Villanos. EL PACTO DE SANTOÑA

En este hilo vamos a reseñar un acontecimiento histórico, demasiado tiempo oculto por la vergüenza y la ignominia que entraña para sus autores. Se trata de la demostración de la traición del PNV al bando republicano durante la guerra Civil. Aunque cabría preguntarse, si realmente la traición no fue a los vascos no nacionalistas pensando únicamente en una salida airosa para los peneuvistas.

Quizá a nadie le sorprenda la existencia de un hecho histórico en el que el PNV actúa como traidor. Lo que quizá llama más la atención es que el PNV siempre obtiene réditos de sus traiciones.

Se conoce como pacto de Santoña al acuerdo firmado el 24 de agosto de 1937 entre los representantes del PNV y los representantes del ejército italiano en España para la rendición del ejército vasco (que luchaba en el bando republicano) a los italianos y, por ende, al bando nacional durante la Guerra Civil.

No se puede entender las implicaciones del llamado pacto de Santoña sin atisbar los entresijos de la contienda en aquel momento.

Franco había priorizado la conquista del frente norte, en lo que todos los expertos han considerado una maniobra muy arriesgada, por cuanto dejaba el centro de la Península a merced del ejército republicano. Largo Caballero vio en ello una oportunidad única de hacerse con el control de la España central, aprovechar el saliente del frente populista al sur del Tajo, (que se extendía desde el sur del Tajo hasta Extremadura), con 75.000 hombres buscando así romper la continuidad geográfica de zona nacional. A esto lo llamó el “Plan P”. Sin embargo, como tantas veces en el bando republicano, las peleas internas acabaron con toda buena iniciativa. Los comunistas que hacía tiempo que querían destituir del mando a Largo, pensaron que, saboteando el Plan, tendrían más fácil su derrocamiento; de otro modo, Largo se afianzaría en el poder. Así que, los comunistas se encargaron de imposibilitar el Plan P y perder una gran oportunidad de cambiar el signo de la guerra.

Otro acontecimiento tendrá cierta repercusión en la zona. Tras demostrar su fidelidad y buen hacer en la zona de Valencia, el General Gamir es destinado, a finales de mayo de 1937, a la zona cantábrica, para hacerse cargo de las tropas republicanas en el País Vasco. Allí, realmente, coexistían dos ejércitos: el regular republicano y el de los gudaris vascos, éstos últimos con la condición de pelear sólo en territorio vasco y navarro. Dos ejércitos con mala convivencia entre sí, lo que llevó al Lendakari Aguirre a exigir la sustitución de Francisco Llano de la Encomienda al frente del ejercito republicano. Cuando Gamir llega al País Vasco, la situación en el norte es sumamente compleja. Existían fuertes fricciones entre batallones comunistas, socialistas y anarquistas y los batallones vascos. Gamir, de origen vasco, aunque nacido en Cuenca, reorganizó los mandos de las fuerzas republicanas en Vizcaya y logró que Aguirre cediera el control que tenía sobre el antiguo ejército vasco, el motivo más importante de los enfrentamientos de Aguirre con Llano de la Encomienda. Fue una cesión más aparente que real, como se demostró ante el rápido avance de los nacionales que puso muy nerviosos a los republicanos, sobre todo a los vascos.

Ante la eventualidad de que los nacionales entraran en Bilbao, Prieto ordenó extremar la defensa de la capital vizcaína y, en caso de retirada, incendiar la ciudad, sobre todo, los altos hornos. Sin embargo, el PNV impidió cualquier destrucción. Ya para entonces los gudaris habían entrado en contacto con las brigadas italianas “Flechas negras” y la defensa de Bilbao se hizo de manera conjunta por vascos e italianos. Es decir, habían entregado Bilbao a los nacionales traicionando a los republicanos que en aquel caso estaban representados por batallones de santanderinos y asturianos dispuestos a seguir fieles a la República y cumplir las órdenes de Prieto.

En la rendición de Bilbao, como preludio de la de Santoña, los comandantes Gudaris con todos sus hombres, se rendían al tiempo que hacían entrega de camiones con decenas de armas y municiones todas de fabricación vasca. Bilbao se rindió a los españoles, Baracaldo a los italianos. Es de reseñar que mientras que los republicanos que se entregaban lo hacían tras combatir, y se rindieron en contados casos casi siempre individuales o de pocos soldados, los nacionalistas rindieron unidades enteras, pactadas de antemano (unos 10.000 hombres). Para completar la ignominia, en una ciudad hambrienta, los jefes de los bravos gudaris prepararon una celebración con los italianos entre caviar y champán, “la cena de las estrellas”.

Aquellas negociaciones con los italianos se habían iniciado el 11 de mayo de 1937 y concluyeron a finales de agosto con el pacto de Santoña. Los negociadores eran, según los momentos, por la parte vasca, Juan de Ajuriaguerra, presidente del BIZCAI BURU BATZAR y Alberto Onaindía, sacerdote nacionalista; y, por los italianos, Francesco Cavalletti, el cónsul en San Sebastián, y más tarde el yerno del DUCE y Ministro de exteriores: el Conde Ciano.

Las primeras citas se convinieron en un caserón de San Juan de Luz.

Desde el primer momento Francisco Franco estuvo informado de las negociaciones, a través de los italianos, al igual que el Vaticano a través de los vascos. La mediación de la Santa Sede para poner fin a la guerra y evitar la destrucción de Euzkadi fue desde el inicio del conflicto un objetivo del PNV”.[1]

Pero no sólo ese era su objetivo, su intención era salvar a los dirigentes y miembros destacados del PNV, sacándolos de España hacia Gran Bretaña.

La negociación con los italianos no se entiende sin recordar que el PNV era el único partido fuertemente derechista y católico del bando republicano. Habían hecho valer sus contactos en el Vaticano para no ser molestados por los republicanos. El motivo era un interés mutuo: de un lado, al Frente Popular le interesaba ese apoyo del Papa a fin de limar la mala imagen que tenían fuera de España por la persecución a los católicos, la quema de iglesias y demás desmanes genocidas cometidos en aquellos años contra los hijos de la Iglesia. Por otro, al PNV, le interesaba la República porque sabían que de ella se podía esperar una independencia del País Vasco; de los nacionales, no.

La posición del PNV, tras la feroz persecución sufrida por la Iglesia hacía escandalizar a propios y extraños. Sin embargo, el presidente del Gobierno Vasco, Aguirre y otros distinguidos peneuvistas no querían dejar pasar la ocasión de lograr sus fines políticos a costa de lo que fuera. De hecho, no empezaron a combatir hasta que no se firmó el estatuto de autonomía.

Aguirre estaba convencido de la victoria republicana hasta que la velocidad de avance nacional en el norte, le hizo dudar. Así que, empezó a negociar con el bando nacional. Lo hizo casi al modo ladino italiano que tradicionalmente tenía acuerdos con todos los bandos a fin de inclinarse por el que le venía mejor en cada caso (cabe recordar los pactos de los trasalpinos previos a la Primera Guerra Mundial).

Entregado Bilbao (19 de junio), la guerra se traslada a Santander y algunas zonas limítrofes de Vizcaya.

Las negociaciones entre los nacionales españoles, los fascistas italianos y los vascos continúan a lo largo del mes de junio buscando, ahora, la mediación del Vaticano. El primer acuerdo fue el 25 de junio en Algorta, el llamado Acuerdo de Algorta. Primera parte de lo que será el Acuerdo de Santoña. Para continuar con las negociaciones los firmantes creyeron conveniente visitar al conde Ciano,ministro de Asuntos Exteriores de Italia y yerno de Mussolini. En un momento de las conversaciones, el Canciller consultó la posición del Duce, el cual envió un telegrama a Franco, exponiendo los deseos vascos para llegar a una completa rendición. Mussolini apoyaba sus intenciones porque “se trata de católicos fervientes que se han equivocado, pero que son -en su casi totalidad- recuperables para nuestra España”. El 8 de julio, Ciano leyó la contestación de Franco a los delegados vascos. El general español le decía a Mussolini que “podéis dar por aceptado cuanto me habéis trasladado”, pero también mostraba su escepticismo: “Considero difícil que las fuerzas vascas obedezcan las órdenes de Aguirre, ni que los rojos le dejen darlas. La entrega de los vascos, si se lleva a cabo, facilitaría la guerra grandemente, pero en Asturias pueden y seguramente tratarán de extremar la resistencia”.[2]Para evitar cualquier problema, se implicó al Vaticano en la negociación.

Aquellas conversaciones llegaron oídos del Gobierno Republicano al interceptar un telegrama en el que procedente del Vaticano se dirigía a Aguirre, con el siguiente contenido:

“Tengo el honor de comunicar a vuestra excelencia que los generales Franco y Mola, interrogados expresamente acerca del asunto, han hecho conocer ahora a la Santa Sede las condiciones de una eventual rendición inmediata de Bilbao. 1: se empeñan en conservar intacto Bilbao. 2: facilitarán la salida de todos los dirigentes. 3: completa garantía que el ejército de Franco respetará personas y cosas. 4: libertad absoluta para los milicianos soldados que se rindan con las armas. 5: (…). 6: serán respetadas la vida y los bienes de aquellos que se rindieren de buena fe, aún para los jefes. 7; en el orden político, descentralización administrativa en la misma forma que la disfruten otras regiones. 8; (…), el Santo Padre exhorta a vuestra excelencia a tomar en atento y solícito examen dichas proposiciones con el deseo de ver finalmente cesar el sangriento conflicto. Cardenal Pacelli.”[3]

Azaña mandó llamar a Aguirre por no tener seguridad de si él estaba plenamente implicado en aquella traición o no. Azaña sospechaba de Aguirre y con razón, sin embargo, el vasco se desenvolvió en la entrevista con suma habilidad, pero con propuestas un tanto incomprensibles, como la de enviar las tropas vascas a luchar a Huesca. Este original proyecto era incoherente con la imposición previa de apoyar a la República sólo dentro del territorio vasco y, estratégicamente, resultaba desastrosa al dejar a santanderinos y asturianos debilitados en el frente norte. Se cree que el PNV buscaba sacar sus tropas del frente de batalla de cualquier modo, pero sin llevarlas a combatir a ningún sitio.

Ni Azaña ni los republicanos hicieron público este telegrama, no les interesaba demostrar la traición del PNV, ni por razones internas- suponía una muestra más de la desunión republicana y hubiera desmoralizado a las tropas- ni por razones externas- mostrando a todo el mundo sus grietas internas-.

Mientras esto pasaba, en torno a Madrid, se desarrolló la batalla de Brunete (julio de 1937). Sin un vencedor claro, la ofensiva republicana pretendía aliviar la presión sobre el frente norte. Lo consiguió relativamente, al suspender Franco la ofensiva cantábrica; pero Brunete terminó con gran número de muertos de ambos bandos, se considera una de las batallas más sangrientas de la guerra, y sólo detuvo y retraso el enfrentamiento en el norte durante un mes.

Con todo, el respiro dado por la batalla de Brunete permitió a Gamir reorganizar las tropas y enviar refuerzos al norte, no tanto con la pretensión de ganar la zona como la de intentar retrasar las ofensivas nacionales y aguantar hasta que el invierno dificultase el avance de Franco. Por este motivo, Gamir lanzó dos ataques, uno para conquistar Oviedo y otro para liberar Vizcaya. Este segundo fue saboteado por el PNV. El 31 de julio los nacionalistas ya habían decidido entregarse a los nacionales. Los primeros pasos dados con el acuerdo de Algorta, se afianzan, si bien y como siempre, con el PNV nadando entre dos aguas. Así, entre los acuerdos firmados, llegan a proponer el lugar por el que los nacionales debían atacar en Santander para simular que los gudaris quedaban rodeados en el oriente de Vizcaya y justificar así su rendición. La indicación señalaba que los nacionales deberían atacar por Reinosa y el Escudo para ocupar Torrelavega y Solares, los dos puntos estratégicos de las comunicaciones con Santander y Asturias. El acuerdo también incluía que los dirigentes vascos, las tropas nacionalistas y sus seguidores pudieran embarcar camino de Gran Bretaña, en barcos ingleses contratados a tal fin. Para hacer más creíble la situación, el PNV ordenó avanzar a sus tropas hasta Santoña. La población de Santoña se sitúa sobre una península, rodeada por el mar, el estuario del río Asón y por marismas, toda ella dominada por el Monte Buciero, lo que le concede una privilegiada situación estratégica y, al tener un excelente puerto, la península ha sido robustamente fortificada desde antiguo. Allí acamparon tres batallones de la 50 División de Choque vasca, ligados al PNV, por orden de los dirigentes vascos, abandonando así las posiciones que tenían previamente en Vizcaya. Eso ocurrió la noche del 21 al 22 de agosto. En los días posteriores de sumaría 12 batallones más.

El 23 de agosto, un grupo de peneuvistas asentados en Santoña declararon la “República de Euzkadi”. La declaración se extendió a Laredo y otros pueblos de alrededor. Es decir, que la primera vez que se declara la república vasca se hace fuera del territorio vasco y por pocas horas porque la situación inmediata fue la rendición; la cual se produjo tras la firma del Pacto de Santoña, el día 24 de agosto. Unos 30.000 hombres, todos bravos gudaris, se rindieron con armas y bagajes, sin pegar un tiro, sin derramamiento de sangre y lo hicieron ante unos siete u ocho mil italianos. Fue una rendición memorable, la proporción era de unos 3 vascos por cada italiano.

El acuerdo conllevaba un trato de favor: se rendían a cambio de que respetasen la vida de sus soldados y fueran considerados prisioneros de guerra bajo la soberanía italiana, permitiendo evacuar en barco hacia Gran Bretaña a los dirigentes políticos del PNV, funcionarios vascos y a los oficiales que lo deseasen. En aquel momento los vascos aceptaron la rendición sin ulteriores condiciones, aunque trataron inútilmente de conseguir unas mayores garantías del coronel Farina, jefe del estado mayor de las fuerzas italianas. Tal situación se produce la noche del 25 de agosto, después de dar muchas largas a los nacionales a la espera de que llegaran los barcos a puerto. Pero los barcos no atracaron hasta el día 26 en el puerto santoñés. Se trataba de dos buques mercantes ingleses Bobie y Seven Seas Spray procedentes de Bayona bajo la protección del destructor inglés HMS Keith. El 27 de agosto comenzó el embarque de los refugiados con pasaporte vasco. A las 10 del mañana, enterado el general Dávila, manda la inmediata suspensión de la operación y ordena el desembarque. Únicamente el mercante Bobie abandona el puerto con 533 heridos a bordo escoltado por el Keith. ​

Evidentemente, no todos los vascos se comportaron igual, tanto los partidarios de la república como los favorables al alzamiento lucharon adecuadamente, estamos hablando de la actuación del PNV que por salvarse ellos, traicionaron a todos, si bien, libraron al territorio vasco de cruentas batallas.

El franquismo se comportó generosamente con los peneuvistas, su represión, cuando la hubo, fue mucho más leve que la de otros, como los izquierdistas asturianos, sin tener presente que la represión interna republicana hacia la derecha en el País Vasco, aun bajo la presencia de los nacionalistas, aunque no participaran directamente en ella, fue mucho mayor que la sufrida por la derecha asturiana o santanderina, que tampoco fue menor.

En todo lo que antecede se muestra que el PNV no traicionó sólo a la Republica, también traicionó a los vascos no nacionalista y muy especialmente a los católicos no nacionalistas y a la derecha en su conjunto. Con todo, Franco no dejaba de tener motivos de agradecimiento hacia los nacionalistas vascos, no en vano, su rendición facilitó la victoria nacional en el frente norte y eso permitió a Franco afianzarse en el resto de la Península con la retaguardia asegurada y con el refuerzo industrial vasco.

Bibliografía:

  • PIO MOA. Los mitos de la Guerra civil. 8º Ed. Ed. La esfera de la historia. 2003.
  • CARLOS MARÍA OLAZÁBAL ESTECHA. “Pactos y Traiciones. Los archivos secretos de la Guerra en Euzkadi.” Tomo 2. Autor-Editorial. 2009.
  • XUAN CÁNDANO. El Pacto de Santoña (1937). La esfera de los libros. Colección: Historia del Siglo XX. 2006

[1]Xuan Cándano. El Pacto de Santoña (1937).  La esfera de los libros. Colección: Historia del Siglo XX. 2006

[2]Xuan Cándano. Op.Cit.

[3]CARLOS MARÍA OLAZÁBAL ESTECHA. “Pactos y Traiciones. Los archivos secretos de la Guerra en Euzkadi.” Tomo 2. Autor-Editorial. 2009

 

La Escuela de Salamanca- y 2

  • ¿Cuáles fueron los principales problemas consultados a la Universidad de Salamanca?

Realmente, las consultas abarcaban toda la actividad social del momento, sobre todo, aquellos aspectos que incluían algún tipo de novedad: cartógrafos y geógrafos para bordear América; cálculos matemáticos para la realización de los viajes hacia las “Indias”; matemáticos, astrónomos o juristas para fijar la adscripción de las islas Molucas a España o Portugal; juristas para determinar las fronteras o poder internacional y nacional de los reyes; filósofos y teólogos para conocer los derechos de los indios, teólogos que acabaron dando lugar a los primeros economistas para atender al valor de los metales venidos de América, la usura y la legalidad del préstamo, teólogos y moralistas para determinar la legalidad del divorcio de Enrique VIII … hasta la gramática de Nebrija tuvo su lugar.

