LA CONTRA ARMADA INGLESA

Hoy nos vamos a sumergir en un acontecimiento que permanece en la penumbra de la historia, por culpa de la llamada “Leyenda Negra” y por el poco interés español en resaltar nuestras grandes empresas. La Historia contada por ingleses, holandeses y otros países ha ampliado la importancia de la derrota de la Armada Invencible española en 1588 y ha minimizado la derrota de la armada británica, ideada para conquistar España al año siguiente. Hoy hablamos de la conocida como la “contra-armada” inglesa o también como la Invencible Inglesa o la Contra Armada de Drake-Norreys

Después del fracaso de la Gran Armada española en su intento de invadir Inglaterra en 1588, Isabel I de Inglaterra preparó una enorme flota de represalia . La misma contó con 180 barcos y 27.667 hombres. Es fácil comprender el nombre dado a aquella empresa, se trataba de idear una flota que fuera la réplica de la Invencible española. Se encargó su mando al corsario Francis Drake, y como general de las tropas de desembarco, se nombró a John Norreys.

Entre las muchas diferencias entre la expedición española y la inglesa, la esencial era el sentido nacional de la empresa española, con Felipe II como gran ideólogo frente al sentido comercial de la inglesa, que en parte definía lo que posteriormente sería su forma imperial, mayoritariamente con colonias comerciales de transito y no de asentamiento. La contra armada inglesa fue financiada por una compañía comercial a base de emisión de acciones con un capital limitado a 80.000 libras. Un cuarto de esa cifra lo abonó la Reina, un octavo el gobierno holandés, siempre tan poco amigo de su antigua metrópoli. El resto del capital lo aportaron nobles,  mercaderes, navieros de toda condición, avariciosos de quedarse con las rutas españolas hacia América y gremios de todo tipo. No era la primera vez que en Inglaterra se actuaba así. De esta manera se habían financiado varias expediciones piratas, basadas en la sorpresa y el avituallamiento in situ, una vez tomada la plaza. Pero en esta ocasión, el sistema se demostraría calamitoso. Todos los inversores esperaban obtener grandes beneficios, empero, acabó con la quiebra de muchos de ellos y en especial de la corona inglesa de Isabel I.

Una segunda diferencia entre ambas empresas invasoras, se fundamentó en que la española estaba dirigida por profesionales de la navegación, por más que los elementos y sobre todo la dificultad de la invasión en una zona costera mal elegida y con las carencias propias de aquella época en los conocimientos de carácter técnico-científicos como para lograr el éxito. Esas mismas dificultades técnicas tenía la aventura británica, pero con el agravante anglosajón de encargar la dirección de la empresa a un pirata. Drake no era un Almirante para tal fin, si bien había tenido un éxito reconocido en el ataque a Cádiz en 1587.Pero su falta de experiencia en batallas militares le llevó a cometer diversos errores que a la larga precipitaron el fracaso de aquella expedición.  Para empezar, desconocía los elementos básicos de la logística naval en este tipo de enfrentamientos lo que  creó un problema de avituallamiento considerable y aunque no tuvo que luchar contra los elementos, los elementos tampoco le fueron del todo propicios en el inicio de su andadura, así, el mal tiempo afectó a la salida de la flota, una vez se completó ésta, porque el primer retraso se produjo debido a que los holandeses no proporcionaron todos los barcos de guerra que habían prometido, todo ello pospuso la hora de la partida  y, con ello, se consumió un tercio de las provisiones embarcadas para toda la travesía antes de salir del puerto (alguien debería estudiar el  excelente sistema de aprovisionamiento de la Invencible española para que en tan larga travesía nunca faltara alimento a sus integrantes). Drake no fue capaz de preverlo, pensaba, como buen pirata, que llegando a España se aprovisionarían con lo que robaran durante el asalto a las ciudades costeras. Pero no sólo se olvidó de embarcar los alimentos necesarios, sino que también se olvidó de portar las armas de asedio, indispensables para tomar fortalezas, y la caballería, imprescindible para lanzar cargas en las operaciones en tierra. Con estos pertrechos, aquella flota partió del Puerto de Plymouth el 13 de abril de 1589.

Tres eran las misiones esenciales de armada de Drake, que se enlazaban unas con otras a modo de gran fábula:

La primera y fundamental era destruir, en Santander, a la Gran Armada española varada en los astilleros norteños para ser reparados tras la derrota en las costas inglesas. Pensaban que conseguido esto,  España se quedaría huérfana de flota en el Atlántico europeo.

La destrucción de la armada española dejaría el mar expedito para cumplir su segunda misión: conquistar Lisboa. Esto convertiría a Portugal en país satélite de Inglaterra, la cual penetraría en el imperio luso. Para ello, se apoyaban en el Prior Antonio de Crato, primo de Felipe II y pretendiente al trono luso frente al Rey español que acababa de heredar la corona vecina de su madre, Isabel de Portugal. Crato había firmado previamente unas rigurosas cláusulas que, de cumplirse, transformaban a Portugal en un protectorado de Inglaterra.

Si todo lo anterior acontecía, su tercera misión era apostarse en las Azores; la fábula británica pretendía llegar igualmente a Sevilla,  capturar la flota de Indias y hacerse con las riquezas de ultramar. De este modo, Inglaterra sería la nueva dueña del Atlántico y se aprestaría a usurpar las rutas oceánicas españolas.

Como vemos, toda la fabula inglesa se sustentaba en un asalto imposible y en la creencia de que España estaría baja de moral tras la derrota de la invencible y de que los portugueses se rendirían en sus brazos. Nada de eso ocurrió. El resultado fue un completo fracaso, una derrota sin precedentes de la Inglaterra isabelina, el desastre de su flota y la caída en desgracia del corsario Drake .

Pese a que la intención primera de la Armada inglesa era atacar Santander para acabar con la Armada Española, Drake manda virar y dirigirse a La Coruña.  ¿Los motivos? No están del todo claros, pero parece que el hambre se había apoderado ya de los barcos y los motines florecían, además corría el rumor, no sólo entre la marinería sino que el propio Drake creía en él, de que en La Coruña se escondía un tesoro fabuloso. Por tanto, bien por voluntad propia bien impulsado por sus marineros piratas, la Contra Amada olvidó el primero de sus objetivos y puso rumbo a La Coruña.

El 4 de mayo de 1589, la flota inglesa llegaba a la altura de La Coruña, cuyas defensas eran bastante deficientes:  unos 1.500 miembros de la guardia más un número considerable de población civil, cuya presencia en la contienda fue decisiva. En cuanto a la flota disponible, tan solo se contaba con el galeón San Juan, la nao San Bartolomé, la urca Sansón y el galeón San Bernardo, así como con dos galeras, la Princesa y la Diana. El 5 de mayo, unos 8.000 soldados ingleses desembarcaron en la playa de Santa María de Oza, llevando a tierra varias piezas de artillería y batiendo desde allí a los barcos españoles que no podían cubrirse ni responder al fuego enemigo. Durante los siguientes días, los ingleses penetraron, sin muchas dificultades a la parte baja de La Coruña, saqueando y matando a numerosos civiles. Cuando los ingleses se lanzaron hacia la parte alta de la ciudad, comenzaron para ellos los problemas. Las murallas coruñesas resguardaban a la guarnición y la población de la ciudad, los cuales se defendieron con gran determinación, ocasionando la muerte de más de 1.000 ingleses asaltantes. Fueron en tales hechos donde sobresalió la heroína popular María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, es decir, María Pita. Cuando los ingleses pretendían avanzar, ya muy mermadas las fuerzas españolas, esta coruñesa arremetió contra un alférez que arengaba a sus tropas, le atravesó con una pica, le arrebató el estandarte, provocando ante tal escena la elevación de la moral hispana. María pita no fue la única mujer destacada en la defensa de La Coruña. La necesidad de personas en la defensa hizo que en la población civil actuaran con gran arrojo mujeres y niños, que se convirtieron en el grueso de la defensa de la ciudad y de España. Entre aquellas heroicas féminas también fue distinguida Inés de Ben. Felipe II las condecoró; a María Pita la nombró “Alférez Perpetuo”.

El 18 de mayo, las tropas inglesas decidieron abandonar la ciudad. En Coruña quedaron 1.300 ingleses muertos, varios buques y barcazas hundidas, además, las epidemias empezando a hacer estragos entre la soldadesca invasora, todo lo cual provocó el desmoronamiento de la moral anglosajona y el alzamiento de la indisciplina. En la huida, diez buques con unos 1.000 hombres decidieron desertar, tomando rumbo hacia Inglaterra. El resto de la flota se dirigió hacia Lisboa.

El 26 de mayo de 1589, la flota inglesa con el Prior Crato, fondeó en la ciudad de Peniche, desembarcando la tropa al mando de Norreys. Mientras tanto, Drake puso rumbo hacia Lisboa, con el plan de penetrar por la boca del Tajo y bombardear la ciudad desde el mar y que, por tierra, Norreys apoyara dicho ataque, suponiendo que se le irían uniendo partidarios del prior Crato. Pero tal deseo no se cumplió. Crato no era un candidato demasiado apreciado; además, puestos a depender de un extranjero, los portugueses preferían al vecino hispano con el que se identificaban mejor que con el inglés; así que, los portugueses lejos de sublevarse a favor de Crato se aplicaron en la defensa contra los anglicanos con bastante empeño. Así las partidas hispanoportuguesas (unos 7.000 hombres entre hispanos y lusos) con constantes ataques, causaron cientos de bajas, al tiempo que vaciaban la ciudad de materiales, pertrechos y todo cuanto podía ser utilizado por los ingleses. La situación inglesa al llegar a las puertas de Lisboa, era dramática, sin caballos, sin pólvora, sin cañones, sin munición, sin alimentos y sin Drake que se mantenía con su flota en las afueras del puerto lisboeta, alegando que la fuerte defensa y el mal estado de la tripulación no le daban posibilidad alguna de entrar en Lisboa. Aunque, conociendo el carácter de Drake quizá estaba a la espera de que la batalla terrestre obtuviese el resultado deseado y, lograda la victoria, hacer acto de presencia y recoger los laureles. Pero lo cierto es que la entrada en la ciudad les resultó imposible. Las desgracias para los ingleses se incrementaron con la llegada a Lisboa de Alonso de Bazán, hermano de Alvaro,  atacó a la fuerza terrestre inglesa desde la ribera del tajo. Los ingleses buscaron refugio en el convento de santa Catalina, del cual tuvieron que huir ante la intensidad del fuego artillero español. Para no ser detectados levantaron un campamento en la oscuridad. Los españoles lograron hacerles salir del escondite y arreciando el fuego sobre el campamento enemigo, causaron numerosas bajas entre las tropas de Norreys.

La defensa española se completó con la llegada a Lisboa, el 11 de junio,  de nueve galeras al mando de Martín de Padilla. Norreys ordenó la retirada y poner rumbo a Inglaterra, mientras que las tropas españolas salían en su persecución. La derrota del ejército de Norryes fue total. Drake, tomó la valiente decisión de huir, pero Martín de Padilla, gran experto en la lucha en alta mar contra los piratas, lo siguió. Los ingleses sufrieron tal castigo que la flota quedó más que diezmada, se calcula que el 70% de la expedición falleció. Además, los españoles se hicieron con los papeles secretos de Antonio de Crato, que incluían una lista con los nombres de numerosos conjurados contra el Imperio Español. Se apoderaron de doce navíos. Drake logró escapar desesperado por la falta de víveres y el tifus; se dirigió primero a Vigo, pensando en invadir la costa gallega por el sur y ante la imposibilidad de hacerlo, se dirigió a las Azores, sin embargo, otro temporal le impidió llegar a las islas obligándole a retroceder, darse por vencido y ordenar el regreso a Inglaterra.

La indisciplina dominó la flota de Drake hasta el final, así al arribar en Plymouth el 10 de julio con las manos vacías y no pudiendo compensar a la soldadesca con los tesoros prometidos, los motines lograron gran violencia que fue contestada con el ajusticiamiento de varios de los pocos hombres llegados de vuelta.

La expedición de la Contra Armada está considerada como uno de los mayores desastres militares de la historia de la Gran Bretaña, quizá solo superado, siglo y medio después y durante la Guerra del Asiento, por la derrota sufrida en el sitio de Cartagena de Indias de nuevo a manos de tropas españolas.

Sin embargo, los ingleses ganaron en los que ahora se llama el relato. Hay pocos españoles que no sepan del amargo episodio de la Armada Invencible, pero muy pocos conocen que,  un año después, Inglaterra reunió una flota aún mayor que la española y que fue derrotada en los puertos españoles y portugueses. Inglaterra consiguió ocultar la vergonzosa retirada durante siglos. Sin embargo, el relato que ha permanecido en la conciencia popular es que tras la Armada Invencible se iniciaba la caída del Imperio Español. Nada más lejos de la realidad. Entre otras razones porque España no pudo invadir Inglaterra, pero no perdió casi barcos; de los galeones enviados, sólo se perdieron 3, la mayor parte de la flota volvió a España, en condiciones penosas, pero no fueron capturados por los ingleses. Felipe II se dio cuenta de la importancia de tener una Armada más poderosa para el tráfico con América y eso supuso un rearme con la construcción de barcos aún mejores. “La Armada Invencible no supuso ninguna quiebra de ningún tipo ni en el comercio con América ni en la defensa de nuestros puertos”, señala el profesor Negueruela[1]. El Imperio todavía viviría sus mejores años. En cuanto al trato recibido por la marinería, Felipe II hizo cuanto estuvo en sus manos para aliviar el sufrimiento de una tropa derrotada. Motivo por el cual, muchos estaban prestos a embarcarse en defensa de la patria en sucesivos viajes. En cambio, Isabel II, con su pregonada tacañería y su visión comercial, no tomó ninguna medida social a favor de los derrotados, de manera que la pobreza y la miseria de apoderaron de ellos. Se morían por las calles sin esperanza alguna de vida, tal como describe Burghley. El cual se avergüenza y clama contra la actitud de la Reina pues consideraba “un horror dejar morir de hambre a aquellos hombres de los que quizá sea difícil volver a conseguir su ayuda, cuando sea necesario”.[2]

Bibliografía.

  • La contra Armada: La mayor victoria de España sobre Inglaterra. Luis Gorrochategui .Ed. Planeta de los libros (Tiempo de Historia).
  • Imperiofobia y Leyenda negra. Mª Elvira Roca Barea. Titivillus. 2018.
  • Resumen de las intervenciones producidas en el I congreso Internacional sobre “ La armada española de 1588 y la Contra Armada inglesa de 1589”. Organizado por el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena.

[1] Ivan Negueruela. Director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática durante la celebración del I Congreso Internaconal dsobre la Armada española de 1588 y la contra Armada inglesa de 1589”

[2] J.F.C “Batallas decisivas del mundo occidental”. Ed. RBA. 2009

( Nota de la autora. Lord Burglehey fue Ministro de Isabel I. Pertenece a la nueva nobleza proveniente del anglicanismo).

