paso dado por Stalin después de haber estado negociando una alianza durante meses con Reino Unido y con Francia (durante la primavera y el verano de 1939, los soviéticos negociaron un pacto político y militar con Francia y el Reino Unido, al tiempo que negociaban con los alemanes). Los partidos fascistas y algunos comunistas rechazaban este acuerdo, si bien los segundos en menor medida, al fin y al cabo, los partidos comunistas dependían ideológica y, en ocasiones, también económicamente de la URSS que lideraba la Internacional Comunista (la III Internacional) que controlaba con brazo de hierro a los partidos comunistas de Europa. Así en el VII Congreso de la Internacional, celebrado en Moscú en 1935, se habían posicionado frente a los fascismos y se estableció la política de frentes populares, auspiciada por Stalin como sistema de combatir aquellos. Supuso la imposición, por medio de las purgas, de las posiciones del dirigente ruso. Allí se separaron Trotskistas y anarquistas y, como consecuencia de ello, fueron asesinados Andrés Nin (CNT española) en 1937 y en 1940 Trotski. En este ambiente, aunque el pacto con los nazis iba contra sus idearios, los partidos comunistas occidentales justificaron el acuerdo. Especialmente sangrante fue la posición del partido comunista francés cuyos miembros rehusaron prestar servicio militar a su país cuando Francia declaró la guerra a Alemania en septiembre de 1939, acusando al gobierno francés de posiciones imperialistas, e intentando sabotear el esfuerzo bélico francés, algo semejante ocurrió en Gran Bretaña, aunque la presencia comunista en el Reino Unido tenía menor influencia. En España, el frente popular tras una guerra que tenían perdida quiso continuar la misma durante dos años a fin de favorecer a la URSS. Negrín quería enlazar la guerra civil con la II Guerra Mundial- que ya se veía venir-. En aquellas circunstancias tristes para nuestro País, la Pasionaria escribió varios artículos elogiando el pacto Ribbentrop – Molotov.

Si estos eran los antecedentes y el contexto en el que se firmaron, las consecuencias de los acuerdos fueron determinantes para el futuro de Europa y del Mundo.

La primera de ellas y la más directa fue la invasión alemana de Polonia a la que siguió la intervención soviética en la zona oriental de Polonia, con la excusa de proteger a los ucranianos y rusos blancos que habitaban en aquellos territorios. Fue, entonces, cuando Mussolini, criticando la situación, señaló: “Está bien servirse de un enano para matar a un gigante, pero es un error valerse de un gigante para liquidar a un enano.” Fue todo un diagnóstico de lo que se venía encima. Al poco tiempo y tras la guerra de invierno, la Unión Soviética lanzó un ataque contra Finlandia, invadiendo parte de su territorio, en diciembre de 1939 (avalado por el acuerdo de amistad y cooperación, firmado en septiembre, como vimos) y en junio de 1940 la Unión Soviética se anexionó Estonia, Letonia y Lituania.

Las relaciones entre rusos y alemanes se fueron deteriorando: la intervención soviética en Rumanía o su avance en el Báltico provocó, desde el punto de vista alemán, la reducción del suministro de hierro de Suecia y de níquel de Finlandia. Realmente, la Unión Soviética había respetado en líneas generales el acuerdo, y en particular el envío de materias primas al III Reich. En este punto, la historiografía plantea posiciones encontradas, de un lado se señala que, las ambiciones territoriales soviéticas inquietaron a Hitler; de otro, se insiste en que Rusia se mantuvo fiel al pacto pues no tenía una posición suficientemente solvente para defenderse en una guerra de aquel cariz. De hecho, muchos autores consideran que el pacto Ribbentrop – Molotov no fue más que la primera fase de un plan bien trazado por los nazis para asegurarse que no recibirían un ataque desde el lado oriental mientras hacían caer el frente occidental.

Fuera como fuese,  lo cierto es que Alemania inició el ataque contra el frente occidental del 10 de mayo de 1940 y en menos de seis semanas,  gracias al buen sistema de comunicaciones y carreteras que permitieron al Ejército alemán desenvolverse en aquel terreno, derrotó a las fuerzas aliadas y conquistó Francia, Bélgica, Luxemburgo y Holanda. Tras atravesar las Ardenas y el valle del Somme, logró arrinconar a los aliados en las playas de Dunkerque, cuyas tropas se salvaron en la famosa Operación Dinamo. No analizaremos el desarrollo de la Guerra en ese momento en el frente occidental porque no viene al hilo del tema que tratamos, recordaremos sólo las fechas: el 10 de junio de 1940, Italia entró en la guerra e invadió Francia desde los Alpes; el 14 de junio los alemanes llegan a París; el 22 de junio, Hitler firmó el armisticio de Compiègne con el gobierno de Vichy.

Con el frente occidental, aparentemente dominado, la Alemania nazi intentó evitar los roces con la Unión Soviética y para ello ofreció a los soviéticos, conociendo el interés tradicional ruso por las salidas a mares de ”aguas calientes” un paso hacia el sur, a través de Afganistán e Irán, en dirección al Golfo Pérsico. Además, Hitler ofreció a Stalin que, tras la conquista de Inglaterra, el imperio británico sería dividido y ahí Rusia obtendría esa ansiada salida a aguas cálidas de manera abierta y libre. Stalin no aceptó el pacto, porque los alemanes estaban ofreciendo lo que aún no tenían.

El 13 de noviembre de 1940, regresó Molotov a Moscú con la propuesta de unir a la Unión Soviética al Eje. El ministro de asuntos exteriores soviético declaró ese mes que Bulgaria, Turquía, Hungría, Rumanía, Yugoslavia, Grecia, y Finlandia, estaban en la esfera de los intereses soviéticos. Hitler respondió ordenando a sus generales el inicio de los preparativos para invadir la Unión Soviética.

Sin embargo, muchos historiadores consideran que el plan alemán se había concebido antes. Así la mayoría de los historiadores británicos creen  que se empezó a madurar esta posibilidad en mayo de 1940, si es que no estaba en la mente de Hitler desde antes del pacto de agosto del 39; en cambio el historiador británico John Keegan señala, en su libro “Operación Barbarroja, invasión de Rusia”,que fue el 2 de julio de 1940 cuando Hitler comenzó a comentar abiertamente a sus colaboradores la idea de realizar un ataque en territorio ruso en julio de 1941​. Todo indica que, en una primera planificación, los alemanes pretendían realizar el ataque en noviembre de 1940, cuando los rusos declinan entrar en el Eje, pero el fracaso de Italia, parte del Eje, en Grecia, retrasó la expansión del Reich en territorio soviético.

Los nazis, en diciembre de 1940, preparan el ataque con tres cuerpos del ejército:

  • Los ejércitos del Norte que conquistarían los Países bálticos y Leningrado.
  • El cuerpo del ejército del centro que conquistaría Bielorrusia y tomaría la Rusia central antes de llegar a Moscú.
  • El cuerpo del sur que debía tomar la totalidad de Ucrania, con Kiev y el río Volga como objetivos esenciales, para de ahí avanzar hacia el Cáucaso.

Los prolegómenos del ataque fueron la toma de los países bálticos. Resultó una tarea más o menos sencilla y en el imaginario alemán se consideró que el frente oriental caería con la misma facilidad que el occidental. El ataque al propio territorio de la Unión Soviética comenzó a las cuatro de la madrugada del 21 de junio de 1941, sin hacer una declaración formal de guerra. El objetivo era conquistar la Unión Soviética, diezmar a la población y explotar el país. Por tanto, la base del ataque tenía que ver con la conquista de “espacio vital”, como lema de toda la actuación alemana desde la conquista de Checoslovaquia y con un planteamiento xenófobo, propio de la superioridad aria manifestada por el nazismo. La intención era colonizar la Unión Soviética hasta los Montes Urales, para crear un “Gran Imperio Alemán” autárquico y a prueba de bloqueos económicos, desde el Océano Atlántico hasta los Urales.

Hitler, creyó que con tres cuerpos de ejército evitaría el error de Napoleón cuando intentó conquistar Moscú en un ataque por un único lugar. Pero si a Napoleón lo derrotó el general invierno, a Hitler , también. En el otoño, los alemanes habían llegado a las puertas de Leningrado y de Moscú y, sin embargo, la enorme resistencia de los rusos,  el intenso frío con temperaturas negativas de hasta 50 grados, y la falta de pertrechos suficientes para mantenerse con aquel frío (Stalin decretó la guerra de tierra quemada, igual que con Napoleón, y la previsión alemana de una guerra relámpago obvió el avituallamiento adecuado para aquellas temperaturas) hicieron fracasar la incursión nazi.  En diciembre de 1941 los alemanes se batían en retirada.

Consecuencia de aquel ataque fue que la Unión Soviética se pasó al lado de los aliados, con lo que terminó la guerra como vencedora y Stalin fue visto por los rusos como el líder que movilizó a la población y a la unidad de las repúblicas para conseguir el éxito. Lo que tuvo como consecuencia que los crímenes cometidos por el régimen estalinista se ocultaran. La victoria de la Unión Soviética logró unificar el país, más que ningún otro factor, y le dio la posibilidad de ser durante medio siglo una potencia mundial. Es por eso que el ataque alemán, considerado a largo plazo, fue un factor de estabilidad para la hegemonía comunista, justo lo contrario de lo que se pretendía conseguir con la invasión.

Los acuerdos nazi–comunista de 1939 fueron “vendidos” por los soviéticos como una necesidad y se ocultaron los pactos secretos; hasta que los mismos, firmados, fueron descubiertos en Berlín por tropas británicas al finalizar la guerra y se hicieron públicos. La Unión Soviética, siguió su política de ocultación y calificó aquellos documentos como falsificaciones hasta que Gorvachov desclasificó los originales tras la masiva protesta de 1989 en los países del Báltico. El tratado pasó a ser una mancha en la conciencia histórica de Rusia. Situación historiográfica que se vuelve a modificar con la llegada al poder de Vladimir Putin en 1999. Desde entonces, el gobierno ruso ha tratado de justificar la actuación de Stalin al firmar el acuerdo asegurando que se debió a una necesidad estratégica y oportuna de proteger a Rusia.

De hecho, ya en 2005, Putin comparó al Ribbentrop-Molotov con el acuerdo de Múnich (el pacto entre Alemania, Italia, Francia y Reino Unido con el objeto de poner fin al conflicto germano-checoslovaco) y acusó a los países bálticos de atacar a Rusia «para cubrir la vergüenza del colaboracionismo».

Esta visión no es compartida por occidente, recordaremos que, como consecuencia de la devastación de la II GM se creó la Unión Europea, en aras a lograr unas posiciones de colaboración entre los países europeos, que impidan nuevos enfrenamientos armados y fomente el sistema democrático. En la lucha contra las dictaduras, el 19 de septiembre de 2019, el Parlamento Europeo aprobó la resolución denominada Importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa en la que se realiza una condena de los totalitarismos. En su preámbulo realiza entre otras consideraciones, las siguientes:

(…)

B (…) El 23 de agosto de 1939, la Unión Soviética comunista y la Alemania nazi firmaron un Tratado de no Agresión, conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, por el que Europa y los territorios de Estados independientes se repartían entre estos dos regímenes totalitarios y se agrupaban en torno a esferas de interés, allanando así el camino al estallido de la Segunda Guerra Mundial;

  1. (…) como consecuencia directa del Pacto Molotov-Ribbentrop, al que le siguió el Tratado de Amistad y Demarcación nazi-soviético de 28 de septiembre de 1939, la República de Polonia fue invadida en primer lugar por Hitler y, dos semanas después, por Stalin, lo que privó al país de su independencia y conllevó una tragedia sin precedentes para el pueblo polaco; que la Unión Soviética comunista comenzó, el 30 de noviembre de 1939, una agresiva guerra contra Finlandia y, en junio de 1940, ocupó y se anexionó partes de Rumanía (territorios que nunca fueron devueltos) y se anexionó las repúblicas independientes de Lituania, Letonia y Estonia;
  2. (…), tras la derrota del régimen nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, a veces bajo la ocupación o la influencia directa de la Unión Soviética, durante medio siglo, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico;
  3. (…) mientras que los crímenes del régimen nazi fueron evaluados y castigados gracias a los juicios de Núremberg, sigue existiendo la necesidad urgente de sensibilizar sobre los crímenes perpetrados por el estalinismo y otras dictaduras, evaluarlos moral y jurídicamente, y llevar a cabo investigaciones judiciales sobre ellos;
  4. (…) en algunos Estados miembros, las ideologías comunista y nazi están prohibidas por ley;
  5. (…) Considerando que, desde su inicio, la integración europea ha sido una respuesta a los sufrimientos provocados por dos guerras mundiales y por la tiranía nazi, que condujo al Holocausto, y a la expansión de los regímenes comunistas totalitarios y antidemocráticos en la Europa Central y Oriental, así como una manera de superar las profundas divisiones y hostilidades en Europa mediante la cooperación y la integración y de acabar con las guerras y consolidar la democracia en Europa; que para los países europeos que sufrieron la ocupación soviética y las dictaduras comunistas, la ampliación de la Unión, que comenzó en 2004, supuso su regreso a la familia europea, a la que pertenecen;

En el siguiente enlace se puede leer completo.

https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-9-2019-0021_ES.html

BIBLIOGRAFIA

JOHN KEEGAN. “ Operación Barbarroja, invasión de Rusia. ED. SM

MARTIN GILBERT: “ Segunda guerra Mundial (1939-1945). Ed. La esfera de los libros

«Tratado de la Unión Europea» UNED

UN TRAIDOR: ANTONIO PÉREZ

Hoy volvemos a adentrarnos en el hilo de los traidores. La Historia está llena de ellos y en el caso español, hemos tenido unos cuantos, ni los más poderosos se libran. En este caso, el más poderoso era el gran Felipe II y el traidor su influyente secretario: Antonio Pérez; quien ha sido considerado por Julián Marías como uno de los impulsores de la Leyenda Negra española junto con fray Bartolomé de las Casas. Si en fray Bartolomé la soberbia y la exageración hicieron un gran trabajo en esta línea; en Pérez fue su propia desvergüenza y vicio los que sirvieron de guía a los autores de la leyenda negra. Digamos que nuestros enemigos se basaron en sus acciones para incrementar esa leyenda, aunque, ningún país serio hubiera dejado envenenar su historia con tantas mentiras y, lo que es peor, en ninguna ley de memoria histórica parece que vayamos a encontrar un impulso al estudio y difusión de la verdad histórica de nuestro imperio y nación.