No podemos hacer un estudio detallado de todas las aportaciones que realizó la Escuela de Salamanca en todos los campos, pero si destacaremos algunas de ellas:

Empezaremos por los debates en torno a la cuestión indígena llamada de los justos títulos o polémica de los naturales. Se trataba de discernir las disputas entre los gobernadores y Bartolomé de las Casas. Fue el padre Vitoria sobre el que recayó el estudio de los derechos de los indios en América, dando lugar a su obra “De indis” en la que expresó su postura sobre diversos excesos cometidos en los primeros años de asentamiento español en América. Afirma que los indios son iguales en derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Gracias a él, las ideas y posiciones de fray Bartolomé de las Casas tomaron un tono más mesurado, fueron escuchadas y con ellas nacieron las Leyes de indias. Los indios fueron considerados seres libres y estaban bajo la protección directa de la Corona. Después de su muerte, varios de los discípulos de Vitoria: Cano, Soto, Carranza, Covarrubiasformaron parte de  una comisión de teólogos que se reunió en Valladolid entre 1550-1551 (Junta de Valladolid), en la que establecieron cuáles eran Justos Títulos[1]para la conquista de América y cuáles injustos, en la llamada polémica de los naturales. Todo esto hace al Padre Vitoria uno de los precursores de los Derechos Humanos.- Sobre este asunto haremos un hilo en fecha próxima-.

Vitoria y Molina, realzan el valor de la persona haciendo hincapié en los derechos que le otorga la naturaleza, que están por encima de cualquier otro derecho. Ese derecho natural obliga a tener un respeto por cada persona, individualmente considerada, dejarla en libertad, no condicionarla, no esclavizarla. Un derecho a ser libres de las influencias de los demás, lo que obliga al respeto al otro y a la libertad del otro. Un respeto de libertad individual en sociedad.

Estas cuestiones permitieron al Padre Vitoria estudiar y establecer los términos de la “guerra justa” y del “Ius Gentium”, es decir el germen del derecho internacional. Sobre ambos temas, íntimamente relacionados en su obra, opina que esta noción casi nunca se aplica a los conflictos armados. Con Suarez coincide en que la guerra justa es un deber. Ningún Estado tiene derecho a suicidarse. El arbitraje es conveniente, pero no obligatorio. Deduce del derecho natural las consecuencias más liberales para las relaciones políticas y económicas entre todos los hombres. Cada persona tiene derecho, en el lugar en el que se establezca, a las mismas prerrogativas que los ciudadanos de ese país. Cabe, incluso, pensar que “el mundo es, en cierto sentido, una sola República”. Pero no existe, como derecho, ninguna limitación a la autonomía del Estado: no existe arbitraje de una autoridad internacional por encima de esas” comunidades perfectas” que son los Estados. Incluso los bárbaros (los indios) tenían antes de la conquista una soberanía. La colonización puede ser legítima, pero a condición de ser” su única preocupación el bien y la prosperidad de los indígenas, y no el provecho de los españoles”.

Rechaza toda separación entre el soberano y su comunidad, subraya la cohesión del Estado y da un sentido más moderno a la aceptación cristiana de poder establecido. Vitoria es el teórico de un mundo dividido, en el que los Estados afirman duramente su independencia.

La doctrina de Vitoria se vio refrendada posteriormente por Suarez. La principal originalidad del jesuita consiste en vincular el derecho de gentes al derecho natural, aunque no cree que haya existido nunca una soberanía internacional. Las obligaciones del derecho natural tienen una valor absoluto e invariable. Mientras que el derecho de gentes se concebía con un carácter flexible, basado en la convención y la costumbre, que obliga en cuanto es objeto de un acuerdo general y que evoluciona como todas las opiniones. Por tanto, ningún acuerdo internacional puede imponerse a las soberanías nacionales. Sin embargo, Suarez, por primera vez sí se postula partidario de la solidaridad internacional por cuanto que la humanidad “aun dividida en pueblos y Estados diversos, conserva, sin embargo, una cierta unidad, no sólo específica, sino también cuasi política y moral” que engloba a todos los hombres sin distinción.

También se discutió ampliamente sobre la monarquía. Para Vitoria, el Estado y la sociedad son de derecho natural. No puede concebirse a la humanidad sin organización social y sin orden político; fuera de toda misión espiritual tienen como misión el bien común. De aquí se deriva que ningún régimen puede pretender ser más que otro de derecho divino. Vitoria es monárquico, pero por razones de experiencia. La monarquía así considerada no se encuentra por encima de las leyes, las cuales para ser justas deben responder al interés general, estando la ley humana subordinada siempre a la ley divina. Vitoria parece fijar así límites al poder real; pero, reprueba a “los hombres corrompidos de orgullo y de ambición que se alzan contra sus príncipes”.

La teoría de la deposición del rey hereje por orden papal fue defendida por Luis Molina. La República Cristina concebida por estos autores como la forma de Estados distintos y soberanos hace que los jesuitas defiendan que la soberaníapertenece al pueblo, aunque casi nunca desarrollen la idea para acabar siempre restableciendo la superioridad del orden monárquico. Juan de Mariana la acaba defendiendo con cierto vigor. Afianza, además, el poder del Papa frente a esos monarcas, incluso el poder de los obispos. La idea del rey como punto de unión de los Estados de cierta extensión, se beneficia del reforzamiento de sentimiento nacional.

Es el mundo de la reforma y la contrarreforma por eso, frente a estas teorías papistas está la de la Iglesia como obediente al rey que se da en Inglaterra, con cierta dureza en sus manifestaciones por herencia conceptual de Enrique VIII.

Se aprecia en ese momento histórico una clara vinculación entre teología y política que fue rechazada por Althusius, Bodín e incluso Maquiavelo. Era la culminación de la Reforma. Mientras Suarezexpresa la continuidad del pensamiento católico.

Para Suarez el Estado separa el campo del derecho público y del derecho privado. El Estado existía con anterioridad al pecado original. Lo que coloca a la comunidad civil en el plano de la naturaleza. Aunque el Estado tiene la unidad de una persona, de un cuerpo, no por ello integra a sus miembros a la manera de un organismo vivo, biológico, ya que engloba a seres conscientes y libres. Es un cuerpo místico hecho de necesidad y de libertad. No tienen más fin que el material del bien común. A la cabeza del Estado se establece una autoridad suprema.

La potestad política de hacer la ley, tiene el carácter absoluto de la Soberanía. En virtud de la libertad de nacimiento de cada persona, corresponde al conjunto de los hombres y no a uno sólo, hacer esa ley, esta es la gran diferencia con Molina, para Luis de Molina la soberanía es la suma de las soberanías individuales, no es un todo único y compacto. Con Suarez quedan establecidas así, la soberanía popular y la libertad de cada comunidad política de elegir su régimen de referencia. El hecho de la soberanía es el derecho natural, pero “su determinación en un cierto modo de autoridad y de gobierno depende de la libertad humana”. Suarezno duda en que la monarquía sea el sistema de gobierno más eficaz, pero llega a esa conclusión tras señalar que la comunidad de ciudadanos es libre para escoger el régimen en el momento de la fundación del Estado, pero una vez elegido no puede modificarlo. Para Suarez la monarquía es una institución humana, pero una vez que reinan legítimamente, son “ministros de Dios”. La soberanía es absoluta, pero con ciertos límites. El fundamental es el hecho de que la soberanía está limitada a la ley justa.

Por otro lado, diferencia entre el poder espiritual y el temporal.El poder eclesiástico tiene sobre el poder civil toda la superioridad del espíritu sobre la materia, del derecho divino positivo y sobrenatural sobre el derecho natural. El Papa es superior “no sólo a la persona del rey, sino incluso a su poder temporal, aunque soberano”. Puede dirigir e incluso deponer a los reyes para lograr los fines espirituales de la Iglesia.

En estos aspectos las obras de los profesores de Salamanca, muy especialmente las de Vitoria y Suarez influyeron decisivamente y se vieron influenciados a su vez por las de Bodín, Althusius. Por su parte Leibniz, Grocio, pufendorf, Schopenhauer y Heidegger citan a Suarez y, en ocasiones a Vitoria y a otros autores de la Escuela como fuente de inspiración.

El derecho matrimonial y el divorcio.  “Un nuevo y grave problema religioso y político se suscitó cuando el rey inglés Enrique VIII quiso divorciarse de la princesa española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, dando principio en este conflicto al nacimiento del anglicanismo. En tales circunstancias, las cuestiones sacramentales se mezclaron con el derecho y derivaron en negociaciones internacionales y dictámenes del más alto nivel. Esta nueva solicitud de informe a la Universidad de Salamanca coincidió con la ebullición del problema protestante en el Imperio: el pedagogo Crammer escribió un libro sobre el divorcio, favorable a los intereses de Enrique VIII, circunstancia que inclinó a los emisarios del rey inglés a buscar apoyo en las universidades para su causa pango, incluso a los religiosos o profesores para logarlo. Se han encontrado documentos detallando el dinero entregado a varios religiosos para conseguir el apoyo a la causa del divorcio inglés. Por menos de cien escudos obtuvo todas las firmas del claustro de Ferrara y lo mismo consiguió en Francia y en Inglaterra. La Sorbona también se declaró partidaria del divorcio tras multitud de intrigas. Puesto que Lutero se había casado, se mandaron emisarios para pedirle su aprobación, pero él se negó a apoyarlo. 

El emperador y rey de España buscó apoyos en sus Universidades. Varias instituciones y personas relacionadas con Salamanca contestaron a esta consulta: la propia Universidad de Salamanca, el Colegio de San Bartolomé, Francisco de Vitoria y el cronista real Juan Ginés de Sepúlveda. La Universidad respondió con un informe matizado, inspirado en la obra de Francisco de Vitoria, titulada De matrimonio, en la que se manifestó en contra del divorcio sosteniendo un criterio laico, cuando dijo: “La potestad real o civil se ha establecido para el bien de la República, sea el que sea, sea el de la paz, sea cualquier otro beneficio humano” y ese acuerdo superior centrado en el bien común impide el divorcio del monarca”.[2]

Por poner el ejemplo de otras cuestiones de distinta naturaleza tratadas con profusión por la Escuela de Salamanca señalaremos que pocas cuestiones científicas fueron más candentes en la época que el problema de la medida del espacio. “Los tratados internacionales sobre derechos de exploración geográfica toparon con la imposibilidad de fijar fehacientemente esta magnitud y todos los reinos implicados en estos viajes promovieron un inusitado interés por la precisión, dificultada por las diferencias en los sistemas de cómputo y por la inexactitud de los aparatos mecánicos. Estas medidas eran necesarias para establecer las fronteras de los descubrimientos y la colonización; por ejemplo, era imposible determinar la longitud en el mar sin un reloj preciso que no existió antes del cronómetro de Harrison, a mediados del siglo XVIII. El catedrático de astrología Diego de Torres fue uno de los más incisivos estudiosos de esta materia y participó en las deliberaciones científicas del Tratado de Tordesillas (1494). A él se unieron otros muchos como el médico Sancho de Salaya y el dominico Tomás Durán,catedráticos ambos y comisionados por Carlos V para debatir con los representantes portugueses -entre quienes figuraba el también antiguo catedrático salmantino Pedro Margallo- la adscripción de las islas Molucas, tras su descubrimiento en el año 1524”[3], y posteriormente en una serie de tareas para la fijación de las fronteras.

“Otro asunto científico de profundo calado para la época era el de la medida del tiempo que preocupaba a los Estados, especialmente al Vaticano. Era preciso reformar el calendario juliano vigente desde el año 46 a. C. con el fin de que pudieran cumplirse los decretos del concilio de Nicea (año 325) relativos a la fecha de celebración de la Pascua, fiesta solemne de la Resurrección de Jesucristo. Con los siglos ésta se había ido retrasando respecto del equinoccio de primavera, resultando infructuosos todos los esfuerzos por elaborar un calendario perfecto; causa que ocupó a multitud de matemáticos y astrónomos de toda la cristiandad por lo menos durante doce siglos. También en este tema la intervención de la Universidad de Salamanca fue muy significativa. Esta Universidad propuso en 1515 un cálculo que sesenta y tres años que después ratificaron los expertos vaticanos y el propio pontífice como base de la reforma del calendario (descubrimiento que hasta el día de hoy se había atribuido al italiano Luigi Lilio) y que finalmente fueron determinantes para que se aprobara la reforma gregoriana del calendario de 1582”[4].

Quizá uno de los estudios más trascendentes se lo debamos a Domingo de Soto fue el primero en establecer que un cuerpo en caída libre sufre una aceleración constante, ​ siendo éste un descubrimiento clave en física, y base esencial para el posterior estudio de la gravedad por Galileo y Newton.

Otro de los grandes temas estudiados en Salamanca fueron los relacionados con la  economía[5]. Son ellos los que sentaron las bases de la ciencia económica moderna. Entre sus principales aportes se encuentran la aceptación de la ley de la oferta y de la demanda como agentes en la determinación de precios de un mercado libre, la exposición de una teoría subjetiva del valor de los bienes, y el establecimiento del valor del dinero en función, no sólo de su abundancia o escasez, sino de su capacidad de compra, la doctrina general del interés y el análisis del sistema tributario.Su gran hallazgo para la macroeconomía moderna fue la formulación de la teoría cuantitativa del dinero.Se trata de ideas que surgieron en la consideración de las grandes cuestiones fundamentales del justo precio, de la usura y de los tributos.

El inicio de todas estas teorías provino de la llegada abundante de metales preciosos de América y su relación con la elevación de precios. Los escolásticos españoles del siglo XVI estudiaron el dinero, al que por primera vez consideraron como una mercancía más, cuyo valor viene dado por su escasez o abundancia relativa. Los máximos exponentes que elaboraron las teorías del valor fueron Martín de Azpilcueta, pionero en estos estudios, y Luis de Molina. A los que hay que unir Francisco de Vitoria, Diego de Covarrubias y Leiva, Tomás de Mercado, Domingo de Soto y Juan de Mariana.

Azpilcueta se convirtió en el precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero, según la cual el incremento de la masa monetaria en circulación ocasiona un incremento proporcional en el nivel de los precios.

Constató el hecho de que en los países en los que los metales preciosos oro y plata eran escasos los precios de los bienes eran inferiores a los países con abundancia de los mismos. El metal precioso, como una mercancía más, tiene menos valor adquisitivo cuanto más abundante sea. Desarrolló así una Teoría del Valor-Escasez precursora de la teoría cuantitativa del dinero, adelantándose en más de una década a Jean Bodin.

Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría subjetiva del valor y del precio que consiste en que, puesto que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre sin engaños ni interferencias de todo orden. Expresándolo en términos actuales, los integrantes de la escuela defendieron el libre mercado, donde el precio justo venía dado por la oferta y la demanda, constituyendo un precedente de la Ley de la Oferta y la Demanda.

Otra cuestión económica a estudiar fue la usura,muy mal vista por la Iglesia. La Escuela de Salamanca encontraba diversas razones que justificaban el cobro de un interés. Así, la persona que recibía el préstamo obtenía un beneficio a costa del dinero obtenido. Por otro lado, el interés se podía considerar como una prima por el riesgo del prestatario a perder su dinero. También estaba la cuestión del lucro cesante, ya que el prestatario perdía la posibilidad de utilizar el dinero en otra cosa. Martín de Azpilcueta consideró también la influencia del tiempo en el cobro de intereses. Consideró que a igualdad de condiciones los bienes presentes valen más que los bienes futuros, y, por lo tanto, es preferible recibir una cantidad ahora a recibirla en el futuro. Para que una renta en la actualidad sea más atractiva que en el futuro es necesario que sea mayor. En este caso el interés supone el pago del tiempo.

Vitoria y otros teólogos se centraron en la acumulación de riqueza y propiedad privada. Los escolásticos españoles llegaron a la conclusión de que el orden natural permite la propiedad privada por tener efectos beneficiosos al estimular la actividad económica y, con ello, el bienestar general de la sociedad. A este respecto, Diego de Covarrubias y Leiva afirmaba que los propietarios tenían no sólo derecho de propiedad sobre el bien, sino que también, tenían derecho exclusivo a los beneficios que pudieran derivarse del bien. De todas maneras, precisó que en momentos de gran necesidad todas las cosas son comunes. Domingo de Soto defendió la propiedad privada como medio para lograr la paz social. Luis de Molina, apoyando la tesis de Domingo de Soto, afirmaba que la propiedad privada era una institución de efectos prácticos positivos ya que, por ejemplo, los bienes serían mejor administrados por un solo dueño que si fuesen de propiedad comunal. Postura esta última que también fue defendida por Juan de Mariana.

La Escuela de Salamanca no llegó a elaborar una doctrina económica completa, pero estableció las primeras teorías económicas modernas para afrontar los nuevos problemas que habían surgido.

En el ámbito de la Teología, aunque todo fuera teología en Salamanca, porque todo partía de una reflexión moral,  no queremos dejar pasar la aportación de los padres salmantinos en el Concilio de Trento. No vamos a hablar del Concilio sino de alguna de las aportaciones más destacadas por algunos padres conciliares miembros de la escuela de Salamanca, así Covarrubias, dejó huella en los asuntos sobre la Eucaristía, el orden sacerdotal o el matrimonio.

 Sobre la Eucaristía señaló que es el sacramento excelente por encima de todos los demás al ser instituido por Cristo y contener el misterio de la transustanciación. En cuanto a la comunión eucarística se indica que no es necesario hacerlo bajo las dos especies para los laicos no era derecho divino ni necesaria para la salvación y que no es necesaria por derecho divino para los niños.

Respecto al orden sacerdotal, Covarrubias manifestó que la jerarquía eclesiástica había sido instituida por Cristo, siendo los primeros, por ley divina, los obispos, como sucesores de los apóstoles, y, tras los obispos, los presbíteros. Por otro lado, manifestó que los prelados que estuvieran ausentes de sus diócesis sin causa justificada durante más de tres meses debían ser multados. Se promovió la necesidad de tener seminarios en las diócesis

En cuanto al matrimonio, se plantea su carácter sacramental, se define su naturaleza, su indisolubilidad y el derecho de la iglesia a establecer impedimentos matrimoniales. Se planteó la cuestión de la nulidad en relación con los matrimonios clandestinos, colocando a la ley eclesiástica por encima de las civiles y pidió que se aumentara el número de testigos en los esponsales. A su vez, se reafirmó la excelencia del celibato.

