EL MOTÍN DE ESQUILACHE

El gran historiador Domínguez Ortiz, en sus diversos estudios de la historia del Antiguo Régimen, siempre destaca el gran problema que suponía para la estabilidad política de cualquier país las hambrunas que se producían de cuando en cuando. En un momento de bajo desarrollo, con una economía dedicada a la agricultura, si en un año se daban malas cosechas, el hambre y la pobreza se extendían por todas partes.

España no era una excepción, la situación empezó a mejorar con las reformas ilustradas de uno de los mejores reyes de la Historia de España: Carlos III. Pero hasta ponerlas en marcha, los problemas con las cosechas y la manera de atajarlas, también le dieron disgustos.

Carlos III, accede al trono de España, tras el fallecimiento sin descendencia de su hermano Fernando VI. Carlos provenía de ser Rey de Nápoles y de Sicilia, y del país transalpino procedían algunos de sus consejeros; ellos impulsaron las primeras reformas ilustradas de un Rey que ejerció de ilustrado durante todo su reinado. Estos ministros extranjeros representaban al sector reformista más radical.

El primero de aquellos asesores reales provenientes de Italia fue Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache

Esquilache, de origen humilde, militar retirado, logró escalar en la vida social por su laboriosidad, probidad y talento. Carlos III le nombró Inspector de aduanas y más tarde se ocupó de la Secretaría de Hacienda del Reino de Nápoles.

La entronización de Carlos III como rey de España en 1759,  llevó al Marqués a España. Nombrado, primero, Consejero en la Hacienda Real, pasó a ocupar también la Secretaría de Guerra en 1763. Contaba con la absoluta confianza del Rey para iniciar reformas ilustradas y, junto al Marqués de la Ensenada, llevó a cabo cambios encaminados a la modernización del país.  Algunos de ellos del siguiente tenor: libertad comercial para los cereales, desamortización de los bienes de la Iglesia, utilización de bienes de manos muertas… Estas políticas suscitaban la manifiesta hostilidad de la nobleza, de la Iglesia y también las protestas del pueblo, que percibía las reformas como medidas de inspiración extranjera que alteraban costumbres tradicionales de la sociedad española. Además, aquellos cambios se realizaron con apresuramiento, sin la habilidad de que fueran asimilados por el pueblo o aplicados con la suficiente cautela como para buscar el momento más oportuno para su implantación. De este modo, algunas grandes ideas, como, por ejemplo, la liberalización del comercio de cereales se aplicó en un momento de malas cosechas, en 1765, lo que hizo subir el precio del pan. La carestía generó pobreza y hambrunas. Consiguientemente, una buena medida se aplicó sin oportunidad y creó un conflicto. A estas medidas, se unían otras que incluían la limpieza, pavimentación y alumbrado público de las calles de Madrid, la construcción de fosas sépticas y la creación de paseos y jardines- las condiciones de insalubridad e inseguridad de Madrid eran consideradas por el nuevo rey como indignas de una Corte ilustrada-. Sin embargo, algunas de ellas como la instalación de las nuevas farolas hizo subir el precio de la cera, de manera que muchos hogares vieron imposible pagar por ellas y permanecían a oscuras mientras las calles lucían con alegría.

Por si fuera poco, a Esquilache se le criticaba por su vida ostentosa, más en su mujer que en él, lo que unido a la época de estrecheces que pasaba el pueblo generaron un malestar enorme.

Algunas otras de las medidas tomadas estaban encaminadas al control de la población y, de entre ellas, más concretamente, al control del orden público. Ese fue el motivo de ordenar la modificación del vestuario al uso en España. Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de un pueblo empobrecido y harto de que medidas que consideraban oprobiosas, se las dictaran una serie de consejeros extranjeros.

La indumentaria típica, impuesta como moda pocos años antes por la guardia austriaca de Mariana de Austria, se componía entre los hombres de sombrero de ala ancha (Chambergo) y las capas largas. Aquellas ropas ocultaban el rostro y a las perfiles de las personas lo que impedía la identificación de los criminales, circunstancia que se salvaba mejor con el uso de la capa corta y el sombrero de tres picos.

El empeño de Esquilache en que se aplicara la medida unido a la ira acumulada por el pueblo, provocó el estallido de un motín, muy populoso y espontaneo, el típico motín de supervivencia del Antiguo Régimen, si bien, en este caso, influido por capas de la nobleza enfrentadas contra los italianos en la Corte. En este episodio de nuestra Historia, tuvieron especial importancia los alcaldes y golillas en el levantamiento y la permisividad en la distribución de pasquines con coplillas contra Esquilache y los italianos, siempre dejando en buen lugar al Rey, el cual quizá temió por la integridad de su Palacio en un primer momento, pero salió fortalecido del conflicto. El Motín se inicia el 23 de marzo de 1766. A pesar de ser un incidente, primigeniamente, local, madrileño, pronto se extendió a Cuenca, Zaragoza, Sevilla, Bilbao, Barcelona, La Coruña, Santander o Cádiz.

La mayor parte de los ministros del Rey, incluidos los italianos Grimaldi y Sabatini a los que el pueblo también se oponía, aconsejaron ceder, dado que, lo solicitado por los amotinados era mantener la indumentaria clásica, el control de precios, la desaparición paulatina de la guardia valona y la destitución de Esquilache.

El Rey envió a Esquilache a Italia, aunque seguía contando con su buen hacer, y, por ello, le nombró embajador de España ante la Corte veneciana.

Carlos III ordenó a Grimaldi que se hiciera cargo de restaurar el orden.

Como consecuencia del Motín, Esquilache fue sustituido por Aranda. Poco a poco la Guardia valona perdió presencia y los precios del pan se controlaron. Sin embargo, no se pararon por ello las reformas ilustradas de Carlos III, pero ahora con mayor presencia de ministros españoles. De hecho, la vestimenta se cambió, pero en vez de hacerlo por medio de una orden impuesta, Aranda, de manera más astuta que Esquilache (y quizá conociendo mejor la idiosincrasia española), dispuso que los verdugos llevaran desde entonces la capa larga y el chambergo, con lo que, la gente optó voluntariamente por sustituir la capa larga por la corta y el chambergo por el sombrero de tres picos.

LA BATALLA DE EMPEL O EL MILAGRO DE LA VIRGEN INMACULADA.

Vamos a narrar un acontecimiento heroico protagonizado por nuestros Tercios en Flandes.  Una batalla memorable por la valentía española y por la Fe de nuestros soldados: la batalla de Empel.

Si tenemos que ir a la raíz de la situación histórica que determinó que los Tercios de Flandes resistieran y ganaran heroicamente en Empel frente a los partidarios de Guillermo de Orange debemos tener presentes previamente varios hechos que se interrelacionan entre sí:

  • Nos remontaremos a 1555, en aquel año, Carlos I de España y V de Alemania legó a su hijo Felipe el gobierno de unos territorios que procedían de la herencia de su abuelo paterno, Maximiliano I de Habsburgo. El propio Rey Carlos se había educado en Flandes, hablaba flamenco cuando llegó a España y se rodeó de una corte de flamencos que creó bastantes sinsabores y no pocos problemas en España (recordar los hilos de Carlos V y sus problemas con los Comuneros, por ejemplo). Felipe era un Príncipe español, que no conocía el territorio como su padre, ni hablaba flamenco, en consecuencia, nos encontraremos con la figura, a ojos holandeses, de un Rey extranjero. https://algodehistoria.home.blog/2019/06/14/carlos-i-de-1517-a-1522-3/
  • Pero no sólo esto iba en la herencia. El territorio se vio claramente afectado por la división entre los seguidores de la Reforma protestante y los que apoyaban la Contrarreforma católica. Esto ya lo vimos también en los conflictos en Alemania y ahora nos situamos en su extensión a lo que hoy conocemos como los Países Bajos.
  • Para comprender bien el acontecimiento que vamos a narrar, debemos señalar que el dogma de la Inmaculada Concepción se remonta en España a los visigodos. Fue tal el empeño español en la causa de la Virgen que en el Vaticano se la llegó a conocer como la causa española. Aquella defensa de la catolicidad fue bandera del Imperio español y en ese contexto religioso, los protestantes, especialmente los calvinistas iniciaron una guerra iconoclasta, especialmente de imágenes de la Virgen. A aquel acontecimiento se le conoce como “Beeldensrorm” o “Tormenta de imágenes” en el territorio de la actual Holanda. Muchas obras de arte sacro acabaron destruidas como consecuencia de esa ola de fanatismo. Otras fueron salvadas por los católicos de Flandes escondiéndolas en los lugares más variados.
  • Todo lo anterior generó un malestar en estado latente durante mucho tiempo y que, en 1568, se transformó la rebelión de las provincias de los Países Bajos contra el Imperio español Felipe II. Aquella contienda enfrentó a los habitantes de lo que hoy es Bélgica y Luxemburgo, de mayoría católica y leales al Rey Felipe II, contra la población de la actual Holanda, de mayoría calvinista. Aunque no toda Holanda fue rebelde.

La defensa del territorio por parte española se hizo con los famosos Tercios. Aquella revuelta fue el inicio de la guerra de los 80 años o Guerra de Flandes que concluye con la independencia de los Países Bajos en la Paz de Westfalia de 1648.

Los enfrentamientos nacidos de aquella revolución no llevaban un balance favorable a los intereses españoles hasta que Felipe II envió a Alejandro Farnesio primero a dirigir las tropas españolas en Flandes y, posteriormente, como Gobernador de los Países Bajos.

Farnesio, gran militar y no menor diplomático, logró, en 1579, mediante la Unión de Arras, controlar una buena parte de las provincias del sur que se habían unido en rebeldía a Guillermo de Orange. Por el contrario, las provincias del norte abjuraron definitivamente de la soberanía de Felipe II unas semanas más tarde mediante la Unión de Utrech.

Tras Arras se propuso reconquistar las provincias de Brabante y Flandes, lo que consigue y culmina con la toma de Amberes el 15 de agosto de 1585 (ver Mapa: https://www.wikiwand.com/es/Anexo:Islas_de_los_Pa%C3%ADses_Bajos. Esto provocó devolver al dominio español las provincias del sur de los Países Bajos, salvo Zelandia, no así las del norte. La orografía y situación geográfica de las provincias de Holanda y Zelanda hacían imposible su conquista sin dominar la costa desde el mar y éste estaba bajo el control de la armada rebelde. Especialmente importante era la conquista de las zonas católicas (algunas de las islas de Zelandia), que habían pedido ayuda a Felipe II por la presión que sobre ellos ejercían los protestantes.

El objetivo de los Tercios era tomar la Isla de Bommel para utilizarla como cabeza de puente y reiniciar las operaciones en la provincia de Holanda, con ese fin el encuentro militar se produjo en las inmediaciones de Empel (norte de la Provincia de Brabante) cercana al río Mosa o Mosela en diciembre de 1585.

Hasta allí habían llegado tres tercios españoles: ”ya todos juntos, marchó (…) el conde Carlos de Mansfelt con los tres tercios de españoles del coronel Cristóbal de Mondragon, de D. Francisco de Bobadilla y el de Agustín Iñíguez, repartidos en sesenta y una banderas y con la compañía de arcabuceros a caballo de españoles del capitán Juan García de Toledo”[1].

Mansfelt dirigía las operaciones y su forma de actuar está en entredicho en la historiografía. Algunos apuntan que la forma de actuar en Empel más parecía la propia de quien quiere acabar con lo mejor del ejército español que la de un amigo.

Los tercios españoles acamparon a orillas del rio Mosa. Mansfelt ordenó a Bobadilla que se adelantar a ocupar la isla de Bommel formada por los ríos Mosa y Vaal. El Tercio viejo de Zamora, compuesto por unos cuatro mil hombres, liderados por Francisco Arias de Bobadilla,cruzó el rio y tomó el terreno. Una vez allí, envió varias patrullas a proteger los diques de contención. Con el terreno aparentemente dominado Mansfelt siguió camino a Harpen y dejó a Bobadilla al frente de la expedición.

La armada holandesa intentó acorralar a los españoles, pero la buena defensa realizada por Bobadilla impidió el avance. Así que, los holandeses optaron por abrir los diques de contención y anegar los terrenos y de paso, con la fuerza del agua acabar con los españoles. Los Tercios tuvieron que refugiarse en el dique y en el pequeño monte de Empel, que, por su elevación, quedaban libres de agua. Esto ocurrió el 2 de diciembre.

Desde el día 2 al 7, los españoles defendieron la posición con heroicidad y ardor, sorprendiendo a los holandeses por su tenacidad y valentía. En esos días Bobadilla envió emisarios a Mansfelt, que intentó un rescate descabellado, al pretender asaltar a la armada holandesa con unas cuantas barcazas.

Los españoles sitiados quedaron abandonados y solos a merced de un destino que se vislumbraba bastante pesimista: sin ayuda, casi sin víveres y con las ropas húmedas.

Los holandeses ofrecieron a nuestras tropas una rendición honrosa, pero la respuesta hispana fue: “Ya hablaremos de capitulación después de muertos”. Tal resistencia hasta la muerte parecía que iba a consumarse cuando en la mañana del día 7 de diciembre, un soldado español, cavando una trinchera para protegerse del frío, encontró una tabla flamenca en la que estaba representada la Virgen Inmaculada.

Bobadilla ordenó levantar un pequeño altar, colocaron la imagen y se encomendaron a Ella. Bobadilla, consideró este hecho una señal divina y así lo transmitió a los soldados que, llenos de esperanza, esperaron un milagro.

Durante la noche, ya en el día 8 de diciembre de 1585, fiesta de la Purísima e Inmaculada Concepción, se levantó inesperadamente un viento gélido que heló el río y las aguas estancadas tras la apertura de los diques. Los españoles, caminado sobre el hilo, atacaron a la armada holandesa. Los holandeses tuvieron que retirar los buques y acabar con el asedio por miedo a encallar. Los españoles, contra todo pronóstico, ganaron aquella batalla y mantuvieron el terreno reconquistado.

Los Tercios se salvaron de una muerte que parecía segura en lo que se conoce como el milagro de Empel, visto como tal por las tropas holandesas. El almirante Hohenlohe-Neuenstein llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”.

