Los Pactos de la Moncloa

Se habla mucho estos días de los pactos de la Moncloa, Pero ¿qué fueron los pactos de la Moncloa?

Los pactos de la Moncloa fueron una serie de acuerdos económicos y políticos firmados en octubre de 1977, que permitieron salvar la dificilísima situación económica que vivía España y asentaron las bases políticas para el consenso constitucional. Económicamente, la inflación y el paro no paraban de aumentar, la inicial falta de reacción y las rigideces heredadas del modelo franquista habían agravado la crisis que se vivía a nivel internacional tras la crisis del petróleo de 1973. Pero la importancia de aquellos pactos fue el consenso cuyo alcance se extendió más allá de la economía; sirvió de base a los acuerdos políticos y sociales que llevó la estabilidad a España y, sobre todo, propició la firma de la Constitución un año después.

¿Era diferente a la situación actual?

Completamente, como señala el profesor Tamames[1]en una entrevista radiofónica, España en 1977 no tenía unas estructuras asentadas y ahora sí las tiene. Entonces había inflación, ahora no. No formábamos parte de la UE ni podíamos disponer de fondos comunitarios. No teníamos un sistema fiscal moderno, ahora sí.

La situación política por el cambio de la dictadura a la democracia provocaba una gran inestabilidad, el Ejecutivo de Adolfo Suárez gobernaba sin mayoría parlamentaria desde las elecciones de junio del mismo año 1977, las huelgas acontecidas durante 1976, las manifestaciones pidiendo amnistía y autonomía, sin olvidar los altercados provocados por la extrema derecha, sobre todo, con las algaradas creadas por los guerrilleros de Cristo Rey y las amenazas de golpe de Estado,  que provocaban en toda la población, políticos incluidos, un miedo enorme al fracaso y a volver a una dictadura; aunque el mayor terror provenía de los grupos terroristas:  Terra Lliure en Cataluña, Grapo y, sobre todo, por los atentados de ETA que realizaba atentados todas las semanas, creando, además, gran indignación social.

Aquella España por el contrario, tenían una ventaja: entonces todos los partidos políticos querían colaborar, a pesar de las reticencias previas del propio Suarez o del PSOE con relación al PCE o de Alianza Popular que firmó el pacto económico pero no el político; incluso así, las ganas de colaborar entre partidos eran mucho mayores que las actuales. Los partidos nacionalistas no eran traidores a España. Suarez, como Presidente del Gobierno y Fuentes Quintana como Vicepresidente para Asuntos Económicos, llamaron, pactaron, cedieron y lograron negociar con todos los miembros de la oposición, no dejaban pasar los días sin llamar a la oposición para explicarle sus medidas, sino que siempre buscaron el consenso y lo lograron de todos los grupos parlamentarios (PSOE, PCE, Alianza Popular, nacionalistas catalanes y vascos). Hubo un momento de tensión y de colapso en el mes de agosto. En aquel momento Suarez habló con Felipe González para desbloquear la situación y el Rey Juan Carlos animó a todos los partidos a continuar…, y se lograron los el acuerdos que fueron firmados por Suárez, Felipe González (PSOE), Manuel Fraga ( AP)-sólo el acuerdo económico-, Leopoldo Calvo Sotelo (UCD), Miquel Roca (CIU)Santiago Carrillo (PCE), Enrique Tierno Galván (PSP), Joan Reventós (PSC), Josep Maria Triginer (Federación Catalana del PSOE) y Juan Ajuriaguerra (PNV).Asimismo, los acuerdos se extendieron a organizaciones empresariales y sindicatos y fueron ratificados por el Congreso.

Para lograr ese consenso, Fuentes Quintana sentó las bases con un documento previo  “Acuerdo sobre el Programa de Saneamiento y Reforma de la Economía” que acabó dando como fruto numerosas medidas de reforma estructural hacia una economía de mercado.

Los pactos tuvieron unos objetivos ambiciosos, siendo dos los fundamentales: reducir la inflación mejorando el deteriorado equilibrio exterior y articular un programa de reformas para repartir con equidad los costes de la crisis. Para lograr el primero, además de devaluar fuertemente la peseta, se diseñaron nuevas políticas de moderación monetaria y de gasto público, incluyendo la Seguridad Social, hasta entonces escasamente controlada. Igualmente, se logró el compromiso de diseñar un programa energético para racionalizar el consumo, al tiempo que se acometía la liberalización del sector financiero. Para avanzar en el segundo objetivo, los firmantes se comprometieron a apoyar una reforma fiscal y un nuevo marco de relaciones laborales que derivaron en una fuerte subida salarial, bajo la previsión de la inflación prevista y no la pasada, con el objetivo de que los salarios no aumenten más de un 22% como promedio en 1978 respecto a 1977, esto suponía un gran sacrificio para la clase trabajadora, pero la izquierda lo  aceptó porque, si bien eso suponía un año de falta de mejora de las condiciones de los sectores menos favorecidos, podría mejorar en años sucesivos, como así fue. Contra el paro se presentan una serie de normas que permiten la contratación temporal, sobre todo, de jóvenes que no habían accedido nunca a un puesto de trabajo.

Los efectos de los Pactos de la Moncloa son positivos en algunos sentidos y menos en otros: la inflación acaba el año en el 26,4% contra las previsiones del 80% y cerrará 1978 en el 16%, las reservas de divisas duplican hasta alcanzar os 10.000 millones de pesetas a finales de ese añoy las cuentas de las empresas empiezan a mejorar y emprenden el camino hacia los beneficios. Asimismo, lograron recuperar el equilibrio de la balanza por cuenta corriente. Las reformas a largo plazo tardan algo más en discutirse, especialmente algunas medidas fiscales y la liberación del mercado eléctrico.

Como contrapartida a esos ajustes, la oposición obligó al Ejecutivo a comprometerse a impulsar un segundo paquete de medidas sociales en el sistema educativo, la función de los sindicatos o las modificaciones de las restricciones en materia de libertad de prensa, eliminar las restricciones en las libertades de asociación, reunión y manifestación, se tomaron medidas para la igualdad de la mujer…

 Si ahora tenemos una Constitución, un sistema democrático y unas estructuras estatales que funciona se las debemos a aquel espíritu de la transición, aquel consenso, que se materializó, por primera vez, en los Pactos de la Moncloa.

BIBLIOGRAFÍA

Entrevista a Ramón Tamames.

https://www.cope.es/programas/la-tarde/audios/tarde-06-04-2020-1700-1800-horas-20200406_1067629

Raymond Carr y Juan Pablo Fusi- España de la dictadura a la democracia. Ed. Planeta 1979.

Raymond Carr España: 1808-2008: 3ª edición actualizada. ED. Ariel. Colección Ariel Historia.

 

[1]Ramón Tamames, además de catedrático de economía era militante del partido Comunista y uno de los asesores del PCE en aquellos pactos.

Crucifixión y muerte de Jesús

He estado pensando en acontecimientos históricos que tuvieran relación con la Semana Santa. Pensé hablar del “Alzamiento de Pascua” o de los “Acuerdos del Viernes Santo”. Algún día lo haré. Pero hay un acontecimiento histórico innegable para creyentes o no creyentes. La muerte por crucifixión de Jesús de Nazaret. Dada la cuaresma que llevamos este año; dado que, para los creyentes Jesús murió en la cruz y resucitó al tercer día para salvarnos a todos nosotros en un acto que es la mayor muestra de amor y de esperanza de la Historia de la humanidad, hoy lo que conviene recordar es esa esperanza de mejora y de superación de los malos momentos que nos toca vivir recodando el sacrificio de Jesús. Lo rememoro con la ayuda del Evangelio de San Juan.

 

Capítulo 19 

19:1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.

 19:2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura;

19:3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas.

19:4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él.

19:5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

19:6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él.

19:7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.

19:8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.

19:9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.

19:10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?

19:11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

19:12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone.

19:13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata.

19:14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey!

19:15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.
19:16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.

Crucifixión y muerte de Jesús 

(Mt. 27.32-50Mr. 15.21-37Lc. 23.26-49)

19:17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota;
19:18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19:19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.

19:20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.
19:21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.

19:22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

19:23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo.

 19:24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:

Repartieron entre sí mis vestidos,

 Y sobre mi ropa echaron suertes.

Y así lo hicieron los soldados.

19:25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

19:26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.

19:27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

19:28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese:Tengo sed

19:29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.

 19:30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es .Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

El costado de Jesús traspasado 

19:31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí.
19:32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.

19:33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas.
19:34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.

19:35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.

19:36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo.

19:37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

Jesús es sepultado

(Mt. 27.57-61; Mr. 15.42-47Lc. 23.50-56)

19:38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.

19:39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras

19:40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.

19:41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.

19:42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

 

Consecuencias de la peste negra en Europa.

El siglo XIV suele datar el final de la Edad Media y determinar el inicio de la Edad Moderna. Este transito no se debió a una sola causa ni se transformó de repente el mundo al llegar al siglo XIV. Realmente, la humanidad había iniciado una larga transición desde el siglo XI. Aquellos cambios se suscitan en los ámbitos sociales, económicos, por el asentamiento en las ciudades, por las asociaciones de oficios (gremios) que no dejan de ser una manifestación lejana del empresariado y la burguesía, a los que se unía una serie de trabajadores asalariados urbanos que constituyen la avanzadilla del urbanismo y el sistema de libre comercio contemporáneo. Se producen avances técnicos en los sistemas manufacturero, agrícola, en las obras civiles, en los sistemas comerciales. Mejoró y, sobre todo, amplió los medios educativos y se elevó el interés por la ciencia y la técnica.

El avance no fue lineal y tranquilo estuvo acompañado de las hambrunas propias del medievo, guerras, crisis sociales y financieras, crisis sanitarias… Todos esos desastres contribuyeron, en ocasiones a provocar retrocesos en los avances ya acontecidos y, muchas otras, a provocar impulsos y atajos hacia el progreso.