Otros asuntos teológicos que alcanzaron gran relevancia en los estudios de la Escuela fueron la idea del mal. Se puede hacer el mal, aunque se conozca a Dios, y se puede hacer el bien, aunque se le desconozca. Es decir, la moral no depende de la divinidad. Esto resultaba especialmente importante para el trato con los paganos, ya que el hecho de que no fuesen cristianos no presuponía que no fuesen buenos.

Vitoria proporcionó una imagen nueva de la divinidad para intentar explicar la presencia del mal en el mundo. La existencia de éste hacía difícil creer que Dios pudiese ser infinitamente bueno e infinitamente poderoso a la vez. Vitoria explicó esta paradoja apelando al libre albedrío humano. Puesto que la libertad es concedida por el mismo Dios a cada hombre, no es necesario que el hombre actúe eligiendo siempre el bien. La consecuencia es que el hombre puede provocar voluntariamente el mal. Ese libre albedrío como señalaba el Padre Mariana, y que entronca con el derecho natural y con los derechos humanos, como vimos con anterioridad, es más un deber que un derecho, por tanto, no se puede renunciar a él. Al derecho se podría renunciar, a un deber no se puede renunciar nunca. No es, además, una “libertad de” es una “libertad para”, para la propia concepción de la dignidad humana.

En relación con este principio del libre albedrío se desató la polémica de Auxiliis entre jesuitas y dominicos sobre la gracia y la predestinación, que no se dilucidó definitivamente hasta que el Papa Pablo V en 1607 reconoció la libertad de jesuitas y dominicos para defender sus ideas, prohibiendo que ninguna de ellas fuese calificada de herejía.

Otros muchos asuntos fueron tratados por la escuela de Salamanca:

Rodrigo Basurto ratificaba la existencia de las antípodas.

Nebrija en la Cosmografía defendía la necesidad inaplazable de fijar un patrón de medida universal en Castilla.

Se habla de una escuela literaria de Salamanca…También de música, de arte…

No podemos adentrarnos en todos estos asuntos, como puede apreciarse, una de las características de la Escuela de Salamanca fue su fecundo pensamiento nacido en parte de un complicado entramado de las relaciones que existieron entre sus miembros; muchas veces se sucedieron en las cátedras de la universidad o polemizaron entre sí; en otras ocasiones se vieron implicados en terribles polémicas e incluso en ataques legales, bien procedentes del brazo secular, bien procedentes de la Inquisición; y en ocasiones se atacaron y se defendieron. El nombre de alguno de estos autores aparece en las aportaciones de los libros de otros estudiosos, o bien en los escritos panegíricos de los alumnos sobre sus maestros o eran referencia en autores extranjeros: Pascal, Descartes o Leibniz, Grocio, Althusius, Bodin, pufendorf, Schopenhauer, Heidegger, Hobbes, Locke… todos ellos bebieron de la Escuela de Salamanca. En ocasiones reconocen la influencia, en otras, no, aunque la hubo. Esto hace que el estudio de la Escuela sea muy complejo.

En conclusión, la escuela de Salamanca no tiene un carácter formal, sin embargo, la crítica ha querido ver en un grupo de pensadores españoles, la práctica totalidad de ellos hombres de Iglesia, determinados factores comunes.

Esa aportación es sin duda determinante para el desarrollo de la humanidad. Por primera vez el mundo se hizo global y la visión completa del globo se manifiesta en la interrelación de elementos que no habían sido tenidos en cuenta, con esa dimensión, nunca antes. De ahí que, el Derecho de gentes, el germen del Derecho internacional, saliera de Salamanca; de ahí que, la concepción del ser humano en toda su extensión configurando como principio general y universal la libertad del individuo, la libertad humana como base de toda consideración, se institucionalizara en Salamanca; de ahí que, los derechos humanos como fuente de Derecho y de vida se fraguaran en Salamanca; de ahí que, la democracia liberal beba en la aguas de la escuela de Salamanca y, con ello, la economía liberal, el libre mercado, el derecho al comercio y al crédito…y en su estampación de saber holístico, la teología, como base de cada uno de los motivos de reflexión porque siempre se partió de una reflexión moral, como raíz del derecho y de la ciencia, la técnica, las artes…

La Escuela de Salamanca es probablemente, con la posible excepción de la Escuela de Traductores de Toledo, la mayor aportación, hasta el momento, de España al pensamiento occidental y mundial.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.
  • Ana María Carabias Torres. “La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.
  • “Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.
  • Brufau Prats. “La Escuela de Salamanca ante el descubrimiento del Nuevo Mundo”. Ed San Esteban. 1989.
  • Belda Plans. “La Escuela de Salamanca”. En Cuadernos Salmantinos de Filosofía (30)
  • M. A. Pena González. “El concepto de la escuela de Salamanca, Siglos XVI-XX”. Universidad Pontificia de Sal.

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[1]Son títulos legítimos de conquista de nuevos territorios:  Los hombres no nacen esclavos sino libres. Por derecho natural nadie es superior a los otros. El niño no existe por razón de otros, sino por razón de sí mismo. Es mejor renunciar al propio derecho que violentar el ajeno. Es lícito al hombre, la propiedad privada, pero nadie es propietario que no deba, a veces, compartir sus cosas… y en extrema necesidad, todas las cosas son comunes. Los dementes perpetuos, que ni tienen, ni hay esperanza de que tengan uso de razón, pueden ser dueños… tienen derechos. Al condenado a muerte le es lícito huir, porque la libertad se equipara a la vida. Si el juez, no guardando el orden del derecho, obtuviese a fuerza de tormentos la confesión del reo, no podría condenarlo, porque obrando así no es juez. No se puede dar muerte a una persona que no ha sido juzgada y condenada, Toda nación tiene derecho a gobernarse a sí misma y puede aceptar el régimen político que quiera, aun cuando no sea el mejor. Todo el poder del rey viene de la nación, porque esta es libre desde el principio. El orbe entero, que en cierta manera constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a toda la humanidad. Ninguna guerra es justa, si consta que se sostiene con mayor mal que bien y utilidad de la nación, por más títulos y razones que haya para una guerra justa. Si al súbdito le consta la injusticia de la guerra, no puede ir a ella, ni aun por mandato del príncipe. No es el hombre lobo para el hombre, sino hombre.

[2]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[3]Ana María Carabias Torres. Op. Cit

[4]Ana María Carabias Torres Op.Cit

[5]“Escuela de Salamanca, la fundación de la ciencia económica”. Revista “La España Ilustrada” 2012.

ESCUELA DE SALAMANCA- 1

Sobre la escuela de Salamanca hay mucho escrito, mucho por saber y, sobre todo, una bibliografía difícil de encontrar por cuanto está descatalogada en un buen número de obras, lo que es señal de la poca importancia que se da, fuera de determinados círculos intelectuales, a una de las páginas más gloriosas de la vida intelectual española que ha conformado el saber de un país en un momento dado y que, en parte, aún perdura.

La llamada Escuela de Salamanca nace y se desarrolla desde la teología para imprimir carácter a la economía, filosofía, derecho, literatura, arte, ética, sociología…La sociedad occidental, el Mundo en general, no sería lo que es sin la Escuela de Salamanca.

Haremos el estudio de la Escuela utilizando una especie de cuestionario que iremos respondiendo.

  • ¿Qué se entiende por “Escuela de Salamanca”?

La Escuela de Salamanca es un método de estudio que abarca muy diferentes campos del saber. Son sus apuntes, disputas, controversias buscando siempre un sistema y conclusiones científicas. Es un concepto que no responde a una institución física, concreta y formal, pero, eso no significa que sea un ente abstracto, por más que sean sus abstracciones e ideas lo que le permiten alcanzar su gran valor.

Hay quien ha identificado a la Escuela como la expresión de “pensamiento católico hispano” (Pena González). Sin oponernos al profesor Pena creo que la Escuela requiere de una consideración a la vez mayor y menor. Mayor, porque su expresión, método y sentido se ha extendido fuera de nuestras fronteras, especialmente por Portugal y América. Menor, porque sin circunscribirla sólo a la Universidad de Salamanca, tiene su máxima expresión en una metodología, autores y estudios que se dieron en esa Ciudad castellana en un momento concreto. De hecho, la máxima discusión de la historiografía no es sólo su actuación intelectual sino también su extensión temporal.

Ignacio Jericó Bermejo tilda de exageración la denominación de Pena González como “Pensamiento hispánico” al pensamiento salmantino de 1501 a 2001. Subraya la falta de argumentos científicos esgrimidos para esa denominación. Para Jericó, la escuela mantiene tal nombre hasta el final del S. XVI. Los estudiosos de la economía (Marjorie Grice-Hutchinson), últimamente muy en alza en relación con la aportación de la Escuela de Salamanca, proponen mantener el nombre de “Escuela de Salamanca” y no otro, a todo el movimiento, que ellos circunscriben a lo que se denomina el “siglo de oro de Salamanca” (finales del Siglo XV, S.XVI y una pequeña parte del XVII).

  • ¿Hay más de una “Escuela de Salamanca”?

Existen muchas discusiones al respecto. Hay quien habla de primera Escuela de Salamanca a la conformada durante el siglo XV y parte del XVI y centrada esencialmente en las aportaciones de los Dominicos y Órdenes de los Predicadores. Y una segunda Escuela en el resto del S. XVI y XVII dirigida por los Jesuitas.

Por otro lado, otra parte de la historiografía, señala la existencia de una única escuela, pues no encuentra razones para dividirla ni por épocas ni por posiciones de autoridad. Esta tendencia suele aparecer como mayoritaria.

El llamado siglo de oro de la Escuela que se sitúa en el S.XV y primera mitad del S.XVI, con Vitoria, Soto y Melchor Cano, como precursores, y una segunda mitad del S.XVI con los jesuitas al frente y con el Padre Suarez como cabeza más visible, al que se unen los discípulos de los primeros. Además, en esta segunda mitad, la Escuela emprende su expansión por Coímbra, Alcalá y parte de América.

En los siglos XVII llegamos a la fragmentación del pensamiento y método, lo que permite a la mayor parte de la historiografía poner fin a la Escuela de Salamanca en su concepto más glorioso. Si bien Pena González extiende su estudio hasta el Siglo XX y señala como durante la Ilustración vemos un florecer momentáneo de la Escuela que se recupera con cierta entidad en el S.XX, especialmente, cuando la Asociación Francisco de Vitoria que se consolida como “Think Tank” de la vida político-económico-humanista española.

Son muchos los autores- Brufau entre ellos- los que encuentran en la Escuela una entidad única, por la íntima relación entre los distintos autores y sus discípulos; por las condiciones en las que nació y evolucionó su estudio, y por crear una metodología que, de una u otra forma, se mantuvo en el tiempo.

Otros autores como Jericó, especificando más, señalan que no cabe ninguna duda de que se trata de una escuela de estudio y análisis de la realidad que se desarrolla con todo vigor desde la llegada de Vitoria a Salamanca en 1526 hasta 1584 y, después, con intensidad algo mermada, hasta la muerte de Báñez (en 1604), momento en que pierde fuerza.

  • El entorno institucional de la Escuela de Salamanca

El despertar de la escuela en el Siglo XV tiene su razón de ser por el periodo de paz y tranquilidad relativa que dieron los acontecimientos de 1492: unidad de España, por la unión de las coronas de Aragón y Castilla y la toma de Granada, con la consiguiente derrota de los moriscos, la expulsión de los judíos y la conquista de América. Otra España renacía, más próspera e influyente en el mundo.

Además, la imprenta permitió la expansión de la cultura y el estudio, el cual también se vio facilitado por la aparición de la primera gramática castellana debida a Elio Antonio de Nebrija. Al mismo tiempo, es la época de florecimiento de las dos grandes universidades españolas: Salamanca y Alcalá, que se convertirán en referencia cultural obligada.

Unido a ello, en el siglo XVI, florecieron las órdenes religiosas por el impulso que el Cardenal Cisneros dio a las mismas.

El prestigio de Salamanca se permitió y se vio influido por la autorización papal para desarrollar estudios de teología de manera oficial, circunstancia importantísima y que con anterioridad poseía en exclusiva París. Salamanca fortaleció y se fortaleció de los estudios sobre las Sagradas Escrituras y otros textos de índole moral que sirvieron, de un lado, de apoyo al papado (especialmente significativa fue su influencia en Trento) y, de otro, dieron impulso al Imperio, más por el acercamiento de éste a Salamanca que de Salamanca al Imperio y, por ende, en favor de la contrarreforma. Su éxito se debe a la libertad de pensamiento en cuanto a su metodología y planes de estudio. Si ha trascendido la enseñanza de aquel grupo de teólogos, dentro y fuera de la universidad salmantina, fue porque desarrolló un programa original de investigación de forma independiente a los dictados del poder: la Corona Imperial, la Inquisición o la Curia Romana.

  • Metodología

En una breve exposición diremos que la Escuela fue la síntesis metodológica entre la escolástica y el humanismo. Señala una evolución del método teológico y presenta después el soporte institucional, a saber, las Facultades de Teología —particularmente la de la Universidad de Salamanca— y aquellos conventos dominicanos que albergaban un studium genérale.

Alguna importancia tuvo en este desarrollo el hecho de que los primeros colegios mayores, en los que se becaba a los mejores estudiantes para que pudieran estudiar, se dieran en Salamanca.

La escuela nace diferenciándose de los estudios clásicos parisinos de las tres vías: nominalista, escotista y tomista, para centrarse en un debate entre la escolástica y humanismo; en mostrar la síntesis entre tradición escolástica y cultura de la época que produce una auténtica renovación teológica.  Sería ingenuo pensar que las otras vías no influyeron en nada, parece que el nominalismo llegó a Salamanca con cierto retraso, en comparación con lo ocurrido en Alcalá. Por otro lado, el escotismo había cobrado cierta fuerza en momentos anteriores al esplendor salmantino, especialmente en el entorno franciscano.

De hecho, algunos autores como Melquiades Andrés señalan que:

“El humanismo teológico español no es sólo tomista o escotista o nominalista, sino una síntesis peculiar de los tres sistemas. Ni es sólo franciscano o dominico o jesuítico sino de los tres juntos a la vez. Ni de ellos sólo, sino que lo enriquece la visión de agustinos, mercedarios, carmelitas… sacerdotes seculares, juristas y seglares. Esto resulta de alto interés en la historia de España y de la evangelización y civilización de América. Los catedráticos no repetían simplemente, sino que “movían cuestiones”, es decir, elaboraban pareceres personales en relación con los problemas vivos de la sociedad y de la Iglesia”.[1]

La mayoría de los autores basan en esa mezcla y diversidad una apertura intelectual que hizo grande a la Escuela. Precisamente muchos achacan el declive de la misma a la vuelta a la rigidez tomista planteada por Bañez en los inicios del S XVII.

Pero esa aceptación diversa y apertura de método que ya se dio en Vitoria se fue agrandando hacia el S XVI donde confluyen flujos muy poderosos, y que permiten la expansión de la escuela de Salamanca a Portugal (Coímbra) de la Universidad al Colegio Romano de Salamanca a Lovaina o Bolonia, sin obviar, la influencia en América.

Se considera que sus iniciadores fueron Francisco de Vitoria, Francisco de Soto y Melchor Cano, pero su alcance no se basa sólo en la brillantez intelectual de estos personajes y de sus discípulos sino de toda una lenta consolidación nacida en el S XV y que concitan en las aulas salmantinas las personas y el contexto oportuno para que la renovación de la teología se pueda llevar a efecto.

Los teólogos salmantinos, y muy especialmente Vitoria, no solían publicar sus textos porque eran profesores que ofrecían en clase las últimas reflexiones sobre determinados temas; ideas que fácilmente podrían ser matizadas con nuevos comentarios al día siguiente o en la siguiente clase. Era una reflexión permanente partiendo de la teología para adentrarse en la realidad del mundo.

La verdad puede venir del avance en el método de estudio tradicional que representaba París y que se había extendido por el mundo. A Salamanca llegan todo tipo de ideas y métodos, pero los salmantinos acaban decantándose por un sistema realista más que nominalista, casi por necesidad imperiosa de atender las demandas de informes que se sometían a su criterio, como veremos más adelante. Se fundamentaban en la observación y la experimentación.

Hasta el Siglo XV una base humanista consiguió imponerse sobre todo en las universidades de artes y medicina. Como el estudio de las artes solía ser previo al de teología, el método impregnó también la teología. “Esquemáticamente pueden reducirse a tres niveles. En el primero los intelectuales se limitaron a la reunión de observaciones y descripciones de datos nuevos que desbordaban la capacidad interpretativa de las doctrinas tradicionales, aunque no llegara a formularse su crítica abierta, ni siquiera la necesidad de reformarlas. En el segundo se practicaron rectificaciones de detalle, que no significaron ruptura con las teorías o principios epistemológicos clásicos. En el tercer nivel se produjeron crisis parciales que condujeron a renovaciones de fondo, aunque reducidas a sectores determinados de la actividad científica. Tanto el humanismo científico como el escolasticismo tuvieron grandes logros en la época del Renacimiento. El humanismo perdió seguidores en la segunda mitad del siglo, de forma casi paralela a como los ganaron tanto el neoescolasticismo contrarreformista, como los criterios científicos de experiencia y razón frente al principio de autoridad de los clásicos y de la Biblia. Ello fue debido en parte al desarrollo de la cuantificación, que abocó al cuestionamiento del principio de autoridad como norma de verdad[2]”.