EXPEDICIÓN BALMIS

Algunos lectores me habían pedido que hablara de la expedición Balmis para llevar la vacuna de la viruela a América y Asia, a la que se considera la primera expedición humanitaria del mundo y una auténtica heroicidad de esas que casi sólo somos capaces los españoles. Me había resistido porque últimamente se ha hablado y escrito mucho sobre este asunto, no sólo ahora por la pandemia , sino por dos novelas y una película que hicieron llegar al gran público esta aventura extraordinaria. Almudena de Arteaga no fue la primera en recrear desde la ficción esta expedición, pero sí la primera española y lo hizo en 2010 con su novela “Ángeles custodios”. Su extensión al cine llegó, en 2016, por la película “22 ángeles”.  Quizá la más leída ha sido la esplendida novela de Javier Moro, publicada en 2015 y premio planeta, “A flor de piel”. Novelistas, periodistas y otros escritores han escrito sobre esta materia con profusión.

Nada original puedo aportar a la historia de la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”, pero puedo ayudar a difundir tan heroico acontecimiento.

En el siglo XVIII, la viruela se había convertido en la pandemia más mortífera que azotaba a la humanidad; solo en Europa, durante esa centuria, acabó con la vida de 60 millones de personas y, en el mundo, se llevó la vida de 300 millones de seres humanos, siendo especialmente conocida su virulencia en América. Los contagiados que lograban sobrevivir a la enfermedad quedaban marcados por el resto de su vida con cicatrices sobre todo en brazos y cara. Pero, eso sí, no volvían a enfermar en las sucesivas oleadas.  Un médico inglés, Edward Jenner, había comprobado que los vaqueros habían desarrollado inmunidad al contagiarse de viruela bovina, mucho más benigna y que no dejaba marcas, lo que dio a Jenner la idea de inocular a los humanos la enfermedad bovina(variolización) con el resultado inmunitario que todos conocemos. De hecho, la palabra vacuna proviene del término latino variolae vaccinae que designa la viruela bovina. Sin embargo, el colegio de médicos británico se negó a aceptar este remedio con el curioso argumento de que a la larga todos nos volveríamos ganado.

Fue primero Napoleón y algunas damas de la aristocracia británica los que dieron el impulso definitivo a esta solución médica en Europa. Pero, el trabajo heroico de extender la vacuna por el mundo, se la debemos a un médico español, al alicantino Francisco Javier Balmis Berenguer que creyó entusiásticamente en el remedio inglés y decidió trasladarlo a América y a Asia, realidad que se llevó a cabo entre 1803 y 1806.

Francisco Javier de Balmis Berenguer inició sus estudios de Medicina en el Real Hospital Militar de Alicante en 1770, con el fin de convertirse en cirujano militar. Como médico militar participó en la Expedición de Argel contra los bereberes y en 1779 pasó a formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Español, sirviendo en el Regimiento de Zamora, heredero de uno de los Tercios más célebres de España al haber participado en el milagro de Empel , como ya vimos en su momento en este blog (  https://algodehistoria.home.blog/2019/12/06/la-batalla-de-empel-o-el-milagro-de-la-virgen-inmaculada/ ).También luchó en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Por los méritos que mostró, en 1781, fue ascendido al rango de Cirujano del Ejército, siendo destinado a América y sirviendo en Cuba y México. En 1795, fue nombrado cirujano de cámara honorario del rey Carlos IV de España. Ya destinado en la corte, tuvo conocimiento de la vacuna de Jenner y se convirtió en un gran defensor de la misma. De hecho, la vacuna había llegado a España en 1800 y al año siguiente se llevaron a cabo las primeras vacunaciones exitosas en Madrid. Balmis tuvo en el Rey al mejor defensor de la vacuna en España y de cara a su extensión por América y Asia; este apoyo real provenía de que una de las hijas del monarca había fallecido de viruela.

Así se gestó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Cuya meta era extender la vacuna por los territorios de la Corona española, pero inoculándola fundamentalmente a los niños.

En la organización del viaje, que debía durar meses, pero que abarcó tres años, el mayor problema era cómo trasladar el suero de la vacuna que había de ser inoculado en América, primera parte del viaje.

En aquel momento, la mejor manera de conservar y utilizar el suero del fluido vacuno era a través de la pústula de un recién vacunado que se podía inyectar en otra persona, que quedaba vacunada con ello y servía a su vez de portador vivo de la muestra. Por ello, Balmis decidió elegir a 22 niños huérfanos del hospicio de La Coruña a los que iría inoculando el virus paulatinamente.  De tal modo que en la práctica fue inocular la vacuna a dos niños cada semana (por si había complicaciones fatales en alguno) con las pústulas de los vacunados la semana anterior.

La Gaceta de Madrid explicaba cómo se llevaría a cabo el proceso: «siendo sucesivamente inoculados brazo a brazo en el curso de la navegación, conservarán el fluido vacuno fresco y sin alteración» hasta América.

Para poder atender a los 22 niños, Balmis logró que le acompañara a América la rectora del hospicio de La Coruña, Isabel Zendal Gómez, y una decena de médicos y enfermeros. Todos ellos, partieron el 30 de noviembre de 1803 del puerto de La Coruña con rumbo al Nuevo Mundo a bordo de la corbeta María Pita.  El plan era temerario y éticamente más que dudoso. Se eligió a niños porque, a falta de unos análisis que entonces no existían, podía establecerse con seguridad que no habían padecido la viruela. En cuanto a Isabel Zendal, había empezado a trabajar como enfermera en el hospital de la Caridad de La Coruña, fundado por Teresa Herrera. Su vida no había sido fácil, había perdido a su madre cuando ella contaba 13 años, precisamente a causa de la Viruela. Posteriormente, tuvo un hijo de soltera con lo que eso suponía en aquellos tiempos. La expedición para ella y para su hijo era una oportunidad de una vida mejor, de hecho, Balmis valoraba tanto su aportación que le pagaba un sueldo igual que el de los hombres. Al final del viaje, se instaló y se quedó a vivir en el Virreinato de Nueva España dónde siguió ejerciendo de enfermera con gran reconocimiento personal por su valía . El propio Balmis se encargó de destacar el papel fundamental de los niños y de su tutora. En una carta al ministro Caballero, el médico explicó como Zendal «con excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible madre» asistiendo a los niños «enteramente en sus continuadas enfermedades”. La OMS la ha considerado la primera enfermera de la historia que participó en una misión internacional. Siempre estuvo atenta al devenir de aquellos niños que trasladó al nuevo mundo, los cuales,  fueron educados de manera esmerada, quedándose allí con un próspero porvenir.

Pero no adelantemos el final.

La expedición que salió de Galicia hizo su primera escala en Tenerife, donde comenzó su campaña de vacunación. Allí se inoculó la vacuna a los hijos de 10 distinguidas familias y desde ellos, las autoridades sanitarias canarias, extendieron la vacuna a todas las islas.

En febrero de 1804, la expedición llegó a Puerto Rico y, al mes siguiente, al territorio de la actual Venezuela, donde halló muy buena disposición de las autoridades locales, lo que permitió difundir la vacuna por toda la región. En mayo, el convoy se dividió en dos grupos: uno que se dirigió al norte mandado por Balmis y otro con destino al sur del continente, mandado por el cirujano militar catalán José Salvany Lleopart. Ésta segunda rama llegó a la Patagonia tras superar numerosas penalidades.

El  grupo comandado por el propio Balmis, llevaba como objetivo extender la vacuna por el Caribe, Centroamérica y el norte del continente, en muchos casos sin la colaboración de las autoridades locales. Para superar las reticencias y facilitar la consecución del objetivo, Balmis creó lasJuntas de Vacuna” en cada territorio al que llegaba. Estas juntas tenían la obligación de encontrar niños a los que vacunar y de mantener vivo el suero. Las juntas funcionaban de manera autónoma, siguiendo las directrices del médico español. Así se logró la vacunación del virreinato de Nueva España y la extensión de la vacunación por Texas, Arizona, Nuevo México o California. La expedición vacunó directamente a unas 250 000 personas.

Organizada la vacunación en América, Balmis decidió embarcarse hacia Filipinas y realizar similar acción allí. Esta vez no contó con la colaboración de Isabel Zendal. La misión llegó al archipiélago en abril de 1805. De nuevo los más altos cargos políticos y eclesiásticos no colaboraron, pero gracias a su perseverancia y a las autoridades de menor rango, a principios de agosto, ya se habían vacunado nueve mil personas. Balmis comisionó a varios de sus subordinados para extender la vacuna al resto de islas. Desde Filipinas se trasladó a Macao, logrando la difusión de la vacuna por todo el territorio chino.

Este fue el último viaje de Balmis antes de regresar a España, para lo que tuvo que pedir un préstamo con el que sufragar un pasaje hasta Lisboa, pues había empleado todo el dinero en la extensión de la vacuna. Llegó a la capital lusa en febrero de 1806, no sin antes haber dejado alguna vacuna en una escala en la isla de Santa Helena (territorio británico de ultramar). Pisó el suelo de Madrid el 7 de septiembre de 1806. Carlos IV le colmó de honores y felicitaciones. Había terminado el que el naturalista Alexander von Humboldt calificó como el viaje «más memorable en los anales de la historia».

Quizá por ello, en 2020, las Fuerzas Armadas han denominado “Operación Balmis” a su despliegue en varios puntos de España para reforzar las tareas de confinamiento en estado de alarma por el coronavirus y la Comunidad de Madrid llamará Isabel Zendal al nuevo hospital de emergencias de Valdebebas

EL MITO DE LA INQUISICIÓN EN ESPAÑA

Hoy no voy a escribir mucho, dejo el trabajo a la BBC.

En 1994, la cadena pública británica realizó el que posiblemente sea uno de los documentales más certeros sobre la Inquisición Española. Evidentemente, podemos encontrar algún punto discutible, sobre todo en las explicaciones sobre por qué España no reaccionó contra la propaganda antiespañola que atacaba, tergiversando la verdad de manera tan destacada. Quizá en el documental se olviden que los atacados y los atacantes, especialmente en los Países Bajos, eran todos súbditos españoles lo que generaba no sólo problemas de orden público, también éticos y morales a la monarquía española.

Se dan datos asombrosos de la diferencia de torturados entre la Inquisición española y las persecuciones realizadas por los de otros países, en ese caso datos que siempre favorecen a la institución española. Se sabe que, los presos preferían las cárceles de la Inquisición a las normales pues el traro era mejor. La Inquisición casi no condenó por brujería, la tortura era un método excepcional y fue la primera institución, en el mundo, que abolió este sistema. No era un poder en la sombra, ni tenía capacidad para controlar la sociedad. En general su trabajo no era fácil, muy burocratizado, rutinario…

Lo mejor es ver el documental de la BBC que traigo en dos versiones , la original en inglés, que es un solo video de 50 minutos de duración y otra con traducción al castellano dividido en tres partes.

  • Original en inglés

https://www.youtube.com/watch?v=CY-pS6iLFuc

  • Versión en inglés con subtítulos en castellano realizado por Gonzalo Carlos Novillo Lapeyra.

Video 1

https://www.youtube.com/watch?v=15DJS188JV4

Video 2

https://www.youtube.com/watch?v=39gXWTkBBj0

Video 3

https://www.youtube.com/watch?v=QWxHiv82-Xw

 

DESPOTISMO Y DESPOTISMO ILUSTRADO

A decir del diccionario de la RAE

Despotismo se define en dos acepciones:

  1. m. Autoridad absoluta no limitada por las leyes.
  2. m. Abuso de superioridad, poder o fuerza en el trato con las demás personas.

El despotismo, políticamente hablando, se expresa en el régimen político gobernado por el temor y la corrupción, no existe posibilidad de expresión de los ciudadanos, y el déspota -sea un hombre, un grupo de ciudadanos o una asamblea- impone por el miedo sus normas; sólo en tal régimen, sólo en tal opresión, las divisiones son reales por debajo de la capa de uniformidad, de conformismo social. Esa uniformidad a veces se apodera de los menos formados, en ocasiones ,también de las grandes inteligencias.

En su forma clásica, el despotismo es un sistema de gobierno en el que una sola persona ejerce todo el poder y la autoridad que contiene el Estado. Esta forma de mando era común en las primeras formas de la estatalidad y la civilización, el faraón de Egipto es un ejemplo clásico del déspota, puesto que, una de sus esencias del despotismo era la concentración del poder en manos del monarca por provenir su derecho del orden divino .

El despotismo acabará desembocando y entroncando con el Absolutismo, que no dejaba de ser un sistema de gobierno, propio de las monarquías tradicionales, en el que todo el poder, era ejercido por el rey sin limitación institucional alguna, fuera de la propia ley divina. El rey era identificado como la personificación del propio Estado y por el origen divino del mismo sólo podía heredarse por sus hijos. Se sitúa en el periodo histórico conocido como Antiguo Régimen y cuya datación se inicia en el S.XVI, con la formación de los Estados-Nación, es decir, los estados modernos y que alcanza el S. XVIII. Luis XIV de Francia, el rey sol, es uno de sus mayores representantes .

En España, por coincidencia temporal, el absolutismo habría que relacionarlo en su inició con el periodo de Carlos V, prolongándose a la dinastía de los Borbón. Pero los Austrias, mantenían un sistema de consejos y ciertas atribuciones a la nobleza que impiden asociarlo al modo europeo de absolutismo radical.  En comparación con otros países de la Europa Occidental en España el absolutismo llegó más tarde y finalizó más tarde y fue Felipe IV el que estuvo más cerca de pasar por un rey absoluto al modo francés por influencia del Conde Duque de Olivares. Fueron los borbones, con Felipe V, los que introdujeron el absolutismo francés, pero, realmente su posición se acerca ya al Despotismo o absolutismo ilustrado.

El siglo XVIII marca el inicio de un cambio, que a la postre será un gran cambio. El movimiento ideológico de la Ilustración estaba contra las instituciones y amenazaba el régimen absolutista. Bajo este contexto, nace el “Despotismo ilustrado” (término acuñado en el siglo XIX para definir una situación del siglo XVIII). Su ideación es una estrategia para que los monarcas pudieran mantener su poder absoluto usando el argumento de que el Estado tenía el papel de padre protector de sus súbditos. Su forma de actuar tenía tres características esenciales: 1) supuso una reafirmación del poder absoluto de la Monarquía, por lo que no significó ninguna ruptura con la tradición política absolutista anterior. 2) Se planteó el ideal del “rey filósofo”. El monarca, amante de las artes y las ciencias, era asistido por las minorías ilustradas, sabía lo que convenía a los súbditos, y estaba en condiciones de impulsar reformas racionales necesarias para el conjunto de la sociedad con el fin de progresar y otorgar la felicidad al pueblo. Realmente, esta segunda característica procedía del renacimiento cuando ya los reyes eran mecenas antes de intentar convivir con la Ilustración. 3)  Aquella cortina de moderación que tuvo la monarquía clásica para sobrevivir, tuvo como base de actuación el fomento de la prosperidad, la cultura y los avances de sus países y súbditos, pero con la peculiaridad de hacerlo desde la élite: “Todo por pueblo, pero sin el pueblo”. El despotismo ilustrado pertenecía a un sistema de gobierno propio del Antiguo Régimen europeo, pero incluyendo las ideas filosóficas de la Ilustración, según las cuales, las decisiones del hombre son guiadas por la razón y, en aquella interpretación monárquica, ejecutadas por la monarquía que seguía concibiéndose como único representante de la Soberanía por gracia de Dios.