Uno de esos desastres que acabó dando lugar a cierta prosperidad fue la peste negra. El Siglo XIV no empezó bien y continuó peor. Se suele identificar como uno de los siglos más nefastos de la historia de la Humanidad.Entre 1315 y 1317, se produjo una mini-glaciación que arrasó los campos, creando una gran hambruna. En 1328, muere Carlos IV de Francia, poniendo así fin a la dinastía de los capetos con el consiguiente enfrentamiento entre sus sucesores, enfrentamiento principal entre Francia y Gran Bretaña que dio lugar a la guerra de los 100 años.  Coetáneas a ella, surgieron enfrentamientos en otras partes del mundo, entre ellos, la guerra de sucesión de Castilla entre Pedro I, el cruel, y Enrique de Trastámara.  Pero el hecho más dramático del siglo XIV probablemente fue la peste que se desató entre 1348 y 1355 denominada peste negra, que acabó con un tercio de la población europea.

Hoy sabemos que la bacteria causante de la peste se transmitía desde algunos animales, probablemente desde las ratas o algún tipo de pulga , al hombre. Pero las deficientes condiciones profilácticas, los escasos conocimientos de medicina del momento y el miedo aterrador que se apoderó de la población, abandonando a su suerte a los enfermos, ampliaron la desgracia. Se cree que fallecieron en torno a 48 millones de personas.

Entre los impactos de la peste se encuentran dos que sobresalen sobre los demás: la radical disminución de la población y un cambio de mentalidad, diríamos que psicológico, ante la enfermedad y la muerte.

El impacto demográfico, trajo enormes consecuencias, unas directas, y otras derivadas de ellas.

  • La población rural se había desplazado a las ciudades en busca de alimento, pero dado el número de fallecidos, se creó en las ciudades gran cantidad de demanda laboral, sobre todo de oficios, que impidió la vuelta al campo de aquellas masas de población. Consiguientemente, el campo quedó despoblado, mientras la vida en las ciudades se revitalizaba y con ella, las mayores fortunas también se instalaron en las ciudades. La aristocracia rural, veía cambiar sus condiciones de vida. Ya no podían vivir de las rentas, tenían que arrendar los campos a no muy buen precio, explotarlos por sí mismo, cosa impensable hasta el momento, pagando cada vez un salario más alto a los agricultores para poder competir con las condiciones que se daban en las ciudades. Además, los burgueses de las ciudades compraban tierras, a precios muy asequibles y las explotaban invirtiendo en tecnología, con objetivos de alta rentabilidad y nuevas técnicas de comercialización. Fueron los burgueses y la parte de la vieja nobleza que supo adaptarse a los tiempos, los que consiguieron una época alcista y prospera en los cultivos, lo que repercutió en el resto de las actividades.
  • El Renacimiento fue una época de la ciencia y el estudio, en parte debido a los acontecimientos vividos, con una avidez de conocimientos para superar las crisis. Esta época nos dejó inventos como el papel, la aplicación de la pólvora a las armas de fuego, los altos hornos, la imprenta o el sistema de biela-manivela, que tantos usos tendría, además de innumerables innovaciones en la navegación y la cartografía.
  • Pero los avances técnicos alcanzaron a todos los sectores y en muchos casos asociados a aquel elemento demográfico que señalábamos. Uno de los elementos de la época feudal que desaparece por la peste es la abundancia de mano de obra, así que el desarrollo mecanicista, vinculado al avance de la ciencia, determinó la proliferación de las máquinas en sustitución de los braceros que, ahora, ya no existían. Entre esos avances estaban los matemáticos que influyeron en muchos sectores, pero de manera destacada en la construcción.
  • Filippo Brunelleschi y otros arquitectos, gracias a los avances matemáticos y al uso de enormes ingenios con poleas que permitían construcciones más elevadas, lograron realizar grandes obras, cúpulas espectaculares, edificios maravillosos que hoy admiramos, pero su verdadera importancia estuvo en las mejoras de los saneamientos de las ciudades, en dotar de solidez a las casas particulares, aportando limpieza a las estancias y locales, coadyuvando así a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, y, por consiguiente, a la mejora de  su salud. Además, las máquinas redujeron el tiempo de construcción. Elemento, éste, el tiempo, que adquiere gran importancia, como veremos.
  • Aquella mejora de las casas contribuyó al desarrollo, todavía incipiente en el S.XIV, pero más desarrollado a partir del S. XV, de las artes decorativas, de los muebles, más confortables, de un desarrollo de la carpintería y la escultura de madera, de la realización de cofres, bancos decorados, camas, sillas y mesas más lujosas. De finos tapices, con telas más lustrosas a medida que se afianzaba el comercio. En este sentido, fue Italia, sobre todo a través de Venecia y el Milanesado por su comercio con oriente, la precursora de estas decoraciones y también en el engalanamiento de los nuevos burgueses con ricas sedas, lo que entronca con un deseo mucho más laico de vivir.
  • En las ciudades los negocios prosperan también por aplicación de nuevas técnicas organizativas y de racionalidad, entre las que destaca el uso del tiempo. La idea de la brevedad de la vida que entronca con la percepción psicológica de la muerte, llevó a apreciar el tiempo como algo excepcional, al que hasta aquel momento se había prestado poca atención. Ahora el tiempo se asocia a la brevedad de la vida. El reloj mecánico alcanzó un gran avance a lo largo de los siglos XIV y XV.
  • Las grandes epidemias del siglo XIV, principalmente la peste, pero también otras de malaria, cólera, tifus o lepra,contribuyeron al desarrollo de la prevención sanitaria. Las Juntas de Sanidad establecidas en Florencia y Venecia en 1348 para paliar los innumerables problemas que generaba la peste fueron un antecedente de las magistraturas permanentes que aparecerían en el siglo XV en Milán, Florencia y Venecia, y que son propias de la burocracia administrativa de la Edad Moderna. Además, en el paso del siglo XIV al XV disminuyó la reverencia que se profesaba hacia el cuerpo humano, que empezó a investigarse desde un punto de vista médico. La representación plástica renacentista del hombre como un ser bello y proporcionado despertó el interés por la anatomía, y, desde esta ciencia, la curiosidad se extendió también hacia la fisiología.
  • En el trayecto del hombre medieval al renacentista tuvo un peso determinante la experiencia de la muerte, siendo éste el segundo gran factor que cambio la vida en la Edad Moderna frente al Medievo, como señalábamos al principio.

Cambia el concepto de la muerte tanto desde el punto de vista religioso como en el artístico.

  • Religiosamente, la peste transformó el sentido de la vida y centró la trascendencia al momento de la muerte. Se descuidó todo propósito de una vida cristiana; el sentido de la existencia centrado en el tránsito al más allá, se manifestó en un temor ante la incertidumbre de la salvación que poco tenía que ver con el feliz encuentro con Dios, propósito de toda vida cristiana. En el temor ante el Juicio Final, afloraba el sentido de lo macabro, una reacción de repulsa ante la fealdad de la muerte y la visión del cuerpo putrefacto. Además, surge una visión de la muerte como una entidad neutral, que llegará por igual a ricos y a pobres; a buenos y a malvados de este mundo. No es una fuerza ética o moral, sino imparcial.
  • Desde el punto de vista artístico emerge una iconografía de la muerte como un ser que actúa por propia iniciativa y cuyo poder se antoja irresistible. “Una mujer en negro manto envuelta / con tal furor que yo no sé si nunca / en Flegra mostrarían los gigantes”, canta el poeta Petrarca enEl triunfo de la muerte, en el siglo XIV. Además, aquel concepto neutral de la muerte aboca a un antropocentrismo, una valoración del individuo, de la vida como algo propio y breve que acaba con la muerte y que alberga una melancolía por el abandono de los goces terrenales. La danza de la muerte de Michael Wolgemut representa este sentir en la pintura, recogiendo una trayectoria literaria que nace en Francia y se extiende por Europa.

Hay también un lamento por el deterioro físico y un anhelo de gloria, de querer perdurar en la vida terrenal, muy característico del Renacimiento, incluso entre los que conciben la vida como transito cristiano hacia el más allá, recordemos las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique, que se sitúan más en este segundo sector.

Asimismo y por el mismo motivo, las tumbas se engalanan para elevar los muertos hacia el perpetuo recuerdo e, incluso, en cierto modo, competitivo, por incrementar la presencia decorativa que sitúe a unos muertos por encima de otros a modo de poder y renombre, mucho más terrenal que espiritual. Por esta misma concepción, por primera vez, el retrato adquiere tintes de género pictórico. Los grandes hombres del Renacimiento querrán perpetuar su grandeza en un vano deseo de supervivencia humana, de inmortalidad corporal.

Un héroe y un villano

Hoy toca volver la vista a un hilo, fijo discontinuo, en este blog: Héroes y Villanos. La realidad española actual, da para héroes y villanos, al tiempo. Así que hoy traemos a uno de cada. Voy a empezar por el traidor, para seguir con el héroe .

UN VILLANO: JUAN MANUEL DE VILLENA Y DE LA VEGA.

Estamos en la época final del reinado de los Reyes Católicos. Juana I estaba casada con Felipe el Hermoso ( realmente el gran traidor de la Historia de España fue el príncipe Felipe que conspiró contra el Rey católico para hacerse con el trono de Castilla y no dudó, para ello, en unir sus fuerzas con las del Rey de Francia. Sólo le importaba alcanzar el poder sin mostrar un ápice de sensibilidad con los auténticos intereses de España). Pero esa traición no hubiera sido posible sin el concurso de Don Juan Manuel de Villena y de la Vega, Señor de Belmonte.

Don Juan Manuel, era descendiente directo del Rey Fernando III el Santo y pertenece a la estirpe de los Manueles, otro de sus antepasados fue el literato y prestigioso infante Don Juan Manuel, autor de “El Conde Lucanor”.

Juan Manuel fue nombrado embajador en la corte de Flandes por el Rey Fernando el católico. Su función era informar al monarca aragonés sobre la vida de hija Juana recién casada con Felipe de Habsburgo (Felipe, el hermoso) y, de paso, protegerla.