Como se puede apreciar el método abarca todos los campos del saber que permitió a la Universidad de Salamanca realizar una brillantísima contribución a la cultura universal. Si existe un amplio elenco de conocimiento en teología, derecho y economía no es menos cierto que se vislumbra su presencia en otros saberes concomitantes que afectan singularmente a la literatura, el desarrollo científico y médico. El Renacimiento fue una época de búsqueda del desarrollo total del conocimiento y aunque no lo consiguieran si lograron el discernimiento de nuevas materias separadas de la teología. La teología inundaba todo en aquella época, pero los padres Salmantinos fueron más allá.  Así el nacimiento de la ciencia del derecho, como algo independiente, se lo debemos a la Escuela de Salamanca y más en concreto a Francisco de Vitoria y a Domingo de Soto. Esa ampliación de los enfoques científicos progresó con rapidez en Salamanca.

A partir del establecimiento de un método, los discípulos de los grandes pensadores intentaron perpetuarlo y aplicarlo como característica básica de su estudio. De hecho, el mismo se puede sintetizar en tres pasos:

  1. La liberación del método de Escuela, en referencia única y vinculante a las órdenes religiosas respectivas y enfrentadas, que defendían el método utilizado por sus grandes maestros.
  2. La aplicación de los nuevos conocimientos especulativos y deductivos, que se habían obtenido desde la lógica a la ciencia teológica, recuperando así una teología especulativa.
  3. La presencia de un estudio positivo, especialmente de la Sagrada Escritura, que ocupará un lugar privilegiado en la lectura de acontecimientos históricos de primera índole.

  • La Escuela como institución oficial de consulta

La transformación del mundo que se generó en el Renacimiento, con la unificación de España, el desarrollo del Imperio y su presencia frente a la reforma o la conquista de América determinaron que tanto el Papa como el Emperador se dirigieran a los profesores de Salamanca buscando consejo.

No se trataba, en principio, de un consejo político o jurídico en cuanto a las situaciones existentes que para eso ya estaban los Consejos, sino que se planteaban cuestiones graves de orden moral cuya solución determinó el nacimiento de posiciones jurídicas, la creación del Derecho Internacional con Vitoria, la ciencia económica con Azpilcueta o de derecho natural y, lo que hoy llamaríamos constitucional, de la mano del concepto de Soberanía Nacional con Suarez como uno de los grandes representantes.

Esas consultas elevadas a Salamanca, por tener mayor conocimiento y especialización, determinaron la emisión de juicios, dictámenes e informes; fueron apremiados para que emitieran opiniones de tan hondas consecuencias que su intelecto estaba en permanente disposición al estudio e investigación, lo que creó en Salamanca un estado de opinión que generó pensamiento y acciones de dilatadas consecuencias. Los profesores salmantinos engendraron un bagaje cultural de acción conjunta en una socialización y especialización coordinada de saberes que dio lugar a una forma de pensar, investigar, percibir y valorar que produjo una cantidad de inventos e ideas novedosas de la más diversa índole que hicieron grande a la escuela de Salamanca.Como si se tratara de un proceso de porosidad, de ósmosis, el ambiente de elevación intelectual se extendió desde las universidades a la Corte y en ella se cultivaron otras facetas intelectuales y artísticas que muy probablemente sin Salamanca no se hubieran dado. No fue sólo un siglo de oro en Salamanca, fue el siglo de oro de la cultura española.

[1]M. Andrés Martín, “La facultad de Teología”. Forma parte de la obra “La Universidad de Salamanca. II. Atmósfera intelectual y Perspectivas de investigación (Salamanca 1990)” de diversos autores.

[2]Ana María Carabias Torres. “ La Escuela de Salamanca. Perspectivas de investigación”. Universidad de Salamanca. Serie papeles de trabajo. 2015.

En el próximo hilo los temas estudiados y las respuestas dadas. Es decir, lo que realmente hizo muy grande a la Escuela de Salamanca.

¿LLEGARON LOS CELTAS A GALICIA?

Dedicado a los que cumplían y a los que cumplen años el 11 de noviembre.

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Este es un asunto muy controvertido en Galicia por cuanto el sustrato celta, si es que existió, sirve de excusa a los nacionalistas para identificar Galicia como nación.

Dejaremos las “nacioncinas” patrias a un lado para intentar analizar la situación desde un punto de vista más científico, dentro de lo que en este corto espacio se puede profundizar.

¿Quiénes fueron los celtas?

Debemos remontarnos a la prehistoria para contestar. Encontrar certezas en unos orígenes que se remontan a la Edad del Bronce, es complicado. Pero algunas cosas se saben o se intuyen con cierta seguridad.

En una contextualización rápida debemos señalar que la terminología de Edad del Bronce se empleó por primera vez en 1820 y se debe al arqueólogo danés Chistian Jürgensen Thomsen. Con ella señala una época que se caracteriza en el Próximo Oriente y Europa por la aparición de la metalurgia (hay más indicios de edades metalúrgicas en otras partes de la Tierra, pero no coinciden cronológicamente). Jürgensen clasificó la Edad del Bronce en Bronce antiguo, Bronce medio y Bronce final. Aunque, normalmente, se suele ordenar por las etapas anterior (Edad del Cobre) y la posterior (Edad del Hierro).

La edad del Bronce final nos sitúa en torno a unos mil años antes de Cristo, por entonces, en centro Europa, existían una serie de tribus de perfil muy guerrero con elementos comunes de raíz indoeuropea. Tenían algunas costumbres comunes, no sabían escribir y sus lenguas tenían algunos términos semejantes. Es decir, no se trataba de una única tribu sino de varias y dispersas. El profesor Caro Baroja, en sus estudios etnográficos sobre el origen de la cultura, señala como, desde los primeros asentamientos, el hombre realiza algunas cosas igual que sus semejantes bien porque las condiciones geográficas o etnográficas así lo determinaron o bien, como también sostenía Levy, por el intercambio de habilidades, utensilios o formas de hacer  a través de las comunicaciones que nacían de unos poblados y al modo de los círculos concéntricos, como ondas expansivas, se van transmitiendo a otros pueblos. Estas pueden ser las razones para encontrar estos rasgos comunes entre tribus dispersas. Esos rasgos semejantes permitieron a los griegos unificarlos e identificarlos con un solo nombre: celtas. Entre esas tribus no había ni unidad política ni social y, tampoco está claro, identidad étnica (este punto no es posible asegurarlo ni desmentirlo con los hallazgos arqueológicos que poseemos). Aunque fueron los griegos los primeros que utilizan esa denominación, la mayor parte de las características de estos pueblos nos han llegado gracias a los romanos.

A partir de aquí, saber cómo se expanden los celtas se convierte en una tarea llena de especulaciones. Sabemos por los romanos que, en el S. IV a. C., los celtas atacaron lo que hoy es el norte de Italia y los Balcanes y parece que llegaron a Anatolia. En el Siglo II a. de C. los romanos dan cuenta de su presencia en “Hispania”, a pesar de que algunos autores suelen situarlos en la península desde el S. VIII.

Sobre su llegada a la península se mantienen tres teorías:

1) Plinio el Viejo afirma que los celtas tienen su asiento primero en la Lusitania y desde ahí ocupan el resto de la península.

2) P. Bosch Gimpera, establece la llegada de los celtas en razón a distintas oleadas invasoras desde Centroeuropa.  En la segunda de esas grandes oleadas, una de las tribus celtas (los sefes) en torno al siglo II a. de C., presionados por pueblos germánicos, bajaron hacia el Pirineo occidental. Desde allí se adentraron en la península en tres direcciones: hacia el norte, por la cordillera cantábrica, llegando a Galicia; por el centro hacia el oeste, acabaron en Salamanca y Extremadura y, hacia el sur, asentándose en torno al sistema ibérico, llegaron hasta Teruel, Cuenca y las estribaciones del sistema montañoso entre el maestrazgo y la sierra de Espadán (actual provincia de Castellón).

3) Señala que los celtas nacen en Galicia y desde allí se diseminan por Europa.

Fuera como fuese, estos pueblos celtas no entraron y se asentaron sin tener contacto con la población de la península. Su interacción es evidente. Una de las mejores pruebas estriba en que aquellos pueblos centro europeos que no sabían escribir, empezaron a utilizar la escritura íbera en las zonas que rondaban el sistema montañoso ibérico (celtíberos) y todos, en cualquier lugar de la península, comenzaron a hablar y a escribir en latín en cuanto se tropezaron con los romanos. Utilizaban el latín con las peculiaridades que les daban sus propias lenguas de origen, que no eran una sino varias, quizá todas de origen indoeuropeo, pero sin que los conocimientos actuales nos permitan una mayor diferenciación. De las lenguas celtas, sólo quedan restos vivos actualmente en el bretón, el córnico, el gaélico escocés, el galés, el irlandés y el manés. No en el gallego ni en el portugués.

En España, los trabajos de arqueólogos y lingüistas, no permiten obtener una teoría clara sobre el origen de los celtas en España ni de las lenguas que hablaban al llegar ni de la evolución de las mismas salvo lo ya señalado de su evolución dentro del latín.

Centrándonos en Galicia, ¿llegaron los celtas a Galicia?

Parece que llegar, llegaron. Ahora bien, como fue esa llegada y asentamiento es otra cosa.

En primer lugar, los restos arqueológicos en la Edad de Hierro nos hablan de una zona con pocos restos metalúrgicos y pocas armas. Por tanto, cabe hacer una primera conclusión: aquellos que se asentaron en Galicia no eran los feroces guerreros de Centroeuropa, o, si lo fueron, quedaron muy amansados tras su posicionamiento en España.

No podemos saber si tenían una identidad lingüística, por cuanto lo que nos ha llegado de su idioma es a través de las inscripciones en latín, sin que eso nos marque diferencias significativas frente a otras lenguas locales que se daban en zonas limítrofes y que nos han sido transmitidas de igual forma.

Por el contrario, sí había algo que los distinguía y acercaba a los celtas centroeuropeos: las construcciones megalíticas casi siempre funerarias, tan comunes en otros lugares europeos y los castros. Éstas se extendieron por otras zonas de la península, sobre todo, en la zona cantábrica y más concretamente en Asturias, de modo que no se puede decir que fueran exclusivas de aquellos pueblos asentados en Galicia, aunque sí, preeminentes en la zona.

Los castros son fortificaciones circulares cuyo origen se data en el siglo VI a de C. Con ellas se formaban poblados carentes de calles que se situaban en zonas naturalmente protegidas: promontorios, mesetas elevadas, revueltas de ríos, penínsulas. Se solían situar cerca de aguas dulces y no muy lejos de llanuras de pastoreo. Además de las defensas naturales, se solían proteger por fosos, parapetos y murallas que preservaban la zona habitada. En ocasiones, en sus cercanías o accesos había un torreón (castellas, en gallego).

Su mayor auge se cree que se dio en el S.II a de C. y con la llegada de los romanos se produjo un doble efecto, de un lado, se destruyeron algunos; de otro, los romanos reocuparon y reconstruyeron los castros para uso de sus propias tropas y población frente a los ataques de otras tribus.

De todos modos, la región debía tener algún rasgo propio que permitió a los romanos darle nombre común (Callaecia o Gallaecia, según los autores). Pero esa identidad puede ser por razones geográficas, por ejemplo, por diferencias frente a la cordillera cantábrica de las tierras colindantes, o por razón de las costumbres (entre las que cabe incluir los mámoa o los  Castros) o por otras que se nos escapan en la actualidad o por una mezcla de todas ellas.

Quien más ha estudiado la presencia, o no, de los celtas en Galicia fue el profesor Gerardo Pereira-Menaut (Santiago de Compostela, 1946-2015), entre otras cosas, Catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Santiago de Compostela.

Son varias sus obras publicadas a este respecto. Una de ellas, El celtismo de Galicia. Ciencia y leyenda reconciliadas, me sirve de inspiración en este hilo.[1]

No está tan claro para el profesor Pereira- Menaut que los celtas, con todas las características propias de las tribus centroeuropeas, se asentaran en Galicia. Es comúnmente aceptado por la historiografía que esta idea impregna el imaginario colectivo en el siglo XIX a través de los autores románticos. Los Románticos llevaron el nacionalismo por toda Europa con sus obras, especialmente en Alemania con Goethe. Ese romanticismo literario inspiró la política y, en España, unida a la inestabilidad política y las dificultades acaecidas durante la Restauración, impidieron una explicación coherente del idealismo de estos movimientos que nada tenían que ver con la historia real, generándonos unos problemas que aún padecemos.

El profesor busca fundamentos en tres líneas de investigación: autores clásicos, lingüistas y etnógrafos.

Ya hemos visto como algunas de esos caminos no nos llevan a ninguna conclusión clara.

En materia lingüística, añade, sobre lo ya visto, una crítica a los autores románticos que realizaban asociaciones de nombres, recogidos por los autores clásicos, queriendo darles un origen celta que no es demostrable. Es más, en las inscripciones romanas aparecen algunos nombres no romanos que pueden tener origen celta o de otras tribus asentadas en la zona, y siempre son palabras escasas que aparecen de manera puntual y no reiterada. Llegando a la conclusión primera de este hilo: la población estaba mezclada con otras tribus, de modo y manera que, si hubo celtas en Galicia, estos no estaban solos ni se mantuvieron aislados de esas otras tribus. Su desarrollo, no pudo ser muy diferente al de los celtíberos del nordeste.

Veamos la línea etnográfica. Pereira-Menaut, en la obra mencionada, afirma que “la genética no va nunca a establecer un “carnet de identidad genético celta”, sencillamente porque no existe tal cosa.”

Para estos estudios se fundamenta en lo que el profesor Ángel Carracedo (catedrático y director del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela)ha analizado y concluido desde hace más de dos décadas.

Carracedo asevera que “la genética sólo puede averiguar si un pueblo tiene un origen genético común o relacionado, por sus cromosomas o por el ADN mitocondrial”. Descartando, de esta forma, que la genética pueda confirmar que Galicia es celta.[2]

Lo que sí permite distinguir la genética es la existencia de dos grandes grupos genéticos en Galicia: uno que ocuparía la zona norte y centro, y otro que ocuparía el sur de Galicia y el norte de Portugal. Sin que se puedan sacar conclusiones generales al respecto. “Carracedo, en la conferencia “Los movimientos de población del Noroeste gallego a la luz de la genética” durante el III Congreso Internacional sobre la Cultura Celta (2011),confirmó que Galicia sirvió como refugio glaciary que, después de las glaciaciones, parte de esta población se desplazó a Inglaterra e Irlanda. Pero, a pesar de esta afirmación, quiso dejar claro que él, cuando se refiere a los movimientos de población, no habla de celtismo, ni de culturas o lenguas, sino de genética de los pueblos”.[3]

Hablaremos, por último, de un aspecto cultural, la música y en concreto de la gaita. La gaita es un instrumento muy extendido por toda Europa. Su origen es discutido, algunos señalan que su origen es indio, otros que nace en los pueblos babilónicos. Existen representaciones en Egipto en las que músicos tocaban un instrumento semejante a la gaita actual. Los celtas, los hebreos y los fenicios también lo utilizaron (posiblemente por su origen fenicio se extendió su uso por las Baleares). Es comúnmente aceptado que los romanos la extendieron a toda Europa, tanto en territorios supuestamente celtas como en otros que no lo son. A finales del S. XV este instrumento perdió popularidad, salvo en las regiones españolas de Galicia, Asturias, León, Cantabria, Mallorca y en las europeas de: Escocia, Inglaterra, Francia y la baja Bretaña. También en Suiza existe tradición gaitera.

Tampoco, por aquí vamos a encontrar una identidad propia de los celtas.

La realidad científica, parece que discurre por unos caminos ajenos a los que el relato imaginario (y a veces político), lleno de tergiversaciones históricas, pretende llevarnos. Eso no quita belleza a las leyendas de Breogán, de los druidas, a los monumentos megalíticos (Monte Seixo, entre otros), los petroglifos (el laberinto atlántico de Mogor, por ejemplo) o al sonido de la gaita. Pero, esas leyendas o supuestos misterios mágicos, como los sueños de Segismundo, leyendas son. Por lo menos, la ciencia, en este momento, no cuenta con elementos para darlos validez. Es posible que los nacionalistas tengan que remontarse nada menos que al Neolítico o, como muy cerca, a la Edad del Bronce, cuando casi nada se puede demostrar científicamente, para encontrar un elemento singular de Galicia ajeno a lo que es España; pero si lo analizan racionalmente, si hay que ir al S.VIII a de C. cuando nada era lo que es, es que no hay donde agarrarse para mantener esas teorías. En el S.VIII a de C. todos teníamos elementos diferenciadores y, al tiempo, todos empezábamos a ser iguales. Las tribus asentadas en la Península discurrían en común, se mezclaban y su devenir histórico fue el mismo, el que hace de España una nación única y espléndida.

[1]Gerardo Pereira-Menaut. “Elceltismo de Galicia. Ciencia y leyenda reconciliadas”. Museo de Pontevedra. 2007

[2]Entrevista al profesor Carracedo,  en el diario “ El Mundo” el día 15 de abril de 2011.

[3]Diario “El Mundo”, 15 de abril de 2011

Y CAYÓ EL TELÓN

El próximo 9 de noviembre se cumplirán 30 años de la caída del Muro de Berlín. Rompiendo, de nuevo, con el gran consejo del profesor Ferrero (el cual decía, recuerdo, que un tema no es histórico hasta que no han muerto todas las personas que lo vivieron), voy a tratar un tema que no sólo no está muerto, sino que es muy reciente. Ferrero diría que es puro periodismo, y es verdad, pero no deja de ser el corolario de algo que sí tiene mucho más de Historia (aunque no esté “muerto” del todo): la Segunda Guerra Mundial.