Antonio Pérez nace en la localidad de Valdeconcha, Guadalajara, en 1541, falleciendo en París, en 1611. Estos dos datos, fechas de su nacimiento y muerte, son los más claros de su biografía, sobre todo, lo que se relaciona con su origen.  No está claro quién fue su padre, si a) Don Gonzalo Pérez, consumado humanista, propietario de una de las mejores bibliotecas de la época, traductor de “La Odisea” al castellano,  que fue secretario del emperador Carlos I y después del propio Felipe II y el que, al fin y al cabo, le dio su apellido o b) el aristócrata portugués, Ruy Gómez de Silva, Príncipe de Éboli. Se sabe que su madre fue doña Juana de Escobar de la que se desconoce si era soltera o estaba casada con otro hombre. Fuera como fuese, Juana nunca se casó ni con Gonzalo ni mucho menos con el cabeza de la casa de Éboli. Todo apunta a que era sotera pues, no tiene sentido que Gonzalo Pérez diera su apellido al niño si la madre estaba casada. Pero, lo probable, según los rumores que corrían por la corte, es que Pérez sirviera para tapar al hijo ilegítimo de una de las dos casas más influyentes en la corte española del momento, la otra era la casa de Alba. Esta última posibilidad se refuerza con el hecho de que Ruy Gómez de Silva apadrinó a Antonio Pérez, le cobijó bajo su techo durante los primeros 12 años de su vida y lo protegió siempre. Sea de una forma u otra, el joven fue educado en las más prestigiosas universidades españolas e italianas de su tiempo, bajo la ayuda de la familia castellana de los Mendoza, que estaba emparentada con el Príncipe de Éboli a través de su matrimonio con Ana de Mendoza de la Cerda (Princesa de Éboli), la cual, para completar esta visión del “ Hola” del siglo XVI, no se sabía a ciencia cierta qué relación tenía con Felipe II, aunque las lenguas de triple filo de la época sí decían saber lo íntima que era aquella relación; de verdad, parece que las habladurías sólo eran eso. Lo que sí es cierto es que la Princesa mantuvo una enorme influencia política en la Corte incluso después de la muerte de su esposo el Príncipe de Éboli, para ello se alió con Antonio Pérez, sin que se pueda afirmar si su relación se basó sólo en intereses financieros y de poder o también amorosos. Nunca lo sabremos, aunque los que dudan de las inclinaciones sexuales de Antonio Pérez, afirman que sólo formaron un convenio por intereses.

En todo caso, Antonio, tuvo una carrera meteórica, basada en sus influencias en la corte, su buena formación intelectual, su carácter ambicioso, prudente y muy dado a las intrigas.

Al fallecer Gonzalo Pérez en 1566 queda vacante la Secretaría de Estado, y su supuesto hijo es propuesto para suplir su vacío, cosa que sucedió en 1567 y oficialmente ratificado por el rey en 1568. Que alguien de tal juventud alcanzara un puesto tan influyente era un caso excepcional en las cortes europeas. Precisamente desde 1553, año en el que se le encargaron los asuntos exteriores de la corte española, su presencia en esas cortes y, también en la política nacional, fue considerable.

Para llegar a aquel puesto tuvo que sortear un problema, no menor, para aquellos tiempos: había tenido un hijo extramatrimonial y no quería casarse con la madre (Juana de Coello)- se ve que había costumbre en la familia-. Fue, otro cortesano, Juan de Escobedo, el que terció para lograr su matrimonio con Juana y, gracias a ese hecho, pudo lograr el puesto de secretario de Felipe II. La fortuna de Antonio era holgada, y en los primeros años, y tras ganarse el favor de Felipe II, amasó grandes sumas de dinero. De él se dice que gastaba en caballerías, en ropajes, juego y otros vicios. Como es lógico, ese tren de vida no era fácil de sobrellevar, ni siquiera para un personaje como Antonio Pérez.

En aquel momento, como dijimos, dos eran las casas influyentes en España: Éboli y Alba. Ambas representaban posiciones diferentes en la política a seguir en los Países bajos. Los primeros eran partidarios del diálogo con los Orange para acabar con la guerra y la destrucción; los segundos apoyaban posiciones más duras; estos últimos representaban la causa de la mayoría de la nobleza castellana y la posición de Don Juan de Austria, hermanastro del Rey, héroe de Lepanto y gran militar.

Como secretario del hermanastro del Rey, Pérez nombra a Juan de Escobedo, con el encargo de que espíe a Don Juan y le comunique sus pasos. Pero Juan de Escobedo fue leal a Don Juan de Austria, lo que no gustó mucho a Pérez. Realmente, aquella lealtad obstaculizaba el prospero negocio organizado por Pérez y la Princesa de Éboli. Su posición frente a la sublevación de los Orange, en un primer momento, fue de auténtico interés negociador, pero, una vez comprobaron que tal solución no tenía futuro, decidieron vender secretos de Estado al enemigo.“Resulta evidente es que éstos abusaron de su privilegiada posición, como señala Marañón, para vender secretos de Estado, y acaso también por ambiciones familiares de la Princesa en la cuestión de Portugal. De lo cual Escobedo debió sospechar algo, alguna noticia amenazando con delatarles”, dice M. F. Álvarez en su libro “Felipe II y su tiempo[1] Ese hecho fue descubierto por Escobedo, por lo que éste pasó a convertirse en enemigo mortal de Antonio Pérez.

Antonio, previendo que aquello podía acabar con su cabeza, decide actuar con rapidez fabulando toda una serie de calumnias sobre Escobar y sobre Don Juan de Austria, para lograr que el Rey se enemistase con ellos. Según parece, le informa al Rey que el ambicioso Escobedo era quien trataba de convertir a Juan de Austria en monarca, que el éxito del hermanastro del Rey tras la épica victoria de la batalla de Lepanto, le hacía acreedor de la corona de Escocia o de Inglaterra por matrimonio con alguna de sus reinas. De hecho, los persistentes rumores provenientes de Escocia de aceptar a don Juan de Austria como rey si éste se casaba con María Tudor, fueron suficientes para que Felipe II creyera en la traición de su hermanastro. Además, los problemas arreciaban en el Imperio y Felipe II envió a su hermano lejos de las intrigas de la corte, aún a sabiendas de lo dificultoso de su misión, de ahí que le encomendara la defensa de las provincias holandesas donde vino a sustituir en el cargo al Gran Duque de Alba. “Era como si (Felipe II) quisiera hacer frente a los problemas de Flandes con el prestigio del nombre de su hermano; o acaso también para hundir en el fracaso inevitable a quien tanta gloria había logrado en el Mediterráneo. Porque lo cierto es que el Rey, contra el parecer de algunos miembros del Consejo de Estado –y concretamente del que más experiencia tenía en los asuntos de Flandes, el duque de Alba- siguió el consejo de Antonio Pérez”, nos dice M. Fernández Álvarez.

El 31 de enero de 1578, los tercios viejos derrotaron a los Estados Generales en la batalla de Gembloux, consiguiendo así que gran parte de los Países Bajos del Sur volvieran a la obediencia al Rey, entre ellos la provincia de Brabante. Esto hizo revolverse a las fuerzas enemigas, atacando las posiciones españolas en dos frentes: uno francés desde el Sur –al mando del duque de Anjou– y otro desde el Este –al mando de Juan Casimiro y financiado por la Reina Isabel de Inglaterra. El vencedor de Lepanto iba a necesitar más recursos para frenar ambos ataques, de no ser así, perdería inevitablemente las posiciones tan duramente logradas. Por ello, instó a su secretario, Juan de Escobedo, para que lograra del rey más dinero.

Sin embargo, Felipe II lejos de ayudar a aquella empresa como debía, no lo hizo, y siendo conocedor de las intrigas que se cernían sobre Escobedo, las permitió. Escobedo fue asesinado el 31 de marzo de 1578. Tal noticia llenó de dolor a don Juan de Austria, el cual debido al tifus y a una negligencia médica en una desastrosa operación quirúrgica, murió también a finales de septiembre en su campamento mientras sitiaba la ciudad de Namur. Viendo cerca su muerte, Don Juan nombró sucesor en el gobierno de los Países Bajos a su sobrino Alejandro Farnesio y escribió a su hermano pidiéndole que respetase este nombramiento y le permitiese ser enterrado junto a su padre. Estos deseos fueron cumplidos por Felipe II, arrepentido de la desconfianza mostrada hacia su hermano, pues al morir don Juan de Austria, el Rey recibió toda la correspondencia y documentación que éste poseía en los Países Bajos, y “vinieron a demostrar al Rey cuán lejos estaba su hermano de traicionarle y alzarse contra él. Por lo tanto, Antonio Pérez le había engañado, de forma que lo que podía tomarse como una dura, pero necesaria medida adoptada por razón de Estado, se convertía en un siniestro asesinato”. Esa complicidad fue la perdición de Antonio, pues Felipe temía que se hiciera pública alguna documentación comprometedora que podía inculparle.

Felipe II mandó encarcelar a la princesa y a Antonio Pérez. Este se escapó y la primera consecuencia de su huida fue el levantamiento del Reino de Aragón.  Los problemas de la monarquía con Aragón venían de antiguo. Existían ciertas disensiones entre la corte y los nobles aragoneses, se trataba de un viejo enfrentamiento entre las posiciones de influencia de los nobles castellanos y los aragoneses. Pérez, que mantenía buenas amistades entre la nobleza aragonesa, consiguió convencerlos de que Felipe II planeaba enviar un ejército a Aragón con la intención de abolir sus fueros. Se produjo una revuelta y, ahora sí y por ella, Felipe II envió al ejército a sofocar la misma. Al calor de las revueltas, Antonio Pérez consiguió escapar de Aragón y refugiarse en Francia.

La segunda consecuencia de la traición de Pérez viene de su vida en Francia. Una vez en el país vecino acude a la ayuda y protección de Enrique “Príncipe de Bearn” y futuro Rey Enrique IV de Francia, el famoso Enrique, protestante (calvinista), que por alcanzar la corona pronunció la famosa frase de “París bien vale una misa”, lo que dice mucho de su altura moral. Enemigo acérrimo de Felipe II, que al igual que su padre, Carlos I, era el brazo ejecutor del Vaticano en Europa y el defensor a ultranza de las posiciones católicas. Si los Orange en Holanda se habían sublevado contra el poder papal para independizarse del real, Enrique, más taimado, aceptó aparentemente el catolicismo, pero juró odio eterno a Felipe II, el cual, además, tenía la pretensión de que una hija suya acabara reinando en Francia. Este personaje acoge a Antonio Pérez y le mantiene con tal de que intrigue contra España y le venda sus consejos y documentos. En afán contra España, Antonio Pérez logra convencer a Enrique de que es fácil lograr la sublevación de Aragón contra el monarca español. Si los franceses entran con un contingente que defienda la independencia de Aragón, los moriscos aragoneses más los valencianos se sublevarán. Enrique acepta.

El fracaso de la expedición fue total. “Los soldados bearneses eran, en su mayor parte, hugonotes, y quemaron las iglesias de los primeros pueblos conquistados, con lo que los aragoneses se olvidaron de sus fueros y, enardecidos por las ofensas a su catolicismo, atacaron a los herejes furiosamente, obligándoles a repasar la frontera. Los moriscos tampoco respondieron con las armas, probablemente porque entre los capitanes de Antonio Pérez había algunos enemigos antiguos de su raza. El fracaso, en resumen, fue completo” nos narra Gregorio Marañón en su obra. Lejos de amilanarse, en 1593, el traidor español y el rey francés vuelven a intentar una nueva sublevación en la zona, esta vez, centrándose en valencia y apoyándose en los muchos franceses que allí vivían, se calcula que unos 11.000. Pero tampoco acabó bien.