Aquel mismo día, la Inmaculada Concepción es proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia.  En 1644, el Rey Felipe IV declaró el 8 de diciembre como fiesta de guardar en todos los dominios del Imperio español, dedicada a la Inmaculada Concepción y coincidiendo con el aniversario del “Milagro de Empel”. En 1708, el Papa Clemente XI extendió esa fiesta a toda la Iglesia Católica. El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María mediante la bula “Ineffabilis Deus”.  En 1864, el mismo Papa concedió el privilegio especial a los sacerdotes españoles y a los de las provincias americanas de utilizar la casulla azul durante la fiesta de la Inmaculada (en la Iglesia se usa la casulla blanca durante las fiestas dedicadas a la Virgen). El 12 de noviembre de 1892, la reina Mª Cristina la declara a Nuestra Señora de la Purísima e Inmaculada Concepción Patrona del Arma de Infantería.

En Empel había y hay una pequeña capilla dónde todos los soldados españoles, y más los representantes de la unidad heredera del Tercio Viejo de Zamora: el Regimiento de Infantería «Isabel la Católica» nº29, con base en Figueirido (Pontevedra) y que forma parte de la Brigada «Galicia» VII (BRILAT) del Ejército de Tierra, suelen ir a rendir homenaje a la Virgen. Los católicos holandeses, tienen una fundación, en recuerdo de Empel y siguen celebrando misas en aquella capilla en el aniversario de aquel acontecimiento milagroso.

A los no creyentes, sólo les puedo decir que, los hechos son todos ciertos. Si no creen que la intercesión de la Virgen ayudó a los españoles, que no lo crean, pero salir de aquella situación con vida y manteniendo el terreno conquistado era tan difícil como para necesitar un milagro.

BIBLIOGRAFIA

  • Los Tercios de Flandes. Juan Giménez Martín. ED. Falcata Ibérica.1999
  • Alonso Vázquez. “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alejandro Farnese”. S XVII. Documento manuscrito ( Biblioteca Nacional)
  • José María Sánchez de Toca y Catalá. “Tercios de España. La Infantería Legendaria” Edaf. 2006.

[1]Alonso Vázquez. “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alejandro Farnese”. (El capitán Alonso Vázquez fue contemporáneo de Francisco de Bobadilla).

La Escuela de Salamanca- y 2

  • ¿Cuáles fueron los principales problemas consultados a la Universidad de Salamanca?

Realmente, las consultas abarcaban toda la actividad social del momento, sobre todo, aquellos aspectos que incluían algún tipo de novedad: cartógrafos y geógrafos para bordear América; cálculos matemáticos para la realización de los viajes hacia las “Indias”; matemáticos, astrónomos o juristas para fijar la adscripción de las islas Molucas a España o Portugal; juristas para determinar las fronteras o poder internacional y nacional de los reyes; filósofos y teólogos para conocer los derechos de los indios, teólogos que acabaron dando lugar a los primeros economistas para atender al valor de los metales venidos de América, la usura y la legalidad del préstamo, teólogos y moralistas para determinar la legalidad del divorcio de Enrique VIII … hasta la gramática de Nebrija tuvo su lugar.

No podemos hacer un estudio detallado de todas las aportaciones que realizó la Escuela de Salamanca en todos los campos, pero si destacaremos algunas de ellas:

Empezaremos por los debates en torno a la cuestión indígena llamada de los justos títulos o polémica de los naturales. Se trataba de discernir las disputas entre los gobernadores y Bartolomé de las Casas. Fue el padre Vitoria sobre el que recayó el estudio de los derechos de los indios en América, dando lugar a su obra “De indis” en la que expresó su postura sobre diversos excesos cometidos en los primeros años de asentamiento español en América. Afirma que los indios son iguales en derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Gracias a él, las ideas y posiciones de fray Bartolomé de las Casas tomaron un tono más mesurado, fueron escuchadas y con ellas nacieron las Leyes de indias. Los indios fueron considerados seres libres y estaban bajo la protección directa de la Corona. Después de su muerte, varios de los discípulos de Vitoria: Cano, Soto, Carranza, Covarrubiasformaron parte de  una comisión de teólogos que se reunió en Valladolid entre 1550-1551 (Junta de Valladolid), en la que establecieron cuáles eran Justos Títulos[1]para la conquista de América y cuáles injustos, en la llamada polémica de los naturales. Todo esto hace al Padre Vitoria uno de los precursores de los Derechos Humanos.- Sobre este asunto haremos un hilo en fecha próxima-.

Vitoria y Molina, realzan el valor de la persona haciendo hincapié en los derechos que le otorga la naturaleza, que están por encima de cualquier otro derecho. Ese derecho natural obliga a tener un respeto por cada persona, individualmente considerada, dejarla en libertad, no condicionarla, no esclavizarla. Un derecho a ser libres de las influencias de los demás, lo que obliga al respeto al otro y a la libertad del otro. Un respeto de libertad individual en sociedad.

Estas cuestiones permitieron al Padre Vitoria estudiar y establecer los términos de la “guerra justa” y del “Ius Gentium”, es decir el germen del derecho internacional. Sobre ambos temas, íntimamente relacionados en su obra, opina que esta noción casi nunca se aplica a los conflictos armados. Con Suarez coincide en que la guerra justa es un deber. Ningún Estado tiene derecho a suicidarse. El arbitraje es conveniente, pero no obligatorio. Deduce del derecho natural las consecuencias más liberales para las relaciones políticas y económicas entre todos los hombres. Cada persona tiene derecho, en el lugar en el que se establezca, a las mismas prerrogativas que los ciudadanos de ese país. Cabe, incluso, pensar que “el mundo es, en cierto sentido, una sola República”. Pero no existe, como derecho, ninguna limitación a la autonomía del Estado: no existe arbitraje de una autoridad internacional por encima de esas” comunidades perfectas” que son los Estados. Incluso los bárbaros (los indios) tenían antes de la conquista una soberanía. La colonización puede ser legítima, pero a condición de ser” su única preocupación el bien y la prosperidad de los indígenas, y no el provecho de los españoles”.

Rechaza toda separación entre el soberano y su comunidad, subraya la cohesión del Estado y da un sentido más moderno a la aceptación cristiana de poder establecido. Vitoria es el teórico de un mundo dividido, en el que los Estados afirman duramente su independencia.

La doctrina de Vitoria se vio refrendada posteriormente por Suarez. La principal originalidad del jesuita consiste en vincular el derecho de gentes al derecho natural, aunque no cree que haya existido nunca una soberanía internacional. Las obligaciones del derecho natural tienen una valor absoluto e invariable. Mientras que el derecho de gentes se concebía con un carácter flexible, basado en la convención y la costumbre, que obliga en cuanto es objeto de un acuerdo general y que evoluciona como todas las opiniones. Por tanto, ningún acuerdo internacional puede imponerse a las soberanías nacionales. Sin embargo, Suarez, por primera vez sí se postula partidario de la solidaridad internacional por cuanto que la humanidad “aun dividida en pueblos y Estados diversos, conserva, sin embargo, una cierta unidad, no sólo específica, sino también cuasi política y moral” que engloba a todos los hombres sin distinción.

También se discutió ampliamente sobre la monarquía. Para Vitoria, el Estado y la sociedad son de derecho natural. No puede concebirse a la humanidad sin organización social y sin orden político; fuera de toda misión espiritual tienen como misión el bien común. De aquí se deriva que ningún régimen puede pretender ser más que otro de derecho divino. Vitoria es monárquico, pero por razones de experiencia. La monarquía así considerada no se encuentra por encima de las leyes, las cuales para ser justas deben responder al interés general, estando la ley humana subordinada siempre a la ley divina. Vitoria parece fijar así límites al poder real; pero, reprueba a “los hombres corrompidos de orgullo y de ambición que se alzan contra sus príncipes”.

La teoría de la deposición del rey hereje por orden papal fue defendida por Luis Molina. La República Cristina concebida por estos autores como la forma de Estados distintos y soberanos hace que los jesuitas defiendan que la soberaníapertenece al pueblo, aunque casi nunca desarrollen la idea para acabar siempre restableciendo la superioridad del orden monárquico. Juan de Mariana la acaba defendiendo con cierto vigor. Afianza, además, el poder del Papa frente a esos monarcas, incluso el poder de los obispos. La idea del rey como punto de unión de los Estados de cierta extensión, se beneficia del reforzamiento de sentimiento nacional.

Es el mundo de la reforma y la contrarreforma por eso, frente a estas teorías papistas está la de la Iglesia como obediente al rey que se da en Inglaterra, con cierta dureza en sus manifestaciones por herencia conceptual de Enrique VIII.

Se aprecia en ese momento histórico una clara vinculación entre teología y política que fue rechazada por Althusius, Bodín e incluso Maquiavelo. Era la culminación de la Reforma. Mientras Suarezexpresa la continuidad del pensamiento católico.

Para Suarez el Estado separa el campo del derecho público y del derecho privado. El Estado existía con anterioridad al pecado original. Lo que coloca a la comunidad civil en el plano de la naturaleza. Aunque el Estado tiene la unidad de una persona, de un cuerpo, no por ello integra a sus miembros a la manera de un organismo vivo, biológico, ya que engloba a seres conscientes y libres. Es un cuerpo místico hecho de necesidad y de libertad. No tienen más fin que el material del bien común. A la cabeza del Estado se establece una autoridad suprema.

La potestad política de hacer la ley, tiene el carácter absoluto de la Soberanía. En virtud de la libertad de nacimiento de cada persona, corresponde al conjunto de los hombres y no a uno sólo, hacer esa ley, esta es la gran diferencia con Molina, para Luis de Molina la soberanía es la suma de las soberanías individuales, no es un todo único y compacto. Con Suarez quedan establecidas así, la soberanía popular y la libertad de cada comunidad política de elegir su régimen de referencia. El hecho de la soberanía es el derecho natural, pero “su determinación en un cierto modo de autoridad y de gobierno depende de la libertad humana”. Suarezno duda en que la monarquía sea el sistema de gobierno más eficaz, pero llega a esa conclusión tras señalar que la comunidad de ciudadanos es libre para escoger el régimen en el momento de la fundación del Estado, pero una vez elegido no puede modificarlo. Para Suarez la monarquía es una institución humana, pero una vez que reinan legítimamente, son “ministros de Dios”. La soberanía es absoluta, pero con ciertos límites. El fundamental es el hecho de que la soberanía está limitada a la ley justa.

Por otro lado, diferencia entre el poder espiritual y el temporal.El poder eclesiástico tiene sobre el poder civil toda la superioridad del espíritu sobre la materia, del derecho divino positivo y sobrenatural sobre el derecho natural. El Papa es superior “no sólo a la persona del rey, sino incluso a su poder temporal, aunque soberano”. Puede dirigir e incluso deponer a los reyes para lograr los fines espirituales de la Iglesia.

En estos aspectos las obras de los profesores de Salamanca, muy especialmente las de Vitoria y Suarez influyeron decisivamente y se vieron influenciados a su vez por las de Bodín, Althusius. Por su parte Leibniz, Grocio, pufendorf, Schopenhauer y Heidegger citan a Suarez y, en ocasiones a Vitoria y a otros autores de la Escuela como fuente de inspiración.

El derecho matrimonial y el divorcio.  “Un nuevo y grave problema religioso y político se suscitó cuando el rey inglés Enrique VIII quiso divorciarse de la princesa española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, dando principio en este conflicto al nacimiento del anglicanismo. En tales circunstancias, las cuestiones sacramentales se mezclaron con el derecho y derivaron en negociaciones internacionales y dictámenes del más alto nivel. Esta nueva solicitud de informe a la Universidad de Salamanca coincidió con la ebullición del problema protestante en el Imperio: el pedagogo Crammer escribió un libro sobre el divorcio, favorable a los intereses de Enrique VIII, circunstancia que inclinó a los emisarios del rey inglés a buscar apoyo en las universidades para su causa pango, incluso a los religiosos o profesores para logarlo. Se han encontrado documentos detallando el dinero entregado a varios religiosos para conseguir el apoyo a la causa del divorcio inglés. Por menos de cien escudos obtuvo todas las firmas del claustro de Ferrara y lo mismo consiguió en Francia y en Inglaterra. La Sorbona también se declaró partidaria del divorcio tras multitud de intrigas. Puesto que Lutero se había casado, se mandaron emisarios para pedirle su aprobación, pero él se negó a apoyarlo. 

El emperador y rey de España buscó apoyos en sus Universidades. Varias instituciones y personas relacionadas con Salamanca contestaron a esta consulta: la propia Universidad de Salamanca, el Colegio de San Bartolomé, Francisco de Vitoria y el cronista real Juan Ginés de Sepúlveda. La Universidad respondió con un informe matizado, inspirado en la obra de Francisco de Vitoria, titulada De matrimonio, en la que se manifestó en contra del divorcio sosteniendo un criterio laico, cuando dijo: “La potestad real o civil se ha establecido para el bien de la República, sea el que sea, sea el de la paz, sea cualquier otro beneficio humano” y ese acuerdo superior centrado en el bien común impide el divorcio del monarca”.[2]

Por poner el ejemplo de otras cuestiones de distinta naturaleza tratadas con profusión por la Escuela de Salamanca señalaremos que pocas cuestiones científicas fueron más candentes en la época que el problema de la medida del espacio. “Los tratados internacionales sobre derechos de exploración geográfica toparon con la imposibilidad de fijar fehacientemente esta magnitud y todos los reinos implicados en estos viajes promovieron un inusitado interés por la precisión, dificultada por las diferencias en los sistemas de cómputo y por la inexactitud de los aparatos mecánicos. Estas medidas eran necesarias para establecer las fronteras de los descubrimientos y la colonización; por ejemplo, era imposible determinar la longitud en el mar sin un reloj preciso que no existió antes del cronómetro de Harrison, a mediados del siglo XVIII. El catedrático de astrología Diego de Torres fue uno de los más incisivos estudiosos de esta materia y participó en las deliberaciones científicas del Tratado de Tordesillas (1494). A él se unieron otros muchos como el médico Sancho de Salaya y el dominico Tomás Durán,catedráticos ambos y comisionados por Carlos V para debatir con los representantes portugueses -entre quienes figuraba el también antiguo catedrático salmantino Pedro Margallo- la adscripción de las islas Molucas, tras su descubrimiento en el año 1524”[3], y posteriormente en una serie de tareas para la fijación de las fronteras.