El Señor de Belmonte, hombre de gran ambición e inteligencia, consideró que su futuro sería más halagüeño si se aliaba con el traidor Felipe que si era leal con su señor Fernando, y, así, pasa de ser “informador” del Rey Fernando, a ganarse la confianza absoluta de Felipe, el hermoso, y preparar de manera hábil el ascenso al trono del esposo de Doña Juana. Pues es Juan Manuel de Villena el diseñador de la estrategia de Felipe para buscar el apoyo del Rey de Francia en contra de la regencia de Fernando y evitar la unidad de los dos reinos peninsulares ( Castilla y Aragón), pues todo se fragua a la muerte de la Reina Católica en 1504. Además, es el intrigante que establece excusas y razones para apartar a Juana de los asuntos de Estado. Todo ello, lógicamente, enfada sobre manera al Rey Fernando. D. Juan Manuel pasó a encabezar las posiciones favorables a los borgoñones que se enfrentaron abiertamente contra Fernando.

Otro de los espías de Fernando en la corte flamenca, Fuensalida, escribió al Rey católico para señalarle que los propósitos del Señor de Belmonte eran aprovechar su apoyo a Felipe para ennoblecerse y constituirse en privado o valido del futuro Rey. Al lado de Belmonte se pusieron otros personajes ambiciosos del momento y, sobre todo, una gran parte de la nobleza y el pueblo castellano, enfurecidos por la boda de Fernando con Germana de Foix, la sobrina del Rey de Francia, lo que se consideró una traición a la memoria de Isabel la Católica. Sólo el Duque de Alba que se mantuvo fiel a Fernando.

A principio de 1506, por la concordia de Villafáfila, Fernando se retira a Aragón y Felipe, era nombrado, Rey de Castilla, como Felipe I por ser consorte de Juana I de Castilla, a la cual, según lo planeado por Villena, consiguió apartar de los asuntos palaciegos por culpa de sus problemas de salud.

Sin embargo, la fatalidad favoreció la unidad de España. Felipe cayó enfermo tras jugar un partido de pelota y beber agua helada mientras estaba sudando. Falleció a los pocos días. Juana se convierte de iure y de facto Reina de Castilla, sin embargo, toda la Corte era consciente de la debilidad mental de Juana, por ello, el Cardenal Cisneros decide llamar a Fernando en calidad de regente.

Durante el breve periodo de tiempo que duró el reinado de Felipe, la aristocracia castellana, que tanto había apoyado al rey extranjero, observaba, con animadversión, la posición predominante que alcanzaban en la corte los amigos flamencos del primer rey Habsburgo; no concibiendo la presencia de Juan Manuel como garantía alguna para la continuidad del predominio social y político que habían tenido hasta la llegada del flamenco.

Tras la muerte de Felipe, la enemistad de Juan Manuel con el Rey Fernando y la clara suspicacia que sentían los nobles castellanos hacia el Señor de Belmonte provocó su huida a Flandes, donde fue encarcelado.

Consiguió la libertad con la llegada de Carlos I al poder. El segundo Habsburgo le mandó de embajador a Roma y posteriormente le dio un puesto en el Consejo de Estado. Pero nunca volvió a tener el peso político que tuvo con Felipe y mucho menos el que aspiraba a tener, cuando traicionó al Rey Fernando.

HÉROE: BERNARDO DE GÁLVEZ.

Miembro de una relevante familia malagueña, de Macharaviaya, cuyos miembros ejercieron, siempre con brillantez, diversos puestos en el ejercito y la Administración, Bernardo de Gálvez fue una figura clave en la Independencia de Estado Unidos.

Entre 1756 y 1763 discurrió la llamada guerra de los 7 años, que concluyó con el tratado de París de 1763. Cabe recordar que España entró en la guerra contra Gran Bretaña tras el tercer pacto de familia con Francia. La victoria británica se manifiesta en el tratado de paz por el que España cedió la Florida a Gran Bretaña a cambio de retirar las tropas británicas establecidas de La Habana y Manila. Como compensación por la guerra perdida por Francia, el reino francés cedió toda la Luisiana a España.

En sus acuerdos con los británicos, ante la relajación, más aparente que real, de la posición británica en Centroamérica, España devolvió la Colonia del Sacramento   y los territorios conquistados a Portugal.

Terminada la guerra, Bernardo fue destinado a la Luisiana, donde, en 1776, sustituyó de forma interina al gobernador del territorio. Allí vivió la declaración de independencia de las trece colonias, cuyos representantes se habían reunido en la Convención de Virginia. España colaboró desde el principio con los primeros colonos; en un primer momento, de forma discreta, ya que el Rey español Carlos III dudaba si era conveniente a nuestros intereses intervenir en la guerra. Las acciones primigenias consistieron en avituallar a los colonos: armas, munición, medicinas …, así como ayuda financiera y refugio a sus barcos.

España colaboró, al final, tanto o más que Francia, aunque nunca hayamos sabido contar bien esta parte de nuestra historia. Ésta es una de tantas en las que nuestra publicidad en vez de ayudarnos nos oculta. Pero eso es otra historia.

La realidad del momento fue que la Corona no quería que se supiera que ayudábamos a los revolucionarios norteamericanos por miedo a que se extendieran esas ideas a nuestras provincias americanas. Tampoco deseaba que los británicos se enterasen de que los españoles prestaban ayuda a los revolucionarios antes de la declaración de guerra, que no llegó hasta 1779. Francia no tenía nada que perder, pero España sí y se lo pensó más, quería estar segura de que teníamos posibilidades reales de ganar la guerra, como así ocurrió. Por eso, a esta primera parte de nuestro apoyo se le suele conocer como “la guerra secreta”.

Para introducir la ayuda se utilizó como centro operativo el puerto de Nueva Orleans, capital de la Luisiana, lo que a su vez permitía la navegación por la cuenca del rio Misisipi, controlada por los españoles. Además, Galvez dictó una serie de disposiciones para luchar contra el contrabando, que, en realidad, consistía en el establecimiento de diversos elementos de control realizados por tropas españolas para obstaculizar el avance británico.

En junio de 1779 se rompieron las hostilidades entre España y Gran Bretaña y la guerra dejó de ser secreta.

Gálvez con una gran habilidad política y diplomática, con enorme capacidad estratégica y con heroica valentía como soldado, negoció con Washington y Pollock la ayuda española y planteó la situación militar con dos tácticas esenciales: a) intensificó las acciones para neutralizar la amenaza británica y favorecer las operaciones del Ejército Continental y b) atacó las posiciones británicas, pese a encontrarse en muchas ocasiones en inferioridad numérica, tanto en hombres como en medios. Suplió esas dificultades convirtiendo el factor sorpresa en una ventaja militar.

A partir del verano, Galvez, organizó un ejercito variopinto y remontó la cuenca del Misisipi, ganando las plazas de Manchac; Baton Rouge; Panmure de Natchez y controlando así toda la cuenca baja del gran rio americano, ampliando la zona de control española, dando, además, un golpe a la economía británica al impedir el comercio que los ingleses realizaban por el rio.

Desde allí decidió marchar hacia la Florida. Doblegó el fuerte Charlotte y poco después entraba en Mobila. Con ello abría un nuevo frente a los británicos.

Gálvez se preparó entonces para un nuevo objetivo: Pensacola. En los primeros meses de 1781, inició la campaña. La plaza estaba defendida por cerca de dos mil soldados, a los que había que sumar los colonos leales a la Corona británica y más de medio millar de indios que le eran fieles. La entrada fue audaz, de hecho, desde entonces es conocido por su lema “ yo sólo”. El motivo era las reticencias del oficial al mando de la escuadra española, José Calvo de Irazábal, renuente a atravesar la entrada de la boca de la bahía. Tras una enardecida arenga a las tropas, “el que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galveztown para quitarle el miedo”, se precipitó hacia la bahía de Pensacola a bordo de su bergantín bajo el fuego de los cañones enemigos.

La toma de Pensacola fue un hito en su carrera militar, tras el que fue ascendido a Teniente General. Aquel verano se hizo con San Agustín- la ciudad más antigua del país, fundada por los españoles hace 450 años- y de ahí a la costa de la península de Florida. Con su valentía recuperó Pensacola para España y una buena parte de la península de la Florida .

España dominó vastísimos territorios de lo que hoy son los Estados Unidos durante más de tres siglos, hasta que en 1821 vendió el último territorio en poder español.

Conquistada la Florida, Bernardo de Gálvez siguió colaborando con los colonos durante los meses siguientes hasta el fin de la guerra, en 1783. Reunió una importante cantidad de dinero que hizo llegar a las tropas de George Washington, que en el otoño de 1781 se preparaban para librar la decisiva batalla de Yorktown, donde el ejército británico sufrió una derrota decisiva.

Oliver Pollock, agradecido por la ayuda, propuso al Congreso de Estados Unidos que se hiciera un retrato del Gobernador de la Luisiana y se colocase en las dependencias de la Cámara norteamericana. Aquel cuadro fue exhibido en una dependencia del Congreso de Estados Unidos, más tarde se perdió y se desconoce su paradero. Posteriormente, en 2014, se colgó otro retrato en el Congreso y el Senado Americano le distinguió, ese mismo año, con el título de ciudadano honorario.

La ciudad de Pensacola erigió por suscripción popular una estatua ecuestre de nuestro compatriota y cada 8 de mayo se celebra el día de Gálvez.

En cuanto al resto de la vida del héroe decir que el mismo año en que se firmó la Paz de Versalles, Gálvez regresó a España. Poco después fue nombrado Capitán General de Cuba y, en 1784, Virrey de Nueva España.  En noviembre de 1786, fallecía por causas naturales, cuando solo contaba 40 años de edad.

Curiosidades de la Historia

No está el momento actual como para contar asuntos muy sesudos, por ello he decidido iniciar un ciclo de hilos que igual no son consecutivos, ya veré, sobre curiosidades de la Historia.

Para empezar y por unirnos a la actualidad, veremos tres curiosidades que tienen algo que ver con la salud:

1.-¿Por qué se llamó española a la gripe de 1918?