Así que Pérez viaja a Inglaterra como enviado del Rey de Francia, buscando vender al mejor precio sus confidencias y sus intrigas y, sobre todo, con gran sed de venganza, hacer el mayor daño posible a la nación que lo vio nacer. Recién llegado a Inglaterra, le acoge en su casa uno de los grandes validos de la reina: Roberto Deveraux, “segundo conde de Essex”, que además era el favorito de la reina. Pérez consigue convencer a Essex de que debía invadir España, cosa que intentó el inglés en 1596 al viajar con una escuadra a Cádiz, saqueando la ciudad, incendiando varios buques y obteniendo un triunfo muy alabado entre el ejercito ingles y el pueblo de las islas, pero de un hondo fracaso en los resultados. La empresa había supuesto un alto coste económico para las arcas inglesas y el botín conseguido, exiguo. Además, esta victoria,  elevó la ya alta arrogancia de Essex lo que le acabaría quitando el favor de la Reina y le llevarían al cadalso en 1601, siendo decapitado en la Torre de Londres.

El objetivo que Antonio Pérez perseguía para con España era la sublevación de los moriscos andaluces y éstos no sólo no lo hicieron, sino que se defendieron y lucharon por evitar la caída de la ciudad en manos inglesas. Aunque al final la tacita de Plata fue saqueada por la armada anglo-holandesa al mando del Almirante Howard.

No para aquí el desafío de Pérez, facilitó datos sobre las costas valencianas y mallorquinas a los piratas berberiscos en el convencimiento de que se levantarían en contra de Felipe II. Otro error y otro fracaso en las pretensiones del ex secretario real, aunque los resultados para la población de esas zonas fueron catastróficos. Las razzias y las incursiones berberiscas ocasionaron pérdidas económicas y humanas considerables, hasta que se pudo poner fin a las mismas, sobre todo, a raíz la victoria en Lepanto.

El tercer elemento que debemos considerar para tener a Antonio Pérez como traidor fue su relato de España.

Estando en Inglaterra, escribió sus famosas “Relaciones” (1594), primero las publicó bajo pseudónimo como Rafael y Azarías Peregrino y, al poco tiempo, ya aparece en las ediciones francesas con su propio nombre. Pero ya con la edición inglesa, puso gran empeño en enviarla a cuantas personas influyentes creyó conveniente que lo leyeran y no sólo de la corte inglesa, sino venecianas, españolas y amigos principales de otras cortes europeas y logró un gran éxito, cuya base se fundamentaba en una de las estratagemas más antiguas del libelo, la excusa del testigo presencial. Las “Relaciones” eran un ataque personal a Felipe II. Se basan como modelo en la “ Apología” de Orange y confirma la acusación de que Felipe II había matado a su hijo, Carlos, que era una de las acusaciones favoritas de los Orange. La prueba de su poder difamador es que, a pesar de ser una historia completamente falsa,  se ha mantenido en el tiempo, sostenida, entre otras razones, gracias a la literatura y la música. La obra “Don Carlos” es un drama escrito por Friedrich Schille que sirve de libreto a Verdi para componer la ópera del mismo nombre y que cuenta la patraña del filicilio con gran arte.

Desprestigiar la figura de Felipe II no era algo que les sirviera a los ingleses, sí a los Orange en su búsqueda de la independencia, pero para los intereses ingleses, los galeones españoles y las rutas de las Indias eran más interesantes que el rey de España. Además, a una reina como Isabel I que tanto le había costado afianzarse en el poder, la presencia de un traidor, le resultaba molesta. De hecho, la falta de simpatías de Pérez en Inglaterra se manifiesta en la caricatura que de él realiza Shakespeare mediante el personaje del “fantasioso español don Adriano de Armando en su comedia “Trabajos de amor perdidos”. Se le presenta como pomposo, amante del lujo, afectado en sus maneras y en su vestir e indigno de confianza.

El daño propagandístico que estas publicaciones tuvieron sobre España fue nefasto y máxime, si se une a ellas la acción de Bartolomé de las casas, como ya vimos en otra entrada de este blog. España, en las postrimerías del siglo XVI, era el más poderoso imperio económico de occidente y su implicación en Europa era tan grande como grande era la molestia y envidia que generaba en otros, no es de extrañar que nos quisieran mal.

Tras Inglaterra, Antonio Pérez volvió a Francia, pero su presencia, salvado un primer momento, ya no tuvo la misma relevancia. Antonio Pérez murió en Francia, olvidado y pobre.

BIBLIOGRAFIA

  1. F. Álvarez “Felipe II y su tiempo” Espasa Calpe.

Luis Gómez López: Un traidor en el Imperio Español: Antonio Pérez.

Elvira Roca. Imperiofobia y Leyenda Negra.

[1] Ed Espasa- Calpe. 1998

LA CONTRA ARMADA INGLESA

Hoy nos vamos a sumergir en un acontecimiento que permanece en la penumbra de la historia, por culpa de la llamada “Leyenda Negra” y por el poco interés español en resaltar nuestras grandes empresas. La Historia contada por ingleses, holandeses y otros países ha ampliado la importancia de la derrota de la Armada Invencible española en 1588 y ha minimizado la derrota de la armada británica, ideada para conquistar España al año siguiente. Hoy hablamos de la conocida como la “contra-armada” inglesa o también como la Invencible Inglesa o la Contra Armada de Drake-Norreys

Después del fracaso de la Gran Armada española en su intento de invadir Inglaterra en 1588, Isabel I de Inglaterra preparó una enorme flota de represalia . La misma contó con 180 barcos y 27.667 hombres. Es fácil comprender el nombre dado a aquella empresa, se trataba de idear una flota que fuera la réplica de la Invencible española. Se encargó su mando al corsario Francis Drake, y como general de las tropas de desembarco, se nombró a John Norreys.

Entre las muchas diferencias entre la expedición española y la inglesa, la esencial era el sentido nacional de la empresa española, con Felipe II como gran ideólogo frente al sentido comercial de la inglesa, que en parte definía lo que posteriormente sería su forma imperial, mayoritariamente con colonias comerciales de transito y no de asentamiento. La contra armada inglesa fue financiada por una compañía comercial a base de emisión de acciones con un capital limitado a 80.000 libras. Un cuarto de esa cifra lo abonó la Reina, un octavo el gobierno holandés, siempre tan poco amigo de su antigua metrópoli. El resto del capital lo aportaron nobles,  mercaderes, navieros de toda condición, avariciosos de quedarse con las rutas españolas hacia América y gremios de todo tipo. No era la primera vez que en Inglaterra se actuaba así. De esta manera se habían financiado varias expediciones piratas, basadas en la sorpresa y el avituallamiento in situ, una vez tomada la plaza. Pero en esta ocasión, el sistema se demostraría calamitoso. Todos los inversores esperaban obtener grandes beneficios, empero, acabó con la quiebra de muchos de ellos y en especial de la corona inglesa de Isabel I.

Una segunda diferencia entre ambas empresas invasoras, se fundamentó en que la española estaba dirigida por profesionales de la navegación, por más que los elementos y sobre todo la dificultad de la invasión en una zona costera mal elegida y con las carencias propias de aquella época en los conocimientos de carácter técnico-científicos como para lograr el éxito. Esas mismas dificultades técnicas tenía la aventura británica, pero con el agravante anglosajón de encargar la dirección de la empresa a un pirata. Drake no era un Almirante para tal fin, si bien había tenido un éxito reconocido en el ataque a Cádiz en 1587.Pero su falta de experiencia en batallas militares le llevó a cometer diversos errores que a la larga precipitaron el fracaso de aquella expedición.  Para empezar, desconocía los elementos básicos de la logística naval en este tipo de enfrentamientos lo que  creó un problema de avituallamiento considerable y aunque no tuvo que luchar contra los elementos, los elementos tampoco le fueron del todo propicios en el inicio de su andadura, así, el mal tiempo afectó a la salida de la flota, una vez se completó ésta, porque el primer retraso se produjo debido a que los holandeses no proporcionaron todos los barcos de guerra que habían prometido, todo ello pospuso la hora de la partida  y, con ello, se consumió un tercio de las provisiones embarcadas para toda la travesía antes de salir del puerto (alguien debería estudiar el  excelente sistema de aprovisionamiento de la Invencible española para que en tan larga travesía nunca faltara alimento a sus integrantes). Drake no fue capaz de preverlo, pensaba, como buen pirata, que llegando a España se aprovisionarían con lo que robaran durante el asalto a las ciudades costeras. Pero no sólo se olvidó de embarcar los alimentos necesarios, sino que también se olvidó de portar las armas de asedio, indispensables para tomar fortalezas, y la caballería, imprescindible para lanzar cargas en las operaciones en tierra. Con estos pertrechos, aquella flota partió del Puerto de Plymouth el 13 de abril de 1589.

Tres eran las misiones esenciales de armada de Drake, que se enlazaban unas con otras a modo de gran fábula:

La primera y fundamental era destruir, en Santander, a la Gran Armada española varada en los astilleros norteños para ser reparados tras la derrota en las costas inglesas. Pensaban que conseguido esto,  España se quedaría huérfana de flota en el Atlántico europeo.

La destrucción de la armada española dejaría el mar expedito para cumplir su segunda misión: conquistar Lisboa. Esto convertiría a Portugal en país satélite de Inglaterra, la cual penetraría en el imperio luso. Para ello, se apoyaban en el Prior Antonio de Crato, primo de Felipe II y pretendiente al trono luso frente al Rey español que acababa de heredar la corona vecina de su madre, Isabel de Portugal. Crato había firmado previamente unas rigurosas cláusulas que, de cumplirse, transformaban a Portugal en un protectorado de Inglaterra.

Si todo lo anterior acontecía, su tercera misión era apostarse en las Azores; la fábula británica pretendía llegar igualmente a Sevilla,  capturar la flota de Indias y hacerse con las riquezas de ultramar. De este modo, Inglaterra sería la nueva dueña del Atlántico y se aprestaría a usurpar las rutas oceánicas españolas.

Como vemos, toda la fabula inglesa se sustentaba en un asalto imposible y en la creencia de que España estaría baja de moral tras la derrota de la invencible y de que los portugueses se rendirían en sus brazos. Nada de eso ocurrió. El resultado fue un completo fracaso, una derrota sin precedentes de la Inglaterra isabelina, el desastre de su flota y la caída en desgracia del corsario Drake .

Pese a que la intención primera de la Armada inglesa era atacar Santander para acabar con la Armada Española, Drake manda virar y dirigirse a La Coruña.  ¿Los motivos? No están del todo claros, pero parece que el hambre se había apoderado ya de los barcos y los motines florecían, además corría el rumor, no sólo entre la marinería sino que el propio Drake creía en él, de que en La Coruña se escondía un tesoro fabuloso. Por tanto, bien por voluntad propia bien impulsado por sus marineros piratas, la Contra Amada olvidó el primero de sus objetivos y puso rumbo a La Coruña.

El 4 de mayo de 1589, la flota inglesa llegaba a la altura de La Coruña, cuyas defensas eran bastante deficientes:  unos 1.500 miembros de la guardia más un número considerable de población civil, cuya presencia en la contienda fue decisiva. En cuanto a la flota disponible, tan solo se contaba con el galeón San Juan, la nao San Bartolomé, la urca Sansón y el galeón San Bernardo, así como con dos galeras, la Princesa y la Diana. El 5 de mayo, unos 8.000 soldados ingleses desembarcaron en la playa de Santa María de Oza, llevando a tierra varias piezas de artillería y batiendo desde allí a los barcos españoles que no podían cubrirse ni responder al fuego enemigo. Durante los siguientes días, los ingleses penetraron, sin muchas dificultades a la parte baja de La Coruña, saqueando y matando a numerosos civiles. Cuando los ingleses se lanzaron hacia la parte alta de la ciudad, comenzaron para ellos los problemas. Las murallas coruñesas resguardaban a la guarnición y la población de la ciudad, los cuales se defendieron con gran determinación, ocasionando la muerte de más de 1.000 ingleses asaltantes. Fueron en tales hechos donde sobresalió la heroína popular María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, es decir, María Pita. Cuando los ingleses pretendían avanzar, ya muy mermadas las fuerzas españolas, esta coruñesa arremetió contra un alférez que arengaba a sus tropas, le atravesó con una pica, le arrebató el estandarte, provocando ante tal escena la elevación de la moral hispana. María pita no fue la única mujer destacada en la defensa de La Coruña. La necesidad de personas en la defensa hizo que en la población civil actuaran con gran arrojo mujeres y niños, que se convirtieron en el grueso de la defensa de la ciudad y de España. Entre aquellas heroicas féminas también fue distinguida Inés de Ben. Felipe II las condecoró; a María Pita la nombró “Alférez Perpetuo”.

El 18 de mayo, las tropas inglesas decidieron abandonar la ciudad. En Coruña quedaron 1.300 ingleses muertos, varios buques y barcazas hundidas, además, las epidemias empezando a hacer estragos entre la soldadesca invasora, todo lo cual provocó el desmoronamiento de la moral anglosajona y el alzamiento de la indisciplina. En la huida, diez buques con unos 1.000 hombres decidieron desertar, tomando rumbo hacia Inglaterra. El resto de la flota se dirigió hacia Lisboa.