“Otro asunto científico de profundo calado para la época era el de la medida del tiempo que preocupaba a los Estados, especialmente al Vaticano. Era preciso reformar el calendario juliano vigente desde el año 46 a. C. con el fin de que pudieran cumplirse los decretos del concilio de Nicea (año 325) relativos a la fecha de celebración de la Pascua, fiesta solemne de la Resurrección de Jesucristo. Con los siglos ésta se había ido retrasando respecto del equinoccio de primavera, resultando infructuosos todos los esfuerzos por elaborar un calendario perfecto; causa que ocupó a multitud de matemáticos y astrónomos de toda la cristiandad por lo menos durante doce siglos. También en este tema la intervención de la Universidad de Salamanca fue muy significativa. Esta Universidad propuso en 1515 un cálculo que sesenta y tres años que después ratificaron los expertos vaticanos y el propio pontífice como base de la reforma del calendario (descubrimiento que hasta el día de hoy se había atribuido al italiano Luigi Lilio) y que finalmente fueron determinantes para que se aprobara la reforma gregoriana del calendario de 1582”[4].

Quizá uno de los estudios más trascendentes se lo debamos a Domingo de Soto fue el primero en establecer que un cuerpo en caída libre sufre una aceleración constante, ​ siendo éste un descubrimiento clave en física, y base esencial para el posterior estudio de la gravedad por Galileo y Newton.

Otro de los grandes temas estudiados en Salamanca fueron los relacionados con la  economía[5]. Son ellos los que sentaron las bases de la ciencia económica moderna. Entre sus principales aportes se encuentran la aceptación de la ley de la oferta y de la demanda como agentes en la determinación de precios de un mercado libre, la exposición de una teoría subjetiva del valor de los bienes, y el establecimiento del valor del dinero en función, no sólo de su abundancia o escasez, sino de su capacidad de compra, la doctrina general del interés y el análisis del sistema tributario.Su gran hallazgo para la macroeconomía moderna fue la formulación de la teoría cuantitativa del dinero.Se trata de ideas que surgieron en la consideración de las grandes cuestiones fundamentales del justo precio, de la usura y de los tributos.

El inicio de todas estas teorías provino de la llegada abundante de metales preciosos de América y su relación con la elevación de precios. Los escolásticos españoles del siglo XVI estudiaron el dinero, al que por primera vez consideraron como una mercancía más, cuyo valor viene dado por su escasez o abundancia relativa. Los máximos exponentes que elaboraron las teorías del valor fueron Martín de Azpilcueta, pionero en estos estudios, y Luis de Molina. A los que hay que unir Francisco de Vitoria, Diego de Covarrubias y Leiva, Tomás de Mercado, Domingo de Soto y Juan de Mariana.

Azpilcueta se convirtió en el precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero, según la cual el incremento de la masa monetaria en circulación ocasiona un incremento proporcional en el nivel de los precios.

Constató el hecho de que en los países en los que los metales preciosos oro y plata eran escasos los precios de los bienes eran inferiores a los países con abundancia de los mismos. El metal precioso, como una mercancía más, tiene menos valor adquisitivo cuanto más abundante sea. Desarrolló así una Teoría del Valor-Escasez precursora de la teoría cuantitativa del dinero, adelantándose en más de una década a Jean Bodin.

Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría subjetiva del valor y del precio que consiste en que, puesto que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre sin engaños ni interferencias de todo orden. Expresándolo en términos actuales, los integrantes de la escuela defendieron el libre mercado, donde el precio justo venía dado por la oferta y la demanda, constituyendo un precedente de la Ley de la Oferta y la Demanda.

Otra cuestión económica a estudiar fue la usura,muy mal vista por la Iglesia. La Escuela de Salamanca encontraba diversas razones que justificaban el cobro de un interés. Así, la persona que recibía el préstamo obtenía un beneficio a costa del dinero obtenido. Por otro lado, el interés se podía considerar como una prima por el riesgo del prestatario a perder su dinero. También estaba la cuestión del lucro cesante, ya que el prestatario perdía la posibilidad de utilizar el dinero en otra cosa. Martín de Azpilcueta consideró también la influencia del tiempo en el cobro de intereses. Consideró que a igualdad de condiciones los bienes presentes valen más que los bienes futuros, y, por lo tanto, es preferible recibir una cantidad ahora a recibirla en el futuro. Para que una renta en la actualidad sea más atractiva que en el futuro es necesario que sea mayor. En este caso el interés supone el pago del tiempo.

Vitoria y otros teólogos se centraron en la acumulación de riqueza y propiedad privada. Los escolásticos españoles llegaron a la conclusión de que el orden natural permite la propiedad privada por tener efectos beneficiosos al estimular la actividad económica y, con ello, el bienestar general de la sociedad. A este respecto, Diego de Covarrubias y Leiva afirmaba que los propietarios tenían no sólo derecho de propiedad sobre el bien, sino que también, tenían derecho exclusivo a los beneficios que pudieran derivarse del bien. De todas maneras, precisó que en momentos de gran necesidad todas las cosas son comunes. Domingo de Soto defendió la propiedad privada como medio para lograr la paz social. Luis de Molina, apoyando la tesis de Domingo de Soto, afirmaba que la propiedad privada era una institución de efectos prácticos positivos ya que, por ejemplo, los bienes serían mejor administrados por un solo dueño que si fuesen de propiedad comunal. Postura esta última que también fue defendida por Juan de Mariana.

La Escuela de Salamanca no llegó a elaborar una doctrina económica completa, pero estableció las primeras teorías económicas modernas para afrontar los nuevos problemas que habían surgido.

En el ámbito de la Teología, aunque todo fuera teología en Salamanca, porque todo partía de una reflexión moral,  no queremos dejar pasar la aportación de los padres salmantinos en el Concilio de Trento. No vamos a hablar del Concilio sino de alguna de las aportaciones más destacadas por algunos padres conciliares miembros de la escuela de Salamanca, así Covarrubias, dejó huella en los asuntos sobre la Eucaristía, el orden sacerdotal o el matrimonio.

 Sobre la Eucaristía señaló que es el sacramento excelente por encima de todos los demás al ser instituido por Cristo y contener el misterio de la transustanciación. En cuanto a la comunión eucarística se indica que no es necesario hacerlo bajo las dos especies para los laicos no era derecho divino ni necesaria para la salvación y que no es necesaria por derecho divino para los niños.

Respecto al orden sacerdotal, Covarrubias manifestó que la jerarquía eclesiástica había sido instituida por Cristo, siendo los primeros, por ley divina, los obispos, como sucesores de los apóstoles, y, tras los obispos, los presbíteros. Por otro lado, manifestó que los prelados que estuvieran ausentes de sus diócesis sin causa justificada durante más de tres meses debían ser multados. Se promovió la necesidad de tener seminarios en las diócesis

En cuanto al matrimonio, se plantea su carácter sacramental, se define su naturaleza, su indisolubilidad y el derecho de la iglesia a establecer impedimentos matrimoniales. Se planteó la cuestión de la nulidad en relación con los matrimonios clandestinos, colocando a la ley eclesiástica por encima de las civiles y pidió que se aumentara el número de testigos en los esponsales. A su vez, se reafirmó la excelencia del celibato.

Otros asuntos teológicos que alcanzaron gran relevancia en los estudios de la Escuela fueron la idea del mal. Se puede hacer el mal, aunque se conozca a Dios, y se puede hacer el bien, aunque se le desconozca. Es decir, la moral no depende de la divinidad. Esto resultaba especialmente importante para el trato con los paganos, ya que el hecho de que no fuesen cristianos no presuponía que no fuesen buenos.

Vitoria proporcionó una imagen nueva de la divinidad para intentar explicar la presencia del mal en el mundo. La existencia de éste hacía difícil creer que Dios pudiese ser infinitamente bueno e infinitamente poderoso a la vez. Vitoria explicó esta paradoja apelando al libre albedrío humano. Puesto que la libertad es concedida por el mismo Dios a cada hombre, no es necesario que el hombre actúe eligiendo siempre el bien. La consecuencia es que el hombre puede provocar voluntariamente el mal. Ese libre albedrío como señalaba el Padre Mariana, y que entronca con el derecho natural y con los derechos humanos, como vimos con anterioridad, es más un deber que un derecho, por tanto, no se puede renunciar a él. Al derecho se podría renunciar, a un deber no se puede renunciar nunca. No es, además, una “libertad de” es una “libertad para”, para la propia concepción de la dignidad humana.

En relación con este principio del libre albedrío se desató la polémica de Auxiliis entre jesuitas y dominicos sobre la gracia y la predestinación, que no se dilucidó definitivamente hasta que el Papa Pablo V en 1607 reconoció la libertad de jesuitas y dominicos para defender sus ideas, prohibiendo que ninguna de ellas fuese calificada de herejía.

Otros muchos asuntos fueron tratados por la escuela de Salamanca:

Rodrigo Basurto ratificaba la existencia de las antípodas.

Nebrija en la Cosmografía defendía la necesidad inaplazable de fijar un patrón de medida universal en Castilla.

Se habla de una escuela literaria de Salamanca…También de música, de arte…

No podemos adentrarnos en todos estos asuntos, como puede apreciarse, una de las características de la Escuela de Salamanca fue su fecundo pensamiento nacido en parte de un complicado entramado de las relaciones que existieron entre sus miembros; muchas veces se sucedieron en las cátedras de la universidad o polemizaron entre sí; en otras ocasiones se vieron implicados en terribles polémicas e incluso en ataques legales, bien procedentes del brazo secular, bien procedentes de la Inquisición; y en ocasiones se atacaron y se defendieron. El nombre de alguno de estos autores aparece en las aportaciones de los libros de otros estudiosos, o bien en los escritos panegíricos de los alumnos sobre sus maestros o eran referencia en autores extranjeros: Pascal, Descartes o Leibniz, Grocio, Althusius, Bodin, pufendorf, Schopenhauer, Heidegger, Hobbes, Locke… todos ellos bebieron de la Escuela de Salamanca. En ocasiones reconocen la influencia, en otras, no, aunque la hubo. Esto hace que el estudio de la Escuela sea muy complejo.

En conclusión, la escuela de Salamanca no tiene un carácter formal, sin embargo, la crítica ha querido ver en un grupo de pensadores españoles, la práctica totalidad de ellos hombres de Iglesia, determinados factores comunes.

Esa aportación es sin duda determinante para el desarrollo de la humanidad. Por primera vez el mundo se hizo global y la visión completa del globo se manifiesta en la interrelación de elementos que no habían sido tenidos en cuenta, con esa dimensión, nunca antes. De ahí que, el Derecho de gentes, el germen del Derecho internacional, saliera de Salamanca; de ahí que, la concepción del ser humano en toda su extensión configurando como principio general y universal la libertad del individuo, la libertad humana como base de toda consideración, se institucionalizara en Salamanca; de ahí que, los derechos humanos como fuente de Derecho y de vida se fraguaran en Salamanca; de ahí que, la democracia liberal beba en la aguas de la escuela de Salamanca y, con ello, la economía liberal, el libre mercado, el derecho al comercio y al crédito…y en su estampación de saber holístico, la teología, como base de cada uno de los motivos de reflexión porque siempre se partió de una reflexión moral, como raíz del derecho y de la ciencia, la técnica, las artes…

La Escuela de Salamanca es probablemente, con la posible excepción de la Escuela de Traductores de Toledo, la mayor aportación, hasta el momento, de España al pensamiento occidental y mundial.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.
  • Ana María Carabias Torres. “La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.
  • “Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.
  • Brufau Prats. “La Escuela de Salamanca ante el descubrimiento del Nuevo Mundo”. Ed San Esteban. 1989.
  • Belda Plans. “La Escuela de Salamanca”. En Cuadernos Salmantinos de Filosofía (30)
  • M. A. Pena González. “El concepto de la escuela de Salamanca, Siglos XVI-XX”. Universidad Pontificia de Sal.

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[1]Son títulos legítimos de conquista de nuevos territorios:  Los hombres no nacen esclavos sino libres. Por derecho natural nadie es superior a los otros. El niño no existe por razón de otros, sino por razón de sí mismo. Es mejor renunciar al propio derecho que violentar el ajeno. Es lícito al hombre, la propiedad privada, pero nadie es propietario que no deba, a veces, compartir sus cosas… y en extrema necesidad, todas las cosas son comunes. Los dementes perpetuos, que ni tienen, ni hay esperanza de que tengan uso de razón, pueden ser dueños… tienen derechos. Al condenado a muerte le es lícito huir, porque la libertad se equipara a la vida. Si el juez, no guardando el orden del derecho, obtuviese a fuerza de tormentos la confesión del reo, no podría condenarlo, porque obrando así no es juez. No se puede dar muerte a una persona que no ha sido juzgada y condenada, Toda nación tiene derecho a gobernarse a sí misma y puede aceptar el régimen político que quiera, aun cuando no sea el mejor. Todo el poder del rey viene de la nación, porque esta es libre desde el principio. El orbe entero, que en cierta manera constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a toda la humanidad. Ninguna guerra es justa, si consta que se sostiene con mayor mal que bien y utilidad de la nación, por más títulos y razones que haya para una guerra justa. Si al súbdito le consta la injusticia de la guerra, no puede ir a ella, ni aun por mandato del príncipe. No es el hombre lobo para el hombre, sino hombre.

[2]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[3]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[4]Ana María Carabias Torres Op.Cit

[5]“Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.

ESCUELA DE SALAMANCA- 1

Sobre la escuela de Salamanca hay mucho escrito, mucho por saber y, sobre todo, una bibliografía difícil de encontrar por cuanto está descatalogada en un buen número de obras, lo que es señal de la poca importancia que se da, fuera de determinados círculos intelectuales, a una de las páginas más gloriosas de la vida intelectual española que ha conformado el saber de un país en un momento dado y que, en parte, aún perdura.

La llamada Escuela de Salamanca nace y se desarrolla desde la teología para imprimir carácter a la economía, filosofía, derecho, literatura, arte, ética, sociología…La sociedad occidental, el Mundo en general, no sería lo que es sin la Escuela de Salamanca.

Haremos el estudio de la Escuela utilizando una especie de cuestionario que iremos respondiendo.

  • ¿Qué se entiende por “Escuela de Salamanca”?