El final de la IIGM trajo múltiples consecuencias para todos los países de Europa, hubieran ganado o perdido la guerra, pero muchas más para los derrotados.

Desde 1941, los responsables de las principales potencias aliadas se reúnen periódicamente para coordinar acciones militares y, a medida que avanza la guerra y se vislumbra su final para tomar decisiones políticas.  Ya vimos al hablar de las causas de la IIGM que la coordinación de los aliados y la falta de la misma en las potencias del eje fue uno de los determinantes del resultado final de la contienda. Esas reuniones tuvieron carácter bilateral (EE. UU, Reino Unido- en adelante, R.U.-), en un primer momento, para pasar a ser tripartitas, con la inclusión de la U.R.S.S, en el periodo final.

Una de esas reuniones tripartitas fue la conferencia de Yalta (febrero de 1945). En la misma se tomaron decisiones sobre diversas materias, entre las que cabe destacar en el aspecto territorial, el establecimiento de las fronteras polacas y las zonas de ocupación de Alemania. De esta forma, sin que se hubiera establecido en Yalta un reparto del mundo se aplicó de hecho un condominio para dirigirlo por parte de dos superpotencias- USA y URSS- dejando al R.U en un segundo plano. Los flecos de Yalta se dirimieron en Potsdam (julio-agosto de 1945). Allí se fijó la división de Alemania en cuatro zonas de ocupación bajo el control de USA, R. U., Francia y URSS. Berlín, situado en la zona rusa, pasó a depender de un comité de ocupación conjunto, que responde a una bizona: rusa y “anglonorteamericanofrancesa”, germen de las dos futuras Alemanias: República Federal Alemana y República Democrática Alemana.

Así, Alemania se dividía; dejando atrás todo el esfuerzo de Bismarck y de todos los alemanes, como poco, desde los pre-románticos de finales del S XVIII hasta 1870. O no, porque aquel espíritu de unificación seguía soterrado; el orgullo alemán, herido; en la memoria, el saber que eran una única nación, y, en la voluntad, las ganas de volver a unirse.

El final de la IIGM mantuvo la unidad de los aliados de manera muy ficticia pero aparente hasta el final del proceso de Núremberg (1946). Después, la alianza daba paso a dos sistemas bipolares cuyos elementos diferenciadores no eran sólo geográficos sino de ideología y económicos. Se planteaba, así, un futuro con conflictos Este-Oeste bajo un “Equilibrio del terror”. Se vislumbraban sistemas de alianzas polarizadas entorno a dos grandes potencias y reduce al mínimo el número de países que se esfuerzan por mantenerse al margen de ambos bloques. La tensión se genera “ad extra” y “ad intra”. Es decir, primero, entre bloques, llamada “Guerra fría” y, segundo, dentro de los mismos bloques, especialmente en el oriental, por la ausencia de libertades y la imposición totalitaria soviética.

Ad Extra, el nacimiento de la tensión entre bloques se suele datar en 1947, con el cambio de política de Truman para provocar, de un lado, un rearme; sustituir a R.U en Grecia y frenar el avance comunista en el Egeo, apoyando, también a Turquía; de otro, establecer una “ayuda fraternal” a Europa con el plan Marshall. La consecuencia fue una presencia mayor de los americanos en Europa, se mantiene como potencia y estimula la Unión Europea y la OTAN. La respuesta soviética fue la creación del Kominform (oficina de información comunista) que vinculaba a todos los países de su órbita y a los partidos comunistas de occidente, especialmente, a los de Francia e Italia y la creación del Pacto de Varsovia.

Una de las manifestaciones de esa Guerra fría tuvo lugar en Berlín. El sector soviético de Alemania fue ocupado definitivamente por la URSS para crear la República Democrática Alemana. En su órbita geográfica estaba Berlín, si bien, no en su zona de influencia exclusiva. Los rusos maniobraron para forzar la unión de Berlín a su área de influencia. Hay que recordar que Berlín sólo se comunicaba con el lado occidental con una carretera y tres pasillos aéreos. Por eso, sin utilizar una sola arma, los rusos podían, y así lo hicieron, bloquear la ciudad, cortando la carretera e impidiendo el suministro de cualquier producto a Berlín. La respuesta americana consistió en establecer una especie de “puente aéreo” que suministró durante más de un año (de junio de 1948 a junio de 1949) miles de toneladas de víveres a los berlineses. La consecuencia fue que la Alemania occidental se inclinó definitivamente hacia las posiciones occidentales y que los rusos no pudieron adherir bajo su dominio todo Berlín. Pero la ciudad quedó dividida.

Ad intra”, es decir, los conflictos dentro de cada bloque, tienen su manifestación en el occidental, en las posiciones de la Francia de De Gaulle con una expansión de armas nucleares, el bloqueo de la entrada de R.U a la Unión Europea, al considerarla demasiado pro americana, o el reconocimiento de la China de Mao. Pero peor fue en el bloque soviético: el octubre polaco (1956); la revolución húngara del mismo año; el nacimiento de otros partidos comunistas con tanta fuerza como el soviético- China- hacen que una ola de desencuentros y búsqueda de libertades se dé en todos los países del este de Europa. Paralizados siempre por los soviéticos, siempre de manera violenta, con aplastamientos militares, como harán posteriormente, en 1968, durante la llamada “Primavera de Praga” o como ocurrió en la propia Alemania en 1953, cuando una huelga de obreros de la construcción se convirtió en un levantamiento general contra el gobierno.

No es de extrañar que los obreros de la RDA se declararan en huelga. Casi desde la separación, la economía fue el punto débil del lado soviético. Pero, además, en la República Federal gracias a la ayuda norteamericana y al esfuerzo y tesón alemán, la economía florecía en el llamado “milagro alemán”. Alemania Federal crecía exponencialmente y la República Democrática- que sólo tenía de demócrata el nombre- seguía en un empobrecimiento paulatino, lo que provocaba que miles de alemanes orientales pasaran todos los días al otro lado para trabajar.  Por la frontera de Berlín, entre 1941 y 1961, tres millones de personas abandonaron la RDA. Aquella frontera fue también la vía de escape de muchos polacos y checos.

En 1961, la noche del 12 de agosto, el gobierno de Alemania oriental erigió una barrera alambrada en la zona oriental llamada oficialmente “barrera de protección antifascista” que en occidente se denominó “Muro de la vergüenza”. Se argumentó que estaba destinada a que los espías de la RFA no se pasaran a la RDA. La realidad es que se levantó para evitar que se marchara la población de la Alemania oriental a la occidental.

Durante los días siguientes se incautaron algunas de las casas aledañas y se empezó la construcción de un muro de ladrillo de 155 kilómetros de extensión por 3,6 metros de alto y, con doble pared, llamada “franja de la muerte”, rodeado de innumerables sistemas de seguridad y torres de vigilancia.

En la Historia Contemporánea, más cuando es tan reciente, y tal y como puso de moda la Escuela francesa de los Annales, como explicamos en su momento( DE LOS ANHELOS A LOS ANALES)la Historia no se explica sólo por los acontecimientos sino de manera integral, con la sociología, la literatura, el arte etc., del momento. Son muchas las obras de arte que han rodeado al muro bien por su denuncia bien por la alegría de su derribo. Suele tenerse por alegórica contra el belicismo y el autoritarismo la canción ‘The Wall’, de la banda Pink Floyd, así como la película homónima dirigida por Alan Parker.

https://www.youtube.com/watch?v=fvPpAPIIZyo

En los 28 años de existencia del muro, se estima que más de 100.000 personas intentaron pasar el muro, pero pocos alcanzaron el otro lado. No se sabe el número exacto de fallecidos, pero se cree que rondaron los dos centenares. El primero fue Gunter Liftin, un hombre de 24 años que se convirtió en una figura emblemática y a la que se recuerda en un monumento en la zona en la que estaba el muro.

La construcción del Muro de Berlín tuvo un gran impacto en la política mundial y nacional: hubo familias enteras separadas por la construcción del muro. Políticamente, constituía un referente del totalitarismo. Para Alemania y, más para Berlín, fue un recuerdo ingrato permanente. Para occidente, constituyó una vergüenza y así se llamó también,” muro de la vergüenza” y en todos los demócratas despertó el deseo de su derribo.

Famosa es la visita de Kennedy a Berlín en 1963 en solidaridad con los alemanes retenidos tras el Muro y en favor de la libertad. El famoso “Yo soy berlinés “que ha quedado como un símbolo de la libertad frente al totalitarismo:

https://www.youtube.com/watch?v=zVg_bGfk_O4

Al Muro también se le llamó “Telón de acero” o cortina de acero. El cine también tuvo algún recuerdo, además del” The Wall” nombrado anteriormente, destacamos la fabulosa “Cortina rasgada” de Alfred Hitchcock, con Paul Newman y Julie Andrews de protagonistas.

https://www.youtube.com/watch?v=sO7ZUOyr8Rc

Aquel sueño de derribar el muro lo reflejó muy bien David Bowie en “Héroes”: (Yo, yo puedo recordarlo… /en pie, al lado del muro. / Y las pistolas disparando sobre nuestras cabezas. /-sobre nuestras cabezas-Y nos besábamos/ como si nada pudiese caer…/ y la vergüenza estaba en el otro lado, /oh, podemos derrotarles, para siempre. / entonces podemos ser héroes sólo por un día).

https://www.youtube.com/watch?v=bsYp9q3QNaQ

Y llegó el día en el que el Muro cayó. Sin pretender ser exhaustivos porque todos los hechos históricos tienen causas múltiples, centrándonos en las más significativas, señalaremos que, el mundo oriental estaba en crisis, la política de Ronald Reagan, especialmente en la carrera espacial;  la presión polaca, de Solidaridad, de Lech Walesa en contra del gobierno comunista, apoyada por americanos, por los británicos de Margaret Thatcher y, sobre todo, por la Iglesia Católica, más en concreto desde que Karol Wojtyla  fue nombrado Papa como Juan Pablo II, hicieron que el este viviera en una crisis permanente. No fue sólo una crisis económica, sino que la economía derivó en crisis política y ambas crearon en la población una falta de identidad con el régimen. En aquellos años,Gorbachov, jefe de Estado de la Unión Soviética, pretende dar solución a los problemas internos abriendo el bloque soviético al mundo (la perestroika). En 1985 se inicia un proceso reformista cuya finalidad era preservar el comunismo y el poder de la Unión Soviética, pero la consecuencia fue la disolución de la URSS y de todo el bloque del este. Por el contrario, el jefe del gobierno de la RDA, Erich Honecker, se oponía a cualquier intento de renovación. Las disensiones internas del bloque soviético pusieron a prueba su integridad en cuanto la población empezó a buscar las grietas por las que adquirir su añorada libertad.

Cada vez más gente se oponía al régimen comunista y pedía una renovación profunda. En las semanas previas a la caída del muro de Berlín, se produjeron multitudinarias manifestaciones en ciudades como Dresden, Leipzig y la propia Berlín pidiendo la dimisión del gobierno y la modificación de la dictadura comunista en una democracia liberal. Se acrecentaron las afiliaciones a organizaciones que se oponían al régimen. La puntilla llegó por la apertura de la frontera entre Austria y Hungría en mayo de 1989. Ya hacía tiempo que muchos alemanes de la RDA emigraban a Hungría y Checoslovaquia con la intención de pedir asilo político en la embajada de la RFA. Se ocuparon las embajadas en esos países e, incluso, los alemanes que no pretendían huir de la RDA pedían reformas importantes.

Ante la presión, las autoridades alemanas anunciaron, el día 9 de noviembre, que dejarían de pedir visado para viajar el oeste. En ese momento, de manera espontánea, la población berlinesa del este, se lanzó a derribar el muro; la policía de la RDA, al verse desbordados por la muchedumbre y sabiendo que en el lado occidental las tropas alemanas y norteamericanas no aceptarían una represión como la que había ocurrido en la plaza de Tiananménen China poco antes (4 de junio de 1989), se limitaron a ser espectadores de excepción de aquel hecho histórico.

Sin intervención militar, se despertó una euforia colectiva que destruyó el Muro y que fue transmitida en directo por las radios y las televisiones. La gente que lo escuchaba por la radio y lo veía por televisión se acercó a unirse a la acción del pueblo alemán contra el muro que simbolizó la represión durante 40 años. Desde un lado y otro de la frontera, el muro fue derribado.

Como esto tiene mucho de periodismo, recordando de nuevo a mi admirado profesor Ferrero, vayamos a ver que nos decían los periodistas aquel día. Acudamos a los archivos de las televisiones, en este caso, al archivo de RTVE, por ejemplo, al de Informe semanal:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-dia-cayo-muro-berlin/586264/

El mayor tramo del Muro de Berlín (1,3 kilómetros) que se conserva fue convertido en la East Side Gallery, la mayor galería de arte al aire libre del mundo. En ese kilómetro existen multitud de grafitis hechos por artistas de más de una veintena de países que documentan los cambios en Europa tras la Guerra Fría. Esto sí es memoria histórica. Uno de los más famosos es el del beso entre el líder ruso Leonid Brezhnev y Erich Honecker, presidente de la República Democrática Alemana.

Thousands Protest Removal of Wall

Aquel 9 de noviembre, se empezó a intuir que otro paso debía darse, el de derribar las fronteras nacidas de Yalta. Existía la esperanza, pero en aquellos primeros meses, quedaba aún lejos la certeza. El grupo alemán Scorpions, en una de sus más famosas baladas,“Wind of change”“viento de cambio” lo explicaba así: El mundo acercándose, / ¿pensaste alguna vez/que podríamos estar tan juntos, / como hermanos? /El futuro está en el aire, / puedo sentirlo en todas partes,/
soplando con el viento de cambio./ Llévame a la magia del momento,/en una noche de gloria./Donde los niños del mañana sueñan/con el viento de cambio./Caminando calle abajo,/recuerdos distantes/están enterrados para siempre en el pasado.

https://www.youtube.com/watch?v=QFI3eLA33IQ

La reunificación alemana tras la absorción jurídica de la República Democrática por la República Federal, dando lugar a la Alemania que conocemos hoy, se produjo el 3 de octubre de 1990. Pese a todos los esfuerzos del este, la unificación discurrió con suma rapidez. La homogeneización interna está costando un poco más, si bien, podemos decir que” otro milagro alemán” está ocurriendo ante nuestros ojos.

La Semana Trágica de Barcelona

El 24 de enero de 1907, recibía Don Antonio Maura el encargo de formar gobierno como jefe del partido Conservador. El rey volvía a confiar la gobernabilidad de España a uno de los grandes partidos tradicionales. Si inicia así el llamado “gobierno largo” de Maura, duró 3 años, por diferenciarlo de su gobierno corto de diciembre de 1903 a diciembre de 1904. Lo cual también da idea de la fragilidad de los gobiernos de la época.

El programa político de Maura se fundamentaba en lo que él llamó “Revolución desde arriba”; que no era otra cosa que la reforma, desde las instituciones, del régimen político nacido en la Restauración. Su finalidad era el acercamiento del sentir popular a la Monarquía y el fin del caciquismo. No lo pudo completar por el estallido de la “Semana Trágica”.

La crisis de 1909 es conocida historiográficamente como la” Semana Trágica de Barcelona”. Esa semana fue la que transcurrió entre el 26 y el 30 de julio, si bien algunos autores suelen fechar los coletazos de la misma hasta el 2 de agosto. Afectó esencialmente a la ciudad de Barcelona y tuvo alcance en otras ciudades catalanas.

Fue aquel conflicto urbano el que abrió un profundo cambio para Maura, para su partido, para la distribución de fuerzas parlamentarias y para la Historia de España.

La “Semana Trágica” fue un movimiento insurreccional que nació como una protesta contra la guerra de Marruecos y se convirtió, repentinamente, en un motín popular, una huelga revolucionaria, dirigida por los sindicatos anarquistas y el radicalismo, en la que la violencia contra la Iglesia y el ejército fueron dominantes. En unas pocas horas, se extendió a toda Cataluña y si no logró su alcance al resto de España, fue por la habilidad de Juan de la Cierva, Ministro de Gobernación, de presentar la revolución ante la opinión pública como una revuelta nacionalista.

Anarquismo con antimilitarismo y anticlericalismo fueron las auténticas causas de una sublevación que, si bien se sofocó, volvió de modo recurrente, a España, tanto en la crisis de 1917 como posteriormente en la II República y quizá quepa preguntarse si alguno de sus elementos no sigue presente de manera endémica en nuestros días.

La protesta contra el llamamiento a filas de reservistas para la guerra marroquí no se dio sólo en Barcelona, también se produjo en Madrid, Zaragoza y otras ciudades. Sólo algunas capitales del Sur (Cádiz y Málaga) acogieron con cierta complacencia la situación. Se llamó a filas a reservistas que ya estaban casados, con hijos y con su vida hecha en el ámbito civil, sin haber movilizado antes a otras unidades del ejército regular. Se suma a esto que el ejército no gozaba de gran prestigio social debido a sus deficiencias estructurales y la ineficiencia que presentaban las fuerzas armadas,puesta de manifiesto en los procesos descolonizadores de América y Filipinas, a pesar de no pocos acontecimientos heroicos provocados por soldados o unidades militares españolas. Pero la propaganda mancilladera del movimiento colonial, seguidora de la leyenda negra, sobre todo, por parte de la izquierda, pudo más que los actos heroicos o el sufrimiento de nuestros soldados. Con esos antecedentes, la presencia en Marruecos y la guerra allí desatada fueron especialmente criticadas. A ello se unía que la leva podía evitarse abonando 6.000 reales al Erario. Es decir, los ricos podían evadir la guerra y, en cambio, eran las clases más populares las que acudían siempre en socorro de la patria. En estas condiciones que hubiera un levantamiento contra el ejército, no era de extrañar. Pero, además, en Cataluña concurrían otra serie de circunstancias que no estaban presentes en el resto de España: un sindicalismo especialmente activo, nacido en las fábricas catalanas, con tintes radicales y anarquistas. Estos convocaron una huelga general, que no era tanto laboral como política, alentada por un sector de la prensa. Especialmente destacada fue la proclama publicada el viernes 23 de julio en el periódico “La Internacional”, dirigido por destacados socialistas, en la que se pedía un acto de unidad sindical para convocar una huelga en toda España. El comité de huelga de Madrid la fechó para el 2 de agosto, pero, el de Barcelona, integrado por representantes anarquistas, de UGT y sindicalistas de Solidaridad Obrera, predecesora de la CNT, precipitó la protesta a la mañana del lunes 26 de julio, recabando la colaboración de militantes del catalanismo de izquierdas y del republicanismo radical.