Entre los monarcas ilustrados más significativos del periodo deben ser citados los ejemplos de José I de Portugal; Federico II el Grande de Prusia; Catalina la Grande de Rusia, José II, Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico y, en España, el gran ejemplo es Carlos III. Todos ellos impulsaron reformas en distintas áreas (educación, justicia, agricultura, libertad de prensa o tolerancia religiosa).

La efectividad de estas medidas fue amplia en el campo económico y en las condiciones de vida de sus sociedades, sin ellas no se hubiera desarrollado una burguesía pujante que a la larga los desaloja del trono o bien los modera en su poder. Es característico de estos monarcas rodearse de grandes hombres, siempre ilustrados que aplicaran o diseñaran las reformas que se pretendía imponer. Así Voltaire asesoró a Federico II ; Diderot a Catalina II, gracias a la cual Diderot conservó su magnifica biblioteca, que ha llegado a nuestros días. En Portugal el artífice de las grandes reformas fue el Marqués de Pombal y en España recordaremos al Conde de Floridablanca, Campomanes, el Conde de Aranda o Jovellanos. Extendiéndonos mínimamente en el caso español, señalaremos que las reformas emprendidas por Carlos III, ya con sus ministros españoles tras la oposición del pueblo a las medidas de los primeros italianos ( ver entrada sobre el Motín de Esquilache) abarcaron todos los órdenes:

Se plantearon reducciones del poder de la Iglesia, que culminaron con la expulsión de los Jesuitas, también se limitó el poder de la Inquisición, se modificaron costumbres de la religiosidad popular y se puso especial empeño en aumentar la formación de los eclesiásticos, elemento de transmisión de valores entre el pueblo.

Económicamente, en el sector agrario se intentó controlar a las oligarquías locales, para ello se introdujeron en los gobiernos municipales cargos elegidos por la población –síndicos y diputados del común-, aunque acabaron controlados por el señorío local. También, se hizo una reforma agraria que nunca se llevó a cabo en toda su extensión pero que ha dejado una interesante documentación sobre las propuestas ilustradas, sobre todo, de Jovellanos. Se limitaron los derechos de la Mesta y se repoblaron zonas despobladas, especialmente interesantes, fueron las de Sierra Morena y también se desamortizaron algunas zonas comunales. Se liberó la circulación y el comercio de cereales y vinos y el comercio con América. Fue la época dorada de las Sociedades Económicas de Amigos del País, impulsadas por el Ministro José Gálvez y por Campomanes.

En el plano institucional se estableció el sistema de quintas – servicio militar- y se crearon las distintas armas en el ejército.

Quizá la reforma más interesante en cuanto supuso un importante cambio social, fue la Real Cédula de 1783 que establecía que los oficios no eran deshonrosos. También se intentó el control de grupos marginales como vagabundos o gitanos.  En este terreno social fue importante la labor a favor de la educación, las instituciones culturales y científicas. También tuvieron algunos fracasos, como el cambio del plan de estudios universitarios que contó con la oposición de la Universidad de Salamanca que aprobó el suyo propio, el cual, a la larga, fue el que se impuso en toda España.

En las obras públicas realizó el Canal Imperial de Aragón y un plan de carreteras radial con origen en Madrid y destino en Valencia, Andalucía, Cataluña y Galicia que fue la base del sistema de carreteras que tenemos hoy en día. En la Industria fomentó la de bienes de lujo: platerías, porcelanas, alfombras, cristalería ( famosa las del Buen Retiro o la Granja).

Hizo hospitales públicos, servicios de alumbrado y recogida de basura, uso de adoquines, una buena red de alcantarillado, que embellecieron y sanearon las ciudades, especialmente Madrid. En la capital, además, ejecutó un ambicioso plan de ensanche, con grandes avenidas; monumentos y museos que le granjearon al Rey el sobrenombre del mejor alcalde de Madrid.

Para financiar todo esto ideó un sistema para aumentar la recaudación fiscal: la Lotería Nacional y para la ordenación de fondos se creó el Banco Nacional de San Carlos, antecedente del Banco de España.

Volviendo al plano mundial, a pesar de las mejoras introducidas por el Despotismo ilustrado, la libertad que la Ilustración buscaba no se consiguió. Los ilustrados apoyados por los burgueses, clase mercantil emergente, comienzan a difundir la noción de libertad del hombre entre el pueblo. Comienzan así los crecientes conflictos sociales y políticos que desencadenarán en la Declaración de Independencia Americana de 1776 y la Revolución Francesa en 1789, poniendo fin al Despotismo ilustrado. En ambos casos, el alzamiento burgués supuso la aceptación de sistemas constitucionales que se basaban en la separación y contrapesos de los poderes del Estado, ideada originariamente por Montesquieu y esencia de la democracia.

Decía Montesquieu que,  todo hombre que tenga poder tenderá insensiblemente al abuso; el amor al poder -apunta Montesquieu- es en el hombre insaciable y «casi constantemente agudizado y jamás saciado por la posesión». «Es que los hombres abusan de todo», escribe en sus cuadernos, y «hasta la virtud necesita límites». Esta sed de poder sería uno de los resortes, por lo demás positivo, que pone en movimiento al hombre, al movilizar la pasión de la ambición -la más potente, junto con la del amor, para los ilustrados-, que además aumenta su fuerza si, por contrapartida, no encuentra más que la tendencia al reposo de los otros, esto es, la pasividad de los otros.

Ese pensamiento y la idea de respeto a la libertad, la propiedad, a los derechos humanos los veremos plasmar de manera práctica en el mundo a través del constitucionalismo que sigue a las revoluciones liberales. Pero no todas las constituciones recogen esos principios de separación del poder de manera real, en algunas es mera retórica.

Precisamente, en las situaciones donde el constitucionalismo es meramente formal, hoy en día, hablamos de dictaduras, tiranicidio y en ellas el déspota domina a través del castigo, la violencia y siempre el miedo. La dictadura es una forma de gobierno sin restricción ni por la constitución ni las leyes y donde a la oposición no se la deja que exista, en ocasiones de manera evidente, en otras, más sibilina. Ejemplos de ello tenemos demasiados en nuestros días, sólo hay que abrir el periódico. Son ejemplos de que el Despotismo no ha sido derrotado.

BIBLIOGRAFIA

Hº Universal. Ed Espasa- Calpe.

ROBERTO FERNÁNDEZ DÍAZ. » La España de la Ilustración». Ed Espasa-Calpe

Curiosidades de la Historia 2. Entre cuentos y leyendas

Hoy vamos a husmear en las entretenidas, a nuestros ojos, historias de tres españoles cuyo paso por la Historia, transcurrió entre cuentos y leyendas. Son personajes reales con historias reales a los que la fantasía agrandó los hechos o la leyenda los encumbró o los condenó. Veamos a tres españoles por el mundo de la Historia.

Magno Máximo, un gallego, rey de Gales

Los que se acerquen a esta figura pensaran que me he equivocado puesto que Magno Máximo fue uno de los efímeros emperadores de la fase final del Imperio romano. Gobernó entre el 383-388. Pero hoy no quiero referirme, salvo de pasada, a su historia en Roma, que es fácil de referir, sino a la leyenda que lo sitúa como Rey de Gales.

La Historia.

Máximo era hispano, parece ser que de la provincia Gallaecia, o sea que era “gallego”. Por tanto, fue otro de los “españoles” en dirigir el Imperio romano junto con Trajano, Adriano y Teodosio, el grande. Vivió en el siglo IV, procedía de la noble familia de los Flavio y siguió una brillante trayectoria en el ejército, gracias a Teodosio el viejo, padre de Teodosio, el grande, que lo tuteló.

Debemos recordar, para situar a nuestro personaje, que, alrededor del año 337, tras la muerte de Constantino el Grande, el imperio queda dividido en dos. Por un lado, el Imperio Oriental, es decir, Bizancio, bajo el mandato de Constancio II, mientras que la parte Occidental quedó bajo el gobierno de su hermano, Constantino II. A su vez, el Imperio Occidental queda dividido en dos partes, denominadas prefecturas. La más occidental era la Prefectura de las Galias, que incluía cuatro diócesis: Hispania, Vienense, Galia y Britania. Máximo, junto a Teodosio, el futuro Teodosio, el grande, fue enviado por el emperador occidental, Valentiniano I, a defender la frontera norte de Britania, el conocido como muro de Adriano, donde las incursiones de pictos y escotos traían de cabeza a los romanos. Máximo fue un soldado valiente que se ganó el reconocimiento de sus soldados. En el 372, fue enviado a África, donde también salió victorioso. Tras la derrota del Imperio de Oriente ante los godos en Adrianópolis- 378-, Teodosio fue proclamado emperador de Oriente. Mientras Graciano era el emperador de Occidente.

Desde el 376, Máximo Magno se había instalado en las islas británicas dónde se casó y donde estaban sus más fieles soldados. En las islas se forjará su leyenda. Había vuelto a los puestos fronterizos del Imperio en el norte de la isla; de nuevo, defiende el muro de  Adriano, donde su buen hacer, su valentía y su liderazgo en la defensa del Imperio, le valieron ser nombrado por sus hombres emperador del Imperio de Occidente, lo que suponía un intento de usurpación del trono de Graciano, el legítimo emperador de occidente. El choque entre Máximo y Graciano era inevitable y se produjo cerca de la actual ciudad de París. Graciano fue traicionado por los suyos en la batalla y cuando volvía a Italia lo asesinaron en las inmediaciones de Lugdunum (Lyon).

Tras los hechos, Magno Máximo se instala en Tréveris, capital de la prefectura de las Galias, con la intención de ejercer desde allí como emperador. Para eso necesitaba ser aceptado por el emperador de oriente: Teodosio, el grande y de Valentiniano II que se consideraba sucesor de Graciano. En un primer momento, llegan a un pacto: el imperio de divide en tres. Máximo se queda como emperador de la prefectura de las Galias,  Valentiniano II como emperador del resto de occidente, es decir las dos diócesis itálicas y Panonia y Teodosio como emperador de oriente. Magno Máximo fue emperador entre los años 384-388, fecha esta última en la que encontró la muerte por orden de Teodosio, el grande.

La Leyenda

En torno a 1135 la historia de Máximo ya era una leyenda; y el lugar de su arraigo, Gales. Es citado tanto en la historia de Britania de Nennio como en la Historia de los reyes de Britania del monje galés Geoffrey de Montmouth, en la que aparece como Rey de Britania durante el mandato de Constantino. El primero, busca un linaje fantasioso que le permite dar legitimidad a los reyes de Gran Bretaña, afirmando asimismo que ayudó a los britanos a extenderse de nuevo por la isla y volver a colonizarla. En el caso del segundo, parece que la historia procede de la unión de historias de distintos personajes y algunas leyendas, al modo en el que se creó la historia del Rey Arturo.

Pero la leyenda más completa se encuentra recogida en el Mabinogion (colección de historias en prosa procedentes de manuscritos medievales galeses. Se basan en parte en acontecimientos históricos de la alta Edad Media, pero algunos elementos se remontan a tradiciones anteriores, posiblemente de la edad de bronce). Allí se narra que Máximo soñó con un castillo en el que dos hombres jugaban al ajedrez mientras una bella doncella les contemplaba. Se cuenta que, Máximo, prendado de aquella visión femenina, mandó mensajeros en busca de tan bella doncella llamada Helen Luyddawc, en su sueño. y, tras enviar emisarios por todas las islas en su busquéda, la encontró en Gales. Se casó con ella, y sus hermanos (los jugadores de ajedrez) le ayudaron a conquistar toda la isla de la que fue Rey y también de la Bretaña francesa.

De todo esto, parece que hay restos arqueológicos y documentales suficientes como para afirmar, con cierta verosimilitud, que Máximo se casó con la hija de un poderoso jefe britano de la región Caernarfon, en la zona norte de Gales y que se la conocía como Elena de Caernarfon. También se le atribuye a Máximo la iniciativa para la conquista de la Bretaña francesa. No se sabe del destino de su familia, pero parece que Teodosio perdonó la vida a su mujer e hijas, así como a su madre. De igual forma, se considera que un nieto de Máximo también intentó usurpar los laureles de emperador de Roma, resultó muerto en el intento.

Por todo ello, podemos decir que un gallego reinó en Gales, de verdad o en la leyenda, quién sabe. Lo que es cierto es que en la Historia del linaje de los reyes británicos está incluido, con más o menos bruma en torno a su persona.

Un lepero, rey de Inglaterra

Aunque a Lepe se la relaciona con los chistes, esto no es ninguna broma. Juan de Lepe era un marino de esta localidad onubense de carácter abierto, dicharachero, picaruelo y simpaticón, al que los avatares de la vida llevaron a la corte del rey de Inglaterra, Enrique VII (fundador de la dinastía Tudor-1457-1509-). Llegó a ser una mezcla de confidente y bufón del Rey. El desapacible clima de la isla, que obliga a un eterno confinamiento, hacía que el Rey pasase las horas frente a las chimeneas del Palacio, tomando cervezas y jugando partidas de cartas o ajedrez. En estas situaciones, se hacía acompañar de nuestro compatriota. El Rey tenía fama de tacaño y las apuestas, en los juegos de naipes, no iban más allá de alguna moneda; hasta que un día, pensando que Juan se echaría atrás, se jugó las rentas de Inglaterra, aunque, rápidamente arrepentido, lo dejó en la posibilidad de que, si perdía, Juan podría ser rey por un día y quedarse con las rentas de esa jornada. El juego fue a doble mano. Juan aceptó sin inmutarse, aunque si perdía, debería las rentas del día. Ganó y fue rey durante un día. Tal situación se hizo publicar en todo el país, siendo conocido como “el pequeño rey de Inglaterra” . Como espabilado que era, durante su breve reinado, se aseguró el futuro haciéndose con un buen montón de prebendas y derechos, además de las rentas ganadas, con el consiguiente permiso para poder llevarse a España todo lo conseguido. Tras la muerte de Enrique VII, en 1509, el lepero decidió regresar a su casa antes de que Enrique VIII decidiese su destino. Ya en su pueblo, se dedicó a disfrutar de la vida y de su fortuna, pero también quiso ganarse el retiro celestial y donó parte de sus riquezas al monasterio franciscano de Lepe ( Nuestra señora de la Bella) con una condición: que se grabaran en su lápida, a modo de epitafio, sus hazañas.