No vamos a contar los detalles de aquella gripe que se desató en 1918, mató a 40 millones de personas en todo el mundo, siendo la pandemia más devastadora de la historia. Un siglo después aún no se sabe cuál fue el origen de esta epidemia, algunos investigadores afirman que empezó en Francia en 1916 o en China en 1917, muchos estudios sitúan los primeros casos en la base militar de Fort Riley (EE.UU.) fechando el primer caso conocido el 4 de marzo de 1918.

La gripe cohabitó con la I Guerra Mundial. Todos los países contendientes, censuraron las noticias de la gripe para no desanimar ni a la población ni a los soldados. Sólo los países neutrales daban información detallada de la pandemia. En España, las noticias sobre la gripe eran abundantes, aquel interés periodístico se debió a que, además de no tener noticias propias de la guerra, España fue uno de los países más afectados por el virus, con 8 millones de personas infectadas y 300.000 fallecidos, mayoritariamente hombres entre 20 y 40 años. Hay que tener presente que, los medios sanitarios eran deficientes, no había vacunas y las medidas profilácticas no funcionaron adecuadamente. Como curiosidad, contar que entonces se hizo popular una mascarilla de tela y gasa, que era completamente inútil.

Con ese panorama, la información sobre la gripe era la portada diaria de los noticiarios. En un primer momento los medios de España intentaron darle nombre: “El soldado de Nápoles” o “La enfermedad de moda”, fueron algunos. Pero fue el corresponsal del “The Times” en Madrid, quien empleó por primera vez el término ‘La Gripe Española’ , que haría fortuna y se extendería por el resto del mundo a partir del verano de 1918.

En el verano de 1920, el virus desapareció tal y como había llegado, pero el nombre quedó, como otra fase más de leyenda negra , con los británicos siempre dispuestos a difundirla.

2.-El secreto del maquillaje egipcio

Científicos franceses descubrieron en 2010 que el llamativo maquillaje de ojos egipcio tenía efectos terapéuticos.

Los egipcios desconocían esto, en toda su extensión, pero algo habían notado pues señalaban que esas líneas de ojos tan características tenían carácter mágico; eran los dioses Horus (dios de la guerra y de la caza) y Ra (dios del sol, creador de vida) los que protegían contra varias enfermedades a los humanos que utilizaban estos maquillajes.

Este poder sanador fue negado por los científicos posteriores al saber que contenían plomo; elemento químico considerado poco saludable para el ser humano. Sin embargo, los químicos Christian Amatore, Philippe Walter y sus colaboradores del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia después de analizar distintas muestras de maquillaje del antiguo Egipto custodiadas en el Museo del Louvre, descubrieron que los egipcios utilizaban cuatro sustancias diferentes, con plomo o sales derivadas del plomo, las cuales utilizadas en muy pequeña cantidad estimulaban el sistema inmunológico:

»Dosis muy bajas de plomo no matan a las células, en su lugar se produce una molécula de óxido nítrico que activa el sistema inmunológico que repele bacterias en caso de infección en los ojos»[1]

Los egipcios, preparaban estas mezclas con sumo cuidado y de manera deliberada ya que alguno de los elementos utilizados requiere ser sintetizado, no se producen de manera natural , tardando más de un mes en fabricarlo- según cálculo realizado por los científicos actuales-. Su confección demuestra que eran conocedores de sus efectos, aunque fuera de manera menos empírica que la que puedan tener los químicos en la actualidad y siempre invocando a los dioses por aquella consideración mágica que habían dado a la mezcla.

El maquillaje, en tonos negros o verdes en la línea de los ojos, y en los párpados era común a hombres y mujeres y se considera esencial para protegerse del sol y de ciertas enfermedades tropicales propias de la zona del Nilo.

Ahora bien, no es el único caso de empleo de elementos químicos, en principio, poco recomendables para uso cosmético, así, en el Imperio romano,  utilizaban maquillaje con base de plomo para blanquear la piel. De igual modo, la nobleza británica, en el siglo XVI, utilizaba este tipo de maquillaje para tal fin. La más famosa en usar una mezcla de polvo de plomo y vinagre fue Isabel I para cubrir las cicatrices de la viruela. Ahora bien, esta mezcla utilizada de continuo puede producir- y esto explica la propia situación de Isabel I-, despigmentación (decoloración de la piel), pérdida de cabello y podredumbre en los dientes.

Ya en el siglo XIX, algunas mujeres estadounidenses comían pastillas de arsénico- en muy pequeña cantidad-, para terminar con los granos en la piel.

Unas prácticas estas dos últimas, como vemos, mucho más peligrosas que las de los egipcios.

3.-El origen del God Save The Queen, el himno británico

Realmente, el himno inglés es de origen francés. Todo procede de Luis XIV, “ el Rey Sol”, de Francia (1638-1715).

El gran Rey francés sufría de hemorroides. Ante sus complicaciones de salud, los médicos de la corona le indicaron que la mejor solución era una operación, si bien, la misma no se había practicado con anterioridad. El médico, tras experimentar con algunos voluntarios, intervino al Rey con todo éxito. La curación del rey fue motivo gran alegría en Francia y uno de los mejores músicos de la época, Jean Baptiste Lully,  francés de origen italiano, decidió componer una cantata,  titulada “Dieu sauve le Roi”( que llegó a ser un himno de los monárquicos frente a la revolución francesa) .

Haendel, durante una de sus estancias en Francia, oyó la cantata (parece ser que fue en el museo de Versalles, donde el carrillón de un reloj tocaba aquella melodía), consiguió la partitura y se apropió la obra. A su regreso a Inglaterra, ofreció la composición al rey Jorge I como “God save The King”.

Según parece, era costumbre en el gran músico apropiarse de composiciones ajenas. Así, el severo y gran músico francés Bourgault Ducondray le califica de ser “el más grande ladrón musical que haya existido jamás”.

Tampoco los británicos se han caracterizado por respetar la propiedad ajena, que le pregunten a griegos o egipcios, así que el himno me parece bien elegido.

[1]Publicado en el número de Enero de 2010 en la revista Química Analítica, publicación quincenal de la Sociedad Química Estadounidense.

EL ASESINATO DE EDUARDO DATO

Todos los años, el día 8 de marzo se celebra en el mundo el día de la mujer trabajadora, cada año con más alborozo y reivindicación, pero ese mismo día, en España, deberíamos recordar un magnicidio cuyas causas siguen en la base de muchos de nuestros problemas y que cambió la Historia de España. Estoy hablando del asesinato de Eduardo Dato, presidente del Consejo de Ministros y tercer Presidente del Gobierno asesinado durante la Restauración, tras los ocurridos, pocos años antes, de Cánovas del Castillo y Canalejas. Dato fue asesinado en Madrid al paso de su coche por la Puerta de Alcalá.  Tenía sesenta y cuatro años. Eduardo Dato Iradier había nacido en La Coruña en 1856, se doctoró en Derecho y fue un eminente abogado antes de entrar en política. Era miembro del Partido Conservador, fue Alcalde de Madrid, Presidente de las Cortes, ejerció diversas Carteras, hasta que fue nombrado, en tres ocasiones, Presidente de Gobierno:

  • Del 27 de octubre de 1913 al 9 de diciembre de 1915
  • Del 11 de junio al 3 de noviembre de 1917
  • Del 5 de mayo de 1920 al 8 de marzo de 1921

De su primer mandato destaca que lograra la neutralidad española en la 1ª Guerra Mundial, lo que le granjeó la antipatía de los que pensaban hacer buenos negocios con la guerra, entre otros, parte del empresariado catalán, y que aprobara el proyecto de Canalejas de 1912 que recogía algunas de las solicitudes de las diputaciones provinciales catalanas formuladas por Prat de la Riba. Permitiendo la constitución de la Mancomunidad de Cataluña en 1914.

En el segundo, se enfrenta a las protestas por la crisis laboral y la carestía de la vida, trufadas por aquellos elementos revolucionarios que a imagen de la Revolución Rusa pretendían un gobierno revolucionario en España (se suele hablar de trienio bolchevique al estudiar este periodo de la historia de España). Para atajarlo legalizó las Juntas de Defensa y el 25 de junio decretó la suspensión de las garantías constitucionales en toda España, aunque el foco de mayor tensión se dio en Barcelona ciudad en la que se convocó la Asamblea de Parlamentarios promovida por Cambó y donde la huelga revolucionaria del PSOE, apoyado por la UGT y la CNT, crea gran tensión. La llamada al ejército para sofocar la sublevación le aparta del Gobierno, al que vuelve en 1920. 

En este último periodo de Gobierno elabora la primera legislación laboral de cierta importancia en España, creó el Ministerio de Trabajo y el Instituto Nacional de Previsión. Aprobó leyes de protección a niños y mujeres. Fue el fundador de la Escuela de Criminología de Madrid. Católico ferviente, gran seguidor de la Doctrina social de la Iglesia, siempre quiso mejorar las condiciones de vida de los desprotegidos. Estaba muy lejos de ser un duro represor como algunos de sus enemigos quisieron reflejar.

Su mayor preocupación fue el anarquismo que campaba a sus anchas en Cataluña, especialmente en Barcelona. Su intención era poner orden frente a un pistolerismo que recordaba más a Chicago que a España, lo quele obligó a tomar soluciones drásticas, tratando de impedir un golpe de estado, que finalmente ocurrió. El Conde de Salvatierra, Gobernador Civil de Barcelona fue asesinado y la violencia se extendió por toda la ciudad. Los industriales y algunos políticos catalanes, especialmente, Francisco Cambó, líder de la derecha catalana, le exigieron mano dura. Ante la presión de éstos y con la finalidad de pacificar la situación, nombró como gobernador de Barcelona al General Martínez Anido. Los anarquistas no le perdonaron este nombramiento ni la aplicación de la Ley de Fugas a partir del 20 de enero de 1921.