La tarde del 26 de julio se decreta la ley marcial; lejos de mejorar la situación, el 27, se levantan barricadas, hay asaltos a armerías, proliferan los francotiradores contra las fuerzas del orden, se cortan todas las comunicaciones: telégrafo, teléfono; se vuelan puentes; se bloquean vías y carreteras y se provocan cortes de luz. Además de estos movimientos insurreccionales, las casetas donde se cobraban los impuestos de consumos fueron asaltadas y destruidas.

Pero la peor parte se la llevaron todos los símbolos religiosos. Así, de un lado, los colegios religiosos, atacados incluso por sus propios pupilos. Los revolucionarios acusaban a la educación religiosa de elitista. Favoreciendo así el incremento de una carencia de instrucción que sólo solventaban las escuelas de la Iglesia desde el siglo XIX y cuya catástrofe se materializó con la expulsión de los jesuitas durante la II República. De otro, las iglesias, conventos y cementerios, profanados y quemados total o parcialmente.  El punto culminante de la violencia anticlerical se produjo durante la “noche trágica”, del martes 27 al miércoles 28, en la que ardieron veintitrés edificios en el centro de la ciudad, ocho conventos en la periferia, y muchos religiosos sufrieron insultos y escarnios. No sólo los vivos, también se profanaron las tumbas de las monjas jerónimas y de las dominicas.

Surgió una furia sacrofóbica desconocida en España desde mediados del S.XIX y que no volvió con tanta virulencia hasta la II República. Se acusó de instigador al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, profundo anticlerical. Pero nada se pudo demostrar contra él por estar en esos momentos exiliado.

Aquella revuelta demostró la ignorancia, sordidez y la negación de la razón que tuvo aquel levantamiento. Pabón lo ha definido como “Explosión perfectamente carpetovetónica”.

Los levantiscos no tenían banderas, ni lemas, ni más principio político ni social salvo sus gritos de “Viva la República”. De hecho, se proclamó la república en una decena escasa de poblaciones catalanas.

En medio de este barullo, parecía que una fuerte represión era el único medio para sofocar el conflicto y a ello se entregó con denuedo el Ministro de Gobernación. Dio orden a la policía de detener a cualquier sospechoso; se practicaron cientos de detenciones, clausuraron casas del pueblo, las escuelas laicas y se controlaron los sindicatos. Comenzaron rápidamente los juicios sumarísimos, los tribunales militares acordaron sus sentencias y condenas, algunas de ellas a la pena capital.

El balance de la semana en cifras fue de 78 muertos, 153 heridos graves y más de un centenar de edificios incendiados, 63 de los cuales eran religiosos. En cuanto a la cuantificación de los detenidos y procesados: se detuvieron a más de un millar de personas, de ellas, 700 fueron juzgadas; 59, condenados a cadena perpetua y 17, a muerte.

Especialmente significativa fue la condena a muerte de Ferrer Guardia, anarquista y antiguo terrorista que fue considerado, con indicios más que pruebas, responsable de la sublevación. Quizá fuera responsable moral, pero no está clara su implicación material. Solicitado su indulto, el Gobierno no se lo concedió. Fue ejecutado el 13 de octubre.

Se inició una campaña internacional terrible, llena de imprecaciones a España y a la tradición histórica española, que acabó siendo secundada, en parte, por la prensa nacional. En el caso doméstico, inicialmente, por la prensa de izquierdas contra la Ley de Represión del Terrorismo y, gradualmente, por los periódicos liberales: El Liberal, El Imparcial, El Heraldo de Madrid a los que se acabaron uniendo algunos de talante conservador como ABC y El Mundo.

Se desencadenó, así, un frente antimaurista al grito de ¡Maura, no!, entre cuyas consecuencias directas destacan:

  1. La alianza de los partidos republicanos al formar en otoño la conjunción Republicano-socialista.
  2. La pérdida de confianza del Rey, que, en vez de defender a su Gobierno, temió la pérdida de la Corona y entregó, en octubre de 1909, el poder a los liberales.

A partir de lo anterior:

  • La idea de Maura de iniciar un acercamiento al catalanismo conservador de Cambó y la Lliga, como medio de calmar los ánimos e incluir el catalanismo en la senda constitucionalista, tuvo su primer fracaso.
  • Se produjo un enfrentamiento del conservadurismo español, en su ala más radical, con la monarquía, especialmente cuando entendieron que el Rey entregaba el poder a grupos anticonstitucionales (izquierda más liberales).

El Gobierno pasó a manos liberales, primero a Moret y después a Canalejas, el artífice de una paz poco valorada.

Canalejas logró en tres años estabilizar el País sin necesidad de modificar la constitución, realizando las siguientes reformas:

  • Aprobó unos presupuestos más sociales.
  • Redefinió las relaciones Iglesia-Estado, que le trajo considerables disgustos sobre todo porque la Ley del candado le provocó un fuerte enfrentamiento con los sectores católicos y el Vaticano. Se trató a Canalejas, católico convencido, como a un anticlerical. Especialmente ácidas fueron las discusiones por la ley de asociaciones en la que quería incluir a las congregaciones y órdenes religiosas.
  • Modificó del artículo 11 de la CE para buscar un nuevo sistema de reclutamiento.
  • Suprimió del impuesto de consumos
  • Fortaleció la posición española en Marruecos
  • Provocó una orientación descentralizadora del Estado con la Ley de Mancomunidades
  • Creó un Servicio Militar obligatorio.

Canalejas fue un auténtico hombre de Estado, un gobernante capaz y un gran español. Asesinado, el 12 de noviembre de 1912, por un anarquista, Cambó dijo a su muerte:” España ha perdido al más capaz de sus hombres públicos. Cataluña ha perdido uno de sus grandes amigos”.

Le sucedieron en el Gobierno Romanones y Eduardo Dato. Dato, también asesinado por un grupo de anarquistas, en un momento en el que a Cataluña y, más en concreto, a Barcelona, volvían los desórdenes públicos. Una violencia congénita en la ciudad por causa del anarquismo y el sindicalismo radical.

Esa violencia congénita permitió que la Semana trágica cuajara en Barcelona, porque como señaló el Gobernador Civil de Barcelona en 1909, Ángel Ossorio y Gallardo, en sus memorias: “En Barcelona, la revolución no «se prepara», por la sencilla razón de que está «preparada» siempre… Asoma a la calle todos los días; si no hay ambiente para su desarrollo, retrocede; si hay ambiente, cuaja.”

Y continúa: “Por eso sostengo que en los tristes sucesos de julio hay que distinguir dos cosas: la huelga general, «cosa preparada y cocida», y el movimiento anárquico-revolucionario, de carácter político, «cosa que surgió sin preparación».  Porque vivía allí, añado yo. Me pregunto si sigue viviendo.

BIBLIOGRAFÍA:

Ángel Ossorio y Gallardo. “Barcelona. Julio de 1909: declaraciones de un testigo”. Madrid, Ed. Ricardo Rojas.1910

Roberto Villa García “España en las Urnas. Una historia electoral”. Madrid, 1916. Ed. Libros de la Catarata.

Jesús Pabón. » Historia Contemporánea General». Ed. Labor. Barcelona. 1970

Gabriel Maura Gamazo- “Por qué cayó Alfonso XIII”. Madrid. Ed. Ambos Mundos. 1947

Aguado Bleye. “Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963

La crisis del 29

El próximo jueves 24 de octubre, se cumplen 90 años del conocido como “jueves negro” en el que la bolsa de Nueva York dio muestras palpables de algo que ya venía de antes y que supuso la mayor crisis económica conocida hasta esa fecha. La situación se hizo palmaria el martes siguiente, 29 de octubre, “martes negro”.

ANTECEDENTES

La economía previa a la IGM se rige por un capitalismo liberal, en el que las bases eran el predominio del Reino Unido en el orden mundial, el patrón oro y el buen funcionamiento del mercado internacional. Conceptualmente, se entendía que los estados no debían intervenir en la economía, debían dejar a los mercados funcionar libremente. Sin embargo, la guerra, en Europa, trajo un sentimiento de desconfianza, de inseguridad en todos los países debido a las consecuencias que tuvo: difícil tarea de reconstrucción, devaluación de las monedas e inflación, perturbaciones monetarias debidas al abandono del patrón oro, inconformismo de los países vencidos, inestabilidad en los nuevos estados… Esto hizo que los gobiernos de los países intervinieran más en su economía, en favor de sus propios intereses. El comercio internacional disminuyó, la colaboración internacional entre los países, a pesar de los esfuerzos de los firmantes de los tratados de paz, no funcionó[1].

El potencial económico se trasladó a EE.UU. De manera que, la crisis tuvo dos escenarios, Europa y Estados unidos, diferenciados, en principio, pero tan interrelacionados que uno contagió al otro.

CAUSAS DE LA CRISIS

Europa

Tras la guerra y en contra de lo esperado se inició una época de crecimiento económico hasta 1921. La crisis de 1921, aún revistiendo en muchos aspectos el carácter de crisis de superproducción clásica, fue realmente una crisis de reconversión, pues los países europeos se vieron en la necesidad de plantearse el problema de transformar la economía de guerra en la que seguían viviendo en parte, en una economía de paz.

La solución a la crisis pasaba por una restricción de la circulación fiduciaria, la vuelta a una contabilidad en oro del papel circulante. Pero las soluciones no fueron unánimes y se dividieron en dos sectores en virtud de la dependencia de las devoluciones de los empréstitos de guerra y de las reparaciones que debía pagar Alemania. Así Gran Bretaña, llevó a cabo una política deflacionista, restringiendo los créditos y la circulación de moneda, con el consiguiente descenso de la producción industrial y el incremento del paro. Se complementó esta política con una serie de medidas proteccionistas,tendentes a disminuir la inmigración y las importaciones.

Por el contrario, Alemania, aumentó el volumen de la inflación y acudió al recurso de devaluar la moneda para poder aumentar las exportaciones, dando lugar a una inestabilidad económica con una inflación acusadísima, llegando, en 1923, a una situación insostenible.

En Francia pasaron de una política inflacionista a poner orden en sus cuentas gracias a Poncairé[2]. Lo que generó una cierta prosperidad a partir de 1926.

Pero nada pasa sin una acusada interrelación entre actores y dónde las decisiones políticas interactúan con las económicas. Como hemos visto, unos países establecieron políticas proteccionistas y un tanto tendentes al “esplendido aislamiento” tradicional (Gran Bretaña); otras, como Francia, dependían excesivamente del pago de las reparaciones alemanas para su propia reconstrucción tras la guerra. Por ello, exigían el pago total de las mismas, lo que hacía imposible la recuperación económica de Alemania.

Ante el impago alemán, en 1923, Francia invade el Rhur, la región más industrializada de Alemania. Alemania respondió con el llamamiento a la resistencia pasiva, para que los trabajadores y funcionarios de la zona se negaran a colaborar con los ocupantes.

La crisis del Rhur hizo que los países tomaran conciencia de que la situación europea requería soluciones conjuntas. La solución provino del plan Dawes[3], en 1924, en el que expertos ingleses, americanos y franceses se reunieron para tratar la revisión de las reparaciones alemanas. Se flexibilizó el sistema de pagos de las reparaciones, sanearon las finanzas y economía alemanas, se le concedió un préstamo y se puso fin a la explotación francesa del Rhur. A partir de este punto, las relaciones internacionales entre los países mejoraron. El siguiente paso fue la firma de los acuerdos de Locarno en 1925, en los cuales Alemania reconocía las fronteras con occidente, es decir, con Francia y Bélgica, y respetaba la desmilitarización de la Renania. Por otra parte, Alemania era aceptada en la Sociedad de naciones. Comenzaba así una época de optimismo y de coyuntura económica favorable, los alegres años 20.

Estados Unidos [4]

Estados unidos entra de lleno en una etapa de crecimiento económico (“Prosperity”) tras la IGM que, sin embargo, carecía de las bases sólidas adecuadas para perdurar. Estados Unidos aprovechó la guerra para enriquecerse y ganar cada vez más poder. Esto fue así, en primer lugar, porque los costes que tuvo por el enfrentamiento fueron mucho menores que los de los demás contendientes.

El dólar se convirtió en la moneda fuerte, quitando el protagonismo a la libra inglesa. La bolsa americana predominaba sobre todas las demás, desbancando a Londres, que había sido el principal centro financiero durante mucho tiempo.

Por el contrario, no quiso ejercer el liderazgo político internacional, como había hecho el Reino Unido durante el siglo anterior. Como consecuencia de ello, las iniciativas centradas en los propios intereses, sin tener en cuenta la colaboración internacional, eran el pan de cada día. Esta situación se generó en contra de los deseos del presidente Wilson, quien había negociado, en los tratados de paz, la creación de la Sociedad de Naciones. Sin embargo, el Senado no aprobó los tratados y Estados Unidos se quedó fuera de la Sociedad de Naciones.

La política americana se parecía mucho a la británica. Su aislacionismose tradujo en tarifas proteccionistaspara los productos que llegaban de fuera, se limitó la inmigración,estableciendo topes de población que podía llegar al país. Esto complicaba aún más la situación mundial al limitar las exportaciones europeas hacia Estados Unidos y la emigración, dificultando una de opciones de supervivencia de muchos europeos.

Económicamente, la posición de Estados Unidos era muy prometedora. La industria se desarrolló considerablemente. El sistema productivo se vio beneficiado por las nuevas teorías tayloristas con las que las cadenas de montaje y la estandarización del producto hacían incrementar la productividad en las fábricas y, consiguientemente, la bajada de los precios, poniendo los productos al alcance de más consumidores. Los salarios aumentaron, las condiciones laborales mejoraron y el desempleo disminuyó hasta casi desaparecer. El incremento de sueldos en la industria permitió a los trabajadores entrar en un mercado de consumo como no habían conocido antes. El mejor ejemplo es el de Henry Ford, que hizo del automóvil un producto de consumo de masas. Muestra, a su vez, de un cambio considerable en el sistema industrial al presentar un apogeo de las industrias de bienes de consumo duradero frente a los sectores de bienes de equipo, que hasta el final de la guerra habían dominado la industria americana. La organización industrial se aceleró por el desarrollo de organizaciones monopolísticas y de Trust.

El aumento de los salarios tuvo repercusiones en otros sectores: construcción de infraestructuras, petróleo, eléctricas o la urbanización de zonas vacaciones (Florida, California)…

El cambio fue también psicológico y sociológico. Frente a la tendencia ahorradora tradicional nace un aumento del consumo, propiciado por la publicidad.

El mercado europeo absorbía gran parte de sus abundantes exportaciones. Lo que da idea de una gran producción e incluso de sobreproducción. A esto hay que añadir que EE. UU tenía la condición de país acreedor de Europa.

En la agricultura, varios años de buenas cosechas, incrementaron la producción. Pero no fueron los únicos, otros países como Argentina o Canadá también tuvieron excelentes cosechas. Incluso desde mediados de los años 20, Europa aumentó su capacidad productiva agraria.

Toda esta prosperidad no se presentó por igual en todos los ámbitos. Algunos sectores industriales: ferrocarriles, carbón y textil, no conocieron los mismos avances.  Pero, además, en materia de salarios y precios, la agricultura no gozó de los mismos beneficios. Se dice que en agricultura existe una demanda inelástica que crece cuando crece la población no por el incremento de la renta per cápita. Este desequilibrio generó un endeudamiento en los campesinos, lo que provocó un éxodo del campo a las ciudades y una disminución de la superficie cultivada (especialmente problemáticos fueron los cultivos del trigo y del algodón).  En estas condiciones su consumo era ínfimo.

El sector financiero padecía una legislación insuficiente que afectaban a la política de créditos y abría la puerta a la especulación bursátil. Este último aspecto, es esencial para entender la crisis.

En 1925, uno de los mejores negocios era invertir en bolsa ya que las ganancias estaban garantizadas. Muchas empresas se descapitalizaron y buscaron en el crédito bancario fácil de logar un sistema de financiación. El crédito bancario crece de una manera espectacular y mucha gente utiliza esta vía para invertir en bolsa y obtener unos réditos elevados con los que pagar el crédito, el interés y obtener ganancias para su propio provecho. La especulación bursátil era un medio de vida sin que tuviera reflejo y respaldo en un negocio real. Los ahorros de la gente se dirigieron a la bolsa a través de las llamadas sociedades de cartera (Galbraith los llama trust de inversión).

EL DESARROLLO DE LA CRISIS[5]

Podemos decir que la crisis se inicia en EE. UU y de ahí se extiende al mundo. Los componentes de esa crisis se dan en cuatro ámbitos: a) crisis bursátil; b) crisis económica; c) depresión, y d) internacionalización de la crisis.

a) Crisis bursátil

Ante el auge de la especulación que acabamos de explicar, la intervención de la autoridad para evitarla fue escasa o nula, debido a la buena marcha de la economía, sin pensar en las consecuencias que podía traer. Una tímida medida ante la especulación tuvo lugar el 5 de agosto de 1929. Consistió en incrementar la tasa de descuento bancario, con esto se consiguió la disminución de los créditos destinados a invertir. A pesar de ello, la bolsa siguió subiendo, si bien, con altibajos, y el 19 de septiembre alcanzó el punto más alto de su índice.