El expolio que vivió la iglesia a principios del siglo XIX impide conservar la lápida, pero tenemos constancia de la misma, gracias a la obra “Origine Seraphicae Religionis” (1583) del padre Francisco de Gonzaga. En la obra se describe la lápida y la historia:

“En la Iglesia de este convento aún se ve el sepulcro de cierto Juan de Lepe, nacido de baja estirpe del dicho pueblo de Lepe, el cual como fuese favorito de Enrique VII rey de Inglaterra con él comiese muchas veces y aun jugase, sucedió que cierto día ganó al rey las rentas y la jurisdicción de todo el reino por un día natural, de donde fue llamado por lo ingleses el pequeño rey. Finalmente, bien provisto de riquezas y con permiso del Rey volvió a su patria nativa y allí después de haber vivido algunos años rodeado de todos los bienes y elegido su sepultura en esta iglesia, murió. Sus amigos y parientes grabaron esta historia en lugar de epitafio, la cual quise yo, aunque no parece a propósito de esta Historia, dejarla como un recuerdo de este lugar”.

Un pastelero abulense, rey de Portugal.

Quizá este sea el episodio más conocido de los tres y, en este caso, la leyenda fue una realidad histórica.

Antes de llegar a nuestro pastelero debemos centrarnos en la situación portuguesa. En 1578, Portugal se enfrenta a una guerra por el control de lo que hoy es marruecos o parte del territorio actual del país africano. La batalla en la que fueron derrotados los portugueses y muerto su rey, el Rey Don Sebastián, fue la de Alcazarquivir o la batalla de los tres reyes en referencia al Rey Don Sebastián y los dos sultanes que se disputaban el trono en Marruecos.

Portugal estaba en plena edad de oro, sin embargo, la derrota en Alcazarquivir supuso un revés en su situación. Muerto el Rey subió al trono el Cardenal Enrique, como Enrique I, tío-abuelo del Rey Sebastián. Enrique I falleció dos años después, lo que abrió la crisis sucesoria de 1580 que llevó al trono de Portugal a Felipe II. Fue la famosa Unión Ibérica durante la cual los dos reinos tuvieron coronas separadas pero gobernadas por el mismo rey. Felipe II fue el primero de los tres reyes españoles que gobernaron esta unión hasta 1640, año en el que Portugal recobró la independencia. Durante la Unión, Portugal se vio privado de una política exterior independiente, participó, junto con España, en la guerra en los Países Bajos; sufrió grandes reveses en su imperio y perdió el monopolio comercial en el índico.

Evidentemente, aquella situación no era muy del agrado de todos los portugueses, así que un buen número de ellos se refugiaron en el “Sebastianismo” movimiento místico que aceptaba la leyenda de que el Rey Don Sebastián no había muerto en la batalla de Alcazarquivir y que , según los que le vieron tras la batalla, había hecho promesa de volver para salvar a su pueblo. Tal movimiento tuvo una extensión particular en Brasil. Uno de los mayores divulgadores del movimiento fue el poeta portugués Bandarra.

La idea de que el Rey estaba vivo y había de regresar a Portugal, propició la aparición de diversos episodios de suplantación de su personalidad. Y es en este ámbito, en el que aparece nuestro pastelero de Madrigal de las Altas Torres, Gabriel de Espinosa. Realmente no se sabe dónde nació y algunos consideran que tienen origen toledano, pero en el transcurso de nuestra historia vivía en el pueblo de Ávila. Allí, no se sabe cómo contactó con él fray Miguel de los Santos, que era portugués y había sido confesor del Rey Don Sebastián y, que, en el momento de contactar con Gabriel, era el capellán del convento de Madrigal en el que era monja Doña Ana de Austria, sobrina de Felipe II.

Parece ser que Fray Miguel era un emisario de Antonio de Portugal, prior de Crato y el mayor enemigo de Felipe II en el país luso.

El capellán del convento de Madrigal convenció a Gabriel de Espinosa de su parecido con el Rey Don Sebastián, de manera que le hizo creer que sería nombrado Rey del país vecino y se casaría con doña Ana de Austria. Se encontraron diversas cartas del fraile dirigidas al pastelero dándole tratamiento de majestad. Parece ser que Gabriel de Espinosa no hacía ascos a hacerse pasar por el rey. Incluso llegó a tener en su poder diversas joyas de la sobrina del Rey Felipe, no se sabe si por donación de ésta o porque el capellán se las hizo llegar. El caso es que alguien le denunció por poseer esas joyas y así se inició el “proceso de Madrigal”, documentado en el archivo de Simancas. Tras el juicio, Doña Ana, que llegó a creer que el suplantador era en realidad el rey portugués, su primo, con quien podría casarse tras recibir el beneplácito del Vaticano, como se lo prometió el fraile, fue declarada inocente, pero no se libró de castigo puesto que fue desposeída de todas sus pertenencias y condenada a una vida de absoluta incomunicación en un convento de Ávila. Cuando Felipe III llega al trono, a doña Ana le restituyen en la posesión de sus bienes, además, pudo volver al monasterio de Madrigal, donde llegó a ser priora. Por su parte, tanto Espinosa como fray Miguel fueron condenados a muerte y ejecutados en 1595. En el juicio, el fraile, sometido a tortura, confesó su culpabilidad, como único ideólogo e inductor de los hechos.

Esta suplantación trajo de cabeza a Felipe II, que vio en el personaje más peligro de lo que nos pueda parecer ahora. De hecho, del contenido del juicio archivado en el Archivo Histórico se desprende que las sentencias vinieron influencias por Felipe II.

Todo el episodio inspiró diversas obras literarias, la más famosa “Traidor, inconfeso y mártir” de José Zorrilla, escrita en 1849. En ella el autor cambia algunos hechos, de manera que Espinosa no es un simple pastelero sino el auténtico Don Sebastián .

La verdad sobre la vida del monarca portugués es que murió en el campo de batalla. El cadáver fue sepultado inicialmente en Alcazarquivir; en diciembre de ese mismo año fue entregado a las autoridades portuguesas en Ceuta, donde permanecería hasta 1580, fecha en que sería trasladado, por orden de Felipe II,  al monasterio de los Jerónimos de Belém, en Lisboa, donde se encuentra definitivamente enterrado.

BIBLIOGRAFÍA

The New Cambridge Medieval History. Ed Cambridge University Press

JAVIER SANZ. Bitácora “Historias de la Historia”

Kamen, Henry. Felipe II . Ed Siglo XXI. 1997.

¿Traidor? Fray Bartolomé de las Casas

A Fray Bartolomé de las Casas se le ha considerado uno de los causantes de la leyenda Negra. Así se manifiesta Julián Marías en “España inteligible” (1985) al considerar a Fray Bartolomé de las Casas y a Antonio Pérez los mayores causantes de esta plaga propagandística en contra de España. Por tal motivo, algunos autores, como Jesús Rojo Pinilla, lo incluyen en la lista de los mayores traidores a España.

Vamos a dar un repaso a su vida, de manera sucinta, siguiendo, sobre todo, los postulados de Menéndez Pidal en su obra “El Padre Las Casas. Su doble personalidad”, a fin de hacernos una idea del personaje del que estamos hablando.

Las Casas nació en Sevilla en 1484, tras estudiar en Salamanca, llegó a las indias en 1502 para hacerse cargo de los negocios de su padre en isla La Española. Guerreó al lado de Diego Velázquez de Cuéllar en la conquista de Cuba, fue encomendero y trabajó su encomienda con indios esclavizados. Repentinamente, sufrió una transformación, se convierte en religioso para más tarde ingresar en la Orden de los Dominicos.

La figura de Fray Bartolomé está llena de contradicciones, quizá porque sólo hay un elemento constante en su vida que dé unidad a toda su actuación: el amor a sí mismo, su afán de protagonismo, su vanagloria personal.

Fray Bartolomé que tuvo una larga vida, más en la época que vivió- murió con 92 años-, tras su ingreso en la vida religiosa, se dedicó a atacar toda encomienda y defender, a su manera, a los indios. Realmente, esa defensa fue más literaria que práctica; es más, cuando puso en práctica sus ideas fracasó estrepitosamente.

En el inicio de su vida religiosa,  empieza a escribir en contra de las encomiendas y contra la conquista, pero su formación no era, por entonces, muy sólida. Para incrementar su instrucción ingresa en los Dominicos (quizá la Orden religiosa que más se aproximaba a sus ideas y la que presentó más quejas ante el Rey por el trato dispensado a los indios, como vimos en la entrada sobre los Justos Títulos). Pasa siete años “desaparecido”, durante los cuales logra hacerse con una gran erudición. Esa vasta cultura adquirida se refleja de manera prolija en sus obras junto con otras de sus características personales: su enorme capacidad de persuasión. El número de sus escritos y libros es abundante, pues siempre demostró una inmensa actividad, llena de energía y tesón hacia la defensa de sus ideas, lo que le granjeó un gran respeto social. Su reaparición tras esos siete años se hizo bien visible con la publicación de su “Historia de los Indios”.

¿Fue Fray Bartolomé un historiador?

No, realmente sus libros son propagandísticos. Hacían publicidad ,sobre todo, de sí mismo, tergiversando toda la realidad a mayor gloria suya y de sus fines.

En sus escritos se muestra rigorista, con gran agresividad en la defensa de sus convicciones, utilizando la hipérbole de manera tan exagerada que alcanza el disparate, incluso Menéndez Pidal lo asemeja, por sus excesos, a los escritos burlescos de Quevedo, y, en ellos, sobrepasa con creces los límites de la difamación. Sus tesis tienen siempre los mismos elementos básicos: la condena de las encomiendas; la condena de la conquista; la condena de los españoles, siempre malvados; la defensa de una supuesta bondad universal de los indios, y dos elementos esenciales: la búsqueda de su influencia en la voluntad y conciencia del Rey de España y la publicitación de su propia bondad, rigor y virtud.

Todas sus letras llevan implícita una vanagloria desorbitada, haciéndose autor de circunstancias, normas y virtudes en las que apenas participó o no participó en absoluto. Escribía con tanta insistencia, rigorismo e inflexibilidad enfermiza, mezclada con dotes persuasivas que lograba ser advertido por ojos poco estudiosos como una persona íntegra, de gran moralidad.  La falsedad del concepto personal que proyectaba el dominico se hace patente en circunstancias como las siguientes: se hizo pasar por entregado misionero cuando jamás supo estar cerca de los indios, como evidenció el Inca Garcilaso de la Vega; jamás aprendió las lenguas vernáculas ni estableció catequesis a los naturales; fomentó el esclavismo negro; sus obras, teóricamente de carácter misional, se dirigían más contra los españoles, que en favor de los indios. Uno de los episodios más cuestionables de su vida es aquel en el que condena a todos los que viven de las riquezas llegadas de las indias, es decir, para él todos los españoles, pero sin reparar que entre los beneficiarios se encuentra él, no sólo por español sino por vivir de la generosa pensión que le pagaba el Rey y que procedía del presupuesto del Consejo de Indias y de las indias. Nunca renunció a una vida cómoda. En este sentido, el gran evangelizador, Motolinía, escandalizado por las cosas que decía y hacia el dominico, cuenta como en todos sus viajes se hacía acompañar de un buen número de indios que transportaban sus enseres, especialmente sus libros y papeles y a los que no pagaba nada. No hacían lo mismo otros españoles que, en condiciones semejantes, pagaban a sus porteadores.

Para completar el análisis brevísimo de su personalidad, debemos recordar que debido a que las cuestiones no se resolvían como él pretendía, lleno de furia, empezó a pregonar supuestas profecías contra España. Parecía emular al profeta Isaías, pero con más vehemencia, desprendía fuego en sus palabras y vaticinios. Y así, ejerciendo de profeta, pronosticó la destrucción de España en 1600. Sus visiones estaban imbuidas de una soberbia enfermiza y plenas de amenazas. Es evidente que no acertó en nada.

Con todo este panorama ,sin embargo, logra aparecer en la conciencia colectiva de algunos de sus coetáneos en América como noble misionero, incluso por encima de misioneros de verdad y de gran talla como Zumárraga o Motolinía.  Hasta que, a un lado y otro del Atlántico, se percataron de su falsedad.

¿Qué pretendía?

Acabar con las encomiendas y terminar con las conquistas (o lo que es lo mismo, expulsar a los españoles), ponderar desorbitadamente la capacidad de los indios para gobernarse a sí mismos y sobre todo y por encima de todo influir en la Corte; ejercer el poder doblegando la conciencia del Emperador. Cómo era evidente que los indios no estaban evangelizados, consintió, como único título de justa presencia española en el Nuevo Mundo la Bula del Papa Alejandro a los Reyes Católicos. Así pues, la única ley que permitía a los españoles estar en las indias era la cristianización de aquellas gentes y para eso no hacía falta armas ni guerras, decía, solo frailes y algún labriego, gentes de campo que enseñaran a los indios a mantener y sacar provecho de sus haciendas. Incluso así, tergiversó la Bula para hacerla acomodar a sus propios intereses, en última instancia, aparecer ante los demás como el guía único de estricta observancia en la gobernación de las indias.

Tres fueron los episodios en los que puso en marcha sus ideas de un modo práctico: Colonización de Cumaná, su obispado en Chiapas y el proyecto de la Vera Paz. Todas resultaron un fracaso y cada una de ellas aumentó su desprestigio ante las autoridades civiles y religiosas de la Península y de América. En Chiapas aplicó a rajatabla lo señalado en sus “confesiones”, siempre en contra de los españoles, pues negaba la confesión, absolución y comunión a todo aquel encomendero que no se desprendiera de los indios y no regalara a éstos todas sus posesiones hasta vivir en la más radical pobreza. Fomentó la delación de aquellos que no cumplieran rigurosamente sus observancias. Logró tal desafección que provocó alteraciones del orden y una pérdida de fe los españoles sin lograr la evangelización de los indios. La aplicación de su ultra rigorismo religioso, destrozó la vida en su sede en Chiapas hasta que acabó desistiendo de su empresa por imposible. Su sucesor tuvo que dar marcha atrás en todo lo pregonado por Las Casas para reconstruir la convivencia. En las otras dos, la realidad de los indios, mostró que su utopía era descabellada. Los indios no eran esos hombres buenos y pacíficos que él creía, no eran los hombres con un desarrollo intelectual a la altura de los antiguos griegos como él ensoñaba. Los indios vivían en la prehistoria, en una incipiente edad de los metales. Eran caníbales y antropófagos, con una crueldad incontrolada y aunque algunas de las tribus eran más pacíficas, otros eran guerreros y muy agresivos. Mataban frailes, niños, secuestraban mujeres y ofrecían a los dioses sacrificios humanos con torturas inenarrables. En estas condiciones, la guerra contra ellos se hacía justa y era la única forma de mantener el orden, la paz , hacer prosperar aquellas tierras y, sobre todo, evangelizar a los indios, como reconocieron los auténticos y entregados misioneros que hubo en abundancia en el Nuevo Mundo.