Los asesinos de Dato eran tres anarquistas catalanes. Es cierto que la historiografía no acaba de ponerse de acuerdo en si eran anarquistas por convicción o unos asesinos a sueldo pagados desde Barcelona. En todo caso, como anarquistas fueron tratados en todo el proceso y así se manifestaron ellos mismos por militancia o tal vez por ser conscientes de que tal afirmación les podía favorecer. Se llamaban, Matéu, Nicoláu y Casanellas.

Los asesinos habían llegado a Madrid casi dos meses antes del día elegido para el magnicidio (llegaron el 11 de enero). Siguieron a Dato y observaron que solía volver a casa en coche, sin escolta y con el mismo recorrido: desde el Senado o el Congreso, subía por la calle de Alcalá, pasaba por la plaza de la Independencia dónde frenaba para rodear la plaza camino de la calle Lagasca, en la que vivía el presidente del Gobierno (no hay que olvidar que en 1921 en España se conducía por la izquierda, como en Gran Bretaña, circunstancia que no cambio hasta 1924). Ese circular por la izquierda, hacía que la curva para rodear la plaza debiera tomarse con más lentitud al doblar hacia la calle Serrano. Allí, fue el atentado.

Con el seguimiento hecho, Matéu y Nicoláu volvieron a Barcelona y compraron una moto como vehículo con el que perpetrar el atentado. Se trataba de una espectacular “Indian” gris oscuro con sidecar, de 7 caballos, que costó 5.100 pesetas de la época, una pequeña fortuna. Se cree que fueron miembros de las FAI en Barcelona los que financiaron el “proyecto”. La moto la guardaron en la calle Arturo Soria hasta el día elegido para el magnicidio. Hay que decir que, según se supo después, la primera idea era asesinar a Martínez Anido, pero éste tenía una escolta espectacular que le permitía caminar por Barcelona con toda tranquilidad, mientras que don Eduardo estaba muy mal protegido por las fuerzas policiales.

El día 8, los asesinos montaron, a modo de carabinas, las Mauser en la motocicleta; sobre las 19:40, cuando don Eduardo subía por la izquierda de la calle Alcalá, desde el Senado, Nicoláu en el sillín y Matéu en el sidecar, mientras Casanellas conducía, descerrajaron 20 tiros, de los cuales 18 acertaron de lleno al coche, que tampoco tenía un blindaje especial. Eduardo Dato fue herido de muerte, el conductor del coche, que resultó ileso, le llevó a la casa de socorro de la calle Salustiano Olózaga; solo pudieron certificar su muerte.

La situación en la que quedó el coche se puede ver en el Museo del Ejército de Toledo, donde se conserva.

Los asesinos actuaron con total impunidad paseando por Madrid, observando el recorrido en varias ocasiones, sin ser molestados por la policía a pesar de que las autoridades sabían que el Presidente estaba amenazado. Incluso Dato redactó su testamento, que luego rompió. Se sentían seguros por la posesión de armas de lujo, dinero en abundancia y fuga garantizada. La investigación del asesinato fue penosa, pero al final se logró encontrar la motocicleta y en ella las armas, en el número 77 de la calle Arturo Soria.

A Matéu se le arrestó cuando, en un error de principiante, volvió al lugar en el que se alojaban. Se le juzgó y condenó a pena de muerte. Por su parte, Nicoláu logró huir a Alemania y Casanellas se fue a Rusia. Nicoláu fue detenido en Alemania, país al que España solicitó la extradición, pero no fue concedida en un primer momento y, cuando se logró, no se otorgó por todos los delitos, por lo que no pudo ser condenado a muerte. Se encontró, así, la justicia española, con un condenado a muerte y otro a una pena menor por el mismo delito. Dadas las circunstancias, al Rey Alfonso XIII no le quedó más remedio que perdonar la pena a Matéu y condenar a ambos a cadena perpetua. La II República los amnistió y el populacho sacó de la cárcel en volandas como si en vez de asesinos hubieran sido unos héroes (héroes anarquistas). Al final de la Guerra civil, en 1939, Nicoláu fue fusilado. Matéu, que había huido a Francia, vivió en el país vecino hasta los 80 años gozando de un pequeño taller de su propiedad que le permitió tener las comodidades de un pequeño burgués; debió pensar que el anarquismo pregonado y el “mercenarismo” de corazón y bolsillo no se merecían menos. Casanellas, en Rusia, se hizo comunista y cambió su nombre por uno ruso, aunque era conocido como el terrorista español. Volvió a España para hacer proselitismo comunista y promover organizaciones de ese signo político. Murió al estrellarse con la moto que solía conducir.

Como consecuencia de la muerte de Dato, el partido Conservador quedó aún más dividido, aunque ya se arrastraba en camarillas desde la muerte de Canalejas. En agosto del mismo año, el desastre de Anual determinó una inestabilidad en los siguientes gobiernos nombrados por el Rey que dieron lugar al Golpe de Estado, que Dato había intentado evitar y que se fraguó el 13 de septiembre de 1923 de la mano de Miguel Primo de Rivera. El golpe contó con el visto bueno de Alfonso XIII y de la oligarquía catalana. La dictadura duró 8 años, pero fue el principio del fin de la Monarquía; la II República y, consiguientemente, la Guerra Civil, estaban llamando a la puerta de España.

Bibliografía.

CARLOS MAZA GÓMEZ El Asesinato de Eduardo Dato. Freeditoria.com

PEDRO AGUADO BLEYE. Historia de España. ED Espasa-Calpe

EL REINO DE ASTURIAS O LA VICTORIA DE ESPAÑA

Todos los asturianos sabemos que Asturias es España y el resto tierra conquistada, pero este aserto jocoso tiene mucho de verdad histórica, veamos el porqué.

El término “Hispania” fue utilizado por los romanos para denominar aquella península que los griegos llamaron iberia. Estrabón en su libro III de Geografía señala que aquel territorio- en la parte conquistada hasta ese momento- se dividía en dos provincias. Hispania citerior e Hispania ulterior. La primera comprendía lo que hoy es Cataluña, Valencia y parte de Murcia y la ulterior, el valle del Guadalquivir. Posteriormente los visigodos fundaron su Reino en Toledo con una extensión semejante a lo que hoy es la Península ibérica, de hecho, se suele presumir que el Reino Visigodo constituyó el primer Estado español.

Ahora bien, el nombre de España, históricamente hablando, es el desarrollo cultural de una nación que desde el principio fue concebida como imperio cuyo núcleo surge a partir de la resistencia de las sociedades asentadas, en principio, en la cordillera cantábrica, en tono a los picos de Europa.

La invasión musulmana iniciada en el 711 supone, pues, la ruina del Reino Visigodo de Toledo y la victoria de España, concebida no como simple organización político-jurídica estatal o sociedad nacional sino como elevación de la misma por la formación de un imperio. Ambos aspectos culminan en 1492, la transformación de la realidad histórica que era España en realidad política con la toma de Granada y el culmen imperial con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Como decíamos esa idea imperial nace en las montañas de Covadonga. Se trata de una realidad política distinta de la del Reino de Toledo, por más que esa idea goda esté en el sustrato del movimiento astur. De hecho, a Oviedo se la denomina en un primer momento “nueva Toledo”, sin embargo y significativamente, tal nombre no trascendió.

¿Qué diferencia a un Estado de un Imperio?

Quizá podríamos concluir que un Estado se forma entre gentes que tienen una larga convivencia por proximidad geográfica, por costumbres afines, por una larga historia de intercambios y relaciones humanas de todo tipo, incluso por guerras. El imperio, lo forman gentes diversas que tuvieron poco o nada que ver entre sí. Es más, normalmente un Estado aspira a posiciones más ambiciosas transformándose, así, en un imperio.[1]También podemos señalar que el imperio es una forma de superar fronteras, de crear un desplazamiento de sus propias fronteras mirando hacia un objetivo superior.

Con esa diferencia en mente, veremos que el origen de España, como realidad histórica, no es sólo la recuperación del Estado visigodo sino el impulso de una idea que, potenciada esencialmente por el proselitismo cristiano, busca abarcar todo el territorio ocupado por el islam hasta terminar desbordando la península por el inesperado descubrimiento de América y los hechos que trascendieron al descubrimiento: la vuelta al mundo y posesiones en todos los mares “hasta no ponerse el sol”

El reino astur, formado entre las montañas de los Picos de Europa, con Pelayo al frente como primer Rey de una dinastía, que continúa su hijo Favila y extiende su yerno Alfonso I tras la boda con Ermesinda, hija de Pelayo, y expansionada por Alfonso II, que se denomina primer Rey de España, y Alfonso III, causante de la idea imperial, marca y dirige el futuro de la gran nación que es hoy España (da igual si H.  Kamen tiene o no razón al considerar a Pelayo una leyenda, porque Pelayo, existiera como tal o no, existió en cuanto representa a aquellas tribus cantábricas, que sin duda vivieron, y cuya fortaleza, lucha y esfuerzo contra el invasor, trajeron lo que hoy somos).

A Alfonso I las crónicas posteriores atribuyen el sobrenombre de «el católico», circunstancia no menor en la pretensión imperial de aquellos reyes forjados en la dureza y belleza de las montañas asturianas. Aquel Reino alcanzó su máxima extensión territorial gracias a las conquistas de casi todos sus monarcas, entre los que destacaremos a modo de compendio: Alfonso I, que incorpora Galicia y parte de Portugal; su hijo Fruela I que refuerza sus posiciones; Alfonso II, el casto,que además de ampliar en gran manera el territorio, impuso oficialmente en todo el Reino la legislación romana-visigoda, la Lex Visogothorum, futuro “ Fuero Juzgo” y sus sucesores, Ramiro I y Ordoño I que extienden el reino hacia el este, hasta la frontera pirenaica, y Alfonso III, el magno, uno de los más brillantes monarcas de la Historia de España, que lo lleva hasta Zamora.

Alfonso III es el último rey asturiano con capital en Oviedo (Reino de Oviedo), tras él el Reino traslada su capital a León. A Alfonso III le debemos la autentica idea de España, la idea imperial y la mejor crónica histórica de aquella época que permitió forjar, entender y desarrollar España.