Sin embargo, aquellos altibajos en Wall Street provocaban una incertidumbre creciente hasta que la convicción de que era mejor vender se fue ampliando preocupantemente. Psicológicamente, el pequeño y mediano inversor empezaba a desconfiar del sistema mientras los periódicos, las autoridades, banqueros y altos financieros pregonaban la bondad del sistema.

Así se llegó a los días fatídicos en donde el pánico se apoderó de los poseedores de títulos. Se discute cual fue la chispa que desencadenó el desastre. Una buena parte de la historiografía considera que el origen nace del alza de un tipo de descuento del Banco de Inglaterra que motivó la retirada de algunos capitales europeos invertidos en Estados Unidos. Se inicia una apresurada venta de acciones que desencadena el pánico manifestado en el llamado “jueves negro”, 24 de octubre de 1929. Aquel día, hubo una oferta de acciones de 13 millones de títulos que salieron al mercado sin encontrar comprador, este desajuste entre la oferta y la demanda hizo que las cotizaciones cayeran en picado.  Al mediodía, las personalidades financieras más importantes del país (banqueros, gerentes y presidentes de las compañías financieras…) se reunieron para intentar controlar la situación. El objetivo era devolver la confianza, sostener el mercado. Para ello, los reunidos aportaron una gran cantidad de recursos, invirtiéndolos en la bolsa para sostener los precios y que estos subieran. Durante los dos días siguientes los precios de los valores se mantuvieron firmes y la bolsa permaneció estable.

La reapertura de la bolsa el lunes 28, tras el fin de semana, trajo de nuevo otro día terrible, 9 millones de títulos se ofrecieron a la venta. Esta vez los banqueros no hicieron nada, no tomaron medidas, consideraron que el mercado era incontrolable y que ellos no podían hacer más. Tras terminar la jornada, la incertidumbre y el miedo volvieron al público. Al día siguiente, el 29 de octubre, volvió a producirse otra jornada fatídica, el “martes negro”. Este día fueron 16 millones las acciones las que no encontraron comprador. El pánico se extendió a todo el mundo, el valor de las cotizaciones cayó sin que nada pudiera detenerlo. El crac de la bolsa llevó a la ruina a muchos cientos de miles de norteamericanos.

b) Crisis económica

El desplome de la bolsa supuso la contracción de la actividad económica ya que afectó a todos los agentes económicos. Un factor importante fue la reducción de la oferta monetaria.

La crisis de la bolsa pronto se traspasó a los bancos. Las quiebras bancarias se sucedían debido a que el sistema bancario era débil y la autoridad monetaria actuó erróneamente. La Reserva Federal no hizo nada ante esta situación. De esta manera, la quiebra de bancos insolventes arrastraba también a otros sanos ante la apresurada retirada de fondos de los ahorradores. La crisis se trasmitió del sector financiero al industrial y comercial por el retraimiento de la inversión. Las empresas, con una situación financiera frágil, se arruinaron. El cierre incrementó el paro, el cual alcanzó la cifra de 12,6 millones de personas en 1933 (el 25,2% de la población).

Los precios bajaron en todos los sectores, incuso en la industria de bienes de equipo.

Otro sector muy afectado fue el de las materias primas, la agricultura especialmente, ya que la producción agraria no disminuyó con lo que los precios se redujeron aún más.

c) Depresión

Llama la atención la duración de la crisis. Se suele explicar esta situación por la desaparición de gran número de empresas y la caída de las inversiones. A lo que habría que añadir la pasividad de las autoridades que creían que era necesaria una limpieza en el sistema para acabar con la especulación. Apenas pusieron en marcha algunas medidas arancelarias y de protección de la industria nacional, que no consiguieron logros adecuados. Feliu y Sudrià consideran que la crisis exigía una inyección de dinero: aumentar la masa monetaria, mayor cantidad de dinero en circulación en manos del público y en los bancos para aumentar el crédito, es decir, mayor gasto público a costa de aumentar el déficit público[6].

d) Internacionalización de la crisis

El puesto privilegiado de Estados Unidos en la economía mundial facilitó la difusión de la crisis a todos los países del mundo occidental.

Cuando llega la crisis americana, los países más afectados fueron Alemania y Austria. El primer banco importante que quebró fue el Credit Anstal austriaco en mayo de 1931.

Su quiebra afectó a gran número de empresas a las que estaba vinculado; además, gran parte de sus accionistas y su actividad estaban en el extranjero, con lo que los efectos de su quiebra traspasaron las fronteras austriacas. El Estado fue incapaz de detener su quiebra ya que este era un país endeudado que había dejado de percibir los créditos americanos de los que tanto dependía. Los siguientes bancos importantes que entraron en crisis fueron los húngaros y a continuación los bancos alemanes. La llegada de la crisis a los bancos alemanes tuvo graves repercusiones sobre el resto de Europa ya que Alemania tenía una importante dependencia de los créditos exteriores. La insolvencia de Alemania conllevó el colapso financiero de Europa Central.

A través del mecanismo de patrón – oro la presión se trasladó al Banco de Inglaterra, ya que la libra, junto al dólar, era la moneda convertible en oro y el Reino Unido tenía unas reservas modestas de este metal. El Reino Unido se vio obligado a tomar la decisión de abandonar el patrón-oro el 21 de septiembre de 1931. Le siguieron los países de la Commonwealth y otros países europeos dependientes de Gran Bretaña. El abandono del patrón- oro tenía la ventaja de que aliviaba las presiones deflacionistas y mejoraba la competitividad de las exportaciones por la devaluación de la moneda. A partir de entonces, los tipos de cambio de las monedas dejaron de ser fijos para ser fluctuantes, lo que implicaba incertidumbre e inestabilidad en los cambios. Los países más avanzados redujeron la compra de productos primarios y a su vez los países exportadores de estos productos primarios redujeron las importaciones de productos manufacturados. Los países redujeron sus ingresos por exportaciones y siguieron la tendencia al proteccionismo.

LA LUCHA CONTRA LA CRISIS

  1. Soluciones neo-liberales.

El liberalismo político se hizo compatible con el intervencionismo económico. Nace una economía mixta denominada posteriormente “Economía social de mercado”.

El New Deal[7]norteamericano. El Gobierno de Roosevelt, acometió diversas medidas basada en gran parte en las ideas de Keynes.

El New Deal asentaba la economía sobre bases nuevas. La salida de la crisis no se produciría por sí sola, se necesitaba la intervención del Estado. Esto chocaba con el tradicional capitalismo liberal del laissezfaire.

Los pilares de la política del New Deal eran, en primer lugar, sanear la economía para evitar la repetición de la crisis y devolver la confianza. En segundo lugar, reactivar la economía impulsando el consumo mediante la inyección de dinero y, por último, conseguir un reparto menos desigual de la renta mediante medidas sociales y disminuyendo el desempleo. Para ello era necesario un plan conjunto sobre la agricultura, la industria y los transportes. Se actuó en el campo del dinero y el crédito, también hubo políticas agrícolas e industriales para sostener los precios y aumentar la capacidad adquisitiva y el empleo[8]

Especial importancia tuvo la regulación de la banca y la bolsa. En la política monetaria se produjo el abandono del patrón- oro y la devaluación del dólar en enero de 1934. De este modo, logró un alza moderada de los precios y un estímulo de la actividad productiva. En la política sectorial, en la agricultura, se logró la recuperación de los precios y aumentó las inversiones y modernización con créditos a los agricultores. En la industria establece una política de reactivación industrial y pone en marcha una ambiciosa política de grandes proyectos de obras públicas entre los que destaca el ideado en el valle del Tennessee. En el campo social, se crearon seguros sociales, subsidios por jubilación, seguros de desempleo y de accidente laboral o enfermedad profesional. Quedaban fuera de prestación las enfermedades no profesionales, las familias de los trabajadores y los autónomos. Dentro de este último grupo estaban encuadrados los agricultores, que eran muchos, con lo que podemos observar que, aunque se consiguieron importantes mejoras en el ámbito social, estas eran muy desiguales y había una gran parte de la población que seguía desprotegida.

Gran Bretaña. Tras abandonar el Patrón-oro. Inicia una política de relaciones con los países de la Commonwealth (conferencia de Otawa, 1932) que permitió al Reino Unido recuperar parte de su papel en el comercio mundial. Entre esos países se estableció un régimen aduanero preferencial.

Francia. Hasta 1936 se mantuvo fiel al patrón –oro y siguió una política deflacionista, que al mantener los precios altos redujo las exportaciones. Las quiebras y los escándalos financieros fueron la tónica que llevó al poder al Frente Popular. Con la subida al poder de León Blum se inició una política de nacionalizaciones y devaluaciones del franco. Aunque se redujo la producción industrial, en 1939 había logrado llegar casi al pleno empleo.

2. Soluciones totalitarias

Alemania. La equivocada economía deflacionista de la república de Weimar en los años 1931-1932, propició la llegada del nazismo. Aquella política había creado un descenso de las exportaciones superior al 50% del que tenía Alemania en 1929 y el paro superaba los 6 millones de personas.

Los gobiernos de Hitler determinan la construcción de grandes obras públicas que redujeron el paro considerablemente. Para reequilibrar la balanza de pagos, mantiene una política de control de cambios, exigiendo licencias de importación y restringiendo las salidas de capitales. Además de incrementar los acuerdos bilaterales de comercio con otros países, internamente acude a una moderada inflación con la emisión de ayudas a través de bonos emitidos por las empresas y garantizados por el Estado. Desde 1936 la economía alemana entra en un claro proceso de estatalización. Nace el “Plan de cuatro años” que busca la autarquía económica alemana a través de una política de pre-guerra.

COROLARIO FINAL

Todos estos intentos, aunque mejoraron la situación, no la sanaron y la consecuencia fue que en USA en 1937 se produjo una caída de los precios y de la producción de materias primas (acero, textiles, algodón…), como consecuencia de la saturación del mercado y de la competencia de las importaciones extranjeras. En Europa, aconteció algo semejante. En todo el mundo la salida económica fue el inicio de una economía de rearme en un camino sin retorno hacia la IIGM.

Aquella crisis puede que fuera muy diferente de la actual, pero algunas de las medidas que se tomaron nos recuerdan a otras que vemos todos los días: medidas proteccionistas, limitaciones a la inmigración, búsqueda de la autarquía, aumento de las tensiones mundiales, desencuentros con las grandes organizaciones internacionales. Ya vimos en la entrada sobre “la creación de una conciencia europea” como la solución a las crisis suele venir de los acuerdos internacionales no de los choques entre naciones. No sé si hemos aprendido algo en varios siglos de Historia y, en el caso que nos ocupa, no sé si hemos aprendido algo en los últimos 90 años.

[1]Villares y Bahamonde. “ El mundo contemporáneo del Siglo XIX al XXI. Ed Taurus.2001

[2]Raymond Poincaré. Presidente de la república francesa durante la IGM y Primer Ministro de Francia entre1912-1913; entre 1922-1924 y entre 1926-1929

[3]Charles G. Dawes, presidente de la Comisión encargada de reexaminar las reparaciones de guerra. Obtuvo, por ello, el Nobel de la paz en 1925, junto con el británico Austen Chamberlain (al que se le concede esencialmente por su labor para la firma del tratado de Lorcano. No confundir con Neville Chamberlain es que fuera primer Ministro británico al estallido de la IIGM)

[4]Procacci, “Historia General del S.XX”. Ed. Crítica.2ª edición.2007

[5]J.K. Galbraith. El crash del 29.  Ariel economía..

[6]Feliu y Sudria. Introducción a la historia económica mundial. Universidad de Valencia.2013

[7]Término sacado del juego de bridge que significa “nuevo reparto”

[8]Feliu y Sudria.Op Cit

No es un seguro, es una oposición

Oyendo en la radio un anuncio sobre seguros, en el que el consumidor, ante la dificultad de entender lo que se le ofertaba dice: “quiero un seguro no una oposición”, me plantee explicar el origen de eso tan español que son las oposiciones.

La esencia del sistema español de acceso a la Función Pública es, desde principios del S.XX, la correlación entre servicio público, inamovilidad y selección por medio de una serie de pruebas que se agrupan en torno a una oposición. El sistema de oposiciones consiste en la superación de diferentes pruebas de ingreso, que habilitan a los aprobados, como miembros de un cuerpo administrativo y en él desarrollan su carrera administrativa.

Los antecedentes sobre la selección de funcionarios, nos permiten remontarnos a 1588. En esta época, la Administración de Felipe II ideó un sistema de exámenes para seleccionar al profesorado, dando muestras de la gran importancia que daba el gran monarca a la educación. Pero el establecimiento de un sistema de Función Pública, modernamente concebido, no se incorpora hasta el siglo XIX, con la regulación legal de los exámenes de acceso a través del Real Decreto de 18 de junio de 1852, bajo el Gobierno de Bravo Murillo y el posterior Real Decreto de 4 de marzo de 1866 durante el Gobierno O’Donnell. Esta situación no garantiza la inamovilidad en la condición de funcionario, manteniendo el sistema de “cesantías” tan bien descrito por Galdós.

Las primeras remociones del personal funcionario al gusto político acontecieron con la invasión francesa. Las cortes de Cádiz impusieron cesantías a todos los servidores del Rey intruso. Con la alternancia de absolutistas y liberales durante los convulsos años del reinado de Fernando VII se normalizan los ceses en masa del personal por motivos políticos.  Durante el siglo XIX uno de los principales rasgos de las clases medias españolas, de la pequeña burguesía en un país escasamente industrializado, era su necesidad de acceder a un cargo público para evitar proletarizarse. El acceso a la Función Pública se daba por medio de exámenes que concedían la condición de funcionario, pero no la inamovilidad. Con el cese, el funcionario perdía el empleo, pero no la condición de funcionario. La situación jurídica de estas personas era diferente a la de un desempleado. Hasta 1845, los cesantes quedaban incluidos en el conjunto de las clases pasivas y recibían una pensión, aunque no trabajaran. Este subsidio desapareció en ese año y la pauperización de los funcionarios fue un hecho. No es de extrañar que Galdós reflejara esta situación en sus novelas. Al fin y al cabo, las cesantías no sólo fueron una característica sino un problema social.

Así lo reflejaba uno de sus personajes: Don José Milagro

“¿Yo? Diez mil reales [de sueldo] y para eso llevo veintidós años en el ramo. He pasado por catorce intendencias, he sufrido siete cesantías, u todas las trifulcas que hemos tenido aquí desde el año 14 me han cogido en medio.

En una me dejaron cojo los liberales, en otra me abrieron la cabeza los realistas, en ésta me apalearon los exaltados, en aquella me despojaron los apostólicos de todo cuanto tenía”

Ante tal situación, la forma de solventar el problema es que alguien recolocara al cesante en su empleo. En “La Desheredada” Galdós lo explica:

“La recomendación entre nosotros, una segunda providencia: equivale a lo que otros pueblos menos “expedientescos” llaman suerte; fortuna. Por ella se puede llegar a las cumbres altísimas, por ella se abren caminos que hallan cerrados el trabajo y el talento.

Debemos al misticismo esta forma administrativa de la paciencia que se llama expediente; debemos al favoritismo esa forma gubernamental del soborno que se nombra la recomendación”

Esas recomendaciones eran mejores y más estables en cuanto vinculaban a una familia. Los Villamil de Galdós eran uno de esos clanes familiares; nunca fueron cesantes. Ya se encargaban unos u otros de recolocarse. Por otro lado, siempre había algún funcionario, en puestos menores generalmente, que, gracias a su tesón, buen hacer y paso oscuro y desapercibido, eran mantenidos sin problema en su puesto. No eran una mayoría, al contrario, el enchufismo se convirtió en la forma habitual de provisión de puestos y, con ello, la Administración española se llenó de inútiles.

Todo esto cambia cuando se consigue la estabilidad en el empleo, cuando la política desapareció y la oposición se convirtió en norma de acceso. Esa situación de estabilidad en el empleo se consigue con el llamado Estatuto Maura en 1918. A partir de este momento, solo se perdería la condición de funcionario por motivos disciplinarios y no por los cambios de Gobierno.

Tras la Segunda Guerra Mundial y el posterior período de industrialización, aparecieron nuevas técnicas de organización en la Administración mundial. En España, una vez se produjo el proceso de desarrollo económico, se vio la necesidad de modificar las normas administrativas especialmente en la búsqueda de un adecuado proceso, una formación y adaptación de las personas a su nuevo cometido público. Así se aprobó la Ley de bases que regularía el sistema de Función Pública de 1964, que regula aspectos esenciales del sistema de acceso que se mantienen hasta la actualidad, si bien, con la adaptación a la Constitución de 1978 que en su artículo 103.3 establece la obligación de acreditar los principios de igualdad, mérito y capacidad en las pruebas de acceso a la Función Pública.

Esa adaptación se realiza en la Ley de Medidas para la Reforma de la Función Pública y la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, actualmente en vigor.

VILLANOS: EL CONDE DON JULIÁN

En mi listado de traidores incluyo a aquellos que deliberadamente, con dolo, intentaron dañar a España o a los albores de la misma.  No siempre la historiografía coincide en el nombre de los villanos o en la escenificación de las villanías, pero, en todos los archivos y libros consultados, existe la coincidencia de considerar, en orden cronológico, al conde don Julián como el primero en la lista de traidores a España. Y por él empezaré yo también.

Si este hilo tuviera un subtítulo, sería el conde don Julián o el pagafantas del siglo VIII.