La Escuela de Salamanca es un método de estudio que abarca muy diferentes campos del saber. Son sus apuntes, disputas, controversias buscando siempre un sistema y conclusiones científicas. Es un concepto que no responde a una institución física, concreta y formal, pero, eso no significa que sea un ente abstracto, por más que sean sus abstracciones e ideas lo que le permiten alcanzar su gran valor.

Hay quien ha identificado a la Escuela como la expresión de “pensamiento católico hispano” (Pena González). Sin oponernos al profesor Pena creo que la Escuela requiere de una consideración a la vez mayor y menor. Mayor, porque su expresión, método y sentido se ha extendido fuera de nuestras fronteras, especialmente por Portugal y América. Menor, porque sin circunscribirla sólo a la Universidad de Salamanca, tiene su máxima expresión en una metodología, autores y estudios que se dieron en esa Ciudad castellana en un momento concreto. De hecho, la máxima discusión de la historiografía no es sólo su actuación intelectual sino también su extensión temporal.

Ignacio Jericó Bermejo tilda de exageración la denominación de Pena González como “Pensamiento hispánico” al pensamiento salmantino de 1501 a 2001. Subraya la falta de argumentos científicos esgrimidos para esa denominación. Para Jericó, la escuela mantiene tal nombre hasta el final del S. XVI. Los estudiosos de la economía (Marjorie Grice-Hutchinson), últimamente muy en alza en relación con la aportación de la Escuela de Salamanca, proponen mantener el nombre de “Escuela de Salamanca” y no otro, a todo el movimiento, que ellos circunscriben a lo que se denomina el “siglo de oro de Salamanca” (finales del Siglo XV, S.XVI y una pequeña parte del XVII).

  • ¿Hay más de una “Escuela de Salamanca”?

Existen muchas discusiones al respecto. Hay quien habla de primera Escuela de Salamanca a la conformada durante el siglo XV y parte del XVI y centrada esencialmente en las aportaciones de los Dominicos y Órdenes de los Predicadores. Y una segunda Escuela en el resto del S. XVI y XVII dirigida por los Jesuitas.

Por otro lado, otra parte de la historiografía, señala la existencia de una única escuela, pues no encuentra razones para dividirla ni por épocas ni por posiciones de autoridad. Esta tendencia suele aparecer como mayoritaria.

El llamado siglo de oro de la Escuela que se sitúa en el S.XV y primera mitad del S.XVI, con Vitoria, Soto y Melchor Cano, como precursores, y una segunda mitad del S.XVI con los jesuitas al frente y con el Padre Suarez como cabeza más visible, al que se unen los discípulos de los primeros. Además, en esta segunda mitad, la Escuela emprende su expansión por Coímbra, Alcalá y parte de América.

En los siglos XVII llegamos a la fragmentación del pensamiento y método, lo que permite a la mayor parte de la historiografía poner fin a la Escuela de Salamanca en su concepto más glorioso. Si bien Pena González extiende su estudio hasta el Siglo XX y señala como durante la Ilustración vemos un florecer momentáneo de la Escuela que se recupera con cierta entidad en el S.XX, especialmente, cuando la Asociación Francisco de Vitoria que se consolida como “Think Tank” de la vida político-económico-humanista española.

Son muchos los autores- Brufau entre ellos- los que encuentran en la Escuela una entidad única, por la íntima relación entre los distintos autores y sus discípulos; por las condiciones en las que nació y evolucionó su estudio, y por crear una metodología que, de una u otra forma, se mantuvo en el tiempo.

Otros autores como Jericó, especificando más, señalan que no cabe ninguna duda de que se trata de una escuela de estudio y análisis de la realidad que se desarrolla con todo vigor desde la llegada de Vitoria a Salamanca en 1526 hasta 1584 y, después, con intensidad algo mermada, hasta la muerte de Báñez (en 1604), momento en que pierde fuerza.

  • El entorno institucional de la Escuela de Salamanca

El despertar de la escuela en el Siglo XV tiene su razón de ser por el periodo de paz y tranquilidad relativa que dieron los acontecimientos de 1492: unidad de España, por la unión de las coronas de Aragón y Castilla y la toma de Granada, con la consiguiente derrota de los moriscos, la expulsión de los judíos y la conquista de América. Otra España renacía, más próspera e influyente en el mundo.

Además, la imprenta permitió la expansión de la cultura y el estudio, el cual también se vio facilitado por la aparición de la primera gramática castellana debida a Elio Antonio de Nebrija. Al mismo tiempo, es la época de florecimiento de las dos grandes universidades españolas: Salamanca y Alcalá, que se convertirán en referencia cultural obligada.

Unido a ello, en el siglo XVI, florecieron las órdenes religiosas por el impulso que el Cardenal Cisneros dio a las mismas.

El prestigio de Salamanca se permitió y se vio influido por la autorización papal para desarrollar estudios de teología de manera oficial, circunstancia importantísima y que con anterioridad poseía en exclusiva París. Salamanca fortaleció y se fortaleció de los estudios sobre las Sagradas Escrituras y otros textos de índole moral que sirvieron, de un lado, de apoyo al papado (especialmente significativa fue su influencia en Trento) y, de otro, dieron impulso al Imperio, más por el acercamiento de éste a Salamanca que de Salamanca al Imperio y, por ende, en favor de la contrarreforma. Su éxito se debe a la libertad de pensamiento en cuanto a su metodología y planes de estudio. Si ha trascendido la enseñanza de aquel grupo de teólogos, dentro y fuera de la universidad salmantina, fue porque desarrolló un programa original de investigación de forma independiente a los dictados del poder: la Corona Imperial, la Inquisición o la Curia Romana.

  • Metodología

En una breve exposición diremos que la Escuela fue la síntesis metodológica entre la escolástica y el humanismo. Señala una evolución del método teológico y presenta después el soporte institucional, a saber, las Facultades de Teología —particularmente la de la Universidad de Salamanca— y aquellos conventos dominicanos que albergaban un studium genérale.

Alguna importancia tuvo en este desarrollo el hecho de que los primeros colegios mayores, en los que se becaba a los mejores estudiantes para que pudieran estudiar, se dieran en Salamanca.

La escuela nace diferenciándose de los estudios clásicos parisinos de las tres vías: nominalista, escotista y tomista, para centrarse en un debate entre la escolástica y humanismo; en mostrar la síntesis entre tradición escolástica y cultura de la época que produce una auténtica renovación teológica.  Sería ingenuo pensar que las otras vías no influyeron en nada, parece que el nominalismo llegó a Salamanca con cierto retraso, en comparación con lo ocurrido en Alcalá. Por otro lado, el escotismo había cobrado cierta fuerza en momentos anteriores al esplendor salmantino, especialmente en el entorno franciscano.

De hecho, algunos autores como Melquiades Andrés señalan que:

“El humanismo teológico español no es sólo tomista o escotista o nominalista, sino una síntesis peculiar de los tres sistemas. Ni es sólo franciscano o dominico o jesuítico sino de los tres juntos a la vez. Ni de ellos sólo, sino que lo enriquece la visión de agustinos, mercedarios, carmelitas… sacerdotes seculares, juristas y seglares. Esto resulta de alto interés en la historia de España y de la evangelización y civilización de América. Los catedráticos no repetían simplemente, sino que “movían cuestiones”, es decir, elaboraban pareceres personales en relación con los problemas vivos de la sociedad y de la Iglesia”.[1]

La mayoría de los autores basan en esa mezcla y diversidad una apertura intelectual que hizo grande a la Escuela. Precisamente muchos achacan el declive de la misma a la vuelta a la rigidez tomista planteada por Bañez en los inicios del S XVII.

Pero esa aceptación diversa y apertura de método que ya se dio en Vitoria se fue agrandando hacia el S XVI donde confluyen flujos muy poderosos, y que permiten la expansión de la escuela de Salamanca a Portugal (Coímbra) de la Universidad al Colegio Romano de Salamanca a Lovaina o Bolonia, sin obviar, la influencia en América.

Se considera que sus iniciadores fueron Francisco de Vitoria, Francisco de Soto y Melchor Cano, pero su alcance no se basa sólo en la brillantez intelectual de estos personajes y de sus discípulos sino de toda una lenta consolidación nacida en el S XV y que concitan en las aulas salmantinas las personas y el contexto oportuno para que la renovación de la teología se pueda llevar a efecto.

Los teólogos salmantinos, y muy especialmente Vitoria, no solían publicar sus textos porque eran profesores que ofrecían en clase las últimas reflexiones sobre determinados temas; ideas que fácilmente podrían ser matizadas con nuevos comentarios al día siguiente o en la siguiente clase. Era una reflexión permanente partiendo de la teología para adentrarse en la realidad del mundo.

La verdad puede venir del avance en el método de estudio tradicional que representaba París y que se había extendido por el mundo. A Salamanca llegan todo tipo de ideas y métodos, pero los salmantinos acaban decantándose por un sistema realista más que nominalista, casi por necesidad imperiosa de atender las demandas de informes que se sometían a su criterio, como veremos más adelante. Se fundamentaban en la observación y la experimentación.

Hasta el Siglo XV una base humanista consiguió imponerse sobre todo en las universidades de artes y medicina. Como el estudio de las artes solía ser previo al de teología, el método impregnó también la teología. “Esquemáticamente pueden reducirse a tres niveles. En el primero los intelectuales se limitaron a la reunión de observaciones y descripciones de datos nuevos que desbordaban la capacidad interpretativa de las doctrinas tradicionales, aunque no llegara a formularse su crítica abierta, ni siquiera la necesidad de reformarlas. En el segundo se practicaron rectificaciones de detalle, que no significaron ruptura con las teorías o principios epistemológicos clásicos. En el tercer nivel se produjeron crisis parciales que condujeron a renovaciones de fondo, aunque reducidas a sectores determinados de la actividad científica. Tanto el humanismo científico como el escolasticismo tuvieron grandes logros en la época del Renacimiento. El humanismo perdió seguidores en la segunda mitad del siglo, de forma casi paralela a como los ganaron tanto el neoescolasticismo contrarreformista, como los criterios científicos de experiencia y razón frente al principio de autoridad de los clásicos y de la Biblia. Ello fue debido en parte al desarrollo de la cuantificación, que abocó al cuestionamiento del principio de autoridad como norma de verdad[2]”.

Como se puede apreciar el método abarca todos los campos del saber que permitió a la Universidad de Salamanca realizar una brillantísima contribución a la cultura universal. Si existe un amplio elenco de conocimiento en teología, derecho y economía no es menos cierto que se vislumbra su presencia en otros saberes concomitantes que afectan singularmente a la literatura, el desarrollo científico y médico. El Renacimiento fue una época de búsqueda del desarrollo total del conocimiento y aunque no lo consiguieran si lograron el discernimiento de nuevas materias separadas de la teología. La teología inundaba todo en aquella época, pero los padres Salmantinos fueron más allá.  Así el nacimiento de la ciencia del derecho, como algo independiente, se lo debemos a la Escuela de Salamanca y más en concreto a Francisco de Vitoria y a Domingo de Soto. Esa ampliación de los enfoques científicos progresó con rapidez en Salamanca.

A partir del establecimiento de un método, los discípulos de los grandes pensadores intentaron perpetuarlo y aplicarlo como característica básica de su estudio. De hecho, el mismo se puede sintetizar en tres pasos:

  1. La liberación del método de Escuela, en referencia única y vinculante a las órdenes religiosas respectivas y enfrentadas, que defendían el método utilizado por sus grandes maestros.
  2. La aplicación de los nuevos conocimientos especulativos y deductivos, que se habían obtenido desde la lógica a la ciencia teológica, recuperando así una teología especulativa.
  3. La presencia de un estudio positivo, especialmente de la Sagrada Escritura, que ocupará un lugar privilegiado en la lectura de acontecimientos históricos de primera índole.

  • La Escuela como institución oficial de consulta

La transformación del mundo que se generó en el Renacimiento, con la unificación de España, el desarrollo del Imperio y su presencia frente a la reforma o la conquista de América determinaron que tanto el Papa como el Emperador se dirigieran a los profesores de Salamanca buscando consejo.

No se trataba, en principio, de un consejo político o jurídico en cuanto a las situaciones existentes que para eso ya estaban los Consejos, sino que se planteaban cuestiones graves de orden moral cuya solución determinó el nacimiento de posiciones jurídicas, la creación del Derecho Internacional con Vitoria, la ciencia económica con Azpilcueta o de derecho natural y, lo que hoy llamaríamos constitucional, de la mano del concepto de Soberanía Nacional con Suarez como uno de los grandes representantes.

Esas consultas elevadas a Salamanca, por tener mayor conocimiento y especialización, determinaron la emisión de juicios, dictámenes e informes; fueron apremiados para que emitieran opiniones de tan hondas consecuencias que su intelecto estaba en permanente disposición al estudio e investigación, lo que creó en Salamanca un estado de opinión que generó pensamiento y acciones de dilatadas consecuencias. Los profesores salmantinos engendraron un bagaje cultural de acción conjunta en una socialización y especialización coordinada de saberes que dio lugar a una forma de pensar, investigar, percibir y valorar que produjo una cantidad de inventos e ideas novedosas de la más diversa índole que hicieron grande a la escuela de Salamanca.Como si se tratara de un proceso de porosidad, de ósmosis, el ambiente de elevación intelectual se extendió desde las universidades a la Corte y en ella se cultivaron otras facetas intelectuales y artísticas que muy probablemente sin Salamanca no se hubieran dado. No fue sólo un siglo de oro en Salamanca, fue el siglo de oro de la cultura española.

[1]M. Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.

[2]Ana María Carabias Torres. “ La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.

En el próximo hilo los temas estudiados y las respuestas dadas. Es decir, lo que realmente hizo muy grande a la Escuela de Salamanca.

Carlos I de 1517 a 1522 (y 7)

  1. VALORACIÓN FINAL

Que los puristas no se enfaden si digo que escribir esta valoración final sobre lo que fue y significó el imperio de Carlos I me ha recordado el título de una película de Almodóvar. Podríamos decir que la obra de Carlos I se fraguó entre dolor y gloria o entre el éxito y la frustración.

El destino hizo de Carlos el más poderoso señor del mundo ya en 1517. Pero aquel Imperio heredado y posteriormente ampliado requería una argamasa, ser aglutinado alrededor de un único gobierno, de manera que la diversidad del mismo se tornara en homogeneidad. No podemos decir que lo lograra del todo, pero al menos, tuvo la inteligencia de buscar armonía en torno a la corona.