Como decimos, es la crónica de Alfonso III, el magno, la que vincula oficialmente, con intención narrativa, la dinastía astur con el reino Visigodo de Toledo (Alfonso II fue precursor en ello, pero sin la trascendencia histórico-documental de Alfonso III). Así, el tercer Alfonso considera que Pelayo es un noble visigodo y Alfonso I descendiente de Leovigildo y Recaredo. Realmente Alfonso III busca reforzar el prestigio de la dinastía y su propio prestigio personal vinculando su origen con el del Reino de Toledo y los últimos reyes godos.

Alfonso, además, introduce en la crónica y en la intencionalidad del Reino otro elemento esencial: la fe cristiana.  A primera vista aparece como un milagro histórico que los musulmanes después de haber derrotado al potente y bien organizado Reino visigodo fueran a tropezar con un reino pequeñín situado tras la cordillera cantábrica. Pero así fue.  Cuando casi dos siglos después del inicio de la invasión, Alfonso III recapitulaba la historia de sus orígenes, veía en Covadonga la salvación de España y la reparación de la caída del reino godo (la batalla de Covadonga no está confirmada por la historiografía, la cual,  basándose en los restos arqueológicos, entiende, como mejor explicación que, Covadonga no sea más que una metáfora histórica para aglutinar en un pasaje la multitud de pequeñas, grandes o medianas escaramuzas que mantuvieron los asturianos  y los musulmanes en los Picos de Europa y que lograron la derrota de estos últimos). Pero la imagen de la gran batalla con la Santina al fondo permitía al cronista y al Rey transmitir a sus seguidores un sentimiento de misión providencial, a la vez religiosa y política: salvar a la iglesia cristiana y a la Monarquía hispana (astur-goda).

Evidentemente, Alfonso III no parte de la nada, no se inventa un relato vacío de razón, sino que los sustratos hispano- godos estaban en la realidad social desde los romanos y los visigodos y los elementos cristianos se mostraban en el sustrato del propio Reino astur-godo. Así, recordemos que hasta Alfonso I no había en el reino ninguna ciudad episcopal, pero la figura episcopal, mucho más desarrollada por Alfonso II (se le atribuye la creación del Obispado de Oviedo), no deja de surgir por el desarrollo de dos elementos que son la base del avance astur, ideados y puestos en marcha por Alfonso I: la repoblación y el monacato. Los dos se inician y desarrollan al tiempo, siendo el segundo casi la base esencial para lograr el primero. Estos monasterios parecen muchas veces fórmulas económicas, tanto o más que pactos religiosos. Los hombres se asocian bajo la autoridad de un abad, para alabar a Dios y ganar el sustento. Por todo ello y con mucha intención, las crónicas alfonsinas bautizaron a Alfonso I como el católico. Estableciendo así un eslabón narrativo, de guerra santa, de lucha contra el infiel, a la idea de Reconquista, enlazando de ese modo la realidad social y el ideario político.

Insistimos en que, Alfonso III no parte de la nada, transcribe los hechos de fe de sus antecesores y les da una intencionalidad. Pero esos hechos existieron, por ejemplo, tras fomentar los monacatos institucionalizados por sus antecesores, Alfonso II formó una pequeña ciudad, en la que instala su palacio adosado a una capilla (la cámara Santa, con las reliquias traídas de Toledo). Nacía así Oviedo. Más tarde Ramiro I mandaba edificar un Aula regia (Santa María del Naranco) a la que se agregó, posiblemente como iglesia palatina, San Miguel de Lillo. Reforzando la idea de capitalidad de Oviedo y de monarquía católica. A esto Alfonso III añade como símbolo del Reino la Cruz de la Victoria.

Además, a estas actuaciones reales, se unen con el tiempo una serie de anacoretas entre los que destaca Santo Toribio de Liébana, seguramente la mayor figura intelectual de la época.

Con Alfonso III, el Reino asturiano es, dentro de la Península, una potencia que mantiene contactos con los núcleos pirenaicos de resistencia católica; alimenta pretensiones evidentes de hegemonía en la Reconquista y manifiesta ambición de realizarla enfrentándose al poder de Córdoba. Siempre teniendo presente en su ideario una colaboración discursiva y narrativa entre los núcleos astur- romano e hispano godo. Es decir, del Imperio romano y del Estado visigodo.

Por todo ello y con gran intención, Alfonso III, es el primer rey español que se hace llamar emperador.  Su idea de imperio es la de avanzar fronteras para imponerse a aquellos invasores de lengua, religión y costumbres extrañas a los que querían expulsar. En sus crónicas, identifica desde el primer momento las guerras contra el islam en los Picos de Europa como acción superior de defensa de la Fe, pero hoy sabemos que ese concepto no fue esencial en la sublevación de Pelayo, no inundaba las almas de las primigenias tribus locales.  Para ellos lo fundamental era expulsar de sus tierras al ocupante ilícito. Es la voluntad y visión de Alfonso III la que determina el carácter imperial, al querer expandirse más allá de sus fronteras buscando un dominio universal cuya base se encontró en la lucha contra el islam. El título de Emperador otorgado a Alfonso III se transmitió después de su muerte a sus sucesores. Se conoce un documento del año 916 que dice “Ego Hordonius Rex Imperator-filius Adefonsus magni Imperatoris”. Pero no todos lo utilizan, tras Alfonso III, Alfonso VI, Alfonso VII se intitulan emperadores, de hecho, Alfonso VII es ungido emperador dos veces, la primera frente a Alfonso I de Aragón, el batallador, como una muestra de recuperar lo que era suyo y en segundo lugar tras hacerse con parte del Reino de Aragón y haber avanzado considerablemente en la Reconquista, es decir, de nuevo al superar sus fronteras frente al islam. El “fecho del imperio” de Alfonso X, el sabio, o el imperio de Carlos I continúan esa línea de tener un alcance global que llega a su máxima extensión con Felipe II. Es ese concepto y realidad de imperio lo que eleva a España, históricamente, al nivel de la Grecia clásica, Roma, Gran Bretaña, Francia o Rusia y EE.UU , por encima de Portugal, Japón y Alemania. “Tú me diste la vuelta”, la divisa que regala Carlos I a Elcano o la enseña con el “Plus Ultra” demuestran esa idea imperial, y es ese imperio el que pone a España en la Historia Universal.

La realidad histórica y política nacional, la Nación histórica, nacida del estado visigodo y recuperada por el reino Astur alcanza su realidad política plena, como dijimos, con la toma de Granada y con toda nitidez a partir del siglo XVI se consolida como unidad política con identidad imperial, la cual se resquebraja tras la batalla de Trafalgar (1805), donde cede el dominio de los mares a Gran Bretaña y, sobre todo, tras la invasión napoleónica en 1808. Pero entonces, aquella sociedad con conciencia soberana, que defendía su soberanía territorial, política y social frente al invasor musulmán en Covadonga, se transforma en soberanía popular histórica con el levantamiento del 2 mayo de 1808 y en soberanía popular reconocida política y jurídicamente con la constitución de 1812.

España es lo que es hoy día gracias a Pelayo, Covadonga y sobre todo a la idea estatal y nacional de recuperación del Reino de Toledo elevada a imperio por Alfonso III. La continuidad de esa idea fraguó una gran nación con espíritu imperial.

Ya lo advertía Unamuno:

“¿Es España una nación? Me preguntaba un lego en historia. Y le dije: España es internacional, que es modo universal de ser más que nación, sobrenación. Un conglomerado de republiquetas no es nada universal si no se eleva a imperio.”[2]

Espero que nuestros gobernantes nacionales y locales recuerden que ni España es un conjunto de republiquetas ni Asturias, una de ellas. Espero que la Historia de grandeza de Asturias se recuerde y fortalezca en lo que es: nacional e imperial y no se pretenda su reversión histórica imponiendo una serie de elementos culturales, muy dignos de preservación, pero no de imposición. Espero que se recuerde la grandeza histórica de Asturias y su contribución elevada a la Historia de España en vez de querer identificarla con elementos pueblerinos locales.

BIBLIOGRAFÍA

  • ELVIRA ROCA. Imperiofobia y Leyenda Negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Ed. Siruela. 2019
  • AGUADO BLEYE. “Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963
  • PEDRO INSUA. 1492. España ante sus fantasmas. Ariel. 2018.
  • MIGUEL DE UNAMUNO. “República española y España republicana”. Artículo publicado en el diario El Sol, 16 de julio de 1931.
  • HÉLÈNE SIRANTOINE. “Exclusión e integración: la conquista y el imperio en los reinados de Alfonso VI y Alfonso VII”. Historia digital. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Históricas / Silex Ediciones. 2015. Edición digital de 2017.
  • JOSÉ MANUEL PÉREZ PRENDES. “Historia del Derecho español”. Ed UCM.1986.
  • JOSÉ JAVIER ESPARZA. “La gran aventura del Reino de Asturias. Así empezó la Reconquista”. Ed. La esfera de los libros. 2009.

[1]Elvira Roca. Imperiofobia y Leyenda Negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Ed. Siruela. 2019

[2]Miguel de Unamuno. “República española y España republicana”. Artículo publicado en el diario El Sol, 16 de julio de 1931.

LA SARGENTADA

Se conoce con el nombre popular de “la sargentada” a un levantamiento militar republicano que pretendía la deposición de Alfonso XII en 1883.

Tras la caótica 1ª República, el 29 de diciembre de 1874, acontece el pronunciamiento en Sagunto dirigido por Arsenio Martínez Campos cuya finalidad era lograr la vuelta de la Monarquía como forma de Estado en España. Se inicia así el periodo llamado Restauración borbónica. La Restauración trajo orden a la vida española, pero, en sus primeros años, estuvo amenazada por una importante movilización clandestina protagonizada por asociaciones secretas en las que la ideología republicana tuvo un indiscutible peso. La Asociación Republicana Militar fue la más activa de ellas.