Fray Bartolomé jamás apreció nada malo en los indios, en contra de toda realidad, justificó su antropofagia y ritos salvajes. Toda la maldad provenía de los españoles. Jamás encontró una virtud en sus compatriotas, al contrario, muestra hacia ellos un aborrecimiento, un odio colérico absolutamente irracional. Tanto empeño puso en este pensamiento polarizado, en esta dicotomía, que cualquier observador reflexivo notaba su distorsión cognitiva. Si bien su propaganda y ese afán de mostrar integridad le dio fama y respeto personal, pero, no le ocurrió lo mismo con su influencia. Sus primeros escritos, destinados a mediatizar la conciencia de un escrupuloso Carlos I casi logran su empeño. Sin embargo, la aprobación de las Leyes Nuevas y su aplicación rigorista, tan al gusto de Las casas, ocasionó tal desastre que tuvieron que ser modificadas al poco tiempo. Lo mismo que la misión en Chiapas o los escritos de los auténticos Misioneros, especialmente Motolinía,  acabaron con su crédito.

Motolinía escribe en 1555 al Rey Carlos I señalando todas las incoherencias, falsedades y demencias de Las Casas. El buen fraile se mostraba escandalizado y sugería a Carlos I que “le encerrase en un convento antes de que hiciera males mayores”. Además, manifiesta al Rey que la guerra contra los indios es justa, que sin conquistadores aquella empresa evangelizadora no puede llevarse a cabo. Motolinía es consciente de algunos abusos de los españoles, pero sabe que superada la primera etapa de la conquista aquellos abusos disminuyeron considerablemente, en cambio, la ferocidad de los indios no disminuiría sin ser evangelizados y para ello, previamente deberían ser pacificados y no había forma de pacificación que no pasara por el concurso de los conquistadores y las encomiendas. Por eso se empeña en intentar acabar con el cargo de conciencia que Las casas había intentado inocular en el Rey. Además, llama la atención del monarca sobre el mal que los escritos de las Casas pueden hacer en la fama de la Nación española, pues lo enemigos de España tomarán sus palabras por ciertas y atacarán a España por aquellas obras suyas. Las palabras de Motolinía son premonitorias.

Carlos V recibía cada vez más muestras de lo inadecuado de los escritos de Las Casas por su falsedad, su exageración sin límites, dónde los datos y asuntos se repetían sin cesar, cambiando el lugar del suceso y agrandando las cifras que daba en cada momento. Por eso, su voz era cada vez menos escuchada. Pero su persona fue tratada con respeto y se le mantuvo la pensión que se le daba, se le nombro asesor del Consejo de Indias, cargo que ejerció residiendo ya en España, pues tras el fiasco de Chiapas y cuando se vislumbraba el desastre de la Vera Paz, volvió a la península a instalarse en la Corte, dónde más le gustaba estar.

Menéndez Pidal no se explica como “un supuesto hombre piadoso, filántropo, virtuoso, emplea la falsedad y la impostura para difamar a todo un pueblo, y lo difama en una de las empresas más importantes de ese pueblo. ¿Cómo puede ser esto?”

Su despropósito se manifiesta con mayor proporción cuando tiene que hablar de asuntos más cotidianos y no relacionados con los indios, entonces su forma de proceder es sensata, equilibrada y natural. Su afán por imponer su visión sobre lo que había que hacer en América era auténticamente enfermiza y tropezaba siempre con la realidad. Sus libros eran libelos de tal naturaleza que tuvieron que ser mandados retirar por el Consejo de Indias, por Felipe II y por el Virrey de Nueva España. Ante los hombres de letras Las Casas estuvo en descrédito después de las Leyes Nuevas. Pero ya con anterioridad, los reyes no se sentían muy conformes con los consejos extremados de Las Casas; las soluciones a los problemas de América los buscaron en los consejos de los estudiosos de la Escuela de Salamanca, especialmente en Vitoria, en un principio, o en sus discípulos, después. En la controversia de Valladolid, en su enfrentamiento con Sepúlveda, las tesis de Las Casas no triunfaron, ni siquiera los dominicos presentes fueron capaces de dar una opinión favorable a su compañero de hábito (ver los hilos sobre La escuela de Salamanca y sobre los Justos Títulos). Su tremendismo y utopías acabaron con su credibilidad. Cierto es que su celo contribuyó a mantener un cierto rigorismo moral, pero, por otra parte, su influjo fue contraproducente, pues enconó de modo terrible y sangriento la lucha entre los intereses espirituales y los temporales de parte de la conquista; Perú, es un buen ejemplo.

Murió muy obscurecido. Fue muy criticado, pero en modo alguno perjudicado. Quizá en cualquier otro país del mundo se le hubiera condenado. El espíritu de libertad de expresión que florecía en el mundo católico frente al protestante, en la corte de los Habsburgo frente a la Enrique VIII u otros monarcas europeos, quizá por el poder de expresión que tenían los clérigos y, con ellos, amplios sectores de la sociedad como los poetas, promovió el buen trato dispensado a Fray Bartolomé de las Casas.

¿Cuáles fueron las consecuencias de su obra?

No fue ni el primero ni el mejor defensor de los indios, pero su obra perduró en manos de los enemigos de España, como bien predijo Motolinía y aunque España se había preocupado por retirar sus libros, estos se reeditaron por parte de las peores manos e intenciones. Sólo el haber caído en manos de los contra-propagandistas de España ha salvado a Las Casas del olvido.

Existe casi un consenso general en la historiografía de que el libro que más daño ha hecho a España, con­si­de­rado clave en la cons­truc­ción de la Leyenda Negra fue la Bre­ví­sima rela­ción de la des­truc­ción de las Indias. Tras su publi­ca­ción en Sevi­lla en 1552 y cir­cu­lar libre­mente por España, fue traducido primeramente al francés en 1578 ( cuando ya se había mandado retirar por las autoridades españolas). Le siguieron, rápi­da­mente tra­du­cciones al holan­dés (1579), el inglés (1583), al ita­liano, al ale­mán e incluso al latín.

El caso holandés surge después de que en 1577 don Juan de Austria se comprometiera a retirar los tercios y a reconocer los privilegios feudales y cierta autonomía de distintas ciudades de los Países Bajos. Pero los partidarios de los Orange utilizaron el libelo de Las Casas para buscar excusas para su independencia.

La leyenda ya estaba en mar­cha y, “por su pro­pia iner­cia, estaba des­ti­nada a cre­cer y pros­pe­rar”, apunta Marías. En ade­lante, cada agra­viado por los intere­ses espa­ño­les, en casi cual­quier con­texto, tenía “ya pre­fa­bri­cado el vehículo para dar cauce y cum­pli­miento a su hos­ti­li­dad o ren­cor”. La traducción inglesa fue sacada a la luz en apoyo de los neerdanleses y fue aprovechada por Enrique VIII para dinamitar el Imperio español y no tener que vivir en la órbita de éste. Lo peor de la edición inglesa es que aparece ilustrada con los fan­ta­sio­sos gra­ba­dos del tam­bién edi­tor Theo­dor de Bry –impre­sor asi­mismo de la no menos oprobiosa His­to­ria del Nuevo Mundo del comer­ciante mila­nés Giro­lamo Ben­zoni,–. Si una imagen vale más que mil palabras, los grabados de Bry fueron la causa de nuestro mayor infortunio, entre otras cosas, porque la obra de Fray Bartolomé nunca se leyó en profundidad. No era fácil en sí y, además, resultaba demasiado larga y fatigosa. Pero los dibujos llenos de bárbaras acciones, llegaban a todo el mundo. Fueron la base y justificación de la conquista militar británica de la Jamaica española durante al guerra anglo-española de 1655-1660. También Montesquieu en sus “Cartas Persas” se hace eco de los nocivos efectos de la conquista española. También Voltaire recoge esta idea y otros muchos posteriormente.

Simón Bolivar lo usa para fundamentar la independencia de América; una vez lograda, nunca más se acordó de él.

“La independencia estadounidense  se basó en los textos de las casas y lo que es más llamativo en el quinto centenario vieron la ocasión propicia para el recrudecimiento de los temas de las masacres y destrucción de las culturas indígenas, hecho que parece como si sólo hubiera ocurrido en al América del sur y no en la del Norte, a pesar de la evidencia, que salta a la vista que la del sur está llena de indígenas y en la del norte hay que buscar mucho para encontrar uno, salvo que se vaya uno a los territorios hispanos que hoy forman parte de USA, porque allí si prevalecen los descendientes de los indios originarios del lugar”[1]. Fueron los indigenistas, tiempo después, los que utilizaron los libros de Las Casas para fundamentar sus posiciones, rechazando las de numerosos historiadores en España, Iberoamérica y EE.UU que pensaban lo contrario y señalaban las falsedades del fraile dominico. Sus posiciones no se han dado sólo en la América latina sino a lo largo del mundo, forjando el mito del Edén indígena aplastado por el hombre blanco. Podríamos seguir, pero lo más grave no es el uso externo de las ideas de Las casas, lo terriblemente odioso es el uso interno, nacional, para baldonar no sólo nuestra Historia, sino a los propios españoles y eso sin percatarse del papel de jueces de la historia que se arrogan, nuestros enemigos, atribuyéndose implícitamente una excelencia moral nada cierta. Podríamos analizar sus acciones para ver por qué se tienen en tal alta consideración, bien sean los nacionalistas españoles que tergiversan la Historia para sus propios fines personales y sostener posiciones supremacistas o los gobiernos sudamericanos que cometen crímenes atroces en sus propios países y llevan a sus sociedades a un vaivén que conduce a la anarquía y el despotismo.

Esta es la obra de Las Casas y sus consecuencias. Supongo que para juzgarla habrá que tener en cuenta como eximentes que el padre dominico no estaba en sus cabales, que su narcisismo y petulancia, su frialdad hacia los indios que dice defender, en resumen, su tremendismo y mentiras, tienen origen en su enfermedad, en su psicopatía, como señala Menéndez Pidal.
Ahora queda a juicio del lector encuadrarle entre los traidores a España o liberarle de la pena en razón de su locura.

 BIBLIOGRAFÍA

RAMÓN MENENDEZ PIDAL. “El Padre Las Casas. Su doble personalidad. Real Academia de la Historia. Madrid 2012

ELVIRA ROCA. “Imperiofobia y la Leyenda Negra” Ed. Siruela. 2019.

JULIÁN MARÍAS . “España inteligible”. Alianza Editorial. 1985.

 

[1]Elvira Roca. “Imperiofobia y la Leyenda Negra” Ed. Siruela

Consecuencias de la peste negra en Europa.

El siglo XIV suele datar el final de la Edad Media y determinar el inicio de la Edad Moderna. Este transito no se debió a una sola causa ni se transformó de repente el mundo al llegar al siglo XIV. Realmente, la humanidad había iniciado una larga transición desde el siglo XI. Aquellos cambios se suscitan en los ámbitos sociales, económicos, por el asentamiento en las ciudades, por las asociaciones de oficios (gremios) que no dejan de ser una manifestación lejana del empresariado y la burguesía, a los que se unía una serie de trabajadores asalariados urbanos que constituyen la avanzadilla del urbanismo y el sistema de libre comercio contemporáneo. Se producen avances técnicos en los sistemas manufacturero, agrícola, en las obras civiles, en los sistemas comerciales. Mejoró y, sobre todo, amplió los medios educativos y se elevó el interés por la ciencia y la técnica.

El avance no fue lineal y tranquilo estuvo acompañado de las hambrunas propias del medievo, guerras, crisis sociales y financieras, crisis sanitarias… Todos esos desastres contribuyeron, en ocasiones a provocar retrocesos en los avances ya acontecidos y, muchas otras, a provocar impulsos y atajos hacia el progreso.

Uno de esos desastres que acabó dando lugar a cierta prosperidad fue la peste negra. El Siglo XIV no empezó bien y continuó peor. Se suele identificar como uno de los siglos más nefastos de la historia de la Humanidad.Entre 1315 y 1317, se produjo una mini-glaciación que arrasó los campos, creando una gran hambruna. En 1328, muere Carlos IV de Francia, poniendo así fin a la dinastía de los capetos con el consiguiente enfrentamiento entre sus sucesores, enfrentamiento principal entre Francia y Gran Bretaña que dio lugar a la guerra de los 100 años.  Coetáneas a ella, surgieron enfrentamientos en otras partes del mundo, entre ellos, la guerra de sucesión de Castilla entre Pedro I, el cruel, y Enrique de Trastámara.  Pero el hecho más dramático del siglo XIV probablemente fue la peste que se desató entre 1348 y 1355 denominada peste negra, que acabó con un tercio de la población europea.

Hoy sabemos que la bacteria causante de la peste se transmitía desde algunos animales, probablemente desde las ratas o algún tipo de pulga , al hombre. Pero las deficientes condiciones profilácticas, los escasos conocimientos de medicina del momento y el miedo aterrador que se apoderó de la población, abandonando a su suerte a los enfermos, ampliaron la desgracia. Se cree que fallecieron en torno a 48 millones de personas.

Entre los impactos de la peste se encuentran dos que sobresalen sobre los demás: la radical disminución de la población y un cambio de mentalidad, diríamos que psicológico, ante la enfermedad y la muerte.

El impacto demográfico, trajo enormes consecuencias, unas directas, y otras derivadas de ellas.