En esa búsqueda de una identidad única, el imperio pasó por diversas etapas:

Una primera fase de inspiración borgoñona, pretendió el imperio universal. Fue una etapa idealista y con un sentido de reforma humanista. La realidad de los hechos impone un segundo periodo (1529 a 1544) de nuevo resurge la idea de un imperio Sacro Romano- Germánico. Un último tramo (hasta 1556), consecuente con todo lo anterior, se llena de problemas en Alemania y busca la hegemonía territorial y militar de Europa, unidad más por la espada que por la Fe.

En la primera de esas etapas, la que ha correspondido a estos hilos, Carlos respondía a la idea de príncipe borgoñón, como señala Maravall. En atención a la educación recibida de sus abuelos paternos su imagen de gobierno era completamente feudal. Sus aspiraciones se fundamentaban más en los ideales caballerescos medievales, en la figura de su antepasado Carlos “el temerario”, que en una visión más cercana a su tiempo. Sin embargo, esta idea fue desapareciendo poco a poco por imposición de la realidad renacentista en que le tocó vivir. Esa realidad se impuso de manera abrupta tras el levantamiento luterano y la guerra contra Francia. Su neo concepto de Sacro Imperio Romano Germánico no pudo ejecutarse ni por la unión de la cristiandad -paz cristina, su verdadero ideal de imperio, el ecuménico- ni por la creación de una unión política europea -los príncipes alemanes no se lo permitieron-. Fue precisamente este enfrentamiento con los hechos el que hizo evolucionar a Carlos I, creándole una gran tensión interior entre la practicidad y los esquemas ético- políticos arcaizantes recibidos desde su infancia. Por eso, su gloria imperial se torna en dolor y fracaso frente a su ideal. Pero esa lucha entre gloria y fracaso que se da en el cómputo global de su reinado, en los primeros años, yo diría que hasta 1518, está más cerca de la estupefacción que del esplendor.

Su asesor cuando llega a España, Chièvres, un francófilo recalcitrante, que está detrás de la humillante posición española frente a Francia en 1516, casi logra malgastar la herencia política de sus dos abuelos. Nunca los borgoñones hubieran pagado un tributo a Francia como si España fuera un súbdito más del Rey de Francia. Nunca Fernando el católico, hubiera aceptado las cláusulas del tratado de Noyon que daban al traste con su obra en Nápoles y Navarra. Nunca antes tuvimos un Rey de España que no hablara español y cuya Corte se expresara bajo la lengua y costumbres francesas y flamencas; esas maneras extranjerizantes que levantaron a los pueblos de España.

Pero Carlos evoluciona, por la influencia de Gattinara, y por las aportaciones de los humanistas españoles y flamencos. Su idea de imperio avanza hacia posiciones más acordes con el Renacimiento, aunque nunca en su totalidad. Los hechos le llevan, en 1522, a volver a España. Vuelve un rey más hispanizado, pero nunca del todo español. Su reino se ubica en Castilla y con ello intenta castellanizar España, pero a costa de sangrar las posibilidades económicas, de avance técnico y político de Castilla. Se centra en castilla porque la liberalidad de sus estatutos le permitiría acaparar poder sin los límites que las Cortes de otras zonas de la corona española le imponían, lo que le acercaba a su idea absolutista-medieval. Además, por Castilla llegaban los tesoros americanos que fortalecían las finanzas imperiales. Nadie apoyó más las guerras europeas, o contra el turco; nadie le acompañó más en su ideal ecuménico que Castilla y los castellanos. Castilla fue su base para la expansión universal, pero no como nación sino como fundamento de su dinastía, que es lo que da homogeneidad a su imperio en cualquiera de sus fases.  En este sentido imperial, Carlos es heredero de la idea imperial nacida en las comunidades astures frente al empuje islámico. Castilla es la prolongación de lo que fue Oviedo. Cuando Alfonso II fija en Oviedo su acción imperialista, marca el inicio de un proceso que llega a su consumación en 1492, con la conquista de Granada, a su superación, por la conquista de América y por la vuelta al Mundo de Elcano. Pero Castilla acabó siendo su territorio más preciado, el que dejó en manos de su mujer, Isabel de Portugal, durante sus ausencias. Castilla e Isabel son la base de su hispanización, son el fundamento de su vuelta a la unidad peninsular con la idea de anexión de Portugal, que siempre fue española a los ojos castellanos y que su hijo reunificó. Carlos representa la consolidación de aquel imperio nacido de la resistencia frente a los mahometanos y consigue rebasar la acción nacional para que la Historia pueda otorgar a España el valor histórico que sólo han alcanzado otras escogidas sociedades: Grecia, Roma, Gran Bretaña, Francia, Rusia o Estados Unidos.

Aunque no legó su Imperio en su máxima extensión, dejó las bases de lo que luego alcanzó su hijo. En un primer momento pensó en que un imperio cristiano debía legarlo, en su totalidad, a su hijo Felipe, la Historia (el retraso del Concilio, la alianza francesa con los protestantes, una Alemania que jamás fue de Carlos sino de los príncipes alemanes…) hizo que Carlos renunciara a sus ideales – de nuevo el dolor-. Así, desde 1548 habrá realmente dos imperios que se plasman en aquel testamento: uno alemán que queda en manos de su hermano Fernando y otro español, que engloba los territorios hispanos de un lado y otro del Atlántico, los flamencos y los italianos, que será para su hijo Felipe.

En la gloria tras el dolor de no alcanzar lo deseado, hay que destacar la existencia de una corriente de pensamiento humanista cristiana y erasmistas que coincide en su visión europeísta e internacionalista, con el hombre como elemento central, ya más renacentista que medieval, y a la que nos referiremos en hilos siguiente tanto al hablar del europeísmo como de la “Escuela de Salamanca”.

El dolor y la enfermedad trasladaron al Emperador a Yuste dos años antes de su fallecimiento. Su legado no fue el que él quiso lograr, sin embargo, alcanzó las más altas cotas de poder de su tiempo y una de las mayores de todos los tiempos. Puede que el Emperador lo viviera, en parte, como un fracaso, pero su legado es la muestra de un gran éxito.

Como consecuencia de la política de Carlos, especialmente por la derrota de sus ideas universalistas, se impuso en su hijo, Felipe II, como señala Vicens Vives, un cambio rotundo en la actitud internacional, en su política y métodos. Era preciso retomar la unidad católica y defenderla frente a las acometidas protestantes y turcas; a este supremo objetivo estaban encaminadas todas sus acciones en una lucha sin la tolerancia de su padre, en los ataques contra cualquier foco protestante o turco y en una concepción de conservar centralizadas y bajo férreo poder las posesiones heredadas. Logrando, no sin brotes de resistencia de una virulencia inusitada, el Imperio más importante de nuestra Historia y uno de los más destacados de la Historia Universal. Pero esa ya es otra historia.

BIBLIOGRAFÍA:

Aguado Bleye. “ Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963.

Elliot. “La España Imperial: 1469-1716)” Ed, Vicens-Vives. 2006.

Vicens Vives:” Historia social y económica de España y América”. Ed. Vicens-Vives. 1988.

Ramón Carande. “ Carlos V y sus banqueros”Ed. Crítica 1987.

Ubieto, Reglá, Jover y Seco. “Introducción a la Historia de España. Ed. Teide 1970.

José Antonio Maravall. “ Carlos V y el Pensameinto político del renacimiento”. Ed. B.O.E 1960.

Rogelio Perez- Bustamante. Historia del Derecho Español. ED Dykinson 1994.

Pedro Insua. “1492. España contra sus fantasmas”. Ed Ariel. 2018.

 

 

Carlos I de 1517 a 1522 (6)

 

  1. LA CONQUISTA DE MÉJICO.

La conquista del imperio azteca fue un proceso histórico ocurrido entre los años 1517 y 1521. Se inicia con la llegada de los españoles a la península del Yucatán y se culmina con la caída de Tenochtitlan a manos de Hernán Cortés. Veamos el proceso.

Hasta Diego Velázquez de Cuéllar, primer Gobernador de cuba, como hemos señalado, llegan noticias de la prosperidad de las tierras vecinas. Era el año 1517, cuando envía a Francisco Hernández de Córdoba a una expedición que surca la costa de Yucatán y establece contacto con los Mayas. Quedaron impresionados por lo desarrollado de aquella civilización. A raíz de estos conocimientos y por el oro que parecía tener el lugar, Velázquez de Cuéllar organiza una segunda expedición (1518) al mando de Juan de Grijalva que surcando el Golfo de México llegó al río Tuxpán donde se produjo el primer contacto con Moctezuma II. Animado por aquellos resultados, Velázquez organizó una nueva expedición comandada por Hernán Cortés. Salió de Cuba en febrero de 1519. Los primeros contactos con los indígenas ya no fueron tan pacíficos.

El primer enfrentamiento serio contra los mayas da lugar a la Batalla de Centla (14 de marzo de 1519). Además de la estrategia envolvente de Cortés, lo que dio la victoria a los españoles fue el temor de los indígenas a las armas de fuego y, sobre todo, a la caballería. Los indios no habían conocido caballos y se vieron sorprendidos por aquellos seres extraños, mitad hombres, mitad animales. Ahora bien, Cortés llegó a Méjico con 518 soldados, 50 ballesteros y escopeteros, 11 jinetes, 32 caballos, 10 cañones y 4 falconetes. Con aquel exiguo bagaje nunca hubiera podido conquistar Nueva España si no hubiera sido por la ayuda que le proporcionaron los propios indígenas.

Consecuencia de la batalla fue la construcción de la primera ciudad española en América: Santa María de la Victoria y posteriormente la Villa Rica de la Vera Cruz (Veracruz), allí recibió Cortés por primera vez a los emisarios de Moctezuma II que hicieron numerosos regalos a los españoles de oro, plata y piedras preciosas.

Moctezuma era la cabeza suprema del imperio azteca. Éstos, originarios de la región que hoy conocemos como “Nuevo Méjico”, a la altura del siglo XV, presentaban una estructura “estatal” en la que cada nueva región conquistada, cada ciudad, mantenía su territorio y autonomía; realmente era una estructura tribal cuya organización política y social era el clan. Al expansionarse, los clanes se subdividieron hasta formar 20 agrupaciones menores llamadas calpullís, cada uno regido por un consejo, presidido por el calpullec. El gobierno correspondía al consejo tribal. En los momentos de guerra o peligro un solo jefe tomaba el mando (tlacatecutli- Jefe de hombre-), algo equivalente a lo que en Europa era el Rey, ese era Moctezuma II, el tlacatecutli, en el momento de la llegada de los españoles.

Cortés quiso conocer a tan poderoso señor, pero las evasivas del indígena lo impidieron hasta agotar la paciencia del español.

La estrategia empleada contra Moctezuma vino determinada por la ayuda que las tribus vecinas solicitaron a Cortés. Se trataba de enemigos de Moctezuma a los que éste tenía sometidos. Los primeros en acudir a los españoles fueron los totonacas y otras tribus mayas, esclavizadas por los aztecas.  Los mayas eran obligados a pagar importantes cantidades de tributos a los aztecas, los cuales, además, abusaban de las mujeres y sacrificaban o esclavizaban a los jóvenes. El apoyo local de los pueblos indígenas supuso la aportación de numerosos guerreros a las órdenes de los españoles como contrapartida a que los nuestros les dieran protección.

Hernán Cortés tenía un doble objetivo conquistar el territorio azteca e independizarse del poder de Cuéllar. En este último sentido, realizó tres movimientos:

  • Fundó Veracruz en territorios que no estaban bajo la jurisdicción de Cuba- al menos hasta que no se sometieran a su autoridad o a la de algún otro Gobernador-, Hernán Cortés la situó bajo la custodia directa del Rey.
  • Envió una nave con emisarios hacia España para informar y justificar sus acciones ante el  Rey Carlos I.
  • Embarrancó las naves que les quedaban para evitar la huida de los descontentos que querían volver a Cuba.

En su avance hacia la conquista del territorio Azteca, siguió haciendo alianzas con los pueblos indígenas. La más importante la que llevó a cabo con toltecas y tlaxcaltecas. Fruto de la misma es la victoria en la ciudad de Cholula.

 Moctezuma, había previsto la ayuda de la ciudad para entretener a Cortés en su camino hacia Tenochtitlan y, así, engañarlo, asediarlo y someterlo. La reacción hispano- tlaxcalteca no se hizo esperar. La ciudad fue derrotada no sin un gran derramamiento de sangre entre sus habitantes, sobre todo a manos tribales puesto que los tlaxcaltecas eran grandes enemigos de los cholultecas.

La traición de la ciudad fue conocida por los españoles gracias a una india llamada Malinche a la que los españoles conocían como doña Marina. Fue amante de Cortés, madre de su hijo, al que llamó Martín, consejera e interprete.

El siguiente paso era conquistar Tenochtitlan (hoy Ciudad de Méjico), capital del imperio azteca. El 18 de noviembre (en el calendario gregoriano) de 1519, Hernán Cortés era recibido por el noble azteca Cacamatzin, como antesala al encuentro con Moctezuma. Éste, tras recibirles con regalos y palabras amables, los invitó a alojarse en el palacio de Axayaca. Se trataba de otro ardid en el que cayeron los españoles. La situación se volvió muy tensa cuando los hispanos pretendieron construir una capilla en el palacio, pero, muy especialmente, al constatar la fragilidad de sus posiciones frente a los mexicas[1], motivo por el cual convencieron a Cortés para que arrestara a Moctezuma a modo de escudo defensivo y así poder salir de aquel palacio sin ser atacados. Tras encontrar excusa en las actividades aztecas- imposición de tributos- entre las tribus indias aliadas de los españoles, la detención de Moctezuma fue un hecho.

Estando, así las cosas, Cuba envía Pánfilo de Narváez a detener a Cortés. Hernán Cortés deja Tenochtitlan en manos de Pedro de Alvarado para adelantarse a las pretensiones de Narváez. Con parte de sus tropas apoyadas por guerreros tlaxcaltecas, se acercó a Cempoala, cuartel general de los enviados desde Cuba. Allí apresaron a Narváez. La expedición cubana se unió a Cortés, con hombres, caballos, armas y pertrechos. De vuelta, se paró en Veracruz. Apenas tuvo tiempo de aprovisionarse, cuando le llegaron noticias inquietantes de Tenochtitlan. Los españoles bajo las órdenes de Alvarado habían sido atacados por los mexicas y se encontraban refugiados en el Templo Mayor de la ciudad. La historiografía entiende que el ataque se debió a la reacción de los nativos por la matanza y abusos perpetrados por los españoles bajo el mando de Alvarado, pero, especialmente, al dar por segura la derrota y detención de Cortés a manos de Narváez.