La Asociación Republicana Militar fue creada a finales de 1881 por un pequeño grupo de oficiales en la reserva y pronto logró agrupar a numerosos militares republicanos que habían participado durante los años anteriores en las conspiraciones contra la Monarquía de Alfonso XII. En 1882, el movimiento republicano con intenciones golpistas se organiza en torno a la figura del líder republicano progresista en el exilio Manuel Ruiz Zorrilla. Unos años después, se fusionaron con una asociación de tendencia republicana federal dando lugar a la Asociación Revolucionaria Militar que llegó a contar con más de 7.000 afiliados. En su aparente éxito se generó su fracaso: las nuevas incorporaciones estaban trufadas por topos del gobierno que lograron impedir que las acciones previstas por la Asociación alcanzaran buen puerto, hasta que en 1890 prácticamente habían desaparecido.

Los acontecimientos que vamos a narrar ocurren siendo aún la Asociación Republicana Militar (ARM) la actuante.

Hasta aquel momento, uno de los inconvenientes para lograr el éxito en sus acciones era la separación tajante entre los movimientos militares y los civiles, de manera que su deseo de implantar un sistema republicano tenía una vinculación siempre militar que evitaba el apoyo de la sociedad civil. Sin embargo, en 1882, los proyectos fiscales del ministro de Hacienda, Camacho, provocaron una oleada de protestas, especialmente graves en Cataluña, que, por primera vez, permitieron vincular las reivindicaciones y acciones civiles con las militares. Los oficiales, sin embargo, rechazaron realizar una acción conjunta con paisanos, de modo que los planes de asonada se suspendieron durante unos meses.

Ese enfrentamiento con la sociedad civil no fue el único problema. Otra de las dificultades se basaba en la falta de fondos. Lograr el dinero para las acciones, vincular a los militares con la sociedad civil, nunca fue tarea fácil y, en última instancia, causó el fracaso de sus planes.

Tras la primera suspensión, las fuerzas levantiscas, tanto civiles como militares, acuerdan una nueva fecha para la revuelta: el 29 de junio. Uno de los puntos  esenciales de aquella negociación, y sobre lo que más incidieron los seguidores de Zorrilla, fue que Barcelona estuviera entre las ciudades levantiscas. A finales de junio, se descubrió que el propósito de entrar en Barcelona era apoderarse de unos 20 o 30 millones de pesetas y con esa cantidad hacer la revolución sin contar demasiado con el ejército. Esto indignó a los militares que abortaron el levantamiento. Tras nuevas negociaciones, la fecha del movimiento insurreccional quedó fijada para el cinco de agosto 1883.

Se esperaba un alzamiento en toda España y, sobre todo, en grandes plazas: Barcelona, Valencia, Zaragoza, Badajoz, Alicante y Logroño. El resto de las guarniciones, como por ejemplo Bilbao, Cartagena, Cádiz, Burgos, Sevilla, Granada y Málaga, se irían sumando, al fin y al cabo, por aquellas fechas el número de afiliados a la ARM ya era muy numeroso y, por tanto, la rebelión más factible.

Cuando todo estaba preparado, los elementos civiles propusieron retrasar los acontecimientos al día 10 de agosto, pero las órdenes habían sido ya enviadas a Badajoz, donde los asociados de la ARM cumplieron con precisión las mismas. Realmente el levantamiento se siguió en tres ciudades: Badajoz, Santo Domingo de la Calzada y la Seo de Urgel (también hubo algunos conatos en otras zonas de Cataluña y de Andalucía).

La situación fue grave en Santo Domingo y chusca o muy chusca en los otros dos lugares, como veremos.

En Badajoz. Los telegramas que anulaban las órdenes y que retrasaban todo habían llegaron a tiempo, pero el jefe militar, Serafín Asensio Vega, lo interpretó de manera contraria, con lo que el levantamiento se realizó. Las órdenes iniciales señalaban la una de la madrugada del día 5 de agosto como el momento del alzamiento. Así se hizo en la ciudad extremeña, donde se consiguió dominar a las autoridades militares y civiles, pero, al no haberse sublevado ningún otro acuartelamiento en el país, el movimiento, fracasó y, el día 6, los sublevados de Badajoz huyeron a Portugal.

Seo de Urgel.  Este es el episodio más pintoresco y menos serio de los tres. Los instigadores habían encargado la dirección de la sublevación al coronel don Francisco Fontcuberta. Este señor era espiritista y cuando recibió el aviso del fracaso de la sublevación iniciada en Badajoz, intentó desistir, pero, antes de hacerlo, invocó al espíritu de Prim y, según manifestación del propio sublevado, éste le aconsejó seguir adelante pues la vitoria era segura. Siguió adelante, pero se ve que el espíritu del vencedor de los Castillejos sufrió una lastimosa equivocación a la que arrastró a Fontcuberta. Eso sí, estuvo suficientemente alerta, no sabemos si por intercesión de Prim o no, para huir a Francia y así ponerse a salvo.

En Santo Domingo de la Calzada. La sublevación de la ciudad riojana se llevó a cabo a pesar de haberse realizado tras la frustración de Badajoz. En la Rioja existía un buen número de militares republicanos, así como un significativo grupo de civiles “zorrillistas” dispuestos al levantamiento, como ya se había puesto de manifiesto en 1868 durante la “Gloriosa”. Además, tuvo especial trascendencia por ser la única en la que se consiguió apresar y ajusticiar a los sublevados.

Dos fueron los destacados calceatenses que participaron en la sublevación Juan Manuel Zapatero Castillo y Juan José Cebrián. Habían participado en la organización de la sublevación en las reuniones mantenidas en Barcelona. Sus órdenes eran actuar una vez se amotinara Logroño, pero a Zapatero y Cebrián les pudo la impaciencia y decidieron sublevarse la madrugada del 8 de agosto. Aunque eran varios los acuartelamientos llamados a la desobediencia en la Rioja, realmente, el único movimiento destacado fue en del Regimiento de Caballería de Numancia acantonado en el ex convento de San Francisco de Santo Domingo de la Calzada.

Zapatero, acompañado de otros sublevados, pretendía dirigirse a Haro para alentar otros movimientos insurreccionales, pero fue interceptado e impedida su acción. Logró huir a Francia. Mientras, Cebrián seguía con sus acciones y movilizó a tres sargentos primeros y nueve sargentos segundos del campamento Numancia que levantaron a 224 hombres, entre cabos y soldados. Cebrián se había presentado en el acuartelamiento haciéndose pasar por coronel. No hubo resistencia. A los soldados se les ordenó montar sin explicarles el porqué y a dónde se dirigían (se dirigieron a Torrecilla, pues quería unirse allí a las tropas que supuestamente Zapatero había logrado reunir en Logroño y Zaragoza. Cebrián desconocía el fracaso y huida de Zapatero)

El oficial al mando del regimiento era el coronel Ramón Rubalcaba Juárez de Negrón que se encontraba fuera del cuartel en el momento de la entrada de Cebrián. Es posible que Rubalcaba fuera conocedor y participe en la organización, sin embargo, en aquel momento, traicionó sus antiguas posiciones y optó por unirse a los que perseguían a los insurrectos

Una vez en Torrecilla, Cebrían espero inútilmente la llegada de las tropas de Logroño y Zaragoza. Los que se acercaron fueron sus perseguidores, obligando a los sublevados a salir en dirección a Soria. En mitad del camino, uno de los soldados del regimiento Numancia, sin que se sepa si fue por error o por discrepancia, disparó su carabina contra Cebrián, le dio en la espalda y lo mató. Aquello se consideró una hazaña y sería convenientemente retribuido y condecorado. El resto de los soldados apresaron a los sargentos.

Aquel día, 8 de agosto, las provincias de Logroño y Soria eran declaradas en estado de guerra que se extendió el día 10 a las provincias de Sevilla, Córdoba, Huelva y Cádiz. Previamente, el día 9, la Gaceta de Madrid publicaba la suspensión de las garantías constitucionales en España, decretada por el Presidente del Consejo de Ministros interino, Arsenio Martínez Campos, a reserva de su aprobación por las Cortes. El gobernador de Madrid, conde de Xiquena, informaba el 9 de agosto a los directores de los periódicos la posibilidad de cierre de aquellos medios que alentasen la comisión de delitos contra el orden público. El día 12, tras juicio verbal y sumarísimo, fueron ejecutados los sargentos insurrectos.

Posteriormente, Zorrilla y otros miembros de la ARM recibieron notificación de sus delitos y juzgados en rebeldía. Sus penas fueron conmutadas tiempo después.

Una vez más, y no será la última en la Historia de España, los auténticamente convencidos de sus principios y que actúan con honestidad en función de ellos, sean acertados o no- no nos incumbe ahora juzgarlos- acaban soportando toda la fuerza de la ley, mientras que, los que cobardean y huyen viven plácidamente.

LA REVOLUCIÓN CULTURAL CHINA

Mao Tse-Tung, cuyo nombre original era Mao Zedong, fundó la China comunista tras la guerra civil de 1949 y la dirigió hasta su muerte en 1976. Su persona y personalidad está llena del oscurantismo propio de un régimen que, pese a su apertura económica hace ya varias décadas, no puede dejar pasar la luz a un sistema autoritario con origen en un personaje autoritario- Mao- que dejó en herencia alguno de los capítulos más desastrosos de la Historia de China y sobre los que el régimen intenta pisar de puntillas. Nos referimos al “Gran Salto Adelante” y “La Revolución Cultural”. Podríamos analizarlos por separado, pero eso impediría seguir el hilo conductor de unos acontecimientos que se construyen por el encadenamiento de hechos enlazados por las argollas de la dictadura más férrea y del fracaso más absoluto. Antecedentes y consecuencias se concatenan con unas acciones que nacen en 1958 y finalizan en 1981.