  • La población rural se había desplazado a las ciudades en busca de alimento, pero dado el número de fallecidos, se creó en las ciudades gran cantidad de demanda laboral, sobre todo de oficios, que impidió la vuelta al campo de aquellas masas de población. Consiguientemente, el campo quedó despoblado, mientras la vida en las ciudades se revitalizaba y con ella, las mayores fortunas también se instalaron en las ciudades. La aristocracia rural, veía cambiar sus condiciones de vida. Ya no podían vivir de las rentas, tenían que arrendar los campos a no muy buen precio, explotarlos por sí mismo, cosa impensable hasta el momento, pagando cada vez un salario más alto a los agricultores para poder competir con las condiciones que se daban en las ciudades. Además, los burgueses de las ciudades compraban tierras, a precios muy asequibles y las explotaban invirtiendo en tecnología, con objetivos de alta rentabilidad y nuevas técnicas de comercialización. Fueron los burgueses y la parte de la vieja nobleza que supo adaptarse a los tiempos, los que consiguieron una época alcista y prospera en los cultivos, lo que repercutió en el resto de las actividades.
  • El Renacimiento fue una época de la ciencia y el estudio, en parte debido a los acontecimientos vividos, con una avidez de conocimientos para superar las crisis. Esta época nos dejó inventos como el papel, la aplicación de la pólvora a las armas de fuego, los altos hornos, la imprenta o el sistema de biela-manivela, que tantos usos tendría, además de innumerables innovaciones en la navegación y la cartografía.
  • Pero los avances técnicos alcanzaron a todos los sectores y en muchos casos asociados a aquel elemento demográfico que señalábamos. Uno de los elementos de la época feudal que desaparece por la peste es la abundancia de mano de obra, así que el desarrollo mecanicista, vinculado al avance de la ciencia, determinó la proliferación de las máquinas en sustitución de los braceros que, ahora, ya no existían. Entre esos avances estaban los matemáticos que influyeron en muchos sectores, pero de manera destacada en la construcción.
  • Filippo Brunelleschi y otros arquitectos, gracias a los avances matemáticos y al uso de enormes ingenios con poleas que permitían construcciones más elevadas, lograron realizar grandes obras, cúpulas espectaculares, edificios maravillosos que hoy admiramos, pero su verdadera importancia estuvo en las mejoras de los saneamientos de las ciudades, en dotar de solidez a las casas particulares, aportando limpieza a las estancias y locales, coadyuvando así a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, y, por consiguiente, a la mejora de  su salud. Además, las máquinas redujeron el tiempo de construcción. Elemento, éste, el tiempo, que adquiere gran importancia, como veremos.
  • Aquella mejora de las casas contribuyó al desarrollo, todavía incipiente en el S.XIV, pero más desarrollado a partir del S. XV, de las artes decorativas, de los muebles, más confortables, de un desarrollo de la carpintería y la escultura de madera, de la realización de cofres, bancos decorados, camas, sillas y mesas más lujosas. De finos tapices, con telas más lustrosas a medida que se afianzaba el comercio. En este sentido, fue Italia, sobre todo a través de Venecia y el Milanesado por su comercio con oriente, la precursora de estas decoraciones y también en el engalanamiento de los nuevos burgueses con ricas sedas, lo que entronca con un deseo mucho más laico de vivir.
  • En las ciudades los negocios prosperan también por aplicación de nuevas técnicas organizativas y de racionalidad, entre las que destaca el uso del tiempo. La idea de la brevedad de la vida que entronca con la percepción psicológica de la muerte, llevó a apreciar el tiempo como algo excepcional, al que hasta aquel momento se había prestado poca atención. Ahora el tiempo se asocia a la brevedad de la vida. El reloj mecánico alcanzó un gran avance a lo largo de los siglos XIV y XV.
  • Las grandes epidemias del siglo XIV, principalmente la peste, pero también otras de malaria, cólera, tifus o lepra,contribuyeron al desarrollo de la prevención sanitaria. Las Juntas de Sanidad establecidas en Florencia y Venecia en 1348 para paliar los innumerables problemas que generaba la peste fueron un antecedente de las magistraturas permanentes que aparecerían en el siglo XV en Milán, Florencia y Venecia, y que son propias de la burocracia administrativa de la Edad Moderna. Además, en el paso del siglo XIV al XV disminuyó la reverencia que se profesaba hacia el cuerpo humano, que empezó a investigarse desde un punto de vista médico. La representación plástica renacentista del hombre como un ser bello y proporcionado despertó el interés por la anatomía, y, desde esta ciencia, la curiosidad se extendió también hacia la fisiología.
  • En el trayecto del hombre medieval al renacentista tuvo un peso determinante la experiencia de la muerte, siendo éste el segundo gran factor que cambio la vida en la Edad Moderna frente al Medievo, como señalábamos al principio.

Cambia el concepto de la muerte tanto desde el punto de vista religioso como en el artístico.

  • Religiosamente, la peste transformó el sentido de la vida y centró la trascendencia al momento de la muerte. Se descuidó todo propósito de una vida cristiana; el sentido de la existencia centrado en el tránsito al más allá, se manifestó en un temor ante la incertidumbre de la salvación que poco tenía que ver con el feliz encuentro con Dios, propósito de toda vida cristiana. En el temor ante el Juicio Final, afloraba el sentido de lo macabro, una reacción de repulsa ante la fealdad de la muerte y la visión del cuerpo putrefacto. Además, surge una visión de la muerte como una entidad neutral, que llegará por igual a ricos y a pobres; a buenos y a malvados de este mundo. No es una fuerza ética o moral, sino imparcial.
  • Desde el punto de vista artístico emerge una iconografía de la muerte como un ser que actúa por propia iniciativa y cuyo poder se antoja irresistible. “Una mujer en negro manto envuelta / con tal furor que yo no sé si nunca / en Flegra mostrarían los gigantes”, canta el poeta Petrarca enEl triunfo de la muerte, en el siglo XIV. Además, aquel concepto neutral de la muerte aboca a un antropocentrismo, una valoración del individuo, de la vida como algo propio y breve que acaba con la muerte y que alberga una melancolía por el abandono de los goces terrenales. La danza de la muerte de Michael Wolgemut representa este sentir en la pintura, recogiendo una trayectoria literaria que nace en Francia y se extiende por Europa.

Hay también un lamento por el deterioro físico y un anhelo de gloria, de querer perdurar en la vida terrenal, muy característico del Renacimiento, incluso entre los que conciben la vida como transito cristiano hacia el más allá, recordemos las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique, que se sitúan más en este segundo sector.

Asimismo y por el mismo motivo, las tumbas se engalanan para elevar los muertos hacia el perpetuo recuerdo e, incluso, en cierto modo, competitivo, por incrementar la presencia decorativa que sitúe a unos muertos por encima de otros a modo de poder y renombre, mucho más terrenal que espiritual. Por esta misma concepción, por primera vez, el retrato adquiere tintes de género pictórico. Los grandes hombres del Renacimiento querrán perpetuar su grandeza en un vano deseo de supervivencia humana, de inmortalidad corporal.

Un héroe y un villano

Hoy toca volver la vista a un hilo, fijo discontinuo, en este blog: Héroes y Villanos. La realidad española actual, da para héroes y villanos, al tiempo. Así que hoy traemos a uno de cada. Voy a empezar por el traidor, para seguir con el héroe .

UN VILLANO: JUAN MANUEL DE VILLENA Y DE LA VEGA.

Estamos en la época final del reinado de los Reyes Católicos. Juana I estaba casada con Felipe el Hermoso ( realmente el gran traidor de la Historia de España fue el príncipe Felipe que conspiró contra el Rey católico para hacerse con el trono de Castilla y no dudó, para ello, en unir sus fuerzas con las del Rey de Francia. Sólo le importaba alcanzar el poder sin mostrar un ápice de sensibilidad con los auténticos intereses de España). Pero esa traición no hubiera sido posible sin el concurso de Don Juan Manuel de Villena y de la Vega, Señor de Belmonte.

Don Juan Manuel, era descendiente directo del Rey Fernando III el Santo y pertenece a la estirpe de los Manueles, otro de sus antepasados fue el literato y prestigioso infante Don Juan Manuel, autor de “El Conde Lucanor”.

Juan Manuel fue nombrado embajador en la corte de Flandes por el Rey Fernando el católico. Su función era informar al monarca aragonés sobre la vida de hija Juana recién casada con Felipe de Habsburgo (Felipe, el hermoso) y, de paso, protegerla.

El Señor de Belmonte, hombre de gran ambición e inteligencia, consideró que su futuro sería más halagüeño si se aliaba con el traidor Felipe que si era leal con su señor Fernando, y, así, pasa de ser “informador” del Rey Fernando, a ganarse la confianza absoluta de Felipe, el hermoso, y preparar de manera hábil el ascenso al trono del esposo de Doña Juana. Pues es Juan Manuel de Villena el diseñador de la estrategia de Felipe para buscar el apoyo del Rey de Francia en contra de la regencia de Fernando y evitar la unidad de los dos reinos peninsulares ( Castilla y Aragón), pues todo se fragua a la muerte de la Reina Católica en 1504. Además, es el intrigante que establece excusas y razones para apartar a Juana de los asuntos de Estado. Todo ello, lógicamente, enfada sobre manera al Rey Fernando. D. Juan Manuel pasó a encabezar las posiciones favorables a los borgoñones que se enfrentaron abiertamente contra Fernando.

Otro de los espías de Fernando en la corte flamenca, Fuensalida, escribió al Rey católico para señalarle que los propósitos del Señor de Belmonte eran aprovechar su apoyo a Felipe para ennoblecerse y constituirse en privado o valido del futuro Rey. Al lado de Belmonte se pusieron otros personajes ambiciosos del momento y, sobre todo, una gran parte de la nobleza y el pueblo castellano, enfurecidos por la boda de Fernando con Germana de Foix, la sobrina del Rey de Francia, lo que se consideró una traición a la memoria de Isabel la Católica. Sólo el Duque de Alba que se mantuvo fiel a Fernando.

A principio de 1506, por la concordia de Villafáfila, Fernando se retira a Aragón y Felipe, era nombrado, Rey de Castilla, como Felipe I por ser consorte de Juana I de Castilla, a la cual, según lo planeado por Villena, consiguió apartar de los asuntos palaciegos por culpa de sus problemas de salud.

Sin embargo, la fatalidad favoreció la unidad de España. Felipe cayó enfermo tras jugar un partido de pelota y beber agua helada mientras estaba sudando. Falleció a los pocos días. Juana se convierte de iure y de facto Reina de Castilla, sin embargo, toda la Corte era consciente de la debilidad mental de Juana, por ello, el Cardenal Cisneros decide llamar a Fernando en calidad de regente.

Durante el breve periodo de tiempo que duró el reinado de Felipe, la aristocracia castellana, que tanto había apoyado al rey extranjero, observaba, con animadversión, la posición predominante que alcanzaban en la corte los amigos flamencos del primer rey Habsburgo; no concibiendo la presencia de Juan Manuel como garantía alguna para la continuidad del predominio social y político que habían tenido hasta la llegada del flamenco.

Tras la muerte de Felipe, la enemistad de Juan Manuel con el Rey Fernando y la clara suspicacia que sentían los nobles castellanos hacia el Señor de Belmonte provocó su huida a Flandes, donde fue encarcelado.

Consiguió la libertad con la llegada de Carlos I al poder. El segundo Habsburgo le mandó de embajador a Roma y posteriormente le dio un puesto en el Consejo de Estado. Pero nunca volvió a tener el peso político que tuvo con Felipe y mucho menos el que aspiraba a tener, cuando traicionó al Rey Fernando.

HÉROE: BERNARDO DE GÁLVEZ.

Miembro de una relevante familia malagueña, de Macharaviaya, cuyos miembros ejercieron, siempre con brillantez, diversos puestos en el ejercito y la Administración, Bernardo de Gálvez fue una figura clave en la Independencia de Estado Unidos.

Entre 1756 y 1763 discurrió la llamada guerra de los 7 años, que concluyó con el tratado de París de 1763. Cabe recordar que España entró en la guerra contra Gran Bretaña tras el tercer pacto de familia con Francia. La victoria británica se manifiesta en el tratado de paz por el que España cedió la Florida a Gran Bretaña a cambio de retirar las tropas británicas establecidas de La Habana y Manila. Como compensación por la guerra perdida por Francia, el reino francés cedió toda la Luisiana a España.

En sus acuerdos con los británicos, ante la relajación, más aparente que real, de la posición británica en Centroamérica, España devolvió la Colonia del Sacramento   y los territorios conquistados a Portugal.

Terminada la guerra, Bernardo fue destinado a la Luisiana, donde, en 1776, sustituyó de forma interina al gobernador del territorio. Allí vivió la declaración de independencia de las trece colonias, cuyos representantes se habían reunido en la Convención de Virginia. España colaboró desde el principio con los primeros colonos; en un primer momento, de forma discreta, ya que el Rey español Carlos III dudaba si era conveniente a nuestros intereses intervenir en la guerra. Las acciones primigenias consistieron en avituallar a los colonos: armas, munición, medicinas …, así como ayuda financiera y refugio a sus barcos.

España colaboró, al final, tanto o más que Francia, aunque nunca hayamos sabido contar bien esta parte de nuestra historia. Ésta es una de tantas en las que nuestra publicidad en vez de ayudarnos nos oculta. Pero eso es otra historia.

La realidad del momento fue que la Corona no quería que se supiera que ayudábamos a los revolucionarios norteamericanos por miedo a que se extendieran esas ideas a nuestras provincias americanas. Tampoco deseaba que los británicos se enterasen de que los españoles prestaban ayuda a los revolucionarios antes de la declaración de guerra, que no llegó hasta 1779. Francia no tenía nada que perder, pero España sí y se lo pensó más, quería estar segura de que teníamos posibilidades reales de ganar la guerra, como así ocurrió. Por eso, a esta primera parte de nuestro apoyo se le suele conocer como “la guerra secreta”.

Para introducir la ayuda se utilizó como centro operativo el puerto de Nueva Orleans, capital de la Luisiana, lo que a su vez permitía la navegación por la cuenca del rio Misisipi, controlada por los españoles. Además, Galvez dictó una serie de disposiciones para luchar contra el contrabando, que, en realidad, consistía en el establecimiento de diversos elementos de control realizados por tropas españolas para obstaculizar el avance británico.

En junio de 1779 se rompieron las hostilidades entre España y Gran Bretaña y la guerra dejó de ser secreta.

Gálvez con una gran habilidad política y diplomática, con enorme capacidad estratégica y con heroica valentía como soldado, negoció con Washington y Pollock la ayuda española y planteó la situación militar con dos tácticas esenciales: a) intensificó las acciones para neutralizar la amenaza británica y favorecer las operaciones del Ejército Continental y b) atacó las posiciones británicas, pese a encontrarse en muchas ocasiones en inferioridad numérica, tanto en hombres como en medios. Suplió esas dificultades convirtiendo el factor sorpresa en una ventaja militar.

A partir del verano, Galvez, organizó un ejercito variopinto y remontó la cuenca del Misisipi, ganando las plazas de Manchac; Baton Rouge; Panmure de Natchez y controlando así toda la cuenca baja del gran rio americano, ampliando la zona de control española, dando, además, un golpe a la economía británica al impedir el comercio que los ingleses realizaban por el rio.

Desde allí decidió marchar hacia la Florida. Doblegó el fuerte Charlotte y poco después entraba en Mobila. Con ello abría un nuevo frente a los británicos.

Gálvez se preparó entonces para un nuevo objetivo: Pensacola. En los primeros meses de 1781, inició la campaña. La plaza estaba defendida por cerca de dos mil soldados, a los que había que sumar los colonos leales a la Corona británica y más de medio millar de indios que le eran fieles. La entrada fue audaz, de hecho, desde entonces es conocido por su lema “ yo sólo”. El motivo era las reticencias del oficial al mando de la escuadra española, José Calvo de Irazábal, renuente a atravesar la entrada de la boca de la bahía. Tras una enardecida arenga a las tropas, “el que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galveztown para quitarle el miedo”, se precipitó hacia la bahía de Pensacola a bordo de su bergantín bajo el fuego de los cañones enemigos.