Cortés volvió aceleradamente a la futura Ciudad de Méjico, allí no encontró más solución para liberar a los españoles que obligar a Moctezuma a que ordenara a sus conciudadanos a deponer los ataques. Lo subió a la azotea del palacio para que desde allí se dirigiera a sus súbditos. La respuesta de estos fue el lanzamiento de piedras contra el tlacatecutli, cuyas heridas le ocasionaron la muerte varios días después. Los españoles tuvieron que salir de la ciudad sin protección alguna, siendo muertos o apresados (y posteriormente entregados en sacrificio a los dioses aztecas) en un número muy elevado (algunos historiadores hablan de que más de la mitad del ejército español cayó en esta refriega). Aquel acontecimiento se conoce como la Noche Triste. Un nombre bien apropiado para lo que vivieron los españoles aquella noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520.

Los que lograron huir pidieron ayuda a sus aliados tlaxcaltecas, pero en el camino se encontraron con el inmenso ejército mexica (los historiadores suelen cifrar en 40.000 el número de guerreros aztecas) dirigido por Cihuacóatl. El enfrentamiento se dio el día 7 de julio de 1520 (algunos historiadores lo datan en el 8 de julio) en la llanura de Otumba. La batalla fue feroz, los aztecas tenían por costumbre rodear individualmente a sus enemigos para capturarlos vivos y ofrecerlos en sacrificio a sus dioses en unas ceremonias llenas de crueldad (los sacrificios mexicas drogaban a sus víctimas, les sacaban el corazón estando aún vivos, los desmembraban con vida y otras acciones demasiado bárbaras para una mentalidad civilizada); los españoles conocedores de la táctica pelaron sin descanso hasta morir si era preciso, por cuanto el campo de batalla era mejor tumba que los altares mexicas.

La formación española se componía en torno a los arcabuceros- los pocos que no habían perdido sus armas en la huida de la Noche triste- con ellos unos 20 jinetes y unos 4.000 guerreros indígenas aliados de los españoles. Tras soportar varias envestidas mexicas que parecían no tener fin y que, pensaban, iban a acabar con todos los españoles, Pedro de Alvarado divisó en un montículo a Cihuacóatl. Cortés y él, en un acto de heroísmo decidieron encabezar una sorprendente maniobra: mientras engañaban a la infantería indígena con un falso movimiento de los arcabuceros, la caballería llegó donde estaba Cihuacóatl al que Cortés o Alvarado (no se sabe a ciencia cierta quién fue de los dos) consiguió matar de un mazazo en el cráneo. En ese instante Juan de Salamanca, cogió el estandarte mexica y lo ondeó demostrando que la victoria había caído en manos hispanas. En la costumbre mexica cuando el enemigo cogía en estandarte, se consideraban derrotados. Los aztecas huyeron despavoridos, dejando detrás de ellos una de las batallas más recordadas en la historia militar por el ingenio y la valentía de los contendientes vencedores, los españoles.

En esta, como en todas las batallas y hechos de la Conquista que le tocó vivir, Hernán Cortés se manifestó como uno de los mayores estrategas, más valiente, intrépido e inteligente que la mayoría. Con muy pocas tropas, a base de alianzas con los indígenas, negociaciones, movimientos preventivos de gran agudeza y visión perspicaz de las circunstancias, logró un gran territorio para España. Y si logró todo aquello fue por mostrarse como lo que era; al decir de Hugh Thomas: uno de los hombres más cultos y mayores humanistas de la época. En contra de la leyenda negra en torno a Cortés, sobre todo, por muchos hispanistas, cabe afirmar que fue uno de los conquistadores más humanitarios de la época. La crueldad mexica se manifestaba en el trato que daban a sus vecinos sometidos tanto en vida como en el momento de sus castigos y sacrificios; frente a aquellas masacres, Cortés redactó sus tres cartas de Relación que rebosaban humanidad. Sin aquellos otros indígenas agradecidos por el buen trato dado por los españoles frente a la opresión azteca, nunca se hubiera conseguido la conquista de Méjico. Cortés fue un gran diplomático con enorme empatía, no en vano, él llega a Méjico sin conocer el lugar ni a sus gentes. Realizó trabajos extraordinarios basándose en criterios universales, trató a los campesinos indígenas como hubiera tratado a los campesinos castellanos y a los guerreros como a los guerreros de cualquier lugar y condición. Los trató con respeto, igualdad y dignidad. Se fio de los enemigos de los aztecas y no le defraudaron, desconfió de los amigos de los aztecas y acertó.

Tras Otumba, Cortés tardó más de un año en volver a conquistar Tenochtitlan y con ella todo el territorio azteca quedó en manos de Hernán Cortés. El cual escribió a Carlos I para que llamara al territorio conquistado “Nueva España” que fue la base de lo que más tarde alcanzó a ser el Virreinato de “Nueva España”. Al contrario que la conquista de británicos y franceses en América del norte, sin grandes asentamientos, los españoles intentaron mantener las zonas de población indígena sedentaria, lo que en la América interior les dio grandes resultados. Sin embargo, no hubo un procedimiento único de conquista, sino que hubo de enfrentarse a las condiciones que planteaban los propios indígenas muy especialmente en algunas zonas periféricas, significativos en este sentido fueron el sometimiento de los chichimecas de México o los araucanos de Chile, puesto que supieron adoptar las mismas armas y métodos de guerra que los propios españoles.

La conquista militar se conjugó con la evangelización de los indios, y con la masiva emigración desde España, cosa que no ocurrió en otras colonizaciones europeas del momento, para hacer posible el dominio de la tierra y satisfacer las exigencias de mano de obra.

La conquista se desarrolló desde dos polos iniciales:

  • Desde Cuba hacia México. De allí hacía el norte (Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Norteamérica) y sur (Guatemala y El Salvador)- (Virreinato de Nueva España).
  • Desde Panamá. Llegan, por un lado, al norte, a Nicaragua, para desplazarse, hacia el sur, por la ruta del Pacífico para conquistar el Perú. La futura Nueva Granada (Ecuador, Colombia y Venezuela – al que se une Panamá-) y se continúa camino de Chile para conectarse con los colonizadores del Río de la Plata (futuro Virreinato de la Plata).

Hablamos de la conquista militar y colonial, que no hubiera podido desarrollarse sin un entramado administrativo que se refleja en los Virreinatos que acabarán formando parte integrada en la organización institucional española, en la imperial Corona española, pero que en 1522 aún no estaba plenamente desarrollada.

[1]El término mexica se utiliza para referirse a los aztecas. Mexica era el término utilizado por los indígenas mientras que azteca era el término utilizado por la historiografía y que deriva del mito de Aztlán que según varias fuentes historiográficas está en el origen de los mexicas. Los cuales fueron expulsados del lugar y migraron hacia el sur. Se entiende por una parte de la historiografía que Aztlán era una isla, a la cual muchos la identifican con la isla Mackinac en medio del lago Michigan- Huron. En todo caso, los términos mexica y azteca se usan como sinónimos.

Carlos I de 1517-1522(5)

5. LA CONQUISTA DE AMÉRICA

Según las capitulaciones de Santa Fe, el régimen de explotación de las tierras que se habían de descubrir era un verdadero monopolio, cuyos titulares eran Colón (su posición en América se zanjó en 1536[1]) y la Corona de Castilla, por ser la auténtica financiadora de la empresa colombina. De hecho, este era un acuerdo entre los reinos de Castilla y de Aragón. Al primero le correspondía la expansión oceánica, mientras Aragón se reservaba el área mediterránea. Así, Isabel la Católica en su testamento (1504) declaró que “las islas y tierra firme del mar océano, descubiertas y por descubrir, ganadas o por ganar, quedasen incorporadas a sus reinos de castilla y de León”.  Isabel legaba a Fernando el Católico, con carácter voluntario, la mitad de las rentas que aquellas tierras produjesen. Fernando las dio en testamento a Juana y se incorporaron formalmente a Castilla con Carlos V cuando adquiere el título efectivo de Rey de Castilla, tras el juramento como monarca.

Esta vinculación exclusiva a Castilla impidió que los vasallos de Aragón se beneficiaran de la conquista americana y pocas veces participaran en ella. Este supuesto privilegio castellano tampoco le fue del todo favorable pues tan gigantesca empresa exigió una constante sangría de hombres, sin la correspondiente compensación para el reino castellano. Desde Castilla, le era más fácil al Rey aprovecharse de las riquezas venidas de América que desde cualquier otro reino peninsular, ya que las Cortes castellanas no oponían resistencia a la voluntad del monarca (de lo que tuvo mucha culpa el resultado de las contiendas comuneras) cosa que si hacían las Cortes aragonesas o las de otras regiones.

Consecuencia de la actividad castellana en la conquista de América; tras sufragar Castilla el viaje de Colón, un portugués- Fernando de Magallanes- se naturaliza Castellano para poder acometer algo que había iniciado Colón, que había continuado Américo Vespucio y otros varios como Juan de la cosa, Yañez Pinzón… y todos, sin éxito: la idea de llegar a las islas de las especias (islas Molucas)- de gran valor económico y generadoras de grandes riquezas- a través de occidente.  Todos habían buscado un paso hacía el otro lado del mar, el mar del Sur, conocido como Pacífico tras las expediciones de Nuñez de Balboa (descubridor del Pacífico en 1513).

Magallanes y Elcano lo consiguieron. Aquel previo y aparente fracaso de otros grandes navegantes españoles fue el origen del gran éxito imperial, que vino marcado por la colonización, evangelización y civilización de un continente: América.

El auténtico imperio español en el nuevo continente nace y se compone en torno al Mar Caribe. La base de partida de los españoles se situó en la isla La Española, cuya conquista se completó con la expedición de Nicolás de Ovando (en 1502), con una flota de 30 buques en la que lleva como misión repoblar aquellas tierras recién conquistadas.  Tras él llegaron Nuñez de Balboa que colonizó Panamá en 1508: Ponce de León, Puerto Rico, o Juan Esquivel que llegó a Jamaica en 1509. En 1511, Diego Velázquez de Cuéllar conquistó y, posteriormente, gobernó Cuba y gracias a él el gran Hernan Cortés llegó, conquistó y civilizó Mejico. Su heroica hazaña la veremos en la próxima entrada. Su conquita coincide por completo con el periodo de estudio seleccionado. Desde Méjico la conquita siguió hacia el norte y hacia el sur hasta lo que sería con el tiempo el Virreinato de la Plata.

Volviendo a aquellos orígenes, a su desembarco, Ovando tuvo que enfrentar los problemas creados por los propios españoles llegados con Colón, sumidos en la anarquía. Enderezó la situación político-organizativa, explotó las minas de La Española y repartió las tierras a los encomenderos que lograron prosperidad a costa de la población india, que no tenía costumbre ni de ser esclavos ni de trabajar como imponían los españoles. Pero la conquista dio un cambio radical gracias a la protección de los Reyes Católicos hacia los indios. En este sentido, existe una gran controversia histórica sobre la influencia de dos figuras: Fray Alonso de Montesinos y un encomendero que pronto dejaría la tierra y se ordenaría sacerdote con el nombre de Fray Bartolomé de las Casas[2]. Con la idea de considerar al indio como un igual ante Dios, nacieron, en 1512, las Leyes de Burgos  y en 1513 las Ordenanzas de Valladolid. En ellas, el Rey Fernando disponía, entre otras cosas, que los indios eran libres y que debían ser evangelizados, que podían trabajar siempre que este trabajo no fuera obstáculo ni para su evangelización ni para su salud, que debían gozar de descanso diario; los indios debían tener casas, haciendas propias y oportunidad de cultivarlas. Asimismo, se prohibió a las mujeres trabajar en las minas y, si estaban embarazadas, en ningún trabajo, lo mismo que los menores de 14 años. La conciencia evangelizadora de la conquista dio como fruto la aprobación de diversas leyes que, de manera paulatina, generaron las condiciones más humanitarias de la conquista española; promovieron el mestizaje y lograron, sin duda, una relación de igualdad entre colonizadores y colonizados que no se ha dado en ninguna otra conquista, de ningún país, en ningún tiempo. En este aspecto conviene hacer una referencia al Padre Vitoria, a su obra “De Indis” y a la influencia que su pensamiento humanista tuvo en el tratamiento de la dignidad de los hombres y los derechos de los indígenas en América. Afirmó que los indios no son seres inferiores, sino que tienen los mismos derechos que cualquier ser humano, siendo dueños de sus tierras y bienes. No nos extenderemos más en las aportaciones del padre Vitoria porque sobre el derecho de gentes y la escuela de Salamanca realizaremos otro hilo separado del actual.

Todas estas normas y acciones culminaron en las Leyes Nuevas de 1542-43 en las que además de asuntos de organización institucional, en un numero importante se referían a la condición de los indios. Las leyes de Indias pasarían a la Recopilación del Derecho Indiano en 1680.

Nadie podrá acusar a España, salvo faltando a la verdad, de ausencia de buenas intenciones. Se cometieron errores (¡en qué obra humana no se cometen!), pero no tantos como se quiere hacer ver, escasos en comparación con las conquistas realizadas por otras naciones y muchos menos si en vez de analizar las cosas con ojos actuales, se hace con los de entonces. El anacronismo nunca ha sido una fuente histórica. Si vemos la situación en el momento, en los siglos XV y XVI, la causa española, alcanza aún mayores cotas de grandeza.

Grandeza política y militar, que no económica.

América fue una gran fuente de riqueza y de comercio, pero mal gestionada por utilizarla con mentalidad política y no económica; por el uso inmediato y no pensando en el futuro; por la idea imperial feudal y no hispana y renacentista.

La llegada de riquezas se hizo esencialmente por el puerto fluvial de Sevilla, no en vano el comercio con América quedó monopolizado por la casa de Contratación de Sevilla. Sin embargo, aquella llegada de riquezas no valió para mejorar las estructuras económicas de España, sino para saldar las deudas del emperador con los banqueros alemanes e italianos, como ya hemos visto.