El 26 de mayo de 1589, la flota inglesa con el Prior Crato, fondeó en la ciudad de Peniche, desembarcando la tropa al mando de Norreys. Mientras tanto, Drake puso rumbo hacia Lisboa, con el plan de penetrar por la boca del Tajo y bombardear la ciudad desde el mar y que, por tierra, Norreys apoyara dicho ataque, suponiendo que se le irían uniendo partidarios del prior Crato. Pero tal deseo no se cumplió. Crato no era un candidato demasiado apreciado; además, puestos a depender de un extranjero, los portugueses preferían al vecino hispano con el que se identificaban mejor que con el inglés; así que, los portugueses lejos de sublevarse a favor de Crato se aplicaron en la defensa contra los anglicanos con bastante empeño. Así las partidas hispanoportuguesas (unos 7.000 hombres entre hispanos y lusos) con constantes ataques, causaron cientos de bajas, al tiempo que vaciaban la ciudad de materiales, pertrechos y todo cuanto podía ser utilizado por los ingleses. La situación inglesa al llegar a las puertas de Lisboa, era dramática, sin caballos, sin pólvora, sin cañones, sin munición, sin alimentos y sin Drake que se mantenía con su flota en las afueras del puerto lisboeta, alegando que la fuerte defensa y el mal estado de la tripulación no le daban posibilidad alguna de entrar en Lisboa. Aunque, conociendo el carácter de Drake quizá estaba a la espera de que la batalla terrestre obtuviese el resultado deseado y, lograda la victoria, hacer acto de presencia y recoger los laureles. Pero lo cierto es que la entrada en la ciudad les resultó imposible. Las desgracias para los ingleses se incrementaron con la llegada a Lisboa de Alonso de Bazán, hermano de Alvaro,  atacó a la fuerza terrestre inglesa desde la ribera del tajo. Los ingleses buscaron refugio en el convento de santa Catalina, del cual tuvieron que huir ante la intensidad del fuego artillero español. Para no ser detectados levantaron un campamento en la oscuridad. Los españoles lograron hacerles salir del escondite y arreciando el fuego sobre el campamento enemigo, causaron numerosas bajas entre las tropas de Norreys.

La defensa española se completó con la llegada a Lisboa, el 11 de junio,  de nueve galeras al mando de Martín de Padilla. Norreys ordenó la retirada y poner rumbo a Inglaterra, mientras que las tropas españolas salían en su persecución. La derrota del ejército de Norryes fue total. Drake, tomó la valiente decisión de huir, pero Martín de Padilla, gran experto en la lucha en alta mar contra los piratas, lo siguió. Los ingleses sufrieron tal castigo que la flota quedó más que diezmada, se calcula que el 70% de la expedición falleció. Además, los españoles se hicieron con los papeles secretos de Antonio de Crato, que incluían una lista con los nombres de numerosos conjurados contra el Imperio Español. Se apoderaron de doce navíos. Drake logró escapar desesperado por la falta de víveres y el tifus; se dirigió primero a Vigo, pensando en invadir la costa gallega por el sur y ante la imposibilidad de hacerlo, se dirigió a las Azores, sin embargo, otro temporal le impidió llegar a las islas obligándole a retroceder, darse por vencido y ordenar el regreso a Inglaterra.

La indisciplina dominó la flota de Drake hasta el final, así al arribar en Plymouth el 10 de julio con las manos vacías y no pudiendo compensar a la soldadesca con los tesoros prometidos, los motines lograron gran violencia que fue contestada con el ajusticiamiento de varios de los pocos hombres llegados de vuelta.

La expedición de la Contra Armada está considerada como uno de los mayores desastres militares de la historia de la Gran Bretaña, quizá solo superado, siglo y medio después y durante la Guerra del Asiento, por la derrota sufrida en el sitio de Cartagena de Indias de nuevo a manos de tropas españolas.

Sin embargo, los ingleses ganaron en los que ahora se llama el relato. Hay pocos españoles que no sepan del amargo episodio de la Armada Invencible, pero muy pocos conocen que,  un año después, Inglaterra reunió una flota aún mayor que la española y que fue derrotada en los puertos españoles y portugueses. Inglaterra consiguió ocultar la vergonzosa retirada durante siglos. Sin embargo, el relato que ha permanecido en la conciencia popular es que tras la Armada Invencible se iniciaba la caída del Imperio Español. Nada más lejos de la realidad. Entre otras razones porque España no pudo invadir Inglaterra, pero no perdió casi barcos; de los galeones enviados, sólo se perdieron 3, la mayor parte de la flota volvió a España, en condiciones penosas, pero no fueron capturados por los ingleses. Felipe II se dio cuenta de la importancia de tener una Armada más poderosa para el tráfico con América y eso supuso un rearme con la construcción de barcos aún mejores. “La Armada Invencible no supuso ninguna quiebra de ningún tipo ni en el comercio con América ni en la defensa de nuestros puertos”, señala el profesor Negueruela[1]. El Imperio todavía viviría sus mejores años. En cuanto al trato recibido por la marinería, Felipe II hizo cuanto estuvo en sus manos para aliviar el sufrimiento de una tropa derrotada. Motivo por el cual, muchos estaban prestos a embarcarse en defensa de la patria en sucesivos viajes. En cambio, Isabel II, con su pregonada tacañería y su visión comercial, no tomó ninguna medida social a favor de los derrotados, de manera que la pobreza y la miseria de apoderaron de ellos. Se morían por las calles sin esperanza alguna de vida, tal como describe Burghley. El cual se avergüenza y clama contra la actitud de la Reina pues consideraba “un horror dejar morir de hambre a aquellos hombres de los que quizá sea difícil volver a conseguir su ayuda, cuando sea necesario”.[2]

Bibliografía.

  • La contra Armada: La mayor victoria de España sobre Inglaterra. Luis Gorrochategui .Ed. Planeta de los libros (Tiempo de Historia).
  • Imperiofobia y Leyenda negra. Mª Elvira Roca Barea. Titivillus. 2018.
  • Resumen de las intervenciones producidas en el I congreso Internacional sobre “ La armada española de 1588 y la Contra Armada inglesa de 1589”. Organizado por el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena.

[1] Ivan Negueruela. Director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática durante la celebración del I Congreso Internaconal dsobre la Armada española de 1588 y la contra Armada inglesa de 1589”

[2] J.F.C “Batallas decisivas del mundo occidental”. Ed. RBA. 2009

( Nota de la autora. Lord Burglehey fue Ministro de Isabel I. Pertenece a la nueva nobleza proveniente del anglicanismo).

EL SUICIDIO DE VENEZUELA. LECCIONES DE UN ESTADO FALLIDO

Hoy traigo como enlace un hilo del blog –Resistencia Venezuela- en el que sus autores explican por qué Venezuela es un estado fallido. El post es de enero de 2019, pero lo considero de plena actualidad.

Son muchos los procesos que han llevado a Venezuela a la situación actual. En un resumen a vuela pluma podemos recordar los siguientes acontecimientos:

Tras el intento de Golpe de Estado y ser encarcelado, a Chavez lo liberan, se convierte en el político más popular de una Venezuela cansada de sus líderes tradicionales. En esta situación, el populista Chavez gana las elecciones, creando un gobierno autoritario. Situación que se acrecentó con Maduro. Los pasos que ha dado el dictador (apoyado por el ejército y mantenido por negocios no del todo claros) para llegar a la autocracia han sido a grandes rasgos:

  1. Acabó con la independencia del poder judicial.
  2. Cuando la solución a esto era la convocatoria de un referéndum revocatorio que se paró por el Consejo Nacional electoral, también sometido al poder.
  3. Se terminaron las elecciones libres y limpias. Con todo, Maduro perdió las elecciones de diciembre de 2015 y lo reconoció, pero acto seguido se suspendieron los comicios regionales previstos para 2016.
  4. Se creó un órgano político por encima de la Constitución
  5. Disolvió las cámaras, es decir, acabó con el Poder Legislativo
  6. Se produjeron detenciones por razones políticas- presos políticos- Especialmente miembros de la oposición o simples ciudadanos que expresaban su opinión contraria al Gobierno
  7. No hay libertad de prensa.
  8. Ha logrado dividir a la oposición.

Pero nada de esto se entendería sin comprender la situación económica en la que ha quedado un país rico por naturaleza y cuyo empobrecimiento ha socavado la posibilidad de resistencia de la población.

En la bitácora de resistenciavenezuelasite.wordpress.com.   lo explican mejor que yo.

https://resistenciavenezuelasite.wordpress.com/2019/01/22/el-suicidio-de-venezuela-lecciones-de-un-estado-fallido-por-moises-naim-and-francisco-toro-moisesnaim-y-quicotoro/

ENERO 22, 2019     RESISTENCIAVENEZUELASITE.WORDPRESS.COM

EL SUICIDIO DE VENEZUELA. LECCIONES DE UN ESTADO FALLIDO. Por Moisés Naím y  Francisco Toro (@moisesnaim y @QuicoToro)

Examinemos estos dos países latinoamericanos. El primero es una de las democracias más antiguas y estables de la región. Tiene una red de protección social más robusta que la de sus vecinos. Sus esfuerzos por ofrecer salud y educación universitaria gratuita a todos sus ciudadanos comienzan a dar resultados. Es un ejemplo de movilidad social y un verdadero imán para inmigrantes de toda Latinoamérica y Europa. Se respira libertad en los medios y en los partidos políticos quienes cada cinco años compiten ferozmente durante las elecciones y el poder cambia de manos regular y pacíficamente. Este país logró esquivar la ola de dictaduras militares que azotó a la mayoría de sus vecinos latinoamericanos. Su alianza política con Estados Unidos es de larga data. Gracias a sus profundos vínculos comerciales y de inversión, numerosas multinacionales de Europa, Japón y EEUU lo escogieron como su base de operaciones para América Latina. Además, posee la mejor infraestructura de Sudamérica. Ciertamente, está muy lejos de ser un país que ha erradicado las plagas que azotan a los países pobres. Sufre de fuertes dosis de pobreza, corrupción, injusticia social, ineficiencia y debilidad institucional. Aun así, bajo cualquier criterio con el que se le mida, le lleva enorme ventaja a casi todos los países en desarrollo.

El segundo país es una de las naciones más empobrecidas de América Latina y la dictadura más reciente de la región. La mayoría de sus escuelas y universidades han colapsado. Su sistema de salud está en el olvido tras décadas de desidia, corrupción y falta de inversión; el paludismo y el sarampión, entre otras enfermedades que hacía tiempo habían sido derrotadas, regresaron por la revancha. La gran mayoría de la población no tiene suficiente comida y ha perdido peso muy rápidamente; sólo una pequeña élite come tres veces al día. Los servicios públicos (agua, electricidad, transporte, comunicaciones) son precarios o inexistentes. Su violencia epidémica lo coloca entre los países con la tasa más alta de homicidios del mundo. Tal es la catástrofe, que millones de sus ciudadanos huyen a otros países, lo que se traduce en la más intensa ola de refugiados que se haya visto en América Latina. Se respira opresión: las detenciones arbitrarias son normales y la tortura común. Ningún otro gobierno (con la excepción de otras dictaduras) reconoce sus farsas electorales. Los pocos medios de comunicación que aún no están bajo el control directo del Estado, se autocensuran por temor a represalias. Para fines de 2018, su economía habrá batido récords: la mayor inflación del mundo y una contracción de cincuenta por ciento en sólo cinco años. Es un verdadero paraíso global para el tráfico de drogas. Estados Unidos, la Unión Europea y otros países latinoamericanos han acusado y sancionado a la cúpula en el poder —del presidente para abajo, funcionarios, militares, sus testaferros y sus familiares, por sus vínculos con las mafias del narcotráfico. El principal aeropuerto está casi siempre desierto y las pocas aerolíneas que aún conectan al país con el resto del mundo transportan solo unos escasos pasajeros que deben pagar precios exorbitantes. Un país antes integrado al mundo es ahora el país mas internacionalmente aislado de América Latina. Estos dos países son de hecho uno solo, Venezuela, en dos momentos diferentes: a principios de los años 70 y hoy. La transformación de Venezuela ha sido tan radical, tan completa y tan devastadora que es difícil aceptar que no fue el resultado de una guerra. ¿Qué le pasó a Venezuela? ¿Cómo es posible que las cosas le salieran tan mal. En una palabra: el chavismo. Bajo el mando de Hugo Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro, el país ha sufrido una mezcla tóxica de políticas públicas devastadoras, autoritarismo y corrupción a gran escala. Todo esto bajo una influencia cubana tan amplia y profunda que, en la práctica, luce como una ocupación. Cualquiera de estos elementos habría creado por sí solo una grave crisis. Al juntarse, configuran una tragedia. Hoy, Venezuela es un país pobre, un Estado fallido y mafioso, dirigido por un autócrata tutelado por una potencia extranjera: Cuba. 