Nos tenemos que situar en el primer Estado español, bajo una monarquía visigoda que no era hereditaria sino electiva, lo que complicaba sobremanera las sucesiones. En el inicio de nuestra traición de hoy nos encontramos en medio de un problema sucesorio. Por si fuera poco, y para que las cosas sean un poco más complejas, en la historia del conde don Julián los hechos históricos se entremezclan con leyendas. Intentaremos separar los unos de las otras.

Estamos en los estertores del siglo VII, con el enfrentamiento sucesorio entre las familias de los reyes visigodos: Wamba y Chindasvinto.

Era rey de los Visigodos Égica (primo de Wamba), el cual asoció al trono a su hijo Vitiza (esta práctica no era extraña ni a godos ni, anteriormente, a los emperadores romanos. Intentaban asociar a los hijos al trono para que tuvieran poder suficiente, a la muerte de su progenitor, para hacer valer sus derechos en la elección del nuevo rey). Sus enemigos eran el hijo y nieto de Chisdasvinto: Teodofredo y Rodrigo. Para evitar que estos pudieran aspirar al trono, Égica mandó sacar los ojos a Teodofredo que, ciego, se dirigió con su hijo Rodrigo a Córdoba y se refugió allí.

El momento histórico era complejo por la confluencia de una grave crisis social y económica debido a una epidemia de peste (año 693) que causó gran mortandad, profunda pobreza, masas de población desplazada… A eso se unió una persecución contra los judíos y la sublevación de alguno de los gobernadores (Dux) de las circunscripciones en las que se dividía el reino. Aunque, realmente, lo que hizo más visible la crisis fue la guerra- una auténtica guerra civil- entre la nobleza visigoda por la obtención de la corona, que, a la larga, dio lugar a la destrucción del Estado visigodo.

Vitiza era consciente de que aquella guerra no les reportaba ningún beneficio y en su acceso al poder (reina del 702 al 710) inicia una política de apaciguamiento que se materializa en un perdón general. Como gesto de buena voluntad, nombra a Rodrigo, nieto de Chindasvinto, Duque de la Bética.

El reino visigodo se extendía hasta el norte de África, donde tenía algunas plazas; entre otras, Ceuta. Ceuta estaba gobernada por un personaje, cuya identidad completa no está clara. Mitad realidad, mitad leyenda. Unos dicen que era un noble visigodo, otros que era un caudillo bereber, de la tribu de Gomere, leal a los visigodos.  Su nombre es otra incógnita, las crónicas le conocen como Olbán, Urbán o Urbano y, en otras ocasiones, como don Julián. Este personaje siempre se había mostrado fiel a la corte toledana de los visigodos, de hecho, la leyenda cuenta que llevó a su hija a Toledo a educarse en la Corte.

La posesión de Ceuta era esencial para apartar a los árabes de la Península. La presión árabe en la frontera de Ceuta no era una novedad. Ya en el 682 las tropas del caudillo Ocba había llegado hasta las fronteras de los Gomere y Julián los había derrotado. Aquella derrota había alejado a los árabes de las fronteras visigodas durante un tiempo. Sin embargo, otro caudillo árabe- Muza- vuelve a la Tingitana[1], toma Tanger en el 708 y sitia Ceuta. Los visigodos refuerzan a Julián y Ceuta aguanta en primer envite de Muza. Pero, de pronto, y sin saber el porqué, Julián se somete a Muza y le facilita la entrada en España. Era el 709. Muza envía a Tariq a realizar una incursión en lo que luego conoceremos como Tarifa, para volver al poco a África. Hasta aquí los hechos, pero en el porqué entra en juego la leyenda. Algunas crónicas dicen que Urbano (Julián) se somete a Muza porque Julián era fiel a Vitiza, (incluso ha de acoger en Ceuta, a modo de refugio, a los hijos de éste) y al llegar Rodrigo al trono no le acepta como rey legítimo. Otras crónicas, especialmente el romancero, vuelcan las causas en la hija de Don Julián; hacían referencia a la gran belleza de la hija del ceutí, Florinda. Don Rodrigo al verla cayó prendado y no paró hasta cortejarla y forzarla, siendo la muchacha la que pidiera a su padre que la llevara de nuevo a Ceuta. Una tercera versión señala que don Rodrigo padecía sarna y era Florinda la elegida para que le limpiara la sarna de manera sumamente delicada utilizando un alfiler de oro. Así se fijó el Rey en ella y, contra la voluntad de la muchacha, la poseyó. Ella envía a su padre un recado que consistió en un huevo podrido. Al verlo, don Julián comprendió lo que había pasado, fue a Toledo y sin levantar sospecha alguna del Rey se llevó su hija a Ceuta. Existen aún más variantes de la forma en la que Florinda y Rodrigo se conocieron y actuaron. Por tanto, don Julián traicionó al Rey, al decir de la leyenda, por defensa del honor de su hija.

En la leyenda y todo lo que la rodea hay dos hechos que llaman la atención: 1) Florinda era conocida como «La Cava”, llamada así por los árabes y que significa “mala mujer”. 2) La entrega de Ceuta a Muza se produce en el 709 y Rodrigo no es rey hasta el 710. Así que, una de dos, o el Rey era Vitiza y no Rodrigo o había más de un Rey en España.

Por tanto, para intentar hallar algo de luz, no queda más remedio que volver a las fuentes. Aunque, más que aclararnos la situación, ésta se complica.

Las crónicas no se ponen de acuerdo en la sucesión de los últimos visigodos. Recordemos que después de Chindasvinto, reina Recesvinto y tras él, Wamba, Ervigio. Égica y Vitiza.

La crónica Mozárabe no señala que tras Vitiza fue nombrado rey Áquila, su hijo, un niño de corta edad. Por el contrario, la Crónica Regum Visigothorum, cuenta la asociación al trono que Vitiza hizo con su hijo Áquila y sí le concede el título de rey. Otras crónicas de los siglos XI y XII señalan como sucesor de Vitiza a Rodrigo, pero difieren en la duración de su reinado, para unos dura siete años, para otros año y medio.

Por otro lado, la crónica de Alfonso III presentaba a los reyes astures como continuadores de la dinastía de Rodrigo, y culpaba de la conquista árabe a los seguidores de Vitiza.

Aguado Bleye entiende que lo ocurrido fue un enfrentamiento entre clanes, otra guerra civil por la sucesión. Los partidarios de Vitiza nombraron a Áquila, mientras que otros clanes nombraron a Rodrigo. Si esta dualidad era anterior a la muerte de Vitiza y por eso algunos hablan de un reinado de Rodrigo de siete años, no está nada claro. En resumen, no se sabe si estas informaciones se deben a errores de transcripción o a una división en el trono.

Aguado Bleye recuerda que Áquila llegó a acuñar moneda y a solicitar ayuda a su tío el arzobispo de Sevilla para eliminar de trono al usurpador Rodrigo.

La inmensa mayoría de las crónicas coinciden en pensar, de una forma u otra, que fueron los seguidores de Áquila, es decir, del clan de Vitiza los que solicitaron ayuda a los árabes para atacar a los seguidores de Rodrigo.

Lo que es seguro es que Tariq reunió un ejército principalmente de berberiscos gomeres y don Julián o Urbano los pasó en barco a la península. Tariq se fortificó en lo que se llamó el monte de Tariq (actual Gibraltar), el 28 de abril del 711.

Cuando ocurre la invasión, Rodrigo estaba combatiendo en Pamplona contra una rebelión de los vascones, posiblemente un capítulo más del enfrentamiento sucesorio. Acudió precipitadamente hacia Córdoba y reunió un ejército godo al que acudieron los parientes de Vitiza. Las crónicas árabes señalan que su presencia era la propia de los infiltrados, es decir, querían la sublevación de las tropas cristianas contra Rodrigo, dividir el ejército visigodo y apoyarse en los moriscos para ascender de nuevo al poder.  La batalla se dio entre los días 19 y 26 de julio del 711. Durante la lucha, los vitizanos abandonaron sus posiciones y, a decir de las crónicas árabes, el rey Rodrigo murió en ella. Menéndez Pidal, por el contrario, sostiene que huyó a Extremadura y fue quien dirigió la defensa de Mérida y, asimismo, dirigió la batalla de Guadalete, en la que sí falleció.

Sea como fuere, lo que parece demostrado es que, si no hubiera sido por los propios visigodos, seguidores de Vitiza, la invasión musulmana, que tardamos ocho siglos en derrotar, no se hubiera producido o no se hubiera dado tal y como fue. Así que don Julián ha cargado con la fama mientras Vitiza y los suyos cardaban la lana. Eso no significa que no fuera culpable de traición, lo fue.  Su figura no merece alabanza alguna. Nadie lo ha hecho, salvo Juan Goytisolo en su obra” Reivindicación del conde don Julián” en la que, de nuevo, la figura del berberisco sirve de excusa para despellejar a España e insultarla de manera inmisericorde a lo largo del texto. Visto lo cual, dejo a juicio del lector que analice cuántos traidores han florecido por culpa de don Julián o poniendo a don Julián como excusa. Aunque sólo sea por eso, ya merece estar en el infierno de los desleales.

BIBLIOGRAFÍA

Aguado Bleye. “ Manual de Historia de España”. Ed. Espasa-Calpe. 1963

Pedro Insua. “1492. España contra sus fantasmas”. Ed Ariel. 2018.

Jesús Á. Rojo Pinilla. “Grandes Traidores a España”. Ed El gran capitán. 2016

 

 

[1]La Mauritania- Tingitana era una provincia romana también conocida como Hispania Transfretana (la que está más allá del estrecho). Ocupaba parte de lo que es hoy Marruecos y las plazas españolas de Ceuta y Melilla. Limitaba al este con la Mauritania Cesariense (el norte de la actual Argelia) y al oeste con el Océano Atlántico. Su capital era “Tingis”, la actual Tánger.

HÉROES Y VILLANOS. HÉROES: 44 AÑOS SOLOS EN LA MADRUGADA .

Hoy inicio un hilo que, si se tratara de un contrato laboral, sería un fijo discontinuo. Voy a hablar de gestas y de traiciones en la Historia de España, lo cual supone hablar de colectivos o de individuos, de hazañas y héroes; de grandes subversiones o de mediocres traidores. Será discontinuo porque se hace muy pesado ir leyendo biografía tras biografía de unos pájaros de cuentas que hicieron lo posible por destruir nuestra Nación o porque las grandes hazañas suelen estar incluídasen hechos mayores. En este sentido la Conquista de México o la vuelta al mundo fueron hechos brillantes y heroicos de nuestra historia, como hemos visto en las entradas de la España de Carlos I.

En los traidores, que nadie se lleve a engaño, con carácter general, seguiré la máxima del profesor Ferrero que en su italiano españolizado decía “dádmelo morto”, para diferenciar la historia del periodismo. Señalaba el ilustre profesor italiano que esa fina separación nace cuando la última persona que vivió un acontecimiento ha fallecido. En ese instante, lo que era periodismo, pasa a ser historia. No es una norma comúnmente respetada, sobre todo, por la historiografía anglosajona, pero que, en este caso, puede ser conveniente. No voy juzgar a muchos personajes que todos conocemos, de los que todos tenemos opinión y posiblemente certeza de su bajeza, sin necesidad de consultar más fuentes que las de los diarios, las sesiones parlamentarias o las sentencias judiciales. Pero, además, porque no daría abasto.

Por empezar con lo bueno, voy a hablar de una hazaña, una de las más recientes, que en ocasiones se olvida que tuvo mucho de heroicidad colectiva. Voy a hablar de la Transición española, pero sin detallar los acontecimientos, sino recordando algo más importante: el llamado “espíritu de la transición” y para ello me voy a servir del cine.

El cine como fuente histórica es perfectamente viable. No sólo las películas que narran acontecimientos históricos, sean buenas o malas, sino de aquellas denominadas “de época”, aunque la época sea la nuestra o la de anteayer.

Películas ambientadas en la transición hay muchas desde “Tigres de Papel” de Fernando Colomo (1977);“El disputado voto del señor Cayo” (1986. Giménez Rico); “Númax presenta” (Joaquín Jordá, 1980);Ópera prima” (Fernando Trueba, 1980)“Madrid,1987”( David Trueba. 2012) y, sobre todo las películas de Garci que desde “Asignatura pendiente”-1977. La primera de esta “época”- a la “Asignatura aprobada” para demostrar que era posible e, incluso, necesario, ”Volver a empezar” y así dejar de sentirnos “Solos en la madrugada”. Y de “solos en la madrugada” voy a hablar.

Me gusta el cine de Garci porque desde su detallismo parece contarnos una historia individual, pero lo que aparece ante nuestros ojos es la manifestación de un colectivo; creemos que narra un cuento trivial cualquiera, cuando lo que muestra es el retrato de España.  En “Solos en la madrugada” refleja el estado de opinión de una generación. La que vivió en los últimos años del franquismo y maduró durante la Transición.

Algunos pensarán que la Transición fue el “Harakiri” de las Cortes franquistas con el “de la ley a la ley” de Torcuato Fernández Miranda; la llega de Suarez al Gobierno, la Ley para la Reforma Política (1976); la legalización del Partido Comunista; los pactos de la Moncloa; los encuentros entre Tarradellas y Suarez, las Elecciones legislativas (1977); la aprobación de la Constitución de 1978 tras el referéndum del 6 de diciembre de …. y, sí, todo eso y mucho más es la Transición, pero nada de eso hubiera sido sin algo esencial: el consenso entre los españoles, basado en los que se llamó “el espíritu de la Transición”. Es decir, la creación de un clima de sosiego, entendimiento y colaboración entre todos, renunciando a los maximalismos y condicionantes ideológicos, todos perdieron para ganar todos.

Eso lo recuerdan muy bien los que lo vivieron.

Como lo vivió Garci. Sus películas intimistas vienen marcadas por unos diálogos inteligentes, como si la charla fuera un hablar habitual en cualquier cafetería de la España de entonces. No se trata de un cine pseudo-intelectual con pretensiones de brillantez. Es un cine popular porque todos se podían ver reflejados en sus personajes, sobre todo los “progres” del momento, aquellos que nunca apoyaron a Franco ni al franquismo. Pero ser inteligible no le quita mérito, sino que se lo da.  En “solos en la madrugada” el protagonista (representado por José Sacristán), un periodista que pasa por un momento personal complicado (por sus líos amorosos, sus dudas…), presenta un programa de éxito en la radio de titulo homónimo al de la película. En sus diálogos y vivencias muestra sus dudas, como las que tenía aquella sociedad.

Los personajes evolucionan al caminar, haciendo camino al andar, al igual que España y los españoles.

La película es una reflexión sobre una sociedad que cambia a pasos agigantados por el fallecimiento de Franco; como si hubiera quedado huérfana de alguien al que llevaban echando la culpa de sus males desde hacía 40 años.

En el monólogo final de la película el protagonista lo señala:

 “Se acabó la temporada que ha durado treinta y ocho hermosos años, estamos en mil novecientos setenta y siete, somos adultos, a lo mejor un poquito contrahechos, pero adultos.

Ya no tenemos papá.”

Aquel paso a la edad adulta los españoles no se dio con pensamiento único, ni descalificando al que pensaba diferente, sino con un sentimiento común de colaboración basado en la libertad. Olvidando el pasado para ganar el futuro. El futuro era una democracia, imperfecta, como todas, pero mucho mejor que otras. Una democracia cuyo logro fue una heroicidad. La valentía y la heroicidad del pueblo español que sirvió de ejemplo al mundo. Así lo recuerda Garci:

Tenemos que convencernos de que somos iguales a los otros seres que andan por ahí, por Francia, por Suecia, por Inglaterra.”

Aquella Transición nació del consenso, del olvido, del perdón mutuo y de las ganas de crecer de los españoles. También lo recuerda nuestro protagonista:

“A partir de ahora y aunque sigamos siendo igual de minusválidos, vamos a intentar luchar por lo que creemos que hay que luchar: por la libertad, por la felicidad.”

La ilusión era una característica común unida a la incertidumbre, pero, sobre todo, nadie quería más enfrentamientos ni dos Españas, se buscaba la paz:

“No soy político, ni sociólogo, pero creo que lo que deberíamos hacer es darnos la libertad los unos a los otros, aunque sea una libertad condicional. Pues vamos, yo creo que sí podemos hacerlo, creo que sí. No debe preocuparnos si cuesta al principio, porque lo importante es que al final habremos recuperado la convivencia, el amor, la ilusión.”

Una vez indultados unos a otros, los españoles decidieron olvidar para ser libres:

Hay que empezar a ser libres. Yo también quiero ser libre. No quiero tener que mentirme tanto. Sé que tengo que hacer algo… a lo mejor escuchar, escuchar más a la gente o hacer un programa de radio para adultos, para hablar de las cosas de hoy, porque… porque no podemos pasar otros cuarenta años hablando de los cuarenta años…”

Nos quedamos huérfanos hace 44 años; hace 44 años que estamos solos en la madrugada. Gracias a aquella Transición modélica pasamos a la Historia Universal y en vez de apreciarlo como la heroicidad que fue, 44 años después, despreciamos el resultado, nos rebelamos para conseguir nada y pretendemos resucitar al difunto, como si fuera Lázaro y nosotros pudiéramos hacer milagros. Pero no, el difunto lleva 44 años muerto, y no hay más milagro que el que nos dimos todos juntos cuando dejamos el pasado a los historiadores y nosotros nos pusimos a hablar del hoy y del mañana.

Dejo el enlace del monólogo final de la película. Todo un hallazgo histórico.

 

https://www.youtube.com/watch?v=JneufsU2m6Y

 

(Solos en la madrugada, 1978, guión  de José María González Sinde( padre de la que fue Ministra de Cultura con Zapatero ). Director y coguionista José Luis Garci. Interpretes: José Sacristán, Fiorella Faltoyano, Emma Cohen, María Casanova)