En los años en los que nos centramos (1519-1522), aún no era palpable el problema económico que se venía encima por falta de previsión, de inversión nacional, de mejora de la tecnología, tal fue así que la falta de modernización de las estructuras económicas y manufactureras determinaron que España tuviera que importar productos elaborados desde otras zonas para cubrir su abastecimiento y el de América.

Por si fuera poco, se unió que, si bien la forma de organización del nuevo mundo fue ingeniosa y eficaz en un primer momento, con gobernadores y luego con virreyes (tenían atribuidas las funciones de los gobernadores, capitanías generales y Audiencias) que ejercía el poder en nombre del Rey, con autonomía y lealtad, con funcionarios adecuados y fieles servidores públicos; con el tiempo, la venta de cargos, la falta de control de los productos, el enriquecimiento injusto, la piratería y el contrabando, mermaron el comercio español y el control de sus colonias.

Enderezar aquella situación, desde finales del siglo XVI hubiera requerido un proceso de cambio que no se acometió.

[1]El incumplimiento de los acuerdos con Colón dieron lugar a los “ Pleitos Colombinos”, cuyo estudio más completo lo realizó Gustavo Villapalos en 1976

[2]La figura de Fray Bartolomé de las Casas es muy controvertida. Jesús Á. Rojo Pinilla en su libro “Grandes Traidores a España”. Ed El gran capitán, incluye a Fray Bartolomé entre los grandes traidores a España por haber sentado las bases de la leyenda negra.  Creo que para la traición hace falta intención, dolo, y el padre de las Casas no está claro que lo tuviera. Coincido con Rojo en que era un fanático. Rojo lo define como “Charlatán paranoico”. Sobre su figura volveremos algún día. En todo caso,  es evidente  lo que diferencia al Imperio español de otros muchos: su sentido humanista. La leyenda negra, no lo neguemos, nació tanto más que por las obras de Las Casas, por la tergiversación interesada de las palabras de Las Casas por parte de muchos enemigos de España. Indudablemente, si sus obras se hubieran ceñido a la verdad y no a la fantasía de su espíritu paranoico, no hubiera dado lugar a la tergiversación.

Carlos I de 1517 a 1522 (4)

4.  POLÍTICA EXTERIOR. EUROPA

Carlos I intentó superponer a cualquier otra consideración un concepto de cristiandad como realidad política. Un principio que podemos calificar de erasmista o ecuménico y, aunque no logró acabar con los protestantes, sí marcó una época e influyó en la reacción de sus herederos.  Vicens Vives señala la relevante importancia de Carlos I hasta el punto de que su personalidad y su política son representativas de lo que fue Europa durante la primera mitad del siglo XVI, especialmente, a partir de 1525.

La política exterior española en Europa ( América lo veremos en otra entrada) en este periodo se ve determinada por el inicio de la crisis protestante y el enfrentamiento con Francia por Italia y el papado. Posteriormente, serán igualmente relevantes las luchas contra los turcos de Solimán “el Magnífico”, si bien, no hay que olvidar que, las escaramuzas y guerras con los otomanos se venían dando desde el inicio del reinado (en 1516 se produce la derrota de la flota enviada por el Cardenal Cisneros, para intentar recuperar la plaza de Argel. Las tropas otomanas estaban bajo las órdenes de Barbarroja). Todos estos problemas le perseguirán hasta su retiro en Yuste.

Dado el periodo de estudio elegido, nos referiremos muy brevemente al inicio de los dos primeros conflictos: luteranismo y la guerra contra Francia. Si bien haremos referencia a dos conquistas otomanas que se producen en este momento histórico y que tendrán su importancia posteriormente: la conquista de Belgrado (1521) y la toma de Rodas (1522).

LUTERO.

En 1517, Lutero colgaba sus 95 tesis en la Iglesia de Wütemberg. En 1520, Carlos, influido por la idea de un imperio ecuménico, llega a Aquisgrán para ser coronado Rey de los Romanos, es decir, Príncipe de la Cristiandad. Sin embargo, en 1520, el cisma luterano ya era una realidad y su idea imperial quedaba resquebrajada. El luteranismo había afectado sobremanera a Alemania y Carlos ni como Rey Romano ni como Emperador de Alemania podía aceptar aquella ruptura ni tampoco mostrarse radicalmente agresivo contra ella si no quería provocar la oposición de los príncipes alemanes a su nombramiento. De ahí que, en 1521, buscando una política conciliadora, convocó la Dieta de Worms. Allí, se aceptó la idea de un Concilio como medio de solucionar en cisma. Pero el Concilio de Trento no se convocó hasta 1543 y no inició sus sesiones hasta 1545, demasiado tarde para solventar el problema.

En esta primera fase del reinado de Carlos V se suceden otros cónclaves en busca de acuerdos con los luteranos. A Worms le sucedieron las Dietas de Nüremberg (1524) y Espira- 1526- (donde nace la denominación “protestante” para referirse a los luteranos). Pero nada se consiguió; el éxito luterano ya estaba cimentado. Sus basamentos fraguaron de la unión de las “Tesis” con el aumento del protagonismo político de los príncipes alemanes. Se fusionaron religión y revolución social; esta última, en el pueblo alemán, se manifestaba como mesiánica y, en los príncipes alemanes, bajo el manto del poder.

A aquellas siguieron otras reuniones: primero con la Dieta de Augsburgo (1530) y posteriormente en el Concilio de Trento, como hechos destacados, que no únicos.

Estas soluciones fracasarían por la posición radical de algunos sectores luteranos apoyados por los grandes príncipes alemanes temerosos de perder sus privilegios bajo la monarquía absolutista que representaba Carlos. De hecho, en 1531 los príncipes luteranos se unieron en la liga Esmalcalda para defender sus intereses con una caja común y un ejército propio. En el fondo de nada le valió al emperador derrotarlos en Mühlbergh, las alianzas entre los alemanes, franceses, ingleses… acabaron por derrotar al Emperador y a su idea ecuménica; rota por protestantes, calvinistas, por la ruptura de Enrique VIII con el catolicismo y, sobre todo, por la fuerza creciente de las posiciones nacionales. En el fondo, el enfrentamiento no fue más que la pugna entre una corte medieval en sus ideales (ecuménicos) contra las primeras afirmaciones de las personalidades nacionales (Renacimiento).

Pero fue precisamente este enfrentamiento y la derrota de sus pretensiones, los que hicieron evolucionar la idea imperial de Carlos I hacia un concepto de sacro imperio romano- germánico. En ese intento tropezó con Francia y con el papado.

GUERRA CONTRA FRANCIA

Carlos V consideró que la derrota luterana y la unificación de sus territorios en el imperio romano-germánico requería de la posesión del Milanesado y a esa conquista se lanzó.

En el camino hacia Italia se encuentra con Francisco I, desde 1514 Rey de Francia al suceder a su primo Luis XII, que murió sin descendencia.

Carlos y Francisco ya se habían enfrentado al oponerse el Rey francés al nombramiento de Carlos como Emperador.

Francisco veía su reino rodeado de los territorios imperiales de Carlos: España por el sur y, por el este, el Sacro Imperio Romano-Germánico. Esto impedía una política exterior fundamentada en el expansionismo; empeñado, como estaba, en recuperar la Borgoña y Navarra para Francia y continuar su crecimiento por la península itálica.

Según la historiografía más común podemos considerar que los enfrentamientos con Francia tuvieron las siguientes fases:

Primera (1521-1529)

Segunda (1536-1538)

Tercera (1542-1544)

Cuarta (1552-1559) – desde 1556 con Felipe II en el trono-.

Por afectar a nuestro periodo de estudio, nos centraremos, exclusivamente, en la primera.

Milán estuvo en posesión de Francia tras la expulsión de Ludovico Sforza y se recuperó para el papado en 1511, para volver a poder francés tras la batalla de Marignano en 1516.

La guerra contra España se inició en 1521 cuando, Francisco, aprovechando la revuelta de los comuneros, intentó invadir España, especialmente Navarra y parte de las vascongadas (mantuvo Fuenterrabía hasta 1524), pero la suerte final en las armas fue favorable al Emperador. Carlos V había logrado el apoyo de monarca inglés, Enrique VIII, y del Papa (tanto León X como de su sucesor, Adriano de Utrech – que había sido preceptor del Emperador-). Con tales apoyos se hizo con el Milanesado en 1522 y colocó, de nuevo, a los Sforza en el ducado.

La reacción de Francisco I fue un intento de recuperación del Milanesado nada más perderlo.  En su primer ataque, abril de 1522, acaba derrotado en la batalla de Bicoca, a la que siguió el fracaso en Pavía- donde Francisco I fue hecho prisionero y tuvo que aceptar el tratado de Madrid (1526) en virtud del cual, a cambio de su libertad, cede el Milanesado y Borgoña a Carlos V; renuncia a su soberanía sobre Flandes y Artois, y devuelve sus dignidades al condestable de Borbón. Queda libre, pero, como garantía del Tratado, en España se quedaron los dos hijos mayores del Rey: el delfín y el duque de Orleans.

La Paz y la palabra de Francisco tuvieron poca consistencia, a lo que contribuyó que el Papa Clemente VII, sucesor de Adriano, no viera con buenos ojos el poder imperial. El Papa logró un acuerdo con Francia, Inglaterra, Venecia y Florencia formando la liga de Cognac o Clementina. Aquella amenaza al poder de Carlos acabó con las tropas imperiales marchando sobre Italia, el Papa atemorizado se avino a un armisticio. Sin embargo, las tropas hispano- alemanas que formaban el grueso del ejercito de Carlos V, comandadas por el Duque de Borbón, no se contuvieron en su avidez de botín. El Papa se tuvo que refugiar en el Castillo de Sant Angelo y Roma fue saqueada (1527). El saco de roma que tanto escritos, estudios y obras de arte ha sugerido (los estudios de André Chastel o Umberto Roberto; los dibujos de Antonio Tempesta; los grabados de Martín Heenskerch o los de Cornelis Boel…)

Francisco, lejos de conformarse, contrataca con la ayuda del genovés Andrea Doria y sitia Nápoles, pero las discrepancias por el botín hacen que Doria traicione a Francisco y se cambie de bando. El tratado de Cambray o de las damas (1529) finalizó esta lucha. Fue mucho menos duro que el de Madrid y logró cierta estabilidad en la zona; la que necesitaba Carlos para centrarse en los problemas con los protestantes y los turcos.

Sólo haré una mención a un hecho importante que se da en el ejército de Carlos I. Como todo en él y en el imperio fue una especie de puente entre la Edad Media y el renacimiento. Militarmente, no lo fue menos. De un lado hereda en nuevo concepto militar de tercios, combinación de infantería, piquera y arcabucera, desarrollada, sobre todo, por los ejércitos italianos de su abuelo Fernando y puesta a punto por el desarrollo de las armas de fuego portátiles. Sin embargo, es un rey justador, con mentalidad de batalla medieval donde el rey comandaba los ejércitos y lo hacía a caballo usando armadura. Empiezan a usarse unidades flexibles de infantería con unidades artilladas de campaña y sitio. El ejército pasa de ser una institución formada por “profesionales” o milicianos a un ejército de leva nacional.

 

Carlos I de 1517 a 1522 ( 3 y 2ª parte)

3 COMUNEROS Y GERMANÍAS

3.2 MOVIMIENTO AGERMANADO

La revolución castellana se movió paralela a otros movimientos de revuelta. El más singular fueron las llamadas germanías (hermandades gremiales) de Valencia y Mallorca (entre 1519 y 1523).

Las germanías fueron un movimiento social que enfrentaba a los sectores más populares de las ciudades con la nobleza y estratos más poderosos.

Siendo un movimiento muy importante no tuvo el carácter de sublevación o pseudo-sublevación de Castilla. No fue tanto una corriente contra la monarquía como una insurrección de corte social cuyas causas profundas fueron las disensiones producidas en la sociedad por el paso de un sistema feudal a uno más absolutista o, dicho de otro modo, por el paso de una autoridad dispersa en los burgos medievales a una sociedad más jerarquizada como la renacentista.

Aunque sus comienzos tienen mucho que ver con el juramento del rey, no se fundamentaron en una falta de reconocimiento de la autoridad real sino en considerar que el monarca había agraviado a las Cortes valencianas y baleares, porque el Rey, tras jurar en Barcelona, no se desplazó a Valencia a ser juramentado, sino que se desvió a Castilla. Ya hemos visto, como la intención real era embarcar en La Coruña hacia Alemania para hacerse cargo del imperio, sin embargo, el monarca se excusó diciendo que no entraba en Valencia porque estaba infectada por la peste, circunstancia cierta, pero no suficiente para justificar la ausencia real.

Valencia estaba quejosa y quería hacer saber al monarca sus cuitas. Cuatro son las razones de sus lamentos:

  • La corrupción municipal y de clases elevabas que determinó un problema de abastecimiento.
  • La peste y sus efectos.
  • El desamparo de la clase dirigente por la ausencia del Emperador.
  • La presencia de piratas en el mediterráneo de origen otomano, que, además, entraban en contacto con la abundante población mudéjar y creaba altercados e inseguridad en las ciudades.

De todos esos asuntos, lo que más preocupó al Emperador fue la piratería. Dio orden a la nobleza de armarse y atacar a los corsarios, pero obtuvo poco éxito. Por ello, optó por encargar a los gremios el reclutamiento, con dos criterios: en razón de los oficios y por el encuadramiento social en parroquias.

Así empezó el agermanamiento, la acción solidaria entre oficios y vecindad. Por tanto, fue Carlos quien dio el primer apoyo al movimiento agermanado. Es decir, por apoyo del Rey a las capas populares de la población, se vieron armadas por encima de la nobleza que era el estamento sobre el que recaía la responsabilidad de defender las ciudades. Por otro lado, las autoridades y nobleza salieron huyendo de la peste. La situación derivó en un vacío de poder que fue suplido por los gremios hermanados contra el enemigo común, armados y formando inmediatamente una autoridad colegiada. – La Junta de trece-. El movimiento fue liderado en un primer momento por Joan Llorenç, pero a su muerte en 1520, le sucede Vicente Peris, mucho más radical. Dando así un giro más violento a la revolución.

La Junta reordenó el abastecimiento de víveres y agua, reguló la ordenación municipal y organizó la economía, reduciendo la deuda. Pronto el movimiento se extendió por toda la región. Ellos eran la autoridad ni la nobleza ni el Virrey.