EXPEDICIÓN BALMIS

Algunos lectores me habían pedido que hablara de la expedición Balmis para llevar la vacuna de la viruela a América y Asia, a la que se considera la primera expedición humanitaria del mundo y una auténtica heroicidad de esas que casi sólo somos capaces los españoles. Me había resistido porque últimamente se ha hablado y escrito mucho sobre este asunto, no sólo ahora por la pandemia , sino por dos novelas y una película que hicieron llegar al gran público esta aventura extraordinaria. Almudena de Arteaga no fue la primera en recrear desde la ficción esta expedición, pero sí la primera española y lo hizo en 2010 con su novela “Ángeles custodios”. Su extensión al cine llegó, en 2016, por la película “22 ángeles”.  Quizá la más leída ha sido la esplendida novela de Javier Moro, publicada en 2015 y premio planeta, “A flor de piel”. Novelistas, periodistas y otros escritores han escrito sobre esta materia con profusión.

Nada original puedo aportar a la historia de la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”, pero puedo ayudar a difundir tan heroico acontecimiento.

En el siglo XVIII, la viruela se había convertido en la pandemia más mortífera que azotaba a la humanidad; solo en Europa, durante esa centuria, acabó con la vida de 60 millones de personas y, en el mundo, se llevó la vida de 300 millones de seres humanos, siendo especialmente conocida su virulencia en América. Los contagiados que lograban sobrevivir a la enfermedad quedaban marcados por el resto de su vida con cicatrices sobre todo en brazos y cara. Pero, eso sí, no volvían a enfermar en las sucesivas oleadas.  Un médico inglés, Edward Jenner, había comprobado que los vaqueros habían desarrollado inmunidad al contagiarse de viruela bovina, mucho más benigna y que no dejaba marcas, lo que dio a Jenner la idea de inocular a los humanos la enfermedad bovina(variolización) con el resultado inmunitario que todos conocemos. De hecho, la palabra vacuna proviene del término latino variolae vaccinae que designa la viruela bovina. Sin embargo, el colegio de médicos británico se negó a aceptar este remedio con el curioso argumento de que a la larga todos nos volveríamos ganado.

Fue primero Napoleón y algunas damas de la aristocracia británica los que dieron el impulso definitivo a esta solución médica en Europa. Pero, el trabajo heroico de extender la vacuna por el mundo, se la debemos a un médico español, al alicantino Francisco Javier Balmis Berenguer que creyó entusiásticamente en el remedio inglés y decidió trasladarlo a América y a Asia, realidad que se llevó a cabo entre 1803 y 1806.

Francisco Javier de Balmis Berenguer inició sus estudios de Medicina en el Real Hospital Militar de Alicante en 1770, con el fin de convertirse en cirujano militar. Como médico militar participó en la Expedición de Argel contra los bereberes y en 1779 pasó a formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Español, sirviendo en el Regimiento de Zamora, heredero de uno de los Tercios más célebres de España al haber participado en el milagro de Empel , como ya vimos en su momento en este blog (  https://algodehistoria.home.blog/2019/12/06/la-batalla-de-empel-o-el-milagro-de-la-virgen-inmaculada/ ).También luchó en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Por los méritos que mostró, en 1781, fue ascendido al rango de Cirujano del Ejército, siendo destinado a América y sirviendo en Cuba y México. En 1795, fue nombrado cirujano de cámara honorario del rey Carlos IV de España. Ya destinado en la corte, tuvo conocimiento de la vacuna de Jenner y se convirtió en un gran defensor de la misma. De hecho, la vacuna había llegado a España en 1800 y al año siguiente se llevaron a cabo las primeras vacunaciones exitosas en Madrid. Balmis tuvo en el Rey al mejor defensor de la vacuna en España y de cara a su extensión por América y Asia; este apoyo real provenía de que una de las hijas del monarca había fallecido de viruela.

Así se gestó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Cuya meta era extender la vacuna por los territorios de la Corona española, pero inoculándola fundamentalmente a los niños.

En la organización del viaje, que debía durar meses, pero que abarcó tres años, el mayor problema era cómo trasladar el suero de la vacuna que había de ser inoculado en América, primera parte del viaje.

En aquel momento, la mejor manera de conservar y utilizar el suero del fluido vacuno era a través de la pústula de un recién vacunado que se podía inyectar en otra persona, que quedaba vacunada con ello y servía a su vez de portador vivo de la muestra. Por ello, Balmis decidió elegir a 22 niños huérfanos del hospicio de La Coruña a los que iría inoculando el virus paulatinamente.  De tal modo que en la práctica fue inocular la vacuna a dos niños cada semana (por si había complicaciones fatales en alguno) con las pústulas de los vacunados la semana anterior.

La Gaceta de Madrid explicaba cómo se llevaría a cabo el proceso: «siendo sucesivamente inoculados brazo a brazo en el curso de la navegación, conservarán el fluido vacuno fresco y sin alteración» hasta América.

Para poder atender a los 22 niños, Balmis logró que le acompañara a América la rectora del hospicio de La Coruña, Isabel Zendal Gómez, y una decena de médicos y enfermeros. Todos ellos, partieron el 30 de noviembre de 1803 del puerto de La Coruña con rumbo al Nuevo Mundo a bordo de la corbeta María Pita.  El plan era temerario y éticamente más que dudoso. Se eligió a niños porque, a falta de unos análisis que entonces no existían, podía establecerse con seguridad que no habían padecido la viruela. En cuanto a Isabel Zendal, había empezado a trabajar como enfermera en el hospital de la Caridad de La Coruña, fundado por Teresa Herrera. Su vida no había sido fácil, había perdido a su madre cuando ella contaba 13 años, precisamente a causa de la Viruela. Posteriormente, tuvo un hijo de soltera con lo que eso suponía en aquellos tiempos. La expedición para ella y para su hijo era una oportunidad de una vida mejor, de hecho, Balmis valoraba tanto su aportación que le pagaba un sueldo igual que el de los hombres. Al final del viaje, se instaló y se quedó a vivir en el Virreinato de Nueva España dónde siguió ejerciendo de enfermera con gran reconocimiento personal por su valía . El propio Balmis se encargó de destacar el papel fundamental de los niños y de su tutora. En una carta al ministro Caballero, el médico explicó como Zendal «con excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible madre» asistiendo a los niños «enteramente en sus continuadas enfermedades”. La OMS la ha considerado la primera enfermera de la historia que participó en una misión internacional. Siempre estuvo atenta al devenir de aquellos niños que trasladó al nuevo mundo, los cuales,  fueron educados de manera esmerada, quedándose allí con un próspero porvenir.

Pero no adelantemos el final.

La expedición que salió de Galicia hizo su primera escala en Tenerife, donde comenzó su campaña de vacunación. Allí se inoculó la vacuna a los hijos de 10 distinguidas familias y desde ellos, las autoridades sanitarias canarias, extendieron la vacuna a todas las islas.

En febrero de 1804, la expedición llegó a Puerto Rico y, al mes siguiente, al territorio de la actual Venezuela, donde halló muy buena disposición de las autoridades locales, lo que permitió difundir la vacuna por toda la región. En mayo, el convoy se dividió en dos grupos: uno que se dirigió al norte mandado por Balmis y otro con destino al sur del continente, mandado por el cirujano militar catalán José Salvany Lleopart. Ésta segunda rama llegó a la Patagonia tras superar numerosas penalidades.

El  grupo comandado por el propio Balmis, llevaba como objetivo extender la vacuna por el Caribe, Centroamérica y el norte del continente, en muchos casos sin la colaboración de las autoridades locales. Para superar las reticencias y facilitar la consecución del objetivo, Balmis creó lasJuntas de Vacuna” en cada territorio al que llegaba. Estas juntas tenían la obligación de encontrar niños a los que vacunar y de mantener vivo el suero. Las juntas funcionaban de manera autónoma, siguiendo las directrices del médico español. Así se logró la vacunación del virreinato de Nueva España y la extensión de la vacunación por Texas, Arizona, Nuevo México o California. La expedición vacunó directamente a unas 250 000 personas.

Organizada la vacunación en América, Balmis decidió embarcarse hacia Filipinas y realizar similar acción allí. Esta vez no contó con la colaboración de Isabel Zendal. La misión llegó al archipiélago en abril de 1805. De nuevo los más altos cargos políticos y eclesiásticos no colaboraron, pero gracias a su perseverancia y a las autoridades de menor rango, a principios de agosto, ya se habían vacunado nueve mil personas. Balmis comisionó a varios de sus subordinados para extender la vacuna al resto de islas. Desde Filipinas se trasladó a Macao, logrando la difusión de la vacuna por todo el territorio chino.

Este fue el último viaje de Balmis antes de regresar a España, para lo que tuvo que pedir un préstamo con el que sufragar un pasaje hasta Lisboa, pues había empleado todo el dinero en la extensión de la vacuna. Llegó a la capital lusa en febrero de 1806, no sin antes haber dejado alguna vacuna en una escala en la isla de Santa Helena (territorio británico de ultramar). Pisó el suelo de Madrid el 7 de septiembre de 1806. Carlos IV le colmó de honores y felicitaciones. Había terminado el que el naturalista Alexander von Humboldt calificó como el viaje «más memorable en los anales de la historia».

Quizá por ello, en 2020, las Fuerzas Armadas han denominado “Operación Balmis” a su despliegue en varios puntos de España para reforzar las tareas de confinamiento en estado de alarma por el coronavirus y la Comunidad de Madrid llamará Isabel Zendal al nuevo hospital de emergencias de Valdebebas

HÉROE: PABLO IGLESIAS

Hoy vamos a nuestro hilo de héroes, para contar la historia de un héroe para los amantes de la libertad y del orden constitucional: Pablo Iglesias.  Es posible que muchos lectores al llegar a este punto hayan dado un respingo en el asiento, es posible que muchos lectores al leer el nombre de nuestro héroe hayan pensado en uno o dos personajes, posiblemente, uno histórico, porque ya falleció, y otro que inunda las páginas de los periódicos actuales, pero, en España, ciudadanos que se llamen Pablo Iglesias debe haber muchos y es posible que algunos lectores hayan vislumbrado que nuestro héroe de hoy es Pablo Iglesias González.

Nació en el seno de una familia de artesanos “tiradores de oro” es decir, trabajadores que presentan ese mineral en forma hilo. Su maestro en el oficio fue su padre, el cual murió a consecuencia del levantamiento del dos de mayo de 1808, en la que participó en defensa de la libertad del Rey y de España. Pablo se hizo cargo del negocio junto con su hermana y madre. La prosperidad del oficio, le posibilita una renta holgada que le permite participar en política desde 1822, y es a partir de ese momento cuando su actuación nos interesa.

Veamos, primero, la situación de España en aquellos años.

El periodo que va desde 1815 a 1848 viene significado en la Historia de Europa por el conflicto entre dos tendencias, de un lado, los absolutistas que pretendían retrotraer los sistemas sociales y políticos a la situación previa a 1789 y, de otro, los liberales, que defendían la soberanía popular y su expresión en una carta constitucional que determinara los valores y principios del orden político de cada Estado.

En España, tras el tratado de Valençay, en 1813, Fernando VII vuelve a nuestro país; desde entonces, todos los acontecimientos absolutistas producidos bajo su reinado tuvieron el apoyo unas veces explícito, otras implícito, del rey felón.

En 1812, se promulga la Constitución de Cádiz producto de las tendencias liberales e ilustradas de muchos intelectuales españoles y cuya novedad esencial es el reconocimiento de que la Soberanía Nacional reside en el pueblo español. Desde entonces y si atendemos a la superficie de los hechos,  se producen una serie de movimientos convulsos con enfrentamientos entre los partidarios del liberalismo y los propagadores del absolutismo. Fernando VII juró conducir España por la senda constitucional de 1812, pero, en 1814, apoyaba el primer movimiento absolutista. Aceptó a regañadientes el viraje constitucionalista en 1820, para volver al absolutismo en 1823 tras congratularse por la injerencia de las potencias extranjeras de la Santa Alianza y apoyarse en los cien mil hijos de San Luis. Tras su muerte, se produce la definitiva implantación constitucionalista en España aunque con sus altibajos y enfrentamientos.

Desde 1814, paralelamente a la etapa absolutista iniciada aquel año. Se desarrolla un movimiento liberal que pretende impulsar las ideas nacidas durante la guerra de la independencia. Este movimiento liberal podemos resumirlo en tres etapas: a) una primera fase de 1814 a 1820 de conspiración frente al absolutismo realista. b) una segunda etapa de 1820 a 1823 en la que gobiernan- Trienio liberal-. c) Una tercera fase que va desde 1823 a 1832, en la que, perseguidos por los absolutistas, los liberales o mueren o emigran- principalmente, vía Gibraltar a Inglaterra y tras la revolución de Luis Felipe de Orleans en Francia, revolución burguesa de 1830 , los asentados en Gran Bretaña se mudan a Francia-.

El Trienio liberal fue un periodo convulso en España, a contrapié de una Europa en retroceso político desde la derrota de Napoleón.

Cuando a partir de 1821 se empiezan a aplicar las reformas liberales (medidas desamortizadoras sobre bienes de la Iglesia, traslado de las aduanas al Bidasoa, nuevas contribuciones, servicio militar…) la oposición absolutista irá en aumento. Pero, además, desde la axiología jurídica, el Trienio liberal es el primer periodo en el que se actúa estando en vigor la Constitución de Cádiz, es decir, el constitucionalismo liberal, que era considerado como un mal ejemplo en una Europa dominada por la Santa Alianza y el regreso al Antiguo Régimen. Por ello, el Congreso de Verona reúne a las potencias europeas que deciden enviar un ejército para poner fin al proyecto liberal español y devolver el poder absoluto al Rey Fernando VII.