La toma de Pensacola fue un hito en su carrera militar, tras el que fue ascendido a Teniente General. Aquel verano se hizo con San Agustín- la ciudad más antigua del país, fundada por los españoles hace 450 años- y de ahí a la costa de la península de Florida. Con su valentía recuperó Pensacola para España y una buena parte de la península de la Florida .

España dominó vastísimos territorios de lo que hoy son los Estados Unidos durante más de tres siglos, hasta que en 1821 vendió el último territorio en poder español.

Conquistada la Florida, Bernardo de Gálvez siguió colaborando con los colonos durante los meses siguientes hasta el fin de la guerra, en 1783. Reunió una importante cantidad de dinero que hizo llegar a las tropas de George Washington, que en el otoño de 1781 se preparaban para librar la decisiva batalla de Yorktown, donde el ejército británico sufrió una derrota decisiva.

Oliver Pollock, agradecido por la ayuda, propuso al Congreso de Estados Unidos que se hiciera un retrato del Gobernador de la Luisiana y se colocase en las dependencias de la Cámara norteamericana. Aquel cuadro fue exhibido en una dependencia del Congreso de Estados Unidos, más tarde se perdió y se desconoce su paradero. Posteriormente, en 2014, se colgó otro retrato en el Congreso y el Senado Americano le distinguió, ese mismo año, con el título de ciudadano honorario.

La ciudad de Pensacola erigió por suscripción popular una estatua ecuestre de nuestro compatriota y cada 8 de mayo se celebra el día de Gálvez.

En cuanto al resto de la vida del héroe decir que el mismo año en que se firmó la Paz de Versalles, Gálvez regresó a España. Poco después fue nombrado Capitán General de Cuba y, en 1784, Virrey de Nueva España.  En noviembre de 1786, fallecía por causas naturales, cuando solo contaba 40 años de edad.

Curiosidades de la Historia

No está el momento actual como para contar asuntos muy sesudos, por ello he decidido iniciar un ciclo de hilos que igual no son consecutivos, ya veré, sobre curiosidades de la Historia.

Para empezar y por unirnos a la actualidad, veremos tres curiosidades que tienen algo que ver con la salud:

1.-¿Por qué se llamó española a la gripe de 1918?

No vamos a contar los detalles de aquella gripe que se desató en 1918, mató a 40 millones de personas en todo el mundo, siendo la pandemia más devastadora de la historia. Un siglo después aún no se sabe cuál fue el origen de esta epidemia, algunos investigadores afirman que empezó en Francia en 1916 o en China en 1917, muchos estudios sitúan los primeros casos en la base militar de Fort Riley (EE.UU.) fechando el primer caso conocido el 4 de marzo de 1918.

La gripe cohabitó con la I Guerra Mundial. Todos los países contendientes, censuraron las noticias de la gripe para no desanimar ni a la población ni a los soldados. Sólo los países neutrales daban información detallada de la pandemia. En España, las noticias sobre la gripe eran abundantes, aquel interés periodístico se debió a que, además de no tener noticias propias de la guerra, España fue uno de los países más afectados por el virus, con 8 millones de personas infectadas y 300.000 fallecidos, mayoritariamente hombres entre 20 y 40 años. Hay que tener presente que, los medios sanitarios eran deficientes, no había vacunas y las medidas profilácticas no funcionaron adecuadamente. Como curiosidad, contar que entonces se hizo popular una mascarilla de tela y gasa, que era completamente inútil.

Con ese panorama, la información sobre la gripe era la portada diaria de los noticiarios. En un primer momento los medios de España intentaron darle nombre: “El soldado de Nápoles” o “La enfermedad de moda”, fueron algunos. Pero fue el corresponsal del “The Times” en Madrid, quien empleó por primera vez el término ‘La Gripe Española’ , que haría fortuna y se extendería por el resto del mundo a partir del verano de 1918.

En el verano de 1920, el virus desapareció tal y como había llegado, pero el nombre quedó, como otra fase más de leyenda negra , con los británicos siempre dispuestos a difundirla.

2.-El secreto del maquillaje egipcio

Científicos franceses descubrieron en 2010 que el llamativo maquillaje de ojos egipcio tenía efectos terapéuticos.

Los egipcios desconocían esto, en toda su extensión, pero algo habían notado pues señalaban que esas líneas de ojos tan características tenían carácter mágico; eran los dioses Horus (dios de la guerra y de la caza) y Ra (dios del sol, creador de vida) los que protegían contra varias enfermedades a los humanos que utilizaban estos maquillajes.

Este poder sanador fue negado por los científicos posteriores al saber que contenían plomo; elemento químico considerado poco saludable para el ser humano. Sin embargo, los químicos Christian Amatore, Philippe Walter y sus colaboradores del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia después de analizar distintas muestras de maquillaje del antiguo Egipto custodiadas en el Museo del Louvre, descubrieron que los egipcios utilizaban cuatro sustancias diferentes, con plomo o sales derivadas del plomo, las cuales utilizadas en muy pequeña cantidad estimulaban el sistema inmunológico:

»Dosis muy bajas de plomo no matan a las células, en su lugar se produce una molécula de óxido nítrico que activa el sistema inmunológico que repele bacterias en caso de infección en los ojos»[1]

Los egipcios, preparaban estas mezclas con sumo cuidado y de manera deliberada ya que alguno de los elementos utilizados requiere ser sintetizado, no se producen de manera natural , tardando más de un mes en fabricarlo- según cálculo realizado por los científicos actuales-. Su confección demuestra que eran conocedores de sus efectos, aunque fuera de manera menos empírica que la que puedan tener los químicos en la actualidad y siempre invocando a los dioses por aquella consideración mágica que habían dado a la mezcla.

El maquillaje, en tonos negros o verdes en la línea de los ojos, y en los párpados era común a hombres y mujeres y se considera esencial para protegerse del sol y de ciertas enfermedades tropicales propias de la zona del Nilo.

Ahora bien, no es el único caso de empleo de elementos químicos, en principio, poco recomendables para uso cosmético, así, en el Imperio romano,  utilizaban maquillaje con base de plomo para blanquear la piel. De igual modo, la nobleza británica, en el siglo XVI, utilizaba este tipo de maquillaje para tal fin. La más famosa en usar una mezcla de polvo de plomo y vinagre fue Isabel I para cubrir las cicatrices de la viruela. Ahora bien, esta mezcla utilizada de continuo puede producir- y esto explica la propia situación de Isabel I-, despigmentación (decoloración de la piel), pérdida de cabello y podredumbre en los dientes.

Ya en el siglo XIX, algunas mujeres estadounidenses comían pastillas de arsénico- en muy pequeña cantidad-, para terminar con los granos en la piel.

Unas prácticas estas dos últimas, como vemos, mucho más peligrosas que las de los egipcios.

3.-El origen del God Save The Queen, el himno británico

Realmente, el himno inglés es de origen francés. Todo procede de Luis XIV, “ el Rey Sol”, de Francia (1638-1715).

El gran Rey francés sufría de hemorroides. Ante sus complicaciones de salud, los médicos de la corona le indicaron que la mejor solución era una operación, si bien, la misma no se había practicado con anterioridad. El médico, tras experimentar con algunos voluntarios, intervino al Rey con todo éxito. La curación del rey fue motivo gran alegría en Francia y uno de los mejores músicos de la época, Jean Baptiste Lully,  francés de origen italiano, decidió componer una cantata,  titulada “Dieu sauve le Roi”( que llegó a ser un himno de los monárquicos frente a la revolución francesa) .

Haendel, durante una de sus estancias en Francia, oyó la cantata (parece ser que fue en el museo de Versalles, donde el carrillón de un reloj tocaba aquella melodía), consiguió la partitura y se apropió la obra. A su regreso a Inglaterra, ofreció la composición al rey Jorge I como “God save The King”.

Según parece, era costumbre en el gran músico apropiarse de composiciones ajenas. Así, el severo y gran músico francés Bourgault Ducondray le califica de ser “el más grande ladrón musical que haya existido jamás”.

Tampoco los británicos se han caracterizado por respetar la propiedad ajena, que le pregunten a griegos o egipcios, así que el himno me parece bien elegido.

[1]Publicado en el número de Enero de 2010 en la revista Química Analítica, publicación quincenal de la Sociedad Química Estadounidense.

Los Justos Títulos y la Controversia de Valladolid.

Cuando hablamos de los ”Justos Títulos” nos referimos a las razones jurídicas que, partiendo de un análisis  teológico-jurídico, permitían a España y, más concretamente, a la monarquía española (no hay que obviar como era la configuración del Estado en aquel momento) el dominio sobre América. Estamos hablando del principio de legalidad unido al de legitimidad dentro de los sustratos jurídicos de los siglos XV y XVI. La teoría de los justos títulos no se fraguó en un momento único, sino que evoluciona desde la llegada de Colon a América hasta el reinado de Felipe II. Tal evolución surge por la confrontación ideológica, controversias, en la que destaca la de Valladolid de 1550.  Esta búsqueda de la legalidad y la legitimidad marcan la diferencia de la conquista española en relación con otros imperios, esencialmente, por la defensa española de los derechos de los nativos de los territorios conquistados frente a las posiciones esclavistas de otros países.

Estamos ante una de los grandes momentos de nuestra Historia, esa que se solaza actuando bajo la legalidad, frente a esos otros instantes históricos en los que la búsqueda de atajos nos hace alterar el buen juicio jurídico y moral y nos convierte en el hazmerreír del mundo.

En un hilo anterior mostramos la técnica de estudio de la escuela de Salamanca. Con los justos títulos, nos situamos ante otro de esos grandes análisis que marcan el devenir jurídico del derecho mundial. Los primeros en plantearlo fueron los dominicos, pero las soluciones más brillantes vuelven a salir de Salamanca.

El problema de los justos títulos aparece por primera vez con Fernando el Católico y trae origen de la denuncia formulada por los Dominicos sobre los abusos que sufrían, en su opinión, los indios en América a manos españolas. Para comprender el problema debemos tener presentes tres dimensiones:

  • La moral que, en aquel momento, era esencial para conocer la legal.
  • La evolución de las propias posiciones filosófico- teológicas desde el “agustinismo” imperante en la época de los Reyes Católicos al “tomismo” racionalista de la escuela de Salamanca.
  • Las posiciones político-estatales de España ante la conquista.

La necesidad de actuar de manera legal bajo el amparo de una norma no era nueva en el mundo, como antecedente directo, nuestros vecinos portugueses desde tiempo anterior tenían una serie de documentos pontificios que salvaguardaban sus derechos en los territorios que iban conquistando.

Cuando Cristóbal Colón llegó a América – creyendo ir a las indias- fundamentó la conquista en el título XXIX de la Tercera Partida, en virtud de la cual una tierra descubierta, por el propio hecho del descubrimiento, permitía al país descubridor atraer bajo su poder las islas y tierras conquistadas. Sin embargo, los teólogos hispanos determinaron que a aquellas conquistas no se les podía aplicar el título XXIX, puesto que las tierras conquistadas no estaban deshabitadas, es decir, no era un territorio ignoto para la humanidad. Se requería pues, buscar una ley adecuada, la cual se halló en la Ley IX del Título I de la Partida II. En virtud de la cual, el señorío se ganaba por las siguientes razones:

a) Por herencia. b) Por anuencia de todos los implicados. c) Por casamiento. d) Por otorgamiento del Papa o del Emperador.

Es evidente que los títulos de España debían encontrarse en las razones b) o d).

Ante el precedente portugués, se solicita una bula del Papa. La misma se expidió el 3 de mayo de 1493. Bula «ínter coetera», en virtud de la cual se hacía donación de todas las islas y tierras descubiertas o por descubrir de la parte de las indias no pertenecientes a ningún príncipe cristianos y les constituía en señores de ella con plena, libre y omnímoda potestad, autoridad y jurisdicción. A este acto pontificio le faltaba delimitar hasta dónde llegaba el territorio portugués y el castellano. Esto se hizo en una segunda bula, dictada al día siguiente de la primera.

Entroncamos, de este modo, el sustrato legal con el moral y éste último con la doctrina de San Agustín. Y ello porque, en el fondo, esta forma de actuar, buscando el respaldo papal,  se fundamentaba en lo que algunos denominan » agustinismo político»[1]; doctrina según la cual el poder civil y el imperial se subordinan al papado, sobre el que recae la potestad de nombrar reyes e intitular emperadores o de deponerlos. Al Papa, como vicario de Cristo en la tierra le corresponde el poder sobre todo el Orbe y, por tanto, el de darle a determinado rey o emperador la potestad de detentar el dominio y poder de cualquier territorio.

Ya desde el siglo XIII, con el desarrollo del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, la doctrina del “agustinismo político” perdió fuerza. Por eso, cuando en 1510, los religiosos dominicos denuncian la codicia de algunos colonos españoles, se unen en su solución dos asuntos, de un lado, saber si las bulas pontificias son suficiente poder; por otro lado, cómo afectaba esto a la visión política estatal y a la institución de la encomienda (el uso y explotación de la tierra por los españoles en nombre del rey, aunque sin expropiar la titularidad de dominio de los indios). Se plantea la incoherencia entre la encomienda y la libertad de los indios. Buscando una respuesta se alumbraron las leyes de Burgos del 27 de diciembre de 1512. Pero ni las leyes de Burgos ni la reforma realizada poco después en Valladolid resuelven los problemas que planteaban los dominicos: cómo atraer apostólicamente a los indios al cristianismo, según las bulas papales, pero sin violar sus derechos como seres humanos y como propietarios legítimos de sus dominios. Si se violaran los derechos de los indios, el Rey y España se condenarían a ojos de Dios, ante eso era mejor abandonar la empresa. Como solución de trámite, en Burgos, se defendió el “requerimiento” hecho por los españoles ante los indios para solicitar su anuencia al proceso de conversión. Si no lo aceptaban, ya se les podía someter incluso con el empleo de la fuerza. Pero, evidentemente, ese requerimiento, que rara vez era entendido por los indios, servía de excusa permanente a los españoles. Lo que mantuvo las reivindicaciones dominicas.

En las reuniones que llevaron a las leyes de Burgos se empezaron a notar las diferencias entre los agustinistas y los tomistas. El mayor defensor de los primeros fue Fernández de Enciso y su teoría del señorío universal del Sumo Pontífice. Ante ello, los dominicos cedieron, pero no se convencieron. Las expediciones a América se reanudaron, hasta que, en 1525, los dominicos volvieron a sus denuncias. Consecuencia de lo cual, en 1526, en Granada, Carlos V firmaba una extensa carta- instrucción que representaba algunos avances. La novedad es que en cada expedición a América irían dos religiosos encargados de predicar y convertir a los naturales, también se les encomendaba la fiscalización de la navegación, nada podrá hacer el capitán sin autorización de los religiosos.