Tuvo que ser el propio monarca desde Bruselas el que pidiese que se respetara la autoridad del Virrey e iniciase una petición de desarme. Pero no fue obedecido. La consecuencia fue una lucha civil con la nobleza y el Virrey, a un lado, y el pueblo, al otro.

Tras varios enfrentamientos, el golpe decisivo a las germanías se produjo en Almenara, en agosto de 1521, donde las tropas populares fueron derrotadas. Posteriormente, cayeron en Orihuela y Valencia a manos de las tropas reales dirigidas por el duque de Segorbe. En Valencia se atrincheró el dirigente gremial Vicente Peris. En el otoño de 1521, el Virrey, Diego Hurtado de Mendoza, entró en Valencia, liberó la ciudad y mandó ejecutar a Peris en los primeros meses de 1522.

Por lo que respecta a las islas Baleares, el movimiento estalló en 1521, como consecuencia del encarcelamiento de siete menestrales. El levantamiento dura año y medio, supone la derrota, muerte o huida de la nobleza a cuyo frente estaba el Gobernador General que escapa a Ibiza. El resto de la nobleza, los que lograron sobrevivir a la gran matanza realizada por los sublevados en el Castillo de Bellver, se refugiaron en Alcudia, única ciudad que se mantuvo bajo el mando realista durante todo el levantamiento.

La forma de organización de los levantiscos baleares fue semejante a la valenciana con una Junta formada por trece miembros que se repartieron el poder de las islas, hasta que, en agosto de 1522, el Gobernador General, al mando de las tropas enviadas por Carlos en su socorro, logró reducir a los revolucionarios en Palma de Mallorca. La ciudad fue rendida en marzo de 1523. La mayoría de los sublevados fueron condenados a muerte salvo un pequeño grupo que logró huir a Cataluña.

Las germanías, en su aspecto positivo, demostraron que otra forma de gobernar era posible, con menos trabas burocráticas, menos deuda. En el aspecto negativo, fue un movimiento contra otras formas de trabajo y de pensamiento (por no utilizar el término actual de xenofobia, porque tal cosa no sería entendida en el siglo XVI), especialmente contra los mudéjares, artesanos que trabajaban de manera más barata que los miembros de los gremios. Fue un movimiento que pretendía preservar la forma comercial del medievo frente a las nuevas maneras renacentistas.

Carlos I de 1517 a 1522 (3. 1ª Parte)

3 COMUNEROS Y GERMANÍAS

3.1 COMUNEROS (1)

Existía un descontento general en España y más concretamente en Castilla que databa de los primeros tiempos del reinado de Carlos. Tras morir Fernando y heredar, Carlos no se presentó en España, sino que siguió en territorio flamenco y, por si fuera poco, alteró las costumbres castellanas al ser proclamado Rey en Santa Gúdula de Bruselas en 1516 aun cuando la reina Juana estaba viva y no había renunciado a la corona. Muchas personas en España entendieron que aquello era una usurpación de poder; hubo nobles que se levantaron en armas, hubo enfrentamientos dentro del estamento nobiliario, hubo grupos de la incipiente pequeña burguesía que trataron de sacar rédito de aquellos revuelos en los Consejos locales.

Dos razones crearon cierta alteración en Castilla: la falta de orden político-social y la crisis económica. Así, en el mismo 1516, el regimiento de Burgos, con el respaldo del Condestable de Castilla, realizó una llamada a las ciudades con voto en Cortes para que éstas se reuniesen en representación legal del Reino. La propuesta adquirió connotaciones revolucionarias. Su pretensión era alcanzar el orden donde la ausencia del Rey creaba caos, como se recoge en las actas de en las propias Cortes: [ había un total desconcierto] en “Consejos, Chancillerías y Corregimientos”. Esa ausencia de orden y política estaba creando ruina económica que alcanzaba a todo el reino.

Los nobles castellanos reunidos en Cortes pretendían enviar una embajada a Bruselas con el ruego al Rey de que viniera a España. Tanto el regente, Cisneros, como el Rey maniobraron para conseguir el fracaso de aquella convocatoria y lo consiguieron.

Al fin, Carlos arribó a España el 19 de septiembre de 1517. Pero lejos de arreglar las cosas, logró enervar aún más a los castellanos, debido a que:

  • No recibió a Cisneros, regente mientras duró la ausencia del Rey.
  • Su corte se rodeó de franceses y flamencos, de hecho, el Rey hablaba sólo en esas dos lenguas, ni una palabra de castellano.
  • Se comprobó que el rey no se iba a asentar en España, sino que corría raudo a Alemania para ser proclamado emperador.

Pero, al menos, su presencia logró dar legitimidad a su nombramiento al conseguir la renuncia de Juana y la proclamación de Carlos como Carlos I en unas Cortes españolas (castellanas).

Castilla no quería ser gobernada por extranjeros, la única solución era convocar de nuevo cortes en las que, al modo medieval, el rey y el reino se encontraran. Carlos lo aceptó, pero en vez de celebrar las cortes en Burgos, como era tradicional, lo hizo en ciudades de la periferia, sin representación propia: Santiago de Compostela y La Coruña.

Esta convocatoria sólo fue un subterfugio para, acto seguido, salir de España hacia Alemania en busca de su proclamación como emperador. No se habló de lo que quería Castilla y, consiguientemente, las tensiones aumentaron en el reino español.

Los castellanos querían las Cortes en Burgos como dictaba la tradición, por eso algunas ciudades se opusieron a mandar procuradores a Santiago y La Coruña. Los que enviaron representantes, lo hicieron con espíritu prerrevolucionario, el cual se manifestó en el orden del día de las sesiones en Cortes. Se incluyeron asuntos económicos sobre la venta de lana y, muy especialmente, la forma de administrar los tributos de alcabalas, acordando que asumieran las ciudades tal responsabilidad en detrimento del poder real.

En Toledo, la insurrección evitó enviar representantes a las Cortes, sin embargo, la intercesión del Rey logró que un grupo aceptase ir a las Cortes. Entre ese grupo estaba Juan Padilla. El pueblo insurrecto impidió tal embajada toledana y se declaró en completa insumisión. Un movimiento de desobediencia generalizada se extendió por toda Castilla.

En las ciudades muchos corregidores y gobernadores fueron desarmados y neutralizados en su autoridad; se negaron a entregar el dinero recaudado a la autoridad real; controlaron los circuitos de los procesos fiscales de manera que lo ya recaudado por los Gobernadores no pudieran entregarlo al Rey. En Segovia, los comuneros asesinaron al Procurador Rodrigo de Tordesillas, ante la reacción realista, se desplazaron a salvaguardar Segovia, cuyos comuneros capitaneaba Juan Bravo, tropas comuneras de Toledo a cuyo frente estaba Juan Padilla, tropas salmantinas a cuyo frente estaba Francisco Maldonado. Era Mayo de 1520.

Aquella sublevación no representaba un movimiento homogéneo y cada ciudad hacía la guerra por su cuenta: unas proponían modelos políticos alternativos, como el Concejo Municipal al que dotaban de soberanía; en otras, la nobleza se unió al pueblo; en algunas, la Iglesia participó directamente en el movimiento (por ejemplo, los monjes mendicantes de Valladolid o Salamanca).  En terceros lugares, la alta nobleza logró sujetar y controlar la situación de modo que supieron mantener posiciones intermedias entre comuneros y realistas de manera que esperaron, cubiertos por esa ambigüedad, ver el desarrollo de los acontecimientos e inclinarse, posteriormente, hacia el bando vencedor; tal fue el caso de Burgos, Zamora o Guadalajara. En otros sitios, como Murcia o Cartagena, el conflicto se expresó como lucha entre estamentos. En Andalucía, el enfrentamiento fue entre elementos dirigentes para comprobar quien se hacía con el poder.

En medio de este caos se producen dos hechos: de un lado, los realistas intentan sofocar la rebelión, no siempre con prudencia y, así, en una de sus más brutales acciones incendian Medina de Campo. De otro, Toledo tomó la iniciativa para dar al movimiento revolucionario coherencia, unidad y entidad política, creando a tal fin la Junta Magna a modo de gobierno.

Como reacción a la quema de Medina, la revuelta se extendió y la consecuencia inmediata fue la adhesión general a la Junta toledana. Los Junteros quedaron en reunirse en Ávila. Allí, la Junta magna se transformó en la Santa Junta y se constituyó en cuerpo político soberano. Para enraizar su legalidad, los representantes de los junteros visitaron a la reina Juana en Tordesillas el 29 de agosto de 1520, pero la incapacidad mental de ésta impidió que los atendiera en sus pretensiones de nombrarla Reina y expulsar al Rey extranjero, si bien es cierto que la Reina jamás dio muestras de querer realizar acto alguno contra su hijo.

Aquello supuso el principio del fin del movimiento comunero, estamos ante una sociedad estamental, otra solución era inimaginable. Del mismo modo que, aunque algunos autores creen encontrar en el levantamiento comunero un primer brote liberal, otros muchos, más pegados a la realidad del momento, consideran que el levantamiento comunero no era más que la reacción ante una monarquía extranjerizante. No querían una monarquía flamenca (como anécdota señalar que la expresión ponerse flamenco, como alguien altivo, exaltado, “gallito”, viene de entonces y muestra muy a las claras cual era la actitud de los recién llegados a la corte y de cómo eran percibidos por los españoles).

El ocaso militar provino de manera paulatina en función de los siguientes acontecimientos:

  • El disenso en el bando comunero. Así la ciudad de Burgos se mostró partidaria se acabar con la sublevación. Conocedor del hecho, el Rey dio orden al Condestable de Castilla de que aceptara las condiciones de Burgos. Esta circunstancia determinó el paso de Burgos a la causa realista y que Valladolid estuviera a punto de hacer lo mismo. Sin embargo, esta última resistió.
  • Durante octubre y noviembre de 1520, ambos bandos se dedicaron a recaudar fondos, reorganizar las tropas, y restablecer posiciones. En el bando comunero empezó a perder poder Toledo en favor de ciudades sitas más al norte. Con ello, cedió posiciones su líder, Juan Padilla, y empezaron a adquirir fuerza otros como, Pedro Girón y Antonio de Acuña, que son representativos de esa diversidad existente en el movimiento comunero. Así, el primero es un noble, uno de los pocos que quedaron a favor del bando comunero, y el segundo era el obispo de Zamora, cabecilla de una milicia formada sólo por sacerdotes.
  • Enfrentamiento en Tordesillas, que pasó a manos realistas. Consiguientemente, se reagruparon los comuneros en Valladolid. La derrota de Tordesillas tuvo la relevancia de hacer desaparecer toda apariencia de legitimidad o apoyo de la Reina Juana al movimiento comunero
  • El siguiente enfrentamiento importante fue en Torrelobatón, con victoria comunera. Logró reanimar de manera temporal al bando comunero frente a los realistas. Sin embargo, manifestó una de las razones de su ulterior fracaso: la división interna.
  • La dirección y los desmanes de la milicia juntera en las zonas rurales dividió a los comuneros en moderados y radicales. Entre los moderados: grupos de letrados, la nobleza, caballeros y parte del clero. El Cabildo de Toledo que estaba en los orígenes del movimiento quería abandonarlo. Además del extremismo, la Junta requería cada vez más fondos para su mantenimiento. Los impuestos se hacían imposibles y las disensiones, por ello, palmarias.
  • Por su parte en el bando realista, Carlos firmó el 17 de diciembre de 1520 el Edicto de Worms (no hay que confundir éste con el posterior Edicto de Worms de 25 de mayo de 1521, contra Lutero). En el que nos ocupa se condenaba a los comuneros a la pena capital.
  • Los realistas no tenían menos divisiones y por momentos se veían derrotados. En la primavera de 1521 todo era confusión. Las tropas realistas al mando del Condestable de Castilla, Iñigo Fernández de Velasco y Mendoza; del Almirante de Castilla y Duque de Medina de Rioseco, Fadrique Enríquez de Velasco, y del apoyo del Cardenal Adriano de Utrecht que ejercía de Gobernador de Castilla, lograron hacer frente a los comuneros en Villalar. Allí la caballería realista se impuso a las tropas de Padilla. Era el 23 de abril de 1521. El ejército comunero inició una desbandada general. Sus principales jefes fueron hechos prisioneros.
  • Los cabecillas, el día 24 de abril, fueron condenados a pena capital. Allí fallecieron Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado.

La revuelta tuvo tal trascendencia que Carlos volvió a España. Su intención era acabar con los problemas de las germanías (que las veremos posteriormente) y comuneros. Estos segundos eran su verdadero quebradero de cabeza, al fin y al cabo, las germanías habían sido un levantamiento social, de extremada gravedad sin duda, pero no habían hecho peligrar la autoridad y fundamento de la monarquía.

Los comuneros pusieron en solfa la autoridad real e intentaron forzar un cambio dinástico.

Además, la solución dada por la derrota de Villalar en la que la justicia impartida por el Condestable de Castilla tenía más de arbitrariedad que de neutralidad, había soliviantado los ánimos que aún quedaban en Castilla contra el Rey. El Condestable mató a los tres cabecillas mencionados y recordados por todos y, sin embargo, a otros con no menor culpa les perdonó la vida en razón de familiaridad y amistad.

Carlos necesitaba hacer justicia de verdad y parecer un Rey ecuánime y no un justiciero. Mostrar magnanimidad que diera una imagen de tolerancia que calmara los ánimos y le permitiera volver con cierta tranquilidad a dirigir el Imperio.

El Rey llega a España por Santander y Palencia, donde manda ejecutar a los cabecillas perdonados por razones de parentesco o amistad con la autoridad. Desde allí se traslada a Valladolid, ciudad que servía de refugio a los insurrectos, y, en vez de ajusticiar a más personas, dicta un perdón general. Así pretende pasar por rey justo, pero no cruel y de paso un rey pacificador del reino.

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(1) La palabra Comunidades procede de un escrito de protesta dirigido al Rey:
«Pedir al rey nuestro señor tenga por bien se hagan arcas de tesoro en las Comunidades en que se guarden las rentas estos reinos para defenderlos e acrecentarlos e desempeñarlos, que no es razón Su Cesárea Majestad gaste las rentas destos reinos en las de otros señoríos que tiene…» Archivo de Simancas-