El propio monarca había solicitado la ayuda de las potencias europeas y, en aplicación de ese auxilio, en abril de 1823, se produce la invasión francesa de los llamados “Cien Mil Hijos de San Luis” bajo el mando del duque de Angulema. Paradójicamente, la Francia que trajo las ideas ilustradas y el constitucionalismo,  viene ahora a restaurar el absolutismo con el apoyo de la guerrilla antiliberal.

La expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis fue prácticamente un paseo militar. Las tropas liberales fueron retirándose sin apenas oponer resistencia. Realmente, los Cien Mil Hijos de San Luis a penas superaban la cifra de 95.000, entre soldados franceses y algunos voluntarios españoles, que hubo de enfrentarse al ejército constitucional español formado por 130.000 efectivos. Pese a la superioridad numérica liberal, las tropas españolas estaban mal organizadas y sólo hubo una resistencia eficaz en Málaga, Granada y Jaén (gracias a la hábil dirección de Riego), en Cádiz (por ser la sede de las Cortes Constituyentes) y en Cataluña, donde las comandaba Francisco Espoz y Mina. El ejército francés logró sus objetivos: ocupó Madrid sin resistencia; según el Marqués de Miraflores los Cien Mil Hijos de San Luis fueron recibidos por el pueblo como libertadores a los gritos de ¡Viva el Rey absoluto! ¡Viva la Religión y la Inquisición! y, sobre todo, el más conocido de todos: ¡Vivan las cadenas! Tras la toma de la capital, el ejército foráneo persiguió a los liberales hasta Andalucía. Finalmente, tras incumplir su pacto con las Cortes de Cádiz, Fernando VII abolió las leyes del Trienio liberal y volvió a ser un rey absolutista y duramente represor de los liberales.

En este contesto aparece nuestro héroe: Pablo Iglesias González (1792-1825), defensor de la integridad nacional ante los franceses durante la Guerra de la Independencia y convencido liberal que un 24 de agosto de 1824, tras la traición de Fernando VII a la Constitución de 1812   y tras la ejecución de Rafael del Riego, el General Torrijos y otros muchos liberales, fue la cabeza visible de una rebelión constitucionalista, cuya base tuvo lugar en Almería.

Como dijimos anteriormente, en 1922, durante el Trienio liberal, entra en política tras presentarse a las elecciones municipales de Madrid y alcanzar un puesto como regidor en los escaños liberales.

En uno de los muchos enfrentamientos entre liberales y absolutistas, la Guardia Real se pronunció por el Rey absoluto, los exaltados madrileños lo hicieron a favor de la Constitución de Cádiz por medio de su Ayuntamiento y con la fuerza de los milicianos. Estábamos en el mes de julio de 1822, tras una semana de gran tensión, los guardias reales atacaron la plaza de la Constitución, hoy plaza Mayor, en cuya casa de la Panadería estaba instalado el Ayuntamiento de Madrid. Pablo Iglesias, a la sazón capitán de cazadores y regidor [equivalente al actual, concejal] en el Ayuntamiento, dirigió una valerosa defensa de la plaza, hasta conseguir poner en fuga a los guardias que se refugiaron en el Palacio Real. La jornada del 7 de julio fue conmemorada como sinónima de libertad y democracia durante todo el siglo. Sin embargo, la alegría liberal duró poco y en 1823 encontramos a Pablo Iglesias en el repliegue del Gobierno y la Administración, primero hacia Sevilla y, después, hacia Cádiz. Nuestro héroe dirigía una de las secciones de un inmenso convoy, en el que, entre otras cosas, se transportaban a lugar más seguro las urnas que contenían los restos de Daoiz, Velarde y demás víctimas del 2 de mayo, para sustraerlas a la posible profanación del ejército francés.

Vencidos los liberales por la toma de Trocadero en Cádiz, Pablo Iglesias consigue escapar hacia Málaga, y desde allí a Cartagena, plaza en la que resistía el General Torrijos. En noviembre 1823, ha de rendirse esta ciudad, el General Torrijos huye a Londres y Pablo Iglesias consigue escapar a Gibraltar, lugar en el cual se introduce entre la Jerarquía del liberalismo. Sigue en contacto con los liberales de la Península y con los que había exiliados en Londres, entre ellos, Espoz y Mina y el propio Torrijos ( poco después fusilado por los absolutistas tras dirigir un levantamiento liberal en Málaga). Cabe señalar que los liberales exiliados, no olvidaron nunca a España y promovieron todo tipo de alzamientos para recuperar el poder y el constitucionalismo. Uno de los grupos de estos exiliados creó en Gibraltar una sociedad llamada Santa Hermandad. Miembros destacados de esta sociedad fueron César Contí, Manuel Beltrán de Lis y el francés Housson de Tour, así como Pablo Iglesias. Proyectaron un ataque en Almería, nombrando a Pablo Iglesias jefe de expedición.  Partieron hacia Almería por mar desde Gibraltar la noche del seis al siete de agosto de 1824. La expedición la formaban 48 hombres, buena parte de ellos militares españoles de diferente graduación y 4 extranjeros.

Todos aquellos movimientos pretendían lograr “un grado de contagio insurreccional” que alentara al pueblo a levantarse contra el poder absolutista del monarca. A este movimiento se le denominó en Almería “los coloraos” en razón del color de la camisa que vestían.

Fracasada la acción contra Almería por la pérdida del factor sorpresa, el valiente gesto no sirvió para nada ante la fulminante reacción de poder. Así las cosas, Pablo Iglesias protagonizó una azarosa huida. Al final, fue detenido el 22 de agosto en Cúllar-Baza en unión de su compañero Antonio Santos. Se les sometió a un largo proceso, del que se valieron algunos desaprensivos para intentar deshacerse por venganza de sus propios enemigos. Incluso, parece que el ministro Calomarde ante los informes que le llegaban de Granada “les prometió que serían indultados y disfrutarían de la soberana protección, siempre que declarasen el plan de los revolucionarios, suministren pruebas que lo justifique y hagan otros descubrimientos por los cuales se asegure el Trono y El Altar”. No sometiéndose a la tentación promovida por el ministro absolutista, fueron trasladados a Madrid, a finales de enero de 1825, continuaron allí las actuaciones sin ningún paso alentador. El día 21 de abril se pronunció la sentencia, confirmada por el Consejo en Sala el día 22 de agosto: “les había de condenar y condenaba a la pena ordinaria de pena en la horca, a la que serían conducidos arrastrados”[1].

Según dicen los biógrafos de Iglesias, su madre, Francisca González, consiguió postrarse a los pies de Fernando VII, pidiendo clemencia para su hijo. El monarca la levantó afablemente, pero contestó con ambiguas frases.

Fue ejecutado a los pocos días. Su compañero de prisión, Francisco Rodríguez de la Vega, dejó constancia de sus últimas palabras: “nací, he vivido y muero en el seno de la Iglesia católica, cuya fe confieso y profeso firmemente. Sin embargo, si por igual causa que yo os llegáis a ver en este sitio, unid vuestras voces a las mías y que vuestras últimas palabras sean Libertad o Muerte”[2]. “Libertad o Muerte« se convirtió desde el principio en el lema y grito de guerra de los «coloraos”, es decir, de los liberales.

Los restos mortales de Pablo Iglesias Gónzalez descansaban en el cementerio de la Puerta de Toledo. Ignoramos la situación actual. Igual suerte tuvo Antonio Santos.

En Almería, entre 1868 y 1870, se erigió el Monumento de los “coloraos” o «Pingurucho», que estaba en la Puerta de Purchena siendo trasladado en 1900 a su actual emplazamiento en la Plaza Vieja o plaza de la Constitución. Fue demolido en 1943 tras la victoria franquista y fue reconstruido en 1987 por suscripción popular.

La importancia de este movimiento liberal fue enorme en su tiempo y así se reflejó en la literatura decimonónica española; por ejemplo, Benito Pérez Galdós le dedica un Episodio Nacional: “El Terror de 1824” y Francisco Rodríguez de la Vega en 1835, a partir de los apuntes realizados por el confesor, por el testimonio de algún amigo y de algunos escritos personales del propio Iglesias escribe “Los últimos momentos de don Pablo Iglesias”.

[1] Irene Gálvez. Diario de Almería

[2] Carmen Ravassa, El «colorao» no es rojo (Editorial Soldesol, 2016)

MEMORIA DEMOCRÁTICA

En 2007, el Gobierno español presentó un anteproyecto de ley, que una vez superados los trámites parlamentarios se convirtió en “Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”, más conocida por todos como Ley de Memoria Histórica, entre otras razones porque en su objeto señala que ha de dar alcance histórico a la memoria individual y personal de los que  vivieron los acontecimientos de la guerra civil y la postguerra y por crear el Centro Documental de la Memoria Histórica. Sobre la misma se han escrito multitud de comentarios. A estas páginas trajimos en su momento el artículo firmado por Francisco Vázquez, exdiputado del PSOE y exalcalde de La Coruña, que enlazamos a continuación. Casi todos los artículos hechos por historiadores, colegios de historiadores, interesados en la Historia etc., fueron contrarios a la misma.

https://wordpress.com/block-editor/post/algodehistoria.home.blog/90

Se ve que el Gobierno, no contento con lo allí regulado, pretende darle una vuelta de tuerca más a la materia y por eso ha presentado el Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática en el Parlamento en este mismo mes de septiembre, cuya diferencia con el anterior es la intensidad en la regulación, lo que lleva a mayores sanciones e imposiciones.

El texto contiene 66 artículos, agrupados en un título preliminar y cuatro títulos, distribuidos en capítulos y secciones. En ellos se intenta regular lo que hay que pensar, medir, estudiar y decir de los acontecimientos posteriores a 1936, a la guerra civil. La fecha es significativa, pues supone eximir del libre análisis histórico a los años de gobierno del General Franco, ignorando que los hechos que vive una sociedad no brotan por generación espontánea en un momento dado, sino que son fruto de otros previos y consecuencia de aquellos. Ni la guerra civil ni el franquismo se pueden entender sin la II República y ésta sin conocer los tiempos anteriores.

En este análisis de la ley debemos pararnos en una denominación que incluye en el mismo texto tres conceptos claramente diferenciables e incluso contradictorios entre sí: memoria, historia y democracia.

La memoria es selectiva e individual, propia y subjetiva, donde los sentimientos se unen al recuerdo. La Historia es objetiva, basada en hechos y análisis de los mismos en función de las fuentes consultadas. Democracia es axiología, aunando valores que organizan una sociedad y se manifiestan en su organización política y jurídica. Mezclar estos tres elementos es un coctel explosivo, que estalla en los tres aspectos mencionados.

Así la memoria cuando afecta al devenir de la vida propia reacciona rebuscando entre sus recuerdos y seleccionando aquellos que más se aproximan a los propios sentimientos, dando lugar a narraciones sobre aquello vivido por el recordante, por su familia, por sus amigos y oponiéndolo a los que sientan una añoranza sobre acontecimientos, a veces iguales, a veces distintos, que marcaron un sentimiento contrario. La memoria en estos casos olvida la ética de la neutralidad para añadir épica a la evocación de que aquello que pasó, que se vivió y se luchó fue lo correcto o tuvo que ser la mejor opción para evitar la melancolía de la pérdida inútil. En el caso de un enfrentamiento, esa épica en la rememoración nos conduce a la identificación con el que tuvo vivencias semejantes y al resquemor, al odio, al alejamiento con aquellos que tuvieron otras distintas, porque el recuerdo nunca es puro, está tamizado del amor a los nuestros y de la defensa de lo que ellos creían defendible, cuando en realidad, en una guerra civil, la más incivil de todas las guerras, el recuerdo siempre es cainita.

La sociedad española hizo una transición ejemplar, estudiada en todos los libros de Historia del mundo como modelo de perdón colectivo, de mirar hacia adelante, olvidando los momentos de distanciamiento anterior. Realmente, aquella Transición política, fruto de la generosidad de todos, había nacido mucho antes en la sociedad, en las familias españolas donde se habían casado miembros de un bando con miembros del otro. Aquel acto de reconciliación es el que ha llevado que muchos, posiblemente la mayoría, tengamos abuelos que habían apoyado a bandos distintos en la guerra. Fue aquel acto de reconciliación social el que permitió el transcurrir de la Ley a la Ley con la Ley de Reforma Política y el perdón de la Ley de amnistía.  Fue ya durante la Transición, cuando se iniciaron algunas reparaciones a los vencidos: reconocimiento de pensiones a los militares o civiles del bando perdedor, reconocimientos y resarcimientos públicos de afrentas que se hubieran producido ( teniendo en cuenta que afrentas hubo por parte de ambos bandos). Si eso fue así, y así fue ¿para qué queremos ahora una ley que viene a disturbar la paz social lograda por todos los españoles con una ley que divide en vez de unir? Quizá debamos volver los ojos a nuestros abuelos, pero esta vez para comprender que tuvieron una actitud, un talante, bastante más adecuado e inteligente que el que vivimos ahora.