En 1958, se inicia lo que se conoce como “Gran Salto Adelante”, que no fue nada más que un intento de los dirigentes chinos, especialmente Mao Zedong, de multiplicar la producción agrícola para buscar un desarrollo equiparable al de la industria. Utilizaron la gran mano de obra rural existente, hasta la extenuación; facilitaron la creación de guarderías para que las madres pudieran dedicarse al campo sin tener que ocuparse de los hijos, buscando una relajación de los lazos familiares; se explotaron los campos y los terrenos con poco conocimiento, lo que repercutió en hacerlos improductivos; se mataron pájaros para que no comieran las cosechas y consiguieron que se incrementase el número de insectos que atacaron el ecosistema, y se combatieron con insecticidas que enfermaron a la población; se construyeron sistemas de regadío que, en ocasiones y por las deficiencias en el diseño, provocaron inundaciones no deseadas.  Se acabó con la autarquía preexistente en el mundo rural; las reducidas dimensiones de las cooperativas agrícolas no permitían llegar a los niveles de producción proyectados, transformándolas, por ello, en comunas populares que no fueron más que centros de experimentación social sin precedentes en un intento de colectivización de la vida cotidiana.

El Gran Salto Adelante tenía como objetivo acelerar el desarrollo económico y las comunas, acelerar la transición hacia una sociedad comunista.

Hasta 1960 el régimen publica las estadísticas de producción, desde 1960 abandona tal práctica ante los pésimos datos obtenidos, como bien reconoce la historiografía actual. El Gran Salto Adelante supuso un fracaso, una gran catástrofe para la producción agrícola y la fertilidad de las tierras que quedaron destrozadas con los métodos empleados. Todo ello provocó una enorme hambruna y un retraso de 5 o 6 años en el desarrollo económico de China, que pasó sus peores momentos entre 1960 y 1964.

La “Gran Hambruna” sería la segunda fase de este proceso. Lo poco que se cultivaba se expropiaba y enviaba a la URSS a cambio de armas y componentes para las fábricas. Murieron cerca de 40 millones de chinos. La mayor catástrofe china del S XX, mucho peor que las hambrunas de Stalin en ucrania, que había acabado unos años antes con 10 millones de inocentes.

Como consecuencia del desastre, se desmembraron las comunas y los campesinos consiguieron pequeñas libertades. En aquellos años, además, se produjeron, según los casos, choques diplomáticos y algunos enfrentamientos, tales como los producidos con Taiwán, Tíbet, EE. UU, India, Vietnam y, finalmente, al pretender realizar una forma de comunismo diferenciadora de la de la Unión Soviética, con la URSS. También internamente el partido Comunista chino experimentó cambios. Mao abandona la presidencia de la República, pero no fue expulsado del Partido Comunista. Ese fue el gran error de sus enemigos. Los sectores más aperturistas dentro del comunismo, tomaron el poder.

Mao, aún fuera del Poder, mantuvo mucho poder. Sus seguidores se ocuparon de que no se le olvidara. Especialmente Li- Piao, el cual difundió entre los soldados del ejército chino un libro sobre el pensamiento de Mao, base y fundamento de las futuras facciones “maoístas” y del culto al líder. Mao, por su parte, en 1965, puso en marcha un sistema nuevo y expeditivo que le permitió ir escalando posiciones: promovió la conocida “Revolución Cultural” que, en esencia, no fue otra cosa que una campaña masiva contra los altos cargos del Partido Comunista, intelectuales, académicos y contra cualquiera que fuera tachado de contrarrevolucionario.

La revolución cultural fue una lucha de poder. La acusación de contrarrevolucionario se impuso en los dos bandos contra el contrario. Enfrentados a Mao estuvieron especialmente Liu Shaoqui, Peng Dehuai y Deng Xiaoping.

 A grandes rasgos se pueden distinguir cuatro etapas en el desarrollo de la revolución cultural:

  1. De noviembre de 1965 a mayo de 1966, en el que la fase de preparación y ofensiva maoísta es discreta e incluso soterrada. Los ataques van dirigidos a intelectuales y académico, pero ya en sus últimos momentos se inician las primeras ofensivas contra personalidades del Partido Comunista, como el Alcalde de Pekín. Todo ello organizado como si se tratara simplemente de una revolución estudiantil. Fue esa masa la “tropa” que empleó Mao en su reconquista del poder. Estos grupos, convenientemente fanatizados, viajaban por toda China, financiados por el Partido Comunista, lo cual era casi lo mismo que decir, por el Estado, reclutando miembros para su causa y organizando concentraciones masivas, en las que se fomentaba el abandono de las viejas costumbres chinas y se exaltaba la figura de Mao Zedong.La idolatría al líder será el segundo gran apunte de la revolución cultural.En el momento cumbre de la movilización, se destruyeron templos tradicionales chinos, se saquearon bibliotecas y quemaron libros, menos el libro Rojo de Mao, el “libro sagrado” de estos grupos.
  2. De mayo de 1966 a comienzos de 1967. Acantonada hasta entonces en los medios literarios, artísticos y universitarios, la crítica y la depuración escogen sus víctimas desde ahora entre los más altos dirigentes del Partido. En este periodo, Mao lleva al Comité Central, y éste aprueba, su “Decisión sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria” o “Dieciséis puntos” convirtiendo así lo que inicialmente era un movimiento estudiantil, en una campaña que alcanza a todos los sectores sociales de todas las provincias. Al tiempo, todos los ojos se vuelven a Pekín donde proliferan lo que hasta entonces era una nota exótica: los primeros guardias rojos y los periódicos murales como medio de propaganda para sus fines y purgas. En este periodo se acentúa la presión de las masas y la intensificación del culto a Mao. El terrorismo, a manos de los guardias rojos, y el desorden se apoderan de Pekín y de otras grandes ciudades. La forma de actuar de la Guardia Roja se fundamentaba en la persecución a los acusados de “burgueses”, en realidad, sus oponentes políticos o intelectuales, apaleándolos, encarcelándolos, humillándolos públicamente, confiscando sus bienes y sentenciándolos a trabajos forzados, cuando no a la simple ejecución. Entre agosto y septiembre de 1966, fueron asesinadas unas 1.772 personas y en octubre Mao convocó a una “Conferencia Central del Trabajo”, en donde logró forzar la autocrítica de sus opositores, eliminando así toda oposición en el partido. Esta etapa constituye el periodo denominado “terror rojo”.
  1. A partir de 1967, los maoístas desencadenan una ofensiva más sistemática contra los cuadros del partido que no les son afines y que durará hasta agosto de 1967. Se inician los comités revolucionarios. En este proceso fueron clave Lin Biao, ministro de defensa fiel a Mao, y la propia esposa de Mao, Jiang Qing (una antigua actriz), quienes emplearon el prestigio del líder revolucionario para purgar a los miembros de otras facciones del Partido Comunista y materializar sus propias aspiraciones al poder.
  2. De septiembre de 1967 a abril de 1969. Las principales purgas afectaron a sectores ultraizquierdistas; no dejaban de ser detractores de Mao que atacaban al líder desde posiciones aún más radicales. Mientras, la mayoría del partido se intenta adaptar a la situación, fueran cuales fueran sus posiciones previas, para mantenerse en el Poder y además sobrevivir. Así los nuevos comités revolucionarios provinciales, que se multiplican en 1968, se constituyen sobre unas bases más ambiguas que los que comenzaron en 1967.

En abril de 1969 se convocó al IX Congreso del Partido Comunista de China, donde se reafirmó la autoridad de Mao como líder del partido y líder militar. Su doctrina fue adoptada como ideología central del partido y de la nación. Al mismo tiempo se designó a Lin Biao como su segundo al mando y sucesor. En ese congreso, el propio Mao declara terminada la Revolución cultural. Sin embargo, sus más fervientes seguidores, procurando mantenerse en el Poder, continuaron con muchas de sus actividades hasta la muerte de Mao en 1976. En ese momento, el mando del país cambia de manos y pasa a aquellos detractores de Mao que milagrosamente seguían vivos, como fue el caso de Deng Xiaoping que sobrevivió trabajando en una fábrica de motores. Los seguidores maoístas fueron detenidos por los nuevos dirigentes. En este sentido, hay que destacar a la llamada “banda de los cuatro”: la propia viuda de Mao, Jian Qing, y sus tres colaboradores: Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen. Fueron juzgados y ejecutados.

Como consecuencia de la Revolución Cultural millones de personas fueron perseguidas, humilladas y ejecutadas ya fuera mediante el vil asesinato, utilizando supuestas vías judiciales, simplemente muertas de hambre o puestas a trabajar hasta el desfallecimiento. Sus bienes fueron confiscados, sus familiares perseguidos, violados, torturados o desplazados a la fuerza hacia el campo. El número exacto de muertos no se conoce y es posible que nunca se sepa, dado el encubrimiento de las autoridades del momento, la falta de registros fiables y en general el obscurantismo del régimen, de entonces y los posteriores; aunque, el gobierno de Deng Xiaoping inició una serie de reformas aperturistas (más de tipo económico que social) y el partido comunista aprobó una Resolución en la que declaraba que:  la “Revolución Cultural” fue “ el revés más severo y las pérdidas más graves que sufrió el partido, el Estado  y el pueblo chino desde la fundación de la “República Popular”

Asimismo, el movimiento, en su conjunto, desde el “gran salto adelante” supuso una auténtica catástrofe para el del desarrollo de China. Mientras el Gran Salto Adelante arrasó a los campesinos y a los sectores más vulnerables, la “revolución Cultural” acribilló a los intelectuales, dirigentes y personas con cierto nivel educativo. El decaimiento de la educación fue radical tras la abolición de los exámenes de ingreso en las universidades, la redefinición de los programas de estudio orientados a poco más que a ensalzar la figura de Mao. Se cree que entre 16 y 18 millones de estudiantes chinos fueron enviados a “campos de reeducación”. Pol-Pot siguió este ejemplo al poco tiempo (la dictadura de los Jemenes Rojos, se extiende de 1975 a 1979) en Camboya.

En una visión de desenraizar a los chinos de su pasado cultural para enraizarlos exclusivamente en el pensamiento único y el partido comunista, la cultura tradicional china, el budismo, sus templos, reliquias y en general el acervo cultural chino fue asolado. Si el número de muertos  es casi imposible de conocer, la pérdida cultural es imposible de evaluar.