En la base de estas quejas, se encontraba la afirmación de la condición humana de los indios, que era un elemento comúnmente aceptado tanto por la moralidad católica como por la concepción política del imperio; puesto que el imperio español consideraba a los habitantes de la zona descubierta como españoles a todos los efectos, salvo por el desarrollo inferior de éstos, pero no por ello, gozaban de una condición humana inferior. La tendencia española era reequilibrar esa diferencia hasta que se pudiera considerar a los indios como ciudadanos al mismo nivel que los de la madre patria. Precisamente, la cuestión de esos habitantes y la lucha de España por tratarlos con justicia determina todas las discusiones en las controversias sobre los títulos de dominación, la legislación de indias y todo el desarrollo institucional desarrollado en América, buscando llevar la civilización de aquellos lugares y personas, con sentido evangelizador; pero a sabiendas de que el indio, a diferencia de los Sarracenos, no eran infieles, sino ignorantes de la Fe verdadera. Por tanto, a decir del padre Vitoria, no están en pecado sino en pena. De esta diferencia, parte del razonamiento que determina la solución.

Nombrar al Padre Vitoria es recordar a la Escuela de Salamanca. En ella, ya en el siglo XVI, lo que empieza a cuajar es el racionalismo tomista y con esa filosofía se afrontará el problema de la legitimidad de la presencia, dominio y conquista española del Nuevo Mundo. El paso del agustinismo al tomismo suponía la vuelta al derecho natural frente al poder del Papa, lo que reforzaba el poder del Estado. No hay que olvidar que estamos en los tiempos de la reforma protestante. Para la mitad de la población europea, el poder del papa ya no es importante, por tanto, fundamentar la legitimidad de la Conquista sólo en las bulas papales debilitaba mucho la posición española. Se imponía el racionalismo, por él el imperio se sobreponía a las comunidades indias a fin de evangelizarlas, pero en virtud del derecho de gentes los indios no perdían su condición de dueños de sus tierras.

La elección del tomismo o el agustinismo tenía otras consecuencias: la fundamentación de las razones de legitimidad de la conquista. Las mismas no se basaron en la implantación mimética del derecho castellano en América, sino que el derecho de indias partía de las nomas indígenas preexistentes en cuanto no fueran inmorales, tamizadas con los avances filosófico-teológico-morales que las controversias iban concluyendo. En las controversias se parte de dos visiones, los que consideran al indio como “el buen salvaje” y los que destacan aquellos aspectos de sus costumbres y actos que se hacían odiosos ante la Fe y ante el orden político. Las leyes de indias son un equilibrio entre las diferentes posiciones. Así, se produce un enfrentamiento intelectual del que nacerá la normativa definitiva que sostiene la conquista española.

Tras Burgos, se abre una nueva etapa discursiva que va de 1512 a 1566, caracterizada por su revisionismo en relación al orden jurídico-legislativo implantado en las indias hasta ese momento, a decir del profesor García Gallo. Razón de ello era que el tomismo había triunfado en Salamanca, aunque bajo una interpretación dual: lo que podíamos llamar la interpretación natural y sobrenatural. Derivado de su enfrentamiento se va a lograr la tendencia de la norma imperial durante tres siglos. Esto será así a partir de las conquistas de Nueva España y del Perú. No hay que olvidar que la Junta de Valladolid de 1550, se convoca a instancias del Consejo de Indias por los problemas, guerra civil, de los conquistadores en el Perú, entre cuyas causas ( además de las disputas por el reparto de la conquista, especialmente por el dominio de Cuzco, entre Pizarro y Almagro) estaban la supresión de las encomiendas hereditarias y del trabajo forzado de los indios que fue acordado en las Leyes Nuevas, promulgadas en 1542 por Carlos V a instancias de Fray Bartolomé de las Casas.

En este contexto se produce razonamiento filosófico-teológico y, en última instancia, jurídico, del Padre Vitoria y de la controversia de Valladolid, donde la discusión entre la civilización y la evangelización alcanza su punto álgido y donde, una vez más, se paraliza la acción de la conquista hasta resolver la cuestión.

A la célebre Junta acudieron, como figuras estelares Sepúlveda y Las Casas, pero también, algunos seguidores de Vitoria:  Domingo de soto, Melchor cano, Bartolomé de Carranza, todos dominicos y Bernardino de Arévalo (único franciscano).

Veamos primero las posiciones de Vitoria sobre la presencia española en América.

En Salamanca prevalece la posición de Vitoria en relación con la justificación tomista, racional, natural para defender la presencia española. Vitoria no está ni en la tendencia teocrática agustiniana católica ni en el cesaropapismo- de corte protestante-. Según Vitoria, los indios no pierden la propiedad ni publica sobre sus dominios, ni privada de sus cosas. Entre otras razones, porque los indios ignoran la existencia de la Fe; pero es una ignorancia vencible. La racionalidad del indio servirá además de punto de partida para proceder a su conversión a la Fe cristiana. Esta teoría es la base de las famosas “Relecciones” de Vitoria. Para Vitoria, la Gracia no anula la naturaleza, sino que la perfecciona. Dios había dado la Tierra a los hombres para que la dominasen y la infidelidad no borra esos dominios. A sarracenos y a judíos, aun siendo enemigos de la Fe Cristiana, se les reconoce como legítimos propietarios de sus posesiones, con mayor razón se les reconocerá tal derecho a los indios que no han arrebatado nada a los cristianos y no son enemigos de la Fe, simplemente, la desconocen.

A partir de aquí, los títulos no se basarán en la Fe sino en la razón. Por tanto, hay que ver si en el orden natural hay títulos para la presencia española, aunque sin olvidar que ese poder temporal imperial, está acompañado por el poder sobrenatural representado por el Papa Vicario de Cristo en la Tierra. Porque es en el ámbito sobrenatural en el que están ordenadas todas las criaturas. El poder eclesiástico administra los bienes espirituales que conducen a Dios (las virtudes) previniendo sobre los obstáculos (vicios) que desvían a las criaturas de su camino. Ésta acción es esencial para la salvación y, por tanto, es el fin último, algo que debe imponerse al orden natural y al imperial que no dejan de ser inferiores a ese poder sobrenatural (espiritual). Esos poderes son independientes entre sí. Con esta separación nacen los 7 títulos de Vitoria a los que se une un octavo que no es un título fijo sino probable:

  • Cualquier nación tiene derecho a entrar en comunicación (comercial, doctrinal o de cualquier otro tipo) con cualquier otra nación. Los españoles tienen derecho a recorrer cualquier lugar sin dañar los mismos o a sus habitantes. Si los indios rechazan esa comunicación sea porque los rehúyen, sea porque los agreden, esto es causa justa de guerra. La diversidad de religiones no justifica la guerra contra los indios, pero tampoco de éstos contra los españoles.
  • Los españoles tienen derecho a predicar el evangelio, sin que sea lícito usar la fuerza para evangelizar. Aquí entrarían las bulas papales como justificación de la acción española.
  • Defensa de los convertidos.
  • Para esa defensa en nombre de la Iglesia, el Papa puede nombrar un príncipe cristiano.
  • Defensa de los inocentes cuando son tiranizados por los gobiernos autóctonos degenerados.
  • La libre elección que tiene cualquiera de hacerse súbdito de quien quiera.
  • El derecho a socorrer o auxiliar al amigo o aliado.
  • El derecho de España a tutelar a los indios en razón de la incapacidad de estos para gobernarse de modo recto.

A la larga, el código Vitoria será el que se imponga. El sistema Vitoria no es axiomático y funciona a expensas de las circunstancias concretas que van apareciendo con toda su casuística al paso del desarrollo de la conquista. Así se forman varios bloques en virtud de sus posiciones en la conquista:

  1. Vitoria-Sepúlveda. A favor de la continuidad de la conquista y de la defensa de los derechos temporales de los españoles, lo que no significa ni mucho menos estar en contra de los derechos de los indios.
  2. Bartolomé de las Casas, en contra de los derechos de soberanía, por no ser tales; partidario de la suspensión del dominio temporal español, la restitución a los indios de sus propiedades y justificar la presencia española sólo, por la vía espiritual; concibe al imperio como mera delegación Papal en la línea de los dominicos.

La definición final de la posición del imperio surge en la Controversia de Valladolid, con la confrontación entre Las casas y Sepúlveda.

Aunque hasta hace algunos años en la historiografía se pensaba que la posición aceptada por el imperio era la de Las Casas, sin embargo, la revisión actual de las fuentes llega a la conclusión contraria. Es verdad, que sus posiciones parecen triunfar en “las Leyes Nuevas” pero serán revocadas después. Para De Las Casas la presencia española sólo está justificada por la vía espiritual. No cree adecuado ni el título primero de Vitoria ni el octavo porque para Las Casas no existe atraso alguno de los indios frente a los españoles. Para él, la vida en la América prehispana era una Arcadia feliz, ignorando los conflictos entre los propios indios, lo mismo que la petición de ayuda de éstos a los españoles frente a las tribus dominantes, por lo que también neutraliza el título VIII. Para Las Casas sólo las bulas papales son derechos adecuados para los españoles, pero sin que ello permita el uso de la fuerza, ni siquiera defensiva. Lo único que cabe hacer para cumplir correctamente la bula papal y no condenarse era:

  1. Restituir a los indios a sus dominios por ser los auténticos propietarios de sus reinos.
  2. Anunciar pacíficamente el Evangelio.

Vitoria no dudó jamás de la legitimidad de la Soberanía española en las indias, aunque tenía dudas de la acción española en algunos momentos. Las Casas, por el contrario, no aceptó jamás la Soberanía española. Vitoria señala que si hay algún abuso hay que enmendarlo, pero no abandonar.

Sepúlveda, centra la atención en el título VIII de Vitoria. Para Sepúlveda, dada la situación parapolítica, bárbara de los indios, estos terminarían por exterminarse si no eran tutelados dado que el derecho natural está siendo violado constantemente por ellos. Por tanto, el género humano está allí actuando de manera degenerada y conviene actuar en favor de su regeneración. Cuatro son las razones de Sepúlveda:

  • Siendo por naturaleza siervos, bárbaros, incultos e inhumanos, rechazan el imperio de los más prudentes poderosos y perfectos, el cual deben admitir para gran beneficio de los propios indios (lo que coincide con el título VIII de Vitoria).
  • Desterrar el crimen de devorar carne humana, con el que se ofende especialmente a la naturaleza, sobre todo contra ese rito monstruoso de inmolar víctimas humanas.
  • Salvar de graves peligros a numerosos inocentes a quienes los bárbaros inmolaban todos los años (Coincide con el Título Quinto de Vitoria)
  • Que la religión cristiana se propagase por donde quiera que se presentase la ocasión, en gran extensión y por motivos convenientes (una especie de síntesis de los títulos 2º, 3º y 4º de Vitoria).

Para Vitoria y Sepúlveda, no para Las Casas, los sacrificios humanos, la antropofagia, serán actos contrarios al derecho natural y, su corrección, causa justa para la dominación y la guerra. Con lo cual, los indios no pierden temporalmente sus dominios por infidelidad sino por insociabilidad. Españoles e indígenas no son iguales por ser hijos de Dios. Pero mientras Las Casas afirma un igualitarismo total sin analizar las sociedades indígenas, Sepúlveda resalta la degeneración inhumana de algunas costumbres y por ello debían ser sometidos a los españoles, no para el bien de éstos sino para el bien de los indios y así prepararlos “con las mejores costumbres y con el trato de los hombres piadosos para recibir la religión y el culto al verdadero Dios”. Es el derecho de los indios a vivir dignamente con arreglo a la racionalidad. Dice Sepúlveda: “nada hay más contrario a la justicia distributiva que dar iguales derechos a cosas desiguales”. Sepúlveda señala que no se trata de esclavizar a los indios, al contrario, se trata de destruir sus instituciones prepolíticas para salvar a los indígenas de su mutua destrucción. La conquista es, por tanto, un proceso pacificador. Según Sepúlveda tal acción no es voluntaria sino obligada para introducir más humanidad en el tutorizado, propagando sobre él las virtudes políticas que le salven de la degeneración y la corrupción. En ese ambiente la guerra era el corolario “justo” derivado de tal situación ante cualquier conato de resistencia.

La principal objeción de Las casas a Sepúlveda es que es necesaria la libertad para recibir la Fe. Si se les obliga la Fe se les antojará como algo “odioso”. La principal objeción de Sepúlveda a Las Casas es que para recibir la Fe es necesario escucharla y si no se les domina y civiliza, mal la van a escuchar al ser imposible predicarla. Y es que Las Casas obviaba que varios frailes habían sido asesinados por los indígenas. Lo que buscaba Sepúlveda era que el Imperio garantizase, en la medida de lo posible, que los indios no acabasen con la vida de los evangelizadores.

Las Casas, de manera ilusa, propone predicar la Fe sólo dónde no haya peligro y, dónde lo hubiera, construir una fortificación para desde ella pregonar el evangelio.

La solución de Sepúlveda era tutelar a los indios y para ello la institución de la encomienda permitiría a algunos varones españoles, probos, justos y prudentes que se encargaran de educarlos en la fe cristiana. La posición de Sepúlveda era a la postre la justificación de lo que ya se estaba haciendo: creación de ciudades, encomiendas, cabildos, universidades, es decir, era permitir la creación en América de un marco institucional, como modo más efectivo de evitar la postración étnica de los pueblos indígenas.

A partir de 1550, tras la Controversia de Valladolid, Las Casas deja de influir en la conciencia de Carlos V. En la Junta, Las casas y Sepúlveda participaron como informadores, quedando en manos de los jueces las decisiones que hubiera que tomar al respecto. Aunque no se posicionaran por uno u otro, en la práctica, se acogen a los señalado por Sepúlveda. “En consecuencia, la Corona reconocerá la bondad del sistema apostólico y los inconvenientes de la penetración armadas; pero nunca dejó de reconocer la realidad indiana”.

BIBLIOGRAFÍA

HENRI-XAVIER ARQUILLIÈRE. El agustinismo político. Ensayo sobre la formación de las teorías político en la Edad Media. De Universidad de Granada. 2005.

ALFONSO GARCÍA-GALLO. Manual de Historia del Derecho español. Publicado por el autor. Madrid 1964

PEDRO INSUA. 1492. España ante sus fantasmas. Ariel. 2018

JUAN MANZANO MANZANO “Los justos títulos en la dominación castellana de Indias”. Revista de Estudios Políticos, ed.

 

[1]Henri-Xavier Arquillière. El agustinismo político. Ensayo sobre la formación de las teorías político en la Edad Media. De Universidad de Granada. 2005.