Por otro lado, la realidad , el presente y el futuro tienen una presencia en la mente de cada individuo mucho más firme que la del pasado y por mucha memoria que cada uno tenga, pretender mover el pasado para ocultar las crisis del presente es no conocer la realidad de cada familia cuando llega el final de mes, cuando se vela al enfermo por las noches o cuando se cuida de los ancianos o a los niños para protegerlos de la incertidumbre sanitaria y económica que vivimos.

En segundo termino, en el aspecto histórico, la ley provoca un estallido porque los hechos son tozudos y pretender inclinarlos hacia una sola interpretación posible, es negar la ciencia histórica. En las facultades de historia se estudia una asignatura centrada en la historiografía, en la neutralidad del historiador, porque en eso va el buen hacer profesional de ellos, de nosotros. Cabría plantearle, en este sentido a la Vicepresidenta Carmen Calvo, defensora de esta Ley  que le pregunte a su hermano José Calvo Poyato, insigne historiador nada proclive al franquismo, qué piensa sobre la ley en cuestión, no le veo muy partidario, como lo demuestra en este artículo:   http://www.josecalvopoyato.com/Inicio/ignorancia-callejera-josecalvopoyato/

Además, José Calvo Poyato fue alcalde del pueblo de ambos: Cabra, en Córdoba, recordado entre otras cosas por el bombardeo republicano que terminó con medio pueblo, especialmente mujeres y niños y, en todo caso, todos civiles, y bajo su mandato se mantuvo el monumento de recuerdo a las víctimas de aquella masacre, la cual se conoce en algunos libros de Historia como el Guernica de la Subbetica.  Todos los historiadores coinciden en que el bombardeo de Cabra pasó más desapercibido que el de Guernica porque Picasso u otro ilustre pintor no quiso plasmarlo en su obra.

Pero no pretendo recordar hoy los desastres de unos u otros, sino el desastre histórico que supone diseñar una guerra de buenos y malos, una guerra en la que los vencidos, años después de su derrota, quieran tornar los acontecimientos para ganar lo que perdieron, pero sería igualmente criticable si los supuestos vencedores buscaran machacar la memoria de los vencidos olvidando sus heroicidades, que las hubo y recordando sólo lo malo, como si los derrotados, además de vencidos, hubieran sido auténticos demonios. Algún lector me podrá decir que eso ya pasó, que así se escribía la historia oficial durante el franquismo y tendré que darle la razón. Por eso, esta ley tiene mucho de franquista. Tiene las formas y los contenidos propios de aquel régimen al que quieren denostar para convertirse ellos en franquistas, o totalitarios de otro signo, que igual da. Por eso debo traer a este blog, una vez más, aquella frase del profesor Ferrero, que, para diferenciar la Historia del periodismo, decía “ dádmelo morto”. Es decir, es historia aquello que se analiza cuando los que han vivido los hechos ya están muertos; cuando el relato puede ser objetivo porque la memoria no interfiere en él. Y hete aquí, que, en España, 81 años más tarde de ocurridos unos acontecimientos que están casi todos “mortos”, nos ponemos a legislar para imponer una versión histórica, basada en la memoria de un sector de los que lo vivieron o de los hijos o nietos de éstos que ya no recuerdan los sucesos sino que atienden a la versión de un relato sesgado por la memoria de otros,  sin tener en cuanta ni los hechos ni el análisis de las fuentes y, todo ello, porque unos señores con mando en el BOE así lo deciden. Evidentemente, eso no es Historia, pero, como decía antes, eso es franquismo.

Algún lector, ante esto, preferirá recordar a Orwell y a su “Ministerio de la Verdad” en su obra “1984”. Aquel ministerio del gobierno del partido INGSOC tenía por finalidad, utilizando una neolengua, reescribir la historia y falsear la misma. Era competente para realizar cualquier falseamiento de la historia con tal de que sirviera a los fines del partido gobernante. El falseamiento podía provenir bien de la tergiversación de lo ocurrido o bien por la invención de hechos que nunca existieron, siempre al servicio de los intereses del partido gobernante.

Orwell que participó en la Guerra civil española en las brigadas internacionales, escribió aquella novela como parte de uno de los grandes bloques de interés de su obra: su lucha contra los totalitarismos nazis y estalinistas. Contra las dictaduras, en una palabra. No creo que haga falta decir más para situar la ley de memoria democrática.

También implosiona el concepto de democracia con esta ley.  La democracia, en última instancia, es una manifestación de la axiología como concepción de los valores en los que se fundamenta la organización política y jurídica de una sociedad y, por ende, en la regulación normativa de la misma, informando el ordenamiento jurídico de esa sociedad.

Recordamos a ese respecto que los valores superiores del ordenamiento jurídico español son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.  Esos valores superiores, que informan todo el ordenamiento, sirven de base y parapeto en la defensa de los derechos fundamentales, entre ellos, las libertades de expresión, de pensamiento, de cátedra…

Una ley que impone una visión de la historia concreta, que impone sanciones al que se expresa de determinada forma en relación con determinados acontecimientos históricos, mancilla las libertades anteriormente expresadas, rompe con los valores del ordenamiento jurídico.

Además, entre las características básicas de toda norma está su carácter universal , no se puede legislar para alguien en particular,  lo que se une con el principio de que la ley debe ser abstracta e impersonal, no se emite para regular o resolver casos individuales, ni para personas o grupos determinados, su impersonalidad y abstracción, la debe conducir necesariamente a la generalidad; todo lo contrario que hace la norma de la que hablamos. La ley es obligatoria en su cumplimiento, tienen carácter imperativo y poder coercitivo para imponerse por encima de la voluntad de los destinatarios. En este caso, frente a la libertad de pensamiento o de expresión, lo que no habla mucho del talante democrático de la misma; así mismo, el concepto de ley nace con intención de perpetuación, de permanencia, se dicta con carácter indefinido, y sólo dejará de tener vigencia mediante su derogación por leyes posteriores. Es decir,  se pretende perpetuar en el tiempo un análisis histórico mediatizado por la memoria de unos pocos, tergiversando así la objetividad histórica, la objetividad del historiador, mancillando su oficio.

Se podrán analizar otros aspectos de la Ley en cuestiones jurídicas concretas, señalando el alcance concreto de las mismas, pero eso se escapa a este blog y, además,  hay grandes juristas que ya han publicado certeros análisis en este sentido, a la espera del dictamen del Consejo de Estado y del Tribunal Constitucional ante el que algún grupo político va a impugnar la Ley de Memoria Democrática.

Podíamos también analizar las razones últimas por las cuales se dicta esta ley, pero, eso forma parte de la intencionalidad política. Insistir en ello nos llevaría a escribir otro hilo en otro tipo de blog.

Desde el punto de vista histórico, que es lo que buscamos aquí, hemos querido limitarnos a analizar una ley que afecta a nuestro estudio y profesión. Los gobiernos deben regir las sociedades para mejorar su presente y allanar el camino del futuro, no para legislar el pasado, eso sólo sirve para involucionar, nunca para prosperar, el pasado debe quedar en manos de los historiadores.

LA BATALLA DE VARSOVIA 1920 O LA BARRERA A LA EXPANSIÓN COMUNISTA.

Entre los conflictos esenciales de la humanidad, uno destaca por haber sido el freno a la expansión comunista hacia occidente.

Hablamos de la Batalla de Varsovia de 1920. En agosto de este año se cumplió su centenario.

La batalla se enmarca en la guerra polaco-soviética que fue un conflicto iniciado a poco de terminar la I Guerra Mundial y que no tuvo más trascendencia en el imaginario popular porque todos nos paramos en el tratado de Versalles y en los 14 puntos de Wilson, sin embargo, la Batalla de Varsovia fue la batalla decisiva de la Guerra polaco-bolchevique, que se libró del 12 al 25 de agosto de 1920. Según el diplomático británico D’Abernon, ésta fue la decimoctava batalla más importante en la historia del mundo.

La guerra fue el resultado del deseo polaco de recuperar el territorio perdido y del expansionismo ruso, unos hacia el este, otros hacia el oeste. Los polacos, nación renacida en 1918, pretendían recuperar el territorio que ocupaban antes del siglo XVIII lo que le llevó a ocupar una serie de territorios ucranianos y preveía avanzar hacia Bielorrusia y Lituania. El levantamiento ucraniano contra los polacos contó con el apoyo ruso. Los rusos, en plena formación de las repúblicas soviéticas, no se paraban en barras y decidieron que todo avance era pequeño. Lenin pretendía llevar la revolución a Alemania y Hungría donde en 1919 se produjeron una serie de levantamientos comunistas, todo ello aprovechando la situación de una Europa destruida tras la Gran Guerra.

Su gran objetivo era Alemania. La recién creada República de Weimar se desangraba entre huelgas, revueltas, crisis económica. Era una nación dolida por el tratado de Versalles. Pero el camino hacia Berlín, requería superar el obstáculo de Polonia.

Hay que retrotraerse en el tiempo unos años a fin de entender en toda su expresión la situación polaca.

Debemos situarnos a finales del siglo XVIII, cuando se dividió Polonia entre Prusia, Rusia y Austria. Aquella desaparición del Estado polaco no acabó con su nación y se mantuvo en el imaginario del pueblo polaco la necesidad de recuperar al viejo Estado arrebatado por las ambiciones vecinas. El Estado polaco nació sobre las ruinas de las derrotas militares y políticas, pero, de la permanencia indomable e irredento de un espíritu nacional arraigado en el pueblo polaco que pasó de generación en generación y se manifestó a través de diversas sublevaciones y de constituir, por ello, un problema permanente para alemanes y austríacos, que pensaron en crear un reino polaco dependiente de ambos países, en 1915, pero sin nombrar nunca a un rey. Tras la derrota de Alemania y Austria, con el armisticio, llegó la creación del Estado polaco, aunque sin recuperar el antiguo territorio. El jefe del Estado polaco Józef Pilsudski ambicionaba los antiguos territorios para que sirvieran de contrapeso al tradicional poder de alemanes y rusos.

Para ello contaba, en 1920, con una nación unida y moderna que habían sabido transformarse desde la sociedad feudal que era en el siglo XVIII, en una de las sociedades civiles más modernas de Europa. Hasta su nueva creación carecía de instituciones estatales, pero tenía una extensa red de entidades sociales, culturales y deportivas, de cooperativas financieras, las sociedades científicas, los grupos de autoformación que permitieron mantener la moral polaca tan elevada que sin ellas las victorias militares no hubieran sido posibles. Fue el desarrollo social que llevó al desarrollo económico y al deseo democrático. Prueba de que esa nación se movía y existía fue que dos días después de recuperar la independencia en 1918, Polonia promulgó una de las legislaciones sociales y electorales más modernas del mundo occidental.

Pero aquel éxito se vio amenazado dos años después de recuperar la independencia, Polonia se enfrentó a la amenaza totalitaria de los bolcheviques. La guerra contra los bolcheviques fue una demostración de la extraordinaria unidad política de la nación polaca. Las diferencias políticas que había entre los padres de la independencia polaca, que pertenecían a distintos ámbitos políticos, quedaron relegadas a un segundo plano para centrarse en la defensa del Estado, de la patria recién recuperada. Tenían eso que hoy llamamos sentido de Estado, les importaba su país y su pueblo por encima de sus intereses. La sociedad polaca apoyó masivamente el esfuerzo bélico, y también hubo un fuerte compromiso por parte de la Iglesia Católica. El ejército bolchevique se enfrentó a toda la fuerza física, moral y espiritual de una nación unida.

El momento clave de la guerra polaco-soviética fue la Batalla de Varsovia, un audaz ataque soviético, el 13 de agosto dirigido por Tujachevski, rompió la línea defensiva polaca y le permitió conquistar la pequeña ciudad de Radzymin, en las afueras de Varsovia. El 14, la situación para los polacos era desesperada. Los simpatizantes comunistas empezaron a realizar actos de sabotaje por toda la ciudad para preparar la llegada de sus camaradas.

Varsovia se llenó de refugiados del este que habían huido del avance ruso. Circulaban todo tipo de rumores alarmistas. Las iglesias estaban a rebosar. Al día siguiente era la fiesta de la Asunción, por lo que miles de devotos católicos rezaban a la Virgen para que ocurriera un milagro. Y el “milagro” ocurrió. El ejército rojo había tenido grandes pérdidas humanas y materiales en el avance y a eso se unió la falta de ayuda de los habitantes de las zonas ocupadas.

El gobierno polaco, en cambio, llevaba varios meses preparando la defensa de Varsovia. Había hecho acopio de suministros y, con la ayuda de la Iglesia católica, lanzó una campaña propagandística con la intención de canalizar los impulsos patrióticos y antibolcheviques de la población. Lo que facilitó la formación de un Ejército de Voluntarios bajo el mando del general Haller, que en poco tiempo superó los 100.000 soldados. Teniendo en cuenta que Polonia fue uno de los países más destruidos por la Primera Guerra Mundial, la movilización bélica de la sociedad polaca fue extraordinaria.

Tras una serie de durísimos combates, el ejército polaco consiguió repeler los ataques del día 15 e iniciar una maniobra envolvente al modo napoleónico, abriendo una brecha en el ejercito ruso y separándolo en dos para empezar el ataque por el sector más débil hasta avanzar contra todas sus posiciones, que no pudieron más que defenderse a duras penas. No en vano, el ejército polaco había sido asesorado por oficiales franceses. El ataque obligó al enemigo a retirarse de forma desorganizada y anuló su capacidad de contraataque. Una guerra de movimientos, con un destacado papel de la caballería, donde no había trincheras, ni alambre de espino ni apenas tanques o aviones. Unos 25.000 soldados soviéticos murieron en Varsovia, y unos 70.000 en toda la guerra. Por el lado polaco, las bajas también fueron considerables. Si bien no en la batalla decisiva, donde murieron unos 4.500 soldados, sí a lo largo de la contienda, con unas 47.000 muertes.

Desde agosto de 1920 y en los meses siguientes, varias victorias sucesivas del ejército polaco aseguraron la independencia del país y llevaron a la firma, el 12 de octubre de 1920, del armisticio y el 18 de marzo de 1921,se llegó al acuerdo de paz en Riga ( Letonia) que puso fin a la guerra polaco-bolchevique y marcó las fronteras del Estado polaco en el este y la imposibilidad de que Lenin alcanzase su objetivo de extender el comunismo.

La prensa calificó la victoria de los polacos como el Milagro del Vístula, en referencia al Milagro del Marne, ocurrido durante la IGM, cuando el ejército franco-británico logró detener a los ejércitos alemanes.

La guerra polaco-soviética no fue sólo un choque de grandes ejércitos, un esfuerzo espectacular de toda la sociedad o el genio estratégico de los mandos militares. Otros factores influyeron. El primero es que, durante el ataque, los servicios de inteligencia polacos interfirieron las comunicaciones rusas, impidiendo que sus tropas se reorganizaran a tiempo. Famoso fue Jan Kowalewski, un oficial de la inteligencia militar polaca que descifró las claves secretas soviéticas. Su trabajo permitió obtener información clave para el desarrollo de la estrategia de las operaciones polacas. Fue un héroe silencioso que desempeñó un papel crucial en la detención de la agresión soviética contra Europa, en 1920.

El segundo tuvo que ver con las diferencias que existían en el mando soviético. Durante la toma de Varsovia, Tujachevski pidió el apoyo del ejército del frente Sur-Oeste, dirigido por Aleksandr Yegórov, para cubrir el frente sur. Stalin, comisario político del frente en cuestión, se negó.

La Batalla de Varsovia fue la culminación de más de 50 años de revolución democrática polaca, una de las historias más extraordinarias y, al mismo tiempo, menos conocidas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, llena de patriotismo, devoción religiosa y genio e inteligencia militar. Pero, sobre todo, y el motivo esencial por el que se considera uno de los episodios más importantes de la historia de la humanidad es porque representa un momento decisivo en la lucha contra el totalitarismo en Europa, tan destacado como lo fue la II Guerra Mundial.

En 1920, Polonia ganó la batalla a orillas del Vístula, y esa victoria era clave para la libertad de las naciones de Europa.

Los polacos salvaron a Occidente del genocidio totalitario, descrito por destacados historiadores franceses en el célebre Libro Negro del Comunismo.

Bien lo sabía Karol Wojtyła, más tarde el Papa Juan Pablo II, nacido en 1920, quien dijo: “Desde mi nacimiento, he llevado dentro de mí una gran deuda con aquellos que emprendieron entonces la lucha contra el invasor y la ganaron, pagándola con sus vidas”.

 

Las Navas de Tolosa y sus consecuencias

Tras la aniquilación del imperio almorávide por Alfonso VII de Castilla, Al-Ándalus se vio sumida en un nuevo periodo de taifas que veían peligrar sus dominios a manos cristianas, con lo que, volvieron a pedir socorro a los árabes del norte de África; ahora, los almohades.

Los almohades eran una secta musulmana, surgida en torno a la figura de Muhammad ibn Tumart, nacido en 1084, al sur de lo que luego será Marruecos. En 1121, se proclamó al-Mahdí al Masum y en 1122 se enfrentó con los almorávides que eran sus rivales en la predicación de un mensaje islámico rigorista. Murió en 1130, pero en 1147, el mismo año en el que Alfonso VII tomaba Almería, sus seguidores de apoderaban de Marrakesch. En su avance, en 1148, los almohades se habían asentado en Sevilla, en 1149 en Córdoba y en 1157 se apoderaron de Almería dando un duro golpe a los cristianos y preparando el camino para la invasión, que se produjo de manera efectiva en 1161 cuando el ejército almohade desembarca en Gibraltar.

Los almohades no eran una tribu caracterizada por su pacifismo, tanta era su violencia y radicalismo que provocaron que se fueran al exilio musulmanes como Averroes y, con muchas más razones para huir, el judío Maimónides.

Los sinsabores cristianos aumentaron de manera radical con la derrota, en 1195, de Alfonso VIII de Castilla en la batalla de Alarcos, que destrozó al ejército castellano y, en 1196, remató la desgracia, el sitio de Toledo por los almohades. Apenas un año antes del encuentro de Las Navas de Tolosa, en 1211, la fortaleza calatrava de Salvatierra había sido expugnada por un gran ejército almohade, creando tal sufrimiento que estremeció a sus contemporáneos e hizo reaccionar a los cristianos.

Alfonso VIII de Castilla, enfrentado con otros reyes cristianos, sabía que debía reaccionar, pero no alcanzaba a saber cómo hacerlo, fue el obispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada el que le señaló el camino: convertir aquella batalla en una cruzada, para lo cual, le sugirió que pidiera una bula al Papa Inocencio III. El Obispo fue el encargado de ir a Roma y lograrla. Con la bula aprobando la cruzada, el Papa advertía que no asistir a las tropas castellanas supondría la excomunión. Jiménez de Rada se encargó asimismo de pregonarla en tierras francesas y españolas en su camino de regreso de Roma a Toledo. Consiguió que numerosos obispos como los de Narbona o Nantes le apoyaran y mandaran tropas francesas a luchar con Alfonso VIII. El primer apoyo peninsular lo obtuvo del Rey de Aragón, Pedro II que vino acompañado del fuerte ejército aragonés encabezado por los obispos de Barcelona y Tarragona. A ellos se unirían las tropas navarras de Sancho VII con el refuerzo de efectivos portugueses y leoneses y contando con el empuje de miles de cruzados llegados desde Francia. La expedición finalmente se dio cita en Toledo, el 20 de mayo de 1212. Hay que hacer notar que, entre las tropas castellanas se encontraban los representantes vascos, puesto que, Álava se había unido a la Castilla de Alfonso VIII en 1199-1200, de manera voluntaria, tras huir del anexionismo navarro y porque sabía que Castilla respetaría sus libertades; algo parecido aconteció con Guipúzcoa que se unió a Castilla en 1200 y Vizcaya en el siglo XI era un señorío independiente que se vio anexionado a Navarra por la acción de Sancho el Mayor, pero en 1180 recobró su independencia bajo la protección de Castilla que en 1200 nombró señor de Vizcaya a los López de Haro, formando parte, de manera autónoma de la corona de Castilla, hasta que, en 1379, Juan II de Castilla se convirtió en señor de Vizcaya al heredar el señorío. Este había sido uno de los problemas que habían enfrentado a Alfonso VIII con el Rey de Navarra.

El 20 de junio de 1212, “el ejército del Señor”, como fue calificado por el arzobispo de Toledo, se puso en marcha y su progresión hacia el sur, a lo largo del camino que unía Toledo y Córdoba, fue fulgurante: en apenas veinte días tomaron las fortalezas de Malagón, Calatrava, Alarcos, Piedrabuena, Benavente y Caracuel. Entre tanto, el ejército islámico se preparaba, encabezado por el califa musulmán al-Nasir, que había invernado en Sevilla tras la anterior campaña de Salvatierra. Muhammas an-Nasir, llamado por los árabes Amir Ul-Muslimn (príncipes de los creyentes) y conocido entre los cristianos como “Miramamolin”, era hijo de una esclava cristiana y su objetivo era acabar con la presencia cristiana en España e incluso prometió a sus fieles llevarlos hasta Roma, su táctica fue encaminarse hacia Jaén para intentar bloquear los estrechos pasos de Sierra Morena para frenar el ataque enemigo y masacrar al que osara atravesar el cerco. El paso de Sierra Morena se había resistido a los cristianos pues sus estrechos desfiladeros permitían a los defensores situados al sur, aun teniendo un ejército menor, bloquear las salidas de las tropas atacantes y acabar con ellas, por lo angosto del paso.

En 1212, todo parecía llevar el mismo devenir, sin embargo, las tropas cristianas acamparon algunos kilómetros antes de llegar al paso de la losa, lugar que debían cruzar, allí se les acercó un pastor que les indicó que había otro camino bordeando la sierra que permitiría atacar a los musulmanes a campo abierto. La leyenda dice que ese pastor fue San Isidro Labrador que se apareció al Rey castellano. Fuera como fuese, los cristianos siguieron el camino envolvente. Tal maniobra fue detectada por los espías árabes, sin embargo, nada pudieron hacer.

El 16 de julio, tuvo lugar el enfrentamiento en las Navas de Tolosa, cerca de la actual La Carolina.El líder musulmán siguió la estrategia clásica de una batalla campal centrándose en las cargas de caballería ligera y pesada, la lluvia de flechas y los avances de infantería una vez se rompiera la línea del rival. Por su parte, los cristianos se dividieron en tres cuerpos (cada uno de ellos dirigido por un rey: Alfonso VIII por el centro, el Rey de Aragón por la izquierda y el Rey de Navarra por la derecha), colocaron a Diego López de Haro en la vanguardia junto a guerreros templarios y hospitalarios y reservaron a las mejores tropas de caballería en la retaguardia para socorrer al flanco más débil o rematar el ejército enemigo en su caída final. Colocar a estas tropas de caballería como refuerzo o ataque sorpresa era una novedad en los enfrentamientos cristianos con los musulmanes. Las tropas vizcaínas rompieron las dos primeras filas de combatientes islámicos y fueron decisivas para la actuación de las tropas navarras. Las cargas de don Diego fueron brutales y muy efectivas, desmontando la defensa musulmana y enzarzando al grueso de las tropas rivales en una lucha sangrienta que los monarcas cristianos aprovecharon para lanzar la famosa “carga de los tres reyes” contra el campamento base de Al Nasir, que estaba desprotegido. Precisamente, la táctica musulmana, señalada al principio de este párrafo, imponía dejar en retaguardia el “Palenque” o campamento del sultán, protegido por una tropa de especial formación, llamados los desposados, pues, para evitar su huida, se hacían atar por cadenas en las rodillas. Fue contra el campamento base de Al Nasir contra el que lucharon los navarros, no sólo derrotaron a los desposados, sino que les rompieron las cadenas, las cuales, desde entonces, figuran en el escudo de Navarra.

El día terminó con la victoria de los reinos cristianos decisiva para evitar una nueva invasión musulmana que podía haber llegado más allá de los Pirineos.

En noviembre de 1212, en Coímbra, los reyes de Castilla, León y Portugal firmaron un tratado en virtud del cual se asignaban las zonas de conquista. En 1223, los almohades desaparecen de la península.

La victoria fue decisiva para el fin de la Reconquista, que aún se retrasó 200 años, hasta la toma de Granada, pero que hubiera llegado antes si no hubiera sido por la llegada de una epidemia y la muerte de Alfonso VIII.

Las consecuencias de la victoria no sólo fueron esenciales para la Reconquista, sino que tuvieron dos efectos muy importantes:
1) Se crearon los lazos para la unidad de España que se fraguará con los Reyes Católicos.
2) Como consecuencia de la necesaria ayuda que los reyes requerían para batallar contra los almohades se convocó en León, en 1188, a solicitud de Alfonso IX de León, la reunión extraordinaria de la curia regia, un órgano de gobierno procedente de la tradición visigoda, que incluye representantes de todas las ciudades del reino y de poblaciones relevantes. Allí estaban representados, la nobleza, el clero y las ciudades (era la primera vez que los representantes de las ciudades acudían a una reunión de la Curia).
Se trataba de la primera reunión de un Parlamento en Europa, que es tanto como decir, el primer parlamento del mundo. Sus competencias estaban relacionadas con los impuestos y el presupuesto. El Parlamento podía conceder un “petitum” o el derecho a acuñar moneda. En 1188, Alfonso IX recibió un “petitum”, pero en la reunión de Benavente de 1202 vendió a los municipios se derecho para quebrar moneda (acuñar moneda, pero variando su aleación) durante 7 años. En 1188, a cambio del “petitum”, el Rey concedió lo que se ha dado en llamar la Carta Magna leonesa en la que se recogían derechos del pueblo como inviolabilidad del domicilio, que la declaración de guerra o la firma de la paz estuvieran acogidos a la aprobación de los tres estamentos y otros derechos más, entre ellos una especie de constitución especial para Galicia. Por si alguno tenía dudas sobre la antigüedad de este acontecimiento, en 2013 la Unesco reconoció en el programa “memoria del Mundo” que este documento era “El testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo”. Con anterioridad, en 2011, la junta de Castilla y león concedió a León el título de “Cuna del parlamentarismo” y en 2019, hicieron lo mismo las Cortes Generales.